STALKER
STALKER
Keastro Kadmiel
STALKER
La historia de una obsesión
Palabras Iniciales:
“Escucha, en alguna noche de tu vida conocerás a alguna mujer que te deseara, pero
nunca más que yo. Recuerda, tienes a alguien que te ama con devoción, y aunque no
siempre estamos juntos, no te hayas en soledad. Cuando seas capaz de ver esa
verdad…
Será entonces cuando serás aceptado.”
-Señora de las noches
Prologo (nota este es el último ciclo que repitió Stalker)
Capítulo 1
Día 1
Abrió los ojos de golpe. Un chico se levantó de golpe de su cama, parecía haber
tenido una pesadilla bastante perturbadora, su cabeza daba vueltas y vueltas, el
sonido del despertador de su teléfono no lo ayudaba a concentrarse. Fue directo a
apagar la alarma, podía ver la hora al que a menudo se despierta, “6:00am”. “Tengo
que ir a la escuela”, pensó en su cabeza. Prendió la luz con un botón al costado
derecho de su cama, y se preparó para cambiarse de ropa. Mientras lo hacía, miraba
su reflejo en la ventana, la única de su cuarto, también vio la enorme oscuridad que
había afuera junto con la figura de un ave que le veía con extrema tranquilidad.
Volteo su mirada hacía lo estantes de sus muñecas anime, era un otaku fanático de
las chicas mágicas así que no era raro que tuviera diversos peluches de su género
favorito. Destaca una de su colección, la de una chica de cabello rosa con ojos
amarrillos que estaba en una pequeña vitrina. Le causo una pequeña sonrisa verla,
porque sin duda, ir a la escuela era un suplicio para él, es demasiado esfuerzo para él
tener que levantarse temprano por algo tan inútil como la escuela, una idea bastante
constante en su cabeza. Termino rápido, tomo sus cosas y se vio por un momento en
el espejo, su rostro, era algo que no gustaba de ver, así que se puso una capucha de un
suéter de color azul antes de irse. Bajo las escaleras, pues su habitación se encontraba
en el segundo piso. Una vez abajo, su madre le saludo como siempre. “¿Iras con tú
hermana?”, pregunto ella. No respondió el chico, no era muy hablador, la ignoro y se
dirigió a la salida, estaba a punto de irse hasta que se detuvo al recibir un mensaje.
—Que coincidencia verte aquí, sí que los hilos son pequeños —dijo una mujer.
Después de que el chico la viera y dejase al descubierto el contenido del teléfono, le
da una sonrisa juguetona—. Pareces estar algo ocupado, no me hagas caso y solo
continúa con tu actividad.
Después del saludo extraño, se sentó alado del chico, se encuentra un poco
sorprendido por su intromisión. Ese cabello lacio de color negro, esa cola de caballo,
esos ojos marrones oscuros, esa tez blanca, su rostro de chica perfecta, no tiene
ninguna duda. El chico reconocía la mujer frente a ella, no la tenía en mucha estima,
pero, era inevitable verla de reojo durante el transcurso del viaje. Quizás verla todos
los días desarrollo en él una necesidad de verla y viceversa. La mujer sabía esto y le
pregunto:
—¿Tengo algo en la cara? —dijo en tono de broma. Perfectamente podría ver la cara
de incomodidad del chico—. ¿Has comido tus verduras? Estas algo desnutrido ─de
nuevo habla la mujer mientras pone su la mano en la pierna del chico—. Venga, no te
pongas nervioso, ambos sabemos que hemos sido más íntimo antes. ¿Tan mal está tu
memoria? —continúa interrogándole, subiendo más la voz al igual que la posición de
su mano al hombro del chico—. ¿Deberías ser más amable con las mujeres? —le dijo
como susurro. Se levanta y camina a la puerta del autobús—. Nos vemos en nuestro
consultorio, fue un gusto verte —dice mientras baja del transporte.
No era raro que él se escapará de clases de vez en cuando, más bien sería extraño que
no lo hiciera, detesta demasiado asistir a ese lugar. Durante un trayecto, se topó con
una iglesia. Le parece extraño verla pues no recuerda que existiera un lugar como
este por la zona. Tratando de pasar rápido, se tropieza con una monja que acababa
de salir del edificio, ambos por tropiezo caen encima del otro, viéndose cara a casa.
El chico veía claramente el rostro de la monja, era joven, demasiada pensaba el
chico, ya que usaba la túnica blanca que pocas monjas usaban, en su mayoría, eran
ancianas quienes la vestían, pero lo que más destaco fueron 3 lunares debajo de su
ojo, su piel blanca lo hacía destacar demasiado, por encima de ello, estaba el propio
ojo, que era de un color celeste cristalino. Si no fuera porque ya tiene a una
enamorada, se enamoraría a primera vista. “Disculpe, ¿podrías moverte?”, dijo la
monja al chico que se había quedado petrificado durante varios segundos. El chico se
levantó rápido y por la enorme pena, salió corriendo del lugar, aunque la monja
gritará por su persona. Su imposibilidad de hablar era tan humillante para él, la
disfasia que padece lo vuelve susceptible a momentos incomodos con desconocidos.
Detesta no poder comunicarse como las demás personas. Son pocas los que lo
entienden realmente, y una de ellas, se encontraba en el complejo deportivo que
tenía a unas cuantas calles.
Tardo un poco, pero al fin llego. Había bastante gente en el poliforum, la sección que
le interesaba estaba bastante lejos. Se sabía el lugar de memoria, se sabe la manera
de llegar más rápido, sabe lo valioso que es ella para él. Corriendo iba hasta la cancha
de voleibol, la luz de sol ya estaba saliendo cuando la vio. Allí estaba, la chica que
tanto gusta de ver, su cabello rubí como el atardecer, su piel bronceada que tanta
fascinación le da, y sus hermosos ojos escarlatas. Es hermosa, es lo único en lo que
piensa en ese momento. Estuvo parado ahí por tiempo bastante corto, porque se
acercó con bastante prisa a una de las gradas para sentarse. No había mucha gente
en comparación con el resto del poliforum, la cantidad de personas era moderada, no
había ni mucha ni poca, había las suficiente para que pudiera tomar un lugar. Verla
le resultaba placentero, cada golpe que daba a la pelota causaba un enorme éxtasis
en el chico, esa manera de mover sus caderas para ir de un lado a otro con firmeza y
agilidad no era de una simple chica de secundaria, o eso es lo que él se imaginaba. La
realidad es que no era tan buena y por eso mismo, la cambiaron de lugar con otra
chica rubia de tez morena. Le causaba irritación ver semejante injusticia, sin
embargo, aprovechando que su momento de apreciación del arte se arruino. Tomo su
teléfono para tomar algunas fotos a Kohai, está todavía no la había visto, más otra
chica si logro reconocerlo. Cuando estuvo a punto de fotografiar a Kohai regresando
a la cancha, unas manos fueron puestos sobre sus ojos.
—Rayos es cierto —la chica quita las manos de sus ojos—. Lo siento lo había
olvidado, tú no hablas choto —la chica rápidamente se pone enfrente del chico─. Soy
yo, Agnes jejeje —dijo la chica con una sonrisa bastante forzada. Reanudando su
habla─. Llevamos un tiempo sin vernos, había olvidado tú…—vuelve a quedarse
callada por un momento, pensando en que decir—, malestar —dice en voz baja.
—¿Por qué no juego? Es porque soy demasiada buena que decidí no jugar para darle
oportunidad al otro equipo—dijo Agnes tratando de parecer genial, pero al ver la
mirada de chico de repelús prefirió decir la verdad—. En realidad, es porque olvide
mi carnet, y no me dejaron jugar jaja —junta la punta de los dedos índice entre si—.
No me mires así choto, dime, ¿y tú por qué estás aquí?
—Viniste aquí por esa chica. Se llama —lee el nombre de perfil—, Kohai… no
recuerdo que se llamara así, de todos modos, esa chica es nueva y tengo mala
memoria, así que es normal que no la recuerde— se detiene de hablar y se acerca al
chico. Se sienta a su lado para después poner sus brazos alrededor del chico─. No
sabía que fueras tan galán para esperar a una chica después de un partido, choto
uhuhu —ríe burdamente
—Dime chico ¿Cómo has estado? ¿Has hablado con todos en tú familia?
— ¿Has tomado tus pastillas? No es fácil lidiar con ese nuevo estilo de vida.
—…—asiente la cabeza.
—Te noto algo alterado ¿Cómo despertaste hoy? ¿Tuviste algún sueño?
—Uhm… así que ahora estabas en el fin del mundo, eso no es tan raro como tu
piensas. De todas formas, hemos hablado durante más de 3 meses, y esta es la treinta
terciaba vez que sueñas con algo relacionado con la puerta ─puede que esté
relacionado con lo que te hicieron aquellos chicos—, al menos dime que no te topaste
con la niña.
—Quieres saber mi objetivo, es fácil, quiero comerte —dijo en un tono seductor para
después soltar una pequeña carcajada—. Es chiste, soy tu orientadora, no podemos
hacer eso. Es muy obvio lo que quiero chico. Deseo ayudarte, a veces las buenas
personas les empujan a la oscuridad, y necesitan otro empujón para salir de él. No
evitas la pregunta, y respóndeme si es que puedes.
─Eso es nuevo, quizás esa figura sea de alguien que conozcas. Eso no quiere decir que
este muerto, obvio, es más una advertencia sobre una preocupación que traes
encima.
La princesa y la hechicera
Cuentan que alguna vez existió una princesa con hermosos ojos negros que con su
sonrisa y un manto negro que llevaba como cabellera subyugaba a cualquier hombre
que la viese, incluyendo los hechiceros más experimentados quedaban hechizados por
su belleza. Números donceles trataron de pedir sus manos; más la princesa ignoraba
cualquier petición, era como si los dioses se les hubiera olvidado ponerle un corazón.
Así pasaban los días y las lunas sin que nadie pudiera obtener su mano.
Entre toda la población de su pueblo existía una hechicera igual de enamorada como
los donceles por la princesa, solo que este se trataba de un joven guerrero al cual
amaba con devoción y locura. Deseaba rendirlo a sus pies mediante magia negra,
mas el joven era inconmovible ante sus acechanzas. Pues el joven solo pensaba todo
el día en la princesa de largo manto negro y de grandes ojos soñadores. No
entendiendo la razón del corto de sus hilos de la luz lunar, fue a acechar al joven en
una noche de plenilunio como un búho disfrazado,
Oculta en un bejuco ahí observa, observa como su amado muestra ojos penetrantes
por una mujer que caminaba por el centro de la plaza con una sábana blanca pura.
La hechicera lo entendió todo al ver a su rival; tiene a una rival que tiene que
eliminar; no puede permitir que alguien se meta en su camino. Con sus conocimientos
de hechicera, fabricará una posición que cumplirá su mandato.
Durante tres días y tres noches consecutivas estuvo en su cabaña sin tomar ni un
poco de alba. Determinaba estaba a acabar con esa princesa, acabarla, tanto que en
medio de su brujería invoco a tres espíritus malignos para que le auspiciaran. Una
vez terminada la tarea, salió de su cabaña para ir a buscar a la princesa. Con paso
resuelto llegó a la morada de la hermosa mujer que encendía los celos de la bruja;
aquella estaba dedicada a torcer kuch y al ver a la desconocida visitante salió a su
encuentro y Le preguntó la mujer: “¿Qué quieres linda?”, a lo que exclamo: Oh mi
princesa, yo que soy una hechicera de poca monta, me gustaría ofrecerte este elixir
que tus hermosos labios agradecería de consumir al ser de un exquisito sabor te
ayudará con una mayor percepción y sensibilidad sobre todos tus sentidos.
A medida que pasaban las horas un calor desconocido fue invadiendo el cuerpo de la
doncella que sintió que una pasión desconocida se apoderaba de todo su ser; visiones
eróticas pasaban ante sus ojos encandilados y sintió una abrasadora sed de amor carnal.
El cuerpo virgen de la princesa libraba una lucha contra las llamas de una hoguera
que la consumía desde adentro. Desesperada por calmar el calor. Salió de su palacio
para tomar una de sus caminatas nocturnas, buscando a algún hombre de mirada
noble. Busco y busco, hasta que lo encontró. El joven guerrero que la miraba con
constante fervor. Entusiasmada, se acercó con prisa al joven, sujeto su cabeza con sus
manos calenturientas y le planto un beso pasional. Acto seguido le susurro al oído:
“Aquí estoy; recíbeme entre tus brazos; es para ti mi corazón, es para ti la dulzura de mi
cuerpo para siempre...”
La princesa le rogo a su padre de no lo hiciese, que ella era fue el actor intelectual
sobre su conducta, pero no se le escucho. Fue sacada del palacio a la fuerza,
desesperada por encontrar una solución quedo divagando en su mente buscando una
respuesta ante la injusticia, mientras meditaba, pudo observar a un grupo de
soldados tomando alcohol al fondo de la oscuridad. Mezclo sus pensamientos con el
calor del su corazón para dar puerta a la solución. Y al escuchar de nuevo el canto del
mal, llego a la conclusión de que debe demostrarle a su padre que ella fue quien
hostigo al guerrero; camino con delicadezas hacía los soldados, se paró delante de
ellos, y dio un baile digno de una concubina de la nobleza. Hipnotizados por tal
espectáculo, sin importar que uno de sus camaradas estaba a punto de perder el
corazón por meterse con la princesa, fueron guiados a la casa de unos de ellos por esa
misma. Ninguno de ellos salió durante toda la noche.
Cuando volvió a correr el chisme, el rey no tuvo ninguna duda de que su hija había
sido poseída por el diablo. Al final, la princesa y el guerrero fueron desterrados de la
aldea por sus actos sucios. Sin saber que será de ellos en el profundo de la selva, sin
embargo, tenían el consuelo de tenerse el uno y al otro.
—Hay múltiples Kohai haya afuera para que te claves con una, así que tomate fotos
con alguien más —da una sonrisa burlona antes de cerrar la puerta del consultorio
con el chico afuera.
Fue una charla muy rara, pensó el chico. Saco su teléfono para checar la hora, noto
que el reloj marcaba las 11:00am, casi era momento de ir a la cita con las chicas. Se
apresuro para rápidamente a la entrada, pero en el camino tuvo se topó con su
hermana. Está le preguntaba a dónde iba. El chico respondió que iba al parque con
unas chicas. Su hermana se sorprendió por tal respuesta, aunque tampoco es como si
fuera un misterio que quienes se llevaba mejor con su hermano son las mujeres por
ese carácter afeminado, pensó para ella misma. No le importa a donde vaya su
hermano, tan solo le dice “Cuídate, que han desaparecido algunas chicas en la
ciudad”. Su hermano hizo caso omiso, pues, él no es una mujer.
Ya sin interrupciones, el chico logro llegar al parque. El sitio era enorme, era casi 8
cuadras de terreno, había un pequeño teatro al aire libre, algunos juegos para
infantes, y lo que más destacaba, una estructura gigante con forma de prisma
pentagonal. Entre la observación del chico, entro en su campo de visión una chica
corriendo hacía él.
—¡Hey! —grita mientras corre con dirección al chico mientras sacude su mano para
llamar su atención—. Perdona por llegar tarde.
Kohai está un poco distinta a como lo recordaba, piensa el chico. Sin embargo, no
puede evitar sonrojarse por estar caminando de la mano con su vieja amiga.
Durante el transcurso de su cita pasaron por los juegos del parque; se subieron a los
columpios como si fueran niños pequeños; de igual modo que subían y bajaban en un
subibaja. Debido al chico, no hablaron mucho, la chica era demasiada energética que
muchas veces dejaba atrás al chico para irse a comprar marquesitas y dulces, el chico
solo le tomaba fotos mientras comía cuando no se daba cuenta. El chico sí que le
gusta fotografiar. Lo más destacable de su aventura, fue el encuentro con una dama
que les vendió una bebida energética que decía ser de nuevo lanzamiento, el cual,
kohai tomo sin pensar pues se encontraba bastante sedienta, de hecho, ambos se
sentaron para descansar en una banqueta de la calle. Cuya estadía estuvieron en
silencio…
—Me lo estoy pasando bien. Me alegra de volver a pasar tiempo contigo, solo tú y yo,
en una linda tarde.
—¿Verdad que sí? —voltea su mirada para ver al chico a los ojos—. Me gustaría
jugar algo juego que jugábamos cuando éramos niño: los encantados, las escondidas,
oh ya sé, ¡LAS ATRAPADAS! —dice con entusiasmo—, adoraría que lo jugáramos
con Gabriel, el adora ese juego.
—No, él no, ¿cómo podrías ser mí...? No seas tonto jajaja…— dijo con mucho
nerviosismo─. Bien, el me gusta. Nos conocemos desde sexto grado, siempre nos
hemos llevado como hermanos, pero desde hace tiempo que yo lo quiero como algo
más.
El chico tiene una mirada vacía, claramente, está en shock por saber que su kohai
tiene a alguien más en su corazón. La chica sigue hablando, pero no recibe mucha
atención porque el chico está pensando en que hacer para “enamorarla” y hacer
como si su amiguito nunca existió. —¿Oye me estas escuchado? —pregunto la chica.
El chico fue sacado de sus pensamientos para volver a la realidad, notando que
Kohai se encontraba bastante mal, al parecer en medio de su extravagante adulación
hacía su enamorado, pesco una fiebre espontanea. Debido al suceso, el chico le dio
una mirada de un padre regañando a su hija
—Ya sé que no debo tomar frio y comer caliente, choto —dijo molesta.
—Sí, vamos a tu casa. Espero que tu mamá haya dejado comida que pueda robar
jejeje.
Trata de hacerse la dulce como siempre, pero su aliento está bastante acelerado.
Claramente ella necesita descansar. Ambos sin perder el tiempo, se subieron al
autobús para ir a la casa del chico, sin embargo, había demasiado tráfico. Kohai
soltaba muchos comentarios subidos de tono y preguntas extrañas. “¿Eres virgen?”,
pregunto la chica. El chico responde afirmativamente. Ella siente mucha curiosidad
por su cuerpo, le pregunta si le parece mejor el melocotón o la berenjena. El chico
solo evita sus preguntas incomodas y trata mantener su compostura, pero le hicieron
una pregunta que colmo su paciencia de golpe.
Buscando evitar más preguntas desagradables, saca su teléfono y le muestra una foto
de ella durmiendo con un unicornio de cuando era pequeña. La chica reacciona
instintivamente e intenta quitarle su teléfono por tal acto deshonorable para su
mente. Grita “Ya no soy una niña, ya soy madura”, pues siempre el chico siempre la
toma como si fuera una niña inocente, pura de corazón que nunca haría algo malo.
Sus intentos se ven frustrados al inminente descuido del chico de sostener su teléfono,
pues, este lo soltó por accidente, dejándolo caer por debajo de la falda la chica. El
sonido de la caída resonó en todo el autobús, ambos se quedaron el silencio por un
momento, ambos por su cabeza pensaban en ir a buscar el teléfono, empero, ambos se
vieron a los ojos. Y de un movimiento trataron de tomar el teléfono, pero sus cabezas
chocaron al mismo tiempo. Como era obvio, trataron de calmar el dolor del impacto
sobándose en la zona de su choque, aun así, esto no impidió que la chica obtuviera el
celular. “Jejeje ahora es mío”, exclamo Kohai. Moviendo velozmente sus dedos borro
la foto de su galería, planeaba devolver el celular hasta que se percató que tenía
demasiadas fotos de ella comiendo durante su cita, sin dudar, las borro todas.
En su mente pasaban muchas ideas al respecto del actuar de su amigo, ella esperaba
sentirse incomoda, en cambio, sintió un sentimiento que no había sentido antes al
saber que su amigo parecía desearla mucho. No era tonta, sabía que estaba
enamorado de ella, nadie toma tantas fotos sin su consentimiento, —es un hombre
ahora— a veces lo olvida. La chica no sabe cómo reaccionar, su cuerpo y corazón se
entrelazaron por culpa de su calentura. Antes que lo pudieran notar, el autobús ya se
alejaba lejos de su hogar, cuando ambos se dieron cuenta de ello, al mismo tiempo, se
levantaron para presionar el botón y poder bajar del camión.
Una vez abajo, se dirigieron a la casa del chico en completo silencio. No tardaron
mucho en llegar. Entraron y lo primero que notaron es que la no había nadie,
extraño, porque la madre del chico solo sale cuando va de compras y sus hermanos
deberían haber vuelto ya de la escuela. Kohai no dice ningún comentario, se sienta en
el sillón de la sala —parece que todavía no se le pasa el momento en el autobús—
parece cansada es lo que piensa el chico. Así que se dispone a buscar una pastilla para
su amor, mientras lo busca, Kohai al fin rompe al hielo con hipótesis que pudieron
haberle puesto mal: ¿el calor?, ¿la bebida?, ¿no ducharse?, muchas posibilidades.
Pero esa última le recuerda que desde el partido no ha podido mantener su higiene,
aprovechando la visita en la casa de su amigo, le pide permiso para bañarse.
“Préstame un poco de tú ropa vieja, si es que aún tienes”, dice amablemente al chico
antes de entrar al baño.
Haciendo caso a su petición, el chico busca un ropaje en su, lamentablemente, no
pudo encontrar ninguna pastilla para la chica, caso contrario de la ropa, que tenía de
donde escoger afortunadamente. Escogiendo la que parecía ser el más afeminado,
tomo una camisa y unos shorts para acto después, dirigirse al baño. Creyendo que la
puerta corrediza de la ducha se hallaba extendida, entro sin más, empero, está no la
estaba. Un fuerte grito resonó en toda la casa que hasta hace unos momentos se
encontraba en afonía, Kohai se encontraba desnuda ante los ojos del chico, ella se
cubría sus partes íntimas en un intento de salvaguardar su preciosa belleza, pese al
grito, en realidad estaba más tranquila, aunque daba una mirada de desasosiego, en
cambio las del chico era de agitación. Ambos están paralizados por la incertidumbre,
y como si un sueño húmedo se tratase, sus labios se encontraban juntos. No duro
mucho, pues, la chica retomo el sentido y le dijo al muchacho que no era estaba bien,
que se sentía muy confundida. Lo caso del baño, aseguro la puerta del baño, y
perdida en sus pensamientos, se cuestionaba por qué se sentía así con “él”. Mientras
tanto, el chico fue a su habitación con el rabo entre las piernas, haciéndose la
pregunta de por qué ella no lo acepta.
Ya pasado un tiempo, Kohai salió del baño, y con determinación le dijo al chico que
no podía estar con él, ya que ella era incapaz de amar a su semejante, es decir, que no
lo quería por tener una figura como la suya. El chico con una mirada de suplicio.
Trato de hablar para responder a su declaración, pero su voz no podría ser capaz de
semejante acto. Kohai al ver a su amigo tan roto por sus palabras y ese inútil intento
de hablar, se compadece de su amigo y pronuncia las siguientes palabras titubeando:
“La cal-calentura todavía no se me ha quitado, y he escuchado que un acto de ca-
cariño de un amigo podría quitarlo en un santiamén. Somos amigos así que
podríamos intentarlo jejeje…”. Sorprendido por la insinuación, el chico le da un
abrazo a su amiga. Rápidamente se preparan para el acto, sin antes de recibir el
aviso de que solo será un favor entre amigos, que su corazón y virginidad le
pertenecen a su amado. Aun sabiendo que este acto se podría considerar infidelidad,
Kohai se mostraba pura con sus sentimientos, extraño, porque le recordaba más
agazapada. Estuvieron juntos toda la tarde, y sin señal de su familia, el chico se
quedó dormido junto a su querida Kohai.
Decía un mensaje remitente de Agnes. Es extraño que reciba un mensaje a esta hora
—12am— más aún cuando nota la ausencia de su Kohai en su habitación. “Debió
irse mientras dormía”, piensa el chico. De vuelta a su teléfono, le envió un mensaje
haciéndole saber que no entendía de que le hablaba, en seguida, tuvo una respuesta
que le saco una sonrisa:
«Te dije que nos viéramos en el parque a las 12»
Claramente su amiga le jugaba una mala broma, así que no le hizo mucho caso y le
respondió que mejor se fuera a dormir, sin embargo, cuando vio una selfi recién
sacada en el chat, en seguida se paró. —No me dejes plantada —decía bajo la
imagen. Recordando unas palabras que le dijo su hermana en la escuela —cuídate
porque están secuestrando a varias chicas— se preocupa por el bienestar y sanidad
de su amiga para osar salir a tan altas horas de la noche. Dispuesto a sermonear a su
amiga mediante una llamada, ya se encontraba a la espera para regresar su llamada
cuando escucho un susurro en su oído que decía «VE AL PARQUE». Asustado,
creyó que era solo su imaginación hasta que escucho que alguien tocara a su ventana,
más cuando fue a ver quién era no vio absolutamente a ningún visitante. Nervioso
por la situación, encendió la luz de su cuarto para verificar que no hubiese nadie a
sus inmediaciones. Nadie, nadie estaba en su cuarto, solo se escuchaba el silbido de
los búhos y de una serpiente, por ende, todo estaba en su imaginación, pese a ello, se
aseguró de cerrar la ventana, verificando que no haya una serpiente en su habitación
debido al silbido.
En medio de su revisión, recibió otro mensaje, y otro, y otro, tras otro, del otro. De
golpe, comenzó a recibir demasiados mensajes, todos de Agnes, no entendía que rayos
le pico a su amiga, pero lo iba averiguar. Entonces, se preparó; se vistió, tomo algo de
dinero, y salió de cuarto cautelosamente; sin despertar a nadie, reviso el cuarto de
todos para asegurar que estaban dormidos. Una vez que termino, se fue a la entrada,
empero, se sorprendió de ver a su hermano en el sillón, este le saludo sin hablarle, al
parecer, los dos estaban haciendo algo a escondidas. “Debe estarse drogando de
nuevo”, intuyo el chico cuando vio a su hermano babeando y con una expresión de
no saber ni como se llama. Ignorando la presencia del otro, los dos continuaron sus
actividades.
