Fallo
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encontraba lloviznando. Señaló que cuando se aproximó a la intersección
con la calle Aguilar, un vehículo que circulaba por esta, de derecha a
izquierda, sin señalizar su maniobra giró a la izquierda con imprudencia
para tomar Boulevar de los Italianos y al hacerlo fue embestido con el
ángulo delantero derecho del Renault 19 en el lateral derecho de la
bicicleta. Como consecuencia del impacto salió despedido y cayó al
pavimento. Indicó lesiones sufridas (ver demanda).
A continuación, serán analizados los agravios respecto de los
rubros indemnizatorios y tasa de interés fijada, límite de cobertura
dispuesto y multa aplicada.
III.- Rubros
a) Incapacidad sobreviniente
El magistrado de grado otorgó la suma de $3.000.000 por
incapacidad sobreviniente, $160.000 por tratamiento kinésico y $520.000
por tratamiento psicológico.
Al respecto, es preciso recordar que el daño, en sentido
jurídico, no se identifica con la lesión a un bien (las cosas, el cuerpo, la
salud, etc.), sino, en todo caso, con la lesión a un interés lícito, patrimonial
o extrapatrimonial, que produce consecuencias patrimoniales o
extrapatrimoniales (Calvo Costa, Carlos A., Daño resarcible, Hammurabi,
Buenos Aires, 2005, p. 97). En puridad, son estas consecuencias las que
deben ser objeto de reparación (Pizarro, Ramón D. – Vallespinos, Carlos
G., Obligaciones, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, t. 2, p. 640), lo que
lleva a concluir en la falta de autonomía de todo supuesto perjuicio que
pretenda identificarse en función del bien sobre el que recae la lesión (la
psiquis, la estética, la vida de relación, el cuerpo, la salud, etc.). En todos
estos casos, habrá que atender a las consecuencias que esas lesiones
provocan en la esfera patrimonial o extrapatrimonial de la víctima, que
serán, por lo tanto, subsumibles dentro de alguna de las dos amplias
categorías de perjuicios previstas en nuestro derecho: el daño patrimonial y
el moral. (Conf. CNCiv, Sala A, Voto del Dr. Picasso, en autos: “Guerrero
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último sentido desde un punto de vista genérico, puede ser definida como
inhabilidad o impedimento, o bien dificultad apreciable en algún grado
para el ejercicio de funciones vitales. (Zabala de González Matilde:
“Tratado de Daños a las Personas – Disminuciones Psicofísicas”, t. II, p.
1). Se toman en cuenta de modo predominante las condiciones personales
de la víctima y para que exista es necesario que se verifique luego de
concluida la etapa inmediata de curación y convalecencias, y cuando no se
ha logrado su total restablecimiento.
Más específicamente, se entiende por lesión toda alteración de
la contextura física o corporal, como una contusión, escoriación, herida,
mutilación, fractura, entre otros ejemplos, y todo detrimento del organismo,
sea por un empeoramiento del desempeño de la función o un desempeño
más gravoso, y cualquier perjuicio en el aspecto físico de la salud, aunque
no medien alteraciones corporales, en suma, cuando se habla de daño
físico, se alude a la pérdida anatómica y a la afectación funcional, extremos
que pueden darse de manera conjunta o independiente.
En tanto que por daño psicológico se alude a los disturbios que
afectan el comportamiento general del individuo, con connotaciones de
índole patológica que disminuyen sus aptitudes para el trabajo o inciden en
la vida de relación. Importa una merma o disminución en el rendimiento o
capacidad psíquica, por alteración profunda de la estructura vital de la
personalidad de la víctima.
Supone una perturbación patológica de la personalidad de la
víctima que altera su equilibrio básico o agrava un desequilibrio precedente
(Zabala de González M.: “Daños a la Persona”, p.193, Hammurabi SRL,
1990).
Ahora bien, es evidente que esa disminución puede, como
todo el resto de los daños considerados desde el punto de vista
“naturalístico” (esto es, desde el punto de vista del bien sobre el que recae
la lesión; Bueres, Alberto J., "El daño moral y su conexión con las lesiones
a la estética, a la psíquica, a la vida de relación y a la persona en general",
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El magistrado de grado consideró la prueba aportada en autos,
referenció sobre las pericias llevadas a cabo en las presentes actuaciones.
