Módulo Penal
Módulo Penal
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Bolilla 1: EL DERECHO PENAL.
"El derecho penal es aquella parte del ordenamiento jurídico que determina las
características de la acción delictuosa y le impone penas o medidas de seguridad.”1
Un ordenamiento jurídico percibido como injusto, por la mayoría de los ciudadanos
que estén sujetos a su cumplimiento, tendrá dificultades a largo plazo para asegurar su
subsistencia y legitimidad.
El “sistema penal” es una forma de control social punitivo e institucionalizado que,
en la práctica, abarca las actividades de los tres órganos de poder:
a) el legislativo: los legisladores conminan con pena aquellas conductas que afectan
los bienes jurídicos tutelados, es decir, dictan las leyes conforme al mecanismo
previsto en la Constitución Nacional (criminalización primaria);
b) el ejecutivo: de carácter unipersonal y de quien depende la actividad de la policía y
los órganos de ejecución penal, como el servicio penitenciario (a nivel nacional o
provincial, según sea el caso);
c) El judicial: que es el órgano encargado de la investigación, aplicación y ejecución de
pena (Jueces de Instrucción y/o de garantías, Tribunal de Juicio colegiado o
unipersonal y jueces de ejecución).
La criminalización primaria consiste en la tipificación de una conducta como delito.
El poder legislativo selecciona una conducta y, respecto de esta, establece un
mandato o prohibición cuyo incumplimiento conmina con pena.
La criminalización secundaria es el ejercicio de la acción punitiva sobre
determinadas personas, a saber, aquellas que son seleccionadas por el sistema penal
como autoras de la comisión de un delito. Para ello, la sociedad ofrece ciertos estereotipos
de delincuente, lo que hace que ciertos sujetos sean más propensos que otros a ser
captados por las agencias de control, sobre la base de prejuicios racistas, xenófobos,
clasistas, etc.
El derecho penal es una rama del derecho público que se traduce, en principio, en
normas que tutelan los bienes jurídicos a través de prohibiciones y/o mandatos de acción,
1 Welzel, Hans, “Derecho Penal Alemán”, Editorial Jurídica de Chile, 1987, pág. 11.
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cuyo incumplimiento denomina como “delito” y acarrea la coerción penal (utilización de
fuerza pública para imponer una pena).
2 Roxin, Claus, “Derecho Penal. Parte General”, ed. Cívitas, Madrid, 1997, pág. 56.
3 Así, la Escuela de Kiel en el Derecho Alemán, durante el auge del Nazismo en la Segunda Guerra Mundial, conminaba
con pena toda conducta “que afectara el sano sentimiento del pueblo alemán”, en cuyo concepto se incluía como delito el
mantener relaciones homosexuales entre adultos.
4 Bacigalupo, Enrique, “Derecho Penal. Parte General”, ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1999, pág.30.
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Más recientemente, Pawlik, quien propone una teoría del delito edificada a través del
concepto de persona, refiere que “(…) (u)na concepción orientada al concepto de libertad,
tiene, por lo tanto, que valorar desde un primer momento en igual medida las pretensiones
de libertad de todos los afectados por una regulación de carácter penal, esto es, no sólo los
intereses de quienes pueden sufrir un daño, sino también la posición de aquellas personas
cuyas opciones de comportamiento se vean restringidas en virtud de la prohibición en
cuestión”.5
La dogmática penal tiene una finalidad práctica, pues procura la aplicación objetiva
del derecho vigente a los casos que deban ser juzgados.6 Sin embargo, en realidad es
difícil excluir la visión subjetiva del intérprete.
La función del conocimiento dogmático es:
a) determinar cuál es el objeto de la dogmática penal (el qué);
b) precisar cómo se puede conocer el derecho penal (el cómo);
c) y establecer cómo se construyen o se sistematizan los conocimientos sobre el
objeto penal.
La ley penal es un problema del legislador y consiste en un acto de poder político;
en cambio, la dogmática está relacionada con el saber jurídico o ciencia del derecho penal.
Así, como ciencia (social) se ocupa de ciertas cosas u objetos de conocimiento, a saber:
las normas penales.
El desarrollo más fino de la dogmática jurídica ha sido alcanzado por la Teoría del
delito que es un instrumento conceptual dogmático, lógico y estratificado que describe los
caracteres genéricos (acción) y específicos (tipicidad, antijuricidad y culpabilidad) de una
conducta delictuosa. Es una teoría de la aplicación de la ley penal, que nos permite saber
bajo qué condiciones jurídicas una conducta puede ser calificada como delito.
Decimos que es una construcción dogmática porque no admite discusión y es
estratificada porque se torna necesario traspasar distintos niveles o estratos para evaluar
si la conducta es o no ilícita desde la órbita penal.
5 Pawlik, Michael, “El injusto del ciudadano. Fundamentos de la teoría general del delito”, ed. Atelier, libros jurídicos y
Universidad externado de Colombia, Bogotá, Colombia, 2023, pág. 176.
6 Bacigalupo, [Link], pág. 55.
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Entonces, corresponde verificar si una determinada persona realizó una acción u
omisión, si violó una prohibición o mandato legal, si su actuar no está justificado y que se
den los presupuestos personales requeridos para el reproche de su conducta.
Todos los delitos son conductas antijurídicas, pero no todas las conductas
antijurídicas son delitos.
Por último, la dogmática se encargará de la pena, es decir, cuándo penar y hasta
qué punto corresponde hacerlo.
La pena:
Fundamento obligatorio: el Estado nace de la Constitución Nacional con los límites
y atribuciones que esta le fija. Ello así, pues, la facultad original de mando corresponde al
pueblo, quien delega su función en sus representantes elegidos por votación popular. Por
tanto, el Poder Ejecutivo deberá respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos y
no puede arrogarse facultades legislativas o judiciales.
Como consecuencia práctica del principio de legalidad penal, se impone:
a) Lex certa (cierta): los tipos penales deberán estar descriptos de forma acabada,
en formulas cerradas que no den lugar a confusión. Deberán determinar de
manera clara y precisa la conducta prohibida o el mandato de acción y las
consecuencias jurídicas de tal incumplimiento. Se admite, excepcionalmente, los
tipos abiertos, es decir, con cierto grado de generalización, por ej. los delitos
culposos.
b) Lex stricta (estricta): se prohíbe su aplicación analógica a casos que no estén
expresamente contemplados.
c) Lex scripta (escrita): la ley formal es la única fuente de derecho penal, no se
admite como tal al derecho consuetudinario o la jurisprudencia.
d) Lex praevia (previa): es decir, anterior al hecho del proceso. Entonces, se prohíbe
la aplicación retroactiva de la norma, salvo que sea en beneficio del imputado.
Las leyes son obligatorias para todos lo que habitan el territorio de la república, sean
nacionales, extranjeros, residentes, domiciliados o transeúntes, sin perjuicio de lo dispuesto
en las leyes especiales. Rigen desde el octavo día de su publicación o desde la fecha que
estas determinen (arts. 4 y 5 del Código Civil y Comercial de la Nación).
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Fundamento real: la pena es la manifestación de la coerción penal y, como tal,
persigue la seguridad jurídica.7
En nuestro país tenemos un sistema de doble vía:
a) penas: para las personas que han cometido delito y han sido declaradas punibles.
Responden al principio de culpabilidad (no lo son, por ejemplo, quienes estén amparados
en causas de exclusión de la culpabilidad —menores o inimputables— o en una excusa
absolutoria del art. 185 del Código Penal);
b) medidas de seguridad: para los inimputables que cometieron hechos ilícitos.
Responden al principio de peligrosidad. El art. 34 inciso 1, in fine, del Código Penal
establece: “(…) (e)n caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión del agente
en un manicomio, del que no saldrá sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio
público y previo dictamen de peritos que declaren desaparecido el peligro de que el enfermo
se dañe a sí mismo o a los demás. En los demás casos en que se absolviere a un procesado
por las causales del presente inciso, el tribunal ordenará su reclusión en un establecimiento
adecuado hasta que se comprobare la desaparición de las condiciones que le hicieren
peligroso;…”
Las penas principales previstas en el código de fondo son las de reclusión, prisión,
multa e inhabilitación (art. 5 del Cód. Penal). Las dos primeras son privativas de libertad, la
multa es una sanción pecuniaria y la última importa la privación para ejercer ciertos
derechos.
El art. 18 de la Constitución Nacional consagra el principio de legalidad penal “nullum
crimen, nulla poena sine lege”.
La facultad de tipificar delitos corresponde al congreso de la nación, por ley formal y
conforme al mecanismo previsto por la constitución (art. 75, inc. 12, de la Constitución
Nacional).
El art. 19 de la Constitución Nacional regula el “principio de reserva” según el cual
los actos privados de los hombres, que de ningún modo ofendan el orden y a la moral
pública o perjudiquen a un terceros quedan reservados a Dios y exentos de la autoridad de
los magistrados.
7 Zaffaroni, Eugenio Raúl, “Manual de Derecho Penal. Parte General”, ed. Ediar, Argentina, 1991, pág. 58.
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Fundamento de conocimiento: este fundamento prevé la necesidad de un juicio de
conocimiento para aplicar pena al autor, basado en la existencia del hecho y su
responsabilidad en carácter de autor o partícipe (principio de culpabilidad). En materia
criminal, la Corte tiene dicho que la garantía consagrada en el art. 18 de la Constitución
Nacional, exige la observancia de las formas sustanciales del proceso, relativas a "la
acusación, defensa, prueba y sentencia dictada por los jueces naturales" (Fallos: 125:10;
127:36, entre otros).
La regla de exclusión establece que los medios de prueba obtenidos en violación de
los derechos y garantías amparados en las leyes, la CN y los tratados internacionales de
derechos humanos, reconocidos por esta, no pueden ser utilizados como prueba de cargo.
Por ej. el secuestro de un efecto realizado en un allanamiento ilegal, no podrá hacerse valer
en contra del imputado.
Esta regla se aplica en los tribunales federales norteamericanos desde 1914 y por
imperativo constitucional, desde 1961 8 . También se extiende a las evidencias, cuya
obtención sea consecuencia directa de aquella.
Posteriormente, por aplicación de la doctrina del fruto del árbol venenoso, el art. 132
del Código Procesal Penal Federal (CPPF) dispone que la nulidad de un acto, cuando fuere
declarada, hará nulos todos los actos consecutivos que de él dependan. “Si en el proceso
existe un sólo cauce de investigación y éste estuvo viciado de ilegalidad, tal circunstancia
contamina de nulidad todas las pruebas que se hubieran originado a partir de aquél” (CSJN,
“Daray, Carlos”, Fallos: 317:1985, 22/12/1994).
8 Carrio, Alejandro, “Garantías constitucionales del proceso penal”, ed. Hammurabi, 1997, pág. 155.
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Esbozo de la Teoría de los Fines y Justificación de la Pena Estatal:
Autor: María Fernanda Botana (inédito).
I – Introducción:
La discusión sobre los fines y justificación de la pena, es decir la explicación de por
qué un grupo políticamente organizado ejerce violencia sobre un miembro determinado de
la sociedad, privándolo de sus derechos, libertad y otros bienes jurídicos, es tal vez uno de
los conflictos más antiguos de la filosofía del derecho.9
No cabe duda que la pena es un mal necesario y “una sociedad que quisiera
renunciar al poder punitivo renunciaría a su misma existencia”.10
Los abolicionistas fracasan en el punto, pues si bien eluden la justificación del
derecho penal y sus consecuencias, no ofrecen solución o respuesta alguna al control y/o
límite del ius puniendi estatal, para lo cual delegan dicha tarea en las doctrinas
justificacionistas. 11
Ya el pensamiento clásico delimita dos vertientes respecto a la función del derecho
penal. La primera, considera que tiene una función metafísica, caracterizada por la
persecución del fin o ideal de justicia. La última, que tiene una función social, consistente
en la tutela de bienes jurídicos como intereses sociales merecedores de protección, a través
de la prevención del delito.12
Si realizamos una síntesis de la discusión filosófica y jurídica sobre el fin de la pena,
apelaremos sólo a tres concepciones, a saber: las teorías absolutas, las teorías relativas y
las eclécticas o de la unión.
Las llamadas teorías absolutas y/ o clásicas se apoyan en sí mismas y se
desembarazan de un fin real. 13 La pena responde a la idea de justicia y resulta
independiente a toda función social.
9 Ferrajoli, Luigi, “Derecho y razón. Teoría del Garantismo Penal”, editorial Trotta, 2da. edición, 1997, pág 247.
10 Maurach, Reinhart, Gössel, Karl Heinz, Zipf, Heinz, “Derecho Penal. Parte General”, 7ma. edición, Traducción Jorge
Bofill Genzch y Enrique Aimone Gibson, ed. Astrea, Buenos Aires, 1994.
11 Ferrajoli, ob. cit., pág 247.
12 Bacigalupo, Enrique, “Derecho Penal. Parte general”, 2da. edición, ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1999, pág 29.
13 Hassemer, Winfried, “Fundamentos del Derecho Penal”, traducción de Francisco Muñoz Conde y Luis Arroyo Zapatero,
8
“Para las teorías relativas la pena es una medida práctica para impedir la comisión
de delitos”14 y se justifica por sus fines preventivos o utilitaristas. No se preocupan por el
fundamento de la pena, sino por la pregunta clave: ¿para qué sirve sancionar?15
Por su parte, las teorías de la unión combinan las teorías absolutas y relativas para
dar una solución integradora que supere los errores de unas y otras, ya que ninguna de
estas, aplicadas unilateralmente, ofrece respuestas satisfactorias.16
Función de este trabajo es, en lo sucesivo, desarrollar cada una de estas teorías y
sus críticas, repasando el debate en torno al tema y la falta de solución a un conflicto que,
a mí juicio, resulta irresoluble.
14 Welzel, Hans, “Derecho Penal Alemán”, Ed. Jurídica de Chile, 1987, pág 330.
15 Bustos Ramírez, Juan, “Introducción al Derecho Penal”, ed. Temis, 2da. edición, 1994, pág 69.
16 Roxin, Claus, Artz, Günther, Tiederman Klaus, “Introducción al Derecho Penal y al Derecho Procesal Penal” Ed. Ariel,
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del ofendido y sus parientes de vengarse solidariamente en contra del ofensor y su
parentela por el mal causado.21
La pena deberá ser justa, adecuada exactamente en término e intensidad a la
culpabilidad del autor y a la gravedad del delito. Detrás de la misma, se encuentra el viejo
adagio de la ley del Talión: “ojo por ojo, diente por diente.”
La teoría de la retribución entró en crisis durante la Ilustración, pero tuvo, durante
mucho tiempo, influencia dominante a través de la filosofía del idealismo alemán que la
relanzó en dos versiones laicas, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, con sus máximos
exponentes en Kant y Hegel. Obviamente, con anterioridad, esta había sido transmitida de
la tradición hebraica a la cristiana, que considera al orden universal como creación de Dios
y concibe a la justicia como un mandamiento de la realización divina.22
Kant, en su obra,23 desarrolla la teoría de la retribución moral y se refiriere a la ley
como “un imperativo categórico,” es decir, un mandato de justicia independiente de otra
consideración final. La pena tiene sentido sólo como retribución de la culpabilidad y “no
puede nunca simplemente servir como medio para fomentar otro bien, sea para el
delincuente mismo sea para la sociedad civil, sino que ha de imponérsele sólo porque ha
delinquido”. 24
El filósofo manifiesta incluso que si el Estado y la sociedad se disolvieran, debería
ser ejecutado hasta el último asesino que se encuentre en prisión para de expiar sus culpas.
Cualquier otro fin sería una afrenta a la dignidad humana, toda vez que el hombre no puede
ser utilizado como medio para los propósitos de otro sino como un fin en sí mismo.
Hegel desarrolló la teoría de la retribución jurídica. Sustentó la fundamentación de la
pena en el principio dialéctico basado en que la “voluntad general” es representada por el
ordenamiento jurídico, mientras que la “voluntad particular” es expresada por la infracción
a la ley cometida por el delincuente, que niega con su injusto a la primera. Interpreta al
delito como la negación del derecho y a la pena, como la negación de dicha negación. La
aplicación de la sanción re-establece nuevamente el derecho violentado por el reo.
Considera que la pena no es simplemente la imposición de un mal para compensar otro
mal, toda vez que esto resultaría irracional. El “punto de vista primero y sustancial en el
Sancho.
24 Kant, ob. cit., pág. 166.
10
delito” es la “consideración objetiva de la justicia”, la pena siempre deberá ser justa. “En
esta discusión lo único que importa es que el delito debe ser superado, y precisamente no
como la producción de un mal, sino como la vulneración del derecho en cuanto derecho, y
luego cuál es la existencia que tiene el delito y que hay que superar (ella es el verdadero
mal que hay que eliminar) y en dónde radique ella, el punto esencial”.25
Entre otros autores que adhieren a esta postura podemos citar a Binding, Mayer,
Mezger y Welzel. Este último refiere que si se deja de considerar a la pena como retribución
de culpabilidad, se haría dificultoso diferenciarla de las medidas de seguridad.26
En cuanto a las críticas, se dice de las teorías retribucionistas que:
carecen de fundamento empírico, pues parten de la base de considerar al hombre como
un ser racional dotado de culpabilidad, entendida como libre albedrío, circunstancia esta
que no puede demostrarse.
No fundamentan la pena, “pues presuponen ya la existencia de la pena, que deberían
fundamentar”. 27 Estas teorías no explican cuando hay que penar, y si bien los
problemas sociales usualmente se resuelven de esta manera (...) “ello no implica que la
pena sea la única forma posible ni siquiera la más razonable de superar estos
conflictos…”.28
La idea misma de retribución sólo se hace posible a través de un “acto de fe”29, ya que
suprimir el mal causado por el delito mediante la aplicación de una pena, es añadir al
mal otro mal, por lo que relacionan esto con la idea de venganza humana.
Esta sanción jurídica no puede decirse que procure la perfección moral del delincuente,
sino que muchas veces ocurre lo contrario “la pena no borra el pecado del condenado,
ante los ojos de la sociedad, sino que lo marca a fuego.”30
La equivalencia entre el mal causado y la medida de la pena adecuada a la culpabilidad
resulta de difícil consecución y aunque pudiera lograrse, no resultaría válida una sanción
menor, adecuada a fines preventivos.
25 Hegel, G.W.F, “Fundamentos de la Filosofía del Derecho”, ed. Prodhufi, Madrid, 1993, traducción Carlos Díaz, págs.
326 y 348.
26 Welzel, ob. cit, pág. 330.
27 Roxin, Claus, “Sentido y Límites de la Pena Estatal”, en “Problemas Básicos de Derecho penal”, trad. Diego Louzón
11
La pena justa en este sentido, no siempre resultaría la más útil.31
No es función del Estado velar por la moralidad en la tierra o la realización de fines
metafísico, sólo debe limitar su función a garantizar la convivencia pacífica entre los
ciudadanos.
La persecución de todos los delitos, impediría la adopción de un criterio de oportunidad
o selectividad, provocando en la práctica judicial un absoluto caos.
12
Dentro de las teorías relativas, podemos diferenciar: a) aquellas que apuntan a influir
en la sociedad o comunidad en su conjunto, denominadas “prevención general”; b) de las
que lo hacen en torno al delincuente en particular, llamadas “prevención especial”.
b 1 ) La Prevención general:
Esta doctrina actúa sobre la generalidad social, mediante la conminación o amenaza
de pena, intentando disuadir o intimidar a potenciales delincuentes (faz negativa) o
reestableciendo la validez de las normas mediante la aplicación de sanción. De esta
manera, conforma la consciencia jurídica y determina el comportamiento de los ciudadanos
(faz positiva).
El aspecto negativo de la teoría fue desarrollado por Paul Johann Anselm Ritter von
Feuerbach (1775-1883), quien es considerado el fundador de la ciencia alemana moderna
del Derecho Penal y padre de la “coacción psicológica”.
El autor entiende que el sentido de la conminación penal es la intimidación de la
población toda, como futuros protagonistas de lesiones o puestas en peligro a los bienes
jurídicos tutelados. El objetivo de aplicar la sanción es dar fundamento efectivo a dicha
conminación, pues, de lo contrario, la misma resultaría ineficaz. “Todas las contravenciones
tienen su causa psicológica en la sensualidad, en la medida en que la concupiscencia del
hombre es lo que lo impulsa, por placer, a cometer la acción. Este impulso sensual puede
ser cancelado a condición de que cada uno sepa que a su hecho ha de seguir,
ineludiblemente, un mal que será mayor que el disgusto emergente de la insatisfacción de
su impulso al hecho.”36
En definitiva, lo que se pretende, a través de la tipificación de delitos y la aplicación
de penas, es demostrar a los habitantes las circunstancias a las cuáles atenerse en caso
de que cometan un ilícito; función que, en la antigüedad, se ejercitaba a través de la
imposición de penas aflictivas, ejecutadas con carácter público.
En su aspecto positivo, podemos encontrar como fiel exponente de la teoría a
Günther Jakobs. Al respecto, refiere que la pena tiene como función proteger la interacción
social, conforme a las ideas sistémicas de Luhmann. Dicha protección tiene lugar mediante
la reafirmación de la confianza en la norma y el ejercicio de fidelidad al derecho, no
36von Feuerbach, Paul Johann Anselm Ritter, “Tratado de Derecho penal”, trad. Eugenio Zaffaroni y otra, 2da. edición,
ed. Hammurabi, 1989, pág. 60.
13
mediante la intimidación de eventuales delincuentes; menos aún, a través de la
elucubración de pronósticos futuros de comportamientos de autor, aunque dichos efectos
si puedan tener carácter secundario, no ya como función de la pena, sino por miedo del
ciudadano.37
Para él, la tarea fundamental del derecho penal no es la defensa de los bienes
jurídicos sino, ante todo, el “mantenimiento de la norma como modelo de orientación para
la relación social.” Lo que se debe reprimir es el “disvalor de acto”, como manifestación de
una actitud hostil al derecho.38
El autor llega al extremo de privar de su calidad de persona al ciudadano que ha
violado la ley. Así, dice: “(p)uesto que el infractor de la norma materialmente no alcanza la
sociedad, pareciera lógico privarle de su personalidad como reacción frente a su hecho. No
ha cumplido con las expectativas que se dirigen hacia su persona; por consiguiente, se lo
define como algo a lo que estas expectativas ya no se dirigen, como individuo, más
duramente, como una cosa...una pieza de ganado, dicho brevemente como naturaleza.”(…)
“El infractor de la norma no ejecuta el hecho porque sea una persona, sino porque ha
permanecido subdesarrollado como persona, precisamente, se ha quedado en lo
exclusivamente formal.”39
Según Roxin, 40 la prevención general positiva persigue los siguientes fines: “el
efecto de aprendizaje, motivado social-pedagógicamente”, la confianza en el derecho de
la población, que surge cuando el ciudadano ve que este se aplica y finalmente, la
pacificación, cuando la consciencia jurídica se tranquiliza mediante la aplicación de la pena
al quebrantamiento de la ley.
Las críticas que se pueden señalar a la prevención general son las siguientes:
comparte con las demás teorías que no soluciona frente a qué conductas el Estado debe
intimidar. Tampoco explica bajo qué presupuestos es razonable la aplicación de una
pena, pues la trasgresión de la norma no resulta suficiente en algunos casos, como ser
el de los inimputables o los menores de edad.
y 23.
40 en su Tratado citado precedentemente, pág. 91.
14
No existen investigaciones empíricas que fundamenten los efectos intimidatorios de la
pena y de sus órganos de aplicación por excelencia, máxime en aquellos países que
validan la pena de muerte. Allí, no se constató su eficacia para evitar o disminuir la
comisión de ilícitos. Todo nuevo delito demuestra la inoperancia de la prevención
general.
Schünemann, citando la crítica de Hörnle y von Hirsch, refiere que esta teoría en su faz
positiva se basa en una premisa tomada de la idea de retribución, que es el principio de
justicia. “¿Cómo puede influirse positivamente en la confianza de la colectividad en el
derecho a través de la sanción de un individuo, si no damos ya por supuesto que ésta
es conforme al principio de justicia?”. Si la sanción del delincuente no se adecua al
principio de justicia, no será justo seguir recurriendo a la misma en aras de la prevención
general positiva. Asimismo, refiere que la popularidad moderna de esta teoría se debe
a que una reducida cuota de sanción resulta a todas luces suficientes para mantener la
confianza de la colectividad en el derecho.41
Zaffaroni critica radicalmente a esta teoría, pues se pretende lograr la prevención a
través del ejemplo. De tal manera, se caería en la represión intimidatoria y hasta la
venganza.42 Esto podría llevar al terror estatal, reforzando las penas hasta hacerlas lo
más duras posibles, con el objeto de lograr la intimidación de la colectividad. Así, se
podría rebasar el principio de culpabilidad, mediante la aplicación de sanciones por
encima de su límite, lo que resultaría incompatible con los principios generales de un
estado de derecho democrático.
Por último, no se sustrae a la objeción Kantiana que resulta de la utilización del hombre
como medio para los fines del Estado, lo que atenta contra la dignidad humana.
b 2 ) La Prevención Especial:
Tal como refiriera en el acápite, esta teoría está dirigida directamente al infractor y
presenta, al igual que la anterior, dos aspectos:
a) el positivo, que persigue la resocialización del reo;
b) el negativo, cuyo fin inmediato es impedir que el autor cometa nuevos hecho
punibles, a través de la coerción física (internamiento, encierro, etc.).
41 Schünemann; Bernd, “Sobre la crítica de la Prevención General Positiva”, en “Política criminal y nuevo derecho penal.
Libro homenaje a Claus Roxin”, Bosch editor, España,1997.
42 Zaffaroni, en “Manua”, ob. cit., pág. 59.
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La pena es concebida como tratamiento para el autor del delito, con miras a su
reinserción social. También, como seguridad para la sociedad, en la medida de que no
reincidirá en su comportamiento delictivo.
Este pensamiento tuvo sus orígenes en la filosofía griega (Platón, Protágoras, 324
a.c.) 43 y fue retomado por Franz von Liszt, a fines del siglo XIX.
En el “Programa de Marburgo”, “Der Zweckgedanke im Strafrecht”44 (1882), él último
señaló: “La pena correcta, es la pena necesaria. Justicia en el Derecho Penal es el respeto
a la medida de la pena conforme a las exigencias de la idea del fin”.45
Esta concepción no vincula a la pena con la culpabilidad de autor, sino que la “idea
fin”, a la que hace referencia, es la pena necesaria para impedir que reincida en su conducta
criminal.
En consecuencia, según este autor, la pena cumpliría las siguientes funciones: a) la
Corrección del delincuente con capacidad para corregirse; b) la Intimidación de aquel
ocasional que no requiere corrección y c) la Inocuización del infractor habitual incorregible.
Luego, deberá ser adaptada en su tipo y extensión a la idea fin que fuera necesaria para
cada caso particular.
Esta idea de pena como tratamiento ─ faz negativa ─ fue tomada también por la
Escuela Positiva Italiana, entre otros por el médico psiquiatra Cesare Lombroso (1835-
1903) quien es considerado el iniciador de los estudios criminológicos clínicos. En su obra
“El hombre delincuente” (1876) manifestaba que había que buscar las causas del delito en
características hereditarias y corporales del individuo. Concluyó que no existe el libre
albedrío y que la criminalidad es anormal y patológica.46 El antisocial tiene ligada a su
estructura psíquica y física una tendencia malvada innata, que se traduce en su fisonomía
personal, lo que él llamaba “delincuente nato”.47
El jurista Enrico Ferri (1856-1929) se opuso al pensamiento liberal clásico, negando
la posibilidad de libre albedrío. Manifestó que son los factores sociales y el
precedentemente.
46 Marchiori, Hilda, “Criminología. Introducción”, ed. Lerner, 1999, pág. 84.
47 Elbert, Carlos Alberto, “Manual Básico de Criminología”, Eudeba, 1era. ed, 1998, pág. 49.
16
condicionamiento que estos provocan en el hombre, junto con los factores antropológicos
y físicos, los que dan origen al delito.48
Por el contrario, en España, Pedro Dorado Montero mantuvo una concepción
correccionalista. En dicha inteligencia, rechazó las bases del positivismo italiano y la
clasificación de delincuentes por ellos sostenida. Abogó por el tratamiento correccional y
educativo de los procesados y recomendó la aplicación de penas indeterminadas, lo que
resulta coherente con su tesis.49
Entre otras corrientes que han defendido esta idea, encontramos la Sociedad
Internacional para la Defensa Social, creada en el año 1947 por Filippo Gramatica, “cuya
ala radical pretendió sustituir el delito por antisocialidad, culpabilidad por peligrosidad y la
pena por las medidas.”50
Entre las críticas que podemos destacar respecto a esta teoría se encuentran:
Para lograr sus objetivos la prevención especial tendría que sustituir las penas por
medidas terapéuticas de carácter indeterminado, sujetas a cambios a la par que varíen
las necesidades correctivas, medidas estas que finalizarían con la curación del
procesado.51 Esto llevaría a no diferenciar las penas de las medidas de seguridad e
impediría la limitación del “ius puniendi estatal”. Toda vez que esta teoría se funda en la
necesidad de corrección del delincuente, no en la infracción a la norma —lo que Jakobs
llama vulneración del principio del hecho52—, podríamos llegar al absurdo al considerar
que la perpetuación de un delito primario “es algo deseado desde la perspectiva de la
necesidad de resocialización.” 53 Cabe agregar que, a la fecha, no se ha inventado
método alguno que explique cómo disuadir a los hombres de cometer delitos comunes.
La resocialización obligatoria atentaría en contra de la dignidad del procesado y
responde a un criterio de Estado paternalista. Nadie puede ser sometido a tratamiento
curativo en contra de su voluntad.
La resocialización es una gran utopía, ya que la pena carcelaria no reeduca. La cárcel
es un lugar criminógeno de incitación al delito por excelencia.
48 Jescheck en su Tratado, pág. 65 y Baratta, Alessandro, “Criminología crítica y crítica al Derecho penal”, ed. Siglo XXI,
pág. 31.
49 Dorado, Pedro, “El derecho protector de los criminales. XVI. La sentencia indeterminada”, Madrid, 1916, pág. 19.
50 Jesckeck en su tratado cita a Gramática “Principi di Difensa Sociale”, 1961, pág. 65, nota 57.
51 Ferrajoli, ob. cit., pág 255.
52 Jakobs, Ob. cit., pág. 31.
53 Schünemann, ob. cit., pág. 95.
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No resultaría necesario aplicar una pena a delincuentes ocasionales o, incluso, a
aquellos que cometieran delitos graves, cuando no existe prácticamente posibilidad de
repetición, ya que ellos no requieren ser coaccionados para impedir su reincidencia ni
reeducados. El ejemplo más claro son los delitos cometidos en los campos de
concentración nazis durante la segunda guerra mundial.
Por último, esta teoría tampoco se sustrae a la objeción, anteriormente expuesta en la
Prevención General, de la utilización del hombre como medio para los fines del Estado.
