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Oriente

El documento aborda el Gran Magreb desde una perspectiva geográfica, histórica y geopolítica, destacando su contexto en el mundo musulmán y las transformaciones políticas y sociales en la región. Se analiza la influencia del neocolonialismo, la urbanización, y la importancia de los hidrocarburos en la economía y la geopolítica del Magreb. Además, se discuten los movimientos migratorios, la situación de las minorías bereberes y el impacto de la Primavera Árabe en los regímenes políticos de los países magrebíes.

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El documento aborda el Gran Magreb desde una perspectiva geográfica, histórica y geopolítica, destacando su contexto en el mundo musulmán y las transformaciones políticas y sociales en la región. Se analiza la influencia del neocolonialismo, la urbanización, y la importancia de los hidrocarburos en la economía y la geopolítica del Magreb. Además, se discuten los movimientos migratorios, la situación de las minorías bereberes y el impacto de la Primavera Árabe en los regímenes políticos de los países magrebíes.

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Autores varios, Aproximación didáctica para entender el islam en la actualidad,

Montevideo, ANEP, 2018, p 9-52 (43p) MAR

EL MAGREB, UNA VISIÓN GEOGRÁFICA-HISTÓRICA Y GEOPOLÍTICA Eduardo


AGUIRRE | Mariángeles ANTONI | Horacio MACHIN | Inés PEREZ DIAZ

Resumen

El presente trabajo se realiza en el marco del seminario de Posgrado “Entender el Islam y


los musulmanes hoy: transformaciones políticas y sociales en Medio Oriente y el Magreb.
El tema seleccionado es el Gran Magreb, localizado en el norte de África, abordado desde
una visión geográfica-histórica y geopolítica, el cual puede ser abordado en el curso de
Segundo año de Bachillerato Orientación Social Humanístico en la asignatura Geografía
Humana y Económica del Mundo Actual (ANEP-CES) a partir de las fichas didácticas
proporcionadas.

La concepción de Magreb implica abordar el Islam y los musulmanes en el continente


africano y en el contexto del mundo musulmán, por ello el presente trabajo se centra en una
descripción del contexto geográfico en base a las dimensiones física-geológica,
demográfica-económica y geopolítica, analizando la construcción de sus procesos
históricos-políticos y de la gestión de los bienes naturales de los territorios que integran el
Gran Magreb árabe–musulmán, profundizando en el análisis de las concepciones de la
tríada mundo musulmán-Islam-árabe y el Islam político en el contexto de la geopolítica
global y su gestión en los territorios del Gran Magreb.

Introducción

Las últimas décadas del siglo XIX e inicios del siglo XX fueron marcados por la disputa
imperialista entre los países industrializados por las nuevas fuentes de materias primas y
por la ampliación del mercado mundial. Las nuevas necesidades de esa etapa del sistema
capitalista llevaron a la partición y repartición de los territorios y de las territorialidades
africanas, entre las grandes potencias, en un proceso que adquiere la denominación de
neocolonialismo.

En África, en este nuevo proceso de expansión del capitalismo, implicó la destrucción de los
modos de vida y de la organización política y administrativa de los pueblos. La mayoría de
los territorios, a pesar de los procesos de independencia después de la Segunda Guerra
Mundial (descolonización), (...) en el dominio económico y militar seguían dependientes de
Reino Unido y de Francia.

La población africana (...) corresponde al 15% de la población mundial. (...) La búsqueda de


mejores condiciones de vida y los desplazamientos de población provocados por los
conflictos étnicos, son las causas principales de los movimientos migratorios dentro y fuera
del continente. La urbanización, en las últimas décadas ha adquirido un ritmo vertiginoso.
(...) el crecimiento de las ciudades y de las metrópolis conlleva a problemas sociales y a
nuevos conflictos territoriales.

En este contexto continental, se puede establecer desde el punto de vista etnolingüístico y


cultural el África Sursahariana (África al Sur del Sáhara) y el África del Norte. Esta última
integrada básicamente por las unidades territoriales de Egipto, Libia, Túnez, Argelia,
República Árabe Saharaui Democrática (Sáhara Occidental) y Marruecos, donde predomina
la población árabe, la lengua árabe y la influencia de la religión islámica. (...) Estos
países, tienen la particularidad de presentar indicadores socios demográficos más elevados
que el resto del África Subsahariana.

África Sursahariana, involucra a todos los territorios al sur del desierto del Sahara, donde
la mayoría de la población pertenece a la rama etnolingüística Nígero-Congoleña, dentro de
la cual hay una diversidad de grupos étnicos y culturas, predominando el cristianismo y el
animismo; en las últimas décadas es evidente la extensión y predominancia del Islam en
particular en los territorios que pertenecen a la franja del Sahel3 (Geográficamente el Sahel
es una franja al Sur del desierto del Sáhara y las sabanas subtropicales (...) Incluye la
franja que va de Oeste a Este desde Senegal hasta el Norte de Etiopía).

En este contexto continental, se localiza el conjunto regional a abordar, el Gran Magreb,


que como sostiene Lacoste, Yves (2009:243) “representa los territorios por los que el mundo
árabe y el Islam se asoman al Océano Atlántico y al Mar Mediterráneo, es una de las áreas
del planeta donde los problemas geopolíticos resultan particularmente complejos”. (...) Estos
territorios integran junto con los del sur de Europa, la cuenca del Mar Mediterráneo, los
lazos entre ambas orillas han existido desde la antigüedad. . En el siglo XIX, estos territorios
fueron colonizados por Francia, Italia y España. La independencia de estos territorios se
produce en [nombra todas, que son en la segunda mitad del siglo XX]

El Paisaje Magrebí, se caracteriza por la omnipresencia de las dunas, arenas y gravas del
desierto del Sahara que se extiende delimitando fronteras que relacionan a los pueblos. (...)
estos elementos: Islam, cultura árabe y desierto, son los que dan unidad al Gran
Magreb.

Descripción geográfica de los territorios del Gran Magreb.

Dimensión física: geológica- geomorfológica- climática


Este conjunto territorial, desde su dimensión física se caracteriza por el desierto del Sahara,
el cual ocupa a escala continental un tercio del continente y se extiende desde el Océano
Atlántico, en el oeste, hasta el Mar Rojo.

Los bienes naturales hídricos son escasos e intermitentes.

El rol de los hidrocarburos en los territorios del Magreb

Los yacimientos y reservas de hidrocarburos localizados principalmente en los territorios de


Argelia y Libia (Mapas 1 del Anexo 1), ha sido el motor de la economía de estas
sociedades y de las relaciones geopolíticas de las mismas a escala global. En estos
territorios se concentra el mayor volumen de producción de hidrocarburos de África.

El rol geopolítico que tienen los hidrocarburos para estas sociedades, ya que “el petróleo
provocó un vuelco de los equilibrios de las sociedades árabes (...) el poder político,
económico y cultural, concentrado hasta entonces en los países de antigua civilización
urbana, como Egipto, Irak o Siria, pasó a los Estados de base beduina (...) Con su nueva
fortuna, éstos adquieren medios de influencia considerables: políticos, económicos,
históricos, culturales y religiosos, (...) las riquezas materiales y carreras políticas se hacen
en base a las relaciones que se establecen entre los dirigentes de los países petroleros”
(Gresh, 2009: 106).

En el Magreb, el ingreso de las divisas por los hidrocarburos transformó a las economías
escasamente agrícolas en monoproductoras de hidrocarburos dificultando la
diversificación de la economía.

La dimensión socio-demográfica

Según los datos aportados, en la tabla 2, la tasa de natalidad y mortalidad brutas,


evidencian que estos territorios están recorriendo la segunda transición demográfica,
indicando un alto crecimiento demográfico, cuya estructura y composición de la población
se caracteriza ser joven. Este bono demográfico es importante ya que incide en por un
lado, en la posibilidad de las inversiones extranjeras debido a la fuerza laboral disponible y
por otro implica el desafío a los gobiernos de turno de crear fuente laborales y expectativas
de vida y de futuro para las generaciones más jóvenes. La mayoría de la población se
ocupa en el sector primario de la economía.

En el Magreb, se encuentran presentes las minorías de los pueblos bereberes. (...) , “el
mundo bereber es muy diverso, particularmente en lo que refiere al plan de integración
geopolítica (...) Los bereberes no ocupan todo este espacio de manera continuada, sino
construyendo regiones e islas minoritarias” (Chaker, Salem, 2013: 92). (...) el 25% de la
población argelina es bereber, casi el 40% en Marruecos y 10% en Libia, a los que se
agregan los Tuaregs, en Argelia y Libia.

Los bereberes están integrados a los árabes-musulmanes y a las estructuras de los


Estados-nación, las políticas estatales no los reconocen como minorías. “a los bereberes
siempre se los ha percibido como un peligro para la nación y se los ha combatido como tal
peligro, sobre todo en Argelia. (...) se ha tratado de una ocultación sistemática, de una
negación de la realidad, que ha estado activa hasta mitad de los años 1990. (...) La
colonización y la integración de los estados modernos ha cuestionado los fundamentos de
las sociedades bereberes a través del hundimiento de la economía tradicional, las
migraciones internas (hacia las ciudades) y externas y la escolarización [en lengua árabe].
Los bereberes no tienen protección” (Chaker, Salem, 2013: 92). (...) En la actualidad en los
territorios de Argelia y Marruecos han reconocido a las minorías bereberes como patrimonio
etnolingüístico, en Argelia, a partir del año 2002, el bereber es reconocido como segunda
lengua oficial.

Entender el mundo musulmán y el Islam para comprender el Gran Magreb

Mundo Musulmán y el Islam

Las características que vive hoy el mundo musulmán evidencian una intensa alteración en
función de los procesos geopolíticos globales, en particular las primeras décadas del siglo
XXI (...) por los intereses de la cultura y política occidentalizada dominada por las grandes
potencias como Estados Unidos y la Unión Europea (en particular Reino Unido y Francia).

Esta extensión física de lo que generalmente se denomina Mundo Musulmán, implica que
aproximadamente unos 1.500 millones de personas sean practicantes de la religión islámica
(datos estimados), distribuidos por diversos territorios del mundo, más allá de estas
fronteras geográficas y occidentalizadas del mundo musulmán.

Los musulmanes profesan el Islam como religión y ésta tiene su unidad en la


interpretación de su libro sagrado El Corán. El Islam es una religión monoteísta, cuyo
profeta es Mahoma, tiene una raíz abrahámica, al igual que el cristianismo y el judaísmo.

El Corán, está integrado por 114 capítulos o suras, divididos en 6626 aleyas o versículos,
éste se inscribe en la tradición abrahámica, pero subraya que el judaísmo y el cristianismo
han desnaturalizado su revelación, este libro expone un dogma, un código jurídico y social,
un tratado moral y un manual de vida cotidiana. En el mismo se presentan cinco pilares
fundamentales: el testimonio de fe “Alá es compasivo y misericordioso”, la oración, dar el
Zakat, ayunar durante el mes del Ramadán y la peregrinación anual a La Meca (Mangana,
Susana 2016, Curso Seminario de Posgrado CFE- IPES).

Al interior del Islam hay 73 grupos, muchos de los cuales están amalgamados dentro de
otros, destacándose dos grandes corrientes, de acuerdo a las interpretaciones del Corán,
ellas son: los suníes y los chiíes.