Se realizó pericia médica, la cual estuvo a cargo del perito
designado de oficio Luis Amado Ferrero, Médico, especialista en
Ortopedia y Traumatología. El mencionado, tomando en consideración los
antecedentes, examen físico y exámenes complementarios que ha
requerido, señaló en su experticia: “…la actora presenta secuela de
esguince cervical y esguince de muñeca derecha... Por lo expuesto el actor
presenta una incapacidad parcial y permanente respecto de la Total Vida
de acuerdo al el Baremo del Decreto 659/96 del 15 % (quince por ciento)
en relación directa a los hechos denunciados” (la negrita me corresponde).
En la faz psicológica se designó de oficio a la licenciada Maria
Emilia Facio. La mencionada realizada una descripción de las diversas
esferas afectadas, afectiva, familiar, social, laboral y deportiva. La
mencionada señaló en su experticia: “Se genera en el actor una
incapacidad vital en el orden psíquico… DESARROLLOS REACTIVOS
(excluye PTSD y duelo patológico), moderado 10 %” (la negrita me
pertenece).
El magistrado, toda vez que no se realizó cuestionamiento
alguno por las partes involucradas, aceptó las conclusiones a las que
arribaron los profesionales designados.
Al respecto se queja, únicamente, el actor.
El accionante se agravia porque considera que el monto
concedido resulta ser reducido. Indica que la indemnización no reúne las
características de integral y reparadora.
Dicho lo cual, en lo que hace a la cuantía, hace ya largo
tiempo, y con su anterior composición, esta Sala acude como pauta
orientativa a criterios matemáticos para su determinación, si bien tomando
los valores que arrojan esos cálculos finales como indicativos, sin resignar
las facultades que asisten al órgano judicial para adecuarlos a las
circunstancias y condiciones personales del damnificado, de modo de
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arribar a una solución que concilie lo mejor posible los intereses en juego.
Criterios semejantes, aunque resistidos por muchos, distan de ser
novedosos (cfr. Iribarne, Héctor en “Derecho de Daños”, primera parte,
Directores Trigo Represas, Stiglitz, Ed. La Roca, Bs. As, 1996, pág. 191 y
sgtes.).
El art. 1746 del Código Civil y Comercial prescribe, en lo
pertinente: “…la indemnización debe ser evaluada mediante la
determinación de un capital, de tal modo que sus rentas cubran la
disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades
productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del
plazo en que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades”.
Esta parte del dispositivo, tal como ha sido estructurado, ha
llevado a un sector de la doctrina y de la jurisprudencia a considerar que
impone sujetar la decisión sobre el punto al resultado que arrojen las
fórmulas matemáticas.
Si bien la redacción del precepto da margen para esa
interpretación, dado que la referencia a la determinación del capital que
genere rentas no está sindicada como la única modalidad de cuantificación,
participo de la opinión que considera que mantienen pleno vigor los
criterios interpretativos que a la par de los cálculos matemáticos, confieren
al razonable arbitrio judicial plena vigencia. Además de que, para realizar
la evaluación que el precepto propone, no siempre es imprescindible
sujetar con estrictez el cálculo al resultado que arroje una fórmula de esa
índole.
En otras palabras, aunque acepto la destacada utilidad que el
empleo de fórmulas matemáticas ofrece como pauta comparativa u
orientativa a los fines de la cuantificación del daño, considero que una
aplicación obligatoria y en términos absolutos de esos esquemas
matemáticos, se manifiestan insuficientes para dar respuestas razonables y
justas en todos los supuestos, y ello de rondón lleva ínsito el riesgo de
desoír el mandato que impone el art. 2 del Título Preliminar, del Código
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Civil y Comercial de la Nación, cuando exige interpretar la ley teniendo en
cuenta los principios y valores jurídicos y de modo coherente con todo el
ordenamiento jurídico. También, por defecto o por exceso, de afectar el
principio de la reparación plena que impacta a nivel constitucional y se
enmarca en el proceso de constitucionalización del derecho civil
patrimonial y de los derechos humanos fundamentales (arts. 1740 del
Código Civil y Comercial de la Nación, arts. 16, 17, 19 y 33 de la
Constitución Nacional; mis votos en las causas: “BENGOCHEA LUISA
SANDRA c/ GONZÁLEZ PABLO Y OTROS s/ DAÑOS Y PERJUICIOS”
N° 91613/2009 y “MISIAK HORACIO ROBERTO c/ GONZÁLEZ
PABLO Y OTROS s/ DAÑOS Y PERJUICIOS” N° 68239/2010), del 24 de
julio de dos mil veinte, “DIAZ CABRERA, CARMEN c/ UNION
TRANSPORTISTAS DE EMPRESAS S.A. LINEA 46 Y OTROS
s/DAÑOS Y PERJUICIOS - EXPTE. N° 58058/2015”, de junio de dos mil
veintiuno, entre muchas otras).
