VI.
BORDES DE PLACA CONSERVATIVAS
Los bordes de placas conservativas son las que, como dicen su nombre no
se aprecia una construcción o destrucción de placas simplemente hay un
deslizamiento de las placas, los que frecuentemente producen movimientos
sísmicos de bastante intensidad. Estas placas las bordean fallas de
transformación.
Los esfuerzos que afectan a las bordes de las placas tectónicas sufren
diferentes variaciones que así mismo los hacen variar de tipo: cordillera (D),
trinchera (T) o falla (T). Las exploraciones realizadas sobre las cordilleras
oceánicas en la década de los 50's revelaron asombrosamente su
continuidad, la cual en varios tramos presenta un truncamiento que consiste
en una interrupción de la cordillera seguido de su continuidad a unas
cuantas decenas a centenas de kilómetros. Esta separación se lleva a cabo
por una falla horizontal que ha separado las dos porciones de la cordillera
oceánica y las ha alejado entre sí conservando relativamente su
paralelismo.
Las líneas discontinuas son isolineales que indican la antigüedad del fondo
oceánico en Ma.
Figura 16. Fallas de Transformación
Las fallas transformantes son sísmicamente muy activas y alcanzan
longitudes hasta de unos 1,000 Km. y sus edades de inicio no son mayores
de 20 Ma. Su prolongación hacia ambos extremos constituye zonas de
fracturas oceánicas las cuales son relativamente estáticas entre sí y así
mismo manifiestan relativamente nula su fricción, mientras que las dos
porciones de cordilleras separadas conserven la misma velocidad de
expansión.
Cuando las fuerzas que actúan sobre la corteza son predominantemente
verticales y exceden el límite de resistencia de sus materiales surgen las
fracturas en forma de desplazamientos, llamadas fallas. Aunque no es el
propósito de este trabajo la descripción pormenorizada de los diferentes
tipos de fallas, existe un tipo especial, las fallas de transformación, que está
directamente asociado al proceso de expansión del suelo oceánico y que se
detallará más adelante.
Se sabe de la existencia de grandes fallas en diversos puntos del planeta.
De éstas, la Falla de San Andrés, en la costa oeste de América del Norte, es
la más espectacular (Takeuchi et al., 1974). Sin embargo, a partir de los
levantamientos magnetométricos fue posible reconocer también grandes
desplazamientos de la corteza junto al suelo oceánico. En la Elevación del
Pacífico del este, por ejemplo, a lo largo de la línea situada al este-oeste en
la latitud de 34°N, existe un considerable desplazamiento en el patrón de
anomalías geomagnéticas (figura siguiente). Ese patrón puede
sobreponerse transponiendo la parte sur 135 Km. en dirección al este, lo
cual indica que después de la formación del patrón de la anomalía
geomagnética, un movimiento de la falla a lo largo de esta línea produjo un
desplazamiento de 135 Km. en la dirección este-oeste (Takeuchi et al,
1974).
Figura 17. Mapa de la anomalía de intensidad total del campo geomagnético en la Elevación
del Pacífico del este. La unidad es 10 -5 gauss. Las flechas indican movimientos a lo largo de
la falla. Las curvas sólidas de contorno indican anomalías positivas, las punteadas, anomalías
negativas (Takaeuchi et al., 1974).
Para explicar esos desplazamientos Wilson (1965), con base en la teoría de
la expansión del suelo oceánico, estableció el concepto de fallas de
transformación. Esos desplazamientos están asociados a extensas zonas de
cizallamiento donde se generan nuevas rocas en la superficie, debido a la
inyección de materiales ígneos. Aunque tales fallas se asemejan a las
transcurrentes, sólo tienen en común el movimiento relativo horizontal.
