INTRODUCCIÓN:
La estabilización de suelos constituye un aspecto fundamental en la ingeniería de
pavimentos, ya que permite mejorar las propiedades de los materiales naturales para que
puedan soportar adecuadamente las cargas del tránsito y las condiciones ambientales. En
muchos casos, los suelos presentan deficiencias como baja resistencia, alta compresibilidad,
elevada plasticidad o sensibilidad a la humedad, lo que limita su uso directo en obras viales.
El presente informe aborda las principales propiedades de interés en la estabilización
de suelos, como la estabilidad volumétrica, resistencia mecánica, compresibilidad,
durabilidad y permeabilidad, así como los métodos y procesos utilizados para mejorar su
comportamiento. Asimismo, se analizan técnicas específicas de estabilización como el uso de
cal, cemento Portland y materiales bituminosos, destacando sus mecanismos de acción,
ventajas y aplicaciones en la construcción de pavimentos.
OBJETIVOS:
1. General:
Analizar las propiedades del suelo y los métodos de estabilización utilizados
en la ingeniería de pavimentos para mejorar su comportamiento y garantizar la
durabilidad de las estructuras viales.
2. Específicos:
Identificar las principales propiedades geotécnicas que influyen en el
desempeño de los suelos.
Comprender los efectos de la humedad, compactación y carga sobre la
resistencia y estabilidad del suelo.
Describir los métodos de estabilización mecánica, física, físico-química y
química.
Analizar el funcionamiento y beneficios de la estabilización con cal, cemento
Portland y materiales bituminosos.
Evaluar los factores que influyen en la selección y ejecución de técnicas de
estabilización.
I. PROPIEDADES DE INTERÉS EN LA ESTABILIZACIÓN DE SUELOS
I.2. Estabilidad Volumétrica
La expansión y contracción de ciertos suelos, provocadas por cambios en su
contenido de humedad, pueden ocurrir rápidamente o de manera gradual, siguiendo las
variaciones estacionales o las intervenciones humanas. Si el aumento de humedad no se
controla adecuadamente, las presiones generadas pueden causar deformaciones importantes e
incluso daños estructurales en pavimentos y otras obras. Por esta razón, es fundamental
identificar los suelos expansivos, conocer su composición y aplicar el tratamiento más
apropiado.
En la actualidad, existen diversas alternativas para reducir los cambios de volumen en
estos suelos. Entre ellas se incluyen la adición periódica de humedad, la aplicación de cargas
que contrarresten la presión de expansión, el uso de membranas impermeables y el diseño de
cimentaciones a profundidades donde no se presenten variaciones estacionales de humedad.
Otra opción consiste en estabilizar la arcilla expansiva, transformándola en un material más
rígido o granular, cuyas partículas estén suficientemente unidas para resistir las presiones
internas, lo cual puede lograrse mediante tratamientos químicos o térmicos. No obstante,
cuando la capa estabilizada es delgada, se debe considerar que el suelo subyacente aún puede
expandirse, aunque estos movimientos pueden ser aceptables si ocurren de manera uniforme.
I.3. Resistencia Mecánica:
La resistencia de los suelos generalmente disminuye cuando aumenta su contenido de
humedad. En el caso de las arcillas, al secarse pueden volverse muy resistentes, aunque en
ciertas situaciones el secado provoca grietas que reducen su cohesión y favorecen
deslizamientos. Además, factores como el tránsito pueden deteriorar su estructura, haciendo
que pierdan resistencia.
La resistencia también depende de la humedad y del método de compactación. Un
suelo arcilloso compactado con baja humedad presenta mayor resistencia y comportamiento
más elástico, mientras que con alta humedad se vuelve más débil y plástico debido a la
repulsión entre partículas. Asimismo, la forma en que se aplica la energía de compactación
influye: métodos por impacto pueden generar menor resistencia que la compactación estática,
especialmente en suelos húmedos.
Para mejorar la resistencia y densidad del suelo, se emplean técnicas como la
compactación (por amasado, vibración o impacto), la vibroflotación (en suelos arenosos), la
precarga (para preconsolidar el suelo), el drenaje (para reducir el agua interna) y la adición de
agentes estabilizantes como cal o cemento. Estas técnicas ayudan a reducir cambios
volumétricos y aumentar la capacidad de carga.
En general, los suelos finos húmedos, con alto contenido orgánico o de mala
gradación presentan baja resistencia, pero esta puede mejorarse significativamente mediante
tratamientos adecuados como el uso de aditivos químicos o procesos de estabilización.
I.4. Compresibilidad
Los cambios de volumen o compresibilidad influyen notablemente en el
comportamiento del suelo, ya que afectan su permeabilidad, modifican las fuerzas entre
partículas y alteran su resistencia al corte, generando además desplazamientos.
En arcillas saturadas, cuando no hay drenaje, los esfuerzos son soportados por el
agua; al permitirse el drenaje, estos se transfieren gradualmente a la estructura del suelo,
produciendo su compresión, proceso conocido como consolidación.
La compresibilidad varía según factores como las cargas aplicadas (actuales y
previas), el tiempo, la composición del agua en los poros, y condiciones del suelo como su
sensibilidad o el método de ensayo. Asimismo, la compactación y la humedad influyen
significativamente: suelos compactados con mayor humedad son más compresibles a bajas
presiones, mientras que a altas presiones los compactados en seco pueden volverse más
compresibles. Finalmente, bajo presiones elevadas, ambos tienden a comportarse de manera
similar.
I.5. Durabilidad
La durabilidad puede entenderse como la capacidad del suelo para resistir los efectos
del clima, la erosión y el tránsito. Su deficiencia suele reflejarse más en altos costos de
mantenimiento que en fallas estructurales directas.
Este concepto incluye factores relacionados con la resistencia al desgaste por el
ambiente, la erosión y la abrasión del tráfico, siendo más críticos en los suelos cercanos a la
superficie de rodadura. Estos problemas pueden presentarse tanto en suelos naturales como
en estabilizados; sin embargo, en estos últimos, las fallas suelen deberse a un diseño
inadecuado, como la mala selección o aplicación del agente estabilizador, por ejemplo,
cuando no se considera la sensibilidad de las arcillas tratadas con cemento frente a los
sulfatos.
I.6. Permeabilidad
La permeabilidad de los suelos puede modificarse considerablemente mediante
técnicas como la compactación, la inyección de lechadas de cemento o cal y el uso de
aditivos como floculantes o defloculantes. Estos últimos pueden disminuir o aumentar la
permeabilidad, según el tipo de sustancia empleada.
En términos generales, la permeabilidad se analiza desde dos enfoques: como un
mecanismo para disipar presiones de poro y como una vía para el flujo de agua. Un exceso de
presión de poros reduce la resistencia al corte y puede provocar deslizamientos, mientras que
el flujo de agua puede causar arrastre de partículas y fenómenos como la tubificación.
En suelos arcillosos, la humedad de compactación influye notablemente: si se
compactan en condiciones muy secas, se generan vacíos que incrementan la permeabilidad;
en cambio, con mayor humedad, el suelo se deforma mejor y se reducen esos vacíos,
disminuyendo la permeabilidad.
Factores como el control de humedad, la densificación, los cambios granulométricos y
el uso de aditivos químicos permiten ajustar esta propiedad. Sin embargo, mejorar la
permeabilidad no siempre implica un aumento en la resistencia o estabilidad del suelo, e
incluso en algunos casos puede tener efectos contrarios.
II. PROCESOS GENERALES DE ESTABILIZACIÓN
Las formas tradicionales de estabilizar suelos se clasifican en distintos métodos:
Mecánico: Consiste principalmente en la compactación, siendo el
procedimiento más común. Cuando se emplean materiales adecuados y suelos
no activos, el incremento del peso volumétrico mejora sus propiedades.
Físico: Incluye la mezcla de diferentes suelos (suelo–suelo) para ajustar
características como granulometría, plasticidad y resistencia. También
considera el uso de refuerzos como geotextiles para mejorar la capacidad de
carga.
Físico-químico: Comprende procesos donde se añaden agentes cementantes
que reaccionan con el suelo, y junto con la compactación permiten obtener
mejores propiedades. Ejemplos son las mezclas suelo-cemento, suelo-asfalto y
suelo-cal.
Químico: Se basa principalmente en reacciones químicas para lograr las
propiedades deseadas, utilizando aditivos comerciales como Dynasolo, aceite
sulfonado o geoestab como alternativas de estabilización.
III. ETAPAS GENERALES DE ESTUDIO PARA UN PROCESO DE
ESTABILIZACIÓN
El proceso de estabilización de suelos constituye una de las actividades fundamentales
dentro de la ingeniería de pavimentos, ya que permite mejorar las condiciones naturales del
terreno para que este sea capaz de soportar las cargas transmitidas por el tránsito vehicular sin
presentar deformaciones excesivas o fallas estructurales. Para lograr este objetivo, no basta
con aplicar un material estabilizante de manera directa, sino que es necesario seguir una serie
de etapas técnicas que permitan conocer el comportamiento del suelo, seleccionar la mejor
alternativa de mejora y ejecutar adecuadamente el proceso en campo.
Estas etapas forman parte de un procedimiento sistemático que inicia con la
caracterización del suelo y culmina con la implementación del método seleccionado,
garantizando que el material tratado cumpla con los requisitos de resistencia, durabilidad y
estabilidad exigidos en proyectos de infraestructura vial.
III.1. Identificación del suelo
La identificación del suelo es la primera y más importante etapa dentro del proceso de
estabilización, ya que de ella depende la correcta toma de decisiones en las fases posteriores.
Esta etapa consiste en determinar las propiedades físicas, mecánicas e hidráulicas del suelo
mediante ensayos de laboratorio y observaciones de campo, con el objetivo de clasificarlo y
conocer su comportamiento frente a diferentes condiciones de carga y humedad.
Para realizar esta identificación, se emplean diversos ensayos geotécnicos. Entre los
más importantes se encuentran el análisis granulométrico, que permite conocer la distribución
de tamaños de partículas; los límites de Atterberg, que determinan la plasticidad del suelo; el
ensayo Proctor, que define la relación entre humedad y densidad máxima; y el ensayo CBR,
que mide la capacidad de soporte del suelo. Estos ensayos permiten clasificar el suelo dentro
de sistemas reconocidos como el SUCS o AASHTO.
Desde el punto de vista de la ingeniería de pavimentos, es fundamental distinguir
entre suelos granulares y suelos finos. Los suelos granulares, como arenas y gravas, presentan
buen drenaje y alta resistencia, por lo que en muchos casos no requieren estabilización. En
cambio, los suelos finos, especialmente los arcillosos, presentan alta plasticidad, baja
capacidad portante y una gran sensibilidad a los cambios de humedad, lo que los hace
problemáticos para la construcción de pavimentos.
La correcta identificación del suelo permite anticipar posibles problemas como
asentamientos diferenciales, expansión o contracción volumétrica, pérdida de resistencia en
condiciones saturadas y deformaciones permanentes bajo cargas repetidas. En consecuencia,
esta etapa no solo sirve para clasificar el suelo, sino también para evaluar su idoneidad como
material de subrasante y determinar si es necesario aplicar técnicas de estabilización.
III.2. Alternativas de estabilización
Una vez que el suelo ha sido identificado y evaluado, se procede a analizar las
diferentes alternativas de estabilización disponibles. Esta etapa consiste en seleccionar el
método más adecuado para mejorar las propiedades del suelo, teniendo en cuenta factores
técnicos, económicos y constructivos.
Existen diversas técnicas de estabilización, que pueden agruparse en tres grandes
categorías: estabilización mecánica, estabilización física y estabilización química. La
estabilización mecánica se basa en la mejora del suelo mediante procesos como la
compactación o la mezcla con otros materiales granulares, con el objetivo de modificar su
estructura interna y aumentar su densidad. La estabilización física, por su parte, implica el
control de factores como la humedad y el drenaje, buscando reducir los efectos negativos del
agua sobre el comportamiento del suelo. Finalmente, la estabilización química consiste en la
adición de agentes estabilizantes como cal, cemento o productos asfálticos, los cuales
reaccionan con el suelo y modifican sus propiedades de manera significativa.
La selección de la alternativa más adecuada depende de múltiples factores. Entre ellos
destacan el tipo de suelo, la disponibilidad de materiales en la zona, el costo del tratamiento,
las condiciones climáticas y el nivel de tránsito que soportará el pavimento. Por ejemplo, en
suelos arcillosos de alta plasticidad, la estabilización con cal suele ser la opción más eficiente,
ya que reduce la plasticidad y mejora la resistencia. En cambio, en suelos granulares, la
compactación puede ser suficiente para lograr las condiciones requeridas.
Es importante señalar que una elección incorrecta del método de estabilización puede
generar problemas a largo plazo, como fisuración del pavimento, pérdida de capacidad
estructural o incremento en los costos de mantenimiento. Por ello, esta etapa requiere un
análisis técnico detallado y, en muchos casos, la realización de pruebas experimentales para
verificar la eficacia del tratamiento seleccionado.
III.3. Procesos constructivos
La etapa de procesos constructivos corresponde a la ejecución en campo del método
de estabilización previamente seleccionado. En esta fase se definen los procedimientos,
equipos y controles necesarios para garantizar que el suelo tratado cumpla con las
especificaciones de diseño.
El proceso constructivo generalmente inicia con la preparación del terreno, que
incluye la limpieza del área, la eliminación de material orgánico y la nivelación de la
superficie. Posteriormente, se realiza la escarificación del suelo, que consiste en remover y
aflojar la capa superficial para facilitar la incorporación del material estabilizante. A
continuación, se procede a la distribución del estabilizante, ya sea de forma manual o
mediante equipos especializados, asegurando una dosificación uniforme en toda el área de
trabajo.
Una vez distribuido el material, se lleva a cabo el mezclado, que tiene como finalidad
lograr una combinación homogénea entre el suelo y el estabilizante. Este proceso puede
realizarse mediante motoniveladoras, recicladoras u otros equipos mecánicos. Luego se ajusta
el contenido de humedad, agregando agua si es necesario, para alcanzar el nivel óptimo de
compactación.
La compactación es una de las etapas más críticas, ya que permite reducir los vacíos
del suelo y aumentar su densidad, mejorando así su resistencia y estabilidad. Este proceso se
realiza utilizando rodillos compactadores adecuados al tipo de suelo. Finalmente, se lleva a
cabo el curado, especialmente en el caso de estabilización química, con el fin de permitir el
desarrollo de las reacciones que incrementan la resistencia del material.
