Agradecimientos
Al Staff Excomulgado: a Alie, Dannen y Excopic
por la Traducción; a Leluli y Tatarup por la
Corrección; a AnaE por la Diagramación y la
Lectura Final de este Libro para el Club de Las
Excomulgadas…
A las Chicas del Club de Las Excomulgado,
que nos acompañaron en cada capítulo, y a
Nuestras Lectoras que nos acompañaron y nos
acompañan siempre. A Todas….
Gracias!!!
Argumento:
Cuidado con lo que deseas...
Jenna Marks tiene una fantasía secreta, ser secuestrada, amarrada y seducida.
Cuando confiesa su secreto a su mejor amiga en un desafío, nunca se imagina
que se haría realidad.
Rob Colvin, el dueño de "La Mazmorra" le había echado el ojo a Jenna hacía
meses, pero no creía que Jenna estuviera vinculada a las calientes cosas él
que hacía. Cuando escuchó su secreto, supo que sería el único en realizar su
fantasía, un fin de semana de su sumisión a él, su amante misterioso y
magistral
Capítulo 1
“Ser secuestrada” Jenna Marks susurró a su amiga. Miró a su alrededor para
asegurarse de que nadie en la cafetería escuchara su confesión. No había
nadie cerca, salvo un magnífico hombre mirando su ordenador y disfrutando de
un café con leche, pero llevaba auriculares, por lo que tenía la seguridad de
que no la había escuchado.
“¿Secuestrada? ¿Esa es tu fantasía secreta?” preguntó Mira. “Parece un
poco…”
“Y, ya sabes…” Jenna interrumpió. “Hum, forzada.”
“¿Violada?”
“¡No! Dios, no. Quiero decir, bueno, caray… Es una fantasía. En mi fantasía él
tiene la certeza de que lo deseo, y lo obtengo. Pero, ya sabes. Es una
inofensiva y rara fantasía. Millares de mujeres la tienen.”
“¿Millares?”
“Sólo porque tú no las tienes, no significa que no sea cierto” respondió Jenna,
sintiéndose consciente de si misma, sin hacer nada, jugaba con un mechón de
pelo castaño que le caía sobre la clavícula. Miró de nuevo al hombre para
asegurarse de que no estaba escuchando. Bajo el ala de su gorra de béisbol
roja, sus ojos verdes miraban fijamente la PC. La gorra, que cubría el cabello
corto y oscuro, parecía estar en oposición con la camisa blanca abotonada,
pero parecía en perfecta armonía con los músculos que el algodón apenas
contenía. Por suerte, parecía totalmente ajeno a la conversación que se
desarrollaba a su lado.
¡Señor!, ¿que la había poseído para contar la verdad cuando Mira le preguntó
cuál era su fantasía secreta? Ella no había jugado a verdad o desafío en su
adolescencia, y esta versión a los veintiocho años le estaba provocando
nauseas. Deseando haber mantenido la boca cerrada, agitó el sobre
monodosis de Splenda1 en su de otra manera café negro. Su estómago se
retorció ante la idea de otro café y pensó que tal vez debería comer algo en su
lugar, pero no tenía tiempo para alimentarse de verdad y en la cafetería solo
había pasteles.
Suspiró y se tomó un sorbo de su bebida humeante. Mira no debería
sorprenderse por su confesión. La chica se había entregado de una aventura
descabellada a otra. Sin embargo, Jenna se daba cuenta ahora, que debería
haberle dicho que se metiera en sus propios asuntos.
“¿No tienes ningún tipo de deseo secreto?” preguntó Jenna con la esperanza
de desviar la atención de si misma.
Mira tenía las mejillas coloradas. ¿Su amiga ruborizada? Debía ser una
fantasía extraordinaria.
“Suéltalo” pidió Jenna.
Su amiga negó con la cabeza.
“Yo, uh, he hecho todo con lo que podría fantasear. Nada como ser
secuestrada” miró su reloj. “¡Opps! Me tengo que ir o llegaré tarde. Jueves por
la noche y tengo mucho que hacer. Te llamaré mañana y me darás todos los
humeantes detalles sobre Craig y su gran… ¿camión?
“Si, claro”
Era la forma de Mira de escabullirse de decirle su fantasía. Jenna negó con la
cabeza. No importaba. Mira lo olvidaría en dos segundos, y Jenna se iría a
casa con su merodeador a pilas y fingiría que era un extraño enmascarado que
venía por ella.
Rob Colvin se forzó por no mirar con la boca abierta a la hermosa mujer de la
mesa de al lado. La había visto por allí antes, y cada vez ella lo fascinaba con
su cascada de cabellos castaño oscuro, y los perversos ojos azules brillantes.
1
Splenda Endulzante sin calorías
Era un poco delgada para su gusto, pero nada que no pudiera ser resuelto con
una pizza y un pastel.
Cuando la vio, su polla se puso a toda marcha. No era el clon de la muñeca
Barbie que muchos hombres buscaban, pero era la personificación de sus
sueños. Y después de oír la fantasía secreta que acababa de contarle a su
amiga… Oh, tío, estaba perdido.
Como propietario de un club de estilo de vida alternativo, La Mazmorra,
raramente se acercaba a una mujer. Cuando lo hacía, ellas simplemente le
sonreían falsamente o salían corriendo de miedo. Sí, muchas mujeres que se
había encontrado tenían miedo de su modo de vida, o estaban encantadas con
un breve paseo por el lado salvaje, pero eso no le gustaba. No quería un
esclavo como estilo de vida, solo alguien que fuera sumisa a él cuando
comenzase una escena, alguien que siempre fuera su esclava en el dormitorio.
Su polla empujó contra el cierre del pantalón, y se revolvió en la silla,
esperando quitar parte de la presión. Oír a la ‘Pequeña Señorita Sueños
Húmedos’ revelando su fantasía envió su imaginación a volar y a su necesidad
a una carrera salvaje. Si ella quería la fantasía, él era exactamente el hombre
para realizarla. Pero, ¿ella querría lo que las demás o debería presentarse?
Recostado en su asiento, la miró cuando ella se levantó de la mesa. Sus
delgadas caderas se balancearon cuando se movió para terminar su café y
luego dejar el edificio. Desde que adquirió su club, había aprendido mucho de
mujeres, y esa definitivamente necesitaba de quince a veinte libras 2 más en
ella.
Secuestrarla sería difícil y arriesgado. Desde luego no quería ganarse de
quince a treinta años en prisión. El riesgo no iba a detenerlo, no demasiado.
Había visto la mirada en sus ojos, cuando confesó su deseo secreto a su
amiga, el deseo en su interior era fuerte y profundo, ella realmente lo
anhelaba.
2
1 libra = 0,4536 kilogramos, por lo tanto, de 7 a 9 kilos más
Si resultaba que ella no lo quería a él, la devolvería a su propia cama, sin
tocarla, si ella lo quisiese… Bueno, entonces sería suya. En todos los sentidos.
Él la ataría a su cama, y la haría gritar de placer. Aprendió pronto que su placer
estaba en relación directa con el de su sumisa y la dulce belleza que acababa
de salir era definitivamente una sumisa, no había duda sobre eso. Ninguna
mujer que fuese una Dominante disfrutaría de ser secuestrada y ‘forzada’
seductoramente.
La vio sacar su Tracker3 del aparcamiento, y luego rodar hacia la calle. Ella
vivía en el mismo complejo de apartamentos que su hermano, Braydon, y la vio
estacionar en el garaje subterráneo del edificio. Sabía a través de
conversaciones con Braydon, que los residentes del edificio habían pedido en
varias ocasiones la instalación de cámaras de seguridad en la zona del garaje,
pero aun no las habían puesto.
El cloroformo estaba fuera de cuestión. Podía ser peligroso, y ciertamente no
quería hacerle daño. Su empresa tenía un servicio de secuestro. Los Doms que
lo supervisaban podían ayudarle con una forma segura para llevársela. Rob
comenzaría a partir de ahí.
Cerrando su ordenador, comenzó a hacer una lista mental de las cosas que
necesitaría para el fin de semana.
La noche siguiente, Jenna recostó la cabeza contra el volante de su Tracker
después de aparcar en su lugar habitual en el sombrío garaje. Qué terrible día.
Todo lo que podía salir mal, lo había hecho. Los viernes el despacho pediátrico
siempre era un zoológico, pero este había tenido algo especial en el aire y no
era solo la gripe. Había sido golpeada por un niño pequeño, mojada por un
bebé y varios críos más habían gritado por que no querían las vacunas. Por
poco había vomitado en sus zapatos, el secretario de los nuevos ingresos no
había conseguido encontrar la mitad de los archivos de los pacientes, y Jenna
había estado corriendo sin parar desde las nueve de la mañana. El médico a
cargo había estado al borde de las lágrimas, gruñendo a todo el personal. Eso
3
Ver Tracker en: [Link]
solo fue una razón más para que Jenna considerase emplearse en otras
oficinas.
Ella había parado en el gimnasio de camino a casa, trabajando en alguna de
sus tensiones y, después de ducharse, al menos se sentía fresca. Tal vez
comiese una ensalada en su apartamento, después vería la TV durante unas
horas, perdiéndose en alguna de sus comedias románticas favoritas.
Tal vez dejase la ensalada y solo colapsaría en el sofá.
Lanzando un suspiro agotado, abrió la puerta del Tracker y salió al cemento. La
vida no debería pesar tanto sobre ella. ¿Acaso no tenía un buen trabajo en la
basura economía, amigos, un lugar para vivir…? Realmente tenía de todo,
excepto una familia o un hombre, pero al menos uno de esos vendría con el
tiempo. ¿No?
Sólo había abierto la puerta de atrás de su vehículo, cuando dos enormes
brazos se envolvieron a su alrededor desde atrás. Su corazón se precipitó en
su garganta, el pulso voló tan rápido que apenas escuchaba nada con su
sangre corriendo por sus oídos. Una gran mano le cubrió la boca y el aliento
cálido invadió sus sienes.
Un terror puro se apoderó de ella, haciendo temblar su cuerpo entero mientras
luchaba contra el hombre que la sujetaba. Su abrazo se apretó, pero fue por el
pánico que empezó a ver puntitos negros. Oh Dios, ¿se habría puesto en esta
situación por haber dicho su deseo en voz alta?
“Cállate un poquito” él murmuró con su voz profunda y serena.
Las palabras suaves la tranquilizaron un poco. No sonaba como un lunático,
¿pero cómo sonaba un lunático?
“No voy a hacerte daño” continuó. “Conozco tu fantasía secreta, y estoy aquí
para dártela”.
¿Cómo podría saber su fantasía? ¿Mira se lo habría contado a alguien? ¿Era
este hombre uno de sus amigos y había sido enviado para una follada por
pena? No podía ser el tipo de la cafetería de ayer. No podía haber oído nada,
no había mostrado ninguna reacción con sus palabras. No, esto debía ser cosa
de Mira, lo que significaba que estaba segura.
“Te he visto y deseado durante mucho tiempo, y ahora se lo que quieres… Esta
es tú oportunidad. Asiente con la cabeza para si, y te llevaré de aquí. Niega
para no, y te irás en tu coche.”
¿Le estaba dando opción? Eso definitivamente era idea de Mira. Su respiración
se estremeció en sus pulmones cuando respiró por la temblorosa boca. Su
estómago se agitó cuando se dio cuenta de que podía conseguir lo que quería
y sin embargo estar todavía segura.
¡Por favor, que no sea un error!
Lentamente, ella asintió con la cabeza, sus nervios volaron salvajes por las
implicaciones del éxito de su elección. ¡Esto era una estupidez! ¿Qué estaba
pensando? Ella estaría completamente bajo su control.
“Buena elección, nena” Murmuró con voz aterciopelada.
“¿Quien eres?” Murmuró ella bajo su mano.
Ella lo sintió reír y a continuación la besó detrás de la oreja. Un temblor la
atravesó, al tiempo de ser matizado por el deseo prohibido. La boca de su
captor se trasladó hacia el lóbulo de su oreja, pellizcándole antes de seguir
hacia arriba para susurrarle. “¿Quien soy yo? Para el resto del fin de semana,
me puedes llamar Amo” El brazo que la rodeaba se movió hacia arriba, luego le
pellizcó el pezón rígido. Su voz se volvió más dura, provocando que se le
pusiera la piel de gallina. “Y a ti te llamaré esclava”.
Levantó la mano de su boca, pero antes de que pudiera reaccionar, un paño de
olor dulce la cubrió. Infructuosamente, luchó, inhalando entre gritos.
Lentamente, el mundo se volvió borroso, y luego se quedó a oscuras
Capítulo 2
Jenna se despertó tan de repente como si un interruptor de luz se hubiera
encendido en su cabeza. Sus sentidos inmediatamente se pusieron en alerta
máxima y sus ojos se abrieron de golpe. ¿Qué había acordado ella? ¿Qué
había pasado con ella?
Ella estaba en una cama. Sus manos atadas por encima de su cabeza y la
boca amordazada. Sus piernas estaban separadas y atadas también. Ella
todavía estaba vestida con sus pantalones de nylon y su camiseta de algodón
que había llevado a casa del gimnasio.
¿Cuánto tiempo duraría esto?
Su corazón golpeo contra su pecho y ella miró a su alrededor. El hombre había
dejado la luz encendida y podía ver por las paredes brillantes de madera que
estaba en una cabaña bien cuidada. La pared a su derecha eran
principalmente ventanas. A través de ellas, el agua y los árboles se extendían a
todo lo que ella podía ver.
El la había tomado en la ciudad y la había traído a un lugar en que ella podía
gritar y nadie podría oírla. ¿Qué había hecho? De pronto, a pesar de su deseo
secreto y creer en el garaje que su amiga había hecho esto, un crudo terror la
atravesó.
"Hay algunas cosas que necesitas entender antes de empezar", dijo su captor
sorprendiéndola. Su mirada fue a su izquierda y lo encontró sentado en una
silla al otro lado de la cama. Sus labios se pusieron en una línea recta mientras
la miraba con intención con sus ojos verdes. Él llevaba una máscara de cuero
negra que ocultaba la mitad superior de su rostro. Por encima de él, tenía el
pelo en un desorden controlado que le dijo que el estilo desordenado era a
propósito, si ese peinado batidor de huevos podría ser considerado un estilo. A
pesar de sí misma tenía que admitir que era caliente. Tenía que tener confianza
en sí mismo para llevarlo.
Ella tragó saliva con la garganta seca cuando bajo la mirada , el se había
quitado la camisa que había llevado, sabía que era fuerte por la forma que la
había agarrado más temprano, pero ahora vio que los músculos eran mas
grandes de lo que se había imaginado. Tal poder. Sus tatuajes tribales negros
estaban pintados hacia abajo del brazo derecho y a mitad de camino sobre el
pecho. Una línea recta de marcas pasaban a través de su vientre como una
cola para rizar alrededor de su ombligo. Sus jeans vestían sus largas piernas,
extendidas frente a él mientras la miraba.
"En primer lugar necesitas entender sobre todas las cosas que no voy a
hacerte daño." Él se inclinó más cerca. "Eso no significa que no habrá un poco
de dolor. El dolor que voy a darte va a llevarte al placer. No soy un sádico y
nunca serás herida. ¿Me entiendes? "
Ella asintió con la cabeza un poco preocupada por la parte del dolor. Recordó
lo suficiente acerca del BDSM para saber que un Dom a menudo iniciaba a
una sumisa con satisfacción y cumplimiento. ¿Qué pensaría por su respuesta
a su profunda voz de mando? ¿Le traería alguna satisfacción?
"En segundo lugar, te voy a regresar a tu apartamento el lunes en la mañana,
pero este fin de semana, eres mía. Tendrás una palabra de seguridad si la
dices en cualquier momento, esta escena terminara y yo te llevare a tu casa,
inmediatamente. ¿Queda claro? "
Ella asintió de nuevo. Tragó saliva a la afirmación que ella era suya. La
tentación de lamer sus labios se vio frustrada por la mordaza que llevaba. El
frunció el ceño. Si ellos estuvieran a la mitad de ninguna parte, ¿por qué poner
esto en su boca?
Debido a que él lo prefería y tal vez porque había pensado que podría excitarla.
Era simple como eso. Sorprendentemente ella se sentía más segura cuando él
expuso sus "reglas", entre más lo hizo mas la encendía, bueno, quizá no era
tan sorprendente ya que tenía un montón de libros de BDSM en casa que la
ponían completamente caliente.
