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CAP2

El documento aborda conceptos fundamentales de la física cuántica, comenzando con modelos atómicos clásicos y el concepto de cuerpo negro, que es un ideal que absorbe toda la radiación. Se discute la radiación de cuerpo negro, la discrepancia con la teoría electromagnética clásica y la introducción de la hipótesis de Planck, que propone que la energía se emite en cantidades discretas. La importancia de la constante de Planck y su aplicación en fenómenos como el efecto fotoeléctrico son también destacados.
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CAP2

El documento aborda conceptos fundamentales de la física cuántica, comenzando con modelos atómicos clásicos y el concepto de cuerpo negro, que es un ideal que absorbe toda la radiación. Se discute la radiación de cuerpo negro, la discrepancia con la teoría electromagnética clásica y la introducción de la hipótesis de Planck, que propone que la energía se emite en cantidades discretas. La importancia de la constante de Planck y su aplicación en fenómenos como el efecto fotoeléctrico son también destacados.
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FCPN - UMSA

MÓDULO: Física Cuántica

Lecciones:
1. Modelos atómicos clásicos: Thomson, Rutherford
2. Radiación de cuerpo negro
3. Efecto fotoeléctrico
4. Espectrometría
5. Modelo atómico cuántico de Bohr
6. Efecto Compton, ondas de de Broglie
7. Dualidad onda-partícula
8. Mecánica cuántica: formulación de Schrödinger
9. Función de onda y probabilidad
10. Principio de incertidumbre y principio de correspondencia

Lección 2. Radiación de cuerpo negro

En la lección 1 se vio que el modelo de átomo propuesto por Rutherford era capaz de
explicar la evidencia experimental del “reborte perfecto” del proyectil (partícula alfa) al
incidir sobre un átomo pesado (por ejemplo, oro) en reposo. La clave fue introducir el
concepto del núcleo atómico. Hacia 1900 aún faltaban 11 años para que el “átomo de
Rurtherford” fuera concebido; sin embargo ya se conocía hacía tres años al electrón. Así
pues el concepto primitivo de átomo en esos años seguía básicamente al modelo de
Thomson. A pesar de no poder explicar muchas cosas, este modelo primitivo al menos
permitía suponer que la distribución continua de carga eléctrica positiva en una región del
espacio, junto a los electrones distribuidos aleatoriamente en su interior, pudiera hacer algo
muy importante: oscilar.

Ya era sabido, gracias a la teoría electromagnética de Maxwell (1860), que la oscilación


periódica de carga eléctrica produciría radiación electromagnética capaz de propagarse en
el espacio en forma de ondas. Así pues, el modelo de “átomo oscilante” constituiría la
entidad física fundamental que explique la interacción de la radiación con la materia: los
átomos oscilantes no sólo absorberían la radiación electromagnética sino que también la
emitirían. El cuerpo ideal capaz de absorber toda la radiación que incide sobre él, sin
reflejar absolutamente nada, para todas las posibles longitudes de onda, se denomina
CUERPO NEGRO.

Aunque el concepto de cuerpo negro es ideal, existen varias buenas aproximaciones para el
trabajo en laboratorio, como ser una superficie cubierta de negro de humo. Una vez que el
cuerpo negro comienza a absorber la radiación del campo electromagnético, comienza a
reemitir asimismo radiación a fin de entrar en un régimen de equilibrio estacionario, lo que
asegura la conservación de la energía. Este proceso de equilibrio ocurre a cierta
temperatura. Por ejemplo, un trozo de metal a medida que se calienta va adquiriendo
coloraciones que van desde el rojo oscuro hasta el blanco azulado.

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En términos de la frecuencia de la radiación emitida, diríamos pues que a mayor


temperatura de equilibrio, mayor es la frecuencia de la radiación (el azul tiene mayor
frecuencia que el rojo). A estas alturas debe estar claro que el cuerpo negro no es en
realidad de “color negro” a una temperatura suficientemente elevada.