Ya afuera, camino rápido para llegar al parque pues a altas hora de la noche no pasa
ningún autobús por su casa, aunque la verdad es que a esa hora no pasaba ningún
vehículo de igual modo que la luz escaseaba por la zona. Pareciese que lo único que
ilumina su camino era la luz de la luna. Debido a lo liminal del ambiente, apresuro su
paso para llegar cuanto antes.
El muchacho llego en poco tiempo, tanto así que en su teléfono marcaba las 12:00am
todavía. “Juraría que el tiempo está detenido”, especuló el chico ante tal disparate.
—Si que te gusta dejar esperando a las mujeres —dice una chica en voz alta.
“Se comporta extraña”, pensó el chico. Trato de hablar con ella para saber el motivo
de su furia, pero ella solo le recrimina haber llegado tarde. Arto de esa situación, se
disculpó por su atraso. La respuesta de ella fue propia de una bipolar, sonrió y redujo
su distancia con su amigo al ver su amabilidad. Sin embargo, el chico se encontraba
intrigado por la ausencia su amiga en la cita con Kohai.
Frustrado por la estupidez de la chica, el chico quiso irse a casa, sin embargo, Agnes
tenía otros planes. Ella intenta convencer a su amiga de jugar un rato en el parque,
—es una buena noche—, aseguraba la chica que, en su entusiasmo, subió a un subí y
baja que había en la zona de juegos. De pie, señalo al chico y le grito: “¡Juguemos a
la atrapadas!”.
Las ganas de jugar por parte del chico eran mínimas, se encontraba realmente
cansado por lo que hizo en la tarde. Rechazo la solicitud de la chica.
—Ya se de tu cansancio, fui a verte a tú casa cuando iba a buscar consuelo y arropo.
—Refunfuño Agnes. Cansada de la apatía de su amigo, le recito los siguientes versos:
Un sentimiento de culpa recorrió el cuerpo del chico, temé haber roto su amistad con
su amiga. Rendido, decide aceptar la petición de Agnes, esta retoma su actitud de
siempre y emocionada por la aprobación del chico, le explica las reglas del juego:
Establecido las reglas, el par decide quién comienza primero, siendo Agnes quien
iniciará. Ella decide darle 30 segundos para que se fuera lo más lejos posible.
—No te tendré piedad, aunque ya no seas atleta, no dudes que «YO» la mejor
jugadora del equipo femenil de los “Ajolotes” te barrera —afirmo la chica.
Ya han pasado 45 minutos sin que la chica encontrará al chico. “Parece las
escondidas más que las atrapadas”, pensó el chico. No entiende cómo es posible que
una persona este dando vueltas y vueltas en el mismo lugar, por las mismas
atracciones creyendo que encontrará a alguien escondido, todo este tiempo el chico
ha visto aquella ridiculez —más bien estupidez—del esfuerzo de buscarlo por parte
de su amiga. Marcaban las “12:48am” en su teléfono cuando checa la hora, y la chica
ni lo ha perseguido ni una sola vez. “¿Acaso tiene miopía?”, se preguntaba el chico.
Entre sus pensamientos, al fin escucho como se acercaba alguien. ¡Al fin sería
encontrado!, pero su calumnia se le fue negada cuando la chica paso de largo de su
posición. Ignorando si Agnes tiene algún tipo de discapacidad visual o algún tipo de
problemas en sus neuronas, el chico decide saltar de los arbustos donde se
encontraba, pues, ya había pasado una hora. Dándole un abrazo por la espalda a la
chica que no pudo hallarlo en todo este tiempo.
Repitiendo el mismo proceso de antes, la chica vuelve a contar 30 segundos sin antes
decir el siguiente verso:
—Te tengo —dice después de abrazar el chico. Alegré por su victoria, se burla un
poca de él para acto después, regresar a la posición del inicio y volver a contar.
Ojos verdes flotaban a sus espaldas, no podía creerlo, se tallo los ojos para ver si sus
ojos no le engañaban, cuando los volvió a abrir, ya habían desaparecido. Creyó que
era una alucinación, no tuvo antes de pensar porque vio una chica corriendo hacía su
posición, quizás por instinto o incentivo de la voz, corrió lo más rápido como pudo.
Se dirigió primero a los juegos del parque, subió a un tobogán para perder a la bella
dama que la perseguía, su sorpresa fue al ver que el lugar era más grande de lo que
recordaba. Aun así, no perdió el tiempo y se metió en él, bajo, bajo, y bajo. Pareciese
que no tenía fin, el chico sentía nauseas por los giros que estaba dando, una vez
abajo, tomo un tiempo de respiro y vio la hora en su teléfono «2:56am». No podía
creerlo, como era que el tiempo había pasado tanto tiempo desde que estuvo
corriendo, sin embargo, sus dudas fueron interrumpidas por el sonido de alguien
bajando de las resbaladizas, así que continúo su huida.
La chica le pisaba los talones, pese haber practicado atletismo, el chico no podía
mantener el paso, su resistencia había bajado drásticamente desde hace un par de
años. Ya no podía más. Para su suerte, la alarma en su teléfono comenzó a sonar.
—Uh, estaba tan cerca —dice triste—. Supongo que te toca a ti hora. Bien, tomate
un respiro y prepárate para atraparme, porque yo soy muy escurridiza jajaja —le
infunde al chico.
Corriendo se fue Agnes, y el muchacho se quedó solo como marques. Tapándose los
ojos con sus gruesas manos, escucha en su mente oraciones sin sentido:
“Perder te hará desprender”
“Está perdida”
Un gran moretón se formó en su cabeza por la caída, empeorando así el mareo que
ocasiono sus vueltas. “Tienes que hacerlo mejor choto”, dijo para burlarse del chico
pésimo que no pudo atraparla. Y, aun así, esto no detuvo al chico para ir tras ella,
pero cuando intento ir por ella noto como una multitud de humanoides le cubría el
paso. Parece que un concierto iba a empezar; si no fuera porque los espectadores eran
sombras, el suelo parecía confeti, y la banda era inexistente. La chica ignoró por
completo la situación, aprovechó la distracción para huir. Extraordinario, a ella no le
parecía afectar la situación, contrario a su perseguidor, que no podía pasar por la
multitud, detestaba ver tantas personas en un mismo sitio.
Las sombras se metían en su paso, cada vez que quería caminar, una sombra se le
ponía en su camino o una luz proveniente de un lugar desconocido le cegaba. “Vaya
que parece antro”, pasaba esa idea por su mente. Disgustado por la intromisión del
sitio para estar en su contra, observo el cielo por un momento para ver si alguna
estrella podría guiar su camino, su sorpresa fue cuando pudo ver que el cielo parecía
hecho de papel —parecía producto de las drogas— con aureolas dibujada en ellas. De
verdad que ya no entendía nada el pobre diablo. Y en cuanto vio un péndulo rojo en
el cielo ya estaba preparada para desmayarse, mas escucho su alarma en el teléfono
que marcaba el fin de una hora.
—He ganado —dijo Agnes que aparecía al final de la multitud que, por su presencia,
le abrieron camino para que caminará hacía el chico—. Choto, no des esa cara,
apenas es tu primero turno. Aún puedes ganar —sonrío al terminar de hablar.
—Muy bien, vuelve a contar hasta diez y espero que tengas suerte para atrapar me
esta vez —dijo poéticamente.
Tuvo suerte el chico de que está vez en su conteo, no escuchará ninguna voz, ahora
podría concentrarse en acosar a su amiga.
Se ha tomado en serio este juego, así que abrió todos sus ojos por completo y
acomodo su cabello para que no le molestase. Troto por los arbustos a ver si pudiera
verla, de hecho, la vio. Lamentablemente fue viceversa, así que la chica salió
corriendo apenas cruzaron miradas. Este dúo que corrían entre los árboles, parecía
que se metían a un bosque oscuro de los cuentos, porque ya no parecía un parque con
algunos árboles, no, ahora era una selva que había un parque en él. Lianas y monte
cubría su paso, ninguno podía saber por dónde había entrado o por donde iban a
salir, pero daba igual se decían, era como estar en la imaginación de un niño pequeño.
Entretanto correr, accidentalmente el chico dio un paso en falso y piso una de las
lianas que, como efecto mariposa, hizo que esta por obra del destino, se amarra a su
pierna por la tensión que mantenía, quedándose colgado, perdiendo de vista a Agnes
entre los árboles.
Se quedo ahí por un rato, trato de soltarse, pero era incapaz de aquel acto. Buscando
una manera soltarse, pudo escuchar de nuevo voces en su cabeza
“Vas a perder”
—Veo que no me tomas en serio —vuela hasta sostenerse en la quijada del chico y
baja su cabeza para ver al chico a los ojos. Se miran fijamente por unos segundos y
continúa hablando—. Será mejor que lo veas por ti mismo —vuela para cortar la
liana—, me debes un lindo bebé, si yo fuera tú iría al oeste de hurtadillas. Hay una
pequeña presa de tu conveniencia esperándote en una corta.
La situación era muy surrealista, por su bien, decidió hacer como que nunca existió
aquel encuentro, Pese el deseo de ignorar, hizo lo que aquel búho parlante le
recomendó que hiciera, camino lento y de puntillas; tratando de hacer le menor ruido
posible paso por el oeste; evitando pisar cualquier rama que estuviera en el camino.
Ahí fue cuando la vio. No lo podía creer, el búho tenía razón, la chica con camisa de
serpiente morada se encontraba sentada en una piedra. “Cuando termine la hora, le
soltare”, dijo Agnes. Con una mirada penetrante como respuesta de su amiga, sin
dudarlo por un segundo, ataco a la chica con abrazo, atrapándola finalmente.
—¡Ah! ¿De dónde saliste? —grita Agnes. El ataque le fue tan improbable para ella
que soltó algunas lágrimas del susto —. No me aprietes tan fuerte —dice con poco
aliento.
Repitiendo el mismo proceso que han seguido en toda la noche. El por última vez,
procede a contar hasta, sin antes recibir el siguiente mensaje de Agnes:
Terminar el juego era de priorizar, ambos ya les alcanzó la fatiga. No duraría mucho
esta partida llego a pensar el chico mientras contaba. Pero al terminar de contar, y
de abrir los ojos, observo como el parque gigante en el que han estado jugando toda
la noche se había achicado. Podría ver partes carcomidas en suelo, muestra de que
algo se comía el espacio del parque, varías partes del pavimento era azules y otras
rojas. Existe la posibilidad de que si pisa un suelo “falso” se pueda caer o ser parte de
las cosas “comidas”, por ende, camino con cautela para evitar algún destino deseado,
le temblaban las piernas por el miedo, llego un punto que parecía de gelatina por
cada paso que daba, el pavor aumento cuando vio muchos ojos verdes brillantes en la
oscuridad. Y, lo peor, la única zona de juegos que quedaba en pie era un tobogán
plano sin escaleras a la parte trasera; la parte superior era una torre de piedra
purpura que rozaba los 20 metros de altura. El chico no sabía cómo, pero presentía
que su amiga estaba ahí arriba, así que, subió con cuidado por la rampa.
Era corta de anchura y angosta para escalar, sin embargo, el crepúsculo ya estaba
llegando, por lo tanto, todavía no era tiempo de rendirse. Mientras subía, noto como
la rampa se torna de una textura carnosa y pegajosa, estamos hablando de que ese
metal con lo que se crea mayormente, se combinaba con la carne de algún animal.
“Espero que no sea de una persona”, pensó el chico. Ya casi llegaba a la cima,
cuando de repente a su alrededor comenzaron a llegar varios pájaros que le arrojaban
excremento encima suyo, debido a ello, casi se resbala para conocer el suelo, empero,
se sostuvo de un “hueso” que sobresalía de la rampa. Bajo unos cuantos centímetros,
aun así, no tardó en llegar a la cima. Y cuando llego, noto una ausencia de luz dentro
del lugar. Prendió la lámpara de su teléfono, sin antes, ver la hora en él —5:46am—
ya casi termina la hora. Buscando, noto unas escaleras que iban a un sitio más abajo,
bajo por ellas, quedando maravillado por el contraste de la parte de arriba y de
abajo, al contrario de la parte superior, el piso en donde estaba ahora se encontraba
iluminado por un color estelar, un violeta con varias estrellas en la pared que
parecían moverse. Quedo embobado por el sitio que no se percató que a sus espaldas
se abría una ventana circular.
Una luz entraba al sur de su posición, y la otra intentaba salir por ahí. El contraste
de iluminación era claro, alguien abrió una ventana, giro su cabeza por encima del
hombro para ver a Agnes intentando salir por la ventana. Ambos, como antes, se
veían a los ojos por unos segundos, mientras que pensaban en que hacer. Agnes le
saca la lengua antes de saltar por la ventana. El chico preocupado por la acción se
acerca corriendo a la venta, pero era un truco, su amiga se encontraba subiendo a la
torre por una liana a su costado. Tardo un poco en darse cuenta de ello, por lo que su
cara de tonto al enterarse del engaño no tardo en aparecer cuando alzo su cabeza.
Hizo lo mismo que Agnes, tomo una liana y salto para tener impulso. Este dúo subía
con emoción la gran torre, hasta llegar a la cima, aunque la chica tenía la delantera,
el chico casi la alcanza. Estando arriba, Agnes intento bajar por la rampa, pero al
ver como esta había cambiado, se echó para atrás. Desafortunadamente, el chico ya
había puesto un pie en su piso. Tratando de escapar, se acercó la orilla para tomar
otra liana, pero el chico le sostuvo de la mano, y en el forcejeo, los dos se resbalaron.
—¿No lo ves?, estoy bien —dijo llorando Agnes en voz baja y sorprendentemente,
sus heridas desaparecieron.
Al atrapar a la chica con un bello abrazó, unas manos oscuras salieron de la
oscuridad y sujetaron a la chica, separándolo a los dos. Las manos estaban sujetando
cada extremidad de la chica, parecían ser sombras solamente, pero la chica podría ser
perfectamente el frío de las zarpas que imitaban a las manos humanas. No entendía
que ocurría, los dos solo podía mirarse con horror, la chica trato de gritar, pero fue
silencia con otra mano que amortiguó su grito. Y como si fuera un truco de magia,
los ojos verdes que el chico creía que era producto de la imaginación, materializo el
cuerpo de una bella dama, la cual, cubierto de un manto negro que cubría su rostro,
quien recitó los siguientes versos:
Cuando terminó de recitar, cada extremidad de Agnes fue girando poco a poco por
las manos hasta que soltarán el sonido de un hueso roto, no deteniéndose hasta que
dieran la vuelta contraria de su posición original, al final, tantos manos, pies, brazos,
y piernas fueron mal posicionados. Solo faltando la cabeza como acto final. La
expresión de la chica fue de pura desesperación cuando empezó a sentir como las
manos giraban su cuello.
Día 2
El cuerpo de la chica cae al suelo, poco a poco, se desvanece por la luz del día y donde
antes estaba un cuerpo, floreció una flor de azafrán en el lugar.
La bella dama de negro permanece inexpresiva, solo veía a un tembloroso chico con
ausencia de sonido. Entonces ella rompe el silencio con los siguientes versos:
no. Desilusionado, cree que todo fue un sueño, sus sospechas lo afirman cuando
apaga la alarma y ver que no hay ningún mensaje de Agnes ni de Kohai desde hace 8
años. Aliviado por la situación y al mismo tiempo triste, se prepara de nuevo para ir
a la escuela.
No tardó mucho en hacerlo, únicamente faltaba un suéter nuevo para ponerse, sin
embargo, cuando fue checar su ropa, noto unas plumas en el único suéter que había,
el mismo que se puso ayer. En tanto, unos gritos se escuchan desde la sala de estar.
Baja deprisa con suéter en mano para ver que ocurría, poco le sorprendió lo que vio.
Le decepciona al chico que solo eran sus hermanos discutiendo como de costumbre.
Ignorándolos, termina de bajar de las escaleras mientras se pone su suéter haciendo
uso de la capucha. Planeaba irse en silencio, pero su hermano noto su presencia.
—¿Podrían dejar de pelear? —exige su madre en la cocina—. Si que les hace falta
dios—dijo mirando al techo con cansancio.
—Lo haría, si no fuera porque este idiota no quiere admitir que fue el quien arruino
mis flores del jardín—replica la hermana.
Una foto de la chica deseada está cubriendo su móvil, de nuevo, se está preparando
para un partido de voleibol. Sabiendo la hora y la ubicación del lugar, usa de excusa
que tiene un proyecto urgente para irse temprano de la casa.
Ya en el autobús, todo transcurrió con normalidad; reviso las redes para matar el
tiempo, mandando mensajes a Agnes —todavía no saba nada de ella— para quitar
sus dudas. Iba tranquilo, hasta que sintió un bulto en el bolsillo de su suéter. Metió
sus manos en él, con la sorpresa de que, al hacerlo, fue picoteado en su dedo. Saca la
mano y por instinto se la metió en la boca, en un intento de cerrar su herida —era
pequeña—. En cambio, algo salía del bolsillo, era un pequeño búho. Algo
extraordinario, solo superado por lo que paso después: «Haz un pacto conmigo» dijo
el búho. Como era de esperar, el chico dio un grito agudo igual al de una mujer.
—Por favor no grites porque mis oídos son sensibles muchacha. —en voz baja dijo el
búho.
—Gracias por no matarme —dijo con falta de aire—. Debes escucharme, tu vida
corre peligro, si no, te ocurrirá lo mismo que la otra chica de ojos rojos.
Obviamente se refiere a Agnes “¿Lo qué paso no fue un sueño? Entonces… ¿cómo es
que desperté en mi cama?”, pensó el chico.
—Noto tú negación, no me crees en este instante, pero pronto lo harás cuando leas el
mensaje próximo en tu teléfono.
Llegó a su destino, eran las 7:14am. Ya estaba por la iglesia cuando una monja sale y
se tropieza con él. Teniendo unos reflejos de acero, el chico sostiene a la monja antes
de que cayera al suelo.
—…—el joven mantiene su silencio, no dejando de ver el suelo con una cara roja.
—No te preocupes, acepto tus disculpas. Solamente que la próxima vez no dejes
tirada una hermana en el suelo, principalmente cuando eres el causante de su caída
—sermoneo la monja.
La monja siente algo de culpa al verlo tan nervioso y rojo como tomate. En un
intento de cambiar el ambiente, decide presentarse.
—No dejéis que mi sermón te haga dar una cara larga. Lamento que te haya afligido
sin que conocer mi nombre, me llamó Mikayla, es un placer conocerte —junta las
palmas y le una sonrisa al chico.
—Me extraña tu silencio, pero te entiendo. Tienes motivos para no hablar, ¿eres
mudo? En ese caso, basta con que me lo escribas.
El chico le causa vergüenza que lo llamen por ese nombre, y algo preocupado por no
saber comunicarse con la monja, decide intentar hablar, empero, no hace más que
soltar sonidos extraños.
—Me inquietas un poco, ¿podrías parar? —dice en un tono insensible, pero chico
hace caso a su petición y la monja continúa hablando—. Ups, perdón por mi tono...
solo me inquieta tú… —se detiene a pensar que dirá por un momento—, especial
forma de comunicarte.
“Para ser más valiente al hablar, busca a alguien con quien confesar.
Fue en ese periquete donde una chica parada frente suya se reí. Portaba el uniforme
del equipo de Kohai, ella tenía muy bien aspecto, sus medidas debían ser altas, pues,
comparada con las otras chicas, las de la hermosa mujer tenía de donde presumir; sus
caderas exuberantes, un cabello dorado brillante, una retaguardia comparable a dos
granadas juntas, y un busto para comer como un dúo de melones. Sin duda, su
belleza era competidora con las de Kohai, ya que incluso, tenían ese color canela que
tanto resplandece en el sol. La chica por su vestimenta era parte del equipo de
voleibol, entonces, solo tenía que esperar para que regresará al campo, pero el chico
se llevó una sorpresa cuando se sentó a lado suya e iniciaron una conversación.
—Te haces el interesante, ¿eh? —se levanta y se pone frente a él—. Brillante,
entonces seré yo quien dé el primer paso. Mi nombre es Gia, mucho gusto —le ofrece
su mano para un estrechón de manos.
Le parece insípido la forma de actuar de la muchacha, pese a ello, el chico estrecha su
mano con Gia, esta, espera que le revelé su nombre.
—Con que enferma… es raro, ella por lo general avisa cuando ocurre algo —se
detiene de hablar por un momento y continúo—. Que se la va a ser, aunque si ella no
está, ¿cuál es tu razón de quedarte?
El chico mira hacia otro lado, a veces olvida que los demás no leen su mente e
interpretan sus expresiones como molestia en vez de frustración. Por lo que, con un
cruce de miradas, explica su condición de disfasia. La chica asombrada por su
problema muestra una enorme empatía que dejo en él un sentimiento de calidez que
no había experimentado desde que conoció a Kohai, es maravilloso como una chica
que parecía obscena, llega a ser muy agradable. Lo que lo lleva a preguntar, ¿por qué
no está en la cancha?
—No hablemos de esa enana, mejor ya cuéntame por qué sigues aquí.
Dudando un poco si contarle sobre Kohai, al final decide hablar sobre su enamorada.
Tuvo la misma reacción que Agnes, sorpresa y desconcierto debido a la existencia de
aquella chica —tampoco la reconocía— con la diferencia de que dudaba un poco
sobre su probabilidad de éxito en su conquista. Ya que ella ha salido con muchos
chicos antes, y sabe lo complicado que es engatusar a una chica desconocida. “Debes
ser agresivo, dar más emoción a tu comportamiento sino puedes hablar, deja en claro
que es lo que quieres, sin rodeos.”, dijo Gia. El chico mostraba una mirada
admirable al escuchar sus palabras, así que, con una mirada llena de vigor, quiso
saber dónde podría ser su cita.
—En una playa, presume tu figura y haz que ella muestra la suya en un hermoso
bikini que remarque sus mejores atributos. Mójense un poco, y manosea al chapotear
en el agua, pero ojo, de apoco. Procura jugar juegos físicos para hacer más fácil tu
trabajo, y cuando entren en confianza, róbale un beso —dijo entusiasmada—. Yo te
puedo ayudar, si me dejas acompañarte, claro.
—Oye Gia, deja de estar coqueteando y ve al campo, llego tu turno para jugar —dice
una chica bastante chica.
Gia camino hacía el campo, cruzando miradas con su capitana la cual caminaba
hasta al lugar donde está sentando el chico.
—Debes tener cuidado con ella, es una golfa que le fascina meterse en muchos
romances —dice recta y fríamente—, en especial con los vírgenes.
—Es solo un consejo, ella arruina muchas relaciones ¿Acaso no la escuchas hablar? Y
no me hagas hablar de su cuerpo. Dicen que se ha hecho cirugías para tenerlo de esa
manera.
Cuando termino de hablar, la capitana se fue al campo sin despedirse del chico y
balbuceaba “espero que le ponga los cuernos”.
La experiencia que acaba de tener le sirvió al chico para llegar a la conclusión de que,
si Gia es tan experta con los hombres, ella podrá asesorar su personalidad para
volverlo más atrayente Así, acepto su petición. Cuando acabará el partido ira a
decirle, mientras tanto, el chico se puso a fisgonear en las redes sociales sobre la vida
de Gia. Viendo muchas fotos sugestivas, pero no cruzando la línea de la decencia.
“Vaya que le encanta lucir su imagen”, pensó el chico. Siguió navegando y vio fotos
de varios hombres con las que ha salido, no era pocos precisamente. Tanto así, que
encontró una donde estaba con una relación poliamorosa. Realmente se asombra de
cómo son las relaciones de algunas personas, se pregunta si Kohai ha salido con
varios hombres como ella.
Después de un tiempo, el partido ha finalizado. No pierde el tiempo y el chico va con
Gia para aceptar su propuesta. “Exquisito, sí que eres listo, Hadai. Ahora aquí te va
mi primer consejo”, dijo ansiosa Gia.
La chica exclama lo siguiente ante la valentía del chico: —Sí querías salir conmigo,
solo tenías que decírmelo bobito—exclamó la chica bridándole un fuerte abrazó
“Kohai actuaba demasiada extraña, era demasiada cariñosa” pensó el chico. Aún si,
lleno de emoción en su mente distraída que, casi olvida la invitación propuesta por
Agnes, le invita a salir a la playa.
Mientras camina para sentarse enfrente del escritorio, el chico daba una mirada
distraída.
—¿A qué va esa mirada? ¿Al fin vistes que hay en tu habitación o volviste ver a la
niña?
El chico no responde.
—No des esa mirada, no deberías enojarte por eso, todos tenemos un lado así, incluso
los hombres y no solo en las mujeres.
—Estas dejándote llevar por lo que te dicen los demás, no niegues todo tú ser, eres
estelar tal como eres, te gustar vestir y actuar de otra manera a como eres realmente.
No es malo, lo malo viene cuando te enfermas al negar tú alma. Como le paso a las
dos hermanas del mayab, déjame contarte una historia que quizás ya hayas
escuchado en algún lugar.
La prostituta y la puritita
Alguna vez existió un lugar dentro de la selva donde habitaban unas gemelas de un
singular color. Pese verse igual, su cabello era distinto al igual que su personalidad.
Una era de dorada; entregando su cuerpo a cualquier hombre amable con ella,
mientras que la otra era de la noche; guardaba tenazmente la pureza de su cuerpo. El
perfil de sus personalidades estaba muy bien marcado para los demás aldeanos. La
hermana buscona, le apodaban Xkeban, por aceptar múltiples cortejos de los
hombres que, constantemente, recibía obsequios de oros e innumerables collares
hechos con hermosas piedras.
Su familia conocía acerca de sus comportamientos sucios, siendo la única razón por
la que no era rechazada por sus padres al ser el amante de un joven de casta superior
que la quería como pretendiente. Pese a ello, ella detestaba que le llamaran por su
nombre verdadero, cuyo significado significa la “princesa del amanecer”, era un
insulto para ella ser nombrada así, por lo que prefirió su apodado.