"En tercer lugar, lo que diga se hace. Yo soy el Amo aquí. Tu Amo. Cuando te
quite la mordaza, me vas a responder "Sí, amo y No, amo". Si me
desobedeces, serás castigada. Primero discutiremos las acciones tabú, pero
por lo demás si yo te mando a hacer algo lo haces, ¿me entiendes? "
Jenna vaciló. No le gustaba obedecer a nadie. A decir verdad, ella había sido
obstinada de niña. Aún así... La idea de no tener voluntad propia por el fin de
semana hizo palpitar su corazón.
"Esclava, responde ¿Quedo claro?"
Esclava la palabra le llamó la atención y envío fuego a su coño. Sus ojos se
abrieron. No queriendo correr el riesgo de ser castigada como él había
mencionado, rápidamente dio su consentimiento pues se dio cuenta de que
estaba a salvo y su cuerpo estaba lleno de nervios por la anticipación. Esto era
exactamente lo que quería… no un secuestro de algún criminal horrible que le
hiciera daño, que podía amenazarla o incluso matarla pero ser secuestrada
por un desconocido sensual que iba a satisfacer las necesidades que había
mantenido en secreto durante muchos años, uh, si.
¿Quién iba a seducirla para que lo obedeciera? ¿Quién era, obviamente un
versado en el lado BDSM que ella había tenido miedo de explorar? ¿Quién era
este desconocido...?
Ella se preguntó si vería su cara o si él siempre seria un desconocido para ella.
¿Podría verlo después de este fin de semana y no darse cuenta que el hombre
ante ella fue con quien tuvo relaciones sexuales?
Su crema llenaba su coño mientras su mente corría. ¿Quién era él?
El Amo. Y eso era todo lo que ella tenía que saber.
Aparentemente satisfecho con su debate él se levantó. "Te voy a quitar la
mordaza", dijo "Y no vas a hablar a menos que te haga una pregunta."
Jenna lanzó un suspiro de alivio cuando le quitó la mordaza y extendió sus
labios e inmediatamente sacó su lengua a través de ellos. Los ojos de él se
volvieron negros y con una sonrisa oscura se puso a horcajadas sobre su
cuerpo. Su respiración la dejó mientras lo miraba.
"La confianza es importante", anunció él.
¿Qué?
"¿Confías en mí?" Preguntó él. Sus nudillos pasaron a lo largo de su mejilla
luego por el cuello y por el hombro. Ella temblaba con estremecimientos siendo
muy consciente del espiral en su núcleo.
“Sí” respondió ella.
Él inclinó la cabeza ligeramente hacia un lado sin decir nada.
"Sí... Amo", se corrigió. La palabra sonaba tan extraña saliendo de su boca y
casi se sentía tonta diciéndola…hasta que él sonrió y asintió con la cabeza.
"Mejor". Su mano se movió hacia abajo del hombro yendo a su pecho, los
dedos dando vueltas por la base pero no avanzando hacia su pico. "¿Por qué
confías en mí?", le preguntó él con los ojos en el movimiento de sus dedos,
como si la pregunta fuera de su mano. De alguna manera ella lo sabía.
"Porque, bueno, Mira hizo esto. Con un amigo o tal vez uno de servicios de
secuestro. Ella nunca dejaría que me hicieran daño, um, Amo."
La mirada de él se levantó penetrante hacia ella. Él inclinó la cabeza otra vez.
La diversión bailando en sus ojos y ella se preguntó si fue una broma secreta.
"Hmm...”Murmuró él.
Sus dedos se movieron por sus pechos hasta llegar a los pezones que se
habían endurecido como pequeñas piedras. Apretó cada punta, pellizcándolas
hasta que la presión creció y lanzas de dolor se astillaron en sus montículos,
electrizándola desde el pecho hasta su coño, que en el camino se
transformaron en cintas de placer. Ella se quedó sin aliento, sus caderas se
retorcían debajo de él, cuando la libero, ella se quejó con ganas de más,
sorprendida por su reacción, sorprendida por sus acciones. Inmediatamente la
presión volvió mientras él los apretaba y los retorcía mirándola, sus ojos llenos
de placer por la agonía abandonada de ella.
Otro gemido se escapo cuando él la dejó en libertad una vez más. Sus manos
ásperas en los pulgares torturando sus nudos y ella estaba desesperadamente
necesitaba, deseaba tener su carne desnuda para experimentar su toque.
"Tan receptiva. Reaccionas como una sumisa verdadera", comentó. "Creo que
voy a disfrutar de tu secuestro y esclavitud. "
Un temblor pasó a través de su vientre. ¿Podría ella estar más excitada? Si él
metiera los dedos en su coño lo encontraría mojado, listo para que su polla
arara en ella, lo quería ahora, lo quería follándola duro, quería ser poseída por
este extraño el fin de semana.
Preguntándose qué tan pronto ella lo sentiría dentro, vio cómo el metía sus
dedos en el bolsillo trasero.
"Yo no soy amigo de Mira y no soy parte de una agencia de secuestro"
"¿Qué?" Con voz entrecortada Jenna tiró de los amarres que le sostenía las
manos. ¡Estúpido! Ella también era estúpida. ¿Cómo podía haber acordado
algo como esto, permitiéndole que se la llevara?
"Confianza", dijo tan claramente que ella quedó inmóvil. Ella lo miró con los
ojos abiertos y el pecho subiendo y bajando como un pájaro con miedo.
¿Confiar en él? El se había convertido de repente en una entidad desconocida,
un secuestrador real. Y ella probablemente estaba en peligro.
"Déjame ir", exigió ella.
El rostro de él era implacable, como una máscara de piedra. "Te lo dije,
tendrías una palabra de seguridad y si la dices esto se termina de inmediato."
Hizo una pausa dejando que sus palabras le llegaran. "Piensa mucho antes de
decirla. Recuerda lo que te he dicho. Mis reglas... "
Ella tragó saliva con una calma extraña quemando todo momento por él.
Sé tu fantasía secreta y estoy aquí para dártela.
Di sí y te llevo de aquí. O sacude la cabeza con no y te dejo en tu coche.
No voy a hacerte daño.
Vas a regresar a tu apartamento antes del lunes por la mañana.
Tendrás una palabra de seguridad. Si la dices en cualquier momento, esta
escena habrá terminado y te llevare a tu casa.
Ella se mordió el labio con miedo de que la decisión que estuviera a punto de
tomar fuera estúpida, pero aún con más miedo a no hacerlo. "Lo siento, amo”
susurró ella orgullosa de que su voz no temblara y que se había acordado de
seguir la orden correcta que él le dio. "Yo estoy... Yo estoy bien ahora."
“Muy bien. Habrá un castigo más tarde. "
"Pero..."
El inclinó la cabeza y ella se imaginó que estaba levantando una ceja.
"Sí, amo", murmuró ella. Maldita sea.
"¿Confías en mí?", Preguntó él. "¿Sí o no? Podemos dejar la formalidad de
'Amo' por el momento".
“Sí” respondió ella.
"Bien. Voy a probarte. "
¿Ponerla a prueba? Señor, eso no sonaba bien.
Moviéndose lentamente, él metió la mano en el bolsillo de atrás de nuevo. Poco
a poco, saco una navaja y abrió la hoja.
El pánico se apoderó de Jenna tan fuerte que se sacudió a pesar de que se
esforzó por permanecer inmóvil. Ella se quedó mirando el metal. Su respiración
salió dentro y fuera con esfuerzo y tuvo mareos.
"Esclava", le dijo con voz áspera. "¿Confías en mí?"
Voy a probarte. Todo lo que él había hecho hasta ahora le había demostrado
que no la iba a herir así que asintió con la cabeza sin poder hablar por entre su
garganta cerrada.
"Muy bien", dijo, la bondad tiñendo su profunda voz. "Sé que es difícil para ti.
Pero... con la confianza viene el placer y yo puedo prometerte un gran placer."
El cuchillo se trasladó a su cuello antes de que ella pudiera reaccionar, él
levantó el cuello de la camisa y lo corto. Dejando a un lado la hoja por un
momento, él agarro la camisa y la rasgo hacia abajo dejando su dorso desnudo
hasta su sujetador.
Ella se estremeció pero no por la navaja. Siempre había sido gorda cuando fue
más joven y había luchado mucho para mantener el peso. En los últimos seis
meses había ganado algunas libras.
"Preciosa", murmuró él "Pero..."
¿Pero? Ella cerró los ojos. Maldita sea. ¡Ella debería haber pasado tiempo
extra en el gimnasio el pasado mes!
"Bebe, los niños en los países del tercer mundo tienen más carne en ellos que
tu, eres una de las mujeres más hermosas que he visto nunca, pero voy a
necesitar ser súper cuidadoso este fin de semana porque estás cerca de veinte
libras4 por debajo de mi zona de confort".
¿Quería que aumentara de peso? ¿Dónde diablos estaban todos los hombres
como él? ¿Los que no eran secuestradores?
4
1 libra== 0,4536 kilogramos, o sea, unos 9 kilos por debajo
"Puedo prometerte un montón de pastel de queso esta noche," gruñó. El
cuchillo rodó a través del frente de su sostén de encaje blanco. El quito las
copas. "Mmm, pastel de queso cubierto de frutas maduras y regordetes como
éstos. "
Doblándose hacia adelante, capturó un pezón entre sus dientes y lo apretó con
fuerza suficiente hasta que ella se quedo sin aliento y luego suspiro cuando lo
dejo ir lamiendo toda la aureola, su piel se arrugo bajo sus atenciones, la
excitación de ella se multiplico por diez cuando él la lamió. Unos momentos
más tarde, repitió la acción en el pico opuesto. La espalda de ella se arqueaba
mientras empuja hacia arriba en la boca de él. "Amo..." se quejó ella. Ella
quería decir su nombre, para llamarlo por el y este era el único nombre que
sabía.
No había atisbo de temor en Jenna cuando él pasó la hoja por sus mangas y
por las tiras del sujetador, luego quitó la ropa por completo de su cuerpo. Poco
a poco arrastrando el cuchillo a lo largo de su piel entre los pechos y el vientre.
La punta raspo un poco pero el miedo no la agito, solo se estremeció con la
anticipación de tener la mitad inferior desnuda para él y cuando él estuviera
tocando su coño... Señor ¿iba a chupar su clítoris y volverla salvaje?
El rápidamente corto a través de sus pantalones y los tiró a un lado. Después
de cerrar la navaja tiró de la tela. Pero ella aún llevaba, ropa interior blanca
con volantes... La decepción de ella fue de corta duración. De rodillas entre sus
muslos, él se sentó sobre los talones y la miró. Sus oscuras grandes manos se
movieron a lo largo de sus muslos.
"Mía” gruñó. "¿Te entregas a mí, esclava?"
¿Darse a sí misma? ¿No veía la humedad en la franja delgada que cubría su
coño?
Ella asintió con la cabeza.
“En voz alta" exigió él.
"Sí, amo. Soy suya. "
Sonriendo él salió de la cama y cogió el botón de sus pantalones vaqueros. De
repente, él cerró los ojos suspiró y sacudió la cabeza. Con una risa seca la miró
de nuevo. "Pones a prueba mi control. "
¿Ella?
"No le dije tu palabra de seguridad y debería haberlo hecho antes de ponerte a
prueba. "
Ella se mordió el labio. "Es probable que sea bueno que no lo hicieras."
"Es sasafrás."
"Sasafras", preguntó ella.
"¿Repites o lo dices porque quieres irte a casa?"
"Repito” exclamó ella sintiendo un rubor quemando sus mejillas.
"Sí, esa es la palabra y no la quiero escuchar de nuevo a menos que quieras
que te lleve a casa”. Ella no perdió como él giro ligeramente sus labios.
El miró sus manos en el cierre de sus pantalones y una franja oscura de
cabello salió de la máscara, oscureciendo incluso sus ojos. De repente, ella
deseaba poder ver su rostro…qué tipo de nariz tenía, verle por completo los
ojos.
El sonido de la cremallera descendiendo destrozó el silencio de la habitación.
Atrapando su aliento se quedó mirándolo. Centímetro a centímetro, él bajó los
pantalones y los calzoncillos de algodón negro. Vislumbro su enorme polla y las
pesadas bolas mientras se inclinaba, cuando él se enderezó, ella se quedó sin
aliento al ver la vista del ancho de su pene, elevándose en un ligero arco de un
nido de negro rizos y estaba duro, tan duro. La punta de la lengua de ella
rápidamente salió sobre el labio inferior mientras se imaginaba la cabeza
oscura llenando su boca y la sensación en su lengua mientras lo tomaba
profundamente. Sus dedos se apretaron en puños por encima del cuero que la
tenía prisionera. Quería tocarlo. Señor, quería tocarlo y cubrir con su mano toda
su longitud.
El se acercó la cama y volvió a su posición entre sus rodillas y deslizo las
manos lentamente por sus muslos hacia su núcleo. Jenna se retorció contra las
restricciones mientras lo miraba tocarla, viendo el tono oliva de sus dedos a lo
largo de su piel. Anticipando su posesión, su coño estaba húmedo. Sus
músculos se estremecían bajo sus caricias. El apretó con sus dedos
metiéndose en ella, de repente agarró la tela frágil de las bragas y las rompió.
Los restos fueron arrojados a un lado y él se subió sobre ella, su cara en la de
ella, sus labios rozando su boca. Su polla dio un empujoncito en sus pliegues
empapados y su toque junto con su excitación excesiva la envió en un espiral
al orgasmo. Eso la sorprendió y le robó el aliento.
Aturdida ella lo miró. Aún no había entrado en ella... "Lo siento", susurró ella.
Él sonrió mostrando sus dientes blancos. Su pulgar acarició por encima de su
labio inferior. "¿Sabes sobre el BDSM y cómo algunos Dom restringen los
orgasmos dejando que sus subs se corran sólo cuando ellos lo dicen?"
Ella asintió con la cabeza. Oh, estaba en un gran problema. Sólo tenerlo sobre
ella, su polla balanceándose suavemente en su contra estaba construyendo su
próxima liberación. No tenía una oración para hacer que no sucediera.
"Yo no soy así", dijo él. Sus labios se movieron sobre la carne blanda delante
de la oreja. Entonces su aliento caliente le hizo cosquillas. "Me gusta cuando
una mujer tiene orgasmos. Me encanta la sensación de mi polla al ser apretada
y los sonidos de los gritos de placer cuando la haga llegar. Y cuando la haga
llegar. Y cuando la haga llegar".
"Oh Dios."
Él negó con la cabeza. "'¡Oh Amo, para ti."
Mirándola fijamente a los ojos, empujó lentamente en su canal. Su
circunferencia ancha llenando el pasaje que había estado vacío, a excepción
de su vibrador para los últimos tres años. Y él con su vibrador no tenía
comparación. Sus paredes se flexionaron a su alrededor mientras su crema lo
inundaba por encima de su eje. Con ansiedad, ella empujó contra él las
restricciones en los tobillos. Él la agarró por las caderas, manteniéndola quieta
hasta que la llenara hasta el último centímetro. El no se detuvo. Él no le
permitió ajustarse. Su ingle girando contra ella, su hueso púbico presionando
contra su clítoris.
"Mantén tus ojos en los míos", le ordenó cuando ella los había cerrado. Poco a
poco, él comenzó un ritmo constante empujando cada vez más duro, profundo
y velozmente. Tiras de reacciones se deslizaron fuera de su centro con la
promesa de la liberación que llegaba. Encerrada en la sensación, ella
necesitaba mirar hacia otro lado, excluirlo todo, pero la sensación de él
empujando su polla dentro y fuera, la mirada fija en sus ojos verdes intensos la
torturaba, era demasiado, demasiado íntimo.
El grito de ella rasgó a través del aire cuando el clímax se estrelló en su contra.
“Sí... Me gusta eso” Dijo él con voz áspera. "Córrete para mí".
La liberación parecía seguir y seguir hasta que su voz se hizo ronca por sus
gritos, su cuerpo se sacudió por el esfuerzo, lágrimas rodaron por sus mejillas,
su cabeza se balanceaba de lado a lado cuando las olas abrumadoras la
empujaron aún más en el olvido de lo que nunca había estado. La habitación
se desvaneció, él se desvaneció, todo excepto su pene yendo más profundo
por la succión de su coño.