La realidad vital asume en diversos supuestos características y
peculiaridades, difíciles de subsumir en un cálculo o fórmula matemática,
en los términos absolutos con que lo propone algún sector de la doctrina -al
menos con las variables y constantes con que han sido alimentadas hasta
ahora las más difundidas-, y que por ello muchas veces demanda de una
suerte de análisis artesanal del caso, con sujeción al material probatorio
reunido en el expediente. En tales supuestos, el apartamiento de la fórmula
o la corrección del resultado que ella arroje, resulta plenamente justificado,
para dotar a la indemnización de una más justa y realista definición en el
caso sometido a revisión o juzgamiento (ver mis votos en EXPTE. n°
71.097/2010, caratulado “SAN MILLAN, JONATHAN NICOLÁS Y
OTRO C/ PANDOLFI, JORGE ABRAHAM Y OTROS S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS”, del 20 de diciembre de dos mil dieciocho; EXPTE. Nº
72.118/2013, caratulado “ARNIJAS, CLAUDIO NICOLAS C/
ALVARADO OTEGUI FERNANDO Y OTRO S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS”, de septiembre de dos mil diecinueve; EXPTE. Nº
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Con estas precisiones, que no resultan incompatibles con la
solución que viene aplicando este Tribunal en el tema, entiendo que, en el
caso en concreto, la aplicación de la fórmula arroja un monto irrazonable,
motivo por el cual considero que corresponde intervenir para arribar a una
solución más realista.
En ese orden de ideas, estimo adecuado valorar: 1) que el
accidente acaeció cuando el actor tenía 21 años, 2) que de las entrevistas
mantenidas con los profesionales de la salud y de las constancias de autos
se desprende que vive en pareja y que su mujer tiene un hijo menor de edad
que vive con ellos. Posee estudio primario completo, indicó que trabajaba
como albañil, pero como consecuencia del siniestro y de las secuelas que
padece ahora es vendedor de insumos de barbería. Lo antedicho se toma
como pauta orientativa junto con el salario mínimo vital y móvil a valores
vigentes al emitirse el pronunciamiento de grado para continuar con el
lineamiento allí desplegado, 3) una tasa de descuento del 5% anual que en
la actual coyuntura económica entiendo adecuada y que representaría el
adelanto por las sumas futuras, equivalente a la que se podría obtener de
una inversión a largo plazo, 4) el periodo a computar que estaría dado hasta
la edad productiva de la víctima que esta sala estima en 75 años, y 5) la
incapacidad determinada por los expertos la que se tendrá en cuenta con los
parámetros ya reseñados (15% física y 10% psicológico).
Pues bien, aceptado lo concluido en los informes periciales,
las circunstancias particulares de la víctima en base a las reflexiones
precedentes y pautas objetivas descritas, los grados de incapacidades
señalados, de acuerdo con el cálculo propuesta a partir de las pautas
objetivas señaladas y demás circunstancias apuntadas, propongo al
Acuerdo, hacer lugar a los agravios esgrimidos, elevar el presente rubro y
otorgar la suma de $9.000.000 a favor del accionante.
Aclarado ello, si bien el monto supera lo pretendido por el
demandante en su momento, toda vez que se fija a valores actuales al
momento de emitirse el decisorio apelado y a que su reclamo ha quedado
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suma de $750.000, lo que guarda razonable relación con los antecedentes
ponderados y también en base a los datos de conocimiento general.
c) Gastos médicos, farmacéuticos, traslados.
El magistrado de grado otorgó la suma de $50.000 en
concepto de gastos médicos, farmacéuticos y traslados.
El actor se agravia por considerar que la suma resulta exigua e
insuficiente por lo que solicita su elevación.
De acuerdo con la pacífica jurisprudencia que reinaba sobre el
punto antes de su sanción, conforme el art. 1746 del Código Civil y
Comercial de la Nación, resultan amparados por una presunción iuris
tantum, que admite pruebas en contrario, el resarcimiento de los gastos
médicos, de medicamentos y traslado, que debe ser admitido aun cuando
no se encuentren documentalmente acreditadas las sumas erogadas, cuando
-como en el caso-, por la naturaleza de las lesiones padecidas, es
presumible que tales desembolsos se hubieran producido. En efecto, no es
necesaria la prueba acabada de su existencia mediante la presentación de
recibos o facturas, en atención a su razonabilidad. Basta la acreditación de
la adecuada relación con la patología sufrida para su reembolso, el que
quedará librado al prudente arbitrio judicial.
