CONCEPTOS BÁSICOS SOBRE RIEGO
I) CALIDAD DEL AGUA DE RIEGO
1- EL AGUA DE RIEGO Y LAS SALES
ANÁLISIS DEL AGUA DE RIEGO
Es muy importante que la recogida de la muestra de agua de riego sea correcta, de
forma que los resultados del análisis y basándose en ellos se puedan determinar las
estrategias adecuadas. Unas recomendaciones para recoger una muestra del agua de
riego son:
Tomar una muestra de litro a litro y medio en envase de vidrio o plástico
transparente, que no haya contenido previamente alguna sustancia que pueda
enmascarar la muestra (abonos, pesticidas, etc.).
Si el agua proviene de embalse o río, tomar varias muestras y mezclarlas.
Si proviene de pozo, tomar la muestra cierto tiempo después de que la bomba
comience a extraer agua.
Enviar la muestra al laboratorio lo antes posible, debidamente etiquetada e
identificada sin exponerla a altas temperaturas.
SALINIDAD DEL AGUA
El agua de riego contiene cierta cantidad de determinadas sales que se añadirán a
las que ya existen en el suelo. Pero como las plantas extraen sólo algunas de ellas y en
distintas cantidades, el suelo y el agua suelen tener distinto tipo de sales por lo que es
conveniente diferenciar entre la salinidad del agua de riego y la salinidad del agua que
está en el suelo disponible para la planta.
Esto supone que la cantidad de sales que hay en el suelo depende de la que se
aporte con el agua de riego y de lo que extraiga el cultivo. Si se incrementa en exceso el
contenido de sales en el suelo, la planta puede resultar afectada, pudiendo producirse
una disminución en la producción y, en casos extremos, su muerte. De hecho, en
muchas ocasiones los daños por salinidad son mayores que los producidos por una falta
prolongada de agua.
La salinidad del agua de riego se puede determinar por dos procedimientos:
Medida del contenido de sales:
Realizada en laboratorio, con ella se puede conocer la concentración que existe de
cada una de las sales analizadas. Lo más usual es que se exprese en miligramos por litro
(mg/l). Sumando las cantidades obtenidas de todas las sales, se tiene el Contenido Total
de Sales del agua de riego (CTS), que normalmente se expresa en gramos por litro (g/l).
Medida de la conductividad eléctrica:
La concentración o el contenido total de sales se puede determinar de manera muy
simple y rápida utilizando un aparato llamado conductivímetro, que mide en realidad la
conductividad eléctrica. La conductividad eléctrica suele expresarse en deciSiemens por
metro (dS/m) o en miliSiemens por centímetro (mS/cm) y a una temperatura
determinada, siendo ambas unidades equivalentes (una muestra con una conductividad
de 1.2 dS/m tendrá también 1.2 mS/cm). Una vez que se ha determinado la
conductividad eléctrica, el contenido total de sales (CTS) en g/l (gramos por litro) se
calcula con una fórmula muy simple:
Contenido Total de Sales = 0,64 x Conductividad eléctrica
Existen una serie de criterios que establecen si el agua puede usarse para el riego
según la cantidad de sales disueltas medidas en ella, criterios que deben usarse con
precaución y ser aplicados con carácter general ya que cada caso particular puede tener
soluciones adecuadas. La FAO indica el riesgo de producirse problemas de salinidad
según los siguientes límites en contenido de sales:
Tolerancia de los cultivos a la salinidad
La tolerancia a la salinidad es la capacidad del cultivo a soportar un exceso de sales
en la zona de raíces. Cada cultivo presenta una tolerancia distinta, pero además se ve
afectada por diversos factores como el tipo de sal, el clima, manejo y método de riego,
etc.
La tolerancia indica el valor de conductividad en el agua del suelo que cada cultivo
puede soportar sin producirse disminuciones en su rendimiento. De esta forma se puede
establecer una comparación entre los cultivos que toleran mejor la salinidad y los que
son muy poco tolerantes.
También debe tenerse en cuenta como criterio de elección del sistema de riego y
debe ser tenido en cuenta si existe la posibilidad de implantar uno u otro.
Toxicidad
La presencia de determinadas sales en el suelo, incluso a bajas concentraciones,
pueden provocar efectos tóxicos en las plantas. Normalmente, los cultivos leñosos o
arbóreos presentan mayor toxicidad que los cultivos anuales. En general, las que
ocasionan más problemas para los cultivos son el sodio, el boro y el cloruro. La
toxicidad de cada uno de ellos es diferente para cada cultivo así como los síntomas que
producen en las plantas. Por lo tanto, conociendo los síntomas se pueden detectar ciertos
problemas de toxicidad.
