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Alquimia

El documento analiza el contexto de criminalidad en México durante los años treinta, destacando el asesinato de Jacinta Aznar, una mujer soltera de 45 años, cuyo cadáver fue encontrado en su casa un mes después de su muerte. Se enfatiza la importancia de la fotografía forense en la investigación del crimen, con imágenes tomadas por Agustín Víctor Casasola que ayudaron a documentar la escena y a identificar al posible culpable. La narrativa también menciona la influencia de la prensa en la cobertura del caso y el uso de imágenes para atraer la atención del público.

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El documento analiza el contexto de criminalidad en México durante los años treinta, destacando el asesinato de Jacinta Aznar, una mujer soltera de 45 años, cuyo cadáver fue encontrado en su casa un mes después de su muerte. Se enfatiza la importancia de la fotografía forense en la investigación del crimen, con imágenes tomadas por Agustín Víctor Casasola que ayudaron a documentar la escena y a identificar al posible culpable. La narrativa también menciona la influencia de la prensa en la cobertura del caso y el uso de imágenes para atraer la atención del público.

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38 Alquimia

En la escena del crimen:


el registro fotográfico
Rebeca Monroy Nasr*

Varios factores podrían ponderarse en los años treinta cuando hojea-


mos y “ojeamos” las noticias en los diarios. En particular podría pensar-
se que el índice de criminalidad bajaría después de la revuelta armada y
las instauración de un nuevo código penal en 1931.1 Sin embargo, basta
abrir algunos diarios como la segunda sección de Excélsior, El Universal,
El Universal Gráfico, El Nacional y La Prensa para advertir la cantidad de
delitos que se cometían cotidianamente.2 Esas “notas rojas” que por mo-
mentos aparecían también como notas políticas en la primera plana de
los diarios, en los “fabulosos” años veinte estaban a la orden del día. Re-
cordemos el levantamiento delahuertista, el fusilamiento de Carrillo Puerto,
los atentados y las controversias entre el Estado y la Iglesia católica, el
asesinato del candidato a la presidencia el general Álvaro Obregón, así
como el atentado contra el presidente Ortiz Rubio que fue usado como
excusa para expulsar del país a la fotógrafa italiana Tina Modotti, poco
después se supo que fue Daniel Flores el culpable.3 Sin olvidar al multi-
homicida de su propia familia Luis Romero Carrasco, a los dinamiteros,
los robachicos, entre muchos otros casos. Sus historias se postraban
ante el ojo de los lectores con tintes amarillezcos y granadinos: es decir,
se propalaba la nota roja de manera cotidiana, aunado al uso y venta de
las armas en el diario andar.4

La incidencia de los delitos estaba a la vista, tal vez desde la óptica de PÁGINA ANTERIOR
© 69109
una cultura popular y supersticiosa, podría pensarse que era por ser año Casasola
Peritos buscan entre las
bisiesto, atajado por cuatro eclipses, de los cuales sólo tres se verían acá, cosas de Jacinta Aznar
México, 25 de febrero
como señaló el director del Observatorio Astronómico Nacional, don Joa- de 1932
Col. Archivo Casasola
quín Gallo. Seguramente el tufo a pólvora aún se respiraba en el ambien- Secretaría de Cultura.
[Link]
te, una violencia explícita junto al miedo soterrado entre la población. A
doce años de distancia de la revuelta armada, el país vivía en la incerti-
dumbre con presidentes interinos, aunado a las condiciones sociales y
económicas que no mostraban los avances esperados. La población en

Alquimia 39
general sufría de robos a transeúntes, a casa, a negocios, los homicidios seguían
a la orden del día. Era una violencia intra y extra familiar.

Uno de ellos no pasó inadvertido, y no era para menos, pues se trató del asesina-
to de una mujer soltera de unos 45 años, que gustaba de vivir bien. A la yucateca
Jacinta Aznar González Gutiérrez, que disfrutaba del lujo y los viajes al extranjero,
la creían excéntrica porque además de vivir sola, habitaba una casa bien pues-
ta en la calle de Insurgentes núm. 17. Un hecho terrible reveló su deceso, pues
la peste que emanaba el cuerpo muerto de “Chinta”, como la conocían sus alle-
gados, atravesaba paredes, ventanas y el pórtico, por lo que el señor recolector
de basura le avisó al policía que rondaba por esos rumbos del mal olor. Sin em-
bargo, su desaparición no había sido notoria porque le gustaba irse de viaje por
largos periodos, hubo quien pensó que podría ser un animal muerto o algo más
que exhalaba esos vapores insoportables, por ello fue necesario cerciorarse in-
troduciéndose a la casa.

