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Smart Contract

Los Smart Contracts son innovadores en el ámbito jurídico y tecnológico, ofreciendo rapidez, seguridad y eficiencia en transacciones sin intermediarios. Sin embargo, su validez depende de la correcta manifestación de voluntad y cumplimiento de requisitos legales, lo que puede verse afectado por errores en la programación y la complejidad del lenguaje utilizado. Es crucial que los usuarios comprendan las implicaciones legales y técnicas de estos contratos para evitar vicios en el consentimiento y garantizar su eficacia jurídica.

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Smart Contract

Los Smart Contracts son innovadores en el ámbito jurídico y tecnológico, ofreciendo rapidez, seguridad y eficiencia en transacciones sin intermediarios. Sin embargo, su validez depende de la correcta manifestación de voluntad y cumplimiento de requisitos legales, lo que puede verse afectado por errores en la programación y la complejidad del lenguaje utilizado. Es crucial que los usuarios comprendan las implicaciones legales y técnicas de estos contratos para evitar vicios en el consentimiento y garantizar su eficacia jurídica.

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SMART CONTRACT: MANIFESTACIÓN DE LA VOLUNTAD Y

REQUISITOS DE VALIDEZ

Alejandra Ariza Bohorquez

Santiago Libreros Rivera

Linda Manuela Calderon Rincon

Universidad Santiago de Cali

Facultad de Derecho

Negocio jurídico

2026
Los Smart Contracts o contratos inteligentes han sido parte importante en via de
derecho e informática, actualmente cumplen un papel innovador en la sociedad por su
facilidad, rapidez y eficiencia en los nuevos negocios jurídicos sin necesidad de
intermediarios. pero ¿realmente estos contratos inteligentes son tan sencillos de
entender, crear y de satisfacer la producción de efectos jurídicos en derecho?
Los Smart Contracts han sido clasificados a lo largo de su vigencia como un sistema
seguro e infalible en la transacción de dinero y demás efectos que debe generar un
contrato. Para que funcione un Smart Contracts sería lógico exigir que elimine las
excepciones, accidentes y pérdidas derivadas del fraude. Y para esto se compone de una
base de datos publica que no pueden modificarse de ninguna manera; el funcionamiento
de este tipo de contratos trata de una programación que tiene implantado un código con
una secuencia de condiciones que deben cumplirse por el usuario para que se validen las
operaciones y transacciones en la blockchain y una vez cumplidas las condiciones
especificadas y los datos disponibles en la blockchain el Smart Contracts ejecutan un
protocolo basado en declaraciones adicionales para que ambas partes involucradas
reciban lo establecido para completar el contrato.
A los contratos inteligentes le juega a favor aspectos importantes en seguridad
tecnología y legalidad, entre estos la precisión de registrar todas las condiciones que
deben cumplirse evitando así los errores en las transacciones. La transparencia dado que
todas las partes tienen conocimiento a todos los términos de condiciones. La rapidez a
partir de un código en comparación con contratos tradicionales u horas en
procesamiento tradicional. Su capacidad de autoejecución genera confianza absoluta a
nivel de ejecución y una vez exista la programación del contrato inteligente no ofrece
facilidad de manipulación o modificación y actualmente los Smart Contracts utilizan el
nivel más alto de cifrado de datos disponible motivo por el cual brindan más seguridad
en un contrato. Y teniendo en cuenta que al eliminar intermediarios se reducen los
costes de implementación, sobre todo porque un contrato inteligente no requiere
abogados o terceros lo cual contrasta con los contratos clásicos. Estos contratos son
consecuencia de una cadena lineal que todo el mundo puede ver, construida con
segmentos de códigos organizados en una secuencia que se almacena y distribuye.
Su principal ventaja radica en que automatizan la ejecución de los acuerdos, lo cual
disminuye de manera significativa el riesgo de que las obligaciones se incumplan. Esto
es posible, por un lado, gracias a la tecnología blockchain que impide la modificación
de los acuerdos y por otro, a que la auto ejecución programada a través del código