Los gastos de traslado, solicitados por las víctimas lesionadas,
a raíz de un accidente, son procedentes en tanto, indudablemente, quien
sufrió tal clase de evento dañoso necesita un medio de transporte adecuado
para concurrir al nosocomio donde lo asisten.
En base a lo expuesto hasta aquí, de acuerdo con los datos de
conocimiento general, por los argumentos reseñados, propongo al Acuerdo
confirmar la suma otorgada en la sentencia de grado, por considerar que
esta se ajusta razonablemente a las erogaciones verosímilmente efectuadas,
teniendo en cuenta la tasa de interés a aplicarse, de acuerdo con el curso
natural u ordinario de las cosas, en función de la entidad de las lesiones y
secuelas y de los valores usuales que arrojan los datos de la experiencia.
d) Daño moral
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Se señala en este sentido que se ha descendido notoriamente el piso o
umbral a partir del cual las angustias, molestias inquietudes, zozobras,
dolor, padecimientos, etcétera, determinan el nacimiento del daño moral,
acentuándose la protección de la persona humana. En esta línea, se llega
también a sostener la existencia de “daños morales mínimos”, en base a la
constitucionalización de la tutela de la persona humana (conf Lorenzetti,
Ricardo Luis: “ Ob. cit”, t. VIII, p. 485).
Vale destacar que, con buen criterio, el Código consagra
expresamente el principio de reparación plena (art. 1740), que ya había
sido concebido como derecho constitucional por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (a partir de "Santa Coloma c. Ferrocarriles
Argentinos", 05/08/1986 y "Ruiz c. Estado Nacional, 24/05/1993) en base a
los arts. 14, 17, 19, 33, 42, 75 inc. 22 de la Constitución Nacional.
Dicho principio, además, se manifiesta concretamente a través
de las pautas indicadas en orden a la valoración y cuantificación de la
indemnización, que comprenderá todas las resultas o repercusiones
patrimoniales y extrapatrimoniales del ilícito, como "la pérdida o
disminución del patrimonio de la víctima, el cesante en el beneficio
económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención
y la pérdida de chances", incluyendo especialmente "las consecuencias de
la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad
personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las
que resultan de la interferencia en su proyecto de vida" (art. 1738),
"ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden
procurar las sumas reconocidas" ( ver art. 1741 y Meza-Boragina: “el daño
extrapatrimonial en el Código Civil y Comercial, publicado en la
Laleyonline).
Queda superado ahora el criterio que sostenía que en el daño
moral se indemnizaba el “precio al dolor” para aceptarse que lo resarcible
es el “precio del consuelo”, que procura “la mitigación del dolor de la
víctima a través de bienes deleitables que conjugan la tristeza, la desazón o
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Teniendo en cuenta lo expuesto precedentemente, propongo al
Acuerdo elevar la suma concedida y otorgar $3.000.000 a favor del actor,
lo cual implica acoger los agravios del mencionado.
Entiendo que la suma que se propone es adecuada e idónea
para brindar satisfacciones compensatorias o sustitutivas, proporcionales a
la intensidad del sufrimiento susceptible de ser provocado por la situación
descripta. Dicho monto le permitirá al actor contratar actividades
recreativas o adquirir bienes materiales, cuyos precios son públicos,
razonablemente suficientes para sustituir los padecimientos inferidos.
En un supuesto con las peculiaridades del presente, el monto
propiciado, lejos de evidenciar desproporción, resulta una manera
razonable de expurgar la desvalorización desde el momento en que la cifra
fue estimada, al interponerse la demanda. En una hipótesis como la de
autos, que involucra una deuda de valor, en aras de un formal y poco
realista respeto del principio de congruencia, conceder la cifra solicitada a
valores nominales conjugada con la tasa que se ordene aplicar, se
manifiesta como insuficiente para resguardar la real significación o el
verdadero valor que el monto pedido tenía o representaba, cuando la
demanda fue deducida.
