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DESPERTAR

La obra 'Despertar de Primavera' de Frank Wedekind explora las inquietudes y conflictos de la adolescencia a través de los personajes Wendla, Melchior y Moritz. A lo largo de los actos, se abordan temas como la sexualidad, la educación y la presión social, reflejando la lucha interna de los jóvenes por entender su identidad y el mundo que los rodea. La interacción entre los personajes revela sus miedos, deseos y la búsqueda de libertad en un entorno restrictivo.

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DESPERTAR

La obra 'Despertar de Primavera' de Frank Wedekind explora las inquietudes y conflictos de la adolescencia a través de los personajes Wendla, Melchior y Moritz. A lo largo de los actos, se abordan temas como la sexualidad, la educación y la presión social, reflejando la lucha interna de los jóvenes por entender su identidad y el mundo que los rodea. La interacción entre los personajes revela sus miedos, deseos y la búsqueda de libertad en un entorno restrictivo.

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DESPERTAR

DE
PRIMAVERA
Frank Wedekind
Personajes:
Wendla
Sra. Bergman
Melchior
Moritz
Martha
Ilse
Sra. Gabor
Rector
Hombre
Acto I
Escena 1

WENDLA ¿Por qué lo has hecho tan largo mamá?

SRA. BERGMAN Ya tienes catorce años, Wendla.

WENDLA Sí, todas las chicas de catorce años tienen que ponerse una cosa como
esta, entonces no quiero tener catorce.

SRA BERGMAN El vestido no es tan largo, Wendla. ¡Qué quieres que haga! No tengo la
culpa de que crezcas cinco centímetro cada primavera. Una señorita
como tú no debe andar con vestidito de chiquita.

WENDLA Pero el vestidito de chiquita me queda mejor que este camisón. Déjamelo
poner aunque sea este verano. ¡Mira esta cosa, cómo se arrastra por el
piso! Me lo pondré el próximo año.

SRA BERGMAN No sé, me gustaría que te quedaras así como ahora. A tu edad otras
chicas son tan tiesas y gordas, pero tú no. Cuando ellas crezcan tú serás
mucho más bonita todavía.

WENDLA Quizás no viva para entonces.

SRA BERGMAN ¿Por qué dices una cosa como esa?

WENDLA No tiene nada de malo, mamá.

SRA BERGMAN Ay, mi amor… (la besa)

WENDLA Esas cosas se me ocurren cuando no puedo dormir. Pero luego duermo
mucho mejor… ¿Es malo pensar en esas cosas?

SRA BERGMAN Está bien, guardaremos tu camisón. Ponte otra vez tu vestidito. Le coseré
un bobo después.

WENDLA No, si vas a hacer eso prefiero tener ya veinte años.

SRA BERGMAN ¿Y si tienes frío? Después te darás cuenta de que este vestido no es tan
largo como parece.

WENDLA ¿Frío, en plena primavera? ¿Tienes miedo a que se me enfríen las rodillas,
mamá? A mi edad no se tiene frío. Algún día me arrancaré las mangas del
vestido y me verás a atardecer, descalza y con las piernas desnudas pero
seré toda una señorita por dentro. No te asustes mamá, nadie podrá
verme nada.
Acto I
Escena 2

MELCHIOR Ya me aburrí, no juego más.

MORITZ ¿A dónde vas?

MELCHIOR A pasear.

MORITZ Está anocheciendo.

MELCHIOR Me gusta caminar en la oscuridad.

MORITZ Hay que hacer la composición de latín para mañana.

MELCHIOR No hay nada que puedas hacer sin que la tarea interfiera. De veras me
gustaría saber para qué se supone que estamos en este mundo.

MORITZ Para qué se supone que estamos en el colegio. Preferiría ser un caballo
de tiro. Me gustaría saber para qué son los exámenes. Para que puedan
desaprobarnos. Siete tienen que desaprobar de todas maneras, porque
en el siguiente salón solo entran sesenta… Desde la navidad todo es tan
extraño… si no fuera por mi padre, empacaría mi maleta y me largaría.

MELCHIOR Hablemos de otra cosa.

(Caminan)

MORITZ Un pájaro entró volando en mi cuarto esta mañana. Eso significa mala
suerte.

MELCHIOR ¿Crees en eso?

MORITZ No lo sé. Salió volando sin posarse. Supongo que no es nada malo.

MELCHIOR Es tan malo como la religión. Sales de una para caer en la otra. Vamos a
sentarnos bajo ese árbol. Un viento cálido viene desde las colinas. La
nieve se debe estar derritiendo. Me gustaría estar ahí arriba ahora, toda
la noche encima de los árboles, meciéndome con el viento.

MORITZ Desabróchate el cuello, Melchior.

MELCHIOR Sí… que entre el viento.


MORITZ Está tan oscuro… casi ni te veo. Melchior… ¿Crees que el pudor -en el
hombre- es producto de su educación?

MELCHIOR Estaba pensando en eso el otro día. Está enraizado en la naturaleza


humana. Imagínate que tuvieras que desnudarte frente a tu mejor
amigo. No lo harías a menos que él se desnudara al mismo tiempo…
Tiene que ver con la convención también.

MORITZ He decidido qué es lo que voy a hacer para cuando tenga que criar a mis
hijos. Vivirán juntos en el mismo cuarto, niños y niñas, y dormirán juntos
en una gran cama. Se podrían ayudar a vestirse y desvestirse. Y cuando
venga el viento cálido sólo usarán una túnica corta, de color blanco, con
un cinturón. Así estoy seguro de que cuando crezcan tendrán menos
vergüenza que nosotros.

MELCHIOR ¿Y qué harás cuando las chicas tengan hijos?

MORITZ ¿Cómo tener hijos?

MELCHIOR ¿No crees que tiene mucho que ver con el instinto? Imagínate que
cogieras dos gatitos – macho y hembra- y los encerraras juntos. Tarde o
temprano tendrías una cría, aunque no hubiese ningún gato adulto para
enseñarles.

MORITZ Supongo que entre los animales simplemente sucede.

MELCHIOR Creo que con los humanos es igual. Mira Moritz, tus chicos y chicas en la
misma cama; y entonces, así de la nada, de la oscuridad, los efectos de la
pubertad… te apuesto que…

MORITZ (Dudoso) Seguro tienes razón, pero de todos modos…

MELCHIOR Y no sólo con los chicos, entiendes. No es que a las chicas les pase
exactamente lo mismo, pero… te apuesto que sucede y además está la
curiosidad…

MORITZ Sí… quería preguntarte algo…

MELCHIOR Dime.

MORITZ Pero, ¿me vas a responder, no?

MELCHIOR Claro que sí.

MORITZ ¿La verdad?


MELCHIOR Por supuesto. ¿Qué pasa Moritz?

MORITZ ¿Ya hiciste tu tarea de latín?

MELCHIOR No me cambies de tema… nadie nos va a escuchar aquí.

MORITZ Pondría a mis hijos a trabajar, todo el día, en el campo o en el jardín; o


con juegos extenuantes – montar a caballo, gimnasia, escalar- No
dormirían si no en el suelo, o afuera, no en camas tan suaves como las
nuestras, eso es lo que nos hace débiles… si durmiéramos en esas
condiciones no soñaríamos.

MELCHIOR Sí. Yo duermo en mi hamaca. Dejé mi cama y no la voy a volver a usar


hasta que termine la cosecha. El invierno pasado soñé una vez, que le
daba con el látigo a nuestro perro. Le di tantos latigazos que no se podía
mover… Es el peor sueño que he tenido. ¿Por qué me miras así?

MORITZ ¿A ti también te ha pasado?

MELCHIOR ¿Qué?

MORITZ Lo que dijiste.

MELCHIOR ¿La pubertad?

MORITZ Sí.

MELCHIOR Sí…

MORITZ Yo también.

MELCHIOR Hace tiempo.

MORITZ ¡Fue como si me cayera un rayo!

MELCHIOR ¿Soñabas?

MORITZ Sólo una vez, muy breve. Unas piernas con medias azules, encima de mi
escritorio… Me estaba trepando encima. Las vi solo por un momento.

MELCHIOR Ernest soñó con su madre.

MORITZ ¿Él mismo te lo dijo?

MELCHIOR Sí, ¿qué tiene?

MORITZ Si supieras lo que he pasado desde esa noche.


MELCHIOR ¿Culpa?

