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3 - Humildad

El documento aborda el concepto de obediencia y humildad desde una perspectiva cristiana, enfatizando que la verdadera obediencia surge de un corazón transformado por el Evangelio y la humildad es esencial para acercarse a Dios. Se destaca que la humildad no implica falta de dignidad, sino una honestidad ante Dios y un reconocimiento de nuestra dependencia de Él, lo que se manifiesta en el servicio a los demás. Además, se presenta a Cristo como el modelo perfecto de servicio y se exhorta a vivir en humildad y sacrificio en todas las áreas de la vida.
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3 - Humildad

El documento aborda el concepto de obediencia y humildad desde una perspectiva cristiana, enfatizando que la verdadera obediencia surge de un corazón transformado por el Evangelio y la humildad es esencial para acercarse a Dios. Se destaca que la humildad no implica falta de dignidad, sino una honestidad ante Dios y un reconocimiento de nuestra dependencia de Él, lo que se manifiesta en el servicio a los demás. Además, se presenta a Cristo como el modelo perfecto de servicio y se exhorta a vivir en humildad y sacrificio en todas las áreas de la vida.
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Repaso

Concepto de obediencia: Someterse con fe a la voluntad del Señor haciendo su voluntad basado en lo que está
revelado en las Sagradas Escrituras.

La obediencia nace de un corazón transformado por el Evangelio y potenciado por la presencia del Espíritu Santo en su
vida, quien produce en nosotros una genuina comunión con Dios y un profundo deseo de honrarlo. (Romanos 8:14)

Humildad
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el
ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo…”

— Filipenses 2:5-7

¿Qué es la humildad?

Es ser honesto ante Dios con respecto a la realidad de ti mismo. Es pensar en ti mismo a la luz de las Escrituras y se
basa en la compresión de quién es realmente Dios.

Lo contrario a la humildad es el orgullo. Al igual que satanás, te eleva a una posición de mentira que es producida por
el autoengaño y se alimenta de razones egoístas. El autoengaño, apacigua tu conciencia para obtener lo que deseas.

¿Por qué es tan necesaria?

Porque nos hace consientes de la verdad y de nuestra dependencia a Dios. Él te ha creado para que vivas en comunión
con Él. Y la falta de humildad da lugar al orgullo y a la mentira de la autosuficiencia. Por esto:

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. (1 Pedro 5:5)

Todo cristiano entiende en práctica la humildad, porque sin ella es imposible acercarse a Jesucristo en sus términos.

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios,
sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se
enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. (Lucas 18:13-14)

El publicano era consciente y honesto con su realidad espiritual, por lo que podía clamar por misericordia y depender
enteramente de su Salvador.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3)

La humildad nos identifica con Cristo

Cuando hemos venido a Cristo en nuestra condición pecaminosa, lo hicimos en humildad. Reconocimos que somos
mendigos y no tenemos nada que ofrecerle, excepto la realidad de nuestra vida llena de pecado y nuestra necesidad
de salvación y cambio. Reconocimos nuestra falta de mérito y nuestra completa incapacidad para salvarnos a nosotros
mismos. En respuesta, cuando Él ofrece la gracia y misericordia, aceptamos con humilde gratitud y comprometemos
nuestras vidas para Él y los demás.

Gálatas 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
La humildad no es falta de dignidad

Una idea errada de autoestima elevada nos puede llevar a ser soberbios, arrogantes y/o hasta puede llenarnos al otro
extremo de la depresión y autocompasión, que en cierta medida también es una forma de orgullo.

Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,
habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por
ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo
Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los
cuales yo soy el primero. (1 Timoteo 1:12-15)

Al igual que Pablo, debemos apreciar la dignidad de ser considerados hijos de Dios por la gracia que ha aplicado Dios a
nosotros manifestando un amor puro y sincero a través del sufrimiento y muerte de Jesucristo.

Nuestro valor se refugia en el hecho de que Dios nos ha amado de tal manera que ha restaurado la comunión que se
había interrumpido a causa del pecado que nos separaba.

