Andrea, de 23 años, estudiante universitaria, acude a consulta por decisión propia manifestando que
“ya no puede controlar lo que siente” y que sus relaciones personales suelen terminar de manera
conflictiva. Durante la entrevista refiere que desde hace varios años experimenta cambios
emocionales muy intensos, pasando rápidamente de sentirse tranquila o incluso feliz a estados de
tristeza profunda, enojo o ansiedad sin identificar con claridad qué los provoca. Señala que estas
variaciones pueden ocurrir en el mismo día, lo que le genera sensación de inestabilidad y pérdida de
control.
Comenta que sus relaciones de pareja han sido particularmente problemáticas. Describe que al
inicio suele involucrarse intensamente, sintiendo que la otra persona es “todo” para ella, pero con el
paso del tiempo comienza a experimentar miedo constante a ser abandonada, pensamientos de
desconfianza y necesidad de atención continua. Ante cualquier cambio en la conducta de su pareja,
como demora en responder mensajes, refiere experimentar angustia intensa, irritabilidad y
pensamientos negativos, lo que la lleva a reaccionar impulsivamente, generando discusiones. Indica
que en el último año ha tenido varias relaciones que terminaron de forma conflictiva, tras episodios
de celos, discusiones intensas y miedo a quedarse sola.
Durante la sesión, Andrea menciona que frecuentemente siente un vacío interno difícil de explicar,
describiéndolo como “sentirse sola incluso cuando está acompañada”. Expresa que no tiene una idea
clara de quién es, señalando que sus gustos, metas y forma de comportarse cambian dependiendo de
las personas con las que se relaciona. Refiere frases como “a veces siento que no tengo una
identidad propia” o “soy diferente con cada persona”.
Asimismo, reconoce que en momentos de malestar emocional suele actuar de forma impulsiva.
Menciona episodios de compras innecesarias, consumo ocasional de alcohol en exceso y decisiones
precipitadas en sus relaciones. Refiere que en situaciones de enojo puede decir cosas hirientes de las
que luego se arrepiente, indicando que le cuesta mucho controlar su ira.
En cuanto a su historia personal, señala haber crecido en un ambiente familiar inestable, con
frecuentes discusiones entre sus padres. Describe a su padre como distante emocionalmente y a su
madre como cambiante en su trato, alternando entre momentos de afecto y críticas constantes.
Refiere que desde la adolescencia ha tenido dificultades en sus relaciones sociales, así como una
marcada sensibilidad al rechazo.
Durante la entrevista se observa que Andrea presenta cambios emocionales notorios mientras relata
sus experiencias, pasando de la tristeza al enojo con facilidad. Su discurso está cargado de
intensidad emocional, especialmente al hablar de sus relaciones interpersonales. Se muestra inquieta
en ciertos momentos y con dificultad para regular sus emociones. Además, tiende a describir a las
personas de manera extrema, idealizándolas o desvalorizándolas según sus experiencias recientes.
Finalmente, Andrea expresa sentirse cansada de esta situación, manifestando que desea entender por
qué se siente de esa manera y aprender a controlar sus emociones, ya que percibe que sus conductas
están afectando significativamente su bienestar y sus relaciones.
Luis, de 26 años, acude a consulta psicológica derivado por un familiar cercano, quien manifiesta
preocupación por sus cambios de comportamiento en los últimos años. Al inicio de la entrevista,
Luis se muestra algo escéptico respecto a la utilidad del proceso, aunque reconoce que “algo no
anda bien” en su vida. Refiere que suele sentirse abrumado por sus emociones, las cuales describe
como intensas y difíciles de manejar, especialmente cuando se trata de relaciones cercanas.