informático permite que, al cumplirse la condición establecida, la obligación se ejecute
de forma automática y se generen las consecuencias jurídicas acordadas. Así,
únicamente se requiere la verificación del evento externo definido por las partes para su
implementación (Carreño Mendoza y Bernal Fandiño, 2022).
Estos contratos inteligentes se pueden desarrollar dentro de varios sistemas informáticos
como lo es solidity, que se enfoca en el lenguaje de programación o redacción de
contratos, funciona de manera automática a partir de un código y una vez desplegado
pasa a ser público y visible para cualquiera no se puede modificar o eliminar, solidity
puede identificarse en la estructura de un contrato, también en sus tarifas conocidas
como “gas” para ejecutar cualquier función que altere el estado de la blockchain. Este
sistema se desprende de la blockchain, mas no hace parte de este y en su entorno de
desarrollo se puede usar la herramienta oficial remix ethereum
La plataforma ethereum funciona como dinero digital y permite crear aplicaciones
descentralizadas al blockchain. Y el blockchain puede clasificarse en blockchain publico
si los usuarios están autorizados a unirse y pueden ser acceder a por medio de un
dispositivo con conexión a internet a los datos digitales alojados en bloques y esta
cadena de bloques únicamente requiere la descarga de la aplicación y conexión con los
códigos de participantes. Y a través de la validación en el protocolo de consenso y este
tipo de protocolos que se encuentran en la blockchain publica, qué permite que los
consumidores de la red resuelvan un problema de la red por medio de operaciones de
computo.
A pesar de que un formato blockchain privado, sea de proceso similar a uno público lo
que lo diferencia, como bien se denomina, es de un entorno exclusivo para la parte, ya
que como primer requisito para entrar a este tipo de contratos es que recibas una
invitación, y se ha generalizado este concepto en corporaciones privadas.
Por ende, la correcta redacción, almacenamiento de datos y efectos que debe generar el
contrato son fundamentales para garantizar la eficiencia y la seguridad, pero pueden
también ser contraproducente en el concepto de Smart Contracts pues al ser un sistema
puede ser susceptible a fallos o errores generando tensión entre cuál de los sistemas
puede ser el productor del error lo cual puede generar pérdidas importantes.
Sin embargo, pese a las ventajas que ofrece esta nueva forma de contratación, resulta
necesario cuestionar si realmente los Smart Contracts pueden sustituir por completo las
estructuras tradicionales del derecho contractual. Tema que entra en discusión por
situaciones donde existe un control de acceso incorrecto y cuando el contrato no
restringe funciones criticas generando que hackers puedan tomar posesión de billeteras
multifirma o modificar los parámetros los contratos a conveniencia, situación que se
desprende de fallos en la gobernanza y permisos administrativos. Entonces existen
ciertas situaciones en las que puede ser difícil identificar de donde debe desprenderse la
responsabilidad.
Realmente a veces los usuarios de este tipo de contratos pueden relacionar como
sinónimo, la automatización con una confianza total. Asumiendo erróneamente que la
ausencia de intermediarios vuelve nulo el riesgo de daños, manipulación o error, por eso
es importante ser diligentes y entendedores del lenguaje que se utiliza desde el sistema
hasta como se plasma en el contrato, pues aunque este en blockchain y sea una base de
datos con una probabilidad casi nula de ser manipulados, puede ser usado este mismo
protocolo para implantar vulnerabilidad o una regla abusiva oculta que puede ejecutarse
como si fuese un contrato legitimo. Y esta problemática dentro del sistema puede ser
legal dentro de los protocolos, pues debe recordarse que los Smart Contracts son
contratos de adherencia, donde existe un negocio, condiciones o indicaciones que no
son modificables que una vez aceptadas generan efectos, por esto es muy importante
que los usuarios se informen sobre este tipo de sistemas, pues este tipo de situaciones
pueden darse por falta de aclaraciones en la web.
Porque, aunque el enfoque se basa en la seguridad en el sistema puede ser
