Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Responsabilidad en el transporte terrestre de personas y cosas
ARTICULO 1280.- Definición. Hay contrato de transporte cuando una parte llamada transportista o
porteador se obliga a trasladar personas o cosas de un lugar a otro, y la otra, llamada pasajero o
cargador, se obliga a pagar un precio o flete.
El C.C.C.N. regula el contrato de transporte entre los artículos 1280 y 1318, y se divide en 3 secciones:
disposiciones generales, transporte de personas y transporte de cosas.
El transporte gratuito no está regido por los artículos en cuestión salvo cuando es efectuado por un
transportista que ofrece sus servicios al público en el curso de su actividad (artículo 1282).
El contrato de transporte ordinariamente da lugar a una relación de consumo y puede ser tipificado
como contrato de consumo, donde son aplicables las disposiciones del artículo 1092 y subsiguientes
del C.C.C.N. y la ley 24240 (Defensa del Consumidor).
El contrato requiere para su configuración:
Que el transportista se obligue a trasladar personas o cosas desde un punto geográfico a otro,
en las condiciones establecidas, y en su defecto, conforme a los usos y costumbres del lugar.
Salvo excepciones, se trata de una obligación de resultado.
Que el traslado asumido por el transportista se realice por el medio acordado.
El pago de un precio en dinero.
La garantía de indemnidad respecto de las personas y cosas transportadas por los daños que
puedan producirse en ocasión del transporte.
Responsabilidad del transportista:
I. Responsabilidad por retraso: el transportista responde objetivamente por los daños y
perjuicios moratorios que el retraso en el incumplimiento de su obligación genere a la otra
parte. Sólo se libera probando causa ajena (artículo 1282). Rigen los principios ordinarios de la
responsabilidad civil moratoria. La ley fija un piso indemnizatorio donde el transportista pierde
una parte del flete proporcional al retraso.
II. Daños causados a las personas y cargas transportadas: el transportista se obliga a trasladar
al pasajero a destino, junto con su equipaje o a la carga por el medio acordado en las
condiciones y tiempo fijado. El transportista debe cumplir con su obligación de transportar en
condiciones de indemnidad, donde asume una obligación expresa de seguridad. En ambos
casos, la responsabilidad del transportista es objetiva, según el artículo 1286, donde sostiene
que dicha responsabilidad está sujeta a los artículos 1757 y subsiguientes.
En el transporte de personas, la responsabilidad por daños (que incluye su equipaje de manos)
es objetiva y regida por los artículos 1757 y subsiguientes. Cuando se trata de transporte de
cosas, la norma no es clara, ya que señala que el transportista se excusa probando causa ajena,
donde el vicio de la cosa transportada es considerado causa ajena. Pizarro sostiene que el
régimen normativo es el mismo, y que la responsabilidad del transportista es objetiva como
regla, según lo dispuesto en los artículos 1753, 1757 y subsiguientes.
1
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Naturaleza de la responsabilidad: la responsabilidad del transportista por daños causados a las
personas transportadas y por menoscabos a la carga transportada frente a su contratante, tiene
naturaleza contractual, donde podrá ser de aplicación la regla de previsibilidad contractual agravada
en caso de dolo regulada en el artículo 1728.
Si quien resulta perjudicado es un tercero, la responsabilidad tiene naturaleza extracontractual. En
ambos casos, el marco normativo es el mismo.
Rige un estándar de responsabilidad objetiva con basamento en el riesgo creado.
Es aplicable el régimen de responsabilidad por actividades riesgosas y por el hecho de las cosas
(artículos 1757 y 1758), y en su ámbito específico el artículo 40 de la Ley de Defensa del
Consumidor.
El transportista sólo se excusa probando causa ajena.
El plazo de prescripción es de 2 años.
Legitimación activa: rigen los principios generales en materia de daño patrimonial y extrapatrimonial.
Legitimación pasiva: deben responder:
El transportista, cuya responsabilidad es contractual con relación al pasajero y
extracontractual cuando quienes demanden sean damnificados indirectos.
Si el transporte es sucesivo o combinado, ejecutado por varios transportistas, cada uno de
ellos responde por los daños producidos durante su propio recorrido. Cuando el transporte es
asumido por varios transportistas en un único contrato, o no se puede determinar donde
ocurre el daño, todos responden solidariamente frente al damnificado, sin perjuicio de las
acciones de regreso.