Comenta que ha tenido múltiples conflictos con amigos, parejas y familiares, señalando que con
frecuencia pasa de sentirse muy unido a alguien a experimentar molestia o rechazo hacia esa
misma persona en poco tiempo. Indica que cuando percibe que alguien se aleja o cambia su
actitud, experimenta una sensación inmediata de inseguridad, acompañada de pensamientos como
“seguro ya no le importo” o “me van a dejar”, lo que le genera ansiedad y enojo. En varias
ocasiones ha reaccionado enviando mensajes insistentes, reclamando atención o confrontando
directamente a la persona, lo que ha provocado rupturas en sus vínculos.
Luis menciona que, tras estos conflictos, suele sentirse vacío y con una sensación de soledad
intensa. Describe este estado como “no sentir nada” o “sentir que todo pierde sentido”, lo cual le
genera malestar significativo. Para lidiar con estas emociones, refiere que en ocasiones ha
recurrido a conductas impulsivas, como consumo excesivo de alcohol, gastos innecesarios o
involucrarse rápidamente en nuevas relaciones afectivas.
En relación con su identidad personal, expresa que tiene dificultades para definir quién es o qué
quiere a futuro. Señala que cambia de intereses con frecuencia y que muchas de sus decisiones
están influenciadas por las personas con las que se relaciona en el momento. Refiere sentirse
confundido respecto a sus metas personales y profesionales, lo que le genera frustración.
Durante la entrevista, Luis muestra variaciones en su estado emocional; en algunos momentos se
presenta reflexivo y colaborador, mientras que en otros se torna irritable o defensivo,
especialmente al abordar temas relacionados con sus relaciones interpersonales. Su discurso refleja
una tendencia a percibir las situaciones en términos extremos, describiendo a las personas como
completamente buenas o completamente malas dependiendo de sus experiencias recientes con
ellas.
En cuanto a su historia personal, refiere haber crecido en un entorno familiar donde predominaban
los conflictos. Menciona que sus padres tenían discusiones frecuentes y que la comunicación en
casa era limitada. Describe haber sentido poca estabilidad emocional durante su infancia, así como
dificultad para expresar sus emociones de manera abierta.
Luis reconoce que sus reacciones emocionales han generado consecuencias negativas en su vida,
incluyendo la pérdida de relaciones importantes y dificultades en su desempeño laboral. A pesar de
su resistencia inicial, expresa interés en comprender lo que le ocurre y encontrar formas de
manejar mejor sus emociones, señalando que no quiere seguir repitiendo los mismos patrones en
sus relaciones.
Mariana, de 28 años, acude a consulta psicológica refiriendo que desde hace varios meses se siente
constantemente cansada y desmotivada, incluso para realizar actividades que antes le resultaban
agradables. Señala que le cuesta levantarse por las mañanas y que, aunque logra cumplir con sus
responsabilidades laborales, lo hace con mucho esfuerzo y sin experimentar satisfacción. Describe
que su estado de ánimo suele ser bajo la mayor parte del tiempo y que frecuentemente se siente
triste sin una razón específica clara.
Comenta que ha perdido el interés en actividades que antes disfrutaba, como salir con amigos o
practicar deporte, prefiriendo quedarse en casa. Menciona que ha reducido considerablemente su
vida social, ya que siente que no tiene energía para interactuar con otras personas. Además, refiere
dificultades para concentrarse en el trabajo, olvidos frecuentes y sensación de lentitud en su
pensamiento.
Durante la entrevista, Mariana expresa pensamientos negativos sobre sí misma, señalando que se
percibe como “insuficiente” y que siente que no está cumpliendo con las expectativas propias ni de
los demás. Refiere sentimientos de culpa relacionados con su bajo rendimiento y con el hecho de
haberse alejado de sus amistades. También menciona que en ocasiones piensa que su situación no
va a mejorar, lo que le genera desesperanza.
En cuanto a sus hábitos, indica que ha presentado alteraciones en el sueño, con dificultad para
conciliarlo y despertares frecuentes durante la noche. Asimismo, refiere cambios en el apetito,
señalando que en algunos días come muy poco y en otros recurre a la comida como forma de
sentirse mejor momentáneamente. También menciona sensación constante de fatiga, incluso
después de descansar.
