5.- LA ACCIÓN HUMANA SOBRE EL MEDIO. PROBLEMÁTICA ACTUAL.
- Introducción.
- La acción humana sobre la biosfera.
- La acción humana sobre la atmósfera.
La acción humana sobre la hidrosfera.
La acción humana sobre la litosfera.
- Problemática actual.
- Conclusión.
Bibliografía.
INTRODUCCIÓN.
Todas las concepciones de la Geografía Humana parten de la consideración de las relaciones
hombre-medio. Así, Demangeon definió la Geografía Humana como la ciencia que estudia las
relaciones entre los grupos humanos y el medio geográfico. Desde un planteamiento más
ecológico, Harlan H. Barrows consideraría la Geografía como una ecología humana. Por su
parte Pierre George afirma que el problema del medio ambiente es fundamentalmente
geográfico, pudiendo ser definida la Geografía como la ciencia del medio ambiente humano.
Desde un punto de vista paisajístico, la Geografía Humana ha sido entendida por geógrafos
como Passarge y Max Sorre como una ciencia del paisaje humanizado o culturizado (el
Kulturlandschaft de los geógrafos alemanes). Bertrand entiende el paisaje “como el resultado,
sobre una cierta porción del espacio, de la combinación dinámica, por tanto inestable, de los
elementos físicos, biológicos y antrópicos, haciendo del paisaje un conjunto único e
indisociable en perpetua evolución”. Ullman, dentro de la Nueva Geografía, define a la
Geografía como una ciencia de interacciones espaciales, lo que implica la abstracción de las
relaciones hombre-medio, relaciones que la Geografía cuantitativa intentará reducir a
modelos.
El medio natural ofrece a los grupos humanos una serie de posibilidades diferentes en los
distintos puntos del Globo. Ello motiva, en parte, una gran diversidad en la actividad humana
sobre la superficie terrestre. Según la escuela posibilista francesa, no existe un determinismo
absoluto en la influencia del medio sobre el hombre y sus actividades, sino más bien un
posibilismo: el hombre escoge de entre aquellas posibilidades que le ofrece la Naturaleza.
La influencia del medio sobre las actividades, es mayor a medida que los grupos humanos que
las desempeñan son más primitivos y disponen de técnicas más rudimentarias. Una sociedad
evolucionada llega a dominar y transformar el medio, incluso hasta unos extremos en que la
degradación ponga en peligro la propia existencia de dichas sociedades. Esto es lo que
Mumford llamó fase neotécnica de la sociedad, frente a la paleotécnica anterior a la
Revolución Industrial.
La humanidad, desde dicha revolución, ha vivido una enorme explosión demográfica, la
acentuación del consumo y una cada vez mayor interconexión planetaria a todos los niveles,
que ha llegado en nuestros días a la globalización. Pero como remarcó Keynes, la economía
crece ilimitadamente sobre un mundo limitado en sus recursos.
LA ACCIÓN HUMANA SOBRE LA BIOSFERA.
La biosfera es la parte del globo formada por seres vivos y que está en contacto con la
litosfera, la atmósfera y la hidrosfera. La biosfera siempre ha vivido un constante proceso de
transformación que en los últimos años podría considerarse de degradación. Para entenderla
mejor, pasemos a definir sus aspectos más básicos.
Biotopo es el espacio caracterizado por unas condiciones ecológicas determinadas donde
aparecen reunidas las condiciones físico-químicas para la vida de una biocenosis. Esta es un
agrupamiento de organismos, unidos por una dependencia recíproca y que se mantienen
reproduciéndose de manera permanente. Siendo un ecosistema la unión de biotopo y
biocenosis.