Responde el chofer o conductor.
El dueño y el guardián del vehículo cuando dichas calidades recaigan sobre una persona
distinta del transportista.
El asegurador de cualquiera de los legitimados pasivos.
El Estado por omisión de los deberes de poder de policía, cuando la empresa de transporte
carece de seguro obligatorio.
Responsabilidad del transportista en el transporte de personas: el transportista responde
objetivamente por los daños sufridos por las personas transportadas, con sujeción a lo dispuesto por
los artículos 1757 y subsiguientes. En todos los casos la responsabilidad es objetiva con basamento en
el riesgo creado. Las eximentes son las propias de un régimen de responsabilidad objetiva.
El daño resarcible comprende: minoraciones a la integridad psicofísica y espiritual del pasajero; la
muerte del pasajero y; la pérdida o deterioro del equipaje que el pasajero lleva consigo (artículo 1293).
En el caso de equipaje despachado por el pasajero y transportado en compartimientos destinados a
tal fin, la empresa responde como un apéndice del contrato de transporte. Su obligación es de
resultado y alcanzada por un factor objetivo de atribución (riesgo creado).
El transportista no responde por pérdida o daños experimentados por objetos de valor extraordinario
que el pasajero lleve consigo que no hayan sido declarados antes del viaje o al comienzo de éste.
2
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Como requisito, se exige que los daños deben ocurrir durante el transporte, es indispensable. El
artículo 1288 sostiene que el transporte comienza con las operaciones de embarco y concluye con las
de desembarco.
Quedan comprendidos los daños sufridos durante el período anterior al traslado, el cual se inicia
cuando el pasajero se dispone a subir al vehículo: cuando el pasajero asciende al vehículo, poniendo
un pie en el estribo se lo considera embarcado.
Si se trata de transporte ferroviario o subterráneo, las operaciones de embarco comienzan desde el
mismo momento que el pasajero pasa los molinetes de acceso a plataformas y concluyen una vez que
egresa de las mismas.
Hay discusión doctrinaria respecto de cuando termina el transporte: un sector sostiene que se produce
cuando el pasajero desciende completamente del vehículo. Otro sector, con un enfoque más amplio,
sostiene que el viaje no concluye sino hasta que el pasajero se dirige por sus propios medios, no sólo
fuera del vehículo, sino también fuera de los lugares destinados al arribo de los mismos.
Por último, los daños deben provenir del riesgo de la actividad desplegada por el transportista o de
la cosa utilizada por él.
Responsabilidad del transportista en el transporte de cosas: la responsabilidad des objetiva y con
basamento en el riesgo creado por la actividad especial desplegada.
El transportista asume la obligación de transportar la carga en la forma, modo y tiempo acordados con
el porteador y supletoriamente dispuesto por ley. Como regla, sus obligaciones son de resultado y
quedan atrapadas por un factor objetivo de atribución. Excepcionalmente la responsabilidad del
transportista es subjetiva con basamento en la culpa: cuando se trata de cosas frágiles, mal
acondicionadas para el transporte, sujetas a fácil deterioro, animales o de transportes especiales.
Las eximentes son las propias de un sistema de responsabilidad objetiva, donde es necesario probar la
causa ajena. La alegación y prueba pesa sobre la empresa demandada y su interpretación es siempre
estricta.
Como surge del artículo 37 de la ley 24240 (Defensa del Consumidor) y el artículo 1292 del C.C.C.N.,
son nulas las cláusulas que anticipadamente limiten o exoneren la responsabilidad del transportista.
Responsabilidad en el transporte benévolo
Hay transporte benévolo cuando el conductor o responsable de un vehículo invita o acepta conducir a
una persona o a un objeto, de un lugar a otro, por simple acto de cortesía o solidaridad, y sin que se
otorgue, realice u obtenga contraprestación por el traslado. Los requisitos para su configuración son:
Manifestación de voluntad del transportista que invita o acepta conducir a un tercero o a cosas
de él hasta un lugar determinado.
El traslado debe ser realizado en interés exclusivo del viajero, con ánimo de beneficiarlo.
No debe existir relación jurídica alguna entre las partes.
3
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
No debe existir intención de celebrar un contrato.
