Problemática 21 - 05 - 2026
Problemática 21 - 05 - 2026
Presentado por:
Abril 2026
Tabla Contenido
Imagen Referencia..........................................................................................................................3
Problemática..................................................................................................................................4
Problema........................................................................................................................................4
Descripción.....................................................................................................................................4
Pregunta articuladora...................................................................................................................16
Justificación..................................................................................................................................17
Objetivo General...........................................................................................................................17
Objetivos Específicos....................................................................................................................17
Marco Teórico..............................................................................................................................18
Bibliografía Conceptual.................................................................................................................28
3. Problema
4. Descripción
aislado ni una anomalía del sistema urbano, sino la expresión espacial de condiciones estructurales
profundas vinculadas al capitalismo periférico latinoamericano. Como señala Jaramillo González (2008),
"la estructura social de las ciudades latinoamericanas presenta ciertas peculiaridades —originadas en
determinantes generales como son las modalidades de acumulación, su lugar en el sistema global de
división del trabajo— y el mercado del suelo las traduce como una manifestación en el espacio" (p. 13).
Desde esta perspectiva, la segregación socioespacial que caracteriza a Bogotá no responde a un mal
desigual: los resultados físicos y territoriales que se observan en los asentamientos informales son el
exclusión estructural de amplios sectores de la población del mercado formal de vivienda. Jaramillo
González (2008) explica que "una porción amplia de la población tiene niveles absolutos de ingreso muy
bajos, lo cual los excluye de la demanda solvente de muchos bienes y servicios producidos de manera
capitalista" (p. 15), entre ellos la vivienda. Esta exclusión no es circunstancial: está sostenida por un
régimen de salarios bajos que ha sido históricamente utilizado como estrategia de competitividad en las
resultado es la consolidación de vastas áreas de la ciudad donde, como describe el mismo autor en su
obra posterior, "los niveles de equipamiento son muy dispares" y los barrios populares "a menudo
carecen de la infraestructura más básica", en contraste con los vecindarios de grupos privilegiados,
"comparables con su contraparte en los países más ricos" (Jaramillo González, 2021, p. 13).
Jaramillo González (2008) advierte que la urbanización informal conduce a "decisiones con respecto a la
períodos a veces muy largos de valores de uso indispensables, exposición a riesgos de accidentes de los
ocupantes, localizaciones que hacen muy costoso el equipamiento, y la provisión a posteriori de estos
valores de uso, que normalmente resulta muchísimo más costosa que si se hiciera de manera previa y
planificada" (p. 33). Este punto es fundamental desde una perspectiva arquitectónica y urbanística: la
individuales, sino en la ausencia o déficit estructural de los sistemas colectivos como las vías, redes de
servicios, espacio público, equipamientos que hacen posible la vida urbana. La corrección de estas
carencias implica intervenciones mucho más costosas y técnicamente complejas que si hubieran sido
planificadas desde el inicio, lo que perpetúa la brecha entre estos territorios y el resto de la ciudad.
González (2008) caracteriza como "un agente capitalista, en el sentido de que opera fundamentalmente
para acumular dinero" (p. 39), cuya fuente de ganancias es la captura de los incrementos en el precio del
suelo periférico. Este agente vende terrenos sin infraestructura adecuada a precios que, aunque
moderados en términos absolutos, resultan elevados para los compradores pobres. Más aún, cuando
derecho a percibir el subsidio que se sabe que el Estado le va a otorgar" (p. 45). De esta manera, una
parte significativa de los recursos públicos destinados a mejorar las condiciones de los más pobres
termina transfiriéndose a estos agentes capitalistas informales, sin que las condiciones físicas del
Esta dinámica se ve agravada por la debilidad histórica del Estado para intervenir en el mercado
de suelo y vivienda en favor de los sectores de menores ingresos. Jaramillo González (2008) señala que
los programas estatales de vivienda social, aunque tuvieron un impacto notable en las grandes ciudades
latinoamericanas, "favorecieron de manera preferencial a sectores populares, pero que en primer lugar
no eran los más pobres, y en segundo lugar que tenían articulaciones laborales formales" (p. 26),
dejando por fuera a los grupos más vulnerables. La limitación de los recursos fiscales, característica del
habitacional generada por la acelerada urbanización de la segunda mitad del siglo XX, abriendo el
espacio para la consolidación masiva de la informalidad como modo de producción del hábitat popular.
Finalmente, Jaramillo González (2021) propone entender todo este conjunto de fenómenos bajo
de tal manera que forman parte de una estructura" (p. 16). La informalidad urbana, con toda su
socioespacial, ausencia de espacio público, no es un residuo del pasado ni un fallo del mercado: es una
desigualdad territorial de los sectores informales de Bogotá desde esta perspectiva implica reconocer
que las intervenciones arquitectónicas y urbanísticas sobre estos territorios no pueden limitarse a
acciones puntuales sobre la vivienda individual, sino que deben abordar las condiciones estructurales
las grandes ciudades han alcanzado niveles superiores al 90% de población urbana, consolidando una
fuerte concentración poblacional en áreas urbanas (DANE, 2021). Asimismo, entre los periodos
intercensales recientes, el número de viviendas en zonas urbanas aumentó en más de 100.000 unidades,
mientras que en zonas rurales el incremento fue inferior a 30.000, evidenciando una presión significativa
sobre el suelo urbano, solo en Bogotá existió un aumento de la vivienda de 2.395.045 de 1973 a 2018
mientras que en el suelo rural en el mismo periodo fue de 9.897 (DANE, 2021), una diferencia que
Por otra parte, como señala Sulma Marcela Cuervo Ramírez, Alisson Flávio Barbieri, José
Irineu Rangel Rigotti en su artículo la migración interna en Colombia, desde mediados del siglo XX,
masivas de población campesina, procesos que difícilmente pueden entenderse como decisiones
voluntarias por lo que las áreas metropolitanas, como Bogotá, actúan como principales polos de
incrementa la presión sobre el suelo urbano y favorece la ocupación de zonas periféricas de manera
informal.
