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Pintura Rococó

La pintura rococó, surgida en el siglo XVIII en Francia, se caracteriza por su estilo aristocrático y hedonista, reflejando la vida de las élites europeas a través de temas íntimos y decorativos. Este movimiento artístico, que fue criticado por el neoclasicismo y la Ilustración, se enfocó en la belleza y la sensualidad, utilizando colores claros y composiciones asimétricas. A pesar de su caída en descrédito tras la Revolución Francesa, el rococó fue rescatado en el siglo XIX, siendo considerado un patrimonio cultural y una influencia en el desarrollo de las artes decorativas.
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Pintura Rococó

La pintura rococó, surgida en el siglo XVIII en Francia, se caracteriza por su estilo aristocrático y hedonista, reflejando la vida de las élites europeas a través de temas íntimos y decorativos. Este movimiento artístico, que fue criticado por el neoclasicismo y la Ilustración, se enfocó en la belleza y la sensualidad, utilizando colores claros y composiciones asimétricas. A pesar de su caída en descrédito tras la Revolución Francesa, el rococó fue rescatado en el siglo XIX, siendo considerado un patrimonio cultural y una influencia en el desarrollo de las artes decorativas.
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PINTURA ROCOCÓ

La pintura rococó se desarrolló a lo largo del siglo XVIII por toda Europa partiendo
de Francia, cuna de este estilo de origen aristocrático y se dividió en un principio en
dos campos nítidamente diferenciados: como parte de la producción artística, es un
documento visual intimista y despreocupado del modo de vida y de la concepción del
mundo de las élites europeas del siglo XVIII, en tanto también como una adaptación de
elementos constituyentes del estilo a la decoración monumental de las iglesias y
palacios, sirvió como medio de glorificación de la fe y del poder civil. El
estilo Rococó nació en París durante la regencia del duque de Orleáns, en la minoría de
edad de Luis XV, como una reacción de la aristocracia francesa contra el Barroco
suntuoso, palacial y solemnemente practicado en el período de Luis XIV. Se caracterizó
por su índole hedonista y aristocrática y se manifestó en la delicadeza, elegancia,
sensualidad y gracia, y en la preferencia de temas blandos y sentimentales, donde las
líneas curvas, los colores claros y la asimetría jugaban un papel fundamental en la
composición de la obra.

Los pintores representaron las costumbres y actitudes de una sociedad en busca


de la felicidad, la alegría de vivir y de los placeres sensuales, los más representativos de
esta etapa fueron François Boucher, Antoine Watteau y Jean-Honoré Fragonard,
artistas que mezclaron en sus imágenes y trabajos lo erótico, lo lúdico y lo mundano de
las imágenes, así como también lo galante de cada una de ellas.

A pesar de su valor como obra de arte autónoma, la pintura del Rococó era
concebida muchas veces como parte integrante de un concepto global de decoración
de interiores.

A mediados del siglo XVIII, el Rococó comenzó a ser criticado por la nueva
corriente neoclásica, la burguesía y la Ilustración y sobrevivió hasta la Revolución
Francesa, cuando este movimiento cayó en descrédito completo, acusado de ser
superficial, frívolo, inmoral y puramente decorativo.

Orígenes

El Rococó se desarrolló a partir de la creciente libertad de pensamiento que nació


en Francia durante el siglo XVIII.8 La muerte de Luis XIV en 1715 abrió el espacio para
un flexibilización de la cultura francesa. La desaparición de la propia personificación
del absolutismo propició a la nobleza recuperar parte del poder y la influencia hasta
entonces centrada en la persona del monarca, se produjo el abandono de la corte de
Versalles, moviéndose mucho de los nobles hacia sus propiedades ubicadas en el
interior, en tanto otros se movían a sus mansiones en París, que se volvieron el centro
de la «cultura de los salones», reuniones sociales sofisticadas, brillantes y hedonistas
que acontecieron entre discusiones literarias y artísticas. Este fortalecimiento de la
nobleza hizo que esta se convirtiera entonces en el principal mecenas.