El Islam suele ser confundido en los medios de comunicación occidentales con la idea de
mundo musulmán. (...) Las secuelas de la colonización y los sobresaltos políticos internos
llevaron a una politización del Islam que supera las especificidades locales. (...) Con la
globalización la crisis de la cultura tradicional creó un terreno fértil para el desarrollo de
nuevos fundamentalismos” (Roy Oliver, 2009:59).

El Islam Político y la Primavera Árabe

El Islam político, se fue desarrollando a lo largo de los procesos de independencia, en el


marco de la descolonización, e inspiraron a los movimientos de las décadas 1970 y 1980
que culminó con la Revolución Islámica de Irán (1979).

La islamización de un territorio es la instauración de un Estado Islámico y no solamente de


la sharia. “al reclutar partidarios entre los intelectuales y tecnócratas, lejos de los ulemas
tradicionales, abordan los problemas contemporáneos- estatuto de la mujer, educación,
pobreza, tecnología- desde una mirada diferentes a los paradigmas jurídicos de la sharia, se
cuenta entre ellos a la Revolución Islámica de Irán (...) a pesar de sus diferencias, todos
comparten el mismo objetivo: islamizar a una sociedad concreta (y no a la Umma en
general, es decir, la comunidad musulmana) tomando el poder del Estado” (Roy Oliver,
2009:59).”

La primavera árabe se vincula a los tiempos de adviento, al tiempo primordial de la juventud


y a la promesa de futuro, se entiende por tanto que las protestas que eclosionaron en el
Norte de África- Magreb y Mashrek-, a partir del año 2010-2011, iniciándose en Túnez. Este
movimiento, se espejó al resto de los territorios circundantes y encontraron su mayor
expresión en Libia y Egipto.

Los jefes de Estado de estos territorios fueron depuestos. (...) Gadafi en Libia fue
capturado, torturado por los rebeldes y arrastrado por la carretera en público y ejecutado.
(...) La caída de los jefes de Estado, implicó en parte una crisis política que tiene como
consecuencia una renovación profunda donde predominan los regímenes
autocráticos.

La prensa internacional título a estas manifestaciones populares como las “primaveras


árabes”, las mismas se dieron en un contexto global de oleadas de protestas en el mundo
árabe. El término engloba diferentes calificaciones según los distintos contextos nacionales,
de ahí la heterogeneidad.

En el caso particular de Libia que estaba gobernada por Muamar el Gadafi desde
1969-2011, los levantamientos rebeldes y la represión del gobierno generaron una guerra
civil y su internacionalización, cuando la OTAN interviene militarmente en la región para
derrocar y permitir darle muerte violenta al líder de “La Revolución Verde”. Una vez
derrocado el régimen de Gadafi, la sucesión de los nuevos gobiernos no han podido
eliminar las milicias anti-Gadafi, como consecuencia, el país continúa fraccionado y
sumergido desde mayo de 2014 en un nuevo conflicto armado, a tal punto que los Derechos
Humanos continúan siendo vulnerados.

Según Amnistía Internacional detallan las siete maneras en que se están violando los
Derechos Humanos en Libia: (...) Los grupos armados están fuera de control,
principalmente el Daesh, también conocido por la prensa internacional como Estado
Islámico [ISIS]. Las personas migrantes y refugiadas se enfrentan a graves abusos. (...)
asimismo, miles de personas han intentado salir de Libia y cruzar el mar Mediterráneo hasta
Europa en embarcaciones no aptas para navegar. (...) . La población civil sufre las peores
consecuencias del conflicto y la violencia en el país. (...) . La libertad de expresión está
siendo atacada. (...) 6. Los derechos de las mujeres están en retroceso. (...) El sistema
judicial apenas funciona (...) y jueces y abogados han sido objeto de ataques y secuestros.

En el caso de Túnez viene siendo un caso particular en el norte de África, donde las
revolución política de 2011 conocida como la “Revolución de los Jazmines”, está logrando
en materia de Derechos Humanos algunos avances, los cuales aún siguen siendo atacados
por el Daesh. (...) la ciudadanía tunecina ha adoptado una nueva constitución, la cual
protege los Derechos Humanos como: la libertad de expresión y de reunión, y prohíbe la
tortura. En el plano político la ciudadanía tuvo la posibilidad de elegir un nuevo Parlamento y
un nuevo presidente.

Tras esta nueva ola de violencia, el parlamento tunecino aprobó en julio de 2015 una ley
antiterrorista, la cual permite detener sin prueba y sin brindarle asistencia letrada a todo
sospechoso de cualquier acto terrorista. (...) Esta definición, podría permitir la represión de
determinados actos de manifestación popular que vengan acompañados de cierto grado de
desórdenes, dejando vulnerable a la población civil tunecina. Esta ambigua definición del
término terrorista es el reflejo de la falta de una definición jurídica y universal del término,
ya que no se ha llegado a un consenso sobre dicho concepto.

Para Human Rights define terrorismo como “las acciones dirigidas a producir la muerte
deliberada de civiles (y a la toma de rehenes) con el objetivo de infundir temor entre la
población y obligar a los dirigentes políticos a actuar de determinada manera”. En cambio,
en las Naciones Unidas no hay una definición plenamente aceptada acerca del concepto
terrorismo, pero se considera.

Después de cinco años del inicio de las primaveras árabes, los cambios instaurados no han
dado respuestas a los motivos de las mismas. por ejemplo en Libia se pasó de un estado
organizado y estructurado, con altos indicadores de nivel de vida, en el contexto del mundo
árabe a un territorio fragmentado social-económica y políticamente y gestionado por
diversos grupos fundamentalistas que se benefician de la situación de un estado fallido,
basado en tráfico de armas, de personas y en los intereses geopolíticos de Estados Unidos
y Reino Unido, principalmente.

Entender el mundo musulmán y el Islam hoy, implica comprender el rol que ejercen en
estos territorios los intereses geopolíticos de las potencias occidentales con las
elites locales y los nuevos actores sociales como el Daesh.

El accionar de este grupo y sus ramificaciones permiten generar un estado de inseguridad


política y social que beneficia el ingreso de los intereses extranjeros. Esta
radicalización, se basa en una de las interpretaciones más rigoristas del Corán: la Sharia y
la Yihad, como instrumentos para favorecer la territorialización de un Estado Islámico. El
mundo musulmán y el Islam, no es lo que profesan estos grupos fundamentalistas. Sin
duda, estos territorios tienen un rol geopolítico fundamental para la lógica del
capitalismo mundial y la lógica del Daesh lo favorece.

INTRODUCCIÓN HISTÓRICO-GEOGRÁFICA DEL ÁREA DE MEDIO ORIENTE

Para comprender el mundo contemporáneo es necesario percibir la complejidad del


Mundo Islámico y su relación con Occidente. El vínculo entre estas dos civilizaciones se
ha caracterizado por la dicotomía entre la admiración y la amistad (a veces interesada) y
el desprecio, cuando no la hostilidad. El Islam no es sólo un fenómeno histórico, sino que es
una realidad actual que tiene gran importancia y significación.

Su intervención se inicia con la presencia de los árabes en Europa. Será a partir de su


expansión territorial que se dará un proceso de aculturación en el que se destacarán los
valiosos aportes brindados por los musulmanes a Occidente.
El espacio geográfico que ocupa el Islam se puede identificar por la importancia de sus
recursos naturales, especialmente por el petróleo, como una de las zonas geopolíticas
más destacadas y disputadas del mundo.

A lo anterior, se agrega el gran peso y la significación de la religión en la vida de los


musulmanes y el impacto, que como consecuencia de las migraciones ha tenido y tiene en
el mundo occidental.

Cuando nos referimos al espacio islámico debemos tomar en cuenta que el Islam, no sólo
es una religión, sino que se ha configurado como una realidad compleja debido a su
diversidad étnica, cultural, social y política que se extiende desde el Atlántico hasta el
Extremo Oriente.

Asimismo, debemos considerar los múltiples intereses que confluyen (...) siendo
imprescindible abordar estos temas para comprender su evolución histórica.

Si bien la expansión territorial del mundo musulmán es un dato relevante, lo es también el


incremento de la población musulmana en el mundo.

La interacción entre el Islam y Occidente se manifiesta como un choque de


civilizaciones. (...) , en la región de las naciones islámicas, desde el Magreb a Pakistán,
comenzará así una lucha por el nuevo orden mundial, así lo plantea Samuel P. Huntington
en “El Choque de Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial”.

En el plano mundial, los conflictos se darán entre los estados centrales. El grado de
violencia en los conflictos entre el Islam y Occidente está influido por los cambios
demográficos, económicos, tecnológicos y por la intensidad del conflicto religioso. Este
autor plantea que la mayor amenaza para la paz mundial es el Choque de Civilizaciones y
que un orden internacional basado en las civilizaciones, sería lo más seguro para evitar una
guerra mundial. La importancia del mundo islámico en el siglo XX se debe a que ha sido
escenario de diversos conflictos: militares, económicos, políticos, así como religiosos.

En cuanto a los conflictos militares, por un lado, los interislámicos, como los de Irán–Irak y
por otra parte, los interárabes, como los de Irak–Kuwait, en el que Occidente tuvo una
intervención destacada. El petróleo ha sido la causa de los conflictos económicos,.

Si hacemos referencia a los conflictos políticos, en general se deben al enfrentamiento


entre la ideología fundamentalista islámica y la occidental.

Podemos citar como caso más relevante, que incluye los aspectos religioso,
económico-territorial y militar, el conflicto árabe-israelí, que se inició después de la Segunda
Guerra Mundial.

Asimismo, el Islam no es sólo un mundo de conflictos, sino un mundo caracterizado por los
contrastes entre jeques que se destacan por su riqueza y sus pueblos que padecen el
hambre y la miseria; así como la persecución e intento de exterminio de las minorías
etnolingüísticas, como las de los kurdos y armenios.

Cuando nos referimos a Asia hablamos de Cercano y Medio Oriente que son
denominaciones hoy en día universalizadas pero consideramos conveniente aclarar que son
concepciones basadas en una visión europeísta de lo cercano, medio y lejano.
Su economía tradicional se basaba en el pastoreo y en la agricultura, pero experimentó un
cambio profundo a partir de una nueva actividad económica, la extracción de petróleo.

Se debe aclarar que no todos los árabes son islámicos, es decir, no todos son
musulmanes. Musulmanes son los que creen en el Islam. Hay árabes palestinos que son
católicos. Asimismo, no todos los musulmanes son árabes.

De esta forma, en la costa mediterránea de la península arábiga se localiza el Estado de


Israel que no es ni árabe ni musulmán; así como Turquía, Irán, Pakistán y Afganistán son
pueblos musulmanes pero no árabes. (...) Indonesia y una parte de la India comparten la
religión islámica, pero presentan culturas diferentes. Los árabes sólo constituyen la sexta
parte de la población musulmana mundial.

Origen y evolución histórica del mundo musulmán

A partir del siglo VII se origina en Arabia la religión islámica la cual estructuró un imperio en
esa región. (...) se extendió a Europa. Los protagonistas de este proceso histórico fueron
los árabes musulmanes, los creyentes seguidores del Islam, los cuales se someten a la
voluntad divina. Teniendo como base su religión los árabes impulsaron una cultura que
profundizó el patrimonio cultural de todos los pueblos con los que se relacionaron y vinculó
Oriente y Occidente.