Un adecuado control de calidad durante el proceso constructivo es fundamental para
garantizar el éxito de la estabilización. Esto incluye la verificación de la dosificación del
estabilizante, el control de la humedad, la densidad alcanzada y la uniformidad de la mezcla.
Una ejecución deficiente puede comprometer el desempeño del pavimento, incluso si el
diseño fue correcto.
IV. ESTABILIZACIÓN CON CAL
La estabilización con cal es una técnica ampliamente utilizada en la ingeniería de
pavimentos para mejorar las propiedades de suelos finos, especialmente aquellos con alta
plasticidad y baja capacidad portante. Este método consiste en la adición de cal al suelo, lo
que provoca una serie de reacciones químicas que modifican su estructura y comportamiento,
aumentando su resistencia y estabilidad.
La eficacia de la cal como agente estabilizante radica en su capacidad para reaccionar
con los minerales presentes en el suelo, generando compuestos cementantes que mejoran sus
propiedades mecánicas. Además, la cal reduce la plasticidad del suelo, disminuye su
susceptibilidad a cambios de humedad y mejora su trabajabilidad durante el proceso
constructivo.
IV.1. Reacciones de la cal y el suelo
Cuando la cal se incorpora al suelo, se producen una serie de reacciones químicas que
pueden clasificarse en reacciones inmediatas y reacciones a largo plazo. Estas reacciones son
las responsables de los cambios en las propiedades del suelo y del incremento de su
resistencia.
En una primera etapa ocurre el intercambio iónico, en el cual los iones de calcio
provenientes de la cal reemplazan a otros cationes presentes en la superficie de las partículas
de arcilla. Este proceso reduce la afinidad del suelo por el agua y disminuye su plasticidad.
De manera simultánea, se produce la floculación y aglomeración de las partículas, lo que
provoca que el suelo pase de una estructura dispersa a una estructura más estable y granular.
Posteriormente, se desarrollan las reacciones puzolánicas, que son más lentas y
dependen del tiempo y las condiciones de humedad y temperatura. En estas reacciones, la cal
reacciona con los sílices y aluminatos presentes en el suelo para formar compuestos
cementantes, similares a los que se generan en el cemento. Estos compuestos, como los
silicatos de calcio hidratados y los aluminatos de calcio, son los responsables del aumento
progresivo de la resistencia del suelo.
Estas reacciones no solo mejoran la resistencia mecánica, sino que también
contribuyen a la durabilidad del material, ya que hacen al suelo menos susceptible a la acción
del agua y a los cambios de volumen. Por ello, la estabilización con cal es especialmente
efectiva en suelos arcillosos, donde las reacciones químicas son más intensas debido a la
presencia de minerales reactivos.
IV.2. Materiales usados en la estabilización suelo-cal
La estabilización con cal requiere la utilización de materiales específicos cuya calidad
influye directamente en la eficacia del proceso. El material principal es la cal, la cual puede
presentarse en diferentes formas, siendo las más comunes la cal viva y la cal hidratada. La cal
viva se obtiene a partir de la calcinación de la piedra caliza y está compuesta principalmente
por óxido de calcio. Por su parte, la cal hidratada resulta de la reacción de la cal viva con
agua, formando hidróxido de calcio, el cual es más estable y seguro de manipular en obra.
La elección entre cal viva y cal hidratada depende de factores como las condiciones
de obra, la disponibilidad del material y el tipo de suelo a tratar. La cal viva tiene la ventaja
de generar una reacción exotérmica al hidratarse, lo que contribuye a reducir la humedad del
suelo, siendo especialmente útil en suelos con alto contenido de agua. Sin embargo, su
manejo requiere mayores precauciones debido a su alta reactividad. La cal hidratada, en
cambio, es más fácil de manipular y permite un control más uniforme en la dosificación.
El segundo material fundamental es el suelo, el cual debe cumplir ciertas condiciones
para que la estabilización sea efectiva. Generalmente, los suelos más adecuados para este tipo
de tratamiento son aquellos que contienen una cantidad significativa de finos, especialmente
arcillas, ya que presentan mayor reactividad química con la cal. En suelos con bajo contenido
de finos, la estabilización con cal puede no ser eficiente, por lo que se deben considerar otras
alternativas.
El agua es otro componente esencial en el proceso, ya que permite la hidratación de la
cal y facilita las reacciones químicas con el suelo. La cantidad de agua debe ser
cuidadosamente controlada para alcanzar la humedad óptima de compactación, evitando tanto
el exceso como la deficiencia, ya que ambos pueden afectar negativamente el resultado final.
Adicionalmente, se utilizan equipos y maquinaria especializada para la ejecución del
proceso, como distribuidores de cal, mezcladoras, motoniveladoras y rodillos compactadores.
La adecuada selección y operación de estos equipos es fundamental para lograr una mezcla
homogénea y una compactación adecuada, lo cual influye directamente en la calidad del
suelo estabilizado.
IV.3. Influencia de la cal en las características del suelo
La incorporación de cal en el suelo produce modificaciones significativas en sus
características, transformando un material inicialmente inestable en uno con propiedades más
favorables para su uso en pavimentos. Uno de los efectos más importantes es la reducción de
la plasticidad, lo cual se traduce en una disminución de la capacidad del suelo para
deformarse ante la presencia de agua.
La cal actúa sobre las partículas de arcilla, provocando cambios en su estructura
interna que reducen la cohesión excesiva y mejoran la trabajabilidad del material. Como
resultado, el suelo se vuelve más friable y fácil de manipular durante las etapas de mezcla y
compactación. Esta mejora en la trabajabilidad es especialmente importante en obras de gran
extensión, donde se requiere eficiencia en los procesos constructivos.
Otro aspecto relevante es el aumento de la resistencia del suelo, tanto a corto como a
largo plazo. Inicialmente, la floculación de las partículas genera un incremento en la
resistencia, mientras que las reacciones puzolánicas contribuyen a un endurecimiento
progresivo del material con el paso del tiempo. Esto permite que el suelo estabilizado soporte
mayores cargas sin presentar deformaciones significativas.
Asimismo, la cal reduce la expansividad de los suelos arcillosos, lo cual es
fundamental para evitar problemas asociados a cambios volumétricos, como levantamientos o
agrietamientos en la estructura del pavimento. Este efecto es particularmente importante en
zonas donde las variaciones de humedad son frecuentes.
En conjunto, estos cambios convierten al suelo estabilizado con cal en un material
más estable, resistente y durable, adecuado para su uso como subrasante o capa de apoyo en
estructuras de pavimento.
IV.4. Influencia de la cal sobre las constantes físicas del suelo
La adición de cal produce alteraciones en las constantes físicas del suelo, las cuales
son parámetros fundamentales para su clasificación y comportamiento. Entre estas constantes
se encuentran el límite líquido, el límite plástico y el índice de plasticidad, los cuales
permiten evaluar la capacidad del suelo para cambiar de estado en función de su contenido de
humedad.
En general, la incorporación de cal tiende a modificar estos límites, reduciendo el
índice de plasticidad y, en muchos casos, aumentando el límite líquido. Esta variación se debe
a la interacción química entre la cal y las partículas de arcilla, lo que altera la estructura
interna del suelo y su relación con el agua.
La reducción del índice de plasticidad es uno de los efectos más beneficiosos, ya que
indica una menor susceptibilidad del suelo a deformaciones y cambios volumétricos. Esto se
traduce en un comportamiento más estable frente a variaciones de humedad, lo cual es
esencial en la construcción de pavimentos.
Además, la cal puede influir en otros parámetros físicos, como la gravedad específica
y la estructura de los poros, generando una redistribución de vacíos que favorece la
estabilidad del material. Estos cambios contribuyen a mejorar el comportamiento general del
suelo, haciéndolo más adecuado para soportar cargas.
En términos prácticos, la modificación de las constantes físicas facilita el control del
material en obra y permite obtener mejores resultados en los procesos de compactación y
resistencia.
IV.5. Influencia sobre la humedad
La humedad es un factor crítico en el comportamiento de los suelos, y la adición de
cal tiene un efecto directo sobre este parámetro. Una de las principales características de la
cal, especialmente la cal viva, es su capacidad para reaccionar con el agua, generando calor
en un proceso conocido como reacción exotérmica.
Esta reacción contribuye a la reducción del contenido de humedad del suelo, lo cual
es particularmente útil en suelos saturados o con exceso de agua. Al disminuir la humedad, el
suelo se vuelve más manejable y apto para su compactación, evitando problemas como la
formación de lodo o la pérdida de resistencia.
Además, la cal modifica la relación entre el suelo y el agua, reduciendo la capacidad
de las partículas de arcilla para retener humedad. Esto se traduce en una menor variación
volumétrica ante cambios en el contenido de agua, lo que mejora la estabilidad del suelo a lo
largo del tiempo.
Otro aspecto importante es que la cal amplía el rango de humedad en el cual el suelo
puede ser compactado eficientemente. Esto brinda mayor flexibilidad en las condiciones de
obra, permitiendo trabajar en situaciones donde el control exacto de la humedad resulta
difícil.
En conjunto, la influencia de la cal sobre la humedad contribuye a mejorar tanto la
trabajabilidad del suelo durante la construcción como su comportamiento en servicio.
IV.6. Influencia sobre la textura elemental del suelo
La textura del suelo se refiere a la distribución y tamaño de sus partículas, y la adición
de cal produce cambios significativos en este aspecto. En su estado natural, los suelos
arcillosos presentan una estructura dispersa, con partículas muy finas que tienden a agruparse
en presencia de agua.
Cuando se incorpora la cal, se produce un proceso de floculación y aglomeración que
modifica esta estructura, haciendo que las partículas finas se agrupen en unidades de mayor
tamaño. Como resultado, el suelo adquiere una textura más granular, similar a la de
materiales como la arena.
Este cambio en la textura tiene efectos positivos en el comportamiento del suelo, ya
que mejora su capacidad de drenaje y reduce su susceptibilidad a la deformación. Además,
facilita el proceso de compactación, ya que los suelos granulares responden mejor a la
aplicación de energía mecánica.
La transformación de la textura también influye en la resistencia del material, ya que
una estructura más granular permite una mejor distribución de las cargas y reduce la
concentración de esfuerzos en puntos específicos.
En términos generales, la modificación de la textura es uno de los factores clave que
explican la mejora en las propiedades del suelo estabilizado con cal.
IV.7. Influencia sobre la densidad
La densidad del suelo es un parámetro fundamental en la ingeniería de pavimentos, ya
que está directamente relacionada con su resistencia y estabilidad. La adición de cal produce
cambios en la densidad máxima seca y en la humedad óptima de compactación, los cuales
deben ser considerados en el diseño y ejecución del proceso.
En muchos casos, la incorporación de cal reduce ligeramente la densidad máxima
seca del suelo, debido a la formación de una estructura más abierta como resultado de la
floculación de partículas. Sin embargo, esta disminución no implica una pérdida de calidad,
ya que el suelo estabilizado presenta una mayor resistencia y estabilidad.
Por otro lado, la humedad óptima de compactación tiende a aumentar, lo que significa
que el suelo requiere una mayor cantidad de agua para alcanzar su máxima densidad. Este
cambio debe ser considerado durante el proceso constructivo para asegurar una compactación
adecuada.
A pesar de estos cambios, la facilidad de compactación mejora, ya que el suelo tratado
responde mejor a la aplicación de energía mecánica. Esto permite alcanzar niveles adecuados
de densidad con menor esfuerzo, lo cual es beneficioso desde el punto de vista constructivo.
En resumen, la influencia de la cal sobre la densidad no solo afecta los valores
numéricos de los parámetros, sino también la forma en que el suelo responde al proceso de
compactación.
IV.8. Influencia sobre la resistencia
Uno de los principales objetivos de la estabilización con cal es mejorar la resistencia
del suelo, y este es uno de los efectos más significativos del proceso. La resistencia del suelo
estabilizado aumenta tanto a corto como a largo plazo, debido a los mecanismos físicos y
químicos que se desarrollan tras la incorporación de la cal.
Inicialmente, la floculación de las partículas produce un incremento inmediato en la
resistencia, ya que mejora la estructura interna del suelo. Posteriormente, las reacciones
puzolánicas generan compuestos cementantes que endurecen el material con el tiempo,
aumentando progresivamente su capacidad para soportar cargas.
Este incremento en la resistencia se refleja en ensayos como el CBR y la resistencia a
la compresión simple, los cuales muestran mejoras significativas en comparación con el suelo
natural. Como resultado, el suelo estabilizado puede ser utilizado en capas estructurales del
pavimento, reduciendo la necesidad de materiales adicionales.
Además, la mejora en la resistencia contribuye a disminuir la deformación
permanente bajo cargas repetidas, lo que se traduce en una mayor durabilidad del pavimento
y menores costos de mantenimiento.
En conjunto, la influencia de la cal sobre la resistencia convierte a esta técnica en una
de las más efectivas para el mejoramiento de suelos problemáticos.
IV.9. Diseño de mezcla suelo-cal
El diseño de la mezcla suelo-cal es una etapa fundamental que tiene como objetivo
determinar la cantidad óptima de cal necesaria para lograr las mejoras deseadas en el suelo.
Este proceso se realiza mediante ensayos de laboratorio que permiten evaluar el
comportamiento del suelo con diferentes porcentajes de cal.
El diseño inicia con la selección de muestras representativas del suelo y la
preparación de mezclas con distintos contenidos de cal. Estas mezclas son sometidas a
ensayos como límites de Atterberg, Proctor, CBR y resistencia a la compresión, con el fin de
evaluar los cambios en sus propiedades.
El porcentaje óptimo de cal se define como aquel que produce una mejora
significativa en la resistencia y reducción de la plasticidad, sin generar un uso innecesario de
material. En muchos casos, este porcentaje se encuentra en un rango aproximado entre cuatro
y siete por ciento, aunque puede variar dependiendo del tipo de suelo.
Es importante considerar que un exceso de cal no necesariamente mejora las
propiedades del suelo y puede generar efectos negativos, como una disminución en la
resistencia o problemas de durabilidad. Por ello, el diseño debe ser realizado de manera
cuidadosa y basado en resultados experimentales.
El diseño de mezcla también incluye la determinación de la humedad óptima y la
densidad máxima, parámetros que serán utilizados durante el proceso constructivo para
garantizar una adecuada compactación.