Los ecosistemas naturales pueden evolucionar, lo que ha aprovechado el hombre para su
modificación. Los grupos humanos primitivos, dotados de técnicas muy rudimentarias,
aunque utilicen el ecosistema en que viven de un modo destructivo (caza, pesca, recolección
silvestre), lo hacen a unos niveles tan ínfimos, que la propia dinámica del ecosistema repone
las pérdidas y recupera el equilibrio natural. Es la antropocenosis. Pero cuando la
antropocenosis descubre unas técnicas que le permiten asegurar mejor su futuro, mediante una
transformación del medio, se inicia la alteración profunda de los ecosistemas. La revolución
del neolítico, con el descubrimiento de la agricultura y de la ganadería, inicia el proceso de
degradación del bosque y de los suelos, la extensión voluntaria de algunas especies vegetales
y animales (cruces genéticos para crear razas con mayor producción lechera o cárnica), la
retracción de otras, que llegan a extinguirse, o a estar en serio peligro, como nuestro lince
ibérico, protegido en Cardeña, Montoro y Doñana.
Zonas inundadas se han hecho cultivables, al igual que desiertos se han convertido en
auténticas despensas para toda Europa (caso de los invernaderos de Almería). Y es que el
hombre ha aprovechado el medio a su antojo, como los bosques para la explotación maderera.
En conjunto, los dos tercios de los bosques de nuestro planeta han sido aniquilados. De
continuar aumentando la tala de bosques al ritmo creciente de los últimos decenios, el
cinturón de bosques ecuatoriales en África, América y Asia se reducirá de tal modo que en dos
generaciones (según los expertos de la UNESCO) la Tierra habrá perdido todas sus selvas
vírgenes.
Las formaciones herbáceas y arbustivas ofrecen más ventajas para la ganadería, que
aprovecha directamente las hierbas y brotes como pastos, y para la ocupación agrícola. Ahí
tenemos otro motivo para la deforestación tan brutal que ha vivido el planeta.
En algunos bosques, tales como los de clima templado oceánico, el pastoreo provoca una
simple transformación del bosque, favoreciendo algunas especies. Pero se vuelve peligroso si
el número de cabezas es excesivo, pues los jóvenes brotes de los árboles son comidos y
pisoteados, no pudiéndose reconstituir el bosque.
En las regiones sometidas a un clima de larga estación seca los daños cometidos por los
rebaños son a menudo irreversibles, pues la erosión de los suelos impide toda regeneración
ulterior. Especialmente peligrosas son las cabras, responsables, en parte, de la degradación del
arbolado en los países mediterráneos.
Junto con los daños causados directamente por el ganado, hay que considerar los estragos
provocados por los ganaderos, que no dudan en incendiar la vegetación natural para extender
sus pastos. Así se eliminan malezas y plantas inútiles para el ganado.
No debemos olvidar el suelo, pieza clave en el desarrollo productivo de nuestra especie. El
suelo, como es sabido, es un complejo vivo y dinámico cuyo proceso de formación depende
de factores tales como la roca madre, la topografía, el clima y la vegetación. Y el hombre, con
su laboreo, con la añadidura de compuestos químicos y con la deforestación y pérdida de
cobertura vegetal, es capaz de modificarlo y depauperarlo.
LA ACCIÓN HUMANA SOBRE LA ATMÓSFERA.
La contaminación atmosférica es uno de los más graves problemas que se sufren en la Tierra y
principalmente, gracias a los países más desarrollados. La contaminación atmosférica es el
efecto producido en el aire por distintos sólidos, líquidos o gases procedentes de la actividad
humana, originando un ambiente nocivo para la biosfera y para el propio hombre.
El aire puro no existe, pues siempre va acompañado de impurezas, de contaminadores
“naturales”, como pueden ser el polvo, las arenillas, el polen, las sales procedentes de la
evaporación de las aguas marinas, etc. Contaminadores todos ellos, que por su permanente
presencia en la atmósfera se les considera pertenecientes a ella. En términos ecológicos
diríamos que se encuentran integrados en los ecosistemas naturales. Tanto es así que estas
partículas actúan como núcleos de condensación para la formación de nubes.
Además de los contaminadores naturales existen contaminadores artificiales que han ido
proliferando a partir de la revolución urbano-industrial y que constituyen un factor más en la
alteración de los ecosistemas primitivos.
Los emisores contaminantes como todos sabemos son de múltiples tipos. Por ejemplo, en los
paisajes urbano-industriales existen multitud de focos contaminantes: los vehículos de motor,
las calefacciones, los humos industriales, las alcantarillas, la combustión de basuras, etc. que
producen sustancias peligrosas para la salud humana.
