Giraffa camelopardalis
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Jirafa
Estado de conservación
Vulnerable (UICN 3.1)[1]
Taxonomía
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Artiodactyla
Familia: Giraffidae
Género: Giraffa
Especie: G. camelopardalis
Linnaeus, 1758
Distribución
Distribución de la jirafa, dividida por subespecies.
Subespecies
Véase texto
[editar datos en Wikidata]
La jirafa (Giraffa camelopardalis) es una especie de mamífero artiodáctilo, de la familia Giraffidae propio
de África. Es la más alta de todas las especies de animales terrestres existentes, ya que puede alcanzar una
altura máxima de 5,7 m y un peso que varía entre 750 y 1600 kg.[2]
Están adaptadas de forma única para alcanzar una vegetación inaccesible para otros herbívoros. Sus vasos
sanguíneos inusualmente elásticos y las válvulas especialmente adaptadas ayudan a compensar la
acumulación repentina de sangre (para evitar desmayos) cuando las cabezas de las jirafas se levantan, bajan o
se balancean rápidamente.
Su área de distribución es dispersa y se extiende desde Chad en África Central, hasta Sudáfrica en el sur, y
desde Níger en el oeste hasta Somalia en el este. Por lo general habita en sabanas, pastizales y bosques abiertos.
Se alimenta principalmente de las hojas de la acacia, que ramonea en alturas inaccesibles para la mayoría de los
demás herbívoros. Las jirafas adultas son depredadas por leones, y las crías recién nacidas de las jirafas también
por leopardos, hienas manchadas y perros salvajes. Las jirafas adultas no tienen fuertes vínculos sociales,
aunque se agrupan en manadas abiertas y sueltas sin llegar a estar moviéndose en la misma dirección general.
Los machos establecen una jerarquía social, mediante duelos conocidos como «necking», un combate en el cual
utilizan el cuello y la cabeza como arma. Solo los machos dominantes pueden acoplarse con las hembras; solo
las hembras se dedican a la cría de los terneros.
Julio César introdujo la primera jirafa en Europa traída de sus campañas en Asia Menor y Egipto, donde conoció
a Cleopatra. Sin tener claro qué animal era, los romanos la bautizaron cameleopardo, un cruce
entre camello y leopardo, convirtiéndose en el nombre científico que se utiliza hasta hoy.
Por su apariencia peculiar, la jirafa fue una fuente de fascinación en diversas culturas, tanto antiguas como
modernas, y apareció con frecuencia en pinturas, libros y dibujos animados. En 2016, la UICN pasó de
clasificarla como una especie bajo preocupación menor a clasificarla como una especie vulnerable, al
observarse una disminución de la población de hasta el 40 % en el período 1985-2015.[3][4] Sin embargo, todavía
existe un gran número de jirafas en los parques nacionales y reservas de caza.
Etimología
La palabra «jirafa» llega al español del italiano giraffa,[5] al cuál llegó del árabe zarafa ()زرافة, que la tomó del siriaco
zārīp
̄ ā, a su vez del persa zurnāpā y este posiblemente de alguna lengua africana.[6] El nombre se traduce como
«caminante rápido».[7] Otra etimología propone que la palabra árabe se derivó posiblemente de geri, el
nombre somalí del animal.[8] La forma italiana, giraffa, surgió en la década de 1590.[6] Hubo varias grafías
diferentes en inglés medio, como jarraf, ziraph, y gerfauntz.[6] La forma del inglés moderno, giraffe,[9] se desarrolló
en torno a 1600 a partir del francés girafe.[6]
Por otro lado, el nombre camelopardo y el nombre específico de la especie, camelopardalis, vienen
del latín[10][11] camelopardalis que proviene del griego καμηλοπάρδαλη camelopardale. El latín camelopardalis,
significa «camello leopardo».