IV.10. Procedimientos de construcción
Los procedimientos de construcción en la estabilización con cal son fundamentales
para asegurar que el diseño se ejecute correctamente en campo. Estos procedimientos deben
seguir una secuencia ordenada y controlada para garantizar la calidad del suelo estabilizado.
El proceso inicia con la preparación del terreno, que incluye la limpieza, nivelación y
eliminación de materiales inadecuados. Luego se realiza la escarificación del suelo, con el fin
de aflojar la capa superficial y facilitar la incorporación de la cal.
Posteriormente, se distribuye la cal sobre el suelo de manera uniforme, utilizando
equipos especializados que permitan controlar la dosificación. A continuación, se lleva a cabo
el mezclado, asegurando que la cal se integre completamente con el suelo.
Una vez obtenida la mezcla, se ajusta el contenido de humedad hasta alcanzar el nivel
óptimo para la compactación. Este paso es crucial, ya que una humedad inadecuada puede
afectar la densidad y resistencia del material.
La compactación se realiza utilizando rodillos adecuados, aplicando la energía
necesaria para reducir los vacíos y aumentar la densidad del suelo. Finalmente, se lleva a
cabo el curado, que consiste en mantener condiciones adecuadas de humedad para permitir el
desarrollo de las reacciones químicas.
El control de calidad durante todas estas etapas es esencial para garantizar el éxito del
proceso. Esto incluye la verificación de la dosificación, la humedad, la densidad y la
uniformidad de la mezcla. Una correcta ejecución asegura que el suelo estabilizado cumpla
con los requisitos de diseño y tenga un buen desempeño en el tiempo.
V. ESTABILIZACIÓN DE SUELOS MEDIANTE ADICIÓN DE
CEMENTO PORTLAND
V.1. GENERALIDADES
La estabilización de suelos mediante la adición de cemento Portland es una de las
técnicas más importantes y ampliamente utilizadas en la ingeniería de pavimentos modernos,
debido a su capacidad para mejorar de manera significativa las propiedades geotécnicas de
los suelos naturales. Este método consiste en la incorporación controlada de cemento al suelo,
con el objetivo de modificar su comportamiento mecánico, incrementando su resistencia,
rigidez y durabilidad, y reduciendo su sensibilidad a la acción del agua y a los cambios
volumétricos.
En su estado natural, muchos suelos presentan limitaciones como baja capacidad
portante, alta compresibilidad, elevada plasticidad o susceptibilidad a la humedad, lo que los
hace inadecuados para su uso directo en estructuras de pavimentos. Mediante la
estabilización con cemento, estos suelos pueden ser transformados en materiales aptos para
su empleo en capas estructurales como subrasantes mejoradas, subbases y bases,
contribuyendo al adecuado desempeño del pavimento frente a las cargas de tránsito y las
condiciones ambientales.
El proceso constructivo del suelo-cemento comprende varias etapas fundamentales: la
pulverización del suelo, la dosificación adecuada del cemento, la mezcla homogénea de los
materiales, la adición de agua hasta alcanzar la humedad óptima, la compactación con
equipos adecuados y, finalmente, el curado, que permite el desarrollo de las reacciones de
hidratación del cemento. Estas reacciones químicas generan compuestos cementantes que
actúan como agentes ligantes entre las partículas del suelo, formando una matriz más rígida y
estable.
Una de las principales ventajas de esta técnica es la posibilidad de aprovechar
materiales disponibles en el lugar de obra, reduciendo significativamente la necesidad de
extracción, transporte y colocación de materiales granulares de préstamo. Esto no solo
representa un beneficio económico, sino también una alternativa más sostenible desde el
punto de vista ambiental, al disminuir la huella de carbono asociada a las actividades
constructivas.
Asimismo, la estabilización con cemento permite mejorar diversas propiedades del
suelo, tales como la resistencia a la compresión, la capacidad de soporte (CBR), la resistencia
a la erosión, y la durabilidad frente a ciclos de humedad-sequedad. También contribuye a la
reducción de la plasticidad y a la disminución del potencial de expansión o contracción de
suelos cohesivos, lo cual es especialmente importante en zonas con presencia de arcillas
expansivas.
Es importante destacar que la efectividad del proceso depende de una adecuada
caracterización del suelo y de un diseño de mezcla basado en ensayos de laboratorio, como
los ensayos Proctor, resistencia a la compresión simple y pruebas de durabilidad. Además, el
control de calidad durante la ejecución en campo es esencial para garantizar que se cumplan
las especificaciones técnicas y se logre el desempeño esperado del material estabilizado.
Finalmente, la estabilización de suelos con cemento Portland se encuentra regulada
por diversas normas y especificaciones técnicas, tanto a nivel nacional como internacional,
que establecen criterios para el diseño, construcción y control de este tipo de mezclas. Su
aplicación continúa siendo una solución eficiente, económica y sostenible en el desarrollo de
infraestructura vial, especialmente en regiones donde los materiales de buena calidad son
escasos.
V.2. ACCIÓN DEL CEMENTO EN LOS SUELOS
La acción del cemento Portland en los suelos se basa en una serie de procesos
fisicoquímicos que modifican significativamente su estructura y comportamiento mecánico.
Al mezclarse el cemento con el suelo y el agua, se inicia un proceso de hidratación que da
lugar a la formación de compuestos cementantes responsables del incremento de la
resistencia y estabilidad del material.
En una primera etapa, ocurre una modificación inmediata del suelo, donde las
partículas finas, especialmente en suelos arcillosos, reaccionan con los iones de calcio
liberados por el cemento. Este intercambio catiónico reduce la plasticidad del suelo, mejora
su trabajabilidad y provoca la floculación y aglomeración de partículas, generando una
estructura más granular.
Posteriormente, se desarrolla la reacción de hidratación del cemento, en la cual los
silicatos y aluminatos presentes en el cemento reaccionan con el agua formando productos
como los silicatos cálcicos hidratados (C-S-H) y aluminatos cálcicos hidratados (C-A-H).
Estos compuestos actúan como un “pegamento” que une las partículas del suelo,
incrementando la cohesión y la resistencia del material.
A medida que avanza el tiempo de curado, estas reacciones continúan, produciendo un
aumento progresivo de la resistencia mecánica, similar al comportamiento del concreto,
aunque en menor magnitud. Este proceso también reduce la permeabilidad del suelo,
haciéndolo menos susceptible al ingreso de agua y, por ende, más durable frente a condición
es climáticas adversas.
En conjunto, la acción del cemento transforma el suelo en un material con mejores
propiedades estructurales, adecuado para soportar cargas de tránsito y resistir condiciones
ambientales adversas. Este comportamiento es fundamental en el diseño de pavimentos, ya
que permite garantizar una mayor vida útil de la infraestructura vial.
V.3. DIFERENTES MATERIALES PRODUCIDOS CON CEMENTO
La estabilización de suelos y materiales granulares mediante la adición de cemento
Portland permite la obtención de una amplia variedad de mezclas con propiedades mecánicas
mejoradas, las cuales son empleadas en distintas capas de la estructura del pavimento. La
naturaleza del material resultante depende principalmente del tipo de suelo o agregado
utilizado, su granulometría, el contenido de cemento y el proceso constructivo aplicado.
Estos materiales estabilizados presentan un comportamiento intermedio entre un suelo
natural mejorado y un material rígido similar al concreto, lo que les confiere ventajas
significativas en términos de capacidad estructural, durabilidad y resistencia a la acción del
agua. Su uso contribuye a optimizar el diseño de pavimentos, permitiendo reducir espesores y
mejorar la distribución de esfuerzos hacia las capas inferiores.
A continuación, se describen los principales materiales producidos mediante la
adición de cemento:
Suelo-cemento: Es el material más representativo de esta técnica y se obtiene
mediante la mezcla homogénea de suelo natural pulverizado, cemento Portland y
agua. Dependiendo del tipo de suelo (arenoso, limoso o arcilloso), sus propiedades
pueden variar significativamente. Se caracteriza por presentar una resistencia
moderada a la compresión, baja permeabilidad y buena durabilidad frente a ciclos de
humedad-sequedad. Su aplicación es común en subbases y bases de pavimentos de
tránsito medio a bajo, así como en la mejora de subrasantes. Su principal ventaja
radica en el aprovechamiento de materiales locales, lo que reduce costos de
construcción.
Grava-cemento: Este material se obtiene al estabilizar agregados gruesos (gravas)
con cemento y agua. Debido a su mejor gradación y menor contenido de finos,
presenta una mayor resistencia y rigidez en comparación con el suelo-cemento. Es
ampliamente utilizado en capas de base en pavimentos sometidos a cargas elevadas,
como carreteras principales y vías urbanas de alto tránsito. Además, ofrece un mejor
comportamiento frente a la fatiga y menor susceptibilidad a deformaciones
permanentes.
Arena-cemento: Consiste en la mezcla de arena con cemento y agua, y se utiliza
principalmente en capas de menor exigencia estructural. Su resistencia es inferior a la
de la grava-cemento debido a la ausencia de partículas gruesas que contribuyan a la
interconexión mecánica. Sin embargo, presenta buena trabajabilidad y uniformidad, lo
que facilita su colocación y compactación. Es comúnmente empleado en subbases,
rellenos estructurales y obras de menor escala.
Materiales tratados con cemento (MTC): Este término engloba una variedad de
mezclas en las que se incorpora cemento en diferentes proporciones con el objetivo de
mejorar ciertas propiedades del suelo o agregado. Dependiendo de la cantidad de
cemento utilizada, estos materiales pueden clasificarse como suelos modificados (bajo
contenido de cemento) o como materiales estabilizados (mayor contenido). Los MTC
permiten adaptar el diseño a condiciones específicas del proyecto, ofreciendo
flexibilidad en su aplicación.
Bases estabilizadas con cemento: Son capas estructurales diseñadas específicamente
para soportar cargas de tránsito elevadas y distribuir los esfuerzos hacia las capas
inferiores del pavimento. Se elaboran con materiales granulares de buena calidad
estabilizados con cemento, logrando una alta rigidez y resistencia. Estas bases
presentan un comportamiento semirrígido, reduciendo las deformaciones y mejorando
la vida útil del pavimento. Son comunes en pavimentos de alto desempeño y en
infraestructura vial de gran importancia.
Suelos modificados con cemento: A diferencia de los materiales estabilizados, en este
caso se emplean pequeñas cantidades de cemento con el objetivo de mejorar
propiedades específicas del suelo, como la reducción de la plasticidad o el aumento de
la trabajabilidad, sin generar una estructura rígida. Este tipo de tratamiento es útil en
subrasantes con problemas de expansividad o baja estabilidad.
V.4. MATERIALES PARA SUELO-CEMENTO
La calidad y el desempeño del suelo-cemento dependen en gran medida de las
características de los materiales que lo componen. Una adecuada selección y control de estos
insumos es fundamental para garantizar que la mezcla cumpla con los requisitos de
resistencia, durabilidad y estabilidad exigidos en el diseño de pavimentos.
Los materiales básicos que intervienen en la elaboración del suelo-cemento son: el
suelo, el cemento Portland y el agua. Cada uno de ellos debe cumplir condiciones específicas
para asegurar un comportamiento óptimo del material estabilizado.
Suelo: El suelo constituye el componente principal de la mezcla y debe cumplir
ciertos requisitos granulométricos y de plasticidad. Se prefieren suelos con una
adecuada distribución de tamaños de partículas, que permitan una buena
compactación y reduzcan los vacíos. Los suelos excesivamente orgánicos o con alto
contenido de materia vegetal no son aptos, ya que afectan negativamente la reacción
con el cemento.
Los suelos más adecuados suelen ser:
Arenas y gravas bien graduadas
Suelos limosos con baja plasticidad
Arcillas de plasticidad moderada (con tratamiento adecuado)
Cemento Portland: El cemento actúa como agente estabilizante, proporcionando los
compuestos necesarios para la formación de enlaces cementantes. Generalmente se
utiliza cemento Portland tipo I, aunque pueden emplearse otros tipos dependiendo de
las condiciones ambientales y requerimientos del proyecto.
Su función principal es:
Incrementar la resistencia mecánica
Reducir la plasticidad del suelo
Mejorar la durabilidad
Agua: El agua es esencial para activar las reacciones de hidratación del cemento y
proporcionar la trabajabilidad necesaria durante la mezcla y compactación. La
cantidad de agua debe ser cuidadosamente controlada, ya que tanto el exceso como la
deficiencia afectan negativamente el desempeño del suelo-cemento.
Se recomienda que el agua:
Sea limpia y libre de contaminantes
Permita alcanzar la humedad óptima de compactación
Facilite una mezcla homogénea
V.5. VENTAJAS DE LA UTILIZACIÓN DE LA MEZCLA SUELO-
CEMENTO
La utilización de mezclas suelo-cemento en la construcción de pavimentos representa
una solución técnica eficiente que aporta múltiples beneficios desde el punto de vista
estructural, económico y ambiental. Estas ventajas han consolidado su uso en proyectos
viales tanto urbanos como rurales, especialmente en contextos donde los materiales de alta
calidad son limitados.
Desde el punto de vista estructural, el suelo-cemento mejora significativamente la
capacidad portante del suelo natural, permitiendo que este soporte cargas mayores sin
presentar deformaciones excesivas. Esto se traduce en una mejor distribución de esfuerzos
hacia las capas inferiores del pavimento, reduciendo la concentración de tensiones y
minimizando el riesgo de fallas como ahuellamientos, fisuración o deformaciones
permanentes.
Otra ventaja fundamental es el incremento de la rigidez del material estabilizado. A
diferencia de los suelos sin tratar, el suelo-cemento presenta un comportamiento semirrígido
que le permite resistir mejor las cargas repetitivas del tránsito vehicular. Esta característica
contribuye a prolongar la vida útil del pavimento y a disminuir la necesidad de intervenciones
de mantenimiento frecuente.
Asimismo, la mezcla suelo-cemento presenta una notable resistencia a la acción del
agua. La reducción de la permeabilidad evita la infiltración y acumulación de humedad en la
estructura del pavimento, lo que disminuye problemas asociados como la pérdida de soporte,
la erosión interna o la degradación de las capas inferiores. Esto resulta especialmente
importante en zonas con climas húmedos o con presencia de lluvias intensas.
Desde el punto de vista geotécnico, el suelo-cemento permite mejorar suelos
problemáticos, como aquellos con alta plasticidad o comportamiento expansivo. La adición
de cemento reduce el índice de plasticidad, limita los cambios volumétricos y mejora la
estabilidad dimensional del suelo, evitando deformaciones asociadas a ciclos de humedad y
sequedad.
