Capítulo 1
La novela comienza con un joven de 17 años
llamado David. Es un muchacho de piel humilde
que vive con su madre, su hermanito de dos
años y su hermana Juliana, de quien hablaremos
más adelante.
Una tarde, su madre le informa que su tía había
estado llamando porque necesitaba ayuda para
reparar un control que se había dañado la noche
anterior. David acepta ayudarla. Dos horas
después, se prepara para salir: sube al techo de
la casa y baja la bicicleta que su madre le había
comprado.
A las cinco en punto de la tarde, llega a la casa
de su tía. Guarda la bicicleta y comienza a
reparar el control. Tras terminar el trabajo, se
sienta un rato a conversar con su tío. Cuando se
da cuenta de la hora, ya son cerca de las siete
de la noche, así que se despide y retoma su
camino.
David monta su bicicleta y se dirige al lugar
donde suelen reunirse sus amigos, a quienes
llamaremos “Boca”. Conversan un rato, pero al
notar que ya son las nueve de la noche, David
decide regresar a su casa.
Capítulo 2
Mientras David se dirigía a su casa, se encontró con su primo
Wesley, a quien todos conocían por el apodo de “Chichi”.
Wesley tenía 15 años y, al verlo, David notó que algo no
andaba bien. Al llegar al parque del barrio, descubrió que su
primo estaba envuelto en una pelea con un grupo de otro
sector. Sin pensarlo, David intervino para defenderlo.
La pelea terminó de forma repentina cuando los demás
jóvenes, sorprendidos por la llegada inesperada de David,
salieron corriendo. David y Chichi, cansados, se sentaron a
descansar en el parque. Ya eran las diez de la noche.
Como su casa quedaba cerca, David regresó rápidamente. Al
entrar, su madre lo regañó por la hora en que había llegado.
Tras la discusión, David se bañó y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, alrededor de las diez, David se levantó
para estudiar. Como asistía a clases nocturnas, aprovechó el
tiempo para realizar algunas tareas que había dejado
pendientes la noche anterior. Cuando terminó, se dirigió a su
trabajo, que quedaba cerca de su casa. Salió de allí alrededor
de las seis de la tarde y se preparó para ir a la escuela.
Al finalizar las clases, regresó a su casa en un motor Suzuki
rojo, cuyo ruido se escuchaba desde lejos cada vez que
pasaba. Su vivienda quedaba por la zona de Guayubín, y al
pasar cerca del parque, notó que su primo estaba allí parado.
En ese momento, vio a su hermana llamándolo con
insistencia. David se acercó rápidamente para ver qué sucedía
y notó que había una ambulancia en el parque. Desde el otro
lado, escuchó la voz desesperada de su hermana gritar:
—¡David, David! ¡Chichi! ¡Chichi está gravemente herido
Capítulo 3
Al escuchar la noticia, el rostro de David se llenó de pánico.
Intentó acercarse al cuerpo de su primo, que estaba en muy
mal estado, aunque aún con vida. Sin embargo, no le
permitieron aproximarse más. Desde donde estaba, pudo ver
que Chichi tenía el rostro golpeado y tres puñaladas en el
cuerpo. Necesitaba una cirugía urgente.
La rabia comenzó a crecer dentro de David. Subió a su casa
con lágrimas en los ojos, dominado por el enojo y la
impotencia. En el camino, un gato cruzó accidentalmente la
calle y David, sin poder reaccionar a tiempo, lo atropelló.
Apretó los puños y, entre sollozos, murmuraba para sí mismo:
«Los mataré… a cada uno de ellos».
Su madre, preocupada por el ruido y el estado en que lo vio
llegar, salió de inmediato. Cuando David le explicó lo
sucedido, el rostro de ella reflejó una profunda angustia. Le
preguntó en qué hospital se encontraba Chichi. Sin perder
tiempo, se cambió de ropa para ir a verlo.
La madre de Chichi no estaba en el país, y con el paso de los
días, lo ocurrido se hizo conocido en el barrio. Sin embargo,
los responsables no aparecían por ningún lado.
Un lunes, David salió temprano hacia su trabajo. Mientras
caminaba, creyó reconocer a uno de los sospechosos. Sintió
cómo la ira volvía a apoderarse de él. Se acercó lentamente y
lo enfrentó. El joven, aterrado, comenzó a suplicar:
—Te diré todo… Perdóname, David.
David dudó unos segundos. No quería convertirse en un
criminal, pero deseaba justicia. Decidió escucharlo. Como el
muchacho estaba herido, lo llevó al hospital con la
advertencia de que no dijera nada.
Aprovechando que estaba allí, David pasó a ver a Chichi. Notó
que su primo mostraba señales de mejoría y, por primera vez
en días, logró sonreír. Sin embargo, no dejaba de vigilar al
sospechoso.
Más tarde, lo llevó a un lugar apartado para interrogarlo. El
joven insistía en que no había participado directamente, pero
que conocía a quienes lo hicieron. Entonces comenzaron a
planear cómo lograr que los verdaderos culpables salieran a la
luz. Incluso la policía ya estaba investigando el caso.
El plan consistía en hacer que los responsables se reunieran el
fin de semana en el parque, alrededor de las siete de la
noche. David se escondería cerca para escuchar y grabar
cualquier confesión, mientras la policía vigilaba sin ser vista.
Llegó el día. Oculto entre la vegetación, David escuchó cómo
los sospechosos hablaban con detalle de la agresión contra
Chichi. Todo quedó grabado. En ese momento, David salió de
su escondite y enfrentó a uno de ellos. Como eran varios, lo
sujetaron con facilidad. Sin embargo, David sonreía, porque
sabía que el plan había funcionado.
De repente, varios policías irrumpieron en el lugar.
—¡Manos arriba!
Algunos intentaron huir. Uno de ellos fue detenido tras
resultar herido al escapar. Otro trató de tomar a una persona
como rehén, pero fue reducido rápidamente.
En total, cuatro personas fueron arrestadas. El joven que
había colaborado con David recibió una condena menor por su
cooperación. Los demás enfrentaron una pena mucho más
severa.
Así termina esta parte de la historia de David, marcada por el
dolor, la rabia y la búsqueda de justicia sin cruzar el límite que
pudo haberlo convertido en aquello que más odiaba .