Otros nombres africanos para la jirafa
incluyen Kameelperd (afrikáans),[12] ekorii (Ateso), kanyiet (elgon), nduida (gikuyu), tiga (kalenjin y luo), ndwiya (ka
mba), nudululu (kihehe), ntegha (kinyaturu), ondere (lugbara), etiika (luhya), kuri (ma'di), oloodo-
kirragata o olchangito-oodo (masái), lenywa (meru), hori (pare), lment (samburu) y twiga (suajili y otros) en el
este;[13]: 313 y tutwa (lozi), nthutlwa (shangaan), indlulamitsi (siswati), thutlwa (sesoto), thuda (venda)
y ndlulamithi (zulú) en el sur.[12]
Taxonomía y evolución
Esqueleto montado de Shansitherium del Museo de Historia Natural de
Pekín.
La jirafa pertenece al suborden Ruminantia, y muchos Ruminantia fueron descritos desde mediados
del Eoceno en Asia Central, el Sudeste de Asia y América del Norte. Las condiciones ecológicas durante este
período pueden haber facilitado su rápida dispersión.[14] Junto con el okapi, la jirafa es una de las dos especies
existentes de la familia Giraffidae. Anteriormente la familia fue mucho más amplia, ya que cuenta con más de
diez géneros fósiles descritos. Sus parientes más cercanos conocidos son los climacocerátidos, ahora extintos.
Estos, junto con la familia Antilocapridae (cuya única especie existente es el berrendo), pertenecen a
la superfamilia Giraffoidea. Estos animales evolucionaron durante el Mioceno a partir de la familia
extinta Palaeomerycidae en el centro-sur de Europa, hace ocho millones de años.[14]
Aunque algunos jiráfidos antiguos, como Sivatherium, tenían cuerpos masivos y compactos, otros,
como Giraffokeryx, Palaeotragus —el posible ancestro del okapi—, Samotherium y Bohlinia eran más
alargados.[14] Bohlinia penetró en China y el norte de la India en respuesta al cambio climático. A partir de ahí
evolucionó el género Giraffa, que entró en África hace aproximadamente siete millones de años. Otros cambios
climáticos causaron la extinción de las jirafas de Asia, mientras que las jirafas de África sobrevivieron,
desarrollándose en varias nuevas especies. G. camelopardalis surgió hace aproximadamente un Ma en África
oriental durante el Pleistoceno.[14] Algunos biólogos sugieren que la jirafa moderna desciende de G.
jumae;[15] otros mantienen que G. gracilis es un candidato más probable.[14] Se cree que el principal motor de la
evolución de las jirafas fue la transformación de extensos bosques a hábitats más abiertos, un proceso que
comenzó hace ocho Ma.[14] Algunos investigadores plantearon la hipótesis de que el nuevo hábitat conllevó una
dieta diferente, incluyendo las hojas de Acacia, lo que puede haber expuesto los antepasados de la jirafa a
toxinas que causaron altas tasas de mutación y una mayor velocidad de evolución.[16]
La jirafa fue descrita por primera vez en 1758 por Carlos Linneo, quien le dio el nombre
binomial Cervus camelopardalis. Morten Thrane Brünnich clasificó el género Giraffa en 1772.[17] En
el siglo XIX, Jean-Baptiste Lamarck sugirió que el largo cuello de la jirafa es una «característica adquirida»,
desarrollada cuando generaciones de jirafas ancestrales se esforzaron por alcanzar las hojas de árboles
altos.[18] Esta teoría fue finalmente rechazada, y los científicos creen ahora que el cuello de la jirafa se alargó por
la selección natural darwiniana, es decir que jirafas ancestrales con cuellos largos tenían una ventaja
competitiva que les permitió reproducirse mejor y transmitir sus genes con mayor éxito.[18]
Subespecies
«Rangos geográficos aproximados, patrones del pelaje,
y vínculos filogenéticos entre algunas subespecies de la jirafa a partir de secuencias de ADN mitocondrial. Los
puntos coloridos en el mapa representan localidades de muestreo. El árbol filogenético es
un filograma de máxima verosimilitud sobre la base de muestras de 266 jirafas. Los asteriscos a lo largo de las
ramas corresponden a valores de nodos con un soporte bootstrap de más de 90%. Las estrellas en la punta de
las ramas identifican haplotipos parafiléticos encontrados en las jirafas masái (G. c. tippelskirchi) y reticulada (G.