El servicio como manifestación externa de una humildad interna

En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando
Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no
entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los
cielos. (Mateo 18:1-4)

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son
grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del
Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Mateo 20:25-28)

Jesús revela un principio: la verdadera grandeza no se mide por poder, posición o reconocimiento humano, sino por la
humildad del corazón que se traduce en servicio genuino. Al poner a un niño como ejemplo, Él muestra que la
humildad implica dependencia, sencillez y ausencia de pretensiones. Luego, al contrastar la autoridad opresiva de los
gobernantes con la actitud del siervo, Jesús establece que en su Reino los que se humillan y sirven a los demás son los
verdaderamente grandes. Esta disposición humilde no queda sin recompensa: Dios promete que los que sirven con
sinceridad recibirán honra y autoridad en el Reino venidero, porque siguen el modelo del mismo Cristo, quien no vino
para ser servido, sino para servir y dar su vida por nosotros. La humildad visible en el servicio es, por tanto, un reflejo
de una transformación profunda del corazón y una marca distintiva del ciudadano del futuro Reino de Dios.

Cristo, el modelo perfecto de servicio

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. (Juan 13:15)

Era una costumbre común en tiempos de Jesús lavarse los pies antes de comer. Los caminos polvorientos ensuciaban
los pies cubiertos de sandalias, por lo que era necesario que el anfitrión de la casa ofrezca agua para lavarse los pies. El
escenario aquí es en el aposento alto, donde Jesús compartiría la última cena con sus discípulos sabiendo que su
pasión estaba cerca. La tarea de lavar los pies era una labor de los sirvientes y mientras los discípulos tenían en mente
el establecimiento del Reino y su futura posición en el, es probable que ninguno se haya ofrecido para tan denigrante
labor.

El Rey de reyes se ciñó una toalla para lavar los pies de sus discípulos. No había tarea “indigna” para Él.

¿Qué derecho tenemos nosotros de pensar que algo está por debajo de nuestro nivel?

Frase clave (John MacArthur):

“La humildad es la marca de un cristiano verdadero. No se trata de subir en la escala del poder, sino de bajar para
servir.”
— John MacArthur, “Twelve Ordinary Men”

Humildad como base del sacrificio

La humildad nos prepara para el sacrificio que como hombres somos llamados a realizar en beneficio de nuestra
familia, iglesia y comunidad.

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como
superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Filipenses
2:3-4)

La verdadera humildad no es pasividad ni debilidad, sino la base firme desde la cual un hombre puede asumir con
valentía el sacrificio necesario para servir, cuidar y defender a su familia. Solo un corazón humilde puede negarse a sí
mismo diariamente, priorizar el bienestar de los suyos por encima de su propia comodidad, y permanecer fiel en las
responsabilidades que Dios ha encomendado.

Así como Cristo se humilló para dar su vida por su Iglesia (Efesios 5:25), el hombre llamado por Dios debe estar
dispuesto a entregar su tiempo, fuerzas y hasta sus propios sueños por amor a su esposa e hijos. Sin humildad, el
orgullo distorsiona el liderazgo, pero con humildad, el sacrificio se convierte en adoración, y el hogar en un altar
donde Dios es glorificado. La humildad es, por tanto, la raíz que sostiene el carácter de un verdadero protector y
pastor del hogar.

Humildad y servicio en la vida práctica

A. En el hogar

Honrar a los padres, ayudar en las tareas sin quejarse (Col. 3:20, Fil. 2:14).

Servir a los hermanos menores, asumir responsabilidades.

B. En la iglesia

Ser proactivo en el servicio, aún en lo invisible.

C. En la comunidad

Ser un hombre que da ejemplo por medio de la mansedumbre y el respeto a los demás.

Reflexiona

¿Mi orgullo se interpone a la voluntad de mi Señor Jesucristo?

¿Soy proactivo al ver una necesidad que requiere mi servicio?

¿Estoy dispuesto a hacer tareas que nadie ve ni agradece?

¿Me molesta que no reconozcan mis esfuerzos?

¿Sirvo con gozo o con orgullo escondido?

¿Estoy dispuesto a mostrar, al igual que Cristo, el amor a mis hermanos con mi servicio?

“El mayor entre vosotros será vuestro siervo.” – Mateo 23:11

Cristo no vino a ser servido, sino a servir. Si queremos ser hombres conforme al corazón de Dios, debemos
humillarnos, tomar la toalla y vivir como siervos.

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