VOLCANES
Chile es el quinto país del mundo con más volcanes activos, 90 en
total, de los cuales la mitad son parte de una de las redes de
vigilancia más grandes del planeta.
El encargado del monitoreo es el Observatorio Volcanológico de los
Andes del Sur (OVDAS) dependiente Servicio Nacional de Geología y
Minería (Sernageomin), que en sus 20 años de existencia ha
enfrentado siete erupciones.
En dicho periodo, el volcán Chaitén, Región de Los Lagos, ha sido el
más poderoso de todos tras la erupción del 1 de mayo de 2008.
Según el organismo, este volcán es el que ha presentado el mayor
índice de explosividad, seguido del Cordón Caulle (2011), Calbuco
(2015) y Villarrica (2015). Asimismo, ha sido el que dejado mayor
cantidad de cenizas y el que ha estado mayor tiempo en erupción,
un año, versus los 10 meses del Cordón Caulle.
Mario Pereira, geólogo y director (s) del Sernageomin, explica que
el término “poderoso” no es una descripción privativa del Chaitén,
ya que por definición todos los volcanes activos son capaces de
hacer erupciones de gran magnitud, como la del Quizapú, Región
del Maule, la mayor desde el año 1900 en Chile.
El impacto del Chaitén obligó a sumarlo a la red, la que recibió más
recursos. “Antes de eso, se monitoreaban sólo seis volcanes, hoy en
cambio, 45, cada uno con su respectivo mapa de peligros. Es un
avance que ha motivado mayor conciencia social y política”, dice
Pereira.
La Red Nacional de Vigilancia Volcánica, departamento que incluye
a OVDAS, tiene un presupuesto anual de 3.800 millones de pesos.
Su plan estratégico al 2020 incluye la densificación de la red y la
instalación de dos observatorios en Coyhaique y Antofagasta.
“Paralelamente, se agregarán nuevos servicios de información,
como pronóstico en tiempo real de la dispersión de ceniza, en
trabajo conjunto con la Dirección Meteorológica, y nuevos mapas
de peligro volcánico para los volcanes Descabezado Grande, y
Quetrupillán, entre otros”, señala el director.
Pero la red no lo es todo. El director señala que todavía está
pendiente que las municipalidades de comunas con volcanes
activos avancen en la generación del Plan de Emergencia Volcánica,
para que la población sepa a qué atenerse en cuestiones tan vitales
como vías de evacuación y zonas seguras, entre otros.
La características del Chaitén, lo hacen un lugar ineludible para los
expertos que asistirán, entre el 20 y 26 de noviembre a la cumbre
Cities on Volcanoes, que se realizará en Puerto Varas, y cuyo lema
es “La comprensión de los volcanes y la sociedad: la clave para la
mitigación del riesgo”.
“La clave para la mitigación del riesgo, en general, es ante todo el
conocimiento sobre los peligros geológicos. Esto implica considerar
la información, para no construir en zonas de peligros geológicos o
hacerlo con obras de mitigación”, señala Pereira.
El terremoto del 2010 (conocido con el numerónimo 27F) fue
un sismo ocurrido a las 03:34:08am del sábado 27 de
febrero de 2010, que alcanzó una magnitud de 8,8 MW. Es
considerado como el segundo más fuerte en la historia del país y el
octavo más fuerte registrado por la humanidad. El epicentro se
ubicó en el mar chileno, frente a la costa de la entonces Región del
Biobío (actual Región de Ñuble), cerca de 150 kilómetros al
noroeste de Concepción y 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes,
a una profundidad de 30,1 kilómetros bajo la corteza terrestre. El
sismo tuvo una duración máxima de 4 minutos en las zonas
cercanas al epicentro, y más de 2 minutos en Santiago.
Las regiones afectadas (de norte a sur)
fueron Valparaíso, Metropolitana de
Santiago, O’Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, que acumulan
más de 13 millones de habitantes, cerca del 80 % de la población
del país.