Debe haber ausencia de contraprestación por parte de la persona benévolamente
transportada.
El C.C.C.N. atribuye una responsabilidad objetiva con basamento en el riesgo creado, que emerge de
los artículos 1757 y 1758. Rigen los estándares previstos para la responsabilidad por el hecho de las
cosas y por actividades riesgosas o peligrosas.
Tiene un plazo de prescripción de 2 años.
Responsabilidad del deportista con relación a otros participantes del juego: en todos los deportes
existen reglas que hacen a la esencia del mismo, y los usos deportivos suelen tener relevancia para
delimitar el ámbito de lo permitido y lo prohibido.
Sí el daño es causado actuando dentro de las reglas del juego, en principio, la responsabilidad no se
configura por defecto de antijuridicidad en la conducta del dañador. [Link]: daño causado por un tackle
en un partido de rugby.
La discusión doctrinaria se da cuando el daño es causado por un participante a otro obrando fuera de
las reglas del juego correspondientes a la práctica deportiva. Un criterio mayoritario sostiene que, si el
daño es causado por una falta cometida por un competidor contra otro, configurativa de una mera
infracción del reglamento deportivo, la responsabilidad no se configura, salvo que haya mediado dolo
en la conducta del dañador. Los autores justifican tal criterio, invocando la existencia de aceptación de
riesgos por parte del competidor; otros autores plantean la existencia de una causa de justificación
basada en la autorización del deporte en cuestión.
En síntesis, el deportista que causa un daño a otro competidor, ajustando su conducta al reglamento
del deporte, y cometiendo una falta o infracción al mismo, resultante del ardor del juego, en principio
no ve comprometida su responsabilidad.
Puede ocurrir que la práctica de un deporte pueda provocar daños a otros deportistas sin que se den
los extremos previamente mencionados ([Link]: práctica de esquí sobre nieve, vuelo en parapentes).
Pizarro sostiene que en tales supuestos pueden aplicarse las reglas de la responsabilidad civil por el
hecho de la cosa o por actividades riesgosas.
Responsabilidad del deportista frente a terceros: la mayoría de la doctrina nacional considera
aplicables las reglas de la responsabilidad del deportista por daños ocasionados a sus contendientes.
En tanto el jugador haya ajustado su conducta al ejercicio normal de la práctica deportiva, guardando
el nivel habitual de conducta predicable del deporte en cuestión, no incurrirá en responsabilidad
alguna.
Pizarro sostiene que, si el damnificado es un tercero, rigen las reglas ordinarias de la responsabilidad
civil por hecho propio y de las cosas en toda su plenitud.
4
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Responsabilidad del organizador de espectáculos públicos en general y deportivos en particular
El contrato de espectáculo público es aquel que se formaliza entre el organizador de un espectáculo
público y el espectador, en virtud del cual el primero se obliga a hacer ejecutar una obra intelectual,
en las condiciones ofrecidas y publicitadas a la otra parte, generalmente a cambio de una
contraprestación (entrada o derecho de admisión) que el último debe pagar para ingresar al estadio o
lugar donde habrá de desarrollarse, y así, poder presenciarlo.
Se trata de un contrato innominado, bilateral, generalmente oneroso y conmutativo, de consumo al
que se accede por adhesión a condiciones generales.
Son obligaciones del organizador:
Dar cumplimiento a las prestaciones específicas asumidas en virtud del contrato de
espectáculo público, de hacer gozar de la prestación prometida al espectador en la forma,
modo y tiempo estipulados.
Mantener el local o estadio donde habrá de realizarse el espectáculo público en condiciones
reglamentarias de seguridad e higiene necesarias para evitar riesgos al espectador.
Garantizar al espectador su seguridad personal por los daños que puedan originarse durante
el desarrollo del espectáculo.
Se trata de una obligación de resultado, cuyo incumplimiento genera responsabilidad objetiva con
basamento en el riesgo creado.
Dentro de los derechos del organizador están percibir el precio estipulado y reservarse el derecho de
admisión.
Contrato de espectáculo público deportivo
Tiene por objeto la ejecución de un espectáculo deportivo por el organizador a cambio, generalmente,
de una contraprestación que debe pagar el espectador. En materia de responsabilidad por daños
sufridos por los concurrentes al mismo, existe un régimen legal específico, que luce orientado a
proteger a los consumidores ya sancionar civil y penalmente a los responsables.