La desigualdad territorial en los sectores informales de Bogotá encuentra una explicación
complementaria en el análisis que Pedro Abramo (2012) desarrolla sobre la producción de la estructura
urbana en las grandes metrópolis latinoamericanas. Abramo parte de identificar que en estas ciudades
no opera una sola lógica de coordinación social del espacio, sino tres simultáneas: "la del mercado y la
del Estado; pero también de una tercera: la lógica de la necesidad. Esta última movió (y continúa
consolidación de los asentamientos populares informales" (p. 36). Esta lógica de la necesidad es
precisamente la que explica, desde una perspectiva urbanística, por qué los sectores populares
producen territorio bajo condiciones de precariedad estructural: no es una elección cultural, sino la
única respuesta posible ante la exclusión del mercado formal y la insuficiencia del Estado.
En el caso específico de Bogotá, Abramo (2012) señala que la ciudad entendido como un todo es
un ejemplo único en América Latina, donde "prácticamente toda la ciudad popular tiene su origen en la
venta informal de suelo urbano ('urbanización pirata')", de modo que "el acceso de los sectores
populares a un lote urbano es operado por el mecanismo del mercado informal de suelo" (p. 39). Esta
particularidad tiene consecuencias directas sobre la forma urbana y las condiciones físicas del territorio:
los asentamientos que emergen de este proceso carecen desde su origen de los estándares urbanísticos
mínimos, pues el mercado informal opera precisamente al margen del "derecho urbanístico, del derecho
económico y comercial, del derecho de propiedad y de los otros derechos civiles que regulan el uso y la
propiedad del suelo urbano" (p. 41). El resultado es un territorio marcado por irregularidades
infraestructura, espacio público y equipamientos colectivos. Revisar con la profe – centro escritura
El concepto central que Abramo (2012) propone para comprender esta realidad es el de la
ciudad "com-fusa": una estructura urbana particular de las grandes metrópolis latinoamericanas que
"produce simultáneamente una estructura urbana compacta y difusa" (p. 37), resultado del
funcionamiento paralelo del mercado formal e informal del suelo. En la dimensión informal, esta
consolidadas —donde la especulación del suelo informal genera una densificación progresiva— y de
nuevas ocupaciones dispersas en la periferia, que siguen reproduciendo el ciclo de precariedad. Esta
dinámica, lejos de corregirse espontáneamente, genera lo que el autor denomina "un círculo perverso,
donde la compactación alimenta la difusión y esta fomenta la compactación" (p. 37), produciendo una
forma urbana que "dificulta la elaboración de políticas urbanas más equitativas en términos
La existencia del mercado informal de suelo, explica Abramo (2012), responde a una "legislación
urbanística modernista que dialoga con los estratos de renta elevada de las ciudades latinoamericanas",
la cual "produjo una verdadera barrera institucional a la provisión de vivienda para los sectores
populares e indujo a la acción irregular y/o clandestina de loteadores y a procesos de ocupación popular
de parcelas urbanas y periurbanas" (p. 39). En otras palabras, la normativa urbana diseñada para la
ciudad formal excluye estructuralmente a los sectores de menores ingresos, empujándolos hacia la
informalidad como única vía de acceso al suelo. Esta exclusión normativa, combinada con la insuficiencia
del Estado de bienestar fordista que "atendía particularmente a una porción limitada de la población de
las ciudades" (p. 38) configuró el patrón de desigualdad territorial que hoy caracteriza a Bogotá y a las
Lo que hace especialmente valioso el aporte de Abramo para una lectura arquitectónica y
urbanística del problema es su énfasis en que esta desigualdad no es solo socioeconómica, sino
fundamentalmente espacial y morfológica. La ciudad com-fusa produce "demandas de equipamientos y
servicios con señalizaciones espaciales diversas" (p. 37) que son difíciles de atender con políticas
urbanas convencionales, precisamente porque la forma del territorio informal no responde a ninguno de
los modelos urbanos sobre los que se diseñan dichas políticas. Intervenir arquitectónica y
urbanísticamente sobre estos territorios exige, por tanto, reconocer su lógica propia de producción del
Abramo describe cómo el mercado informal configura una forma urbana particular, Jordi Borja aporta la
dimensión que conecta directamente con la justificación arquitectónica del problema: la desigualdad
territorial es, ante todo, una crisis del espacio público y de la ciudadanía. Para Borja (2003), "la
responsabilidad principal del urbanismo es producir espacio público, espacio funcional polivalente que
relacione todo con todo, que ordene las relaciones entre los elementos construidos y las múltiples
formas de movilidad y de permanencia de las personas. Espacio público cualificado culturalmente para
proporcionar continuidades y referencias, hitos urbanos y entornos protectores, cuya fuerza significante
trascienda sus funciones aparentes" (p. 29). Desde esta perspectiva, la ausencia o precariedad del
expresión más directa del fracaso urbanístico y de la negación de ciudadanía a sus habitantes.