"Por favor... por favor... por favor..." suplicó ella incoherente. ¿Por favor, para?
¿Por favor, nunca pares? Ella no lo sabía.
Por encima de ella, él rugió y ella sintió su semen explotar en sus
profundidades con espasmos. Jadeando, él se inclinó sobre ella mientras se
tranquilizaba. Una gota gruesa de sudor cayó entre sus pechos y bajó
rodeando por la parte inferior de un montículo. Su cuerpo reaccionó con
pequeñas liberaciones y se estremeció sin poder hacer nada. Nunca viviría a
través de este fin de semana...
Capítulo 3
La cautiva de Rob yacía sin aliento por debajo de él, mirando su rostro
oscurecido con los ojos muy abiertos.
"Voy a soltarte pero tienes que comportarte”
Ella asintió con la cabeza, pero él entrecerró los ojos. Tenía que asegurarse de
que no trataría de hacer algo estúpido.
"No hay nada por aquí en millas", continuó él. "Si tratas de correr, sólo
obtendrás hacerte daño o perderte o bien cabrearme y no quieres eso. "
Ella frunció el ceño. "No es como si tengo alguna ropa que ponerme."
Él sonrió, le gusto la idea de tenerla desnuda por el fin de semana.
Cautelosamente, él se levantó con cuidado de no hacerle daño, ya extrañando
el calor suave de su cuerpo. Dios le ayudara, no había manera de que tuviera
lo suficiente de ella este fin de semana. Sin embargo, ese era un problema
para otro día.
Después de agarrar sus pantalones, se deslizó dentro de ellos, cogió la navaja
y la metió en su bolsillo trasero. Jenna… él sabía su nombre, aunque ella no
tenía idea de que lo sabia… se veía tan pequeña y frágil encadenada a la
cama, infiernos, parecía ser un tercio de su tamaño y él no era gordo o
demasiado corpulento, tendría que ser tan cuidadoso con ella… probablemente
más de lo que acaba de ser. La satisfacción lo atravesó de repente, ella había
tomado muy bien su follada, tal vez era más resistente de lo que parecía.
Se acerco a la cama. En primer lugar, le desamarro cada uno de sus tobillos,
tomándose el tiempo para darles masajes a sus delicados miembros antes de
moverse a la cabecera. Le soltó las muñecas de las esposas, pero
manteniéndolas prisioneras con su gran mano. Con cuidado, acarició un brazo
y lo llevó a descansar en su vientre cóncavo. Hizo lo mismo con la otra. La
ternura se alojo en su pecho mientras miraba hacia abajo, a sus ojos muy
abiertos.
"¿Tienes miedo de mí, pajarito", le preguntó.
“No, amo” dijo ella mientras sacudía la cabeza. "Me pregunto por qué no lo
estoy y por qué estoy tan calmada".
"Fácil... Porque estás consiguiendo lo que quieres y sabes que no voy a
hacerte daño."
Él señalo con la cabeza una puerta en el lado opuesto de la habitación. "Hay
un cuarto de baño allí, la primera puerta a la izquierda, puedes limpiarte si
quieres, luego continúas por el pasillo y ven a la cocina te estaré esperando."
“Está bien” respondió. El no corrigió su falta al no tratarlo de amo, mientras ella
recordara quien estaba al mando y se dirigiera a él como amo de vez en
cuando estaba bien, usarlo en cada frase sería tedioso y perdería su
significado.
"Al entrar en la cocina, debes arrodillarte al lado de la mesa", indico "Vas a
descansar en los talones, las rodillas separadas… al menos un hombro de
ancho y tus manos juntas sobre tu culo. "
Sus ojos se reunieron con su mirada de tormento, ella hizo una mueca y luego
suspiró.
"Sí, amo” dijo en voz baja a través de sus dientes.
Así que ella... era un poco voluntariosa como sumisa, aventurera, valiente y
asombrosamente receptiva. Confiando en que iba hacer lo que le dijo salió de
la habitación y se dirigió a la cocina. Era tarde y la cena iba a ser fácil….dos
grandes piezas de pastel de queso cubierto de frambuesa. Después de tirar la
caja que contenía el postre de la nevera, lo puso en el mostrador y escuchó a
Jenna moverse por la habitación y luego ir al cuarto de baño, era rápida y
eficiente, nada de lo estaba escuchando indicó que podría estar demorándose
porque estaba asustada por lo que había pasado. Aparte de su objeción obvia
por la pose que él le había ordenado, ella parecía ansiosa por lo que ocurriría
entre ellos. El definitivamente estaba ansioso por lo que podría pasar entre
ellos.
Había estado observándola desde hace un tiempo. No la había acechado, sólo
observándola cuando estaban en el mismo lugar al mismo tiempo. Le gustaba
el café que ella frecuentaba y había alterado su agenda para poder ir a su hora
habitual.
Jenna trabajaba en un consultorio médico….pediátrico, con personajes de
dibujos animados en su ropa. Rara vez ella se veía a la moda pero eso no
ocultaba su belleza natural, sino que la hacía parecer frágil, incluso más frágil
que el muy delgado cuadro que ya tenía. Cuando tenía el cabello suelto, que
era raro, tenía el pelo castaño más hermoso que él había visto alguna vez,
llegando hasta su culo en suave y largas ondas. Y a ella le gustaba la comida
aunque rara vez la comía. Él la había visto revolver un endulzante artificial en
su café negro y mirar con nostalgia al pastel de su amiga más de una vez, ella
casi babeaba pero siempre miraba a otro lado en cuanto su amiga la miraba
fijamente.
Durante cada visita, él la había escuchado conversar y se había sentido
culpable sólo de forma marginal. Esta era una mujer por quien su atracción
crecía cada vez que la veía, había querido acercarse para atraerla a su oscuro
mundo de dominación y sumisión, pero había dudado, había tenido que estar
seguro de ella y luego de haber oído su fantasía secreta ...
Detrás de él, ella entró en la habitación. Se mantuvo de espaldas hasta que la
oyó suspirar, luego arrastro los pies un poco sobre sus rodillas mientras se
acomodaba, Rob suspiro por dentro de alivio por su determinación, Jenna
definitivamente fue una buena elección. Él no quería una marioneta cobarde
que no tenía fuego o luchara, quería alguien que continuamente desafiara su
ingenio.
“Muy bien” dijo él sin mirar. Dejándola preguntarse si tenia ojos en la parte de
atrás de su cabeza, era una medida de control y su excelente oído le servía
como dominante.
Jenna se quedó mirando la espalda ancha preguntándose cómo demonios
sabía que ella había hecho exactamente lo que él le había pedido, se retorció
un poco, la posición no era incómoda, no realmente, pero la forma en que
impulsaba sus pechos y dejaba su coño abierto... Bueno de verdad la excitaba.
¿Había algo malo con ella? ¿No debería estar horrorizada en lugar de estar
caliente? Él la estaba obligado a ser su esclava sexual. Ella casi soltó un
bufido. Correcto. ¿Qué habían dicho ellos? No podía forzar su voluntad, una
parte de su cerebro podía estar gritándole, pero el resto de ella era todo para
esta escena.
La intensa de su mirada se centró en ella cuando se volvió lentamente con
platos en la mano y Jenna no podía apartar la mirada cuando sus ojos no la
liberaron, sabía sin palabras que esperaba que los mantuviera en contacto.
Rob puso la comida en la mesa, una silla raspo cuando la puso delante de ella
sentándose con las piernas abiertas, su brazo agarrando un lado de la silla
mientras la miraba. Ella se quedó mirando sus fascinantes tatuajes, quería
lamerlos y seguir el rastro de cada curva hasta llegar a su cintura, luego quería
llevar su polla a la boca y darle placer. Lástima que estaba usando sus
pantalones vaqueros porque le gustaría darle una buena mirada.
El se aclaró la garganta llevando su atención de nuevo a su rostro. "Te advertí
que podría haber un castigo por no confiar en mí antes, después de que te
hubieras entregado a mis manos. "
"Me asuste” murmuró ella.
"Entiendo eso. El castigo por la desobediencia es parte del estilo de vida. Este
es un buen lugar para que nosotros empecemos. Algo pequeño. Algo para
darte una probada. "
Los ojos femeninos se cerraron dejando escapar un suspiro, había leído lo
suficiente como para saber algunas de las cosas que podía hacerle. Su centro
se estremeció, siempre se había preguntado sobre esto y un par de veces,
incluso había fantaseado en someterse a su Amo por reprimendas físicas.
"Está bien", dijo ella con una voz más fuerte.
"Levántate y ven aquí."
Ella siguió su dirección. Un momento después, él la había inclinado sobre sus
rodillas, sabía exactamente lo que había planeado, una azotaina, su primera
vez. No tenía idea de qué esperar mientras él la ajustaba. Sus pechos se
cernían sobre el lado más alejado de sus muslos, mientras que sus caderas
estaban apoyabas en la otra.
"Mantén tus manos hacia abajo y fuera del camino", le dijo. "Y las piernas
separadas."
Su gran palma frotaba sobre sus nalgas, presionando lo suficiente para crear
una fricción caliente. Jenna gimió, quería que le tocara sus pliegues
necesitados. ¿Por qué estaba tan mojada ante la idea de esto?
Antes de que pudiera contemplarlo, la mano de él se levanto, luego dio una
palmada en su trasero, hacia abajo, sacudiéndola.
Gritó cuando la picadura radio a través de su cuerpo. Involuntariamente, se
alzo para cubrir su carne caliente.
"Las manos abajo," El la apretó.
Respiró con fuerza, todo lo que quería era proteger la piel expuesta a su
disciplina, se mordió el labio, estuvo de acuerdo y quería esto...
"Sí, amo” asintió, esto no era lo que había esperado. ¿Dónde estaba la
emoción?
Sin embargo, cuando su mano golpeó el trasero un par de veces más, el calor
pareció llegar a su coño. Jenna agarró la pierna con pantalón y se retorció
cuando su canal se flexionó.
"Quédate quieta” le ordenó. Su mano aterrizó de nuevo.
¿Quedarse quieta? ¡No podía!, a pesar de su impacto inicial, la excitación se
filtraba a través de ella, su culo estaba en llamas, pero el resto de ese sector,
su coño, bajo en su vientre, su tembloroso centro estaban inundados con lava,
goteaba de ella, haciéndola estar preparada y lista, un gemido se escapo de su
garganta. Perdió la cuanta de los azotes que recibió, su mente estaba cada vez
más difusa y la conexión de la palma de su mano la condujeron por un camino
que nunca hubiera imaginado. Si tan sólo él la tocara, si tan sólo él llevara los
dedos profundamente en su funda, o mejor, su polla, ella deseaba
desesperadamente su polla. De repente, él se detuvo y ella se dio cuenta de
que le frotaba el trasero. No, no podía parar todavía. Pero lo hizo.
"Voy a ayudarte a ponerte de pie", dijo. "Quédate quieta por un momento para
orientarte y luego vuelve a arrodillarte. "
¡Tócame! Su cabeza se inclinaba mientras permanecía de pie delante de él.
"Sí, amo", murmuro, poco a poco, se arrodilló y descanso sus pies detrás de
ella, se estremeció en el primer contacto de piel a piel. Su culo estaba tan
sensible. El calor llegaba hasta su tobillo. Esto estaba mal, decidió cuando
jadeó y trató de permanecer inmóvil. Su cuerpo entero zumbaba teñido por la
lujuria que corría por su sangre, ¡necesitaba que la follara! Aquí en el suelo,
contra el mostrador, inclinada sobre una silla o la mesa, montándolo a él donde
estaba sentado. No, esos pensamientos no la estaban ayudando. A distancia,
oyó un estruendo y se dio cuenta demasiado tarde que le estaba hablando, le
apretó su barbilla y le hizo volver su mirada hacia él.
"Es hora de comer. No, quédate ahí ", ordenó que cuando empezó a ponerse
de pie.
Ella gimió mientras se sentaba en su trasero. Sonriente, él levantó un bocado
de pastel de queso, también conocido como el éxtasis….y se lo acercó a la
boca.
Ella se apartó. "No puedo comer eso."
El tenedor golpeo el plato con un sonido metálico, luego lo vio cruzar los brazos
sobre el pecho, mirándola. "¿Por qué? ¿Eres diabética, tienes el colesterol alto,
presión arterial alta, intolerancia a la lactosa o eres alérgica a algo en esto? "
El tenía su ceño profundo con cada sacudida de la cabeza. ¿Iba a castigarla?
Le gustaría que tal vez la follara y sin retener su liberación, podía tener
orgasmos pequeños sin que lo supiera, sí, eso sonaba como un plan viable.
"Creo que sólo está siendo difícil debido a tu fobia de peso", le dijo.
Estaba en lo cierto. Ambos lo sabían. Suspiró y abrió la boca, quería ser follada
y siendo una malcriada no iba a conseguir lo quería, además, tenía hambre.
Volvió a coger el tenedor y se lo llevó de nuevo a su boca. Ella cogió la mezcla
de dulce en los dientes y gimió cuando el sabor explotó sobre sus papilas
gustativas, el sabor artificial y las falsas golosinas no tenían nada que ver con
esto, se lo tragó sin pensar en las calorías o el efecto sobre sus muslos, una
mordida y estaba perdida, siempre había sabido que sería así, los postres eran
su debilidad.
"¿Otro?", preguntó ella.
"¿Qué estarías dispuesta a hacer?"
Su mirada cayó al borde duro en sus pantalones vaqueros, parecía estar
completamente erecto, podría pensar en algunas cosas que le gustaría hacer
con su polla.
El se inclinó y le levantó la barbilla para que lo mirara. "Estaba bromeando.
Tengo todo un pedazo para ti y espero que te lo comas. "
“Está bien” respondió, se preocuparía acerca de las consecuencias más tarde.
Se las arregló para bajar una rebanada entera con poco esfuerzo lo que la llenó
de satisfacción. Su boca estaba satisfecha, pero otra parte de ella aún
necesitaba más y el parecía estar en la misma página.
Poniéndose de pie se quito los pantalones y se sentó una vez más. Los dedos
se cerraron haciéndole señas para que se adelantara, Jenna se lamió los labios
mientras miraba a su polla. Con gusto, con mucho gusto lo llevaría a su boca.
"No, esclava", el se rió tirando de ella hasta su regazo a horcajadas. No se
molestó con preliminares… ¿No habían pasado una hora con los juegos
previos? Agarrando sus caderas, él la bajo a su polla. Ambos se quejaron ante
la sensación de su eje empujando en sus húmedos pliegues apretados, de esta
manera se sentía aún más grande y Jenna apenas podía evitar la reacción
inmediata que le rodó a través de su cuerpo estremecido. Las grandes manos
de él se movían más bajo para agarrar su culo, lo apretó y sintió el fuego que
se revivió sobre la carne abusada.
"Móntame", le ordenó.
Ella tenía la cabeza inclinada hacia atrás y su pelo en cascada sobre las
muñecas de él haciéndole cosquillas mientras se movía, levanto su mano para
agarrar su pecho, alzándolo como una ofrenda mientras él inclinaba la cabeza.
Poco a poco, su lengua se arrastro sobre la cumbre provocándole un grito, su
coño convulsiono y una ola de crema salió por encima de su polla. Sin pensar,
sacudió sus caderas contra él, sus dedos se clavaron en sus hombros mientras
frota su clítoris contra su base, la tensión hacia espirales, espirales y espirales
en el vientre, sacándole palabras incoherentes de sus labios. Gritó cuando los
dientes de él se cerraron en su pezón, un orgasmo se disparo dentro de ella,
apretándolo con su cuerpo.
"Sigue adelante", murmuró alrededor de su pezón cuando los espasmos casi la
paralizan, ambas manos fueron a sus caderas con fuerza, obligándola a
mantenerse en movimiento, mientras que las ondas de placer nunca dejaron de
arar a través de ella.