c. reticulata)».[19]
Hasta 2016 reconocían hasta nueve subespecies. Un análisis del ADN nuclear y mitocondrial mostró
"claramente" que las jirafas no pertenecen a una sola especie, sino a cuatro especies diferentes.[20] Las especies
y sus subespecies, considerando el más reciente estudio genético,[20] serían las siguientes (con estimaciones de
población que datan de 2010):
• Giraffa camelopardalis
• La jirafa nubiana, G. c. camelopardalis,[21] es la subespecie nominal que se encuentra en el oriente
de Sudán del Sur y el suroeste de Etiopía. Se cree que menos del 250 ejemplares viven en estado
salvaje, aunque este número es incierto.[22] Es raro en cautiverio, aunque existe un grupo en
el zoológico de Al Ain en Emiratos Árabes Unidos.[23] En 2003, este grupo contaba 14 miembros.[24]
• La jirafa de Kordofán, G. c. antiquorum,[21] tiene una distribución que incluye el sur de Chad, el norte
de Camerún, República Centroafricana, y el noreste de la República Democrática del Congo.
Anteriormente, las poblaciones de Camerún se incluían en G. c. peralta, pero esto fue
incorrecto.[25] Se estima que esta subespecie tiene una población de menos de 3000 en estado
salvaje.[22] Existió una confusión considerable entre ésta subespecie y G. c. peralta respecto al
número en cautiverio en los parques zoológicos. En el año 2007, se comprobó que todos los
presuntos G. c. peralta en los zoológicos europeos, eran en realidad G. c. antiquorum.[25] Tomando
en cuenta esta corrección, cerca de 65 son mantenidos en zoológicos.[26]
• La jirafa de África Occidental, G. c. peralta,[21] también conocida como jirafa de Níger o jirafa
de Nigeria,[27] es endémica del suroeste de Níger.[1] Menos de 220 ejemplares permanecen en
estado salvaje.[22] Anteriormente se creía que las jirafas del norte de Camerún pertenecían a esta
subespecie, pero se comprobó que en realidad pertenecen a G. c. antiquorum.[25] Este error dio
lugar a alguna confusión sobre su estatus en los zoológicos, pero en 2007, se estableció que todos
los «G. c. Peralta» en los zoológicos europeos son en realidad G. c. antiquorum.[25]
• La jirafa de Rothschild, G. c. rothschildi[21] que lleva el nombre de Walter Rothschild,[21] se conoce
también como jirafa de Baringo o jirafa de Uganda y su área de distribución incluye partes
de Uganda y Kenia.[1] Su presencia en el sur de Sudán es incierta.[28] Se estima que menos de 700
permanecen en estado salvaje,[22] y más de 450 se encuentran en cautiverio en zoológicos.[26]
• Giraffa reticulata
• La jirafa reticulada, G. r. reticulata,[20] también conocida como la jirafa Somalia, es originaria del
noreste de Kenia, sur de Etiopía, y Somalia. Se estima que quedan menos de 5000 en estado
salvaje,[22] y según los registros del Sistema Internacional de Información sobre Especies, más de
450 se encuentran en zoológicos.[26]
• Giraffa tippelskirchi
• La jirafa Masái, G. t. tippelskirchi,[20] también conocido como la jirafa del Kilimanjaro, habita en el
centro y sur de Kenia y Tanzania. Se estima que menos de 40 000 permanecen en estado
salvaje,[22] y cerca de 100 son mantenidos en zoológicos.[26]
• La jirafa de Zambia, G. t. thornicrofti,[20] también conocida como jirafa de Thornicroft así nombrado
en honor de Harry Scott Thornicroft,[21] se limita al valle de Luangwa en el este de Zambia. Se estima
que menos de 1500 permanecen en estado salvaje,[22] y ninguno en los parques zoológicos.[26]
• Giraffa giraffa