A pesar de ser lasciva, Xkeban era una mujer de un corazón puro. Ella creía en el
amor en cada relación que tenía, por eso, le gustaba ayudar a los desamparados,
ancianos, y animales; capaz era de obsequiar los lujos que recibía para una sonrisa
más. Era de un corazón bello. Lamentablemente su hermana no lo compartía ni
asemejaba.
Ella destetaba a Xkeban, no podía entender como su hermana salía con tantos
hombres en tan poco tiempo. Sin embargo, la puritita le daba igual mientras no se
metiera con su enamorado, cuya inocencia quería conquistar, tristemente, un día
descubrió a su hermana con su hombre saliendo de su choza. Ese día, Xteban y la
puritita nunca volvieron a verse juntas.
Paso el tiempo, Xteban cada vez pasaba con menos hombres, debido a que ya se
habían cansado de ella. El grado de rechazo era tanto que ya no sé le veía tanto en la
aldea, la visita a los desamparados y a los animales se había reducido, hasta que un
día la gente del poblado no vio salir más a Xkeban de su casa, por lo que comenzaron
a preguntarse qué le había ocurrido.
Pasaron 3 días en los cuales se esparció un fino aroma de flores, un perfume. Nadie se
explicaba de dónde emanaba tan precioso aroma, pues no había flores en esa aldea.
por lo que decidieron buscar lo que los condujo a una casa abandonado a las afuera
de aldea. Y ahí estaba, Xkeban, a la que hallaron muerta, abandonada, sola.
Pero lo que más sorprendió a los pobladores fue que junto al cuerpo de Xkeban se
encontraba varios animales que le custodiaban, mismo donde brotaba aquel perfume
que envolvía al pueblo.
El chico trata decir algo, sus labios titubeaban una palabra que era incomprensible
para Layla. Los ojos en él demostraban sus ganas de compartir su experiencia
onírica, su opinión del cuento, en especial, hablar sobre Kohai. Para su suerte, sin
decir ningunas palabras, su mensaje fue transmitido a su orientadora.
—Gua, eso sí es un sueño vivido…no sé qué decirte —dijo sin mirar a los ojos del
chico—. Quizás debas escuchar al búho, no creo en seres sobrenaturales, pero si en
las mentes inestables. Como dices aquel poema.
—Tú dolor ocurrido con aquellos chicos es reciente, es una herida que todavía no
sana, por ende, todavía estás sanando, después de todo, es una experiencia del que
casi nadie habla.
—Todo está bien, ellos ya fueron expulsados después de lo que ocurrió en los baños.
Después de un tiempo, las clases habían terminado, durante ese lapso, el chico no
podría sacar de la cabeza las palabras que había dicho. “Existirán chicas mágicas”,
pensó para sí mismo, mientras caminaba, choca con una chica dejando caer su
teléfono, para su infortunio, era su hermana, sorprendentemente, estaba de muy
buen humor, preguntándole a su hermano si se van a la casa juntos. El chico
respondió asintiendo con la cabeza.
—…— Sintiendo las mareas en su cuerpo, el chico sumergió parte de su cabeza como
señal de respuesta, escuchándose el acto cerca del oído de la chica, soltando unas
risas por parte esta.
—Eres lindo, la mayoría de los chicos son más rudos conmigo. Pero tú…—se detiene
de hablar para moverse un poco para ver al chico—, eres lindo como una chica.
Escuchando decir eso, le afecto a Hadai, desvío la mirada hacía los muslos de Kohai
para evitar demostrar su mirada furtiva.
—No lo pienses mucho —replicó la chica con recelo—, eso no te volverá más varonil
jajaja.
Al momento de salir a la costa, toman asiento en la arena al borde de las olas pues
querían presenciar el atardecer junto, el ocaso estaba a su encuentro. Sus piernas se
extendieron hasta que sus dedos tocarán el área húmeda del mar. En el horizonte, se
deslumbra las figuras de unos animales asomando sus cabecitas en la superficie. La
chica amante de las alimañas señala a los que cree que son manatís diciendo su
aparente peligro de extinción y lo triste que está por no tener uno de mascota, mas
su tristeza replica en lo siguiente:
—Los manatís son hermosos, pero las vaquitas marinas son la cúspide de la belleza
—suspira y continúa hablando—, desearía ver uno alguna vez.
Una pequeña habitación en completa oscuridad yace frente al chico sentado en las
sombras, no alcana a vislumbrar más que una mesa que cubre sus piernas, ni si
quiera está seguro de que lo sea debido a una niebla densa yacido sobre el mueble. La
situación cambia cuando la figura de una mujer sin boca y aun así con la capacidad
de hablar, pronuncia los siguientes versos:
No entiendo
No entiendo.
—¿Qué? —pregunto la voz chillona en vez del chico—. ¿Qué es esa voz que me
imita? ¿Dónde está Kohai?
Cuando llegaron a la casa del chico el sol ya se había puesto, no era muy tarde, pues
en el cielo todavía se alcanzaba a ver un poco de luz en el horizonte. La hora marcaba
las 6:53 cuando ellos recostaron sus cuerpos en la sala e iniciaron una conversación.
—Tú casa es acogedora, bebé —dijo Kohai relajada—Aunque un poco silenciosa ¿no
crees?, ¿Dónde está el resto de tú familia?
Intrigado también por la incógnita, el chico se levanta para buscar por toda la casa,
grata fue su sorpresa cuando supo que no había nadie en la casa, todas las
habitaciones se encontraban cerradas al momento de buscar, exceptuando su
habitación que, sin saber quién había entrado, estaba media abierta cuando subió al
segundo piso. Curioso, entró a su cuarto tan solo para ver su cuarto perfectamente
acomodado. “No ha sido mi madre”, pensó al chico. Ya que su madre tiene prohibido
entrar a su cuarto, le es imposible pensar que su madre tuvo un poco de altruismo
para limpiar su cuarto. Investigo por completo su propia habitación en la búsqueda
de una pista del actor, solo encontrando unas plumas negras y una baba viscosa en
su cama. Empero, vió un poco más a detalle y encontró un péndulo de piedra bajo su
almohada. “Qué ambiente tan liviano tiene”, exclamó Kohai al entrar a la
habitación. El chico se volteó para ver a su dama viendo sus gustos culposos en el
estante:
Claramente hablaba sobre la chica de cabello rosa con una varita en su mano. Ella la
sostuvo en sus manos para preguntar después “¿Crees que existan las chicas
mágicas?”. El chico nervioso por lo que estaba haciendo ella, guardo en su bolsillo la
piedra y como si fuera un correcaminos, le quito la muñeca de sus manos en un
santiamén. Al ver la reacción del chico, Kohai se disculpa con él, y, apenada dice lo
siguiente: “A mi realmente me gusta la magia, y nunca pude tener una de esas de
pequeña”. El chico lo piensa un poco, pero como una señal de aceptar su disculpa, le
regresa la muñeca, siendo su sorpresa como ella lo contempla con mucha pasión,
como si estuviera viendo a una vieja amiga, aún con la muñeca en sus manos,
deambula por el cuarto, no dejando de ver la muñeca, está hipnotizado por algo
externo a ellos. El chico tampoco es diferente, gusta ver a su Kohai con algo suyo y
la llama en los ojos dentro de él flamea mucho de la pasión, pero la oscuridad no le
dejaba ver con claridad, así que encienda la luz para iluminar el ambiente. Al
momento de hacerlo, Kohai parece salir de su trace, sobre todo, cuando alcanza a ver
una foto de Agnes con dos niños en un cuadro en la mesa de alado.
Ella parece haberlo olvidado, pero los niños en la foto eran Agnes, ella y él cuando
fueron a visitarla en sus vacaciones.
—No lo sabía, como siempre llevas tu capucha jamás me fije en tu color de cabello—
su rostro de sorpresa todavía no le quitaba cuando siguió hablando—, te veías TAN
lindo, pero… —duda un poco en lo que iba a decir—, parecías una niña jajaja.
La mirada flameante del chico cambió de una de pasión a una de furia, su respuesta
fue intentar burlase con palabras acerca de su falta de ropa, pero sus palabras como
siempre, eran inentendibles, empero, Kohai parece haberle descifrado y mirándolo de
manera sugestiva, dicta lo siguiente: “Si la ropa te molesta, me lo quitare en este
instante”. Dicho y hecho, se quitó el bikini delante los ojos radiantes de lujuria, su
amante quedo boca abierto por el espectáculo que le mostraba. “¿Satisfecho?” dijo
ella satisfecha, para decir después que iría a tomarse una ducha, que no entrará le
destaco, sin embargo, era obvio la contradicción de su orden cuando ingresa a la
ducha dejando la puerta medio abierta. “Es una clara invitación” interpreto el chico,
así que sin hacerse el interesante. Tomo la iniciativa; se planta en la puerta del baño,
quitándose el traje de baño, quedándose como dios lo trajo al mundo; la chica
cuando lo vio quedo sorprendida, no por su ingreso, sino por su cuerpo. Nuevamente
como ayer, hubo un silencio. La valentía que mostraba antes desapareció con la
mirada de Kohai.
—N-o no…—Kohai muestra una gran dificultar para hablar—, no sabía que tú…—
Hadai la interrumpe con un beso antes de que terminará su frase, siendo apartado en
seguida—. Ey, es- estas valiéndote por tu cuenta en esto —empuja al chico—.
¿Podría esperar en el cuarto? Deja termino de ducharme —le pidió amablemente al
chico.
Noche 2
Esas palabras resonaban como eco en su cabeza pese no haber nadie, estar en
completa oscuridad provoco agobio, paranoia, serva. Reflexiono mucho —¿Debo ir?
¿Qué escucho? ¿Sueño despierto? —interrogantes se han generado. Quizás sea la
hora de seguir el flujo de los acontecimientos.
Prepara su mochila para partir hacía la playa, un traje de baño y una muda de ropa
guardo. Vistiendo su suéter y un pantalón, baja las escaleras con unas sandalias,
despacio intenta salir por la puerta cuando un ruido le llamo su atención. No se
había percatado por la falta de iluminación, su madre estaba en la cocina cocinando
algo. Ella suele ser ruidosa, en realidad, nadie es tan silenciosa cocinando como lo
está haciendo su madre ahora, cuando se acercó a ella —creyendo que le hablaba—
se percató con la poca luz que había, el platillo una carne bastante extraña, tenía la
impresión de contener cabello y dientes humanos, peor aún, un ojo muy humano
rostizándose en el sartén como un huevo. Toca a su madre en forma de llamar su
atención, pero su mirada estaba clavada en la cocina, aterrador, se equivocó al pensar
que el ruido venía de ella, en cambio, provenía de la habitación de alado. El devenir
de un mal presagio estaba cerca si se quedará más tiempo, su madre sin expresar
ninguna palabra estaba muy molesta por su interrupción, giro su cabeza a su
dirección y al hacerlo, un líquido blanco comenzó a salir del suelo y de la comida,
empeorando el momento al deformarse el rostro de su madre, oscureciéndose aún
más de lo que ya estaba. Terminando la situación con una palabra susurrada al oído.
«vete»
Yo experimente compatibilidad
De probar lo inexplorado
De probar lo amenazado
El chico se encuentra escondido detrás de una piedra gigante, la hora marcaba 12:
06am, el tiempo pasaba demasiado rápido, no tenía mucho que había llegado a esa
piedra. Parece ser que en algún punto del juego él tendrá que mojarse para aumentar
la cantidad de vías de escape, así que saco su traje baño de su mochila para acto
seguido, cambiarse de rompa, pero mientras lo hacía, no se percató que la luz de la
luna le iluminaba bastante, haciéndolo notar en la oscuridad. Gia aprovecho el
momento y camino de puntillas cerca suyo, con un pequeño salto, ella le derribo.
Ambos se encontraban cerca del otro, su cuerpo regordete le hacía temblar de los
nervios en el suelo. Ella solo se reía y le decía que debería haberse cambiado antes de
empezar pues ahora puede apreciar exquisitamente su parte inferior, aunque era
extraño para ella, a lo mejor por el frío de la noche, Bartolomeo se encontraba
ausente al momento de tocarlo con sus manos. “Parece ser que tu pequeño ‘amigo’
está muy dormido por el frío, debe ser natural por el clima jajajaja” dijo después de
levantarse. Las lágrimas dno se hicieron de esperar al recibir este comentario,
terminándose de vestir, con short y capucha puestos, el chico siguió a Gia al punto de
inicio.
Esta vez, el chico se oculta detrás de unos camastros, sin embargo, el escondite poco
le iba a durar, porque el nivel del mar comenzó a subir de forma anormal, en tanto,
sus pies ya se encontraban tocando el agua de mar. Parecía una inundación, no tuvo
tiempo de procesar cuando escucho chapoteos cerca suya, iban a paso lento, pero
tuvieron un cambio brusco de velocidad que le asusto, provocándole su huida a la
dirección contraria del origen del ruido. Cada paso dado provocaba que toda el agua
salpicara por todas partes, un pie en la arena era igual de cansado que nadar de
forma normal, su respiración acelerada empeoraba su movimiento, aun así, una
sonrisa se forjo en su rostro, la cual, desapareció al instante cuando piso un ajolote
que le hizo tropezar. En suelo, volteo atrás suyo para ver a Gia corriendo hacía él,
por instinto, el chico se sumergió debajo del agua antes de que ella se arrojara e
intentará atraparlo, esquivando por muy poco la embestida, el chico siguió nadando
hacía el mar. Gia le seguía la pista, era rápida, en poco tiempo ella ya estaba por
sujetar su pie, pero en un movimiento astuto, el chico agarro arena por donde
nadaba arrojándolo a su cara como barro.
—¡Augh! —gruño al recibir el arrojadizo, deteniéndose en su lugar para quitarse la
arena de su cara,
El chico mantuvo una distancia, se acercó poco a poco para disculpase con ella, en su
mente había olvidado que, solo es una chica al que no debe precipitarse así, pero
cuando vio cómo se abalanzo sobre él apenas se acercó, lo esquivo enseguida y
continúo nadando, realmente, si no fuera porque una alarma sonó en su teléfono, ya
no tenía como escapar.
Regresan al punto de conteo nuevamente, el muelle ya casi era superado por el nivel
de mar, iban a comenzar a juego de nuevo, pero el chico le pregunta a Gia si le parece
normal, ella respondió que era por su pathos de la luna que era por la luz de
plenilunio que les iluminaba “Se puede sentir su energía fluyendo por mis venas”
decía. Sin duda era una chica mágica llego a pensar el chico.
Dicho eso, ella comenzó a contar, debe preparar su cabeza porque muy
probablemente trate de vengarse, de lo contrario, lo perderá.
«Fitmento no bolum»
Esas palabras resonaban en su cabeza, abrió los ojos para ver a un ajolote verde
hablando por telepatía que le hizo volver a respirar. Un choque vitalidad volvió al
instante, no había ningún pensamiento que él pudiera decir o pensar más la de
querer subir a la superficie, pero sigue sin moverse. Es entonces cuando el ajolote
volvió a hablar:
—Escucha, sé que tienes muchas preguntas por hacer, pero ahora necesito que
aceptes hacer un pacto conmigo—dijo apresurado.
Sin más remedio, el chico acepto, con asentar la cabeza, el ajolote comenzó a brillar,
irradiaba un color verde que le cegó, cuando la recuperó, el ajolote había
desaparecido. Ese no es el mayor misterio, sino, es como podría ver todo a su
alrededor. El ambiente tétrico que había antes se esfumo para cambiar a un hermoso
arrecifé que se plantaba frente suya —¿cómo es que un paisaje tan hermoso se
ocultaba en un mar obscuro? —No pudo presenciarlo por mucho tiempo cuando se
percató que alrededor suyo había unas cuerdas amarrillas que le sujetaban,
inmediatamente se lo quitó de encima, empero, estas empezaron a moverse tratando
de volver a envolverlo. Nado rápidamente para evitarlas, pasaba por debajo de
piedras, corales, y esponjas para eludirlos. Exploto su angustia cuando vio que esas
cuerdas estaban por todo el arrecife; sujetaban peces e incluso tiburones.
No entendía porque ocurría todo esto, su mente hace momento paso por el estrés de
la cercanía a la muerte y ahora veía este espetaculo BDSM con los animales marinos.
La confusión fue mayor cuando vio a Gia sujetando una cuerda que usaba para
moverse hacía unos de las cosas amarradas. Sorprendiéndose todavía más al ver que
ella no necesitaba parecía afectarle la falta de oxígeno, pues, se movía hábilmente
por todo el arrecife. “Ella debe estar produciendo esas cuerdas”, dedujo el chico. En
tanto supo esa información, continúo jugando con normalidad hasta que pasara la
hora, esquivando las cuerdas y a los peces que se metían en su camino, buscando no
ser visto por Gia. La estrategia no duro pues que, sin querer, piso un erizo de mar que
le hizo gritar tan fuerte bajo el mar que alerto a su perseguidora, no esperando más
tiempo, ella uso las cuerdas para moverse de un lugar a otro al mismo tiempo que
usaba otras cuerdas para atraparlo. El pie lastimado no le permitía ir más rápido que
Gia, se metió en una cueva para esconderse, aunque estaba bien iluminaba por la
cantidad de huecos donde pasaba la luz lunar, logró perderla por unos segundos,
hasta que una de sus cuerdas paso por su pie, sujetándole e impidiéndole moverse.
Trato de zafarse de nuevo, empero, Gia ya se acercaba lentamente arriba suya, ella se
abalanzo sobre él, no tomando en cuenta que había errado su posición, confundiendo
donde se encontraba, el chico se dio cuenta de ello y comenzó a reírse cuando
lograron hacer contacto visual. Cuando reacciono era demasiado tarde, un ruido de
campanas resonó bajo el mar. El tiempo había terminado.
Se hicieron señas, para salir a la superficie juntos, cuando subieron, Gia dijo lo
siguiente:
—Rayos, estaba tan cerca —dice frustrada y agitada por el cansancio—. En mi
defensa, no se ve nada bajo el mar—se justificó—, vamos no des esa cara, ahora te
toca hacerme correr a mí —le guiña el ojo al chico.
Ronda 4
Ambas miraron con dirección al muelle, cuya observación era inexistente, ya que se
encontraba bajo el mar.
—Oh, cierto, supongo que el agua subió tanto que ya no hay donde salir —dijo
ansiosa— Da igual, cuenta aquí mismo —dicho eso, ella se fue nadando,
aprovechando al máximo el corto tiempo que tiene.
Quedo boca abierta por lo que acaba de hacer, el chico cuenta los segundos necesarios
para poder ir tras ella. “No tuve ni tiempo para procesar todo”, pensaba en su
cabeza.
Ha pasado media hora, y no se ha topado ninguna sola vez con Gia, extraño, porque
él puede ver bajo el agua a contrario de ella que parece tener la visión una rata topo.
“De vio encontrar un buen escondite” intuyo, pues ha revisado cada cueva, cada
coral por donde podría esconderse alguien. Es difícil pensar que podría buscar en
todos los lugares del arrecife, encima, la velocidad con la que inició ya no es la
misma, tampoco es como si los peces le ayudaran, el miedo que algunos de ellos le
causaba al chico era irregular, quizás por la existencia de pequeños tiburones
persiguiendo a otros peces, provocaba que una estampida saliera huyendo hacía su
cara. Recuperando la compostura, pudo ver a un ajolote verde sentando en una
piedra.
—Esa es una terrible tragedia, donde ella se oculta esta oculto a cualquier ojo
humano —contradijo el ajolote.
Al chico le parece infame que él diga eso, es imposible que no la encuentre si ella ni
puede verse en la oscuridad del mar.
—Quizás tu puedas ver bajo el agua, pero ella se camufla usando su pathos —
exclamó mientras se veía a otra dirección—, el pacto que hicimos no te ayudara
contra ello, tendrás que hilar más nuestro hilo para que pueda ayudarte.
Era raro su petición, pero si con eso pudiera atrapar a Gia, con gusto atraparía a un
pez. No le tomo mucho hallar uno, agarrarlo fue lo difícil, pero al final pudo darle el
pez que pidió ajolote.
—Excelente, ahora, cierra los ojos porque no me gusta que me vean disfrutar de mi
festín —le pidió el ajolote.
—¡Exquisito! Ya hemos procesado, puedo sentir como nuestros hilos se hay vueltos
más extensos —dijo alegre—. Te diré donde esta, pero te advierto que ella ha puesto
toda una red de cuerdas que apenas choques con ellos, le alertarán de tú presencia.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —grita confundida—. Esto no… tú no deberías de ver las cuerdas—dice en
voz baja.
Gia esta perturbada, no le entra en su mente como es que Hadai logro pasar por su
red, le cuestiona como la pregunta de tipo “¿acaso ya has pasado por esto antes?”
porque es imposible que alguien le ayudará, piensa ella. El bello ambiente se fue
apagando con cada pregunta nerviosa que soltó después “¿Acaso hay eres una
bruja?”, “¿A qué dios le rezas?”, “¿Cuál es tu tipo de sangre?” “¿Tienes un genio?”
cuestionamiento que no van a tener respuesta debido a la disfasia de receptor, cuyo
silencio solo alteraba más a la mujer que siempre mantenía una actitud serena, ahora
está titubeando en sus palabras. No había palabras para solucionar la situación, ella
en que en un inicio quería jugar, ahora es la que quiere abandonar, pero al mostrar su
descontento ocurre un evento que solo podría describirse como tétrico, obra de un
caos errante. La luz del plenilunio comenzó a volverse roja, el chico volteo atrás suya
para verla, cegándolo, y en un abrir y cerrar de ojos, un rayo lunar caía sobre Gia,
sus gritos de dolor se escuchaba a todo pulmón, el chico no podía ver que rayos le
ocurría, el hermoso cuerpo que ella tenía estaba pasando por una transformación que
no podría describir; sus huesos se quebraban, su mandíbula se agrandaba, sus senos
se dividían en parte más pequeñas que, su piel oscura, se tornaba grisáceo, perdiendo
de vista donde terminaba uno de sus pechos diminutos, su cabello dejo de ser
amarillo a ser uno azulado, cuyo color combinaba con los ojos negros sin pupila, peor
aún, la piel suave se volvió escamosa, sus piernas se combinaron para formar lo que
parecía ser una cola, la cual mostraba una boca que parecía producto de su genital
que creció en anchura, tan abierto estaba que su bikini se destrozó por la magnitud
del miembro. Temblaba todo el océano al ver al monstruo que se generaba frente a su
cara, la oscuridad de la noche parecía inexistente con la luz roja que ahora plagaba el
cielo, el rayo no duro ni 30 segundos, pero pareció una eternidad cuando se esfumó, la
criatura que ahora existe huye espavorida al ver su reflejo en el mar.
El chico ya no sabe qué hacer, sus lágrimas caían de sus ojos, casi imperceptibles por
las olas del mar, pero no tenía tiempo, una voz femenina le recordó su tarea: “Debes
continuar el juego” esa voz, era la de aquel ajolote, aun temblando, se dispuso a
realizar el conteo, susurros le aterrizaban en su oído:
Terminando de contar, los susurros se fueron volando como todas las gaviotas que
había en la zona, la última ronda ha comenzado. En el fondo del mar, el ecosistema
que se había formado en el arrecife se había reducido a un abismo de muerte y
sangre, todos los peces se encontraban muertos por donde pasaba aquella bruja, era
un rastro que opacaba la luz de la vida, incluso con su vista mejorada, el chico
miraba borroso entre la oscuridad que transmitía la persecución, perdía de
momentos el rastro de Gia, pero cuando pasaba, el ajolote le decía a donde ir. Parecía
que nunca iba a detenerse, ella buscaba meterse más profundo en el abismo, el
cuerpo que ella portaba le permitía moverse rápido, más de lo que ya era, su
resistencia era enorme, por otra parte, el chico no podía nadar más, una de sus
piernas tuvo un calambre y la presión del agua tampoco le ayudaba. Él se detuvo en
una grieta que había en la pared del abismo, mientras lo hacía, la voz del ajolote le
fomento a seguir, pero en su mente le decía que ya no era capaz de más, quien sabe
cuánto tiempo faltaba para acabar la ronda, entonces, al ajolote se le ocurrió una
idea, parecía vidente por cómo le instruyo sobre una zona volcánica que estaba más
adelante, si él lograba mover una piedra que estaba arriba suya, podrá provocar una
reacción inestable en aquella zona, obligando así, a que ascendiera. Aprovechando
aquella información, hizo exactamente lo que dijo que hiciera, aunque la piedra que
menciono no se movía, intento con todas fuerzas empujarla, pero no hacía efecto, fue
en eso en que alguien le llamo, era el ajolote, que de un momento de a otro se
transformó en una mujer de ojos verdes, está le ayudo a empujar la piedra,
haciéndolo caer, y así como se transformó en chica, se transformó el ajolote
nuevamente, indicando que era su momento de atrapar a Gia.
Nado con las pocas energías que le quedaban, el humo caliente que comenzaba a salir
del fondo era enorme, entre ese humo, se veía la figura de una bestia carbonizada
saliendo disparada, fue en ese momento donde lograr atraparlo con un abrazo. Ella
se sacudía con ferocidad, pero cuando vio al chico a los ojos, tomo un momento de
calma antes de ser llevados bruscamente por unas manos afuera del mar, el agua fue
bajando hasta regresar a la normalidad, el amanecer ya estaba saliendo, y manos
sujetaban a la bruja, esas manos le agarraban de su cola y manos, no podía de
escapar de lo que le esperaba. Como en la noche pasada, unos ojos verdes aparecieron
para formar a la dama de negro, que pronuncia de nuevo los siguientes versos:
Las manos comenzaron a generar dientes en sus palmas, una por una, comenzaron a
comer sus extremidades, despellejando su piel hasta dejar los huesos. Los gritos de la
bruja eran horrendos, no parecían humanos, aun así, las lágrimas en su rostro fueron
suficiente para romper al chico e intentar atacar a la dama de negro para salvarle,
pero es inútil, la dama le sujeta del cuello y para su sorpresa, le dio un abrazo,
tapando sus oídos del escalofriante ruido que hacían las manos al comer cada órgano,
ojo, y aparato femenino.
