DESPERTAR
DESPERTAR
DE
PRIMAVERA
Frank Wedekind
Personajes:
Wendla
Sra. Bergman
Melchior
Moritz
Martha
Ilse
Sra. Gabor
Rector
Hombre
Acto I
Escena 1
WENDLA Sí, todas las chicas de catorce años tienen que ponerse una cosa como
esta, entonces no quiero tener catorce.
SRA BERGMAN El vestido no es tan largo, Wendla. ¡Qué quieres que haga! No tengo la
culpa de que crezcas cinco centímetro cada primavera. Una señorita
como tú no debe andar con vestidito de chiquita.
WENDLA Pero el vestidito de chiquita me queda mejor que este camisón. Déjamelo
poner aunque sea este verano. ¡Mira esta cosa, cómo se arrastra por el
piso! Me lo pondré el próximo año.
SRA BERGMAN No sé, me gustaría que te quedaras así como ahora. A tu edad otras
chicas son tan tiesas y gordas, pero tú no. Cuando ellas crezcan tú serás
mucho más bonita todavía.
WENDLA Esas cosas se me ocurren cuando no puedo dormir. Pero luego duermo
mucho mejor… ¿Es malo pensar en esas cosas?
SRA BERGMAN Está bien, guardaremos tu camisón. Ponte otra vez tu vestidito. Le coseré
un bobo después.
SRA BERGMAN ¿Y si tienes frío? Después te darás cuenta de que este vestido no es tan
largo como parece.
WENDLA ¿Frío, en plena primavera? ¿Tienes miedo a que se me enfríen las rodillas,
mamá? A mi edad no se tiene frío. Algún día me arrancaré las mangas del
vestido y me verás a atardecer, descalza y con las piernas desnudas pero
seré toda una señorita por dentro. No te asustes mamá, nadie podrá
verme nada.
Acto I
Escena 2
MELCHIOR A pasear.
MELCHIOR No hay nada que puedas hacer sin que la tarea interfiera. De veras me
gustaría saber para qué se supone que estamos en este mundo.
MORITZ Para qué se supone que estamos en el colegio. Preferiría ser un caballo
de tiro. Me gustaría saber para qué son los exámenes. Para que puedan
desaprobarnos. Siete tienen que desaprobar de todas maneras, porque
en el siguiente salón solo entran sesenta… Desde la navidad todo es tan
extraño… si no fuera por mi padre, empacaría mi maleta y me largaría.
(Caminan)
MORITZ Un pájaro entró volando en mi cuarto esta mañana. Eso significa mala
suerte.
MORITZ No lo sé. Salió volando sin posarse. Supongo que no es nada malo.
MELCHIOR Es tan malo como la religión. Sales de una para caer en la otra. Vamos a
sentarnos bajo ese árbol. Un viento cálido viene desde las colinas. La
nieve se debe estar derritiendo. Me gustaría estar ahí arriba ahora, toda
la noche encima de los árboles, meciéndome con el viento.
MORITZ He decidido qué es lo que voy a hacer para cuando tenga que criar a mis
hijos. Vivirán juntos en el mismo cuarto, niños y niñas, y dormirán juntos
en una gran cama. Se podrían ayudar a vestirse y desvestirse. Y cuando
venga el viento cálido sólo usarán una túnica corta, de color blanco, con
un cinturón. Así estoy seguro de que cuando crezcan tendrán menos
vergüenza que nosotros.
MELCHIOR ¿No crees que tiene mucho que ver con el instinto? Imagínate que
cogieras dos gatitos – macho y hembra- y los encerraras juntos. Tarde o
temprano tendrías una cría, aunque no hubiese ningún gato adulto para
enseñarles.
MELCHIOR Creo que con los humanos es igual. Mira Moritz, tus chicos y chicas en la
misma cama; y entonces, así de la nada, de la oscuridad, los efectos de la
pubertad… te apuesto que…
MELCHIOR Y no sólo con los chicos, entiendes. No es que a las chicas les pase
exactamente lo mismo, pero… te apuesto que sucede y además está la
curiosidad…
MELCHIOR Dime.
MELCHIOR ¿Qué?