contraproducente cuando la ética profesional de los ingenieros en sistemas no
implementa formación para la protección de los usuarios, donde los consumidores a
pesar de estar interesados puedan identificar los puntos de quiebre en los que el sistema
puede ser vulnerable.
Es necesario desarmar estereotipos entre la informática y el derecho, pues a través de
los años se ha catalogado a los estudiosos del derecho como anticuados o simplemente
un interviniente en la innovación de la tecnología. Y los abogados se excusan en que la
soberbia, no pueden llamarse innovación cuando sobre pasa limites doctrinales que
llevan años contrayéndose. Tal como lo señala Carlos Tur Faundez en su análisis
jurídico de los Smart Contracts citando a la reflexión realizada por Cavanilas Mugica en
el año 2001 “para evitar la existencia de dos provincias encastilladas: la de los juristas
teóricos, en torno a la bandera de los inconmensurables peligros de la informática y el
de los prácticos entorno a los “obstáculos legales” que anticuados “abogados” se
empeñan en colocar ante el paso de la imparable locomotora del progreso”.
Debe reconocerse que un sistema informático puede ser muy favorecedor para el avance
en la vida en sociedad y al mismo tiempo puede presentar fallas o errores, y aunque se
mantienen ítems de protección y cobran fuerza los diseños de mecanismos de
emergencia capaces de detectar anomalías que puedan existir en el contrato pausando
los efectos del contrato.
Estas barreras técnicas pueden reducir un posible daño, pero no la hace inmune, hasta el
lenguaje puede llegar a ser contraproducente pues en los Smart Contracts pues en
ocasiones se podría llegar a interpretaciones como puede ser que los contratos
inteligentes utilizan un lenguaje muy sistemático, distinto a un contrato tradicional que
implica un lenguaje jurídico y esto podría dar espacio a posibles equivocaciones en los
que pueden caer usuarios por su complejidad en el lenguaje que se desarrolla a través
del sistema plasmado directamente en el contrato inteligente.
Y esta profunda brecha entre el derecho en materia civil y la informática recae en el
usuario, cuando la complejidad de un sistema o la falta de claridad, nublan la verdadera
voluntad de los contratantes y sobre todo cuando la casi inmutabilidad de blockchain
choca con las garantías de la libertad contractual, nace así la necesidad de analizar como
estas innovaciones tecnológicas puede arrastrar con ellas vicios en el consentimiento.
La contratación digital se entiende como un proceso de formación de consentimiento
mediante la interacción de las partes a través de sistemas informáticos conectados a
internet. En ese ámbito, el medio electrónico cumple el papel funcional de soporte para
la generación, trasmisión y recepciones de las declaraciones de voluntad.
Por ello, es necesario que el código generado refleje de manera correcta el
consentimiento de las partes. Sin embargo, quien codifique las condiciones
contractuales y las traduzca de un lenguaje natural a un lenguaje de códigos puede llegar
a generar resultados alejados de la verdadera intención de los contratantes.
Es importante recordar que los contratos inteligentes son códigos de computadoras no
creados por abogados, sino por ingenieros en sistemas, donde es probable que no
cuenten con formación jurídica, razón por la cual pueden interpretar y traducir de
manera inadecuada las previsiones del contrato. A su vez, sería normal que las partes y
sus abogados no tengan conocimientos necesarios y suficientes para verificar que la
codificación refleje integralmente su voluntad.
A la luz de lo expuesto, la implementación de dichos contratos conlleva a vicios que
plantean las siguientes interrogantes: ¿Cómo se verían reflejados los requisitos de
validez en esta herramienta tecnológica? ¿es posible afirmar la existencia de
consentimiento en los Smart Contracts? Y ¿cómo se evidencias vicios en el
consentimiento por automatización?
En el sistema jurídico colombiano, la manifestación de la voluntad constituye un
elemento esencial para la existencia del contrato, esta es entendida como la
exteriorización de un querer mediante una acción.
De acuerdo con el artículo 1502 del Código Civil, los requisitos de validez de los
contratos son:
1o.) que sea legalmente capaz.

