Dactiloscopia: tras la
huella del crimen
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Aunque la ciencia siga desentramando los misterios químicos, genéticos y fisiológicos que
permiten el milagro de nuestras huellas dactilares, lo cierto es que la sociedad sí ha sacado
partido a esas marcas en ámbitos como la criminología desde hace siglos, pues aunque no
supiéramos por qué, sí sabíamos que esas marcas eran especiales.
¿Quién descubrió por primera vez que una huella dactilar era un método válido para demostrar
la culpabilidad de una persona en un asesinato? ¿Qué método científico permitió determinar
con exactitud que existe la correspondencia entre dos huellas? La historia de la dactiloscopia, la
ciencia que se encarga de estudiar la comparación entre huellas dactilares, comenzó hace varios
siglos, cuando en la antigua China, alrededor del año 300 d.C. se usaban las huellas de la mano
como evidencia en los juicios por robo.
UNA COLECCIÓN DE PEQUEÑOS PASOS
Después de la invención del papel en China (105 d. C.), en esta misma región se convirtió
en práctica habitual estampar con tinta una marca del dedo o la palma de la mano en
todas las hojas de un documento oficial. La dactiloscopia ha recorrido desde entonces
un largo camino de oriente a occidente, una trayectoria guiada por los descubrimientos
de distintos protagonistas que aportaron su propio “granito de arena” a la consolidación
de esta ciencia:
Sir William James Herschel, considerado el primer europeo que percibió el
potencial de las huellas dactilares para la identificación de individuos, era
oficial del ejército británico en la India, cuando en 1850 comenzó a incluir
huellas dactilares en los contratos.
Henry Faulds, por su parte, participaba en una misión como médico en Japón
cuando empezó a coleccionar muestras de las huellas dactilares de
humanos y monos. En 1880 y tras llevar a cabo su particular estudio, envió
una carta al famoso naturalista Charles Darwin, en la que sugería que las
huellas dactilares eran únicas además de clasificables y permanentes. Ese
mismo año, Herschel se convertiría en la primera persona en publicar en una
revista científica el valor de las huellas dactilares como instrumento de
identificación.
Alphonse Bertillon era policía cuando desarrolló el método de identificación
antropométrico o método Bertillon. La antropometría utiliza las medidas
corporales de un individuo para identificarlo, dando por hecho que es
imposible encontrar dos personas con un conjunto de medidas idéntico. Sin
embargo, con el tiempo se desacreditó la fiabilidad de este método, a pesar
de que Bertillón llegó a ser nombrado Jefe del Departamento de Identidad
Judicial.
Sir Francis Galton fue otro de los eminentes científicos que aportó su granito
de arena para resolver el misterio de las huellas dactilares. Primo del famoso
Charles Darwin, su investigación estaba centrada en las cuestiones
hereditarias. Encontró varios coeficientes de correlación (medidas que se
corresponden entre sí) en el cuerpo humano a través de la antropometría.
En cuanto a la dactiloscopia, ha pasado a la historia por ser el primer autor
en publicar un libro sobre huellas dactilares “Fingerprints” 1982, donde
demostraba que las figuras de las huellas dactilares son únicas e
irreemplazables.
LA PRUEBA DE FUEGO
De origen croata pero nacionalizado argentino, Juan Vucetich trabajaba en el
Departamento Central de Policía de La Plata cuando se interesó por el trabajo que había
publicado Francis Galton, tras lo que ideó personalmente un método para comprobar la
correspondencia entre huellas dactilares, que en 1891 decidió poner en práctica
recogiendo muestras de las huellas dactilares de 23 presos.
Corría el año 1892 cuando el asesinato de dos niños llevó a Vucetich a trabajar
con la policía bonaerense. Las primeras investigaciones apuntaban a un hombre
relacionado con la madre de los críos, pero los investigadores no eran capaces de hacerle
confesar, a pesar de haber utilizado diferentes métodos de tortura. En la escena del
crimen habían hallado una huella dactilar, manchada de sangre. Vucetich comprobó
que pertenecía a la madre de los niños, Francisca de Rojas, quien ante la evidencia
confesó, derrumbada, el doble homicidio.
Tan solo 6 años después de que Vucetich pusiese en práctica el primer sistema eficaz de
identificación mediante huellas dactilares, la Academia de Ciencias de París lo
reconoció públicamente como el método más eficaz utilizado hasta el momento en la
identificación de personas.
En la actualidad, las huellas dactilares han trascendido el ámbito criminal para
convertirse en un método de identificación cotidiano, tanto que puede ser que lo
utilices hasta para desbloquear la pantalla de tu smartphone. Las nuevas tecnologías
facilitan el proceso de comparación y a pesar de la existencia de herramientas cada vez
más precisas, la ciencia sigue corroborando la singularidad de estas marcas personales
e inalterables. Las cifras pueden ayudar a entender la relevancia que tienen hoy las
huellas dactilares en el sistema de organización de muchas sociedades. En Estados
Unidos, el IAFIS (Integrated Automated Fingerprint Identification System), procesa una
media de 63.000 huellas diarias, según sus fuentes oficiales. La verificación de
antecedentes penales a la hora de conseguir un empleo y la posibilidad de poseer un
arma de fuego en algunos estados de Estados Unidos obliga a los ciudadanos a registrar
sus huellas de forma permanente en el sistema nacional. Paradójicamente, las nuevas
tecnologías han dado pie a que la identidad que corroboran las huellas se convierta en
sí misma en moneda de cambio para el cibercrimen. Incluso se alerta del uso de las fotos
en redes sociales en las que se pueden apreciar estas marcas. ¿Tenemos que empezar a
proteger nuestras huellas con más cuidado?