MORITZ ¿Culpa? No, no… me di cuenta de lo que significa el infierno… de que si


me moría…

MELCHIOR Santo Dios.

MORITZ Sentí un veneno, un veneno de adentro. Empecé un diario. He escrito


toda mi vida. Sólo eso pudo calmarme, Melchior, esto es como el huerto
de Getsemaní.

MELCHIOR Yo no me sentí así. Me dio un poco de vergüenza, pero nada más.

MORITZ Tú eres casi un año menor que yo.

MELCHIOR Eso no tiene nada que ver. Puede empezar a cualquier edad.
Lammermeier es tres años mayor que nosotros y Hans dice que todavía
sueña con tortas y chocolates.

MORITZ ¿Cómo lo supo?

MELCHIOR Se lo preguntó.

MORITZ Yo no hubiera podido preguntarle a nadie una cosa como esa.

MELCHIOR Acabas de preguntármelo a mí.

MORITZ Dios, sí. Tal vez Hans ha escrito un diario también. Francamente, la vida
es un juego… Somos empujados a él, y se supone que tenemos que
agradecer a Dios. Yo no pedí nada de esto. Porque no puedo dormir,
hasta que regrese el silencio. Mis padres pudieron haber tenido cientos
de niños diferentes, pero me tuvieron a mí. Y ni siquiera sé cómo. Tan
sólo estoy aquí, sufriendo por no haberme quedado fuera del juego.
Melchior… ¿nunca te has preguntado… cómo… quiero decir, de qué
forma… llegamos aquí, a este remolino? Entre cientos de niños, mis
padres tuvieron que tenerme a mí…

MELCHIOR ¿Entonces, realmente no lo sabes?

MORITZ ¿Cómo podría saberlo? Está bien, las gallinas ponen huevos, y una vez mi
mamá me dijo que me tuvo cerca de su corazón. Me acuerdo cuando
tenía cinco años y me enseñaban un naipe con el escote tan bajo de la
reina de corazones yo me tapaba los ojos. Ahora ya no tengo que hacer
eso, pero con las justas puedo hablarle a una chica sin sentirme
despreciable por no sé por qué.
MELCHIOR Yo te diré por qué; lo aprendí en los libros de dibujos y en parte de
observar la naturaleza. Puedes sorprenderte, me convertí en ateo. Iba a
contárselo a Hans, pero su empleada ya se lo había contado hacía
mucho tiempo.

MORITZ Yo lo busqué en la enciclopedia, pero no había más que palabras. No te


dicen nada, sólo la vergüenza. ¿Para qué sirve una enciclopedia si no te
responde las verdaderas preguntas?

MELCHIOR ¿Has visto dos perros jugando en la calle?

MORITZ No… no sigas, ahora no. Todavía me queda Centroamérica y Luis V y los
60 versos de Homero y las siete ecuaciones y la composición de latín, y
mañana me irá pésimo. Si quiero seguir estudiando tengo que usar
anteojos.

MELCHIOR Ven a mi casa. Sólo me tomará una hora. Yo te haré tu tarea. Mi mamá
nos hará limonada y conversaremos sobre la reproducción.

MORITZ No puedo hablar de la reproducción, Melchior. ¿No puedes escribírmelo


mejor? Todo lo que sabes; claro, específico. Mételo en uno de mis libros
durante el recreo, mañana, y lo llevaré a casa sin darme cuenta. Un día,
así, lo encuentro, y tendré que mirarlo. Solo si es absolutamente
necesario puedes hacerme algunos dibujos al margen.

MELCHIOR Eres una niña, Moritz. Imagino que nunca has visto una chica, ¿verdad?

MORITZ Claro que sí.

MELCHIOR ¿Toda? ¿Completa?

MORITZ Completamente. En vacaciones me metí al museo de anatomía. Si me


encontraban me hubieran botado. Fue como despertar a un nuevo día…
Todo ahí era la verdad, qué belleza.

MELCHIOR Está bien, las ilustraciones no serán necesarias.

MORITZ No, claro que no. Tú lo has visto, por supuesto…

MELCHIOR El verano pasado, cuando estaba en Frankfurt, con mi mamá, un día…


¿Te vas Moritz?

MORITZ Tengo que estudiar. Chau.

MELCHIOR Hasta mañana.


Acto I
Escena 3

MARTHA ¿Están mojados tus pies?

ILSE ¡Empapados!

MARTHA Los míos también.

WENDLA ¿Sienten el viento? Me quema las mejillas.

ILSE ¿Sienten cómo les late el corazón?

WENDLA Vamos por el puente. El río está muy crecido y arrastra ramas y troncos.
Los chicos han construido una balsa. Melchi casi se ahoga ayer en la
tarde.

ILSE Pero él sabe nadar muy bien.

MARTHA Obviamente.

WENDLA Si no supiera nadar seguramente se habría ahogado.

ILSE ¡Se te está soltando el pelo, Martha! ¡Se te suelta!

MARTHA ¡Déjale que se suelte! No me dejan usarlo suelto como a ti, o con
cerquillo, ni que me lo corte. Dentro de casa tengo que llevarlo siempre
amarrado por si vienen mis tías.

WENDLA Mañana llevaré unas tijeras a clase de religión y mientras cantes “Feliz
peregrino” te lo cortaré.

MARTHA ¡No Wendla, no lo hagas! Mi papá me pegaría y mi mamá me encerraría


toda la noche en el sótano.

WENDLA ¿Con qué te pega tu papá?

MARTHA A veces pienso que no podrían vivir si no tuvieran en casa a una


desgraciada como yo a quien pegarle.

ILSE ¡No digas eso, Martha!

MARTHA A ti te dejan usar un lacito azul aquí en el cuello ¿no?


ILSE ¿Un lacito azul?

MARTHA A mí el azul me queda muy lindo. ¡Tienes tanta suerte! Una vez, por
llevar uno en el vestido, mi mamá me sacó de la cama de los pelos y me
caí al suelo.

WENDLA Yo ya me hubiera escapado hace mucho tiempo.

MARTHA “¡Toma, toma!” me decía. “¡Para que aprendas! ¿Ya ves? A esto me
refería”

WENDLA ¿Y a qué se refería?

MARTHA No lo sé.

WENDLA Yo en tu lugar se lo hubiera preguntado.

MARTHA Después vino mi papá y cuando estaba tirada en el piso me arrancó el


vestido. Di un salto hasta la puerta. Quería salir a la calle corriendo, así
como estaba… desnuda…

WENDLA ¿No lo hiciste, no Martha?

MARTHA ¡Hacía mucho frío! Llegué a abrir la puerta pero me metieron toda la
noche dentro de un saco.

ILSE Yo no podría dormir jamás dentro de un saco.

WENDLA Yo por ti lo haría una noche con gusto.

MARTHA Y también me pegaron.

ILSE ¿Pero no te ahogas ahí dentro del saco?

MARTHA La cabeza queda fuera. Me amarran del cuello.

ILSE ¿Siempre te pegan?

MARTHA ¡No! Sólo cuando hay un motivo especial.

WENDLA ¿Con qué te pegan?

MARTHA Con cualquier cosa… Dime, ¿tu mamá también cree que está mal comer
pan en la cama?

WENDLA ¡No! ¡No!

MARTHA Yo me imagino que les gusta tratarme así… Si alguna vez tengo hijos, los
dejaré crecer libremente, como las plantas. ¡Nadie las cuida y crecen tan
grandes y fuertes! En cambio las rosas, cuando llega el verano, están
todas raquíticas a pesar de todos los cuidados que tienen.

WENDLA Yo no sé si tendré hijos algún día.

ILSE ¿Y por qué no?

MARTHA Mi tía Eugenia no los tiene.

WENDLA ¡Claro, si no está casada!

ILSE ¡Tía Bauer se ha casado tres veces y no tiene ninguno!

MARTHA Y si tuvieras hijos, Wendla, ¿qué preferirías, hombres o mujeres?

WENDLA ¡Hombres, hombres!

ILSE Yo también, hombres.

MARTHA Yo también.

ILSE ¡Las niñas son aburridas!

MARTHA Yo hubiera preferido ser hombre.

WENDLA Yo no. Cada día me alegro más de ser mujer. ¡Creánme! No me


cambiaría por ningún príncipe… Pero, por eso mismo quisiera tener sólo
hijos hombres.

ILSE Qué tontería.

WENDLA No es ninguna tontería porque es cien veces más emocionante ser


amada por un hombre que por una mujer.