Los árabes crearon un sólido imperio que se inició en el siglo VII con Mahoma y con los
sucesivos gobiernos de los Califas. (...) Los árabes practicaron una política imperialista,
conquistaron Persia y tomaron Siria y Egipto. (...) Al trascender las fronteras del imperio
que le vio nacer, el Islam fue durante siglos un verdadero universo en sí mismo sobre la
base de una cultura y política común, el cual se difundió de un extremo a otro del viejo
mundo por medio de la red conformada por las ciudades.

En la actualidad el Islam es una de las grandes religiones universales que se practica en


todos los continentes. (...) Pero (...) es mucho más que una religión; es una referencia con
la que aún se miden prácticas sociales, adhesiones culturales y filiaciones políticas.

El mundo islámico tiene un legado histórico de un imperio mundial que se mantuvo durante
tres siglos, el formado por los árabes que fueron unificados por la revelación coránica. (...)
Fueron varios los factores que influyeron para darle unidad a este nuevo mundo: la moneda
de oro utilizada por todos (el dinar), el empleo de una misma lengua, el árabe, la religión
musulmana y sus normas sociales, así como la codificación de un derecho universal, la
Sharia (común a musulmanes y no musulmanes).

Cuando estaba en su máximo apogeo llegó a extenderse desde los montes Pirineos hasta
las costas del norte de África, pasando por lo que hoy conocemos por Oriente Medio hasta
Asia Central. [sigue hablando mucho del imperio, no se que tanta importancia le dió liber a
esto en clase]

Esta segunda etapa de islamización del mundo triunfante en el siglo XIV, enriqueció la
herencia del imperio árabe, aunque sus métodos no siempre fueron pacíficos, llevando así
al nacimiento o renacimiento de ciudades.

Fue en el Mediterráneo que el Islam finalizó con el dominio de Occidente sobre ese mar,
alrededor del cual nacieron todas las civilizaciones del mundo antiguo. (...) l. Este fue el
período de mayor extensión y apogeo, el Califato llegó a su máximo desarrollo político,
científico, filosófico, y religioso, así alcanzó a ser la civilización más relevante del Viejo
Mundo.

Cuando hacemos referencia a la civilización musulmana, debemos recordar los aportes


realizados a la Humanidad.

Durante los siglos XII y XV, hay un cierto estancamiento para luego resurgir la Civilización
Islámica nuevamente pero, por medio de los turcos, un pueblo musulmán no árabe. Ellos
renovarán el papel de intermediación, a partir de 1453, con la toma de Constantinopla hasta
su caída final luego de la Primera Guerra Mundial.

Luego de la caída del Imperio Otomano, será la intervención anglo-francesa que


buscará ocupar el vacío que quedaba y así controlar la región por motivos políticos, para
actuar en contra de Turquía por haber sido aliada de Alemania durante la Primera Guerra,
así como por interés económico, controlar el petróleo de la región.

El imperialismo europeo de los siglos XIX y XX se va impregnando en la comunidad


islámica en varios sectores de la misma, con promesas de progreso y prosperidad y así esta
región se convertía en escenario de encuentro de ejércitos extranjeros y estos pueblos
ya no serían dueños de su historia.

La intervención de Occidente, iniciada en el siglo XIX y fortalecida después de la Primera


Guerra Mundial, fue determinante por saber la importancia geopolítica del mundo islámico.
Dominar esta región era fundamental porque les permitía el acceso al Golfo Pérsico, el mar
Rojo y el océano Índico, así se vinculaban las potencias imperialistas con sus colonias en el
Lejano Oriente y así obtenían importantes materias primas.

La importancia geopolítica del Islam se basa en la propia expansión del Islam, que como
consecuencia crea un espacio con dos áreas de comunicación marítima, el mar
Mediterráneo y el océano Índico, relacionando así a tres regiones y culturas bien
diferenciadas: Asia, gran parte de África y Europa, que buscará dominar este espacio. Por
lo tanto, el Islam es una civilización de tránsito, como lo expresa F. Braudel en 1970.

Con la Primera Guerra Mundial se profundizó el desarrollo del nacionalismo y el


panarabismo así como la renovación del mundo islámico no árabe. De esta forma, se da
inicio a la revolución y descolonización del Islam, llevando a los países árabes a la
independencia impulsada por las oligarquías locales, que si bien estaban aliadas a
Occidente, promovieron el desarrollo de los Estados nacionales.

Si bien el Nacionalismo árabe y el Panarabismo se inician a finales del siglo XIX como
reacción a la dominación turca, estos movimientos se profundizaron luego de la Primera
Guerra Mundial, debido a la firma del Tratado de Sèvres de 1919.

Será motivo del desarrollo del nacionalismo y su extensión a todo el pueblo, la lucha contra
las potencias coloniales y las monarquías que no obedecen a los intereses de la población
sino a los mandatos imperialistas. Siendo el objetivo del nacionalismo árabe, llegar a
unificar la nación árabe, lograr su independencia, siendo dueños y protagonistas de su
historia, tradición, lengua y especialmente de su religión islámica.
El Panarabismo o Movimiento de Unión Árabe es un movimiento que impulsa la unión y la
cooperación de todos los países árabes, ya sean de África y/o Asia, con el fin de conformar
una única nación árabe. Éste se desarrolla paralelamente al nacionalismo árabe y está
estrechamente vinculado al mismo.

Estos procesos fueron promovidos en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, momento


en el cual países occidentales, destacándose Reino Unido y Francia, tomaron la decisión
de ayudar al nacionalismo árabe y al sionismo en su lucha contra el Imperio Turco que
en ese entonces era aliado de Alemania. (...) En cuanto a Reino Unido, por un lado apoyó
a los árabes en su independencia, y por otra parte, prometió a los judíos un Estado en la
región.

Los Acuerdos de Sykes-Picot (1916) entre Reino Unido, Francia, Rusia e Italia, pretendían
repartir los territorios que correspondían al Imperio Otomano, si era derrotado luego de la
Primera Guerra Mundial. La reorganización del mundo árabe, dio lugar al establecimiento
de Estados dominados por las potencias europeas.

En este contexto histórico es que se instalan los Mandatos orientales tutelados por Reino
Unido y Francia en 1920. Debemos destacar que la región quedará dominada no sólo por la
presencia del colonialismo europeo sino que el pueblo árabe se verá dividido de acuerdo a
los intereses y beneficios de Europa.

Reino Unido concederá la independencia aparente de Egipto bajo la monarquía del rey
Faud en el año 1922. Los Mandatos bajo el dominio británico se organizan como
monarquías árabes y evolucionaron hacia una autonomía controlada.

Si bien podemos hablar de nuevos Estados de tipo conservador como las repúblicas y otros,
de tipo feudal como los reinos, esta nueva configuración de los territorios es pro occidental.
Durante la Segunda Guerra Mundial se mantendrá la misma situación.

En el transcurso de los años 1945 y 1952, se desarrolló y consolidó la independencia de los


países árabes. De esta forma, las oligarquías buscaron el desarrollo de los Estados
nacionales, pero sin dejar de estar aliadas a Occidente. En esta época se impulsaron los
movimientos nacionalistas de los países árabes del norte de África, quienes también
lucharon por su independencia.

En la primera mitad del siglo XX es importante destacar el nacimiento del Estado de Israel
en el mes de mayo de 1948.

Debemos destacar que en la segunda mitad del siglo XX, esta región atraviesa un período
de importantes transformaciones, el fin de la descolonización del mundo árabe, las
revoluciones populares, el liderazgo de Yasser Arafat en el movimiento palestino así como
el triunfo del fundamentalismo islámico en Irán bajo la dirección de Ruhollah Jomeini.

El período que se extiende desde 1952 hasta 1979 se puede considerar como la cuarta fase
en la historia del mundo musulmán. En 1952 comienza la revolución egipcia con Nasser, la
cual se difundió al resto del Oriente Medio.

Como consecuencia se formaron nuevas repúblicas populares como las de Irak, Yemen del
Sur, Argelia y Libia. Luego se independizaron los demás países árabes. De esta forma,
“aparentemente”, finaliza el colonialismo occidental sobre el mundo islámico.
Pero Occidente seguirá presente, Reino Unido será sustituido por otra potencia:
Estados Unidos.

En 1955 se firmó el Pacto de Bagdad, que se transforma 1959, en CENTO (Organización


del Tratado del Centro), y alianzas con Israel, Arabia Saudí, Turquía e Irán, apoyando a
Occidente frente a la Unión Soviética, de esta forma esta región se ve incluida en la
Guerra Fría.

Cuando el petróleo se hace imprescindible, y Medio Oriente e Irán se vuelven


estratégicamente fundamentales, se crean varios países en esta región, desde Kuwait a
Pakistán: Arabia Saudí (1922), Kuwait (1961), Bahréin (1971), Qatar (1971); - este último
luego de Irán y Rusia, es el país con mayores reservas de petróleo así como el tercer
exportador de gas natural en el mundo - y Emiratos Árabes Unidos (1971). De esta forma se
facilitó el control para Occidente de esta región, puesto que donde se hallaba un pozo de
petróleo se instalaba un Emirato.

Continuando con la historia árabe e islámica, en el período comprendido entre 1979 y 1990,
se destacan las rivalidades interárabes. Se conocen como fundamentalistas, integristas o
movimientos político - religiosos de filiación islámica a los movimientos que se iniciaron a
partir de los años treinta en el mundo musulmán, cuya finalidad era la toma del poder, ya
sea legalmente, en el marco de un orden político o por medio de la violencia, con el objetivo
de constituir un Estado regido por la Sharia (Ley islámica).

En 1979 triunfa la Revolución Islámica en Irán liderada por Jomeini y se establece una
República. Se difundió en el mundo occidental la idea que el Islam podía convertirse en
una amenaza para Occidente.

La acción de los movimientos islamistas ha sido impulsada por la frustración de los


musulmanes por las políticas de orden internacional. Un ejemplo de esto fue la
fundación del Estado de Israel en 1948, con el inmediato apoyo y reconocimiento por parte
de Estados Unidos y la Unión Soviética.

En 1980, comienza la guerra entre Irán e Irak (Primera Guerra del golfo Pérsico) por
rivalidades en cuanto a sus fronteras en relación con la posesión de zonas estratégicas y la
diferente confesión del Islam,, este conflicto armado se extendió durante ocho años. (...)
Así se produjeron enfrentamientos entre cristianos y musulmanes y esto trajo aparejada una
gran crisis económica y política.

A fines de 1988, se creó el Estado de Palestina. (...) Reconoció al Estado de Israel,


repudió el terrorismo y pidió la intervención de la ONU. Pero las sucesivas derrotas árabes,
la desintegración de la URSS y la guerra del Golfo lo llevan a la necesidad de entendimiento
con Israel.