Ahí la sorpresa fue mayor, pues encontraron el cadáver postrado boca abajo, con
una colcha y un rebozo sobre su cuerpo y cabeza, con papeles semiquemados en-
cima y alrededor del cuerpo. Era un hecho inexplicable porque como comentaron
sus parientes y amigos, ella se cuidaba mucho, no dejaba entrar a su casa a cual-
quiera, tenía muchas precauciones porque temía lo peor y era “demasiado” pre-
cavida. Al parecer, no fue suficiente el temor a los demás, su instinto desarrollado
ni las precauciones extremas, pues en el hall de su casa apareció su cadáver un
mes después de su asesinato. Y como solía suceder en estos casos, la fotografía
fue una parte sustancial del registro y de las pruebas recogidas, coadyudaba a la
ciencia forense a recabar datos para dar con el o los asesinos. Además de su uso
común en los diarios y revistas para atraer la atención de los lectores.

De las imágenes que al parecer Agustín Víctor Casasola tomó, algunas aparecie-
ron en el diario Excélsior, sobre todo los primeros días. Después los editores com-
binaron las imágenes con otro decano de la fotografía: Luis Santa María, fotógrafo
del diario, y las de “El Gordito” Enrique Díaz, quien tampoco se quedó atrás ante
lo inexplicable: la sangrienta, implacable y terrible muerte de la dama yucateca.
El asesinato fue considerado de una perversión insospechada, dado el estado en
que se encontró. Al momento de entrar a la escena los peritos encabezados por
el director del Departamento de Criminalística e Identificación de la policía, el pro-
fesor Dr. Benjamín Martínez, con sus técnicas científicas analizaron la escena del
crimen y obtuvieron datos que revelaba la magnitud crimen.

Las imágenes lo muestran con puntual certeza, principalmente porque se tomó


el cuerpo del delito desde diversos ángulos. Casasola con su experiencia de
fino cazador logró captar los primeros planos de la grotesca escena para res-

40 Alquimia
guardarla, evitó contaminarla e hizo un registro detallado del cuerpo, el cráneo, © 70359
Casasola
los objetos alrededor, de la casa en general y los sujetos que se presentaron El cadáver de Jacinta
Aznar y el Dr. Martínez
esos días en la escena.5 Es justo mencionar que otros diarios manejaron imáge- mostrando las joyas falsas
al fotógrafo Casasola
nes también como La Prensa, El Universal, El Universal Gráfico y El Nacional, México, 23 de febrero
de 1932
aunque en este caso nos concentraremos en las realizadas por los miembros Col. Archivo Casasola
Secretaría de Cultura.
de la familia Casasola. [Link]

No tardaron mucho los peritos en dar con el posible culpable y fue gracias a una
serie de elementos contundentes que permanecieron en la escena del crimen. El
cuerpo de Jacinta estaba muy descompuesto a un mes de distancia del suceso
y ya presentaba larvas negras, amarillentas y moscas grandes que revoloteaban
por doquier —mejor conocidas como “panteoneras”—. En cuanto el Dr. Martínez
volteó el cuerpo de Jacinta y retiraron la colcha y el rebozo que la cubrían, la cá-
mara de Casasola captó el collar y la ropa que llevaba puestos. Eran joyas sin
valor —dato curioso—, tenía puesto un mandil encima del vestido y zapatos de
tonos cafés, en las imágenes se observan muchos papeles alrededor del cuerpo
y encima de Jacinta. En ese momento surgió la hipótesis de que su asesino había
intentado calcinar el cuerpo para evitar el mal olor; pero después se había arre-
pentido al darse cuenta que sería muy difícil lograrlo sin llamar la atención, por lo
que seguramente intentó apagarlo con agua y por ello, inferían, aparecía una olla
de barro invertida cerca de la cabeza de “Chinta” Aznar.6