La acción de él pareció eliminar la capa protectora sobre sus nervios, dejándola
cruda y sollozando cuando él tiró de su cuerpo y ella trató de moverse a pesar
que la liberación parecía no parar, nunca había experimentado una respuesta
tan cataclísmica por un hombre, la transpiración empapo su cuerpo y los rizos
de su pelo se aferraron a los dos mientras follaban, el olor de su sexo era
pesado en el aire mientras los sonidos terrenales hacían eco de acoplamiento
en los azulejos de la cocina, los sonidos, el olor, la sensación de su crema
cubriéndole los muslos…y ahora… la sensación de su polla gruesa empujando
implacablemente sin descanso, incluso cuando apenas podía moverse, la llevó
más y más hasta que su visión era borrosa sobrecargando sus sentidos. Cerró
los ojos mientras sus músculos se liberaban y podía volver a montarlo en serio,
espinas quemaban el largo de su piel por el esfuerzo, sin pensar, continuó su
salvaje movimiento. El gimió, y el sonido vibro sobre su pezón, enviando una
nueva onda a su núcleo, su lengua arremetió sobre la punta de su pecho
cuando los sonidos frenéticos en la garganta le dijeron que él se acercaba al
punto culminante.
"Oh sí, nena", gruñó. "Llévame allí."
Si su propia liberación no se hubiera reiniciado, se habría reído de su orden
haciéndola tener la ilusión de que tenía el control. No había control mientras se
estremecía en su polla, con las manos de él clavadas en sus caderas,
empujándola, su coño lo apretó como un puño.
Volvió a gritar cuando cayó en el olvido acompañado por el gruñido gutural de
él, lo vio alzar la cabeza y gritar cuando su esperma caliente salpicó
profundamente dentro de su pasaje convulsionando junto a ella. Los fuertes
brazos masculinos la aplastaron mientras que se arqueaban congelados en
éxtasis, en un cuadro de extravagante placer.
Después de varios largos momentos, él la acariciaba mientras su piel iba
enfriándose y la apretaba contra su pecho, sus labios acariciaron un camino
por el lado de su cuello.
"Gracias, esclava," le susurró al oído. "El Amo está bien complacido."
Jenna se estremeció ante la conmoción de placer que acompaña sus palabras
tabú. Le gustó ser la esclava en esa posición, sometiéndose a su dominio,
había disfrutado completamente su castigo.
"Gracias, Amo", susurró todavía un poco incómoda con llamar a alguien Amo,
sin embargo, no podía negar su lugar de poder sobre ella.
Tomó una respiración superficial y la sostuvo, el miedo se metió en su
conciencia y se mezclo con su satisfacción perversa. Lo qué este hombre le
hizo fue lo que había buscado toda su edad adulta. El cumplimiento sexual sin
límites, una conexión que superaba los límites de lo que se consideraba
adecuado. ¿Qué pasaría después de este fin de semana? No podía volver a su
existencia de suave vainilla donde su excitación sexual la mayoría de veces
correspondía a sus malos pensamientos mientras cerraba los ojos y empujaba
el vibrador.
El la levantó y la puso sobre sus rodillas, todavía a horcajadas sobre él con su
pene entre ellos. Lo recorrió con la mirada, todavía era magnífico aunque no
estaba totalmente erecto. el hombre tenía un cuerpo con el que cualquiera
mujer babearía, su posición dominante, la forma alfa que tenía, sus gruñidos,
su cuidado y su ternura, todo combinado con su paquete físico la atraía de una
manera impresionante… aunque estaba bastante segura de que él no lo vería
bien si supiera de los últimos dos atributos en este momento.
A medida que ella considera el paquete completo no podía dejarse de
preguntarse por qué no estaba comprometido, ese pensamiento la tenso, la
bajo de la nube, lo miró a la cara…¿que podía ver de todos modos en esos
ojos verdes que la miraban sin malicia? Después de todo persistía la imperiosa
necesidad de sexo quemándola aunque acaban de compartirlo.
"Tú no... tienes un compromiso, ¿verdad?" le soltó.
El abrió los ojos detrás de la máscara. "¿Qué?", Preguntó, su mandíbula se
endureció, con los ojos cada vez más oscuros. "Te mereces otro castigo por
eso."
Un estremecimiento de sí, por favor, corrió a través de ella y tembló con las
caricias de sus manos por encima de su culo.
"Pero...” continuó con un suspiro, “Supongo que es justo, ya que no me
conoces…mas allá de lo que hemos compartido aquí. Sí, estoy sin
compromisos. Cuando estoy con una mujer, es mía. De la misma manera que
puede estar segura de que soy suyo. No comparto y no espero que ella
comparta." Sus oscuros ojos le clavaron la mirada. "Y tu eres mía", gruñó.
Ella se estremeció al oír las palabras que le decía. Él era de ella.
Bueno... al menos para el fin de semana, peleo con una ola de decepción
porque pronto tendrían que despedirse, tenían estos días para disfrutar, horas
llenas de sexo crudo e iba a obtener placer de cada una de ellos y la
preocupación sobre el síndrome de Estocolmo la tomaría en cuenta después.
No era como si supusiera que podría ser duradero, no dependía de él para
nada, había llegado a su puerta proporcionando y había caído rápidamente.
"Estás poniéndote fría", dijo él. Su sonrisa dijo que no lo creía así, pero no
contradijo sus palabras. De pie, la levantó en sus brazos y la llevó hacia el
dormitorio. "Me alegro de que haya más pastel de queso ", dijo riendo mientras
caminaba. "Vamos a quemar muchas calorías esta noche."
Valiente, Jenna se agachó para rodear su mano sobre su polla, que ya iba
creciendo con renovada excitación y no podía rodearlo con los dedos. "Yo sé
una manera en que puedo conseguir algún sustento ", murmuró sintiéndose
fuera de su estado normal, nunca había hablado con tanta franqueza, lo miro
mordiéndose el labio.
"Ya veremos", le respondió con una sonrisa diabólica. “Todavía no he tenido
suficientes orgasmos de ti. "
"¿Cuántos son esos?" le preguntó, mientras su respiración se volvía irregular
con el pensamiento de su polla dentro suyo otra vez, nunca había estado tan
caliente por ser llena por un hombre.
"Bueno", respondió cuando la dejo caer en la cama, inmediatamente
arrastrándose sobre ella apresándola con su cuerpo enorme y poniéndole las
manos por encima de la cabeza. "Digamos que tal vez me tome toda la noche
antes de que haber tenido suficiente”.
¡Oh, sí, por favor! Ella gimió ante las vibraciones en su clítoris por ese
pensamiento.
"Sí, Amo” suspiró ella. "Sí..."
Capítulo 4
Jenna se despertó lentamente. El agotamiento en su cuerpo le dijo
exactamente donde estaba, y no pudo dejar de sonreír con la excitación que ya
hormigueaba por ella. Él era como una droga. Él… Deseó saber su nombre,
pero si estaba en lo correcto eso no iba a suceder en este fin de semana, no
mientras fuera su secuestrador. Ella lo oyó en el cuarto de baño afeitándose
con la puerta cerrada. Se habían duchado juntos en las primeras horas de la
mañana, después habían vuelto a caer en la cama. Él sólo la había abrazado,
tal vez dándose cuenta de que su coño necesitaba un descanso, sin embargo
ella no se sentía de aquel modo.
Fuera de la ventana, el agua reflejaba la luz solar, y podía ver los árboles
balancearse suavemente. Su época favorita, un mediodía de primavera.
En silencio, salió de la cama. Con una mirada rápida en dirección al cuarto de
baño, cogió su camisa y se dirigió a la puerta. La fuga no era su objetivo, sin
embargo si tenía suerte, así sería como él se lo tomaría. No, ella solo quería
sacarlo de quicio mientras jugaban a este juego de fin de semana. Ella no era
lo suficientemente tonta para huir. Además de realmente querer estar allí,
recordó su declaración sobre no estar cerca de nada.
Sus zapatos de paseo estaban próximos a la entrada delantera, y se deslizó en
ellos antes de lanzarse a abrir la puerta. Estaba en la mitad de la calzada,
cuando un sonido estridente perforó el aire matutino.
Su sonrisa se amplió. El sistema de alarma debería captar su atención. Sus
pasos se apresuraron, y estuvo a medio camino de la larga calzada, antes de
que oyese su grito.
Una mirada por encima de su hombro lo mostró desnudo, perforando números
en el teclado junto a la puerta, y ella volvió rápido. Gritó cuando sin ceremonias
fue agarrada por detrás y tirada sobre su hombro, la camisa abierta para que
todos pudieran ver. Sin que él pudiese reprimir su sorpresa, ella se mordió el
labio.
“Esclava mala.” Gruñó. Él giró su cabeza y ligeramente palmeó en su cadera.
Ella gimió. ¿Qué pasaba con ella? Había ideado esta fuga solo para ser
castigada, y por su reacción apacible, sospechó que él sabía que realmente no
quería huir.
La puerta se cerró detrás de ellos, y él reactivó la alarma.
“Creo que es hora de presentarte algunos de mis juguetes favoritos”. Le dijo.
“¡No! ¡Lo siento mucho! ¡Por favor!” Ella pidió. Incluso a sus propios oídos era
poco convincente.
Bueno, ella nunca había sido una buena actriz.
“Ruega todo lo que quieras. Sabes lo que las niñas traviesas consiguen.”
En realidad, no lo sabía, pero tenía esperanza. ¿De dónde había salido esta
mujer temeraria en ella? A Jenna le gustaba, y estaba contenta que su Amo,
liberara a la persona sexualmente cargada de su interior.
Tras dejarla de pie en un cuarto que no había visto, él le arrancó la camisa de
los hombros, el fuerte rasgar del tejido sonó a través del aire.
“Las manos detrás de la espalda.” Él ordenó.
Con su coño cada vez más mojado, accedió. Él no la hizo esperar por su
próxima acción.
Alcanzando una mesa cercana, agarró dos pequeños objetos que ella no
reconoció. Él estiró la punta de su pezón desnudo y lo sujetó con uno de los
dos. Jenna gritó por la agonía explotando en su pecho. Antes de que pudiese
reaccionar, él colocó el otro clip en el pezón opuesto.
Lágrimas no deseadas llenaron sus ojos por el dolor.
“Respira.” Murmuró, acariciando con su mano sus brazos. “Disminuirá en un
momento, y te encantará.” Él se inclinó en su oreja. “Como te encantaron las
nalgadas.”
Así que él era como ella había sospechado.
Con movimientos hábiles, tocó los clips de los pezones y un doble zumbido
comenzó. Fiel a lo que le había dicho, el dolor estaba disminuyendo, dejando
atrás flechas de placer, que latían en su vientre.
“Oh…” Se quedó sin aliento cuando una onda estalló en su vientre.
Él la llevó a una habitación de raro mobiliario a pocos pasos de distancia. A lo
que parecía ser una caja alta, su altura superior inclinada y almohadillada. Él la
inclinó sobre esta. Sus pechos apretaron en la superficie superior acolchada.
Sus caderas estaban más altas que sus hombros, debido a la pendiente
descendiente, y Jenna hizo una dura respiración. La posición apretó sus
pechos en la almohadilla, aumentando la estimulación de sus pezones. Su
captor se aprovechó del momento, y rápidamente sujetó sus muñecas con las
esposas presas a los lados de la caja. Con la misma rapidez, le quitó sus
zapatos. Sus tobillos estaban atados a distancia. Bandas secundarias fueron
abrochadas alrededor de sus rodillas para mantenerla extendidas.
Inmovilizada y vulnerable, inmediatamente la excitación quemó a través de ella.
Él apartó su cabello por encima del hombro, dejando al descubierto la espalda.
“Creo que te gustó la palmeada de anoche.” Dijo.
“Sí, Amo.” Ella respondió. Su voz vaciló mientras imaginaba lo que haría.
“Bien.” Él respondió. “Hoy, te mostraré algo más”.
Ella estiró su cuello mientras él se dirigía hacia la pared, y sus ojos se
ampliaron con la variedad de complementos de sexo que había allí. ¿Cómo se
sentirían? Floggers, látigos, palas, máscaras, dildos y más colgados en
ganchos o expuestos en los estantes, todos esperando a que los usase su
Amo. Él quitó un flogger negro con cola ancha de cuero marrón claro.
“Este, creo”. Anunció girando la muñeca. Los extremos estallaron en el aire.
Jenna tragó con el pensamiento de aquellas mismas puntas estallando contra
su trasero expuesto.
Ella apretó su cara con el cojín. ¿Cuál era su palabra segura? Ella dudaba que
la fuera a usar, pero… ¿No debería haber previsto esto? Sobre todo porque
había estado buscando otro castigo. Ella pensó que la azotaría otra vez.
“¿Tienes miedo?” Preguntó. Sus dedos arrastrándose ligeramente por su
columna vertebral hasta su trasero. Su palma abierta allí, frotando cómo había
hecho en la noche anterior.
“Un poco…Amo.” Respondió.
“Humm.” Él arrastró la cola de cuero a lo largo de su espalda, y la extendió
para hacerle cosquillas en la carne, preparándola para lo que estaba por venir.
Lo sabía. Se estremeció ante la sensación, sabiendo del placer erótico y del
dolor que sería suyo. Su coño cerrado en las sensaciones incesantes girando
hacia su núcleo desde sus pezones. Iba a estar gritando su orgasmo antes que
ninguno uno de ellos lo supiera.
“Tú vas a ser castigada, pero no por huir, sino por ser traviesa. Estás siendo
castigada por algo que se llama ‘Topping from the bottom’5. ¿Estás
familiarizada con este término?”
“No, Amo.” Fuera lo que fuese, aparentemente era algo jodido.
“Quiere decir que intentaste tener el control de la situación siendo la esclava.
Trataste de forzar mi mano para salirte con la tuya. No me dejaste decidir lo
que debería hacer y como me gustaría ver nuestro placer”.
“Oh…” Bueno, mierda.
“¿Cómoda?” Preguntó. Tuvo esperanza cuando arrojó el flogger sobre una silla
cercana.
“Sí, Amo.” Ella estaba tan cómoda como podía estarlo, amarrada con una
correa a una mesa, sus pezones pinzados, y siendo abrumada por las
sensaciones.
“Bien. Vas a estar ahí un rato”. Yendo hacia la pared, recuperó la máscara y
algo con correas colgadas que no reconoció. Su rostro estaba duro cuando
volvió. El dispositivo desconocido fue lanzado a su espalda. Se arrodilló
enfrente a su cara, llevaba la máscara. “¿Quién está en el mando aquí?”
“Tú lo estás, Amo”. Susurró.
“Correcto. Yo lo estoy.” Él deslizó la seda y cuero negro por encima de sus ojos,
bloqueando su visión. Ella lo oyó levantarse, a continuación le sintió recoger el
artículo colocado sobre su espalda. Lo arrastró a lo largo de su piel mientras le
sentía moviéndose detrás de ella. Él le amarro el dispositivo, presionando la
parte de goma en su coño, frotando contra su clítoris con un pequeño botón
insertado en su canal. Las correas trabajaron a su alrededor y se fijaron como
un tanga erótico.
“Este es un vibrador muy especial.” Dijo.
5
Mantuvimos esta palabra en el idioma original para no perder su significado en el mundo
BDSM, pero la traducción literal seria “Encadenado desde sus cimientos”.
Un zumbido bajo empezó y ella gimió.
“También es muy caro. ¿Quieres saber por qué?” Él preguntó. No esperó por
una respuesta. “Te va a llevar hacia un orgasmo… o casi. Tiene un sensor de
movimiento. Cuando tu coño empiece a apretar, a medida que te prepares para
correrte, cambiará el ritmo y te alejará de la liberación. No trates de engañarlo.
No funcionará. Finalmente, tu cuerpo triunfará sobre el dispositivo, y te
correrás. Y yo voy a oír como gritas”.
Le mordisqueó una nalga.
“Y gritas.”
Sus dientes rasparon un punto sensible, en la parte de atrás de su cuello que
había descubierto a altas horas de la noche anterior. La piel de gallina estalló
por su cuerpo, viajando en un temblor de excitación.
“Y gritas.” Dijo con voz áspera en su oído. “Cuando comiences a correrte,
pasará un largo tiempo antes que consigas parar.”
Él beso su hombro.
“Recuerda, que podría haber sido para los dos si no te hubieses portado mal.
Los orgasmos simplemente no son tan buenos en solitario”.
“No…” Jenna imploró mientras los zarcillos de placer comenzaron a recorrer su
cuerpo. Pero su suplica llegó demasiado tarde. La puerta se cerró firmemente
tras él, dejándola sola para el tormento que le había ordenado.
********
Rob se apoyó contra la puerta, cerró sus ojos y luego se quitó la máscara con
un suspiro de frustración. Tiró la piel de color negro a un lado. No era así como
había planeado la mañana. Sin embargo, los planes salían mal a menudo con
una sumisa deliberada o no adiestrada. Él tenía ambas en sus manos. Jenna
era una natural, pero no estaba versada en la escena y, señor, era testaruda.