MORITZ Sí.
MELCHIOR Sí…
MORITZ Yo también.
MELCHIOR ¿Soñabas?
MORITZ Sólo una vez, muy breve. Unas piernas con medias azules, encima de mi
escritorio… Me estaba trepando encima. Las vi solo por un momento.
MELCHIOR Eso no tiene nada que ver. Puede empezar a cualquier edad.
Lammermeier es tres años mayor que nosotros y Hans dice que todavía
sueña con tortas y chocolates.
MELCHIOR Se lo preguntó.
MORITZ Dios, sí. Tal vez Hans ha escrito un diario también. Francamente, la vida
es un juego… Somos empujados a él, y se supone que tenemos que
agradecer a Dios. Yo no pedí nada de esto. Porque no puedo dormir,
hasta que regrese el silencio. Mis padres pudieron haber tenido cientos
de niños diferentes, pero me tuvieron a mí. Y ni siquiera sé cómo. Tan
sólo estoy aquí, sufriendo por no haberme quedado fuera del juego.
Melchior… ¿nunca te has preguntado… cómo… quiero decir, de qué
forma… llegamos aquí, a este remolino? Entre cientos de niños, mis
padres tuvieron que tenerme a mí…
MORITZ ¿Cómo podría saberlo? Está bien, las gallinas ponen huevos, y una vez mi
mamá me dijo que me tuvo cerca de su corazón. Me acuerdo cuando
tenía cinco años y me enseñaban un naipe con el escote tan bajo de la
reina de corazones yo me tapaba los ojos. Ahora ya no tengo que hacer
eso, pero con las justas puedo hablarle a una chica sin sentirme
despreciable por no sé por qué.
MELCHIOR Yo te diré por qué; lo aprendí en los libros de dibujos y en parte de
observar la naturaleza. Puedes sorprenderte, me convertí en ateo. Iba a
contárselo a Hans, pero su empleada ya se lo había contado hacía
mucho tiempo.
MORITZ No… no sigas, ahora no. Todavía me queda Centroamérica y Luis V y los
60 versos de Homero y las siete ecuaciones y la composición de latín, y
mañana me irá pésimo. Si quiero seguir estudiando tengo que usar
anteojos.
MELCHIOR Ven a mi casa. Sólo me tomará una hora. Yo te haré tu tarea. Mi mamá
nos hará limonada y conversaremos sobre la reproducción.
MELCHIOR Eres una niña, Moritz. Imagino que nunca has visto una chica, ¿verdad?
ILSE ¡Empapados!
WENDLA Vamos por el puente. El río está muy crecido y arrastra ramas y troncos.
Los chicos han construido una balsa. Melchi casi se ahoga ayer en la
tarde.
MARTHA Obviamente.
MARTHA ¡Déjale que se suelte! No me dejan usarlo suelto como a ti, o con
cerquillo, ni que me lo corte. Dentro de casa tengo que llevarlo siempre
amarrado por si vienen mis tías.
WENDLA Mañana llevaré unas tijeras a clase de religión y mientras cantes “Feliz
peregrino” te lo cortaré.
MARTHA A mí el azul me queda muy lindo. ¡Tienes tanta suerte! Una vez, por
llevar uno en el vestido, mi mamá me sacó de la cama de los pelos y me
caí al suelo.
MARTHA “¡Toma, toma!” me decía. “¡Para que aprendas! ¿Ya ves? A esto me
refería”
MARTHA No lo sé.
MARTHA ¡Hacía mucho frío! Llegué a abrir la puerta pero me metieron toda la
noche dentro de un saco.
MARTHA Con cualquier cosa… Dime, ¿tu mamá también cree que está mal comer
pan en la cama?
MARTHA Yo me imagino que les gusta tratarme así… Si alguna vez tengo hijos, los
dejaré crecer libremente, como las plantas. ¡Nadie las cuida y crecen tan
grandes y fuertes! En cambio las rosas, cuando llega el verano, están
todas raquíticas a pesar de todos los cuidados que tienen.
MARTHA Yo también.
ILSE No pretenderás que Pfalle quiere a Melitta más que ella a él.