En realidad, cuando un cuerpo negro está incandescente lo vemos de un color para el cual
la cantidad de energía radiada es mayor, pero el cuerpo también está emitiendo radiación en
otras longitudes de onda (o frecuencias, recordando que longitud de onda λ y la frecuencia
f están relacionadas pues su producto es igual a la velocidad de la luz en el vacío, λf = c).
Así, existe una distribución, o espectro, de frecuencias en relación a la energía emitida por
el cuerpo negro incandescente.

En vista de lo anterior, sería pertinente preguntarse si acaso la energía emitida por un


cuerpo negro a cierta temperatura no sería mayor mientras mayor fuese la frecuencia. La
pregunta tiene sentido, pues de acuerdo a la teoría electromagnética clásica (Maxwell),
mientras mayor es la frecuencia de un oscilador –por ejemplo, una carga en movimiento–
mayor será la energía de la onda electromagnética emitida. Así, a mayor frecuencia (más
azul) un cuerpo negro incandescente debe irradiar mayor energía hacia el espacio.

Pero la evidencia experimental muestra que esto no es precisamente así. Por ejemplo, para
el tungsteno a 2000 K, la intensidad de la radiación va aumentando a medida que disminuye
la longitud de onda (o aumenta la frecuencia) hasta unos 1.5×10–6 m, pero a partir de aquí
la intensidad disminuye, contradiciendo frontalmente a la teoría electromagnética clásica.

Esta era la situación problemática de la física antes del año 1900, cuando Max Planck
propuso la revolucionaria hipótesis que habría de dar paso a la física cuántica.

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Fig. 1

Veamos la Fig. 1. La curva azul gruesa muestra la predicción de la física clásica según la
teoría electromagnética de Maxwell. Por sus autores, este modelo teórico se denomina
“teoría de Rayleigh-Jeans”. En el eje vertical se tiene a la función de intensidad espectral de
radiación Iλ cuyas unidades son (W/m2)/m; esta cantidad también se denomina “radiancia
espectral”. En el eje horizontal se tiene la frecuencia f de la radiación emitida medida en s–1.
Así, mientras avanzamos hacia la derecha sobre el eje horizontal el “color” de la radiación
pasa de azul (menor frecuencia) a ultravioleta (mayor frecuencia). Por otra parte, la curva
roja delgada muestra la evidencia experimental: para frecuencias pequeñas, la intensidad
espectral varía según la frecuencia de acuerdo a la teoría clásica, pero las diferencias ya son
notables a medida que aumenta la frecuencia. Como nota interesante, mencionemos que el
aumento “explosivo” de la energía vertida al espacio para frecuencias elevadas
correspondientes al ultravioleta, se denominó “catástrofe ultravioleta”. Afortunadamente
esta catástrofe no ocurre en realidad.

La expresión matemática que representa a la teoría de Rayleigh-Jeans es

( RJ ) 2π ck BT
Iλ = , (1)
λ4

donde kB = 1.38×10–23 J/K es la constante de Boltzmann. Es decir, Iλ aumenta con la


frecuencia f como f 4 que es lo que se trata de ilustrar en la Fig.1.

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En cambio, la curva real (roja) que se ajusta bien a la evidencia experimental y representa a
la teoría cuántica propuesta por Planck tiene la forma matemática

(P) 2π hc 2 λ5 2π h f 5 c3
Iλ = = (2)
 hc   hf 
exp  − 1 exp  − 1
 k B λT   k BT 

La concordancia de Iλ (RJ) con Iλ (P) para frecuencias bajas se verifica matemáticamente pues
Iλ (RJ) coincide con el límite de Iλ (P) cuando f es pequeña (f 0), o bien, algo que es muy
común en física cuántica, el límite “clásico” de Iλ (P) se obtiene en el límite de h 0
(notemos que f y h aparecen juntas). En general, se dirá que el límite clásico de cualquier
expresión matemática de la física cuántica se obtendrá cuando h 0. Por otra parte, cuando
f , Iλ (RJ) en (1) diverge claramente, pero Iλ (P) en (2) ya no diverge y así se logra la
concordancia con los datos experimentales.

