Cap 2
Cap 2
Segunda parte
Collage
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M íen nos no muera tu nombre I Liliana Cinetto
Segundo porte I C o lla g e
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Mientras no muera tu nombre I Liliana Cinetto Segunda parte I C o lln g e
compromiso? Eso no va más. Las relaciones ahora Busco sin encontrar tu uoz de luna
son... abiertas,libres... tanteando tu silencio entre la hierba
Estaba de acuerdo con Lula. No era eso lo que me como ciega de labios
molestaba, en realidad. No pretendía que Milo se ena como un sueño
morara de mí tan pronto. Pero era evidente que yo es derramado en la arena.
taba más enganchada que él. O más pendiente. Y por
más que trataba de disimularlo, se me notaba. Y eso me Camino por mi piel y escribo a solas
hacía sentir débil. como un amor de tiza que dibuja la lluvia
—Pero ¿te gusta o no? —me planteaba Lula. como un mar que se queja.
Claro que me gustaba. Milo era encantador, cariñoso,
apasionado... Lograba ser siempre el centro de aten Uno siempre repite
ción y se mostraba simpático con todo el mundo. Sin sus mejores pecados.
embargo, por momentos, parecía estar a años luz de mí
y eso se me hacía difícil. Uno siempre regresa
Al final, esa tarde, cuando me resigné y admití que a la antigua manía de estar triste.
Milo estaba ilocalizable, fui sola al taller. Apretaba con
tra el pecho la carpeta en la que llevaba las copias de Soy un río cansado y me detengo
mi poema. entre nubes de ausencia. &
Cuando entré al centro cultural, ya estaban sentadas
Manuela, Celeste y Andrea charlando con Carla y Clara.
Fernando llegó enseguida. Detrás entraron Facundo y Adentro había varias cosas. Una pulsera. Un por-
Julio. Se hizo la hora de empezar y Milo todavía no ha tadocumentos con una cédula de identidad antigua, aja
bía aparecido. da y vencida, y la credencial de la matrícula de médica.
—¿Alguien sabe si va a venir? —preguntó Ménica. Una carta. Una flor marchita. Y más fotos. De las dos.
Todos me miraron. No era un secreto que pasaba De Gabriela y de su hermana. Algunas, en blanco y ne
algo entre nosotros. gro como la que Marina había encontrado entre las pá
—Ni idea —contesté, y tuve ganas de llorar. ^ ginas del libro. Otras, en colores, con las nenas ya más
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grandes. Se las veía sonrientes en la playa, en el campo, —Vamos a emplear la técnica del collage que pro
en la escuela con guardapolvo blanco, en una fiesta de pone el grupo Grafein en su libro, para armar un texto
cumpleaños, en una pileta de natación, con un vestido usando solo recortes de estos diarios y revistas.
largo probablemente en un cumpleaños de quince... Así que todos estábamos en el suelo, tijereteando
Marina las alineó sobre la cama en lo que, suponía, era el titulares y frases que intentábamos acomodar con los
orden cronológico en que habían sido tomadas. En la úl dedos pegoteados. Milo se sentó a mi lado y me dio un
tima, Cecilia tendría ya unos treinta años. Aparecía sola, beso exageradamente efusivo que me sorprendió y me
con el cabello muy corto, en una casita alpina, junto a un hizo poner colorada.
lago, señalando un cantero con tulipanes. —Menos mal que llegué a tiempo —afirmó.
Marina se quedó un rato largo observando las imá —¿A tiempo? —repetí sin entender.
genes, leyendo en ellas detalles, inventando conver —No podía dejarte sola la primera vez que vas a leer
saciones, adivinando... Fue como ir viendo crecer a su tus poemas frente a todos.
mamá y a su tía con recuerdos que no le pertenecían. Imposible enojarme con él. Una sonrisa tonta dela
En ese momento pensó en el portarretratos de la biblio taba lo que significaba para mí que me hubiera tenido
teca, en el que se veía a Cecilia el día en que le habían en cuenta y me acompañara en esa situación que él me
entregado el diploma de médica. Fue a buscarlo y lo había descripto casi como una masacre.
ubicó antes de la foto de los tulipanes. “Te aseguro que se vive como una disección sin
’ “Tía”, susurró. anestesia. Es que al leer tu texto, algo tan tuyo, tan ínti
Se acordó entonces de lo que había dicho su mamá: mo, quedás expuesta, en carne viva, indefensa ante los
“No pude salvarla”. buitres que pueden devorarte”.
