DESCARTES
4. LOS ORÍGENES DE LA MODERNIDAD
4.1 LA RAZÓN EN BUSCA DE LA VERDAD
La obra del francés Rene Descartes es significativa para la historia de la filosofía porque con él comienza el
pensamiento moderno auténtico. El aspecto más relevante de Descartes es otorgar al sujeto un papel
esencial como punto de partida para la reflexión filosófica.
Descartes fue un destacado matemático y científico que admiraba el rigor de las matemáticas, capaces de
ofrecer conocimientos seguros y exactos. Esta petición contrasta con las incertidumbres y controversias que
caracterizan el pensamiento filosófico.
Descartes se propuso descubrir un camino firme y seguro para encontrar la verdad que nos permitiese
avanzar en la filosofía. Para él, este debe basarse en la razón, por lo que es un filósofo racionalista que rechaza
los argumentos de autoridad.
EL MÉTODO CIENTÍFICO
Descartes aspira a diseñar un método que nos permita lograr verdades firmes y seguras sobre las cuales
construir todos nuestros conocimientos. Descartes propone comenzar suprimiendo todos los conocimientos
que no sean absolutamente indudables. La duda metódica lleva a Descartes a eliminar todos los saberes que
tengan la más mínima posibilidad de ser falsos. La duda metódica, tiene tres fundamentos:
· Falacia de los sentidos, a menudo nuestros sentidos pueden engañarnos.
· Vigilia del sueño, tampoco podemos fiarnos del mundo que nos rodea y que parece constituir la realidad,
ya que al soñar lo percibimos también como realidad, y no es más que una ilusión. Según Descartes, si
buscamos certezas absolutas, no podemos fiar de los razonamientos porque a menudo cometemos errores
cuando razonamos.
· La hipótesis del genio maligno, Descartes plantea la posibilidad de que exista un “genio maligno”, capaz de
engañarnos y confundirnos, incluso con aquello que consideramos más cierto y verdadero. Aunque la
existencia de tal ser es muy improbable y la hipótesis pueda parecer exagerada o inverosímil, hay que
recordar que el objetivo de Descartes era encontrar una verdad indudable y, para ello, Descartes utilizó la
duda metódica.
LA PRIMERA VERDAD INDUDABLE
Descartes demuestra que existe al menos una verdad indudable y cierta. Si estoy dudando, haciéndome
preguntas y buscando respuestas, puedo estar completamente seguro de que yo existo. Cogito ergo sum
(pienso, luego existo) constituye la primera verdad indudable, conocida como “el cogito cartesiano”. Mi
existencia como sujeto pensante es firme, segura e imposible de poner en duda, incluso si un “genio maligno”
intentara engañarme, seguiría siendo evidente que debo existir para poder enfrentarme a tales cuestiones.
Esta primera verdad indudable no es producto de un razonamiento complicado ni de una elaboración
sofisticada, sino que se capta directamente mediante la intuición. Por lo tanto, se trata de una idea clara y
distinta, es decir, que es del todo nítida y que no es posible confundirla con ninguna otra idea.
Para Descartes, el cogito es el mejor ejemplo de conocimiento completamente indudable que puede
proporcionarnos un criterio de verdad para determinar cuándo una afirmación puede considerarse segura.
EL SUJETO PENSANTE
El descubrimiento del cogito constituye el punto de partida para establecer el fundamento de la filosofía.
Según Descartes, esta base indudable solo puede hallarse en el interior del propio sujeto que piensa. Este
papel novedoso otorgado a la subjetividad individual lo convierte en el primer filósofo moderno.
La función del sujeto pasará a ocupar un puesto esencial en el pensamiento de la modernidad, con lo que se
producirá un cambio decisivo en la orientación de la filosofía occidental.
Para poder elaborar su sistema filosófico, Descartes tiene que encontrar la manera de ir más allá de la verdad
del cogito. Es indudable que yo existo, porque pienso, dudo, siento y me hago preguntas, por lo que yo soy
una cosa que piensa, una conciencia que tiene contenidos de diferentes tipos.
LOS TRES TIPOS DE IDEAS
Descartes clasifica las ideas presentes en la conciencia en tres grandes grupos:
· Las adventicias: proceden del exterior y se captan con los sentidos. Son las representaciones mentales
elaboradas a partir de lo que mis sentidos perciben de lo creo que es el mundo exterior.
· Las facticias: son producto de mi propia actividad mental. La mente ha elaborado por sí mismas, por
ejemplo, un centauro, sirena, dragón
· Las innatas, están en mi interior desde mi nacimiento y pueden captarse mediante la intuición. Son muy
distintas a las ideas adventicias o facticias. Las ideas innatas no pueden percibirse y tampoco han sido
elaboradas por sí mismas. Se tratan de ideas claras y distintas que pueden captarse de manera intuitiva, como
sucede con la idea del cogito, que es la primera y más evidente idea innata. Descartes cree que existe otra
idea innata de gran importancia, la idea de Dios.
LA IDEA DE DIOS
La idea de Dios corresponde a un ser infinito, perfecto, todopoderoso, eterno y omnisciente. La intuición me
permite reconocer esta idea, que está presente en mi conciencia, de manera clara y distinta.