Un exceso de sodio produce sequedad o quemaduras en los bordes exteriores de las
hojas. Cuando el problema continúa, la sequedad continúa por los nervios hasta el
centro de la hoja. Los cítricos, aguacate y judía son los cultivos más sensibles al exceso
de sodio en el suelo, mientras que trigo, algodón, cebada, alfalfa y remolacha, por
ejemplo, son muy tolerantes.
Cuando el cloruro se acumula en las hojas hasta niveles del orden del 0.1-0.3% del
peso de la hoja, los efectos pueden ser muy perjudiciales. Suele manifestarse con
quemaduras en la punta de las hojas y avanzar por los bordes. Afecta fundamentalmente
a cultivos leñosos, siendo muy sensibles los frutales de hueso, el aguacate, los cítricos y
la vid.
El boro, a diferencia de los anteriores, afecta tanto a plantas leñosas como a
anuales. Llega a ser muy perjudicial para algunas plantas incluso a concentraciones tan
bajas como 1 miligramo por litro, sin embargo es un elemento esencial para un
desarrollo correcto del cultivo. Suele manifestarse por un amarilleamiento de la punta
de las hojas más antiguas que va desplazándose hasta el centro de las hojas entre los
nervios y sequedad en algunas otras zonas de la planta. Las plantas más sensibles son,
entre otras, la judía, el girasol, el trigo, el maíz, el algodón, los frutales de hueso y
pepita, la vid y el aguacate, mientras que son bastante tolerantes el espárrago, la
remolacha y la alfalfa entre otras.
Problemas de infiltración
Aunque se aporte agua al suelo mediante riego, si la infiltración es deficiente puede
surgir serios problemas para que ésta llegue a las raíces de las plantas. Los problemas
más frecuentes relacionados con una infiltración baja suelen producirse cuando el sodio
(que suele estar presente en el agua de riego) se incorpora al suelo y deteriora su
estructura; los agregados del suelo se dispersan en partículas pequeñas que tapan o
sellan los poros y evitan que el agua pueda circular e infiltrarse con facilidad. El efecto
contrario lo producen el calcio y el magnesio, por lo que para evaluar realmente el
problema que puede generar un exceso de sodio hay que saber también la cantidad de
calcio y magnesio que hay en el suelo.
La forma de evaluar ese balance se realiza con un índice llamado Relación de
Adsorción de Sodio (RAS). Cuanto mayor sea el RAS, mayor será la cantidad de sodio
con respecto a la de calcio y magnesio y mayores serán los problemas de degradación
del suelo y de infiltración del agua.
Otros criterios de calidad
Además de la salinidad y la relación de adsorción de sodio, es muy conveniente
saber la cantidad de sólidos en suspensión, el pH, la dureza, el contenido de hierro y la
cantidad de bacterias del agua de riego, principalmente para determinar el riesgo de
obturaciones en sistemas de riego localizado.
II) ELECCIÓN DEL SISTEMA DE RIEGO
Antes instalar un equipo de riego, sería interesante conocer los costes que no va a
ocasionar en la explotación ya que normalmente se requieren inversiones grandes.
Debemos analizar la rentabilidad de la instalación y debemos tener en cuenta otros
aspectos generales:
- el sistema de riego nos condicionará muchas de las labores de cultivo
(preparación del suelo, plantación, abonado, recolección, etc).
- el consumo de agua (eficiencia de riego) varía entre unos sistemas y otros.
Además, cada sistema de riego tiene sus ventajas y sus inconvenientes:
INUNDACIÓN
Ventajas: - Bajo coste.
- Alta eficacia en el lavado de sales.
Inconvenientes: - Necesaria buena nivelación.
- Elevado consumo de agua.
- Apelmazamiento del suelo.
ASPERSIÓN
Ventajas: - Poca mano de obra.
- No es necesaria la nivelación del terreno.
- Ahorro de agua.
- Automatización.
Inconvenientes: - Elevado coste.
- Necesidad de energía.
- Pérdidas por evaporación.
- Viento.
- Posible incremento de plagas y enfermedades.
LOCALIZADO
Ventajas: - Adaptado para cultivos en línea.
- Poco gasto de agua.
- Automatización.
- Aumento de la producción (riegos ligeros y frecuentes).
- Disminución de riesgo de enfermedades.
- Poca mano de obra.
Inconvenientes: - Obturación de orificios.
- Personal más cualificado.
- No apto para cultivos densos.
- Elevado coste.