Alquimia 41
42 Alquimia
La cámara fotográfica dio seguimiento al cuerpo policiaco y a los expertos crimi-
nalistas, que fueron por toda la casa el día que descubrieron el cadáver y los días
subsiguientes. Una imagen de Casasola se volvió famosa por icónica, dado su
contenido y su forma impecable de representación. Es aquella donde están los
peritos e investigadores con las máscaras de la época que usaron para aguantar
el hedor de la casa y seguir adelante con las investigaciones. La fotografía que
guarda un valor documental y estético (de la estética del horror y lo surreal). Aún
a pesar de que personalmente el profesor Martínez mandó desinfectar la casa, tal
era el olor a putrefacción que también en la reconstrucción del crimen se usaron
las máscaras antigás, así que podemos verlos a él con su asistente; al licenciado
Fernández Vera, juez Segundo del caso; al licenciado Schultz; al fiscal, el licen-
ciado Corona; al licenciado Esteva y algunos otros policías con sus pañuelos en
el rostro pues ya no alcanzaron máscaras, porque algunas no servían. Fue tal el
impacto en la época y la difusión de las imágenes en los diarios, que les dieron
el mote de la “Banda de los Trompetas”, gracias a ese humor negro de los perio-
distas y del pueblo, que es tan común para aminorar el dolor o el miedo ante lo
inexplicable.7 También gracias a las imágenes podemos apreciar que en la esce-
na estuvieron los peritos, pero no en balística ni en armas blancas, sino en golpes
contusos a solicitud del Dr. Martínez. Ellos tampoco alcanzaron máscaras ni mas-
carillas antiguas y usaron sus pañuelos amarrados al rostro, para evitar las ema-
naciones putrefactas que se respiraban por todo el ambiente.8

La cámara casasoliana siguió a los especialistas en el interior, subió a la recá-


mara de Jacinta Aznar y captó toda huella que pudiera relatar los sucesos, como
una mesita tirada cerca del cadáver de “Chinta”, el ropero abierto de par en par
y la ropa regada en el piso, papeles por doquier, la alfombra sobre la que que-
dó el cuerpo y sus manchas, los rastros de la olla de barro que se convirtió en un
elemento de suyo fundamental para aclarar los sucesos, porque al analizarla se
desmintió el decir del asesino. También se tomaron fotos del lavadero con ropa y
manchas de sangre, de la escalera, entre otras del exterior de la casa con la po-
blación aglomerada para ver a los peritos, movida por el morbo y la curiosidad. Es
una secuencia visual impresionante, que dejaba en firme el registro de un crimen.
Es decir, la fotografía en ese momento trabajaba no sólo como medio fotoperiodís- PÁGINA ANTERIOR
© 220538
tico, sino como parte de la ciencia forense, lo cual es importante de señalar como Casasola
Ropa en el piso
uso social de la imagen, aledaño a sus múltiples tareas de la época. encontrada durante la
investigación del asesinato
de Jacinta Aznar
México, 25 de febrero
A los pocos días dieron la noticia de quién podría ser el culpable, un agente que de 1932
Col. Archivo Casasola
vendía cupones para hacer fotografías amplificadas e iluminadas, de la famosa Secretaría de Cultura.
[Link]
casa de retratos “Foto Chic” —que pertenecía a Catalina y Jerónimo Guzmán—.
Era un hombre de unos 30 años, procedente de Amecameca, Estado de México,
que era muy alto, de quijada sobresaliente, de manos enormes y ojos de mirada
fuerte y profunda. En un primer momento se le dio a conocer como Alberto Gallegos

Alquimia 43
Sánchez, luego se dijo que podría ser Pedro o Alberto su verdadero nombre, pero
finalmente la prensa le llamó Pedro o Alberto Gallegos. Cierta evidencia en el lugar
lo delataba: dejó un recado que decía que no había encontrado a la señorita Aznar
y que regresaría al día siguiente a la misma hora (22 de enero, que después se
estableció como la fecha del crimen), además de un recibo de ochos pesos como
adelanto de un trabajo que contenía la dirección de su estudio. Lo vigilaron por
tres días antes de aprehenderlo en la calle de Sol núm. 107, en donde vivía desde
hacía algunos meses con su amante la señora Ana María Iturriaga viuda de Martí-
nez. También lo vigilaron en su domicilio-estudio en la calle de Camelia núm. 58.