En términos económicos, una de las principales ventajas radica en el aprovechamiento
de materiales locales. Esto reduce significativamente los costos de extracción, transporte y
colocación de materiales de préstamo, optimizando los recursos del proyecto. Además, al
mejorar la calidad del suelo existente, se pueden disminuir los espesores de las capas
estructurales, generando un ahorro adicional.
Desde una perspectiva constructiva, el suelo-cemento ofrece buena trabajabilidad y
puede ser ejecutado tanto en planta como in situ, adaptándose a diferentes condiciones de
obra. Esto permite una mayor flexibilidad en la planificación y ejecución de proyectos viales.
Por otro lado, la estabilización con cemento contribuye a la sostenibilidad de las obras
de infraestructura. Al reducir el uso de materiales naturales y disminuir el transporte, se
minimiza el impacto ambiental. Además, la mayor durabilidad del pavimento implica una
menor necesidad de rehabilitaciones, lo que reduce el consumo de recursos a largo plazo.
Finalmente, el uso de suelo-cemento permite mejorar el desempeño global del
pavimento, proporcionando una base más uniforme y resistente, lo que favorece el
comportamiento de las capas superiores, como la carpeta asfáltica o el concreto. Esto se
traduce en una infraestructura más confiable, segura y durable.
V.6. FACTORES QUE INFLUYEN EN LA UTILIZACIÓN DE LA
MEZCLA SUELO-CEMENTO
El desempeño del suelo-cemento como material estructural en pavimentos está
condicionado por múltiples factores que actúan de manera conjunta desde la etapa de diseño
hasta su ejecución en campo. La correcta evaluación, control y optimización de estos factores
permite garantizar que la mezcla alcance las propiedades mecánicas requeridas, asegurando
su durabilidad y comportamiento adecuado frente a cargas repetitivas y condiciones
ambientales adversas.
Uno de los factores más determinantes es el tipo de suelo, ya que sus características
físicas y mineralógicas influyen directamente en la interacción con el cemento. Suelos
granulares bien graduados presentan un mejor comportamiento debido a su baja plasticidad,
mayor fricción interna y facilidad de compactación. Por otro lado, suelos finos, especialmente
arcillosos, presentan mayor superficie específica y capacidad de retención de agua, lo que
puede dificultar la acción del cemento y requerir mayores contenidos del mismo. Además, la
presencia de minerales arcillosos activos puede generar reacciones no deseadas o demandar
tratamientos adicionales.
El contenido de cemento constituye otro parámetro crítico en la estabilización. Este
debe ser cuidadosamente determinado mediante ensayos de laboratorio, considerando no solo
la resistencia requerida, sino también la durabilidad del material frente a ciclos ambientales.
Un contenido insuficiente no logrará generar una estructura cementada continua, mientras
que un exceso puede provocar un comportamiento excesivamente rígido, incrementando la
susceptibilidad a fisuración por retracción. Por ello, el diseño busca un contenido óptimo que
equilibre resistencia, durabilidad y economía.
La humedad de mezcla es fundamental para garantizar tanto la trabajabilidad como el
desarrollo adecuado de las reacciones de hidratación. La humedad óptima, determinada
mediante ensayos de compactación (Proctor), permite alcanzar la máxima densidad seca del
material. Desviaciones respecto a este valor afectan directamente el desempeño: una
humedad baja dificulta la compactación y limita la hidratación, mientras que una humedad
excesiva genera una estructura más porosa y menos resistente.
El grado de compactación influye directamente en la densidad, resistencia y
durabilidad del suelo-cemento. Una compactación adecuada reduce el contenido de vacíos,
mejora el contacto entre partículas y optimiza la formación de enlaces cementantes. En
cambio, una compactación deficiente genera heterogeneidades y zonas débiles que pueden
convertirse en puntos de falla bajo cargas repetidas.
El tiempo y condiciones de curado son esenciales para el desarrollo progresivo de la
resistencia. Durante el curado, el material debe mantenerse con un contenido de humedad
adecuado para permitir la continuidad de las reacciones de hidratación del cemento. La
pérdida prematura de humedad puede interrumpir este proceso, generando un material frágil
y con menor resistencia. Asimismo, el curado influye en la resistencia a la fisuración y en la
durabilidad frente a agentes externos.
Las condiciones ambientales también desempeñan un papel importante. La
temperatura afecta la velocidad de las reacciones químicas: temperaturas bajas retardan el
desarrollo de resistencia, mientras que temperaturas elevadas pueden acelerar el fraguado y
provocar evaporación rápida del agua, generando fisuras por retracción. La humedad relativa
del ambiente y la presencia de viento también influyen en la pérdida de agua durante el
curado.
La uniformidad de la mezcla es un factor clave que depende del proceso constructivo.
Una distribución homogénea del cemento y del agua garantiza que todas las partes del
material presenten propiedades similares. Mezclas mal ejecutadas pueden presentar zonas con
exceso o deficiencia de cemento, lo que afecta el comportamiento estructural del conjunto.
Otro aspecto relevante es el tiempo entre la mezcla y la compactación. El retraso en la
compactación puede provocar el inicio del fraguado del cemento antes de alcanzar la
densidad deseada, reduciendo la efectividad del proceso. Por ello, las operaciones de
mezclado, extendido y compactación deben realizarse de manera continua y coordinada.
El espesor de la capa estabilizada y la calidad de la superficie de apoyo también
influyen en el desempeño del suelo-cemento. Un espesor inadecuado puede generar
concentraciones de esfuerzos, mientras que una subrasante deficiente puede comprometer la
estabilidad de la capa tratada.
Finalmente, el control de calidad en campo y laboratorio es indispensable para
verificar que todos los factores mencionados se mantengan dentro de los rangos
especificados. Esto incluye ensayos de contenido de humedad, densidad, resistencia a la
compresión, entre otros, así como inspecciones durante la ejecución.
V.7. MÉTODOS DE DOSIFICACIÓN
La dosificación del suelo-cemento es un proceso fundamental que tiene como objetivo
determinar la cantidad óptima de cemento y agua necesaria para lograr un material con
propiedades mecánicas adecuadas, garantizando resistencia, durabilidad y estabilidad bajo
condiciones de servicio. Este proceso se basa principalmente en ensayos de laboratorio y
criterios técnicos establecidos en normas de diseño de pavimentos.
El principio básico de la dosificación consiste en encontrar el contenido mínimo de
cemento que permita alcanzar los valores requeridos de resistencia y durabilidad, evitando
tanto el uso excesivo de material como la obtención de una mezcla deficiente. Para ello, se
realizan una serie de ensayos que permiten evaluar el comportamiento del suelo estabilizado
bajo diferentes condiciones.
El procedimiento inicia con la caracterización del suelo, donde se determinan
propiedades como granulometría, límites de consistencia (límites de Atterberg), contenido de
materia orgánica y clasificación del suelo. Esta etapa es fundamental para definir la viabilidad
de la estabilización y establecer un rango inicial de dosificación de cemento.
Posteriormente, se realiza el ensayo de compactación (Proctor estándar o modificado),
el cual permite determinar la relación entre la humedad y la densidad seca del suelo. A partir
de este ensayo se obtiene la humedad óptima y la densidad máxima seca, parámetros
esenciales para la preparación de las probetas de suelo-cemento.
Una vez definida la humedad óptima, se preparan muestras con diferentes contenidos
de cemento (por ejemplo: 3%, 5%, 7%, etc.), las cuales son compactadas y curadas bajo
condiciones controladas. Estas muestras son sometidas a ensayos de resistencia a la
compresión simple, generalmente a edades de 7 y 28 días, con el fin de evaluar el desarrollo
de resistencia del material.
Adicionalmente, se realizan ensayos de durabilidad, que simulan condiciones
ambientales adversas, como ciclos de humedad-sequedad o congelamiento-deshielo (según
normativa). Estos ensayos permiten verificar que el material no solo sea resistente, sino
también durable a largo plazo.
El contenido óptimo de cemento se selecciona como aquel que cumple con los
requisitos mínimos de resistencia y durabilidad establecidos en las especificaciones técnicas,
considerando también criterios económicos. En algunos casos, se aplican factores de
seguridad para garantizar un comportamiento adecuado en condiciones reales de campo.
V.8. SUELOS MODIFICADOS CON CEMENTO
Los suelos modificados con cemento corresponden a aquellos que han sido tratados
con bajas cantidades de cemento, con el objetivo principal de mejorar ciertas propiedades del
suelo sin llegar a transformarlo en un material completamente estabilizado o rígido. A
diferencia del suelo-cemento, donde se busca una estructura cementada con alta resistencia,
en este caso el propósito es optimizar el comportamiento del suelo natural manteniendo en
gran medida su naturaleza original.
Este tipo de tratamiento se utiliza principalmente cuando el suelo presenta
deficiencias moderadas, como una plasticidad elevada, baja trabajabilidad o problemas de
estabilidad volumétrica, pero no requiere necesariamente una alta capacidad estructural. Por
ello, es común su aplicación en capas de subrasante, donde se busca mejorar las condiciones
de soporte para las capas superiores del pavimento.
Desde el punto de vista físico-químico, la modificación con cemento genera una
reacción inicial de intercambio catiónico, donde los iones de calcio provenientes del cemento
reemplazan a otros cationes presentes en las partículas de arcilla. Esto provoca una
floculación de las partículas, reduciendo la plasticidad y mejorando la estructura del suelo. A
diferencia de la estabilización, las reacciones de hidratación son limitadas, por lo que no se
forma una matriz cementante continua.
Una de las principales características de los suelos modificados es la reducción del
índice de plasticidad, lo cual mejora significativamente la trabajabilidad durante la
construcción. Esto facilita las operaciones de extendido y compactación, permitiendo obtener
una superficie más uniforme y estable.
Asimismo, este tratamiento contribuye a disminuir el potencial de expansión y
contracción de suelos cohesivos, especialmente en arcillas, reduciendo los problemas
asociados a cambios volumétricos por variaciones de humedad. Este aspecto es clave en
zonas donde existen ciclos frecuentes de humedad-sequedad.
Otra mejora importante es el incremento moderado de la capacidad portante, lo cual
permite que la subrasante soporte mejor las cargas transmitidas por las capas superiores del
pavimento. Sin embargo, este incremento es menor en comparación con el suelo-cemento, ya
que no se busca un comportamiento estructural rígido.
Desde el punto de vista constructivo, los suelos modificados presentan la ventaja de
requerir menores cantidades de cemento, lo que reduce costos y facilita su aplicación en
proyectos de gran extensión. Además, el proceso constructivo es más flexible y menos
exigente en términos de control que en el caso de materiales completamente estabilizados.
No obstante, es importante considerar que este tipo de tratamiento tiene limitaciones.
La resistencia obtenida es relativamente baja, y su desempeño depende en gran medida de las
condiciones ambientales y del control de la humedad. Por ello, su uso debe ser
cuidadosamente evaluado dentro del diseño estructural del pavimento.
PROCEDIMIENTOS DE CONSTRUCCIÓN
La ejecución del suelo-cemento en obra constituye una fase crítica dentro del proceso
de estabilización, ya que de ella depende en gran medida que las propiedades obtenidas en
laboratorio se reproduzcan en condiciones reales. Un procedimiento constructivo adecuado
no solo garantiza la resistencia y durabilidad del material, sino también la uniformidad y
estabilidad de la capa tratada dentro de la estructura del pavimento.
El proceso constructivo debe desarrollarse de manera continua, ordenada y bajo
estrictos controles de calidad, evitando interrupciones que puedan afectar la hidratación del
cemento o la compactación del material. A continuación, se describen de manera detallada las
principales etapas del procedimiento:
Preparación del terreno: Esta etapa inicial comprende la limpieza, desbroce y
eliminación de materiales inadecuados como materia orgánica, raíces, suelos blandos
o contaminados. Posteriormente, se realiza la nivelación y conformación de la
superficie, asegurando que la subrasante tenga la pendiente, alineamiento y
condiciones de soporte requeridas. En algunos casos, puede ser necesario realizar una
precompactación para mejorar la estabilidad inicial.
Escarificación y pulverización del suelo: El suelo existente se remueve hasta la
profundidad especificada en el diseño (generalmente entre 15 y 30 cm). Luego, se
procede a su pulverización mediante equipos especializados, con el objetivo de
reducir el tamaño de los terrones y lograr una textura uniforme. Se busca que la mayor
parte del material pase por un tamiz específico (según normativa), garantizando una
adecuada mezcla posterior.
Dosificación y esparcido del cemento: El cemento se distribuye uniformemente sobre
la superficie del suelo escarificado. Este proceso puede realizarse mediante
esparcidores mecánicos para asegurar precisión y homogeneidad. Es fundamental
evitar pérdidas de material por viento o manipulación inadecuada, así como garantizar
que la cantidad aplicada corresponda al diseño establecido en laboratorio.
Mezclado en seco: En esta etapa se mezcla el suelo con el cemento sin la adición de
agua, utilizando recicladoras o estabilizadoras. El objetivo es lograr una distribución
uniforme del cemento en todo el volumen del suelo. Una mezcla deficiente en esta
fase puede generar zonas débiles o con propiedades heterogéneas.
Adición de agua y mezclado húmedo: Posteriormente, se incorpora agua de manera
controlada hasta alcanzar la humedad óptima. El mezclado continúa hasta obtener una
mezcla homogénea en la que todas las partículas estén recubiertas por la pasta
cementante. Este proceso debe realizarse rápidamente para evitar el inicio prematuro
del fraguado.
Extendido y conformación: La mezcla se extiende y nivela mediante motoniveladoras,
asegurando el espesor y la geometría de la capa según lo establecido en el diseño. Es
importante mantener la uniformidad en toda la superficie para evitar variaciones en el
comportamiento estructural.
Compactación: La compactación debe iniciarse inmediatamente después del
mezclado, antes de que el cemento comience a fraguar. Se utilizan rodillos lisos,
vibratorios o neumáticos, dependiendo del tipo de suelo. El objetivo es alcanzar la
densidad especificada (generalmente ≥ 95% de la densidad máxima Proctor). Esta
etapa es crucial, ya que una compactación deficiente reduce significativamente la
resistencia del material.
Perfilado final y acabado: Una vez compactada la capa, se realiza el perfilado final
para asegurar que se cumplan las tolerancias de nivelación, pendiente y espesor. Esta
etapa garantiza que la superficie esté lista para recibir la siguiente capa del pavimento.