18
En cuanto a la medición de la pena, el autor sintetiza que no puede sobrepasar la
medida de la culpabilidad y considera lícita la aplicación de una sanción por debajo de dicho
límite. Sin embargo, esto resulta en muchos casos necesario por un principio de
subsidariedad.
En este aspecto entendemos que Roxin modifica el criterio clásico de culpabilidad,
pues para una teoría retributiva estaría vedado este último proceder. Así, no resulta
comprensible cómo el principio de culpabilidad puede operar como límite del poder punitivo
estatal, cuando, oportunamente, se refirió a este como un concepto metafísico, imposible
de comprobar a través de la experiencia. Si bien esto último puede resultar cierto, tampoco
se puede demostrar empíricamente el determinismo. Por otra parte, el Estado reclama, para
la convivencia pacífica social, partir de la base de que el hombre es capaz de
responsabilidad y culpabilidad, pues, de lo contrario, las relaciones humanas resultarían
caóticas.
El dogmático justifica su ambivalencia e intenta sustraerse a las críticas, indicando
que utiliza el concepto de marras, para limitar el abuso de poder estatal, pero no como
fundamento de la imposición de penas.
Entiendo que esto último resulta a todas luces incompatible, ya que si el “ficticio”
principio de culpabilidad no es válido para una cosa, tampoco puede serlo para la otra.
Ciertos autores refieren que, en algunos casos, por razones de prevención general
o especial, se puede superar el límite impuesto por la culpabilidad, con lo cual el reo se
hará acreedor de una pena por encima de dicho límite;55 circunstancia que se observa,
sobre todo, en las medidas de seguridad aplicadas a los inimputables. Aplicar la
culpabilidad como límite máximo implicaría una pérdida de eficacia del criterio preventivo
general y viceversa, una pena por debajo de la culpabilidad resultaría una disminución del
criterio retributivo y de prevención general en favor de la prevención especial.56
Si bien no compartimos esto último, es cierto que a la fecha no se ha descubierto
una fórmula exacta que permita cuantificar tan mentado principio, por lo que, en la práctica
se torna dificultoso medir el límite máximo de la culpabilidad de autor.
55 Roxin, Claus, “Culpabilidad y prevención en Derecho penal”, ed. Reus, Madrid, 1991, pág.29.
56 Pérez Manzano, Mercedes, “Aportaciones de la prevención general positiva a la resolución de las antinomias de los
fines de la pena”, en “Política criminal y nuevo Derecho penal, libro homenaje a Claus Roxin, ed. Bosch, 1997, pág 73.
19
Otra crítica señalada por Jakobs57 es que, en las teorías mixtas o de la unión, se
parte de suposición de que se puede lograr armonía de lo aparentemente contrapuesto y
no se identifica cuál es el elemento creador de dicha cadencia.
Roxin58 sostiene, en la actualidad, una teoría unificadora preventiva y explica que el
fin de la pena sólo puede resultar de combinar los fines preventivos generales y especiales,
para lo cual es necesario renunciar a todo criterio de retribución.
III.- Conclusión:
A lo largo del trabajo, hemos advertido que ninguna de las teorías expuestas resulta,
desde lo individual, autosuficiente para explicar el fin y el fundamento de la pena. Estas no
superan las críticas y sus resultados no son verificables empíricamente. Tampoco cumplen
dicho cometido las teorías eclécticas o de la unión, que intentan realizar una mixtura de
criterios, muchas veces incompatibles.
La función del Derecho Penal y de su principal consecuencia la pena, debe apuntar
a la protección de los bienes jurídicos fundamentales preservando a la sociedad ante
ataques individuales, como así también, garantizar la pacífica convivencia social. Deberá
desarrollarse en un Estado democrático de derecho y tomará al principio de culpabilidad
como límite al poder punitivo estatal.
Resultaría hipócrita intentar escindir el criterio de retribución de los fines de la pena,
ya que el principio de culpabilidad va indisolublemente unido a él y, como bien dice
Schünemann, es imposible erradicarlo de la conciencia jurídica popular, máxime cuando
desde las culturas primitivas, el instinto de venganza y de expiación estuvo directamente
vinculado al ideal de justicia. Esto es una realidad fáctica y si los aparatos de aplicación del
sistema fallaran en el punto, corremos el peligro de caer en la justicia por mano propia.59
Lo ideal sería buscar soluciones a la criminalidad a través de criterios alternativos
de solución de conflicto, en la medida de la naturaleza subsidiaria y de última ratio de la
rama que nos rige. Por lo tanto, se deberá actuar allí donde no basten otros sistemas menos
lesivos para la obtención de los fines estatales.
20
Sin embargo, estamos distante de ello, lo que surge de la simple proliferación de los
tipos penales para dar respuestas coyunturales que, a la postre, no hacen más que
incrementar el conflicto.
Mientras el mundo sea mundo, resulta utópico pensar en la desaparición del
Derecho Penal, pues si bien no es la mejor forma de solucionar la conflictividad social, por
el momento, es de las pocas que conocemos, a pesar del rotundo fracaso de la cárcel como
institución total. Esto no es pensamiento pesimista, es pura realidad.
Una solución alternativa podría ser como propone Foucault60 el incremento de los
dispositivos de normalización tales como la medicina, la psicología, la asistencia social y la
educación, lo que tornaría, en definitiva, menos útil el papel de la prisión.
A pesar de ello, el abolicionismo no se perfila como una buena solución, pues, como
bien señala Ferrajoli, puede engendrar, a largo plazo, peligros de alternativas peores al
Derecho Penal.61
60Foucault, Michael, “Vigilar y castigar”, ed. Siglo XXI, 21ª ed., 1996, pág 313.
61Otros textos consultados para la confección del Trabajo:
* Tenca, Adrián Marcelo, “Causas del delito y teoría de la pena”, ed. Abaco, 1997.
* Pavarini, Máximo, “Control y Dominación. Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico”,
ed. Siglo XXI, 5ta. ed, 1996.
21
Bolilla 2: EL DELITO. LA RELACIÓN ENTRE EL DERECHO PENAL Y OTROS
SABERES.
1) Delito:
Conducta
DELITO Típica INJUSTO PENAL
Antijurídica
Culpable
Punible
22
Conducta: algunos autores encuadran dentro de esta estructura a las acciones y las
omisiones
Acción: es un hacer voluntario final.
Omisión: es no cumplir con un mandato legal.
Tipicidad: característica de una conducta de adecuarse a un tipo penal.
Antijuricidad: contrariedad de la conducta con todo el ordenamiento jurídico.
Culpabilidad: reprochabilidad por el hecho cometido.
Punibilidad: posibilidad de aplicar pena al delito cometido.
Todas las acciones son públicas, salvo las dependientes de instancia privada y las
acciones privadas (art. 71 del Código Penal).
La acción penal pública deberá ser iniciada de oficio por el Ministerio Público Fiscal.
Su ejercicio estará a cargo del mismo órgano y no podrá suspenderse, interrumpirse o
hacerse cesar, excepto en los casos expresamente previstos por ley (arts. 25 del Código
Procesal Penal Federal). Así, toda persona que se considere lesionada por un delito
perseguible de oficio o que sin serlo tenga noticias de él, podrá denunciarlo ante el juez, el
agente fiscal o la policía.
23
De la misma forma, se procederá de oficio, cuando la víctima fuera menor de 18 años
de edad, haya sido declarada incapaz o cuando medien razones de seguridad o interés
público.
La acción dependiente de instancia privada, una vez formulada la denuncia por el
interesado, continúa su trámite como si fuese pública, es decir que no podrá retirarla.
Las acciones privadas tramitan por juicio especial de querella (arts. 314 y concordantes
del CPPF). Proceden por denuncia del agraviado, de sus guardadores o representantes
legales. La acción de calumnias e injurias sólo puede ser ejercitada por el ofendido y
después de su muerte, por su cónyuge, hijos, nietos o padres sobrevivientes.
El ofendido, respecto de los delitos de acción privada, podrá renunciar al ejercicio de la
acción, en cuyo caso se extinguirá.
24
3) Relación del Derecho Penal con otros saberes:
Con el Derecho Procesal Penal: El derecho procesal es una rama del derecho público
que regula la normal administración de justicia. Es derecho constitucional reglamentado
y sirve como medio (código de forma) para la aplicación de los códigos de fondo (Código
Penal). Su regulación se encuentra delegada a las provincias, verbigracia, cada
provincia tendrá su propia ley procedimental (art. 121 de la CN).
Con la criminología: es un saber interdisciplinario (antropología, sociología, fisiología,
biología, medicina, psicología, psiquiatría, derecho, etc.) que estudia el comportamiento
y la cuestión criminal.
Con el Derecho de ejecución penal: es el saber relativo a las normas que regulan la
ejecución de las penas. Las leyes de ejecución se encuentran previstas a nivel nacional
(ley 24.660) y a nivel provincial (algunas provincias tienen su propia ley, otras adhieren
a la nacional). También se complementan con otros antecedentes gestados en el ámbito
internacional, como ser: las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para el tratamiento
de reclusos, conocidas como las “Reglas de Nelson Mandela”, adoptadas por
unanimidad por la Asamblea General de la ONU, en diciembre de 2015, las que
actualizaron las normas mínimas de 1955 y 1977; las Reglas de Tokio (1990) enfocadas
en sanciones no privativas de la libertad, entre otras.
Con el Derecho Contravencional: el Código Contravencional de la Ciudad de Buenos
Aires (ley 1.472) o sus pares provinciales, sancionan las conductas que por acción u
omisión dolosa o culposa impliquen daño o peligro cierto para los bienes jurídicos o
colectivos protegidos. Regulan conflictos eminentemente locales, cualitativa y
cuantitativamente de menor entidad que un delito, circunstancia por la cual su regulación
fue delegada al ámbito provincial (por ej. el art. 103 ídem, sanciona quien porta armas
no convencionales, sin causa que lo justifique, por ej. armas blancas, de aire
comprimido, etc.).
Con el Derecho Militar: esta jurisdicción fue ejercida por las autoridades que determinó
el Código de Justicia Militar (ley 14.029). Dicha norma reprimió las conductas ilícitas
cometidas por militares en el ejercicio de sus funciones. Para delitos graves, como
traición a la patria, previó la denigración pública y la pena de muerte (art. 621). La ley
26.394 (BO 20/08/2008) lo derogó. Entonces, ha quedado abolida la pena de muerte en
25
todo el ordenamiento jurídico argentino. El juzgamiento de estos delitos compete a la
Justicia Federal. De la misma forma, se rediseñó su sistema disciplinario coherente con
las garantías constitucionales y los tratados internacionales de derechos humanos
incorporados a esta.
Con el Derecho Penal de niños, niña y adolescentes: la ley 26.061 (2005) derogó la
antigua ley de Patronato de Menores n° 10.903, de 1919. A través de la primera, se
dispuso el sistema de “protección integral de niños, niñas y adolescentes”, en
contraposición al sistema anterior denominado de “situación irregular”.
Resultan de aplicación al punto: el Régimen Penal de Minoridad, previsto por la ley
22.278 (BO 28/08/1980). Recientemente, se ha sancionado la ley 27.801 “Régimen
Penal Juvenil” (BO 09/03/2026) que, conforme lo dispuesto en su artículo 52, entrará en
vigencia a los ciento ochenta (180) días de su publicación en el Boletín Oficial.
En el ámbito internacional, la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), las
Reglas mínimas uniformes para la administración de la justicia de menores (Reglas de
Beijing, 1985), las Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la
Delincuencia Juvenil (Directrices de RIAD, 1990) y las Reglas de las Naciones Unidas
para la protección de los menores privados de libertad (1990). En la Ciudad de Buenos
Aires, regulan la materia las leyes n° 114 de "Protección integral de niños, niñas y
adolescentes" y n° 2.451 que regula el "Régimen Procesal Penal Juvenil".
Con el Derecho Internacional Público: que rige las relaciones entre Estados. A mediados
del siglo pasado, tomaron importancia dos temas: a) la tentativa de establecer un
tribunal con jurisdicción internacional; b) los tratados internacionales que imponen la
obligación de las partes de sancionar los crímenes de lesa humanidad. En tal sentido,
resultan de importancia la Convención sobre el Genocidio de la Naciones Unidas, de
1948, y la Convención sobre la imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y Lesa
Humanidad, de 1968, ratificada por nuestro país en 1995.
Con el Derecho Internacional de los Derechos Humanos: los tratados y concordatos
internacionales tienen jerarquía superior a las leyes y son operativos. Sin embargo, no
pueden derogar artículo alguno de la primera parte de la Constitución Nacional y por
ende son complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. (art. 75,
inc. 22, en concordancia con lo dispuesto por los arts. 27 y 31 de la CN).
26
Bolilla 3: PRINCIPIOS BÁSICOS CONSTITUCIONALES.
1) Constitución:
62 Gelli, María Angélica, “Constitución de la Nación Argentina. Comentada y concordada”, La Ley, 2003, pág. 11.
27
La reforma de 1994 incorpora el Consejo de la Magistratura, con función de seleccionar
magistrados y administrar al Poder Judicial.
Los arts. 24, 75, inc. 12, y 118 de la CN prevén que todos los juicios criminales
ordinarios, que no se deriven del derecho de acusación concedido a la Cámara de
Diputados, se terminarán por jurados, luego que se establezca en la república dicha
institución.
La Convención Constituyente de 1994 incorporó el art. 120 donde se reconoce al
Ministerio Público Fiscal como un órgano extra poder, independiente, con autonomía
funcional, autárquica y financiera, que tiene por función promover la actuación de la justicia
en defensa de la legalidad y los intereses sociales, ello en coordinación con las demás
autoridades de la nación.
En el título segundo, del libro segundo, se regulan los gobiernos de provincia a
quienes se reconoce todo el poder no delegado por la Constitución al gobierno federal (art.
121).
La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo con facultades
propias de legislación y jurisdicción (art. 129).
28
c) Prohibición de retroactividad de las leyes penales: necesidad de ley anterior al
hecho del proceso. Se aplica la norma vigente al momento de la comisión del
hecho, salvo que la nueva sea más benigna para el reo.
d) Prohibición de analogía: la interpretación analógica es un método por el cual la
norma se extiende, por identidad de razón o semejanza, a un caso no
comprendido en su texto. En materia penal, por aplicación del principio de
legalidad, no rige esta forma, salvo que sea en beneficio del imputado. Entonces,
está estrictamente prohibida aquella in “malam partem”, es decir, la que busca
crear delitos, agravar penas o perjudicar al reo. La Corte Suprema de Justicia
refiere que: “la primera fuente de exégesis de la ley es su letra y cuando es clara
y no exige mayor esfuerzo interpretativo, no cabe sino su directa aplicación, con
prescindencia de consideraciones que excedan las circunstancias del caso
expresamente contempladas por la norma” (Fallos: 347:1031).
La Cámara Nacional de Casación Penal, en el caso “Ávila, Blanca Noemí” (voto
del Dr. Fégoli) refirió que “la analogía prohibida en el derecho de fondo, es
admisible en la ley procesal.”64 No obstante, esta postura no es compartida por la
doctrina y la jurisprudencia mayoritaria, salvo que sea en favor del reo.
e) Juez natural: esta garantía preserva la independencia e imparcialidad del
juzgador. Así, también impide al Poder Ejecutivo Nacional el establecimiento de
tribunales o comisiones especiales para el juzgamiento de ciertos delitos. El
órgano judicial deberá tener jurisdicción, competencia y haber sido creado por ley
anterior al hecho del proceso (arts. 7 y 8 del CPPF). Las cuestiones relativas a la
aplicación de las reglas de conexidad no afectan esta garantía (Fallos: 345:423).
Asimismo, el instituto de recusación es un mecanismo de excepción, de
interpretación restrictiva, con supuestos taxativamente establecidos, pues su
aplicación provoca el desplazamiento del juez natural de la causa que se trate
(Fallos: 346:486).
f) Presunción de inocencia: toda persona acusada de un delito tiene derecho a ser
presumida inocente, hasta tanto una sentencia firme declare su culpabilidad.
Sobre esta base, en el marco de un proceso penal, el imputado debe permanecer
en libertad como regla general, salvo que el tribunal presuma, de manera fundada,
29
que intentará eludir la acción de la justicia o entorpecer la investigación. Es
jurisprudencia pacífica de la Corte que el dictado del auto de prisión preventiva,
no vulnera el principio de mención. No obstante, la medida cautelar deberá
fundamentarse en razones legítimas y tener un límite temporal razonable (Fallos:
348: 1357), (art. 4 del Código Procesal Penal Federal).
g) Principio de culpabilidad: la aplicación de pena importa que el sujeto haya sido
declarado responsable en juicio. Es culpable quien pudo comprender el injusto
penal y autodeterminarse conforme a dicha comprensión. No serán tal, los
menores, los inimputables o quienes hayan actuado bajo error de prohibición
insalvable.
h) Derecho a no declarar contra sí mismo: el imputado tiene derecho a negarse a
declarar, sin que ello presuma en su contra. Si optaré por hacerlo, no se le recibirá
juramento de decir verdad. Por lo tanto, si miente, no incurrirá en delito de falso
testimonio. Las confesiones obtenidas en violación de garantías constitucionales
(por ej. tormentos) son de ningún valor, por aplicación de la regla de exclusión
(arts. 4, 72 y concordantes del Código Procesal Penal Federal).
i) Inviolabilidad de domicilio, papeles privados y correspondencia epistolar: una ley
determinará en qué casos y bajo qué justificativos se procederá a su allanamiento
y ocupación (art. 138, 139 y ss. del CPPF).
j) Abolición de la pena de muerte por causas políticas, tormentos y azotes: estas
son penas que atentan contra la dignidad humana. La pena de muerte estuvo
prevista en el Código de Justicia Militar Argentino, vigente hasta el año 2009. El
art. 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos establece que en los
países donde impere, no pueden extenderla para su aplicación a nuevos delitos.
Los Estados que la hayan abolido no podrán reestablecerla. Esto se complementa
con la Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes.
30
Ningún habitantes de la Nación, será obligado a hacer lo que comanda la ley, ni privado de
lo que ella no prohíbe.”
El principio de la libertad jurídica y la garantía de privacidad, requieren la no intervención
de un Estado paternalista en la existencia privada, en la moral o en el modelo de vida de
los ciudadanos, mediante la imposición de modelos de conducta a seguir. El Estado sólo
podrá intervenir a través de la conminación con pena de conductas que afecten los bienes
jurídicos (principio de lesividad).
65 CSJN, “Casal, Matías E.”, (Fallos: 328:3399) y “Martínez Areco, Ernesto.” (Fallos: 328:3741) y CIDH, “Herrera Ulloa”,
12/03/2005.
66 CIDH, caso: “Mohamed c/ Argentina”, 23/11/2012.
31
a) Garantía del doble juzgamiento “non bis in idem”: se impide una doble persecución
o eventual condena por un mismo hecho. “Debe mediar identidad de persona
perseguida, tratarse del mismo hecho y ser igual la fuente de persecución” 67 (art. 5
del CPPF).
b) Interpretación restrictiva: toda disposición que coarte la libertad personal, que limite
el ejercicio de derechos reconocidos por el código de forma o establezca sanciones
procesales, deberá ser interpretada restrictivamente (art. 14 del CPPF).
c) “In dubio pro reo”: en caso de duda se estará a lo más favorable al reo. Este principio
se reserva para la etapa de debate, pues se requiere certeza apodíctica para el
dictado de la sentencia condenatoria en su contra. No se aplica durante la
instrucción. O sea, ante la duda de la existencia del hecho o participación del
procesado durante la investigación penal preparatoria, deberá ir a juicio, donde, en
definitiva, se determinará la responsabilidad que le cupo en el suceso ventilado (art.
11 del CPPF).
d) Principio de intrascendencia o de personalidad de la pena: la pena no puede
trascender de la persona que es autora o partícipe del delito. Por ej. en caso de que
un condenado a pena de multa fallezca, la suma no será oblada por sus parientes.
e) Principio de buena fe y pro homine: el primero exige que los tratados internacionales
sean interpretados de buena fe conforme al sentido corriente de los términos de la
convención, en el contexto de estos y teniendo en cuenta su objeto y fin (art. 31 de
la Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados). El principio “pro homine”
establece que, ante la duda, deberá estarse siempre ante el sentido que más
garantice el derecho que se trate.
67 D’Albora, Francisco, “Código Procesal Penal de la Nación“, 5ta. edición, Bs. As, 2002, pág. 29
32
Durante el proceso, se deberán observar los principios de igualdad ante las partes, oralidad,
publicidad, contradicción, concentración, inmediación, celeridad y desformalización (art. 2
del CPPF).
3) Fuentes:
a) Fuentes de producción son los órganos con capacidad de producir derecho penal. La
única fuente de producción del Derecho Penal Argentino son los órganos legislativos del
Estado.
b) Fuentes de conocimiento de la legislación penal son los “elementos legislativos que
el saber jurídico penal debe interpretar y explicar”68 o sea, la ley. No tienen tal carácter la
doctrina, la jurisprudencia o la costumbre. Ahora bien, los delitos sólo pueden ser tipificados
por ley formal, emanada del Congreso de la Nación, conforme al mecanismo establecido
por la Constitución. Ello es así, por cuanto el art. 75, inc. 12, establece como atribución del
Congreso el dictado de los códigos de fondo. Las legislaturas provinciales no pueden
tipificar delitos. Sin embargo, tienen reservado el dictado de los códigos contravencionales
y de los códigos de procedimiento en materia penal, conforme al art. 121 ídem.
Leyes penales en blanco: son tipos penales que establecen una sanción para una
conducta que se encuentra descripta en otro precepto legislativo complementario. Con
estas leyes se persigue la infracción a normas reguladoras que responden, en general, a
situaciones fluctuantes y coyunturales, propias de una determinada localidad, zona o
jurisdicción.
La ley penal en blanco debe ser una ley formal. Por el contrario, el precepto
complementario puede ser una ley nacional, provincial, un decreto reglamentario, un
reglamento municipal, etcétera. Por ejemplo, el art. 206 del Código Penal que dice: “Será
reprimido con prisión de uno (1) a seis (6) meses el que violare las reglas establecidas por
las leyes de policía sanitaria animal.”
Así, al resultar un tipo abierto, el juez se ve en la necesidad de perfeccionarlo
recurriendo a normas complementarias, de donde va a surgir, acabadamente, la
descripción de la conducta prohibida.
33
4) Derecho penal de acto y de autor:
En el derecho penal de autor, no se reprime el agente por una conducta por él cometida
sino por una forma de ser, por ejemplo ser alcohólico, drogadicto, merodeador, vagabundo,
etc. El acto es simplemente una consecuencia posterior de un rasgo de su personalidad,
que puede llegar a originar la comisión de delitos en el futuro o no. Por ej. los proyectos de
“Estado peligroso sin delito”, de 1923.
El derecho penal de acto implica la imposición de una pena por la comisión de una
conducta contraria al ordenamiento jurídico.
El derecho de peligrosidad es derecho penal de autor y, como tal, es contrario a la
Constitución Nacional.
34
Bolilla 4: CRIMINOLOGÍA.
Autor: María Fernanda Botana. Síntesis de artículo publicado en la Revista del Colegio de
Magistrados y Funcionarios del Departamento Judicial de San Isidro. Nro. 13. Noviembre
de 2003, con algunas modificaciones.
69 Ruiz Funes, Mariano, “Criminología y Antopología Criminal. Contenido y métodos de una y otra”, pág. 9 y ss.
70 Foucault, Michel, “La vida de los hombres infames”, pág. 48 y ss.
35
sino domado y corregido. La pena pasó entonces a constituir la privación del tiempo, como
forma de salario de trabajo, y la medicina se instaló en la práctica penal, donde la curación
pasó a ser el fin último de la sanción. Fue el médico, como figura de autoridad moral y
profesional, quien, al entrar al asilo o la prisión, encontró a su disposición un considerable
número de personas para investigar y constatar las anomalías enunciadas a nivel teórico.
La escuela Positiva, por su parte, sustentó un paradigma etiológico de delito y resultó
por demás seductora ante la posibilidad de aplicar sus conclusiones a la política criminal
como forma de predicción y prevención de ilícitos. Su justificación, a través de un criterio
científico, permitió darle el halo de credibilidad de todo aquello tildado de ciencia.
Allá por fines del siglo XIX, el concepto antropológico de Lombroso, aunado a las
concepciones sociológicas de Ferri y psicológicas de Garófalo, enarbolaron al delincuente
como estandarte de la regresión atávica, con características bio-psicológicas anormales y
lo sometieron a un rígido determinismo biológico.
Descubierto que fuera el delincuente nato por sus rasgos físicos, ya no sería
necesario esperar la comisión de actos delictuosos. Así, podría ser captado y neutralizado
por los órganos de control social, sobre la base de un juicio de peligrosidad a futuro, lo que
impidió cualquier discusión relativa a las cuestiones de índole económicas y sociales.
Entre los elementos que dieron cuerpo a la retórica positivista podemos enumerar:
71
71 Jiménez de Asúa, Luis, “Tratado de Derecho Penal”, tomo II, pág. 63 y ss.
36
El único fin del sistema punitivo científico es la defensa social o reforma del individuo y
no el castigo o la expiación por el delito cometido, por lo que se adopta un sistema de
pena indeterminada (fin terapéutico);72
El modelo base es el social consensual, es decir, el de una sociedad estable que respeta
los valores acordados por la mayoría. Entonces, al resultar el delincuente el nudo del
conflicto, es a quien habrá que neutralizar.
37
como una solución frente a la privación y esta idea ha tenido fuerte aplicación en los
estudios penitenciarios donde la aplicación de una pena fortalece la generación subcultural
carcelaria con amplia posibilidad de reincidencia.
Por último, la teorías de la desintegración, derivadas de la Escuela de Chicago,
consideran la existencia de una “desintegración comunitaria, de tal manera que la quiebra
de los controles informales engendraban el delito entre los pobres y a través de toda la
estructura de la sociedad, aún más, no proveían comunidad a la cual el ex convicto pudiera
retornar.”74
La sociología norteamericana se diferenció de su par europea, en cuanto abandonó la
preocupación central por el capitalismo, centrándose en el estudio de los problemas
sociales y adoptó como modelo “el paradigma ecológico de las ciencias naturales.” En
Chicago, se nutrió de una perspectiva interaccionista, inducida por el trabajo social, que se
vio potenciada por el pragmatismo, como escuela de pensamiento local.
Los sociólogos de esta escuela se sirvieron del concepto de “desorganización social” al
que tomaron como fenómeno colectivo por oposición a lo individual. Entendieron que frente
a la existencia de un orden alterado, desorganizado, siempre existe la posibilidad de una
reorganización. Desorganización y reorganización fueron tomados como procesos, no de
origen biológico, sino de naturaleza urbana, cultural, humana y moral.75
Resulta también de interés al punto, la Teoría de la Asociación Diferencial.
Sutherland76 cree que la conducta criminal no es un comportamiento de la minoría, sino,
por el contrario, de la mayoría o, por lo menos, de amplios estratos dentro de la sociedad.
El delito se aprende mediante un proceso de aprendizaje normal, de la misma manera que
se aprende cualquier otra conducta. Luego, las patologías sociales y personales no juegan
ningún papel esencial en la causación del delito. Esta teoría quiebra con el modelo
consensual y considera al ilícito como producto de la desorganización social. Una persona
se hace delincuente por asociarse con diferentes que tienden a identificarse positivamente
con la violación de la ley, alejándose de aquellos que ven a tal quebranto como algo
incorrecto.
38
La teoría de la asociación diferencial sirvió de base, al autor, para poder explicar la
delincuencia de las grandes empresas. “Normalmente los hombres de negocios no son
pobres, no son débiles mentales, no les faltan facilidades recreativas organizadas y no
sufren de otras patologías sociales y personales. Si se puede demostrar que los hombres
de negocios, sin esas patologías cometen muchos delitos, entonces tales patologías no se
pueden usar como explicación de delitos de otros tipos.” 77
Consecuencia de esto, define como delito de cuello blanco a aquel “delito cometido
por una persona de respetabilidad y status social alto en el curso de su ocupación.”78
Por su parte, las teorías de raigambre liberar representaron el paso anterior a la
criminología crítica, alternativa o radical.
A mediados de la década del sesenta, las ciencias sociales se vieron alteradas por
un proceso de "deconstrucción" que intentó romper con lo previamente establecido en
cuanto a teorías penales y de control social existentes hasta esa fecha.
Las teorías que se unificaron bajo el rótulo de "nueva criminología" consideraron a
la criminalidad ya no como una realidad ontológica, es decir, anterior al derecho, sino que
por el contrario apuntaron a los procesos de criminalización basados en una doble
selección: la primaria, consistente en la determinación de los bienes jurídicos merecedores
de tutela por la legislación penal , desmitificando de esta manera el principio de igualdad
ante la ley y la secundaria, a través de la elección de los individuos a estigmatizar de
entre todos aquellos que infringen la norma, basado en un proceso de selección social.
Asimismo, entendieron que la política criminal debe apuntar a la disminución del sistema
penal.
De raigambre conceptual marxista, el idealismo de izquierda ubicó al delito entre la
clase trabajadora, la que, como consecuencia de su inevitable estado de pobreza y de
explotación a través de la clase capitalista, reconoció al ilícito como una forma de re-
establecer el equilibrio destruido por la desigualdad social. La guerra contra el crimen fue
considerada una excusa para hacer caso omiso a la lucha de clases. 79 La concepción del
derecho penal era, en su entender, burguesa, de manera tal que la criminalidad no puede
ser explicada en forma aislada, sino en el marco del contexto social. La única solución era
77 Sutherland, Edwin, “La delincuencia de las grandes empresas”, texto anexo en Sutherland, Edwin, “El delito de Cuello
Blanco”, pág. 312.
78 Sutherland, Edwin, ob cit., pág. 65.
79 Hulsman, Louk en " La Criminología crítica y el concepto de delito".
39
la implementación de un modelo socialista que diera por tierra con el capitalismo opresor,
con lo que, en consecuencia, se extinguiría, de raíz, la causa del crimen.
El capitalismo es, para ellos, una sociedad basada en la desigualdad, en la
subordinación. Cuanto más desigual es la sociedad, más represivos serán sus sistemas de
control. Luego, la solución que proponen es el socialismo, donde todos se encuentran en
la misma condición.
Si bien dentro de su encuadre les resultó, por lo menos dificultoso, explicar el delito
de las altas esferas o de cuello blanco, pues no entra dentro de la categoría: “lucha de
clases”, entendieron que es a estos ilícitos a los que se debe apuntar. Su causa,
lógicamente, puede ser: el ánimo de codicia, de poder y de lucro de la clase dirigente.
Su crítica se dirigió hacia las agencias de control del sistema ─prisión, hospitales
psiquiátricos, justicia penal─ a la clase dominante y a otras formas de control social, esto a
nivel político; como, asimismo, a la criminología positiva, a nivel teórico. También, se
propusieron modificar, debilitar o abolir estas estructuras dominantes.