ILSE No pretenderás que Pfalle quiere a Melitta más que ella a él.

WENDLA Sí, Ilse, sí. Melitta es muy feliz porque él la ha convertido en una mujer
diez mil veces mejor de lo que era antes.

MARTHA ¿Tú estñas orgullosa de ti, no?

WENDLA Eso no tiene nada de malo.

MARTHA Me gustaría ser tan orgullosa como tú.

ILSE Mira cómo camina, con la cabeza erguida. Eso es orgullo.

WENDLA Yo quiero ser una chica. Si no fuese una chica me mataría


inmediatamente para ver si la próxima vez… (pasa Melchior y saluda)

ILSE ¡Qué lindo perfil!


MARTHA Así me imagino a Efebo.

ILSE ¡Historia griega! ¡Aj!

WENDLA Es el tercero de su clase.

ILSE El profesor dice que si quisiera podría ser el primero.

MARTHA Tiene un lindo perfil, pero la mirada de su amigo me gusta más.

ILSE ¿Moritz? ¡Ese es otra cosa!

MARTHA Siempre nos hemos llevado muy bien.

ILSE Me da vergüenza estar a su lado. En la fiesta de Hans me dio unos


chocolates. Estaban todos derretidos. Dijo que los había dejado en el
bolsillo de su pantalón.

WENDLA ¿Saben qué? Esa vez Melchi me confesó que él no creía en nada. Ni en
Dios, ni en la otra vida, ni en nada.
Acto I
Escena 4

MELCHIOR ¡Moritz, Moritz! ¿Qué has hecho?

MORITZ Me he metido a la sala de profesores.

MELCHIOR ¡Estás temblando!

MORITZ ¡De la alegría! ¡Qué felicidad! Estoy aprobado Melchior… estoy


aprobado. No puedo creerlo. He leído el registro de notas veinte veces,
pero es cierto… Dios mío, estoy aprobado. Melchior, si supieras por lo
que he pasado.

MELCHIOR Felicitaciones, tienes suerte de que no te hayan atrapado.

MORITZ ¡No sabes el riesgo que he estado corriendo! Desde hace tres semanas
no hacía más que vigilar esa puerta, de pronto hoy día me di cuenta de
que la puerta estaba entreabierta… nada me hubiera detenido. Entré…
hojeé los registros… y lo encontré.

MELCHIOR ¿Aprobó Ernest también?

MORITZ Sí, sí. Ernest Robel aprobó también.

MELCHIOR Tienes que haber leído mal. Con Ernest somos sesenta y uno y en el
próximo curso sólo entran sesenta.

MORITZ ¡He leído bien! Ernest Robel aprobó como yo, sólo provisionalmente,
claro. En el próximo trimestre se decidirá quién de los dos pasa… ¡Pobre
Ernest!

Voy a estudiar mucho de hoy en adelante. No sé si me lo vas a creer,


pero había decidido suicidarme si no aprobaba.
Acto I
Escena 5

MELCHIOR ¡Wendla! ¿Qué haces aquí, sola? He estado andando por todo el bosque
por más de tres horas sin ver un alma y de repente apareces tú. ¿Eres
tú, Wendla?

WENDLA Sí, soy yo.

MELCHIOR Si no supiera que eres Wendla Bergman, creería que eres una ninfa del
bosque.

WENDLA No, no, soy Wendla Bergman. ¿Y tú, qué estás haciendo?

MELCHIOR Caminando por ahí… pensando.

WENDLA Estoy recogiendo flores de sauco. Mi mamá las usa para hacer licor. Ella
me iba a acompañar pero mi tía llegó sin avisar y como a ella no le gusta
caminar, vine yo sola.

MELCHIOR ¿Quieres que te ayude a recoger?

WENDLA Tengo la canasta repleta. Por ahí cerca de esos árboles hay arbustos y
arbustos… Estoy un poquito perdida. ¿Sabes qué hora es?

MELCHIOR Un poco más de las tres y media. ¿A qué hora tienes que estar en casa?

WENDLA No… pensaba que era más tarde. Me eché un ratito sobre el musgo que
hay por el arroyo y me quedé dormida. Cuando me desperté había
pasado tanto tiempo que creí que sería casi de noche.

MELCHIOR Quedémonos un rato, si puedes. Lo que más me gusta es echarme ahí,


debajo del roble. Si recuestas tu cabeza en el tronco y miras a través de
las ramas hacia el cielo, quedarás hipnotizada. La tierra aún está caliente
por el sol de la mañana… Wendla, hace semanas que quería preguntarte
algo.

WENDLA Pero tengo que regresar a las cinco.

MELCHIOR No importa, volveremos juntos, cargaré tu canasta, caminaremos


rodeando el río y estaremos en el puente en diez minutos. Si te echas –
pon tu cabeza así- puedes pensar lo que quieras.

WENDLA ¿Y qué querías preguntarme, Melchior?

MELCHIOR Yo sé que a menudo vas y visitas a los pobres. Que les llevas comida,
ropa y dinero. ¿A ti se te ocurrió ir o es que tu mamá te manda?
WENDLA Generalmente me manda mi mamá. Es gente sin trabajo y con muchos
niños. Tienen frío y no tienen nada que comer. Nosotros tenemos un
montón de cosas que no necesitamos. ¿Por qué?

MELCHIOR ¿Realmente te gusta que tu mamá te mande ahí?

WENDLA Me parece bonito poder ir. ¿Por qué no habría de gustarme?

MELCHIOR Pero hay niños sucios, mujeres tosiendo y los hombres te odian porque
no tienes que trabajar.

WENDLA Eso no es cierto, Melchior. Y si lo fiera iría con mayor razón.

MELCHIOR ¿Con mayor razón?

WENDLA Sí, mucho más. Habría una mejor razón para ir. Cuanto mayor es su
necesidad, mayor sería la alegría de poder ayudarlos.

MELCHIOR Así que tú vas donde los pobres para sentirte feliz.

WENDLA Voy porque son pobres.

MELCHIOR Y si eso no te hiciera feliz, ¿no irías?

WENDLA ¿Qué culpa tengo yo de que me haga feliz?

MELCHIOR No obstante ya ganaste el cielo por hacerlo. He estado pensando en eso


durante semanas. Si yo fuese un egoísta y un miserable y no pudiera
evitar serlo, ¿qué culpa tendría yo si no encontrara ningún placer en
visitar a los niños sucios y enfermos?

WENDLA Estoy segura de que sí te haría feliz.

MELCHIOR Pero no haría feliz al egoísta y al miserable y por eso será condenado
eternamente. Voy a escribir una composición sobre esto y se lo voy a
mandar al padre. Él me metió estas cosas en la cabeza. ¿Por qué insiste
en que la felicidad está en sacrificarse uno por el bien de los demás? Si él
no puede contestar esto, no seguiré yendo a la preparación para la
confirmación y tampoco me confirmaré.

WENDLA No les hagas eso a tus papás. Deja que te confirmen. No te hará ningún
daño. Haremos la confirmación juntos. Puede ser bonito, aun con esos
vestidos blancos horribles y tus pantalones anchotes.

MELCHIOR El sacrificio no existe. El darse a los demás tampoco existe. La gente es


buena porque le gusta serlo o si no porque tiene miedo de no serlo. Tú
haz lo que quieras hacer, suéltate el pelo y ríete, Wendla. Todo esto me
hace sentir perverso… ¿Qué soñaste cuando te quedaste dormida sobre
la hierba al lado del arroyo?
WENDLA Ah… nada, tonterías.

MELCHIOR ¿Estabas con los ojos abiertos?

WENDLA Soñé que era una niña muy pobre, una mendiga a la cual mandaban
todas las madrugadas, antes de las cinco, a pedir limosna a gente mala e
insensible. Y al regresar a casa temblando de hambre y de frío, si no
tenía el dinero que mi papá quería entonces me pagaba y me pegaba.

MELCHIOR ¡Qué absurdo! Has estado leyendo muchos cuentos para niños. No
existe gente así.

WENDLA Te equivocas, Melchior. A Martha Bessel le pegan todas las noches… tan
fuerte que puedo ver las heridas en su piel. Es horrible. Lloro cada vez
que me cuenta. Me da mucha pena. He estado buscando la manera de
ayudarla. Con gusto tomaría su lugar aunque sea una semana.

MELCHIOR Deberían denunciar a su padre inmediatamente. Entonces le quitarán a


su hija.