Día 3
Alma cambiante:
La luz del día bloqueaba los ojos del chico para ver cómo se volvía polvo la dama,
desapareciendo con la brisa del viento y las campanas en su cabeza anunciaban el
cambio de escena a su habitación sin poder presenciar el retiro de la dama.
Acostando en la cama, sostenía en su mano la piedra amarilla que, sin notarlo,
resplandeció al estar cerca de la piedra en su bolsillo. Dejando el péndulo en su
repisa, apaga la alarma de su teléfono incapaz de procesar lo real del evento onírico.
Está sentando, mirando hacia la nada, ni si quiera se preocupa por ver si Kohai
estaba a su lado pues no podría contener sus gritos si viera la ausencia de su amada.
“¿Qué diablos?”, piensa en su mente.
—No temas por favor —susurra una voz femenina—, tengo los oídos tapados
todavía por estar en el mar así que no me hará bien si sueltas histeria.
—Escucha, no hay mucho tiempo, busca a la tercera chica con magia en esta ciudad
o tu realidad acabará al llegar el crepúsculo del cuarto día —exclamó en voz alta,
viendo a detalle como el chico desconfiaba más, el ajolote se transformó a pie de su
cama en una bella chica de cabello negro con ojos verdes y de cola larga—. ¿Qué tal
así? ¿Te sigo causando miedo?
—Si y no, el hombre en la cruz no es el mismo dios que el que me mandó. Ella es una
salvadora de chicas mágicas, y ella es quien envió a mi madre para drenar sus
energías.
La explicación que está dando IKA suena muy fantasiosa para ser verdad, pero
viendo los acontecimientos de las últimas noches y la piedra que ahora tiene en su
posesión le da algo de credibilidad. Él cuestiona al Ángel respecto al propósito de
estar hablando, y, sobre todo, si es un ángel como dice ¿Por qué tiene una cola? ¿Por
qué no ayudo a las otras? ¿Por qué sufrieron de esa manera?
—Porque uno, la cola nos ayuda a comunicarnos, dos, porque me pueden decapitar
por ello, y tres, ¿qué tan lindo es tu lap?
—Una disculpa, por favor no te enojes —dijo apenada—. En fin, la realidad como lo
conoces llegará pasado el amanecer. Si no terminan el último ritual, el péndulo del
esquema se romperá.
—Debes atrapar a la tercera chica mágica que queda en la ciudad, juega con ella, y
gana, lo mismo que has estado haciendo. Nuestro pacto no fue para siempre, si te
pierdes, vuelve a hacer uno conmigo —dijo sonriendo—, estaré en tú suéter mientras
tanto —le anunció al mismo tiempo que se transformaba en ajolote.
El chico tenía que prepararse para la escuela, se cambió de ropa, se puso un suéter
rojo donde se mantuvo oculto IKA en el bolsillo interior. “No trates de buscar tu
mochila, se quedó en la Playa”, dijo ella al ver que el chico buscaba su equipaje.
Visiblemente cansado, bajo las escaleras para ver a su madre sirviendo la comida.
“Dios nos ha bendecido con este desayuno de la más alta calidad, y no aceptaré un
no, hija mía”, dice su madre al verle, obligándolo a sentarse. La apariencia de su
madre era horripilante, ella actuaba igual que siempre, amable y servicial, pero algo
le había pasado en su rastro lleno de prurito hinchados con piel cortada que no
paraba de rascarse violentamente de tal manera que podrías ver las marcas de
rasguño viéndose peor por las zonas griseases que resaltaban las venas. La madre le
veía como si fuera su hermana que, ignorante, tenía en el plantillo su corazón y ojos
a medio coser. Cuando el chico vio el plato, brinco de la silla al ver los ojos de su
hermana casi irreconocibles, su madre por otra parte, le miraba con colera al ver que
su hijo no quiere comer la comida que tanto le costó hacer, así que con una fuerza
sobre humana lo agarro de la capucha y le aporreo contra el platillo para que lo
comiera, volviéndose a sentar. El cabello rosado y el rostro femenino quedo al
descubierto con esa acción, la “comida” grasosa quedo impregnado en su rostro y de
manera sumisa tomo el tenedor y comenzó a comer, su madre contenta, fue a buscar
más carne para servile yendo a la habitación de alado donde hacía eco el grito de una
chica y el sonido de despellejamiento de piel de una cerda. Lo único que podía hacer
era dejar caer las lágrimas de su mejilla. “De verdad que debes ir a la iglesia”, dice su
madre al regresar. No sabe que es ese dio quien le ha causado que cocinará a su
propia hija.
Terminado el acto, el chico aún en shock tomo el autobús donde la soledad le rodeaba
por la falta de personas dentro del camión esperando ver alguna señal que le revelaba
que está soñando mantuvo su mirada en el exterior de su asiento donde siempre
permanecía. El ajolote le comenzó a hablar sobre infortunio que ya ha iniciado en la
ciudad que el primer nivel del “plenidictio” ha comenzado, un evento donde el
subconsciente de las personas se activa, dejando ver el “ello” de las cosas, los
DESEOS más ocultos que tienen arraigados en su mente. “El segundo nivel es el
cambio del espacio, y el tercero es la “purificación”, una linda manera de decir como
la realidad llegará a su fin.
—Es una pena lo de tu hermana, pero debes encontrar a la última chica con magia
—dice desde el bolsillo del chico.
—Sí que no escuchas —dijo molesta—, todos actúan de forma lunática por
influencia de mi madre.
—La vache, tú sí que eres deprimente —suspira—. Todos tenemos pathos, estos
hacen que nivel mágico cambie, pero hay una diferencia enorme cuando alguien tiene
esa chispa de chica mágica.
El chico seguía sin escuchar a IKA y la poca atención que le tenía se desvío a su
teléfono al recibir la notificación de Kohai, en ella pudo vislumbrar el miedo que ella
estaba pensando, al parecer el partido que iba a jugar fue interrumpido por unos
disturbios que se generó por una riña en las gradas. Es una terrible noticia, ya no hay
un punto de encuentro. Peor aún, IKA le menciona que el chofe ha comenzado a
sufrir del “plenidictio”, maneja como lunático; acelerando a tope, atropellando a
transeúntes, y chocando el propio autobús contra un edificio. Del impacto, el chico se
golpea la cabeza, quedando inconsciente.
Después un tiempo, el chico fue despertado por Ika en su forma humana, ella estaba
bastante herida, debido a que él quedo inconsciente boca abajo, aplastándola por
completo.
El chico con ayuda de Ika se fue levantando lentamente, pero claramente tiene un
hueso fracturado.
—En realidad no fue un pacto, fue más como un regalo, ahora sí que sería un pacto.
El chico duda bastante de ella, se apoya en una de las sillas y se separá de ella,
manteniéndose en guardia. “No es el momento para hacer el hombrecito”, le dice
IKA, pero aun así reniega la idea de jurar un pacto, en su cabeza, el chico piensa en
todas las obras donde hacer un pacto con alguien ha generado más muertos que
arreglos. Ella trata de persuadirlo con el argumento de que no podrá moverse si no lo
hace, pero el chico es astuto, si fuera el ángel que dice ser, ella le ayudaría en un
santiamén, así que se rehúsa a cualquier tipo de arreglo suyo. Frustrada, Ika se
vuelve a convertir en ajolote diciendo que no podrá llegar muy lejos, pero que, aun
así, cuando se desplome ella el ayudará a levantarse. Y con la pierna rota, el chico
sale del bus jalando la palanca para abrir las puertas, al salir, se sorprende que sigue
siendo de obscuro, iluminados únicamente por una luz tenue de color rojo del
presunto sol que se ha convertido en una piedra roja. “Ya está por comenzar el
segundo nivel, date prisa”, dijo en un tono que aparentaba tranquilidad.
Caminado en las obscuras calles, el chico se fue topando múltiples lunáticos; gente
robando tiendas, violentando física y sexualmente a mujeres, hombres desnudos, y
mujeres mayores que intentaban seducirlo a la fuerza. El “ello” ya reinaba en la
ciudad, en su intento de eludir el peligro, se ocultó en la iglesia.
Dentro de ella había muchas personas orando, otras igual que él, trataban de cubrir
sus heridas. Quien atendía a los heridos era Mikayla que, al verle, le saludo para
tener su atención. Él se acercó como se le indico, aunque ya le costaba mantener el
equilibrio por la fatiga, estando por llegar a ella la persona a quien atendía se va para
no ser
—¡Válgame! ¿Qué te ha ocurrido? —dice Mikayla bastante preocupada—. Dejame
ver tu herida —señala al chico su pie para poder examinarlo—. ¿Cómo es que has
llegado hasta aquí? Si que eres especial, Hadai —dice mientras realiza un torniquete
en su pierna—, las personas que están llegado les parece normal todo lo de afuera,
pero entre tú y yo, sabemos que el apocalipsis ha llegado. Dime, ¿estás listo para
dominar tu deseo?
—Jejeje sigues dando esas miradas raras, jamás entenderé como socializas —dijo al
terminar de hacer el torniquete,
El chico para poder comunicarse con ella, saco su teléfono para escribir sobre su
búsqueda.
—Eso si lo entendí, no eres religioso ¿eh? —dice mientras sujeta una cruz—. Eso no
importa, cualquiera que entré debe respetar a nuestra diosa, y traer puesto una
capucha en la iglesia es una enorme falta de respeto —da una mirada furtiva.
—Guau ¡Tienes un cabello bello y rosa como la diosa! —exclamó sorprendida, oye
que te parece esto, si escuchas la historia de la diosa salvadora y del «aesternismo»
pediré la iluminación para ayudarte.
—Supongo que es un no —suspira—. Tardarás mucho en abrir los ojos, siento pena
por ti pero que se le va a ser —dijo resignada—. Sin embargo, tengo el
presentimiento de que vendrás conmigo al inicio, después de todo, la sangre como la
nuestra se atrae, cuidate de la bruja ¿sí?
Pacientemente, el chico espero a que terminará de rezar, pero como parecía que se
iba a quedar ahí todo el día, interrumpió su momento para llamarle la atención.
—¿Crees que soy como “ella”? Largate, no quiero hablar contigo, no es el momento
ni el tiempo correcto, “rosita”.
La última palabra que soltó le hizo, aunque tuviera ese cabello carmesí que tiene
Kohai, no iba a ceder ante su provocación, así que le miente con la idea de conocerla
pues era un admirador suyo.
—Si que tienes un mal genio, la ciudad está normal, y si lo estuviera, preferiría estar
sentando, rezando con mi familia, ahora, dejame para que ya pueda ir a la escuela.
En ese instante, el chico logro recordar que ella iba a la misma escuela que ella pues
ella era de las más aplicadas de la escuela y por lo que veía era muy religiosa,
entonces tuvo la brillante idea de pedirle ayuda para unirse a su religión. Ella
respondió una gran sonrisa en su rostro cambiando su mirada molesta a una
emocionada que le hizo inmediatamente aceptar su propuesta de enseñarle cuando
salieran de la escuela. “Debiste comenzar por ahí, si hubieras sido más honesto con
gusto te ayudaba a buscar la salvación”, dijo energéticamente, acto seguido le indico
verse después de la escuela en la entrada de la iglesia. Así, con tan solo mostrar
interés por su oración, el chico salió triunfante, de igual modo, Ika se alegrá de saber
que pronto el ritual terminará.
Durante su recorrido parecía normal la violencia en las calles y aun así haya clases,
los alumnos acudían con normalidad, pero con la diferencia de que algunos de ellos se
mofaran de los profesores y de algunos compañeros; arrojaban papeles, borradores e
incluso tijeras. Era un calvario, menos mal que los profesores tampoco se dejaban,
castigaban a los alumnos amarrándoles a un árbol o si el profe tenía un mal
temperamento les tocaba enfrentarse a su ira en forma de puños. Desde afuera de la
escuela, tú podrías escuchar los gritos de todos y observar algunos cuerpos de los
alumnos que fueron golpeados hasta morir en la entrada. Toda la violencia les
parecía normal. Mientras tanto, el chico asistió a la misma hora que siempre en su
cita con su Orientadora. Layla que, para su infortunio, parecía estar de acuerdo con
toda aquella calamidad en su consultorio de poca iluminación.
—¿Por qué esa cara? Hoy sí muestras más tu cara guapa sin problemas, ¿acaso al fin
aceptaste tú yo verdadero? —pregunto al chico de manera sarcástica.
— Tú madre siempre está de malas, nunca dices una sola cosa buena de ella —estila
sus brazos sobre su cabeza mientras continúa hablando—, en algún momento
tendrás que mostrar tu rostro a las personas.
La orientadora suspira al ver como sus palabras le han afectado el chico, ella no
reacciona de una buena manera pues aporrea la mesa con sus dos manos.
—Al fin, es eso lo que tienes que mostrar a los demás —dijo más relajada—, debes
ser más dominante, pues tu verdadero yo lo ocultas detrás de una máscara débil, pero
lo que importa es que tú les hagas pensar que eres otra —le explico dulcemente—.
Vamos a continuar con la historia de ayer para que lo entiendas mejor ¿no lo crees?
La puritita y la concubina
De esa forma, el olor persistió de igual modo, con o sin flor aquel olor agradable
seguía persistiendo en el ambiente. Así probando su teoría —desde su cabeza eso
tiene sentido— de que los espíritus deseaban glorificar la partida de su hermana. “Yo
si esparciré un hermoso perfume al morir sin ayuda de espíritus pues yo sí poseo
buenas virtudes”, anunció en la mañana del siguiente día alado de la tumba sin la
flor de Xtabentún. Pobre de ella que no sabía que su vida sería torcida en el
momento en que una presencia mística le escucho pronunciar esas palabras.
Una de las mañanas en el pueblo, el cacique del lugar llegó de una negociación con
una tribu rival, no regreso únicamente con sus soldados, no, regreso con una nueva
mujer, su nueva concubina. Al parecer ella era la princesa que quien le pertenecía al
cacique como negociación. Fue bastante sociable al saludar a todos en el pueblo, sin
embargo, el agradable olor le llamaba la atención al pasar por la tumba de Xkeban,
deteniéndose para poder disfrutarlo por más tiempo, pero la puritita le advirtió que
no lo hiciera pues su hermana fue una golfa que atrajo a los mismísimos aluxes.
El aroma que soltaba los espíritus fomentaba la virilidad en los hombres y con la
ofrenda que daba la concubina el deseo de actos carnales era mayor llegando al punto
donde hombres y mujeres dejaban a sus hijos pequeños fuera de casa para poder
realizar el amor. Pasaban los días donde había una constante actividad lasciva en el
pueblo, la concubina logro como quería desde el inicio, conseguir un embarazo
deseado. Mientras que la puritita se quedó encerrada en su choza, reprimiendo
cualquier tipo deseo no puro por algún hombre, aún con el ambiente adecuado, ella
no cedería su virginidad a ningún hombre de los hombres de pueblo —no tenían
valor— centralizando su bajo a instinto con el auto placer de imaginarse como los
demás lo hacían, pero al mismo tiempo, repudiando su falta de compromiso.
En el fondo, la puritita deseaba poder estar con un hombre de esa manera, pero no es
así como el amor nace —según ella— ya que donde quedaría su valor como mujer si
le otorgará a uno de sus tantos pretendientes, como podría dar su pureza a un don
cualquiera. “Debe ser un hombre con valor”, piensa ella al salir de la choza al haber
calmado su mente.
Poco después del frenesí del pueblo, murió la puritita por razones desconocidos, dicen
que los aluxes le hicieron enfermar al no colaborar con su ritual de apareamiento.
Murió sin darle su virginidad a nadie A su entierro acudió todo el pueblo que siempre
había ponderado sus virtudes, honestidad, recogimiento, cantando y gritando que
había muerto virgen y pura.
Para asombro de todas las gentes que la creían buena y recta, comprobaron que a
poco de ser enterrada el agradable olor que había del pueblo desapareció, en cambio,
de la tumba escapaba de la tierra floja un hedor insoportable, el olor nauseabundo a
cadáver putrefacto.
De la tumba de Xteban nació una hermosa flor llamada xtabentún, tan humilde y
bella que se da en forma silvestre en las cercas y caminos, entre las hojas buidas, al
contrario de la tumba de la puritita que salió una tzacam, que es el nombre del
cactus erizado de espinas y de mal olor por ambas cosas, intocable, es la flor que
nació sobre aquella tumba; hermosa sin aroma alguno y a veces de olor desagradable,
como era el carácter y la falsa virtud de la Utz-Colel.
En cuanto a la concubina, ella se revelo como una genio de la diosa Ixchel, y no solo
eso, sino que se trataba de su hermana Xteban quien había caído del cielo para poner
a prueba a su hermana traicionera, quien le había causado su partido, y como
castigo divino, Xteban convirtió a su hermana en algo peor de lo que ella
consideraba impuro, la convertirá en una súcubo en el momento cuando se
encontraron en forma de espíritu en sus tumbas diciendo la siguiente: —“De un solo
chasquido esta noche te convierto en lo que en el interior siempre has sido”. Y de tan
solo un chasquido, Xteban convirtió a su hermana en un ser con falta de ropa con
cuernos y una cola, su piel gris y de dientes de tiburón, y las piernas que ahora se
han convertido en las patas de un pollo.
Acto seguido fue enviada a Xibalbá, a pasar el resto de sus días como una bestia
necesitada de amor sexual.
Sin embargo, ella se entregó a los espíritus malignos y con su ayuda, la puritita logró
regresar al mundo de los vivos cada vez que lo deseara, pero lo hacía convertida en
mujer para así engañar a los hombres mujeriegos y a borrachos desprevenidos.
Creyendo que así era el amor, empero, no se percató de la verdad, es que Xkeban se
entregaba a los hombres por amor natural y generoso, mientras que ella lo hacía por
malicia e interés.
Las mejillas secas de las lágrimas del chico más la metáfora que le dijo Layla hacía
que su apariencia se viera más desgastada que antes, su capucha ya no cube su rostro
roto por recordar su pasado, “Marái”, ese es un nombre que no había escuchado en
bastante tiempo. “¿Cómo logro olvidar mí nombre?”, pensó él quien considera que el
nombre Marái es muy femenino.
—Amor…eso es lo que siempre piensas —suspira—, no creo ella sepa quién eres, en
verdad, ni si quiera tú lo sabes —dijo de manera tediosa—. Nadie sabe quién, hasta
que se rompe. Una vez roto, buscas la forma de volverte a armar, y te ves obligado a
reconocer cada parte buena y mala de ti, incluso tus facetas oscuras como dice aquel
refrán:
Las clases fueron normales en su totalidad, los alumnos con el deseo de estudiar
fueron quien se deshicieron de los escandalosos con sus propias manos; los arrojaron
por la ventana, o se marcharon del aburrimiento. El caso está en que son pocos los
que están en su clase, aproxima unos 10 compañeros solamente, los cuales, no
paraban de competir y participar en la clase, la agresión verbal no se hizo faltar. Pese
a eso, la escuela fue normal, sin embargo, mantenía una cara larga por la ausencia de
su hermana. “Tranquilo, cuando acabe el juego, todos volverán”, dice Ika en su
bolsillo.
—Son excelentes preguntas las que haces —asevera Ika—, pero muchas de ellas se
responden con que este no es tú ESPACIO, desde el momento donde jugaron la
primera noche, dejaste de estar en el mismo espacio que el de la realidad “normal”.
—Sí, yo les estuve observando desde el inicio, yo era aquel búho que te ayudo cuando
quedaste colgado de nuevo.
—No eres el primero en el ritual, está costumbre se realiza desde tiempos antiguos,
por lo general son con chicas mágicas o con magia, sin embargo, tú pareces ser la
excepción de unos pocos.
—¿Por qué? Porque necesitan generar energía de sus cuerpos, purificarlo, y de esa
forma ascender al cielo. Pero a veces, algunas personas son exprimidas hasta que su
alma se extinga, tristemente, tú eres de esos pocos.
—Algo muy malo debiste haber hecho, pero tu tranquilo, si ganas en el ritual tu
alma será perdonada y ascenderás al cielo. Para eso son estos juegos, ver cual chica
mágica es la más superior para su integración.
La conversación se ve interrumpida por la llegada a su destino, la iglesia está a su
disposición frente suya e Ika le desea suerte en su “cita”, y dicho eso, menciona que
ella no se interpondrá. Nervioso como un chihuahua, el chico entrá al lugar siendo
sorprendido por el vacío del lugar, quien únicamente es ocupado por una hermosa
mujer de cabello rubí, de ojos escarlatas, y de tez bronceada. No puede ser, era ella,
Kohai. Ella tenía un traje de monja como la de otras hermanas, pero ella lo hace ver
sensual. “Al final llegas, ¿qué tal? ¿Tuviste un buen día?”, dice Kohai con una bella
sonrisa. Sin palabras está el chico, pero lo poco de calma que tenía le permitió darle
una mirada que ella respondió al instante, “¿Alguien más? Solo estoy yo, no
necesitamos a alguien más para conocer a la diosa”, dijo tranquila. La serenidad
comenzó a aparecer cuando la mano del chico fue tomada por las de la chica para
acercarlo a la estatua, estar cerca de ella le llena de energía, como si pudiera olvidar
lo que paso este día.
—Ella es nuestra diosa salvadora, aquella que protege a sus hermanas del mal. Fue
como nosotras alguna vez, pero cedió su cuerpo al “ancestral” para acabar con el
cataclismo.
Kohai hablaba como si su fe por la diosa sin nombre fuera universal con todas las
personas, pero ella explica que, a pesar a no tener nombre, todas la conocen en los
espacios oníricos, pues ella ama a todos.
—NO PRONUNCIAS ESE NOMBRE, desde hace tiempo que el hombre en la cruz
fue olvidado como el falso profeta —vocifero con voz más grave—. Ella la verdadera
profeta —dijo mientras veía la estatua.
Sus palabras pesaron fuerte en la cabeza del chico, mostrando fragilidad que,
rápidamente, la hermana aprovecho para contar sus costumbres; no consumir
alcohol, no realizar apuestas, no tener relaciones hasta el matrimonio, orar en cada
noche a la diosa, etc. La lista era larga, pero lo que más destaco fue el modo de
limpiar tus pecados: confesarte y dar diezmos. Al chico se le prendió el foco cuando
escucho el último concepto; dar regalía en su casa. Menciono a la hermana la idea de
emanciparse del pecado, y con una mirada estrellada tomo de la mano a su nuevo
amigo para orientarle al confesionario, sin antes, ir a orar cerca de la estatua. Le
indico como debe orar correctamente, usando se a sí misma como guía le indico al
chico que le imitara; se agacho sobre sus piernas, juntos sus manos, las estrecho,
cerro los ojos, y alzan su cabeza para que Kohai diga las siguientes palabras:
«Madre nuestra que con gusto nos vigila, reina de la eternidad, venga a nosotros tu
reino; un fuerte deseo aflora. Danos hoy tu manto de luz protectora; vierte tu
compasión en mi desesperación. Salvadora dulce anhelamos tu guía; nos dejes caer en
tentación y escucha nuestra plegaria, amén.»
Terminando de recitar, Kohai da a conocer su timidez al ser la única que oro en voz
alta, pues la disfasia del chico no le permitió recitarla. Pero no le importo porque la
diosa es omnisciente, y puede saber el pensamiento de una persona. El chico pensó lo
mismo, pues pudo ver a su amada mientras oraba al tener un ojo medio abierto sin
que ella se diera cuenta, la obscuridad que había en el día parece haberse dispersado
por un momento cuando vio la calidez de su figura.
Llegaron a casa sanos y a salvos, abrieron la puerta esperando que estuviera alguien
adentro, pero no había nadie, de nuevo, todo estaba vacío y en silencio. El chico
invito a tomar asiento a Kohai en el sillón, aceptando con gusto mientras espera a
recibir el diezmo. “Recuerda que puede ser dinero u algo simbólico de gran valor,
depende de que tan grande sea tu pecado”, explico ella. La búsqueda de diezmo del
chico no tenía avance, en verdad, no tenía idea de que dar, de hecho, ni sabe cómo es
que dar una regalía curaría su pecado. Se movió a su cuarto pensando en lo
siguiente: “Da igual que dar, mientras mate el tiempo junto a ella, no importa que
regalar”, pensó él. Sin embargo, algo no andaba bien, se supone que debe hacer el
ritual con Colel, pero no sabía ni donde estaba, y la noche ya está por caer.
Encriptado en sus pensamientos jamás se dio cuenta en qué momento entro Kohai a
su cuarto donde ella menciona el ambiente abrumador en su cuarto, “parece que una
bruja paso por ahí”, dice ella parada en la puerta. El chico no sabe a qué se refiere,
pero ella insiste que incluso huele a una bruja. “No huele mal como otras brujas,
aunque puede ser porque apenas se convirtió en una”, explica ella. No quedo ahí, ella
siguió explicado sobre el peligro de una hechicera que se unió a la obscuridad del
vacío puede ser peligroso si te dedican su brujería, entonces, ella fue después de hacer
un movimiento de manos, entro a su cuarto en búsqueda de algún objeto maldito,
pues según ella, esas brujas siempre dejan un rastro.
La búsqueda de un objeto bendito y maldito les llevo tiempo a los dos, movieron
cada mueble de la habitación sin dejar atrás los cajones de espacios pequeños e
incluso comprobaron la ropa del armario, sin ningún tipo de resultado. Cansados, se
sentaron la cama para charlar un poco.
—No puedo creerlo, tu cuarto es pequeño y aun así no encontramos nada —dijo
exhausta—. Quizás todo este interprete tú poca higiene con el olor de una bruja
jajaja.
Extrañado por su reacción, el chico busca saber porque ella le tiene rencor a su
amiga. Recibiendo una respuesta extraordinaria.
—…—da una mirada errática mientras iba por la foto que tomo ellos durante su
infancia.