En estos salones se formó la estética del Rococó: escenas domésticas y


campestres, o de alegorías amenas inspiradas en los mitos clásicos, donde muchos
identificaban la prevalencia del universo femenino. En este sentido, tuvo un creciente
impacto el papel desempeñado por las mujeres en la sociedad durante esta fase, se
asumió una fuerza en la política en toda Europa y originó que se volviesen así
generosas patronas de arte y formadoras de gusto

La pintura del Rococó ilustra además, en su versión primeriza, la división social que
desembocaría en la Revolución Francesa, y representa el último bastión simbólico de
resistencia de una élite distante de los problemas y los intereses comunes del pueblo,
la cual se veía cada vez más amenazada por la ascensión de la clase media, que se
educaba y comenzaba a dominar la economía y ocupaba importantes sectores del
mercado del arte y de la cultura en general.

En un período en el que las antiguas tradiciones comenzaban a disolverse, la


pintura rococó representa una oposición a la doctrina académica, que tentaba, al igual
que durante el alto Barroco y en especial en Francia, imponer un modelo artístico
clasicista como un principio permanente y universalmente válido.

En el período del Rococó la nota innovadora fue que del mundo de los pastores
arcadios y de los dioses del panteón greco-latino se mantuvo prácticamente el telón de
fondo del entorno natural, describiendo esto «natural» a menudo como un jardín
cultivado, y los protagonistas del momento eran los propios aristócratas y los
burgueses enriquecidos, con todo y su indumentaria, participando en conversaciones
brillantes y cuyo heroísmo se resumía en una conquista amorosa, encarnando la idea
pastoral más de acuerdo con las convenciones de un teatro social.

Otra contribución importante para la formulación de la estética del Rococó fue el


establecimiento del concepto de «el arte por y para el arte» iniciado por Alexander
Baumgarten en 1750 y profundizado por Kant en la década siguiente. Este afirmaba
que el principal objetivo del arte era complacer, y no una utilidad, concibiendo la
experiencia estética como surgimiento de la contemplación de la belleza de un objeto,
y entendida como la estimulación sensual de los pensamientos indiferentes,
desprovistos de utilidad o propósito y desviculados de lo moral.

Técnicamente la pintura rococó tuvo una mayor libertad de expresión a diferencia


de la pintura barroca o académica. La pincelada es nítida y desarrollada, con la
creación de texturas y de un efecto por veces similar a los cuadros impresionistas,
dándole a muchas composiciones un aspecto de esbozo e inacabado, lo que dejaba al
espectador con más eficiencia solicitando que él mentalmente completase lo que le
había sido presentado esquemáticamente. Se niegan las especifidades realistas y la
primacía de la línea, el espacio tiene su perspectiva acortada creando una
ambientación más cerrada, los escenarios de fondo son más simplificados privilegiando
el primer plano, y se buscan efectos sugestivos de la atmósfera. La representación del
vestuario, a pesar de ello, tiende a ser lo bastante real como para exhibir la
suntuosidad de la tela y la riqueza de las joyas y los ornamentos usados por los
modelos.2526 El color, aspecto central en el Rococó, era la preocupación de los artistas y
se convirtió en un problema extremadamente complejo. Se buscaban gamas de
colores amplias y exquisitas, ganando especial importancia los tonos claros y pastel.

El Rococó sacro y monumental[editar]

La pintura rococó no fue un fenómeno exclusivamente doméstico y encontró un


terreno fértil también en la decoración de edificios públicos e iglesias. En estos
ambientes la pintura entraba como un elementos importante en la composición de
una «obra de arte total», integrándose la arquitectura como un mobiliario y los objetos
decorativos accesorios, como las cubiertas y estucos, con tal de comprobar la
funcionalidad del espacio.