• La jirafa de Sudáfrica, G. g. giraffa,[20] se encuentra en el norte de Sudáfrica, el sur de Botsuana, el
sur de Zimbabue, y el suroeste de Mozambique. Se estima que menos de 12 000 permanecen en
estado salvaje,[22] y alrededor de 45 se mantienen en zoológicos.[26]
• La jirafa de Angola o jirafa de Namibia, G. g. angolensis,[20] se encuentra en el norte de Namibia, al
suroeste de Zambia, Botsuana, y el oeste de Zimbabue. Un estudio genético de 2009 de esta
subespecie indica que las poblaciones en el norte del desierto de Namib y Parque nacional
Etosha constituyen una subespecie distinta.[29] Se estima que menos de 20 000 ejemplares
permanecen en estado salvaje;[22] y alrededor de 20 se encuentran en los zoológicos.[26]
La jirafa de África occidental es considerada en peligro de extinción.
Las subespecies de la jirafa se distinguen por los patrones de su pelaje. La jirafa reticulada y la jirafa Masái
representan dos extremos por la forma de las manchas de su pelaje. La primera tiene manchas con formas
redondeadas, mientras que la segunda las tiene dentadas.[30] La anchura de las líneas que separan las manchas
difieren también. La jirafa de África Occidental tiene líneas gruesas, mientras que la jirafa reticulada y la nubiana
tienen líneas más delgadas.[13]: 321–22 La jirafa de África Occidental también tiene un pelaje más claro que las
demás subespecies.[13]: 322
Un estudio de 2007 sobre la genética de seis subespecies —las jirafas de África Occidental, Rothschild,
reticulada, Masái, Angola y Sudáfrica— ya sugería que pueden tratarse de especies distintas en vez de
subespecies. Basándose en la deriva genética en la ADN mitocondrial (ADNmt) y nuclear, el estudio deduce que
las jirafas de estas poblaciones se encuentran en aislamiento reproductivo y no suelen entrecruzarse, a pesar de
que no existen obstáculos naturales de acceso entre las poblaciones.[19] Esto incluye las poblaciones adyacentes
de las jirafas Rothschild, reticulada y Masái. La jirafa Masái también puede componerse de algunas especies
separadas por el Gran Valle del Rift. Las jirafas reticulada y Masái tienen la mayor diversidad de ADN
mitocondrial, lo que es coherente con el hecho de que las jirafas se originaron en África oriental. Las poblaciones
más septentrionales evolucionaron a partir de la primera, mientras que las poblaciones meridionales
evolucionaron a partir de esta última. Las jirafas parecen elegir parejas con el mismo tipo de pelaje, el cual se
define cuando son terneros.[19] Las implicaciones de estos hallazgos para la conservación de las jirafas fueron
resumidas por David Brown, el autor principal del estudio, quien afirmó a la BBC que «Agrupar todas las jirafas en
una especie, oculta la realidad de que algunos tipos de jirafa están al borde [de la extinción]. Algunas de estas
poblaciones sólo cuentan unos cientos de animales y necesitan protección inmediata».[31]
Según ese estudio la jirafa de África Occidental está más estrechamente relacionada con las jirafas de Rothchild
y reticulada que a la jirafa de Kordofán. Sus ancestros pueden haber migrado desde el este hacia el norte de
África y luego hacia su actual rango debido al desarrollo del desierto del Sahara. Durante el Holoceno, el lago
Chad, en su estado más extenso, puede haber actuado como una barrera natural entre las jirafas de Kordofán y
las de África Occidental.[25]
Anatomía y morfología
Véase también: Commons:Category:Giraffa camelopardalis anatomy
La cabeza de una jirafa en el parque nacional del Lago Mburo, Uganda.