Con esos datos que recopilaron la policía y los peritos, se dieron cuenta de que
el último que visitó la casa fue Gallegos, dado que fue la fecha a partir de la cual
los periódicos se amontonaron en el zaguán. La escena, al final, también resultó
demasiado contaminada para poder estudiarla. A la distancia podemos notar que
las fotos de los Casasola podrían formar parte de la evidencia. Seguramente no
todas las hizo el decano de la fotografía dado que el ángulo visual a veces es muy
alto y otras más a la altura de la vista, por lo que podemos inferir que bien pudo
cubrir el evento en sus primero días Agustín Víctor y después turnarse la cámara
con alguno de sus hijos o sobrinos que en esa época ya eran muy productivos.

Lo que se decía es que en ese momento Gallegos había librado batallas econó-
micas muy severas, pues al decir de su casera Luisa de la Torre, viuda de Puig,
en la calle de Camelia núm. 58 sólo tenía un traje azul marino, y eventualmente
lo veía con poco dinero. Tendría unos cuatro meses que se habría ido a vivir con
su amante Ana María en la calle de Sol núm. 107. Y el lugar que le rentaba había
quedado más como un estudio de trabajo, pues él se proclamaba como “Agente
de retratos amplificados e iluminados”.9 Aunque la actividad que más desarrolla-
ba Gallegos en torno a las fotografías era la venta de cupones para que las per-
sonas se hicieran retratos en “Foto Chic”. Cada cupón era de 50 centavos, y así
fue como conoció a Jacinta Aznar, pues estando el día 21 de enero en el edificio
de Correos intentando vender sus cupones a las empleadas de dicho lugar, Ja-
cinta notó el trabajo de Gallegos y le entusiasmó la idea de que le hiciera un mon-
taje fotográfico con los seres que más admiraba. En palabras del mismo Gallegos
ella le dijo: “¡Qué primorosos están, usted los hace?”.10 Ahí fue cuando se dio la
cita para verse en la noche, según Gallegos ese día no la encontró, dijo que final-
mente lo hizo hasta el siguiente. En alguna de sus múltiples declaraciones, mu-
chas de las cuales fueron falsas, el sospechoso dijo que en cuanto fue a dejarle
los letreros un hombre con un bastón de empuñadura de plata le abrió el portón
y le dijo que pasara, pero que no dijera lo que encontraría adentro del domicilio.
La prensa llamó a ese personaje, que finalmente se supo que era ficticio, “el hom-
bre de paja”. Declaró en un principio que encontró con vida a la señorita Aznar,
que le dio agua, que le pidió unas pastillas que él buscó en su recámara, por eso

44 Alquimia
estaba revuelta, y que regresó y falleció después. Dijo que le dio miedo dar parte © 70396
Casasola
a la policía y por ello se esperó. Con el tiempo se dieron cuenta que cada vez que El Dr. Benjamín Martínez
y sus asistentes en la
hacía declaraciones cambiaba su versión, y con ello mostró un teatro de aparien- escena del crimen
México, 23 de febrero
cias y mentiras interminables. de 1932
Col. Archivo Casasola
Secretaría de Cultura.
[Link]
El caso es apasionante porque estamos ante uno de los asesinos más controverti-
dos del siglo xx mexicano, en primer lugar ya nadie tenía certeza de su verdadero
nombre: Alberto o Pedro. Por otro lado, tenía una denuncia por hostigamiento se-
xual que entonces llamaban delito de “seducción” (violación), registrada el 21 de
julio de 1930 con la partida 341. Gallegos fue acusado por María de la Luz Sán-
chez, estuvo en la cárcel de Belén, sin embargo quedó absuelto de su mala con-
ducta. En Estados Unidos también había estado encarcelado por un año y medio,
aunque la prensa no especifica el delito. En el momento de aprehenderlo se le
señalaba como un criminal “peligroso, sanguinario y cruel, de mayor capacidad
intelectual que cualquier otro”, que “podría escapar de Belén”.11 Era en realidad
un hombre conflictivo e inteligente, un gran embustero y en cierta medida exhibi-
cionista, pues le gustaba atraer la atención de los periodistas y al público en ge-
neral. En las fotografías a veces lo vemos cubriéndose el rostro frente al fotógrafo,
en otras luciendo una sonrisa o posando para él. Así de contrastado era él. Inclu-
so logró que el subdirector de la cárcel de Belén le diera tres días de resguardo
lejos de todos, pidió una máquina de escribir para poder hacer su declaración
que subrayó en partes con tinta roja y otras en negro, dramatizándola. Pidió pa-

Alquimia 45
© 69816 necillos recién horneados, refrescos en la madrugada. Una vez que hizo esto, se
Casasola
Ficha de ingreso a Belén paró en la barandilla a leer más de tres hojas en donde se incriminaba y parecía
de Pedro o Alberto
Gallegos Sánchez decir la verdad, pero en una hoja en blanco había escrito con tinta invisible “Soy
México, 3 de marzo 1932,
Col. Archivo Casasola inocente”. Con este truco de magia común de la época, se dio otra oportunidad
Secretaría de Cultura.
[Link] más para sostener su inocencia.

