EL LIBERTADOR
VIDA Y LOGROS
Descendiente de una familia de origen vasco que se hallaba establecida en
Venezuela desde fines del siglo XVI, y ocupaba en la Provincia una destacada
posición económica y social, Simón Bolívar nació en la ciudad de Caracas el 24
de julio de 1783. Sus padres fueron el Coronel don Juan Vicente Bolívar y
Ponte, y doña Concepción Palacios Blanco. Tenía tres hermanos mayores que
él -María Antonia, Juana y Juan Vicente- y hubo otra niña, María del Carmen,
que murió al nacer. Antes de cumplir tres años, Simón perdió a su padre,
fallecido en enero de 1786. La educación de los niños corrió a cargo de la
madre, mujer de fina sensibilidad, pero también capaz de administrar los
cuantiosos bienes que poseía la familia. Además de la herencia paterna, Simón
era titular de un rico mayorazgo, instituido para él en 1785 por el Presbítero
Juan Félix Jérez y Aristaguieta.
En su ciudad natal transcurrieron sus primeros años, con ocasionales viajes a
las haciendas que la familia poseía en los Valles de Aragua. En 1792 falleció
doña Concepción. María Antonia y Juana contrajeron matrimonio bien pronto, y
los dos varones de la familia, Juan Vicente y Simón, siguieron viviendo con el
abuelo materno, don Feliciano Palacios, tutor de ambos. La casona de la
familia daba al frente a la plazuela de San Jacinto, en pleno centro de la
ciudad. Al morir el abuelo, Simón quedó al cuidado de su tío y tutor Carlos
Palacios. En julio de 1795, cuando cumplía 12 años, sufrió una crisis muy
propia de la primera adolescencia: huyó del lado de su tío, para acogerse a la
casa de su hermana María Antonia y de su marido, hacia quienes sentía mayor
afinidad afectiva. A consecuencia de estos hechos, que pronto se arreglaron
favorablemente, Simón Bolívar pasó algunos meses como interno en la casa de
don Simón Rodríguez (1771-1854), nacido también en Caracas, quien
regentaba entonces la Escuela de primeras letras de la ciudad. Entre aquel
genial pedagogo y reformador social, y el niño Simón Bolívar, se estableció
pronto una corriente de mutua comprensión y simpatía, que duraría tanto como
sus vidas. Rodríguez se marchó de Caracas en 1797. Antes y después de ser
alumno suyo, tuvo Bolívar otros maestros en Caracas, entre los cuales se cita a
Carrasco y a Vides, quienes le dieron lecciones de escritura y de aritmética, a
fray Jesús Nazareno Zidardia, al Presbítero José Antonio Negrete, profesor de
Historia y de Religión, y a Guillermo Pelgrón, preceptor de latinidad. Recibió
también lecciones particulares de Historia y de Geografía que le dio don Andrés
Bello (1781-1865), quien atesoraba ya en su juventud el caudal de
conocimientos que habría de conducirlo con el tiempo a ser el primer
humanista de América.
La vocación de Bolívar era el ejercicio de las armas. En enero de 1797, ingresó
como cadete en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, del
cual había sido Coronel años atrás su propio padre. No tenía aún 14 años
cumplidos. En julio del año siguiente, cuando fue ascendido a Subteniente, se
anotaba en su hoja de servicios: Valor: conocido; aplicación: sobresaliente. El
adiestramiento práctico en los deberes militares lo combinaba Bolívar con el
aprendizaje teórico de materias consideradas entonces la base de la formación
castrense: las matemáticas, el dibujo topográfico, la física, etc., que aprendió
en la Academia establecida en la propia casa de Bolívar por el sabio Capuchino
fray Francisco de Andújar desde mediados de 1798, y a la cual asistían
también varios amigos de Simón.