IV.- Intereses
El Juez de grado decidió que debía calcularse la tasa activa
cartera general (prestamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco
de la Nación Argentina (CNCiv. En pleno, “Samudio de Martínez Ladislaa
c/ Transporte Doscientos Setenta S.A”), desde la fecha del hecho y hasta el
efectivo pago, con excepción de los tratamientos futuros que se devengaran
desde la fecha de notificación de la sentencia hasta su efectivo pago.
Asimismo, indicó que para el caso de demora en el pago de la condena
además de los intereses fijados debía adicionarse otro tanto de la tasa
activa.
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Por consiguiente, concluyó que los que se fijan en las
sentencias de condena mal pueden configurarse como compensatorios. Más
aún, tampoco existen en el supuesto intereses compensatorios pactados
entre las partes, por lo que solo cabe entonces establecer los intereses que
se deben desde la mora.
Al respecto, he señalado en reiterados votos que el art. 771 del
CCyCN, faculta a los magistrados para intervenir en las tasas de interés
aplicables, cuando resulten objetivamente desproporcionados, pues la
mutabilidad y fluidez de las tasas de interés motiva que el juez deba
controlar para asegurar, en definitiva, que el deudor pague lo que realmente
debe, ni más ni menos.
Aplicar el doble de la tasa activa establecida en el plenario
“Samudio de Martínez, Lasislao c/ Transportes Doscientos Setenta S.A. s/
daños y perjuicios” desde el hecho, no haría más que producir una
desproporción en el monto de condena, al margen de que tal temperamento
carece de todo sustento normativo (ver mi voto en la causa “Barla, Ángel
Alejandro c/ Ibarra, Rene Esteban y otro s/ Daños y Perjuicios” (Expte. N°
76.892/2019), de septiembre de dos mil veintidós, entre muchos otros).
En este mismo sentido, se ha expedido la Corte Suprema en
los autos “García, Javier Omar c/ UGOFE S.A. y otros s/ daños y
perjuicios”, del 7 de marzo de 2023, al rechazar la aplicación de la doble
tasa activa por considerar que se aparta de la solución legal prevista por los
art. 771 y 768 del Código Civil y Comercial de la Nación.
En consecuencia, por todo lo expuesto, en virtud de los
agravios esgrimidos por el accionante, único quejoso en autos, no cabe más
que hacer lugar al planteo efectuado tocante al punto de partida de los
intereses, los que comenzarán a correr desde la fecha del hecho hasta su
efectivo pago también para el caso de los tratamientos y rechazar lo
planteado respecto de la aplicación de doble tasa.
V.- Límite de cobertura y multa
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realiza ocultando la intención que se tiene (ver Falcón, Enrique: “Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación, Anotado, Concordado y
Comentado, t. I, pág. 343).
Sin perjuicio de ello, debe establecerse, en primer lugar, que la
procedencia de la sanción debe ser juzgado con criterio restrictivo, a fin de
evitar que se vea afectado el derecho de defensa de las partes (conf.
CNCiv., Sala A en L.L. 1.975-B-417; íd. Sala B r. 255.844 del 22/5/79; íd.
Sala C, en L.L. 1.976-C-120; id. Sala F C-257.873 del 10/8/79 y sus citas),
y su aplicación requiere que medien circunstancias verdaderamente graves,
que configuren típicamente la inconducta procesal que tiende a reprimir
(Morello: op. cit., pág. 832 y jurisprudencia allí citada).
Por el criterio amplio con el que debe ser analizado el derecho
de defensa en juicio, la conducta cuestionada no alcanza para encuadrar en
las figuras tipificadas por la citada norma ritual y por ello propongo al
Acuerdo no hacer lugar al planteo formulado y confirmar lo decidido en la
sentencia de grado.
VI.- En consecuencia, si mi criterio resultara compartido
correspondería: 1) Hacer lugar parcialmente a los agravios del actor y en
consecuencia elevar y otorgar por incapacidad sobreviniente la suma de
$9.000.000; tratamiento psicológico $750.000; tratamiento kinésico
$300.000 y daño moral $3.000.000. 2) Hacer lugar parcialmente a lo
requerido en torno a los intereses, los que deberán liquidarse de la forma
dispuesta en el pto. IV. 3) Confirmar la sentencia de grado en todo lo
demás que manda, decide y fue materia de agravios no atendibles. 4)
Imponer las costas Alzada a la aseguradora, dada la condición de vencida
que inviste (conf. art. 68 y 279 del Código Procesal).
La Dra. Guisado votó en igual sentido y por análogas razones
a las expresadas por el Dr. Rodríguez. Con lo que terminó el acto.
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