Curado: El curado consiste en mantener la humedad del material durante un periodo
determinado (generalmente entre 3 y 7 días), con el fin de permitir el desarrollo de las
reacciones de hidratación del cemento. Esto puede lograrse mediante riego continuo o
la aplicación de productos de curado. Un curado inadecuado puede provocar
fisuración y pérdida de resistencia.
Control de calidad y supervisión: Durante todo el proceso se deben realizar ensayos y
verificaciones para asegurar el cumplimiento de las especificaciones técnicas. Entre
los controles más importantes se encuentran:
Contenido de humedad
Densidad in situ
Espesor de la capa
Uniformidad de mezcla
Resistencia a la compresión (muestras de campo)
Consideraciones constructivas adicionales:
Evitar trabajar bajo condiciones de lluvia intensa
Minimizar el tiempo entre mezcla y compactación
Proteger la superficie de tráfico prematuro
Controlar la temperatura durante la ejecución
Garantizar continuidad en el proceso constructivo
VI. ESTABILIZACION DE SUELOS CON MATERIALES BITUMINOSOS
6.1. GENERALIDADES
La estabilización de suelos con materiales bituminosos es un proceso mediante el cual
se incorporan ligantes asfálticos, como emulsiones o asfaltos espumados, a un suelo natural
con el fin de mejorar sus propiedades mecánicas y de durabilidad. Este tipo de estabilización
busca incrementar la resistencia del suelo, reducir su susceptibilidad a la acción del agua y
mejorar su comportamiento frente a cargas repetitivas, especialmente en obras viales.
En la ingeniería de carreteras, esta técnica resulta fundamental cuando se trabaja con
suelos de baja calidad, permitiendo su aprovechamiento sin necesidad de reemplazarlos
completamente, lo que reduce costos y tiempos de construcción. Además, es ampliamente
utilizada en la conformación de subrasantes, subbases y bases de pavimentos, especialmente
en zonas con condiciones climáticas adversas, como regiones con altas precipitaciones.
El principio de funcionamiento de la estabilización bituminosa se basa en la acción
del ligante asfáltico, el cual recubre las partículas del suelo, generando una mayor cohesión
entre ellas y disminuyendo la permeabilidad del material. Esto permite limitar la infiltración
de agua y mejorar la estabilidad volumétrica del suelo.
Existen diversos tipos de estabilización con materiales bituminosos, entre los que
destacan el uso de emulsiones asfálticas, asfaltos espumados y mezclas asfálticas en frío, los
cuales se seleccionan en función de las características del suelo y las condiciones del
proyecto.
6.2. TIPOS DE ESTABILIZACIÓN BITUMINOSA
Estabilización arena-asfalto: el ligante bituminoso proporciona cohesión a suelos
que originalmente no la poseen, además de unir sus partículas.
Estabilización suelo-asfalto: el material bituminoso contribuye a controlar y
estabilizar la humedad en suelos finos de carácter cohesivo.
Estabilización grava-arena-asfalto: el ligante otorga cohesión e impermeabilidad a
suelos granulares que ya presentan alta resistencia por fricción.
Con frecuencia, estos materiales se emplean en caminos de tierra o afirmados con el
objetivo de obtener superficies sin polvo, impermeables y resistentes al desgaste causado por
el tránsito. Este tipo de tratamiento es aplicable tanto en suelos gruesos como finos con cierta
plasticidad, especialmente cuando se busca reducir costos de mantenimiento.
Por su parte, el Highway Research Board (Organización de Estados Unidos
dedicada a la investigación en carreteras, transporte y materiales viales) clasifica la
estabilización bituminosa en cuatro tipos principales, considerando la compactación del suelo
y la función del ligante:
Suelo-asfalto: consiste en impermeabilizar suelos cohesivos para hacerlos resistentes
al agua.
Arena-asfalto: arenas provenientes de playas, médanos o ríos, que cumplen
condiciones mínimas de estabilidad, se cohesionan mediante materiales bituminosos.
Estabilización granular impermeabilizada: se aplica a suelos gruesos con adecuada
gradación, los cuales se vuelven impermeables al añadir pequeñas cantidades de
ligante de forma uniforme.
Suelo aceitado o emulsionado: se trata de una capa superficial delgada en caminos
de tierra o grava, que se vuelve resistente al agua y al desgaste mediante la aplicación
de aceites asfálticos, asfaltos diluidos o emulsiones de rotura lenta.
6.3. CRITERIOS PARA LA SELECCIÓN DEL TIPO DE ESTABILIZACIÓN
BITUMINOSA
La estabilización con materiales bituminosos puede ser una alternativa económica y
eficiente, siempre que se cuente con experiencia técnica en su diseño, ejecución y control
(incluyendo ensayos de laboratorio y supervisión en obra).
La elección del tipo de estabilización más adecuado para un proyecto depende
principalmente de cuatro factores:
Propiedades de los materiales disponibles
Nivel de calidad requerido
Condiciones climáticas del área
Métodos constructivos a emplear
6.3.1. Propiedades de los materiales disponibles
Existe una gran variedad de suelos que pueden estabilizarse con ligantes bituminosos,
desde materiales granulares (gravas y arenas) hasta suelos finos (arcillas limosas o arenosas).
Los ligantes utilizados incluyen asfaltos (cemento asfáltico), asfaltos líquidos (cutback),
emulsiones asfálticas y algunos crudos de petróleo con comportamiento similar.
El criterio más importante es la disponibilidad y calidad del suelo. En general, se
prefiere el material más granular, ya que:
Permite mayor densificación
Incrementa la estabilidad mecánica
Mejora el comportamiento estructural del suelo estabilizado
Las alternativas para obtener el material son:
Uso del suelo existente en la vía
Mejora del suelo mediante mezcla con materiales de préstamo
Uso de materiales transportados de canteras o depósitos (más uniformes y
controlables)
6.3.2. Calidad requerida
La calidad final depende de:
Tipo de materiales
Procedimiento constructivo
Nivel de control en obra
Las mezclas en caliente (grava-arena-asfalto o arena-asfalto) ofrecen mayor
calidad, resistencia y durabilidad, por lo que se utilizan en vías con tránsito más exigente.
Por otro lado:
Las mezclas con asfaltos líquidos suelen ser de menor calidad
Son adecuadas para bases de pavimentos con tránsito medio o bajo
Pueden mejorar si se controla la granulometría y se aplican buenas prácticas
constructivas
En proyectos de bajo volumen de tránsito, puede ser más económico usar materiales
naturales sin gran procesamiento, aunque con menor desempeño.
6.3.3. Condiciones climáticas
El clima influye directamente en la selección del ligante y el tipo de estabilización:
Zonas lluviosas:
No se recomienda el uso de suelo-asfalto con asfaltos líquidos, ya que el exceso de
humedad dificulta el curado y reduce la estabilidad.
Climas secos:
Son favorables para el uso de asfaltos líquidos, debido a la rápida evaporación de
solventes.
Climas fríos:
Se desaconseja la estabilización con asfaltos líquidos en campo, ya que el mezclado y
curado son deficientes. En estos casos, se requiere producción en planta.
En la práctica moderna, en climas húmedos se prefieren emulsiones asfálticas por su
mejor comportamiento con agua.
6.3.4 Procesos constructivos
El tipo de equipo y procedimiento de mezclado influye directamente en la
uniformidad y calidad de la mezcla. Existen tres métodos principales:
Mezcla en sitio con equipo convencional:
Uso de motoniveladora o mezcladores (pulvimixer). Requiere asfaltos líquidos de
baja volatilidad.
Mezcla en sitio con plantas móviles:
Permite emplear asfaltos más viscosos y lograr mejor homogenización.
Mezcla en planta fija:
Ofrece mayor control de calidad, siendo el método más eficiente para proyectos de
mayor exigencia.
6.3.5. Consideraciones finales
La selección del tipo de estabilización debe basarse en un análisis técnico-económico
integral, considerando costos, disponibilidad de materiales, condiciones ambientales y nivel
de servicio requerido.
Sin embargo, una de las principales limitaciones en este tipo de soluciones es:
La falta de experiencia técnica especializada
La variabilidad de métodos de diseño en laboratorio
La ausencia de criterios estandarizados universalmente aceptados
Esto genera dificultad al momento de:
Elegir el método de dosificación más adecuado
Definir criterios de calidad confiables
Por ello, en la práctica se recomienda complementar el diseño con ensayos de
laboratorio, tramos de prueba y control de obra riguroso, especialmente en proyectos
viales en zonas como la selva peruana, donde las condiciones climáticas son críticas.
6.4. MATERIALES RECOMENDADOS PARA ESTABILIZAR
1. Arena -Asfalto
Arenas: las arenas pueden ser de río, playa, médanos o de yacimiento, libres de
terrones de arcilla, vegetales y materia orgánica. La granulometría no es restrictiva ya que
como se indica en la Tabla 1, puede utilizarse un amplio rango para la misma. El índice de
plasticidad debe ser inferior a 10 y si es posible menor que 6. La textura rugosa y angular de
la arena le confiere alta estabilidad. Las arenas con partículas lisas y redondeadas poseen
bajas estabilidades pudiéndose incrementar estas últimas mediante la incorporación de un
material más fino, como relleno mineral o filler.
Materiales Bituminosos: son de aplicación los asfaltos diluidos de endurecimiento
rápido:
ER-1, ER-2 y ER-3 y las emulsiones de rotura lenta EB-L.
2. Suelo-Asfalto
Suelos: las arenas limosas o arcillosas, las arcillas arenosas o limosas constituyen los
suelos más apropiados para este tipo de estabilizaciones. Antes de mezclar el suelo con el
material bituminoso, éste debe estar suficientemente húmedo para facilitar la distribución del
material asfáltico durante el mezclado y el desmenuzamiento de los terrones de suelo que
pudieren existir.
Aunque se admite un amplio rango de tipos de suelos que pueden ser estabilizados
con materiales bituminosos, solo los suelos que cumplen con los requisitos indicados en la
Tabla N0 1 permiten lograr resultados satisfactorios
Debe tratarse que los suelos sean bien graduados y con cierta plasticidad sin superar el
límite indicado y no contener materias orgánicas.
Generalmente los suelos que tienen un LL < 30 y un IP < 12, pueden ser
pulverizados adecuadamente y por lo tanto, mezclarse uniformemente con el asfalto.
Si la plasticidad excediera del valor indicado la misma puede ser reducida
mediante la incorporación al suelo plástico de arenas o suelos arenosos no plásticos.
Materiales Bituminosos: Asfaltos diluidos de curado rápido ER-1 al ER4, asfaltos
diluidos de curado medio EM-1 al EM-4, asfaltos diluidos de curado lento EL-1 al EL-4 y
emulsiones asfálticas de rotura lenta EB-L.
Los asfaltos diluidos de curado rápido se utilizan para los suelos más arenosos porque
permiten realizar la mezcla más fácilmente. A medida que aumenta la plasticidad de los
suelos deben emplearse asfaltos diluidos de curado medio o lento. En el país solo existe
suficiente experiencia con este tipo de estabilización bituminosa (suelo-asfalto),
particularmente en la Provincia de Santa Fe donde se carecen de fuentes de provisión de
materiales granulares y las distancias de transporte de los mismos son considerables. Pero
existen yacimientos de suelos seleccionados tipo "sand-clay" o de suelos medianamente
plásticos que mediante la incorporación de un cierto porcentaje de arena silícea del Río
Paraná y de otras procedencias, los hacen adecuados para su estabilización con asfalto y
constituir excelentes bases y sub-bases de pavimentos flexibles.
En estos casos el material asfáltico utilizado fue emulsión bituminosa de rotura lenta.
De allí surgieron las denominaciones conocidas en nuestro medio como mezclas de
“suelo-emulsión” (SE) o “suelo-arena-emulsión” (SAE).
De acuerdo con las experiencias realizadas con estas mezclas, los suelos o mezclas de
suelos y arena, que mejor se adaptan a estas estabilizaciones con emulsiones asfálticas, son
las que cumplen con los requisitos de uno de los grupos de exigencias siguientes:
a) - fracción que pasa a través del Tamiz Nº 200 menor de 35%
- Índice de plasticidad entre 2 y 7
- V.S.R mayor de 15
b) - clasificación de suelos HRB A 2-4 ó A1-b
- equivalente de arena: menor de 40 para los suelos A 2-4 menor de 90 para los suelos
A 1-b
3. Grava-Arena-Asfalto
Grava-Arena:
mezcla natural de yacimientos y de ríos o mezcla artificial de ambos materiales. El
material resultante debe ser bien graduado y cumplir con los requerimientos indicados en la
Tabla N0 1. Las mezclas bien graduadas se compactan a altas densidades y tienen elevadas
estabilidades. Cuando se carece de los finos necesarios en el material proveniente del
yacimiento, debe incorporarse al mismo un material fino adicional. El material a estabilizar
debe tener un Índice de Plasticidad menor de 6 y el tamaño máximo del agregado no debe
superar a la tercera parte del espesor de la capa compactada.
Materiales Bituminosos: asfaltos diluidos de curado rápido ER-1 a ER-3 y emulsiones
asfálticas de rotura lenta EB-L.
6.5. LOS MATERIALES CONSTITUYENTES DE LAS MEZCLAS
ESTABILIZADAS CON ASFALTO
1. Agregados pétreos
El comportamiento de las mezclas asfálticas depende en gran medida de las
propiedades de los agregados, ya que constituyen aproximadamente entre 90% y 95% del
peso total y entre 75% y 85% del volumen de la mezcla.
Los requisitos que deben cumplir estos materiales varían según:
Las propiedades finales deseadas en la mezcla
El tipo de equipo utilizado para su colocación y compactación
La disponibilidad de materiales en obra
En las mezclas en caliente, el control de calidad es más preciso debido al uso de
equipos especializados. En cambio, las mezclas en frío suelen ejecutarse con equipos más
simples. Sin embargo, aunque comúnmente se aplican especificaciones más flexibles para
estas últimas, la experiencia demuestra que los agregados deben cumplir estándares de
calidad similares en ambos casos.
Para determinar la idoneidad de un agregado, se analizan las siguientes propiedades:
Tamaño y distribución granulométrica
Textura superficial
Capacidad de absorción
Resistencia al desgaste
Actividad de los finos
Afinidad con el ligante bituminoso (adhesividad)
Durabilidad
2. Ligantes bituminosos
Los materiales bituminosos son ampliamente utilizados en pavimentos flexibles
debido a su capacidad aglutinante, impermeabilidad y versatilidad.