Podía verlo en cada pulsación de sus labios y cuando entrecerraba los ojos
mientras en silencio consideraba obedecer. Lo oía en cada reacio ‘Amo’.
Y ahora mismo, oía sus gemidos altos y claros. Su polla palpitaba con la
necesidad de estar profundamente enterrada en ella. Esto no era bueno. Como
Dom, tenía que ejercer el control, pero como hombre, solamente necesitaba
salir de allí. Pronto.
El mejor camino para obtener algún tipo de control sería desapareciendo hacia
otro lugar de la casa, donde no pudiera oír sus sonidos de agónico éxtasis. Él
no podía hacer todo lo que quisiera. Tenía que permanecer cerca por si ella
decía su palabra segura. Este podía ser el momento que la conduciría por el
borde y hacerla poner fin a esta escena. Ella era nueva para él, y no podía
estar seguro de cuanto le gustaría tener. Este castigo no la lastimaría, pero
para algunas personas, era como demasiado placer.
Sin hacer nada, se acarició la polla, apenas dándose cuenta de lo que hacía.
Su pulgar se deslizó por encima de la cabeza, sus dedos apretaron su eje
mientras se imaginaba estar dentro de ella. Profundo, profundo en su interior.
Infiernos, ¿cuantas veces la había follado anoche? ¿Cinco, seis veces? Apenas
suficiente.
Pronto, estaría de vuelta en ella. A pesar de hacerlo sonar como que el castigo
de Jenna llevaría algún tiempo, ella era tan innatamente sexual que sabía que
este proceso no llevaría mucho tiempo.
“¡Oh Amo, por favor!” Le rogó dentro de la habitación. “¡Oh, Dios! Ah....”
Él abrió la puerta de sus bisagras en silencio, mirándola.
Jenna se retorcía en el banco de castigo tanto como le era posible, mientras
estuviese atada. Su torso se levantaba mientras tomaba estremecidas
respiraciones, y su boca se abrió, dejando escapar un grito cuando su primero
orgasmo se la llevó.
“Por favor… oh, Dios…” Ella sollozó mientras se venía abajo y otro comenzaba
inmediatamente. Ella estaría interesada en rechazar las sensaciones, pero el
juguete no cedería. Estaba su merced, y Rob no la ayudaría. Aún.
Sus músculos se contrajeron cuando gritó, viniéndose otra vez. Sus muslos
estaban brillantes con su crema. Él se lamió sus labios. Unos minutos más…
Cogió la máscara y se la puso de nuevo como armándose para la batalla. Su
sonrisa era salvaje. Era una batalla que sin duda ganaría. Él era el Amo aquí.
En silencio, fue hacia la silla donde había lanzado el flogger y cogió el látigo.
Se sentía bien en su mano. Palmeó el mango, girándolo en su mano y
disfrutando del peso habitual.
Dejó que las colas se arrastrasen por encima de su polla dura. Las tiras de
cuero provocaron la carne se tensará, y se tragó un gemido.
Volviendo al lado de Jenna, se colocó en un buen ángulo para flagelarla. Ella
estaba cerca de tener ayuda para el orgasmo número tres, y podía garantizar
que sería como ningún otro que jamás hubiese experimentado.
Conduciendo atrás su mano, apuntó y a continuación lo soltó. Jenna chilló, y
Rob sonrió con el firme bofetón contra su culo, acompañado de franjas rojas.
Jenna aulló por el golpe duro del látigo que envió una picadura que irradiaba a
través de su trasero hasta su columna vertebral. Choque y alivio mezclados. Él
había vuelto. Esto podría ser el final. Sus muslos temblaban de agotamiento.
Ella sólo comenzó a gritar cuando el cuarto orgasmo retorció su vientre, tan
dolorosamente fuerte que no sabía si sobreviviría a otro. Sus pechos estaban
tan duros saciados de sangre, y sus pezones… Nunca había experimentado
una sólida conexión entre ellos y su vientre. Ella era un organismo
retorciéndose de sexo. Sólo sexo. Todas sus células trabajando para su placer
extravagante, tórrido. Hartándose en él. Llenándola. Dejándola desolada,
porque la parte que más necesitaba llenar estaba vacía.
Las lenguas del látigo golpearon en su trasero otra vez. Jenna lo acogió con
satisfacción, amando la intensa sensación que la condujo a través de las
vibraciones sujetas en su coño.
“Gracias, Amo.” Exclamó sin reservas. “Por favor…”
“¿A quién perteneces?” Gruñó.
“¡A ti!” El flogger le dio una bofetada, las tiras de cuero marcaron su trasero y
espalda. El calor la inundaba, sus largos dedos dirigiéndose más profundo en
su carne.
“¿Y a quién obedeces?”
“¡A ti!” No había dudas. Haría lo que él considerara en esta relación. Los
orgasmos eran grandes, pero ella lo necesitaba. Había encontrado la única
cosa que la atormentaba y la usaba contra ella. Estar sola.
Él la recompensó con otro golpe que dio en el pliegue donde el trasero se
encontraba con sus muslos. Su trasero entero estaba ardiendo. Ella no lo
detendría por nada.
“¿Y quién está al mando?”
“¡Tú, Amo! Tú lo estás.”
Él guardó silencio, y los únicos sonidos eran los del látigo en su carne y sus
gemidos mientras obtenía su castigo. Una y otra vez, él le dio lo que deseaba.
El dolor y calor se transformaron en una bestia de placer tan fuerte que había
superado el vibrador atado a ella.
La flagelación se detuvo cuando otro orgasmo fuerte se apoderó de ella,
moviendo todo su cuerpo, aunque todavía estaba limitada por las bandas que
la mantenían en su lugar. Ella necesitaba moverse, para que su cuerpo
trabajase en las sensaciones que surgían a través suyo. Estaba impotente,
presa de la sensual tortura y esto hizo la reacción más fuerte.
“Sí, sí, oh por favor,…” Murmuró sin pensar mientras le sentía quitarle el
vibrador, el dispositivo se deslizaba fácilmente, pues estaba empapada por sus
liberaciones. Todo su cuerpo estaba húmedo, su coño, y su piel por sus
esfuerzos.
Su Amo se puso detrás de ella y apretó sus caderas, inclinándola hacia arriba
ligeramente. Retiró las restricciones, pero no le importó. Ella solo podía gritar.
“Sí.” Cuando él se sumergió en ella, hundiéndose hasta la empuñadura, y
forzando a sus pliegues a separarse.
Esta vez cuando el clímax se estrelló sobre ella, la suave satisfacción sucedió a
fuego lento.
“Oh, Amo…” Suspiró.
Estaba laxa, mientras él abría las esposas que la ataban. La levantó en sus
brazos. Ella podía dormir por horas. ¿La llevaría a la cama ahora?
Ella gritó cuando la dejó, su ardiente trasero golpeando la madera dura y fría de
una silla reclinable. Temía las manos atadas a su espalda y tobillos esposados
en las barras laterales, manteniendo las rodillas separadas. De repente, oyó un
clic, y la parte detrás se reclinó ligeramente. Las piernas de su amante a
horcajadas sobre ella y su polla presionando sus labios. Su polla aun dura. No
se había corrido aún.
Su boca se abrió de buen grado, y él se deslizó en el interior, su sabor fuerte y
picante estalló sobre sus sentidos. Con entusiasmo, amamantó su longitud. Su
lengua arremetió sobre él mientras lo conducía, trabajando para llevarlo al
clímax. Anhelaba saborear su semilla y saber que le había dado placer. Sus
dedos se enredaron en su pelo, tirando con el cierre de su mano, pero aun así
no la dirigió. Dejó que tomara a su manera su polla - o al menos todo lo que
pudiese, mientras estaba erecto.
Sus labios se apretaron alrededor de él, mientras lentamente follaba su boca.
“Oh, sí, así, esclava.” Gimió. “Hágame gozar. Haz que se corra tu Amo.”
Ella no quería nada más. Su lengua pasó por encima de su punta, juntando su
pre-semen. Ella lo mantuvo inmóvil con la succión de la cabeza hasta que él se
revolvió y entonces la dejó deslizarse hacia adelante, inclinando la cabeza
hacia atrás para permitir su penetración profunda. Ella tarareó, dejando que la
vibración le golpease, y él tiró mientras empujaba de vuelta. El caliente semen
inundó su lengua, y lo tragó compulsivamente para tomarlo todo. Satisfecha
con su poder, incluso obligada, fluyendo en ella.
Con él, ella era poderosa. Sin embargo, impotente. Debería haber estado
confusa, pero en su lugar parecía la manera perfecta en ella.
Ella sonrió cuando lo dejó libre, y se pasó la lengua por los labios. De repente,
su boca estaba en la de ella. La besó con avidez. Sus manos se movieron
detrás de ella, mientras su lengua empujaba en su boca, reclamando el
espacio.
Ágilmente, liberó sus muñecas. Ella lo sintió llegar más abajo y hacer lo mismo
con sus tobillos. Sus piernas fueron alrededor de él cuando la levantó, nunca
renunciando a su boca. Ella sabía que estaban en movimiento, pero no se
molestó en prestar atención hacia donde.
Capítulo 5
Cuando su espalda golpeó en el colchón, suspiró por la dureza y su calor
cubriéndola.
Él no se quedó, sino que se trasladó a una posición de cuchara, y colocó las
mantas sobre sus saciados cuerpos.
“Esta sensación será intensa.” Le advirtió. Ella sintió sus manos en sus pechos.
El zumbido se detuvo, entonces el dolor-placer estalló a través de sus pechos y
la traspasó hasta su vientre. Ella jadeó y gritó, un orgasmo la atravesó sin tocar
su coño.
Su palma alisó su vientre, y dos dedos se deslizaron en su coño. Se movían
lentamente como para calmarla. Ella separó sus piernas para darle mayor
acceso.
“Shh…” Canturreó. “Está bien.”
“Oh, Dios mío.” Ella susurró. “Lo que me has mostrado hoy… increíble.”
A medida que se calmaba, sus dedos se deslizaron libres. Él los llevó hacia su
boca, y ella la abrió, disfrutando de su sabor en su piel.
“¿Te gusta el sabor de ti misma?” Preguntó, la pregunta era tan sensual y tan
íntima entre ellos que no se sintió avergonzada.
“Sí.” Respondió cuando él los retiró.
Él paso su brazo alrededor de su cintura luego besó su hombro. “Háblame de
ti, Jenna”.
Ella se puso rígida. ¿Él la conocía? Joder, ¿estaría caminando por la calle
después de esto y se estaría riendo a sus espaldas en secreto por que él
sabría y ella no tendría ni idea? ¿Se burlaría por lo fácil que había sido?
“Sí, se tu nombre.” Añadió. “No fue un rapto al azar. Sólo hice esto porque tú lo
deseabas. Y te he deseado desde hace mucho tiempo. Hasta ayer, no pensé
que tú estarías en mi estilo de vida.”
Ella se relajó. Resolverían esto. Sabría quién era antes de que el fin de semana
hubiese terminado. “Ningún problema, creo. Realmente no sabía lo mucho que
me gustaría esto. ¿Me dirás quién eres?”
Hubo una larga pausa, y supo su respuesta antes de él hablase. “No.”
Dejó escapar un suspiro de frustración, pero no discutió con él.
“Se trata de que me hables de ti”. Le recordó.
“No sé qué decirte.”
“Dime porque te gusta ser azotada”.
“No lo sé.” Respondió. “No sabía que me gustaba. Se siente bien. Con el
tiempo. Y me gusta la disciplina. Siempre fui del tipo perfecto, ya sabes. La hija
perfecta. La alumna perfecta. La empleada perfecta. Eso no significa que no
haya trabajado duro para conseguir mis propias cosas, pero nunca necesité
disciplina. Siempre tuve miedo de ello en realidad. Si hubiera sabido…”
Él gruñó.
“Tal vez debería haber actuado, de modo que el director de la escuela me
hubiese azotado con la palma.” Continuó, incitándolo a propósito.
Su brazo se apretó en su cintura. “El placer de los azotes es todo mío”. Dijo con
voz áspera. “Haremos frente a tus fantasías de colegiala en otro momento.
Creo que me gustará inclinarte sobre un escritorio y azotarte.”
Ella se estremeció con la imagen. La felicidad la llenó. Su promesa sonó como
si tuvieran un futuro juntos. Y realmente quería uno. ¿Cómo podía ir tan
rápido? Era la intensidad. O chocaban y ardían, o podrían forjar un futuro
juntos. Ella esperaba que fuese lo último. Chocar la heriría más que lo que
quería imaginar.
“¿Así que eres una buena chica?” Solicitó.
“Ya no.” Ella rió.
“Oh, aún eres buena”. Él respondió. “Sólo estoy enseñándote una nueva
manera de obedecer en un nuevo mundo”.
“Eso es bueno porque mi mundo real es una mierda”.
“Cuéntame”.
“Soy enfermera, y los médicos con los que trabajo son gilipollas”.
“¡Qué lenguaje!” La reprendió.
“Bueno, idiotas. ¿Me azotarás más tarde?” Ella preguntó.
“Por esto no. Continúa.”
“Se creen dioses porque son médicos. Quiero cambiarme para otra oficina,
pero no existen vacantes de pediatría en este momento. Me gustan los niños,
aunque a veces muerden. Odio verlos infelices, y me gusta poder ayudar”.
Se sintió cómoda hablando con él de esto. A pesar de que era desconocido, no
era como los doctores. Era positiva. Ninguno de ellos se acercaba a la
magnífica constitución de su amante y sabía condenadamente bien que
ninguno tenía un tatuaje tan sorprendente.
“Soy soltera, sin más familia. Mi vida familiar es bastante aburrida, supongo. Y
no estoy en el mundo de las citas, a pesar de que la soledad y yo no somos
buenas amigas. En realidad lo odio, a decir verdad. Paso tiempo con mis
amigos cada vez que puedo, pero todos tienen familias o están profundamente
metidos en el juego del emparejamiento. Los clubes y bares no me atraen”.
“Bueno.” Él acarició su cuello, enviándole pinchazos calientes por la espalda.
“No es sobre que estés sola, o que no hayas estado durmiendo con nadie, o
revoloteando por las barras, o siendo una chica fiestera”.
“¿No es sobre eso?”
“Señor, no.” Su mano acunó su pecho mientras besaba su cuello. El cariño por
él la llenaba. De alguna manera, estaba enamorándose de este tierno,
sexualmente dominante y feroz hombre. ¿Pero cómo era posible?
Porque él era todo que quería. Ella esperaba ser lo mismo para él. Sonrió
irónicamente, excepto por que creía que estaba demasiado delgada. “Yo era un
niña regordeta”. Admitió. “Los niños me usaban para burlarse de mi. Incluso en
la escuela secundaria cuando estaba delgada, ellos se metían conmigo”.
“Así que ahora no comes”
“Yo cómo”
“No lo suficiente. Vamos a arreglar eso”
Hmm… bueno, él podía pensarlo pero nunca volvería a ser gorda. Por nadie.
En esto, no se inclinaría.
“Casi puedo oír lo que estás pensando.” Se rió. “Tienes un alto lenguaje
corporal”.
“¿Y qué está diciendo mi alto lenguaje corporal de ti?”
“Crees que quiero hacerte subir mucho de peso. Estoy hablando de una mujer
con curvas, en vez de huesos. La talla cero en ti no es una talla, es un grito de
ayuda”
“Muérdeme.” Estalló. ¡Oops! “Hum, Amo.” Añadió.
Riendo, él hizo exactamente eso, mordisquearle el hombro. “Eres una sumisa
traviesa. Negociaremos lo de la comida. Pero créeme, comenzarás a comer
más. Alimentos saludables, pero más”
“Si una sumisa no cumple tus requisitos de peso, ¿la echas?” Preguntó con
toda seriedad. Su cuerpo era sólo una parte de ella…
Él la rodó sobre su espalda y retiró la venta que llevaba puesta todavía. Ella
parpadeó con la repentina luz y le miró a los ojos.
“Nunca alejo a nadie” Respondió. “Si nunca ganases un gramo, todavía
obtendría un placer inmenso de ti. Si volvieses a ser regordeta de nuevo, como
tú lo llamas, no cambiaría mi atracción por ti. Pero te quiero sana, y quiero que
seamos prudentes. Necesitas sustento para tener la energía para satisfacer
mis necesidades sexuales. Nunca me confundo. Te encuentro absolutamente
hermosa”
Sus mejillas se calentaron, y se mordió el labio. Nunca esperó que la revelación
de su pasado la llevara hasta aquí.