En las regiones del Maule y del Biobío, el terremoto alcanzó una
intensidad de IX en la escala de Mercalli, arrasando parte
importante de ciudades como Constitución, Concepción, Pelluhue,
Curanipe, Iloca, Cobquecura y el puerto de Talcahuano. Gran parte
del centro de las ciudades de Curicó y Talca colapsó y las
construcciones antiguas de su casco histórico quedaron destruidas
en su totalidad. En las regiones de La Araucanía, O’Higgins y
Metropolitana, el sismo alcanzó una intensidad de VIII, provocando
destrucción en Santiago, en Rancagua y en localidades rurales.
Las víctimas fatales llegaron a un total de 525 fallecidos Cerca de
500 mil viviendas sufrieron graves daños y se estiman un total de 2
millones de damnificados, en la peor tragedia natural vivida en
Chile desde 1960. La presidenta Michelle Bachelet declaró el
“Estado de excepción constitucional de catástrofe” en las regiones
del Maule y del Biobío.
Posteriormente, un fuerte tsunami impactó las costas chilenas
como producto del terremoto, destruyendo varias localidades ya
devastadas por el sismo. Debido a errores e indecisiones por parte
de los organismos encargados de enviar la alarma de tsunami, no se
alertó a la población acerca del evento, que ocurrió 35 minutos
después del terremoto. El archipiélago de Juan Fernández, pese a
no sentir el sismo, fue impactado por el violento tsunami que
arrasó con el único poblado, San Juan Bautista. El Centro de Alerta
de Tsunamis del Pacífico generó pocos minutos después del
terremoto una alerta de tsunami para el océano Pacífico, que se
extendió posteriormente a 53 países ubicados a lo largo de gran
parte de su cuenca.
El aluvión de Antofagasta de 1991, ocurrido en la madrugada
del 18 de junio, fue uno de los desastres más violentos que azotó
a Antofagasta, ubicada en medio del desierto de Atacama, el más
árido del mundo, dejando como resultado 91 víctimas fatales y 19
desaparecidos.12 Los seis aluviones fueron producto de una
sorpresiva e inusual lluvia torrencial.
En Antofagasta, a eso de las 17.00 horas comenzaron a aparecer
ráfagas de viento, originando marejadas que obligaron a cerrar el
puerto para embarcaciones menores. Ya a las 18:00 comenzó a
manifestarse una neblina que rápidamente se convirtió llovizna y a
eso de las 19:00 en una profusa lluvia, acompañada por fuertes
vientos que continuarían hasta el término de la lluvia.
A la 01:00 la lluvia se había intensificado. A esa hora se habían
registrado 0,5 mm de agua caída. Aproximadamente a las 1:30 de la
madrugada la lluvia tuvo un nuevo aumento de intensidad. La lluvia
torrencial duró aproximadamente tres horas, hasta las 4:00 de la
madrugada, período en el que se registraron 42 mm de agua caída
en Antofagasta y de 52 mm en Taltal.
Dada la magnitud de las precipitaciones y las características del
suelo con casi nula absorción se produjo un fenómeno de captación
de agua hacia las distintas quebradas con arrastre de barro en
cantidades enormes y que se convirtieron en verdaderos ríos en
que la altura en algunos lugares superó los 2 m.
La fuerza con que el fenómeno aluvional descendió a la ciudad
significó a través de distintas quebradas produjo el arrastre de
rocas, arbustos y luego todo lo que se opuso en su trayectoria:
personas, vehículos y casas. Esto derivó en una gran cantidad de
muertos, heridos, desaparecidos y damnificados, con pérdidas
materiales de USD$ 70.000.000.
Otro fenómeno que se detectó es que la ciudad quedó fragmentada
por los aluviones, de tal modo que sectores afectados solo por el
agua lluvia, desconocieron la tragedia que vivían los sectores
ubicados en el curso de las aguas que descendían de las quebradas.
Muchos antofagastinos se enteraron por noticias de radios
de Santiago de la existencia de víctimas por aluviones.