La existencia de Dios puede probarse según Descartes, partiendo de la idea innata que todos tenemos de un
ser infinito. Esta idea no puedo haberla creado yo, que soy un ser finito e imperfecto, por lo que debe provenir
de un ser realmente perfecto que existe en la realidad. Para Descartes, la existencia de Dios puede
demostrarse mediante otros dos argumentos.
Dios es el ser todopoderoso que me ha creado. Partiendo del cogito cartesiano, yo existo, de eso no cabe
duda, pero lo que no está tan claro es quien me ha creado a mí. Si hubiera tenido el poder de crearme a mí
mismo indudablemente me habría dotado de mayores perfecciones. Por ello, me ha tenido que crear alguien
mucho más poderoso que yo mismo, que ha de ser Dios.
Descartes recurre al argumento ontológico anselminiano propuesto originalmente por Anselmo de
Canterbury, en la Edad Media. Si definimos a Dios como el ser más grande que puede pensarse, es indudable
que Dios tiene que existir, porque de lo contrario sería posible imaginar un ser aún más grande.
LA DIVINIDAD COMO GARANTÍA DE LO REAL.
La demostración de la existencia de Dios es un punto crucial en la filosofía de Descartes. Descartes afirma su
propia existencia como sujeto pensante pero no puede garantizar que ni su cuerpo ni el resto de lo que ve,
toca o piensa corresponda a algo auténticamente real. Al llegar aquí el razonamiento cartesiano está a punto
de deslizarse hacia un estéril solipsismo, posición que indica que lo único que existe verdaderamente es la
propia conciencia.
La existencia de Dios ofrece a Descartes un camino para escapar del solipsismo. Si efectivamente hay un Dios
perfecto, entonces está claro que es bueno y no puede permitir que yo viva engañado. Según Descartes, Dios
no puede consentir que las cosas que se perciben con claridad y distinción resulten ser falsas. Esto permite a
Descartes, rechazar la hipótesis del genio maligno y afirmar con confianza que el mundo exterior no puede
ser un sueño ni una ilusión.
En definitiva, la existencia de un Dios infinitamente bondadoso sirve de garantía para afirmar la realidad del
mundo que rodea y para descartar todo peligro de caer en el solipsismo.
EL ORIGEN DEL ERROR.
Sin embargo, cómo es posible que, existiendo Dios, a veces nos equivoquemos y cometamos errores. Para
responder a esta cuestión Descartes distingue entre el entendimiento y la voluntad.
La existencia de Dios garantiza la veracidad de todo aquello que mi entendimiento capta de forma clara y
distinta. No obstante, a veces la voluntad decide aceptar como válidas algunas ideas que no tienen esos
rasgos de claridad y distinción. Por lo tanto, el error surge cuando la voluntad admite como válidas ideas que
no deberían aceptarse, porque son oscuras y confusas.
El origen de los errores humanos está en un fallo de la voluntad, y no del entendimiento. Para evitar estos
errores debemos entrenarnos para aceptar voluntariamente solo aquello que se perciba con total claridad y
distinción.
6. LA UNIDAD DE LAS CIENCIAS.
6.1 EL MÉTODO CARTESIANO
Descartes expone el método cartesiano en el discurso del método, donde propone una serie de reglas claras
y sencillas que pretendían servir de orientación para el trabajo de los científicos y los filósofos. El método
cartesiano se fundamenta en el uso sistemático de la razón, única fuente fiable para encontrar la verdad. Hay
dos operaciones que la razón puede empelar:
LA DEDUCCIÓN, puede ofrecernos verdades firmes y seguras si prestamos la debida atención para no
cometer ningún error en la cadena del razonamiento deductivo.
LA INTUICIÓN, proporciona un conocimiento inmediato de las verdades infalibles que pueden percibirse con
total evidencia, de forma clara y distinta. La verdad fundamental del cogito se alcanza con la intuición. Otras
verdades requieren de un proceso con varias etapas encadenadas.
El método cartesiano está formado por:
EVIDENCIA: La búsqueda de la verdad debe empezar por un punto de partida firme y seguro, un cimiento
sólido sobre el que construir todos nuestros conocimientos. La base son pocas verdades evidentes, claras y
distintas.
ANÁLISIS: Consiste en dividir la cuestión concreta en partes más sencillas. El campo de estudio suele estar
formado por realidades diversas y complejas que no resulta fácil conocer en su totalidad. Es conveniente
separar los distintos elementos del problema, de manera que puedan estudiarse de forma individual.
SÍNTESIS: Cuando cada uno de los elementos ha sido estudiado y resuelto, es necesario recomponer la
totalidad del problema, para ofrecer una respuesta completa a la cuestión global que se quiere estudiar.
REPASO: Asegurar que no se ha cometido ningún error en la aplicación del método. Es necesario repasar con
cuidado todo el proceso. Enumerar los diferentes pasos, para no omitir ninguno, además de revisar con
cuidado todas las operaciones para asegurar de no haber equivocado en ningún momento.