En 1991 se desencadenó la Segunda Guerra del Golfo Pérsico, cuando Irak invadió
Kuwait luego de su fracaso contra Irán; en respuesta, los países aliados liderados por EEUU
intervinieron militarmente en la región. (...) Entre Israel y la OLP en Oslo, Noruega, se llegó
al Acuerdo de Paz del 13 de setiembre de 1993. El acuerdo pidió la retirada de las tropas
israelíes de la franja de Gaza y la ciudad cisjordana de Jericó, y el establecimiento
palestino, que finalmente se concedió autoridad sobre gran parte de Cisjordania. (...)
mientras que Israel ya había empezado a retirar sus tropas. Pero, en Palestina, el grupo
militar Hamas y el Frente Popular para la Liberación de Palestina rechazaron los acuerdos y
comenzaron los ataques contra Israel.

En el año 2000, bajo la mediación de Clinton, se intenta una nueva negociación (...) pero
sin éxito (...) Poco tiempo después comenzó la segunda Intifada, protestas masivas con
varios atentados suicidas palestinos y lanzamiento de cohetes que finalizaron recién en
2005. En definitiva, la realidad muestra que no han podido encontrar acuerdos para la
convivencia pacífica de estos dos estados en la región.

Entre 2003 - 2010, nuevamente Irak es escenario de guerras, cuando EEUU organiza una
coalición para la invasión de éste. Los motivos aparentes serían, lograr el desarme de Irak y
liberar a la población oprimida bajo la tiranía de Sadam Husein. Pero, es más lógico pensar
que EEUU invade Irak por su petróleo. Quizás, esta invasión se podría relacionar con el
atentado sufrido por EEUU (en las Torres Gemelas y el Pentágono) en setiembre de 2001
por Al Qaeda.

Entre 2010 y junio de 2011 se llevaron a cabo en los países de Oriente Medio y Norte de
África un conjunto de acciones, movimientos sociales, acampadas, ocupaciones de
espacios públicos que en su conjunto conocemos como ”Primavera Árabe”. En ese mismo
año, en todo el mundo árabe la gente salió a la calle presionando a los gobiernos
autoritarios para que pusieran fin a años de opresión.

No podemos interpretar la “Primavera Árabe” como un único acontecimiento histórico que


cambia estructural y culturalmente la región. Es decir, no existe un destino común para
todos los países implicados luego de los levantamientos, aunque Occidente (la UE, EEUU,
Canadá y otros) lo vea de esa forma y reaccione en consecuencia.

Podemos comprender la “Primavera Árabe” como un acontecimiento transformador,


entendiendo la primavera como una metáfora del despertar social o como brotes
democráticos.

Debemos destacar que las revoluciones de Oriente Medio y Norte de África, no se hubieran
podido realizar sin las mujeres. Si bien reivindican las demandas generales (libertad,
igualdad y dignidad), demandas democráticas y laicas, a su vez, denuncian su situación de
desigualdad, segregación, marginación, todas estas condiciones desfavorables impuestas
por las sociedades patriarcales.

Ya en la guerra de independencia de Argelia, encontramos antecedentes de esta lucha


llevada a cabo por ellas, allí lucharon y murieron a la par que los hombres por alcanzar sus
objetivos. Es decir, la supuesta pasividad de las mujeres, no se ajusta a la realidad. La
realidad actual es guerra, violencia y represión a quienes se atreven a reclamar por una
sociedad más justa. Se podría decir que aún no se colmaron las expectativas que se
pretendían lograr.

Seymour Lipset considera que lo ocurrido era predecible, debido a que los países
implicados en estos movimientos revolucionarios aún no habían llegado al estadio de
modernización indispensable para alcanzar la democracia. Por lo tanto, este proceso
político tenía gran probabilidad de ser capitalizado por las élites islamistas. Como lo explica
Robert Michels, los movimientos tienden a ser capitalizados por la élite que posee más
recursos económicos, y poder: es “la ley de hierro de la oligarquía”.
Túnez se destaca en la región por haber transitado del autoritarismo hacia la democracia de
forma pacífica. Pero, la realidad es diferente en otros países, en Egipto un golpe militar hizo
caer a los Hermanos Musulmanes del poder. En cuanto a Libia y Yemen, aún continúa una
situación conflictiva por la repartición del poder debido a la descomposición estatal. Otros
países pasaron por guerras civiles con influencias sectarias, como ocurrió en Irak y Siria,
dónde aún la violencia no cesa. (...) Este país refleja en su escenario el conflicto sectario
de siempre, Suníes contra Chiíes.

Por lo tanto, se ha pasado de los regímenes autoritarios a los grupos yihadistas que tienen
entre sus objetivos, reconfigurar las fronteras regionales y reinstalar un Califato Islámico,
valiéndose del uso de las armas.

La región de Medio Oriente es víctima de grandes tensiones sectarias debido a la lucha por
liderar en esta área entre Arabia Saudí e Irán. Esta Guerra Fría entre ambos se ha hecho
eco en Siria, Irak, Bahréin y Yemen. (...) [que] se conviertan en líderes regionales, constituye
una señal de alerta. (...) [son] dos teocracias que no respetan los Derechos Humanos
individuales.

El Estado Islámico [chií] actúa como factor desestabilizador en la región. Controla así, gran
parte de Siria e Irak.

En cuanto a Yemen y Libia, luego de la caída de sus dirigentes del poder, en este momento
transitan sin encontrar un rumbo claro, por la descomposición del poder central. De esta
forma, se imponen las milicias armadas y se destaca Al Qaeda que cuenta con gran apoyo.

La “Primavera Árabe” nos ha permitido tomar conciencia, que los movimientos liberales
laicos no lograron ser una alternativa madura de gobierno con poder para asegurar la
estabilidad en la región. La oposición islámica era la mejor organizada para combatir y
suceder a las dictaduras árabes, aunque hayan sido los liberales laicos los que promovieron
las protestas democráticas. A pesar de todo lo sucedido, para algunos autores, la
“Primavera Árabe” no es visualizada como un fracaso sino como un precedente en la
búsqueda de la democracia.

Asimismo, nosotras realizamos nuestra propia lectura de esta situación, y consideramos


que la primavera “aún” es posible y que el proceso democrático se ha iniciado en la región y
se podrá ir resolviendo de acuerdo a las características propias de la misma y sin
soluciones impuestas desde Occidente, que no respetan ni reconocen una civilización
diferente, pero, no por eso menos valiosa.

Medio Oriente, concentra el 70% de las reservas mundiales de petróleo y 65% de las
reservas mundiales de gas natural. Como consecuencia, la razón de peso de la
militarización del Medio Oriente, no es el Islam, ni el fundamentalismo islámico, ni el
terrorismo. Es decir, los ejércitos imperialistas occidentales, mantienen su presencia en esta
región sólo por el interés en los yacimientos de hidrocarburos y las ganancias que estos
producen (así lo expresa Bahram Ghadimi, 2007).

Los medios masivos de comunicación occidentales, actúan encubriendo esta gran verdad,
con una actitud cómplice justificando los intereses de las potencias imperialistas en esta
región. (...) esta región, lleva no sólo a las ganancias que sin duda, obtienen del petróleo,
sino también al beneficio económico de los grandes consorcios de armas.
Asimismo, la extracción de petróleo conlleva la destrucción del medio Ambiente y la
explotación de los obreros que trabajan en condiciones infrahumanas.

[habla un poco más del conflicto de Siria en la actualidad]

No podemos predecir lo que pasará en esta región, sólo que hoy está siendo asolada por
conflictos armados y como resultado miles de refugiados. En este momento, Siria e Irak
representan los focos más alarmantes.

En cuanto a Yemen, la guerra parece interminable y la confrontación entre musulmanes


Suníes y Chiíes tiene una gran fuerza, allí interviene Arabia Saudí e Irán, apoyando cada
país a diferentes fuerzas locales.

En Egipto, la situación es también preocupante porque el gobierno de Al-Sisi, al no haber


podido estabilizar el país, volvió a las prácticas represivas que eran usuales previo al inicio
de la Primavera Árabe. (...) Asimismo, Turquía se ve asolada por el terrorismo e involucrada
en el conflicto sirio aunque en forma no muy explícita.

Asimismo, deseamos rescatar los aspectos positivos de la religión que profesan los
musulmanes: el Islam, como una religión de paz. No debemos pensar que el Islam y los
valores que transmite están representados por los grupos radicales terroristas. Valoramos
los aportes culturales que la civilización Islámica ha transmitido a Occidente y pensamos
que en la diversidad nos enriquecemos todos.

Ni los extremismos religiosos, ni los oscuros intereses político – económicos de las


potencias imperialistas, pueden continuar prevaleciendo en este siglo XXI como excusa
para continuar con esta ola de violencia. Es hora que los actores implicados demuestren
que son capaces de encontrar los caminos que conduzcan a la paz.
Dakhil, L. (2016) Historia contemporánea de Medio Oriente. Detrás de los mitos.
Capital Intelectual. Buenos Aires, Argentina [9-53 (44p)] -meli

Introducción

Cambiar la mirada. Contemplar de una nueva manera ese Oriente mediterráneo, mundo
intermedio entre Europa y Asia: esto debería ser evidente, después de los acontecimientos
de los últimos años. Hemos visto gente que invertía el equilibrio supuestamente inmutable
(...)

Este libro intenta responder a esa paradoja haciendo la síntesis de los conocimientos sobre
la historia social de la región. Propone una mirada sobre el siglo xx del Cercano Oriente a
través de las luchas sociales y las movilizaciones populares. Intenta dar claves de
comprensión políticas, sociales y culturales a los acontecimientos más conocidos que
jalonaron el siglo (guerras, colonizaciones, desgarramientos) al tiempo que hace la luz
sobre aspectos a menudo menos visibles para los no especialistas.

Una de las explicaciones del desconocimiento general de las sociedades árabes del Medio
Oriente radica en el hecho de que el conjunto geográfico considerado es más fácilmente
encarado por cuestiones geopolíticas que en un abordaje “por abajo”. Porque la sociedad
revela con más facilidad las distorsiones que los abordajes más globales y que tienen un
punto de vista más general como son la geopolítica o la historia de las ideas, por ejemplo,
ambas sobrerrepresentadas en el terreno árabe y oriental.

las sociedades fueron sofocadas bajo el ruido de las guerras y los conflictos de las
potencias (con un lugar primordial para los conflictos árabe-israelíes o palestino-israelíes),
en la emergencia de ideologías más o menos específicas (en particular el islam político,
convertido desde los años noventa en el ángulo de lectura principal en el discurso común).
La herencia poscolonial, por su parte, construyó un abordaje de las sociedades orientales
en términos confesionales, comunitarios, hasta étnicos. Esta calificación tiende a reducir a
las sociedades a una “complejidad” incesantemente invocada para negarles su parte de
invención, de tensiones fundadas en las desigualdades económicas y sociales, en suma, de
modernidad. Por último, si las sociedades no eran percibidas, es también porque los
regímenes establecidos no deseaban que lo fueran, salvo en una forma de conformidad
con sus deseos (en particular como una fuerza conservadora e incontrolable, salvo por la
fuerza)

En un primer tiempo, tratar de dar algunos jalones para una historia social de la región es
cuestionar la noción misma del Cercano o el Medio Oriente. El espacio del que se
tratará principalmente aquí comprende los siguientes Estados actuales: Líbano, Siria, Ísrael,
territorios palestinos ocupados, Jordania, Irak. No obstante, haremos algunas incursiones
fuera de estas fronteras sobre cuya construcción han corrido ríos de tinta y que están
marcados tanto por la caida del Imperio otomano como por la resolución de la Primera
Guerra Mundial. (...)