Marco normativo:
1. Período anterior a la sanción de la Ley 23184: previo a la sanción de la ley, la cuestión fue
resuelta por aplicación de los principios generales de la responsabilidad civil contractual y
extracontractual.
Tratándose de daños sufridos por espectadores con motivo o en ocasión del espectáculo
público se admitía la responsabilidad del organizador sobre bases netamente contractuales
derivada de un contrato de espectáculo público o deportivo, atípico o innominado que
generaba una obligación de seguridad de mantener indemnes a los espectadores durante la
ejecución contractual.
Respecto de los daños experimentados por terceros no ligados por relación contractual alguna
con el organizador, eran aplicables los principios generales de la responsabilidad aquiliana por
el hecho propio, por el hecho de terceros y por el hecho de las cosas de las que éste era dueño
o guardián. Todo ello sin perjuicio de la posible responsabilidad del Estado cuando mediaba
incumplimiento de sus deberes de poder de policía.
2. Etapa posterior a la sanción de la Ley 23184: con la sanción de la ley en 1985, que regula la
responsabilidad civil y penal en caso de daños provocados en espectáculos deportivos. En 1993
5
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
se reforma por la ley 24192 y en 2008 por la ley 26358. Las 3 leyes lucen orientadas a garantizar
un mejor resguardo de los bienes jurídicos que se encuentran en mayor riesgo ante la
realización de un espectáculo deportivo realizado en lugares de concurrencia pública, con el
fin de prevenir la violencia en el deporte y establecer un sistema de responsabilidad penal y
civil más severo. Lo más destacado:
La ley ciñe su ámbito a los espectáculos deportivos.
En materia de responsabilidad civil por daños sufridos por concurrentes,
organizadores y protagonistas, se consagra la existencia de una obligación de
seguridad, de resultado, que gravita solidariamente sobre las entidades o asociaciones
participantes en el espectáculo deportivo.
La responsabilidad es objetiva, basada en la idea de riesgo de empresa y las eximentes
son limitadas: hecho o culpa de la víctima, hecho o culpa de un tercero extraño y caso
fortuito o fuerza mayor.
La responsabilidad contractual se configura sin perjuicio de la que pueda pesar
extracontractualmente sobre el autor material del daño o sobre el principal de éste
último o sobre el dueño o guardián de la cosa con la que aquel produjo el daño.
La responsabilidad es igualmente sin perjuicio de la que pueda pesar sobre el Estado
por incumplimiento de los deberes de poder de policía y sobre otros posibles
legitimados activos como el caso de las Asociaciones o Federaciones que agrupan a los
clubes organizadores y participantes del espectáculo.
La normativa vigente debe ser complementada con las disposiciones de la Ley 24240
(Defensa del Consumidor).
La obligación de seguridad en el contrato de espectáculo público deportivo: pesa sobre el organizador
del espectáculo deportivo y sobre las entidades o asociaciones participantes en el mismo una
obligación expresa de seguridad, de resultado, conforme a la cual debe garantizar al espectador o
asistente que aquél se desarrollará sin peligro para el asistente y en condiciones de indemnidad para
su persona y bienes. La obligación de realizar el espectáculo conlleva una prestación complementaria
de seguridad.
Extensión y límites de la obligación de seguridad. Ámbito espacial y temporal:
Ley 23184: limitaba su ámbito de aplicación a los daños sufridos por los espectadores a los
acaecidos en los estadios y durante su desarrollo, si no ha mediado culpa por parte del
damnificado, excluyendo a los producidos antes o después del espectáculo.
Ley 24192: propuso una solución más amplia, incluye una previsión temporal en su artículo 1°
cuando alude a los hechos que se cometan con motivo o en ocasión de un espectáculo
deportivo, sea en el ámbito de concurrencia pública en que se realizare o en sus inmediaciones
antes, durante o después de él. Aquí, el deber de seguridad obliga antes, durante y después
de concluido el espectáculo a que los asistentes no sufran daños en su persona o en sus bienes.