WENDLA A mí nunca me han pegado… ni una sola vez. Ni siquiera puedo imaginar
lo que se siente. He tratado de pegarme a mí misma para ver. Debe ser
algo horrible.

MELCHIOR No creo que sirva de nada.

WENDLA ¿Qué?

MELCHIOR Ser golpeado.

WENDLA Con esto por ejemplo. Escucha (agarra una rama)

MELCHIOR Te sacaría sangre.

WENDLA Pégame.

MELCHIOR ¿Qué te pasa?

WENDLA Pégame.

MELCHIOR No estás hablando en serio.

WENDLA ¿Y si yo dejo que me pegues?

MELCHIOR No lo haré.

WENDLA Pero… ¿y si te lo pido?

MELCHIOR ¡Estás loca!

WENDLA Nunca en la vida me han pegado.


MELCHIOR No puedes pedir que te golpeen.

WENDLA Haz la prueba, por favor.

MELCHIOR Te complaceré (le pega)

WENDLA ¡Ah! No sentí nada…

MELCHIOR Claro, con todas esas faldas…

WENDLA Entonces pégame en las piernas.

MELCHIOR ¡Wendla! (le pega más fuerte)

WENDLA Sólo me estás haciendo cosquillas, cosquillas.

MELCHIOR Está bien, bruja, ¡te golpearé hasta sacarte el diablo! (bota la rama y
comienza a pegarle con los puños. Wendla empieza a llorar. Melchior
sigue pegándole y empieza a llorar también. Salta y cogiéndose la cabeza
corre llorando entre los árboles.)
Acto II
Escena 1

Cuarto de Melchior, de noche. La ventana está abierta y hay una lámpara encendida en
la mesa. Melchior y Moritz están sentados en un sofá.

MORITZ Bueno, ahora estoy mucho mejor, ¿no te parece? Me las estoy
arreglando con los estudios, aunque por momentos estoy un poquito
nervioso todavía. Me quedé dormido en la clase de griego, como
Polifemo borracho en su cueva. No sé cómo el profesor no me jaló de
las orejas… y hoy casi llego tarde otra vez. Lo primero que pensé
cuando me desperté fue en los verbos irregulares. Dios, estuve
conjugando en el desayuno y durante todo el camino hacia el colegio.
Anoche estuve estudiando hasta las cuatro de la mañana. Manché el
libro con la tinta. Cuando Matilda me despertó, mi luz todavía estaba
encendida. En los arbustos bajo mi ventana los pájaros estaban
cantando. No tienen nada de qué preocuparse. Me deprimí mucho de
nuevo. Estaba comportándome mejor, yendo en contra de mi
naturaleza. ¿Pero eso no te hace sentir mejor?

MELCHIOR ¿Quieres un cigarrillo?

MORITZ No, no fumo. Si pudiera mantener este ritmo… voy a estudiar y estudiar,
hasta que el cerebro se me salga por los ojos. Ernest Robel no va a
conseguir ese lugar. Ha desaprobado seis veces desde las vacaciones:
tres en griego, dos en literatura y la última vez en historia. Yo solo he
desaprobado cinco veces y no va a volver a suceder. Ernest nunca se
pegaría un tiro, él no tiene unos padres que necesiten sacrificarlo todo
por él. Puede ser lo que quiera, soldado, vaquero o marino, pero si a mí
me desaprueban, a mi padre le daría un infarto y a mi madre un ataque.
No podría seguir viviendo. Antes del examen, le recé a Dios: “Aparta de
mí este Cáliz, hazme tuberculoso, cualquier cosa”. Esta vez todo salió
bien. Pero el cáliz aún está ahí, puedo ver el brillo de su aura
amenazándome. Por eso tengo miedo de mirar hacia arriba. Y ni siquiera
he llegado a la mitad. La corriente se vuelve cada vez más fuerte. Tengo
que llegar a la otra orilla, si no lo hago me ahogaré.

MELCHIOR Sí, la vida es mucho más desagradable de lo que parece. Hay momentos
en los que a mí tampoco me importaría ahogarme… Mi mamá se ha
olvidado de traer el té.
MORITZ Ese té me va a hacer bien, Melchior, estoy temblando. Todo parece
extraño, todos mis sentidos afinados. Tócame un momento… siento el
aire haciendo presión sobre mi piel… Puedo ver el otro lado
moviéndose… cómo el jardín se extiende bajo la luz de la luna, tan
callado… Sigue y sigue en la distancia hasta la eternidad… hay figuras
que se mueven allá abajo. Salen y entran de los arbustos, muy
ocupadas, debe haber una reunión debajo del castaño… vamos abajo a
mirar, Melchior…

MELCHIOR Primero vamos a tomar el té.

MORITZ Las hojas están susurrando. Es como si mi abuela volviera a contarme la


historia de la reina sin cabeza… Era hermosa como el sol, más hermosa
que cualquier otra dama de su reino pero no tenía cabeza. Había nacido
sin cabeza, así que no podía comer, ni beber, ni ver, ni reír, tampoco
podía besar. Dirigía la corte con sus manos, con pequeños movimientos
de sus suaves dedos blancos. Al patear, sus pequeños pies promulgaban
sentencias de muerte y declaraciones de guerra. Pero un día, fue
vencida por un rey, quien, curiosamente, tenía dos cabezas. Estas
cabezas se metían siempre la una con la otra y discutían y discutían y los
gritos de una trataban de callar los gritos de la otra hasta que todos los
gritos estuvieran ahogados. Así que el hechicero del rey agarró la cabeza
más pequeña y se la puso a la reina y… le quedó. Así, el rey se casó con
la reina y las cabezas no se metían más la una con la otra si no que se
besaban en la frente y en las mejillas y en los labios y así vivieron felices
por siempre… Qué tontería. Desde las vacaciones no puedo sacarme a
la reina sin cabeza de mi mente. Si veo una chica bonita me la imagino
sin cabeza y de pronto yo tampoco tengo cabeza. Imagino que alguien
habrá para que pueda ponerme una nuevamente.

La señora Gabor entra con el té y lo pone sobre la mesa.

SRA. GABOR Aquí está el té. No dejen que se enfríe. ¿Cómo estás Moritz? ¿Estás
bien?

MORITZ Sí, gracias señora Gabor. Estoy viendo los bailes allá abajo.

SRA. GABOR Oh. No te ves muy bien. ¿Estás seguro de que no tienes nada?

MORITZ Estoy bien. Me acosté muy tarde anoche.

MELCHIOR Estuvo estudiando hasta las cuatro de la mañana.

SRA. GABOR ¿Y eso te parece bien, Moritz? Debes cuidar tu salud. El conocimiento no
compensa la salud perdida. Necesitas ejercicio y aire fresco. Sal a
caminar. A tu edad eso te será más útil que aprender unas cuantas
conjugaciones más en alemán.

MORITZ Tiene usted razón, saldré a caminar. Y mientras camino puedo practicar
mi gramática. ¡Cómo no se me ocurrió antes!

MELCHIOR Haremos tu trabajo escrito juntos. Será más fácil para ambos. ¿Te
acuerdas de Max Von Trenk, mamá? ¿El que estaba con meningitis? Hoy
día Hans fue a ver al rector para decirle que acababa de estar con Max y
lo había visto morir. El rector dijo: ¿Ah si? ¿No tenías pendiente un
castigo de dos horas desde la semana pasada? Aquí está tu papeleta.
Asegúrate de cumplirlo para que toda la clase pueda asistir al funeral.
Hans se sorprendió tanto que apenas pudo salir del salón.

SRA. GABOR ¿Qué libro es ese, Melchior?

MELCHIOR Fausto.

SRA. GABOR ¿Ya lo leíste?

MELCHIOR No lo hemos terminado.

MORITZ Estamos recién en la noche de Walpurgis.

SRA. GABOR Creo que debiste haber esperado uno o dos años más para leerlo.

MELCHIOR Este libro me ha aportado más que cualquier otro que haya leído. ¿Por
qué no debería leerlo?

SRA. GABOR Porque no creo que puedas entenderlo plenamente.

MELCHIOR ¿Cómo puedes saberlo, mamá? Tal vez no lo comprenda en toda su


magnitud…

MORITZ Lo leemos juntos. Así es más fácil entenderlo.