Borja (2003) identifica con precisión el proceso que produce esta situación: "el proceso de
metropolización difusa fragmenta la ciudad en zonas in y zonas out, se acentúa la zonificación funcional
y la segregación social. La ciudad se disuelve y pierde su capacidad integradora y la ciudad como sistema
de espacios públicos se debilita, tiende a privatizarse. Los centros comerciales sustituyen a las calles y a
las plazas. Las áreas residenciales socialmente homogéneas se convierten en cotos cerrados, los sectores
medios y altos se protegen mediante policías privados. Los flujos predominan sobre los lugares. Y los
servicios privados, sobre los públicos" (p. 205). Este diagnóstico es perfectamente aplicable a la realidad
consolidando una ciudad fragmentada donde la calidad del entorno urbano varía radicalmente según el
La consecuencia más grave de esta fragmentación, para Borja, no es solo física sino política y
social: es la producción de lo que denomina "territorios de exclusión", que define como "aquellos que
expresan el fracaso de la ciudad, la no ciudad" (p. 221). Los asentamientos informales periféricos de
Bogotá encajan exactamente en esta categoría: son territorios donde la precariedad del espacio público,
sino que niegan a sus habitantes las condiciones mínimas para ejercer la ciudadanía. Como señala el
autor, "ser ciudadano es sentirse integrado física y simbólicamente en la ciudad como ente material y
si los otros te ven y te reconocen como ciudadano" (p. 28). En los territorios informales, donde el
espacio público es precario o inexistente, esta integración simbólica y física es imposible: la forma del
Borja (2003) introduce además un concepto fundamental para comprender por qué la
que define como "el resultado de la imposición de un modelo económico y social que se traduce en una
forma esterilizada de hacer la ciudad visible donde sea rentable e ignorando u olvidando al resto" (p.
212). Esta agorafobia, señala el autor, "es una enfermedad de clase, ya que sólo se pueden refugiar en el
espacio privado las clases altas. A los que viven la ciudad como una oportunidad de supervivencia no les
queda opción. Los pobres muchas veces son las principales víctimas de la violencia urbana, pero no
pueden permitirse prescindir del espacio público. Aunque se refugien en sus propios guetos, necesitan
salir de él para sobrevivir. Deben vivir también en el espacio público y hasta cierto punto de él, pero la
pobreza del espacio público los hace aún más pobres. Por el contrario, la calidad de este espacio
contribuye a la justicia urbana" (p. 212). Mejorar las condiciones físicas del espacio público en los
territorios informales no es un lujo urbanístico, sino una condición necesaria para la justicia urbana y
Finalmente, Borja (2003) establece con claridad la relación entre la forma física del territorio y
las condiciones sociales de sus habitantes, señalando que la ciudad emergente, "de bajas densidades y
dominada por tendencias perversas de guetización y dualización o exclusión", produce un "territorio que
no se organiza en redes sustentadas por centralidades urbanas potentes e integradoras, sino que se
fragmenta por funciones especializadas y por jerarquías sociales" (p. 30). En los asentamientos
precisamente lo que define su condición de desigualdad: son territorios sin estructura urbana
reconocible, donde la forma física del entorno refuerza y perpetúa las brechas sociales existentes.
Intervenir arquitectónicamente sobre esta condición implica, en términos de Borja, "hacer ciudad"
Por otro lado, Turner (1977) sostiene que el déficit habitacional —tanto cuantitativo como
consecuencia directa del modelo mediante el cual se produce y administra la vivienda. Su argumento
central es que los sistemas centralizados de provisión habitacional generan estructuralmente tres
El primer mecanismo opera sobre los recursos. Turner demuestra que la mayor parte de los
recursos disponibles para la producción de vivienda como la imaginación, iniciativa, trabajo, ahorro,
conocimiento del territorio son de naturaleza local y personal, y solo pueden ser movilizados
eficazmente por los propios habitantes. Cuando el Estado asume directamente la producción de
vivienda mediante grandes organizaciones, estos recursos no desaparecen, pero quedan inhibidos o son
capital, combustible fósil, tecnología importada— cuyo costo es proporcionalmente mucho más alto y
cuya disponibilidad es limitada. El resultado es que se produce menos vivienda de lo que sería posible, y
a un costo que la mayoría de los destinatarios no puede sostener (pp. 65-67, 97-99).
institucionalmente y las necesidades reales de los usuarios. Turner señala que las organizaciones
centrales, para operar económicamente, están obligadas a normalizar tanto sus procedimientos como
sus productos, generando vivienda en serie que responde a una demanda estadísticamente supuesta
pero no a las prioridades concretas y variables de cada familia (pp. 55-57). Las previsiones sobre
demanda futura de vivienda fallan sistemáticamente porque parten del supuesto erróneo de que todos
los hogares destinarán una proporción fija de sus ingresos al alojamiento, ignorando que las prioridades
de las familias (especialmente las de menores ingresos varían enormemente según su situación
(pp. 55-56). Este desajuste no es corregible dentro del sistema centralizado, pues su corrección
requeriría precisamente el nivel de diversidad y flexibilidad que las grandes organizaciones son
propios sistemas centralizados producen. Turner documenta cómo los grandes conjuntos de vivienda
pública —tanto en países ricos como en países en desarrollo— generan costos de administración y
mantenimiento que superan la capacidad de pago de sus ocupantes, aceleran el deterioro físico de lo
construido y producen condiciones de alienación que destruyen la disposición de los habitantes a cuidar
y mejorar su entorno (pp. 61-64). Esto significa que el déficit cualitativo no preexiste a la intervención
estatal, sino que en muchos casos es producido por ella: la vivienda construida institucionalmente
envejece y se deteriora más rápido que la producida y administrada localmente, precisamente porque
carece del cuidado continuo que solo el control directo del usuario puede garantizar (pp. 63-64).
se explica por la ausencia de intervención estatal, sino por el tipo de intervención que predomina.