“Háblame de ti” Dijo ella cambiando de tema.
“No”
“Sólo algo… General…” Dijo en voz baja.
Su mandíbula se apretó, y ella lo vio debatirse por dentro. Finalmente, suspiró y
rodó a su lado, tirando de ella hacia él ahora.
“Tengo una familia. Una gran familia con un montón de personas como yo. Mi
padre, mis hermanos, mis primos. Mi pobre madre rodeada de toda esa
testosterona. Dos hermanas testarudas”
“¿Cuántos hermanos?”
“Cinco. Sí, hay ocho de nosotros. Creo que a mis padres les gustaba mucho el
sexo”
“¿Tú crees?” Ella rió.
“Soy el hijo del medio. En el centro muerto junto con mi hermano gemelo.
Nosotros éramos los infernales”
“Nunca lo hubiese imaginado”
“Mentirosa. ¿Quieres que te cuente o no?”
“Continúa.” Ella se inclinó y movió la lengua sobre su pezón plano. Ella sonrió
por la forma en que se endureció. Afortunadamente, mordisqueó la punta
mientras él gemía. Momentos después, lo empujó sobre su espalda y comenzó
a rastrear su tatuaje con la lengua. Sus dedos enterrados en su pelo.
“El ejército me ayudó a enderezarme. Un poco. También aprendí un montón de
novedades, cosas eróticas”
“¿Cosas que usarás en mí?” Ella quería probarlo todo. Se había desatado algo
sorprendente en su interior.
“Algunas. Otras alcanzan demasiado el sadismo o lo perverso para mí.”
Ella se estremeció, agradecida de que tuviera buen juicio.
“Tengo mi propio negocio” Reveló. “Las mujeres parecen quererme por esto”
“Idiotas.” Resopló Jenna. Ella sonrió hacia él. “Yo te quiero por tu cuerpo” Se
arrastró hacia arriba y puso toda su longitud a lo largo de él. “En serio, si así es
como son, nunca trataron de conocerte”
“¿Y tú me conoces?”
“Yo quiero.”
Él la puso debajo de él, y tomó sus manos sobre de su cabeza. Con ellos cara
a cara, su polla dura apretaba contra su pierna. Su coño húmedo creció una
vez más con la necesidad de él. ¿Podría tener suficiente alguna vez?
Sus ojos se cerraron, y se dio cuenta, que había visto tanto de él como estaba
dispuesto a compartir en ese momento.
“De rodillas.” Ordenó, dándole espacio. “Quiero ver las marcas en tu trasero
mientras te follo”
“Sí, Amo.” Murmuró. Su exigencia la puso caliente, incluso cuando ella quería
un mayor intercambio.
Se apresuró a ponerse a cuatro patas, pero él la reorganizó, empujando
almohadas bajo sus caderas y empujando sus hombros al colchón.
Su pulgar pasó sobre su ano. “¿Alguna vez has tenido un hombre aquí?”
Su voz era estrangulada. “No.”
Metió un largo dedo en su coño empapado, y luego lo llevó a frotar la carne
virgen. “Respira, amor. No te hará daño, y mi polla no va a ir ahí hoy”
La yema del dedo empujó dentro, y con voz estrangulada dijo. “Amo, por
favor…”
“Sólo siente. ¿Se siente mal?” él preguntó.
“No”
“¿Sólo atrevido?” Deslizó su dedo más profundo. Ella gimió ante la sensación
inusual.
“Un poco... vergonzoso. Incómodo.” Ella admitió.
“Nada debe ser vergonzoso entre amantes que se preocupan el uno por el otro.
Y yo me preocupo por ti” Sus labios apretaron su espalda mientras lentamente
empujaba hacia dentro hasta que los nudillos descansaron en el pliegue de su
culo. Su pasaje trasero parecía tan lleno. No podía imaginar cómo sería tener
su polla allí.
Suavemente, él la follo con el dedo. Ella cerró sus ojos, comenzando a disfrutar
de la extraña sensación. Si él quería esto, se lo daría. No era malo. De hecho,
estaba creciendo en ella.
“Me agrada que me des tu trasero de esta manera” Le dijo, era evidente la
satisfacción en su voz. “Para follar, abofetear, azotar. Que te arrodilles ante mí
y me des tu voluntad”
“No soy cobarde” Mantuvo en voz baja.
“Lo sé, lo que hace la sumisión más especial. Tú eres especial”
Alineó la cabeza de su polla con su coño. Mientras continuaba arando su culo,
empujó dentro de su coño, llenándola y con un movimiento seguro.
“¡Sí!” Exclamó. ¡Dulce cielo! Podía sentir su dedo contra su polla a través de la
fina membrana que los separaba.
“Oh, sí, amor, te sientes tan bien rodeándome. Sí, apriétame así.”
Ella no pudo evitarlo. Su cuerpo se contrajo con sus palabras, endureciéndose,
conduciéndole dentro, deseando que la llenara con su polla y semen. Su mano
libre la rodeó para provocar su clítoris y ella galopó hacia el olvido. Su polla se
mantuvo bombeándola, empujando, buscando su liberación hasta que explotó
en un clímax violento que la sacudió, arrastrándolo junto a ella mientras un rayo
recorría sus miembros.
Juntos, se derrumbaron.
“Increíble.” Él murmuró, después de un rato, cuando pudieron respirar. De mala
gana, se sacó fuera y se dirigió al cuarto de baño. “Cuando salga, vamos a
comer.” Gritó.
Su estómago gruñó, recordándole que habían llegado deprisa al final del día y
que sin embargo, aun no habían comido. A pesar de sí misma, quería más de
la terapia de la tarta de queso. Con suerte habría algo para el postre.
¿Postre? ¿Qué le estaba pasando?
Ella sonrió. Fuera lo que fuese, era del tipo que le gustaba. Y ella le gustaba
algo más…
En silencio, salió de la cama y se arrodilló al lado. Su amante se paró, cuando
salió del cuarto de baño con una toalla en la mano.
“¿Qué es esto?”
Ella bajó la cabeza. “Siento haber sido tan mala” Ella le miró, y vio sus brazos
cruzados sobre su ancho pecho, la toalla todavía colgando de su gran mano.
“Tú… ¿me azotarás? Yo… quiero sentir tu castigo mientras comemos”
“Jenna.” Suspiró. Él se movió hacia el extremo de la cama antes que ella y se
sentó “Ven aquí.”
Impaciente, se levantó y luego se curvó sobre sus piernas. Él suavemente
movió su pelo por encima de su hombro. Su índice se arrastró por su espalda
antes de sujetarla con el brazo.
Ella cerró sus ojos. Era extraño. Nunca se había sentido tan protegida como
cuando estaba sobre su regazo, su torso curvado ligeramente sobre ella, su
antebrazo manteniéndola en su lugar.
Para su sorpresa, la toalla caliente se frotó sobre su coño y luego sobre el
pliegue de su culo mientras él limpiaba su sexo. El tejido golpeó la madera con
un golpe húmedo. Su mano frotándola tiernamente por la espalda.
Sí, sí, por favor, suplicó en silencio.
“Ningún movimiento. No te retuerzas.” Ordenó.
Jenna suspiró de placer mientras su mano se conectaba con su culo, y dolor de
placer se disparó en su interior. Perfecto
Capítulo 6
"Estás inquieta." Jenna llevaba una de sus largas camisas a pesar de que él
estaba desnudo, pero Rob sabía que su culo estaba desnudo sobre la madera
de la silla de la cocina.
"Oh, lo siento..." De inmediato se quedó quieta, y él la observó.
"¿Estás bien?", Preguntó.
Ella se movió un poco. "Sí, estoy bien."
Señor, no la habría nalgado tan fuerte. Sabía que todavía estaría sensible por
la flagelación. No se lo habría hecho si ella no lo hubiera pedido tan
amablemente. No podía pensar en una mujer que sería más perfecta para él…
en el BDSM, con un poco de dolor, se contorsionó.
Tenía que encontrar una manera de mantenerla en su vida. Por supuesto,
había que dejar de ser un dulce-culo y revelarle su identidad. No podía ser el
Merodeador Enmascarado para siempre. Estuvo a punto de resoplar pensando
en ello... El Sr. y la Sra. Merodeador se complacen en anunciar el nacimiento
de su primer hijo, bebé Merodeador.
Sí, tenía que encajar.
¡Espera! ¿Estaba pensando en los niños? Su madre siempre le dijo que sabría
quien sería su mujer cuando comenzara a pensar en los niños y en el futuro.
Bueno, hizo un lío de esto.
"Tengo crema para frotarte", ofreció.
Ella negó con la cabeza y empujó hacia atrás su plato de comida. "Estoy bien.
En realidad, estoy empezando a estar, hum, un poco, excitada. Y todavía tengo
hambre, créelo o no. En realidad todo este ejercicio de hoy me dejó rendida."
No había sido sólo sexo. Después del almuerzo, a sabiendas de que no se
encontrarían con nadie, la llevó a un largo paseo por el lago. Hablaron más
acerca de sus vidas, pero había mantenido al margen su nombre y qué tipo de
negocio tenía.
"Hay dos piezas más del pastel de queso", ofreció. De alguna manera, se las
había arreglado para aprender las debilidades que tenía. A Jenna le encantaba
el pastel de queso. De hecho, no podía recordar a nadie más que conociera
que le gustara más.
"Mmm, suena bien. Supongo que podría compartir una de ellas contigo, si
también quieres," bromeó.
"Tal vez un bocado, pero hay otras cosas que prefiero morder."
"¿En serio? ¿Cómo qué? “
"Tal vez te lo muestre dentro de un rato." Se levantó para obtener su postre
antes de empezar mordisquear el interior de sus muslos. Sus bromas, el sonido
de su voz, el deseo en su mirada, todo eso hizo despertar su cuerpo. Después
de su sesión anterior, sin embargo, se había prometido a sí mismo no tener
más sexo hasta la noche. Quería conocerla más que en el sentido bíblico.
Sabía que le gustaban las esposas, ser amarrada, las nalgadas, la sumisión... y
sabía que a él le gustaba también, desde un enfoque dominante. A ambos les
gustaba escalar rocas, la misma música, y se atrevería a decir, el pastel de
queso. De eso podría decir, que tenían los mismos valores… un montón que
había observado en los últimos meses, mientras secretamente la codiciaba.
Hablaron sobre sus familias. Cómo su madre había muerto cuando era una
niña y cómo su padre se había desvanecido. Desapareciendo cuando tenía
veintidós años. No fue sino hasta meses después que descubrió que se había
unido a un monasterio.
No estaba amargada por su ascendencia y cómo su vida había estado lejos de
ser perfecta.
Era enérgica y decidida a hacer la vida más buena para los demás. Era la
razón por la que se había convertido en una enfermera. Era por eso que ella
era perfecta para él.
"¿Quieres ver una película mientras comemos el postre?", le preguntó, llevando
el pastel a la mesa.
“Claro. No me siento muy secuestrada, ya sabes."
"¿Quieres que te ate y te meta en un armario?"
Sus ojos se le iluminaron, pero ella negó con la cabeza. Por los cielos, era
depravada. Las cosas que podrían explorar en algún momento dado...
"No, creo que voy a pasar. Tal vez en otro momento," se rió ella. "No necesito
sentirme secuestrada de todos modos. Creo que estaba buscando otra cosa,
pero no lo sabía. “
Dominación. Sumisión. No necesitaba decirlo.
Tal vez no era demasiado pronto para comenzar su próxima escena. Cogió un
pequeño recipiente de plástico de la nevera, después su propio pastel de queso
y se fue a la cocina.
En la sala de estar, puso un DVD de un programa de televisión del que habían
hablado y que a ambos le gustaba.
No estarían mirando durante mucho más tiempo de lo que les tomara comerse
el postre de todos modos. Aunque el sofá era lo suficientemente grande para
cuatro personas, se sentaron en silencio, hombro con hombro, mientras
miraban la interacción ocurrida en la pantalla entre los dos actores principales.
Rob no podía creer lo ansioso que estaba por dar el siguiente paso de su
juego.
Tan pronto como terminaron de comer, tomó su plato. Juntando la porcelana y
los cubiertos ruidosamente en la mesa de café cuando los dejo. Jenna miró
interrogativamente mientras él se ponía de pie.
"Quítate la camisa".
"Sí, Amo", respondió ella y rápidamente quitándosela, al darse cuenta que
estaban en una escena. Por su tono, esto podía ser uno intenso.
"Separa las piernas,” ordenó.
Ella obedeció. Él no dijo una palabra, sólo alcanzó el contenedor de plástico. La
liberación del aire al abrir la tapa atravesó la sala silenciosa. Miraba con
curiosidad mientras quitaba una pieza pequeña, triangular de dos pulgadas.
Esa misma curiosidad multiplicada por diez mientras se ponía de rodillas entre
sus las piernas. Con cuidado, él la abrió y apretó el objeto frío contra su clítoris
y su apertura. Luego apretó los pliegues cerrados mientras se levantaba.
"Junta las piernas."
El frío fue dando paso a la sensación de hormigueo, encendiendo su
excitación, pero se las arregló para obedientemente presionar los muslos
cerrándolos. La volvió a su lado se sentó para que ella se recostara en el largo
sofá con su la cabeza apoyada en su regazo.
"Cruza los tobillos", le dijo. "Los quiero listos y firmes."
Mordiéndose los labios, volvió a obedecer.
"Cruza los brazos detrás de tu espalda. Inmediatamente,” le espetó que cuando
ella dudó.
¿Se daba cuenta él de lo mucho que disfrutaba sus órdenes? Rudo. Con sus
frías ordenes a su alrededor, casi sentía como si estuvieran de nuevo en el
escenario de secuestro. Casi... pero no del todo. Tal vez era una tontería, pero
confiaba demasiado en él, para tener miedo ahora.
Le oyó hurgar en el cajón de la mesita de café. Un momento después, trajo una
seda para vendarle los ojos.
"Quiero que sientas todo."
Ya estaba sintiendo mucho. Todo lo que fuera que le había puesto le creaba un
cosquilleo en todo su coño, y mientras fue puesta en la oscuridad, se dio
cuenta de que era muy intenso, que casi quemaba. Y cada vez más fuerte y
más fuerte.
"Quédate quieta", le ordenó cuando comenzó a moverse.
"No puedo..."
"Lo harás".
"¡Es muy fuerte!"
"¿Te duele?", Preguntó.
"No…"
“Entonces quédate quieta. “
Las lágrimas le pincharon mientras la intensidad de la sensación le causaba
temblores. La tensión en espiral en su vientre. Necesitaba correrse
desesperadamente, pero la pieza de lo que fuera que era no la llevaría allí.
"¿Qué... qué fue lo que me pusiste?"
"Nada perjudicial. Un pedazo de jengibre fresco que saque de la raíz. Un
antiguo juguete sexual. ¿Te gusta?"
"Oh, Dios mío..."
"Umm, voy a tomar eso como un sí", dijo mientras retorcía un pezón. Fieras
sensaciones asaltaban su centro, desde dos direcciones mientras le pellizcaba
y tiraba de sus puntas, aprovechando los jadeos de placer-dolor de ella. La
crema inundaba su canal, pero no hizo nada para aliviar el tormento del
jengibre.
De repente, la tortura del pezón terminó, y lo escuchó una vez más, buscando
a tientas en el cajón.
Oh, por favor, ¿ahora qué? se preguntó. Su conciencia se quedó en el borde de
un enfoque nítido y el calor de un espacio difuso donde sólo había placer.
"Quédate conmigo", murmuró. "Puedo decir por tu respiración que estás a
punto de salir de mi zona."
"Bueno", logró decir.
"Quédate totalmente quieta", le ordenó. "El movimiento será castigado… y no
con nalgadas."
Se quedó sin aliento mientras plumas rozaban sobre su pecho. Ella apretó los
dientes para evitar estremecerse ante el ligero toque. Se arremolinó en un
pezón y luego en el otro antes de recorrer su vientre, después por encima de
su coño. Él le rozó la parte superior del muslo dirigiendo los filamentos hasta
sus brazos. Le hizo cosquillas en el cuello, la mandíbula, el oído antes de
regresar a sus pechos.