Ley 26358: en su artículo 1° sostiene que se aplicará a los hechos previstos dañosos que se
cometan con motivo o en ocasión de un espectáculo deportivo, sea en el ámbito de
concurrencia pública en que se realizare o en sus inmediaciones, antes, durante o después de
él, y agrega “como así también durante los traslados de las parcialidades, tanto sea hacia o
desde el estadio deportivo donde el mismo se desarrolle.
6
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Prueba del incumplimiento de la obligación de seguridad. Prueba fílmica:
El actor debe probar que ha sufrido un daño, y que el mismo se produje en un estadio con motivo o en
ocasión de un espectáculo deportivo
El artículo 44 de la Ley 24192 otorga fuerte eficacia probatoria a los hechos filmados por la autoridad
competente, atribuyéndole carácter de plena prueba.
ARTICULO 44. — Los hechos filmados por la autoridad competente constituyen plena prueba. A tal
fin, previo al espectáculo deportivo, la cámara de filmación será sellada por el juez de instrucción
de turno. Por su parte, las imágenes que tomaren otros organismos o particulares podrán ser
tenidas en cuenta como medios de prueba, e interpretadas conforme las reglas de la sana crítica.
Factor de atribución: al tratarse la obligación de seguridad de una obligación de resultado, está
alcanzada por un factor objetivo de atribución (riesgo creado, garantía o deber calificado de
seguridad). La imputación se realiza con total abstracción de la idea de culpabilidad y sobre módulos
objetivos.
Las eximentes son las propias de un sistema de responsabilidad objetiva: hecho de la víctima, hecho
de un tercero extraño o caso fortuito extraño al riesgo empresarial.
Acción resarcitoria
Legitimación activa:
I. Concurrente a un espectáculo deportivo: todo aquel que se dirigiese al lugar de realización de
un espectáculo deportivo, el que permaneciese dentro de aquél y el que lo abandonara
retirándose.
II. Los protagonistas del espectáculo ([Link]: deportistas, árbitros, técnicos, etc.).
III. Miembros de comisiones directivas, dirigentes, empleados o dependientes de las entidades
participantes o que organicen los espectáculos oficiales o privados.
IV. Todo otro damnificado directo o indirecto que conforme a los principios generales pueda estar
activamente legitimado para accionar.
Legitimación pasiva:
I. Entidades o asociaciones participantes: Pizarro sostiene que tiene un alcance amplio:
“Las entidades o asociaciones participantes en el espectáculo” alcanza tanto al local
como al visitante, cualquiera sea la intervención en el plano organizativo.
Queda alcanzado el organizador del espectáculo deportivo, calidad que no puede
coincidir con la de las entidades que participan deportivamente en el evento.
Analógicamente, queda alcanzado el club o entidad que alquila su estadio para que
jueguen en él otros equipos. Queda emplazado en calidad de entidad participante.
Asociación del Fútbol Argentino (A.F.A.) así quedó dispuesto desde el criterio
adoptado por la C.S.J.N. en el fallo Mosca.
7
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
II. El Estado: puede también ser responsable por los daños ocasionados a los asistentes cuando
en función del poder de policía que le corresponde, omite o ejerce inadecuadamente alguna
de las actividades que le son impuestas. La C.S.J.N. ha establecido en el fallo Zacarías que el
poder de policía corresponde a las provincias y no a los municipios.
Quien alegue tal omisión deberá acreditar la falta de servicio.
III. Autores materiales del daño: responden concurrentemente frente a la víctima los autores,
coautores, consejeros, cómplices del daño, siendo aplicables las reglas ordinarias de la
responsabilidad civil.
La identificación de los autores no libera de responsabilidad a las entidades participantes u
organizadoras, sin perjuicio de las acciones de regreso que pudieren corresponder.
Son aplicables todas las consideraciones con relación a la responsabilidad por el hecho de las cosas y
de terceros (auxiliares o dependientes) en materia contractual o extracontractual.
Pueden aplicarse las reglas de responsabilidad colectiva y anónima (artículo 1761) cuando el daño es
causado por un miembro no individualizado dentro de un grupo determinado de personas.
Eximentes:
Hecho o culpa de la víctima: exime por cuanto el daño no es producido por el riesgo del
espectáculo deportivo, sino por la propia conducta del damnificado que incide causalmente,
de modo total o parcial en la producción del resultado. [Link]: los daños experimentados por un
espectador que cae de una torre de iluminación a la que había trepado para ver el partido.