Francia

En Francia, el Rococó mostró su rostro más característico, con un tratamiento


leve, galante y sensual de sus temáticas privilegiadas, la pastoral, seguida de las
escenas alegóricas y de los retratos. Sus figuras se presentan ricamente vestidas,
colocadas contra telones de fondo rural, jardines o parques, ilustrada muy bien en la
obra de Watteau, donde los aristócratas pasan su tiempo libre en entretenimientos
sofisticados en una atmósfera soñadora y no desprovista o exenta de
connotaciones eróticas, lo que recuerda el mundo idílico que supuestamente existió en
la Antigüedad clásica. La pintura rococó es, ante todo, intimista y por ende no está
destinada al público en general, sino que más bien su consumo fue dedicado a la
nobleza ilustrada y ociosa de la burguesía más acomodada, teniendo un carácter
eminentemente decorativo, reteniendo mucha inspiración de la literatura clásica. La
técnica es sutil y tiende al virtuosismo, con pinceladas libres y una rica paleta de
colores, con un predominio creciente de tonos claros, buscando efectos evocativos de
la atmósfera.

El decorativismo de la pintura rococó extrajo su esencia de la rica ornamentación


común en muchas obras, de la profusión de detalles representados con minucia, del
cromatismo sofisticado, de la riqueza de los trajes y escenarios, al punto de convertirse
en un valor en sí mismo, en composiciones que vienen a perder su enfoque narrativo
en medio del frenesí de la plasticidad pura, del atractivo sensorial inmediato.34 En
torno a una importante obra de Watteau, Embarque para la isla de Citera —
considerada un paradigma de la estética del placer típico del Rococó.
Otro de los grandes pintores franceses es Jean-Honoré Fragonard, alumno de
Boucher y colorista experto, que continuó con la tradición de alegorías poéticas y
sensuales de sus antecesores, pero siendo también apreciado por sus contemporáneos
gracias a la enorme versatilidad que mostraba, adaptándose a las necesidades de una
gran variedad de temas y géneros, acumulando enorme fortuna con la venta de sus
obras con motivo de la pobreza generada tras la Revolución.39 Durante la rehabilitación
del Rococó en el siglo XIX fue llamado el «Querubín 40 de la pintura erótica», elogiado
en altos términos por su capacidad de crear efectos de suspensión emocional y tensión
sensual sin caer en lo indecoroso.

Inglaterra

Los artistas locales tuvieron que afrontar la situación, adoptando ampliamente los
principios del Rococó francés. Los géneros más populares en Inglaterra fueron el
retrato44 y las «pinturas de conversación», escenas donde se mostraban grupos de
amigos o familiares envueltos en conversaciones, una tipología que refrescaba el
retratismo como el paisajismo. Thomas Gainsborough, tal vez el más típico y brillante
pintor del Rococó inglés, practicó también el paisajismo puro, donde desarrolló un
estilo de simplificación del escenario, de descripción inespecífica y teatralizada, y de la
alteración de sus colores básicos y del sentido de perspectiva, artificialismos típicos del
Rococó, además de haber dejado una importante labor en el campo del retrato.

Italia

En Italia, patria del Barroco, este estilo continuaba atendiendo las necesidades de
sensibilidad local, y el modelo del Rococó francés no fue respetado en su esencia,
puesto que se alteró su alcance temático y sus énfasis significantes, expresándose
principalmente en la decoración monumental. En el campo de la pintura, el mayor
auge ocurrió en Venecia, alrededor de la figura predominante de Giovanni Battista
Tiepolo, célebre muralista que dejó obras importantes también en España. Su estilo
personal era perfectamente una continuación del Barroco nativo, adoptando una
paleta de colores leve y luminosa, construyendo formas vivaces, alegres y llenas de
gracia y movimiento, que lo hicieron caer en la órbita del Rococó, a pesar de que su
tono siempre es elevado y su temática muy a menudo abarcaba lo sagrado o
glorificado.
La fortuna crítica de la pintura del Rococó

El Rococó francés fue un estilo totalmente aristocrático, derivado de una sociedad


que todavía tenía una rígida estratificación social y que representó la fase final del
antiguo sistema económico feudal. La Ilustración cuestionó las bases de esta sociedad
así como el modelo de civilización y cultura que proponía, disolvió las jerarquías y los
modelos de patronato que alimentaron la pintura rococó, ya vista y calificada como
frívola, afeminada, elitista y excesivamente ornamental, vio el mundo desde una
perspectiva más equitativa, independientemente de las tradiciones, mitos y religiones,
anuló los privilegios de cuna y estableció nuevos criterios para la adquisición del
conocimiento, donde reinaba la claridad de la razón y de la demostración lógica y
científicaba sobre las ambiguas y obscuras sutilezas de la opinión, del sentimiento y de
lo metafísico.