Esqueleto de la jirafa en exhibición en el Museo de Osteología, Oklahoma
City, Oklahoma.
Las jirafas adultas pueden alcanzar una altura de 5 m, midiendo la más alta registrada 5,70 m; los machos
adultos son más grandes que las hembras.[17] El macho adulto tiene un peso promedio de 1192 kg, y la hembra un
promedio de 828 kg.[32] A pesar de su largo cuello y largas patas, el cuerpo es relativamente corto.[33]: 66 Los ojos,
situados en ambos lados de la cabeza, son grandes y saltones y le dan una buena visión integral desde su gran
altura.[34]: 25 Puede distinguir colores[34]: 26 y sus sentidos del oído y olor también son agudos.[18] Para protegerse
contra las tormentas de arena y las hormigas, puede cerrar sus orificios nasales musculares .[34]: 27 Tiene una
lengua prensil que mide unos 50 cm de largo. Es de color púrpura-negro, posiblemente para protegerla contra las
quemaduras solares, y se utiliza para agarrar el follaje, así como para el aseo y la limpieza de la nariz del
animal.[34]: 27 El labio superior también es prensil y se utiliza durante la recolección de follaje. Los labios, la lengua
y el interior de la boca son cubiertos de papilas que dan protección contra las espinas.[17]
(video) Un par de jirafas en el Zoológico de Tobu en Saitama, Japón.
El pelaje tiene parches o manchas oscuras —que pueden ser de color naranja, castaño, marrón o casi negro[18]—
separados por pelo claro, generalmente de color blanco o crema.[18] Los machos se vuelven más oscuros a
medida que envejecen.[30] El patrón del pelaje sirve como camuflaje, ya que se integre con los patrones de luz y
sombra de los bosques de sabana.[14][21] La piel debajo de las manchas oscuras son sitios para sistemas
complejos de vasos sanguíneos y grandes glándulas sudoríparas, y pueden servir como ventanas para
la termorregulación.[35] La piel de una jirafa es mayormente gris.[32] También es gruesa y permite desplazarse por
bosques de arbustos espinosos sin lastimarse.[34]: 34 El pelaje puede servir como una defensa química, dado que
los repelentes de parásitos que contiene dan al animal un olor característico. El pelaje contiene por lo menos
11 productos químicos aromáticos, aunque indol y 3-metilindol son responsables de la mayor parte del olor.
Como las machos tienen un olor más fuerte que las hembras, es posible que el olor también tenga una función
sexual.[36] A lo largo del cuello tiene una melena de pelos cortos y erectos.[17] La cola mide un metro y termina en
un largo mechón de pelo oscuro que sirve como defensa contra los insectos.[34]: 36
Cráneo y osiconos
Ambos sexos tienen osiconos, estructuras prominentes que se parecen a cuernos; se forman a partir
de cartílago osificado, y son cubiertos de piel y fusionados con el cráneo en los huesos parietales.[30] Como
están vascularizados, los osiconos pueden tener algún papel en la termorregulación,[35] y también se utilizan en
los duelos entre los machos.[37] La apariencia de los osiconos permite distinguir el sexo o la edad de una jirafa: los
osiconos de las hembras y los jóvenes son delgados y tienen un pequeño penacho de pelo en la parte superior,
mientras que los osiconos de los machos adultos terminan en perillas y tienden a ser calvos en la parte
superior.[30] Una protuberancia mediana, más acentuada en los machos, emerge de la parte delantera
del cráneo.[17] Los machos desarrollan depósitos de calcio que forman protuberancias en el cráneo a medida que
envejecen.[18] Cuenta con múltiples senos craneales lo que resulta en un cráneo más ligero.[33]: 70 Sin embargo, los
cráneos de los machos se vuelven más pesados y más parecido a un palo de golf cuando envejecen, lo que les
ayuda a ser más dominantes en el combate.[30] La mandíbula superior tiene un paladar ranurado y carece de
dientes frontales.[34]: 26 Los molares tienen una superficie rugosa.[34]: 27
Patas, locomoción y postura
Metacarpianos de una jirafa del osario del Zoológico de Buenos
Aires comparados con pies humanos.