Los principales tipos son:
Cementos asfálticos (asfaltos de penetración)
Asfaltos líquidos o rebajados (cutback)
Emulsiones asfálticas
Asfaltos naturales
Crudos de petróleo
• Cementos asfálticos
Son productos derivados de la refinación del petróleo (generalmente identificados
como AC). Se caracterizan por su:
Alta capacidad de adhesión
Impermeabilidad
Flexibilidad y durabilidad
Resistencia química
Se emplean principalmente en mezclas en caliente, ya que requieren altas
temperaturas para lograr la adecuada trabajabilidad.
• Asfaltos líquidos (cutback)
Se obtienen al mezclar cemento asfáltico con solventes volátiles (como gasolina,
kerosene o aceites). Esto permite su uso a bajas temperaturas, facilitando el mezclado.
Durante el curado, el solvente se evapora, dejando un residuo asfáltico que
proporciona cohesión.
Se clasifican según la velocidad de evaporación:
RC (curado rápido): con gasolina
MC (curado medio): con kerosene
SC (curado lento): con aceites ligeros
En los siguientes cuadros se señalan algunos requerimientos frecuentemente
exigidos a los asfaltos rebajados:
Cuadro 1. Rebajados de Fraguado Medio
Fuente: Rico Rodríguez Alfonso y del Castillo Herminio, La ingeniería de suelos en
las vías terrestres, carreteras, ferrocarriles y aeropistas
Cuadro 2. Rebajados de Fraguado Lento
• Emulsiones asfálticas
Son mezclas de asfalto y agua (aprox. 60–70% de asfalto), estabilizadas con un agente
emulsificante.
Cuando se aplican sobre los agregados, ocurre la rotura de la emulsión, permitiendo
que el asfalto se adhiera a las partículas mientras el agua se evapora.
Se clasifican según su velocidad de rotura:
RS: rompimiento rápido
MS: rompimiento medio
SS: rompimiento lento
También pueden ser:
Aniónicas: compatibles con agregados calizos
Catiónicas: compatibles con agregados silíceos
La elección correcta depende de la afinidad química entre el agregado y el ligante
para asegurar buena adherencia.
• Asfaltos naturales
Se originan por procesos geológicos naturales y suelen encontrarse impregnando
rocas o en arenas bituminosas. Su uso es menos frecuente y depende de su disponibilidad.
• Crudos de petróleo
Son mezclas naturales de compuestos orgánicos formadas a lo largo de millones de
años. En ingeniería de pavimentos, se clasifican:
Según gravedad API:
Pesados: < 20
Medianos: 20 – 31
Livianos: > 31
Según composición:
Parafínicos (ricos en ceras)
Nafténicos (mayor contenido de betún)
Intermedios (propiedades mixtas)
6.6. AFINIDAD DE LOS AGREGADOS PÉTREOS Y LOS LIGANTES
BITUMINOSOS
En los pavimentos flexibles, los ligantes bituminosos tienen la función de unir las
partículas de agregado, formando una masa compacta conocida como mezcla asfáltica.
La adherencia entre el ligante y los agregados se debe principalmente a la presencia
de componentes polares y a las fuerzas de atracción que se generan en la superficie de
contacto. Esta propiedad depende tanto del ligante como del agregado; por lo tanto, puede
verse afectada si alguno de ellos no presenta condiciones adecuadas, como por ejemplo:
Un ligante con bajo contenido de compuestos polares
Un agregado con baja capacidad de adhesión
Uno de los mayores problemas de adherencia ocurre en presencia de agua, ya que
esta puede debilitar el vínculo entre el ligante y el agregado. Esto es más crítico en mezclas
con alto contenido de vacíos, donde el agua puede penetrar fácilmente. En estos casos, si los
agregados tienen poca afinidad con el ligante, se produce el desprendimiento del
recubrimiento asfáltico, lo que puede llevar al deterioro de la mezcla bajo la acción del
tránsito.
Definición de adherencia
La adherencia es la capacidad del ligante bituminoso de mantenerse unido a la
superficie del agregado, resistiendo su separación incluso ante la presencia de agua y cargas
de tránsito.
Se distinguen dos tipos:
Adherencia activa: capacidad del ligante para cubrir y adherirse al agregado durante
el proceso de mezclado.
Adherencia pasiva: resistencia del ligante a desprenderse del agregado frente a la
acción del agua o el tránsito.
Factores que influyen en la adherencia
La adherencia es un fenómeno que ocurre en la interfaz entre el ligante y el agregado,
por lo que depende de múltiples factores:
1. Factores relacionados con el agregado
Granulometría
Composición mineralógica
Textura superficial
Porosidad y capacidad de absorción
Forma de las partículas
Limpieza superficial
Resistencia al desgaste
Durabilidad
Contenido de humedad
2. Factores relacionados con el ligante
Tensión superficial
Ángulo de contacto
Consistencia
Origen del asfalto
Proceso de refinación
Estabilidad en el tiempo (durabilidad)
Sensibilidad a la temperatura
3. Factores relacionados con la mezcla y el entorno
Condiciones de drenaje
Contenido de asfalto
Porcentaje de vacíos
Temperatura de servicio
Ensayos de laboratorio para evaluar la afinidad ligante–agregado
El fenómeno de la adherencia entre el ligante bituminoso y el agregado es bastante
complejo. Hasta la actualidad, no existe un ensayo de laboratorio que considere
simultáneamente todos los factores que influyen en este comportamiento. Por ello, se han
desarrollado diversos métodos de carácter empírico, los cuales permiten comparar el grado
de afinidad entre distintos ligantes y agregados.
Estos ensayos se clasifican en varios grupos:
1. Ensayos de inmersión estática
Consisten en sumergir la mezcla asfáltica en agua y evaluar visualmente el nivel de
desprendimiento del ligante en las partículas.
Se emplean agregados de tamaño uniforme recubiertos con una cantidad constante de
ligante.
Ejemplos: ensayo de adherencia (stripping) y ensayo TWIT.
Limitación: presentan alta subjetividad, lo que reduce la precisión y repetibilidad de
los resultados.
2. Ensayos de inmersión dinámica
Son similares a los anteriores, pero incluyen agitación mecánica mediante sacudidas o
amasado.
Se determina el porcentaje de partículas que permanecen recubiertas por el ligante.
Ejemplos: ensayo argentino, placa Vialit y lavado de Nicholson.
3. Ensayos de inmersión química
En estos métodos, la mezcla se expone a soluciones con diferentes concentraciones
químicas.
La afinidad se evalúa según la concentración necesaria para provocar el
desprendimiento del ligante.
Ejemplos: método Riedel-Weber, brasileño I y brasileño II.
4. Ensayos de inmersión mecánica
Evalúan la adherencia de forma indirecta, midiendo la variación de propiedades
mecánicas después de someter probetas a inmersión durante un tiempo determinado.
Ejemplos: ensayo de inmersión-compresión y estabilidad residual.
5. Ensayos con simulación de tránsito en inmersión
Estos ensayos reproducen la acción del tráfico sobre mezclas sumergidas en agua.
Se utilizan dispositivos con ruedas que aplican cargas repetidas sobre la probeta.
Ejemplo: ensayo de tránsito por inmersión del Road Research Laboratory.
6. Ensayos de recubrimiento (envuelta)
Permiten evaluar la adherencia en presencia de agua, analizando el grado de
recubrimiento del agregado por el ligante.
Ejemplos: ensayo de bandeja y método inglés.
Ensayos específicos
• Ensayo de stripping (denudación)
Consiste en mezclar una cantidad definida de agregado (generalmente 100 g) con
ligante bituminoso.
La mezcla se sumerge en agua a temperatura ambiente durante 16 a 18 horas.
Luego se evalúa el porcentaje de partículas que permanecen recubiertas.
Se considera aceptable cuando el recubrimiento es mayor al 95%.
• Ensayo inglés
Se aplica una capa de asfalto sobre una bandeja.
Se colocan partículas de agregado sobre ella.
Se somete a calentamiento (60 °C por 24 h), enfriamiento y posterior inmersión en
agua durante 4 días.
La adherencia se evalúa de forma visual y por la fuerza necesaria para retirar las
partículas.
Se acepta un recubrimiento superior al 80%.
• Ensayo brasileño I
Se utilizan aproximadamente 500 g de agregado previamente lavado y secado.
Puede emplearse cemento asfáltico, emulsión o asfalto rebajado.
Se debe considerar el proceso de curado o rompimiento del ligante, aplicando
temperaturas específicas según el tipo de material.
Cuadro 3. Temperaturas de Mezclado Exigidas a los Materiales
Fuente: Rico Rodríguez Alfonso y del Castillo Herminio, Ingeniería de suelos en vías
terrestres, carreteras, ferrocarriles y aeropistas.
La mezcla se coloca en un recipiente de vidrio y se cubre con agua destilada. Luego,
se introduce en un horno a una temperatura de 40 °C durante 72 horas. Transcurrido este
tiempo, se evalúa visualmente si existe desprendimiento de la película asfáltica que recubre el
agregado. El resultado se considera satisfactorio cuando no se observa ningún tipo de pérdida
del recubrimiento.
Método Riedel-Weber
Este método es comparable al ensayo Brasileño II y se basa en la determinación del
índice de adhesividad, el cual mide la afinidad entre el ligante bituminoso y el agregado
pétreo.
El procedimiento consiste en hervir una mezcla de arena y ligante en soluciones de
carbonato de sodio con concentraciones crecientes. La adherencia se define como la menor
concentración en la que se produce el desprendimiento total del ligante de la superficie del
agregado.
El resultado puede expresarse de dos formas:
Un solo valor: indica la concentración en la que ocurre el desprendimiento total.
Dos valores: el primero corresponde al inicio del desprendimiento y el segundo al
desprendimiento completo.
Si no se presenta desprendimiento en ninguna de las soluciones, se asigna un valor de
10, lo que indica una excelente adherencia.
Cuadro 4. Índices de Adhesividad Riedel-Weber
Fuente: Rico Rodríguez Alfonso y del Castillo Herminio, La ingeniería de suelos en
las vías terrestres, carreteras, ferrocarriles y aeropistas
6.7. MÉTODOS DE DOSIFICACIÓN DE MEZCLAS ESTABILIZADAS CON
PRODUCTOS ASFALTICOS
Los métodos de dosificación tienen como objetivo determinar el contenido óptimo
de ligante bituminoso, de manera que la mezcla alcance:
La resistencia necesaria para soportar cargas del tránsito
Una adecuada impermeabilidad, evitando el ingreso de agua
Una deformabilidad controlada, que garantice una buena superficie de rodadura sin
fallas
La estabilidad se evalúa midiendo la carga máxima que soportan las probetas antes
de fallar o alcanzar una deformación límite establecida.
Por su parte, la resistencia al agua se determina mediante ensayos de absorción (por
inmersión o capilaridad), verificando que el porcentaje de agua absorbida sea menor a los
valores permitidos según el método utilizado.
En general, todos los métodos —ya sean empíricos, experimentales o teórico-
prácticos— requieren del criterio y experiencia del ingeniero, debido a su componente
empírico.
Procedimiento general de dosificación
El proceso de diseño de la mezcla sigue una secuencia básica:
1. Selección de la granulometría
Se elige en función de:
o Propiedades deseadas de la mezcla
o Disponibilidad de agregados
o Normativas técnicas (como las del Instituto del Asfalto o entidades públicas)
2. Determinación del contenido óptimo de ligante
Se define como la cantidad de asfalto que proporciona el mejor equilibrio entre:
o Resistencia
o Durabilidad
o Vacíos
o Rigidez
3. Caracterización de materiales
Incluye el análisis físico-químico de agregados y ligante, asegurando que las muestras
sean representativas.
En muchos casos, es necesario combinar diferentes agregados mediante métodos
gráficos o analíticos para cumplir con la granulometría requerida.
Clasificación de los métodos de dosificación
1. Métodos basados en la superficie específica
Son procedimientos rápidos que estiman el contenido de ligante a partir del área
superficial de los agregados.
Se calcula la superficie total de las partículas
Se determina la cantidad de ligante necesaria para recubrirlas
Ejemplos:
Método Duriez (Francia)
Método del Instituto del Asfalto
Método belga (CRR)
Equivalente centrífugo de keroseno (CKE)
Limitación: menor precisión en mezclas densas, ya que son sensibles a pequeñas
variaciones de asfalto.
2. Métodos basados en ensayos mecánicos
Son los más utilizados actualmente. Se basan en evaluar el comportamiento real de la
mezcla mediante ensayos de laboratorio.
Permiten determinar propiedades como:
Resistencia mecánica
Densidad
Porcentaje de vacíos
Permeabilidad
Procedimiento común:
Se preparan probetas con diferentes contenidos de ligante
Se ensayan para analizar resistencia, deformación y vacíos
Se selecciona el contenido óptimo según los resultados
Ensayos más utilizados
• Ensayo de compresión simple
Evalúa la resistencia de la mezcla seca y saturada
Permite analizar el efecto del agua
Se busca que la resistencia después de inmersión sea ≥ 75%
Valores típicos: entre 3 y 6 MPa a 25 °C
• Método Marshall
Es el método más empleado en el diseño de mezclas asfálticas.
Utiliza probetas cilíndricas compactadas
Evalúa estabilidad y deformación (fluencia)
Permite calcular densidad y vacíos
Ventajas:
Buen control de calidad
Aplicable a distintos niveles de tránsito
• Ensayo Hubbard-Field
Diseñado inicialmente para mezclas finas
Evalúa estabilidad mediante extrusión de la probeta
Considera parámetros como densidad, vacíos y deformación
No es adecuado para mezclas abiertas.
Otros métodos menos comunes
Valor soporte de Florida: evalúa si arenas son aptas para estabilización
Método McKesson: usado con emulsiones asfálticas, analiza absorción y resistencia
plástica
6.8. PROCEDIMIENTOS DE CONSTRUCCIÓN
Métodos Constructivos
Los procedimientos constructivos utilizados en la estabilización bituminosa se
clasifican en tres tipos principales, según el equipo y la forma en que se realiza la mezcla
entre el material granular y el ligante asfáltico:
1. Mezcla en sitio utilizando equipos convencionales
2. Mezcla en sitio con plantas mezcladoras en movimiento
3. Mezcla en planta central o fija
Esta clasificación depende directamente del sistema empleado para integrar los
agregados con el material bituminoso. Además, dentro de cada método pueden existir
variaciones en el proceso de mezclado, según las características del equipo disponible.
