El ratón valiente
Había una vez un ratón muy curioso llamado Tomás. Vivía en un pequeño agujero dentro
de una casa tranquila, pero siempre soñaba con conocer la gran ciudad. Desde su
escondite escuchaba ruidos de autos, voces de personas y olía el aroma de pan recién
horneado que venía de la panadería de la esquina.
Sin embargo, Tomás tenía un gran miedo: los gatos. Solo pensar en ellos le hacía
temblar las patitas. Por eso nunca se atrevía a salir más allá del patio.
Un día, mientras miraba por la rendija de su agujero, pensó:
—“Si me quedo aquí, nunca sabré cómo es el mundo. Tal vez los gatos sean peligrosos,
pero también puedo aprender a cuidarme. ¡Quiero ser valiente!”
Así que respiró hondo, se armó de valor y salió. Al principio caminaba despacito,
mirando a todos lados. Pronto descubrió que si corría rápido y se escondía detrás de
cajas o arbustos, podía evitar los peligros.
En su aventura conoció cosas maravillosas: vio luces brillantes en las calles, escuchó
música alegre en la plaza y hasta encontró a otros ratoncitos que también exploraban.
Uno de ellos le dijo:
—“La valentía no significa no tener miedo, sino aprender a seguir adelante a pesar de
él.”
Tomás entendió que ser valiente era confiar en sí mismo. Cuando finalmente regresó a
su agujero, estaba cansado pero feliz. Tenía muchas historias que contar: cómo había
esquivado un gato curioso, cómo había probado un pedacito de pan delicioso y cómo
había descubierto que el mundo era grande y emocionante.
Desde entonces, cada vez que sentía miedo, recordaba su aventura y decía:
—“Soy pequeño, pero también soy valiente.”