SRA. GABOR No quiero decir que no seas suficientemente grande, Melchior, como
para no saber qué te conviene y qué no. Espero que tú hagas lo que
sientes que puedes responder ante ti mismo. Tú sabes que no me gusta
prohibirte nada y que no lo haré a menos que tú me des motivos para
hacerlo. Solo quise prevenirte de los peligros que encierran incluso las
mejores cosas cuando se carece de la madurez necesaria para
apreciarlas. Pero siempre confiaré más en tu propio criterio antes que
aplicar las reglas de cualquier teoría educativa. Si necesitan cualquier
otra cosa, chicos, llámenme. Estaré en mi cuarto.

(Se va)
MORITZ Seguro tu mamá se refería a lo de Margarita.

MELCHIOR Cualquiera diría que nos hemos obsesionado con esa parte.

MORITZ Si hasta Fausto se las arregló para librarse de eso.

MELCHIOR Y tampoco es que toda la historia dependa de ese episodio en particular.


Fausto podría haberle prometido matrimonio a Margarita y luego
abandonarla sin hacerle nada, y sería igual de culpable. En lugar de
morir al dar a luz, podría haber muerto de pena. Por el modo en que
todos se fijan en eso, podrías concluir que el mundo entero gira en
torno al pene y la vagina.

MORITZ ¿Sabes algo, Melchior? Desde que leí tu composición he estado


pensando que realmente es así. Un día, en vacaciones, la encontré en mi
libro de francés. Yo había estado ciego. Como un búho volando a través
de un bosque en llamas. Como leyendo con los ojos cerrados. Como
campanas sonando en mis oídos. Como recuerdos, uno tras otro,
sonando en la oscuridad. Tus explicaciones… como una canción, una
melodía que uno cantaba de niño y de pronto escuchó de nuevo. Lo que
más me conmovió fue lo que escribiste sobre las chicas. No puedo
olvidarlo, Melchior. Creo que debe ser mucho más dulce sufrir que
hacer sufrir. ¿Y el sufrir siendo uno inocente no es acaso la mayor de las
felicidades?

MELCHIOR No quiero que me den la felicidad como cuando uno da caridad.

MORITZ ¿Por qué no?

MELCHIOR Quiero que lo que consiga, me cueste.

MORITZ Entonces no sería felicidad, Melchior. La alegría de una chica es algo


sagrado. Es parte de su naturaleza protegerse hasta que llegue el
momento. Entonces, súbitamente se abre el cielo. Ella tiene miedo del
infierno y entonces se le abre el paraíso. Ella sostiene un cáliz en el que
nadie ha respirado, un vaso de néctar que levanta envuelto en llamas y
del cual bebe. La satisfacción que el hombre saque de eso debe ser
insípida.

MELCHIOR Piensa lo que quiera, pero guárdate tu opinión; no quiero pensar en eso.
Acto II
Escena 2

SRA. BERGMAN ¡Wendla!

WENDLA ¿Qué, mamá?

SRA. BERGMAN Qué bueno que ya estés levantada. Arréglate rápido que tienes que
llevarle a Ina esta cansata.

WENDLA ¿Has estado allí? ¿Cómo está Ina? ¿Mejor?

SRA. BERGMAN Anoche, Wendla, la visitó la cigüeña y le trajo un niño.

WENDLA ¿Un niño? ¿Ha tenido un niño? Es por eso que su resfrío duró tanto
tiempo.

SRA. BERGMAN Es un lindo bebé.

WENDLA ¡Así que soy tía por tercera vez! Tía de dos niños y una niña.

SRÁ BERGMAN ¡Y qué niños! El vivir tan cerca del techo de la iglesia… eso debe ser…

WENDLA ¿Tú estabas allí cuando llegó la cigüeña?

SRA. BERGMAN Acababa de irse. Se había ido volando.

WENDLA ¿Por qué no llegaste un momento antes?

SRA. BERGMAN Estoy segura de que te ha traído un broche o algo.

WENDLA Qué pena que no la viste.

SRA. BERGMAN Pero te digo que trajo un broche para ti.

WENDLA Tengo un montón de broches.

SRA. BERGMAN Deberías estar contenta, qué más quieres.

WENDLA Lo que quiero saber es si la cigüeña entró volando por la ventana o si


bajó por la chimenea.

SRA. BERGMAN Pregúntale a Ina.

WENDLA O quizás deba preguntárselo al deshollinador. Él debe saber mejor que


nadie si entró por la chimenea.
SRA. BERGMAN Al deshollinador no. ¡A él no! Él no sabe nada de cigüeñas. Él te contará
unas historias tontas. ¿Qué miras allá afuera?

WENDLA ¡Hay un hombre tres veces más grande que un toro y con unos pies
enormes!

SRA. BERGMAN No puede ser.

WENDLA Está cantando “La guardia del Rhin”. Está doblando la esquina.

SRA. BERGMAN ¡Wendla! Tú sabes que siempre creo en lo que dices. Me pregunto si
algún día crecerás… ya estoy perdiendo las esperanzas…

WENDLA Yo también mamita. Es una pena ¿no? Soy tía por tercera vez y no sé
cómo ocurre… No te molestes mamá. ¿A quién voy a preguntárselo si no
es a ti? ¡No creerás que a mis catorce años voy a seguir creyendo en la
cigüeña!

SRA. BERGMAN ¡Dios mío! ¡Qué cosas se te ocurren! Ana a la casa de Ina.

WENDLA Muy bien, iré, pero antes iré donde el deshollinador.

SRA. BERGMAN ¡No! Ven aquí. Te lo contaré todo… pero no ahora, Wendla, mañana o
pasado mañana.

WENDLA Yo quiero saberlo ahora, mamá. Te has sentido tan incómoda, ¿cómo
puedes pedirme que espere?

SRA. BERGMAN No puedo, Wendla.

WENDLA ¿Por qué no? Me arrodillaré y pondré mi cabeza en tu falda. Cúbreme


con tu mandil como si estuvieras sola y puedes hablar y hablar… te
prometo que no haré ningún ruido, digas lo que digas.

SRA. BERGMAN Yo no tengo la culpa, Dios mío, tú lo sabes… Ven, te contaré cómo
viniste al mundo. Escucha sin decir nada. (Wendla pone su cabeza
debajo de la falda de su mamá)

WENDLA Te escucho.

SRA. BERGMAN Pero no puedo… Es mucha responsabilidad…

WENDLA Tú puedes, mamá.

SRA. BERGMAN Ya, escucha… Para tener un niño… ¿Me oyes, Wendla?

WENDLA ¡Sí, mamá!


SRA. BERGMAN Tener un niño… el esposo… el hombre con el que una se casa… tienes
que amarlo… amarlo de la única manera como se puede amar a un
hombre… completamente… con todo tu corazón… tanto que no se
puede decir con palabras… tienes que amarlo Wendla, como a tu edad
no se puede amar… ¡Ahora ya lo sabes!

WENDLA …

SRA. BERGMAN Ahora ya sabes las pruebas difíciles que te esperan.

WENDLA ¿Y eso es todo?

SRA. BERGMAN Así es como Dios me lo contó. A ver, déjame verte: los ganchitos en el
pelo, las manos limpias, el vestido planchado y esa falda está demasiado
corta para ti, Wendla.

WENDLA ¿Compraste la carne para el almuerzo, mamá?

SRA. BERGMAN Que Dios te bendiga, tendré que alargarte esa falda uno de estos días.