El chico le siguió al baño con una tranquilidad poca vista. Abrió la puerta, viendo
esa espalda, ese pelo corto, esas piernas, esos brazos, esa piel. El chico estaba seguro
de que era su amada, y para demostrarlo, ingreso al baño para abrazar a su amada,
en contrario de lo que él esperaba, ella dio un grito de terror. Kohai pedía a gritos de
que saliera, nadie podía verla desnuda, pero el chico hizo caso omiso y siguió
acercándose. Esperaba un beso por parte de ella, en cambio, recibió una cachetada
en su rostro. “¡POR FAVOR ALÉJATE DE MI!” pidió a gritos Kohai. Aquel golpe le
hizo olvidar su deseo de tenerla, y al ver su mirada de odio supo al instante de que
ella iba a escaparse si le dejaba ir. No podía permitirlo, no de nuevo. Así que tomo la
caracola y se fue del baño.
La hermana aun con la interrupción del chico, intento purificar la piedra, pero era
inútil, sus manos seguían hinchándose por el salpullido. Rendida, ella salió del baño
para dirigirse a la salida, empero, en la entrada se paraba el chico con la caracola en
su mano. Intento hablar, soltaba puros sonidos sin sentido, su rostro con la capucha
puesta le hizo tragar saliva a la muchacha. “Está a punto de pecar”, pensó la
hermana. Ella intento convencerlo de dejarla ir, en tanto dijo sus deseos de irse, el
chico se acercó a ella para hacerle ver la caracola de cerca, pidió que la tocara —
según él iba a recordar con la música— y sin más opciones, decidió hacerlo. Esta vez,
la caracola no soltó un sonido, en cambio, soltó arañas que hicieron que soltará la
caracola que, en un parpadeo, el chico atrapo antes de que callera. Con la propia
caracola, él la golpeo en la cabeza. Cayendo al suelo, Kohai fue atacada por el chico,
mientras él intentaba quitarle su ropa, ella intento forcejear contra él; puso sus
manos sobre su cara, le rasguño, le lastimo un ojo, pero nada, el chico solo soltaba
gruñidos de un animal aumentado con el acto de quitar su suéter. Primero fue por su
blusa; la despedazo de un solo tirón. Dejo al descubierto su brasier que intenta cubrir
con su brazo, mientras trataba de patear a su atacante, pero nada, el chico solo
escupió saliva. Luego fue por su pantalón; sujeto sus piernas y bajaba lentamente la
prenda, de igual modo que bajo un poco su ropa interior, ella intento golpearlo, pero
nada, el chico solo se abalanzo sobre ella para estrangularla. Vio a Kohai con otro
rostro entre el forcejeo, se parecía mucho al de Colel, pero se esfumo en seguida
cuando decidió golpearla en su rostro hasta dejarlo morado, y, así, disfrutar de su
rostro exaltada; los ojos tornados de sangre, la cascada de lágrimas, y su boca que
soltaba miel, causo mucho éxtasis en el muchacho. Las pupilas se vuelven más
grande mientras veía como ella gritaba más fuerte, su mente ya se encontraba
bastante mal cuando disfruto de su cuerpo con mordidas fuertes que no trataban de
comerla ni causarle ningún tipo de placer, solo dolor, dejándola marcada como si
fuera de su propiedad durante toda la noche.
Noche 3
—¿Kohai? Estuviste llamado así a cualquier chica mágica. Creo que la confundiste
con otra persona.
El chico sigue en shock que, irónicamente, parecía más afectado que la propia Colel,
esto se lo hizo saber Ika quien tuvo que presenciar todo en un rincón de la casa.
Ninguno de los dos entiende que pensaba el otro, hay tantas cosas que sinsentido en
sus cabezas que no logran establecer un buen razonamiento para lo acontecido hace
unas horas más la de la hipótesis de haber sufrido de la influencia del “plenidictio”,
tal fuera de la naturaleza debía ser detenida pensaron los dos al mismo tiempo, y si
su pecado no puede ser borrado que al menos el mal pueda ser eliminado, pues
cualquier deseo con malicia se convierte en penitenciaria.
La pierna lastimada del chico parecía ya no afectaba al muchacho pues era como si
hubiera sanado después de su frenesí de hace unas horas. “Tú pal es fuerte hehehe”,
dijo burramente Ika. Duda de la afirmación Ika, el chico ya ni sabe si su regazo
podría ser fuerte por la impureza de haber agredido a una mujer.
—Magia, es magia lo que provoca que tu deseo oscuro salga a frote, como una chispa
que enciende un foco.
—…—mira con atención
—La magia es el ranbara, la parte más pura del universo alojado en la parte más
pura del alma —continúa—, si deseas conjurarla debes dominar tú deseo, de otro
modo, tú pureza será consumida y te vuelves una “lunática”.
—¿Tú lap? Es algo largo de explicar, quedate con la idea de que tú tienes un lap
gigantesco, y mi madre lo desea porque todo el proceso mágico consume mucha
energía.
Apenas entraron a la iglesia y fueron recibidos por lanzas que por poco empalan al
chico que por suerte fueron detenidas por Ika al meterse en su camino. “¡Ocultate!”
dice mientras se desploma al suelo, no durando mucho, pues ella se convierte en
ajolote para ir zafarse de lanza siguiendo al chico quien se había escondido detrás de
un pilar. Sus heridas regeneran rápido y la sangre se detuvo cuando se metió en el
suéter del chico para lo cual explica que Colel está usando magia para trasmutar
objetos en lanzas. La magia de aquella chica parecía ilimitada, no paraba de arrojar
lanzas, genuinamente busca matarlo, era cuestión de tiempo antes de que Colel
rompiera el pilar, así que Ika le sugiere que le mencione las reglas del juego, de esa
forma, su madre aparezca y la obligue a jugar. Niega con la cabeza la idea de hablar,
y aun si quisiera, su boca es incapaz de formular ninguna palabra. “Entonces usa mi
telepatía” dijo Ika, exclamando que puede generar canales de frecuencias con
cualquier chica mágica. El chico siente un choque eléctrico que le deja atontando por
unos segundos y con un pitido en su oído que no deja concentrarse. “Mueres de una
vez maldito”, dijo una voz, era la de Colel. Podía escuchar sus pensamientos. Sin
nada más que perder, el chico recita las reglas de oro:
La dama de negro guarda silencio por poco tiempo antes de amenazar de que, si no
entra el juego, sufrirá la ira de su diosa de la salvación. “Fuiste elegido por el cielo,
cualquiera que niegue su camino, sufrirá de los peores infortunio”, exclamó la dama
de negro. Con esto Colel tuvo que morderse el labio para contener su frustración de
tener que jugar un estúpido juego de niños con el falso hombre que estaba allá bajo.
Antes que comenzará el juego, Ika le pide por última vez al chico que haga un pacto
con ella, empero, el chico sigue en negación. Entonces el ajolote le mira fijamente y
pronuncia las siguientes palabras de desesperanza:
Comenzó la ronda y el chico se había escondido en el segundo piso, parecía que todo
iría bien, pues se encontraba bajo las sillas de madera. “Tengo la oportunidad de
saltar por si me encuentra”, pensó sin tomar en cuenta que la realidad comenzó a
modificarse. El techo comenzó a dar un resplandor rosa, las paredes se volvían de
barro, y las sillas ardían como las llamas. Su cuerpo resulto afectado por las
quemaduras de la anormal temperatura sin notar que sus piernas se pegaban al
suelo; sus tenis habían sido derretidos sin explicación alguna. La alfombra parecía
haber chamuscado lo que tocaba. En realidad, toda la iglesia estaba sufriendo una
transformación que parecía deshacer los muebles y de cualquier cosa material que
tocara el suelo. Las estatuas de piedra se volvían de cartón, y lo que era
sorprendente, la gran estatua gigante de la diosa que estaba en la sala comenzó a
moverse. Aquella, volteo para verle, comenzando a soltar lágrimas de un color negro,
esto le basto a Colel para saber su ubicación quien apenas noto la dirección donde
veía la estatua, arrojo una lanza que atravesó la capucha del chico quedando
empalado en el techo. El chico tuvo un pavor enorme de estar colgado, peor fue
cuando Colel se acercó poco a poco, vio inmóvil como ella movió sus manos para
deshacer la lanza y así el callera al suelo, siendo atrapado por ella.
La segunda ronda ocurrió maso menos igual, volvieron al sitio de conteo, la estatua
de la diosa miraba con interés. El chico se sentía incomodo de ver como no paraba de
observarlo, para su suerte, no la tuve que ver más cuando salió corriendo para irse a
esconder a otro lado mientras contaba Colel. Se dirigió esta vez al sótano que por
alguna razón parecía un abismo interminable, mejor dicho, unas catacumbas de
completa obscuridad, empero, sin nada más remedio, decidió entrar. Dentro, parecía
un laberinto, todo era luces oníricas y figuras de arcilla que se movían entre la
obscuridad, solo podía ver por los péndulos que portaban las figuras. De hecho, fue
allí donde se percató que en su bolsillo brillaban los 2 péndulos que había
recolectado, juraría que decían susurros que no podía entender. No tuvo tiempo de
escuchar antes de que una de las figuras le agarrarse a la fuerza y le llevará a la
entrada, que para la conveniencia para Colel, pasaba justamente por ahí, viendo
como era arrojado del sótano. El pobre chico no tuvo tiempo para reaccionar antes
de que fuera atrapado por ella.
La iglesia se había convertido en un autentico lunario, todo era más espacioso, y las
habitaciones daban a lugares diferentes. Peor aún, parecía que el cielo llegaba sobre
la tierra pues lo que parecían ser nubes estelares comenzaron a llegar con la luz rosa
que brotaba del techo. Entre aquellas nubes, había luces que cegaban su visión, iba
corriendo a ciega entre la luz, pero, sin saber cómo, logro dar con la habitación. El
sitio para su sorpresa, más que parecer parte de una iglesia, se había convertido en
una zona tortura, con damas de hierro y herramientas propias de un carnicero, aun
con aquellos aparatos, lo peor era un ojo amarrillo que daba luz en la habitación,
pues la luz de afuera no podía entrar en el lugar. Creyó que estaría a salvo, pero a
penas el ojo le vio comenzó a llorar un líquido negro. Unos pasos sonaban afuera,
ahora era obvio, los ojos era un aviso para Colel de donde estaba, así que, en
movimiento temerario, abrió la puerta para aporrearla contra Colel antes de que ella
entrará en la habitación, su decisión audaz le permitió correr antes de que Colel se
parara y lo atrapara.
La persecución era feroz, Colel no paraba de arrojarle lanzas, empero, por su agilidad
podía esquivar algunas. El chico arrojo cosas para obstaculizar el camino de Colel,
pero fue en vano, pues una la lanza le dio junto en su pierna, teniendo que pararse
por el dolor que le daba. Una hemorragia se había formado, y estaba a punto de ser
atrapado, pero por conveniencia de un ajolote, recibió un cuchillo atrás suyo,
perfectamente colocado en su mano. Ella ya estaba alzando su lanza para empalarlo,
dejo al descubierto su estómago. Sin pensarlo dos veces, el chico se levantó para
apuñalar a Colel en su ombligo. Ella no pudo nada más que soltar la lanza por el
dolor de haber sufriendo el ataque a sus órganos vitales, su magia se disipo en un
instante, la lanza dejo de serla para convertirse en lo que originalmente era, una vara
de acero. Retrocedió un poco, miro el chico por un momento y al cuchillo que se fue
incrustado que, por la adrenalina, se sacó el cuchillo para intentar apuñalar al chico.
Forcejearon con cuchillo en mano, pero la fuerza superior era evidente, el chico logra
quitar el arma de la mano de Colel, repitiendo la acción apuñalar a la chica en el
estómago, haciéndolo varias veces para que ella no se volviera a levantar.
—No entiendo porque te quiere a ti —tose sangre—. No sé para qué te quiere ella,
pero yo sé que te ama, su amor es fuerte, pero tan retorcido, te desea...te envidio,
mataría por tener un amor así... no sé qué ve en una persona que mata chicas
mágicas —dijo antes de morir.
Cuando dio su último aliento, la dama de negro apareció entre las sombras, dictando
los siguiente:
Matar a la chica mágica te ha hecho triunfar, sin embargo, no has encontrado las 3
verdades, así que deberás a comenzar todo desde cero.
Capítulo 2
Día 1
Abrió los ojos de golpe. Un chico se levantó de golpe de su cama, parecía haber
tenido una pesadilla bastante perturbadora, su cabeza daba vueltas y vueltas, el
sonido del despertador de su teléfono no lo ayudaba a concentrarse. Fue directo a
apagar la alarma, podía ver la hora al que a menudo se despierta, “6:00am”. “No
puede ser cierto”, pensó en su cabeza. Prendió la luz con un botón que estaba alado
de la puerta, al costado derecho de su cama. Está empapado de sudor, no pueden
entender lo que ha pasado. Vio todo su cuarto sentando sobre su cama, miraba la
hora en su teléfono que, sin razón aparente, volvió a sus manos después de que haya
sido perdido junto a su mochila en la playa. “¿Lo soñé?”, pensó. Evadiendo su
realidad, siguió su rutina de siempre. Fue a su armario para tomar su uniforme que
estaba en un gancho, y comenzó a cambiarse. Mientras lo hacía, miraba su reflejo en
la ventana, la única de su cuarto, también vio la enorme oscuridad que había afuera
junto con la figura de un ave que le veía con extrema tranquilidad. Volteo su mirada
hacía lo estantes de sus muñecas anime, era un otaku fanático de las chicas mágicas
así que no era raro que tuviera diversos peluches de su género favorito. Destaca una
de su colección, la de una chica de cabello rosa con ojos amarrillos. Le recordó a la
diosa salvadora. Le causo una pequeña sonrisa verla, porque sin duda, ir a la escuela
era un suplicio para él, es demasiado esfuerzo para él tener que levantarse temprano
por algo tan inútil como la escuela, una idea bastante constante en su cabeza.
Termino rápido, tomo sus cosas y se vio por un momento en el espejo, su rostro, era
algo que no gustaba de ver, así que se puso una capucha de un suéter de color azul
antes de irse. Cuando se lo puso, metió sus manos en el bolsillo de la prenda que, en
un instante, le causo un choque eléctrico en su mano, cuando quiso saber lo que era,
una luz comenzó a brotar del bolsillo; un humo provenía de ella, formaba lentamente
la forma de una mujer; tenía ojos verdes y tenía cola. La transformación no produjo
ruido alguno, en cambio, fue el chico que provoco ruido cuando fue retrocediendo
para alejarse de la invasora. “No puede ser ella”, esas palabras pasaron por su cabeza
cuando vio la transformación a punto de completarse. La luz se esfumo al acabar la
aparición, es Ika quien le reafirma los acontecimientos vividos.
Ella como acaba de recitar, está dando un espectáculo con movimientos que con
dificultad se podría llamar baile cuyos movimientos hacían resaltar una sonrisa de
satisfacción como si ella hubiera ganado algún premio. Ella dice al muchacho que no
tema, pues ahora pueden volver a intentar todo desde una nueva perspectiva porque
ahora “recuerda” lo aprendido. “Debes estar lleno de incógnitas que esperan ser
respondidas por mí y sin titubear, te invito a preguntar”, exclamo con felicidad Ika.
Pese a la buena voluntad del ángel, el chico está en medio de una crisis nerviosa que
le impide preguntar. Así que, en un intento de calmarlo, le explica que todos están
vivos porque se ha reiniciado el espacio y tiempo que, si quiere evitar repetir los
últimos días, tiene que hacer lo que ella le diga.
Con la información obtenida, realizo una última pregunta; “¿Dónde está Kohai?”.
La respuesta le dejo helado pues Ika le dice exclama lo siguiente: “Ella nunca ha
estado aquí, a quién buscas está en el cielo con la Diosa” respondió Ika quien suponía
que Kohai era su enamorada de aquel cuadro. Como ángel reconoce el nombre de
cualquier persona, pero Kohai no es un nombre, es un apodo que esconde el
verdadero nombre que el propio chico decidió olvidar.
Dicho eso, el chico miro su teléfono a la espera de un mensaje, pero todavía no era la
hora.
«Ya vas tarde, vamos al campo para que veas con quien has salido»
La pregunta hizo que se diera cuenta de la realidad. Kohai… es el apodo con el que
llama a sus amigas menores que él. “¿Por qué no recuerdo su nombre?”, piensa en
histeria. La mente del muchacho iba a colapsar si no fuera por la intervención de Ika.
“Regresa dentro a comer, eso te calmará”, le dijo psíquicamente. Llevo a cabo su
consejo, regreso a tomar a siento en la mesa de su casa, su madre le ofreció una
ensalada para comer. “¿La esperaras? Eso es amable de tú parte viniendo te di”, dijo
su madre. Marái daba una mirada sagaz y vacía, no tenía la dedicación para escuchar
a su alrededor. “¿Todavía no te vas? No esperaba verte aquí todavía”, dice su
hermana que bajaba de las escaleras. “¿Qué demonio estoy cargando?”, pensaba el
chico. “Hey, ¡no me ignores!”, dijo irritada la chica. Mientras buscaba una discusión
con su hermano, su madre llega y les deja su plato de comida. Tomo el tenedor sin
pinchar nada a la comida, estaba más hambriento por saber qué rayos era Ika y
cómo es que sabe tanto. “¿Qué viví para que mi mente este fragmentada? ¿Es ella el
diablo?”, todo eso le pensaba en la cabeza, su mirada inexpresiva reflejaba su intento
de mantener la cordura de saber que ha estado alucinando con una persona muerta.
Una vez terminando el desayuno, se apresuró para salir de la casa. “Espérame idiota,
apenas estoy terminando”, dijo su hermana apresurando su masticación.
Inesperadamente, el chico espero parado en la puerta. “Desearía que no fuera
verdad”, pensó el chico sobre el problema en el que se ha metido, en cuanto a su
hermana, ella termina de comer, y, apenada, da las gracias a su hermano por
esperarla. Ambos salieron justo a tiempo cuando pasaba un autobús enfrente de la
calle y deprisa subieron a él. El conductor le estaba cobrando el pasaje de hermana
también, una vez pagado la cuota doble, fue a sentarse hasta el penúltimo de sus
asientos. Quería estar lo más lejos de su hermana posible, no quería que le molestará
en su crisis existencial: “Todo está ocurriendo como el primer día: el mensaje,
desayuno, su hermana. Todo se repetía”, noto el chico en su mente que, en poco, fue
armando las piezas del ajedrez; Kohai nunca estuvo aquí es de las primeras cosas que
piensa —aunque no lo acepta todavía—, después acepto que todo pasaba por un ser
superior, pero, la duda persistía de qué si Ika era un ángel, quizás lo sea por haberlo
ayudado aún si no tiene alas, de lo que está seguro es que las chicas mágicas son
mujeres con cualidades mágicas, y que son ellas las que morirán si no descubre la
verdad que hay detrás de Kohai, pues, todo alrededor de ella era un misterio. “Si mi
vida es un ciclo como la llanta de un coche, entonces el rin es la verdad que hay en
Kohai es lo que lo mantiene en movimiento”, es lo que concluyo. Sin embargo,
existía otra incógnita que no podía sacar de su mente:
—Que coincidencia verte aquí, sí que los hilos son pequeños —dijo una mujer que
provoco que Marái saltara del susto, esto hizo que la mujer sacará una sonrisa—.
Pareces estar soñando despierto, no me hagas caso y sigue imaginando.
Después del saludo extraño, se sentó alado del chico, se encuentra un poco
sorprendido por su intromisión. Estar atrapado en sus pensamientos le hizo olvidar
que Layla iba a aparecer. Quizás verla calme un poco sus inseguridades. La mujer
sabía esto y le pregunto:
—¿Te ha ocurrido algo? —dijo en un tono serio. Perfectamente podría ver la cara de
incomodidad del chico—. ¿Has comido tus verduras? Estas algo desnutrido ─de
nuevo habla la mujer mientras pone su la mano en la pierna del chico—. Venga, no te
pongas nervioso, ambos sabemos que hemos sido más íntimo antes. ¿Tan mal está tu
memoria? —continúa interrogándole, subiendo más la voz al igual que la posición de
su mano al hombro del chico—. ¿O debería ser más amable contigo? —le dijo como
susurro. Se levanta y camina a la puerta del autobús—. Nos vemos en nuestro
consultorio, fue un gusto verte —dice mientras baja del transporte.
Cuando llego a su destino, su hermana bajo sin hablarle, el hizo lo mismo cuando se
acercaron a la puerta de la escuela, mas no la acompaño adentro. En cambio, el chico
se dirigió a un campo deportivo para confirmar que Kohai esté ahí.
Durante un trayecto, se topó con la iglesia. Ignorándola, trato de pasar rápido, pero
luego recordó de que en ese momento se tropieza con una monja que sale del edificio,
se detuvo, y ahí fue cuando el designio se cumplió. El chico veía claramente el rostro
de la monja, quien estaba saliendo del templo, era joven y usaba la túnica blanca,
sabía quién era al ver esos 3 lunares debajo de su ojo cuando la monja volteo a su
dirección. Su piel blanca lo hacía destacar demasiado, encima esos ojos de color
celeste cristalino no son fáciles de olvidar. Mikayla le veía con curiosidad, y saca una
sonrisa al verle. “Parece que este si es un buen día ¿no?”, dijo ella. Marái de igual
modo, sonríe al escuchar su voz, feliz de que parecía estar todo normal, así que
continúo su camino.
El chico se detiene al escucharla llamar por ese nombre, estaba atónico, como era
posible que ella recordará el anterior ciclo. El chico regreso deprisa con ella, y se le
quedo mirando a los ojos. Mikayla estaba incomoda por su acción, si ya la disfasia
que porta le parece tétrico, ver a los ojos del chico con la capucha puesta que cubre
su cabello rosa le inquieta hasta decir basta. Ella aparta su distancia, mostrando su
temor alver el comportamiento del chico, pero él está pasando por una crisis que le
hace colapsar en suelo. Sorprendida, Mikayla se acerca a su auxilio. Gritaba si estaba
bien, mirando a su alrededor si había quien pudiera ayudar a “Hadai”, en cuanto a
Marái, él nota su preocupación, así que le pide con la mirada que se calme,
haciéndole una petición.
Pide su permiso para entrar a la iglesia, aún en el suelo, intenta pedir disculpas con
una mirada de cachorrito. Esta, hace caso a su petición y le ayuda a pararse para que
pueda caminar hacía la iglesia. Una vez dentro, el chico señala le señala a Mikayla el
confesionario. “¿Planeas confesarte?”, pregunta al chico con angustia, exclama que
no es el momento si se encuentra así. Sin embargo, el chico insiste en ingresar al
cajón de madera. Tratando de guardar sus dudas, Mikayla decide llevar a cabo el
acto, pero no es de la manera convencional, pues la condición que portaba impide
ejecutar correctamente el enlace con lo divino, apenas menciono la idea al chico se
mostró reacio, terco y testarudo a sufrir tal discriminación. Sin opciones, la hermana
se rindió y llevo al chico dentro del confesionario, sin antes quitarle la capucha y
sacar todo lo que llevará encima. Tenía pavor por sacar a IKA de su bolsillo, pero
cuando metió sus manos en el bolsillo de su suéter, solo encontró una serpiente de
plástico. La reacción de Mikayla fue indiferente, aunque un poco extrañada por ver
el juguete pues al recibirlo se sintió bastante pesado.
Uno vez dentro se sentó en el pequeño mueble, y como era de esperar, había una
rejilla de madera que separaba el otro lado del confesionario. En completo silencio, el
chico esperaba que Mikayla entrara, pero su sorpresa fue grande cuando una voz
femenina le pregunto lo siguiente:
La voz era serena al igual que celestial, no parecía humana, en especial por el golpe
de amor que sintió cuando hablo. Pese a tener ganas de hablar, no tenía la fuerza
para responder. Marái no sabía ni por dónde empezar: primero pensó en Kohai; como
ella están en su mente siempre sin saber quién fue realmente; lo segundo que pensó
fue en las chicas mágicas; pobres de ellas que ha muerto por su culpa —según él— en
ese juego; lo tercero que pensó fue en Mikayla, la alegría de saber que ella lo
recuerda; lo último que pensó fue en Ika, el profundo terror de que la única persona
que le ayuda pueda ser un producto de su mente u algún tiempo de ángel caído. No
tenía nada en que sostenerse, nadie en quien confiar, y la respuesta a esa pregunta
hecha que ni él puede responder. “Soy inútil” piensa Marái, quien inclino su cabeza
hacía enfrente, chocando con la rejilla.
«No te exijas»
Dijo la voz del otro lado, quien comenzó a recitar un poema con un tono
angelical:
Buscador
El chico con muchísima pena, le llego las palabras de la misteriosa voz en su corazón,
y con temor, por primer pronuncio las siguientes palabras:
Diablo u ángel de la muerte, no lo sabe, pero todo se asocia con la muerte. Rituales,
masas de carne, líquido blanco, deseos depravados, todo ello parecía manifestarse
cuando aparece esa dama de negro, y su “hija” que padece rebeldía. “Cada noche veo
a esa dama de ojos verdes, y en cada noche una amiga muere”, exclamo perturbado.
Conto cada detalle, cada acción, e incluso el acto que le hizo a Colel, todo sobre el
anterior ciclo. Temía ser juzgado, empero, fue todo lo contrario. La voz femenina
intentaba guiarlo, evitando que sus pensamientos se entremezclen; “Tú perdiste
algo”, “El ajolote te quiere”, “Las chicas mágicas aceptan el destino”, “Eso ocurrió
fue antes”, “Controla tus deseos”, “Disculpate con Colel”, “Kohai es lo que te
pierde”. Son algunas cosas que dijo la voz que alivio al chico quien ya parecía
cambiar de aura. La tristeza ya no parecía retenerlo, pues la voz le dijo un gran
consejo: “La diosa te juzgará y la víctima te perdonará si tus hablas con el corazón”.
Ya se acababa el tiempo, la voz le reverlo que el acto de un pacto es una posibilidad,
pero en realidad, es mejor creer que podría cambiar su forma de vivir y no estar
atado a las creencias de otros. Con eso, el chico salió del confesionario, sin antes dar
las gracias a la hermana que le escucho.