A comienzos de 1799, viajó a España. En Madrid, bajo la dirección de sus tíos
Esteban y Pedro Palacios y la rectoría moral e intelectual del sabio Marqués de
Ustáriz, se entregó con pasión al estudio. Recibió allí la educación propia de un
gentilhombre que se destinaba al mundo y al ejercicio de las armas: amplió sus
conocimientos de historia, de literatura clásica y moderna, y de matemáticas,
inició el estudio del francés, y aprendió también la esgrima y el baile, haciendo
en todo rápidos progresos. La frecuentación de tertulias y salones pulió su
espíritu, enriqueció su idioma, y le dio mayor aplomo. En Madrid conoció a
María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, de quien se enamoró. A fines de
1800 pensaba en constituir un hogar, asegurarse descendencia, y regresar a
su país, para atender al fomento de sus propiedades. Hubo un compás de
espera: en la primavera de 1801 viajó a Bilbao, donde permaneció casi todo el
resto del año. Hizo luego un breve recorrido por Francia que le condujo hasta
París y Amiens. En mayo de 1802 estaba de nuevo en Madrid, donde contrajo
matrimonio, el día 26, con María Teresa. Los jóvenes esposos viajaron a
Venezuela, pero poco duró la felicidad de Simón. María Teresa murió en enero
de 1803. El joven viudo regresó a Europa a fines de ese mismo año, pasó por
Cádiz y Madrid, y se estableció en París desde la primavera de 1804.
En la capital del naciente Imperio Francés los placeres de una vida social,
mundana, y los estímulos de orden intelectual, comparten la atención de
Bolívar, no menos que el espectáculo fascinante de una Europa en plena
ebullición política. Frecuenta teatro, tertulias y salones, donde conoce a bellas
mujeres, pero trata igualmente a sabios como Alejandro de Humboldt y Amado
Bonpland, y asiste a las conferencias y a los cursos libres de estudios donde se
divulgan los conocimientos y las teorías más recientes. En esta época de su
vida se entrega con pasión a la lectura. Se ha encontrado de nuevo con Simón
Rodríguez, cuyo saber y cuya experiencia hacen de él un extraordinario
compañero de conversaciones, lecturas y viajes. Van juntos a Italia, y cruzan a
pie la Saboya. En Roma, un día de agosto de 1805, en el Monte Sacro, Bolívar
jura en presencia de su maestro no dar descanso a su brazo ni reposo a su
alma hasta que haya logrado libertar al mundo Hispanoamericano de la tutela
española. De nuevo se separan Bolívar y Rodríguez. El primero, poco más
tarde, asciende al Vesubio en compañía del Barón de Humboldt y de otros
científicos. Bolívar regresa a París, en donde se afilia a una logia masónica. A
fines de 1806, conocedor de los intentos realizados por el Precursor Miranda
en Venezuela, Bolívar considera que ha llegado el momento de volver a su
patria. Se embarca en un buque neutral que toca en Charleston en enero de
1807; recorre una parte de los Estados Unidos, y regresa a Venezuela a
mediados del mismo año.
Vive ahora como un joven aristócrata, atento al fomento de sus haciendas, y en
1808 sostiene un sonado pleito con Antonio Nicolás Briceño por los linderos de
una de ellas; pero piensa siempre en el porvenir del país. En las reuniones que
él y su hermano Juan Vicente celebran con sus amigos en la quinta de recreo
que poseen en Caracas a orillas del río Guaire, se habla de literatura, pero
también se hacen planes para la Independencia de Venezuela.
Llega el 19 de abril de 1810. La Junta establecida ese día nombra a Bolívar, en
compañía de Luis López Méndez y de Andrés Bello, comisionado ante el
Gobierno Británico. Cumplida su misión, Bolívar regresa de Londres a fines del
mismo año. En Inglaterra ha visto el funcionamiento práctico de las
instituciones. En el seno de la Sociedad Patriótica de Caracas es uno de los
más ardientes abogados de la Independencia, que el Congreso proclama el 5
de julio de 1811. Bolívar se incorpora al Ejército, y con el grado de Coronel
contribuye en 1811, bajo las órdenes de Miranda, al sometimiento de Valencia.
En 1812, a pesar de grandes esfuerzos, no logra evitar que la plaza de Puerto
Cabello, de la cual era comandante, caiga en poder de las fuerzas realistas por
una traición. A mediados de 1812, el General Miranda capitula ante el jefe
español Domingo de Monteverde. En el puerto de La Guaira un grupo de
oficiales jóvenes, entre los cuales figura Bolívar, deseosos de continuar la
lucha, arrestan al infortunado Precursor. Pero todos los esfuerzos son inútiles.