Mientras los sistemas centralizados consumen los recursos de capital disponibles produciendo vivienda
inadecuada a costos insostenibles, los sectores populares que construyen por sus propios medios
demuestran que con recursos renovables —trabajo, ingenio, organización local— es posible producir
más vivienda, más adecuada y más durable. La desigualdad en el acceso a la vivienda se profundiza,
entonces, porque el modelo institucional vigente no solo no resuelve el déficit sino que activamente
urbana que produce el mercado informal, y Borja evidencia cómo esa desigualdad niega ciudadanía a
través del espacio público, Turner cierra el argumento desde la escala de la vivienda misma: el déficit
cualitativo no se genera únicamente por la ausencia del Estado o por las lógicas del mercado, sino
también por los modelos de producción habitacional que, al centralizar las decisiones y negar el control
de los habitantes sobre su propio hábitat, destruyen los recursos locales que hacen posible una vivienda
verdaderamente adecuada.
Las causas estructurales que Jaramillo González, Abramo, Borja, Santos y Turner identifican en la
producción de la desigualdad territorial no son abstracciones teóricas: en Bogotá tienen una expresión
concreta, medible y acumulada a lo largo de décadas. Comprender por qué la ciudad presenta hoy los
encadenamiento entre los procesos que la generaron y las condiciones físicas y económicas que
produjeron.
El punto de partida es demográfico. Desde mediados del siglo XX, Bogotá actuó como principal
polo de recepción de una migración masiva que no respondió a decisiones voluntarias de movilidad, sino
Ramírez, Barbieri y Rangel Rigotti, 2018). Esta presión poblacional sostenida sobre una ciudad que no
contaba con suelo urbanizado accesible para los sectores de menores ingresos es precisamente el
mecanismo que Jaramillo González (2008) describe: la exclusión del mercado formal de vivienda empuja
a amplios sectores hacia la ocupación periférica como única vía de acceso al territorio urbano. El
resultado territorial de este proceso es verificable: entre 1989 y 2010 el área urbanizada de Bogotá
creció en más de 7.000 hectáreas, pasando de 32.123 a 39.723 hectáreas, mientras la población lo hacía
Esta expansión no fue planificada ni dotada de infraestructura desde el inicio, sino producida en
gran medida por los mecanismos que Abramo (2012) describe: la lógica de la necesidad, el mercado
de ese patrón de crecimiento, entre 1985 y 2014 se perdió aproximadamente el 58% de las superficies
forestales del territorio, resultado de una urbanización que avanzó sobre áreas ambientalmente frágiles
— laderas, rondas hídricas, bordes de protección — precisamente porque eran los únicos suelos
disponibles para quienes no podían acceder al mercado formal (Atlas of Urban Expansion, 2010).
Esta expansión produjo un tejido urbano cuya complejidad no puede explicarse únicamente por
constante entre políticas públicas, capital privado y prácticas cotidianas de ocupación del territorio,
donde acciones individuales a pequeña escala fueron modificando el espacio de manera acumulada,
2008).
Las condiciones que ese proceso de urbanización generó se expresan hoy en dos dimensiones
que se refuerzan mutuamente: el déficit habitacional y el déficit de espacio urbano colectivo. Respecto
al primero, el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018 registró en Bogotá 256.633 hogares en
situación de déficit cualitativo de vivienda, correspondientes al 10,21% del total de hogares, y 96.947
hogares en déficit cuantitativo, que representan el 3,86% (Secretaría Distrital del Hábitat, 2024).