Mikayla le esperaba afuera, se notaba alegre cuando vio salir al chico sin esa cara
larga que siempre llevaba, empero, desapareció cuando le explico su situación.
Mikayla se mostraba sorprendido verlo hablar, pero le dolía ver que era muy
tartamudo, encima, la pregunta que le hizo al final le dejo helada:
«¿Puedes ayudarme?»
Las hermanas del culto tienen el deber de ayudar a cualquiera con problemas
espirituales, por lo que, con firmeza, explico que la magia es solamente energía
canalizada, no exista tal cosa como un vender tu alma, porque es como decir que tus
regalas aire. “No sé qué espíritu te está jugando una mala broma, pero debes
exorcizarlo con algún talismán”, explico ella. Ella asevera lo que dice cuando le pedí
al chico que le acompañé a una habitación, cuando entran Marái se percata de que
está adornado por un color rosa que oculta la esencia de almacén. Lleno de estantes
con pociones, ramas, báculos, de más aditamentos. Mikayla se encarga de buscar algo
entre las cosas, en tanto saco una escoba vieja se le entrego a Marái, explicando que
use está vara de anis pues le ayudara contra aquella energía negativa que le acecha,
“limpia bien su espacio” dijo ella antes de salir del lugar. Confundido, el chico le sigue
para exigir una explicación de lo que se supone que debe de hacer y como una escoba
le ayudara. “Guau, antes quería que hablarás, pero ahora entiendo porque guardes
silencio” dice molesta para luego explicar que esa escoba es algo que utilizan las
chicas mágicas para limpiar la impureza de sus hogares, “si sabes canalizar podrás
transformarlo en algo mejor en un talismán” se jacta en explicar, aunque para ser
una hermana de una iglesia, es extraño que no tenga un papel de protección.
—Eso es imposible, la magia de la luna es una energía que solo se activa en al menos
3 noches —negó Ika.
—Entonces está escoba esta maldita o algo porque en mis manos, me hace ver
cosas—dice asustado—, o simplemente estoy soñando….
Ika salé del suéter para transformarse en humana e impedir el paso del chico.
—¿Y tú qué? No me dices las cosas como son—dijo Marái enojado—, si me dijeras
que diablos se supone que tengo que buscar, quizás yo dejaría de dudar.
—No, pero lo estarás si no cumples el ritual. Quiero que entiendas algo, tu vida no
es tu vida, todo es real, pero al mismo tiempo estás en un camino falso donde tu
alma por alguna razón se entrelazo en el trabajo de chicas mágicas que están por
fallecer. En otras palabras, estamos atrapados en un lunetario de un ángel
observador quien se supone que debe llevar las almas al cielo, pero no sé qué
rayos hiciste para que tu alma viva haya hecho una trivergencia en el orden de los
sucesos.
—¿Lunetario?
El chico muestra una enorme sorpresa, trata de caminar a un paso lento como
una técnica para procesar la información.
—Por eso veo las cosas que veo—dijo Marái en voz baja.
—Dije que están por fallecer, no que ya estén fallecidos —corrige Ika más
relajada—, ellas morirán en el ritual si tú no rompes este falso espacio antes de
que fallezcan.
El muchacho se ve un poco más tranquilo, pero en su mente tiene una duda que le
inquieta
—Al fin una pregunta coherente —dijo aliviada Ika quien ya se había cansado
de la estupidez del chico—. Muy bien deja te explico: imagina que 3 chicas
mágicas que están en posesión de un ángel. Y está tiene que hacer de granjero
con vacas: alimenta, aprecia, ordeña, y sacrifica. Todo bien hasta aquí ¿no?
—Buscas a esa chica mágica, sin embargo, descubres que esa chica mágica
tiene una mala espina que corta el flujo de magia del resto de vacas,
provocando que no puedas dar la chica mágica que te pidieron ni puedes tener
a la nueva por la impureza que tiene—sigue—, ¿Qué haces ahora? Simple,
comienzas desde cero; desechas las impurezas. Haces que la que tiene mala
espina busque como quitárselo y lo devuelves donde lo encontraste para
esperar un tiempo para tenerla en tus manos. Y las otras vacas las dejas libre
para que estabilicen su magia.
La conversación fue pausada por Marái, quien ignoro el comentario de Ika para
ir deprisa al poliforum.
El camino estuvo plagado por personas sin rostro, y de obscuridad que les
complico el paso, pero cuando llegaron, el ambiente no era como otras veces,
existía un aura que se hace de notar apenas; los pájaros eran de porcelana,
sumado el sol rojo que tiñe el suelo azul de rojo, y las nubes que parecía tejido
muerto. Daban lugar a un sitio onírico espantoso, cuyo paso por la pareja se les
ve incomodo por cada paso que daban, ya que el césped era de hierba seca
que parecía contener una viscosidad blanca que pegaba como el chicle. Sus
piernas hacían un gran esfuerzo en abrirse paso hasta el campo de voleibol,
ika tuvo que volverse ajolote y regresar al bolsillo del suéter por lo complejidad.
A medida a que se acercaban al partido, pudieron ver como la pelota se alzaba
por los aires, sin embargo, los ojos del chico estarían amarrados al yugo del
espanto.
Las jugadoras eran muñecas de arcilla, a excepción de las tres chicas maginas,
el resto eran de barro que, de alguna manera —aún quietas— podía hacer que
balo rebotará. No, más bien, el balón se movía solo cuando caían encima de
algún maniquí. Peor sería la esquizofrenia cuando las chicas seguían como si
nada, incluso sí la pelota parecía un ojo suelto. Lo explica muy bien el siguiente
poema.
Las chicas juegan con magia
Ika explica que probablemente siempre fue así desde el principio, pues este
espacio ni tiene leyes ni lógica; lo imposible deja de hacerlo cuando se lo
necesita. Incluyendo las de la física. Ella ya se cansa de hablar por la telepatía
por lo que sale del bolsillo en su forma humana. “¿Estás bien?”, pregunta
cuando ve a Marái en blanco. Empero, la reacción del chico era de esperarse,
estaba en shock, porque al fin ve con sus propios ojos que Kohai no está. Por
su mente pasaba la idea de que “no la veía”, o “a lo mejor está en la banca”.
Llego a preguntar a Ika con la mirada, “¿Dónde está?”. El impacto que recibió
con la respuesta que dio fue escalofriante:
«Eso lo sabes incluso colgado en el cielo»
Es duro perder la esperanza de esa manera, la reacción que tuvo fue sentarse
en el césped y bajar la cabeza. Cuesta aceptar el hecho de que te has
ilusionado. Al menos sabe que es lo que tiene que buscar, la verdad detrás de
su “Kohai”, del verdadero ser de su amada. El aura alrededor de Marái parece
cambiar un poco, al fin de despertar de una mentira; ella no está aquí. Aunque
en un último de conservar la esperanza, arroja la vará a lado de él.
Sorprendentemente, todo volvió a la normalidad; cielo azul, césped verde,
personas vivientes. Era como ver entre dos mundos al sostener o dejar caer la
vará.
—No lo sé, o bueno, tal vez si lo saben, pero prefieren ignorarlo —sigue—, la
realidad vista desde un ángulo puede ser deprimente, conocer tanto te vuelve
loco, ¿sabes? —respira hondo—. Ellas pasaron por cosas igual de traumáticos
que tú, y este lunetario vuelve lunario tus propios deseos.
—¿Es eso cierto? —dijo cansado—, tal vez debería conocerlas mejor.
Ika sigue siendo humanoide quien duda de la dirección del chico. “¿A dónde
vamos?”, pregunto ella debido al cansancio que sufre. Le saco una sonrisa
escuchar su pregunta, pues ve como tiembla sus piernas. Sin embargo, la
pregunto que hizo fue transcendental para recordar que fue en el parque de un
pueblo donde conoció a Kohai. Por un momento, escucho la voz de su amada
en un recuerdo que vino de repente. En cuanto recordó el lugar, en corto,
cambio su dirección hacía su escuela. Una confundida Ika trata de hablar con
el chico, pero fue en vano, todo el camino mantuvo su mente en blanco con la
idea de llegar a la escuela.
Era complicado ubicarse entre las calles, la falta de una luz solar hacía que se
equivocaban de calle constantemente, para su suerte, pudieron ver una
columna de piedras que tenía encima picos de acero, otra forma de decir que
estaban frente a la escuela. Se colaron por un espacio donde los pinchos no
estaban bien posicionados, y brincaron adentro. Había un completo silencio
que inquieto a la pareja, era como un espacio liminal, porque a pesar de ser de
“día” no había ninguna persona en la escuela, de hecho, la propia escuela era
extraña, parecía más un castillo que un sitio académico. La entrada donde se
supone que debería estar la puerta, parecía la de una mazmorra en oscuridad.
Cuando ingresaron en ella se escucha ecos, susurros, llantos de almas en
pena, se escuchaba una maquinaria donde aplastaban botellas —o cráneos—
como si hubiera muchas personas, pero no había nadie.
Los recuerdos eran muy difusos para el pobre chico, quien solo conoce una
persona que podría ayudarlo a recordar. La dos recorren en silencio entre todos
gemidos de tormento, aunque algunos sonaban de placer, no quitaba el pavor
de toparse con aquello que ocasionaba esas pasiones.
—Desde que tocamos esa escoba la realidad parece otra —dijo Ika por
telepatía como respuesta al espacio muerto.
—Vara de anís —corrige el chico—. Es una vara mágica—asevera en su
mente.
—Supongo que te debo una disculpa —siguió apenada—, las cosas son raras
con este nuevo punto de vista.
—¿Qué crees que lo cause?
—Más que causar, parece ser la verdadera forma del lunetario de mi madre —
respondió nerviosa.
—¿Cómo es ella?
—Ah, eso —dijo focalizada—. Ella es… dura, algo estricta. Es como cualquier
madre, amable algunas veces y autoritaria en otras veces. Ella no es alcohólica
si es lo que quieres saber.
—Como sea, nunca creí que los ángeles llegaran a tener hijas, pensé que todas
eran hijas de la diosa.
—Sobre eso… —mira a otro lado—, en realidad todas fuimos como ustedes,
chicas mágicas que transcendieron al morir.
—Sí… cuando mi mamá murió dejo a mi padre en la tierra. Quiso volver a verlo, y
pues, cuando se escapo del cielo, deseo volver a hacer uno con él —siguió—
¿Entiendes a lo qué me refiero?
—…—asintió la cabeza.
Atónito por esa información, el chico mostro empatía con ella. Pensó en como
hasta ahora siempre la ha tratado mal cuando los dos están en la misma
situación, son bastardos que han tenido que crecer sin padre. “Lo siento”, es lo
que alcanza a decir con dificultad. Ika reacciono con una sonrisa.
—Dime chico ¿Cómo has estado? ¿Has hablado con todos en tú familia?
—¿Es eso así? Si que tienes mucha imaginación —le dijo Layla chico mientras
pensaba que a lo mejor eso le da seguridad.
Aquellas palabras hicieron que el alma del chico saliera de su cuerpo, mientras
que explicaba Layla la situación que llevo a Kohai a tal acto, el peso de la culpa
cargo sobre los hombros del chico; la frustración de olvidar el final de tu amada.
“Sufría de maltrato, abuso sexual, y de depresión infantil por culpa de su padre”
narraba Layla, pero el chico no quiso seguir escuchado. Solo le bastaba con
que ella murió colgada en un techo, de hecho, el detalle de que la encontraron
con el cuello roto le afirmo esa sospecha. La ira reboso su aura, y su
orientadora lo noto.
El chico no quiere pensar en el porqué, así que solo cambia de tema con los
juegos que tuvo que pasar.
—Muy interesante, pero eso no explica tú ira por Kohai, nunca me dijiste su
nombre, cada vez que la mencionas pareces ir a otro mundo —revelo Layla.
Cada noche, sin importar si el marido había regresado de una batalla mortal, lo
seducía hasta terminar en la mañana. El guerrero había luchado contra diferentes
hombres fuertes, pero la fuerza de su mujer por hacer el acto carnal se había vuelto el
mayor de sus batallas. Durante el día la mujer cumplía con su papel de sacerdotisa,
pero durante la noche manchaba su cuerpo con el deseo ferviente del amor carnal.
Cabe la posibilidad de que, en cualquier momento, el guerrero perecería por el
cansancio constante.
Un día el esposo fue mordido por una serpiente venenosa, en su auxilio, acudió un
hombre del pueblo, quien amablemente le llevo hasta la casa de donde provenía, y
ahí se quedó a petición de la sacerdotisa, quien, con audacia, mientras se recuperaba
su marido, inicio una aventura con el visitante.
Paso sus días con aquella bruja, quien le dio cobijo en su choza, ella era muy
apasionada y sin pestañear le brindaba cualquier necesidad que requiriese: comida,
agua, cacao, caracolas, amor. Absolutamente nada les hizo faltar, pueden vivir sin
preocuparse por la salud, pues la bruja todo podía con su magia, aunque las
consecuencias de estar cerca una persona tan espiritual traen consecuencias
imprevistas. El guerrero comenzó a escuchar susurros, voces que no estaban ahí, le
decían que se alejará de la bruja, pues ella había pactado con ella, y terminaron
siendo espíritus chocarreros. Le parece insólito e infame lo que decía, pues nunca
había tal cosa con ella. Mal ahí, porque los espíritus le rectificaron que cualquier acto
carnal puede contar como pacto, un amarre de cuerda.
Al enterarse de ello, el guerrero no tuvo más que una opción, recurrir con un chamán
para que ayudara a saber si había un pacto con la bruja, siendo este quien le
confirmaría lo que le decían los espíritus, y no solo, también descubrió que había
recibido brujería por parte de esta. Al descubrir el engaño el guerrero, le pido ayuda
al chamán para hacerse una limpia a él, y a la sacerdotisa. Así, retornó con
estatuillas de dioses hechas de barro en la mano y sahumándolos con copal, a su
antiguo hogar. Donde se encontraba su amada aún con deseos intensos. Realizando
rezos y cánticos, sometiendo a los amantes con una fuerza extraña y misteriosa, la
bruja no se hizo de rogar, y apareció en medio de la limpia, revelando la verdad.
Ella se había obsesionado con el guerrero, que, desde el inicio, fue la causante de que
su mujer haya despertado un deseo sexual incontrolable, que ella fue quien los chivo
con el cacique, que fue ella quien le mando esa serpiente para que haya surgido la
traición. Rebosando colera, la bruja intento atacar a la sacerdotisa, pero el chamán
le roció el sahumerio en su rostro. Mientras se volvía, la bruja le dijo a la mujer que
concebirá el fruto de un maleficio, que nacería una bella hembra que no era de él ni
de su amante. El castigo impuesto por los dioses sería el nacimiento de una hija
proveniente del pecado que caminaría sola entre las selvas, montes, mares, ríos y
montañas para dejar su espectro en toda la faz del Mayab. Conjurando lo siguiente:
“Ella estará viva, pero será aire, será amada, pero jamás sentirá el calor del amor,
porque será viento. Buscará el amor y la pasión de los hombres, pero nunca podrá
lograrlo en plenitud y gozo porque cada uno que intente seducir la belleza de su cara
y pasión morbosa de su cuerpo morirá, enloquecerá cuando lo toquen sus velludas
manos o los bese sus labios malditos”
Y, así, la sacerdotisa fue maldecida con las palabras del ente, quien, con una fuera
brisa, desapareció en la vista de todos. Nunca volvieron a experimentar algo
sobrenatural, la pareja se reconcilió, el pacto que había hecho con la bruja se había
roto, pero su heredera iba a cargar la perfecta forma de la lujuria y el deseo que
despertará en cada mancebo que la vea. Ellos, si pueden, tendrán que huir de ella
cuando sientan que al acariciarla tocan el viento helado por la figura de una mujer de
patas de ave.
—Dicen que a aquel ser, lo encerraron en una ceiba —dijo Layla al terminar la
historia.
—Ibas tan bien… —dice decepcionada—, supongo que iras poco a poco. Ahora, yo
te pregunto, ¿qué buscas?
—…—da una mirada nostálgica.
—No sé nada de ella, solo sé lo que tus padres me han dicho —sigue—, sin embargo,
si recuerdas un lugar donde estuvo ella, deberías ir a un sitio similar.
—Porque cualquier cosa parecida a un evento traumático, puede revivir ese recuerdo.
Ahora que la sesión ha terminado, Ika sale del bolsillo para transformarse en
humana y exclamar la pérdida de tiempo que fue hablar con la orientadora, sin
embargo, Marái le corrige pues ya sabe a donde tienen que ir. “Fue un parque donde
la conocí” dice antes de ponerse en marcha hacía la salida.
Tomaron un bus para llegar más rápido al parque. El par compartían el mismo gusto
de ver el paisaje por la ventana pese a lo grotesco, veían con ojos brillantes como los
edificios tenían distinto arquitectura; algunos estaban corroídos por algo amarrillo,
otros se les veía como una colmena que soltaba una miel de color blanco. La poca
iluminación por la ausencia del sol les impedía ver que existe zonas con pequeños
orificios que soltaban un humo carmesí. El análisis del paisaje termino cuando
llegaron a su destino. Apenas bajaron, un humanoide de madera combinado con
carne de una persona se les acerca a ellos, no tenía ropa, toda su estructura parecía
unirse con lianas carnosas que no podría decirse que era de origen vegetal, tampoco
contaba con ojos y parecía guiarse por el olfato, una nariz parecida la de un cerdo
resaltaba en el pecho derecho. El humanoide alza un brazo para hacer la señal de que
sigan su paso. Ika temía que fuera una trampa, pero el chico quería invocar a la
suerte, y siguió al humanoide dentro del parque.
La zona era boscosa pero roja. Lo verde que caracteriza a un parque era inexistente
con todo el barro rojo que hacía de árboles, era como si alguien intento moldear
arcilla para dar forma de árboles. Había un camino perfectamente trazado en suelo,
pisarlo se sentía como pisar hormigón, era incomodo caminar, y más cuando notas
que los perros al alrededor contaban un aspecto aborrecible: sin ojos, ni piel, veías
que estaban hecho de materia gris. El chico mostraba un rostro temeroso e Ika
parecía estar nerviosa por el destino. No tardaron mucho en ver su paradero; un
quisco ortodoxo se hallaba a unos cuantos pasos. En comparación con el resto del
parque, el sitio se veía “normal”, hecho de manera con un techo pintado de negro,
parecía ser un lugar donde los músicos se paraban a tocar. En tanto el humanoide, se
quedó en la entrada, indicando con su mando que el chico tenía que subir.
—¡Espera! —grito Ika y tomo del brazo a Marái—. No sabes que ocurrirá si vas.
De ese modo, el chico se safo del agarre de su amiga, la cual le mira angustiada por su
atrevimiento. Aún así, se coloco en el centro en la espera de algún recuerdo, empero,
de un árbol empezó a surgir un líquido blanco a su mediación. Era de una ceiba, cuyo
centro se formaba una espiral que escupe viscosidad. Parecía un slime que intentaba
tomar una forma humana y en su intento el suelo donde estaba parecía derretirse,
soltando un olor nauseabundo; más asombro fue cuando el árbol soltó más de ese
líquido. Ya se había formado 6 de esas figuras que formaban un círculo alrededor de
donde salieron parecía que ya no quedaba más líquido cuando otra figura inicio su
formación., esta vez, parecía tener una figura aparentemente femenina.
La similitud con la de un rito era demasiado cuanto las 6 primeras figuras dieron
comienzo un baile que encamino a la figura del centro hasta el quiosco, era como si
protegieran a una sacerdotisa. Apartaron a Ika del camino cuando fueron quedaron
en el centro del quiosco. Era una pista de baile donde el chico se le invito a bailar con
una sacerdotisa; ella le alzo su mano como invitación a un dueto. El chico no sabe
porque, pero se siente extremadamente atraída por ella, al tocar su mano, puede
sentir como se calienta su palma. “Alza las manos” grito Ika afuera, pero fue
ignorada por el chico.
La danza comenzó, tomados de las manos el chico disfrutaba del baile con su
compañera cuyas manos cada vez se hacía más calientes. El resto de las figuras se
movían constantemente de un lugar a otros, a falta de cuerdas vocales, el líquido le
pringaba cuando ellos intentaban cantar; sonaba a una canción familiar.
Lamentablemente, no podía escuchar las voces liricas, en cambio, se escuchaba como
miel en la boca de alguien. Y el calor de su mano cada vez era más caliente, el chico
no se daba cuenta, pero mientras bailaban su ropa de iba derritiendo por aquel
líquido, dejando al descubierto poco a poco su cuerpo. Pese a no tener ojos, no podía
parar de ver la mirada que intentaba hacer la figura, era inhumana, aunque en ella
podía ver el recuerdo de su amada. La mano ya estaba roja cuando el baile ya estaba
por terminar, y el chico en ningún momento le soltó la mano, sentía que la noche
estaba les cubría por la poca iluminación, algo “romántico” que despertó en él una
llama en su corazón. De repente, el bailo termino, todo se quedaron quietos que, en
silencio, la figura se acercó suavemente hasta los labios del chico, besándose.
Empero, al sentir el líquido en su boca, sintió un ardor que nunca experimento, sus
dientes se le podría, su lengua se pelaba cuando alejo su rostro de la figura. El chico
tenía residuos en su garganta que le quemaba como whisky, y por instinto, llevo su
mano a la garganta. Fue ahí cuando se dio cuenta que su mano estaba derretida, al
punto de ver los huesos de sus dedos. Entro en pánico, sin embargo, no tuvo tiempo
de reaccionar pues las figuras daban vuela y vuelta alrededor suyo, a una velocidad
tan alta que soltaban muchas gotas del líquido que aterrizaba en su ropa ya
derretida, quemando su cuerpo poco a poco. Grito de la desesperación, pero ni le
salía ningún sonido, debido a que el líquido daño sus cuerdas vocales. Toda la piel de
su cuerpo comenzó a derretirse, y cuando alzo la mirada pudo ver como un ojo
sobresalía del techo, la pupila estaba tan extasiada que podías creer que se
gratificaba del sufrimiento. Entonces el chico recordó lo que dijo Ika, y casi sin
manos, las alzo.
Algo pasaba, el techo parecía rechinar, a caerse. El ojo que había en el comenzó a
sangrar, hasta que reventó, y un montón rojo le cayo encima al chico, cegándolo, su
visión se volvía negra mientras veía por última vez como una criatura alada bajaba y
le sujetaba de las manos. Inconsciente, sintió como algo le llevaba volando afuera del
sitio.
—Choto —se sonroja la chica—. Ella es la chica hermosa que te conté antes, es la
nueva del pueblo.
—Oh vamos —dijo decepcionada la chica—. Mira —señalo a una dirección—. Ahí
viene.
—Me alegro —dice feliz—, me preocupaba que no pudiera sanarte a tiempo. Tus
heridas eran demasiadas profundas.
El chico tenía muchas dudas de que rayos eran esas cosas, que era ese líquido que
casi lo mata. Pero la única pregunta que Ika podría responder era acerca de su figura
alada.
—Esas alas… —menciono Marái con cautela—. Disculpame por dudar que eras un
ángel.
El coqueteo entre los dos termino cuando una chica que se acercaba a su lugar.
Era una figura conocida, cuando saludo en voz alta quedo más que claro que era
Agnes.
—¿Yo? Yo estoy aquí para salir con ya sabes quien —dijo sonrojada.
—Sobre eso… ¿me podrías ayudar? No sé dónde está y ya lo dejé plantado más de
una hora.
La solicitud estuvo en duda por un momento, pero haciendo memoria, ella estuvo
en el día cuando pudo conocer a Marái. Levantándose con cuidado, tomo la vara
de anís y acompaño a Agnes en la búsqueda de su cita.
—Siempre eres así —continúo—, no tienes una pizca de suavidad —dijo molesta
Agnes.
—Ella… sí, la recuerdo. Te llevabas mejor que con ella que conmigo —explica
Agnes—. Recuerdo cuando jugábamos en la ceiba cerca de quiosco. Me dio
tristeza cuando la descubrieron colgada en su mansión, todos en el pueblo
sintieron la perdida.
—Es obvio, choto —siguió—. Este pueblo no hay tantas personas para no notar la
ausencia de una —aseguro Agnes.
—…—evita la pregunta.
La amiga de la infancia quien llevaba tiempo sin escuchar la voz del chico se
sorprende al escucharlo hablar, había olvidado lo femenina que era. “Adoro tú
bonita voz”, elogio Agnes. El chico respondió muy avergonzado y debido a ello,
descuido su defensa, por lo que ella aprovecho para tomar la vara anís. En sus
manos, pudo sentir como un aire frío recorría por todo su cuerpo, el día que ella
veía torno en obscuridad de la noche y en sensibilidad de linché.
~Noche 1~
Llegado la noche junto a Agnes, todo se vuelve mucho más oscuro sin la luz falsa que
hay durante el día. El chico veía la tiniebla con la escoba en mano.
—¡Sueño! Eso es —asevero Agnes asustada—. No… —dice en voz baja—, esto no
puede ser. Entonces ¿qué rayos es este lugar?
—Es un lunario —dice Ika por telepatía desde el bolsillo del chico.
—No importa quién soy —dice Ika—. Lo que importa es que si quieres salir de aquí
debes jugar a las atrapadas.
El chico está cansado de los versos, y confronta a Agnes por tanto disparate.
Apenas puso una mano en el hombre de la chica fue sorprendido con una mirada
lleno de odio. Ella hablaba suave: —“Estoy recordando, pero a ti no te recuerdo, no
te recuerdo”, decía mientras se levantaba —. “Esa escoba me hizo darme cuenta
de que…no eres esa persona”, pronuncia amargamente. Parece ser que poco a
poco comenzó a recordar los recuerdos, pero algo estaba mal, no lograba recordar
a la persona presente: —. “¿Quién eres? Todos son mis amigos, pero tú, no lo
pareces, ese choto parece que murió en los ciclos pasados.”, interrogo de manera
lúgubre. La situación es similar al dilema de Teseo, ¿qué tanto cambia una
persona con el pasar del tiempo? Un barco con tantas modificaciones termino
siendo distinto a lo que era al inicio, o podría ser que remodela lo dañado. No lo
sabé, Agnes, por eso está a la defensiva con su amigo. “Yo-yo soy-soy Ma-ma-rái”,
respondió el chico con mucha dificultad. Agnes al escuchar a su amigo llamarse
por su nombre, fue una esperanzadora, sabía que aquella persona que conoció
podría seguir adentro.