Bolívar logra salvarse gracias a la hidalguía de un amigo suyo, don Francisco
Iturbe, quien obtiene un pasaporte para él. Se traslada a Curazao, y luego a
Cartagena de Indias, donde redacta y publica su «Memoria dirigida a los
ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño», uno de los escritos
fundamentales, en el cual expone ya su credo político, así como los principios
que habrán de guiar su acción en los años futuros.
Comienzan entonces sus fulgurantes campañas militares, en las cuales
alternarán victorias y reveses hasta 1818, y a partir del año siguiente
predominarán los triunfos. A la cabeza de un pequeño ejército, limpia de
enemigos las márgenes del río Magdalena, toma en febrero de 1813 la Villa de
Cúcuta, e inicia en mayo la liberación de Venezuela. La serie de combates y de
hábiles maniobras que en tres meses le condujeron vencedor desde la frontera
del Táchira hasta Caracas, a donde entró el 6 de agosto, merecen en verdad el
nombre de Campaña Admirable con que se les conoce. A su paso por Trujillo,
en junio, había dictado el Decreto de Guerra a Muerte, con el objeto de afirmar
el incipiente sentimiento nacional de los venezolanos. Poco antes, a su paso
por la ciudad de Mérida, los pueblos le habían aclamado Libertador, título que
le confieren solemnemente en octubre de 1813 la Municipalidad y el pueblo de
Caracas, y con el cual habrá de pasar a la historia.
El período que va de agosto de 1813 a julio de 1814, la Segunda República, es
en verdad el Año Terrible de la Historia de Venezuela. La Guerra a Muerte
hace furor, y los combates y batallas indecisos, afortunados o perdidos, se
suceden unos a otros con gran rapidez. A pesar de victorias como la de Araure,
la de Bocachica, o la primera batalla de Carabobo, y de resistencias tan
heroicas como la del campo atrincherado de San Mateo y de la ciudad de
Valencia, tanto Bolívar como el General Santiago Mariño (quien había libertado
antes el Oriente del país) se ven obligados a ceder ante el número de los
adversarios, cuyo principal caudillo es el realista José Tomás Boves. Éste
triunfa en la Batalla de La Puerta (junio de 1814), y los patriotas se ven en la
necesidad de evacuar la ciudad de Caracas. Se produce una gran emigración
hacia el Oriente del país. Allí, Bolívar y Mariño ven su autoridad desconocida
por sus propios compañeros de armas. El Libertador halla de nuevo fraterno
asilo en la Nueva Granada, donde interviene con varia suerte en las contiendas
políticas internas y logra que la ciudad de Bogotá se incorpore a las Provincias
Unidas. En mayo de 1815, hallándose frente a Cartagena, Bolívar abandona el
mando para evitar el estallido de la guerra civil.
Aislado en Jamaica desde mayo hasta diciembre de 1815, aguarda impaciente
el momento de intervenir de nuevo en la lucha. Mientras tanto, medita acerca
del destino de Hispanoamérica y redacta en septiembre la célebre Carta de
Jamaica, donde abraza con penetrante comprensión y con visión profética el
pasado, el presente y el porvenir del Continente.
Mientras que la derrota de Napoleón en Europa, y la llegada a Venezuela de un
poderoso ejército español que manda el General Pablo Morillo, infunden
nuevos ánimos a los partidarios de la causa realista, Bolívar se traslada a la
República de Haití, en busca de recursos para continuar la lucha. El Presidente
de aquel Estado, Alejandro Petión, se los proporciona con magnanimidad.
Pronto sale de Los Cayos una expedición al mando de Bolívar, que llega en
mayo de 1816 a la Isla de Margarita y pasa poco después al Continente.