\
Acto II
Escena 3

SRA. GABOR (Escribiendo) Querido Moritz Stiefel. Después de haber reflexionado


durante veinticuatro horas sobre el contenido de tu carta, te contesto
muy apenada por la noticia de que has desaprobado tus exámenes. Me
es imposible proporcionarte la cantidad de dinero que me pides para tu
pasaje a América. Primero, porque no dispongo de tal suma; y segundo,
porque consideraría como un pecado ayudarte con tu propósito tan
descabellado. Créeme, querido Moritz, serías muy injusto si vieras esa
negativa mía como una falta de cariño. Al contrario, faltaría a mi deber
de amiga, de casi segunda madre si, dejándome persuadir por tu
desesperación momentánea, perdiera yo la cabeza y me rindiera a mi
primer impulso. Estoy dispuesta, si tú así lo deseas, a escribirles a tus
padres para tratar de convencerlos de que tú has hecho, durante el
último trimestre, todo lo posible; que tus fuerzas están agotadas hasta
el punto que una excesiva severidad sería no solo injusta, sino también
nociva para tu estado físico y moral. Me ha apenado que tú, a modo de
amenaza, me escribas, que en caso de no facilitarte el dinero para tu
huída te verías presionado a darle fin a tu vida, amenaza que considero
francamente sorprendente. Por muy inmerecida que tengas tu
desgracia, no está bien usar procedimientos ilícitos. El modo como
pretendes hacerme responsable de tal catástrofe, a mí que solo
bondades he tenido para contigo, podría, a juicio de cualquiera, parecer
un intento de chantaje. Debo confesar que de ti, esto es lo último que
yo hubiera esperado… Pero mantengo el firme convencimiento que al
proceder así, estabas todavía sufriendo profundamente, el dolor de tu
desaprobación. Y por esto espero confiada que mi carta te encuentre
más tranquilo. Toma las cosas como son en realidad. Siempre he creído
firmemente que un joven no puede ser juzgado por sus notas en el
colegio. Muchos estudiantes nada exitosos se han convertido luego en
grandes hombres, mientras que muchos estudiantes sobresalientes
nunca descollaron en la vida. De todas maneras, te aseguro que tu
contratiempo no influirá para nada en tu relación con Melchior. Será
para mí siempre una gran satisfacción que mi hijo tenga por amigo a un
muchacho que ha sabido ganar todas mis simpatías. ¡La cabeza en alto,
Moritz! Crisis como esta y otras necesitan ser superadas. Si todos al
primer contratiempo quisieran recurrir al puñal o al veneno, el mundo
no tardaría en quedar desierto. Deseando tener pronto noticias tuyas, te
envía afectuosos y sinceros saludos tu devota amiga, Fanny G
Acto II
Escena 4

WENDLA ¡Así que aquí estabas! Todo el mundo te busca. Tienes que ir a ayudar.
Parece que viene una tormenta.

MELCHIOR ¡Lárgate, vete de aquí!

WENDLA ¿Qué pasa? ¿Por qué te tapas la cara?

MELCHIOR ¡Vete o te empujaré al suelo!

WENDLA Ahora sí que no me voy. (Se arrodilla a su lado). Aquí todo está muy
oscuro y si nos mojamos no me importa.

MELCHIOR El heno huele tan rico. El cielo debe estar muy oscuro. Tienes una flor en
tu vestido. Puedo escuchar tus latidos.

WENDLA No me beses, Melchior. No me beses.

MELCHIOR Tu corazón… está latiendo.

WENDLA Para besarse, dos personas tienen que amarse… No. No…

MELCHIOR No te preocupes, el amor no existe. Todo es egoísmo. Yo te quiero tan


poquito como tú a mí.

WENDLA No, no Melchior.

MELCHIOR ¡Wendla!

WENDLA ¡Oh, Melchior, no, no!


Acto II
Escena 5

MORITZ Crecí, ya tengo mi boleto de partida. El capullo se ha abierto y salió la


mariposa… No más ilusiones, ya no me pueden engañar. La niebla ha
desaparecido. Vivir o morir… ahora es tan solo cuestión de gustos.

Ilse aparece detrás de Moritz y le toca el hombro. Lleva el vestido desgarrado y una
colorida bufanda sobre la cabeza.

ILSE ¿Se te perdió algo?

MORITZ ¡Ilse!

ILSE ¿Qué buscas?

MORITZ ¿Por qué me has asustado?

ILSE Vengo de la ciudad, voy a casa.

MORITZ No sé lo que se me ha perdido.

ILSE Entonces no lo encontrarás.

MORITZ …

ILSE Hace cuatro días que no voy a casa.

MORITZ Como nuestro gato.

ILSE ¡Y estoy con mis zapatos de baile! ¡Mamá se pondrá furiosa! Ven a mi
casa.

MORITZ ¿Dónde has estado?

ILSE Con los Orgásmicos.

MORITZ ¡Los Orgásmicos!

ILSE Sí, con todos.

MORITZ ¿Estás posando para ellos?

ILSE Marky me está haciendo un retrato como una santa. Es un payaso. Le


pisé un tubo de pintura y me pintó el pelo; le di una cachetada y me
arrojó la paleta, tiré el caballete y me persiguió con un cuchillo, encima
del sofá, la mesa, las sillas, por todo el estudio. “Pórtate bien, o te
rompo este boceto” le digo; entonces hacemos las paces y me besuquea
toda.

MORITZ ¿Dónde duermes cuando no vas a tu casa?

ILSE Anoche donde Uriel. Anteanoche donde Hermann, en la casa de León


bebimos champagne. Marky había logrado vender su cuadro “Retrato
de moribundo con gangrena”. Markdaniel estaba bebiendo de un
cenicero. Joel cantó la balada de “Una madre que asesinó a su bebé”. Y
Luciano tocó la guitarra con tanta fuerza que le sangraban los dedos y
todas las cuerdas se rompieron. Estaba tan borracha que tuvieron que
llevarme a la cama. ¿Todavía estás en el colegio, Moritz?

MORITZ No, este semestre termino.

ILSE Qué bien. Qué rápido pasa el tiempo cuando se aprovecha. ¿Te
acuerdas cuando jugábamos a los bandidos? Tú y Wendla y yo y todos.
Venías a mi casa en las tardes y tomabas leche de cabra. ¿Cómo está
Wendla? No la veo desde hace tiempo. ¿Y Melchi? ¿Todavía es así, todo
serio? Se sentaba delante de mí en la clase de canto.

MORITZ Es un pensador.

ILSE Wendla fue a mi casa hace un tiempo y le trajo mermelada a mi madre.


Ese día estaba posando para Cornelio. Él me estaba pintando como una
virgen. Él es tan desagradable, siempre está mojado. ¿Qué te pasa?...
¿Estás con resaca o algo así?

MORITZ Mmm.. sí, de anoche. Bebimos mucho… llegué a mi casa como a las
cinco.

ILSE Sí, se te ve. ¿Con chicas?

MORITZ Arabella, la chica del bar. Ella es anadaluza. El patrón nos la dejó toda la
noche.

ILSE Ya veo… A mí nunca me da resaca. El año pasado, en el carnaval, estuve


despierta tres días y tres noches enteras. Baile de disfraces, café,
almuerzo en Belavista, cabaret, y al siguiente baile de disfraces. Ivette y
Viola estaban con nosotros. Henry me encontró la última noche.

MORITZ ¿Te buscaba?

ILSE Se tropezó con mi brazo. Estaba tirada en la nieve. Me llevó a su casa.


Fueron dos semanas horribles. Vestido persa en la mañana, luego,
disfrazada de mensajero; terciopelo negro en la noche. Todos los días
una sesión de fotografías. Como Ariadna en el sofá, Leda, Ganímides, en
cuatro patas. Y siempre hablaba de asesinar, disparos, suicidio, asfixia.
Una mañana, en la cama, tenía una pistola cargada, me la apuntó en el
pecho. “Si pestañeas disparo”. Lo habría hecho, Moritz. Después se
metió la pistola en la boca.

MORITZ ¿Está vivo todavía?

ILSE Yo qué sé. Tenía un espejo encima de la cama. Hacía que el cuarto se
viera enorme, iluminado como un escenario. Podías verte a ti misma
colgada del cielo. Tenía pesadillas horribles. Rogaba porque amaneciera.
“Buenas noches Ilse, cuando duermes te ves tan hermosa, como para
asesinarte”.

MORITZ ¿Pero todavía está vivo?

ILSE Espero que no. Un día salió a buscar una botella de licor, cogí un abrigo
y me largué. No más carnavales. La policía me recogió, vestida con ropas
de hombre. Me llevaron a la comisaría. Entonces vinieron todos los
Orgásmicos –pagaron mi fianza y me llevaron al estudio de Hermann.
Desde entonces soy fiel al grupo. Por eso los quiero a todos. No los
cambiaría por nadie en el mundo, así los otros fueran santos millonarios.

MORITZ Tengo que irme Ilse.

ILSE Acompáñame hasta mi casa.

MORITZ ¿Para qué? ¿Para qué?

ILSE ¡Para tomar leche de cabra! Te rizaré el pelo y te colgaré una campanita
del cuello. También puedes jugar con nuestro caballito de madera si
quieres.

MORITZ Tengo que irme. Tengo que hacer mi tarea sobre el Sermón de la
montaña y los paralelepípedos. Buenas noches Ilse.