2o.) que consienta en dicho acto o declaración y su consentimiento no adolezca de vicio.

3o.) que recaiga sobre un objeto lícito.

4o.) que tenga una causa lícita.


En el contexto de los Smart Contracts celebrados por agentes artificiales, la
manifestación de voluntad no se configura por medio de actos tradicionales, como una
firma o una aceptación escrita, si no con la ayuda de interacciones digitales de ejecución
automática de instrucciones en un código. La ley 527 de 1999 reconoce la validez
jurídica de los mensajes de datos y la firma electrónica, además, el artículo 12.° de la
Convención de las Naciones Unidas sobre la utilización de las comunicaciones
electrónicas en los contratos internacionales, adoptada en Nueva York en 2005, que
dispone expresamente:
No se negará validez ni fuerza ejecutoria a un contrato que se haya formado por la
interacción entre un sistema automatizado de mensajes y una persona física, o por la
interacción entre sistemas automatizados de mensajes, por la simple razón de que
ninguna persona física haya revisado cada uno de los distintos actos realizados a través
de los sistemas o el contrato resultante de tales actos ni haya intervenido en ellos.
(MALAGÓN, s.f.)
En este tipo de contrato su voluntad se traduce en un código que debe representar
fielmente el acuerdo presentado por las partes.
De esta manera, la relación entre la manifestación de voluntad y los requisitos de
validez cobra gran importancia, si el código no refleja adecuadamente lo pactado, es
posible que se cuestione la existencia del consentimiento o que se presente un vicio en
el consentimiento que afecta su validez.
Con base a lo anterior, resulta necesario examinar cada uno de los requisitos de validez.
1. Capacidad
Al igual que los contratos tradicionales, en el Smart Contract las partes deben tener
capacidad. En los contratos tradicionales la verificación es con el documento de
identificación (cédula) en el caso de personas naturales, y para personas jurídicas un
certificado de existencia y representación legal. En estos contratos no hay forma de
verificar la capacidad de ejercicio de la persona y el sistema utilizado, que es
blockchain, permite a cualquier persona acceder a la cadena de bloques de manera
anónima.
De igual manera en Colombia existen algunas alternativas para superar estas
dificultades, tales como: las firmas electrónicas o la huella biométrica, la importancia de
estos dos elementos consta en el reconocimiento de la voluntad manifiesta de las partes
y de su capacidad legal vinculante en el momento del nacimiento del contrato
electrónico como negocio jurídico.
Para Peña (2017) la firma electrónica es el conjunto de tecnologías que hacen posible la
identificación de la autoría de un mensaje de datos, estas varían dependiendo del grado
de seguridad que se requiera para la operación que se desea realizar, dentro de estas
tecnologías encontramos las claves personales utilizadas en sistemas bancarios como el
pin de las tarjetas débito y crédito o las contraseñas personales que permiten el acceso a
correos electrónicos; también se encuentran los dispositivos de identificación
biométrica, como los lectores de huella dactilar o los lectores de iris, que traducen los
patrones biológicos a un código computarizado que funciona como una clave personal.
y los blockchain privados para disminuir contratantes incapaces. (GARZÓN, s.f.)
2. Consentimiento
El consentimiento es la manifestación de la voluntad por la cual un sujeto de vincula
jurídicamente, para que esto ocurra, es necesario un acto de oferta y otro de aceptación.
La formación del consentimiento en los contratos inteligentes es igual a la que está
establecida en el régimen colombiano.
En materia de contratación electrónica la aceptación se puede expresar de varias
maneras, ya sea a través de un correo electrónico, de firmas electrónicas o del sistema
clickwrap, que consiste en un sistema que exige la aceptación expresa de los términos y
condiciones mediante un click o el sistema browsewrap, entendido como aquel en el que
no se exige una aceptación expresa, pues con el hecho de continuar navegando se
entiende otorgado el consentimiento de manera tácita (Carreño Mendoza, 2022)
Una vez aceptada la oferta, se constituirá un documento electrónico al que, en virtud del
principio de equivalencia funcional, se le dará el mismo valor jurídico y probatorio que
un documento escrito. En este sentido, en Colombia, se admite que, la oferta y su