Carúpano es tomado por asalto, y ahí da Bolívar, el 2 de junio, un decreto que
concede la libertad a los esclavos, el cual ratificará poco después. La
expedición pasa luego al puerto de Ocumare de la Costa, en donde Bolívar se
ve separado accidentalmente del grueso de sus fuerzas, y debe embarcarse de
nuevo. Regresa a Haití, en donde organiza una segunda expedición que llega a
la Isla de Margarita a fines del año. A comienzos de 1817 Bolívar se halla en
Barcelona. Su objetivo es apoderarse de la Provincia de Guayana, y hacer de
ella la base para la liberación definitiva de Venezuela. En julio, la capital de
aquella Provincia, Angostura (hoy Ciudad Bolívar), es tomada por los patriotas.
Se organiza de nuevo el Estado. Bolívar crea el Consejo de Estado, el Consejo
de Gobierno, el Consejo Superior de Guerra, la Alta Corte de Justicia, el
Tribunal del Consulado, y se preocupa por establecer un periódico (que
aparecerá en junio de 1818), el «Correo de Orinoco». Entre tanto, tiene que
luchar no sólo contra los españoles sino también contra la anarquía que se
había insinuado en su propio campo: en octubre de 1817, tras un juicio militar,
el General Manuel Piar, uno de los principales jefes republicanos, es fusilado
en Angostura. Hacia esos mismos días, el Libertador dicta la «Ley de
Repartición de Bienes Nacionales», que habrá de contribuir a fortalecer el
sentimiento patriótico.
En 1818 la campaña del Centro se inicia bajo favorables auspicios, pues el
Libertador logra sorprender en la ciudad de Calabozo al general realista Morillo,
pero los republicanos son derrotados en el sitio de Semén. Días después, en el
Rincón de los Toros, Bolívar está a punto de morir a manos de una patrulla
realista, en plena noche. El 5 de junio está de nuevo en Angostura. Llegan
entonces un Agente Diplomático de los Estados Unidos y un gran número de
voluntarios europeos.
El Segundo Congreso de Venezuela, convocado por Bolívar, se reúne en
Angostura el 15 de febrero de 1819. Ante él pronuncia un Discurso que es uno
de los documentos fundamentales de su ideario político. Le presenta, también,
un proyecto de Constitución. Poco después emprende la campaña que habrá
de libertar a la Nueva Granada. El ejército tramonta los Andes por el inhóspito
páramo de Pisba, y tras los cruentos combates, en julio de 1819, de Gámeza y
del Pantano de Vargas, obtiene un triunfo decisivo en la batalla de Boyacá, el 7
de agosto. Días después Bolívar entra en Bogotá. Dejando organizadas las
provincias de la Nueva Granada bajo el mando del General Santander, el
Libertador regresa a Angostura, donde el Congreso, a propuesta suya, expide
la Ley Fundamental de la República de Colombia en diciembre de 1819. Este
gran Estado, creación del Libertador, comprendía las actuales repúblicas de
Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.
A estos acontecimientos que habían fortalecido la causa republicana, vino a
sumarse la Revolución Liberal que estalló en España en enero de 1820. La
situación ha cambiado. En todas partes los ejércitos de la República obtienen
ventajas. Cartagena es sitiada, Mérida y Trujillo libertadas. El nuevo Gobierno
español intenta llegar a un acuerdo pacífico con los patriotas. Los
comisionados de ambas partes firman en Trujillo, en noviembre de 1820, un
Tratado de Armisticio y otro de Regularización de la Guerra. El Libertador y el
General Morillo se entrevistan en el Pueblo de Santa Ana. Algunos meses
después, expirado el Armisticio, los ejércitos republicanos se ponen en marcha
hacia Caracas. El 24 de junio de 1821, en la Sabana de Carabobo, Bolívar da
una batalla que decide definitivamente la independencia de Venezuela. Los
restos del Ejército Realista se refugian en Puerto Cabello, que caerá en 1823.
El Libertador entra triunfador en su ciudad natal en medio de la alegría de sus
conciudadanos.
Vuelve ahora la mirada hacia el Ecuador, dominado todavía por los españoles.
