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My R

La narradora se encuentra en una azotea donde intenta ayudar a varias chicas que enfrentan problemas emocionales, pero también lidia con su propia tristeza y soledad. A medida que escucha sus historias, se siente impotente y reflexiona sobre su propio dolor. Al final, cuando está a punto de tomar una decisión drástica, una chica la detiene, sugiriendo que su lucha por la esperanza aún no ha terminado.

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My R

La narradora se encuentra en una azotea donde intenta ayudar a varias chicas que enfrentan problemas emocionales, pero también lidia con su propia tristeza y soledad. A medida que escucha sus historias, se siente impotente y reflexiona sobre su propio dolor. Al final, cuando está a punto de tomar una decisión drástica, una chica la detiene, sugiriendo que su lucha por la esperanza aún no ha terminado.

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MY “R”

Mis pasos resonaron en aquellas solitarias escaleras, la duda me


estaba invadiendo en cada paso que daba, pero nada iba a detenerme
de hacerlo, al abrir la puerta que daba a aquella azotea solitaria de
aquel viejo edificio escolar, la mire, sus largas trenzas se movían con
el aire, aquella chica no se había percatado de mi presencia aun, al
verla no pude evitar pensar las razones por las que estaba ahí, tal vez
serian las mismas que me habían llevado hasta este momento,
suspire antes de soltar un involuntario
-Detente por favor…
No debería importarme, enserio que no, debería estar molesta de que
alguien estuviera ahí antes que yo y no pudiera llevar a cabo lo que
venia pensando desde hace ya un buen tiempo.
Aquella chica se dio la vuelta y me miro, ajusto sus lentes y sin yo
haberlo pedido empezó a hablar
-Yo pensé que el seria el indicado, lo intenté, pero mis intentos fueron
en vano…
La mire sin decir nada en un primer momento, eso era muy frecuente
últimamente, después del día de san Valentín pude ver a muchas
personas tristes por la misma situación, es tan molesto.
-Es enserió que tu…
Al ver su mirada triste no pude evitar sacar mi enojo con ella y alzar
la voz
- ¡Como te atreves a creer que algo tan pequeño amerite que estés
aquí!
Aquella chica me miro sorprendida, sé que no debería reaccionar así,
no es mi problema, pero.
-No puedes estar triste por perder algo tan estúpidamente pequeño,
agradece que tienes suerte de que jamás te hayan robado algo
Mis ojos se estaban poniendo llorosos, la chica me miro, y después
sonrió
-Gracias… me siento mejor
Después de eso camino hasta la puerta de la azotea desapareciendo
por esta, mire el cielo que ya estaba empezando a tornarse naranja
por el atardecer y suspire, hoy no será el día dije para después
desaparecer por la misma puerta.

Volví a subir las escaleras, mis pasos se escuchaban con mas decisión,
día difícil supongo, hoy será el día, mi pensar me alentaba a subir con
más rapidez, al abrir la puerta pude notar otra figura más era una
chica de mi misma estatura, suspiré molesta, una vez más me habían
ganado el lugar, no pude evitar soltar un “Hey” antes de acercarme
un poco más, la chica me miro para después hablar
-Estoy sola, ya no puedo con sus burlas y sus reclamos, no tengo lugar
con ellos…
Una vez mas no pude evitar alzar la voz esto definitivamente se
estaba volviendo tedioso
- ¡Como te atreves a creer que tales pequeñeces ameriten que aquí
estés!
Por sus ojos empezaron a caer lagrimas haciendo que me enojara aun
mas
- ¡Tu familia siempre te está esperando y al llegar habrá un plato
servido en la mesa para ti!
La chica me miro antes de asentir y limpiarse las lagrimas
-Me ha dado hambre… gracias
Dijo antes de irse, los días posteriores conocí a varias chicas más, a
todas las escuche y devolví a sus casas, pero algo en mí no estaba
bien… escuchar a los demás pero que nadie te escuche es tan
solitario…
Al abrir la puerta una vez más estaba alguien, solo que ella, se sentía
más cerna, su distinguido suéter amarillo como el sol deslumbraba,
pero su rostro decía otra cosa, no hace falta decir que una vez más
escuche, a pesar de todo lo que me conto aquel suéter amarillo seguía
sin encajar en esta situación, como si aquel suéter intentara borrar
toda la tristeza que había detrás…
- Lo único que quiero es borrar estas heridas sin igual
Sus palabras susurradas me dieron escalofríos, algo era diferente en
esta situación, mis ojos empezaron a llenarse de lagrimas
-Solo parecen aumentar cada que vuelvo a mi hogar
Esta vez mi enojo era diferente, estaba combinado con una tristeza
inigualable, las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas mientras
pronunciaba aquella frase que no había dejado de decir en los últimos
días.
-No lo hagas…por favor
No pude evitar empezar a sentir desesperación y ansiedad, a ella no
la podía detener, no tengo derecho a hacerlo.
-¡No llores!
Me dije a mi misma en un intento por parar lo que ya no podía
detener, la tomé de los hombros y con desesperación, no estaba
aguantando verla llorar, no podía verla más, solo me hace recordar
que este dolor nunca se ira…
-Entonces creo que por hoy me voy
Parpadee y al segundo después estaba sola, limpie mis lágrimas, mire
hacia abajo una vez más y me fui
“Por fin nadie que me pueda estorbar, sola estoy, ya nadie hay, nadie
que me vaya a frenar, nadie que a mí me vaya a hablar” …

Recordé a cada una de esas chicas mientras abría la puerta de la


azotea, como lo supuse, nadie estaba, me acerqué al barandal que
separaba el vacío del techo de aquel edificio.
Suspire con pesar mientras lentamente empezaba a quitarme el
abrigo amarillo como el sol que alguna vez me había acompañado y
me había mantenido la esperanza de que alguna vez todo iba a
mejorar, las trenzas que ataban mi cabello apretaban bastante, así
que empecé a desatarlas lentamente mientras por mi mente surgían
las palabras de aquella persona alguna vez había amado, al final
mire mis zapatos, mi estatura era baja, por lo cual siempre había
pasado desapercibida ante los ojos de los demás, nunca había sido
importante para nadie, respire por última vez el aire que aquel
atardecer me brindaba.
Uno…Dos… Tre…
-¡Espera!
Una mano tomo mi brazo antes que diera el paso final, mire a aquella
chica que me sostenía, su rostro demostraba miedo y preocupación,
mis lágrimas volvieron a rodar por mis mejillas, tal parece que hoy
tampoco será el día.

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