A nivel personal, comenta que hace aproximadamente un año atravesó una ruptura sentimental
significativa, la cual describe como un evento que le afectó profundamente. Desde entonces,
percibe que su estado emocional no ha vuelto a ser el mismo. Refiere que, aunque al inicio pensó
que era algo pasajero, con el tiempo los síntomas se han mantenido e incluso intensificado.
Durante la sesión, se observa que Mariana presenta un tono de voz bajo, contacto visual reducido y
movimientos lentificados. Su expresión emocional es congruente con el relato, predominando la
tristeza. Responde de manera adecuada a las preguntas, aunque con pausas prolongadas en algunos
momentos. No se evidencian alteraciones en el pensamiento formal, pero sí un contenido marcado
por ideas negativas sobre sí misma y el futuro.
Finalmente, Mariana expresa que decidió acudir a consulta porque siente que ya no puede manejar
la situación por sí sola. Señala que desea recuperar su motivación y volver a sentirse como antes,
ya que percibe que su estado actual está afectando diferentes áreas de su vida, especialmente su
desempeño laboral y sus relaciones interpersonales.
Carlos, de 35 años, acude a consulta psicológica por recomendación de su médico general, luego
de haber asistido en varias ocasiones a emergencias por molestias físicas como palpitaciones,
sensación de falta de aire, mareos y opresión en el pecho. A pesar de que los exámenes médicos
no han evidenciado problemas orgánicos, Carlos continúa preocupado por su salud, convencido
de que podría tener alguna enfermedad grave que no ha sido detectada.
Durante la entrevista refiere que estos episodios aparecen de forma repentina, sin una causa
aparente, y alcanzan gran intensidad en pocos minutos. Describe que en esos momentos siente
que pierde el control de su cuerpo, que le cuesta respirar y que su corazón “late demasiado
fuerte”, lo que le genera miedo a morir o a sufrir un infarto. Indica que estas experiencias le
resultan tan angustiantes que ha empezado a evitar lugares donde cree que no podría recibir ayuda
rápidamente, como el transporte público o espacios concurridos.
Carlos menciona que, después de cada episodio, permanece durante horas o incluso días
preocupado por la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Esta anticipación constante ha generado
que esté en estado de alerta casi permanente, prestando mucha atención a cualquier sensación
corporal, interpretándola como una señal de peligro. Señala que incluso pequeñas variaciones en
su cuerpo, como un leve aumento del ritmo cardíaco, desencadenan pensamientos catastróficos.
En el ámbito laboral, refiere dificultades para concentrarse debido a su preocupación constante,
así como ausencias ocasionales por miedo a experimentar estos episodios en el trabajo. A nivel
social, ha reducido sus salidas y actividades recreativas, ya que teme no poder manejar una crisis
en público. Esto ha comenzado a afectar sus relaciones interpersonales, ya que evita reuniones y
compromisos.
En cuanto a su historia personal, Carlos indica que no había presentado problemas emocionales
significativos en el pasado, aunque reconoce haber sido una persona preocupada por su salud
desde joven. Refiere que los síntomas comenzaron hace aproximadamente seis meses, tras un
periodo de estrés laboral intenso.
Durante la sesión, se observa que Carlos se muestra inquieto, con dificultad para relajarse. Su
discurso es coherente, pero con contenido centrado en preocupaciones relacionadas con su salud y
la posibilidad de experimentar nuevos episodios. Mantiene una actitud hipervigilante hacia sus
sensaciones físicas y busca constantemente asegurarse de que no está en peligro.
Finalmente, Carlos expresa que desea comprender lo que le está ocurriendo, ya que siente que su
vida se ha visto limitada por estos episodios y el miedo constante que los acompaña,
manifestando interés en encontrar una forma de recuperar su tranquilidad y retomar sus
actividades habituales.