Como crítica a la criminología crítica, corresponde destacar que ni Marx ni Engels se
dedicaron a la cuestión criminal o al problema penal. La mayoría de los autores que
estudian de su filosofía afirman que si bien este análisis puede ofrecer elementos teóricos
para la explicación de la criminalidad en la sociedad burguesa, dicho bagaje conceptual
resulta en un todo insuficiente, pues al análisis de la economía capitalista debería sumarse
el de las ciencias sociales.
Por el contrario, existe una posición ecléctica, encontrada a este último criterio, que
admite la posibilidad de extender la teoría marxista al resto de las ciencias sociales.80
La criminología crítica no se dedicó a explicar el delito, pues asoció, como ley de
validez universal, a la pobreza y al desempleo con la delincuencia. Interpretó al crecimiento
del delito, no como aumento en la comisión de ilícitos, sino como un incremento de la
actividad policial, entonces, centró su atención en las agencias estatales de control.
Consideró al delincuente como un chivo expiatorio que disimula el conflicto social de clases
en el capitalismo. Basando su foco de estudio en el control social, " intentaron lo imposible;
explicar el control del delito ignorando las causas del delito mismo."81
40
Su aguda crítica al sistema y a las instituciones totales les impidió abogar por su
modificación, reforma o humanización. Su enfoque romántico del "deber ser", los apartó de
la realidad y les impidió descubrir nuevas alternativas para la solución del conflicto.
Asimismo, ignoraron que la mayor parte de las veces los delitos son intra-clase, es
decir que son dirigidos desde y hacia la clase trabajadora.
En consecuencia, su teorización, alejada de la realidad y la práctica, implica que se
quedaron solamente en la crítica de la política oficial imperante en la época. Así, no fueron
capaces de dar una respuesta adecuada a los problemas sustentados a través de políticas
de control del delito.
Podemos decir que otra tradición deconstructivista dentro de los criminólogos
radicales es el abolicionismo. Esta doctrina, con autores como Christie y Hulsman, elude
la justificación del derecho penal y sus consecuencias. Lo tilda de ilegítimo y no ofrece
solución o respuesta alguna al control y/o límite del ius puniendi estatal. Propugna la lucha
contra la “disciplina encubierta” y abolición del sistema carcelario, ante su fracaso histórico
como control de la criminalidad y como institución de reinserción social del desviado,
proponiendo82 en su reemplazo una serie de medidas terapéuticas alternativas de tipo
pedagógicas, sociales o informales.
Según Hulsman, la tarea del criminólogo crítico consiste en describir, explicar y
desmitificar las actividades de la justicia penal y sus afectos adversos, ilustrar situaciones
conflictivas para ser tratadas a distintos niveles de organización social —sin necesidad de
recurrir a la justicia penal—, estudiar las estrategias para abolirla o, en otras palabras,
“liberar a organizaciones como la policía y los tribunales de un sistema de referencia que
los separa de la vida real y de las necesidades de las personas directamente interesadas”.
De la misma forma, contribuir al desarrollo de nuevos lenguajes que permitan discutir las
cuestiones antedichas sin las influencias del sistema actual.
John Lea83 le realiza la siguiente crítica " si el concepto de delito es definido por el
sistema de justicia penal y su saber/poder, entonces ciertamente el concepto de
problemática y lo que se consideran situaciones problemáticas vienen a ser definidas de un
modo muy similar por los procesos cambiantes de poder y comunicación dentro de la
sociedad, y ni los criminólogos ni cualquier otro observador se sitúan fuera de estos
41
procesos (…) si el delito no tiene realidad ontológica tampoco la tienen las situaciones
problemáticas ", circunstancia por la cual cree que el abolicionismo fracasa en el punto. Al
respecto, considera que esta doctrina se ve superada por la criminología crítica marxista
en cuanto reemplaza este problema a través de un discurso histórico de lucha de clases.
84Roger Mathews y Jock Young en " Reflexiones sobre el realismo criminológico", pág. 21.
85Foucault, Michel, “Genealogía del Racismo”, trad. Fernando Álvarez Uría y Julia Varela, segunda lección, ed. Carontes,
1996, pág. 27/41.
42
Es decir durante el welfare state, época de pleno empleo, el delito aumentó en vez
de disminuir, lo que significó que no cerrara la ecuación por ellos sustentada.
Los gobiernos americanos e inglés, a través de Reagan y Thatcher respectivamente,
adoptaron un concepto realista de derecha, con el surgimiento de una "nueva derecha" que
se expandió a los países occidentales durante la década del ochenta. Esto significó el
retorno a un concepto de política criminal de índole represiva, apuntada a la prevención,
con bajo nivel de tolerancia, orientado a castigar y a disuadir al delincuente de la comisión
de delitos. Se abandonó la creencia de que la criminalidad fuera determinada por la
situación social del individuo, se desinteresó de las causas y las posibilidades de
rehabilitación del reo. El infractor de la ley fue tomado como un individuo normal, con libre
albedrío y posibilidad de realizar un cálculo de costos-beneficio. Era un ser malvado,
inferior, algo real contra lo cual luchar y defender la sociedad. De esta forma, se enarboló
una la criminología complaciente con el ciudadano honesto.
Como criminología administrativista, "el nuevo realismo" aceptó las definiciones
convencionales de "delito" y se concentró, casi con exclusividad, en el "delito predatorio
callejero", imaginando que sólo existe este y no el crimen organizado.
Melossi denomina a este período "criminología de revancha", por contradicción a la
"criminología crítica", pues refiere que "la cuestión central era combatir la mala moralidad
de los años 1960 por medio de una nueva moralidad buena"; se centró " el análisis en el
producto final del delito y los delincuentes, naturalizándolos de manera no tan distinta a
como Lombroso, lo hiciera hace casi un siglo, sin esclarecer las formas en que tal producto
final ha sido, de hecho, socialmente construido."86
Frente a esto, surgió el realismo de izquierda, con una postura teórica opuesta,
alejado del ideal romántico de la criminología crítica de las décadas anteriores. Esta
doctrina considera al delito como algo real y existente al que se deben de prestar atención
y situar dentro de su contexto social. Analiza que existen sectores importantes con mayor
tendencia a ser vulnerables, tales como la clase trabajadora, las mujeres, los ancianos, los
niños, las minorías étnicas y se preocupa por el problema de las víctimas. Ponen prioridad
en la justicia social, en contra de sus opositores de derecha, que propugnan orden por sobre
justicia.
86 Melossi, Darío en "Teoría Social y cambios en las representaciones del delito", pág.140.
43
"El realismo sostiene que las teorías criminológicas anteriores han sido parciales.
Esto es, sólo enfocaron una parte del cuadrado del delito: el estado (teoría del
etiquetamiento, neoclacisismo), la sociedad (teoría del control), el delincuente (positivismo)
o la víctima (victimología). Uno de sus principales objetivos es brindar un análisis del delito
en todos los niveles y desarrollar donde sea posible una gama de recomendaciones
políticas."87
Consideran que al sistema penal no debe de ser concebido como forma represiva, sino
como victoria de la democracia frente al poder arbitrario y refieren que resultó erróneo
abandonar los viejos discursos de la criminología para tratar de construir una nueva que la
suplantara. No rechazan las teorías biologicistas positivistas, pues las consideraron de
utilidad en el conjunto.
El realismo de izquierda es radical en cuanto ve al delito no como ligado a una
anormalidad del individuo, sino como una consecuencia normal de la sociedad capitalista,
con lo que refleja, de esta manera, la influencia de la teoría de la anomia Mertoniana.
Consideran que el delito tiene su origen en la privación relativa ya sea en la clase
baja que se siente impotente frente a la desigualdad de oportunidades y/o en la clase alta
(delitos de cuello blanco) que intentan alcanzar las expectativas o metas exitosas, cada vez
mayores impuestas por la sociedad.
Lo que ellos llaman cuadrado del delito se encuentra configurado de la siguiente
manera:
SOCIEDAD VÍCTIMA
87 Mathews, Roger y Young, Jock en " Reflexiones sobre el realismo criminológico", pág. 35.
44
El delito es un proceso multifacético, un complejo de acciones y reacciones a todo
nivel del cuadrado.
En una definición de conceptos de dicha figura, decimos que:
Estado: está conformado por los distintos órganos de poder políticos y judiciales;
Sociedad: incluye a las relaciones a nivel comunidad y familia como, asimismo, las
relaciones legales, culturales y económicas de la sociedad civil en general;
Delincuente: no es sólo la persona física sino también puede serlo la persona jurídica,
los grupos organizados o las corporaciones;
Víctimas: pueden ser individuales o miembros de un grupo determinado.88
La sociedad y el Estado no sólo reaccionan frente al delito a través del sistema penal y
el poder judicial, sino que también se encuentran comprometidas en la tipificación de
conductas criminales, al hacerse eco de aquellas acciones que ya son merecedoras de
sanción social. La sociedad es quien requiere la necesidad de criminalizar ciertas acciones
y desincriminar otras. Esta circunstancia explica la causa por la cual un mismo hecho pueda
ser considerado delito en un determinado país y no en otro, o estar tipificado hoy y mañana
no estarlo.
A su vez, la conducta de las víctimas y de los delincuentes puede observarse desde dos
ámbitos: como situaciones problemáticas frente a las cuales el Estado y la sociedad deban
reaccionar o como una forma de reacción social frente a estos últimos.
Se ha sostenido que, normalmente, el común de la gente tiene un temor exacerbado al
delito en relación a su real exposición a este, lo que se debe a la excesiva importancia que
los medios otorgan a los ilícitos callejeros, frente al de las corporaciones económicas.
El realismo de izquierda sostiene que la ley penal debe ser ampliada para el control de
ambos tipos de ilícitos, no incrementando las penas, sino exigiendo el cumplimiento de
estas. Propicia la creación de una policía democrática y eficiente, capacitada para la lucha
contra la delincuencia, en vez de fomentar su ataque por grupos que la tildan de opresora.
Persigue la implementación de un sistema judicial que permita el control del ius puniendi
estatal, equitativo y responsable, la repolitización del delito y una intervención multi agencial
con apoyo público a todo nivel (ej. servicios sociales).
No se enrola en la crítica de sus predecesores respecto a que nada puede hacerse, sino
que intenta lograr ganancias a corto y transformación a largo plazo.
45
Se le ha reprochado al realismo de izquierda el haber incorporado a la criminología
crítica gran parte de los conceptos de la criminología clásica, para conformar una teoría
totalizadora que responde al partido laborista, el que hace tiempo dejó de ser socialista.
Asimismo, se les critica el que no cuestionan el concepto clásico de delito y que dejaron
en situación de desventaja a aquellas víctimas sometidas a diario a la persecución policial.89
III.- Conclusión:
Pavarini 90dice que lo único que se ha hecho en la criminología en estos veinte años ha
sido desenmascarar "la naturaleza ideológica de los discursos de la criminalidad". No cabe
duda de que esto así fue. Sin embargo, llama a la reflexión determinar si el crimen
responde, exclusivamente, a un discurso ideológico político, sin que exista en él una pizca
de naturalidad.
El saber criminológico no debe limitarse a criticar al sistema, debe embarcarse en un
proyecto de reforma a corto plazo, con miras a la disminución y prevención del delito.
Las concepciones utópicas, idealistas y románticas han demostrado a lo largo de estas
décadas que de nada sirven.
Para luchar contra el delito hay que teorizar, pero también hay que acercar la teoría a la
práctica, pues, de lo contrario, nos quedamos en el principio.
La criminología, históricamente, se ha limitado a estudiar las causas del delito, sin llegar
a un consenso sobre estas, pero poco ha hecho para controlar la actividad criminal. La idea
es construir teorías, realizar investigaciones y sugerir estrategias, que apunten a ambas
tareas.
Bibilografía:
Baratta, Alessandro, " Criminología crítica y crítica del Derecho Penal", editorial Siglo XXI, México, 4ta.
edición en español, 1993.
Cohen, Stanley, "Visiones del Control Social", ed. Publicaciones y promociones Universitarias. S.A.,
Barcelona, 1988.
Cohen, Stanley, "Escepticismo intelectual y compromiso político: la criminología radical", en Revista Delito
y Sociedad, año III, n° 4/5, 1993.
46
Elbert, Carlos Alberto, "Manual Básico de Criminología", ed. Eudeba. Bs. As.,1998.
Ferrajoli Luigi, "Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal", Editorial Trotta, Valladolid, 1997.
Foucault, Michel, “Genealogía del Racismo”, trad. Fernando Alvarez Uría y Julia Varela, Segunda lección,
ed. Carontes, 1996.
Hulsman, Louk, "La criminología crítica y el concepto de delito".
Lea, John, "Criminología y Posmodernidad" en "Criminología Crítica y Control Social 2. Orden o justicia,
el falso dilema de los intolerantes", ed. Junis, Rosario, 2000.
Lea, John, "El análisis del delito". Revista Delito y Sociedad.
Lea, John y Young, Jock, "¿Qué hacer con la ley y el orden?", ed. Del Puerto, Bs. As. 2001.
Lea, John; Matthews, Roger y Young, Jock: "La intervención multiagencial frente al delito y la constatación
del apoyo público. El ‘Hammersmith & Fultham Survey´¨. Revista Delito y Sociedad, n° 2, 1992.
Matthews, Roger y Young, Jock, "Reflexiones sobre el realismo criminológico", revista Delito y Sociedad,
año 2, n° 3, 1993.
Melossi, Dario,"Teoría social y cambios en las representaciones del delito", en Cuadernos de doctrina y
jurisprudencia penal, año VII, n° 13, ed. Ad- Hoc, Bs. As., 2001.
Pavarini, Massimo, "¿Vale la pena salvar a la criminología?", en Cuadernos de doctrina y jurisprudencia
penal, año VII, n°13, ed. Ad- Hoc, Bs. As., 2001.
Pavarini, Massimo, “Control y Dominación. Teorías criminológicas burguesas y proyecto hegemónico",
ed. Siglo XXI, 5ta. edición en español, México, 1993.
Taylor, Ian; Walton, Paul y Young, Jock: "La nueva criminología. Contribución a una teoría social de la
conducta desviada", Amorrortu Editores, Argentina, 1997.
Young, Jock, " El fracaso de la criminología: la necesidad de un realismo radical", en "Criminología crítica
y control social I: El poder punitivo del estado", editorial Juris. Rosario, 1993.
47
Bolilla 5: VALIDEZ DE LA LEY PENAL.
1) Validez espacial:
91 Fierro, Guillermo: “La ley Penal y el Derecho Internacional”. T.E.A. Bs. As. 1997. Pág. 213.
48
La Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (1982), aprobada por
ley 24.543, en su art. 2, establece que la soberanía del estado ribereño se extiende, más
allá de su territorio y aguas interiores, al mar territorial, como, así también, al espacio aéreo
sobre el este, al lecho y al subsuelo de ese mar.
El art. 3 establece que todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar
territorial hasta un límite que no exceda las 12 millas marinas, medidas a partir de las líneas
de base.
La Convención también reguló la zona contigua, donde el Estado tiene ciertos poderes
limitados.
El art. 3 de la ley nacional nº 23.968 establece que el mar territorial argentino se extiende
hasta una distancia de doce (12) millas marinas, a partir de las líneas de base que se
establecen en el art. 1 de la norma.
El art. 4 dice que la zona contigua se extiende más allá del límite exterior del mar
territorial y hasta una distancia de veinticuatro (24) millas marinas. La milla marina equivale
a 1.852 mts. (conf. art. 7 ídem), medida a partir de la línea base. “La Nación Argentina, en
ejercicio de su poder jurisdiccional, podrá en esta zona prevenir y sancionar las infracciones
a sus leyes y reglamentos en materia fiscal, sanitaria, aduanera y de inmigración que se
cometan en su territorio o mar territorial.92”
La plataforma continental, a los efectos de exploración y explotación de recursos
naturales, comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más
allá de su mar territorial y todo a lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el
borde exterior del margen continental o bien hasta una distancia de 200 millas marinas (ver
art. 76 y ss. de la Convención).
Sin embargo, “los Estados que puedan demostrar que la prolongación natural de su
territorio se extiende más allá de esa distancia, se hallan facultados para establecer el límite
exterior de su plataforma continental en lo que técnicamente se denomina ‘borde exterior
del margen continental” (ver mapa de la plataforma en [Link].)93
49
Territorio flotante o principio de bandera: se aplica la ley nacional a los hechos cometidos
en buques o aeronaves públicas. En caso de conflicto con el principio territorial, se da
primacía al principio de bandera.
Las naves privadas quedan sometidas a la jurisdicción de su bandera en alta mar y al
principio territorial, cuando están en aguas jurisdiccionales.94
b) Lugar de Comisión: el problema se presenta con los delitos a distancia, es decir, aquellos
en que la acción final tiene lugar en una jurisdicción y el resultado en otra. Por ej. hay
lugares en que la frontera entre dos países está delimitada por una calle. Así, disparo desde
Uruguay y mato a la víctima en la Argentina.
b 1.) Teorías de la acción: dice que el lugar de comisión es donde actuó la voluntad del
autor.
b.2) Teoría del resultado: el lugar de comisión es aquel donde se produjo el resultado,
es decir donde se lesionó o puso en peligro el bien jurídico tutelado.
b.3) Teoría de la ubicuidad: el delito debe reputarse cometido tanto en el lugar donde se
comete la acción, como allí donde se produjo el resultado. La jurisprudencia de la Corte
Suprema se ha decidido por esta tesis.
c) Principios que justifican la aplicación de nuestra ley penal a hechos cometidos fuera del
territorio nacional:
c.1) Principio real o de defensa: se aplica la ley penal argentina a delitos cometidos fuera
del territorio nacional, pero que se dirigen a bienes jurídicos que se encuentran dentro
de él (por ej. delitos contra el orden público, falsificación de moneda, etc.). Nuestro país
adopta este principio en el art. 1 del Cód. Penal, en cuanto hace referencia a los “efectos
del delito.”
c.2) Principio de nacionalidad o de personalidad: se aplica la ley penal argentina a delitos
cometidos fuera del territorio del estado en función a la nacionalidad del autor o la
víctima. Así, habrá nacionalidad activa: cuando el autor del delito fuera nacido en
94 Boggiano, Antonio, “Derecho Penal Internacional”, ed. La Ley, 2003, pág. 10.
50
nuestro país; o nacionalidad pasiva: cuando la víctima fuera argentina. Este principio
tiene, en la actualidad, una vigencia muy reducida.
c.3) Principio universal o del derecho mundial: fundamenta la aplicación del derecho de
cualquier estado, independientemente de donde se haya cometido el delito o cual sea
la nacionalidad del autor. Así, los delitos de suma gravedad, que interesan a toda la
comunidad internacional, pueden ser juzgados por cualquier nación (por ej. que afectan
el Derecho de Gentes, como ser, tortura, genocidio, etc.).
c.4) El principio de derecho penal por representación: es un principio subsidiario que se
aplica cuando no resulta viable la extradición. En tal caso, el Estado que tiene al autor
puede juzgarlo y aplicarle su ley penal.
2) Validez Temporal:
El art. 2 del Código Penal establece: “si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito
fuere distinta de la que exista al pronunciarse el fallo o en el tiempo intermedio, se
aplicará siempre la más benigna. Si durante la condena se dictare una ley más benigna,
la pena se limitará a la establecida por esta ley…”
2.1) Principio general: desde el punto de vista temporal, se aplica al delito la ley
vigente al momento de su comisión.
2.2) Principio de la ley penal más benigna: la excepción al principio general es la
retroactividad de la ley penal más favorable al reo (art. 2 del CP).
Si después de la comisión del hecho se dicta una ley más benigna, es esta la que
corresponde aplicar. En algunos casos, es dudoso determinar, en abstracto, cuál de las
dos normas es tal, ya que una puede favorecer al reo en un aspecto, pero perjudicarlo
en otro. Ante la duda, deberá recabarse su opinión y la de su defensa. Lo que no puede
hacer el juez es combinar ambas leyes, de manera tal que su mezcla lo favorezca. Es
decir, deberá aplica una u otra de forma integral, de lo contrario, se estaría creando una
tercera inexistente.
A dichos efectos, habrá de considerarse, también, la ley intermedia. Se reputa esta,
aquella sancionada luego de la comisión del hecho pero derogada antes de dictar la
sentencia definitiva.
51
2.3) Excepción a la retroactividad de la ley más favorable: (ultra actividad de las
normas temporales o excepcionales).
Leyes temporales: son aquellas en que la misma norma fija su plazo de vigencia (por
ej. desde su publicación hasta el día 31 de diciembre del año en curso).
Leyes excepcionales: son dictadas para regir mientras dure una situación temporal
o transitoria anómala (por ej. una guerra, una sequía, una pandemia, etc.).
En consecuencia, si un suceso aconteció durante la vigencia de una de esas leyes,
se aplicarán estas, aunque, con posterioridad, se dicte una más benigna. Esto es así,
pues, caso contrario, no tendrían razón de ser, en la medida de que su capacidad
intimidatoria se vería totalmente anulada.
En contra de esta tesitura, Zaffaroni entiende que por aplicación de los tratados
internacionales, no puede hacerse lugar a esta excepción.95
3) Validez Personal:
A tenor del art. 16 de la Constitución Nacional, la ley penal se aplica a todos por
igual. Se consagra en dicha norma la igualdad formal, es decir, ante idénticas condiciones.
Se prohíben los fueron personales o títulos de nobleza en nuestro país. Sin embargo,
no resultan incompatibles los fueros de materia, reales o de causa, instituidos, no para
proteger personas, sino para la protección de intereses públicos.
El art. 68 ídem establece la inmunidad legislativa individual de opinión, según la cual
ningún miembro del Congreso puede ser sometido a proceso ni molestado por opiniones o
discursos que emita desempeñando su mandato de legislador. Dicha prerrogativa está
ligada a preservar el principio de independencia y representatividad del Poder Legislativo.
“Dado que la inmunidad es funcional, protege tanto la actividad específica y directamente
legislativa de los congresistas como cualquier expresión de estos, siempre que tenga
conexión con la tarea de representación popular que inviste.” 96
El art. 69 de la CN consagra la inmunidad de arresto, según la cual ningún diputado
o senador puede ser arrestado mientras dure el ejercicio de sus funciones, salvo que sea
95 Zaffaroni, Eugenio R., Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro, “Manual de Derecho Penal. Parte General”, ed. Ediar, 2005,
pág. 104.
96 Gelli, ob. cit., pág. 520.
52
sorprendido in fraganti comisión de delito. Este beneficio alcanza, también, a la detención
por prisión preventiva o la impuesta por condena firme.
El art. 70 establece el procedimiento de desafuero. Así, impone que ambas Cámaras
podrán suspender en funciones a un legislador y ponerlo a disposición del juez competente,
por dos tercios de los votos, cuando se forme querella por escrito, en su contra, por ante la
justicia ordinaria.
Resulta de aplicación al caso, lo dispuesto por la ley de fueros n°. 25.320 en cuanto
reglamentó la norma de marras, donde se faculta someter a un diputado o senador a
proceso penal hasta su conclusión. También habilita al juez a su llamado a indagatoria, sin
restringir su libertad, entre otros puntos.
El art. 110 y subsiguientes de la CN establece que los jueces de la Corte Suprema y
tribunales inferiores conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta, lo que
garantiza la inamovilidad de sus cargos. No obstante, pueden ser destituidos por juicio
político. La ley de fueros es aplicable también a ellos.
El art. 117 ídem consagra la competencia originaria de la Corte en todos los asuntos
concernientes a embajadores, ministros y cónsules extranjeros. Estas personas gozan de
inmunidad de jurisdicción en el Estado Argentino por representar a países extranjeros. Sin
embargo, pueden aceptar la jurisdicción nacional, en cuyo caso la ejerce exclusiva y
originariamente nuestro superior tribunal.
El art. 24 del decreto ley 1285/58 establece que son causas concernientes a los
ministros o embajadores extranjeros aquellas en que se debatan derechos que le asisten,
que comprometan su responsabilidad o que afecten a personas de su familia o al personal
de la embajada.
53
Bollilla 6: EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA LEGISLACIÓN PENAL.
El control Social.
Autor. María Fernanda Botana (inédito).
97 König, René y otros, “Sociología”, trad. Adolfo von Ritter, Compañía General Fabril Editora Buenos Aires, 1963, págs.
73/ 176.
98 Janowitz, Morris, “Teoría social y control social”, trad. Juan Pegoraro, en “Delito y Sociedad”, revista de Ciencias
54
contrario, tiene su origen en el conflicto, en los contrastes, en las tensiones y se requirió de
la necesidad de idear soluciones para resolverlos. Sin ir más lejos, en esta idea se basó el
desarrollo de la teoría del contrato social pregonada por autores como Hobbes, Locke o
Rousseau.
Si bien el concepto de culpabilidad, entendida como libre albedrío, no puede ser
demostrado empíricamente, tampoco es posible comprobar, a través de la experiencia, la
idea de determinismo. El Estado reclama, para la convivencia pacífica de sus habitantes,
que se parta de la base de considerar al individuo como un ser capaz de responsabilidad,
pues, de lo contrario, las relaciones humanas resultarían caóticas.
Esta capacidad de autodeterminación, de dominio, de razonamiento, de apreciación
de lo bueno y lo malo, que distingue al hombre de los animales, esa aspiración del individuo
a ser reconocido por sus semejantes como tal, a ser aceptado y aprobado por sus pares o
tratar de evitar ser sancionado, es un poco la explicación al porqué las personas se someten
al control social.
Janowitz expresa que este requiere, por lo menos, dos compromisos valorativos: uno
es la disminución de la coerción ─si bien reconoce que toda sociedad que pretenda un
sistema eficiente de control requiere de dichos mecanismos, los cuales deberán estar
limitados por un sistema normativo legítimo─ y el otro es la eliminación de la miseria
humana, a pesar de que se reconozca la persistencia de cierto grado de desigualdad. A
esto, le añade un tercer elemento, el que puede ser considerado inherente a los anteriores,
a saber: “el compromiso con procedimientos para redefinir metas sociales, a fin de reafirmar
el papel de la racionalidad.”99
Visto que las sociedades modernas se subdividen en subculturas, es de destacar
que el control social no sólo se ejerce en las primeras sino también en los subgrupos. Esto
significa que cada sector individual se encuentra controlado.
Charles Horton Cooley refirió que el control social era fundamental para el desarrollo
de los procesos de interacción. Uso la noción de grupos primarios, donde se efectúa dentro
de un margen de relación de familiaridad personal entre sus miembros (familia, escuela) y
55
grupos secundarios, formados por gente que carece de dicho contacto en forma directa
(organismos de seguridad, cárcel).100
Fichter101 realiza tres clasificaciones que enumeramos a continuación:
a) Controles positivos y negativos: el primero consistente en mecanismos de inducción a
los individuos para adoptar conductas aceptadas socialmente, tales como la
persuasión, la sugestión, la instrucción, las recompensas etc. Los segundos son
utilizados para impedir o desalentar a las personas en actitudes y/ o comportamientos
antisociales, tales como amenazas, ordenes, coacciones y castigos.
b) Controles formales e informales: los formales son aquellos que están sujetos a la
autoridad de los legisladores y son oponibles “erga homnes” en atención a su carácter
de solemnes y obligatorios, tales como las leyes, los decretos, las ordenanzas, los
reglamentos eclesiásticos y/o institucionales. Por el contrario, los informales resultan
más sutiles e intentan imponer esos comportamientos que “todos” reconocen como
válidos y prohibir conductas contrarias a la convivencia social. La gente sabe, a ciencia
cierta, cuando su comportamiento es aceptado o desaprobado por sus pares de
acuerdo a las reglas sociales de convivencia.
c) Controles institucionales y de grupo: respecto al punto, el autor refiere que en los
últimos, los “miembros del grupo primario tienden a desplegar una sumisión voluntaria,
espontánea e informal al control social”, mientras que en los grupos secundarios “los
controles son más personales y formales.” El control más riguroso de los miembros del
grupo se da en la familia y la educación, los que resultan fundamentales para la
socialización de la persona. En estos ámbitos, hay poca libertad de expresión y de
elección, las relaciones son más íntimas y la autoridad es fácilmente reconocida y
aceptada. Así, se verifica que los miembros observan las reglas para la cohesión
grupal y la persecución del bienestar general. En el rigor de los controles sociales,
siguen los grupos políticos y económicos. “Las exigencias concernientes a la función,
al tiempo y al procedimiento en las actividades económicas son con frecuencia rígidas
y formales, de modo que el individuo no tiene más opción que conformarse o
renunciar.” En este punto, los ciudadanos se contactan con los estatutos cívicos y
56
políticos, los que resultan de carácter estricto, forzándose, de esta manera, su
conformidad. Por último, los grupos recreativos y religiosos que presentan un menor
grado de control sobre sus miembros, pues aquí las personas tienen un mayor margen
de libertad y decisión.
El control institucional va a ser aquel que influya sobre el comportamiento y ejerza
presión sobre las personas. Leopold von Wiese,102 quien propuso sustituir el concepto de
control social por el de “poder ordenador” o “regulación social”, refiere que tiene que ser
institucionalizado y necesita disponer de un aparato de poder más o menos organizado.
57
Refiere, que los teóricos de la época reflejaban la posibilidad de cuatro tipo de
castigos: 1) la deportación o el exilio, consistente en la transferencia del reo fuera del
espacio social, 2) la exclusión o publicación de la falta cometida, para así lograr la condena
social, la humillación y la vergüenza, 3) la reparación del daño social a través de la
realización de trabajos forzados para el estado y 4) el talión, al que define como sufrir un
mal semejante al ilícito causado.
Sin embargo, las sanciones adoptadas por las sociedades industriales en formación
se apartaron radicalmente de los proyectos teóricos mencionados. Posteriormente, fueron
sustituidas por la prisión, a comienzos del siglo XIX. La ley se fue desviando de un
concepto utilitario y se ajustó más a la idea de individuo, con el surgimiento de las reformas
penales, por ejemplo en Francia entre 1825/ 1860 y la utilización de novedades, tales como
las circunstancias atenuantes. “Toda la penalidad del siglo XIX pasa a ser un control, no
tanto sobre si lo que hacen los individuos está de acuerdo o no con la ley, sino más bien
al nivel de lo que pueden hacer, son capaces de hacer, están dispuesto a hacer o están a
punto de hacer.”
En consecuencia, se pasó de una sociedad castigadora, estrictamente penal, a una
sociedad de control o disciplinaria. Este control no va a ser efectuado ya por la justicia, sino
por una serie de poderes laterales al margen de esta, consistentes instituciones de
vigilancia y corrección tales como la policía, la institución psiquiátrica (hospital, asilo) y la
pedagógica (escuela). La función ya no consistirá en castigar, sino en corregir, en disciplinar
a los individuos, pues la compostura es sinónimo de una sociedad triunfante.
Foucault continua hablando del “panóptico”, cuyo autor Bentham, fue, en su opinión,
la persona que definió acabadamente las clases de poder en que vivimos. Luego de una
explicación de esta forma arquitectónica, el autor refiere que no sólo es válida para la
prisión, sino para toda una serie de instituciones de control, tales como la escuela, el
hospital o la fábrica. Vivimos en una sociedad donde reina el panoptismo, ajeno al
procedimiento de indagación y basado en el examen, la vigilancia ininterrumpida y total.