WENDLA Sí, Ilse, sí. Melitta es muy feliz porque él la ha convertido en una mujer
diez mil veces mejor de lo que era antes.
WENDLA ¿Saben qué? Esa vez Melchi me confesó que él no creía en nada. Ni en
Dios, ni en la otra vida, ni en nada.
Acto I
Escena 4
MORITZ ¡No sabes el riesgo que he estado corriendo! Desde hace tres semanas
no hacía más que vigilar esa puerta, de pronto hoy día me di cuenta de
que la puerta estaba entreabierta… nada me hubiera detenido. Entré…
hojeé los registros… y lo encontré.
MELCHIOR Tienes que haber leído mal. Con Ernest somos sesenta y uno y en el
próximo curso sólo entran sesenta.
MORITZ ¡He leído bien! Ernest Robel aprobó como yo, sólo provisionalmente,
claro. En el próximo trimestre se decidirá quién de los dos pasa… ¡Pobre
Ernest!
MELCHIOR ¡Wendla! ¿Qué haces aquí, sola? He estado andando por todo el bosque
por más de tres horas sin ver un alma y de repente apareces tú. ¿Eres
tú, Wendla?
MELCHIOR Si no supiera que eres Wendla Bergman, creería que eres una ninfa del
bosque.
WENDLA No, no, soy Wendla Bergman. ¿Y tú, qué estás haciendo?
WENDLA Estoy recogiendo flores de sauco. Mi mamá las usa para hacer licor. Ella
me iba a acompañar pero mi tía llegó sin avisar y como a ella no le gusta
caminar, vine yo sola.
WENDLA Tengo la canasta repleta. Por ahí cerca de esos árboles hay arbustos y
arbustos… Estoy un poquito perdida. ¿Sabes qué hora es?
MELCHIOR Un poco más de las tres y media. ¿A qué hora tienes que estar en casa?
WENDLA No… pensaba que era más tarde. Me eché un ratito sobre el musgo que
hay por el arroyo y me quedé dormida. Cuando me desperté había
pasado tanto tiempo que creí que sería casi de noche.
MELCHIOR Yo sé que a menudo vas y visitas a los pobres. Que les llevas comida,
ropa y dinero. ¿A ti se te ocurrió ir o es que tu mamá te manda?
WENDLA Generalmente me manda mi mamá. Es gente sin trabajo y con muchos
niños. Tienen frío y no tienen nada que comer. Nosotros tenemos un
montón de cosas que no necesitamos. ¿Por qué?
MELCHIOR Pero hay niños sucios, mujeres tosiendo y los hombres te odian porque
no tienes que trabajar.
WENDLA Sí, mucho más. Habría una mejor razón para ir. Cuanto mayor es su
necesidad, mayor sería la alegría de poder ayudarlos.
MELCHIOR Así que tú vas donde los pobres para sentirte feliz.
MELCHIOR Pero no haría feliz al egoísta y al miserable y por eso será condenado
eternamente. Voy a escribir una composición sobre esto y se lo voy a
mandar al padre. Él me metió estas cosas en la cabeza. ¿Por qué insiste
en que la felicidad está en sacrificarse uno por el bien de los demás? Si él
no puede contestar esto, no seguiré yendo a la preparación para la
confirmación y tampoco me confirmaré.
WENDLA No les hagas eso a tus papás. Deja que te confirmen. No te hará ningún
daño. Haremos la confirmación juntos. Puede ser bonito, aun con esos
vestidos blancos horribles y tus pantalones anchotes.
WENDLA Soñé que era una niña muy pobre, una mendiga a la cual mandaban
todas las madrugadas, antes de las cinco, a pedir limosna a gente mala e
insensible. Y al regresar a casa temblando de hambre y de frío, si no
tenía el dinero que mi papá quería entonces me pagaba y me pegaba.
MELCHIOR ¡Qué absurdo! Has estado leyendo muchos cuentos para niños. No
existe gente así.
WENDLA Te equivocas, Melchior. A Martha Bessel le pegan todas las noches… tan
fuerte que puedo ver las heridas en su piel. Es horrible. Lloro cada vez
que me cuenta. Me da mucha pena. He estado buscando la manera de
ayudarla. Con gusto tomaría su lugar aunque sea una semana.