Hecho o culpa de un tercero extraño: para que se configure es preciso que medie incidencia
causal en la conducta, que se trate de un tercero extraño y que revista los caracteres del caso
fortuito. También es necesario que el hecho no sea imputable al organizador por su carácter
previsible dentro del marco de la obligación de seguridad.
Caso fortuito o fuerza mayor: procede siempre que no sea imputable al obligado. [Link]:
terremoto, atentado terrorista, etc.
Responsabilidad civil del titular de establecimientos educativos
ARTICULO 1767.- Responsabilidad de los establecimientos educativos. El titular de un establecimiento
educativo responde por el daño causado o sufrido por sus alumnos menores de edad cuando se hallen o
deban hallarse bajo el control de la autoridad escolar. La responsabilidad es objetiva y se exime sólo con
la prueba del caso fortuito.
El establecimiento educativo debe contratar un seguro de responsabilidad civil, de acuerdo a los
requisitos que fije la autoridad en materia aseguradora.
Esta norma no se aplica a los establecimientos de educación superior o universitaria.
8
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Rasgos característicos:
Con criterio sensato y realista, desplaza el epicentro de la cuestión en materia de legitimación
pasiva, desde el director o maestro artesano (Código de Vélez) hacia el propietario o titular del
establecimiento educativo.
Quedan comprendidos en la norma los daños causados y sufridos por alumnos menores de
edad cuando se hallen o deban hallarse bajo el control de la autoridad educativa, lo que plasma
un ámbito de aplicación amplio.
La responsabilidad del titular del establecimiento educativo es objetiva agravada, sólo admite
como eximente la prueba del caso fortuito.
Implementa un régimen de seguro obligatorio contra responsabilidad civil.
Los establecimientos de educación superior o universitaria están excluidos.
Las normas de la Ley 24240 (Defensa del Consumidor) son plenamente aplicables.
Establecimientos comprendidos: Pizarro se inclina por una postura amplia y sostiene que el artículo
1767 contempla todos los supuestos en los cuales la enseñanza es impartida a menores a través de
una organización privada de índole empresarial o estatal, caracterizada por el control de una
autoridad, estén o no encuadradas dentro de la ley de educación nacional 26206 ([Link]: quedan
incluidos los institutos de lengua extranjera, de enseñanza de instrumentos musicales, de deportes,
etc.).
Establecimientos excluidos: quedan excluidos los establecimientos de educación superior o
universitaria en razón del nivel educacional al que se dedican, y fundadamente atendiendo al hecho
de que quienes asisten a esas entidades lo hacen para adquirir una cultura científica, filosófica o
artística por su propia iniciativa, reteniendo una completa independencia personal en relación a los
propietarios o a las autoridades de dichos institutos.
Pizarro sostiene que el artículo 1767 es aplicable a la responsabilidad del Estado por las siguientes
razones:
En defecto de previsión normativa específica sobre dicha temática en normas de derecho
público, las disposiciones del C.C.C.N. se aplican por analogía.
No hay principio alguno de derecho público que esté reñido con la solución normativa del
artículo 1767 que pueda llevar a aplicar un criterio de responsabilidad distinto del allí
establecido.
La responsabilidad prevista en el artículo 1767 proyectada al terreno de la responsabilidad
estatal, es plenamente compatible con la falta de servicio contemplada en el artículo 3 inciso
d de la Ley 26944.
Pueden ser aplicables las disposiciones de la Ley 24240 (Defensa del Consumidor).
Legitimación pasiva: recae sobre el director del establecimiento educativo, sea o no propietario del
inmueble donde funciona el mismo y se dictan las clases. El propietario es el titular por naturaleza del
establecimiento, pero pueden serlo otras personas como el arrendatario, el usufructuario, el fiduciario,
etc. En el ámbito de derecho del consumidor, también es titular quien pone su nombre o marca en el
establecimiento, presentándose pública y ostensiblemente como proveedor profesional de dicho
servicio.
9
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
Factor de atribución: la responsabilidad es objetiva (ultraobjetiva), ya que sólo admite como eximente
el caso fortuito. Para un sector de la doctrina el fundamento anida en la idea de garantía en razón de
la indemnidad que se ofrece al cocontratante en la órbita negocial, también en la esfera aquiliana por
los daños causados por los alumnos a terceros. Otro sector de la doctrina plantea que el fundamento
es el riesgo creado o de empresa.