La historia que tratamos de escribir aquí es también la de un cambio de contornos, de


polaridades, de un descentramiento en el seno del conjunto que convenimos en llamar
Medio Oriente. A cada instante será preciso preguntarse de qué espacio se trata, cuáles
son sus fronteras, cómo se mueven, concretamente por el juego de los recortes
administrativos y de los armisticios, pero también por los lazos que se establecen o se
deshacen entre territorios en función de las épocas encaradas y de las cuestiones
consideradas. Á comienzos del siglo, estos territorios son una parte del Imperio otomano y,
en cuanto a lo esencial, constituyen sus provincias árabes.(...) [las menciona, p.14]

principales lugares santos del islam.

Hemos escogido aquí recorrer el siglo xx, que creó el Medio Oriente en cuanto entidad
geopolítica, desde otro punto de vista. No nos demoraremos en los conflictos que
puntuaron la historia de la región a lo largo de todo el siglo, no evocaremos el Gran Juego
siempre en marcha, el de los intereses de las potencias y de los ballets diplomáticos que
conducen a resoluciones provisionales de la cuestión palestina o del trazado de las
fronteras. (...) Intentaremos restituir una cronología de los cambios que se operan en las
sociedades escribiendo una historia sustentada por las luchas y los movimientos
sociales. Esta historia debuta aquí con una revolución y concluye, en puntos suspensivos,
con las luchas en curso desde los años 2000.

I. El fin del imperio (1908-1916)

La sociedad de las provincias árabes del Imperio otomano: desigualdades y coexistencias

En el norte de las provincias, el Bilad al-Sham es un país pobre. Las montañas medianas,
las del Antilíbano, de la Galilea o de Chouf, son lugares de implantación antiguos por
comunidades que trabajan tierras fértiles, pero cuyas terrazas son de difícil acceso. El resto
del territorio al este es relativamente desértico y el valle del Eufrates es todavía explotado
de manera mínima. Sólo la franja mediterránea, estrecha, es fácil de cultivar.
Las comunidades cristianas, musulmanas, coexisten en el seno del Imperio bajo el régimen
de los millets*, pero esta coexistencia fue malograda por las transformaciones del Imperio y
por las tensiones confesionales aparecidas a partir de los años 1860.

La jerarquía social sigue estableciéndose alrededor de grandes familias cuyo asentamiento


social es ante todo territorial. Estas notabilidades están instaladas en las ciudades y
encuentran su lugar en la administración civil y militar, así como en las instancias
municipales. Fundan su poder en su presencia en esos diversos escalones y en el
mantenimiento de una red clientelista y de confianza en los barrios (..)

Así, el auge de la edición y de la prensa permite la aparición de una nueva clase, la de los
intelectuales, que va a la par con el bosquejo de un espacio público. La prensa egipcia,
situada fuera del Imperio, pero a la escucha de los debates que la agitan, se convierte en
una verdadera plataforma, particularmente por lo que respecta a las provincias árabes. En
la región, grandes universidades acogen a estudiantes de diferentes partes del Imperio.
Vemos florecer fábricas y empresas, obradores de tranvías, de vías férreas, de
acondicionamientos portuarios donde confluyen los obreros europeos, portadores de ideas
nuevas, de una tradición de luchas obreras entonces todavía desconocida en Oriente
[Khuri-Makdisi, 2010], así como de una manera de vivir en la ciudad que se podría calificar
de cosmopolitismo ecléctico. Por último, las academias militares son una vía de ascenso
social que sirve de lugar de intercambios y de socialización para diversas partes del
Imperio.

La modernización del Imperio transforma en profundidad las relaciones entre los aniguos
millets otomanos. Ciertas comunidades confesionales desempeñan un nuevo papel al
involucrarse en actividades comerciales (l…), y algunos individuos aprovechan la
oportunidad de las reformas para liberarse de las reglas comunitarias. En adelante, todos
pueden ser considerados como sujetos, iguales ante la ley [Campos, 2011]. Esta
emancipación individual es particularmente enunciada en el seno del grupo de los Jóvenes
Otomanos, a su vez surgidos de diferentes comunidades: turca, árabe, griega, armenia,
judía, etcétera.

La sociedad sedentaria árabe otomana, en su vasta mayoría, es campesina y está instalada


sobre todo en las montañas. Su dependencia es cada vez mayor frente al mercado europeo
que viene a buscar sederías para alimentar su desarrollo industrial (...) al igual que algunos
productos como frutos frescos y secos (...)

La tierra es escasa y disputada. En Palestina, los primeros colonos judíos adquieren


tierras y modernizan la agricultura, bajo la mirada admirativa -pero un poco inquieta- de los
árabes musulmanes y cristianos [Khalidi, 1988]. La cuestión de la tierra es en todas partes
central, y acarrea la partida de algunos hacia tierras en ocasiones lejanas o hacia las
ciudades. A lo largo de siglo xIx se constituye una clase de comerciantes, que se articula
sobre el régimen de las Capitulaciones y los privilegios que concede a las comunidades
bajo protección europea, y se apoya en la diáspora (norteamericana, africana, europea).
Las fronteras de pertenencia se redibujan según uno siga la circulación del algodón, de los
ferrocarriles, de los libros o de los trabajadores. (...) París... Esta expansión también
permite el desarrollo de una sociedad más urbana, alimentada del éxodo rural, y el
crecimiento de nuevos polos urbanos portuarios como Beirut o Haifa en el recodo del siglo
[Levine, 2005; Hanssen, 2005].

En la revolución imperial de 1908, la cuestión del pueblo no está presente. Las


sociedades del Cercano Oriente están entonces en mutación: siguen siendo
mayoritariamente rurales, pero los polos urbanos (sobre todo portuarios) se desarrollan
desde hace medio siglo gracias al aumento de los intercambios y las exportaciones de
productos agrícolas. Es en este contexto que ciertas iniciativas para ir hacia una
interpretación más amplia de la libertad son sostenidas por grupos sociales emergentes: en
primer lugar los hombres de letras, periodistas y escritores, luego las mujeres, a de diversas
tomas de palabra, en particular los diarios femeninos [Dakhli, 2009a]. Los movimientos
obreros, de inspiración socialista y anarquista, sin embargo presentes en ciertas metrópolis
del Imperio como Beirut, Salónica o Alejandría [Khuri-Makdisi, 2010], están en su mayoría
poco involucrados por esta revolución palaciega. En su conjunto, los iluminados conciben el
mundo en una relación binaria entre aquellos que saben y aquellos que deben aprender
[Gelvin, 1997] y, si encaran la cuestión del pueblo, lo hacen de manera bastante
paternalista.

¿Hacer la revolución con el Imperio?

En julio de 1908, luego de la rebelión de los oficiales de Salónica, se proclama en todas


partes en el Imperio otomano: “libertad, igualdad, fraternidad, justicia”; los símbolos
revolucionarios, tomados de la Revolución francesa, se ostentan en las paredes, las
estampillas, las tarjetas postales. El Imperio se ha convertido en una patria de la Ilustración
en la era de la libertad. La revolución ruge a partir de Salónica, fue pensada en Estambul,
París o Ginebra. Las amenazas ejercidas sobre la institución imperial dejaron planear un
tiempo la sombra del regicidio pero, en esta revolución, el sultán es finalmente aclamado
como el restaurador de las libertades: desencadenada por el ejército de los Balcanes, esta
revolución se prolonga por la obra del mismo sultán que restablece la Constitución de 1876
que él había suspendido, transformando desde entonces elImperio en régimen monárquico
constitucional [Georgeon, 2003].

Desde la segunda mitad del siglo xix, el Imperio otomano es la crisis oriental de 1875-1878
y luego el tratado de Berlín prueban que su destino está suspendido de un frágil equilibrio
de fuerzas. La ocupación de Túnez en 1881 y la de Egipto en 1882 reducen su espacio de
influencia. Apoyándose en numerosos movimientos modernizadores —entre los cuales el de
los Jóvenes otomanos conducido por Midhat Pacha-, el sultán lanza una ola de reformas,
los Tanzimat*, y promulga una Constitución en 1876, suspendida dos años más tarde y
hasta 1908. Estas reformas atañen a cuantiosos aspectos de la vida del Imperio, de la
ortodoxia sunita (amenazada por movimientos como el wahabismo implantado en la Arabia
sublevada) a la educación (creación de una red de escuelas y universidades modernas) y al
desarrollo económico (puerto de Beirut, trabajos).

Estas transformaciones administrativas y económicas del Imperio traen aparejadas fuertes


migraciones: comerciantes (sobre todo libaneses) que parten a establecerse más allá de los
mares, estudiantes que se instalan en París o Londres para perfeccionar su formación, etc.
Al mismo tiempo, la alfabetización progresa en el Imperio desde que una red de escuelas y
de universidades viene a completar el trabajo de las escuelas misioneras y el papel de los
preceptores religiosos, curas o sheijs de pueblo. En el período llamado hamidiano (reino de
Abdul Hamid Il, 1876-1909), el Estado otomano creó 10 000 escuelas públicas. Esta política
apunta por cierto a armonizar la situación entre las diferentes provincias para crear una
cultura común otomana y distribuir los medios favoreciendo a las regiones más pobres y
menos dotadas en escuelas privadas.

La rebelión que se desencadena en los Balcanes en 1908 y desemboca en la restauración


de la Constitución el 24 de julio es la continuación de una agitación intelectual y política
multiforme que caracteriza al Imperio otomano desde hace por lo menos tres decenios. Los
hombres de 1908 son turcos, armenios, árabes, kurdos, cristianos, musulmanes o judíos. La
mayoría de las veces fueron educados en varias lenguas, y atraviesan territorios y
continentes. Desde hace algunos decenios escriben en otomano, en árabe o en otras
lenguas en diarios y difunden su pensamiento tanto en Salónica como en París, Ginebra, El
Cairo, Nueva York o Beirut.

Los intelectuales se ponen al servicio del acontecimiento y desempeñan un papel para el


cual saben que están preparados. Mucho más, se consideran como los artesanos de una
revolución que sin embargo ha ocurrido en su mayor extensión sin ellos (...) Estambul, en
Beirut, en Damasco y en otras partes del Imperio. El endurecimiento autoritario de esta
revolución, sin embargo, rápidamente se hace presente, poniendo fin al entusiasmo y a los
sueños de libertad.

La lucha llevada a cabo por los Jóvenes Turcos por un gobierno constitucional, que
implicaba la igualdad y la libertad para todos sus miembros en un momento de crisis y de
numerosos conflictos, conduce a una contradicción de los diferentes componentes del
mismo Imperio. El Comité Unión y Progreso, sociedad política primero clandestina surgida
del movimiento de los Jóvenes Turcos, florece con la revolución de 1908; una bocanada de
aire fresco penetra hasta las regiones más alejadas del Imperio. Pero la revolución llevada a
cabo por los militares muy pronto es puesta bajo el signo del mantenimiento del orden
[Levy-Aksu, 2012].