Jorge, de 30 años, acude a consulta psicológica por recomendación de su pareja, quien ha notado
que sus conductas de orden y limpieza han aumentado significativamente en el último año. Al
inicio de la entrevista, Jorge reconoce que tiene ciertas “manías”, pero considera que son
necesarias para sentirse tranquilo. Refiere que pasa gran parte de su día preocupado por la
limpieza, el orden y la posibilidad de que algo “salga mal” si no hace las cosas de una manera
específica.
Comenta que, desde hace varios meses, experimenta pensamientos recurrentes e intrusivos
relacionados con la contaminación, especialmente al estar en espacios públicos o al tocar objetos
que han sido manipulados por otras personas. Señala que estos pensamientos aparecen de forma
involuntaria y le generan un alto nivel de ansiedad. Para aliviar esta sensación, ha desarrollado
conductas repetitivas, como lavarse las manos de manera excesiva, llegando a hacerlo más de 20
veces al día, siguiendo un ritual específico que debe completar para sentirse momentáneamente
tranquilo.
Jorge menciona que, si intenta evitar estas conductas, experimenta una ansiedad intensa que
describe como “insoportable”, acompañada de inquietud, irritabilidad y dificultad para
concentrarse. Esto lo ha llevado a invertir mucho tiempo en sus rutinas, afectando su desempeño
laboral, ya que suele llegar tarde o interrumpir sus actividades para cumplir con estos rituales.
Además de la limpieza, refiere la necesidad constante de verificar ciertas cosas, como puertas,
llaves o electrodomésticos. Indica que puede revisar varias veces antes de salir de casa, ya que
siente una fuerte duda sobre si realmente realizó estas acciones correctamente. Aunque reconoce
que estas conductas son excesivas, manifiesta que no puede controlarlas fácilmente.
En el ámbito personal, su pareja ha expresado molestia debido al tiempo que Jorge dedica a
estas actividades y a las restricciones que impone en el hogar relacionadas con la limpieza. Esto
ha generado discusiones frecuentes. Jorge admite sentirse frustrado por esta situación, ya que
percibe que sus comportamientos están afectando su vida, pero al mismo tiempo siente que no
puede dejarlos de lado.
Durante la sesión, se observa que Jorge mantiene una actitud ansiosa, con tendencia a anticipar
posibles riesgos o errores. Su discurso es coherente, aunque centrado en preocupaciones
relacionadas con la contaminación y el control. Se muestra consciente de que sus pensamientos
y conductas son excesivos, pero presenta dificultad para resistirse a ellos.
Finalmente, Jorge expresa su deseo de reducir estas conductas, ya que siente que están
consumiendo gran parte de su tiempo y afectando su bienestar, aunque manifiesta temor de que,
si deja de realizarlas, algo negativo pueda ocurrir.
Valeria, de 27 años, acude a consulta psicológica por iniciativa propia señalando que
desde hace tiempo siente que “vive en alerta constante”. Refiere que le cuesta relajarse
incluso en situaciones cotidianas y que su mente suele anticipar escenarios negativos,
aunque reconoce que muchas veces no llegan a ocurrir. Comenta que suele preocuparse
por distintos aspectos de su vida al mismo tiempo, como su trabajo, su salud, su familia
y su desempeño personal, cambiando rápidamente de un tema a otro sin lograr sentirse
tranquila.
Menciona que estas preocupaciones están presentes la mayor parte del día y que le
resulta difícil controlarlas. Señala que, aunque intenta distraerse o convencerse de que
todo está bien, su mente vuelve una y otra vez a pensar en posibles problemas o errores
que podría cometer. Describe que, incluso en momentos en los que todo parece estar
bien, siente una sensación interna de tensión, como si algo malo fuera a pasar.
A nivel físico, refiere síntomas como tensión muscular, especialmente en el cuello y los
hombros, fatiga constante y dificultad para conciliar el sueño. Indica que suele acostarse
pensando en todo lo que tiene que hacer o en lo que podría salir mal al día siguiente, lo
que le genera insomnio. También menciona irritabilidad y dificultad para concentrarse,
ya que su atención se dispersa fácilmente debido a sus pensamientos.