ILSE Dulces sueños. Para cuando despiertes, yo ya estarme muerta y


enterrada. (Se va corriendo)

MORITZ Una palabra… solo es. (Llama) Ilse, Ilse… Gracias a Dios… no me ha
escuchado. No estoy de ánimo. Demasiados problemas en mi cabeza y
en mi corazón. Qué lástima… con una oportunidad como esa. Les diré
que tenía espejos enormes sobre mi cama – y que entrené a una gacela
salvaje para que bailara en la alfombra, con medias de seda y zapatos de
charol y una tira de terciopelo negro alrededor del cuello, y en un
ataque de locura, la asfixié entre las almohadas. Cuando hablen de
sexo, sonreiré y gritaré, gritaré. Quiero ser como tú, Ilse… Orgásmica…
Por favor, olvido, no lo soporto. Aquí está el río. Los juncos han crecido;
sin embargo, la vista a través de los sauces no ha cambiado. El río, lento
como plomo derretido. No debo olvidar esto… (Saca la carta de la Sra.
Gabor y la quema) Las chispas salen volando: arriba, abajo, arriba y
abajo, por todas partes, almas perdidas, estrellas fugaces. No más luz en
el cielo. La hierba ha desaparecido. Oscuro. Vino la noche. Nunca más
volveré a mi casa.
Acto III
Escena 1

(Martha e Ilse se acercan a la tumba)

ILSE Rápido, que ya vienen los sepultureros.

MARTHA ¿No deberíamos esperar?

ILSE ¿Para qué? Traeremos más después. Flores frescas y más flores. Siempre
crecerán flores aquí.

MARTHA Voy a traer rosas de mi jardín. Igual me van a pegar. Crecerán muy bien
aquí.

ILSE Las regaré todos los días. Traeré unos nomeolvides y unos lirios de mi
casa.

MARTHA Quedará hermosa.

ILSE Yo estaba cruzando el puente cuando oí el disparo.

MARTHA Pobre.

ILSE Yo sé por qué se mató.

MARTHA ¿Te dijo algo?

ILSE Paralelepípedo. Pero no se lo cuentes a nadie.

MARTHA Te lo prometo.

ILSE Aquí está la pistola.

MARTHA ¡Por eso no la encontraba nadie!

ILSE La tenía en su mano. La agarré cuando pasé esta mañana.

MARTHA Dámela Ilse, por favor, dámela.

ILSE No. Quiero quedármela, para que me dé buena suerte.

MARTHA ¿Es verdad que lo enterraron sin cabeza?

ILSE Los juncos estaban salpicados de sangre y había pedazos de seso


colgando de los arbustos.
Acto III
Escena 2

RECTOR Melchior Gabor, acérquese. Después de que el señor Stiefel fue


informado del suicidio de su hijo, el desconsolado padre realizó un
registro entre los efectos personales de Moritz con la esperanza de
descubrir una pista que explicaría el posible motivo de esta inaudita
fechoría. En esta operación, tropezó en un lugar que no viene al caso
nombrar, con un manuscrito, el cual si bien no explica de por sí el hecho
digno de reprobación, suministra datos suficientes para apreciar el
desquiciamiento moral del malhechor. Se trata de una disertación
titulada “El coito”, con reproducciones de tamaño natural, que consta
de veinte páginas llenas de desvergonzadas porquerías, que es lo que el
depravado cazador de placeres busca en estas lecturas obcenas.

MELCHIOR Yo he…

RECTOR Usted ha de guardar silencio. Luego de que el señor Stiefel nos hubo
entregado el escrito en cuestión, prometimos nosotros al desconsolado
padre, descubrir el autor, costara lo que costara; para lo cual
comparamos la letra del manuscrito que se nos exhibió con la letra de
todos los condiscípulos de la desgraciada víctima, y por juicio unánime
de todo el profesorado, y de perfecto acuerdo con el dictamen especial
de nuestro colega de caligrafía, comprobamos una clara semejanza con
la letra de usted…

MELCHIOR Yo he…

RECTOR Usted ha de guardar silencio. A pesar del dato aplastante de la


semejanza de letra, semejanza reconocida por irrefutables autoridades,
hemos creído procedente aplazar toda medida ulterior hasta interrogar
primeramente y con toda amplitud al culpable mismo sobre la falta que
se le imputa, referente a ofensas a la moral con las derivaciones de
inducción al suicidio.

MELCHIOR Yo he…

RECTOR Usted ha de limitarse a contestar con un simple sí o no a las preguntas


precisas y concretas que yo le haga. ¿Reconoce usted este manuscrito?

MELCHIOR Sí.

RECTOR ¿Conoce usted su contenido?


MELCHIOR Sí.

RECTOR ¿Es esta su letra?

MELCHIOR Sí.

RECTOR ¿Es usted el autor de este escrito pornográfico?

MELCHIOR ¡Ruego al señor rector me señale en el escrito un solo pasaje indecente!

RECTOR ¡Limítese usted a contestar a mis preguntas con un sencillo sí o no!

MELCHIOR No he escrito, ni más ni menos, que aquello que usted sabe es cosa
corriente.

RECTOR ¡Impúdico!

MELCHIOR ¡Ruego a usted que me señale en el escrito un solo ataque a la moral!

RECTOR ¿Usted cree verdaderamente que puede tener algún éxito en este juego
suyo de querer tomarme el pelo?

MELCHIOR Yo he…

RECTOR Usted ha demostrado tener tan poco respeto a la dignidad de sus


profesores, aquí reunidos, como poca decencia con respecto a los
sentimientos más arraigado en el hombre con relación al pudor, parte
integrante del orden moral…

MELCHIOR Yo he…

RECTOR Puede reitrarse.


Acto III
Escena 3

SRA. BERGMAN El doctor dice que se te pasará la fiebre pronto y que te puedes
levantar de la cama. Yo pienso lo mismo

WENDLA ¿Qué más dijo?

SRA. BERGMAN Nada. Me contó que la baronesa también sufría de los mismos
desmayos. Es un síntoma común de la anemia.

WENDLA ¿El doctor dijo que yo tenía anemia?

SRA. BERGMAN Quiere que tomes leche y que comas mucha carne y vegetales.

WENDLA Mamá, no creo que tenga anemia.

SRA. BERGMAN Tienes anemia, Wendla. Debes descansar. Tienes anemia.

WENDLA No mamá. Yo siento que no es la verdad. No tengo anemia, Lo que


tengo es hidropesía.

SRA. BERGMAN Tienes anemia, eso es lo que me dijo el doctor, que tienes anemia.
Descansa Wendla, te pondrás mejor.

WENDLA No me pondré mejor, mamá. Tengo hidropesía. ¿Voy a morir, voy


a morir, mamá?

SRA. BERGMAN No vas a morir… Wendla. No vas a morir.

WENDLA ¿Entonces, por qué estás llorando mamá? ¿Por qué lloras, mamá?

SRA. BERGMAN No vas a morir, Wendla. Lo que tienes no es hidropesía. Vas a


tener un bebé… vas a tener un bebé. ¿Cómo pudiste?

WENDLA ¿Cómo pude qué?

SRA. BERGMAN No trates de negarlo, yo ya lo sé. Wendla… mi Wendla…

WENDLA No es posible mamá. No estoy casada…

SRA. BERGMAN Dios, dame fuerzas. Así es, no estás casada… Eso es lo terrible.
Wendla… ¿cómo pudiste hacerlo?

WENDLA ¿Cómo pude hacer qué? Nos acostamos juntos en el granero.


Nunca he querido a nadie, solo a ti mamá.
SRA. BERGMAN Mi amor…

WENDLA ¿Por qué no me lo dijiste todo?

SRA. BERGMAN Ya no sirve de nada llorar y lamentarse. ¿Cómo podía decírtelo, si


solo tienes catorce años? Mi madre no me dijo más de lo que yo te
dije. Debemos confiar en Dios, Wendla, en su misericordia.
Todavía no ha ocurrido nada. Si somos valientes, él nos ayudará.
Tenemos que ser valientes Wendla, valientes… ¿Qué pasa?

WENDLA Alguien toca la puerta.

SRA. BERGMAN No oí nada.

WENDLA Ahí está otra vez. ¿Quién está ahí?

SRA. BERGMAN Nadie…


Acto III
Escena 4

Noche iluminada de noviembre; hojas secas caen de los árboles y de los arbustos; las nubes
tapan de cuando en cuando la luna. Melchior escala la pared del patio de la iglesia.