Las patas delanteras y traseras de una jirafa tienen aproximadamente la misma longitud. El radio y cúbito de las
patas delanteras están articulados por el carpo que funciona como una rodilla, aunque es estructuralmente
equivalente a la muñeca humana.[38] El pie tiene un diámetro de 30 cm, y el casco es 15 cm de alto en los machos
y 10 cm en las hembras.[34]: 36 La parte trasera de los cascos es baja y el espolón se encuentra cerca del suelo, lo
que permite que el pie soporte el peso del animal.[17] Carece de glándulas interdigitales. La pelvis, aunque es
relativamente corta, tiene un ilion extendido en los extremos superiores.[17]
Solo tiene dos andaduras: caminar y galopar. Caminar se hace moviendo las patas simultáneamente en un lado
del cuerpo, y a continuación hacer lo mismo en el otro lado.[30] Al galope, las patas traseras se mueven alrededor
de las patas delanteras antes de que los últimos se mueven adelante,[18] y mantiene la cola
acurrucada.[30] Mientras está galopando, depende de los movimientos hacia delante y hacia atrás de la cabeza y
del cuello para mantener el equilibrio y contrarrestar el impulso.[13]: 327–29 Puede alcanzar una velocidad máxima de
hasta 60 km/h sobre distancias cortas,[39] y puede sostener una velocidad de 50 km/h sobre una distancia de
varios kilómetros.[40]
Descansa acostándose con su cuerpo sobre la parte superior de sus patas dobladas.[13]: 329 Para acostarse, se
arrodilla sobre sus patas delanteras y luego baja el resto de su cuerpo. Para ponerse de pie, se pone primero de
rodillas y extiende sus patas traseras para elevar sus cuartos traseros. Finalmente endereza sus patas delanteras.
A cada paso, balancea su cabeza.[34]: 31 En cautiverio duerme intermitentemente alrededor de 4,6 horas por día,
principalmente por la noche.[41] Por lo general duerme acostado, aunque se registraron casos en que duerme de
pie, particularmente entre jirafas de edad avanzada. Cuando acostado, tiene breves fases intermitentes de
«sueño profundo», que se caracterizan por doblar el cuello hacia atrás para descansar la cabeza sobre la cadera
o el muslo, una posición que, según se cree, indica sueño paradójico.[41] Si la jirafa quiere agacharse para beber, o
bien extiende lateralmente sus patas delanteras, o dobla sus rodillas.[30] Las jirafas probablemente no serían
buenos nadadores porque sus largas patas serían muy engorrosas en el agua,[42] aunque es posible que puedan
flotar.[43] Al nadar, el tórax se lastraría por el peso de las patas delanteras, por lo que sería difícil que el animal
pueda mover su cuello y sus patas en armonía[42][43] o mantener su cabeza por encima de la superficie del agua.[42]
Cuello
Un macho adulto alimentándose en lo alto de una acacia.