aceptación sean expresados a través de mensajes de datos, entendidos como información
generada, enviada, almacenada o comunicada a través de medios electrónicos para que
se configure un contrato electrónico que tendrá la misma validez jurídica que los
contratos tradicionales. (Carreño Mendoza, 2022)
Como se mencionó anteriormente, los Smart Contracts pueden presentar un error en la
programación, tal desconexión entre la voluntad interna y la expresión representada en
un código constituye un vicio en el consentimiento por error, conforme con el artículo
1508 del Código Civil.
Como lo explica Alberto Tamayo Lombana en su libro “Manual de Obligaciones” el
error relevante jurídicamente es aquel que recae sobre un elemento determinante del
contrato y afecta la formación o validez del consentimiento. El error de hecho puede
clasificarse de dos formas:
- Error obstáculo: Impide la formación del consentimiento y conduce a la
inexistencia del acto, por cuanto no existe la una efectiva congruencia entre la
voluntad de las partes.
- Error Nulidad: Vicia el consentimiento ya formado y genera nulidad relativa al
contrato, cuando la equivocación recae en la sustancia o la persona, de acuerdo
con los artículos 1511 y 1512 del Código Civil.
En los Smart Contracts si el código informático, incorpora una condición, una
instrucción o consecuencia jurídica distinta a la que las partes realmente acordaron, la
diferencia puede ubicarse en algunas de las categorías anteriormente mencionadas. Por
ejemplo, si la programación afecta la naturaleza podría sostenerse que no llegó a
formarse el consentimiento. Si en cambio, la equivocación recae sobre una cualidad
esencial del objeto o elemento determinante del acuerdo, se configuraría un error
sustancial, que según el artículo 1511 del Código Civil vicia el consentimiento y hace
anulable el contrato.
Cuando el código no refleje adecuadamente lo pactado, la automatización propia del
Smart Contract no exime la necesidad de un consentimiento libre de vicios para la
validez de este. De hecho, una programación incorrecta puede generar un error relevante
que afecte la existencia o validez del contrato, dependiendo de la gravedad del error y el
aspecto especial del acuerdo comprometido.
A partir de esto surge el interrogante de: ¿Qué se podría realizar para evitar que el
código sea ejecutado erróneamente?
Por las características de este contrato, no hay manera de detener la ejecución del
programa codificado erróneamente, como ocurrió con el caso ya indicado de
Descentralized Autonomous Organizations (DAO). Este caso se presentó en el año
2016. El DAO era un Smart Contract que, funcionaba como crowdfunding; es decir, que
tenía como fin recoger dinero para financiar diferentes proyectos. A pesar de que tuvo
gran acogida, ya que logró recolectar dinero de aproximadamente 11.000 personas
alrededor del mundo y que su líder señalaba que era un sistema seguro y sin riesgo, el
código presentaba errores, los cuales fueron aprovechados por una persona anónima que
era participante del DAO y cuya identidad, hoy en día, es desconocida. Esta persona,
aprovechándose de la vulnerabilidad de esta tecnología, empezó a extraer el dinero de
los demás participantes, alcanzando a extraer aproximadamente entre 50 y 70 millones
de dólares. Frente a este hecho, no se adoptó ningún recurso legal, debido a que el DAO
no era una entidad reconocida legalmente y se mantenía el anonimato de sus
participantes (Rengifo García, 2021).
La validez del contrato inteligente exige una revisión rigorosa del proceso de
codificación, mecanismos de auditoría técnica y jurídica, y estructuras para mitigar los
riesgos de errores en la codificación. Solo así sería posible garantizar que la
automatización no se convierta en un factor que comprometa la existencia o validez del
contrato.
El problema está en el momento de declarar una nulidad, en el derecho colombiano,
para anular un negocio, es absolutamente necesario obtener su declaración por parte de
un juez de la República, según el marco del proceso que se quiera adelantar. Esto genera
un litisconsorcio necesario que se fundamenta en el artículo 61 del Código General del
Proceso, en muchas ocasiones sería imposible precisar a las partes por su sistema de
anonimato, lo que dificulta determinar quien ocupa la posición de sujeto pasivo, en
consecuencia, no se constituye el litisconsorcio. A ello se le suma que no habría forma
de conocer el objeto de la pretensión, pues la información es susceptible a que esté
distribuida en diferentes nodos.