MELCHIOR ¿Por qué ella? Si yo soy el culpable. El destino no tiene sentido…


¿A dónde iré ahora? Más crímenes… hundirme en el pantano. Ni
siquiera tengo la fuerza para terminar con todo… No hice mal… lo
que hice… fue un error, no fue un error… Envidia. Nadie ha tenido
tanta envidia de las tumbas como yo. Pero la envidia no me da la
fuerza para hacerlo. Quiero enloquecer – ahora, esta noche.

AQUÍ DESCANSA EN PAZ


WENDLA BERGMAN
NACIÓ EL 5 DE MAYO DE 1878
MURIÓ DE ANEMIA
EL 27 DE OCTUBRE DE 1892
Bienaventurados los puros de corazón

Y yo la maté. Soy su asesino. No me queda nada. No debo llorar,


no aquí. Debo irme.

MORITZ No te vayas Melchior. Esta es tu única oportunidad. No te das


cuenta de cómo la vida está determinada por el lugar y el
momento.

MELCHIOR Moritz.

MORITZ Tienes que darme la mano. Me lo agradecerás. Después no será


tan fácil. Qué suerte que estés aquí. Salí especialmente para verte.

MELCHIOR ¿Estabas durmiendo?

MORITZ No dormimos. Nos sentamos en las copas de los árboles y en los


techos, donde queremos.

MELCHIOR ¿No encuentras reposo?


MORITZ No, vagamos. ¿Por qué no me das la mano?... Vemos y oímos todo
lo que pasa en el mundo. Sabemos que todo lo que la gente hace y
sus esperanzas son inútiles… por eso nos reímos.

MELCHIOR ¿Y eso sirve para algo?

MORITZ Para nada. ¿Por qué tendríamos que hacer algo? Estamos por
encima de la alegría y la tristeza. Reflexionemos. Debes darme la
mano. Dame la mano y te reirás de ti mismo.

MELCHIOR ¿Y eso no te da ganas de rebelarte?

MORITZ Estamos por encima de eso. Sonreímos. Vi mi funeral. Fue muy


entretenido. ¿No crees que esto es sublime, Melchior? Lloré más
que nadie y luego me dieron ataques de risa. La única manera de
vencer la inmundicia es ser sublime. Antes de que llegara aquí se
reían de mí.

MELCHIOR No quiero reírme de mí mismo.

MORITZ Sufrir es ridículo, nunca lo había pensado antes. Ahora lo veo todo
como un gran fraude. ¿Por qué dudas Melchior? Trata de darme
tu mano…

MELCHIOR Cuando dejas la vida… ¿puedes olvidar?

MORITZ Estira solo tu dedo meñique. Tu pelo se habrá vuelto blanco antes
de que te llegue otra oportunidad como esta.

MELCHIOR Si acepto, Moritz, es porque me desprecio. Soy un descarriado. Mi


valor está enterrado… como ella. He perdido la fe en mis sentidos.
Nada puede impedir que me hunda. Me desprecio…

MORITZ ¿Qué esperas entonces?

HOMBRE Estás tan débil que ni siquiera puedes estar de pie. No puedes
decidir así. (A Moritz) Tú, desaparece.

MELCHIOR ¿Quién eres?

HOMBRE Lo sabrás a su debido tiempo (a Moritz) ¿Qué estás esperando?


¿Qué crees que estás haciendo aquí? ¿Por qué no tienes la cabeza
en su sitio?

MORITZ Me pegué un tiro.


HOMBRE ¡Entonces vuelve a donde perteneces, al pasado! No nos molestes
con tu olor a cadáver. Mírate los dedos, se deshacen.

MORITZ Déjeme quedarme.

MELCHIOR ¿Quién eres?

MORITZ Deje que me quede un ratito más. No voy a interrumpir. La tierra


está muy fría allá abajo.

HOMBRE Entonces, ¿por qué le cuentas ese cuento de lo sublime? Estás


mintiendo. Si significa tanto para ti puedes quedarte.

MELCHIOR Creo que ya deberías decirme quién eres.

HOMBRE No. Haremos un trato. Confía en mí. Lo primero que haremos será
sacarte de aquí.

MELCHIOR ¿Eres mi padre?

HOMBRE ¿Parezco tu padre?

MELCHIOR No.

HOMBRE Tu padre está muy bien, durmiendo con su esposa en casa.

MELCHIOR (Aparte) No pueden ser el diablo los dos.

HOMBRE Solo te diré una cosa… la chica iba a estar bien, estaba hecha para
ser madre. Su madre la hizo abortar.

MELCHIOR ¿Quién eres? No puedo confiar en alguien a quien no conozco.

HOMBRE Confía primero. Dame tu confianza y yo te daré conocimiento.

MELCHIOR Eso es lo que tú dices.

HOMBRE Es un hecho. Crees que está en posición de elegir.

MELCHIOR Puedo darle la mano a mi amigo.

HOMBRE Tu amigo trata de venderte algo que él mismo no tiene. No hay


nadie que se siente a sonreír cuando tiene razones para reír o
llorar. ¡Sonrisa sublime! ¿Qué puede ser más desesperado?

MELCHIOR Dime quién eres o me iré con mi amigo muerto.

HOMBRE ¿Y bien?
MORITZ Tiene razón Melchior. Todo lo que dije antes era mentira. Acepta.
Anda con él.

MELCHIOR ¿Crees en Dios?

HOMBRE Depende de las circunstancias.

MELCHIOR ¿Quién inventó la pólvora?

HOMBRE Berthold Schwarz – alias Konstantin Anklitzen – un monje


franciscano.

MORITZ Ojalá no la hubiese inventado.

HOMBRE Te habrías ahorcado.

MELCHIOR ¿Tienes una moral?

HOMBRE ¿Crees que he venido para que me tomes un examen?

MELCHIOR ¿Para qué has venido, entonces?

MORITZ No peleen. ¿A caso nos hemos reunido, un vivo, un muerto y tú en


un cementerio a las dos de la mañana, con tumbas por todas
partes, para ponernos a pelear? Me diste permiso para quedarme
porque significaba mucho para mí, pero si van a seguir peleando
cojo mi cabeza y me voy.

MELCHIOR Eres el mismo miedoso de siempre.

HOMBRE El fantasma tiene razón. Debemos mantener nuestra dignidad. La


moral es el producto de dos cantidades imaginarias: deber y
querer. Su producto es la moral y su existencia no puede ser
negada.

MORITZ ¿Por qué no viniste a hablarme a mí antes? Mi moral decía


muerte. Era a causa de mis padres. Honra a tu padre y a tu madre
durante todos los días de tu vida. Seguí el mandamiento pero
funcionó al revés.

HOMBRE Te estás engañando. Y tú eres tan culpable como tus padres.

MELCHIOR Si yo le diera la mano sería por culpa de mi moral. Nada más que
eso.

HOMBRE Por eso eres diferente de Moritz.


MORITZ ¿Es tan importante que seamos diferentes? Pudiste haberme
hablado a mí también, esa tarde junto al río, cuando tenía la
pistola en mi bolsillo.

HOMBRE ¿Así que no te acuerdas de mí? Tú también tuviste tu oportunidad,


en tus últimos momentos. Pero se hace tarde. No estamos en el
lugar adecuado para discutir temas profundos.

MORITZ Está haciendo frío.

MELCHIOR Adiós, Moritz. No sé a dónde voy, pero por lo menos sé que


seguiré en la vida.

MORITZ No te molestes conmigo, Melchior, por haber tratado de que


vengas conmigo. Era por el tiempo que pasamos juntos. Volvería a
vivir toda mi vida, con todos los problemas, solo para que estemos
juntos otra vez.

HOMBRE Cada uno tiene claro su rol. Tú descansarás en paz con la


conciencia de no tener nada. Tú vivirás en la duda con tu
necesidad de probarlo todo. Adiós.

MELCHIOR Adiós Moritz. Estoy contento por haberte visto, no importa lo que
pase… aunque yo sea diez diferentes personas, dondequiera que
vaya, nunca te olvidaré.

MORITZ Gracias, gracias. Tienes mi cariño.

MELCHIOR Y un día cuando sea un viejo con el pelo gris, quizá tú estés más
cerca de mí que todos mis amigos vivos.

MORITZ Aquí estoy con mi cabeza bajo el brazo. La luna se asoma, se


oculta y se vuelve a asomar. No se ve más sabia. Regresaré a mi
lugar. Aquí está mi cruz, derribada por mi amigo. La enderezaré y
dejaré todo limpio y ordenado… me acostaré… me calentaré…
sonreiré.

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