Todo el universo de los intercambios privados, antes confinados a las casas y los clubes,
encuentra en el verano de 1908 su lugar en la calle. Es un tiempo de festividades donde
oradores más o menos célebres vienen a hablar de su 1908. Un espacio público emerge en
una explosión efímera. Desde el inicio pueden oírse reivindicaciones específicas a las
provincias árabes, que remiten a la lengua, a la representación, a la descentralización. Son
todas reivindicaciones que permanecen en el marco del Imperio y no cuestionan la
lealtad otomana.

Las sociedades culturales, como la Sociedad del Renacimien-to árabe creada en Estambul
en 1906, operan en la recolección de textos, trabajan en la lengua árabe y constituyen
bibliotecas. Son el fermento de un espacio nacional árabe en el seno del Imperio. (...)

Se asiste a reuniones y a iniciativas del mismo tipo en todas las ciudades de la región,
Beirut, Jaffa, Jerusalén [Campos, 2011; Lemire, 2013] o incluso en El Cairo. Otras
provincias, más alejadas, parecen ofrecer un eco menos entusiasta a este acontecimiento,
inclusive en el seno de las elites letradas: es el caso sobre todo de Saná en Yemen
[Honvault, 2012], y en cierta medida en Bagdad [Metenier, 2012].

La esfera privilegiada de intervención de estos hombres en la escena pública es cultural;


pasa por la lengua y su renovación, expresa un arabismo que se piensa y se constituye en
el seno del Imperio. Se trata aquí de la posición de una elite que se considera como guía de
la revolución a través de una misión pedagógica.

Así, la revolución de 1908 hace entrar la cuestión de la lengua en la política. (...) lengua, los
intelectuales lo constituyen en un nuevo universo urbano, lo más cerca posible de una
modernidad sacralizada, con el deseo de hacer coexistir en él los eslóganes de 1908:
“libertad, igualdad, justicia, fraternidad”. Tanto los mayores como los más jóvenes se aplican
a la comprensión del acontecimiento, a la interpretación, a la elaboración de estrategias, en
primer lugar haciéndose eco de un espíritu de 1908 (...) pero también de un espíritu
concreto para su(s) país(es). Los revolucionarios árabes de 1908 tocan una partitura
nacional en el marco, no discutido, del Imperio. La revolución es recibida como el medio
para ellos de desempeñar un nuevo papel en su seno.

Reformas

En realidad, a pesar del uso del término Ingilab* (derrocamiento) para designar a los
acontecimientos de 1908, la palabra clave del período es la de reforma, restauración de
los Tanzimat (reformas administrativas) y sobre todo de su vertiente constitucional -es decir,
transformación real del Imperio autoritario en un Imperio constitucional-, pero también islah*,
reforma profunda de la religión y de la sociedad. Este proyecto es en particular sostenido
por los reformadores musulmanes, cuyas ideas se desarrollan desde hace cerca de un siglo
en el momento de la proclamación del 24 de julio.

Los discípulos y compañeros de ruta de Muhammad Abduh, Jamal al-Din al-Afghani y


Rashid Rida quieren pensar otra relación con la religión, a la vez a escala de los individuos
y a la del Imperio, en la cual el sultán es asimismo califa y por lo tanto amo de la ortodoxia
sunita. Como fue subrayado, entre otros, por Michelle Campos [2011], la revolución de
1908 es una revolución religiosa, no sólo porque desarrolla una nueva religión cívica y
una sacralización de la libertad como valor supremo, sino también porque atañe
directamente a la religión como lugar de enunciación de esta libertad. Así, los reformadores
que critican el islam oficial del Imperio quieren promover una religión más emancipadora (...)

El islam necesita un movimiento de renovación, lo que obliga a volver a abrir la puerta de la


interpretación. Ésta se apoya en el diálogo intelectual que necesariamente debe practicarse
en el seno de una institución. (...). Influido por las ideas constitucionales y liberales,
Al-Kawakibi sugiere una separación entre la religión y el Estado, así como una separación
entre los poderes en el seno del Estado. En esto compromete la reforma religiosa en un
terreno que no es transitado por la totalidad de los mismos reformadores. Sin embargo,
todos se sienten en la obligación de elaborar nuevas formas de articulación entre el
islam y el poder, la religión y la sociedad: pensar el califato (Rashid Rida), el papel de las
mujeres en la sociedad (Abd al-Qadir al-Maghribi, su liberación (Qasim Amin), la nación
musulmana (Muhammad Abduh)... Ellos participan también de una modernidad intelectual y
no se limitan ya a la esfera religiosa tradicional, las mezquitas y las medersas*: fundan
diarios, participan en conferencias, en discusiones en salones, debaten leyes y cuestiones
de sociedad.
Nahda, Mahjar

Si bien numerosos trabajos insistieron en el papel de los autores de la emigración en


la constitución de una literatura moderna y en la elaboración de una modernidad
intelectual árabe [Hourani, 1962], pocos intentaron comprender lo que esta
especificidad cambiaba en nuestra comprensión de un renacimiento cultural
(Nahda), con demasiada frecuencia reducido a un préstamo de las categorías de la
modernidad en un Occidente conquistador que habría precedido a un Oriente
atrasado en el progreso y el desarrollo cultural, político y económico [Dakhli, 2014].
La consideración de esta dimensión transnacional ubica de entrada la Nahda en una
modernidad mundial: la de los intercambios comerciales y humanos establecidos
desde fines del siglo xix entre las diferentes partes del mundo y donde el Levante
—en particular el Líbano- tiene un papel central. Ella no confina a la Nahda a un
fenómeno de resurrección intelectual y artística después de edades supuestamente
oscuras, sino que la reubica en una cronología mundial. Esta dimensión permite salir
de las oposiciones binarias y maniqueas entre Oriente y Occidente, entre mundos
“civilizados” y “atrasados”: período surgieron de una doble, hasta de una triple
cultura y viven en un mundo abierto, cuestionando a su “sociedad de origen” así
como a aquellas que ellos adoptan en términos originales e insólitos. (...)

En el momento en que el Imperio comienza a aflojar sus fronteras, a entrar en una


modernidad caracterizada por una apertura económica, política y por una violencia
social nuevas (...) el movimiento intelectual árabe se dispersa más allá de los mares
y particularmente en las Américas.

En este sentido, el Renacimiento árabe es una empresa mundial: reúne una suma
de individualidades y territorios construidos en los cuatros puntos cardinales del
mundo.

Sólo “conectado” es posible incluirlo en una historia. La riqueza de los diarios de El


Cairo, de los salones y encuentros parisinos radica en la paradoja de una identidad
hecha de lazos entre personas y de fidelidades mantenidas de escala en escala.
Esta pertenencia fragmentada se ostenta como una fuerza y está consolidada por
lazos más subterráneos: diálogos en las páginas de las revistas, citas, presencia en
logias masónicas, asociaciones, etc. El Mahjar (lugar del exilio) es a partir de
entonces el mundo de los migrantes: designa a la vez un alejamiento respecto del
país, pero también un anclaje paradójico que lo convierte en el sitio de re definición
de una pertenencia, hasta un lenguaje aparte. Termina por designar igualmente una
corriente intelectual (adab al-mahjanr) que traduce ese desenganche en la lengua y
las formas literarias

Las ideas occidentales, los hábitos, los productos y el capital no llegaron a la religión
únicamente por el sesgo de la colonización y de la dominación imperialista, sino que
también fueron introducidos por los migrantes. [Rihani, 1911, ed. 1973, p. ___ 156;
citado por Schumann, 2008, p. 241].

y muchas extrañas enfermedades"” [Rihani, 1911, ed. 1973, p. ___ 156; citado por
Schumann, 2008, p. 241].

El diario de Rashid Rida, al-Manar (El faro), es uno de los lugares principales de difusión del
pensamiento reformador, pero también un lugar de debates sobre el califato árabe, la
descentralización administrativa en el Imperio, los derechos de las mujeres o la enseñanza.
Es en este sentido como puede decirse que esa generación de reformadores transforma el
espacio público, sobre todo el del alim (sabio). (...)

La Primera Guerra Mundial tiene efectos importantes sobre las sociedades de las provincias
árabes del Imperio. Largo tiempo se consideró ese período como marginal en el devenir de
la región y sobre todo se trataba de comprender cómo la resolución diplomática de la guerra
había afectado a la región. Ahora bien, los años 1915-1916 en particular asistieron al
padecimiento de privaciones considerables por parte de las poblaciones, que llegaban hasta
la hambruna puesta en marcha por los Jóvenes Turcos y su política de requisas en la
región, en particular en Monte Libano [Qattan, 2014; Schulze-Tanielan, 2014]. La llegada
masiva de refugiados armenios que huían de las matanzas también marcó los ánimos en
forma duradera. Tuvo efectos en el territorio, ya que los armenios venían a reunirse con las
antiguas comunidades instaladas en Alepo, Beirut o Jerusalén.

Los informes del padre dominico Jaussen [agente frances, señalan: “Al igual que los
cristianos, los musulmanes están en todas partes “fatigados, asqueados”. Ellos siempre y
de un momento a otro esperan ser liberados de los turcos por los Aliados. Tanto en
Palestina como en Siria, los turcos quieren aplastar a los árabes. El dinero falta en todas
partes. Ya no hay trabajo. Si esta situación se prolonga hasta el invierno próximo será la
miseria en todos sus horrores y a esto seguirá la hambruna, ya que la gente no tiene los
medios de comprar su alimento” (nota del 29 de julio de 1915, Archivos de la Marina,
Vincennes).
Las poblaciones se debaten entre el bloqueo impuesto por los Aliados sobre los
movimientos de las naves, las privaciones debidas a la guerra, la conscripción y pronto la
ley marcial que se instala como reacción a los primeros motines (Beirut, 1915):
deportaciones (de los fundadores de las principales asociaciones de ayuda y de caridad, en
particular), arrestos (de diputados, de intelectuales, de políticos y de autoridades religiosas),
exilios forzados de centenares de personalidades. La separación con el Imperio se hace
en el dolor.

II. Revueltas y dominio colonial (1916-1936)

Con el tiempo de la guerra se abre el ciclo de las revueltas árabes. Éste está en manos
de poderes que pueden jugar con alianzas diversas y que va a marcar los siguientes
decenios: gran sublevación panárabe de 1916 bajo la conducción de los hachemitas,
numerosas revueltas del año 1920 que impugnan la suerte reservada a la región por los
tratados de paz (revueltas rurales en Siria, Gran Revuelta en Irak, derrota de los
nacionalistas sirios contra el ejército francés en Maysalun), revuelta llamada drusa del Jabal
al-Arab sirio en 1925-1927, huelga general y sublevación en la Palestina mandataria entre
1936 y 1939... Estos momentos revolucionarios, situados en el contexto del Imperio en
guerra, de la resolución del primer conflicto mundial y de la lucha por la emancipación en el
marco de los mandatos, son ocasión de tomas de palabra procedentes no sólo de los
medios urbanos nacionalistas organizados sino también de las zonas rurales y, a partir de
los años treinta, de los sindicatos obreros (tanto en las ciudades como en el campo)

Si permanece el uso de calificarlos de revueltas árabes, hay que comprender claramente


que la noción de arabidad está en construción durante ese mimso período. Los súbditos de
las provincias árabes del Imperio tienen sentimientos de pertenencia muy fluidos que
coexisten hasta entonces de manera bastante armoniosa. (...)