Esta forma de saber-poder, es la que dará origen a las ciencias sociales tales como la
psicología, psiquiatría, sociología, etc.
58
espontáneos con una doble función: vigilar y asistir. Junto con estas, se crearon otras
distanciadas, aunque relacionadas con esos grupos, con fines esencialmente morales,
como ser la “Sociedad para la reformas de las maneras”. Su función fue restaurar los
procedimientos, tal como el respeto del domingo, la represión del juego, la prostitución, la
embriaguez, etcétera.
En tercer lugar, la burguesía y la aristocracia formó, en el siglo XVIII, grupos de
carácter paramilitar de autodefensa, cuya función, sin ayuda del poder, consistía en
mantener el orden en una determinada zona, ciudad o región. Por último, las grandes
sociedades comerciales, que hicieron de la vigilancia y la seguridad una cuestión
insoslayable, organizándose como policías privadas para defender sus patrimonios y
riqueza acumulada en forma de stock.
Esta evolución, llevó al autor a tres conclusiones. La primera, es que los grupos que
se organizaron para tratar de suprimir los vicios, provenientes de sectores populares, no
fueron sectores de vigilancia efectiva, sino que, en definitiva, trataron de autodefenderse
de la legislación penal impuesta por la aristocracia. En el curso del siglo XVII, ellos
cambiaron su inserción social y abandonaron su base pequeño burguesa, para quedar
compuestos, a final de siglo, por obispos, duques y aristócratas, lo que les dio un nuevo
giro. Este desplazamiento significó un refuerzo de la autoridad penal, pues le sumó
instrumentos de control y de presión.
El segundo desplazamiento, consiste en que, a finales del siglo XVIII, esta clase,
conformada por ciudadanos de elevada situación económica, se propusieron como
objetivo obtener del poder político nuevas leyes que ratifiquen ese esfuerzo moral, lo que
produjo “un desplazamiento de moralidad y penalidad.”
En tercer lugar, a partir de este momento, el control moral fue ejercido como
instrumento de poder por las clases más altas sobre los sectores populares.
El pasaje de las instancias de control de la burguesía a los grupos sociales que
detentan el poder, dice el Foucault, demuestra, en definitiva, como se introduce en un
sistema penal estatizado, una moralidad de tipo religiosa.
En Francia, el proceso no fue semejante, porque tenía un fuerte aparato estatal
relacionado con la monarquía absoluta, que se apoyaba en el poder judicial y en la policía.
Explica que las “lettres de cachet” consistieron en “una orden del rey referida a una
persona a título individual, por la que se le obligaba a hacer alguna cosa.” Su función
59
principal, en la mayoría de los casos, se limitó a servir como instrumento de castigo. Estas
podían ser requeridas al rey por cualquier persona y, si el pedido era justificado, se
emitían. Existían tres categorías de conductas que suscitaban pedidos de lettre de cachet,
tales como la inmoralidad, las anti-religiosas y los conflictos laborales.
La prisión tiene su origen en las lettre de chachet, pues la persona objeto de ellas
era enviada a prisión, por tiempo indeterminado, hasta lograr su corrección. “La idea de
una penalidad que intenta corregir metiendo en prisión a la gente es una idea policial,
nacida paralelamente a la justicia, fuera de ella, en una práctica de los controles sociales
o en un sistema de intercambio entre la demanda del grupo y el ejercicio de poder.”
El porqué se da este movimiento de grupos de control, está relacionado con la forma
de producción. En Inglaterra, más que en Francia, a fines del siglo XVIII, se apuntó a
acumular capital y riqueza, entendida, no como fortuna monetaria o acopio de tierras, sino
como stock, mercancías o materia prima. Esta circunstancia dio nacimiento al capitalismo.
Así, el problema del poder fue la instauración de mecanismos de control para su protección.
La segunda razón, fue la nueva distribución de la riqueza agrícola en ambos países
y el “temor al pillaje campesino”, lo que hizo necesario el surgimiento de nuevas formas de
control. Foucault refiere que estas últimas, se tomaron de los controles de origen popular y
se organizaron en una versión estatal y autoritaria, lo que dio origen a la sociedad
disciplinaria.
En su quinta conferencia, manifiesta que “la vigilancia, el control y la corrección” son
las tres dimensiones del panoptismo que caracterizan las relaciones de poder de nuestra
sociedad. La teoría legalista de Beccaria es absolutamente lo opuesto al panóptico. Citando
a Giulius, dice que “el Estado se presenta como una cierta disposición espacial y social de
los individuos, en la que todos están sometidos a una única vigilancia.”
Explica que el panóptico patronal existió en gran escala en el siglo XIX, sobre todo
en las industrias textiles de Francia, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos. Este modelo de
fábrica-prisión fue trasladado a muchas instituciones de la época, tales como la cárcel,
escuela, el reformatorio, los hospitales psiquiátricos, etc. Pero como no fue
económicamente rentable, por eso desapareció.
En nuestra época, a diferencia de lo que ocurrió en los siglos pasados, las
instituciones mencionadas no tienen como meta la exclusión del individuo sino, por el
contrario, fijarlos en un aparato de normalización.
60
Foucault realiza una contraposición de la sociedad moderna, nacida a partir del siglo
XIX, con la feudal. Refiere que el poder feudal se ejerce a través de la adscripción
geográfica de los hombres, de su pertenencia a cierta tierra. En cambio, en la sociedad
industrial el tiempo de los individuos se transforme en trabajo rentado.
Según él, la función de las instituciones de secuestro son:
a) la explotación de la totalidad del tiempo de los individuos para
convertirlo en trabajo;
b) el control de los cuerpos de los sujetos para convertirlo en fuerza
laboral. Este deja de ser la superficie de tormentos y penas, para
transformarse, a partir del siglo XIX, en algo que debe ser formado
y corregido con el objeto de adquirir destrezas;
c) la creación de un nuevo tipo de poder, no sólo político y
económico sino también judicial, que se convertirá en una especie
de micro poder en el interior de dichas instituciones;
d) la formación de un saber extraído de los individuos sometidos a
observación, a partir de su propio comportamiento o poder
epistemológico; como también la formación de un conocimiento,
a partir de la clasificación y análisis de los sujetos y su posterior
comparación de comportamientos, tal como la psiquiatría, la
psicología, la criminología.
61
trabajador con capacidad de producir. “Este sub-poder, condición de la plus-ganancia
provocó al establecerse y entrar en funcionamiento el nacimiento de una serie de saberes
(…) que se multiplicaron en estas instituciones del sub-poder haciendo que surgieran las
llamadas ciencias humanas y el hombre como objeto de la ciencia”.
En síntesis, concluye que para que existan las relaciones de producción, típicas de
la sociedad capitalista, es necesario, además de ciertas determinaciones económicas, la
existencia de estas relaciones saber-poder, caracterizadas por el examen, a diferencia del
saber-poder de la sociedad feudal, caracterizado por la indagación.
III.- Conclusión:
De lo expuesto observamos que el término “control social” fue tomado por Derecho
Penal, pero tiene su origen y desarrollo en la Sociología. Este no se reduce solamente a la
“ley”, sino que apunta más bien a la “norma”, pues se da en todos los ámbitos de la
sociedad, a través de distintas instituciones de vigilancia tales como la prisión, la escuela,
la fábrica, etc.
El primer conjunto de autores citados apunta a una conceptualización más teórica
del control, a través de sus diversas formas y categorías, con una estructura de poder social
en la que existen grupos que dominan y otros que son dominados. El control social se
ejerce en todos los ámbitos y apunta a una función correctiva, ordenadora y socializadora,
con el objeto de lograr el bienestar general.
Por su parte, Foucault realiza una recorrida histórica respecto al nacimiento de la
sociedad disciplinaria, donde el control social se fue ajustando más al concepto de
individuo, cuya función deja de ser el castigo y pasa a ser la disciplina, la vigilancia, la
corrección. Esto dio origen al nacimiento de la sociedad panóptica, en la que actualmente
nos encontramos.
El autor fija a la reforma del sistema penal y judicial europeo, a fines del siglo XVIII y
principios del XIX, como origen de la sociedad disciplinaria y considera que estas nuevas
formas de control de la clase alta, fueron tomadas de los controles de la pequeña burguesía,
por lo menos en Inglaterra.
En conclusión, el control social se adaptará en cada país, a sus tradiciones
intelectuales, a su historia, a sus costumbres, a su economía, a sus instituciones y a su
62
desarrollo. Sin embargo, va a ser la prisión, la institución de secuestro por excelencia y el
sistema penal, el más rígido de los sistemas de control social punitivo e institucionalizado.
63
Bolilla 7: INTRODUCCIÓN
2) CAUSALISMO
En los primeros años del siglo XX, el injusto era entendido como objetivo y la
culpabilidad como subjetiva. Se consideraba que la tipicidad y la antijuricidad se
encargaban de la parte externa u objetiva de la conducta, mientras que la culpabilidad se
ocupaba de la parte interna o subjetiva.
von Liszt trazaba el siguiente esquema de la teoría del delito:104
a) conducta: puesta en marcha de la causalidad, en forma voluntaria;
b) antijuricidad: causación de un resultado socialmente dañoso;
c) culpabilidad: (criterio psicológico) relación psicológica entre la conducta y el
resultado producido a título de dolo o culpa;
d) punibilidad: sometimiento a pena de la estructura anterior.
Ernst von Beling enunció la teoría del tipo penal (1906), pero mantuvo el mismo
esquema anterior. Incorporó la “tipicidad”, definida como la prohibición de causación de un
resultado típico. La antijuricidad pasó a ser la contrariedad de esta conducta con el
ordenamiento jurídico.
Sin embargo, Gustav Radbruch llegó a la siguiente conclusión: existen delitos en
los cuales no existe la supuesta relación psicológica entre la conducta y el resultado
producido. Ello ocurre en los casos de culpa inconsciente o delitos de olvido (por ej. me voy
104 Zaffaroni, Eugenio Raúl, “Manual de Derecho Penal. Parte General”, 6t. edición, ed. Ediar, Bs. As, 1991, pág. 327.
64
de mi casa y dejo una hornalla prendida, lo que provoca un incendio con la afectación de
viviendas linderas). Así, concluye que es necesario revisar el concepto de culpabilidad,
desde una óptica normativa o aceptar que hay delitos sin culpabilidad.
Esto llevó a la reformulación del concepto de culpabilidad, a través de la teoría
normativa, donde se la entendió como reprochabilidad. Es decir, a los elementos objetivos
anteriormente expuestos, se le añadieron elementos subjetivos para el análisis del
concepto.
Asimismo, a partir de 1910, se verificó que para tipificar ciertas conductas se tornaba
esencial apelar a elementos subjetivos del injusto (por ej. el ánimo de lucro o de causar
daño previsto por el art. 173, inc. 7, del CP, que tipifica la administración fraudulenta). En
consecuencia, se rompió con la dicotomía injusto objetivo, culpabilidad subjetiva.
Así, Mezger fue artífice de la siguiente construcción dogmática:
a) conducta: puesta en marcha de la causalidad voluntaria;
b) tipicidad: prohibición de la causación de un resultado típico, que eventualmente
incluye elementos subjetivos;
c) antijuricidad: contradicción entre la acción típica y el orden jurídico;
d) culpabilidad: reprochabilidad a título de dolo o culpa.
2) FINALISMO:
A fines de la década del veinte, se entendió que era imposible tipificar una conducta
sin tomar en cuenta el contenido de la voluntad del autor. Entonces, fueron von Weber y
Graf Zu Dohna quienes trasladaron el estudio del dolo y la culpa a la tipicidad.
El concepto de mención, fue perfeccionado por Welzel, con quien se estructuró el
delito de la siguiente manera:
a) conducta: ejercicio de actividad final;
b) tipicidad: prohibición de realizar la conducta en forma dolosa o culposa;
c) antijuricidad: contradicción de la acción con el ordenamiento jurídico;
d) culpabilidad: reprochabilidad.
3) ILíCITO:
65
El ilícito puede ser abarcado desde dos concepciones:
a) el concepto causal de ilícito: que considera decisiva a la lesión o puesta en peligro
del bien jurídico tutelado. Esta teoría se agota en la comprobación de un disvalor de
resultado. Se excluye la antijuricidad cuando falte dicho disvalor.
b) El concepto personal de ilícito: que considera decisiva la voluntad del autor,
independientemente de la producción de un resultado típico. Esta teoría se agota en
el disvalor de acción, es decir, toma en consideración lo que el autor quiso hacer
conforme su plan. Para excluir la antijuricidad, es necesaria la falta de disvalor de
acción y de resultado. Llevada a su extremo, esta tesis toma en cuenta sólo lo que
el autor quiso pero no lo que efectivamente hizo en la práctica. Entonces, no se
condice con nuestra normativa legal, pues el art. 44 del Código Penal establece una
atenuación de pena obligatoria para el caso de la tentativa.
66
Bolilla 8: LA ACCIÓN.
1) Teorías:
2) Generalidades:
2. 1 Acto de voluntad: es el que se dirige al objeto para alterarlo. Por ej. escribir una
carta.
2. 2 Acto de conocimiento: es el que se dirige al objeto sin alterar su sustancia. Por ej.
leer un libro.
67
Cuando el legislador selecciona un interés social para su protección, lo hace a través
de un acto de conocimiento. El derecho penal se limita, simplemente, a desvalorar
jurídicamente ciertas conductas, que no son creadas por el legislador o juzgador, sino que
son tomadas de la realidad (concepto óntico-ontológico).
2.3 Acto: algunos autores hablan de este concepto como comprensivo de la acción y la
omisión. Zaffaroni explica que no hay omisiones pre-típicas.
2.4 Hecho: conducta más el nexo causal con el resultado. El estudio del nexo de
causalidad no lo haremos en este estrato, sino en la tipicidad objetiva.
2.5 Sujetos de conducta: la teoría clásica sostuvo que el único sujeto capaz de
realizar una acción es el ser humano. Los animales carecen de dicha capacidad, por tanto,
no pueden ser perseguidos penalmente.
Desde la teoría del delito, no se puede hablar de voluntad, en el sentido psicológico,
en el acto de una persona jurídica. Entonces, las empresas no podrían ser autoras de delito
porque carecen de capacidad de conducta humana en el sentido óntico-ontológico de esta
(ver fallo CSJN, "Fly Machine S.R.L.”, Fallos: 329:1974, año 2006, disidencia del Dr.
Zaffaroni).
Ello, no significa que no pueda endilgarse responsabilidad a sus representantes que
hayan intervenido, directa y personalmente, en el hecho materia de investigación.
A pesar de esto, a partir de la ley 27.401, (B.O. 01/12/2017), el legislador decidió, en
contrario. Así, creó un régimen de responsabilidad penal aplicable a las personas jurídicas
privadas, ya sean de capital nacional o extranjero, con o sin participación estatal, para los
siguientes delitos:
a) Cohecho y tráfico de influencias (arts. 258 y 258 bis del Código Penal);
68
b) Negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública (art. 265 del
Código Penal);
c) Concusión (art. 268 del Código Penal);
d) Enriquecimiento ilícito de funcionarios y empleados públicos (art. 268, [1] y [2] del
CP);
e) Balances e informes falsos agravados (art. 300 del CP).
A la sazón, se estableció que la persona jurídica podrá ser condenada, aun cuando
no haya sido posible identificar o juzgar a la persona humana que hubiese intervenido,
siempre que las circunstancias del caso permitan establecer que el delito no podría haberse
cometido sin la tolerancia de los órganos de esta (art. 6).
En cuanto a su representación en juicio, se dispuso que estará a cargo de su
representante legal o cualquier persona con poder especial para el caso (art. 13).
Sin perjuicio de la norma citada, la legislación penal contiene numerosas
disposiciones que tipifican delitos imputables a personas de existencia ideal, tales como las
leyes de Régimen Penal Tributario, Residuos peligrosos, Código Aduanero, entre otras.
Segunda etapa:
Puesta en marcha del proceso causal mediante la exteriorización de la conducta,
conforme a los medios analizados y con el objeto de obtener el fin planificado (tentativa
si no consigo el objetivo propuesto; delito consumado, si lo logro).
69
2.7 Elementos que conforman a la conducta:
Voluntad.
CONDUCTA
Finalidad.
3.2 Fuerza física irresistible: no realiza acción “el que obrare violentado por fuerza física
irresistible”. Aquí, el hombre interviene como una mera masa mecánica (art. 34, inc. 2, del
Código Penal).
70
a) de la naturaleza: a.1.- interna: movimiento no controlable por la voluntad,
que tiene origen interno, pues se genera dentro del propio cuerpo del individuo. En síntesis,
la estimulación de los nervios motrices no tiene lugar por influencias físicas. Por ej. los
actos reflejos: calambres, vómitos, entre otros.
a.2.- externa: movimiento no controlable por la voluntad que tiene origen natural
externo. Por ej. un sujeto, arrastrado por un huracán, cae contra una vidriera rompiéndola.
b)“ vis absoluta”: movimiento no controlable por la voluntad que tiene su origen en
un tercero que sí realiza conducta. Por ej. Lucas es arrojado a una pileta por un amigo y al
caer, lesiona a otro bañista. Él no realizó conducta, pero sí el agente que lo empujó (autor
directo). Quien se somete a una fuerza irresistible para lograr un objetivo, sí realiza
conducta, que es justamente, la de someterse a esa fuerza.
71
3.2 Involuntabilidad: “es la incapacidad psíquica de conducta, es decir el estado en
que se encuentra el que no es psíquicamente capaz de voluntad.”106
No debe confundirse con la inimputabilidad, que será analizada en el estrato de la
culpabilidad.
En la involuntabilidad, el sujeto deberá estar en estado de inconsciencia absoluta.
Así, el art. 34 inc. 1 del Código Penal establece que no son punibles: “el que no haya
podido en el momento del hecho (…) por su estado de inconsciencia, (…) comprender la
criminalidad del acto.”
El concepto de consciencia que interesa al caso, es el clínico. Consciencia es la
coordinación total de la actividad mental. Por lo tanto, habrá estado de inconsciencia
cuando no funcionen los centros altos del cerebro o cuando lo hagan en forma incoherente
o discontinua. Por ej. una persona se desmaya y rompe un jarrón valuado en varios miles
de pesos (delito de daño).
El sueño, el trance hipnótico, el sonambulismo, el desmayo, el estado de coma, la
epilepsia, entre otros, se consideran estado de inconsciencia absoluta.
Si la consciencia está turbada habrá conducta (por ej. drogados o alcoholizados).
Esta situación será analizada en el estrato de la culpabilidad.
3.3. Involuntabilidad por incapacidad de dirigir los movimientos: el art. 34, inc. 1, del
Código Penal también prevé la situación de quien, en el momento del hecho, no pueda
dirigir sus acciones. En el caso, la persona sabe lo que hace, pero se le es imposible
controlar sus actos o impulsos. No habrá acción sin dirección de voluntad.
Por ej. una persona que, por nervios, no puede dejar de reírse en un velatorio (delito
de injurias).
72
Bolilla 9: LA TIPICIDAD.
1) Tipo objetivo:
Tipicidad: es la característica de una conducta de adecuarse a un tipo legal.
Tipo: es la fórmula legal que describe una prohibición o un mandato de acción.
Instrumento legal, predominantemente descriptivo, que tiene por objeto individualizar
conductas humanas penalmente relevantes. Los tipos penales se encuentran en la parte
especial del Cód. Penal, en las leyes especiales, entre otras (art. 79 en adelante).
73
Tipos legales: creados, suprimidos o modificados por el legislador (aplicables en nuestro
país).
Tipos judiciales: creados, suprimidos o modificados por la jurisprudencia (por ej. el
sistema anglosajón).
Tipo de acto: se prohíbe una conducta del agente.
Tipo de autor: se prohíbe un rasgo de personalidad, una manera de ser que se quiere
reprimir. Son inconstitucionales (por ej. ser alcohólico, drogadicto, pordiosero —antiguos
edictos policiales—, la formulación del derecho penal del enemigo, etc.).
74
Clasificación de Delitos:
Según un delito se agote en una mera acción corporal o requiera un resultado de
aquella, se clasifican en:
a) Delitos de pura actividad: basta para su configuración la simple realización de la
conducta descripta en el tipo penal. No es necesario una modificación en el mundo real, o
sea, la producción de peligro o un resultado material. (por ej. el art. 150, violación de
domicilio).
b) Delitos de peligro: b.1) abstracto: la ley presupone que la conducta es “per se”
peligrosa para el bien jurídico tutelado. No es necesaria una efectiva puesta en peligro (por
ej. art. 189 bis., tenencia de arma de guerra).
b.2) Concreto: en el caso de examen, es forzosa la puesta en peligro efectiva del
bien jurídico tutelado (por ej. art. 186, inc. 1, que regula el incendio o estrago peligroso).
c) Delitos de lesión: la acción debe haber causado la lesión o daño del bien jurídico
tutelado. Requieren la producción de un resultado típico (por ej. art. 79, homicidio).
Sujeto activo: quien realiza la conducta por sí o a través de otro (dominio del hecho o
de la voluntad).
Sujeto pasivo: titular del bien jurídico protegido (no necesariamente la víctima).
75
El objeto: la materialidad sobre la cual recae la acción. En algunos delitos puede
coincidir con el sujeto pasivo, en otros no (por ej. en el robo, el hecho recae sobre la
cosa mueble ajena. El sujeto pasivo es el propietario, que puede o no coincidir con la
víctima).
Referencia a los medios: los medios utilizados para la comisión del hecho, pueden
resultar fundamentales al momento de la adecuación típica de la conducta (por ej. en el
art. 172, la estafa requiere para su comisión ardid, engaño, error, disposición patrimonial
y perjuicio, concatenados causalmente. La falta de un elemento excluye el tipo penal).
En otros casos, el medio puede ser fundamento de la aplicación de una circunstancia
agravante o atenuante (por ej. el art. 166, inc. 2, robo calificado por el uso de armas).
Por el contrario, hay delitos que pueden ser cometidos por cualquier medio (art. 79,
homicidio).
Referencia a las circunstancias de lugar: el lugar de comisión también puede determinar
la aplicación de una figura agravada ( art. 167, inc. 1, robo en despoblado).
Referencia a la circunstancias de tiempo: otras veces, el momento de la realización de
la acción puede implicar la imposición de la agravante o atenuante (art. 163, inc. 2, hurto
calamitoso).
Tipo sistemático: es la formulación legal del tipo, es decir, la norma que aparece en el
texto de la ley. “Permite afirmar la existencia del espacio problemático”.107
Tipicidad conglobante: constatada la tipicidad sistemática, determino si esta constituye
un conflicto. Para ello, debo analizar la fórmula legal que describe la conducta prohibida
en su relación con el resto de las normas jurídicas, como integrantes de un sistema.
La conflictividad depende de dos circunstancias: a) que haya lesividad, o sea,
afectación a un bien jurídico ajeno y b) que pueda imputársele al agente como ejercicio de
su autoría.
107Zaffaroni, Eugenio Raul, Alagia, Alejandro y Slokar, Alejandro, “Manual de Derecho Penal. Parte General”, ed. Ediar,
2da. ed., Bs. As., 2005, pág.352.
76
No hay lesividad en los delitos de bagatela (principio de insignificancia), en los casos
que el sujeto actúe en cumplimiento de un deber o con consentimiento de la víctima108 y en
las acciones fomentadas por el derecho (conductas adecuadas socialmente)109.
No habrá imputación objetiva cuando el autor carezca de dominio del hecho, porque
no puede dominar un curso causal natural o cuando los medios utilizados sean inidóneos
para producir el resultado. Para el supuesto de los partícipes secundarios, dado que nunca
tienen dominio del hecho, se excluye la imputación si su aporte es banal, es decir,
estereotipado como inocuo.
Los autores grafican su teoría de la siguiente manera:
* Acción.
* Resultado.
Función sistemática: * Nexo causal.
* Sujeto activo.
* Sujeto pasivo.
* Otros elementos típicos.
108 En el caso del cuplimiento de un deber y el consentimiento de la víctima, Zaffaroni adelanta al tipo conglobante, dos
causales que, según la doctrina clásica, son consideradas como causas de justificación.
109 Son conductas que se encuentran adecuadas a los parámetros éticos-morales de una sociedad determinada, a pesar
de lo cual, desde lo gramatical subsumen en un tipo penal. Por ej. el cartero que pide una contribución a fin de año, quien,
de pertenecer a una entidad estatal, cometería exacciones ilegales. Las actividades deportivas, como el boxeo, son
fomentadas por el Estado, por tanto las lesiones en competencia, si se cumplió con el reglamento, son atípicas. Estas
circunstancias fueron consideradas, en general, como causal de exclusión de la antijuricidad.
77
* Insignificancia
* Cumplimiento de
un deber.
TIPO OBJETIVO Función conglobante: a) lesividad * Consentimiento.
* Acciones fomentadas
por el derecho.
78
2) Tipo subjetivo:
2.1 Dolo: conocimiento y voluntad de la realización del tipo objetivo (saber + querer)
(definición clásica finalista que tomamos en la cátedra, conforme Hans Welzel).
Jakobs define al dolo como “conocimiento de la acción y sus consecuencias.”110
Explica que en el ámbito de las consecuencias principales, “el autor puede obrar a causa
de darse cuenta de la realización del tipo, las quiera por sí misma o sólo por sus
consecuencias.” Pero, en las secundarias, el agente puede obrar sin que aquello de lo que
se da cuenta sea también contenido de la voluntad, es decir, realizarlo no es el motivo de
su actuar. Entonces, considera que el querer o la voluntad falta en las consecuencias
accesorias.
Roxin refiere que habrá dolo cuando la acción del agente se corresponda con su
plan, en una valoración objetiva.111
110 Jakobs, Günther, “Derecho Penal, Parte General. Fundamentos y teoría de la imputación”, ed. Marcial Pons, 2da.
edición corregida, Madrid 1997, pág. 316.
111 Roxin, Claus, “Derecho Penal. Parte General”, tomo 1, ed. Civitas, Madrid, 1997, pág. 416.
112 Cúneo Libarona, Cristián, Botana, María Fernanda y López, Hernán Martín, “El tipo subjetivo en los delitos dolosos de
79
b) volitivo: que consiste en la decisión de realizar la conducta descripta en el tipo. El
agente quiere la producción del resultado típico.
c) el dolo no requiere para su configuración el conocimiento de la antijuricidad del
acto (dolo neutro o avalorado). Esto se desprende de su ubicación sistemática en el tipo
subjetivo.
En cambio, otras doctrinas, como por ej. los causalistas, requieren el dolo más el
conocimiento de la antijuricidad (dolo malo o desvalorado), lo que se desprende de la
ubicación de dicho elemento en la culpabilidad.
[Link] de dolo:
Dolo directo: el autor quiso, directamente, la realización del tipo, pues esta era su
meta. Por ej. él planeó matar a un tercero y dirigió su conducta hacia dicho fin.
Dolo indirecto, de segundo grado o de consecuencias necesarias: el agente se
propone un fin y sabe que, para lograrlo, se van a producir “necesariamente” ciertas
consecuencias concomitantes (tipificadas legalmente). Así, las acepta como medio
para lograr su objetivo. Por ej. quiere matar al Primer Ministro, colocando una bomba
en su automóvil. Sabe que para alcanzar su plan, forzosamente, tiene que morir su
chofer y lo aprueba. Entonces, hay dolo directo respecto del primero e indirecto, en
relación al último.
Dolo eventual: el autor se propone un fin. Sabe que para su consecución, se pueden
producir “eventual u ocasionalmente” ciertas consecuencias concomitantes
(tipificadas legalmente). No le interesa que se produzcan, pero, en tal caso, las
acepta. Por ej. una madre quiere que su hijo menor pida limosna. Para que la gente
sienta piedad, le corta una mano. La mujer sabe que el niño podría morir por una
infección (no es seguro). Sin embargo, no le importa y lo acepta como medio para
lograr la meta.
80
Existen ciertos delitos que para su configuración, además del dolo, requieren una
especial tendencia subjetiva por parte del autor. Luego, es necesario que haya perseguido
una finalidad extra o ulterior.
Pueden ser de dos clases: a) ultrafinalidades: donde el autor, al cometer el delito,
tiene otra finalidad o intención particular que excede el dolo (segunda acción). Por tanto,
la conducta se dirige a la obtención de un objetivo que se encuentra más allá del resultado
concreto o la producción típica.
b) elementos del ánimo: es una tendencia, disposición interna o “animus” especial del
agente que acompaña su acción, generalmente no exteriorizados en forma completa.
2.4 Error de tipo: es un error que recae sobre los elementos del tipo objetivo.
El error de tipo está previsto en el art. 34, inc.1, del Cód. Penal en cuanto establece:
“El que no haya podido en el momento del hecho (…) por error o ignorancia de hecho no
imputable, comprender la criminalidad del acto (…).”
Sin embargo, el error de tipo puede ser un error de hecho o de derecho, pues si bien
históricamente el error sobre los elementos normativos del tipo fue considerado “error iuris”,
en la actualidad debemos incluirlo en la categoría de estudio.
* Error: es el falso conocimiento acerca de algo.
* Ignorancia: es la falta de conocimiento.
81
Clasificación: puede clasificarse como error;
a) salvable, vencible o evitable: cuando el agente, aplicando la debida
diligencia para el caso —deber de información— pudo haber salido de su
error;
b) insalvable, invencible o inevitable: cuando, a pesar de los recaudos
adoptados por el autor, no pudo evitar la producción del yerro que llevó al
resultado en la situación en concreto.
Las circunstancias antedichas, corresponden ser evaluadas, en la práctica, por el
juez, de acuerdo a las constancias de hecho y prueba obrantes en la causa.
Por ejemplo: un hombre concurre a una cacería, junto con su hijo, en un predio
amplio y durante una noche oscura. Luego, lo pierde de vista y observa, delante de sí, a un
matorral que se mueve. En la creencia de que se trataba de una presa, dispara, con tan
mala suerte, que mata a su hijo. Entonces, su error de tipo excluirá el dolo.
Si el juez considera que el error es salvable, le imputará un homicidio culposo. Caso
contrario, de resultar invencible (como, a nuestro juicio, lo es en la práctica), se excluye el
dolo y la culpa (atípica).
En síntesis:
82
Evitable: deja subsistente
el tipo culposo (si está previsto).
ERROR DE TIPO siempre excluye el dolo
Inevitable: excluye también la
culpa (conducta atípica).
2.5 Otros supuestos de error en la tipicidad subjetiva: (en los que no se aplican las reglas
antedichas).
2.5.2 “Aberractio ictus”: Esta palabra proviene del latín y significa error en el golpe o
desviación de la trayectoria. En este caso, la conducta se dirige a un objeto, pero a raíz del
vicio señalado, afecta a otro sobre el cual se produce el resultado.
83
Por ej. Juan apunta, con dolo homicida, a Pedro, pero, como tiene mala puntería,
mata a Luis, que se encontraba a su lado.