Las sensaciones eran casi demasiado para soportarlas. Un pequeño grito se le
escapó, y sus dedos se clavaron en sus antebrazos que estaban cruzados a su
espalda. Se alegró de que él no pudiera ver el movimientos convulsivo de como
los retorcía. Quería obedecerle.
Ese espacio difuso la noqueo, y mientras más luchaba para quedarse quieta
más fuerte era la presión.
Tal vez, nuevamente, volvió a detectar su "problema", le sorprendió tirando de
su pezón. Dejó de lado las plumas y regresó para raspar suavemente con las
uñas el costado de su pecho. Después de unos pocos momentos, se alejo del
lado de ella. Aunque no podía verlo, lo sintió arrodillarse a su lado. Gimió
cuando su boca se apoderó del pezón más cercano a él. Llevando su tenso
pico en su caverna oscura, agitándolo con su lengua, empujándolo, raspando
los bordes con los dientes.
A pesar de su orden de quedarse quieta, arqueó su espalda, alimentándose de
su monte con sus hambrientas succiones.
La tortura sensorial la había existido, pero ahora su coño se inundaba para su
íntima posesión.
Lo sintió arrancar el jengibre, luego la bajó a horcajadas a sus muslos.
"Mueve hacia arriba y sácate la venda de los ojos", dijo. "No quiero que
accidentalmente el jengibre llegue a tus ojos."
Parpadeó cuando la luz de la lámpara inundó su visión. Cuando se despejó, lo
encontró mirando sus brazos. Suavemente, levantó uno y le pasó el pulgar
sobre la huella de sus dedos.
"Te has hecho daño."
"Estoy bien", murmuró. "Sólo trataba de mantenerme quieta."
Suspiró y sacudió la cabeza. Tiernamente, besó cada brazo. Luego juntó sus
caderas, llevándola hasta su polla. Jenna gimió cuando su amplia
circunferencia la separó, y dejándose caer sobre él.
Llegó tan profundo, estaba tan llena. Le encantaba estar frente a él, tan cerca.
Sus manos se deslizaron hasta su pecho luego alrededor de su cuello mientras
movía sus caderas.
"Se siente increíble", suspiró ella. Aferrándose a él para mantener el equilibrio,
arqueó la espalda. Estaba increíblemente libre en sus brazos, como
inclinándose hacia atrás en un columpio mientras volaba por los aires. Con él,
podía volar.
Sus manos la sostenían mientras ella se inclinada hacia atrás y giraba. Se
inclinó sobre su seno, otra vez llevando su pezón profundamente a su boca.
“Sí,” susurró ella. "Oh Dios, me encanta esto." Ya se sentía al borde de la
explosión.
Se enderezó, montándolo en serio, y llevando sus labios a los suyos.
Bombeaba en ella, su pubis rozaba su clítoris en un placer tan perfecto.
"Se llama la posición de pilar 6, en el Kama Sutra", jadeó el momento que
intentó respirar. "Conozco un montón de posiciones del Kama Sutra... tiene
consejos BDSM en el, ya sabes, no siempre es llamado así. "
"Yo no lo sabía." Pero sabía que le gustaba esta posición y quería aprender
más. ¿Podría él enseñarle?
Su coño se apretó ante la idea de ser su alumna dispuesta. Sus vientres se
frotaban mientras se movían juntos.
"Jenna", jadeó, tirando de su rostro en el cuello. La besó en el hombro luego
ligeramente arrastró los dientes sobre su carne expuesta.
Amando su nombre en sus labios, y por un momento, deseó poder responderle
con el suyo. El pensamiento fue fugaz mientras los músculos de su vientre de
repente se absorbieron, comenzando una cascada de contracciones a través
de ella, el más fuerte en su vaina.
La llevó al suelo y la folló con fuerza, directo al orgasmo hasta que se puso
rígido por encima de ella y gritó su liberación.
“Sí,” exclamó ella cuando su esperma caliente se derramó en ella. Saciada y
completa, sonrió. ¿Cómo había llegado a tener tanta suerte?
Finalmente, se hundió en esa bruma embriagadora que la había llamado con
tanta insistencia. Etérea y libre, flotaba mientras lejanamente se daba cuenta
que él la arropaba y cubriendo a ambos con un afgano. Tenía los brazos
apretados alrededor de ella y estaba a salvo y segura y no más sola.
*******
Se debía haber dormido en los brazos de su amante porque ella se sorprendió
de pronto por el estridente ritmo de Barbie Girl, y que parecía venir de su
teléfono.
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Veáse en: [Link]
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Estaban en la cama, y no recordaba cómo llegó ahí.
"¿Es mi teléfono?" Preguntó ella mientras él se reía entre dientes.
“Supongo que sí. ¿Barbie Girl? ¿En serio?"
"Es el tono de la llamada de mi mejor amiga. Probablemente volviéndose loca.
Se suponía que me llamaría anoche… estoy siempre ahí. Y hoy íbamos a
conducir por el estado para ir la Feria de Ren. Lo olvidé totalmente. Será mejor
que la llame, ¿puedo llamarla?" Cuando le llegó por un momento la verdad,
que él la había secuestrado.
Tal vez no estuviera permitido...
La estudió, y ella sabía que estaba pensando lo mismo. La había secuestrado.
¿Podría confiar en ella? ¿Estaba a punto de hacer sonar un silbato en él?
Sus ojos se oscurecieron, pero asintió. "Tu cartera se encuentra en el primer
cajón de la cómoda."
Ella se inclinó y le besó. Quería decirle que no se preocupara. Había aceptado
esto.
Pero las acciones hablaban más fuerte, y ella decidió que se lo mostraría en su
lugar. Y tal vez, tal vez, por fin le diría su nombre.
Mira ya había dejado un mensaje en el momento en que Jenna cogió el
teléfono, por lo que Jenna marcó el correo de voz para recuperarlo.
"Jenna, ¿dónde estás? Estoy muy preocupada. Tu coche esta en el garaje del
estacionamiento, pero no hay rastros de ti. Necesito saber de ti, o llamaré a la
policía…"
Jenna desconectó el mensaje con pánico. Tenía que llamar a Mira antes de que
hiciera algo apresurado como realmente llamar a las autoridades. Eso sería un
desastre.
"¿Hola?" Respondió Mira con ansiedad. "¿Dónde estás? ¿Estás bien?"
"Cálmate. Estoy bien," la tranquilizó Jenna. Se volvió y miró a su amante que
se reclinada más bien tenso en la cama, mirándola. Le sonrió, tratando de
tranquilizarlo.
"¿Dónde estás?"
"Estoy... bueno, estoy con un chico. Estamos como en un tipo de fin de semana
libre solos en el mundo. Es hermoso aquí…"
"¡Que! ¿Quién?"
"Te lo contaré el lunes, cuando tomamos el café. Lo prometo."
"¡Jenna, espera!"
Jenna colgó el teléfono y luego lo apagó. Con suerte, le había dicho a Mira lo
suficiente para calmarla, pero tendría mucho que explicarle la noche del lunes.
Tiró el teléfono en su bolsa luego se volvió hacia el magnífico hombre que
estaba esperándola en la cama.
Abrió el cajón detrás de ella y se quedó mirándolo. Pensar en el lunes la hizo
pensar en lo que sucedería en algún momento mañana por la noche. Él había
prometido que volvería su casa por la mañana.
"Dime tu nombre", dijo.
Se detuvo, y vio el cálculo en sus ojos de nuevo. "Amo", finalmente respondió.
Torciendo el dedo la llamo. "Ven aquí".
Ella dio un suspiro, descontenta, pero sin embargo fue. "Sí, Amo,” respondió
ella a través de los dientes apretados. Le dio unas palmaditas en el colchón, y
se sentó a su lado.
"Mi nombre no importa en este momento", le dijo. "No es para este fin de
semana. No para este juego."
La realidad se cerraba alrededor de su corazón, aplastando la esperanza que
había echado raíces ahí. Este fin de semana era, y sería un juego.
"¿Qué pasa si no quiero seguir sin saberlo?", Exigió.
Sus dedos trazaron su brazo y la piel de gallina se plantó en su carne. Señor,
¿cómo quería a este hombre, con nombre o no. No era justo para su cuerpo
hacerle esto a ella.
“Entonces, di tu palabra de seguridad," le dijo.
Las lágrimas le pinchaban los ojos, una gota salada rodó por sus mejillas. No
quería ser un juego o una escena o un juguete, y había sido una estúpida al
permitirlo en primer lugar. ¿Qué pensaba? ¿Que él se enamoraría de ella
después de un fin de semana de sexo caliente y sumisión?
Sus manos se empuñaron en su regazo.
"Sassafras".
Rob pensó que su corazón podría detenerse cuando ella lanzó su farol y
escuchó la horrible, inocua, pero oh-tan poderosa palabra salir de su boca. Él
asintió temblorosamente cuando la realidad se cerró sobre él. Quería
quedársela para siempre. Él nunca iba a encontrar otra mujer que le tocara el
fondo de su alma. Nunca iba a encontrar a alguien tan perfecta para él.
Se apoyó sobre el codo, la atrajo hacia abajo para un último beso, para
saborear su dulce boca antes de su último adiós. Sus labios se separaron en
un sollozo, y lo encontró, poniendo todo de sí misma en el acoplamiento de sus
bocas.
Sus pechos se presionaron con el de él mientras sus brazos se envolvían
apretadamente alrededor de él.
El beso terminó demasiado pronto. Él se reclino de espaldas, mirando sus
hermosos ojos azules, consumidos en la pasión que nunca volvería a ver. Tenía
la garganta apretada, casi demasiado apretada para hablar.
"Tu deseo se hizo realidad,” dijo con voz áspera. "Ser secuestrada. Tener una
seducción forzada. Espero que siempre recuerdes esto con cariño. Yo lo haré.
Siempre te voy a desear y recordaré siempre esto. Te llevaré a casa."
"¡No!" Le rogó. "Yo sólo quería... Dime quién eres. Por favor... ¡No! Por favor,”
le rogó cuando sus dedos encontraron el punto de presión en su cuello. Tenía
que ser de corazón frío. No podía dar cabida a sus súplicas. Le había dicho
cómo terminaría, y había hecho una promesa. Su honor no le permitía actuar
de manera diferente.
Había sido un idiota, y ella terminó de deslizar sus dedos.
"Te amo", le susurró antes de que su mundo se volviera negro. Luego se
dedicó a hacer lo que había que hacer para volver a su casa y mantenerla
noqueada hasta llegar allí. Más tarde, se golpearía a sí mismo por haberlo
estropeado todo aquí. Para siempre, sin ella estaba pareciendo un terrible,
largo y horrible tiempo.
Capítulo 7
Jenna se sentó estoicamente a la mesa de la cafetería, revolviendo su
edulcorante artificial en el café. En realidad, pasó largo rato disolviéndolo y
mezclándolo. Estaba profundamente absorta para que le importase. El fin de
semana la asombró. Principalmente, su estupidez y la naturaleza testaruda que
la había obligado a decir la palabra de seguridad. ¿Por qué no había
permanecido en silencio? ¿Cumpliendo con sus deseos?
Sacó la cucharilla del café y la dejó caer sobre la mesa antes de empezar a
llorar otra vez, como lo había hecho durante el domingo y la mayor parte del
día de hoy. Las lágrimas apenas habían dejado de caer desde que se había
despertado, completamente vestida y sola en su propia cama. Sola en su
apartamento. Sola, sola, sola… Era como una triste constante, un eco en la
parte posterior de su cabeza, y nunca se iba sin importar lo que hiciese.
Sin embargo, la dejaba enferma, incapaz de enfrentarse a la gente. Sólo el
conocimiento de que Mira habría llamado a la policía si no hubiese aparecido,
había arrastrado a Jenna a su reunión regular.
Casi regular. Por lo general, Jenna solo tomaba café. Levantó su tenedor y
pinchó su inusual adicción. Pastel de queso Oreo 7.
“¿Tarta de queso, Jenna? ¿En serio? ¿Es el Apocalipsis?” Mira se echó a reír.
Jenna se encogió de hombros. “Necesito ganar unas cuantas libras”
“¡Gloria, Aleluya! Ya era hora de que lo notaras. ¿Qué ha ocurrido para causar
esta revelación?”
“Nada”
“Sé que algo pasó. Desapareciste todo el fin de semana; y parece como si se
hubiese muerto tu mejor amigo… y yo estoy viva y bien. Algo pasó”
7
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“Si…” Jenna suspiró. “Conocí a un chico. Fue… intenso. Y tan improbable
como es, creo que lo quiero, también, pero dudo que le vuelva a ver” Su
corazón fue casi arrancado al decir las palabras. Ella iba a encontrarle. De
alguna manera. Él se preocupaba por ella… se lo había oído decir antes de
perder totalmente la consciencia. Al menos, creyó haberle oído decir Te amo.
“Oh, cariño” murmuró Mira. Jenna desvió la mirada, incapaz de aguantar la
simpatía en los ojos de su amiga.
“Solo fue una cita de fin de semana salvaje, supongo. Sexo discreto y un
montón de recuerdos. Nunca lo olvidaré”. Ella dio una risa acuosa mientras el
calor ruborizaba su cara. “Pero me doy cuenta de que necesito comer más y
explorar más…”
“¿Explorar cómo?”
Una muy buena pregunta. “No lo se. Tal vez echar un vistazo a ese lugar, La
Mazmorra” Tal vez alguien allí supiese algo de su amante. Mejor, tal vez lo
viese allí. Ella no podía imaginar que estaba tratando de encontrarle solo con
una descripción. Las miradas compasivas serían terribles.
“Oh… ese tipo de sexo discreto”. Dijo Mira en voz baja, con comprensión y
asombro en su voz.
“¿Has estado… allí?” Se aventuró Jenna, estudiando a su amiga y meditando
sobre esta nueva faceta.
Si Mira hubiese estado en ‘La Mazmorra”, había escondido muy bien su
secreto. Pero tal vez podría ayudarla.
Mira se movió en su silla, y agitó su café con una pequeña sonrisa que hablaba
de entrañables recuerdos. “Un par de veces. Sólo material muy ligero. No estoy
en los juegos de duros azotes que hay por allí”. Ella dio una media sonrisa. “Ni
tengo intención”. Añadió cuando su móvil sonó avisando de un mensaje de
texto. Ella suspiró. “Maldición. Hay una emergencia en la escuela. Me tengo
que ir”.
Jenna negó con la cabeza mientras veía a su amiga marcharse. Había un
montón de situaciones de emergencia en la escuela donde enseñaba
últimamente. Jenna se preguntó si no habría mucho más de lo que podía ver
en sus ojos.
Tomó otro bocado de su pastel de queso, saboreándolo y pensando sobre el fin
de semana. Un hombre que quería que comiese. Eso por si solo era sexy. Pero
todos los juegos…
Su sangre se enfrió al pensarlo una vez más. Un juego. Era solo un juego. La
forma en que él la tocó.
Se estremeció cuando un par de grandes manos cayeron sobre sus hombros.
“Coge tu bolso, ponte en pie y dirígete a la puerta de tu coche. No me mires”
dijo una voz familiar en su oído.
Una de las manos la soltó, y ella se tomó otro bocado, fingiendo desinterés. Él
no se iba a ir de allí sin ella, pero maldita sea, ella había estado llorando
durante dos días seguidos. Como castigo podría irse, pero era insostenible.
Además, necesitaba saber que esto era importante también para él.
“Jenna” dijo, su voz mezclada con una advertencia. “Por mucho que me alegre
de que por fin estés comiendo…”
“Me abandonaste”.
Su aliento le rozó la oreja cuando se inclinó. “Dijiste la palabra segura. Te
prometí que te llevaría a casa si la decías. Aunque no quisiese, tenía que
mantener mi palabra”.
“Eso no era lo que yo quería…”
“Entonces haz lo que te he dicho”.
Ella cerró los ojos por un momento, y regresó con una sonrisa. Lentamente,
dejó el tenedor, cogió sus cosas y se levantó. La mano no la dejó mientras
caminaban, y de alguna manera eso la tranquilizaba.