La ubicuidad en toda la física cuántica de la nueva constante h (que fue medida con mucha
precisión a principios del siglo XX por R. Millikan) indica su importancia. Esta constante,
llamada hoy con justicia “constante de Planck”, fue designada por el propio Planck como
“cantidad auxiliar” (Hilfsgroesse, en alemán –tal vez de ahí la “h”–). Planck insistió con
vehemencia que la expresión (2) podría, tarde o temprano, obtenerse con argumentos
puramente clásicos. Pero la historia ha mostrado lo contrario: la constante fundamental
h=6.62×10–34 Js representa la naturaleza cuántica inherente de todos los procesos físicos a
nivel atómico, y dicha naturaleza no se puede –hasta ahora– deducir solamente con los
argumentos la física clásica. Ello ha sido ampliamente demostrado experimentalmente
desde 1900 hasta la fecha, pasando por los grandes avances en la física nuclear a mediados
del siglo XX.

¿En qué contexto físico introdujo pues Planck la famosa constante h? (esto es lo que se
llama “la hipótesis de Planck”). Bien, lo que supuso Planck fue que cada oscilador atómico
absorbería o emitiría energía de manera discreta y no continua como se suponía en la física
clásica. Planck propuso entonces que la energía E transferida durante la interacción entre la
materia y la radiación electromagnética tendrían un valor E = n∆E , donde n es un número
natural (n = 1, 2, 3,…) y ∆E = hf es un cuanto (del latín quantum) de energía que depende
de la frecuencia f de la radiación. Dicho cuanto sería pues la mínima cantidad posible de
energía que se puede transferir en un proceso físico que involucre a los osciladores
atómicos. Así, con ayuda de esta hipótesis se puede deducir (2) de manera rigurosa (que no
mostraremos aquí).

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En realidad, hoy sabemos que la energía de un oscilador cuántico es En=(n+½)hf, que es


diferente a lo que supuso Planck, pero lo que es importante para la deducción de (2) es el
valor de ∆E = hf, que resulta ser el mismo que en la hipótesis de Planck, es decir, ∆E =
En+1– En = hf.

Una forma de verificar la concordancia de (2) con la evidencia experimental es obtener la


integral de Iλ (P) para todas las posibles longitudes de onda λ de la radiación
electromagnética:

(P)
I = ∫ Iλ dλ = σT 4 . (3)

Este resultado, conocido como ley de Stefan, anuncia que la intensidad total de la radiación
emitida por un cuerpo negro depende solamente de la temperatura T, lo que está en
completo acuerdo con los experimentos (de hecho, la ley de Stefan se conocía antes de la
hipótesis de Planck, y era una ley empírica que no había sido aún explicada teóricamente).
La constante σ se denomina “constante de Stefan-Boltzmann” y tiene el valor σ=5.67×10–8
(W/m2)/K4.

Ejemplo 1. La intensidad total de la radiación solar que se recibe en promedio sobre la


superficie de la Tierra es I=1340 W/m2. Estimar la temperatura de la superficie solar.

Para resolver este problema debemos suponer que tanto el Sol como la Tierra se
comportan como cuerpos negros. La potencia P emitida por el Sol se supone constante
(energía por unidad de tiempo) y se distribuye en dos superficies esféricas: la superficie
del Sol cuya área es AS=4πRS2 y la superficie definida por la órbita circular que describe
la Tierra en torno al Sol durante su movimiento anual de traslación, cuya área es A=4πR2
donde R es la distancia promedio entre el Sol y la Tierra. Luego, la intensidad medida en
la Tierra se puede entender como la intensidad sobre un punto de la esfera de radio R,
esto es, I=P/A. Por otra parte, cuando dicha potencia se emite por un cuerpo negro
incandescente de radio RS (el Sol), se debe cumplir la ley de Stefan: P/AS = σT 4. De aquí
se despeja la temperatura de la superficie solar como T=[IA/(AS σ)]1/4=[IR2/(RS2 σ)]1/4.