La clase media, a su vez, identificaba fácilmente el estilo Rococó


como el rostro de la élite corrupta y disoluta que quería derrocar, y el
arte que cultivaba y apreciaba, principalmente el de Chardin y
Greuze, era diametralmente opuesto tanto en la forma y el contenido.
Este proceso culminó en la Revolución Francesa y en el surgimiento
del Neoclasicismo, con un regreso de ideales artísticos basados en
valores de austeridad, piedad, civismo y ética, una reafirmación de
los principios masculinos y una rehabilitación de la pintura
históricamente moralizante, a expensas de la femininante graciosa,
intimista y sensual del Rococó.5859

Pero el eclipse del estilo fue muy breve. Superada la fase más rigurosa del
neoclasicimo y recuperándose en cierto grado la estabilidad política europea tras la
Revolución y el fracaso final de Napoleón Bonaparte, en la década de 1830, el arte
Rococó volvió a la escena a través de la literatura de Gérard de Nerval, Théophile
Gautier y otros autores, desilusionados con excesivo énfasis, puesto que consideraban,
en la concepción de que el arte siempre debe ser producido con un propósito cívico o
didáctico, y que el mundo había llegado a ser dominado por una burguesía inculta y
carente de gusto. El grupo comenzó a desarrollar un estilo revivalista y nostálgico,
inspirado en la literatura y pintura del siglo XVIII, y siguiendo un modo de vida
semejante al de la antigua aristocracia, con sus salones y hábitos sofisticados,
atrayendo la atención de otros escritores y poetas. Luego, su número se volvería
considerable, dando origen a una subcorriente romántica en la literatura y artes
visuales, llamada «Romanticismo fantasioso», que tendría gran aceptación popular
entre la década de 1840 a 1850.60

Hacia finales del siglo XIX, el Rococó francés fue plenamente recuperado e
instaurado como un patrimonio cultural nacional de Francia, junto con la rehabilitación
de las artes decorativas en general. En esta face se multiplicó la literatura crítica
respecto al estilo, fueron instituidos museos para las artes decorativas, diversos
monumentos del siglo XVIII fueron restaurados y la pintura Rococó volvió a ser
aceptada como parte integrante de una concepción global de decoración de intereses,
así como fue entendida en su origen. Este renovado entusiasmo por el Rococó culminó
con su consagración en el Museo de Louvre en 1894, con la destinación de una sala
enteramente dedicada al arte del siglo XVIII, donde se recrearon ambientes completos.
También se estimuló una moda de objetos y paneles decorativos en estilo revivalista, y
fue uno de los factores para el desarrollo de las artes aplicadas y de la artesanía de alta
calidad de Art Nouveau, teniendo también un carácter simbólico de reaproximación de
las élites heredadas de la nobleza con la burguesía de la Tercera República.61 Al mismo
tiempo, se rescató la importancia de Tiepolo como uno de los más destacados
muralistas del siglo XVIII,62 y a principios del siglo XX Oswald Spengler hizo un elogio
emocional del arte Rococó en su trabajo La decadencia de Occidente.63

Mientras tanto, otros autores como Egon Friedell, quien escribió en el período de
entreguerras, continuó considerando que el estilo era poco favorecedor.64 Un nuevo
interés por el Rococó surgió en la década de 1940 cuando Fiske Kimball publicó su
importante estudio The Creation of the Rococo (1943), que trató de definir y describir
el estilo en bases críticas cuidadosamente históricas, pero que más bien sirvió para
generar una serie de nuevas cuestiones que trajeron a la luz inconsistencias en su
definición. Todo ello, evidenció su complejidad y alimentó los debates académicos
posteriores,65 con grandes contribuciones de Arnold Hauser en la década de 1950,
apreció el estilo de una forma más profunda y comprensiva gracias a las ideas
Marxistas, y de Philippe Minguet y Russell Hitchcock en la década de 1960,
enfocándose estos en los conjuntos arquitectónicos,66 así como Victor Tapiè y Myriam
Oliveira quienes acreditaron que en las décadas del 70 en adelante hubo una regresión
en la búsqueda de conceptos ya superados, y particularmente muestran como
ejemplos los enfoques de Germain Bazin, Anthony Blunt, Yves Bottineau y Georges
Cattaui, que delimitaron el tema al Barroco, contradiciendo así las ideas pre-Kimball. 67
68