En los paisajes agrarios de los países más tecnificados hay también focos de contaminación
atmosférica provenientes de insecticidas y plaguicidas.
Junto a estos elementos contaminantes se añaden las explosiones nucleares, los productos
residuales de los aviones a reacción y las combustiones masivas de fuentes energéticas.
La incidencia de estos contaminantes en las poblaciones está en relación con las condiciones
topográficas locales. Los emplazamientos en valle son más propicios a su concentración que
los emplazamientos en altura, ya que los contaminantes sólidos más pesados se concentran en
las zonas deprimidas.
Las situaciones meteorológicas y el microclima local también son fuertemente influidas por la
contaminación. Las contaminaciones más peligrosas se experimentan en situaciones de
estabilidad atmosférica con niebla. El humo lanzado por los focos contaminadores favorece la
condensación del vapor de agua. Se da lugar a una atmósfera saturada o casi saturada, que
forma una mezcla de niebla y humos conocida popularmente con el nombre de puré de
guisantes y técnicamente por el de smog (abreviatura de las palabras inglesas smoke, humo, y
fog, niebla).
La posición de una ciudad y su área industrial respecto del viento dominante juega un
decisivo papel en la contaminación de la población. Si la industria pesada productora de
humos se encuentra a barlovento de la ciudad y si el viento no es muy fuerte se producirá una
distribución homogénea en el seno de la ciudad de los humos industriales y de la propia
contaminación urbana. En cambio, si se trata de un viento relativamente intenso,
especialmente si es aire frío que avanza pegado al suelo, su efecto consistirá en ir empujando
la masa de aire sucio, reemplazándola por la que llega, más fría y, sobre todo, más limpia.
La contaminación atmosférica global es el resultado de todas estas contaminaciones
particulares y es el gran problema contra el que se plantea luchar. Todo el mundo reconoce la
existencia de la contaminación atmosférica en las grandes ciudades y en las zonas fuertemente
industrializadas como un grave problema. Ahora bien, el Protocolo de Kyoto pretende la
reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, pero muchos países se niegan a
aplicarlo aún.
La mayoría de los contaminantes agudizan el efecto invernadero, pero otros provocan efectos
distintos. Al contrario de lo que pudiera parecer, ambos tipos de contaminantes no se
contrarrestan, sino que se manifiestan en conjunto, a modo de variaciones imprevistas del
tiempo que habrá que añadir a las pulsaciones climáticas naturales. De este modo se está
viviendo un cambio climático, muchas veces acompañado de desastres naturales difícilmente
previstos. Pero tal vez las consecuencias más temibles no sean estos hechos puntuales, sino
los peligros que entraña para la salud la contaminación atmosférica.
LA ACCIÓN HUMANA SOBRE LA HIDROSFERA.
Tampoco hemos de olvidar la contaminación de la hidrosfera, que se produce día a día, pero
que solo la recordamos cuando estamos ante graves casos de hundimiento de petroleros.
Tradicionalmente, la hidrosfera ha sido considerada como un medio de evacuación de los
desechos de los grupos humanos. Hasta hace poco tiempo los ciclos biológicos del agua
aseguraban la reabsorción de tales restos, hasta el punto de que sólo con evitar el contacto o
utilización de las aguas residuales vertidas por las cloacas, las aguas fluviales y las de las
costas se consideraban naturalmente purificadas. Pero en la actualidad a los ríos y a los mares
se arrojan junto con detritus orgánicos, otros subproductos artificiales que impiden la
oxigenación de las aguas y la repurificación natural de las mismas.
Dentro de la Hidrosfera también hemos de considerar la contaminación de las aguas
continentales. La contaminación de las aguas dulces procede principalmente de las aguas
residuales de las industrias y ciudades, pero también contribuyen a ello las zonas rurales.