Suponiendo que la luz del Sol tarda 8 minutos en llegar a la Tierra, entonces resulta que
R 8×60×3×108 = 1.44×1011 m. Tomaremos el dato del radio RS del Sol como
RS = 0.7×109 m. Sustituyendo estos números en la expresión para la temperatura del Sol
resulta T 5624 K. A esta temperatura el color del cuerpo negro incandescente es
blanco-amarillento.

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Ejemplo 2. A fin de entender el importante concepto de la cuantización de la energía en


la escala atómica, podemos proceder “a la inversa”: calcular la cuantización de la
energía en un sistema macroscópico típico como ser el sistema masa-resorte.

Para un cuerpo de masa m = 1 kg adherido a un resorte de constante elástica K = 20 N/m


y que oscila con amplitud A = 0.01 m, la frecuencia de oscilación es f = (1/2π) (K/m) =
0.71 Hz y la energía total es E = ½KA2 = 10–3 J. Aplicando la fórmula cuántica
En=(n+½)hf se despeja un valor de n=2.1×1030 (¡un número bastante grande!). Luego, el
cociente del cuanto de energía ∆E entre la energía total E es ∆E/E hf / (nhf) = 1/n ~ 10–
30
. Esto significa que para energías medidas en laboratorio del orden de 10–3 J, los
“saltos” de energía debidos a la naturaleza intrínsecamente cuántica de la naturaleza son
del orden de 10–33 J, una cantidad tan pequeña que resulta ser prácticamente nula para
los efectos prácticos de detectarla experimentalmente.

Tenemos así una forma de entender –a partir de la física cuántica– cómo es posible que
en un fenómeno típicamente macroscópico la energía se comporte como una cantidad
continua (∆E=0). Para los fenómenos en la escala atómica, el cociente ∆E/E ya no es
tan pequeño y se puede medir experimentalmente.

Diremos finalmente en esta lección que la hipótesis de Planck fue tan acertada (y
revolucionaria) que casi inmediatamente se comenzó a poner a prueba en otros escenarios
físicos. En 1905 Einstein aplicó exitosamente la hipótesis de Planck al efecto fotoeléctrico,
logrando así explicar otro fenómeno experimental que llevaba años sin poderse explicar
teóricamente (hablaremos del efecto fotoeléctrico en la siguiente lección). Como nota
interesante mencionemos que Einstein, en su trabajo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico
(por el que ganó el Premio Nóbel en 1921), no se refirió al cuanto de energía con alguna
designación especial. Recién en 1926, G. Lewis bautizó al cuanto de energía
electromagnética como “fotón”.

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Preguntas y problemas de la lección 2

1. En la Fig. 1 se muestra, de manera burda, la curva de radiancia espectral Iλ(P) de


acuerdo a la teoría cuántica, mientras que en (2) se muestra la forma matemática
exacta de Iλ(P). Grafique, con ayuda de algún programa de computadora o cualquier
otro método gráfico numérico, la función Iλ(P) en (2) dependiente de la longitud de
onda o de la frecuencia, a una temperatura T=6000 K. Como una aplicación de la
gráfica que obtuvo, calcule la longitud de onda para la cual un cuerpo negro emite
más energía (por unidad de área y unidad de tiempo) a esa temperatura T.
2. Sobre la Tierra incide la radiación solar a un ritmo de 2 cal/(cm2 min). Calcule el
número de fotones que corresponden a la cifra anterior suponiendo que en éstos en
promedio tienen una longitud de onda de 5500 Å (1 Å = 10–10 m).
3. Si se mira a un cuerpo negro incandescente, no se podrá distinguir los detalles
geométricos en su interior. Analice científicamente que tan razonable le parece a
usted o a sus estudiantes tal afirmación.

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