4. —¿Tres chicos guapos?
—preguntó irónica Cecilia— Lo estás
poniendo difícil, en nuestro colegio con suerte llegamos a un
guapo y medio.
—¡Sí! —añadió Vera—, quizá deberías modificar la categoría:
La tecla enviar es como el gatillo de un revólver.
"Enumera a tres chicos que no asusten" o "Enumera a tres chicos
Nunca se llegó a saber quién la presiono. Fueron todas. No fue del colegio que no pertenezcan a la familia de los insectos".
ninguna.
Las páginas empezaron a llenarse entre risas casi infantiles: ¿Quién
Se habían reunido en casa de Renata aprovechando que sus padres es el más guapo (o el menos feo)? ¿A quién le darías un beso que lo
tenían la boda de una prima y llegarían de la fiesta al día siguiente. deje sin aire? ¿A quién le dejarías sin aire... pero sin el beso?
Vera, Cecilia, Renata y Lucía habían logrado, al fin, juntarse en una ¿Quién se merece una liposucción en el cerebro? ¿Con quién te
noche de pijamas para chicas. Llevaban tiempo planificando, pero escaparías a una isla desierta? Si fueras un fantasma, ¿a qué
siempre había un impedimento: un resfrío inesperado, un examen, profesor te le aparecerías en el asiento trasero de su auto? ¿A qué
una fiesta o un castigo. chica del colegio le donarías la parte de tu cuerpo que más odias?
Llegado el día, tomaron como pretexto la celebración de los 16 Entre todas, Lucía era la más silenciosa. Tenía el rostro de una niña
años que todas habían cumplido entre septiembre y enero. El con pecas en la nariz. Llevaba el cabello largo y rizado, atado con
programa no era demasiado creativo: pijamas, bolsas de dormir, una cinta. Todo en ella era sutil. Parecía que se relacionaba con el
cepillos de dientes, celulares y una botella de vodka que Vera sacó, mundo de puntillas, sin aspavientos. Sus amigas la animaban a
sigilosamente, de sus casa. que venciera esa timidez, y entre bromas le advertían de todas las
calamidades que le caerían encima si no se soltaba un poco: "Está
La idea original había sido pasar la noche en una carpa, en el científicamente comprobado que las tímidas viven quince años
jardín, pero el clima no siempre está del lado de los buenos planes, menos que el resto". "Según estudios realizados en Harvard, si a
y esa noche cayó un aguacero tan fuerte que la carpa naufragó los 16 años no has vencido la timidez tienes un altísimo riesgo de
como el Titanic. volverte peluda". "Dos de cada tres tímidas se casan con políticos".
A las diez de la noche tumbadas en la alfombra de la habitación, Ante esto Lucía sólo sonreía y prometía a sus amigas: un día de
las cuatro amigas hablaban de sus asuntos y se reían de casi estos les doy la sorpresa.
cualquier cosa.
Entre todas la más atrevida era Cecilia, que siempre parecía estar a
Renata sacó de su mochila una libreta y propuso llenar sus páginas punto de comerse el mundo de un solo bocado. En medio de la
con ciertas confesiones que volverían a leer un año más tarde. reunión Cecilia desafío a Lucía para que le respondiera una
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Tendría gracia revisar doce meses después cuánto de aquello pregunta personal. La miró con cierta malicia y le dijo:
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permanecía en sus vidas.
—Lu, todas sabemos que a ti te gusta Álvaro, ¿estarías dispuesta a
—Por ejemplo —dijo Renata para convencerlas—, cada una va a enviarle una foto provocativa?
nombrar a tres chicos guapos del colegio. A ver si dentro de un
año siguen siendo guapos y no les han salido granos o no les ha Lucía movió la cabeza, sorprendida por la pregunta.
crecido la nariz. —A mí no me gusta Álvaro.
Looking the stars Looking the stars
—¡Yaaaaa! —gritaron todas— ¡Te encanta! — ¿Y qué puede hacer? —preguntó Renata buscando, quizá, una
clave para sus propias dudas.
De nada sirvió que Lucía intentará disuadirlas; con su negativa
sólo consiguió que Álvaro Herreros se convirtiera en el principal —Deberías enfrentarlo en el recreo, ponerlo contra la pared y
tema de conversación, y para que dejaran de machacar e insistir decirle así, de plano: "Álvaro, me gustas"; y antes de que él
terminó admitiendo, con sonrisa tímida, que sí, que un poquito sí reaccione plantarle un beso en la boca que lo deje sin aliento,
le gustaba. ¡hazme caso!