Tabla 1. Número de viviendas censadas según área geográfica (cabecera / centros poblados y rural disperso) en capitales del país. 1973 – 2018
Dentro del déficit cualitativo, la carencia más extendida es el hacinamiento mitigable, que afecta
a 201.677 hogares urbanos, seguido por el déficit en acceso a alcantarillado con 55.709 hogares, el
espacio inadecuado para cocina con 17.155 hogares y la falta de acceso a recolección de basuras con
13.692 hogares (Secretaría Distrital del Hábitat, 2024). Estos datos confirman empíricamente lo que
Turner (1977) plantea: el déficit no se expresa solo como ausencia de unidades habitacionales, sino
como una condición de precariedad cualitativa profunda que afecta la vida cotidiana de los habitantes y
Respecto al déficit de espacio urbano colectivo, los datos son igualmente contundentes. El
Decreto Distrital 215 de 2005, que adoptó el Plan Maestro de Espacio Público, estableció como meta 6
m²/habitante de espacio público efectivo para Bogotá. Sin embargo, para 2021 la ciudad contaba apenas
con 4,6 m²/habitante, dejando un déficit de 1,4 m² frente a esa meta y de casi 10 m² frente al estándar
internacional recomendado (Secretaría Distrital del Hábitat, 2024). De las 19 localidades urbanas,
catorce registran un indicador de espacio público efectivo inferior al estándar del Plan Maestro, con
casos como Los Mártires, que no alcanza ni siquiera un tercio del mínimo decretado (Secretaría Distrital
del Hábitat, 2024). De manera especialmente significativa, al relacionar por localidades el espacio
público efectivo y el porcentaje de área urbana de origen informal, la Secretaría Distrital del Hábitat
(2024) identifica una relación decreciente clara: a mayor área urbana de origen informal, menor es el
indicador de espacio público efectivo. Este dato es la prueba empírica más directa de lo que Borja (2003)
estructural de cómo se produjo el territorio, y en los barrios donde la gente más lo necesita es
concentran en las periferias de la ciudad, particularmente en los bordes sur y occidente, según lo
evidencia el Índice Integrado de Priorización por Manzanas (IIPM), que evalúa la accesibilidad a
diagnóstico de la ciudad a escala vecinal muestra que la mayor parte del territorio urbano cuenta con
presenta como crítica en los bordes sur y occidente, donde se concentra la población con mayores
condiciones de vulnerabilidad (Secretaría Distrital del Hábitat, 2024). Y más allá de la cantidad, la calidad
también es deficiente: según la Encuesta Bienal de Culturas de 2019, casi la mitad de los bogotanos
afirma que en el parque cercano se presentan riñas o que los espacios públicos no son seguros, y solo el
33% considera que los parques y espacios públicos cercanos están bien equipados (Alcaldía Mayor de
Bogotá, 2019, citada en Secretaría Distrital del Hábitat, 2024). Esta percepción generalizada de
inseguridad y deterioro es, en términos de Borja (2003), la expresión más cotidiana de la agorafobia
urbana: la condición en que el espacio público deja de ser un recurso colectivo y se convierte en un
factor adicional de exclusión para quienes no tienen otra opción que habitarlo.
a economías de subsistencia donde el 37,7% no alcanza a generar un salario mínimo mensual y cuya
Desarrollo Económico, 2024). Estos datos son la expresión empírica exacta del circuito inferior de la
economía urbana que Santos (1979) describe: no una anomalía ni una falla puntual del sistema, sino el
cotidiana ante la exclusión del circuito formal. La informalidad habitacional y la informalidad económica
no son fenómenos paralelos: se producen en el mismo territorio, responden a las mismas causas
manera intergeneracional.
Tabla 5. Concentración de trabajadores no es proporcional respecto a las zonas de residencia. La republica.
mismo proceso: la migración masiva generó presión sobre el suelo, esa presión se resolvió mediante la
produjo un territorio con déficit habitacional cualitativo y cuantitativo, sin espacio público adecuado, sin
equipamientos suficientes y sin integración efectiva a las redes económicas formales. Como señala
Turner (1977), cuando los habitantes no tienen control sobre las decisiones fundamentales de su hábitat
y los sistemas de provisión centralizada no responden a sus necesidades reales, los recursos locales que
podrían sostener una producción habitacional adecuada quedan inhibidos y el déficit se profundiza en
lugar de resolverse (pp. 65-67). La desigualdad territorial en los sectores informales de Bogotá no es, por
tanto, una condición heredada ni un accidente histórico: es el producto verificable de los mecanismos
estructurales que la teoría describe, y su persistencia confirma que ninguna intervención puntual sobre
la vivienda individual será suficiente si no aborda simultáneamente las condiciones colectivas del
5. Pregunta articuladora
6. Justificación
investigación surge no solo de un interés académico, sino de una experiencia personal, ya que gran
parte de mi vida he habitado barrios populares y de origen informal, lo que me ha permitido reconocer
vivienda digna y a oportunidades urbanas. Desde esta vivencia, y en coherencia con el compromiso con
Universidad Javeriana, este trabajo asume la arquitectura como una herramienta crítica capaz de incidir
ciudad.
7. Objetivo General
Evaluar de qué manera un Sistema de Vivienda Modular Progresiva en Ladera puede contribuir a
8. Objetivos Específicos
intervención.