El sistema blockchain puede operar en cualquier parte del mundo, lo que hace se
desconozca a que jurisdicción aplicar o cuál sería el juez competente para revisar un
contrato.
3. Objeto y causa lícita
Es posible ejecutar prestaciones ilícitas como por ejemplo la compra de estupefacientes,
la cual se facilita gracias a la característica del pseudoanonimato de la tecnología
blockchain. No obstante, en virtud del principio de inalterabilidad del derecho
preexistente (Rincón Cárdenas, 2020), según el cual el comercio electrónico no
modifica sustancialmente el derecho de las obligaciones y contratos, a los Smart
Contracts se les debe aplicar en su integridad la normativa vigente De este modo, la
exigibilidad en cuanto al objeto y la causa lícita en un Smart Contract no varía y, por lo
tanto, serán las partes a quienes corresponda la verificación de esta condición para que
el contrato sea válido, en riesgo de nulidad. (Carreño Mendoza, 2022)
Ahora, previamente se ha visto y conceptualizado sobre la historia de este mecanismo,
como se contempla en la actualidad, conceptos generales y hasta propios de esta
herramienta, pero sería a destacar, poderse ilustrar con investigaciones, ideas, criticas,
soluciones y conclusiones de personas que llevan un estudio arduo de lo que es el Smart
Contract y así mismo analizar como llevan el concepto estos profesionales, así mismo
podríamos empezar con Aad Van Moorsel que es profesor en ciencia computacional,
más que todo especializado en el blockchain y la estabilidad tecnológica de los Smart
Contract, la mayoría de sus estudios se enfocan en cómo estos contratos pueden
funcionar dentro de las mismas redes digitales que son complejas.
Aunque el profesor llega a reconocer que los Smart Contract llegan a representar una
revolución, el mismo considera que muchas personas llegan a un punto en que depositan
toda su confianza en esta herramienta, creyendo que ella pueda resolver de forma
automática todos los problemas de seguridad y temas de cumplimiento, para destacar a
Moorsel, toca un punto muy importante ya que es un problema que se puede presentar
con frecuencia a la hora de implementarse.
Moorsel dice que el blockchain es complicado determinar cuándo en dado caso ocurre
un daño causado por un Smart Contract defectuoso, el así mismo propone que
independientemente que esta herramienta sea automática, esta deba igualmente ser
supervisada por el ser humano, ya que el plantea qué su visión hacía este mecanismo es
que busque equilibrar la innovación tecnológica, pero con la responsabilidad del control
humano.
Continuando con otro personaje trascendente hacía esta materia, es nada más y nada
menos que Nick Szabo, ya que él es uno de los creadores de la idea de Smart Contract,
este innovador desde los años 90 presento la idea de que existiera un formato en donde
se crearan contratos mediante un programación informática, sin depender de
intermediarios ya que esto facilitaría muchísimos aspectos contractuales, que sea todo
más rápido, seguro y eficiente, al pasar del tiempo con el nacimiento de Ethereum,
muchas de sus propias ideas se pudieron implementar en la práctica, pero a pesar de sus
propuestas, él también tenía la claridad de que existían riesgos importantes como los
pensaba anteriormente Moorsel y una de esas problemáticas era la dependencia total de
un código, ya que un sistema no tenía la capacidad de interpretar circunstancias
humanas o la buena fe, por eso Nick planteaba que había la necesidad de crear sistemas
criptográficos, auditorias técnicas y mecanismos de seguridad que sean avanzados para
que se pudiera reducir los errores y fraudes digitales.
Ahora se continua con una postura un poco más preventiva que es la del investigador
especializado en blockchain Mather Alharby, sus estudios se enfocan en los riesgos
técnicos y vulnerables que puedan surgir dentro estos sistemas automatizados , como se
decía, este investigador manejaba una postura más preventiva ya que el plateaba que
muchas personas creen que el blockchain es completamente seguro porque funciona de
una manera descentralizada y él dice que el problema como tal, no se encuentra en el
blockchain si no que los errores que puedan existir en los códigos que se crean por los
programadores, ya que él dice que cualquier daño en la programación puede generar
perjuicios, puede generar pérdidas económicas enormes, también pueden existir ataques
informáticos, y Mather al tocar este tema cuenta en cómo se evidencia estas situaciones