Es importante señalar que dos cómplices de Pedro o Alberto Gallegos, aparecie-


ron en el camino, quienes declararon ser participaciones en el crimen. Uno de
ellos fue Eugenio Montiel, era el jardinero que la señorita Aznar había contratado
apenas diez días antes del homicidio, por ahí del 11 de enero; y el otro fue Juan
F. Sánchez Trinidad, amigo de Gallegos que también era agente amplificador de
fotografías. Ambos dijeron cómo la asesinaron y lo sangriento del evento. Euge-
nio declaró que “fue una verdadera orgía de sangre”12 y que Gallegos le dio 205
pesos después del crimen, que usó para casarse. Por su parte, Sánchez Trinidad
declaró que Gallegos había matado a tubazos a la señorita Aznar, cuestión que
ya había descubierto el Dr. Martínez por la manera en que estaba el cráneo de la
víctima. En otra declaración que realizó el verdadero y real asesino decía que na-
die más había participado del crimen y que él lo hizo solo. Otra maniobra para salir
librado de la cárcel, en caso de que ellos se desdijeran y así no lo culparan. Fue
un teatro de maniobras infinitas las que practicó desde un inicio el propio Gallegos,

46 Alquimia
para distraer a la policía, a los agentes del ministerio público, al juez Segundo,
y a los abogados defensores y fiscales. Pero poco a poco la ciencia forense se
fue imponiendo en el caso. En el momento en que se hizo la reconstrucción del
crimen cayó a tierra el alegato de Gallegos acerca de que el cuerpo de Jacinta
todavía estaba con vida, pues el Dr. Martínez aseguró que Jacinta Aznar quedó
muerta casi de manera instantánea el día 21 de enero por la brutalidad de la fuer-
za de los golpes con el tubo. El 9 de marzo se llevó a cabo la reconstrucción del
crimen con Pedro o Alberto Gallegos Sánchez en la “casa del crimen”. Una gran
cantidad de policías, especialistas, el aparato jurídico, los peritos, los fotógrafos y
sobre todo los curiosos que rodearon la casa del crimen, fueron captados por la
cámara.13 En paralelo: el hijo del aviador norteamericano Charles Lindbergh ha-
bía sido secuestrado.

Finalmente declararon los especialistas: “las pruebas son suficientes para llevar-
lo a ‘vista’” y “culparlo del delito ante el Tribunal de Derecho que en esta ocasión
será la Primera corte penal la que dará su veredicto y sentencia, con una pena
que se aproxima a los 30 años de prisión”.14 Aunado a ello, se confirmó la hipó-
tesis de Excélsior de que el victimario volvió a la casa de Insurgentes núm. 17,
para incinerar el cadáver días después y que incluso intentó llevárselo para borrar
cualquier huella; por ello el rebozo y la colcha que rodeaba el cuerpo de Jacinta.
Sin embargo, Gallegos Sánchez insistía en haber actuado solo, la ropa que dejó
junto al lavadero en la casa de Jacinta Aznar mostraba premeditación, alevosía y
ventaja, pues llevó a la casa del crimen una muda para cambiarse después del
cometer el asesinato. El móvil, la posibilidad de robarle dinero a la señorita, ya
que saldría de viaje en esos días y según parientes tenía unos 7 mil pesos en su
casa. Robaría también las joyas y algunos abrigos que después se supo que Ga-
llegos vendió en el centro. Todo eso fue parte del botín. Otro abrigo lo conservó
Eugenio Montiel, uno de los secuaces. Para abordar el perfil de Pedro o Alberto
Gallegos se solicitaron análisis psiquiátricos, que fueron realizados por médicos
legistas, encontraron que: “Gallegos es un degenerado que indudablemente ha
usado enervantes para intoxicarse. Además es un sujeto bastante inteligente, aún
cuanto falto de cultura, para inventar los absurdos con los que ha tratado de en- PÁGINAS SIGUIENTES
© 70370
gañar a la justicia, tiene una gran memoria y recuerda al dedillo lo que ha dicho Casasola
Antonio Fernández
en sus patrañas”.15 interroga a Alberto
Gallegos, proceso penal
por el asesinato de
Jacinta Aznar
Cierto es que el vendedor de fotos iluminadas era en extremo inteligente, un ven- México, 4 de marzo de
1932
dedor de ilusiones. Con las declaraciones, el análisis de la escena del crimen, Col. Archivo Casasola
Secretaría de Cultura.
del cuerpo de “Chinta”, y de los objetos varios, se comprobó la participación de [Link]