Por Maracaibo se dirige a Cúcuta, en donde se halla reunido el Congreso, y de
allí a Bogotá. En 1822 dos ejércitos patriotas tratan de libertar a Quito: Bolívar
conduce el del Norte, y el General Antonio José de Sucre el del Sur partiendo
de Guayaquil. La acción de Bomboná, dada por Bolívar en abril, quebranta la
resistencia de los pastusos, mientras que la batalla de Pichincha, ganada por
Sucre el 24 de mayo, liberta definitivamente al Ecuador, que queda integrado a
la gran República de Colombia. En Quito Bolívar conoce a Manuela Sáenz, el
gran amor de los últimos años de su vida. El 11 de julio Bolívar se halla en
Guayaquil, en donde desembarca el día 25 el General José de San Martín,
procedente del Perú. Allí se abrazan y se entrevistan los dos ilustres capitanes
de la Independencia Suramericana. Lo que conferenciaron en privado, consta
en los documentos auténticos emanados de Bolívar y de su Secretaría
General. El objetivo principal del General San Martín, que era negociar sobre el
destino futuro de Guayaquil, no pudo realizarse, puesto que la Provincia se
había incorporado ya a la República de la Gran Colombia. A mediados de 1823
la situación político-militar del Perú se había deteriorado muchísimo. Llamado
por el Congreso y por el pueblo de aquella Nación, el Libertador se embarcó en
Guayaquil el 7 de agosto y llegó a comienzos de septiembre al Callao. La
anarquía reinaba entre los patriotas. Bolívar, facultado únicamente para dirigir
las operaciones militares, se dedicó con tesón a reorganizar el ejército, dándole
como núcleo central los cuerpos que le habían acompañado desde Guayaquil.
En enero de 1824 Bolívar se hallaba enfermo de cuidado en Pativilca, en la
Costa del Perú, donde recibió la noticia de que la guarnición del Callao se
había pasado a los realistas. Ante tantas dificultades, su indomable espíritu se
manifestó en su exclamación famosa: «¡Triunfar!».
Lima cae en manos de los realistas, pero el Congreso del Perú, antes de
disolverse, nombra a Bolívar Dictador -como en la antigua República Romana-
con facultades ilimitadas para salvar al país. Él acepta serenamente tan
tremenda responsabilidad. Retirado a Trujillo, trabaja infatigablemente; su
genio y su fe en el destino de América operan el milagro. Emprende la
ofensiva, y el 7 de agosto de 1824, en Junín, derrota al Ejército Real del Perú.
La campaña continúa, y mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del
Callao, el General Sucre, en Ayacucho, pone el sello definitivo a la libertad
americana el 9 de diciembre de 1824. Dos días antes, desde Lima, Bolívar
había dirigido a los gobiernos de Hispanoamérica una invitación para enviar
sus plenipotenciarios al Congreso que habría de reunirse en Panamá, el cual
efectivamente se celebró en junio de 1826.
Ha terminado la fase militar de la Independencia. El 10 de febrero de 1825,
ante el Congreso Peruano reunido en Lima, Bolívar renuncia los poderes
ilimitados que le habían sido conferidos. Dos días más tarde aquel cuerpo
decreta honores y recompensas al Ejército y al Libertador, pero éste no acepta
el millón de pesos que se le ofrecían particularmente. Sale luego de la capital
para visitar a Arequipa, El Cuzco y las provincias que entonces se llamaban del
Alto Perú. Éstas se constituyen en Nación, y lo hacen bajo la égida del héroe:
«República Bolívar», se llamó la que hoy conocemos con el nombre de Bolivia.
Para el Nuevo Estado Bolívar redacta en 1826 un Proyecto de Constitución en
el cual están expresadas sus ideas para la consolidación del orden y la
independencia de los países recién emancipados.
Entretanto, una Revolución acaudillada por el General Páez -«La Cosiata»- ha
estallado en Venezuela contra el Gobierno de Bogotá, en abril de 1826. Bolívar
regresa a Caracas y logra restablecer la paz a comienzos de 1827. Sin
embargo, las fuerzas de disociación predominan sobre las tendencias
aglutinadoras. Bolívar se distancia más y más, política y personalmente, del
Vicepresidente Santander, hasta que sobreviene la ruptura total. El 4 de julio de
1827 Bolívar sale por última vez de Caracas, se embarca en La Guaira, y por la
vía de Cartagena llega a Bogotá. Allí, el 10 de septiembre, presta ante el
Congreso juramento como Presidente de la República.