Definición de conceptos
Desigualdad territorial
Vivienda Informal
Habitabilidad
un simple soporte físico para el desarrollo de la vida social, sino una producción histórica vinculada a
dinámicas económicas y relaciones de poder plantea que la urbanización opera como un mecanismo de
absorción de excedentes de capital, lo que significa que el crecimiento de las ciudades responde, en
gran medida, a las necesidades de acumulación del sistema económico donde el suelo urbano adquiere
interpretarse únicamente como déficits técnicos o fallas de planificación, sino como expresiones
espaciales de un modelo urbano que distribuye de manera desigual los recursos, las infraestructuras y
las oportunidades, de esta manera el concepto de desigualdad territorial puede entenderse como una
consecuencia estructural de la producción capitalista del espacio, donde ciertos sectores de la ciudad
En el caso de Bogotá, esta perspectiva permite interpretar los sectores informales como
territorios producidos bajo condiciones de exclusión del mercado formal de vivienda y de acceso
como procesos aislados o espontáneos y pasan a analizarse como estrategias de adaptación frente a una
estructura urbana que limita el acceso equitativo a la ciudad. Así, el observable empírico como la
posibilidad colectiva de transformar los procesos de urbanización y reapropiarse del espacio urbano de
acuerdo con las necesidades sociales. Esta idea resulta fundamental para la presente investigación, ya
que permite pensar la vivienda no solo como una solución física o funcional, sino como una herramienta
equitativas de habitabilidad por lo que pensar una intervención arquitectónica en vivienda informal
puede comprenderse como una estrategia de transformación territorial que busca reducir las brechas
economías de subsistencia y formas precarias de producción del espacio, entiendo que ambos no
funcionan de manera aislada, sino articulada y dependiente entre sí. Este planteamiento permite
comprender que la informalidad urbana no constituye un fenómeno marginal o accidental, sino una
condición estructural derivada de la manera desigual en que se distribuyen los recursos, las tecnologías
desarrollada por amplios sectores de la población excluidos del circuito formal. En este sentido,
de la economía urbana. La vivienda informal, por ejemplo, no aparece solamente como una solución
improvisada frente al déficit habitacional, sino como un mecanismo mediante el cual la población logra
En Bogotá, esta perspectiva permite interpretar los sectores informales no solo desde sus
condiciones físicas de precariedad, sino desde las relaciones económicas y sociales que los sostienen un
consolidación progresiva de barrios periféricos que evidencian cómo amplios sectores urbanos
funcionan a partir de economías de subsistencia (articuladas al circuito inferior descrito por Santos). Así,
teóricamente en evidencia de una estructura urbana dual, donde ciertos grupos acceden de manera
Sin embargo, el aporte de Santos no se limita a identificar las condiciones de exclusión urbana,
sino que también permite replantear la manera en que se conciben las posibles intervenciones sobre
estos territorios por lo que propone reconocer las capacidades organizativas, productivas y sociales
existentes en estos sectores lo que nos permite pensar a la vivienda informal no como un elemento
aislado o deficiente, sino como parte de un sistema social y económico complejo que debe ser
comprendido antes de intervenirse. De esta manera, una intervención arquitectónica en vivienda puede
entenderse no solo como una respuesta física al déficit habitacional, sino como una estrategia capaz de
como una consecuencia natural o inevitable de las diferencias sociales, sino como el resultado de
territorio, se plantea que los mercados del suelo y las políticas habitacionales desempeñan un papel
niveles de segregación residencial más altos que los que resultarían de las preferencias de las personas”
(Sabatini & Brain, 2008). Esta postura cuestiona las lecturas naturalistas de la ciudad y permite
estos podría ser el POT en donde se determinan en donde se concentra la construcción de VIS o VIP cosa
que es importante pues aunque actualmente se concentre en zonas con mejor infraestructura, debido al
POT del 2025, en los anteriores se puede observar su crecimiento en zonas periféricas.
A partir de este enfoque, la segregación residencial deja de entenderse únicamente como una
separación física entre grupos sociales y pasa a interpretarse como un mecanismo que condiciona el
espaciales de una estructura urbana desigual. De esta manera, el territorio no solo refleja diferencias
y la expansión de proyectos de vivienda de interés social en bordes urbanos como parte de una lógica de
segregación asociada al mercado del suelo. Aunque la producción de vivienda VIS ha aumentado
significativamente en las últimas décadas, gran parte de esta oferta continúa localizándose en áreas
periféricas donde el suelo es más económico, pero donde también existen menores condiciones de
Sin embargo, el aporte de Sabatini no se limita únicamente a la crítica de estas dinámicas, sino
habitacionales más integradoras. El autor plantea que la segregación puede disminuirse a través de
políticas que promuevan una mayor integración territorial, mejores localizaciones para la vivienda social
y una distribución más equilibrada de servicios y oportunidades urbanas. En este sentido, su enfoque
resulta especialmente relevante para la presente investigación, ya que permite pensar la vivienda no
solo como una respuesta cuantitativa al déficit habitacional, sino como una herramienta capaz de incidir
escalas lo que permite que una intervención arquitectónica en vivienda informal puede contribuir a
mejorar las condiciones de habitabilidad y, al mismo tiempo, reducir dinámicas de segregación mediante
Por otro lado, Alicia Ziccardi es investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las académicas latinoamericanas con
Habitabilidad y política de vivienda en México (2015), coordinada junto con Arsenio González, constituye
una referencia fundamental para comprender la habitabilidad como categoría de análisis en contextos
urbanos latinoamericanos.