En el mundo rural tradicional ha habido focos de contaminación de las aguas derivados de la
cría de animales. La limpieza de establos, cuadras, porquerizas, granjas, etc., puede infectar
las aguas de las zonas próximas. Los abrevaderos son también posibles focos de transmisión
de complejos patógenos. Pero en estos casos el ciclo biológico del agua termina eliminando la
contaminación. No sucede lo mismo con los productos químicos utilizados modernamente en
la agricultura. En el campo, donde están sin trazar las redes de alcantarillado, los pozos negros
próximos a las fuentes y pozos de agua potable pueden contaminar a éstos a través de la capa
freática y provocar epidemias en la población.
La contaminación urbana es mucho más fácil de controlar y sus soluciones, muchas veces,
simplemente requieren de la buena voluntad de los gobernantes locales. En la ciudad,
resuelto el problema del alcantarillado, se plantean problemas de otra índole. En las aguas
residuales se acumulan desechos orgánicos, bacterias patógenas, productos químicos, etc.,
peligrosos para la salud humana. Sin embargo, con una buena estación depuradora se
consigue acabar con casi todos lo contaminantes.
Las espumas de detergentes no biodegradables detienen la oxigenación de los ríos y
contribuyen a convertirlos en cloacas muertas y pestilentes. Pero de ello es responsable en
mayor medida la industria. La contaminación industrial es grave, tanto por su volumen como
por sus consecuencias, especialmente en el caso de las químicas y papeleras que aportan
aguas residuales que pueden acabar con la vida acuática.
La contaminación alcanza sus cotas más elevadas en los ríos que sirven para desagüe de las
grandes regiones urbano-industriales, o en los lagos contorneados por conjuntos industriales
densos, donde se está llegando a un nivel similar.
La contaminación de las aguas marinas llega en muchos casos, a ser resultado de todas las
anteriores. Las contaminadas aguas de los ríos y las aportaciones directas contribuyen
diariamente a elevar el nivel de contaminación de las aguas marinas, a pesar de su teórica
inmensidad. El vertido abusivo de las aguas residuales urbanas y de los desechos industriales
convierten las aguas costeras en un medio de cultivo para las bacterias patógenas, lo que
supone un peligro para los consumidores de pescados o de moluscos que se cultivan en las
aguas costeras.
La opinión pública se siente conmovida ante las mareas negras que siguen a las colisiones y
naufragios de lo buques petroleros, pero estos hechos esporádicos tienen menor importancia
que la diaria acumulación de subproductos hidrocarburados. Los escapes de los motores de
los barcos, la limpieza de los grandes petroleros, las fábricas que utilizan fuel y las refinerías
costeras van recubriendo paulatinamente la superficie marina de una capa de aceite que
dificulta la oxigenación de las aguas e impide la fotosíntesis necesaria para el fitoplancton. El
peligro de esta contaminación reside además en el hecho de que un parte de los subproductos
hidrocarburados (tóxicos e incluso de propiedades cancerígenas) es absorbida por la flora y la
fauna marinas, que se integran en la cadena alimentaria que termina en el hombre.
LA ACCIÓN HUMANA SOBRE LA LITOSFERA.
Como ya vimos anteriormente, principalmente estamos hablando de erosión antrópica, o lo
que es lo mismo, perdida de suelo causada por la acción del hombre al desarrollar sus
actividades irresponsablemente, como por ejemplo: realización de cultivos en terrenos
inclinados; sobrepastoreo; incendios forestales...
Pero en las últimas décadas han sido obras de ingeniería las que más han modificado la
litosfera. Las grandes infraestructuras de transporte, como carreteras, trenes y metro, han
horadado buena parte de la capa más superficial de la litosfera con túneles y escalonamientos
del terreno.
Por otro lado, la búsqueda de elementos litosféricos como metales (oro o aluminio) y rocas
(granito o mármol) para producir bienes de consumo ha desarrollado enormemente la minería
y la cantería. Hay dos técnicas de excavación principales: minería a cielo abierto y minería de
subsuelo. De las dos técnicas diferentes, la minería de superficie es la más común, con un
85% de los minerales en los Estados Unidos se extraen de esta manera. La minería de
superficie se lleva a cabo mediante la eliminación de la superficie de toda la vegetación, la
suciedad y rocas que están cubriendo los depósitos de mineral a extraer. Debajo de la
superficie consiste en la minería de túneles de perforación en la tierra para llegar a los
depósitos de mineral, y se pueden clasificar en distintos tipos en función de los ejes que se
utilizan. Sin embargo, las actividades mineras pueden tener graves impactos sobre el medio
ambiente si medidas apropiadas no se toman. En particular, la minería de superficie puede
resultar en la pérdida de hábitat para muchos animales y plantas y reducir la biodiversidad.