En cuanto a la solución del caso, existen dos posiciones:
a) Teoría de la concreción: considera que el supuesto deberá resolverse
conforme a las reglas del concurso de delitos. Así, habrá una tentativa de
homicidio en concurso ideal con homicidio culposo. Tesis mayoritaria
Alemana.
b) Teoría de la consumación: considera que el caso deberá reputarse como
un homicidio doloso consumado, ya que no existe razón para darle
tratamiento diferenciado al error en el objeto. Tesis mayoritaria Española.
Zaffaroni se inclina por la primera, pues explica que hay supuestos que no pueden
resolverse conforme la última. Por ejemplo, si la bala dirigida a Juan se desvía, atraviesa a
Pedro, hiriéndolo y luego, mata a Luis. No se puede concluir que las lesiones de Pedro
queden subsumidas en el homicidio.
2.5.3 Dolus Generalis: Al igual que el anterior, el dolo general constituye una
situación especial de desviación del curso causal.
Aquí, el agente cree haber arribado a un resultado, pero este se produce antes o
después de lo previsto, por un hecho suyo anterior o posterior.
Ejemplos: a) Juan golpea a Pedro para atontarlo, con el objeto de lanzarlo al río para
que se muera ahogado. El óbito se produce consecuencia de los golpes recibidos (se
adelanta).
b) Juan golpea a Pedro para matarlo. Cuando lo cree fallecido, lo arroja al río para
esconder el cadáver. Sin embargo, estaba desmayado y muere por sumersión (se atrasa).
En cuanto a la solución del supuesto en examen, existen varias posibilidades:
1) La desviación causal es irrelevante, por lo que tendremos un homicidio consumado por
dolo general (adherimos a esta teoría).
2) La desviación causal es relevante, por lo tanto tendremos un concurso de delitos.
3) Zaffaroni y Bacigalupo opinan que ni uno u otro criterio puede ser sostenido a priori. Si
el plan del autor fue unitario tendremos un delito consumado por dolo general. Si por el
contrario, no se planeó todo junto, habrá un concurso de delitos.
84
Artículo: La Imputación Objetiva en el Derecho Penal (breves lineamientos).
Autor: María Fernanda Botana. Publicado en la Revista del Colegio de Magistrados y
Funcionarios del Departamento Judicial de San Isidro, Nro. 9. Diciembre de 2001.
Con correcciones.
2.- La Teoría de la imputación objetiva tiene como fin inmediato determinar, con
criterios normativos, la posibilidad de atribuir un resultado acaecido, a una conducta
efectuada por un determinado agente. Su estudio corresponde al estrato del tipo objetivo
dentro de la Teoría del Delito.
No podemos referirnos a esta sin antes realizar referencia al papel que juega la
causalidad en el marco de la imputación típica.
113 Schünemann Bernd: Consideraciones sobre la imputación Objetiva. Ponencia en el Congreso Internacional de Derecho
Penal: “75 aniversario del Código Penal Argentino”. Realizado en la Facultad de derecho y Ciencias Sociales de la
Universidad de Buenos Aires. 11 al 14 de agosto de 1997.
114 Suárez González, Carlos y Cancio Melia, Manuel: Estudio Preliminar. La reformulación de la Tipicidad a través de la
Imputación Objetiva. En “La Imputación Objetiva” de Günther Jakobs. Cuadernos Cívitas. España. 1996. Pág. 23.
115 Larenz citado por Suárez González y Cancio Melia en la obra idem. Pág. 23.
116 Liszt, Lehrbuch des Deutchen Strafrech, citado por Heiko Lesch en “Intervención delictiva e imputación objetiva”.
85
Fueron muchas las teorías que intentaron resolver el problema de la relación de
causalidad, pero la de mayor importancia fue la siguiente:
La Teoría de la equivalencia de las condiciones: es la dominante en la
jurisprudencia y doctrina Alemana. Fue iniciada por autores como John Stuart Mill, quien,
en 1843, señaló que un resultado no es consecuencia de una causa única, sino de una
serie de antecedentes que generan dichos efectos. 117 En igual sentido, se expresaron
autores como Julius Glaser y Maximilian von Buri.
Esta doctrina parte de la llamada “ley causal natural”, que se verifica cuando
comprobado un hecho, en un número considerable de casos similares, sea posible
descartar que se produjera por otras causas. Así, consideran a todas las condiciones como
equivalentes para la producción del resultado, no sólo en el “sentido causal, sino también
en el jurídico”.118
Cada una de las condiciones que sirva para generar una determinada consecuencia,
deberá ser considerada como causa, de tal manera que ninguno de estos factores tendrá
un valor superior a los demás. Por el contrario, serán equivalentes para la obtención del
resultado.
En mérito a lo expuesto, se elaboró la fórmula de la “conditio sine qua non”, también
llamada de la “supresión hipotética”, según la cual si suprimo mentalmente la conducta del
agente y el resultado desaparece, dicha acción será causal del resultado, esto en lo que se
llamó condiciones positivas o acciones propiamente dichas. Por ejemplo: “A” dispara un
arma de fuego contra “B”, causándole heridas de consideración. Si suprimo la conducta del
primero, las lesiones desaparecen. En consecuencia, será causal del resultado.
En los supuestos de las llamadas condiciones negativas (omisiones), ninguna duda
cabe que, desde punto de vista naturalístico, la omisión no puede causar un resultado típico.
En estos casos, el autor habría llegado a ser causal, en la hipótesis de haber ejecutado la
acción, de la ausencia del resultado.”119
Respecto al punto, Zaffaroni120 refiere que el tipo omisivo no requiere un nexo de
causalidad entre conducta y resultado, sino un nexo de evitación, el que consiste en “la muy
117 Reyes Alvarado, Yesid. Imputación Objetiva. Ed. Temis. 1994. Pág. 8.
118 Jiménez de Asúa, Luis: Principios de Derecho Penal. La Ley y el Delito. Abeledo Perrot. Buenos Aires, reimpresión
1997. Pág.224.
119 Jakobs, Günther: Derecho Penal. Parte General. Fundamentos y teoría de la imputación. Marcial Pons. Madrid. 1997.
120 Zaffaroni, Eugenio Raúl: Manual de Derecho Penal. Parte General. Ediar. 1991.
86
alta probabilidad de que la conducta debida hubiere interrumpido el proceso causal que
desembocó en el resultado.” Así, “una omisión será causal del resultado si supuesta
mentalmente la realización de la acción omitida, el resultado hubiera sido evitado
seguramente o con una posibilidad rayana en la certeza”. 121
Esta teoría resulta adecuada como ayuda metodológica para eliminar factores que,
en ningún caso, pueden considerarse causales del resultado.122
No obstante, presenta ciertas falencias, pues de resultar todas las condiciones
equivalentes, como se prevé, podríamos llegar al infinito y hasta el origen de la creación,
lo que impediría eliminar comportamientos causales alejados. En consecuencia, se
ampliaría en forma exagerada el ámbito de responsabilidad. De tal manera, podríamos
arribar a conclusiones ridículas, como que los padres del delincuente son responsables por
haberlo engendrado y así, sucesivamente.
Es de destacar que, de su rigurosa aplicación, también se llega a resultados
erróneos en los delitos cualificados por el resultado, puesto que ciertas acciones
insignificantes pueden acarrear, también en la práctica, consecuencias más gravosas de lo
normal. Por ejemplo, el citado caso en los manuales, de la cachetada que causa la muerte
a un hemofílico.
Lo mismo ocurre en ciertos supuestos de causalidad hipotética o alternativa. En
referencia al primero, aquel del padre al que se le reprocha haber dado muerte al asesino
de su hijo, momentos antes de ser ejecutado por un verdugo. Él podría alegar que, de no
haberlo hecho, se hubiese producido de igual manera. Entonces, si suprimimos su acción
su resultado no desaparece. Aun así, no se excluye la causalidad de su conducta.
Respecto a la causalidad alternativa, podemos citar el caso relatado por Roxin123,
también tomado por Jescheck 124 con algunas variantes: “A” y “B” ponen,
independientemente, en la taza de “C” una dosis de veneno cada uno, las que, por si solas,
resultan suficientes para la producción de su muerte, la que, posteriormente, ocurre. En
este caso, acontece exactamente lo mismo que en la hipótesis anterior, si se hace
121 Bacigalupo, Enrique: Manual de Derecho Penal. Ed. Temis. Colombia. 1996.
122 Eser, Albin y Bjön Burkhardt: Derecho Penal. Cuestiones fundamentales de la Teoría del Delito sobre la base de casos
de sentencias. Ed. Colex.1995. “Relación de causalidad e imputación objetiva”. Caso de la bofetada. Pág.112.
123 Roxin, Claus: Derecho Penal, Parte General. Tomo I. Fundamentos de la Estructura de la Teoría del Delito. Ed. Civitas.
87
desaparecer la conducta de los victimarios de a una, el resultado no se suprime. A pesar
de esto, existió relación de causalidad.
En la variante de Jescheck, para explicar los casos de causalidad por
adelantamiento, “C” toma las dos tazas de café, una detrás de otra, a las cuales “A” y “B”,
en forma individual, vertieron una dosis de veneno mortal. Sin embargo, el veneno de “A”
actúa más rápido que el de “B”, de modo que “C” muere por este.
En este caso, debe rechazarse la relación causal de la dosis de “B”, porque “A” con
su poción, la neutralizó. Empero, la lógica es inculpar a “B” por homicidio en grado de
tentativa. De no poder constatarse cuál de las dosis produjo el desenlace fatal, ambos
responderán por delito tentado, en orden al principio de in dubio pro reo. No resultará la
misma solución, de haber actuado ambos en coautoría, en cuyo caso serán responsables
por delito consumado.
En razón de lo expuesto, la doctrina intentó corregir los excesos de la teoría de la
equivalencia de la condiciones a través de diversas teorías a las que llamó
individualizadoras. Si bien tuvieron como fin inmediato, limitar la extensión de la primera,
se caracterizan por seleccionar, en cada uno de los casos de estudio, cuál fue el factor que
determinó la producción del resultado, al que tratarán como causa. El resto serán meras
condiciones o circunstancias acompañantes.125
La de mayor significancia entre estas fue la Teoría de la causalidad adecuada. Fue
creada por el psicólogo Johannes von Kries y refiere que “no todas las condiciones son
causas, sino solamente aquellas que, según la experiencia general, producen
habitualmente el resultado.126
Si volvemos al caso del hemofílico, citado precedentemente, es de notar que una
cachetada no es adecuada para privar de la vida a alguien. Por lo tanto, sólo se le podría
imputar un delito de lesiones. “El juicio de probabilidad necesario para ello se deber realizar
en base a un pronóstico objetivo ex post, según el cual el juez que juzgue los hechos
posteriormente se debe situar en el momento en que tuvo lugar el hecho y debe preguntarse
si, de acuerdo al conocimiento de la experiencia general, en el momento del hecho, un
88
observador objetivo, situado en el lugar del autor, hubiese podido esperar la producción del
resultado.”127
Esta concepción tiene como acertado que evita la regresión indefinida de la teoría
de la equivalencia y excluye los cursos causales fuera de la normal experiencia. A pesar de
ello, es complementaria de esta última y no es una teoría causal, sino, por el contrario, de
la imputación. Por otra parte, se le puede criticar que la experiencia general demuestra que
los resultados son también producidos por nexos causales inadecuados.128
Posteriormente, Mezger desarrolló la Teoría de la Relevancia Típica, según la cual
una vez comprobada la causalidad natural, habrá que acreditar “la relevancia jurídica de
esta relación (…) en base al sentido de cada tipo penal en particular”. Esta teoría ha
impulsado el reemplazo de la causalidad por la imputación del resultado, dando paso al
actual desarrollo de la imputación objetiva. Tiene de bueno el haber “mantenido por
separados el concepto de causación, por un lado y el sentido del alcance del tipo, como
problema normativo, por otro.” 129
se conoce como imputación objetiva”. Esto requiere, “al contemplar la conducta desde una
perspectiva ex ante, se advierta en ella un riesgo jurídico- penalmente relevante de
producción del resultado lesivo; por otra parte que, al examinar el proceso desde una
perspectiva ex post, se puede establecer que precisamente el riesgo creado por la conducta
objeto de examen, y no otro es el que se ha realizado en el resultado producido.” 130
En consecuencia de ello, lo determinante para esta teoría es comprobar:
a. si la acción del agente creó un riesgo jurídicamente desaprobado para la
producción del resultado.
b- si el resultado acaecido resulta la concreción del riesgo creado por el autor.
Derecho Penal. Parte General. Ed. J.M. Bosch. Barcelona. 1993. Práctica 4. “Tipo doloso. Imputación Objetiva”. Pág. 73
89
Lo que prohíben las normas es la creación de un riesgo que supere aquel permitido
por el alcance del tipo penal y la producción de resultados francamente evitables.
la derecha, que está igualmente bloqueada por el mismo desprendimiento y “F” muere en
90
el lugar. Sólo se le podrán imputar la modificación de las causalidades naturales cuando
se aumente el peligro del bien jurídico protegido o se anticipe el resultado en el tiempo, “es
decir, si se intensifica (principio de intensificación)”.
a 4.- La imputación se excluye en los casos de riesgo permitido, lo que, según Roxin,
un sector de la doctrina equipara a la teoría de la adecuación social de Welzel. Otros lo
separan del último concepto y la utilizan para casos del consentimiento en las actuaciones
imprudentes.
En definitiva, con esta categoría se excluyen del marco de imputación ciertos
comportamientos que si bien resultan peligrosos, son propios del curso ordinario de la vida
en sociedad.
El caso clásico es aquel que, en el tránsito vial, cumpliendo correctamente con toda
la reglamentación, causa una lesión a un bien jurídico, la que, en principio, no podrá ser
imputada.
B.- Realización del riesgo no permitido: bajo este título engloba los siguientes
casos a saber:
b 1.- Se excluye la imputación si falta la realización del riesgo en el resultado, es
decir, si pese haber creado un riesgo jurídicamente desaprobado, el resultado no es su
realización, sino que, simplemente, está conectado de manera causal con él. Por ej. “A”
lesiona de una golpiza a “B”, quien al ser trasladado en ambulancia al hospital, fallece en
91
correcta aquí mantenida habría salvado la vida del ciclista, cierto que no con seguridad,
pero sí posiblemente, y por lo tanto la superación del riesgo permitido por no guardar la
distancia de separación lateral, ha incrementado de modo jurídicamente relevante la
posibilidad de un accidente mortal.” Entonces, habrá que determinar “si la observancia del
riesgo permitido habría disminuido el peligro para el ciclista, o si se habría incrementado
sus posibilidades de salvar la vida”, mediante un juzgamiento ex post y atendiendo a todas
las circunstancias conocidas, tal como que estaba alcoholizado, distancia de la separación,
velocidad de ambas partes, etc.
En nuestro entender, esto resulta contradictorio con uno de los ítems que conforman
su corolario básico, a saber: la necesidad de realización del riesgo en el resultado (tratado
en el punto b. 1). En el caso del pedalista, se le imputa el resultado, desde el punto de vista
objetivo, por la mera creación del riesgo, ya que no se puede verificar el otro extremo.
Además, apela a una extraña creación (incremento del riesgo) que desvirtúa la generalidad
de su teoría.
En el ejemplo de mención, atendiendo a un principio básico como el “in dubio pro
reo”, el imputado tendría que resultar absuelto.
C.- El alcance del tipo o ámbito de protección de la norma: deberá excluirse la
imputación cuando el resultado se encuentre fuera del ámbito de protección de la norma.
En estos casos, si bien el actuar del agente causa “per se” un resultado típico, como
consecuencia de este, se produce otro fuera del alcance de la ley. Por ej. una madre que
al enterarse que su hijo fue atacado, muere de un paro cardíaco. El tipo penal de lesiones
sólo preserva a la víctima, no a terceros de las repercusiones psicofísicas que ese resultado
les pueda causar.
Luego, el autor se refiere a las autopuestas en peligro de un tercero aceptadas por
este; por ejemplo, el caso de dos personas que mantengan relaciones sexuales sin
protección, una de ellas infectada con una enfermedad infectocontagiosa. Si el sujeto
sometido a peligro es consciente del riesgo y resulta plenamente responsable, lo habrá
asumido, lo que cierta doctrina denomina consentimiento de la víctima. No obstante, se
deberá imputar la conducta si el enfermo oculta su condición de tal u obliga a su pareja no
infectada a exponerse al riesgo.
El esquema relatado en el acápite, con algunas diferencias de matices, es mantenido
por Bacigalupo y Jescheck.
92
Jakobs132, en cambio, intenta explicar un sistema de imputación que rige en una
sociedad dada, en un momento determinado. Basa el fundamento de la pena en reprimir
conductas infieles al derecho, mediante la reformulación “funcional” del concepto de bien
jurídico.133
Refiere que las personas ocupan determinadas posiciones en el contexto de
interacción social, las que define como roles que deben cumplirse. El derecho imputará las
desviaciones respecto de aquellas expectativas que se refieren al portador de un ‘rol’ y
concluye que “sólo aquello que es objetivamente imputable puede denominarse en un
sentido general acción.”
En su opinión, la importancia práctica del tema se manifiesta en los delitos
imprudentes y de omisión, especialmente en los impropios, ya que no todos están obligados
a evitar consecuencias lesivas, aunque estén en condiciones de hacerlo. Sólo lo estarán
quienes sean titulares de una posición de garantía (portadores del rol).
Sin embargo, manifiesta que existen límites a dichos roles, los que fundamenta en
cuatro instituciones a saber:
A. - Riesgo permitido: dentro de toda sociedad existen riesgos tolerados para el
desarrollo e interacción social, por lo que un comportamiento que se encuentre dentro del
riesgo permitido excluye el tipo penal.
Jakobs refiere que los conocimientos especiales no deben ser tomados en cuenta.
Da como ejemplo, la estudiante de biología que trabaja para solventar sus gastos que, por
su saber, descubre que en una ensalada, que está a punto de servir, hay un fruto venenoso.
En esta situación, nadie espera que la camarera tenga conocimientos de bióloga, por lo que
no ha quebrantado su rol. En consecuencia, su comportamiento no sobrepasa el nivel de
riesgo permitido. En su entender, podrá imputársele, a los sumo, una "omisión de socorro.”
Respecto al punto, se le puede criticar que no es clara esta última posibilidad.
Partamos de la base que la joven tiene conocimiento de la presencia del fruto venenoso y
voluntad de servir la comida en el estado en que se encuentra. Así también, que le resulta,
cuanto menos, indiferente la posibilidad de producción del resultado típico de muerte (dolo
eventual). Dado que carece de posición de garante, sea por contrato, por injerencia o por
ley, pues, en definitiva, el responsable de que la comida sea servida en buenas condiciones
132 Jakobs, Günther: La imputación objetiva en el Derecho Penal. Cuadernos Civitas. Madrid.1996.
133 Cancio Melia, Suárez González, ob. cit.
93
es el chef, no podemos, de manera alguna, imputarle un delito de homicidio doloso por
omisión. En consecuencia, la única posibilidad en su contra sería la omisión de auxilio como
dice Jakobs, (no por lo menos desde el punto de vista de la tipificación en nuestro Código
Penal en el art. 108), para lo que, necesariamente, estaríamos tomando en cuenta esos
“conocimientos especiales.” Esto resulta incongruente con la imputación objetiva, pues
estamos sumando al análisis elementos del tipo subjetivo.
No obstante, continuando con la teoría Jakobiana, refiere que, en ciertas
circunstancias en que el autor y la víctima están vinculados por deberes derivados de
responsabilidad por organización (injerencia) o institucional (relación paterna-filial,
matrimonio, en los delitos de omisión impropia), privan de su carácter especial a ciertos
conocimientos que pueden resultar especiales en otros casos, ya que el agente deberá
utilizar todas las armas a su alcance para evitar la producción del resultado.
134Jakobs, Günther: La imputación objetiva, especialmente en el ámbito de las instituciones jurídico penales del “riesgo
permitido”, la “prohibición de regreso” y “el principio de confianza”. En Estudios de Derecho Penal. UAM Editores. 1997.
Pág.219.
94
imputarse al entregador su participación en el delito. Es de considerar que él acepta la
participación culposa en un hecho doloso de otro. En tales circunstancias, no regirá la
prohibición de regreso.
A esto, se le puede criticar que existen prestaciones adecuadas que pueden estar al
alcance de cualquiera, por ej. la compra de un hacha en una ferretería. Desde el punto de
vista fáctico, su uso para la comisión de un crimen no difiere demasiado del empleo de un
arma de fuego. Tal circunstancia, no amerita un tratamiento diferente al del caso sub
examine.
D.- Competencia de la víctima: en estos supuestos habrá que determinar si la
víctima actuó a propio riesgo o configuró la situación que le produjo el infortunio.
Jakobs incluye en el rubro al consentimiento de la víctima. Da por ejemplo, aquel que
acepta tener relaciones sexuales con un adicto sin tomar precauciones, por lo tanto, asume
el riesgo de contagiarse HIV.
Al igual que en Roxin, entendemos que este adelanto de la categoría de
consentimiento al tipo objetivo, cuando el finalismo clásico la ubicó en la antijuricidad,
resulta positiva. Sin embargo, si tomamos como base a nuestra legislación, el ejemplo no
es feliz, pues la validez del consentimiento depende de los límites pautados para la
disponibilidad de dichos bienes. La integridad física y la vida, no son disponibles, con
excepción de las acciones que nacen de delitos de lesiones leves, sean dolosas o culposas,
las que, al resultar dependiente de instancia privada, requieren acusación o denuncia del
interesado o sus representantes legales.
Jakobs determina que el caso de mayor importancia para la aplicación de la presente
categoría se refiere “a la medicina en el ámbito de los cuidados intensivos.” Considera lícito
suspender ciertas prestaciones, llevadas a cabo en forma artificial por aparatos, cuando ya
no sean las indicadas médicamente. Así, el galeno se mantiene dentro de su rol y
“constituye una desgracia de paciente el hecho de estar organizado de una manera
propensa a sufrir el daño.”
Finalizando el análisis, es de destacar que, al igual que en los delitos dolosos, en
los culposos, el resultado debe ser imputable objetivamente a la conducta del autor. En
principio, deberá existir entre conducta y resultado una relación de causalidad basada en
la violación del deber de cuidado del agente. Esta característica, denominada nexo de
antijuricidad, desaparecerá de resultar el resultado imprevisible.
95
Las reglas descriptas supra son también aplicables a los delitos de omisión, ya que,
como adelantamos, en estos casos no estamos frente ante una cuestión de causalidad,
según las reglas de la física, sino ante un juicio de imputación.
En los delitos de peligro abstracto, como en los delitos de pura actividad, la
imputación se hará sobre la base de comprobar la realización de la acción descripta por el
tipo penal. En los delitos de peligro concreto, habrá que demostrar el peligro efectivo sufrido
por el bien jurídico tutelado.
4- Como conclusión, se puede decir que la imputación objetiva resulta útil por
incorporar criterios correctivos de índole normativa, tendientes a realizar un juicio de
adecuación de un resultado a una conducta en concreto, máxime cuando se ha verificado
que las teorías causales no resultan suficientes a dicho efecto.
Desde el punto de vista teórico, resulta un avance dogmático, pues persigue reducir
a una misma estructura los conceptos actualmente separados de delito doloso y culposo.
Sin embargo, queda pendiente el esbozo de pautas teóricas que delimiten criterios
respecto de las categorías citadas, a los efectos de garantizar los límites al poder punitivo
estatal. De la misma forma, habrá que evitar la incorporación de factores subjetivos al tipo
objetivo, a saber: los conocimientos especiales del autor.135
Del trabajo, se observa que el camino por recorrer es arduo. Los autores citados
carecen de reglas claras y, ante las inevitables fallas en sus explicaciones, incorporan sub-
reglas o correctivos que, a la larga, no hacen más que oscurecer los conceptos, cayendo,
a la postre, en una proliferación casuística que, de ninguna manera, puede ser tomada
como base para un criterio serio de imputación.
Esta teoría fue creada para limitar este último marco, pero la falta de definición
señalada puede llevar al efecto contrario, provocando su amplitud y una crisis en la
seguridad jurídica.
135Respecto al punto Strüensse, Eberhard: Acerca de la legitimación de la “imputación objetiva” como categoría
complementaria del tipo objetivo. En “El derecho Penal Hoy”. Editores del Puerto .Buenos Aires. 1995.
96
Bolilla 10: LA ANTIJURICIDAD.
97
innecesaria en nuestra nación, donde las justificantes se encuentran detalladas en los
códigos de fondo.
“La más elemental seguridad jurídica rechaza la introducción indiscriminada de
cualquier criterio pretendidamente sociológico para crear o eliminar antijuricidad
arbitrariamente o en función de valoraciones subjetivas del legislador.”136
a) Aspecto objetivo:
Provienen de todo el ordenamiento jurídico.
Contienen un permiso o autorización para realizar la acción típica, bajo determinados
presupuestos objetivos.
Sus efectos alcanzan al autor y demás partícipes del delito.
Excluyen cualquier tipo de responsabilidad. Así, la penal, la civil y la administrativa. Cabe
aclarar, que en sede civil se han impuesto, en algunos casos aislados, resarcimientos
por daños y perjuicios por en cuestiones de equidad.
Es imposible hacer valer una justificante respecto de quien actúa justificadamente (por
ej. legítima defensa de legítima defensa).
b) Aspecto subjetivo:
La creación intencional, por parte del autor, de una situación de justificación impide la
aplicación de la justificante.
La justificación se limita a la acción “necesaria” para salvar al bien jurídico protegido. Es
decir, la acción del agredido debe ser la menos dañosa de las que estaban a su
disposición para la tutela del bien amenazado.
“Sólo obra justificadamente el que tiene conocimiento de las circunstancias que
fundamentan la justificación ─elemento subjetivo de la justificación─. De la misma
manera que el tipo de ilícito puede distinguir entre tipo objetivo y subjetivo, el tipo de
justificación ─del delito doloso─ no sólo requiere la concurrencia de ciertos elementos
objetivos, (…) sino de un elemento subjetivo de la justificación, consistente en el
98
conocimiento de los elementos objetivos. Por lo tanto, puede decirse que no hay legítima
defensa sin voluntad de defenderse, ni estado de necesidad sin voluntad de salvar un
interés jurídico”138, aunque se den todos los presupuestos objetivos de las justificantes.
99
actitudes subjetivas indignas que puedan implicar una autodegradación moral del agente
sino situaciones socialmente indeseables.”
Cabe aclarar, que la posición explicada es minoritaria entre los seguidores de la teoría
finalista.
esté desarrollando. También, puede ser “inminente”. Esto implica que todavía no aconteció,
pero la voluntad del contrincante, es patente.
La agresión debe ser “ilegítima”, o sea, antijurídica, lo que excluye la posibilidad de
legítima defensa de legítima defensa.
La defensa debe ser “necesaria”. Por lo tanto, la acción del agredido debe ser la menos
dañosa a su alcance para repeler el ataque.
b) Falta de provocación suficiente por parte de quien se defiende: “la provocación es la
conducta anterior, que da motivo a la agresión, y que se desvalora como suficiente cuando
hace previsible la agresión, sin que a este efecto puedan tomarse en cuenta las
características personales antisociales del agresor.”140
c) Necesidad racional del medio utilizado para compelerla: no es necesario que haya
proporcionalidad entre el daño eventualmente causado por la agresión y la lesión inferida
al atacante (por ej. una mujer puede matar al agresor que quiso violarla). Sin embargo, se
requiere la racionalidad del medio utilizado para compelerla. Aquí, apelamos, nuevamente,
al criterio de necesidad anteriormente explicado.
100
Esta observación es aplicable a los medios mecánicos, también llamados “ofendiculas”
(por ej. los vidrios colocados sobre una medianera, la electrificación de un alambrado, etc.).
Es decir, también habrá que verificar su necesidad en el supuesto en concreto.
La necesidad debe valorarse ex ante. Así, está justificado quien dispara contra un
agresor que lo apuntaba con un revólver, aunque, posteriormente, se descubra era de
utilería.
2.1.2 Legítima defensa de un tercero: (art. 34, inc. 7, del Código Penal).
El que obrare en defensa de la persona o de los derechos de otro, siempre que
concurran las circunstancias, a saber: a) y b) del inciso anterior (agresión ilegítima y
necesidad racional del medio) y en caso de haber precedido provocación suficiente por
parte del agredido, que no haya participado en ella el tercero defensor.
101
mayor importancia que la integridad corporal, pues este no es un medio adecuado
socialmente.141
Quien invoca la justificante no tiene que haber contribuido a causar la situación de
peligro.
Los que están obligados a soportar el riesgo, no pueden invocar el estado de
necesidad. Por ej. la policía, los bomberos, etc.
b) por colisión de deberes: en este rubro ingresa la justificante prevista por nuestro
ordenamiento en el art. 34, inc. 4, ídem, en cuanto establece “el que obrare en cumplimiento
de un deber o en el legítimo ejercicio de un derecho o cargo.”
Este supuesto se rige por las mismas pautas que el anterior. Sin embargo, la
diferencia está en que, ante la colisión de deberes de igual jerarquía, el cumplimiento de
uno de ellos justifica del incumplimiento del otro.
Por el contrario, el ejercicio de un derecho o cargo importa la realización de un acto
que no está prohibido, con lo cual, la conducta resultaría atípica. Sin embargo, operará
como causa de justificación, cuando dicho ejercicio recaiga sobre bienes o derechos ajenos
(por ej. derecho de retención).
En cuanto a las lesiones causadas en el ejercicio de la medicina (en la medida en
que no exista mala praxis) y en la práctica deportiva, para autores como Soler y Fontán
Balestra, quedan justificadas por la aplicación del eximente de ejercicio de un derecho.
102
Cuando la conducta del agente importe la lesión de bienes jurídicos ajenos, el
consentimiento del interesado excluirá la antijuricidad.
Los requisitos de un consentimiento eficaz, son los que se enumeran a continuación:
a) Debe recaer sobre bienes disponibles. No son tales la integridad personal o la vida.
Por ej. yo no puedo consentir con que otro me mate. La eutanasia es una práctica
que no está admitida en nuestro código de fondo. Respecto de las lesiones, sólo son
viables en el marco de un consentimiento informado para la práctica de
intervenciones quirúrgicas tendientes a mejorar el estado de salud del paciente.
Estas obligaciones son de medios no de resultado.
b) Debe ser anterior al hecho, pues si es posterior se transforma en perdón.
c) Es retractable por el interesado, en cualquier momento, antes de la comisión de la
conducta consentida.
d) Debe haber sido otorgado por un sujeto con capacidad de decisión.
e) No puede haber sido obtenido mediante engaño o amenaza.
f) No puede provenir de un error de la víctima.
g) El consentimiento presunto o tácito, es decir, cuando no es expreso, se rige por los
mismos parámetros que el anterior. Es válido solamente en la medida en que se
mejore el bien jurídico tutelado. Por lo tanto, la conducta tuvo que haber sido
realizada en interés o beneficio del titular del bien jurídico. Por ej. el encargado del
edificio ingresa al departamento de su vecino ausente (violación de domicilio), debido
a una importante pérdida de gas, con el objeto de repararla.