WENDLA A mí nunca me han pegado… ni una sola vez. Ni siquiera puedo imaginar
lo que se siente. He tratado de pegarme a mí misma para ver. Debe ser
algo horrible.
WENDLA ¿Qué?
WENDLA Pégame.
WENDLA Pégame.
MELCHIOR No lo haré.
MELCHIOR Está bien, bruja, ¡te golpearé hasta sacarte el diablo! (bota la rama y
comienza a pegarle con los puños. Wendla empieza a llorar. Melchior
sigue pegándole y empieza a llorar también. Salta y cogiéndose la cabeza
corre llorando entre los árboles.)
Acto II
Escena 1
Cuarto de Melchior, de noche. La ventana está abierta y hay una lámpara encendida en
la mesa. Melchior y Moritz están sentados en un sofá.
MORITZ Bueno, ahora estoy mucho mejor, ¿no te parece? Me las estoy
arreglando con los estudios, aunque por momentos estoy un poquito
nervioso todavía. Me quedé dormido en la clase de griego, como
Polifemo borracho en su cueva. No sé cómo el profesor no me jaló de
las orejas… y hoy casi llego tarde otra vez. Lo primero que pensé
cuando me desperté fue en los verbos irregulares. Dios, estuve
conjugando en el desayuno y durante todo el camino hacia el colegio.
Anoche estuve estudiando hasta las cuatro de la mañana. Manché el
libro con la tinta. Cuando Matilda me despertó, mi luz todavía estaba
encendida. En los arbustos bajo mi ventana los pájaros estaban
cantando. No tienen nada de qué preocuparse. Me deprimí mucho de
nuevo. Estaba comportándome mejor, yendo en contra de mi
naturaleza. ¿Pero eso no te hace sentir mejor?
MORITZ No, no fumo. Si pudiera mantener este ritmo… voy a estudiar y estudiar,
hasta que el cerebro se me salga por los ojos. Ernest Robel no va a
conseguir ese lugar. Ha desaprobado seis veces desde las vacaciones:
tres en griego, dos en literatura y la última vez en historia. Yo solo he
desaprobado cinco veces y no va a volver a suceder. Ernest nunca se
pegaría un tiro, él no tiene unos padres que necesiten sacrificarlo todo
por él. Puede ser lo que quiera, soldado, vaquero o marino, pero si a mí
me desaprueban, a mi padre le daría un infarto y a mi madre un ataque.
No podría seguir viviendo. Antes del examen, le recé a Dios: “Aparta de
mí este Cáliz, hazme tuberculoso, cualquier cosa”. Esta vez todo salió
bien. Pero el cáliz aún está ahí, puedo ver el brillo de su aura
amenazándome. Por eso tengo miedo de mirar hacia arriba. Y ni siquiera
he llegado a la mitad. La corriente se vuelve cada vez más fuerte. Tengo
que llegar a la otra orilla, si no lo hago me ahogaré.
MELCHIOR Sí, la vida es mucho más desagradable de lo que parece. Hay momentos
en los que a mí tampoco me importaría ahogarme… Mi mamá se ha
olvidado de traer el té.
MORITZ Ese té me va a hacer bien, Melchior, estoy temblando. Todo parece
extraño, todos mis sentidos afinados. Tócame un momento… siento el
aire haciendo presión sobre mi piel… Puedo ver el otro lado
moviéndose… cómo el jardín se extiende bajo la luz de la luna, tan
callado… Sigue y sigue en la distancia hasta la eternidad… hay figuras
que se mueven allá abajo. Salen y entran de los arbustos, muy
ocupadas, debe haber una reunión debajo del castaño… vamos abajo a
mirar, Melchior…
SRA. GABOR Aquí está el té. No dejen que se enfríe. ¿Cómo estás Moritz? ¿Estás
bien?
MORITZ Sí, gracias señora Gabor. Estoy viendo los bailes allá abajo.
SRA. GABOR Oh. No te ves muy bien. ¿Estás seguro de que no tienes nada?