La jirafa tiene un cuello muy alargado que puede alcanzar hasta 2 m de longitud y que representa la mayor parte
de la altura vertical del animal.[34]: 29 La longitud del cuello es el resultado de un alargamiento desproporcionado
de las vértebras cervicales, y no se debe a vértebras adicionales. Cada vértebra cervical tiene una longitud de
más de 28 cm.[33]: 71 Representan 52-54% de la longitud de la columna vertebral de la jirafa; en comparación, un
27-33% es típico de los grandes ungulados similares, incluyendo el más cercano pariente vivo de la jirafa,
el okapi.[16] El alargamiento del cuello ocurre principalmente después del nacimiento, ya que las hembras
tendrían dificultades de dar a luz a crías con las mismas proporciones del cuello que las jirafas adultas.[44] La
cabeza y el cuello son sostenidos por un ligamento nucal y músculos grandes que están anclados por largas
espinas dorsales en la vértebra torácica anterior, dando al animal una joroba.[17]
Las vértebras del cuello tienen rótulas.[33]: 71 La articulación atlas–axis (C1 y C2) en particular permite que la jirafa
pueda inclinar la cabeza verticalmente para alcanzar las ramas más altas con la lengua.[34]: 29 El punto de
articulación entre las vértebras cervicales y torácicas de las jirafas ha sido desplazado hacia la primera y segunda
vértebra torácica (T1 y T2), a diferencia de la mayoría de los demás rumiantes, donde la articulación se encuentra
entre la séptima vértebra cervical (C7) y T1.[16][44] Esto permite que C7 contribuye directamente al aumento de la
longitud del cuello y ha dado lugar a la sugerencia de que T1 es realmente C8, y que las jirafas añadieron una
vértebra cervical adicional.[45] Sin embargo, esta proposición no es generalmente aceptada, dado que T1 tiene
otras características morfológicas, tales como la articulación de una costilla, considerado diagnóstico de
vértebras torácicas, y porque las excepciones al límite de siete vértebras cervicales entre los mamíferos suelen
caracterizarse por un aumento de anomalías neurológicas y enfermedades.[16]
Existen dos hipótesis principales sobre el origen evolutivo y la conservación de la elongación en el cuello de la
jirafa.[37] La «hipótesis de la competición entre ramoneadores» fue originalmente sugerida por Charles Darwin, y
solo recientemente fue cuestionada. Esta hipótesis sugiere que la presión competitiva entre los ramoneadores
más pequeños, como kudu, steenbok e impala, alentó a la elongación del cuello en la jirafa, ya que permitió
acceso a alimentos fuera del alcance de especies competidoras. Esta ventaja es real, considerando que las
jirafas se alimentan de follaje hasta una altura de 4,5 m, mientras que los competidores más grandes, como el
kudu, solo logran ramonear hasta una altura de 2 m.[46] También existen investigaciones que sugieren que hay una
intensa competencia entre ramoneadores en los niveles más bajos, y que las jirafas se alimentan de forma más
eficiente —ganando más biomasa de hojas con cada bocado— cuando se alimentan en las partes altas del
dosel.[47][48] Sin embargo, los científicos no están de acuerdo acerca del tiempo que las jirafas dedican a
alimentarse a niveles más allá del alcance de los demás ramoneadores,[15][37][46][49] y un estudio de 2010 encontró
que las jirafas adultas con cuellos más largos incluso sufrieron tasas de mortalidad más altas durante sequías
que sus contrapartes con cuellos más cortos. Este estudio sugiere que para mantener un cuello más largo se
requiere más nutrientes, lo que pone las jirafas con cuellos largos en riesgo durante un periodo de escasez de
alimentos.[50]
La segunda teoría principal, la hipótesis de la selección sexual, propone que los largos cuellos evolucionaron
como una característica sexual secundaria, ya que confiere una ventaja a los machos durante los combates con
los cuellos —en inglés: necking, véase abajo— mediante los cuales se establece el dominio entre los machos
rivales, lo que permite obtener acceso a las hembras sexualmente receptivas.[15] El hecho de que los cuellos son