Desde esta perspectiva, la habitabilidad no puede reducirse a las condiciones físicas de la
vivienda entendida como objeto construido, sino que debe comprenderse desde dos dimensiones
articuladas: el acceso a la vivienda condicionado por los ingresos familiares, las políticas del Estado y el
mercado habitacional (acá tenemos en cuenta todo lo que hemos hablado de los otros 3 autores
anteriores que son más económicos, y político-sociales) y las condiciones de habitabilidad propiamente
determinan la calidad de vida de sus habitantes, entiendo que para la autora, estas condiciones abarcan
aspectos como la calidad de los materiales, el diseño, el acceso a infraestructuras y servicios básicos
(agua, drenaje, transporte, espacios públicos, equipamientos educativos y de salud) así como la relación
Esta lectura permite abstraer la habitabilidad no como un atributo fijo de la vivienda, sino como
una condición dinámica que se transforma en el tiempo y varía según el contexto socioeconómico,
territorial y cultural en el que se inscribe. De esta manera, el déficit habitacional deja de medirse
únicamente en términos cuantitativos (número de viviendas) y pasa a evaluarse desde dimensiones más
complejas que incluyen la calidad del entorno, la localización respecto a centralidades urbanas y el
En el caso de los sectores informales de Bogotá, esta perspectiva permite interpretar las
condiciones de precariedad no solo como ausencia de materiales adecuados o servicios básicos, sino
difícil acceso, con conexiones irregulares a servicios esenciales, alejadas de equipamientos y con
limitada accesibilidad urbana. Así, lo que en el lenguaje cotidiano se describe como "barrio deteriorado"
que mejoren simultáneamente las condiciones físicas de la vivienda y su integración al tejido urbano. En
este sentido, una intervención arquitectónica en vivienda informal puede entenderse como una
estrategia capaz de incidir en múltiples dimensiones de la habitabilidad, articulando la escala del objeto
Siguiendo con esta línea aparece, John F.C. Turner (1927-2023) fue arquitecto y teórico británico
formado en la Architectural Association de Londres, conocido por su trabajo directo con asentamientos
informales en Perú entre 1957 y 1965. Su obra Housing by People: Towards Autonomy in Building
Environments (1976) es considerada una de las referencias más influyentes del siglo XX sobre vivienda
informal y producción autogestionada del hábitat, y orientó políticas del Banco Mundial y ONU-Hábitat
Aunque con más antigüedad, el planteamiento central de Turner es que la vivienda no debe
entenderse como un objeto (un producto terminado entregado por el Estado o el mercado) sino como
un proceso vinculado a la autonomía de las personas y las comunidades en la toma de decisiones sobre
su hábitat, el sintetiza en su tesis que lo que importa de la vivienda no es lo que es, sino lo que hace en
la vida de las personas (Turner, 1976). Así, cuando los habitantes tienen control sobre las decisiones
fundamentales del proceso habitacional (diseño, construcción, gestión) el entorno producido estimula el
bienestar individual y colectivo; cuando ese control les es negado, la vivienda puede convertirse en un
obstáculo para el desarrollo personal y una carga para la economía (Turner, 1976, cap. 6).
Este planteamiento permite abstraer la habitabilidad desde una dimensión que va más allá de
los parámetros físicos: se trata de la capacidad de los habitantes de producir y gestionar su propio
hábitat de acuerdo con sus necesidades reales y cambiantes. La vivienda informal, lejos de interpretarse
únicamente como un déficit técnico o constructivo, puede leerse como una expresión de autonomía
habitacional: las comunidades que autoconstruyen responden activamente a sus necesidades ante la
hábitat desarrollada por comunidades excluidas del circuito formal de vivienda; como por ejemplo
viviendas construidas progresivamente, con materiales heterogéneos, adaptadas a las condiciones del
El aporte de Turner resulta especialmente relevante para esta investigación porque orienta el
tipo de intervención arquitectónica posible: no una solución impuesta desde afuera, sino un
acompañamiento que fortalezca las capacidades existentes de los habitantes, mejore las condiciones
físicas del hábitat y amplíe su autonomía en el proceso de producción del espacio doméstico. Así,
intervenir arquitectónicamente en vivienda informal puede entenderse como una acción que potencia el
El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, ONU-Hábitat, constituye
normativos y técnicos como el Folleto Informativo sobre el Derecho a una Vivienda Adecuada (ACNUDH
habitabilidad que trasciende las condiciones físicas del objeto construido para articularse con el ejercicio
cumplir una vivienda para ser considerada adecuada, las cuales incluyen: la seguridad jurídica de la
física (entendida como las condiciones que garantizan la seguridad física de los habitantes, protección
Hábitat, 2020). Este conjunto de criterios permite comprender la habitabilidad no como un atributo
aislado del espacio construido, sino como una condición integral que vincula el objeto arquitectónico
Lo que este planteamiento permite abstraer teóricamente es que la habitabilidad opera como
un umbral normativo: por debajo de él, la vivienda no cumple su función social y deja de ser un soporte
sentido, la habitabilidad inadecuada no es simplemente un déficit técnico, sino una violación del
derecho a vivir con seguridad, paz y dignidad, tal como lo ha señalado el Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos al afirmar que las condiciones de habitabilidad de una
vivienda determinan, en gran medida, la calidad de vida de quienes residen en ella (ACNUDH, citado en
ONU-Hábitat, 2021).
En el contexto de los asentamientos informales de Bogotá, este marco permite interpretar las
introduce una dimensión normativa y propositiva: su iniciativa Vivienda en el Centro plantea que la
vivienda debe posicionarse no solo como objeto de política habitacional, sino como instrumento de
urbanización incluyente, capaz de articularse con las agendas de desarrollo sostenible y de reducción de
desigualdades urbanas (ONU-Hábitat, 2018). Desde esta perspectiva, una intervención arquitectónica en
vivienda informal no es únicamente una respuesta a un déficit físico, sino una acción orientada a
históricamente excluidas.
Mapa Articulador
John F.C. Turner Vivienda como proceso Diseñar una vivienda modular
Housing by People autogestionado: progresiva que no reemplace el
(1976)
proceso habitacional existente
(Autonomía)
sino que lo acompañe: un
La vivienda no es un objeto sistema abierto que los
terminado sino un proceso. Lo habitantes puedan ampliar,
que importa no es lo que la adaptar y personalizar en el
vivienda es, sino lo que hace en tiempo según sus necesidades y
la vida de las personas. La recursos, fortaleciendo su
autoconstrucción es una autonomía en la construcción del
expresión de autonomía hábitat.
habitacional frente a la exclusión
AUTOR CONCEPTO CLAVE PROPUESTA DE SOLUCIÓN A
LA PROBLEMÁTICA
Marco Referencia
Criterio de selección: Relación con la topografía y la pendiente. Fuente: Revista ARQ, N.° 90,
topografía como elemento ordenador del diseño. En lugar de terraplenar el terreno, el edificio se
articula mediante plataformas escalonadas que siguen la inclinación natural del suelo, generando una
continuidad entre el espacio construido y el paisaje. Esta estrategia permite que la sección transversal
del proyecto dialogue con la ladera, reduciendo el impacto sobre el terreno y generando accesos
diferenciados en distintos niveles. Su pertinencia como referente no radica en su función educativa, sino
Klumpner, H. (2005). Informal City: Caracas Case. Prestel Verlag; reseñado en Domus, N.° 880, Milán,
2005.