Las actividades mineras también contribuyen a la deforestación mundial, que como hemos
comentado, contribuye al cambio climático. Además, las actividades mineras a menudo dejan
residuos (por lo general en forma de bolsas de residuos), que básicamente contiene todo el
material de los residuos no utilizados de la mina. Estos a menudo pueden ser altamente
tóxicos y perjudiciales para la fauna y flora local. Aunque se intenta evitar la contaminación
cruzada de las bolsas de residuos en los ecosistemas naturales, las fallas ocurren, y a veces
material tóxico se abre paso en los ríos y lagos, y en los cuerpos de los animales (incluso seres
humanos). Como tristemente ocurrió con el desastre de Aznalcóllar.
En el pasado, las medidas ambientales a menudo son olvidadas en el sector minero. Sin
embargo, con la creciente preocupación por la degradación ambiental y la pérdida de
biodiversidad, muchas organizaciones han tratado de mantener a los países y las empresas
mineras responsables de sus acciones. Por ejemplo, el Consejo Internacional de Minería y
Metales que se inició después de la Cumbre de Río en 1992 con el objetivo de avanzar en
cuestiones ambientales y sociales relacionados con la industria minera. Aunque este es un
paso en la dirección correcta, la minería sigue siendo una amenaza para los ecosistemas, y aún
se puede hacer mucho para promover una mayor sostenibilidad en el sector minero.
La búsqueda de combustibles fósiles no es menos traumática. La técnica del fracking, que
consiste en la inyección de agua con otros añadidos, en niveles próximos a la roca madre, para
fracturarla y coadyuvar a la extracción de petróleo y derivados es hoy día muy cuestionada.
Se le achaca su más que probable influencia en la sucesión de seismos de distinta gravedad,
denunciados por grupos ecologistas en la provincia de Jaén y otros lugares. Aunque en
Estados Unidos es la práctica más extendida hoy día.
Y no solamente en la búsqueda de recursos se daña la litosfera, las mismas pruebas
armamentísticas, como las desarrolladas en Korea del Norte a comienzos de este 2016 con la
bomba H, de carácter subterráneo, dañan considerablemente el subsuelo.
Sin embargo, la escala en que los seres humanos de perforación en la litosfera es mucho
mayor de lo que ha sido históricamente, y esta actividad está comenzando a tener impacto en
el funcionamiento de los ecosistemas. Aunque la relación de los seres humanos a la litosfera
no es una amenaza a la propia litosfera, muchos de los subproductos de la extracción de
minerales en la litosfera son problemáticos para otros aspectos del medio ambiente. Esto pone
de relieve la interrelación existente entre el medio ambiente, y cómo las acciones de una parte
del ecosistema a menudo tienen implicaciones para otras partes.
REFLEXIÓN SOBRE LA PROBLEMÁTICA ACTUAL.
Ante esta realidad, en las últimas décadas se ha dado la voz de alarma sobre el hecho de que
los perjuicios ecológicos podrían ser superiores a los posibles beneficios económicos, postura
que dio lugar a distintos posicionamientos o modelos explicativos.
Alternativas fundamentadas en el Crecimiento Cero parten de las investigaciones de
Meadows. Éste, basándose en los trabajos de Forrester, diseñó el llamado Modelo Mundo, del
que el más conocido es el llamado World 3. En él se relaciona la evolución de los niveles de
producción de alimentos y bienes industriales con variables como los recursos, la
contaminación y, sobre todo la explosión demográfica, a la que atribuye el posible colapso del
Planeta hacia el año 2040. Se trata de un modelo matemático que conduce a una visión
apocalíptica, que busca la solución en la alternativa malthusiana del control demográfico y de
la que se derivaron los informes catastrofistas del Club de Roma en los años 70. Básicamente,
no es más que una nueva versión del determinismo.