—No sé cuánto tiempo ha pasado días, semanas, meses, años, décadas. Pero
estamos aquí, encerradas, y es la primera vez que te escucho llamarte así —dijo
aliviada Agnes.
—Ya lo he olvidado casi todo, choto—sigue—, las otras son la que saben más que
yo, yo fui la primera en llegar —aseguró Agnes.
—No lo recuerdo, esa escoba me ayudo a recordar algo, quizás con otra logre
recordar más —dijo Agnes mientras se rasca la cabeza—, recuerdo pocos ciclos.
Con más ánimos, los dos se miran alegremente por reconocer al otro, Agnes
parece no recordar el rito de las atrapadas, pero si recordó como ambos pasaron
la noche juntos. “No somos nada, mi corazón le sigue perteneciendo a…”, Agnes
se calla en su reproche cuando recuerda que su amado sigue atrapado en el
tronco. Triste, decidí ir a mostrar su pena al lugar donde huyeron. El chico le sigue
el paso, quien trata de persuadirla para ir a buscar la verdad, pero su amiga insistí
en ir al sitio del tronco, lo más que le dice al chico es que Kohai y él jugaban
mucho en la playa más que en el parque, que siempre babeaba mucho al verla en
traje de baño.
Frente al árbol, no podían soportar el horrible olor; era como oler mariscos
podridos con sábila del tronco. No sé quedaron cerca por mucho tiempo, pues
Agnes dejo un anillo cuyo color era recordaba a los que dan como promesa. Su
amiga no mantener la voz, y, con de manera rota, dijo lo siguiente: “Este anillo lo
compré cuando era niña, iba a dártelo, pero… nunca tuve el valor. Te amo, te amo
tanto, y perdoname por tardar demasiado en decirlo, yo… fantaseaba en que algún
día nos casaríamos, que apenas creciera, estaría junto a ti, pero fui tonta por no
darme cuenta de que ya hemos crecido, y jamás pude dejar de ser una niña en el
interior.” Sin mirar atrás, la dama se alejo de lo que alguna vez fue, su dulce primer
amor.
El chico sin decir ninguna palabra está junto a su amiga, quien solo explica su
tragedia de nunca haberse dado cuenta que siempre actúo como lo que debería
ser ante su amado. “He actuado como una niña porque pensé que es lo él quería,
me negaba a madurar”, exclamo con tristeza. Para ella, ya debe ser la hora de
dejar a tras su inmadurez, y cuando Marái le menciona el juego de las atrapadas,
Agnes se niega rotundamente a jugar.
Antes que pudiera decir algo más, una luz roja se pone sobre Agnes, provenía del
péndulo que hacía de luna roja. Tal como ocurrió con Gia, la pobre Agnes sufre de
la maldición de plenidictio, pues se negó a jugar, y como consecuencia, su
transformación fue aborrecible que solo puede describirse de la siguiente manera:
Una monstruosidad yace frente al chico, era gigante, más grande de él seguro,
pero no era de mucha anchura, bastante flaca debido a lo poco voluptuoso que
era Agnes. El chico estaba paralizado, y si no fuera porque Ika le grito por telepatía,
hubiera sido tragado por la lamia.
Huyo lo más rápido que pudo, atravesó toda la selva, intentado despistar a la
criatura, pero debido al cuerpo versátil que tiene, le era fácil a travesar el terreno.
No fue hasta que el chico tomo una liana se columpio hasta la cima de un árbol
que la lamia le perdió el rastro. Cuando vio que paso de largo, tomo un respiro, y
lamento el estado en el que está ahora su amiga.
—No es tiempo para llorar —decía Ika mientras se asomaba de su bolsillo—,
debes usar acabar con ella.
—Si quieres sobrevivir, vas a tener que matarla —sigue—, porque no podrás
atraparla sin que te mate primero.
—¿Y cómo lo hago? No podría hacerle eso a mí amiga —rechazo reacio el chico.
—¿Magia?
—Sí, esa escoba pueda ayudarte, pero tendrás que elegir tú punto lap —aclara
Ika—. Tu punto puede ser tu mente, corazón, o tú…—se queda callada—. Luego te
explica, enfoca tu mente en tu escoba para pretender que sacas una bola de luz o
un láser.
El chico intento hacer magia, pero no pudo. Sin ideas baja del árbol para intentar ir
a un campo abierto, pero se toma con “escamas” en la tierra, similar a una muda
de piel, pero en pedacitos. Pisarlo, hizo que sus pies se hicieran lento, es como si
las escamas que se pegaran a la suela se conectaran y trataran de detenerlo. No
sería un problema si no hubiera tanto a su alrededor. Debió crearse cuando la
lamia paso por ahí. Sin nada que pudiera hacer, camino lentamente afuera de la
zona, sin embargo, se sentía como pisar cristal roto, cuyo componente hace que
se desgarre los tenis que traía. Cuando por fin logro salir, el parque parecía soltar
gente sombrar por el lugar, y el propio parque le susurraba al oído: “Mentiroso”, “falso”,
“disfórico”, “culpable”. Las cosas se pusieron mucho peor cuando, de nuevo, vio a una
niña con de pelo rosa en el poste de luz. Señalaba con el dedo hacía un lugar,
antes de que se oscureciera, y por obra del diablo, aparecer colgada en mismo
poste. Cuando miro a donde apuntaba, vio la lamia dirigiéndose hacía él con una
gran velocidad. El chico intento huir nuevamente, pero a cambio, recibió un
coletazo que le hizo choca con el poste. Sangrando, por el impacto, ve frente a
frente a su amiga, abriendo la boca con gran voracidad, dejando a la vista sus
colmillos gigantes. Era horrible, saco una lengua larga que, sin sus dientes,
parecía un mendigo, y la boca se hacía cada vez más grande. Su cola hacía el
sonido de un cascabel, no era de advertencia, sino de emoción, no duro ni
siquiera un segundo se abalanzo sobre Marái, quien, en un movimiento astuto,
puso la vara de anís en su boca para intentar pararla. Empero, la lamia era muy
fuerte cuya fuerza de boa constructor es capaz de romperla. El chico está
desesperado, el miedo, y la ira de lo que se enfrenta hizo que la escoba brillará de
color rosa. No solo eso, hizo que la lamia comenzará a sangrar por la boca, sea lo
que sea que estaba haciendo, estaba dañando a la criatura. En cuanto se rompió,
una explosión hizo alejar a la lamia; gruñía de dolor, perdió su mandíbula, tenía la
mitad de vara anís incrustada.
El chico, cona la vara aún en sus manos, aprovecho que la lamia se retorcía de
dolor para huir lo más lejos posible. Mientras corría, vio a una multitud de sombrar
merodeando por el anfiteatro, sin pensarlo, intento mezclarse entre la multitud
para perder de vista a la gran serpiente, sin embargo, resulto en la peor decisión
que tomo pues por ahí había pasado la lamia, por lo que había un montón de
escamas que ralentizo su paso. Empeoro la situación cuando las sombras caían
sobre él; la lamia los arrojaba con su gran cola. Uno de ellos atravesó al chico; se
sintió frío, tan frío que le hizo caer al suelo y su visión se volvió borrosa. En tanto a
Ika, quien todavía seguía en su bolsillo, salió de su escondite en forma de
serpiente para abandonar a su suerte a Marái. Estaba a su suerte en suelo, trato de
pararse, pero cayo sobre las escamas malditas, las cuales impedían su movilidad,
era como estar en una telaraña hecha de vidrio. El esfuerzo era inútil y tiro la toalla
cuando vio a la lamia ir a gran a velocidad hacía él. Levanto la vara por última vez,
sosteniendo la vara, dejo la parte afiliada como estaca al descubierto, se preparó
para el último estoque, empero, corrió con la suerte de que una luz cegó en la
criatura, dejando vulnerable para un ataque punzante que, por la velocidad a la
veía, cayo directo en la estaca. Resultada que Ika había prendido uno de los focos
del anfiteatro, no lo había abandonado, en realidad, fue a los controles para
ejecutar su plan de rescate.
*Día 2*
Los restos de la criatura cae al suelo, poco a poco, se desvanece por la luz del día y
donde antes estaba un cuerpo, floreció una flor de azafrán en el lugar.
Sus parpados volvieron a abrirse para ver el techo de su vivienda. Había despertado
en su cama al oír la alarma del teléfono. Levanto su columna para mirar a su lado, y
esperanzado por ver a Ika…ahí estaba. Ella tenía una cara larga, el encanto de su
forma humana que tanto le caracteriza, estaba apagada al igual que sus ojos, ella dio
su pesame por la muerte de su amiga de igual modo que daba la piedra de color
carmesí y la estaca de anís en sus manos.
—Es un péndulo, cuando muere una persona su última fuerza vital queda
almacenada en ella—explica amargamente—. Y esto es lo único que quedo de la
vara, además…
—No te conté todo sobre la magia —suspira—, la verdad es que la energía que se usa
se encuentra en varios puntos específicos además de la mente y del corazón, también
puede salir de tú… —se queda callada por un momento—, de tú gónada.
A Ika se le dificulta mucho explicar este tema al chico, así que decide recitar
explicarlo en forma de poema para que quede más claro,
L.A.P.
De un abnegado al karma
—Porque la última noche casi mueres por no saber usar magia —dijo fríamente Ika.
—Entiendo…
—También porque estás medio estúpida para entenderla —exclamo segura Ika.
—Vamos a la iglesia, quizás Mikayla me pueda decir cómo puedo acabar con una
dama de negro —respondió Marái con determinación.
—No me importa, no sé qué verdad quiere sacar de mí, pero no quiero matar a otra
amiga más, a ni una más, nunca más —dijo Marái con un tono amenazante.
—No tienes ni puta idea de lo que te espera…—dijo molesta Ika—. Quiero verte
intentándolo, sé que no lo lograrás, mejor dejalo como última opción.
El sistema que explica Ika lo maneja cualquier chica mágica o con magia, el
potencial radica en cómo se desarrolle los puntos L.A.P. desde un enfoque
espiritual, el regazo es la parte más importante de una cualquiera persona con
magia. “Cuida mi lap…”, piensa el elegante pues es algo tan irreal que exista la
magia, pero ver a chicas transformándose en monstruo de un momento a otro…
es propio de algo mágico. No tiene más tiempo para pensar, pues unos gritos
comienzan a sonar desde el piso inferior. Ika se transforma en ajolote y se esconde
en su bolsillo de su suerte. Juntos, bajan al segundo piso para ver la misma
escena del anterior ciclo.
—¿Podrían dejar de pelear? —exige su madre en la cocina—. Si que les hace falta
dios—dijo mirando al techo con cansancio.
—Lo haría, si no fuera porque este idiota no quiere admitir que fue el quien arruino
mis flores del jardín—replica la hermana.
Las flores… ahora que lo nota el chico, cada vez que muere una amiga suya
florece una flor. “¿Acaso significan algo?”, pregunta mentalmente Marái a Ika. Ella
responde que solo significa el valor del alma de una chica mágica que, mientras
más hermosa la flor, más pura es el alma. Esto le genero una curiosidad al chico, y
se preguntaba “¿cuál era su flor?” Una pregunta que nunca tendrá respuesta pues
él no es una chica.
Al salir, noto como las flores y algunas macetas del jardín estaban tiradas, una flor
de azafrán fue la que más destaco entre todos, pues, los pétalos fueron
arrancados y esparcidos por todo el jardín. “Espero que el alma de Agnes pueda
descansar”, dijo el chico sin consuelo, pero Ika le reafirmo que nadie puede
descansar si en cada caso reviven. “Entonces será mejor que acabar rápido con
nuestro sufrimiento”, respondió Marái ante la desesperanza que transmite Ika.
Ya en el autobús, todo transcurrió con normalidad; reviso las redes para matar el
tiempo, viendo que cada foto de “Kohai” que recibió hoy, era en realidad, de Gia,
cuyo cuerpo majestuoso le recuerda que ella es una chica mágica, y que lo más
probable es que su lap se incline por lo libido.
Fue lo que dijo la dama que, con una gran luz, ilumino todo el bus. “¿Dónde
está?” pregunto Marái a la figura. La niña le señalo afuera, al péndulo rojo que
hace de sol y luna.
«Acepta la verdad de tu realidad»
—Nuestra diosa está siempre con nosotros, y sabe cuándo una persona está
depresiva —sigue—, más cuando evade responsabilidades.
—Eso estamos haciendo, dime, ¿cuándo fui la última vez que hablaste con tú
familia?
—¿Te gustaría saber qué le hizo la dama de negro? Toma asiento de nuevo por
favor —dijo Mikayla suavemente.
Con la rabia entre sus dientes, el chico regreso de donde se levantó.
Pero hace tiempo que todos ellos nos abandonaron, dejado a montón de
vigilantes que se hicieron llamar “ángeles”, estos tenían una misión, regresar
lo que unos demonios robaron; la chispa del demiurgo en cada infante del
planeta. Sucede pues que el dios de los albañiles deseaba ser el “único” y
“verdadero” dios, por eso deseo la chispa del demiurgo, por eso ordeno la caza
de brujas y de magos en mando de los “ángeles”. Nosotras, al estar en
contacto directo con la magia no perdemos la chispa del demiurgo debido a
que mantenemos la pureza del alma. Ellos lo sabían, así que inventaron
leyendas como el coco o la “baba yaga” como excusa para cazarnos, pedían a
muerte el fallecer de las malvadas brujas. Sin embargo, los humanos no podían
recolectar la chispa, así que usaron a las propias brujas como embargo.
Engañadas por el lema “Bruja blanca” y “Bruja negra”, las brujas blancas
recolectaban a brujas negras creyendo que era malvadas, así, se encargaron
de cazar a sus propias hermanas. Año tras años, el alma de magos y brujas se
iban uniendo al “firmamento” del gran matón, ignorantes, las recolectoras
creían en obtener el perdón por poseer magia, junto con el cumplimiento de su
deseo.
Pasaron varios siglos hasta que al fin alguien lo detuviera, círculos se crearon y
todos se quemaron, unión se usó para que terminará, ahora, es una profana al
se ama por sus logros, aunque en ningún círculo estuviera. Su nombre era
Sophia, ella era amiga de un grupo recolectoras llamada “Las chicas mágicas
occidentales” quienes llevaban a cabo su deber sin descansar en ningún día.
La profana lo noto, por eso deseaba trabajar junto a ellas, Hom nunca le dejo,
su mejor amiga no quería que sufriera por culpa de las “malas”.
Como no le permitían hechizar, investigo diversas formas para hacer frente a la
magia, fue con arco y espada las armas que uso para acabar a las criaturas
místicas, en cada lugar a la que iba, lo hacía con su grupo de amigas, quienes
la apodaron como “Zerene” por su serenidad con la que mataba a las “brujas
negras”, pese a lo sangriento, ella siempre mostraba respeto por sus
contrincantes. “Nadie merece ser tratada con brutalidad”, decía ella cada vez
quemaban los cuerpos sin vitalidad. Jamás fue hipócrita, pues siempre daba
una muerte rápida a la bruja intrépida. Sin embargo, ella era muy lista para ser
una caballera, ya que noto que casi no había diferencia entre una “bruja negra”
y ellas como “brujas blancas”. Busco en la historia las respuestas de sus
sospechas, enterándose lo que antes conté. La colera de “Las chicas mágicas
occidentales” llego al extremo de desafiar a los dioses celestiales,
sorprendentemente, terminaron ganando, pero a un costo…
La única forma de matar a un dios era volviéndose un concepto, por eso,
Sophia dio su vida para engañar al hombre en la cruz y volverse parte de él.
Para darme entender, basta con comprender que una “bruja blanca” podía
pedir un deseo a los genios llamados “ángeles” a cambio servir como
recolectora, y, con las palabras correctas, ella remplazo al hombre en la cruz.
¿Cómo lo hizo? Pues solo dijo: “Dejame ser quien proteja la chispa de todos en
todos los tiempos. Deseo ser el ente quien las salvé y no terminen perdidos”.
Con esto, se volvió internó la forma de recolección de cada chica del pasado y
del futuro, porque el concepto de la salvar la chispa toma forma como ángel de
la guarda en la mente de los niños. Esto no basto para tomar el lugar de aquel
dios, lo sabían muy bien Sophia, por eso sus amigas la adoptaron como
religión, adueñándose de la cruz para su Diosa “Zerene”, la profana que se
sacrificó para ser la “salvación”.
—Kohai era una chica con magia, pese a su corta edad, parece que le gusto a
Xtab —asumió Mikayla.
La colera invadió al chico, se sintió feliz por un momento, pero saber que ha
sido torturado todo este tiempo, despertó un deseo de vengar su muerte, de
liberarla del yugo que una bruja, una diosa malvada le ha colocado. Ahora ya
está claro quién es su enemigo, pero aún queda la pregunta de quién es su
aliado.
—Mírame como la secretaria de un ser divino —dijo Mikayla con una bella
sonrisa.
Eso no es una respuesta, hay tanto que desea hacer a esa dama que bloquea
su mente del raciocinio. “¿Lo sabías?”, pregunto internamente Marái para
cuestionar a Ika. La ángel estaba en completo silencio, muy apenada de hecho,
desde su punto de vista haberle mentido al chico fue lo mejor porque ella sabe
que la idea de que su amada está aquí provoca que se estanque. “Te amo”, dijo
Ika. Esa fue su razón para haberle mentido, ella explica que en cada ciclo sufre
de amnesia por su paranoia, por su psicosis, por la culpa de ser el culpable de
que Kohai estuviera en el manto de Xtab. “Si lograba que la dejarás ir al fin
podrías avanzar”, asevero Ika. Cuando escucho eso, la rabia de Marái se fue,
Ika espero insultos, en cambio, escucho cómo se sugestionaba el chico: —
“¿Qué diablos hice? solo me dedico a jugar y a ver anime, no hago mal a
nadie, ¿por qué estoy sufriendo por los muertos?”, pensaba en melancolía el
chico, él solo deseaba estar con su amada.
—Algo realmente paso para que estés aquí. Se supone que solo eran cuatro
chicas mágicas, pero ahora TÚ estás aquí. Tentando a las otras, ¿me
escuchas?
—Marái deja de hablar, necesito que quede claro —callo Mikayla al chico—.
Regresa por donde viniste, y me olvidaré de tú incursión en este romance
juvenil.
—Por favor cuídate mucho, y si eres amable, ¿puedo saber a dónde irás
ahora?
Animado, el chico se despidió con cortesía de la monja, salió con prisa afuera
de su oficina. Mientras caminaba hacía la entrada discutía que hacer con Ika.
Debido a su telepatía sabía todos los malos pensamientos que estaba teniendo
hacía ella; “Es una Ángel caído”, “No creo que me ame”, “Algo debe querer un
demonio como ella”, “Ella me salvo, pero no le importa la otras”, “¿acaso de
ella me debo cuidar?”. Esos pensamientos se detuvieron cuando sale de la
iglesia, parado en el entrada, tomo una decisión, y se lo hizo saber a Ika.
—Largo —dijo el chico en seco.
Herida, Ika salió del suéter, volteo su sabe para ver resentido al chico, y decir la
misma frase cuando ve que hace su amado hace una estupidez: —“No tienes ni
puta idea de lo que te espera”. Dicho eso, se fue como animal callejero.
No está seguro si fue lo correcto, pues la soledad no hizo falta cuando realizo
todo el viaje. Al menos con su lirica voz podía olvidar los horrores que ha
pasado durante las noches. “El viaje a bus es tediosa si nadie con quien
hablar”, es lo que piensa el chico, aunque tampoco es como si le afectará tanto,
le afecta más según él, la idea de que tiene a un ser superior susurrando le al
oído. Sentir que alguien te habla en tu mente afecta la cordura de cualquiera,
más cuando no sabe que cosas son mentiras y que son falsas, eso le hace
preguntarse una cosa “¿y si Ika está en mi cabeza”, el fuerte estrés de
presenciar tanta muerte pudo ocasionar un trastorno esquizofrénico; es lo que
propone. Después de todo, es el único con el que ha hablado con él pues nadie
más la ha visto. Pensar demasiado le hizo perder la noción de tiempo, sin
darse cuenta, ya había llegado al paradero de la playa.
La playa era distinta con la nueva vista que le da la vara de ceiba, no muy
diferente a como lo describe aquel poema:
Oh mi querida luz
La luz roja del péndulo estaba a espaldas suyas, así que, con coraje, bajo a
recorrer toda la Riviera. No era fácil, la arena que se metía en sus tenis no le
dejaba caminar fácilmente. “Daba igual”, es lo que pensaba, pero no le di igual
cuando noto que después de caminar una cuantos pasos, había regresado al
muelle. Extrañado y asustado, decidió regresar sobre sus propios pasos a
esperar si algo cambiaba, pero ocurrió lo mismo, el mismo muelle de donde
había partido. Esto le desespero el chico, era un pueblo, era obvio que la playa
era pequeña, pero el anterior siglo parecía gigante en comparación que ahora.
El chico corrió y corrió en un inútil intento de alcanzar una horizonte, empero,
solo había una risa que le seguía en su carrera. Cansado, el chico se recostó
en la arena, la cual, no se sentía muy distinta a la arena de normal. Cerro los
ojos, ya no sabía que hacer, el espacio se modifica a conveniencia de un ser
externo a él. “’ ¿Cómo me enfrento a una diosa que ni si quiera Zerene pudo
doblegar?”, piensa el chico que ni si quiera puede encontrar una bendita misión
en la playa.
De repente, sus epifanía fue interrumpida cuando algo comenzó a subir por su
pantalón; algo viscoso. En el momento de que abrió los ojos, se dio cuenta
como un tentáculo gigante se arrastró hasta llegar frente suya. Eran morados,
delgados, no era de un pulpo, sino de algo más, algo desconocido. Fueron tres
de esas extremidades las que lo rodearon; uno le sujeto los brazos, unos las
piernas, y el tercero le sujeto de la garganta. Forcejeo en contra la criatura,
intento usar la vara, pero otro tentáculo se lo quito de sus manos. Trato de
gritar por ayuda, pero el tentáculo que le sujeto la garganta le aprieto con una
fuerza que le asfixiaba. Antes de que pudiera hacer algo más, fue llevado
dentro del mar. No podía respirar, y lo último que ve antes de desmayarse, fue
a ojos brillantes brillando en la costa, unos ojos de color verde.
—Si no quieres nadar, puede ayudarme a buscar caracolas —dijo una voz
femenina.
Ilusionado, Marái volteó para ver quien era. La sonrisa en él no tardó en llegar
cuando vio que era su amada Kohai, quien da la impresión de hablarle.
El comentario causo molestia en Agnes que dio como resultado que ella
comenzará a salpicar agua con movimientos bruscos. El agua les llego a todos,
exceptuando a Marái, ningún gota le salpico a él, pero no importo porque
Agnes comenzó a salir del mar con la intención de ensuciar a todos. “Si no
quieren jugar conmigo pueden irse con arena dentro de ustedes”, exclamó con
un montón de arena de arena mojada. Agnes comenzó a correr hacía los niños
y hacía él. Marái salió corriendo hacía el mismo lugar donde iban los niños, si
ya es cansado tener arena en los tenis, no quiere tener arena negra en su
camisa. Fue en vano su huida porque Marái recibió un disparo directo en su
espalda, lleno de arena que parecía azufre, sintió como su espalda ardía como
si el sol le hubiera quemado. Se retorcía de dolor en suelo, giraba de un lado a
otro en un intento de suavizar el dolor, pero era insoportable, mas su suplicio
fue peor cuando vio a Agnes parada atrás suya, en silencio, esperando una
tempestad. Lo que vio apenas en un parpadeo fue como se transformaba en
una araña humana; el torco veía el cielo, la cabeza no iba con su cuello, sino
que está en contraposición, y sus extremidades eran de artrópodos, pero aun
con manos. La abominación llego rápido con el pobre chico, el rostro de una
Agnes infante permanecía, y de su boca salió de las siguientes palabras:
Escuchar eso hizo que la criatura se detuviera por un momento, y antes de que
siguiera agrediendo al chico, algo alado bajo de cielo, con sus garras la agarro,
llevando a la criatura consigo. Derrotado, sintió que la muerte ya le alcanzaba,
parpadeando muchísimas veces, pudo ver a Kohai abajo suyo, ella Tenía una
caracola con ella. Algo extraño que no noto antes, es que ella tenía los ojos
verdes. “Mi hogar está cerca” dijo ella, apuntado detrás suyo”. Apenas volteó,
pudo ver la entrada, la entrada de una mansión. “La columna de piedra guía a
la entrada, tienen figura de caracola”, dijo ella a la niña que apareció antes.
“Siempre serás bienvenida, solo camina hacia allá y en pocos minutos verás la
mansión, oculto en la selva”, asevero Kohai antes de desvanecerse. Adolorido,
el chico cerro los ojos, deseando que su amada volviera por él, pero no fue ella
quien lo saco de su fantasía.
Una chica le picaba el cachete con su dedo, era suave, como el toque de una
hermosa dama, cuando abrió los ojos se dio cuenta que era Gia quien le
despertó.
—¿Nos conocemos? —dice Gia extrañada—, ¿recodaría una linda cara como la
tuya?
—Y me imagino que quedarte ahí para siempre era parte del juego.
—Uhm, quizás el bikini que llevo puesto te dice algo —exhibe Gia.
—¿En serio?
La caminata fue en silencio, las olas del mar eran lo único que mantenía un ruido
blanco, para la suerte de ambos, la estatua estaba próximo en unos cuantos
pasos. “Mirá, es aquí”, señalo Gia. El chico le dios las gracias, y estuvo preparado
para adentrarse en el camino, sin embargo, cuando dio unos pasos hacía al frente
noto que Gia le seguía, el trato de decirle que se fuera de una manera amable,
pero ella insistía en acompañarlo. Sin remedio, tuvo que aceptar de nuevo, su
compañía.