103
Sin embargo, tal cumplimiento puede tener efecto eximente desde un estado de
necesidad justificante. Por ej. el soldado sabe que la orden es antijurídica, pero su
cumplimiento reporta un mal necesario, para evitar un mal mayor.
En la misma inteligencia, el agente puede cumplir una orden, manifiestamente
antijurídica, amparado en un estado de necesidad disculpante. Por ej. el soldado obligado
a disparar en el pelotón de fusilamiento, con el conocimiento de que si no cumple, él será
la próxima víctima.
104
[Link] art. 35 del Cód. Penal: antijuricidad disminuida.
En el caso se prevé el exceso en las justificantes. La norma establece que “el que
se hubiera excedido los límites impuestos por la ley, por la autoridad o por la necesidad,
será castigado con la pena fijada para el delito por culpa o imprudencia.”
Los seguidores de la teoría causalista han repuntado al exceso como de naturaleza
culposa. En tal sentido, Soler señala que el legislador no hace una mera equiparación de
la escala penal correspondiente al exceso con la del delito culposo. Por el contrario, afirma
que “el elemento subjetivo del exceso es culposo y no doloso.”142
Bacigalupo143 expresa que el supuesto de estudio se trata de una regla relativa al
error de prohibición (indirecto y salvable), con regulación propia en el código de fondo.
Afirma que el exceso es doloso, pues quien se excede “hace lo que quiere hacer”. No
obstante, lo único que puede determinar la atenuación es la falta de conciencia del exceso
en cuestión. En el caso, el agente tiene dolo. A pesar de ello, incurre en error sobre la
antijuricidad de su acto, o sea, sobre su exceso, abuso que será castigado con la pena del
delito culposo, pero no lo transformará en tal.
El jurista considera que si el tipo culposo no está previsto por el código, la atenuación
deberá ser practicada por el juez dentro de la escala del tipo doloso. Para esto, deberá
apelar a la reducción realizada por el legislador para sancionar delitos leves, como así
también, a la escala de la tentativa.
Zaffaroni144se mostró, en general, reticente a considerar al exceso como un supuesto
de error. Asevera que se trata de conductas dolosas con un menor contenido de
antijuricidad. Afirma que sólo encuadran en el supuesto aquellas acciones que empezaron
siendo justificadas, pero que luego, se prolongaron en el tiempo fuera del amparo del tipo
permisivo. Asimismo, de verificarse un exceso y de no estar previsto el tipo culposo, la
conducta deviene atípica, postura esta que compartimos.
142 Soler, Sebastián, “Derecho Penal Argentino”, ob. cit., tomo I, pág. 478.
143 Bacigalupo, Enrique, “Tipo y error”, ed. Hammurabbi, Buenos Aires,1988, pág. 114.
144 Zaffaroni: “Manual”, ob. cit., pág. 505.
105
Bolilla 11: LA CULPABILIDAD.
1) Generalidades:
1.2 Libre albedrío: Welzel define al libre albedrío como “la capacidad de poderse
determinar conforme a sentido. Es la libertad respecto de la coacción causal, ciega e
indiferente al sentido, para la autodeterminación conforme a sentido.”145
En síntesis, se entiende como tal a la capacidad del hombre de determinarse
conforme a sentido, a la libertad de actuar de otra manera, a la facultad de distinguir entre
el bien y el mal.
En la medida en que no sea verificable un condicionamiento externo e independiente
que haya influenciado o alterado, de alguna forma, la capacidad del autor de comprender
el injusto, se concluye que podría haber actuado distinto, pues se supone a la voluntad
humana, en general, como libre e incondicionada. Los hombres son seres autónomos,
independientes, amos y señores de sus propias acciones.
Por el contrario, la tesis determinista y sus diversas variantes ─teologistas, fatalistas,
mecanicistas, etc.─ sostienen que tanto las acciones, como la voluntad del agente de
realizar estas, son efectos necesarios y suficientes de causas absolutamente
condicionadas de tipo económico, social, cultural, físico, ambiental, etcétera, las que, a su
vez, se ven condicionadas por otras. De esta manera, se crea una cadena infinita de
posibilidades.
Los deterministas no sostienen que la voluntad humana no sea influenciable por
normas y/o la amenaza de pena, sino que dicha influencia no es decisiva y depende, a su
vez, de múltiples factores, los cuales pueden ser conocidos o no por el agente y resultan
también trascendentes. En definitiva, estos también condicionarán de manera decisiva y
palmaria su voluntad. 146
106
Entonces, si bien el libre albedrío no es demostrable empíricamente, léase por
disciplinas como la psicología, psiquiatría, etc., tampoco lo es la determinación absoluta del
hombre.
Sin embargo, el Derecho Penal ha creado una ficción que supone la existencia de
libre albedrío como fundamento de responsabilidad, pues sostener el monismo causal,
como pregonan los deterministas, importaría la imposibilidad de reproche al sujeto que
hubiese adoptado una decisión equivocada, dado que su conducta estaría prefijada de
antemano.
Incluso los partidarios del determinismo tienen, de una u otra forma, que admitir
algún criterio de reproche, pues, de lo contrario, caerían en la simple responsabilidad
objetiva por el resultado.
Cuando se pretende que el hombre es un ser determinado y que sólo actúa movido
por causas, carece de todo sentido hablar de culpabilidad. Por ende, es adecuado rechazar
la idea de una completa determinación humana.
107
En consecuencia, se observan dos momentos: uno cognitivo (intelectual) y otro
volitivo (voluntad).
Elementos: a) Capacidad de motivación en sentido esctricto (imputabilidad): “es la
capacidad de determinarse por el cumplimiento del deber.” 147 Requiere capacidad de
comprender la criminalidad del acto y de dirigirlo conforme a dicha comprensión.
Son inimputables:
a.1 Los menores de edad: el 9 de marzo de 2026, se publicó la ley n° 27.081 en el
Boletín Oficial, que establece el nuevo “Régimen Penal Juvenil”. Conforme su art. 52,
entrará en vigencia a los ciento ochenta (180) días de su publicación. Regula el
ordenamiento aplicable a las personas adolescentes, desde los catorce (14) años de edad
hasta las cero (0) horas del día en que cumplan los dieciocho (18). En síntesis, los menores
de catorce (14) serán inimputables.
La norma prevé que cuando la pena prevista para el delito o concurso de delitos sea
de hasta tres (3) años de prisión (art. 11), el juez deberá reemplazar la sanción privativa de
libertad por alguna de las alternativas previstas en el art. 12, tales como: amonestación,
prohibición de contacto, de conducir vehículos motorizados, de concurrencia, de salir del
país, prestación de servicios a la comunidad, monitoreo electrónico, reparación integral de
los daños, etcétera.
Para las penas de tres (3) a diez (10) años, será facultativo para el magistrado la
aplicación de la norma mencionada. Esto, en la medida de que el niño no hubiese causado
la muerte, grave violencia física o psíquica sobre la víctima o se trate de delitos culposos,
sin consecuencias gravísimas. Además, no deberá tener antecedentes penales o auto de
procesamiento firme. El tribunal, previo resolver, deberá escuchar a las partes y al
damnificado.
Se prohíbe la imposición de reclusión o prisión perpetua y el máximo de la pena para
los adolescentes será de quince (15) años (art. 19).
La ley 22.278 establece el Régimen Penal de Minoridad y su trámite (imperante hasta
la entrada en vigencia de la ley 27.081 y para delitos previos a esta).
Así, aquellos que no hayan cumplido los 16 años de edad, serán inimputables.
Los de 16 y 17 años, tendrán una capacidad disminuida. No serán imputables
respecto de los delitos de acción privada o reprimidos con pena privativa de libertad que no
108
exceda de dos años, con multa o inhabilitación. Son punibles para el resto de los ilícitos
graves.
A esto, se agrega la ley n° 26.061 de “Protección integral de los derechos de las
niñas, niños y adolescentes” en consonancia con la Convención Internacional sobre los
Derechos del Niño. Reemplaza a la antigua ley n° 10.093 de “Patronato de Menores”.
Esta norma implicó un cambio de paradigma hacia el interés superior del niño, la
transición de la doctrina de la “situación irregular” (menor abandonado como objeto de
tutela), por la de “protección integral” (niño como sujeto de derechos).
En la actualidad, la normativa se complementa con otros antecedentes gestados en
el ámbito internacional durante la década del ochenta, a saber: las Reglas mínimas
uniformes para la administración de la justicia de menores (Reglas de Beijing), las
Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la Delincuencia Juvenil
(Directrices de RIAD) y las Reglas de las Naciones Unidas para la protección de los
menores privados de libertad.
a.2 alteraciones morbosas o insuficiencia de las facultades: no es punible el agente
que, en el momento del hecho, por alteraciones morbosas o insuficiencia de sus facultades,
no haya podido comprender la criminalidad del acto (art. 34, inc. 1, del CP).
En cuanto al concepto de afección mental (alteración morbosa) se presentan las
llamadas psicosis endógenas o exógenas.
Las primeras tienen origen interno e implican una disfunción neurobiológica
intrínseca. Encontramos entre ellas, a la esquizofrenia y el trastorno bipolar —antes
maníaco-depresivo— (ver DSM-5-TR).148
Las exógenas tienen origen externo, como ser los trastornos inducidos por otra
afección médica (alucinaciones, delirios), por sustancias o medicamentos (ebriedad o
drogodependencia), entre otros.
Las psicopatías o trastorno de la personalidad (psicópata), deben ser analizados
caso por caso. En general, no son causales de inimputabilidad porque no anulan la
capacidad de comprender el acto, aunque su afectividad se encuentre alterada.
La “insuficiencia de sus facultades” a los que se refiere la norma, son aquellos que
presentan “Trastorno del Desarrollo Intelectual”. Estas personas tienen problemas de
148DSM-5-TR es el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales”, quinta edición, texto revisado,
publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría, en 2022, que incorpora nuevos diagnósticos, literatura reciente y
aclara criterios de su anterior, DSM-5, publicado en 2013.
109
aprendizaje, de habilidad, de autonomía y responsabilidad social que le impiden realizar
actividades básicas de la vida cotidiana. En resumen, presentan déficit en el funcionamiento
intelectual y adaptativo.
EL DSM 5 TR sustituyó los antiguos términos de retraso mental u oligofrenia para
estos supuestos. Esta forma de deterioro suele manifestarse en la infancia con un
coeficiente inferior a 70. Pueden dividirse en sindrómica (por ej. el síndrome de Down) o no
sindrómica.
A su vez, la capacidad de motivación puede ser excluida por una grave perturbación
de la consciencia. Por ej. los estados hipnóticos, el sueño crepuscular, la drogadicción o el
alcohol, entre otros, que no lleguen a ser suficientes para causar un estado de inconsciencia
absoluta o falta de acción.
La capacidad de culpabilidad es un juicio valorativo a ser realizado por el juez, a
través de un criterio biológico-normativo, con ayuda de peritos auxiliares médicos, cuyos
dictámenes no lo obligan.
La falta de capacidad de motivación debe darse al momento de la comisión del
hecho, ni antes, ni después.
Excepción al punto, es el llamado “actio liberae in causa” (acción no libre en el hecho,
pero libre en la causa). En estos supuestos, el agente capaz de motivación, se pone
voluntariamente (dolo directo, eventual o culpa) en un estado que la excluye y, bajo dichas
circunstancias, realiza una conducta típica y antijurídica. Por ej. Juan bebe en abundancia
para desinhibirse y cometer un robo.
Así, se traslada su capacidad de motivación al momento previo, en que se
encontraba consciente y se procuró el estado de inconsciencia antedicho.
En consecuencia, si el sujeto se incapacitó accidentalmente o no previó el resultado
de sus actos, no hay culpabilidad. Si pudo saberlo, la culpabilidad será culposa. Si lo hizo
para causar el resultado típico, habrá dolo (tesis sustentada por el Plenario: “Segura,
Néstor” de la Cámara Nacional en lo Criminal de Cap. Fed., 13/08/64, L.L. 118-846; J.A.
1964-V-369).
Zaffaroni critíca esta teoría, pues refiere que presenta un problema insuperable, a
saber: al momento de la comisión del hecho el sujeto es inimputable, mientras que al
procurarse la inimputabilidad no hay tipicidad. “No se puede con dos conductas diferentes
110
armar un delito, tomando la pretendida culpabilidad de una acción atípica (beber) y
completándola con la tipicidad de un injusto inculpable (lesionar).”149
b.1 Teorías:
* Teorías del dolo: estas doctrinas tienen en común considerar al dolo como elemento
esencial de la culpabilidad y a la consciencia de antijuricidad como parte integrante de este.
En consecuencia, ambos requerirán, prima facie, un conocimiento efectivo.
* Teoría estricta del dolo: sostiene que para el dolo es esencial la consciencia actual
de antijuricidad (dolo + consciencia de antijuricidad = dolo malo o desvalorado). No habrá
tal, cuando el agente presupone: a) la existencia de una causal de justificación, b) la
existencia de una causal que excluya la responsabilidad por el hecho, c) cuando hubiese
ignorado la norma prohibitiva. Si el error era inevitable, se excluye el dolo y la culpabilidad.
Caso contrario, de resultar salvable, deja subsistente un remanente culposo.
Esta teoría da igual tratamiento a los errores de hecho y derecho en materia penal
(siempre aplica las reglas del error de tipo).
* Teoría restringida del dolo: parte de los mismos presupuestos que la anterior. Sin
embargo, esta tesis se conforma, en ciertos casos, con la conciencia potencial del ilícito,
como componente del dolo. En tal sentido, sólo una falta importante de dicha consciencia
será asimilable al dolo, grado que Mezger denomina “enemistad ante el derecho.”
Así, según esta doctrina, la culpabilidad exige dolo más conciencia efectiva de
antijuricidad o, en su defecto, una actitud negligente de ceguera hacia la norma, que si bien
no es asimilable al dolo, es equiparable en cuanto a sus consecuencias jurídicas y, como
111
tal, sometido a igual pena. Se entiende que actúa con negligencia grave aquel que
demuestra desprecio o indiferencia frente a los valores vigentes de la sociedad.
* Teorías de la culpabilidad:
* Teoría estricta de la culpabilidad: (tesis sustentada por los finalistas argentinos, en
su mayoría) Según esta concepción, la consciencia de antijuricidad no pertenece al dolo y
es examinada como componente individual dentro del estrato de la culpabilidad. Se la
entiende, como un juicio de valor según el cual se le puede reprochar al agente su conducta
por no haberse motivado conforme a la norma, cuando pudo haberlo hecho.
Así, el dolo será analizado en el tipo subjetivo, y requerirá, para su configuración,
un conocimiento efectivo, exento de toda valoración (dolo natural).
Por el contrario, la conciencia de antijuricidad, será analizada en el estrato de la
culpabilidad y requerirá, para su conformación, un conocimiento potencial. En
consecuencia, un error sobre los elementos del tipo objetivo —sea de hecho o derecho—
será un error de tipo. En cambio, un error sobre la antijuricidad —sea de hecho o derecho—
será un error de prohibición.
* Teoría limitada de la culpabilidad: parte de iguales principios que la anterior, pero
considera que un error sobre los presupuestos objetivos de una causa de justificación es
un error de tipo, no de prohibición. La sistemática utilizada por los partidarios de esta tesis
es similar a la de los “elementos negativos del tipo”. Entienden que una eximente putativa
es un error que recae sobre un elemento negativo del tipo, un error de hecho, y, como tal,
debe recibir tratamiento de error de tipo.
112
a.- el contexto del agente que desconoce la ley, es decir, cree que su conducta está
permitida cuando no lo está.
b.- la situación del agente que conoce la norma, pero la considera de no aplicación
a su caso en concreto (error de subsunción).
c.- el supuesto del sujeto conoce la ley, pero piensa que está derogada, ya sea
porque ha entrado en desuso o porque colisiona con una norma de mayor jerarquía (error
de validez). Este error puede estar basado en la dispar producción jurisprudencial.
d.- cuando el autor no pueda introyectar la norma por no entenderla (error de
comprensión o culturalmente condicionado).
e.- el caso del autor por consciencia disidente.
* Consecuencias jurídicas:
El error puede ser vencible o invencible, ya sea que con una mínima diligencia de
conocimiento de su parte, el agente pudo o no evitarlo.
Si es insalvable, excluye la culpabilidad.
Si es salvable la disminuye, lo que implica la imposición de una pena atenuada. Esta
deberá ser fijada dentro del marco de juego de los máximos y mínimos previstos legalmente
para el tipo doloso, conforme las pautas mensurativas previstas por los arts. 40 y 41 del
Cód. Penal.
113
En esquema;
2.1 Estado de necesidad disculpante o excusante: se rige por las mismas reglas que
el estado de necesidad justificante. En consecuencia, se requiere que el autor cause un
mal para evitar otro mal, grave e inminente, del cual fue ajeno. La diferencia es que el bien
sacrificado es igual (no menor) al salvado. En definitiva, es un estado de necesidad por
colisión de bienes de igual jerarquía. El reconocimiento de esta causa supralegal de
exclusión de responsabilidad, se reduce, en general, a salvar intereses fundamentales,
como ser: la vida, la libertad o la integridad personal. Por ej. la situación de dos náufragos
114
que se están por ahogar y encuentran una tabla. El elemento sólo soporta el peso de uno
de ellos. Entonces, empuja al otro, produciéndole la muerte.
2.4 Error sobre las situaciones de necesidad exculpante: se aplican las reglas del
error de prohibición, aunque no se trate de tal.
115
Bolilla 12: LA PUNIBILIDAD.
151 Bloy, citado por Roxin en “Derecho Penal”, ob., cit., pág. 979.
152 Bacigalupo, Enrique, “Delito y Punibilidad”, ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1999, pág. 219.
116
avance indiscriminado del derecho penal. “Las excepciones personales especiales tienen
más bien la consecuencia de que el merecimiento de pena del hecho queda excluido de
antemano o anulado después.”153
Jescheck distingue dos clases de excepciones personales a la punibilidad:
a) Causas personales de exclusión de la pena: son circunstancias que, para
anular la punición, deben concurrir al momento de la comisión del hecho.
Por ej. privilegios de parentesco (art. 185 del CP).
b) Causas personales de anulación de la pena: se producen después de la
comisión del delito y anulan la punibilidad con carácter retroactivo. Así, el
indulto, la amnistía y la prescripción son ubicados en este rubro.
117
con posterioridad a este. La presencia de una condición objetiva de punibilidad, impide la
aplicación de las reglas de las tentativas para el delito en cuestión.
Por ej. el artículo 83 del Código Penal tipifica la instigación o ayuda al suicidio, que
establece una condición objetiva de punibilidad. Así, sólo se penan dichas conductas en la
medida que “el suicidio se hubiese tentado o consumado.”
De igual manera, el Régimen Penal Tributario (ley 27.430, art. 279 y ss) que tipifica
la evasión simple y establece como condición que se exceda una suma dineraria por tributo
y ejercicio anual.
155 Zaffaroni, Alagia y Slokar, “Derecho Pena”, ob. cit., pág. 722.
156 Zaffaroni, Alagia y Slokar, “Derecho Penal”,ob. cit., pág. 708.
118
Bolilla 13: LA TENTATIVA.
157Así, Bacigalupo en su Manual, pág. 167, quien refiere que “en la tentativa el tipo subjetivo permanece idéntico a la
consumación.”
119
2) Fundamentos de la punibilidad de la tentativa:
2.1. Teoría objetiva: la tentativa es punible porque implica un peligro para el bien
jurídico protegido.
2.2. Teoría subjetiva: la tentativa es punible por el disvalor de acción del autor, por
su voluntad hostil a la norma.
3) Comienzo de ejecución:
El problema que se presenta en la práctica, en algunos casos, consiste en distinguir
los actos preparatorios del principio de ejecución.
Así, han surgido varias teorías:
a) Teorías negativas: sostienen que es imposible la distinción entre los actos
preparatorios y ejecutivos, por lo que habría que penar también a los primeros.
b) Teoría formal objetiva: habrá principio de ejecución cuando el agente comience a
realizar una parte de la acción típica (núcleo del tipo).
c) Teoría material objetiva: incluye en la tentativa las acciones que por su conexión
causal con el contexto de la acción típica, aparezcan como parte integrante de aquella.
d) Teoría individual objetiva: determinan el comienzo de ejecución apelando al plan
del autor y la cercanía de la conducta realizada con el interés social tutelado.
En definitiva, desde el punto de vista fáctico, en la tentativa lo que siempre falla es
el plan del autor.
4) La tentativa inidónea:
El art. 44, último párrafo, del Cód. Penal establece: “si el delito fuera imposible, la
pena se disminuirá en la mitad y podrá reducírsela al mínimo legal o eximirse de ella, según
el grado de peligrosidad revelada por el delincuente.”
4.1 Inidoneidad del sujeto activo (autor): es el caso del agente, que sin tener los
requisitos requeridos por el tipo legal para ser autor (delitos especiales propios), comienza
la ejecución de la acción típica. Por ej. aquel que, en la creencia de ser funcionario público,
120
acepta una dádiva para hacer o no hacer algo relativo a sus funciones, cuando en realidad
no es tal (delito de cohecho).
4.2 Inidoneidad en el objeto: son los casos en que la característica del objeto sobre
el cual recae la acción, impiden la consumación del resultado típico. Por ej. el intentar matar
a una persona muerta.
4.3 Inidoneidad en el medio: son los casos en que los medios utilizados para
alcanzar la meta propuesta por el autor, no resultan aptos a tal fin. Por ej. quien quiere
matar a alguien mediante una poción mágica.
Zaffaroni es de la tesis de que, en los supuestos señalados, falta un elemento del
tipo objetivo, y, como tal, habrá atipicidad de la conducta, que sólo da lugar a una tentativa
aparente. En el delito imaginario o putativo, el agente cree hacer algo prohibido por ley.
Entonces, habrá un error de prohibición al revés. En cambio, en la tentativa aparente, hay
un error de tipo al revés. Por ej. aquel que se quiere apoderar de algo en la creencia de que
es ajeno, cuando en realidad es suyo.
Explica que la tendencia alemana a considerar punible a la tentativa aparente se
debe a que varios autores tienen una concepción radicalmente subjetivista, pero, en su
opinión, esto es insostenible para nuestra ley.
Así, la referencia al delito imposible de figuración en el art. 44 impone que “ex ante”
el medio haya sido objetivamente idóneo, que haya existido principio de ejecución y peligro
para el bien jurídico tutelado, pero “ex post” se verifica la imposibilidad absoluta de
consumar ese delito. Por ej. el agente que intenta cometer un delito informático, cuando
carece de pericia con las computadoras.
Refiere: “cualquier interpretación que admita que la tentativa pueda abarcar una
carencia de tipo por ausencia de un requerimiento sistemático significará subsumir como
tentativa un hecho que no es comienzo de ejecución, lo que resultaría inconstitucional tanto
por violar el principio de legalidad (la tentativa es el comienzo de ejecución de un delito y
no de lo que no puede serlo) como el de lesividad (esa construcción abarcaría conductas
que no ponen en peligro ningún bien jurídico).”158
121
5) Tentativa acabada e inacabada:
5.1. Tentativa acabada o delito frustrado: se da cuando el autor realizó todos los
actos necesarios para concretar su plan, sin embargo, por circunstancias ajenas a su
voluntad, el resultado no se produjo. Por ej. el sujeto puso una bomba para volar un
shopping, pero el artefacto no se activó conforme a lo planeado.
5.2. Tentativa inacabada: se da cuando el agente interrumpe la ejecución, previo
realizar todos los actos necesarios, según su plan, para alcanzar la meta propuesta.
122
Si la pena fuere reclusión perpetua, la de tentativa será de reclusión de quince a
veinte años.
Si la pena fuere de prisión perpetua, la de tentativa será prisión de diez a quince
años.
¿Cómo se practica la disminución mencionada en primer término?
“La disminución de la pena en un supuesto de delito tentado debe realizarse
disminuyendo en un tercio el máximo y en la mitad el mínimo de la pena correspondiente
al delito consumado.” (Cámara Nacional de Casación Penal, plenario “Villariño, Martín”,
19/07/1995, id. SAIJ: SU33000882).
123
Bolilla 14. LA AUTORÍA Y LA PARTICIPACIÓN.
1) Participación, generalidades:
Sentido amplio: la concurrencia de individuos a la comisión de un delito.
Sentido estricto: concurso de personas en el delito sin ser autores. Es decir, los
cómplices y los instigadores.
2.1 Autor directo: es quien realiza personalmente la conducta; es el que tiene en sus
manos el devenir causal del suceso.
124
Quien para la comisión de un hecho, se vale de una persona que no realiza acción, es
autor directo.
2.2 Autor mediato o indirecto: es aquel que no realiza personalmente la conducta, sino
que utiliza a un tercero como instrumento. Este último no comete injusto o delito (según
la tesis que se siga).
El tercero tuvo que haber actuado:
a) sin tipicidad objetiva: por ej. en Alemania, no está previsto el tipo de inducción o
ayuda al suicidio. Entonces, como el suicidio no es delito, quien preste colaboración
para su comisión sera autor mediato de homicidio.
b) Sin dolo: en error de tipo. Por e. el médico que, para matar al paciente, se vale de
una enfermera a quien le da, sin su conocimiento, veneno para inyectarle.
c) Amparado en cualquier causa de justificación.
En resumen, el autor tiene el dominio de la voluntad del tercero porque se está
valiendo de la situación permisiva en la cual lo ha colocado.
En general, la doctrina entiende que también existe autoría mediata, cuando el autor
utiliza a un tercero que actúa en forma inculpable, es decir, emplea un menor, un
inimputable, una persona que se halle en error de prohibición o en situación de
necesidad exculpante.
Sin embargo, Zaffaroni rechaza esta tesis, pues explica que, en estos casos, la
situación del tercero no le da al autor dominio del hecho o de la voluntad. Así, el agente
le puede requerir a un niño o a un inimputable que actúe de determinada manera, pero,
en la práctica, le va a ser difícil de controlar la situación, dado que sólo cuenta con la
probabilidad de que actúe de la forma que le propuso.
3) La coautoría: “habrá co-dominio del hecho cada vez que el participe haya aportado
una contribución al hecho total, en el estadio de ejecución, de tal naturaleza que sin esa
contribución el hecho no hubiera podido cometerse.”159
La coautoría requiere los siguientes presupuestos:
Que todos los intervinientes tengan codominio funcional del hecho.
Que exista un plan común para la realización del hecho (decisión común al hecho).
125
Que cada uno realice un aporte objetivo a la producción del suceso durante la etapa de
ejecución, ello mediante división de tareas. No tiene que haber subordinación de unos
a otros, la decisión de consumación del delito estará en manos de todos.
3.1 Momento del aporte: la diferencia de la coautoría con la participación necesaria está
dada por el momento en que los agentes realizan su aporte.
Las personas que realizan una contribución, sin la cual el hecho no hubiera podido
cometerse, durante:
a) la ejecución: serán coautores.
b) los actos preparatorios: serán partícipes primarios o necesarios.
La excepción a la regla son los delitos especiales propios y los delitos de propia
mano. En tales casos, si el sujeto participó durante la etapa de ejecución con todos los
requisitos mencionados, pero carece de los elementos de la autoría requeridos por el tipo,
pasará a ser partícipe necesario. Por ej. si durante la ejecución del hecho, uno accedió
carnalmente a la víctima y el otro solamente la retuvo, tomándola por sus brazos. El último
será partícipe primario.
3.2 Autoría convergente: son los casos en que una pluralidad de actores acuerdan
realizar individualmente un hecho, cada uno suficiente por sí mismo para la afectación del
bien jurídico. Así, no hubo división de tareas; por lo tanto, no habrá coautoría. Por ej. la
situación de tres personas que acuerdan disparar en forma conjunta contra la víctima. Se
verifica que cualquiera de los disparos era mortal.
126
3.3 Autoría colateral (paralela, concomitante o accesoria): existirá tal cuando una
pluralidad de autores, en el mismo momento y en el mismo lugar, realicen individualmente
el hecho en su totalidad, sin acuerdo previo. Cada autor tuvo, en forma individual, dominio
del hecho y es responsable solamente por lo que ha querido, es decir, por su propio dolo.
Por ej. dos sujetos disparan conjuntamente en contra de Juan y le provocan la muerte.
Cada uno desconocía la existencia del otro.
4) La Participación:
4.1 Definición: la participación puede ser definida como un aporte doloso a un injusto
doloso de otro, a título de instigación o complicidad.
Así, la participación es un hecho accesorio, pues presupone intervenir en un hecho
ajeno. Siempre es dolosa, no hay participación culposa. Tampoco participación dolosa en
el hecho culposo de otro.
a) Accesoriedad interna: la punibilidad del partícipe dependerá del grado de la teoría del
delito a la que haya arribado la conducta del autor. Sobre el particular, tenemos varias
teorías.
a.1 Accesoriedad mínima: el hecho principal sólo requiere ser típico.
a.2 Accesoriedad limitada: el hecho del autor tiene que ser típico y antijurídico.
a.3 Accesoriedad extrema: el hecho principal debe ser típico, antijurídico y culpable.
a.4 Hiperaccesoriedad: el hecho principal debe ser típico, antijurídico, culpable y
punible.
127
Por aplicación de los arts. 47 y 48 del Cód. Penal, la doctrina entiende que para punir la
conducta del partícipe, el hecho principal del autor tuvo que haber sido típico y antijurídico.
En definitiva, la teoría que se aplica es la de la accesoriedad limitada.
b) Accesoriedad externa: sumado a lo expuesto, el hecho principal del autor tuvo que
haber tenido principio de ejecución, es decir que, por lo menos, debe constituir una
tentativa.
128
Bacigalupo entiende que si se determinó a la tentativa de un delito, no hay
participación punible, por cuanto esta exige que el instigador haya creado la voluntad de
lesión del bien jurídico tutelado. Si por el contrario, la instigación fue a la comisión de un
delito, el agente provocador será punible.
La Corte Suprema de Justicia ha dicho que procede desechar las pruebas obtenidas
por la actividad criminógena de la policía, bajo lo que en el derecho americano se conoce
como defensa de entrapment (incitación al delito o trampa oficial), en “Fiscal c/ Fernández,
Víctor Hugo”, Fallos: 319:85.
129
4.4 Complicidad primaria y secundaria:
130
Corte Suprema en una oportunidad habría aplicado la circunstancia agravante en un caso
similiar, conforme sostiene el jurista.160
Nuestro más alto tribunal ha expresado: “(si) la material realización del propósito
criminal apareció consumada mediante la intervención directa de los tres acusados del
delito de homicidio, aun cuando uno de ellos haya sido el autor de la lesión que, entre las
varias que presenta el cuerpo de la víctima produjo el fallecimiento, es evidente que la
comunicabilidad de las circunstancias hace que deba reputarse a los demás, copartícipes
del delito que quisieron efectivamente cometer y que llevaron a cabo, prestando cada cual
promiscua y activa participación en los términos del art. 45 del Cód. Penal.” (“Poblete, Julio”,
Fallos: 219:70).