Gallegos Sánchez y sus cómplices, por lo cual fueron enviados a la Penitenciaría


de Lecumberri, a la crujía “A”, que era para delincuentes de alta peligrosidad. Así
se evitaba que escaparan de la cárcel Belén, que por cierto, estaba en pésimas
condiciones y a punto de ser demolida. Se retrasó mucho tiempo la sentencia

Alquimia 47
48 Alquimia
Alquimia 49
© 70392 de Gallegos porque aparecían nuevas declaraciones, testigos, los padres
Casasola
Agentes del Ministerio de los inculpados, y también porque el fiscal se enfermó. Mientras tan-
Público y detectives
durante la investigación to, otros titulares anunciaban la aprehensión de uno de los sujetos más
del crimen de
Jacinta Aznar buscados por robos y múltiples fechorías, “El Raffles” mexicano; y Da-
México, 10 de marzo 1932
Col. Archivo Casasola niel Flores, el que balaceó a Ortiz Rubio, moría en la cárcel por un “viejo
Secretaría de Cultura.
[Link] mal”. Pedro o Alberto Gallegos, de quien después se supo que también
era conocido con el mote de “Conde Federico” o “Monseñor Fernández”,
esperaba sentencia.

Las fotografías lo muestran en varios momentos de sus múltiples y confu-


sas declaraciones, en bartolinas, en los careos, con el fiscal, con el Juez
Segundo, en sus mutaciones de carácter, en los momentos en que se
sintió mareado, transformado de seductor a un acongojado hombre ra-
pado, tapándose el rostro con sus enormes manos o demasiado son-
riente ante la cámara. Las placas registraron esas escenas y su carácter
volátil. También captaron la reconstrucción del crimen al que acudió que
con los peritos. Fue atrapado por la cámara y por la ley aquel prisionero,
que fue condenado el 12 de enero de 1933 a pasar en las Islas Marías 22
años en la prisión por homicidio calificado, con premeditación, alevosía
y ventaja, y por robo. Sus secuaces también recibieron su condena, me-

50 Alquimia
nor en el caso de Eugenio Montiel: 18 años y seis meses, por coautoría © 70376
Casasola
y robo. A Sánchez, el fotógrafo, sólo dos años por encubrimiento, aun- Alberto Gallegos,
Juan Sánchez Trinidad y
que su abogada la señorita licenciada Gloria Mejía Pentanes calificó la Eugenio Montiel durante
el juicio por el asesinato
sentencia de “¡Desastrosa!”.16 Las encantadoras sonrisas de Gallegos, de Jacinta Aznar
México, 12 de enero
sus argumentaciones contradictorias, los esfuerzos por salir librado de de 1933
Col. Archivo Casasola
ese teatro fantástico que él mismo armó, acabaron el día en que fue lle- Secretaría de Cultura.
[Link]
vado en la “cuerda” de presos a las Islas Marías e intentó escabullirse
entre las sombras del amanecer, cuando estaban en Teoloyucan. A Ro-
berto Alexánderson, el verdadero nombre del “Raffles Mexicano”, ya le
había dicho que jugaría su última carta. Los otros 138 reos presenciaron
su ejecución, pues le aplicaron la ley fuga el 30 de agosto de 1933. Ésa
era una práctica común pues también se utilizó con el multihomicida Ro- PÁGINAS SIGUIENTES
© 220562
mero Carrasco, el 18 de marzo de 1932. Casasola
Pedro o Alberto Gallegos
su cuerpo después de ser
derribado por intentar huir.
Por su parte los fotógrafos siguieron incursionando en diferentes entor- Se le aplicó la ley fuga el
30 de agosto de 1933.
nos para satisfacer las necesidades que se presentaban día con día, lo Aquí acabaron los días de
tan enigmático personaje,
científico, social, periodístico, documental, propagandístico, educativo, México, 30 de agosto
de 1933
moralizante, legal, una larga lista de usos sociales que poco a poco fue Col. Archivo Casasola
Secretaría de Cultura.
abrazando la fotografía como producto de las necesidades que el fas- [Link]

tuoso siglo XX le demandaba en el día con día.