—¿Vives por aquí? —pregunto Gia
—¿Por qué llevas ese palo? —pregunto Gia—, ¿te crees mago?
—Si me gustará cada vagabundo perdido, tendría como treinta novios —respondió
de igual manera Gia.
Causo molestia ese comentario, claro que fue en tono de broma, pero es fácil
notar ella si siente algo por él, no es normal que alguien haga lo que ella hace. Gia
es infame por su reputación de golfa, Colel lo dejo claro, aun así, sigue siendo
imposible que alguien se arriesgue a entrar en la selva con un desconocido. El
interrogante le hizo preguntarle a la morena sí su forma de amar es una pura o una
más “amorosa”, ella se lo explica bien en forma de poema:
—El amor es complejo, prefiero dejarlo en que, si lo haces con alguien, es porque
lo amas —termino de hablar Gia.
Pese a sus edad, ella actúa con una gran libertad en sus relaciones, al chico le dio
celos, porque su padre no le deja amar como el quiere, pero es extraño, la familia
de Gia es igual de religiosa que la suya, Colel lo expreso muy bien cuando era
Kohai con disfraz de monja. “Quizás debo ser más como ella, no preocuparme por
el qué dirán”, pensó Marái. Lo que le llevo a hacer una pregunta más incomoda.
—¿Con cuántos hombre has estado?
Debido a su pregunta, Gia paso el resto del camino en silencio, tuvo la suerte de
que ya no falta mucho para llegar.
Frente a ellos, había una mansión gigante en ruinas; toda la estructura de era
cuadrada, de cuatro pisos como mucho, faltaba una puerta, la vegetación
rodeaba las paredes, el techo está a medio construir; parece que estaba en
construcción. No parecía ser obra de la vara pues Gia menciono lo deshabitada
que está, de hecho, ella desconocía que hubiera tal mansión en el pueblo, se le
veía ansiosa, esto hizo que el chico le diera a conocer su intención de explorar el
lugar, se despidió de Gia, agradeciendo su compañera, pero ella intento disuadirlo
de no entrar, pues ya estaba atardeciendo. Al chico no le importo, dijo que de
manera sarcástica que contaba con una vara que le protegía. Lo que ocurrió
después fue un producto de una simple broma o un intento por parte de Gia para
no dejarlo entrar a la mansión, Gia en un movimiento rápido le quito la vara de
ceiba que traía el chico. “Ningún palo podría…” dijo antes de recibir una epifanía al
tocar la vara, parece que ella al fin ha abierto los ojos.
~Noche 2~
La noche a llegado, los grillos comienzan a sonar, la vista de los dos es más
tenue, y Gia no puede creer que la luna sea un péndulo. El chico tiene miedo a
que le ocurra lo mismo que a Agnes, que ella no crea en lo que ve, pero ni el
mismo se cree que Gia se lo está tomando bastante bien en realidad.
—Ya lo recuerdo, está playa…—se calla Gia por unos segundos—. Diosa
Zerene, ¡TODO ESTÁ DE CABEZA! —grito agitada.
Ella mantenía una calma increíble, pese a estar viendo otra realidad —una
bastante macabra— que hasta hace poco era animalista, murmura cosas
extrañas que el chico no podía entender. “Disculpame, es tan repentino que
casi me hace perder la cabeza” explica Gia con una respiración acelerada.
Parece que tocar la vara le ha hecho recordar más que Agnes, pues su mirada
es una amistosa, más de lo que ya era, como si estuviera recordando a un viejo
amigo. Marái se aseguró de que estuviera bien para poder ingresar sin
problemas.
—Detente —dice Gia—, no puedes entrar solo.
El chico mira Gia fijamente que, aún sentada, se preocupa por su bienestar,
pero no es lo importa, ¿a qué se refiere con última vez? Es lo que se pregunta.
—No creo que sea buena idea…—el chico se calla cuando ve a Gia cambiarse.
Se voltea rápido para no ver el cuerpo desnudo de Gia, sin embargo, cuando lo
hice una luz comenzó a salir a tras suya, regreso su mirada a la morena para
ver cómo se rodeaba de una luz. El bikini que traía está a un lado, pero la bolsa
donde estaba su ropa se haya vacía, no podía ver bien que le ocurría a Gia, la
luz era tan brillante que tapo parte de ella con su mano, verlo directamente te
lastimaba la pupila. Apenas termino la transformación, vio un atuendo que solo
se explica en los siguientes versos:
La poco que traía era convencional, pero por obra de magia se ha convertido
en algo especial. Sorprendido, el chico pregunto cómo era posible, Gia se
abstuvo a solo responder que era lo normal, mas le parece extraño su pregunta
porque él ya debería saberlo. “¿El palo no te regreso tus recuerdos?” pregunto
directamente el chico. La respuesta que tuvo fue negativa, parece tener la
mente bloqueada, ella le ve con tristeza antes de entrar a la mansión. Entre la
obscuridad, ella creyó que un amigo podría estar junto a ella en frente a lo que
se avecina.
—Ella debe ser una enviada, nadie debería poder entrar aquí, ni salir…—dice
Gia amargamente—, ¿cómo es que un vara me hace recordar?
—Lo suficiente para saber que estamos atrapadas, que pronto vamos a jugar, y
que debemos buscar la verdad —explico Gia.
Marái voltea atrás suya, parece buscar algo, algo le tiene inquieto según él
lleva rato sintiendo que algo les observa.
—Siento que unos ojos brillantes no vigilan —explica Marái.
—¡Si, sí, soy yo Gia! —grito Marái aliviado, pues reconoció la voz de su
compañera—. Estoy atrapado.
—Veré que puedo hacer—dijo preocupada—, ¿estás bien?
Ella intento abrir la puerta mediante la fuerza, siendo algo inútil claramente.
Pidió al chico que se alejará de la puerta, pues ella utilizaría magia para abrirla,
metió un pequeño hilo dentro de la puerta en un intento de forzarla, la perrilla
se movía, pero no funciono. “Está atascada”, dijo frustrada antes de reposar su
cabeza en la puerta.
—Ten cuidado con tus palabras, es mejor un juego de las atrapadas que un
juego de muerte.
—En ambos hay muerte —refuta Marái.
—Entonces que te parece esto, cada vez que uno sea atrapado deberá
responder una pregunta, sin mentir —dijo ella animada.
—Tal vez una pregunta gratificante, como saber qué le ocurrió a Kohai —le
sugirió a Marái.
Escuchar sobre esa niña que tan pocas veces le inquieto al chico. “¿Cómo
diablos es qué sabe sobre ella?”, pensó el chico. Su compañero le lanzó una
pregunta para confirmar que si cree en su palabras, Marái respondió de
manera tenue que “sí”, esto le hizo soltar una risas a Gia, la cual, dejo
extrañado al chico. Sin embargo, antes de irse le indico al chico que el
comenzará a buscarla, pero cuando trato de marcharse, la muchacha fue
detenido a petición del chico, este le pregunto: —“¿Conoces a Ika?”.
Termino el conteo, tenía la puerta enfrente suya, algo ha cambiado, parece que
la fuerza que mantenía la puerta se ha ido. Sin tiempo que perder, el chico sale
corriendo en la búsqueda de Gia. Cada espacio por donde iba era extraño,
tenían mucha iluminación, como si la mansión estuviera activa, los muros
estaban estables, los corredores estaban limpios, y suelo parecía recién
reparado, debido a lo bien conservado que esta el lugar, poco tardo en hallar a
Gia, quien, por alguna razón, estaba saliendo de una ventana abierta. Afuera
parecía soleado, el tiempo perfecto para atrapar a una chica con un palo.
—Uhm, antes de responder, toma tu palo —después de decir eso Gia le pasa
la vara de ceiba que había dejado atrás el chico.
Recibir la vara de ceiba cambio la percepción otra vez, revelando que la casa
sigue en ruinar, afuera es obscuro, y casi no se ve nada en el interior, solo una
luz roja que entra por la ventana es lo que permite una conversación estable,
donde ambos se miraban cara a cara, Gia daba una mirada confusa, es como
si no hubiera olvidado sobre el juego de preguntas, por lo contrario, Marái le
explico de nuevo el acuerdo que habían planteado, pero Gia niega todo lo que
dice, sin embargo, acepta responder una pregunta por lo divertido que suena,
piensa: “No es como que responder me vaya a matar”. Así que, en brevedad, el
chico lanzo la siguiente pregunta:
—Dicen que hay otra versión de Puella aetherna, uno para hombres, si
estabilizas tú psique creo que te aceptarán sin problema.
El chico sonrío un poco por su respuesta, tiene a Kohai, pero es bueno saber
que todavía hay otras personas que quieren ser su amigo. Por esto mismo, le
pide a Kohai que jueguen bien, porque no soporta el hecho de que se deje
vencer por el juego, si pierden, será porque no fueron veloces, sin embargo, la
morena le afirma que ella no corre muy rápido, que su fuerte está en el mar,
nadando. “Por favor Marái, dejame descansar”, dijo Gia en un tono lúgubre.
Rendido, el chico Repite el ritual, atrapando a Gia con una cara triste. Sin
ganas el chico le lanzó la última pregunta: “¿Cómo llegaste a ser una…una
chica atractiva? Quiero decir, te gusta vestirte y actuar de forma sugestiva, me
incomoda a veces es como…”
Ahora, tu pregunta es…es difícil de decir, pero de pequeña tenía mucho tiempo
libre, mi hermana no quería jugar conmigo ella siempre se sumergía en los
libros, y por parte de mis padres eran ausentes. Una niña solitaria y sin
supervisión, era muy obvio que me sumergiría en el internet. Entonces, entre
tanto navegar, descubrí otra forma distinta de amar, día tras día, me envolví
más en ello, incluso me atraparon en ello, como cualquier otro precoz.
El chico se sintió abatido al escuchar esa pregunta, recordar los sucesos que lo
llevaron a frecuentar la oficina de orientación escolar le es doloroso, trata de
contar lo que ocurrió, pero el tartamudeo regreso a él, pero en resumida
cuentas, él dice que unos chicos abusaban de él constantemente, hasta que un
día le atraparon en los baños y uno de ellos puso su cara en el borde de uno de
los retretes, provocando una fuerte golpe en su cabeza.
—Lo…—a Gia se le dificulta hablar—, lo lamento —sigue—, pero algo está mal
—mira con demasiada confundida—, Agnes me dijo que esa cicatriz lo tienes
desde niño.
—¿Eh?
Fue la pregunta que le hizo por ganar, ella quería entender porque rayos
alucinaba con que ella era su amor de la infancia. La respuesta que tuvo no le
perturbó:
“No lo sé, mi mente se ha vuelto loca. Yo-yo…veo algo que se parezca a ella y
comienzo a recordar, a emocionarme. Ver tu piel bronceada me hizo…me
hizo… un fragmentar mis lentes de cristal”.
Lo último que dijo no supo interpretarlo, pero es fácil de entender que él está
loco, pese a ello, sigue siendo incongruente, da a conocer que fue la primera
vez que les confunde en Kohai que, ni en los 33 ciclos que han pasado, es la
primera vez que ocurre algo así. “No han sido 33, pero sé que en cada ciclo
nos llamabas por nuestro nombres, y nunca te llamamos por otro nombre,
Marái”, explico Gia, ella vuelve a remarcar que algo le cambió cuando
estuvieron en la mansión la vez pasada. El chico le pide por donde puede estar
la puerta del ático, quizás subiendo sepan que le paso a él, Gia explica que son
unos escaleras plegables en el techo, pero no cree que algo cambie, pues se
comportó normal incluso si está en ese lugar, quedo corto, pero normal al fin ya
al cabo. “El que debe saber qué te paso es mi hermana, yo morí antes de que
encontrarás tu verdad”, explico Gia nuevamente. Esta vez, es el chico quien le
pide a la morena que se ponga a contar, el irá buscar el lugar lo más rápido que
pueda.
El chico no perdió tiempo revisando puerta, corrió mirando el techo en busca de
cualquier irregularidad, pero solo veía lamparás sin focos, y el material podrido
que dejaba ver zonas rotas, hasta que de la nada ve un ojo verde en el techo,
eso hizo que se detuviera para mirarlo. Cambio su mirada a la vara, lo que le
hizo pensar que debería soltarla, a lo mejor podría ver otra cosa, puso la vara
en el suelo y subió su mirada de nuevo. Ahí estaba, una cuerda donde podías
bajar las escaleras plegables, jalo de ella, lo que provoco que escaleras
bajarán, con mucha pizca de terror, subió donde antes estaba un ojo. Arriba, su
mente se lleno de un montón de imágenes del pasado: Agnes, Kohai, juegos,
amor, peleas, odio, impulsos, agresión, tristeza, mentiras, accidente, cuerda,
salvarse, caer, morir, soñar, hambre, deseo, comer, y ojos verdes. Lo último
que ve fue alguien tomando su mano, ¿por qué?
Cuando salió del trance, noto algo que le polarizo, estaba en el ático. El chico
ve materiales de construcción, el techo sin terminar que dejaba pasar la luz roja
del péndulo, había columnas que tenían un poco de techo donde ellos se
ponían a jugar y por último…una cuerda. El chico se derrumba en el piso, ya lo
recuerda, fue ahí donde la encontró colgada. Quedo atónico, la reminiscencia
de su pasado le hizo ignorar los sonidos que venía de abajo, no le importaba si
venía Gia a atraparlo, ya no, al fin ve con sus propios ojos la imagen de la
tragedia. Ella esta a su lado, le toca su hombre y dice: “¿lo recuerdas?”. Marái
voltea para verle con una mirada de penitente, tristemente, Gia realizo la última
pregunta que le dejo abatido.
—¿Por qué tú…? ¿Por qué tú insistes en buscarla? Ósea, ya es raro verte así,
pero es más raro lo loco que estás por hallarla —expresa Gia
—Que tiene de raro como me veo. Mi suéter- —Marái es interrumpido por Gia.
—Ya lo haga por costumbre, visto como visto, Kohai es mi Kohai, y yo estoy
perdido en lo que soy —sigue—, no sé porque continúo, quiero creer en su
amor, en nuestro amor, no sé porque la olvide ni porque revivo su imagen…
—Yo soy débil, ella era fuerte, siempre me trato bien incluso si la regañaban
por ello. Por eso la amo, y por eso intento…intento ser fuerte, pero su
partida…debió ser difícil para mí —dijo entre lágrimas—Y, por eso
yo…yo…yo…
El chico no entendía que era lo que sentía, la amaba, pero había le comía sus
entrañas, algo que le hacía escupir sobre su mera idea, cambiar su imagen,
cambiar de Kohai. “No fue mí culpa o eso creo” piensa para sí mismo pues
sabe que no es lo correcto cambiar quien era ella y quién es ahora, rechazar lo
que fue. “Buscar…me hace sentir menos odio”, dijo como respuesta final a Gia.
La morena no entiende como ama y odia una persona, es complejo de
entender, desearía poder ayudarlo, pero sabe bien que la siguiente ronda va a
dar comienzo. Pues de la luz del péndulo rojo se focalizo unos ojos verdes en
aire, la dama de negro había llegado.
Los dos no tienen fuerzas para luchar contra el otro, en este momento, Marái
quiere morir, no soporta el peso de sus acciones, y Gia no quiere terminar con
alguien que aprecia. Ella se siente enfrente del chico, le ve a los ojos, por su
parte, el chico le da una mirada de misericordia, ya no tiene fuerza de
continuar, que mejor se salve ella pues está cansada de verlas morir, es lo que
le dice a Gia. Sin embargo, ella se mantiene afable, serena, le da una sonrisa.
“Tú no puedes morir todavía, debes aceptar tu verdad, solo así podremos
escapar”, son las primeras palabras que dice antes de recitar un poema que
viene desde su alma.
Observando
Terminado de recitar, Gia materializa una cuerda que sujetan los brazos del
chico, hace que se extiendan, y levanta un brazo que jala las cuerdas hacía ella
provocando que el cuerpo del chico se abalance sobre ella, dando la impresión
de que fue atrapada. Marái esta confundido, no entiende lo que acaba de
hacer, ella acaba de ceder su vida. La dama se pone enfrente de Gia,
empujando hacía atrás a Marái, saben muy bien lo que viene, unas manos se
materializan, sujetan a la chica, ella estaba lista para morir. Sin embargo, el
chico se acercó lentamente a la dama de negro, con un única intención.
Levanto la vara de ceiba, cargo fuerza en su brazo, concentro su rabia hasta
que brillará, y golpeo en la cabeza a la dama de negro. Esto hizo que se
desvaneciera su figura como una sombra, junto con las manos que sostenían a
Gia. Lo había logrado, salvo la vida de su amiga. Los dos se veían fijamente,
estaban atónicos de lo que paso, lamentablemente no pudieron festejar pues la
obscuridad se intensifica en su visión, como si una sombra densa le impidiera
ver. Cerraron los ojos esperando poder volver a ver algo, pero nada, la
ausencia de luz domino en la sala.
*Día 3*
El chico poco a poco volvía a ver un poco de luz ya no estaba en la mansión,
sino, en su acogedora casa. Todo parecía normal, aunque sin su vara de ceiba
se siente perturbado, no sabe si todavía sigue en un lunario, si fuera el caso,
significaría que ya inicio el plenidictio, pues ya llego al tercer día. Quería
levantarse, pero se sentía demasiado cansado para ello, además, le dolía el
pierna. Tenía calor, quizás sea porque amaneció con una sabana encima o el
calor de la madrugada, pero el sudor de su cuerpo le recorría por todo el
cuerpo. Desasosiego ya llego, creyó que era su imaginación o el sudor de su
cuerpo, pero algo se escurría en su pierna, era negro, se podía ver
asomándose desde la punta de la cama. Con sus temblorosas manos, movió
lentamente la sabana, mientras lo hacía, su vista ya se iba adaptando a la poca
luz que había lo que le revelo una cola negra que recorría su pierna, la punta
de esta era triangular peluda como la de un animal. Cuando el chico reacciono,
fue demasiado tarde, algo le arrastro de su cama, intento sostenerse de algo,
pero no pudo, entonces cambió su dirección hacía la cola, pudo ver que la
ventana estaba abierta y una figura oscura de ojos verdes se encontraba
sentada en ella, parecía un búho sentando en una rama, tenía patas afiladas
como piernas, sus brazos parecían normales, propia de una bella dama. Quiso
gritar Marái, pero no tenía voz, se encontraba atónico cuando la vio acercase
de manera monstruosa; no era bípeda, camino a cuatro patas como si sus
huesos estuviesen rotos. Llego errante hasta su oído, sensorialmente le
susurro:
«Beldar Verdum»
Mirate en tu reflejo
Que impertinentes
Que débiles
Veía de frente a frente los hermosos ojos verdes que ya había visto, pero
estabas era distinto, vio algo en esa ventaba de luz que nada puede describir
más que la locura. La consciencia que tenía ya no lo soporto más, no pudo
cerrar los ojos, pero dentro de él ya todo veía negro, perdiendo el
conocimiento.
Lo inte
—Son raras las ocasiones donde alguien haya equilibrados las 3 partes, por lo
general, tienden a ser pubertas o ancianas a quienes lo lográn —dice Marái
Cuando ve luchar. “UNA CHICA CON LIBIDO PUEDE SER IGUAL O MÁS
FUERTE QUE UNA CHICA PRISTINA” —dijo Gia mientras se enfrentaba a Colel
NT: NO HAY DÍA 3. Nos saltamos directo al plenidicito porque el bicho le hizo
pasar por un viaje astral muy cabrón. “LOS HUMANOS SON FRAGILES”
Noche 3
Maldición—dice molesta—, sino fuera porque tienes más fuerza que una mujer
promedio, te habría ganado. Venga no des esa cara de anciana decrepita BUT SE
CONVIERTE EN BRUJA.
Los demonios no existen, solo malos espíritus. Ella es una genio, por eso es
que puede tentar a cumplir tus sueños —dice mikayla
Noche 3
Érase una vez una Disforia, una agradable chica que conoció un nuevo dulce, ese
dulce que probo le pareció maravilloso, pero cuando lo perdió, se echó a llorar al no
poder consumir más, así que realizo oraciones a los dioses para acabar con su
suplicio, pero vino nadie, no pudo aceptar la culpa de haber sido el causante de
perder el dulce, así que tomo una soga por la noche
Estas listo
“Todas somos una gota de limón, quiero decir YO formo a estas tres como
consecuencia del juego. Pequeñas, minúsculas del fruto original. ¿Sabes que
son los dioses? Una idea, insignificante inconciencia forma parte de un
individuo que no existe porque se ha repartido en varios lugares que al morir
regresan al vacío.
Pero los humanos son infundio, incapaces de aceptar la verdad, se inventan
dioses, nombres e incluso religiones para lo que creen que soy. Su propia
consciencia es lo da a lugar a seres como yo, personas que son incapaces de
ver el mundo tal cual es, de aceptar su forma encarnada como es.
Los humanos son débiles, todos morirán, no sirve de nada pelear por ello, el
humano ha perdido todo rasgo de adaptación de transformación individual,
Todos opinan, pero solo hay un axioma: un Alma cambiante reprimida, da lugar
al lunario de la diosa colgada.
Ya deberías haber muerto hace tiempo, pero yo te mantuve aquí, para ellas
solo eres una estrella más, querían incubarte, así que intervine. No disfruto de
su sufrimiento, aunque debe hacerse, pueden alcanzar su mayor potencial
cuando
En cambio, llego una diosa que le puso a dormir por un tiempo indefinido.
Quería probarlo de lo que era capaz, así le dio a la ardilla poder crear historia
con 3 almas que formaban parte de la diosa. El chico era muy creativo, así que
al final le puso la prueba final. Enfrentar su realidad y rechazar la ficción, todo
para poder tener a la ardilla como su fiel marido, en la luchar. Pero la niña quiz
No soy un monstruo dices, pero eres un individuo con el deseo sexual latente,
deseando actos carnales incestuosos, deseos carnales abusivos, deseos
carnales de un chapulín, no controlas tu propio ego. Incluso cuando la
verdadera Kohai te acepto quisiste poseerla, pero ella se resistió y por eso se
marchó, entonces tú…
Yo soy:
Incusora
Karma
Apenas entrar al núcleo, sucede la escena con Kohai, ahorcada, muere en manos el
chico. Aceptado así que el fue quien mato a todas.
Revelación brutal: La chica se revela como una violadora en serie que engaño a
chicas magicas, asesino a Carmen, y hace un amarre/pacto con la “concubinia” para
aliviar su culpa, y así es como” EL CHICO” NACE.
Tranquila, yo puedo cambiar eso, haré que seas un chico, pero a cambio, quiero que
seas mi buscador.
La chica no entiende a lo que se refiere. Hay otras chicas mágicas por buscar, por
drenar, si te dedicas a ello, te cumpliré un deseo, tu deseo, solo tienes que decirlo,
La serafina y la afligida.
Hace un mucho, mucho, pero mucho tiempo, durante el tiempo donde antes a las
chicas mágicas se les llamaba brujas sin distinción de su transformación lunar.
Existió un círculo de brujas que trabajaban para el cielo con armonía al contrario de
la mayoría de las brujas que trabajaban en solitarios, estas lucharon codo con codo
contra los espíritus malignos en nombre de la justicia. Todas las noches sin
excepción, acudían al llamado de los ángeles del hombre en la cruz, eran 5
integrantes y las 5 eran felices trabajando para el demiurgo. Cada una cumplía con
su deber con gusto porque sabían que al final de la noche su mayor deseo les
arropaba
Las 5 mantenían vivo sus deseos con la mecha de su trabajo, hasta el final de sus
días…
Sin embargo, un día todo cambio, descubrieron a través de una profana que habían
sido engañadas. El todopoderoso les hizo matar a sus hermanas, es decir, las almas
malignas eran brujas que habían fallecido en combate en el mismo deber que ellas.
La profana les advirtió que todas las chicas con magia estaban destinadas a volverse
en espíritus chocarreros al ser de un linaje maldito de los antiguos ángeles que habían
descendido a la tierra para pecar en nombre del amor. “Somos las crías de una
serpiente que obsequió alguna vez una manzana prohibida a los hombres”,
exclamaba la profana quien había estudiado los escritos antiguos. Indignadas por su
afirmación, el círculo de brujas confrontó a los ángeles quien, para sus terrores,
respondieron afirmativamente.
«Ustedes son hijas bastardas de ángeles lujuriosos que dan origen a la llamada del
canto un mal superior»
Toda la vida de una bruja es extender la llamada que provoca su magia al ser usada
de manera irresponsable; una llamada que atrae a seres malignos de otros espacios,
de otras realidades. Las brujas no debían de existir, pues sus almas son una
separación del alma del creador, en otras palabras, dios quiere de regreso su energía
con su exterminio.
Lamentablemente, más bien, afortunadamente, así sin aviso de nadie, la bruja negra
traiciono al a diosa.
—Te prometo Marái que, si no hubiera sido por la bruja de negro, la diosa salvadora
iba a vivir toda una vida sin forma ni existencia, sería como una fuerza de la
naturaleza—asevera Ika en un intento de justificar lo que viene.
Aquella bruja afligida, al ver como su deseo de mantener a salvo a su amada —su
vieja amiga profana— se iba a poner en un extremo peligro al ceder su existencia a
las fuerzas que iban más allá de su compresión, decidió escuchar el canto del mal,
quien le revelo una terrible verdad, la profana sería profanada por aquellos entes del
vacío si ella continuaba su plan. Entre la locura, la afligida decidió ir en contra de los
deseos de su diosa para poder salvarla de un destino peor que la muerte, ser parte de
la naturaleza maligna del universo por toda la eternidad.
—Marái, podemos ser como la afligida, haremos bajar a tú serafina del cielo, solo
debes hacer lo que yo te diga —anuncio Ika quien mantuvo su garra en el corazón de
la chica.
Yo, incluso que soy la narradora de tu historia, tuve que respetar tu deseo, mi dulce
chico.