III) PROGRAMACIÓN DEL RIEGO
Se trata de buscar unos parámetros en base a los cuales podamos decidir el
momento de riego, la dosis y la frecuencia. Podemos optar por:
a) Análisis visual unido a la experiencia.
b) Seguir las recomendaciones de los Servicios Técnicos de
asesoramiento al regante.
c) Cálculos propios en función de:
- las necesidades de agua de los cultivos
- las lecturas de equipos de medición indirecta (suelo, planta,
radiación).
NECESIDADES DE AGUA DE LOS CULTIVOS
Ya es conocido que la cantidad de agua que las plantas transpiran es mucho mayor
que la que retienen y llega a formar parte de ellas (usada en procesos de crecimiento y
fotosíntesis). La transpiración puede considerarse, por tanto, como el consumo de agua
por la planta. Desde la superficie del suelo se producirá la evaporación del agua de las
capas más superficiales.
La cantidad de agua que supone ambos procesos, transpiración y evaporación, suele
considerarse de forma conjunta simplemente porque es muy difícil calcularla por
separado. Por lo tanto, se considera que las necesidades de agua de los cultivos están
representadas por la suma de la evaporación directa de agua desde el suelo más la
transpiración de las plantas, en lo que se denomina evapo-transpiración (ET). La
evapotranspiración suele expresarse en milímetros de altura de agua evapotranspirada
en cada día (mm/día) y es una cantidad que variará según el clima y el cultivo.
Evapotranspiración de referencia:
Para poder calcular la evapotranspiración (ET) se parte de una sistema ideado para
este fin, consistente, en medir el consumo de agua de una parcela de unas medidas
concretas sembrada de hierba, con una altura de unos 10-15 centímetros, sin falta de
agua y en pleno crecimiento, donde se ha colocado un instrumento de medida. Al dato
obtenido se le denomina evapotranspiración de referencia (Etr). Como el cultivo es
siempre el mismo, será mayor o menor según sean las condiciones del clima (radiación
solar, temperatura, humedad, viento, etc.) y del entorno (según se mida en el exterior o
dentro de invernadero). Con frecuencia, la estimación de la evapotranspiración de
referencia (Etr) no está dentro de las posibilidades del regante, que para obtenerla
deberá recurrir a información proporcionada por entidades públicas o asociativas,
centros de investigación y experimentación, etc.
Coeficiente del cultivo:
El coeficiente de cultivo (Kc) describe las variaciones en la cantidad de agua que
las plantas extraen del suelo a medida que se van desarrollando, desde la siembra hasta
la recolección.
En los cultivos anuales normalmente se diferencian cuatro etapas o fases del
cultivo:
INICIAL: desde la siembra hasta un 10% de cobertura del suelo
aproximadamente.
DESARROLLO: desde el 10% de cobertura y durante el crecimiento activo de
la planta.
MEDIA: entre floración y fructificación, correspondiente en la mayoría de los
casos al 70-80% de cobertura máxima de cada cultivo.
MADURACIÓN: desde madurez hasta recolección.
EL AGUA EN EL SUELO
En función de la mayor o menor proporción de agua en los poros del suelo, y su
disponibilidad para la planta se definen cuatro niveles de humedad:
SATURACIÓN: cuando todos los poros están llenos de agua.
LÍMITE SUPERIOR (LS): es un nivel de humedad que se consigue dejando
drenar el agua de un suelo saturado. Este contenido de agua supone la mayor
cantidad de agua que el suelo puede llegar a almacenar sin drenar. También se
conoce como capacidad de campo (CC).
LÍMITE INFERIOR (LI): si el suelo no recibe un nuevo aporte, la evaporación
de agua desde el suelo y la extracción por parte de las raíces hacen que el agua
almacenada disminuya hasta llegar a este nivel en el que las raíces no pueden
extraer más cantidad. Aunque el suelo aún contiene cierta cantidad de agua, las
plantas no pueden utilizarla. Se conoce también como punto de marchitamiento
permanente (PMP).
SUELO SECO: situación en que los poros del suelo están totalmente llenos de
aire.
El comportamiento del suelo como medio poroso frente a un determinado grado de
humedad es muy similar al de una esponja. Supóngase una esponja totalmente seca
sobre la que se vierte agua hasta saturarla (mojarla por completo); comenzará a soltar
agua por la parte inferior simplemente por gravedad, hasta un momento en que no caiga
más, estando entonces en una situación similar al de límite superior. Si la esponja se
presiona con fuerza para expulsar el agua, quedará con una humedad equivalente al de
límite inferior, es decir, por más que se presiones no se expulsa más agua, sin embargo
todavía está ligeramente húmeda. Solamente se podría extraer el agua restante si la
esponja se seca en una estufa, lo que sería análogo al suelo seco. En un suelo ocurre de
forma similar, y a medida que hay menos agua, la succión que ejerce el suelo sobre el
agua es mayor, es decir, a la planta le cuesta más trabajo extraerla.