En el ámbito de la responsabilidad del Estado es aplicable la doctrina de la falta de servicio.
Requisitos:
I. Daño causado o sufrido por un alumno:
Daño causado por un alumno: quedan comprendidos los detrimentos producidos al
personal docente o no docente del establecimiento, a otros alumnos, y a terceros
ajenos al instituto, sean dolosos, culposos o accidentales siempre que en este último
supuesto no se configure el casus.
Daño sufrido por un alumno: quedan comprendidos los daños sufridos por accionar
del personal directivo, docente o no docente del establecimiento, por el hecho de las
cosas, por el de terceros extraños y por el propio hecho perjudicial del damnificado.
También quedan comprendidos todos los daños que el menor experimente,
patrimoniales o morales.
II. Minoridad del alumno dañador o dañado: los daños causados y sufridos por alumnos mayores
de edad no están alcanzados por el régimen del artículo 1767.
III. El daño debe producirse durante una actividad realizada bajo situación de control de la
autoridad educativa: quedan comprendidos los supuestos en los que hay una efectiva
vigilancia por la autoridad y también aquellos casos en los cuales la vigilancia debida era
inexistente.
Revisten calidad de autoridad el propietario del establecimiento educativo, todos los que
ejercen funciones directivas o docentes en contacto directo con los alumnos ([Link]: director,
profesor, etc.) de modo permanente, ocasional o accidental y también los que integran el
plantel administrativo del establecimiento ([Link]: portero, bibliotecario, etc.).
No hay duda que se responde por los daños que el alumno menor de edad cause o sufra
durante el horario de la jornada escolar, pero la determinación del horario escolar sirve para
establecer el inicio del deber de vigilancia, y debe ser realizada de modo flexible,
comprendiendo los momentos previos al horario de ingreso y ulteriores a la salida del
establecimiento. El mismo criterio rige para la finalización del deber de vigilancia, el cual debe
ser ponderado con suficiente flexibilidad en función de las circunstancias de cada caso en
particular.
Respecto del ámbito espacial, también rige el criterio flexible, el titular del establecimiento
responde por todos los daños ocurridos dentro del establecimiento educativo, en horarios de
aprendizaje o recreación o al tiempo de ingresar y egresar al mismo (se consideran acaecidos
mientras el alumno se hallaba bajo el control de la autoridad educativa). La misma conclusión
se impone en los casos de daños causados fuera del establecimiento pero que tienen su causa
en una actividad desplegada desde su interior ([Link]: caminante que es golpeado por una piedra
10
Derecho Privado VII – Derecho de Daños – Bolilla 15
arrojada desde el colegio). También responde en el marco de actividades complementarias
([Link]: visita al zoológico).
También se responde por los daños causados o sufridos por el alumno cuando el daño se
produce fuera del establecimiento en un horario en el que éste debería estar dentro del colegio
si se ha escapado por falta de control.
Eximentes: sólo admite como tal al caso fortuito, aunque para gran parte de la doctrina nacional es
una norma demasiado dura.
Seguro obligatorio contra responsabilidad civil: se le impone al titular del establecimiento educativo
el deber de contratar un seguro de responsabilidad civil. El seguro debe ser contratado de acuerdo con
los requisitos que fije la autoridad en materia asegurativa (Superintendencia de Seguros de la Nación).
Responsabilidades concurrentes: pueden ver concurrentemente comprometida su responsabilidad
los maestros, profesores, directores y otros agentes de educación (que no sean propietarios del
establecimiento), quienes responden frente a la víctima por su hecho personal siempre que haya culpa
o dolo en su conducta o que el daño pueda serles imputado en virtud de un factor objetivo de
atribución ([Link]: menoscabos causados a los alumnos por cosas de las que son dueños o guardianes).
La alegación y carga de la prueba pesa sobre el damnificado.
Acción de recursoria: se admite que el titular del establecimiento docente puede tener acción de
recursoria en contra del docente que por su culpa o dolo causó el daño. Para que proceda la acción es
necesario que el responsable haya pagado la indemnización, acredite la atribución del daño y en los
casos de dependencia laboral demuestre que el responsable ha obrado con dolo o culpa grave.
11