En el caso de la mezcla en sitio con equipos convencionales, esta puede ejecutarse
con motoniveladora o mediante mezcladoras rotativas tipo pulvimixer.
Por otro lado, cuando se emplean plantas mezcladoras en tránsito (ambulo-
operantes), el mezclado se realiza en una sola pasada. Estas plantas pueden ser de elevación
(como las tipo Barber-Green) o de superficie (como Wood, Gadner o PH).
Mezcla en sitio con plantas en tránsito
Este sistema integra varias operaciones de manera simultánea:
Pulverización del suelo
Mezcla del suelo con arena (si es necesario)
Incorporación de agua y ligante asfáltico
Homogeneización de la mezcla
Para su ejecución se requiere el siguiente equipo complementario:
Camiones cisterna para suministro de asfalto
Motoniveladora para extender y perfilar el material
Rastras o arados para aireación
Camión regador de agua (cuando sea necesario)
Rodillos (pata de cabra, neumáticos y lisos) para compactación
Tractores para arrastre de equipos
Mezcla en planta central
En este método, la mezcla se produce en una planta fija que dosifica los materiales
(agregados y ligante) por peso o volumen, asegurando mayor precisión.
Luego, la mezcla es transportada mediante camiones hacia la obra, donde se coloca y
extiende. Este sistema ofrece mejor control de calidad, aunque implica mayores costos
logísticos.
ETAPAS CONSTRUCTIVAS
A continuación, se describen las fases principales para ejecutar una base estabilizada
tipo suelo–arena–emulsión:
1. Preparación de la mezcla
El suelo y la arena se colocan en la vía en forma de caballetes y se mezclan con
motoniveladora hasta lograr un material uniforme. Posteriormente, se extienden en una capa
con espesor definido y se homogenizan con mezcladora rotativa.
Se debe verificar la humedad, la cual debe ubicarse entre el límite plástico y el límite
líquido. Si es necesario, se añade agua para facilitar el mezclado con la emulsión.
2. Incorporación del ligante y mezclado
La emulsión asfáltica se añade utilizando una planta en tránsito o mezcladora rotativa,
asegurando su distribución uniforme en toda la mezcla.
3. Aireación de la mezcla
Luego del mezclado, el material se vuelve a agrupar en caballetes para permitir la
evaporación del exceso de humedad, tanto en la mezcla como en la subbase.
Posteriormente, se extiende nuevamente el material para continuar con el secado y
desintegración de grumos (desterronado), usando rastras o equipos de mezclado.
4. Compactación
Cuando la mezcla alcanza la humedad adecuada, se extiende al espesor de diseño y se
procede a compactar:
Primero con rodillos pata de cabra
Luego con rodillos neumáticos y lisos para el acabado final
Durante el proceso puede ser necesario escarificar y reperfilar la capa para asegurar
uniformidad.
5. Habilitación al tránsito
Después de la compactación, la base no debe ser utilizada inmediatamente. Es
necesario que:
Disminuya la humedad residual
Se produzca la rotura de la emulsión
El material adquiera la resistencia suficiente
Generalmente, se espera hasta que la humedad sea menor al 60% de la humedad
óptima antes de aplicar el riego de imprimación o permitir el tránsito.
NOTA: El proceso de estabilización no termina con la compactación; el curado
(evaporación del agua y desarrollo de la cohesión del ligante) es fundamental para garantizar
la durabilidad y resistencia de la capa.
VII. GENERALIDADES DE ESTABILIZACIÓN CON PRODUCTOS
DIVERSOS
En la ingeniería de pavimentos, la subrasante es la capa fundamental que soporta toda
la estructura del pavimento, por lo que su calidad influye directamente en la durabilidad y el
desempeño de la vía. Sin embargo, muchos suelos naturales presentan baja capacidad
portante, alta plasticidad y sensibilidad a la humedad, lo que puede generar fallas
estructurales.
Para mejorar estas condiciones, se emplea la estabilización de suelos, técnica que
modifica las propiedades del suelo mediante la incorporación de agentes químicos. Entre
estas alternativas, la estabilización con sales destaca por su bajo costo y facilidad de
aplicación, permitiendo mejorar la compactación, reducir la plasticidad y aumentar la
resistencia del suelo. Este trabajo aborda el uso de sales como método de estabilización,
enfocándose en su aplicación para mejorar la subrasante en pavimentos.
7.1. ESTABILIZACIÓN CON SALES
La estabilización mediante sales consiste en incorporar compuestos solubles al suelo
con el propósito de alterar sus características físicas y su comportamiento hidráulico. Esta
técnica es especialmente útil en suelos finos, donde las propiedades dependen en gran medida
de la interacción entre las partículas y el agua presente.
Fundamentos del proceso
El efecto de las sales sobre el suelo se explica a partir de diversos fenómenos
fisicoquímicos:
Disminución de la doble capa eléctrica:
En suelos arcillosos, las partículas poseen cargas que generan una capa de agua
adherida. La presencia de sales reduce el espesor de esta capa, permitiendo que las
partículas se aproximen entre sí.
Formación de agregados (floculación):
Las partículas finas se agrupan, originando una estructura más estable y menos
susceptible a deformaciones.
Regulación de la humedad:
Algunas sales tienen la capacidad de atraer y retener agua, favoreciendo condiciones
adecuadas para la compactación.
Reducción de la plasticidad:
Se limita la capacidad del suelo para deformarse sin romperse, facilitando su manejo.
Mejora de la compactación:
Se logra alcanzar mayores densidades secas durante el proceso constructivo.
7.1.1 Estabilización con Cloruro de Sodio
Diversos estudios indican que la estabilización de suelos con cloruro de sodio es una
alternativa económica y eficiente para mejorar el comportamiento de la subrasante,
especialmente en suelos arcillosos con baja capacidad portante. Este aditivo actúa reduciendo
la influencia de la humedad, favoreciendo la compactación y generando una estructura más
estable.
Los resultados experimentales muestran que, al incorporar cloruro de sodio, se
incrementa la densidad seca del suelo y se optimiza su contenido de humedad, lo que se
traduce en una mejora de sus propiedades mecánicas. Asimismo, se observa un aumento
progresivo del CBR conforme se incrementa el porcentaje de sal, evidenciando una mayor
capacidad de soporte. En términos generales, el uso de cloruro de sodio permite transformar
suelos con condiciones deficientes en materiales más competentes, reduciendo deformaciones
y mejorando el desempeño estructural de la subrasante. Por ello, se considera una solución
viable en proyectos viales, especialmente donde se busca optimizar costos sin comprometer
significativamente la calidad del pavimento.
Ventajas
Económico y fácil de conseguir.
Aplicación sencilla.
Adecuado para climas secos.
Desventajas
Se disuelve fácilmente con la lluvia.
Su efecto no es duradero.
Puede ocasionar corrosión en materiales cercanos.
Uso típico
Se emplea principalmente como solución temporal o en vías de bajo requerimiento
estructural.
7.1.2 Estabilización con Cloruro de Calcio
Diversos estudios señalan que el cloruro de calcio es un estabilizante eficaz para
mejorar las propiedades de suelos utilizados como subrasante, especialmente en materiales
arcillosos con baja capacidad portante. Su principal efecto se relaciona con su capacidad de
absorber y retener humedad, lo que permite mantener condiciones adecuadas para la
compactación del suelo. Los resultados experimentales muestran que la incorporación de
cloruro de calcio genera un incremento en la densidad del suelo y mejora su comportamiento
mecánico, reduciendo la variabilidad causada por cambios de humedad. Asimismo, se ha
evidenciado un aumento en la capacidad de soporte (CBR), alcanzando mejores valores en
dosificaciones óptimas, generalmente alrededor de contenidos moderados del aditivo.
Además, se observa que el cloruro de calcio contribuye a disminuir la repulsión entre
partículas finas, favoreciendo una estructura más estable y menos susceptible a
deformaciones. También ayuda a reducir la evaporación del agua, lo que mejora la estabilidad
del suelo en condiciones climáticas secas. En conjunto, estos efectos permiten transformar
suelos con características deficientes en materiales más adecuados para su uso como
subrasante, mejorando su resistencia, estabilidad y desempeño frente a cargas de tránsito. Por
ello, el cloruro de calcio se considera una alternativa eficiente en proyectos viales,
especialmente cuando se busca una mejora más duradera que la proporcionada por otras
sales.
Ventajas
Mayor duración que el cloruro de sodio.
Mejora progresiva del comportamiento del suelo.
Reduce la aparición de fisuras.
Desventajas
Mayor costo relativo.
Posibles efectos ambientales.
Requiere control en su aplicación.
Uso típico
Se utiliza en subrasantes de zonas secas y en caminos donde se requiere mayor
estabilidad que la proporcionada por otras sales.
7.1.3 Estabilización con Silicato de Sodio
La estabilización de suelos mediante silicato de sodio representa una técnica química
avanzada orientada a mejorar las propiedades mecánicas e hidráulicas de la subrasante,
especialmente en suelos finos como arcillas y limos. Este tipo de tratamiento ha demostrado
ser eficaz en diversas investigaciones, donde se evidencia una mejora significativa en la
capacidad portante y en la estabilidad del suelo frente a la acción del agua.
Mecanismo de acción
El silicato de sodio actúa principalmente como un agente cementante. Al ser
incorporado al suelo, reacciona con los componentes minerales presentes —particularmente
con óxidos metálicos y compuestos de calcio— generando geles de sílice que rellenan los
vacíos entre partículas. Este proceso produce una estructura más densa y cohesionada.
Además, este compuesto favorece la unión entre partículas finas, reduciendo la
dispersión y aumentando la rigidez del material. Como resultado, el suelo adquiere un
comportamiento más estable y menos susceptible a deformaciones.
Efectos en la subrasante
Diversos estudios experimentales han demostrado que la adición de silicato de sodio
produce mejoras importantes en las propiedades del suelo, entre las cuales destacan:
Incremento de la capacidad portante (CBR):
Se observa un aumento progresivo del CBR a medida que se incrementa el contenido
del estabilizante, alcanzando valores óptimos en dosificaciones específicas.
Mejora de la compactación:
El suelo logra mayores densidades secas, lo que contribuye a una mejor respuesta
estructural.
Reducción de la permeabilidad:
La formación de geles reduce el paso del agua a través del suelo, disminuyendo su
susceptibilidad a la humedad.
Aumento de la resistencia mecánica:
Se incrementa la resistencia al corte, reduciendo deformaciones bajo carga.
Mayor estabilidad volumétrica:
Se limita la expansión y contracción del suelo frente a cambios de humedad.
En particular, se ha identificado que existe un contenido óptimo de silicato de sodio
(aproximadamente alrededor del 10%), en el cual se obtienen los mejores resultados sin
generar efectos negativos en la estructura del suelo.
Ventajas
Proporciona una estabilización más duradera en comparación con otras sales.
Mejora significativamente la resistencia estructural del suelo.
Reduce la infiltración de agua en la subrasante.
Disminuye problemas asociados a suelos expansivos.
Permite optimizar el diseño del pavimento al mejorar el CBR.
Limitaciones
Costo más elevado respecto a estabilizantes tradicionales.
Requiere un control adecuado en la dosificación y aplicación.
Su efectividad depende de la composición mineralógica del suelo.
Puede necesitar ensayos previos para determinar su viabilidad.
Aplicación en la subrasante
El silicato de sodio es especialmente recomendable en:
Subrasantes con suelos arcillosos o limosos de baja calidad.
Zonas con problemas de humedad o infiltración.
Proyectos donde se requiere una mejora más permanente.
Obras donde se busca aumentar la vida útil del pavimento.
Su aplicación se realiza generalmente mediante mezcla homogénea del producto con
el suelo, seguida de un proceso de compactación controlado para garantizar la correcta
reacción y consolidación del material.
7.1.4 Empleo de Otros Tipos de Sales
Además del cloruro de sodio y el cloruro de calcio, existen otros compuestos salinos
—como sulfatos, carbonatos y nitratos— que pueden emplearse en la estabilización de
suelos, dependiendo de las características del material y de las condiciones del proyecto.
Estos productos actúan principalmente modificando las interacciones físico-químicas entre
las partículas del suelo y el agua, lo que permite mejorar su comportamiento en la subrasante.
El efecto de estas sales se basa en procesos como el intercambio iónico, mediante el cual se
reemplazan cationes presentes en las partículas arcillosas, reduciendo la repulsión entre ellas
y favoreciendo una estructura más compacta. Asimismo, contribuyen a la disminución de la
doble capa difusa, lo que permite una mayor proximidad entre partículas y, en consecuencia,
una mejora en la cohesión del suelo. También inducen procesos de floculación, donde las
partículas finas se agrupan formando una matriz más estable.
Como resultado de estos mecanismos, el suelo experimenta una reducción en su
plasticidad y en su potencial expansivo, lo que disminuye los cambios volumétricos
asociados a variaciones de humedad. Además, se logra una mejora moderada en la capacidad
portante y una mayor resistencia frente al ablandamiento por saturación. Estas modificaciones
permiten obtener una subrasante más estable y con mejor desempeño ante cargas de tránsito,
aunque en muchos casos los efectos no son permanentes y pueden disminuir con el tiempo
debido a la lixiviación de las sales. El uso de este tipo de estabilizantes suele ser más
adecuado en proyectos donde se requiere una mejora básica o complementaria del suelo,
especialmente cuando se busca optimizar costos o aprovechar materiales disponibles
localmente. Sin embargo, su eficacia depende en gran medida del tipo de suelo tratado, por lo
que su aplicación debe evaluarse cuidadosamente.
Consideraciones técnicas
Para garantizar resultados adecuados en la estabilización con este tipo de sales, es
indispensable realizar ensayos de laboratorio previos que permitan determinar su influencia
en propiedades como la compactación, el CBR y los límites de consistencia. Asimismo, se
debe verificar la compatibilidad química entre el suelo y el estabilizante, ya que no todas las
sales producen efectos positivos en todos los tipos de suelo. También es importante
considerar la durabilidad del tratamiento, especialmente en zonas con presencia de lluvias,
donde la lixiviación puede reducir su efectividad. Finalmente, se deben evaluar los posibles
impactos ambientales y establecer una dosificación adecuada que garantice el equilibrio entre
desempeño técnico y sostenibilidad.