SRA. GABOR ¿Y eso te parece bien, Moritz? Debes cuidar tu salud. El conocimiento no
compensa la salud perdida. Necesitas ejercicio y aire fresco. Sal a
caminar. A tu edad eso te será más útil que aprender unas cuantas
conjugaciones más en alemán.
MORITZ Tiene usted razón, saldré a caminar. Y mientras camino puedo practicar
mi gramática. ¡Cómo no se me ocurrió antes!
MELCHIOR Haremos tu trabajo escrito juntos. Será más fácil para ambos. ¿Te
acuerdas de Max Von Trenk, mamá? ¿El que estaba con meningitis? Hoy
día Hans fue a ver al rector para decirle que acababa de estar con Max y
lo había visto morir. El rector dijo: ¿Ah si? ¿No tenías pendiente un
castigo de dos horas desde la semana pasada? Aquí está tu papeleta.
Asegúrate de cumplirlo para que toda la clase pueda asistir al funeral.
Hans se sorprendió tanto que apenas pudo salir del salón.
MELCHIOR Fausto.
SRA. GABOR Creo que debiste haber esperado uno o dos años más para leerlo.
MELCHIOR Este libro me ha aportado más que cualquier otro que haya leído. ¿Por
qué no debería leerlo?
SRA. GABOR No quiero decir que no seas suficientemente grande, Melchior, como
para no saber qué te conviene y qué no. Espero que tú hagas lo que
sientes que puedes responder ante ti mismo. Tú sabes que no me gusta
prohibirte nada y que no lo haré a menos que tú me des motivos para
hacerlo. Solo quise prevenirte de los peligros que encierran incluso las
mejores cosas cuando se carece de la madurez necesaria para
apreciarlas. Pero siempre confiaré más en tu propio criterio antes que
aplicar las reglas de cualquier teoría educativa. Si necesitan cualquier
otra cosa, chicos, llámenme. Estaré en mi cuarto.
(Se va)
MORITZ Seguro tu mamá se refería a lo de Margarita.
MELCHIOR Cualquiera diría que nos hemos obsesionado con esa parte.
MELCHIOR Piensa lo que quiera, pero guárdate tu opinión; no quiero pensar en eso.
Acto II
Escena 2
SRA. BERGMAN Qué bueno que ya estés levantada. Arréglate rápido que tienes que
llevarle a Ina esta cansata.
WENDLA ¿Un niño? ¿Ha tenido un niño? Es por eso que su resfrío duró tanto
tiempo.
WENDLA ¡Así que soy tía por tercera vez! Tía de dos niños y una niña.
SRÁ BERGMAN ¡Y qué niños! El vivir tan cerca del techo de la iglesia… eso debe ser…
WENDLA ¡Hay un hombre tres veces más grande que un toro y con unos pies
enormes!
WENDLA Está cantando “La guardia del Rhin”. Está doblando la esquina.
SRA. BERGMAN ¡Wendla! Tú sabes que siempre creo en lo que dices. Me pregunto si
algún día crecerás… ya estoy perdiendo las esperanzas…
WENDLA Yo también mamita. Es una pena ¿no? Soy tía por tercera vez y no sé
cómo ocurre… No te molestes mamá. ¿A quién voy a preguntárselo si no
es a ti? ¡No creerás que a mis catorce años voy a seguir creyendo en la
cigüeña!
SRA. BERGMAN ¡Dios mío! ¡Qué cosas se te ocurren! Ana a la casa de Ina.
SRA. BERGMAN ¡No! Ven aquí. Te lo contaré todo… pero no ahora, Wendla, mañana o
pasado mañana.
WENDLA Yo quiero saberlo ahora, mamá. Te has sentido tan incómoda, ¿cómo
puedes pedirme que espere?
SRA. BERGMAN Yo no tengo la culpa, Dios mío, tú lo sabes… Ven, te contaré cómo
viniste al mundo. Escucha sin decir nada. (Wendla pone su cabeza
debajo de la falda de su mamá)
WENDLA Te escucho.
SRA. BERGMAN Ya, escucha… Para tener un niño… ¿Me oyes, Wendla?