La Arabia Saudita wahabita, una misión en nombre del islam “de los orígenes”

El nacimiento de la Arabia Saudita es uno de los elementos que deben tomarse en


cuenta en el análisis de este período. Primer país árabe en obtener su
independencia en el interior del antiguo espacio otomano, el fundamento de esta
soberanía, que se apoya en una doctrina religiosa y en alianzas políticas, invierte
literalmente un orden social para reemplazarlo por otra jerarquía de una estabilidad
hasta ahora notable. [esto es suuuper específico, alrededor de pag 31 x si quieren
leer]

La Gran Revuelta árabe de 1916: ¿la sublevación de la badiya?


Lo que a menudo se llama la Gran Revuelta, narrada por Lawrence de Arabia en Los siete
Pilares de la sabiduría,* es una aventura extraña. Llevada a cabo por los hachemitas
Husein, Abdalá y Faysal, desemboca en poner a la región bajo una nueva tutela, pero
también en fundar una nueva mitología, la del guerrero beduino capaz de hacer frente al
Imperio y a las potencias del Eje movilizando a las tribus. El coronel Lawrence, en el relato
que hace de esta aventura, está ciertamente convencido de poder operar esa metamorfosis.
Así, lo que se llama la badiya, territorio de pasturaje de los rebaños, se habría convertido en
el territorio positivo de una región emancipada por sus beduinos [Rogan, 2001]. Esta
revuelta no puede existir sin el apoyo de las fuerzas citadinas, surgidas del Imperio.

Por consiguiente, la resistencia llevada a cabo por los hachemitas no encuentra la


benevolencia y el apoyo de las notabilidades y de las nuevas elites sino gracias a la
evolución tiránica y sanguinaria del régimen de los Jóvenes Turcos durante la guerra. Todos
siguen siendo otomanos mientras el Imperio les garantice una forma de estabilidad y
mantenga sus privilegios, en el marco de su ciudad o de su región. Pero el genocidio de los
armenios, la política de hambre llevada a cabo en la montaña libanesa, las deportaciones y
finalmente la ejecución pública de las principales figuras de la emancipación política de los
árabes terminan por unir a las provincias en la causa de los aliados y en la idea de
una independencia —sin contornos precisos- que se debe conquistar. Una memoria de
oposición al otomanismo se cristaliza en los años de guerra, sobre todo en los años
1915-1916. Los relatos que se ofrecen de esos años insisten en la violencia ejercida sobre
las poblaciones, en la decepción y en los mártires de la causa árabe, aquellos cuyos
cuerpos colgados aún están presentes. Los poetas y escritores de la diáspora se organizan
para denunciar esas barbaries y para ayudar a las poblaciones involucradas por la
hambruna [Dakhli, 2012; Qattan, 2014].

El fervor y el entusiasmo que acompañan el ingreso de Faysal en Damasco y la fundación


del Reino árabe en su capital son más bien el signo de un alivio frente al fin de las
privaciones y de las dificultades de la guerra. Sin embargo, es innegable que ese momento
de la revuelta y del Reino árabe albergó experimentaciones políticas efímeras que en
particular justifican el calificativo de “grande” que le está adosado.(...)Esta generación
política da sus primeros pasos en el panarabismo, como en continuidad con la flexibilidad
de las afiliaciones y de las pertenencias del Imperio ahora difunto. Mientras se dibujan
fronteras nacionales por el juego de los acuerdos y los tratados, estos hombres y estas
mujeres las vuelven a atravesar para reunirse con camaradas, abandonando el Líbano
recientemente autónomo por Damasco, capital de una Gran Siria soñada, uniéndose luego
al gobierno de Faysal en su nueva tierra iraquí.
Siria soñada, uniéndose luego al gobierno de Faysal en su nueva

Porque la región está ahora dividida según los acuerdos Sykes-Picot -por el nombre de sus
firmantes, Francois Georges-Picot y sir Mark Sykes [Laurens, 1999]-, y los mandatos
británico y francés se instalan en la región. Los hombres de la revuelta, por su parte,
eligieron cada uno su territorio, ya sea un territorio nacional restringido o un sueño de unión
(nación islámica, nación árabe, Gran Siria). Cada uno busca entonces arraigarse en el
interior de fronteras bien delimitadas.

El régimen de tutela establecido por el artículo 20 del estatuto de la Sociedad dm e


Naciones se impone en territorios agitados por revueltas casi constantes. (...) La política
francesa de división de las minorías -que quiere hacer corresponder a un recorte por
Estados en el seno del territorio que le es confiado- tropieza con fuertes resistencias no sólo
ante las elites urbanas sino también y sobre todo en las zonas rurales medias que no
quieren volver a cuestionar su sistema de gobierno y de sometimiento [Méouchy, 2004]. No
obstante, la política francesa encuentra un apoyo en su clientela tradicional, la de los
cristianos, sus protegidos. Precisamente en nombre de esta protección es proclamada la
independencia del Gran Líbano desde 1920, sobre fronteras cuyo dibujo puede sorprender.
Su trazado corresponde a las reivindicaciones de los partidarios de un Líbano con mayoría
cristiana, abierto al mar e integrando el conjunto de la “Montaña”, del norte al sur. En esta
oscilación entre satisfacción de las clientelas y gestión del territorio en su conjunto, la
política árabe que lleva a cabo Francia en Siria y en el Líbano es un caso típico cuyas
contradicciones aparecen a la luz del día durante la revuelta de 1925.

Por su parte, el Imperio británico echó mano a una zona sensible. En Irak es recibido por
una sublevación de gran amblitud que da paso inmediatamente a negociaciones. Irak bajo
mandato obtiene desde entonces una independencia teórica, bajo tutela. El movimiento
arabista iraquí se plantea como modelo para la región por su resistencia y por la herencia
del Reino árabe que conlleva. En Palestina, otras cuestiones dificultan la gestión del
mandato. Las comunidades árabes y los inmigrantes judíos comienzan a oponerse. Las
aliá* sucesivas resultaron en la instalación creciente dejudíos no autóctonos y el proyecto
sionista, ahora apoyado por la declaración Balfour, preocupa a los árabes palestinos.

En las ciudades, el espíritu de los años veinte y treinta

La vida política local no es únicamente definida por la aceptación o la oposición a la tutela


mandataria: es complejizada por los lazos o la competencia mantenidos con la antigua
potencia imperial (...) y por la emergencia de otras referencias políticas locales o
internacionales (nacionalismos diversos, ideologías socialista, comunista, fascista).

A partir de los años veinte, la vida pública se concentra en las ciudades mucho más
fuertemente que antes. Las editoriales, las imprentas, los diarios responden a los lugares de
sociabilidad como los cafés o los restaurantes. Allí se encuentran obreros, funcionarios,
docentes, periodistas y políticos. .. Grandes cuestiones agitan la época: ¿cómo se debe
educar a los niños de la nación? ¿Qué lugar debe ocupar la lengua árabe? ¿Cómo
transformarla? ¿Qué papel deben tener las mujeres en la sociedad?

La vida municipal es uno de los lugares de disputa y de elaboración ciudadanas: allí se


decide el uso de los lugares públicos, de los transportes, de la gestión del agua, de los
lugares de esparcimiento. Las municipalidades (...) están en el corazón de la vida política.

También se discute mucho sobre la política internacional (...) Estos debates se insertan en
un cuestionamiento más global sobre las fidelidades y pertenencias que ponen en juego la
forma misma que debe adoptar la independencia que se debe conquistar. Las teorías
políticas son fuertemente debatidas (...)

Algunas ciudades como Alejandría o Beirut son entonces verdaderos laboratorios políticos
[Khuri-Makdisi]. Las ideas elaboradas en el recodo del siglo se traducen en los primeros
movimientos socialistas, anarquistas y feministas. Una fraternidad ideológica, intelectual y
literaria se dibuja entre los movimientos obreros árabes y sus corresponsales en Europa.
La permeabilidad de las influencias se traduce también en la aparición de movimientos de
inspiración fascista, a la vez en un mimetismo general (..) y en la exaltación de un
nacionalismo estrecho y conquistador que lo acompaña.

Así, las Falanges libanesas, fundadas en 1936 por Pierre Gemayel, se inspiran en los
movimientos nacionalistas europeos para predicar un nacionalismo libanés cristiano a
través de un movimiento deportivo y con carácter paramilitar. La Liga de acción nacional,
organización panarabista siria, como el Bloque nacional*, partido nacionalista sirio, tienen
sus secciones de juventud (la del Bloque nacional se llama Camisas de acero) encargadas
de reclutar y de encuadrar a los estudiantes y los colegiales. (...) [tmbn movimientos de
juventud como lo scouts toman tonalidad nacional]

No obstante, debe señalarse que el poderoso ascenso de los partidos de extrema derecha
en Europa trae aparejada con bastante rapidez una crítica de su ideología en la prensa (...)
Se discuten, al mismo tiempo que el nazismo, otras ideologías fuertes como el kemalismo
turco, el movimiento llevado a cabo por Gandhi en India, el comunismo en Rusia, la
modernización autoritaria en Irán, etc. (...) [se] testimonian realidades diferentes en
Norteamérica, en Europa o en otras partes. Es a partir de todos esos conocimientos como
se elaboran estrategias e ideologías propias; los años veinte y treinta son el momento de
fundación de la mayoría de los partidos políticos árabes alrededor de tres grandes
corrientes: comunismo, islamismo y nacionalismo.

(...)

Estas elaboraciones ideológicas se insertan en una modernidad ostentada, una voluntad de


ocupar su lugar en el concierto de las naciones. En las diferentes partes de la región se
trata de dar una interpretación de su modernidad, (...)Esta aspiración a la modernidad es
sostenida por las clases medias, nuevo actor de la región frente a las antiguas
notabilidades. Se expresa en los diarios, en los círculos de discusión, en el Parlamento, en
las municipalidades. Los nuevos Estados tienen la voluntad de hacer emerger una
concepción de la Nación, de la comunidad, de la política y de las sociedades que les sea
propia y adopte su lugar en el coro de las naciones llamadas “civilizadas”.

Las antiguas notabilidades, ligadas al Imperio y a la propiedad, coexisten ahora con una
nueva burguesía urbana y letrada u operan ellas mismas una conversión por la ciudad y las
letras. Los hombres y las mujeres de progreso, surgidos de las liberaciones iniciadas en
1908, son visibles en las ciudades: llevan trajes europeos, fuman cigarrillos
norteamericanos, a veces conducen autos. Las mujeres no llevan velo, siguen la moda
occidental. (...) Muy conscientes de su papel en el nuevo marco de una emergencia estatal,
ostentan ese nuevo modo de vida como una de las condiciones de la misma modernidad.

En el crisol de la revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, de la Primera Guerra


Mundial y de la imposición del orden colonial, una clase media discreta emerge en
las ciudades de la costa este del Mediterráneo, que no es solamente definida por su
nivel de riqueza, las profesiones, los bienes o el nivel de educación de sus
miembros, sino también por la manera en que concibe su modernidad. Para ser
moderna, incorpora en su vida cotidiana y su política una serie de maneras, modos
de ser, gustos, y un conjunto de ideas sobre el individuo, el género, la razón y la
autoridad que son todas derivadas de lo que cree que es la práctica cultural, social e
ideológica de las metrópolis occidentales contemporáneas [Watenpaugh, 2006, p. 8,
la traducción es nuestra].