A esta posición se oponen los desarrollistas, liderados por Colin Clark, y cuyo “optimismo
tecnológico” les lleva a considerar que la Tierra posee recursos suficientes para el
mantenimiento de su creciente población. También los antimalthusianos, para quienes la
escasez de recursos y el hambre que conlleva se debe al subdesarrollo, interpretado como un
fenómeno social dimanado de la desigual distribución de la riqueza y del control de los
recursos.
Otros autores llaman la atención sobre la necesidad de reconstruir los mecanismos naturales
destruidos. Son sobre todo economistas como Samuelson (impulsor de la sustitución del PIB
por el Bienestar Económico Neto como indicador de desarrollo) o Tamames, que acuña el
término deseconomías ecológicas, para definir los daños que producen sobre el medio
ambiente las políticas de los países industrializados.
La teoría de Lovelack, conocida como Hipótesis Gaia, hace del Planeta un ser vivo y hasta
pensante, que establece mecanismos autorreguladores como catástrofes naturales o
pandemias, para impedir que el exceso demográfico ponga en peligro la existencia de la
Tierra.
La conservación de la naturaleza y del medio ambiente, a medida que el desarrollo económico
ha tendido a un despilfarro de los recursos y a la creciente degradación del medio, se ha
convertido en centro de preocupación de gobiernos y científicos. La propia opinión pública ha
tomado conciencia del peligro que se cierne sobre la humanidad y ha materializado su defensa
en la creación de grupos ecologistas.
En 1972 la ONU convocó la primera cumbre de la tierra en Estocolmo, sin embargo, el medio
ambiente fue un asunto más teórico que práctico para la agenda política internacional hasta
los grandes desastres de Bopal (India) en 1984 y Chernobil en 1986.
La cumbre de Río de Janeiro de 1992, sirvió de punto de partida para crear compromisos de
protección del medio entre los distintos gobiernos. Esto se materializó en 1997 con la firma
del Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático. Es un instrumento internacional que tiene
por objeto reducir las emisiones de seis gases provocadores del calentamiento global, además
de tres gases industriales fluorados, en un porcentaje aproximado de un 5%, dentro del
periodo que va desde el año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año 1990. El
Protocolo vino a dar fuerza vinculante a un problema que cada vez tiene más presencia en el
panorama internacional. Aunque claro, algunos de los países más industrializados del mundo,
como los Estados Unidos, se niegan a firmarlo o a acatarlo en ninguna medida.
La siguiente Cumbre de la Tierra se convocó en Johannesburgo en 2002, siguiendo con las
mismas buenas intenciones de reducir contaminación y pobreza buscando un desarrollo
sostenible, pero sus logros, desgraciadamente, siguen sin ser tangibles.
La última gran conferencia sobre el cambio climático, fue la número XX, celebrada en Lima
en 2014. Se consiguió que China y Estados Unidos firmasen un compromiso de reducción de
emisiones de CO2 a la atmósfera, del 30% para 2030. Acuerdo importante, pero que para los
grupos ecologistas y científicos es francamente decepcionante.
CONCLUSIÓN.
En este tema hemos observado como el crecimiento de los grupos humanos en el planeta ha
ido acompañado del intento de incrementar los recursos ofrecidos por la biosfera. Pero en este
intento, la humanidad ha ido desfigurando la faz de la Tierra, llegando incluso a causar tales
perturbaciones que, en ocasiones, se pone en peligro la propia existencia humana. Sin duda,
un buen conocimiento sobre la acción humana sobre el medio, así como de sus
potencialidades y fragilidades, nos ayudará como ciudadanos a educar conciencias más
responsables.
BIBLIOGRAFÍA.
GARCÍA, E.: Medio ambiente y sociedad, Alianza, Madrid, 2005.
GORE, A.: Una verdad incómoda, Gedisa, Barcelona, 2007.
VV. AA.: Territorio y Medio Ambiente, Universidad de Murcia, 2004.