La Convención Nacional reunida en Ocaña en 1828 se disuelve sin que los
diversos partidos hayan logrado ponerse de acuerdo. Bolívar, aclamado
Dictador, escapa en Bogotá, en septiembre de aquel año, a un atentado contra
su vida; poco después ha de ponerse en campaña para enfrentarse a las
fuerzas del Perú que han penetrado en el Ecuador, en donde permanece
durante casi todo el año de 1829. A pesar de estar enfermo y de sentirse
cansado, lucha por salvar su obra. A comienzos de 1830 vuelve a Bogotá para
instalar el Congreso Constituyente. Venezuela se agita de nuevo y se proclama
Estado Independiente. En la Nueva Granada la oposición crece y se fortalece.
El Libertador, cada vez más enfermo, renuncia a la Presidencia y emprende
viaje hacia la Costa. La noticia del asesinato de Sucre, que recibe en
Cartagena, le afecta profundamente. Piensa marchar a Europa, pero la muerte
le sorprende en San Pedro Alejandrino, una hacienda situada en las cercanías
de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Días antes, el 10, había dirigido a
sus compatriotas su última proclama, que es su testamento político.
Sobresalió entre sus contemporáneos por sus talentos, su inteligencia, su
voluntad y abnegación, cualidades que puso íntegramente al servicio de una
grande y noble empresa: la de libertar y organizar para la vida civil a muchas
naciones que hoy ven en él a un Padre. Sus restos mortales, traídos a
Venezuela con gran pompa en 1842, reposan hoy en el Panteón Nacional.
HECHOS RELEVANTES
Por sus acciones durante la Campaña Admirable, recibió el título de Libertador
de Venezuela. Lideró las campañas que condujeron a la independencia de
varias naciones americanas y fue fundador de la Gran Colombia. Tuvo un
conflicto político con su amigo y ayudante de campo Antonio José de Sucre,
quien, junto a Casimiro Olañeta, impulsó la creación de un nuevo Estado en las
provincias del Alto Perú. Este fue denominado inicialmente «República Bolívar»
y posteriormente «República de Bolivia», nombre con el que finalmente fue
reconocido por Bolívar. Impulsó el Congreso Anfictiónico de Panamá con el
objetivo de crear una confederación hispanoamericana desde México hasta la
Argentina. Este proyecto, que incluía a Cuba, Puerto Rico y La Florida, así
como el apoyo a la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata,
no pudo concretarse debido a conflictos internos en la Gran Colombia y al
abandono de su proyecto de Federación de los Andes.
En sus últimos años, Bolívar se desilusionó cada vez más con las repúblicas
sudamericanas y se distanció de ellas por su ideología centralista. Fue
destituido sucesivamente de sus cargos hasta que renunció a la presidencia de
Colombia y murió de tuberculosis en 1830. Su actuación ha sido objeto de
controversias, y sus críticos lo han señalado por autoritarismo o el Decreto de
Guerra a Muerte.[22] [23] No obstante, su legado es diverso y de gran alcance
dentro y fuera de América Latina. Se le considera un héroe y un ícono nacional
y cultural en toda Latinoamérica; las naciones de Bolivia y Venezuela (como
República Bolivariana de Venezuela) llevan su nombre, y se le ha
conmemorado en todo el mundo en forma de arte público, en nombres de
calles y en la cultura popular.
Biografía
Bolívar nació el 24 de julio de 1783 en Caracas, capital de la Capitanía General
de Venezuela. Fue el cuarto hijo del matrimonio entre María de la Concepción
Palacios y Blanco y Juan Vicente Bolívar y Ponte. Nació en el seno de una rica
familia criolla y, como era habitual en los herederos de familias de clase alta en
su época, fue enviado a educarse en Europa a temprana edad. Llegó a la
España peninsular cuando tenía 16 años. A sus 19 años, en Madrid, en la
iglesia de San José,[24][25] contrajo nupcias con María Teresa del Toro, y retornó
a Venezuela con su esposa, la cual enfermó y falleció en 1803, sumiendo a
Bolívar en una profunda depresión y llevándolo a jurar que nunca más se
casaría. En ese momento decidió volver a la península, y luego irse a Francia,
donde se reencontró con su maestro Simón Rodríguez, quien encauzó el
sufrimiento de Bolívar hacia el ideal de liberar a su patria. En París presenció la
coronación de Napoleón Bonaparte. Mientras estuvo en Europa, conoció las
ideas de la Ilustración, lo que unido a la influencia de Simón Rodríguez, motivó
a que jurara liberar a la América del Sur colonial del dominio de los españoles.