en la realidad. Al hacer este tipo de investigaciones considera que la transparencia del
sistema podría exponer información personal y que el uso masivo de esta herramienta
podría traer una lentitud técnica. Mather frente a todas estas problemáticas, propone
realizar auditorías constantes del código, pruebas técnicas antes de implementar
contratos, y las creaciones de puntos de ciberseguridad, ya que el redacta que su
enfoque es garantizar que el crecimiento de estas tecnologías este acompañado de
mecanismos adecuados para la protección de todos y que además exista una supervisión
técnica.
Ahora ya que se evidencio unas posturas en sentido profesional en termino de
investigación computacional, ahora aparece la otra cara de esta gran innovación que son
los juristas e inicialmente tenemos a Aitor Mora Astaburuaga, estudia el Smart Contract
pero desde le derecho contractual, especialmente en temas de consentimiento y la
manifestación de la voluntad, ahora inicialmente su primera postura es que el código
informático no siempre logra representar de manera exacta la verdadera intención de las
dos partes, el jurista dice que muchas personas aceptan contratos inteligentes sin saber
cómo funciona la programación y las consecuencias que pueda traer jurídicamente, que
la misma herramienta puede crear, entonces esa es la cuestión ya que puede existir una
diferencia entre lo que la persona quiera pactar a lo que al final ejecute el sistema.
Entonces para Mora uno de los mayores riesgos que existen es creer que un código
pueda reemplazar en totalidad el derecho tradicional, plantea que los contratos no
consisten en solo aplicar códigos automáticos y ya sino en también poder interpretar
elementos humanos como la buena fe y la intención de ambas partes claramente, en
cambio un software simplemente sigue las ordenes programadas, el derecho permite que
llegar al punto de analizar situaciones, desde una perspectiva humana, y jurídica.
Otro punto a destacar de Mora es muy significativo que es que él considera que muchas
personas no tienen conocimientos técnicos suficientes para llegar a comprender
completamente cómo funcionan los Smart Contract, entonces el plantea que este es uno
de los mayores riesgos ya que valga la redundancia, pone en riesgo los principios
fundamentales contractuales, por eso mismo Mora propone la utilización de modelos
híbridos, donde exista un contrato tradicional, pero redactado en lenguaje jurídico
acompañado de un Smart Contract encargado únicamente de automatizar ciertas
obligaciones específicas, así de esta manera el texto legal serviría para poder expresar la
voluntad de las partes y el código funcionaria como herramienta técnica de ejecución
automática.
Se continua con una según postura o perspectiva de este enfoque de la abogada, jurista y
profesora de derecho internacional privado Ana Mercedes López Rodríguez, ella aquí
analiza la herramienta blockchain desde una perspectiva internacional y regulatoria.
Según el pensamiento de la jurista es que blockchain funciona mediante una red
descentralizada y global que no dependen de una autoridad, y todo esto lo que genera
son dificultades jurídicas, en relación con la aplicación de las leyes, la competencia de
los jueces y la efectiva resolución de conflictos entre personas ubicadas en distintos
países.
La jurista que es ese uno de los principales problemas de esta herramienta y es la
ausencia de límites territoriales claros, ya que al tratarse de un sistema que es
descentralizado y global, no se sabe de manera clara si cuando llegaba ocurrir una
situación, que autoridad tiene la competencia, para poder resolver la disputa o quien
debe responder los daños causados por un error tecnológico, esta situación lo que hace
es generar una inseguridad jurídica y demuestra que el crecimiento tecnológico avanza
más rápido que las regulaciones existentes.
La jurista plantea como los demás juristas e investigadores una misma postura de lo que
pueden a llegar ser los contras de un modelo sistemático como este y así mismo manejas
similares conceptos que aclara que la automatización excesiva puede llegar afectar la
interpretación humana, desde su propia perspectiva plantea que el derecho no puede
reducirse a instrucciones programadas ya que las relaciones jurídicas involucran valores
humanos, un análisis del contexto y criterios de justicia que un sistema no puede
comprender y así la jurista propones crear marcos regulatorios que sean capaces de
adaptarse a las nuevas tecnologías, además de mantener principalmente la supervisión