160 Sancinetti, Marcelo,“Teoría del delito y disvalor de la acción” 2da. reimpresión, ed. Hammurabi, 2005, pág. 797.
131
Bolilla 15: LOS DELITOS CULPOSOS.
2) Clases de culpa:
2.1 Culpa consciente o con representación: en el caso, el autor se representa la
posibilidad de la producción de un resultado típico, sin embargo, confía en su destreza o en
su buena suerte para evitarlo.
2.2 Culpa inconsciente o sin representación: se dará cuando el agente, a pesar de
encontrarse en condiciones de ello, no se represente, como posible, la producción de un
resultado típico. En consecuencia, no tuvo conocimiento porque no lo actualizó o porque ni
132
siquiera pensó en ello. Así, a diferencia del dolo, que requiere un conocimiento efectivo, la
culpa se basta con uno potencial.
La clasificación expuesta no señala grados de culpa. Luego, la culpa inconsciente
no será más grave que la consciente y viceversa.
Desde el punto de vista del injusto, la gravedad de la culpa estará señalada por su
temeridad que, según Zaffaroni, tiene lugar cuando haya dominabilidad. “En la culpa
temeraria, el observador tercero percibe la creación de un peligro prohibido en forma tan
clara que la exterioridad del comportamiento le muestra un plan criminal dirigido a la
producción de un resultado, lo que por supuesto, para que haya culpa, no debe confirmarse
con su existencia subjetiva.” 161
sentido, dispone el art. 77 del Cód. Penal: “ (…) la expresión reglamentos u ordenanzas,
comprende todas las disposiciones de carácter general dictadas por la autoridad
competente en la materia que traten.”
161Zaffaroni, Eugenio Raúl, Alagia, Alejandro, Slokar, Alejandro, “Derecho Penal, Parte General”, ed. Ediar, Buenos Aires,
2000, pág. 529.
133
4) La tipicidad del delito culposo de comisión:
Lo primero a verificar, como se expusiera anteriormente, es la violación a un deber
de cuidado requerido en el ámbito de la relación.
No es claro, en doctrina y jurisprudencia, cómo debe evaluarse. Algunos juristas
entiende que deberá hacerse de manera objetiva, es decir sin tomar en consideración las
habilidades especiales del autor. En consecuencia, deberá apelarse al cuidado que se
hubiera exigido un hombre común, prudente y precavido en la misma situación.
Bacigalupo162 expresa que hay contextos en que se deberán tomar en cuenta dichas
capacidades individuales. Por ejemplo, si contrato con un cirujano plástico especialista en
rinoplastia y me opera como cualquier otro médico no especializado diligente, sin obtener
el resultado acordado, habrá una mala praxis. Refiere que “infringe el deber de cuidado el
que no emplea el cuidado que sus capacidad y su conocimiento de la situación le hubieran
permitido.”
En la misma línea, Zaffaroni, quien opina que corresponde optar por la “capacidad
individual de previsión como indicador de la medida de la tipicidad.”163
Sobre el particular, varios son los autores, entre ellos Jakobs, que disponen que la
“evitabilidad”, analizada en el tipo objetivo, deberá ser evaluada según los conocimientos
especiales del autor, pues, de lo contrario, el delito imprudente se transformaría en una
mera desobediencia a la norma.
Sumado a ello, debe mediar una relación de determinación entre la violación al deber
exigido para el caso y el resultado acaecido, de manera tal que la primera sea determinante
del último. Posteriormente, si mediante una hipótesis mental incluyo la conducta diligente
y el desenlace desaparece, entonces, existirá tal.
La doctrina moderna lo expresa como relación de imputación objetiva o conexión de
antijuricidad. No obstante, no hay coincidencia respecto de si el juicio sobre la producción
del resultado requiere que este sea probable o seguro. Algunos concluyen que corresponde
verificar que la conducta prudente pudo haber evitado su producción con una probabilidad
rayana en la certeza.
Si bien en los delitos culposos, al igual que en los dolosos, se puede distinguir el
disvalor de acción y de resultado, no habría en los primeros la posibilidad de diferenciar
134
entre el tipo objetivo y el subjetivo. Esto, en razón de que el fin propuesto por el agente no
coincide con el resultado producido.
A pesar de ello, parte de la doctrina (Karl Heinz Gössel, Eberhard Struensee, entre
otros) acepta la posibilidad de tipo subjetivo. Así, proponen una “versión dolosa del delito
imprudente”.
Este proceso se aceleró desde la migración de la culpa del estrato de la culpabilidad
al tipo. Así, sostienen que en la culpa tendría un tipo subjetivo donde hay conocimiento y
voluntad de la realización de una parte relevante del tipo que, según la valoración del
legislador, genera un peligro intolerable para el bien jurídico tutelado (por ej. saber y querer
conducir en exceso de velocidad).
Posteriormente, proponen eliminar la culpa inconsciente del delito, por resultar
incompatible con esta tesis.
Entonces, por regla general el tipo subjetivo lo admiten quienes sólo aceptan la culpa
consciente y lo niegan quienes fundamentan la inconsciente.
135
La diferencia es que en la antijuricidad no se requiere el aspecto subjetivo, pues el
disvalor de acción obedece a la infracción al deber de cuidado y no al fin propuesto por el
autor.
136
“La sola producción de un resultado mayor no autoriza a una calificación (agravación)
del delito doloso.”164
137
Bolilla 16: EL DELITO DE OMISIÓN.
2) Clases de Omisión:
2.1 Omisiones Propias: contienen un mandato legal de acción que debe ser
cumplido. Así, resulta indiferente si se evitó o no la lesión del bien jurídico.
Caracteres:
2.1.a Se encuentran tipificadas en el Código Penal.
2.1.b Por lo general, pueden ser cometidas por cualquier persona (por ej. art. 108
del C.P.), salvo que se trate de un delito especial propio (por ej. art. 249 del C.P.).
2.1.c No tienen un tipo activo equivalente.
2.1.d Para consumar el delito basta con la mera omisión, verbigracia, no requieren
la producción de un resultado típico.
165 Welzel, Hans, “Derecho Penal Alemán”, pp. cit., pág. 276.
166 Zaffaroni, Alagia, Slokar, “Manual de Derecho Penal”, op. cit., pág. 440.
167 Bacigalupo, Enrique, “Manual de Derecho Penal”, op. cit., pág. 226.
138
En consecuencia, en ciertos casos será equivalente para el autor no haber evitado
el resultado ─cuando tuvo capacidad para ello─, que haberlo producido mediante un hacer
activo (ej. el marido que no evita que su amante mate a su esposa, cuando pudo hacerlo,
se lo equipara al haberle dado muerte en forma directa).
Caracteres:
2.2.a En general, no se encuentran tipificadas en el Código Penal.
2.2.b No pueden ser cometidas por cualquier persona, sino por aquellas que tengan
posición de garante respecto del bien jurídico tutelado.
2.2.c Tienen un tipo activo equivalente. Son delitos de comisión por omisión.
2.2.d Para su consumación, se requiere la producción de un resultado típico.
2.2.e Son tipos abiertos. El juez debe complementarlo para encontrar las
características objetivas de autor.
139
El art. 11 del Código Penal Español refiere que “Los delitos que consistan en la
producción de un resultado sólo se entenderán cometidos por omisión cuando la no
evitación del mismo, al infringir un especial deber jurídico de autor, equivalga, según el
sentido del texto de la ley, a su causación. Al efecto se equiparará a la omisión de la acción:
a) Cuando exista una específica obligación legal o contractual de actuar.
b) Cuando el omitente haya creado una ocasión de riesgo para el bien jurídicamente
protegido mediante una acción u omisión precedente."
140
a) Deberes en virtud de responsabilidad por organización: estos deberes se refieren,
generalmente, al aseguramiento de fuentes de peligro. De tal manera que el obligado
deberá preocuparse de que su ámbito de organización (por ej. los peligros derivados de
objetos, de actividades empresariales o comerciales, etc.) no trascienda, por acción u
omisión, a terceros. Así, debe garantizar que su labor sea inocua para los demás.
a.1) injerencia: el comportamiento anterior o precedente del agente da lugar a una
fuente de peligro. Entonces, deberá evitar que perjudique a terceros o tenga efectos
dañinos externos. Por ej. la apertura de un boquete en la acera por personal
autorizado.
a.2) deberes de aseguramiento frente a la utilización de cosas peligrosas por parte
de terceros: recae sobre objetos cuya disponibilidad, en general, es ajena al riesgo
permitido. Por ej. el legítimo usuario de armas de fuego que suministra una a quien
no lo es.
141
Los elementos mencionados anteriormente son comunes a las dos formas de omisión.
d) producción de resultado e imputación objetiva (sólo en los delitos impropios). Se
aplican las mismas reglas de imputación estudiadas para los delitos de acción.
Algunos autores hablaban, antiguamente, de nexo de evitación. Hay que tomar en
cuenta que la omisión no causa el resultado. Por ejemplo, si una persona se está
ahogando, no tiene la culpa el guardavida. Sin embargo, es su obligación salvarla.
Entonces, el nexo de evitación se establece por una hipótesis mental: si imaginamos
la conducta debida y con ello desaparece el resultado típico ─de manera segura o
muy probable─ habrá tal; de lo contrario, no existirá.
e) la posición de garante (solamente para los delitos impropios).
142
que agregarle a tales presupuestos el “c”, como así también, que el agente tuvo, por lo
menos, que haber sido indiferente respecto a la eventual producción del resultado.
6) La participación:
No es posible la coautoría omisiva, porque no puede haber decisión común al hecho.
No es posible la instigación por omisión.
Se discute si es posible la participación omisiva en el delito comisivo de otro. Por ej. el
esposo que no evita la muerte de su mujer en manos de su amante. Parte de la doctrina,
entiende que sólo es viable cuando el que omite tiene posición de garante (como en este
supuesto). Sin embargo, compartimos la tesis que sostiene que el cónyuge será autor de
omisión impropia al tener posición de garante por ley, pues no es factible prestar una ayuda
por omisión a quien realiza una acción.
En síntesis, no existe participación en los delitos de omisión.
7) La tentativa de omisión:
Dice Welzel que “se trata de la omisión de la tentativa de impedir el resultado. Si la
persona que se estaba ahogando se salva por un acontecimiento imprevisto, la persona
que no ha actuado no ha ‘hecho la tentativa de omitir la salvación’, sino que ha omitido hace
la tentativa de salvarla”.171
171 Welzel, Hans, “Derecho Penal Alemán”, op. cit., pág. 304.
143
BOLILLA 17: CONCURRENCIA DE LEYES PENALES Y CONCURRENCIA DE DELITOS.
172 D’Alessio, Andrés, “Código Penal. Comentado y antotado”, tomo 1, La Ley, 2005, pág. 601.
144
general, no se exige identidad del titular, salvo en los bienes personalísimos. Es
decir, si se trata de bienes eminentemente personales, se excluye la acción
continuada, cuando los actos individuales se dirijan contra distintos sujetos (por
ej. violación de diferentes mujeres);
c) homogeneidad de la forma de comisión de los hechos. No es requisito la
continuidad temporal o espacial, pero puede ser indicio de delito continuado.
d) “cuando la conducta implica una injerencia física en la persona del titular,
identidad física”173 de aquel.
4) El concurso de delitos:
4.1 Concurso ideal o formal: (art. 54 del Cód. Penal)
Se da cuando existe una única conducta que se adecua a varios tipos penales que
no se excluyen entre sí. Hay unidad de hecho con pluralidad típica.
Si la conducta viola varias veces la misma norma, el concurso será homogéneo. Por
ej. una persona tira una bomba y mata a tres personas. Se le imputarán tres homicidios en
concurso ideal.
Por el contrario, si una misma acción es abarcada por diferentes tipos, será
heterogéneo. Por ej. el mismo sujeto tira una bomba, mata a uno y lesiona a otro. Se le
imputará homicidio y lesiones, en concurso ideal.
Se aplica solamente la sanción que fija pena mayor (principio de absorción). En el
caso citado en último término, la del homicidio.
173 Zaffaroni, Eugenio Raúl, “Manual de Derecho Penal”, op. cit, pág. 624.
145
Si las acciones estuvieran reprimidas con la misma clase de pena se aplica como
mínimo el mínimo mayor (es decir, se construye una pena total integrada por el mínimo
mayor asperjada con el resto ─principio de aspersión─) y como máximo la suma aritmética
de todos los máximos correspondientes a cada una de las sanciones (principio de
acumulación material), sin que puedan superar los 50 años de reclusión o prisión (principio
de acumulación jurídica).
Si concurrieren varios hechos independientes, reprimidos con penas divisibles de
reclusión o prisión, se rigen por el principio de absorción. Se aplicará la pena más grave
con un aumento obligatorio o facultativo para el juez, proporcionado por la gravedad y el
número de las penas absorbidas.
Si algunas de las penas no fuese divisible, se aplicará ésta únicamente, salvo el caso
en que concurrieran la prisión perpetua y la reclusión temporal, en que se aplicará reclusión
perpetua. La inhabilitación y la multa se aplicarán siempre sin sujeción a lo dispuesto.
La gravedad de las penas se verifica según el orden establecido en el art. 5 (art. 57).
174 Caramuti, Carlos en el comentario al art. 58 del Cód. Penal de Baigún, Zaffaroni, op. cit., tomo 2, pág. 522/523.
146
Corresponde al juez que dicta la última sentencia unificar de oficio la condena y la
pena impuesta con la o las anteriores. De no hacerlo, deberá requerirlo la parte interesada
al magistrado que impuso la pena mayor.175
Este grupo de casos es importante, porque se unifican en definitiva las condenas y
las penas. “Por ello la sentencia unificadora se considera única condena y el penado como
primario, con todas las consecuencias legales que ello implique.” Es decir que sería viable
una condena condicional, si la escala penal lo permitiese, a tenor del art. 26.
Históricamente el tribunal que dictaba la pena total tenía amplia libertad para elegir
la naturaleza de las penas y fijar su medida según las reglas de los arts. 40, 41, 55, 56 y 57
del Cód. Penal. Sin embargo, la pena anterior siempre implicaba un tope mínimo que no
podía transponerse (sistema composicional).
Otro método es el de la suma aritmética, donde, a los efectos de la unificación, se
adicionan matemáticamente ambas sanciones.
En la última reforma sobre el punto, la ley n° 27.785 (BO 07/03/2025) dispuso que
“(…) (e)n la unificación de condenas, la pena resultante será la suma aritmética de las
penas impuestas en las sentencias consideradas para el dictado de la pena única” (art. 58
del Cód. Penal).
La deficiente redacción del nuevo dispositivo legal plantea problemas de
interpretación sobre temáticas qua ya habían sido suficientemente abordadas por la
doctrina y la jurisprudencia. Así, sólo se hace referencia a la unificación de condenas, que
en definitiva sería menos gravosa, y nada se dice sobre la unificación de penas. Además,
avanza sobre funciones que son propias del Poder Judicial, básicamente, la determinación
de la sanción, al establecer de manera estandarizada y fija cómo habrá de elaborarse la
pena total para todos los casos.176 “La fijación de la pena única dentro del límite establecido
por la suma de ambas condenas es facultad discrecional de los jueces de la causa”.177
175 CSJN, “Leal, Agustín Andrés”, 19/09/2002, Fallos: 325:2380, “Ante la omisión del tribunal federal que no aplicó –como
debió hacerlo– lo dispuesto por el art. 58, primera parte, del Código Penal, en conocimiento de la sentencia anterior, debe
ser ahora la justicia provincial, por haber sido la que impuso la pena mayor –segunda parte de la norma citada–, la que
deba unificar ambas condenas”.
176 Oroño, Néstor, “Unificación de condena, penas y sentencias”, ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2025, pág. 79.
177 CSJN, “Gago, Damián Andrés”, Fallos: 331:1099, 06/05/2008, del Dictamen del Procurador General, al que remitió la
Corte.
147
4.3.2 Unificación de penas: esta hipótesis se verifica cuando un penado debe ser
juzgado, nuevamente, por un hecho nuevo cometido con posterioridad a esa condena, más
precisamente, mientras se encuentra cumpliendo la pena.
Es un supuesto de concurso real de delitos, donde la falta de juzgamiento simultáneo
no obedeció a una imposibilidad procesal sino a la circunstancia fáctica de que, al momento
de la primera condena, el segundo delito no había sido cometido.
En consecuencia, la sentencia que evaluará el último hecho, solamente podrá
unificar las penas por lo que subsistirán, de manera independiente, cada una de las
condenas, con los efectos que ello implica. Luego, de corresponder, se declarará la
reincidencia.
Al unificarse sólo las penas, no resulta viable la condena de ejecución condicional.
Si la primera sanción fuese en suspenso, habrá que proceder a la revocación de su
condicionalidad y posterior unificación. El penado cuya libertad condicional haya sido
revocada, no podrá volverla a obtener en ese mismo proceso donde se esté ejecutando
(art. 17 del Código Penal).
Resulta de interés lo dispuesto por el Código Procesal Penal Federal, en su art. 21:
“Cuando una persona sea condenada en diversas jurisdicciones y corresponda unificar las
penas, conforme lo dispuesto por la ley sustantiva, el tribunal solicitará o remitirá copia de
la sentencia, según haya dictado la pena mayor o menor”. De la misma forma, el art. 57
ídem, faculta a los jueces de ejecución a realizar dicho trámite.
148
c) de consunción: un tipo descarta a los otros porque consume o encierra
materialmente su contenido: c.1) cuando un delito es la forma normal de comisión
del otro (por ej. art. 150 y 164 del CP);
c.2) la situación del hecho posterior impune, que queda consumido por el delito
previo. Así, el aprovechamiento del botín. Por ej. el agente que luego de
perpetuado el robo, destruye la cosa ajena.
Cuando se lesione un nuevo bien jurídico, el hecho posterior será punible, pues
habrá una renovación del dolo. Por ej. la venta de una cosa robada a un
comprador de buena fe.
149
BOLILLA 18: LAS PENAS.
1) Las penas: principales en nuestro Código Penal son la de reclusión, prisión, multa
e inhabilitación (art. 5).
La conminación se puede realizar de la siguiente forma:
a) separada: se aplica una sola sanción (art. 83 del CP);
b) alternativa: el juez elige entre una u otra (art. 79 del CP, reclusión o prisión);
c) conjunta: se aplican dos penas unidas (art. 84 del CP, prisión e inhabilitación).
Son accesorias aquellas penas que derivan de la aplicación de una pena principal.
Por ej. la inhabilitación absoluta (art. 12), el decomiso (art. 23), la reclusión accesoria por
tiempo indeterminado (art. 52).
150
b) es diferente el cómputo de la libertad condicional (art. 13 del CP);
c) difiere el cómputo de la prisión preventiva (art. 24 del CP), aunque dicha
diferencia fue declarada inconstitucional por la CSJN;
d) no se puede imponer condena condicional al condenado con pena de
reclusión (art. 26 del CP);
e) las escalas de reducción de pena en la tentativa o participación no
coinciden (arts. 44 y 46 del CP);
f) tienen diferentes mínimos (la prisión, 15 días ─art. 243─ y la reclusión, seis
meses ─art. 93 del CP─);
g) la reclusión es más grave que la prisión (art. 57, en función del art. 5, del
CP).
151
El juez debe establecer el monto tomando en cuenta los máximos y mínimos legales
previstos en la parte especial, los principios generales del art. 41 y la situación económica
del condenado.
En los casos de delitos con ánimo de lucro ─elemento subjetivo distinto del dolo─ se
faculta a agregar a la pena privativa de libertad una multa, aunque no esté prevista o lo
este sólo de manera alternativa (art. 22 bis.).
Si el reo no paga la multa, en el plazo que fija la sentencia, sufrirá prisión que no
podrá exceder el año y medio. Previo a ello, el tribunal puede autorizar al pago en cuotas
e intentará su satisfacción haciéndola efectiva sobre los bienes, sueldos u otras entradas
del condenado. Así, se evita que quien pueda pagar, no lo haga y burle el sentido pecuniario
de la sanción. En cualquier momento que pague, quedará en libertad. Del importe, se
descontará el monto proporcional al tiempo que estuvo detenido, de acuerdo a las reglas
del art. 24. Siempre que sea viable, se podrá autorizar al reo a amortizarla con trabajo libre.
178 Zaffaroni, Alagia, Slokar, “Manual de Derecho Penal”, op. cit., pág. 728.
152
c) la imposibilidad para obtener cargos, empleos o comisiones
públicas. Comisión es una actividad determinada que se desempeña
para la administración pública, sin tener continuidad o permanencia.
Por ej. un asesor, un conjuez;
d) la suspensión del goce de toda jubilación, pensión o retiro civil o
militar, cuyo importe será percibido por los parientes que tengan
derecho a pensión. El tribunal podrá disponer, por razones de
carácter asistencial, que la víctima o los deudos que estaban a su
cargo concurran hasta la mitad de dicho importe, o que lo perciban
en su totalidad, cuando el penado no tuviere parientes con derecho
a pensión, en ambos casos hasta integrar el monto de las
indemnizaciones fijadas. Se le objeta que priva de derechos
adquiridos (art. 17 de la CN) y perjudica a otros familiares.
153
3.3 Rehabilitación: (art. 20 ter. del CP) se prevé la rehabilitación de la inhabilitación
absoluta, como pena principal, si la persona se ha comportado correctamente durante la
mitad del plazo de aquella ─de ser temporal─ o durante diez años ─cuando fuera
perpetua─ y, a su vez, ─en ambos casos─ ha reparado los daños, en la medida de lo
posible.
Si la pena fuera de inhabilitación especial, será rehabilitado transcurrida la mitad ─de
ser temporal─, o en el plazo de cinco años ─ de resultar perpetua─. En ambos casos, si se
ha comportado correctamente, ha remediado su incompetencia o no es de temer incurra en
nuevos abusos y, además, ha reparado los daños en la medida de lo posible.
Explica Zaffaroni que a los efectos de la reparación del daño se tomará en cuenta la
capacidad patrimonial del inhabilitado. Luego, no resulta necesario un resarcimiento total.
Cuando la inhabilitación importó la pérdida de un cargo público, de una tutela o una
curatela, la rehabilitación no importará su reposición.
Para todos los efectos, en los plazos de inhabilitación no se computará el tiempo en
que el inhabilitado estuvo prófugo, internado o privado de su libertad.
154
vinculados y el imputado no pudiere ser enjuiciado por motivo de fallecimiento,
fuga, prescripción o cualquier otro motivo de suspensión o extinción de la acción
penal, o cuando hubiere reconocido la procedencia o uso ilícito de los bienes (ver
art. 23 del CP).
b) Inhabilitación absoluta accesoria (art. 12 del CP) se prevé, de manera obligatoria,
para todas las penas que superen los tres años de prisión o reclusión, durante el
tiempo que dure la condena y hasta tres (3) años más, si así lo resolviere el
tribunal, de acuerdo a la gravedad del delito.
c) Incapacidad civil: accesoria a la condena mayor a tres años de prisión o reclusión,
por el tiempo que dure la pena (art. 12). El fundamento es la imposibilidad fáctica
de ejercer ciertos derechos, a saber: el ejercicio de patria potestad, la
administración de bienes y la disposición de estos por actos entre vivos. El reo
queda sujeto a la curatela civil. Las penas del art. 12 del Código penal se las
denomina como “accesorias legales”.
d) Reclusión por tiempo indeterminado como accesoria a la última condena: cuando
la reincidencia fuera múltiple, siempre que se den las condiciones del art. 52 del
Cód. Penal.
155
Son inconstitucionales las medidas predelictuales en materia penal, es decir,
aquellas que se le aplican a un sujeto por su forma de ser (derecho penal de autor). Durante
la vigencia del positivismo, fueron varios los intentos de imponer el “estado peligroso sin
delito”. De esa forma, identificado que fuera un sujeto violento, por sus caracteres o rasgos
físicos, no sería necesario esperar a que cometa ilícitos. A la sazón, podía ser captado por
los órganos de control social, en clara defensa de la sociedad.
Por el contrario, nuestro Código Penal sólo prevé medidas postdelictuales. Zaffaroni
entiende que estas también son inconstitucionales, porque violan el principio de “nullum
crimen sine culpa”. Si bien no compartimos en un todo su postura, es lógica la crítica, pues
se habilita dicha posibilidad para quienes no hayan realizado conducta (estado de
inconsciencia absoluta) o hubiesen actuado sin dolo (error o ignorancia de hecho), lo que
parece excesivo.
Sin embargo, corresponde aclarar que, en la práctica, la aplicación de las medidas
postdelictuales obedecen a la existencia de, por lo menos, un injusto inculpable (acción,
típica, antijurídica). En la actualidad, los magistrado intervinientes, declarada la
inimputabilidad y sobreseído que fuera el imputado por los hechos, dan intervención al juez
civil, de resultar peligroso para sí o para terceros.
Lo expuesto, no obsta a las facultades reconocidas a los magistrados competentes
(internación involuntaria) a tenor de lo dispuesto por la Ley Nacional de Salud Mental n°
26.657 (arts. 20 y subsiguientes) y los arts. 41, 42 y concordantes del Código Civil y
Comercial de la Nación.
La ley de tenencia y tráfico de estupefacientes (n° 23.737) prevé también una serie
de medidas curativas de tratamiento de desintoxicación y rehabilitación (ver art. 16 a 22 de
dicha norma).
156
BOLILLA 19: LA DETERMINACIÓN JUDICIAL DE LA PENA.
2) Determinación:
Soler distingue dos maneras de efectuar la operación:
a) sistema de circunstancias agravantes y atenuantes genéricas: algunos códigos
establecen en su parte general, una serie de enunciados y precisiones de la forma en que
el juez deberá estimar un hecho como más o menos grave. Por ej. el Cód. Penal de 1887
determinaba que el magistrado partía del término medio de la escala que correspondía al
delito y de allí subía o bajaba según la existencia de agravantes o atenuantes.180
En otros sistemas, hasta se establece un quantum, de manera que el funcionario
deba realizar operaciones aritméticas para fijar el castigo para el caso en concreto.
179 Jescheck, Hans-Heinrich, “Tratado de Derecho Penal. Parte General”, ed. Comares, Granada, 1988, pág. 785.
180 Soler, Sebastián, “Derecho Penal Argentino”, ed. Tea, tomo 2, 1992, pág. 494.
157
b) sistema de libre arbitrio judicial: la ley deja al arbitrio del juez la facultad de
determinar la pena, como acontece en nuestro país. Sin embargo, no es un sistema
subjetivista, pues debe adaptarse a las previsiones de los arts. 40 y 41 del Cód. Penal.
3) Arts. 40 y 41 del Cód. Penal: el art. 40 establece que “en las penas divisibles por
razón de tiempo o cantidad, los tribunales fijarán la condenación de acuerdo con las
circunstancias atenuantes o agravantes particulares a cada caso y de conformidad a las
reglas del artículo siguiente.”
El art. 41 enuncia ─en el primer párrafo─ una serie de circunstancias objetivas
vinculadas al hecho cometido y ─ en el segundo─ de índole subjetivas relacionadas con la
mayor o menor peligrosidad del autor, todas ellas de carácter no taxativo.
A los efectos de determinar los factores de relevancia, el juez deberá evaluar,
necesariamente, los fines preventivos de la pena orientados a futuro, así como el adecuado
reproche de responsabilidad por el hecho cometido.
Zaffaroni atribuye al concepto de peligrosidad acuñado por la norma una función
meramente correctiva. Es adecuado vincular este criterio con la búsqueda prevención
especial y con “la necesidad de valorar, al momento de determinar la pena, los efectos
posibles sobre el autor en concreto, la posibilidad de trascendencia a terceros y la
necesidad de evitar reiteración.”181
Los demás factores a analizar son:
la gravedad del ilícito: donde será examinada la naturaleza de la acción y los medios
empleados para ejecutarla, como así también, las demás circunstancias de tiempo,
modo y lugar. Los tipos penales establecen, en algunos casos, las circunstancias
agravantes o atenuantes. Por ej. el robo con armas, en poblado y en banda.
La extensión del daño y peligro causados: determinar si hubo afectación al bien jurídico
protegido, su entidad, la existencia de dolo o culpa, la puesta en peligro en los delitos
que no requieran resultado, las consecuencias mediatas al hecho, su previsibilidad, etc.
La calidad de los motivos que llevaron al autor a cometer el hecho. El código hace
referencia a “la miseria o la dificultad para ganarse el sustento propio necesario y el de
los suyos”, sin que esto pueda entenderse como un estado de necesidad. Verificar si no
Ziffer, Patricia, comentario arts. 40 y 41 del CP, publicado en “Código Penal” bajo la dirección de David Baigún y
181
158
se trata de “autores por conciencia disidente” que no encuadren en un error de
prohibición insalvable.
La participación en el hecho o rol que haya tomado el agente en el delito.
Los vínculos personales: por ej. posición de garante frente al bien jurídico.
Las calidades personales: tales como edad, educación, costumbres, conducta
precedente.
Las reincidencias.
5) El art. 41 ter, el imputado colaborador: la ley 27.304 (2016) incorporó esta figura,
también llamada del “arrepentido” o “delator”. Se trata de los autores y/o partícipes de un
delito que brindan información a las autoridades, respecto de un hecho en el que hayan
participado, para obtener una pena menor. Si acogiéndose al beneficio, proporcionarén,
159
maliciosamente, información falsa o datos inexactos, serán sancionados con la pena del
delito de falso testimonio agravado (ver arts. 41 ter y 276 bis, del Código Penal).
160
BOLILLA 20: LA LIBERTAD CONDICIONAL.
2) Presupuestos:
a) Temporal: el penado a reclusión o prisión perpetua debe haber cumplido treinta y
cinco (35) años de condena (artículo según ley 25.892). Antes eran veinte (20) años.
El condenado a pena privativa de la libertad temporal superior a los tres (3) años, dos
tercios (2/3) de la condena.
El sentenciado a prisión por tres (3) o menos años, ocho (8) meses de prisión.
El condenado a reclusión por tres (3) años o menos, (1) un año de reclusión.
b) observancia con regularidad de los reglamentos carcelarios: conforme a la ley 24.660
de ejecución de la pena privativa de la libertad, se establece un régimen de progresividad
que consta de cuatro períodos, a saber: de observación, de tratamiento, de prueba y de
libertad condicional (art. 12). El juez deberá requerir informes al establecimiento carcelario,
quienes ilustrarán sobre la disciplina del reo en el penal. La evaluación es materia
jurisdiccional.
c) Informes de peritos: dictámenes médicos o psicológicos que pronostique, en forma
individual y favorable, la reinserción social del encausado. Los arts. 28, 29 y 29 bis de la ley
24.660 reglamentan el procedimiento.
161
temporales y hasta diez (10) años más en las perpetuas, a contar del día del otorgamiento
de la libertad condicional.
4) Consideraciones:
La libertad condicional no se le concede a los reincidentes.
Los reincidentes, sin la accesoria del art. 52 del CP, podrán obtener la libertad asistida
que implica el egreso anticipado y su reintegro al medio libre, tres (3) meses antes del
agotamiento de la pena temporal (art. 54 de la ley 24.660, según ley 27.375, BO
28/07/2017). La ley anterior establecía la posibilidad de obtenerla seis (6) meses antes.