Así pues, las plantas pueden extraer el agua del suelo desde el límite superior hasta
el límite inferior de humedades, lo que se conoce como Intervalo de Humedad
Disponible (IHD). En la práctica, la mayor cantidad que el suelo puede almacenar y
poner a disposición de las plantas y por lo tanto el que ellas pueden extraer es en torno
al 70% de la cantidad de agua representada por el IHD.
Para poder programar los riegos de forma eficaz, es necesario conocer el nivel de
humedad o cantidad de agua que tiene el suelo y los valores tanto de límite superior
como de límite inferior. El contenido de agua en el suelo se puede determinar de forma
directa utilizando muestras de suelo o bien de forma indirecta usando unos aparatos
específicos.
Medidas contenido de agua en un suelo
Humedad gravimétrica:
Es el porcentaje de peso de suelo ocupado por el agua. Por ejemplo, si en unas
muestra de suelo humedecido, 14 gramos son de agua y 65 gramos son de suelo, la
humedad gravimétrica será el resultado de dividir 14 entre 65 y multiplicar por 100, es
decir, el 21,5%.
Humedad volumétrica:
Es el porcentaje de volumen de suelo ocupado por el agua. Por ejemplo, si en una
muestra de suelo humedecido 12 cm3 son de agua y 48 cm3 son de suelo, la humedad
volumétrica será el resultado de dividir 12 entre 48 y multiplicar por 100, es decir, el
25%.
Lo más frecuente es calcularla multiplicando la humedad gravimétrica por la densidad
aparente (da) del suelo. La densidad aparente es la relación entre el peso de una muestra
de suelo y el volumen que ella ocupa, y su valor es diferente para cada tipo de suelo si
bien para suelos con textura similar, (da) es muy parecida. Las unidades más frecuentes
de densidad aparente son gramos por centímetro cúbico (g/cm3).
Determinación in situ:
Sonda de neutrones, TDR (Time Domain Reflectometry), FDR (Frecuency
Domain Reflectometry) también llamados sensores de capacitancia.
Estrategias de riego:
Las estrategias de riego se pueden entender como criterios para decidir el momento
de efectuar un riego y la cantidad de agua a aplicar.
1.- Un criterio general es aplicar el riego cuando el Déficit de Agua en el Suelo
(DAS) sea igual al Nivel de Agotamiento Permisible (NAP), aplicando las necesidades
brutas de riego (Nb). Teniendo en cuenta estrictamente el balance de agua (agua que se
aporta al sistema suelo-planta menos agua que se extrae del sistema) es la estrategia más
recomendable, ya que permite que no haya problemas de extracción de agua y que la
producción final no se vea afectada, aplicando el menor número posible de riegos.
2.- Si el valor comercial del cultivo es muy alto, es conveniente asegurarse que las
raíces de las plantas no tengan problemas en extraer el agua en ningún momento,
aplicando las necesidades brutas de riego antes de que el DAS alcance el NAP. De esta
manera se aumenta el número de riegos y, dependiendo del método de riego empleado,
su coste.
3.- En ocasiones es conveniente aplicar una cantidad de agua fija con los riegos, de
manera que se aproveche al máximo el sistema de riego. Los sistemas automecanizados
de riego por aspersión (por ejemplo el pivotante, más conocido por “pívot”) son un
claro ejemplo de aplicación de una cantidad fija, que depende de la velocidad a la que se
desplace la máquina. En estos casos, el momento de realizar el riego es aquel en que el
Déficit de Agua en el Suelo iguale a las necesidades netas, pero teniendo en cuenta que
se aplicaran las necesidades brutas.
4.- En numerosos sistemas de riego (principalmente en riego por superficie) existen
restricciones para elegir el momento de riego ya están organizados por turnos en los que
cada agricultor riega cuando le está permitido. En este caso puede ser que el Déficit del
Agua en el Suelo supere al Nivel de Agotamiento Permisible, lo que es indeseable. Lo
más usual es que en estos casos el agricultor procure aplicar el agua correspondiente a
las necesidades brutas, es decir cargar el suelo de agua en previsión de que el turno de
riego se pueda retrasar.
Programación en tiempo real:
Se denomina programación en tiempo real al que utiliza datos en tiempo real, es decir
medidos diariamente o en fechas cercanas al momento actual.
Este apartado se desarrollará en la sesión El Suelo y el Agua.