Fue entonces cuando abrió la carta. ^ Por supuesto, yo no había tomado al pie de la letra
semejante descripción apocalíptica, porque nada se
mejante había sucedido en reuniones anteriores cuan
Milo se presentó en el taller veinticinco minutos do otros compañeros habían leído sus producciones.
más tarde y se disculpó por la tardanza. Sin embargo, Milo insistía en que era diferente la sen
Mónica nos había dado hojas en blanco, tijeras y pe sación cuando se analiza el texto propio. Y había logra
gamento y nos había dicho: do inquietarme y que tuviera cierto temor de pasarla
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mal. Por eso, agradecí su presencia aunque hubiera lle Segundo p u n e 1 Coiloge
gado tarde.
—¿Pensaste que me había olvidado, tontita?
No me gustaba que me llamara así, “tontita”, por
más que lo hiciera con una ternura que me desarmaba.
Estuve a punto de decírselo cuando Mónica consultó la
hora.
—Vayan terminando —nos pidió.
Yo movía mis recortes de arriba para abajo y los
cambiaba de lugar como piezas de un rompecabezas
imposible de armar.
—Creo que elegí demasiados —confesé nerviosa
ante la mirada de Milo.
—Te ayudo —afirmó él y, sin esperar a que yo acep
tara, cambió todo de lugar—. Así queda mejor.
Realmente el collage que había creado me encantaba,
aunque era una creación de él y no mía.
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Küopio, 29 d ia ^ b rq ^
Mi hermana y yo nos amigamos después del ''' '' * •& ífi
baile. No podíamos estar distanciadas o sin hablarnos
demasiado tiempo. En realidad, fui yo la que me acerqué
üb Queridos 1
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.a mano un mapa de Europa*, podran apreciar que
esa misma noche cuando regresé a casa. Milo me había Küopio es una pequeña ciudad ubicada en el centro de Fin
landia. Aquí estamos en este momento, luego de haber atra
dicho cosas tan hermosas después del beso que no había vesado todo el continente en tren y el Mar Báltico en barco.
espacio en mi corazón para ningún rencor. Menos con Es un pueblito muy pintoresco, las calles están llenas de nie
Belén. Y estaba tan feliz que tenía que compartirlo con ve y de fineses, que hablan un idioma muy difícil.
ella, una de las personas más importantes de mi vida. Estamos muy bien. ¿Y ustedes? Aquí la gente es muy rara.
Son muy blancos y rubios, pero tienen ojos rasgados como
—Belu, ¿estás despierta? chinos, de color azul.
Sabía que sí, aunque no respondió. Estaba acurruca
ÍES DECIR: SON LINDOS}.
da en su cama, dándome la espalda. Jamás dormía así,
Esa fue la opinión de César.
mirando hacia la pared. Siempre se acomodaba para
Hermanita: aquí estarías chocha. El nivel de diseño de los
quedar de frente a la puerta del cuarto. Una manía que fineses es alucinante. Trabajan la madera de un modo asom
le había quedado de la infancia cuando la oscuridad le broso. Los interiores son muy claros, con muebles de pino y
daba miedo y ella se empecinaba en controlar que no grandes espacios verdes.
Novedad: me corté el pelo, bien cortito. Fue en la peluque
entrara un monstruo. Por eso insistí.
ría del barco que nos cruzó de Estocolmo a Helsinki. Digamos
—¿Puedo hablarte? que no es una peluquería muy práctica. Tendré que buscar
Giró lentamente hacia mí. Apenas la distinguía en la me otra cuando quiera cortarme nuevamente.
penumbra, pero adivinaba su ceño fruncido. Me senté Me despido por ahora.
Espero que empiecen muy bien el año nuevo. Happy new
a su lado y me disculpé por el modo en que la había
yearü!
tratado y las cosas horribles que le había gritado. En Un beso enorme,
seguida ella me pidió perdón por lo del vestido. Nos Cecilia
abrazamos tan fuerte que aproveché para contarle lo CORRIJO: ES UNA PELOOOERÍi MUY PRÁCTICA.
de Milo. Esperé algún comentario crítico al sentir cierta
tensión en sus manos, cierta rigidez en su espalda. No (HIÉRA TREMENDAMENTE A TRASMANO NADA MÁS... CHAO!
lo hizo. Al contrario. Me dijo: - **¡*^V'W*
—Me alegro por vos. O
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—Es que lo del slam es una estupidez. Solo al inútil —Por mi nombre. O de otra manera más... cariñosa.
de Facundo se le puede ocurrir que vayas a uno de esos —Está bien. Te lo decía cariñosamente igual, pero si
antros. ¿Le vas a hacer caso a él más que a mí? ¿Sabés no te das cuenta...
lo que es un slam de poesía? —No es que no me doy cuenta. No me gusta. Me hace
—Sí —mentí. sentir... tonta.