jurídica y participación estatal. La jurista plantea que su postura se reduce en que
defiende de que la tecnología pueda complementar las relaciones jurídicas y en cierto
punto mejorar y facilitar los procesos, pero esto no quiere decir que pueda reemplazar
de manera absoluta la eficiencia del ser humano en regular el derecho tradicional.
Como postura final tenemos al abogado e investigador jurídico Jorge Alberto Padilla
Sánchez, aunque se lleve muy acorde a las posturas previamente presentadas, el
abogado busca más que todo presentarlo a término de validez en un contrato y buscar
más alternativas de mejoras, ya que Jorge redacta que uno de los mayores peligros que
existe que mediante esta herramienta es que el Smart Contract a pesar de que haya
fallos, errores, fraudes aun así deje continuar con el proceso, en cambio en aspecto
tradicional, un juez tiene la capacidad de interpretar ciertas situaciones y poder aplicar
principios jurídicos, en cambio el sistema realiza instrucciones ordenadas desde el
inicio, entonces aquí Jorge plantea que son situaciones que conllevan a unas
consecuencias injustas o que perjudiquen a unas de las partes, y esto se plasma cuando
se cambian las condiciones de un contrato cuando ya se había automatizado el contrato.
Aquí ya Jorge plantea en que confiar en sistemas automatizados podría llegar a debilitar
garantías jurídicas construidas por el derecho contractual, ya que el plantea que el
derecho no solo sirve para hacer cumplir las obligaciones, sino que también es para
proteger a las personas frente abusos o injusticias que se puedan ocasionar.
Ahora aquí Jorge llega a un planteamiento en que se pueda ajustar frente a estos
contratos una supervisión judicial además de unos controles jurídicos y el propone que
existan herramientas que sean capaces de modificar, revisar o hasta suspender estos
contratos inteligentes cuando se detecte una anomalía que no sea la correcta, además
que el considera que se deban implementase regulaciones claras que se permita
integrara a la tecnología los principios jurídicos tradicionales.
Al inicio de la investigación nos preguntamos si realmente los Smart Contracts son tan
sencillos de crear y si pueden satisfacer la producción de efectos jurídicos, es decir, si
cumplen con los requisitos de validez. Aunque es cierto que los Smart Contracts traen
consigo múltiples ventajas y beneficios, tal como se explicó a lo largo del trabajo, como
estudiantes de Derecho debemos evaluar la eficacia del acto desde un punto de vista
jurídico, donde los requisitos de existencia y validez de un contrato están plenamente
codificados por la Ley 57 de 1887.
Pese a lo expuesto, el sistema jurídico colombiano ha implementado la Ley 527 de
1999, mediante la cual se reconoce la validez jurídica de los contratos electrónicos,
adoptando la firma electrónica y los mensajes de datos. Consideramos que los Smart
Contracts sí cumplen con los requisitos de existencia del contrato; sin embargo, en el
momento de alcanzar la validez se quedan cortos frente a las problemáticas ya
mencionadas, como la dificultad de identificar a los contratantes, los posibles errores de
hecho —errores obstáculo que podrían conducir a declarar la inexistencia— y los
errores de nulidad. A ello se suma la imposibilidad de sanear un error propio del sistema
automatizado. Conforme a esto, algunas posturas doctrinales afirman la imposibilidad
del juez de conocer casos de nulidad en los Smart Contracts.
No obstante, tampoco puede afirmarse de manera absoluta que no exista validez en
estos contratos. Más bien, se pueden adoptar ideas como las propuestas por los autores
mencionados, en las que exista un intermediario jurídico que revise correctamente el
contrato antes de su ejecución, garantizando así que el código refleje fielmente la
voluntad de las partes.
Referencias

BUELVAS, J. E. (s.f.). REPOSATORIO UNIVERSIDAD COOPERATIVA .


FAÚNDEZ, C. T. (2018). SMART CONTRACTS - ANALISIS JURÍDICO. MADRID: REUS.
GARZÓN, T. D. (s.f.). UNIVERSIDAD COOPERATIVA DE COLOMBIA . Obtenido de
[Link]
b720e49eba53/content
MALAGÓN, J. A. (s.f.). scielo. Obtenido de [Link]
43662024000100155&script=sci_arttext
CARREÑO MENDOZA, S Y BERNAL FANDIÑO, M. (2022). Vicisitudes de los contratos
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[Link]
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201. (Núm. 39 , Año 2020 : Julio-Diciembre). Departamento de Derecho Civil. Disponible
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