Ello quedó expresado en su Juramento del Monte Sacro:
...no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las
cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.
Aprovechando el desorden en España provocado por la guerra contra Francia,
Bolívar regresó a Venezuela a mediados de 1807. En 1808 inició sus
actividades por la independencia y se unió a la Sociedad Patriótica de Caracas,
que surgió a raíz de los hechos del 19 de abril de 1810 y donde pronunció su
primer discurso a favor de la emancipación:
¿Acaso 300 años de dominio no bastan? Pongamos la piedra fundamental de
la libertad suramericana, vacilar es perdernos.
Participó como importante observador en la Declaración de Independencia de
Venezuela en 1811, sin embargo la República no logró sostenerse debido a las
revueltas fomentada por el realista Domingo Monteverde que invadió por la
provincia de Coro y el terremoto que devastó Caracas. Tras la caída de la 1.ª
República en manos realistas, Bolívar viajó a Cartagena de Indias en busca de
apoyo y ahí escribió el «Manifiesto de Cartagena». Allí recibió ayuda de Camilo
Torres, gobernante de las Provincias Unidas de Nueva Granada, donde le
dieron el mando de un ejército de neogranadinos y venezolanos, que bajo su
liderazgo vencieron a los realistas en Mompox y Ocaña y desde Cúcuta inició la
«Campaña Admirable» en 1813, para recuperar la independencia de
Venezuela, logrando en dos meses llegar a Trujillo, donde publicó el decreto de
Guerra a Muerte para enfrentar los desmanes cometidos por los realistas
dirigidos por Domingo Monteverde. En tan solo unos meses más venció a
Monteverde, que derrotado logró huir a las Antillas. Bolívar llegó triunfante a
Caracas y recibió el título de Libertador, como también lo había recibido en
Mérida. Sin embargo, la falta de unión de los patriotas y los levantamientos
sociales armados dirigidos por José Tomás Boves en 1814, convirtió el
conflicto en una guerra civil. Lo mismo ocurrió entre Cundinamarca y las
Provincias Unidas de Nueva Granada, que con la llegada de la flota
expedicionaria armada del «pacificador» Pablo Morillo a Cartagena en 1815,
facilitó su caída nuevamente en manos del Imperio español. Estos hechos y la
cercanía de Boves a Caracas, provocaron la devastadora Emigración a Oriente
de la población, y la marcha de Bolívar a Jamaica en búsqueda de apoyo
económico de los ingleses, como armas y municiones para la lucha
emancipadora. Allí escribió la «Carta de Jamaica», viaja a la república
independiente de Haití donde recibió ayuda del gobierno de Petion y realiza la
expedición de los Cayos en 1816, con importantes victorias navales en el Mar
Caribe, en las costas de Margarita y en el Orinoco sobre las flotas españolas.
Ya en tierra firme, públicó el Manifiesto de Carúpano con la intención de dar
libertad a las personas en condición de esclavitud. Junto a excelsos juristas
como Juan Germán Roscio y Francisco Antonio Zea en la provincia de
Guayana, conformó el Congreso de Angostura de 1819 donde expresó en su
discurso:
«el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de
felicidad posible, mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad
política»,[26]
En Angostura se sentaron las bases para la gran Colombia y se inició la
campaña militar para liberar Nueva Granada, que se consolidó con la victoria
en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819, al atravesar el páramo de
Pisba y sorprender y vencer en la batalla del puente de Boyacá a las fuerzas
realistas, expulsando al virrey de la Nueva Granada e independizando
Cundinamarca y las Provincias Unidas de Nueva Granada. Se llevó a cabo el
Congreso constituyente de 1821, donde fue uno de los principales redactores
de la constitución que dio nacimiento a la República de la gran Colombia,
conformó el Ejército del Sur para iniciar la campaña libertadora en Ecuador y a
la vez dirigió la campaña sobre Venezuela, que culminó con la victoria en la
Batalla de Carabobo en 1821, hecho que ganó reconocimiento de la nueva
nación libre a nivel internacional, y donde se logró un armisticio en la entrevista
de Pablo Morillo y Simón Bolívar. Allí se firmó un acuerdo de regularización de
la guerra y quedó abolido el decreto de guerra a muerte. En España inició el
trienio Liberal.