—¿Seguro? Milo pateó una piedra con rabia y apoyó la mano
—Claro que sé qué es. contra la pared sobre la que me había recostado.
Milo sospechaba y me contestó con una ironía. —No puedo creer que estemos discutiendo por cómo
—¡Ay, disculpe, señorita sabelotodo! Pensé que no te llamo. Da igual si te digo “linda”, “tontita”, “bombon-
tendrías ni idea. Como tampoco habías ido nunca a un cito”...
taller de escritura... —A mí no me da igual. Y esperaba una actitud más...
Me acordé de lo que siempre afirma Belén: “Menos no sé... más... solidaria en el taller cuando leí mi poema.
mal que nacimos en la época en que todo se puede en Milo acarició mi mejilla. Di vuelta la cara rechazando
contrar en internet”. Y volví a mentirle. el mimo.
—No fui nunca a uno. Pero vi varios. PorYouTlibe. —De verdad —insistía él con una voz dulce, irresis
Evidentemente Belén tenía razón. Debía haber vi tible—. No puse caras de fastidio ni me reí. O a lo mejor
deos en la web. Porque lo convencí. sí. Pero era por las pavadas que decían. Ese Facundo no
—Entonces, tenés que reconocerme que no estás sabe nada... No era una devolución seria. Y no opiné
•preparada para ir. porque no quería que los demás pensaran que no soy
—Yo no dije que iba a ir... Y no cambies de tema. imparcial. Ya saben que estoy loco por vos.
Para mí era importante tu opinión sobre mi poema. Y Imposible mantenerme firme y seguir enojada. Esas
no solo no hablaste. Pusiste caras todo el tiempo. palabras me desarmaron. Hice un último esfuerzo por
—No puse caras, tontita... resistirme.
—No me llames así. No me gusta. —No... no te creo.
Milo dejó de reírse. Me miró de un modo que me in —Te juro que no hablé por eso.
comodó. —Supongamos que es así. Ahora no hay nadie. Quie
—¿Y cómo te gustaría que te llamara? ro tu opinión.
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—Marina...
Marina quería consolar a su mamá, que estaba evi
—Ahora estamos solos, nadie te escucha más que yo.
dentemente angustiada.
Milo suspiró.
—Tal vez no había manera de salvarla.
—¿En serio querés saber lo que opino?
Gabriela asintió con la cabeza.
—Sí.
—Quizá no. Pero yo debería haberlo intentado. ^
Él sonrió de un modo que no puedo definir. ¿Triun
fal? ¿Aliviado? No sé... Fue una sonrisa tan rara. Enton
ces me abrazó y me besó con una ternura inesperada,
A veces me hace falta
con avidez incluso, y después me preguntó:
ese sabor lejano
—¿Conocés a W altW hitm an?^
de lo que ya se ha ido,
como si no alcanzara
con guardar los paisajes
La que lo notó fue Belén. Gabriela jamás pronuncia que repite la ausencia. ^
ba el nombre de César cuando hablaba de su hermana.
Gabriela suspiró cuando sus hijas le preguntaron por qué
y buscó un libro de Eduardo Galeano para leerles una cita.
“Quien nombra, llama. Y alguien acude, sin cita pre
Belén tiene razón. Todo se encuentra en internet.
via, sin explicaciones, al lugar donde su nombre, dicho o Googleé “slam de poesía” y encontré varias páginas. Pri
mero leí la descripción para saber qué era: “Slam poetry...
pensado, lo está llamando. Cuando eso ocurre, uno tiene
el derecho de creer que nadie se va del todo, mientras no
nació en Estados Unidos en 1986... también se realiza en
muera la palabra que, llamando, llameando, lo trae”. otros países como España, México, Chile, Canadá, Argenti
—No quiero nombrarlo —agregó Gabriela—. No quie na... torneo inspirado en los jamming de improvisación...
ro llamarlo. Sospecho que él tuvo que ver con la muerte un grupo de poetas que recitan poesías creadas por ellos
de Cecilia. No tengo pruebas ni modo de demostrarlo. mismos frente a un público que actúa como jurado...”.