En el ámbito laboral, comenta que suele revisar varias veces su trabajo por miedo a
cometer errores, lo que retrasa sus actividades. Aunque no presenta rituales rígidos, sí
muestra una necesidad constante de asegurarse de que todo esté “bien hecho”. En sus
relaciones personales, señala que a veces busca confirmación de los demás para sentirse
más tranquila, preguntando reiteradamente si todo está bien o si ha hecho algo
incorrecto.
En cuanto a su historia personal, refiere haber sido una persona preocupada desde la
adolescencia, aunque indica que en los últimos dos años esta situación ha empeorado.
No identifica un evento específico que haya desencadenado el problema, pero menciona
que las exigencias laborales han aumentado.
Durante la entrevista, se observa que Valeria se muestra inquieta, con dificultad para
permanecer completamente relajada. Su discurso es coherente, pero con tendencia a
anticipar consecuencias negativas. No se evidencian pensamientos intrusivos
específicos ni conductas repetitivas ritualizadas, pero sí una preocupación constante y
generalizada. Su estado emocional es predominantemente ansioso, con momentos de
tensión visibles.
Finalmente, Valeria expresa que decidió buscar ayuda porque siente que su mente “no
se apaga nunca” y que este estado constante de preocupación está afectando su
descanso, su rendimiento y su bienestar general, aunque no logra identificar con
claridad por qué le ocurre esto.
Lucía, de 21 años, estudiante universitaria, acude a consulta psicológica porque desde
hace aproximadamente un año experimenta un miedo intenso cada vez que tiene que
participar en clases o interactuar con personas que no son de su círculo cercano. Refiere
que, cuando sabe que tendrá que exponer o hablar en público, comienza a sentirse muy
nerviosa desde días antes, pensando constantemente que podría equivocarse, hacer el
ridículo o ser juzgada negativamente por los demás.
Señala que, en esas situaciones, presenta síntomas físicos como sudoración en las
manos, temblor en la voz, palpitaciones y sensación de bloqueo mental. Comenta que en
varias ocasiones ha evitado asistir a clases cuando sabe que tendrá que participar, o ha
pedido a compañeros que hablen por ella para no exponerse. A pesar de que reconoce
que su miedo es exagerado, indica que no puede controlarlo.
En el ámbito social, menciona que le cuesta iniciar conversaciones con personas nuevas
y que suele mantenerse callada en reuniones, por temor a decir algo incorrecto. Prefiere
relacionarse solo con personas de confianza y evita situaciones donde pueda ser el
centro de atención. Esto ha limitado su vida social y académica, ya que ha dejado pasar
oportunidades por miedo a exponerse.
Durante la entrevista, Lucía se muestra nerviosa, con tono de voz bajo y contacto visual
limitado. Responde adecuadamente a las preguntas, aunque con cierta inseguridad. Su
discurso refleja una preocupación constante por la opinión de los demás y un temor
marcado a la evaluación negativa.
Finalmente, expresa que decidió buscar ayuda porque siente que este miedo está
interfiriendo en su desarrollo personal y académico, ya que le gustaría participar más y
relacionarse con otros, pero no sabe cómo manejar la ansiedad que experimenta en estas
situaciones.
Mateo, de 9 años, es llevado a consulta por su madre, quien refiere que desde hace varios
meses presenta dificultades importantes en la escuela. Señala que el niño tiene problemas
para mantenerse atento durante las clases, se distrae con facilidad y suele dejar las tareas
incompletas. La maestra ha reportado que Mateo parece no escuchar cuando se le habla
directamente y que frecuentemente pierde materiales escolares como cuadernos o lápices.
En casa, la madre comenta que le resulta difícil lograr que Mateo termine sus deberes, ya
que se levanta constantemente, cambia de actividad o se muestra desorganizado. Indica
que necesita supervisión continua para completar tareas simples y que, aun así, suele
cometer errores por descuido. Además, menciona que el niño olvida con frecuencia
instrucciones que se le acaban de dar.