En la falla transcunrente común, la parte norte de la falla FF', es desplazada
hacia la derecha (o el este) relativamente a la parte sur. Cualquier
formación preexistente sobre la falla, como es el caso de AB o B' C, se
transpone conforme lo indicado. En el caso de la falla de transformación la
situación es bien diferente. Aquí las lineas ab y b'c representan las crestas
de una cadena oceánica donde se genera la nueva corteza oceánica, que se
extiende sobre ambos lados, según indican las flechas. Un examen
cuidadoso de los esquemas muestra que, aunque el desplazamiento
aparente de las líneas BB' y bb' sea en los dos tipos de fallas, en la misma
dirección, la naturaleza de ellas difiere esencialmente en los siguientes
aspectos:
1) en la falla transcurrente (a) el desplazamiento relativo ocurre a lo largo
de la extensión total de la falla; no obstante, en la falla de transformación
(b), el desplazamiento relativo sólo ocurre a lo largo de la porción bb', si la
velocidad de expansión del suelo oceánico fuera la misma en ambos lados
de la falla.
Figura 18. Esquema que muestra los movimientos relativos de los bloques en dos tipos de
fallas. a) Falla transcurrente. b) Falla de transformación (Takeuchi et al., 1974).
Las fallas de transformación presentan (siguiente figura) extensión
longitudinal de algunos millares de kilómetros; sin embargo, gran parte de
los desplazamientos se interrumpe bruscamente, restringiéndose a
pequeñas porciones de las crestas de las dorsales. Los sismos asociados a
las fallas de transformación ocurren en segmentos cortos de la zona de
fractura entre las crestas de las dorsales (Loczy y Ladeira, 1981), mientras
que en la falla transcurrente no debe haber esa limitación (Clarke Jr., 1973).
Figura 19. Modelo de tectónica de placas asociado a las dorsales meso-oceánicas y fallas de
transformación (Heather, 1992).
Un ejemplo muy claro de un borde de Transformación es: La falla de San
Andrés.
La falla San Andrés es una ruptura de la corteza terrestre que se extiende a
lo largo del estado de California, de San Francisco a Los Ángeles, y continúa
hacia el sudeste en lo que es la fosa del Golfo de California. A esta falla se
asocian muchas más, aunque, en general, de dimensiones menores.
Se considera que el Golfo de California se formó por el desplazamiento de
un bloque continental, que es la península, en un proceso todavía activo,
con una velocidad promedio de 6 cm/año. Se supone también que se
desplaza al Noroccidente junto con la porción occidental de California, de tal
manera que Los Ángeles, en el bloque en movimiento, se acerca a San
Francisco, en el bloque fijo (Figura). Aunque esto no es apreciable a simple
vista, las huellas del movimiento son claras: destrucción de obras de
ingeniería (incluso edificios), tuberías, carreteras, acueductos y otras.
Los estudios actuales permiten registrar movimientos pequeños no
reconocibles a simple vista; así, por ejemplo, a raíz de un par de sismos en
junio de 1992, con epicentro cercano a Los Angeles, el Instituto Tecnológico
de Pasadena y los laboratorios Lawrence-Livermare determinaron que la
ciudad se desplazó al noroccidente 13 mm.
Figura 20. Las fallas principales de California. Las flechas representan la dirección del
desplazamiento (en: A. Nikonov, 1979).
A los lados de la falla San Andrés, en una distancia de 110 km se reconocen
más de 130 cauces fluviales desplazados, de algunos metros hasta más de
un kilómetro. Esto ha ocurrido en las últimas decenas de miles de años.
En la zona de Ventura se han establecido velocidades de levantamiento
vertical de 14 a 2 mm/año para los últimos 200 000 años, variando en
intensidad y se calcula que, actualmente es de 55 mm/año en promedio.
En 1956 se estableció que los movimientos de la falla San Andrés no son
continuos y regulares, sino que se producen por impulsos que ocurren en
lapsos días y semanas, en alternancia con meses de tranquilidad. Desde
entonces se pudo definir su periodicidad y predecir los impulsos con mucha
precisión, con error de una a tres semanas. Sin embargo de 1985 a 1995
han ocurrido varios temblores en California sin que haya habido siquiera
una predicción aproximada: año, trimestre, mes o semana de ocurrencia, lo
que tampoco significa que en el futuro no se llegue a esto.