Pero leí en libros de psicología casos en los que no se Después miré los videos de YouTúbe. Algunos eran
puede escapar de una relación y la única salida es de geniales. Y como dijo Milo, comprendí que yo no estaba
jarse morir. Tal vez haya ocurrido algo así. preparada para ir a un slam a leer mis poemas. Mucho
menos después de su devolución. Fue tan despiadada
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que terminé agradeciéndole que no hubiera opinado en Quería ir a ordenar mi habitación, a arreglarme... No
el taller porque me hubiera sentido humillada. Es que él sé. Me emocionaba la idea de que mamá conociera a
sí me despedazó, me devoró como un buitre, me dejó en Milo, aunque me preocupaba la reacción de Belén, que
carne viva, desangrándome... Con altura, eso sí. Hablaba no tenía filtro y siempre decía lo que opinaba.
como un especialista en literatura. Yo lo escuchaba para Sin embargo, Lula se puso pesada y no me quedó
lizada. Mencionó mi inmadurez expresiva, mi evidente más remedio que ir con ella. Fui de mal humor y cada
falta de lecturas, mi pobreza de recursos y de vocabu dos segundos consultaba la hora. Lula entró a veinte
lario, el abuso de clichés... y otras cosas que ni siquiera locales y se probó sesenta pantalones. Ninguno la con
conseguí entender. Pero lo decía con ternura, mientras formaba. A las cinco menos cuarto, perdí la paciencia.
me miraba embobado, sosteniendo y acariciando mi —Chau, Lula. Va a llegar Milo y no me va a encontrar.
mano entre las suyas, como un médico que le informa al Tomé un taxi porque el colectivo tardaba demasia
paciente que tiene una enfermedad terminal. do. Subí las escaleras corriendo. Apenas tuve tiempo de
—De verdad, amor —nunca me había llamado así darme una ducha y cambiarme de ropa.
antes—. Me pediste mi opinión sincera y es esta, aun Belén entró y me vio sentada en el living, con las m a
que a mí me duele más que a vos aceptarla. Sé que es nos cruzadas, inmóvil.
una crítica dura, pero es certera. —Espero a Milo —le expliqué.
Así dijo, “certera”. “Como una flecha que da en el blan Belén simuló que le daban arcadas y que vomitaba.
co”, pensé. Como una flecha que te atraviesa el corazón.^ Me reí de sus payasadas.
—No seas mala. Dale, te va a encantar cuando lo co
nozcas mejor.
Lunes. —No creo —afirmó mi hermana muy seria y se ence
Lula me pidió que la acompañara al shopping a la rró en su habitación.
salida del colegio para comprarse un jean. Yo no tenía No hacía falta. Milo nunca apareció.
ganas. Milo me había prometido que iba a venir a casa
a las cinco a estudiar matemática conmigo. Martes.
—Y de paso me presentás a tu familia —me sugirió, En la entrada del colegio, vi a Milo rodeado de compa
como si eso lo ilusionara. ñeros. Contaba chistes. Todos se reían a carcajadas. Mi
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intención era que nos alejáramos del grupo para pedirle al pensé que podía herirla con mi crítica. Pero comprendí
guna explicación por su ausencia del lunes. No pude. Milo que, para crecer como escritora, ella debe aprender a
me pasó el brazo sobre el hombro, me sumó a la ronda y superarlo. Así que me disculpo frente a todos y prome
me miró con ternura. Entonces contó otro chiste. Un chiste to que no va a volver a pasar.
tonto. Incomprensible. Sin sentido. No me causó gracia y —¡Qué dulce! —me susurró Andrea al oído.
no lo disimulé como los demás, que se reían por compro —¡Cómo te cuida! —suspiró Manuela.
miso. O al menos eso pensé. Hasta que Milo me encaró: —Me muero de amor —agregó Celeste.
—Después te lo explico. —Un buen gesto de tu parte, Milo —lo felicitó Clar£.