—¡¿Y?! —preguntaron a coro. —¡Sí, sí, buena idea! —dijeron todas entre risas nerviosas.
—¡Y nada! No hemos pasado del hola y el adiós. Lucía sacudió la cabeza de sólo imaginarlo. Se estaba sintiendo
incómoda, no estaba acostumbrada a ser el centro de atención.
Cecilia agarró el celular de Lucía, movió sus dedos por la pantalla
y dijo: —No creo que pueda hacer eso... de verdad, me caería muerta en
ese mismo momento. En el fondo soy muy cobarde.
—¡Ajá! ¿Y por qué tienes su número telefónico si no han pasado
del hola y adiós? ¡Es el primero de la lista! —¡Un momento! ¡Yo tengo la solución! —dijo Vera con picardía
mientras sacaba de su bolso la botella de vodka—, me han dicho
—Ah... bueno, será el primero porque su nombre empieza con A.
que éste es un remedio contra la cobardía. ¿Probamos?
Y tengo su número porque el año anterior ambos estábamos en el
equipo de atletismo, y el entrenador nos pidió a todos que Era media noche cuando aprovecharon para relajarse y brindar
compartiéramos contactos por si había cambios en los horarios de con vodka.
entrenamiento.
Con celular en mano todas iban registrando en fotografías
—¿Y nunca ha pasado nada? ¿Un guiño, un roce en la mano, una divertidas lo que sería el recuerdo de "la noche de los 16".
mirada diferente? —preguntó Renata, que era la romántica del
—Entonces qué, ¿te atreves o no a enviarle una foto sensual a
grupo.
Álvaro Herreros? —preguntó Cecilia.
A Lucía le hubiese gustado responder que sí, que entre ella y
—¡Estás loca!
Álvaro se habían enviado señales de que estaban interesados el
uno por el otro. Llevaba tiempo sumando ganas de enamorarse y —¡Dale, Lu! —gritaron todas— ¡Como vampiresa! ¡Quizás es el
de que alguien se enamorara de ella. empujón que él necesita para decidirse!
—No, qué va. Ya saben que Álvaro es uno de los chicos guapos y —¡Que no, que no!
populares del colegio. De seguro le gusta alguien más. Es posible Cecilia apuntó con el celular y con gesto divertido propuso a Lucía
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que tenga novia... o novias. una sesión de fotos.
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—¡No tiene a nadie! ¡Te lo firmo! ¡Tendrías que ser más lanzada, —Será sólo para nosotras; no te preocupes, Lu. Te prometo que
Lu!—le dijo Cecilia—. Créeme, yo tengo años de experiencia y sé nadie más las verá.
reconocer a los tipos con pinta de "soy un súper galán" pero que a
la hora de la hora no tienen ni un perro que les ladre. Las demás la animaban con tanta energía que sin entender cómo,
Lucía termino cediendo. Lo único que quería era quitárselas de
encima, dejar de ser el centro de atención y que Cecilia no la
Looking the stars Looking the stars
presionara más. Cecilia, quién sabe si por error o deliberadamente,
tomo el celular de la propia Lucía y comenzó a fotografiarla entre
risas.
Al cabo de un momento, cuando todas miraban las fotos en sus
teléfonos, Lucía entro al baño para ponerse su pijama. En ese
instante, Vera, que ya llevaba tres vasos de vodka dentro y la
botella en la mano, abrió la puerta y con actitud traviesa gritó:
—¡Te pillamos!
De un tirón le bajó la parte superior de la pijama, que se sostenía
apenas con dos tiritas, y en un segundo Lucía quedó desnuda.
En ese preciso instante Cecilia capturó la imagen con el celular y,
entre carcajadas, las amigas se acercaron a ver el resultado de la
sesión.
—¡No se te ocurra enviar la foto! —suplicó Lucía acomodándose
nuevamente la pijama, y temiendo que la travesura se le escapara
de las manos.
Todas se amontonaron en torno al celular, que comenzó a brincar
de mano en mano sin que Lucía pudiera recuperarlo.
—¡Por favor, mi teléfono, por favor!
Gritos, carcajadas y confusión.
—¡Devuélvanme mi teléfono!
El número de Álvaro Herreros era el primero en la lista de
contactos y alguien, en medio del caos, presionó la tecla Enviar.
Fueron todas.
No fue ninguna.
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Cuando Lucía recuperó su celular lo único que vio en la pantalla
fue un cuadro de texto que decía: "Mensaje enviado".
La tecla Enviar es como el gatillo de un revólver.
Y Lucía sintió como si un balazo retumbara en su cabeza.
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