WENDLA …
SRA. BERGMAN Así es como Dios me lo contó. A ver, déjame verte: los ganchitos en el
pelo, las manos limpias, el vestido planchado y esa falda está demasiado
corta para ti, Wendla.
SRA. BERGMAN Que Dios te bendiga, tendré que alargarte esa falda uno de estos días.
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Acto II
Escena 3
WENDLA ¡Así que aquí estabas! Todo el mundo te busca. Tienes que ir a ayudar.
Parece que viene una tormenta.
WENDLA Ahora sí que no me voy. (Se arrodilla a su lado). Aquí todo está muy
oscuro y si nos mojamos no me importa.
MELCHIOR El heno huele tan rico. El cielo debe estar muy oscuro. Tienes una flor en
tu vestido. Puedo escuchar tus latidos.
WENDLA Para besarse, dos personas tienen que amarse… No. No…
MELCHIOR ¡Wendla!
Ilse aparece detrás de Moritz y le toca el hombro. Lleva el vestido desgarrado y una
colorida bufanda sobre la cabeza.
MORITZ ¡Ilse!
MORITZ …
ILSE ¡Y estoy con mis zapatos de baile! ¡Mamá se pondrá furiosa! Ven a mi
casa.
ILSE Qué bien. Qué rápido pasa el tiempo cuando se aprovecha. ¿Te
acuerdas cuando jugábamos a los bandidos? Tú y Wendla y yo y todos.
Venías a mi casa en las tardes y tomabas leche de cabra. ¿Cómo está
Wendla? No la veo desde hace tiempo. ¿Y Melchi? ¿Todavía es así, todo
serio? Se sentaba delante de mí en la clase de canto.
MORITZ Es un pensador.
MORITZ Mmm.. sí, de anoche. Bebimos mucho… llegué a mi casa como a las
cinco.
MORITZ Arabella, la chica del bar. Ella es anadaluza. El patrón nos la dejó toda la
noche.
ILSE Yo qué sé. Tenía un espejo encima de la cama. Hacía que el cuarto se
viera enorme, iluminado como un escenario. Podías verte a ti misma
colgada del cielo. Tenía pesadillas horribles. Rogaba porque amaneciera.
“Buenas noches Ilse, cuando duermes te ves tan hermosa, como para
asesinarte”.
ILSE Espero que no. Un día salió a buscar una botella de licor, cogí un abrigo
y me largué. No más carnavales. La policía me recogió, vestida con ropas
de hombre. Me llevaron a la comisaría. Entonces vinieron todos los
Orgásmicos –pagaron mi fianza y me llevaron al estudio de Hermann.
Desde entonces soy fiel al grupo. Por eso los quiero a todos. No los
cambiaría por nadie en el mundo, así los otros fueran santos millonarios.
ILSE ¡Para tomar leche de cabra! Te rizaré el pelo y te colgaré una campanita
del cuello. También puedes jugar con nuestro caballito de madera si
quieres.
MORITZ Tengo que irme. Tengo que hacer mi tarea sobre el Sermón de la
montaña y los paralelepípedos. Buenas noches Ilse.
MORITZ Una palabra… solo es. (Llama) Ilse, Ilse… Gracias a Dios… no me ha
escuchado. No estoy de ánimo. Demasiados problemas en mi cabeza y
en mi corazón. Qué lástima… con una oportunidad como esa. Les diré
que tenía espejos enormes sobre mi cama – y que entrené a una gacela
salvaje para que bailara en la alfombra, con medias de seda y zapatos de
charol y una tira de terciopelo negro alrededor del cuello, y en un
ataque de locura, la asfixié entre las almohadas. Cuando hablen de
sexo, sonreiré y gritaré, gritaré. Quiero ser como tú, Ilse… Orgásmica…
Por favor, olvido, no lo soporto. Aquí está el río. Los juncos han crecido;
sin embargo, la vista a través de los sauces no ha cambiado. El río, lento
como plomo derretido. No debo olvidar esto… (Saca la carta de la Sra.
Gabor y la quema) Las chispas salen volando: arriba, abajo, arriba y
abajo, por todas partes, almas perdidas, estrellas fugaces. No más luz en
el cielo. La hierba ha desaparecido. Oscuro. Vino la noche. Nunca más
volveré a mi casa.