El Gimnasio Vertical nace en el barrio La Cruz de Chacao, uno de los sectores de mayor densidad
informal de Caracas, donde la escasez de suelo disponible en un tejido completamente ocupado por
vivienda autoconstruida impedía cualquier expansión horizontal de la infraestructura pública. Ante esta
restricción, Urban-Think Tank desarrolló un sistema constructivo prefabricado en acero que apila
verticalmente una serie de programas deportivos, comunitarios y comerciales sobre la huella mínima de
una cancha existente en desuso. Lo que hace de este proyecto un referente pertinente para esta
investigación no es su función deportiva, sino dos cualidades proyectuales que conectan directamente
En primer lugar, su flexibilidad programática: el edificio fue concebido no como un objeto fijo
sino como una plataforma adaptable, capaz de incorporar o modificar sus usos según las necesidades
cambiantes de la comunidad. Cada iteración del Gimnasio Vertical en distintos barrios de Caracas ha
demandas específicas de cada contexto. Esta capacidad de adaptación programática es análoga a la que
se busca en la vivienda modular progresiva: un sistema que no impone una solución única sino que se
transforma con quienes lo habitan, siguiendo la lógica de Turner sobre la vivienda como proceso y no
informal: el Gimnasio Vertical fue diseñado como un kit de partes prefabricadas ensamblables en
aproximadamente tres meses, adaptable a distintas topografías, climas y programas. Urban-Think Tank
identificó más de cien sitios en los barrios de Caracas donde el sistema podría replicarse, demostrando
que la modulación no es solo una decisión técnica sino una estrategia de escala territorial para
intervenir en la ciudad informal. Este principio de replicabilidad modular, aplicado a la vivienda, permite
pensar una intervención que pueda crecer, multiplicarse y adaptarse a las condiciones particulares de
diferentes sectores informales de Bogotá, sin perder coherencia sistémica ni imponer una imagen
arquitectónica estandarizada.
(Modularidad)
Propuesta de Solución
A partir del mapa conceptual articulador que articula los planteamientos de Harvey, Santos,
dimensiones simultáneamente.
El sistema parte de una unidad habitacional mínima que garantiza las condiciones básicas de
habitabilidad definidas por ONU-Hábitat: estructura segura, acceso a servicios, ventilación e iluminación
adecuadas y espacio suficiente. Este módulo base está diseñado para crecer progresivamente mediante
la adición de nuevas piezas prefabricadas o de bajo costo, siguiendo la lógica de construcción por etapas
Campuzano Arquitectos)
El sistema incorpora la pendiente como elemento estructurante del diseño. Las unidades
habitacionales se articulan mediante plataformas escalonadas que siguen la inclinación natural del
laderas. Las terrazas resultantes entre módulos generan espacios de transición semi-públicos que actúan
como extensiones del espacio doméstico y como lugares de encuentro comunitario, reconociendo la
escalera y el umbral como los espacios colectivos por excelencia de los asentamientos informales en
ladera.
informalidad (Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, 2024), el módulo base incorpora en su planta
baja un espacio flexible destinado a actividades productivas: taller, tienda, servicio o comercio de barrio.
Esta decisión proyectual responde directamente al planteamiento de Santos sobre el circuito inferior de
modular y la flexibilidad programática permiten que una misma estructura responda a necesidades
incorpora estos dos principios como estrategia de escala territorial. En primer lugar, la flexibilidad
programática: la planta baja de cada unidad habitacional se configura como un espacio adaptable que
puede funcionar como taller, local comercial, espacio comunitario o área de servicios, según las
necesidades económicas de cada familia, respondiendo a la lógica del circuito inferior descrita por
Santos. En segundo lugar, la replicabilidad modular: el sistema está diseñado como un conjunto de
piezas prefabricadas que puede reproducirse en distintos sectores informales de la ciudad, adaptándose
a diferentes topografías, tamaños de lote y composiciones familiares sin perder coherencia estructural
ni formal.
Toda decisión de diseño se evalúa frente a las dimensiones de habitabilidad definidas por
Ziccardi: calidad material, condiciones ambientales, acceso a servicios, localización y relación con el
entorno. El sistema propone materiales de bajo costo pero alta durabilidad y resistencia estructural para
condiciones de ladera, incorpora estrategias pasivas de ventilación e iluminación, y se articula con las
redes de servicios existentes. En términos de localización, la intervención se sitúa en sectores con acceso
a rutas de transporte existentes o proyectadas, como estrategia para reducir los tiempos de
desplazamiento que actualmente superan los 60 minutos en sectores periféricos de Bogotá (Secretaría
Distrital de Movilidad, 2023), abordando así la desigualdad territorial no solo desde la vivienda, sino
modelo externo sobre la realidad informal, sino que construye desde ella, potenciando sus capacidades,
corrigiendo sus déficits y articulando la escala del objeto habitacional con la del territorio urbano.
Bibliografía Conceptual
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