Lo que está claro es que todavía existe mucha polémica y contradicciones en los
estudios sobre el Rococó, aunque de una forma la crítica más o menos concuerda en
ver en la filosofía subyacente de la pintura Rococó elementos de superficialidad,
elitismo, hedonismo y alienación, aún cuando destacan que estos aspectos no cuentan
toda la historia y que se aferran a ellos a partir de supuestos morales modernos que
pueden impedir al público reconocer su valor como arte por derecho propio y como
vehículo de significados importantes para la clase que gobernó en Europa durante el
siglo XVIII, hecho que basta por sí para atribuirle gran interés histórico y documental.
También se admite ampliamente que en sus mejores momentos, la pintura Rococó
alcanza niveles muy altos de excelencia técnica, es difícil incluso para los moralistas
más empedernidos ser insensibles a su encanto y su riqueza plástica, así como a la
capacidad de sus autores.697071 Otro punto positivo de la pintura Rococó fue detectado
en la reformulación y suavización de la iconografía cristiana, traduciendo los elementos
de la fe y retratando sus mártires y santos dentro de una moldura menos pesada y
opresiva de aquella producida durante el Barroco, permitiendo el nacimiento de una
devoción más jovial y optimista, menos cargada de culpa, y que reconciliaba la
naturaleza con lo divino.72 Al mismo tiempo, su índole personalista, su curiosidad por
lo novedoso y exótico, así como su rechazo del Academismo representaron un
movimiento en dirección a la libertad y creación espontánea, tan apreciadas hoy en
día, y que eran considerados criterios legítimos de evaluación de una obra de arte en
aquellos tiempo. De hecho, la misma concepción poseía Alexander Pope al «declarar
que algunas bellezas no pueden ser explicadas en preceptos», y que «hay gracias sin
nombre que ningún método enseña, y que sólo la mano de un maestro puede lograr»,
cualidades que sólo podían ser juzgadas por el «gusto», un elemento sutil que el
propio Voltaire no compartía y «un discernimiento rápido, una percepción súbita que,
como las sensaciones del paladar, anticipan la reflexión, acepta lo que da una
impresión voluptuosa y rara y rechaza lo que parece grosero y desagradable».70

En contraste, para una mejor comprensión de la pintura del Rococó es necesario


que primero percibamos claramente que no sólo se limita a Francia, aunque allí haya
mostrado ser más plena, típica y esencialmente y sea la referencia básica de todo el
estilo, pero se expresó de una gran variedad de formas en una vasta área del
Occidente, adaptándose a otras demandas y reflejando experiencias vitales y visiones
del mundo muy diversificadas, y según, cuando analizamos sus aspectos más difíciles,
más paradójicos y más propensos a las críticas, tratábamos de penetrar en la filosfía
que direccionaba aquel arte de encantos y fantasías, de juegos visuales e intelectuales
y alusiones veladas, que prestigiaba la educación y el refinamiento contra lo que se
creía grosero e incluto, y expresaba una voluptuosidad y una alegría auténtica para
hechos simples de vivir en una situación confortable, lo que, si era prerrogativo de
pocos en su tiempo, como sabemos, hoy se volvió un patrimonio de todos a través de
su legado artístico. Por lo que no hará daño recordar la advertencia de Locke, que
prácticamente apunta al lado artificial de toda representación y para la necesidad de
aceptar las reglas propuestas en cada juego artístico de modo que sea satisfactorio:

Es vano tratar de encontrar fallas en las artes del engaño, donde las personas
tienen placer de ser engañadas.

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