7.2 ESTABILIZACIÓN CON ÁCIDOS INORGÁNICOS
La estabilización de suelos mediante ácidos inorgánicos constituye una técnica
química menos convencional en la ingeniería de pavimentos, pero con gran potencial en el
mejoramiento de subrasantes, especialmente en suelos con alta reactividad mineral. Este tipo
de tratamiento se basa en la interacción química entre los ácidos y los componentes del suelo,
generando modificaciones en su estructura interna que mejoran sus propiedades mecánicas.
A diferencia de las sales, que actúan principalmente a nivel físico-químico superficial,
los ácidos inorgánicos producen reacciones más profundas, capaces de formar compuestos
cementantes o reorganizar la estructura mineral del suelo. Como resultado, se logra una
reducción de la plasticidad, un incremento de la resistencia y una mejora en la estabilidad
volumétrica.
Diversas investigaciones han demostrado que la aplicación de ácidos puede aumentar
significativamente la capacidad portante del suelo, así como reducir su susceptibilidad a la
humedad, factores clave en el desempeño de la subrasante. No obstante, su uso requiere un
control riguroso debido a su carácter reactivo y a las condiciones específicas necesarias para
su correcta aplicación.
7.2.1 Estabilización con Ácido Fosfórico
La estabilización con ácido fosfórico es un método químico que permite mejorar las
propiedades de la subrasante mediante reacciones con los minerales del suelo. Este
tratamiento es especialmente útil en suelos finos con alta plasticidad, donde se busca
incrementar la resistencia y reducir la sensibilidad a la humedad.
Mecanismo de acción
El ácido fosfórico reacciona con minerales presentes en el suelo, principalmente
compuestos de calcio, hierro y aluminio.
Estas reacciones generan fosfatos insolubles que actúan como agentes cementantes.
Se produce una unión entre partículas del suelo, formando una estructura más densa y
cohesionada.
Disminuye la doble capa difusa en suelos arcillosos, reduciendo la repulsión entre
partículas.
Favorece la floculación y aglomeración de partículas finas.
Se genera una matriz más rígida que mejora el comportamiento estructural del suelo.
Efectos en la subrasante
Reducción de la plasticidad: el suelo pierde parte de su comportamiento plástico,
facilitando su manipulación.
Incremento de la densidad seca: permite lograr una mejor compactación.
Aumento de la resistencia al corte: mejora la capacidad del suelo para soportar
cargas.
Incremento del CBR: se evidencia una mejora significativa en la capacidad portante.
Disminución de la permeabilidad: reduce el ingreso de agua al interior del suelo.
Mejor estabilidad volumétrica: se reducen los cambios de volumen por humedad.
Menor susceptibilidad al ablandamiento: el suelo mantiene su resistencia en
condiciones saturadas.
Ventajas
Mejora notable del comportamiento mecánico del suelo.
Genera una estabilización más permanente que las sales comunes.
Reduce el riesgo de fallas por humedad en la subrasante.
Permite optimizar el espesor de las capas del pavimento.
Adecuado para suelos problemáticos con alta plasticidad.
Limitaciones
Requiere un control riguroso en la dosificación.
Producto de carácter corrosivo, necesita medidas de seguridad.
Mayor costo en comparación con estabilizantes tradicionales.
Su efectividad depende de la composición mineralógica del suelo.
Puede requerir condiciones específicas para que se desarrollen las reacciones
químicas.
Aplicación en la subrasante
Subrasantes con suelos arcillosos o limosos de baja calidad.
Zonas con presencia de humedad o variaciones climáticas.
Proyectos donde se requiere una mejora estructural duradera.
Obras donde se busca aumentar la vida útil del pavimento.
El procedimiento generalmente incluye la dosificación del ácido, su mezcla
homogénea con el suelo y un proceso de compactación controlado para asegurar el desarrollo
de las reacciones químicas y la mejora de las propiedades del material.
Consideraciones técnicas
Realizar ensayos de laboratorio como Proctor, CBR y límites de Atterberg para
evaluar la mejora del suelo.
Determinar la dosificación óptima del ácido para evitar efectos negativos.
Analizar la composición mineralógica del suelo, ya que la reacción depende de la
presencia de ciertos elementos.
Controlar el contenido de humedad durante la mezcla y compactación.
Garantizar una distribución uniforme del estabilizante en el suelo.
Aplicar protocolos de seguridad debido a su naturaleza corrosiva.
Evaluar el comportamiento a largo plazo del suelo tratado.
Considerar posibles impactos ambientales derivados de su uso.
7.2.2 Estabilización con Ácido Fluorhídrico
La estabilización con ácido fluorhídrico es una técnica química de aplicación limitada
que se basa en su alta reactividad con los minerales del suelo, permitiendo modificar su
estructura interna y mejorar ciertas propiedades de la subrasante.
Mecanismo de acción
Reacciona con minerales silicatados del suelo.
Disuelve parcialmente componentes como la sílice.
Favorece la reorganización de la estructura interna del suelo.
Genera una matriz más homogénea.
Reduce la interacción desfavorable entre partículas finas.
Efectos en la subrasante
Reducción de la plasticidad.
Mejora de la compactación.
Incremento moderado del CBR.
Disminución de la permeabilidad.
Mayor estabilidad frente a la humedad.
Ventajas
Actúa directamente sobre la composición mineral del suelo.
Puede mejorar suelos difíciles de tratar con otros métodos.
Genera una estructura más uniforme.
Limitaciones
Sustancia altamente peligrosa y corrosiva.
Requiere estrictas medidas de seguridad.
Uso poco común en ingeniería vial.
Costo elevado y aplicación compleja.
Resultados variables según el tipo de suelo.
Aplicación en la subrasante
Se emplea de manera controlada en condiciones específicas, mediante su
incorporación al suelo y posterior compactación, buscando modificar su estructura y mejorar
su comportamiento mecánico.
Consideraciones técnicas
Realizar ensayos previos para evaluar su efectividad.
Determinar cuidadosamente la dosificación.
Analizar la composición mineralógica del suelo.
Controlar el proceso de mezcla y compactación.
Aplicar estrictas medidas de seguridad.
Evaluar posibles impactos ambientales.
7.3 TRATAMIENTOS CON RESINAS Y POLÍMEROS
La estabilización de suelos mediante el uso de resinas y polímeros representa una de
las alternativas más innovadoras dentro de la ingeniería de pavimentos para el mejoramiento
de la subrasante. Esta técnica surge como respuesta a la necesidad de optimizar el
comportamiento de suelos con baja capacidad portante, alta plasticidad o elevada sensibilidad
a la humedad, sin recurrir necesariamente a la sustitución del material existente.
A diferencia de los métodos tradicionales de estabilización, como el uso de cal o
cemento, los polímeros actúan modificando la estructura del suelo a través de procesos físico-
químicos que generan una matriz continua y cohesionada. Esta matriz envuelve las partículas
del suelo, promoviendo una mejor interacción entre ellas y reduciendo la presencia de vacíos,
lo que se traduce en un material más denso, resistente y menos permeable.
El uso de estos materiales ha ganado relevancia en los últimos años debido a su
versatilidad, facilidad de aplicación y capacidad de adaptación a diferentes tipos de suelo.
Asimismo, su empleo permite mejorar significativamente las propiedades mecánicas de la
subrasante, contribuyendo a una mayor durabilidad del pavimento y a una reducción en los
costos de mantenimiento a largo plazo.
Mecanismo de acción
El comportamiento de los polímeros y resinas dentro del suelo se basa en una
combinación de procesos físicos y químicos que actúan de manera simultánea para mejorar
sus propiedades. En primer lugar, estos materiales generan una película que recubre las
partículas del suelo, lo que permite unirlas entre sí y formar una estructura más cohesiva. Esta
acción reduce la movilidad de las partículas finas, evitando su dispersión y contribuyendo a la
estabilidad del material.
Además, los polímeros actúan como agentes aglutinantes que rellenan los espacios
vacíos entre las partículas, disminuyendo la porosidad del suelo. Esto tiene como
consecuencia una reducción significativa de la permeabilidad, lo que limita el ingreso de agua
y protege la subrasante frente a procesos de saturación.
Por otro lado, dependiendo del tipo de polímero utilizado, se pueden generar enlaces
más flexibles o más rígidos. Los polímeros flexibles permiten absorber deformaciones sin
que se produzcan fallas estructurales, mientras que los más rígidos incrementan la resistencia
del suelo frente a cargas. Esta capacidad de adaptación hace que los polímeros sean una
solución altamente versátil.
Efectos en la subrasante
La aplicación de resinas y polímeros en la subrasante genera una serie de mejoras
significativas que impactan directamente en el desempeño del pavimento. Uno de los
principales efectos es el incremento de la capacidad portante del suelo, lo que se refleja en un
aumento del valor del CBR. Esto permite que la subrasante soporte de manera más eficiente
las cargas transmitidas por el tránsito.
Asimismo, se observa una mejora en la resistencia al corte, lo que reduce la
posibilidad de deformaciones permanentes como ahuellamientos. La disminución de la
permeabilidad es otro efecto importante, ya que limita la infiltración de agua, uno de los
factores más críticos en el deterioro de los pavimentos.
En términos volumétricos, el suelo tratado presenta una mayor estabilidad, reduciendo
los cambios de volumen asociados a la expansión y contracción por variaciones de humedad.
Esto contribuye a minimizar la aparición de fisuras y asentamientos diferenciales. Además, la
mejora en la cohesión del suelo permite una mejor distribución de esfuerzos, aumentando la
vida útil de la estructura del pavimento.
Tipos de polímeros utilizados
En la estabilización de suelos se emplea una amplia variedad de polímeros, cada uno
con características específicas que influyen en el comportamiento del suelo tratado. Los
polímeros acrílicos, por ejemplo, se destacan por su capacidad para proporcionar resistencia y
durabilidad, siendo adecuados en aplicaciones donde se requiere una mejora significativa en
la capacidad estructural.
Por su parte, los polímeros vinílicos ofrecen una mayor flexibilidad, lo que los hace
útiles en suelos que experimentan deformaciones frecuentes. Las resinas sintéticas, en
cambio, tienden a generar estructuras más rígidas, actuando de manera similar a un agente
cementante. Finalmente, las emulsiones poliméricas facilitan la aplicación del producto,
permitiendo una distribución más uniforme dentro del suelo.
La selección del tipo de polímero depende de factores como el tipo de suelo, las
condiciones ambientales y los requerimientos del proyecto.
Ventajas
El uso de resinas y polímeros presenta múltiples beneficios en la estabilización de
suelos. En primer lugar, permiten mejorar significativamente la resistencia mecánica del
suelo, lo que se traduce en una mayor capacidad portante de la subrasante. Además, su
capacidad para reducir la permeabilidad contribuye a proteger el suelo frente a la acción del
agua, aumentando su durabilidad.
Otra ventaja importante es la reducción de los costos de mantenimiento a largo plazo,
ya que el suelo tratado mantiene sus propiedades por más tiempo. Asimismo, la aplicación de
estos materiales es relativamente rápida y no requiere procesos constructivos complejos, lo
que puede optimizar los tiempos de ejecución de la obra.
Limitaciones
A pesar de sus ventajas, el uso de polímeros también presenta ciertas limitaciones que
deben ser consideradas. Una de las principales es su costo inicial, que suele ser más elevado
en comparación con otros métodos de estabilización. Además, su efectividad depende en gran
medida de la correcta dosificación y aplicación, lo que requiere un control técnico adecuado.
También es importante considerar que no todos los suelos responden de la misma manera a
este tipo de tratamiento, por lo que es necesario realizar ensayos previos para evaluar su
viabilidad. Asimismo, factores como la temperatura y la humedad pueden influir en el
comportamiento del polímero durante su aplicación.
Aplicación en la subrasante
La estabilización con polímeros es especialmente recomendable en subrasantes que
presentan baja calidad geotécnica, problemas de humedad o alta plasticidad. Su uso permite
mejorar el suelo existente sin necesidad de reemplazarlo, lo que representa una ventaja
económica y constructiva.
El procedimiento generalmente consiste en la aplicación del polímero en forma
líquida o emulsión sobre el suelo previamente preparado, seguido de un proceso de mezclado
que garantice su distribución uniforme. Posteriormente, se realiza la compactación para
alcanzar la densidad requerida y permitir la formación de la estructura estabilizada.
Consideraciones técnicas
Para asegurar el éxito de la estabilización con resinas y polímeros, es fundamental
realizar estudios previos que permitan conocer las características del suelo y su
compatibilidad con el estabilizante. Esto incluye ensayos como el Proctor, el CBR y los
límites de Atterberg.
Asimismo, es necesario determinar la dosificación óptima del polímero, ya que un
exceso o una cantidad insuficiente pueden afectar negativamente los resultados. El control del
contenido de humedad es otro aspecto clave, ya que influye directamente en la efectividad del
[Link] la aplicación, se debe garantizar una mezcla homogénea del producto y
una compactación adecuada. Finalmente, es importante evaluar el comportamiento del suelo
a lo largo del tiempo para verificar la durabilidad del tratamiento y su desempeño frente a
condiciones reales de servicio.
CONCLUSONES:
La estabilización de suelos es un proceso fundamental en la ingeniería de pavimentos,
ya que permite mejorar la capacidad portante, reducir deformaciones y aumentar la
durabilidad de las estructuras viales. Las propiedades del suelo, como la humedad, la
compresibilidad y la permeabilidad, influyen directamente en su comportamiento, por lo que
deben ser evaluadas cuidadosamente antes de aplicar cualquier tratamiento. Existen diversos
métodos de estabilización, como los mecánicos, físicos y químicos, cuya selección depende
del tipo de suelo y las condiciones del proyecto. Entre ellos, la estabilización con cal y
cemento Portland resulta especialmente eficaz para incrementar la resistencia y disminuir la
plasticidad, mientras que los materiales bituminosos contribuyen a mejorar la cohesión y la
impermeabilidad. Finalmente, el éxito de estos procesos depende no solo de un adecuado
diseño, sino también de un riguroso control de calidad y una correcta ejecución en obra, lo
que garantiza un buen desempeño del pavimento a lo largo del tiempo.
REFERENCIAS:
Gambini Zelada, J. A. (2021). Estabilización de la subrasante con cloruro de
sodio en el Sector 24 la Villa de Huacariz-Cajamarca [Tesis de pregrado,
Universidad César Vallejo]
Cruz Silva, L. M. (2022). Estabilización de suelos arcillosos con cloruro de
calcio para mejorar la subrasante en pavimentos [Tesis de pregrado,
Universidad César Vallejo].
MTC, 2014, Manual de Carreteras,
[Link]
%20NORMAS/ARCH_PDF/MAN_7%[Link]