No me había avisado. Me tomó desprevenida, aunque
Miércoles. en cierto modo lo que dijo me enterneció. Solo un mo
Mamá tenía los libros ordenados alfabéticamente mento. Porque cuando empezamos a leerlos collages que
por el apellido del autor. Yo me había quedado con el de habíamos armado la reunión anterior y que no había
Galeano. Cuando lo terminé, fui a guardarlo en su sitio. mos tenido tiempo de compartir en la puesta en común,
Al lado del hueco donde debía ponerlo volví a ver La Milo se ensañó con todos. Pero especialmente conmigo,
metamorfosis de Kafka. Recordé el escalofrío que había cuando descubrió que yo había rearmado el texto sola,
sentido con aquel primer párrafo. Sin embargo, lo sa en casa.
qué de la biblioteca y decidí leerlo. —No era cuestión de cortar y pegar, Marina. Eso es lo
Cuando le conté a Milo, se burló. que transmite tu collage. Un pegoteo de frases sin senti
—No es un libro para vos. Es demasiado complejo. do. La versión anterior era más elaborada, más madura.
No sé si lo vas a entender. ¿Por qué la cambiaste?
"Porque no era mi creación, sino la tuya”, penssé.
Jueves. “Porque moviste lo que yo había hecho sin siquiera
Taller en el centro cultural. Milo llegó sobre la hora, consultarme. Porque quería hacerlo por mí misma”. Por
cuando ya estábamos todos. Antes de empezar, pidió la supuesto, no dije nada.
palabra. Carla y Fernando minimizaron la cosa.
—Marina se enojó porque el otro día no quise opi —No es para tanto.
nar sobre su poema. Todos saben que somos novios y —Hay una coherencia en el texto de Marina.
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—Y además es una consigna, un disparador, un pre de mi poema, aunque le agradecía que no lo hubiera
texto, Milo —le señaló Ménica—. Después, si quiere, hecho frente al grupo. Que creía que era más exigen
ella puede trabajarlo, corregirlo, mejorarlo... te conmigo que con los demás, pero que le pedía que
Facundo tampoco estuvo de acuerdo con Milo. tuviera en cuenta que yo estaba empezando y que ne
—No coincido para nada —dijo él—. Marina está cesitaba apoyarme en él para adquirir seguridad. Que
buscando su voz y estoy seguro de que va a encontrarla me había parecido una traición que mencionara que no
porque se nota que tiene talento. conocía a WaltWhitman. Que...
—Claro que tiene talento —aseguró Milo—. Se lo digo a Me interrumpió. Ofendidísimo. Rabioso. Me gritó in
cada rato. Yo mismo la convencí de que asistiera al taller cluso.
por ese motivo. Pero le faltan lecturas. —Nunca vas a llegar a ser una verdadera escritora
No terminaba de entender el juego de Milo, que pa si no aprendés a tolerar la mirada ajena. Y tus lecturas
recía defenderme pero no dejaba de atacarme. dejan mucho que desear, Marina. Tenés que admitir
—No creo apropiado que menciones la falta de lectu lo. Escribir poesía y no conocer a Whitman... Un poeta
ras de un compañero —lo retó Ménica—. Eso no puede emblemático, ineludible. El mismísimo Borges lo elo
evaluarse. Además, cada lector procesa y refleja lo que giaba al punto que lo tradujo. ¿O es que tampoco leiste
lee en su escritura de maneras diferentes. a Borges? No te puedo creer, Marina.
Milo no pensaba rendirse y dio la estocada final. Llegué a casa llorando. Belén almorzaba temprano
—Pero si ni siquiera conoce a Walt Whitman... —se porque tenía clase de educación física en contraturno.
burló mientras me daba un beso que intentaba dejarlo Pero cuando me vio pálida, desencajada, con los ojos
bien parado frente a los demás para que yo perdonara llenos de lágrimas, se asustó.
—¿Qué te pasó?
la traición.
Yo no podía hablar. El llanto me ahogaba.
—Decime qué te pasó —suplicaba mi hermana—.
Viernes.
Marina, por favor...
La discusión fue a la salida de la escuela. Yo inten
—Milo... —murmuré con la voz entrecortada.
té explicarle a Milo lo mal que me había sentido en el
—¿Qué te hizo ese desgraciado?
taller, con sus comentarios, el día anterior. Que tam
—Me dejó.
bién me había dolido mucho la crítica que había hecho
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Mientras no muera tu nombre I Liliana Cinetta
“Mendiga uoz”
Alejandra Pizamife
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