más largos y más pesados en los machos que en las hembras de la misma edad,[15][37] y que los machos no
utilizan otras formas de combate, parece apoyar esta teoría.[15] Sin embargo, una objeción es que la teoría no
explica por qué las hembras también tienen cuellos largos.[51]
La familia Giraffidae solo cuenta con dos especies; debido al característico cuello largo de la jirafa estudios
genómicos han intentado explicar dicha particularidad en las jirafas. Al obtener la secuencia de los dos
miembros de dicha familia y a través del análisis comparativo con otros mamíferos euterios, se identificaron 70
genes que presentan múltiples signos de adaptación de la jirafa. Estos genes codifican reguladores del desarrollo
óseo, cardiovascular y nervioso.[52]
En otro estudio se alinearon las secuencias de las dos especies de la familia Giraffidae con las del ganado bovino
(Bos taurus). El resultado fue que el largo cuello de la jirafa es probablemente el resultado de mutaciones en dos
conjuntos de genes, uno de esos grupos controlando los patrones de expresión génica durante el desarrollo del
cuello, y el otro grupo controlando la expresión de factores de crecimiento.[52]
A su vez también se vinculó un número de genes relacionados con la evolución de un sistema cardiovascular
más potente para hacer frente al problema de un cuello más largo que también necesita el paso de sangre. Es por
esto que la jirafa tiene algunos de los problemas fisiológicos más difíciles. Pero dichas adaptaciones o
soluciones de la naturaleza en especial en lo referente a su sistema circulatorio puede ser útil para el tratamiento
de las enfermedades cardiovasculares y la hipertensión en los seres humanos.[52]
Sistemas internos
Una jirafa agachándose para beber. Un rete mirabile (red maravillosa)
previene un exceso del flujo sanguino al cerebro cuando baja el cuello.
En los mamíferos, el nervio recurrente laríngeo izquierdo es más largo que el derecho; en la jirafa es más de 30
cm más largo. Estos nervios son más largos en la jirafa que en cualquier otro animal vivo;[53] el nervio izquierda
tiene una longitud de más de 2 m.[54] Cada célula nerviosa en esta conducción se inicia en el tronco cerebral y
pasa por el cuello a lo largo del nervio vago, y luego se ramifica en el nervio recurrente laríngeo que pasa de nuevo
por el cuello hasta la laringe. Por lo tanto, estas células nerviosas tienen una longitud de casi 5 m en las jirafas
más grandes.[53] La estructura del cerebro de una jirafa se asemeja a la del ganado doméstico.[34]: 31 La forma del
esqueleto solo permite un volumen de pulmón pequeño en relación con su masa.[55] Su largo cuello le da una
gran volumen de espacio muerto, a pesar de su estrecha tráquea. Estos factores aumentan la resistencia al flujo
de aire. No obstante, el animal puede suministrar suficiente oxígeno a sus tejidos.[55]
La boca de la jirafa al beber.
El sistema circulatorio de la jirafa tiene varias adaptaciones para su gran altura. Su corazón, que puede pesar
más de 11 kg y que mide aproximadamente 61 cm de largo, debe generar aproximadamente el doble de la presión
sanguínea requerida para un ser humano para mantener el flujo de sangre al cerebro. Por lo tanto, la pared del
corazón puede ser tan gruesa como 7,5 cm.[18] A 150 latidos por minuto, la jirafa tiene un pulso cardiaco
inusualmente alto para su tamaño.[33]: 76 En la parte superior del cuello, un sistema de regulación de la presión,
conocido como rete mirabile, previene el exceso del flujo de sangre al cerebro cuando la jirafa baja su
cabeza.[21] Las venas yugulares también contienen varias válvulas (por lo general siete) para prevenir que la
sangre fluya hacia la cabeza desde la vena cava inferior y aurícula derecha, cuando la jirafa baja la cabeza.[56] En
cambio, los vasos sanguíneos en las patas inferiores están bajo gran presión (debido al peso del fluido que está
presionando hacia abajo). Para resolver este problema de sobrepresión, la piel de las extremidades inferiores es
espesa y apretada; esta adaptación previene un exceso de sangre en las patas.[21