Por otro lado, refiere que Mateo es muy inquieto, le cuesta permanecer sentado y suele
moverse constantemente, incluso en situaciones donde se espera que esté tranquilo. En
ocasiones interrumpe conversaciones, responde antes de que terminen de hacerle una
pregunta o tiene dificultad para esperar su turno en juegos o actividades grupales.
La madre indica que estos comportamientos no son recientes, sino que han estado
presentes desde hace varios años, aunque se han hecho más evidentes con las exigencias
escolares actuales. Esto ha generado conflictos tanto en el hogar como en el colegio,
afectando su rendimiento académico y sus relaciones con compañeros.
Durante la evaluación, Mateo se muestra inquieto, con dificultad para mantenerse en su
asiento y cambiar de actividad rápidamente. Responde a las preguntas, pero en ocasiones
se distrae o pierde el hilo de la conversación. Su lenguaje es adecuado para su edad, pero
presenta dificultades para sostener la atención de manera prolongada.
Finalmente, la madre expresa preocupación porque siente que su hijo es inteligente, pero
no logra rendir como debería, y desea comprender qué está ocurriendo para poder
ayudarlo a mejorar su desempeño y comportamiento.
🧩 1. Estrés (no es un trastorno clínico por sí solo)
Es una respuesta natural del cuerpo ante una situación demandante.
Tiene un origen identificable (examen, trabajo, problemas económicos, etc.).
Puede ser temporal.
Desaparece o disminuye cuando la situación se resuelve.
👉 Ejemplo: estás estresada porque tienes 3 trabajos que entregar mañana.
💡 Clave:
Tiene causa concreta y duración limitada.
😰 2. Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)
Hay preocupación excesiva y constante.
No es solo un problema: son muchos temas a la vez (salud, familia, futuro, dinero…).
La persona no puede controlar la preocupación.
Dura meses o más.
Incluye síntomas físicos: tensión, insomnio, fatiga.
👉 Ejemplo: te preocupa TODO, incluso cuando no hay un problema real.
💡 Clave:
Preocupación crónica, difusa y constante.
😨 3. Trastorno de pánico
Aparecen ataques de pánico repentinos.
Son episodios intensos de miedo con síntomas físicos:
o Palpitaciones
o Falta de aire
o Mareo
o Sensación de morir o perder el control
Duran minutos, pero son muy intensos.
Luego aparece el miedo a que vuelva a pasar.
👉 Ejemplo: estás tranquila y de pronto sientes que te va a dar un infarto.
💡 Clave:
Crisis intensas y súbitas (como una “explosión” de ansiedad).
⚡ RESUMEN RÁPIDO (modo examen):
Estrés → reacción normal a algo específico
TAG → preocupación constante por todo
Pánico → ataques intensos y repentinos
Si lo quieres memorizar fácil:
Estrés = “tengo un problema”
TAG = “todo es un problema”
Pánico = “¡me estoy muriendo!” (aunque no lo esté)
🧠 Comparación: Estrés vs Ansiedad Generalizada vs Pánico
Trastorno de Ansiedad
Característica Estrés Trastorno de pánico
Generalizada
Tipo Respuesta normal Trastorno psicológico Trastorno psicológico
Específica
Causa Múltiples preocupaciones No siempre clara
(examen, trabajo)
Episodios breves pero
Duración Temporal Crónica (meses o más)
repetidos
Intensidad Moderada Persistente Muy alta (repentina)
Pensamiento “Tengo un “Algo terrible está
“Todo puede salir mal”
principal problema” pasando ahora”
Palpitaciones, ahogo,
Síntomas físicos Tensión, cansancio Tensión, insomnio, fatiga
mareo
Se siente fuera de
Control Se puede manejar Difícil de controlar
control
Estrés por Preocupación constante Ataque repentino de
Ejemplo típico
exámenes por todo miedo intenso