Su coche estaba en una de los aparcamientos más alejados. Miró sus reflejos
en la ventanilla, pero todo lo que vio de él fue un sombrero. Frustrada, abrió la
puerta del pasajero. Así que ella no podía verlo y aun no sabía su nombre. Solo
estar cerca de él tenía que ser suficiente de momento. Conocía las cosas
realmente importantes. Amaba a su familia, fue fiel a su palabra, se preocupaba
por ella y estaba atento a sus necesidades. Supo como dominar y cubrir sus
propias necesidades… con ella. Le gustaba dar nalgadas y azotes, pero no era
un sádico insensible. Quería su seguridad y confianza. Quería que ella le
desease por sí mismo.
Ella podía darle eso.
Él le puso las manos sobre el marco de la puerta mientras le besaba el cuello.
“Te he echado de menos, amor”
Ella tembló cuando él encontró el punto especial que enviaba fuego corriendo a
través de ella. “Tenía miedo de no volver a verte”.
“¿Quieres verme? ¿Sin la máscara? ¿O es el atractivo del captor anónimo lo
que quieres? Quieres que me aleje para siempre y te deje…
“¿Y qué me dices de ti?” Le interrumpió. “¿Es todo un juego para ti? ¿Una gran
escena?”
Un brazo apretó alrededor de su cintura, y él presionó la cara detrás de su
cabeza. Por primera vez, le sintió temblar por su reacción.
“No, Dios, no” dijo con voz áspera. “Quiero mucho más que juegos sexuales.
Si, espero tu sumisión, pero no, no es un juego para mí. Es mi vida. La vida
que quiero contigo”.
“¿Quieres hacerte cargo de mi vida?” Preguntó ella sin saber si podría vivir ese
estilo de vida veinticuatro horas al día.
“No, quiero que seas la mujer fuerte que eres y sumisa cuando tengamos sexo,
dentro y fuera del dormitorio. Por supuesto, tengo tendencia a ser dominante
también el resto del tiempo”.
“Pelearemos”, concluyó ella.
“Probablemente. Pero haremos las paces. Y te azotaré”.
Su coño se humedeció con cada palabra dominante gruñida que él expresó.
Ella gimió, mientras en la privacidad de su posición contra el Tracker, él deslizó
su mano dentro de ella frotando sus bragas. Su cabeza cayó hacia atrás contra
él, con los ojos cerrados mientras la acariciaba. Los dedos trabajaron su clítoris
hasta que sus piernas se estremecieron con su inminente liberación.
“Sí, quiero verte” suspiró ella. Quería sentir sus manos sobre ella siempre.
“Quiero reconocerte cuando te vea cruzar la calle, caminando por la acera
hacia mí, azotándome… follándome”:
Dos gruesos dedos se metieron dentro de ella, su áspero pulgar sobre su
centro.
“¡Oh, Dios!” se ahogó, mientras mordía su labio para no gritar su liberación.
“No, ¡Oh, Rob!” murmuró él. “Señor, nena, me encanta como te deshaces entre
mis brazos”.
“A mí también” admitió. No había nada como su grande y musculoso cuerpo
abrazándola mientras se derretía.
“Te voy a vendar los ojos. ¿Confías en mi lo suficiente para dar un paseo?”
“Si” No había duda. Ella confiaba en él con su cuerpo; confiaba en él con su
vida. Definitivamente confiaba en él con su corazón. Él ya lo tenía.
Ella se detuvo cuando le puso la tela sobre los ojos, luego permitió que la
ayudara a meterse en el vehículo y sujetar el cinturón de seguridad.
“¿Tus llaves?” Preguntó cuando se puso tras el volante. “¿Puedo sacarlas de tu
bolso?”
“Deberían estar en el bolsillo delantero”. Casi se echó a reír. Él no había
preguntado si podía meter las manos en sus pantalones pero si le preguntaba
si podía meterlas en su bolso. La dicotomía era algo a lo que probablemente
tendría que acostumbrarse. Él era una mezcla extraña de exigencia y cortesía.
Tuvo que sonreír por ello. Cada parte de él la aceleraba, y no lo cambiaría.
“Tu nombre es Rob” dijo ella, finalmente dándose cuenta de que él se lo había
dicho, mientras se iban.
“Rob Colvin. Soy el dueño de ‘La Mazmorra’
“Oh, wow…” No le extrañaba que supiese tanto sobre ese estilo de vida.
“¿Estás cambiando de idea?”
“No” Absolutamente no. ¿Cómo te enteraste de mi fantasía?”.
“Hago mis libros de contabilidad en la cafetería, los lunes y jueves a la tarde.
Cerca de las cinco y media”. Hizo una pausa dejando que su revelación
profundizase. “Me siento junto a la pared del fondo…”
“Con camisa blanca abotonada y gorra de béisbol roja” interrumpió ella.
“Bingo”
“Soy una idiota. Debería haberme dado cuenta”
Él la acarició por encima del muslo, luego atrapó sus dedos y se los apretó.
“Pensaste que no podía escuchar por los auriculares. Apago la música, pero los
llevo para evitar que la gente hable conmigo mientras trabajo. ¿Tienes alguna
idea de lo feliz que fui al saber que podía cumplir tu fantasía?”
Se sintió complacida por que él la escuchara a pesar de la vergüenza de saber
que lo había sido escuchada.
“¿A dónde vamos?” preguntó.
“A la casa del lago. A unos cuarenta y cinco minutos de distancia”
“¿Y no puedo ver el camino?”
“No esta vez. Tengo planes”.
Su vientre revoloteó. Planes. Le encantaban los planes de Rob. Hasta ahora, le
habían gustado mucho. “¿Vas a menudo?” preguntó. “¿Al lago?”
“Cada noche” rió entre dientes. “Es donde vivo. Es donde me gustaría que
vivamos, pero podemos hablar de esto en unos meses”
Nosotros… El aleteo en su centro creció hasta ser un aluvión, y su respiración
aumentó mientras la excitación la recorría.
“¿Demasiado rápido?” preguntó él.
Ella negó con la cabeza. A ciegas, alcanzó una de sus manos y la atrapó,
llevándola a su muslo y manteniéndola ahí por el resto del viaje. Pronto, él
redujo la velocidad y luego ella sintió que los llevaba por un camino rural.
Minutos más tarde, sobre grava. Los árboles sombreaban el vehículo y ella
supo que estaban acercando. Su coño se contrajo de anticipación cuando oyó
abrirse la puerta del garaje. Rob los metió dentro del recinto. Ella nunca oyó
que la puerta se cerrase.
“Esclava” dijo él, indicando el comienzo de la escena mientras apagaba el
Tracker.
“¿Si, Amo?”
“Quiero que te bajes, permanezcas junto al coche y luego te desnudes.
Colócalas en el asiento y espérame. No te saques la venda”
Ella asintió con la cabeza.
“Si, Amo” añadió en el último momento mientras se bajaba. Se quitó la ropa en
unos momentos, después sintió sus manos sobre los brazos. Una cuerda
gruesa envolvió sus muñecas, manteniéndolas juntas en su espalda, luego la
levantó sobre el hombro.
Ella esperaba que la llevase a la casa, pero en cambio, una brisa fresca rozó
su cuerpo cuando la llevó fuera. ¡Desnuda!
Bueno, no había nadie alrededor. ¿Qué importaba?
Su corazón latía alegremente en el pecho mientras se anticipaba a lo que él
haría después.
La dejó sobre sus pies. Un momento después, ella se inclinó con el torso sobre
sus extendidas piernas. Ella sospechaba que él estaba sentado en una gran
piedra a la orilla del lago. Rápidamente, escondió su sonrisa contra su muslo.
Cuando había visto por primera vez la roca, imaginó exactamente esa pose…
ella sobre sus rodillas, él administrándole su castigo.
Él frotó su trasero mientras chasqueaba la lengua. “Tantas cosas…”
“Lo siento, Amo” murmuró ella, imaginando que era la respuesta adecuada. Si,
si, aprisa, no parecía muy apropiado.
“Demasiado tarde para eso” él suspiró como si se lo pensase, pero los dos
sabían que esto era exactamente lo que querían. “Usar la palabra de seguridad
para manipularme. Negar a tu Amo el placer de tu presencia. Desobedecer mi
orden en la cafetería…”
“Lo hice” argumentó.
“Ser una bocazas” él chasqueó la lengua nuevamente. “¿Qué puede hacer un
Amo?”
“Tienes razón, debo ser castigada” Reconoció ella.
“Ansiosa, ¿no?” Él se rió, deslizando sus los dedos por los pliegues de su culo.
“Dios, me encanta que adores esto”
“Si” gimió ella mientras sus dedos empujaban más profundo provocándola.
“Quiero oír tus gritos haciendo eco en el agua” le dijo dándole a su clítoris un
ligero pellizco.
Ella gimió y se retorció en su regazo.
Su brazo la rodeaba. “Quédate quieta. No quiero que acabes arañada, amor”
Sujetándola en su lugar, bajó la mano a su trasero, y su grito de sorpresa hizo
eco en el lago, tal y como él quería.
“Por la manipulación” gruñó mientras la mano golpeaba varias veces su culo. El
fuego la atravesó en cascada, construyendo y construyendo bajo la relación de
su mano en ella. “Por la negativa y por ser una bocazas” continuó.
“Amo” exclamó ella, su voz llegaba en olas tranquilas. “Por favor. Lo siento”.
Pero ella no lo hacía realmente. El fuego era como lava que fluía en su coño y
su clítoris palpitaba necesitando calor. Su excitación hacía estragos a la vez
que los azotes continuaban, y crecía firmemente.
“Y especialmente por negarme”. Dijo ásperamente, su voz como un estruendo
severo. Su mano cayó duramente en su culo varias veces más y luego se
detuvo. En silencio, la dejó sobre sus pies, de espaldas a él. Ella sabía que le
estaba mirando fijamente el trasero castigado. Enderezando los hombros se
quedó ante él, su cabeza inclinada, y sus pies separados, en lo que sabía era
una posición de esclavo. Distraídamente, se preguntó si se vería la marca de
su mano en su trasero. Su culo ardía, pero le había dado un placer que no
podía describir o explicar a alguien que no hubiese experimentado lo mismo.
“¿Te comportarás ahora?” le preguntó después de varios minutos.
Probablemente no. “Si, Amo”.
“Gírate y arrodíllate ante mi”
Era torpe con las manos atadas detrás de ella, pero se las arregló para ponerse
en la posición que él quería. Todo lo que quería era agradarle. En este
momento, de todos modos. Ya que probablemente le irritaría mucho en el
futuro, ya que a ella le gustaban las cosas a su manera, pero eso era normal
entre dos personas que comparten el mismo espacio… y ella tenía la intención
de estar en su espacio personal a menudo.
Rob le sacó la venda. Ella parpadeó hacia él, observando sus rasgos
esculpidos, su cabello desordenado, sus ojos verdes… Gracias a Dios,
finalmente le estaba dejando ver su rostro, su hermoso rostro. Ella no quería
ver aquella máscara otra vez.
Él buscó dentro de su bolsillo para a continuación sacar algo, luego se inclinó
hacia adelante, sus codos sobre las rodillas. Lo que fuese que sacó del bolsillo
permaneció en su puño cerrado. Y lo que fuera, sabía que era importante para
su futuro. Su corazón tronó. No se atrevía a adivinar lo que era. No quería
decepcionarse. Sin embargo, su corazón especulaba, y ella encerró las
insistentes esperanzas sobre si podría ser un collar para ella. Sus labios se
apretaron mientras luchaba contra las emociones que se amotinaban en su
interior.
¿No era demasiado pronto? Pero él había dicho que quería que vivieran juntos
dentro de unos meses…
“JennaMarks” comenzó él, interrumpiendo sus pensamientos confusos.
“¿Quieres pertenecerme y permitirme ser tu Amo?”
Rápidamente ella sintió con la cabeza. Oh, Dios… ¡había tenido razón! No iba
a estropear este momento, no como el fiasco del nombre.
“¿Harás lo mejor para llegar a conocerme durante los próximos meses y
someterte a mi?”
“Si”
Su mano se abrió, y los extremos de una ancha cadena de serpentina de oro
cayó por ambos lados de su palma. Una piedra de corte cuadrado, casi del
mismo tono que sus ojos, estaba colocada en el centro de la cadena, con un
grueso lazo de oro drapeado bajo ella. Dos lazos más colgados a los lados de
la piedra, a unas dos pulgadas de distancia.
El aliento de Jenna se atragantó con la vista. Su marca para ella.
“¿Llevarás mi collar?” preguntó. “¿Como símbolo de mi posesión?”
Ella se arrodilló para quedar más cerca de él y deseó tener las manos libres
para levantarse el pelo y permitirle ponérselo inmediatamente. “Si, Amo.
Quiero. Te quiero”
“Gracias, Jenna” susurró “Por confiar y entregarte a mi”
Mientras le puso el collar, el peso en su cuello se instaló en su alma. Bien. Muy
bien. Y el sonido del cierre al hacer clic en su lugar, sonó como estar en casa. Y
para siempre.
Rob la atrajo a su abrazo. Llegando a su espalda, aflojó la cuerda y esta cayó
desatendida en el suelo entre sus pantorrillas. Jenna envolvió sus brazos
alrededor de él.
“Te he echado de menos” dijo ella.
“Yo también te he echado de menos, amor” respondió. Ninguno de los dos
reconoció que solo habían sido menos de dos días. Solo sabían que no querían
estar separados de nuevo.
“Deberías secuestrarme con más frecuencia” se rió ella. “¿Con esta son dos,
no?”
“Solo deseas mi perversión”
Ella sonrió. “Oh, quiero más que eso”
“¿Si?”
“Oh si, tu pastel de queso es brillante”
“¡Mocosa!” exclamó él, echándosela sobre el hombro y caminando hacia la
casa. Las puertas se cerraron detrás de ellos mientras avanzaban, luego la tiró
sobre la cama. Se arrastró sobre ella atrapándola entre sus extremidades. “Te
secuestraré y azotaré cada día si es lo que se necesita para tenerte”
Se necesitaría mucho menos que eso, y ambos lo sabían. Se había forjado
entre ellos una conexión en los últimos días, una conexión que no se rompería
fácilmente.
Jenna miró en sus ojos, jugueteando. “Mientras podamos estar juntos, no
necesito nada más. Sólo te necesito a ti”
Él asintió con la cabeza, con comprensión en sus ojos. “Y yo solo te quiero a ti”.
Ella tocó su collar que esperaba no quitarse nunca. “Me tienes. Mi captor. Mi
Amo”. Suspiró dramáticamente. “Si solo alguien me follase…”
Él gruñó y la besó en el cuello, capturando sus manos sobre su cabeza
mientras se acomodaba entre sus piernas. Su culo se frotó contra la manta
mientras él se movía, y sonrió, recordando su perfecto dominio.
“Te quiero, Rob”. Susurró.
“Oh, amor” Él la besó con avidez y ella tuvo la sensación de que nunca tendría
que dejar ir una fantasía sin cumplirse de nuevo.
FIN
Serie Taboo Wishes
01-. Castigada
La formal Natalia Cooper vive la vida de un modo
correcto, nunca hace nada demasiado peligroso.
Aunque, ella lo querría. Una noche, años atrás, su
novio le dio algunas palmadas en el trasero, todo
parte de un juego sexual, y a ella le gustó. Quería
mucho más.
Pero, ellos se habían separado, y ella no había
sido golpeada desde entonces. Cuando ella se entera de un club en el que
puede se obtener exactamente lo que se desea, anónimamente, está lista para
soportarlo, difícilmente consigue resistirse.
Para Ethan Tavish, "La Mazorra" ha servido como un lugar para ejercer el
Dominio, sin asumir compromisos duraderos. No puede creer lo que ven sus
ojos cuando entra en el área de juegos, y ve a su secretaria Natalia, inclinada
sobre la mesa de golpes vestida con un uniforme de colegiala. Ellos están
enmascarados, pero él la reconocería en cualquier lugar. En un instante
formula un plan para dar a ambos lo que tanto desean... Tal vez mucho más.
02-. Secuestrar y Pervertir
Cuidado con lo que deseas...
Jenna Marks tiene una fantasía secreta, ser
secuestrada, amarrada y seducida. Cuando
confiesa su secreto a su mejor amiga en un
desafío, nunca se imagina que se haría
realidad.
Rob Colvin, el dueño de "La Mazmorra" le
había echado el ojo a Jenna hacía meses, pero no creía que Jenna estuviera
vinculada a las calientes cosas que hacía. Cuando él escuchó su secreto, supo
que sería el único en realizar su fantasía, un fin de semana de su sumisión a él,
su amante misterioso y magistral
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Excomulgadas donde Puedes
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