Alquimia 51
52 Alquimia
Alquimia 53
© 69814
Casasola
Jacinta Aznar,
reprografía
México, 1932
Col. Archivo Casasola
Secretaría de Cultura.
[Link]

* Investigadora de la Dirección de Estudios Históricos, inah. con el mismo modus operandi. Entrevista el 2 de septiembre
de 2017.
1 “Original del Código Penal, para el Distrito y Territorios Fede-
rales, en material del fuero común y para toda la República 7 Una maravillosa caricatura aparece con el crédito: “Dibujo
en materia del fuero Federal”, Diario Oficial de la Federación, de un Yanqui”, muestra a “La Banda de los Trompeta”, en
Ciudad de México, 14 de agosto de 1931, art. 320, p. 69. El primera plana, Excélsior, segunda sección, Ciudad de Mé-
delito de homicidio calificado con premeditación, alevosía y xico, 11 de marzo de 1932.
ventaja castigaba hasta con veinte años de prisión. Agradez-
8 Excélsior, segunda sección, Ciudad de México, 8 de marzo
co a Alejandro González Franco la información al respecto.
de 1932, 2ª sección, primera plana y p. 6.
2 Un buen ejemplo de ello lo proporciona Miguel Ángel Mo-
9 Excélsior, segunda sección, Ciudad de México, 27 de febre-
rales en su blog: “Jacinta Aznar (1887-1932)”, Fotografía
ro 1929, primera plana.
en México. [[Link]
mx/2011/07/[Link]. Consultado el 3 sep- 10 Excélsior, segunda sección, Ciudad de México, 23 de mar-
tiembre 2017]. zo, primera plana.

3 Para mayor información véase Gabriela Pulido y Rebeca Mon- 11 Excélsior, segunda sección, Ciudad de México, 23 de mar-
roy Nasr, coords., La nota roja: lo anormal y lo criminal en la zo, pp. 1 y 6.
historia de México, México, inah, 2017, en prensa.
12 Excélsior, segunda sección, Ciudad de México, 16 de marzo
4 Agradezco a la Dra. Elisa Speckman sus observaciones so- de 1932, p. 6.
bre el contexto en particular.
13 El martes 8 de marzo 1932 se anunció que se acudiría a la
5 Un primer acercamiento a estos temas, y en particular al cri- reconstrucción del crimen a solicitud de los abogados de-
men de Jacinta Aznar, lo ha realizado Jesse Lerner en: “El fensores de Gallegos Sánchez, licenciados Raúl Banuet y
fotógrafo como asesino: el caso de Alberto Gallegos”, Alqui- Eduardo McGrégor. Excélsior, segunda sección, p. 6.
mia, año 9, no. 25, sep.-dic. 2005, pp. 23-27; y en su libro:
14 Excélsior, segunda sección, 23 de marzo, primera plana.
El impacto de la modernidad: Fotografía criminalística en la
Ciudad de México, México, Turner, conaculta, inah, 2007. 15 Excélsior, segunda sección, 10 de abril, primera plana.
Pablo Picatto ha comentado el caso en “Los asesinos cele-
16 Agradezco a la Dra. Elisa Speckman los datos que provie-
brados”, Nexos, 1 de septiembre de 2015. [[Link]
nen de su investigación “Instituciones de justicia y práctica
[Link]/?p=26160. Consultado el 1 de septiembre de 2017]
judicial (1929-1971)”, tesis de doctorado en Derecho (en
6 En este caso Gallegos tapó el cuerpo para sacarlo y dejarlo proceso), México, Universidad Nacional Autónoma de Mé-
en otro lado. La Dra. Carmen Mondragón, coordinadora del xico. Ahí analiza el caso de Gallegos con los alegatos de la
posgrado en Criminalística de la Facultad de Psicología de época y me aclaró los pormenores legales. Por otro lado, el
la unam, me indicó que Gallegos no parece ser un asesino comentario de la abogada se publicó en Excélsior, Ciudad
serial, aunque en el curso del caso surgieron otros crímenes de México, segunda sección, 14 enero 1933, primera plana.

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