Acto III
Escena 1
ILSE ¿Para qué? Traeremos más después. Flores frescas y más flores. Siempre
crecerán flores aquí.
MARTHA Voy a traer rosas de mi jardín. Igual me van a pegar. Crecerán muy bien
aquí.
ILSE Las regaré todos los días. Traeré unos nomeolvides y unos lirios de mi
casa.
MARTHA Pobre.
MARTHA Te lo prometo.
MELCHIOR Yo he…
RECTOR Usted ha de guardar silencio. Luego de que el señor Stiefel nos hubo
entregado el escrito en cuestión, prometimos nosotros al desconsolado
padre, descubrir el autor, costara lo que costara; para lo cual
comparamos la letra del manuscrito que se nos exhibió con la letra de
todos los condiscípulos de la desgraciada víctima, y por juicio unánime
de todo el profesorado, y de perfecto acuerdo con el dictamen especial
de nuestro colega de caligrafía, comprobamos una clara semejanza con
la letra de usted…
MELCHIOR Yo he…
MELCHIOR Yo he…
MELCHIOR Sí.
MELCHIOR Sí.
MELCHIOR No he escrito, ni más ni menos, que aquello que usted sabe es cosa
corriente.
RECTOR ¡Impúdico!
RECTOR ¿Usted cree verdaderamente que puede tener algún éxito en este juego
suyo de querer tomarme el pelo?
MELCHIOR Yo he…
MELCHIOR Yo he…
SRA. BERGMAN El doctor dice que se te pasará la fiebre pronto y que te puedes
levantar de la cama. Yo pienso lo mismo
SRA. BERGMAN Nada. Me contó que la baronesa también sufría de los mismos
desmayos. Es un síntoma común de la anemia.
SRA. BERGMAN Quiere que tomes leche y que comas mucha carne y vegetales.
SRA. BERGMAN Tienes anemia, eso es lo que me dijo el doctor, que tienes anemia.
Descansa Wendla, te pondrás mejor.
WENDLA ¿Entonces, por qué estás llorando mamá? ¿Por qué lloras, mamá?
SRA. BERGMAN Dios, dame fuerzas. Así es, no estás casada… Eso es lo terrible.
Wendla… ¿cómo pudiste hacerlo?
Noche iluminada de noviembre; hojas secas caen de los árboles y de los arbustos; las nubes
tapan de cuando en cuando la luna. Melchior escala la pared del patio de la iglesia.
MELCHIOR Moritz.
MORITZ Para nada. ¿Por qué tendríamos que hacer algo? Estamos por
encima de la alegría y la tristeza. Reflexionemos. Debes darme la
mano. Dame la mano y te reirás de ti mismo.
MORITZ Sufrir es ridículo, nunca lo había pensado antes. Ahora lo veo todo
como un gran fraude. ¿Por qué dudas Melchior? Trata de darme
tu mano…
MORITZ Estira solo tu dedo meñique. Tu pelo se habrá vuelto blanco antes
de que te llegue otra oportunidad como esta.
HOMBRE Estás tan débil que ni siquiera puedes estar de pie. No puedes
decidir así. (A Moritz) Tú, desaparece.
HOMBRE No. Haremos un trato. Confía en mí. Lo primero que haremos será
sacarte de aquí.
MELCHIOR No.
HOMBRE Solo te diré una cosa… la chica iba a estar bien, estaba hecha para
ser madre. Su madre la hizo abortar.
HOMBRE ¿Y bien?
MORITZ Tiene razón Melchior. Todo lo que dije antes era mentira. Acepta.
Anda con él.
MELCHIOR Si yo le diera la mano sería por culpa de mi moral. Nada más que
eso.
MELCHIOR Adiós Moritz. Estoy contento por haberte visto, no importa lo que
pase… aunque yo sea diez diferentes personas, dondequiera que
vaya, nunca te olvidaré.
MELCHIOR Y un día cuando sea un viejo con el pelo gris, quizá tú estés más
cerca de mí que todos mis amigos vivos.