A pesar de una serie de obstáculos, incluida la llegada de una fuerza
expedicionaria española sin precedentes, los revolucionarios finalmente
prevalecieron, culminando con la victoria en la Batalla de Carabobo en 1821,
que efectivamente convirtió a Venezuela en un país independiente. Bolívar se
dirigió a Quito donde entró triunfante luego de las batallas de Bomboná y
Pichincha en 1822, en Quito conoció a Manuelita Sáenz y en Guayaquil se
entrevistó con el prócer argentino José de San Martín para las acciones de
independencia peruana y del alto Perú. El congreso de Quito y Guayaquil
decidieron unirse a la gran Colombia con el nombre de Ecuador. En Pativilca,
Bolívar inició la campaña del Perú, con la victoria en Junín y al llegar a Lima fue
recibido como «El Libertador», recibiendo del pueblo peruano la «Espada del
Perú» y la orden «el Sol del Perú» entregada por José de San Martín,
reconocimientos que acompañaron a Bolívar hasta su muerte. Asimismo,
recibió el cargo de Jefe Supremo del Gobierno.
Bolívar había llegado a la cumbre de sus hazañas política y militares, allí
escribe «Mi delirio sobre el Chimborazo», nombró a Antonio José de Sucre
como comandante en jefe de los Ejércitos Libertadores del Sur, para la Batalla
de Ayacucho en el Alto Perú en 1824, donde vence, expulsando al último virrey
español en América, José de la Serna.[27] En gratitud se denomina territorio
Bolívar (hoy Estado plurinacional de Bolivia) al cual Bolívar le redacta su
primera Constitución. Bolívar participó en la fundación de la primera unión de
naciones independientes de América Latina, la Gran Colombia, de la que fue
presidente de 1819 a 1830. Mediante nuevas campañas militares, expulsó a los
gobernantes españoles de Ecuador, Perú y Bolivia. Fue simultáneamente
presidente de Gran Colombia (hoy Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador),
Perú y Bolivia, pero poco después, su segundo al mando, Antonio José de
Sucre, fue nombrado presidente de Bolivia. Bolívar apuntó a una América
española fuerte y unida capaz de hacer frente no solo a las amenazas que
emanan de España y la Santa Alianza europea, sino también a la potencia
emergente de los Estados Unidos. En la cima de su poder, Bolívar gobernó un
vasto territorio desde la frontera con Argentina hasta el Mar Caribe.
No obstante, Bolívar le entregó el mando militar a Sucre, en el Alto Perú
(Bolivia), pues el Congreso le ordenó volver a Colombia. Asimismo dejó como
encargados en Lima a Andrés Santa Cruz, José María Córdoba y Manuela
Sáenz. En el Congreso en Bogotá se encontró con intrigas palaciegas
productos de sus detractores y antiunionistas. Se entrevistó con José Antonio
Páez para evitar la separación de Venezuela, denominada la Cosiata. Ya en
Santa Fe de Bogotá, y luego de los eventos de la convención de Ocaña,
intentaron asesinarlo en la conspiración septembrina. Logró salvarse por la
acción de Manuela Sáenz, y de este hecho fue acusado su excompañero de
armas Santander. Tras el intento de magnicidio, los conflictos políticos y
revueltas se extendieron a Perú y Bolivia, y tras la salida del poder de Santa
Cruz en Lima y la renuncia de Sucre en Bolivia, surgieron hostilidades en la
frontera Gran Colombiana por parte del gobierno de Agustín Gamarra, que
culminó con el Tratado de Paz y Amistad entre ambas naciones en 1829.