6.2 UN SOLO ÁRBOL CON MUCHAS RAMAS.
El método cartesiano podía servir de guía para desarrollar cualquier tipo de investigación científica o
filosófica. Según él, las ciencias no son más que diferentes aspectos de una única realidad, que los seres
humanos podemos conocer si empleamos la razón de manera rigurosa y sistemática.
Según Descartes, el saber está constituido, en el fondo, por una única ciencia universal, en las que se integran
diferentes ciencias particulares. Descartes sostuvo que las distintas ciencias formaban parte de un único
saber universal. Creía que su método podía aplicarse por igual en todos los campos de investigación.
7. LA SUSTANCIA EN DESCARTES
7.1. LAS TRES SUSTANCIAS EN DESCARTES
El elemento central de la metafísica cartesiana es el concepto de sustancia, aquello que existe por sí mismo
y no necesita de nada más para existir. Identificó tres tipos de sustancias diferentes caracterizadas por
atributos. Estos atributos se manifiestan bajo la forma de cualidades cambiantes o modos.
o Sustancia infinita: Dios es el único ser que existe por sí mismo y que no necesita de nada más para
existir. Dios es un ser infinito, perfecto e inmutable, por lo que no presenta modos.
o Sustancia pensante: Es la actividad mental. Puede decirse que la actividad pensante es la conciencia,
el yo o el alma. Todos estos términos hacen referencia a una misma realidad, que es mi capacidad
para pensar, imaginar, sentir, dudar o desear.
o Sustancia extensa: Se identifica con la materia. El atributo que caracteriza a este tipo de sustancia
es la extensión, todo lo que es material ocupa algún lugar en el espacio. Los modos que adopta la
sustancia extensa son la figura y el movimiento, del mundo material.
7.2 MECANICISMO Y DETERMINISMO
Los avances de la ciencia en el siglo XVI contribuyeron a difundir la idea de que la naturaleza está sometida a
leyes fijas e inamovibles. Así, el comportamiento de todos los cuerpos materiales puede determinarse con la
aplicación de las leyes de la física.
Según Descartes, todo lo material está sujeto a las leyes de la naturaleza comportase de forma mecánica y
determinista. Este mecanicismo se extiende desde cuerpos inanimados hasta los seres vivos. Para Descartes,
los animales solo son complejos sistemas mecánicos formados exclusivamente por materia.
7.3 DUALISMO ANTROPOLÓGICO.
La distinción entre sustancia pensante y sustancia extensa es el principio en que se apoya la antropología
cartesiana. El dualismo antropológico, consiste en pensar que el ser humano está formado por dos realidades
muy distintas, la unión de cuerpo y alma.
La parte material, sustancia extensa, es el cuerpo que, al estar formado por materia, obedece a las leyes de
la física y sujeto al determinismo.
También en el ser humano hay un principio inmaterial que es la actividad mental consciente, el alma. Parte
de nuestro ser no está sujeta al mecanicismo determinista. Según Descartes, el alma humana es la dimensión
espiritual de la persona, por lo que goza de libre albedrío y puede continuar existiendo tras la muerte del
cuerpo
El que ambas dimensiones interactúen plantea un problema. Lo cierto, cuando nuestro cuerpo sufre un daño,
también lo nota el cerebro. Y cuando la mente manda moverse a mi cuerpo, el cuerpo se mueve. El problema
de la relación entre las sustancias nunca encontró una respuesta satisfactoria dentro del pensamiento
cartesiano.
A veces llega a afirmar que nuestra auténtica y verdadera realidad es la conciencia, tanto que el cuerpo es
tan sólo un instrumento a su servicio, llegando a comparar el alma con el timón de un barco.
Otras veces Descartes está pensando en dos realidades separadas, que podrían conectarse a través de algún
punto concreto, como la glándula pineal.
7.4 UNA ÉTICA PROVISIONAL
Los escritos acerca de ética resultan bastante esquemáticos y poco desarrollados. En sus reflexiones sobre el
ser humano Descartes insiste en la importancia de que nuestra mente domine los deseos del cuerpo. El
cuerpo es material y mecánico mientras que el alma es libre. Por tanto, la auténtica felicidad sólo puede
lograrse, cuando la voluntad dirigida a la recta razón, controla y domina nuestras pasiones. Así como el alma
puede perfeccionarse para alcanzar la libertad, lo contrario sería convertirnos en esclavos de apetitos
materiales.
No llegó a desarrollar una teoría ética siguiendo los pasos del método. Era consciente que para relacionarnos
con los demás, necesitamos algún tipo de guía que oriente nuestro comportamiento. Propuso seguir unas
normas básicas que sirvieran como una "moral Provisional" que pudiera usarse de manera transitoria hasta
que hubiera una teoría ética completa y adecuadamente elaborada
Las normas que propuso son:
[Link] fielmente las leyes y las costumbres del país en que se vive.
[Link] decidido y resuelto en las acciones, manteniendo con firmeza las decisiones adoptadas.
[Link] el orden del mundo y los vaivenes de la fortuna intentando más bien modificar los propios deseos
que cambiarla realidad.