Tampoco se concede para los delitos enumerados en el art. 14 del Código Penal
(homicidios agravados, delitos contra la integridad sexual, privación ilegal de la libertad
coactiva seguida de muerte, tortura cuando se causare la muerte de la víctima, homicidio
en ocasión de robo, robo con armas o en despoblado y en banda, secuestro extorsivo,
entre otros).
El art. 56 bis de la ley 24.660 restringe el acceso de los beneficios del período de prueba
(salidas transitorias, semilibertad, prisión domiciliaria, libertad condicional y libertad
asistida) a los condenados por delitos graves, en línea con el artículo anteriormente
mencionado (redacción conforme ley 27.375, BO 28/07/2017).
Estas normas han sido atacadas de inconstitucionales, en el marco de la ley de
estupefacientes. La Cámara Federal de Casación Penal, en el fallo plenario “Tobar
Coca”, con fecha 8 de abril de 2025, resolvió: “(c)orresponde establecer como doctrina
plenaria que resultan compatibles con el régimen de progresividad de la pena, el
principio de igualdad ante la ley y el principio de razonabilidad de los actos de gobierno
los arts. 14 del Código Penal y 56 bis de la ley 24.660 (así como otras disposiciones
concordantes en la materia) en cuanto estipulan que no corresponde conceder los
beneficios allí referidos a quienes fueran condenados en orden a los delitos previstos
en los arts. 5, 6 y 7 de le ley 23.737, o a la que en futuro la reemplace.” (id. SAIJ:
FA25260003).
La libertad condicional será revocada cuando el penado cometiera un nuevo delito o
violare la obligación de residencia. En estos casos, no se computará, en el término de
la pena, el tiempo que haya durado la libertad ─a diferencia de lo que ocurre con los
incumplimientos de las demás reglas de conducta─ (art. 15). Para el supuesto de la
162
violación de residencia, la ley 24.660 prevé la posibilidad de prisión discontinua o
semidetención (art. 35, inc. e).
La pena se extingue transcurrido el término de la condena o el plazo de cinco (5) años
señalado por el art. 13, sin que la libertad condicional haya sido revocada (art. 16).
Corresponde aclarar que este artículo presenta un error, por cuanto se refiere al plazo
de (5) cinco años que fijaba el texto originario de la norma citada, que ahora fue
modificado a diez (10). Así, la ley 25.892 alteró el art. 13, pero se olvidó reformar el 16,
en este punto.
Ningún penado a quien se le haya revocado la libertad condicional puede volverla a
obtener nuevamente. Zaffaroni y Núñez refieren que esto sólo es en relación a ese
mismo delito, pero no respecto de un nuevo hecho cometido a futuro. Esto es lógico si
se toma en cuenta lo previsto por el art. 53, que faculta a los recluidos por tiempo
indeterminado a solicitarla otra vez.
El art. 53 del CP hace referencia a la concesión de la libertad condicional para los
multirreincidentes, transcurridos cinco (5) años de la reclusión por tiempo
indeterminado.
Los arts. 371 y subsiguientes del Código Procesal Penal Federal, regulan el trámite
procesal de ejecución. Resulta también de aplicación, lo dispuesto por los arts. 28 y
subsiguientes de la ley de ejecución penal (24.660).
163
BOLILLA 21: LA CONDENACIÓN CONDICIONAL.
182 Zaffaroni, Alagia y Slokar, “Manual de Derecho Pena”, op. cit., pág.720.
164
3) Reglas de conducta: al conceder el beneficio, el tribunal fija, durante un plazo
que va entre los dos (2) y cuatro (4) años, según la gravedad del ilícito, las condiciones para
su otorgamiento. El art. 27 bis, establece las obligaciones (ver enumeración en la norma),
las que pueden ser impuestas en todo o parte. Las reglas podrán ser modificadas por el
magistrado si resulta conveniente, pero dentro de las enumeradas de manera taxativa.
Si el reo no cumple, se podrá disponer que no se compute como plazo de ejecución
todo o parte del tiempo transcurrido hasta ese momento. Si los incumplimientos son graves
y reiterados, se podrá revocar el beneficio.
183Núñez citado por Isidoro De Benedetti y Carolina Mercedes Pera de De Benedetti en el comentario a los arts. 26/27
27 bis y 28 del CP, en el Código Penal de Baigún y Zaffaroni, op. cit., tomo 1, pág.390.
165
BOLILLA 22: LA REINCIDENCIA.
1) Concepto: el anterior art. 50 del Código Penal disponía que: “habrá reincidencia
siempre que quien hubiera cumplido, total o parcialmente, pena privativa de la libertad
impuesta por un tribunal del país cometiere un nuevo delito punible también con esa clase
de pena.”
La nueva redacción dice lo siguiente: “se considerará reincidente a toda persona
que haya sido condenada dos (2) o más veces a una pena privativa de la libertad siempre
que primera condena se encuentre firme” (artículo sustituido por ley 27.785, BO 07/03/2025,
vigente a partir del día siguiente a su publicación).
La condena sufrida en el extranjero se tendrá en cuenta, si el delito por el cual se
impuso da lugar a extradición. No dan lugar al instituto las penas impuestas por delitos
políticos, los previstos exclusivamente en el Código de Justicia Militar, los amnistiados ─sí
se evalúan los indultados─ y los cometidos por menores de 18 años de edad.
Zaffaroni y Sal Llargues 184 la definen como “una consecuencia agravatoria de la
situación de una persona sometida a un juicio penal actual, derivada de la circunstancia de
que esta persona ya ha sido condenada con anterioridad por otro delito.”
Los fundamentos de la institución son el mayor grado de injusto por alarma social
─el delincuente es más peligroso─, la influencia relativa de la pena anterior que no cumplió
su fin preventivo, pues el sujeto volvió a delinquir, la mayor culpabilidad de autor, etc.
Los juristas citados refieren que la reincidencia es tributaria de un derecho penal de
autor, en la que su supuesta tendencia al delito denota mayor necesidad de tratamiento
penitenciario. Asimismo, sostienen que viola el “non bis in ídem”. De esta manera, fundan
su inconstitucionalidad, a tenor de los arts. 18 y 19 de la carta magna.
La Corte Suprema ha descartado tales fundamentos y ha sostenido que: “(e)l
principio `non bis in ídem` prohíbe la nueva aplicación de pena por el mismo hecho, pero
no impide al legislador tomar en cuenta la anterior condena entendida ésta como un dato
objetivo y formal a efectos de ajustar con mayor precisión el tratamiento penitenciario que
considere adecuado para aquellos supuestos en los que el individuo incurriese en una
nueva infracción criminal (…) La mayor severidad en el cumplimiento de la sanción no se
184Zaffaroni, Eugenio y Sal Llargues, Benjamín en el comentario al art. 50 del C.P. donde el primero es compilador con el
Dr. Baigún, op. cit., pág. 214.
166
debe a la circunstancia de que el sujeto haya cometido el delito anterior, sino al hecho de
haber sido condenado en esa oportunidad y obligado a cumplir pena privativa de libertad,
lo que pone en evidencia el mayor grado de culpabilidad de la conducta posterior a raíz del
desprecio que manifiesta por la pena quien, pese a haberla sufrido antes, recae en el delito
(…) El distinto tratamiento dado por la ley a aquellas personas que, en los término s del art.
50 del Código Penal, cometen un nuevo delito, respecto de aquellas que no exteriorizan
esa persistencia delictiva, se justifica por el desprecio hacia la pena que les ha sido
impuesta.” (CSJN, “L’Eveque, Ramón Rafael”, Fallos: 311:1451, 16/08/1988).
185 Giménez, Oscar Marcelo, “La reincidencia en el Derecho Penal”, ed. Hammurabi, 2da. ed. Buenos Aires, 2025, pág.
33.
167
a) si correspondía su declaración cuanto el sujeto se le dio por compurgada la
primera pena con el plazo de prisión preventiva;
b) si era necesario tratamiento penitenciario.
La Corte ha dicho en referencia al punto: “(s)i aún cupiera alguna duda acerca de
cuál es la voluntad de la ley, en los antecedentes parlamentarios cuya utilidad para conocer
su recto sentido y alcance ha sido siempre reconocida (Fallos 321:2594; 323:3386;
325:2386) el senador De La Rúa señaló que "...debe quedar en claro que no debe
computarse la prisión preventiva como parte de la pena, es decir, como pena efectivamente
cumplida, a los efectos de la reincidencia (...) Por lo demás, la Corte, en Fallos: 308:1938,
avaló la declaración de reincidencia a partir del tiempo de la condena "cumplido
efectivamente como penado (...) sin computar el tiempo de detención y prisión preventiva."
(Del dictamen del Procurador Fiscal)” (CSJN, “Mannini, Andrés Sebastián”, Fallos: 330:
4473, 17/10/2007).
“Es suficiente, entonces, contar con el antecedente objetivo de que se haya cumplido
una condena anterior a pena privativa de libertad, independientemente de su duración, ya
que el tratamiento penitenciario es sólo un aspecto del fin de prevención especial de la
pena. Es cierto que podrían presentarse supuestos extremos en los que la escasa magnitud
de la pena cumplida ofreciera alguna dificultad en la solución, pero esta hipótesis no pasó
por alto en el debate parlamentario, donde el senador De la Rúa expresó: `Entendemos que
esto no es del todo claro para ciertas situaciones intermedias, límites o excepcionales
cuando, por ejemplo, el tiempo de cumplimiento parcial es muy breve, casi insignificante.
Con todo, refirma el sistema de reincidencia real que se adopta. Hay que reconocer que el
juez puede tener cierta elasticidad para situaciones excepcionales cuando, por ejemplo, se
trata de una diferencia de un solo día o incluso pocos días de prisión..."(CSJN, “Gómez
Dávalos, Sinforiano”, Fallos: 308:1938, 16/10/1986).
Este criterio fue mantenido por nuestro más alto tribunal en otros precedentes tales
como “Mannini, Andrés”, Fallos 330:4476, 17/10/200 y “Romero, Christian Maximiliano”,
Fallos: 333:1075, 15/06/2010, entre otros.
168
a) reincidencia específica o propia: cuando el nuevo delito recae en una acción de la
misma especie a la anterior.
b) reincidencia genérica o impropia: cuando el nuevo delito cometido es de otra
naturaleza.
Nuestro código no hace referencia alguna a la calidad del delito cometido. Entonces,
también podría ser posible su declaración sobre la base de la combinación de un delito
doloso y culposo.
El sistema de reincidencia genérica ha sido objeto de críticas por parte de la doctrina,
en tanto se entendió que no hay signos de habitualidad y, por ende, ausencia de
peligrosidad.
4) Requisitos en cuanto a la pena: el instituto solamente será viable para las penas
privativas de la libertad, no así para la multa o la inhabilitación.
8) Reclusión por tiempo indeterminado: el art. 52 del Cód. Penal establece los
requisitos para la configuración de multirreincidencia de los delincuentes habituales, ello
por cuanto el régimen ordinario de sanciones se ve impotente para ejercer la prevención
especial respecto a determinado individuo.
Así, se impondrá como accesoria de la última condena cuando medien:
a) cuatro penas privativas de la libertad, siendo una de ellas mayores de tres (3) años;
b) cinco penas privativas de la libertad, de tres (3) años o menores.
169
Se puede dejar en suspenso, excepcionalmente y por única vez, su aplicación, para lo
cual el juez deberá fundar expresamente su decisión.
La CSJN ha declarado, de manera unánime, la inconstitucionalidad de este instituto para
penas de corta duración. Así, en el antecedente “Gramajo, Marcelo Eduardo”, Fallos:
329:3680, de fecha 05/09/2006, expuso: “(l)a genealogía de esta pena no es compatible
con la Constitución Nacional y menos aún con el texto vigente desde 1994. La idea de un
estado de derecho que imponga penas a los delitos es clara, pero la de un estado policial
que elimine a las personas molestas no es compatible con nuestra Constitución Nacional.
(…) La pena de reclusión indeterminada del art. 52 del Código Penal es una clara
manifestación de derecho penal de autor, sea que se la llame medida de seguridad o que
se respete el digno nombre de pena, sea que se la quiera fundar en la culpabilidad o en la
peligrosidad. En cualquier caso, resulta claro que no se está retribuyendo la lesión a un
bien jurídico ajeno causada por un acto, sino que en realidad se apunta a encerrar a una
persona en una prisión, bajo un régimen carcelario y por un tiempo mucho mayor al que
correspondería de acuerdo con la pena establecida para el delito cometido, debido a la
forma en que conduce su vida, que el estado decide considerar culpable o peligrosa.(…)
Resulta por demás claro que la Constitución Nacional, principalmente en razón del principio
de reserva y de la garantía de autonomía moral de la persona consagrados en el art. 19,
no permite que se imponga una pena a ningún habitante en razón de lo que la persona es,
sino únicamente como consecuencia de aquello que dicha persona haya cometido.(…)
La pena y cualquier otra consecuencia jurídico penal del delito —impuesta con ese nombre
o con el que pudiera nominársela—, no puede ser cruel, en el sentido que no debe ser
desproporcionada respecto del contenido injusto del hecho. En el caso, Gramajo ha sido
imputado por la comisión de un delito contra la propiedad y atendiendo al hecho cometido
y a las demás pautas mensurativas establecidas en el Código Penal, se ha fijado a su
respecto una pena de dos años de prisión. Sin embargo, con la aplicación de la medida
contenida en el art. 52 del Código Penal, la pena que en definitiva habrá de cumplir en
prisión virtualmente se acerca a la fijada como mínimo para el delito de homicidio simple,
con más otros cinco años de libertad condicional (…) De acuerdo con lo hasta aquí
expuesto, habrá de declararse que, en el caso concreto, la pena de reclusión por tiempo
indeterminado prevista en el art. 52 del Código Penal resulta inconstitucional por cuanto
viola el principio de culpabilidad, el principio de proporcionalidad de la pena, el principio de
170
reserva, el principio de legalidad, el principio de derecho penal de acto, el principio de
prohibición de persecución penal múltiple (ne bis in idem) y el principio de prohibición de
imposición de penas crueles, inhumanas y degradantes, todos los cuales aparecen
reconocidos en las garantías constitucionales consagradas —de manera expresa o por
derivación— en los arts. 18 y 19 de la Constitución Nacional y en diversos instrumentos
internacionales sobre derechos humanos, que forman parte de nuestro bloque de
constitucionalidad.”
171
Bolilla 23: EXTINCIÓN DE LAS ACCIONES Y LAS PENAS.
172
puede ser admitido por segunda vez, si transcurrieron ocho (8) años a partir de
la fecha de la resolución que hubiese declarado la extinción de la acción penal
en la causa anterior (art. 64).
d) Renuncia del agraviado: sólo es viable para los delitos de acción privada (art. 73).
Perjudica al renunciante y a sus herederos, para el caso de que haya varios
ofendidos. Esta causa otorga preponderancia al interés particular sobre el interés
punitivo de los órganos de gobierno. Es un acto unilateral donde se manifiesta la
pérdida de interés del derecho a querellar. Si hubiese varios partícipes, el perdón
en favor de uno aprovechará a los demás (art. 69).
e) Por aplicación de un criterio de oportunidad, de conformidad a lo previsto en las
leyes procesales correspondientes: es la posibilidad que tiene el Ministerio
Público Fiscal de dispensar la persecución penal. La acción no puede
suspenderse, interrumpirse o hacerse cesar, salvo los casos previstos por ley.
Por ej. cuando la naturaleza o importancia del hecho no justifiquen su persecución
(insignificancia); en los delitos culposos, cuando el imputado hubiese sufrido, a
consecuencia del hecho, un daño físico o moral grave que torne innecesaria la
sanción (pena natural); la suspensión de juicio a prueba, entre otros.
f) Por aplicación de conciliación o reparación integral del perjuicio, de conformidad
con las leyes procesales correspondientes: respecto al punto, algunos plexos de
procedimiento prevén el instituto de la mediación entre víctima y victimario, como
método alternativo de solución de conflictos, tales como el de la Ciudad y la
Provincia de Buenos Aires. La reparación integral del perjuicio (art. 59, inc. c, del
CP) implica la resarcimiento pleno del daño en orden a lo dispuesto por los
artículos 1737, 1738, 1739, 1740, 1741 y concordantes del Código Civil y
Comercial de la Nación.
g) Por el cumplimiento de la suspensión de juicio a prueba: si durante el tiempo
fijado por el tribunal, el imputado no comete un delito, repara los daños en la
medida ofrecida y cumple con las reglas de conducta establecidas, se extingue
la acción penal (art. 76 ter., 4to párrafo, del Cód. Penal).
2) Prescripción de la pena: los plazos son los fijados por el art. 65 del Cód. Penal
(ver el artículo).
173
Empezará a correr desde la medianoche del día en que se notificare al reo la
sentencia firme o desde el quebrantamiento de la condena, si esta hubiera empezado a
cumplirse (art. 66).
174
sus representantes legales mientras era incapaz. Si como consecuencia del delito hubiese
ocurrido la muerte de la víctima, comenzará a correr a partir de la medianoche en que
hubiese alcanzado la mayoría de edad (art. 67).
f) plazo de cumplimiento de la suspensión de juicio a prueba: durante ese tiempo se
suspenderá la prescripcion de la acción penal (art. 76 ter. del CP).
175
realmente (…) Por lo tanto, los términos respectivos de prescripción corren uno al lado del
otro, de acuerdo a la teoría del paralelismo.”186
5) Extinción de la pena:
5.1 El indulto: (art. 68) es una facultad del PEN consagrada en la Constitución,
quedan exceptuados los casos de acusación por la Cámara de Diputados (art. 99, inc. 5,
de la CN), para así evitar que el presidente frustre un juicio político fundado en la comisión
de un hecho delictivo por parte del imputado.
Consiste en un perdón, un acto de gracia que extingue la pena y sus efectos. En
consecuencia, presupone la existencia de condena firme.
Sólo excluye la pena. No excluye la condena la que podrá ser tomada a los efectos
de la reincidencia. Tampoco elimina las indemnizaciones debidas a particulares.
5.2 El perdón del ofendido en los delitos de instancia privada (art. 69 y 73 del CP).
Si hubiere varios partícipes del hecho, el perdón de uno favorece a los demás.
176
BOLILLA 24: SUSPENSIÓN DE JUICIO A PRUEBA.
1) La suspensión del juicio a prueba o probation: (arts. 76 bis, ter. y quater del
Cód. Penal) es una forma alternativa de solución de conflictos. Una manifestación del
principio de oportunidad en el derecho procesal penal.
En el caso, se suspende el trámite del proceso y se somete al imputado a prueba
(probado) durante un lapso fijado por el tribunal, que va de uno (1) a tres (3) años, según
la gravedad del delito. Así, se le impone:
el cumplimiento de ciertas reglas de conducta;
reparar —en la medida de lo posible— el daño ocasionado a la víctima;
pagar el mínimo de la multa, para los delitos que tengan prevista esta sanción;
abandonar los bienes susceptibles de comiso, para el caso de recaer condena;
no cometer un nuevo delito.
Si cumple las obligaciones, se extingue la acción penal. Es decir, se archiva el
proceso y el sujeto no registrará antecedentes penales.
Caso contrario, se revocará el benefició y proseguirá el trámite de la causa en su
contra, según su estado.
2) Finalidades:
a) Evitar que se estigmatice al reo mediante la imposición de penas de corta
duración.
b) Dar participación a la víctima, quien puede ser oída en audiencia ante el juez, y
protegerla a través de la reparación del daño.
c) Reintegrar socialmente al imputado, mediante la imposición de pautas de
conducta tendientes a lograr que reflexione sobre lo acontecido, para así evitar, a futuro,
comportamientos ilícitos de similares características. También, lograr que aprehenda
normas de convivencia social.
d) Descomprimir las tareas de los tribunales (celeridad y economía procesal).
177
b) Reparación al a víctima: al presentar la solicitud, el imputado deberá ofrecer
hacerse cargo de la reparación del daño, en la medida de lo posible, sin que ello implique
confesión, ni reconocimiento de la responsabilidad civil correspondiente. No se trata de una
reparación plena, en los términos del art. 1740 y concordantes del CCyCN, pero el
magistrado evaluara si el ofrecimiento es lógico, en la medida de la gravedad del ilícito y su
situación patrimonial. Decidirá en resolución fundada. La parte damnificada podrá aceptar
o no la resarcimiento ofrecido. Su negativa no resulta óbice para la concesión del instituto.
Si la realización del juicio se suspendiere, tendrá habilitada la acción civil por daños y
perjuicios que así corresponda (art. 76 bis, tercer párrafo).
c) Conformidad fiscal: respecto a un primer grupo de delitos ─de menor gravedad─,
la ley no supedita su procedencia a la conformidad prestada por el Ministerio Público Fiscal.
Se requiere como condición de admisibilidad para los supuestos graves del art. 76 bis,
cuarto párrafo. Sin embargo, su dictamen está sometido a control de razonabilidad y
logicidad por el juez. En consecuencia, ante una negativa infundada, el magistrado podría
conceder de igual forma el beneficio.187
d) Pago del mínimo de la multa: si el delito o alguno de los delitos que integran el
concurso estuviera reprimido con pena de multa aplicable en forma conjunta o alternativa
con la prisión, será condición, además, que se pague el mínimo de la multa
correspondiente.
e) Abandono de bienes: el imputado deberá abandonar a favor del Estado los bienes
que presumiblemente fuera decomisados de recaer sentencia condenatoria.
187Vitale, Gustavo en el comentario al instituto de los arts. 76 bis y s.s. del Código Penal comentado, cuyos compiladores
son Baigún y Zaffaroni.
178
no exceda de tres años. No procede la suspensión del juicio a prueba cuando el delito tiene
prevista pena de inhabilitación como principal, conjunta o alternativa. La oposición del
Ministerio Público Fiscal, sujeta al control de logicidad y fundamentación por parte del
órgano jurisdiccional, es vinculante para el otorgamiento el beneficio. El querellante tiene
legitimación autónoma para recurrir el auto de suspensión del juicio a prueba a fin de
obtener un pronunciamiento útil relativo a sus derechos."
Esta tesis está prácticamente abandonada.
b) amplia: esta interpretación considera que el beneficio es viable para tres grupos
de casos:
b. 1 primero: para delitos que la ley reprime con pena de prisión o reclusión no mayor
a tres (3) años, en abstracto (1er. párrafo del art. 76 bis).
b.2 segundo: en los concursos de delitos, el imputado también podrá solicitarla si el
máximo de la sanción privativa de libertad “aplicable” ─para el caso en concreto─ no supera
los tres (3) años de prisión o reclusión (2do. párrafo del art. 76 bis).
c.2 tercero: si las circunstancias permitieran dejar en suspenso la pena aplicable
─ver aquí los requisitos de la condenación condicional, art. 26 del Cód. Penal─ y “hubiese
consentimiento del fiscal”.
La Procuración General de la Nación, recomendó a los fiscales, por resoluciones
39/97 y 24/00, adoptar la tesis amplia.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto, en forma parcial, plenario
“Kosuta”, pues sostuvo la tesis amplia en la causa “Acosta, Alejandro Esteban”, el
23/04/2008, (Fallos: 331:858). Expresó que “(l)a suspensión del juicio a prueba fue
denegada por considerar que la pena sobre la que debe examinarse la procedencia de este
instituto es la de reclusión o prisión cuyo máximo en abstracto no exceda de tres años. Para
el apelante, por el contrario, el art. 76 bis comprende dos grupos de delitos, un primero que
encierra a aquellos que tienen prevista una pena de reclusión o prisión cuyo máximo no
supera los tres años (párrafos 1º y 2º), y un segundo que comprende a delitos —no incluidos
en el primer grupo— que, previendo la ley penal un máximo de pena superior a los tres
años de privación de libertad, permiten el dictado de una condena cuyo cumplimiento puede
dejarse en suspenso de acuerdo al art. 26 del Código Penal (párrafo 4º). (...) En tales
condiciones, cabe concluir que el criterio que limita el alcance del beneficio previsto en el
art. 76 bis a los delitos que tienen prevista una pena de reclusión o prisión cuyo máximo no
179
supere los tres años se funda en una exégesis irrazonable de la norma que no armoniza
con los principios enumerados, toda vez que consagra una interpretación extensiva de la
punibilidad que niega un derecho que la propia ley reconoce, otorgando una indebida
preeminencia a sus dos primeros párrafos sobre el cuarto al que deja totalmente
inoperante.”
5) No procede:
a) Cuando un funcionario, en ejercicio de sus funciones, hubiese participado del
delito.
b) Cuando el delito o concurso de delitos tenga prevista la pena de inhabilitación en
forma separada, alternativa o conjunta. La tendencia actual de los tribunales es concederla
cuando el ilícito tiene prevista la inhabilitación de forma conjunta o alternativa con una pena
privativa de la libertad. Ello así, por cuanto se llegaba al absurdo jurídico de conceder la
“probation” a quien había lesionado a otro dolosamente, pero no se lo hacía cuando lo
hubiese hecho de manera culposa, justamente, porque estos delitos tienen prevista
inhabilitación.
En consecuencia, le imponen al acusado, como regla de conducta, la prohibición de
realizar la actividad que se trate, por el período que dure el beneficio —por ej. conducir
vehículos con motor si ocasionó lesiones culposas —. Lo expuesto, a partir del precedente
CSJN, “Norverto”, del 23/04/2007, que habilitó la suspensión de juicio a prueba para un
delito con pena de inhabilitación.
c) La norma 26.735 (2011), incluyó dos nuevos supuestos. Así, dispuso que no
procederá para los delitos tipificados en las leyes 22.415 y 24.769, es decir, el Código Penal
Aduanero y el Régimen Penal Tributario. Este último ha sido derogado, y ha quedado
regulado, actualmente, en la ley 27.430, de “impuesto a las ganancias”, más precisamente,
a partir del artículo 279, que aprueba el mismo sistema actualizado.
6) Plazo de duración: el tiempo de suspensión será fijado por el tribunal entre uno
(1) y tres (3) años, según la mayor o menor gravedad del delito. Se determinarán cuáles
son las reglas de conducta que debe cumplir el probado, a tenor del art. 27 bis.
Durante ese lapso, se suspende la prescripción de la acción penal.
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Si durante el tiempo fijado, el imputado no comete un delito, repara los daños en la
medida ofrecida y cumple con las reglas de conducta establecidas, se extingue la acción
penal (art. 76 ter, 4to párrafo, del Cód. Penal). Caso contrario, se llevará adelante el juicio.
Si es absuelto, se le devolverán los bienes abandonados en favor del estado y la multa
pagada, pero no podrá pretender el reintegro de las reparaciones cumplidas.
La revocación del beneficio es viable si el incumplimiento es grave, reiterado y
malicioso. Previo a ello, el juez deberá realizar una audiencia previa con el imputado para
que se expida.
7) Consecuencias:
Cuando el juicio se realice por la comisión de un nuevo delito, la pena que corresponda
imponer no podrá ser dejada en suspenso, verbigracia, no será susceptible de condena
condicional.
No se admitirá una nueva suspensión respecto de quien hubiese incumplido las reglas
impuestas en una anterior.
Se puede conceder por segunda vez, si el nuevo delito fue cometido después de
transcurridos ocho (8) años, a partir de la fecha de expiración del plazo por el cual se
hubiera suspendido el juicio en un proceso anterior.
La suspensión hará inaplicables las reglas de prejudicialidad de los art. 1101 y 1102 del
Código Civil (actuales 1175 y 1776 del Código Civil y Comercial de la Nación), y no
obstará a la aplicación de las sanciones contravencionales, administrativa o
disciplinarias que correspondan (art. 76 quater).
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los efectos de evitar la dificultad probatoria a futuro, para el caso de un eventual
incumplimiento del probado.
Es discutido hasta qué momento se puede formular. Personalmente, entiendo que
es posible hacerlo hasta iniciado el juicio or
al y mientras no se haya recibido la totalidad del plexo probatorio, toda vez que, finalizada
dicha tarea, se transformaría en mera especulación de la defensa.
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BOLLILLA 25: LA RESPONSABILIDAD CIVIL
1) La acción civil derivada del delito: “Cuando un delito causa un perjuicio que
pueda ser apreciado pecuniariamente, nace ─además de la acción penal derivada de
aquél─ la obligación de reparar, cuya satisfacción se procura mediante la acción civil. En
consecuencia, no todos los delitos dan origen a esta acción, sino solamente los que causan
un daño en el sentido definido por el art. 1068 del Cód. Civil” 188 (actuales arts. 1737 y 1738
del Código Civil y Comercial de la Nación).
La pena, incluso la pecuniaria como la multa, es personal, pues deriva del derecho
penal. Empero, la obligación de indemnizar puede hacerse efectiva sobre los bienes del
condenado, aún fallecido (art. 70 del Cód. Penal).
El art. 29 del Código Penal y los artículos 40, 41 y 42 del Código Procesal Penal
Federal facultan a ejercer la acción civil emergente del delito en el proceso penal.
Esto no implica una derogación tácita del art. 1774 del Código Civil y Comercial de
la Nación, pues el damnificado podrá optar por ejercerla en extraña sede. Así, en este último
caso, el art. 1776 del CCyCN establece que la sentencia penal condenatoria produce
efectos de cosa juzgada en el proceso civil repecto de la existencia del hecho principal que
constituye el delito y de la culpa del condenado. Ello, a los efectos de evitar sentencias
contradictorias.
El sobreseimiento o la absolución en sede penal, no impide tratar en juicio civil la
responsabilidad ─por daños y perjuicios─ del autor, ello en los supuestos que hayan sido
dictados por una causal de inculpabilidad. Tómese en cuenta que el injusto penal, es decir,
la acción, típica y antijurídica, genera responsabilidad civil. No obstante, se han arribado a
sentencias que obligan a la reparación, aún en supuestos de inexistencia de injusto; ello
por cuestiones de equidad.
La condena podrá ordenar la reposición al estado anterior a la comisión del delito,
en cuanto sea posible, disponiendo a ese fin las restituciones y demás medidas necesarias
(art. 29, inc. 1, del CP). Este inciso hace referencia a aquellos casos en que dicha
circunstancia es posible (por ej. delitos contra la propiedad). Entonces, no sólo habrá que
proceder a la devolución de los efectos sustraídos, sino que, en algunos casos, “la obra
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creada por el delito deberá ser desmantelada por el derecho” (por ej. redargüir de falsedad
una escritura).
También deberá procurar la reparación del daño material ─daño emergente y lucro
cesante─ y moral causado a la víctima, a su familia o a un tercero (arts. 1737 y
subsiguientes del CCyCN). Este supuesto se verifica para los ilícitos en que la restitución
es imposible (por ej. delitos contra la vida), (ver inc. 2do.).
Por último, el inciso 3ero. hace referencia a las costas del proceso que se
constituyen con la tasa de justicia, los honorarios de los abogados, los procuradores, peritos
y los demás gastos que hubiere causado la tramitación de la causa.
La mediación obligatoria (ley 26.589) no es requisito para ejercitar la acción civil en
sede criminal.
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