En Palestina, el desarrollo de una modernidad urbana adopta formas originales desde fines
del siglo x1x, ligadas sobre todo a la inmigración judía, pero también a una asunción del
desarrollo urbano por otros actores como los misioneros y los empresarios europeos [Bulle,
2005]. [habla de como instalan barrios urbanos al borde de las ciudades, q estan integrados
pero aislados de uss puertas: ejemplo. Tel Aviv -barrio de la ciudad Jaffa- que termina
convirtiendose en comuna y desarrollándose como ciudad] Desde el inicio es pensada y
construida como una utopía real, una ciudad enteramente judía, un proyecto de sociedad
que es posible ver cómo se elabora en los diferentes planos de la ciudad,(...)

No obstante, en el interior de Tel Aviv se inventa una manera de habitar Palestina,


elaborada por migrantes europeos sobre ese suelo, hecha de adaptaciones e invenciones,
sobre todo arquitectónicas. (...)

¿Fascismo y nazismo en el Oriente árabe?

La cuestión de las relaciones entre el nazismo y los países árabes es hoy polémica.
(...) movimientos independentistas árabes y el régimen nazi, fundado en el adagio
“los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, no parece resistir el examen de los
hechos [Wild, 2012; Nicosia, 1980]. Es más justo decir, por ejemplo, que la Alemania
hitleriana es mirada con atención por los observadores surgidos de las provincias
árabes del Imperio otomano porque comparte una experiencia similar, la de la
puñalada por la espalda, es decir, la resolución desfavorable para ellos (y a pesar de
las promesas) de los tratados de paz (Versalles y luego, en 1924, Lausana).
También es evidente que las temáticas centrales del nazismo alcanzan las
cuestiones de los países bajo mandatos: identidades nacionales, etnias y
comunidades religiosas. (...) La mayoría de las voces que se expresan lo hacen en
apoyo de los regímenes democráticos contra las potencias autoritarias (...)

Lo que es preciso observar es una porosidad general de las tesis esencialistas sobre
todo en los medios nacionalistas árabes, que en el arsenal ideológico fascista que
critican en su conjunto encuentran herramientas para cimentar una definición de la
“arabildad”. (...) Es este aspecto el que conduce al régimen nacionalista iraquí a
“flirtear con la imaginería fascista” entre 1931 y 1941 [Wien, 2006]. Por otra parte, es
difícil de comprender en profundidad las apreciaciones “populares” del nazismo y
sobre todo de la figura de Hitler.

El movimiento feminista y la cuestión de las mujeres

En el contexto de los años veinte y treinta, la cuestión feminista adquiere un lugar central.
Se convierte en una postura de ostentación y de impugnación de la modernidad [Al-Ali,
2000]. Las autoridades mandatarias se presentan en defensa de los derechos de las
mujeres en un mundo percibido y construido como retrógrado y liberticida. La experiencia
colonial, sin embargo, muestra que la presencia europea no hace más que reforzar las
jerarquías sociales y la dominación masculina reforzadas por la dominación colonial. Los
movimientos feministas árabes y musulmanes tomaron impulso mucho antes del período de
entreguerras; delegadas árabes están presentes en los congresos internacionales de las
mujeres y allí presentan las reivindicaciones específicas de las mujeres orientales en
términos de acceso a la igualdad, de derechos políticos y sociales, de libertad, al tiempo
que se unen a las reivindicaciones comunes. Estas reivindicaciones están condicionadas al
fin de la dominación colonial, aunque las feministas en ocasiones buscan —sin ilusiones-
obtener sus derechos por parte de las potencias mandatarias.

A comienzos del siglo, luego de la revolución de los Jóvenes Turcos y con la evolución de
los movimientos feministas mundiales, las mujeres desarrollan un feminismo plural,
insertado en un combate más global por la emancipación (nacional, árabe, regional). Ellas
ponen en el centro de sus preocupaciones la educación, el acceso al trabajo y al espacio
público para todas.

“Queremos elevar la condición de las mujeres progresivamente, permitirle vivir en una


sociedad mixta, luego obtener para ella en un primer tiempo derechos sociales, luego
derechos políticos” (entrevista en el diario de Beirut al-Maarad)
En efecto, el feminismo árabe nace y se desarrolla en contextos coloniales que hacen de la
dominación masculina una cuestión menor respecto de la dominación colonial. En las
reivindicaciones femeninas se mezclan reivindicaciones de emancipación nacional y sexual.

La autonomía del movimiento feminista, tanto respecto de su espejo occidental como de los
hombres árabes, se construyó desde los años de su emergencia a la vez sobre el fondo y
en sus formas de expresión.

De entrada, el feminismo une su nacimiento a la escritura y a la lectura, una escritura de lo


íntimo, sobre todo, que encuentra su lugar en los diarios femeninos (...). Las mujeres
también están particularmente presentes en la forma epistolar (correspondencias
elaboradas como correos de lectores en los diarios y revistas).

La cuestión del velo

Hay que comprender el uso de las gestualidades simbólicas alrededor del velo en
ese contexto nacional. El velo, atributo social más que religioso, se convierte poco a
poco en un símbolo, la insignia de una identidad nacional, ya sea por el hecho
quitárselo (nación moderna) o de ponérselo (identidad nacional musulmana,
tradiciones). A partir de los años veinte comienza a concentrar toda una carga
simbólica asentada en las visiones orientalistas del siglo xix aumentada por una
nueva significación política. Es lo que se pone de manifiesto, por ejemplo, en el
famoso gesto de Huda Shaarawi al quitarse el velo públicamente en El Cairo en
1923 en un contexto de enfrentamiento, no ya solamente con las potencias
coloniales, sino con el poder patriarcal del movimiento nacional mismo [Baron,
1989]. Este camino nacional del feminismo árabe se afirma mientras los intereses
son convergentes, mientras el poder y su ejercicio no están en el centro. Su
consecuencia es radicalizar las oposiciones y el juego entre las diferentes
identificaciones posibles de las mujeres árabes.(...) El reparto entre una modernidad
exterior, que se debe tomar del extranjero para igualarla, y una tradición interior que
se debe conservar, hace de las mujeres un objeto de tensión puesto que la sociedad
patriarcal tiende a confinarlas en el interior, y por lo tanto a encerrarlas en la
supuesta tradición. Es en la ley y en la redacción de las Constituciones por los
Parlamentos locales donde esas oposiciones van a afirmarse con fuerza. Es así
como, en la mayoría de los países de la región, el código tomado de los sistemas
europeos va a regir los asuntos públicos mientras que el código civil va a ser dejado
a los tribunales religiosos y confesionales.
Las reacciones son a veces muy violentas, sobre todo a partir de mediados de los
años veinte, cuando se expresa más claramente la idea de una liberación de las
mujeres por y para ellas mismas. Frente a manifestaciones radicales conservadoras,
las mujeres actúan con poco apoyo. (...)

Pertenencias, territorios y nacionalidades

El abordaje de las sociedades del Cercano Oriente es a menudo definido por una visión
confesional. Antes de hablar de clases o de géneros, hasta de territorios, a menudo se
encuentran categorizaciones en términos de confesiones, de comunidades religiosas o de
pertenencias étnicas. Esta visión tiende a cubrir las otras realidades sociales y a producir
discursos tautológicos. Las relaciones entre territorios, pertenencias sociales y confesiones
son complejas y no se reducen a una fidelidad unilateral de los individuos a una lealtad
confesional, considerada como el determinante mayor de sus acciones. Hacer variar esas
escalas de lealtad permite percibir de otro modo la sociedad [Dakhli, Lemire y Rivet, 2009].

Esa comprensión y ese abordaje no deben ocultar el hecho de que, para toda una parte de
la vida personal y social, las comunidades religiosas y confesionales tienen un fuerte
asidero, comenzando por los actos legales del matrimonio, del nacimiento y de la muerte.
Sin embargo, en el marco de la urbanización, esas relaciones se transforman. En el seno de
las ciudades se forman nuevas solidaridades cosmopolitas con la emergencia de nuevas
clases medias y de burguesías modernas. No obstante, ellas son fuertemente impugnadas,
no simplemente por las fuerzas llamadas tradicionales, sino por nuevas ideologías,
inspiradas en el wahabismo por ejemplo, que critican la modernidad como una sumisión al
orden colonial europeo.

Alrededor de la tierra santa musulmana se juega un enfrentamiento importante. El Hiyaz*


comprende a las dos ciudades santas del islam: La Meca y Medina. En los años veinte se
convierten en el corazón de un nacionalismo árabe musulmán muy particular que acoge a
musulmanes de todas las partes del mundo islamizado: árabes, africanos, asiáticos, en
búsqueda de saber y de proximidad con esta tierra, pero también comerciantes.

El conjunto territorial que se califica de Transjordania no existe antes de 1921 [Massad,


2001]. La entidad es creada por el acuerdo entre los británicos y el rey Abdalá. La
construcción de un nacionalismo jordano se apoyó en un conjunto jurídico y militar que
tiende a definir “lo que es un jordano” alrededor de cierta cantidad de marcadores
territoriales y étnicos convertidos en esenciales para mantener el orden y las fronteras. En el
exterior se encuentra Israel a partir de 1948, Irak y Egipto y, en el interior, sedentarios y
beduinos, palestinos y “verdaderos jordanos”.
La ley orgánica de 1928 fija (...) la unificación de los transjordanos que se convertirán en los
súbditos del rey de Jordania en 1946 con la proclamación del Reino hachemita de Jordania.
La definición de la nacionalidad jordana radica en una serie de compromisos con la potencia
mandataria británica y con la comunidad internacional, sobre todo luego del tratado de
Lausana firmado con Turquía, que pone fin a las leyes otomanas la nacionalidad. Esta se
apoya en una concepción que fija límites exteriores, pero también delimitaciones internas,
territorios.

(...) La articulación entre campos y ciudades se lee en el desarrollo de las grandes revueltas
de la época, que son en su mayor parte lanzadas en los campos en crisis y relevadas por
una clase política presente en las ciudades, más allá de las fronteras nacionales (revuelta
de 1925-1927 en Siria, Gran Revuelta de 1936 en Palestina). mos emergentes (cf. recuadro
infra).

Las protestas en los confines de las fronteras trazadas por los mandatos son numerosas en
los años veinte. Las revueltas campesinas son regulares, por ejemplo en la provincia de
Alepo, y enfrentan a líderes populares designados como bandidos por los franceses y las
autoridades mandatarias [Méouchy, 2004]. De manera similar, las sublevaciones en Irak
tienen lugar en el campo y no pueden reducirse a impugnaciones territoriales nacionalistas:
son primero movimientos sociales, sustentados por un mundo rural pauperizado y
desestabilizado por la ruptura de equilibrios territoriales antiguos [Sluglett, 2004]. En la Gran
Siria (que comprende la Siria actual y el Líbano), la

[empezo ahablar d cosas q me maree, muchos nombres y territorios]

En las fronteras, ¿nacimiento de la nación kurda?

Luego de la Gran Guerra, el trazado de las fronteras comparte identidades territoriales,


rompe solidaridades comerciales, familiares o tribales. Con la afirmación de los
Estados-nación, los nómadas se convierten en el blanco de políticas de sedentarización a
veces violentas. La región de la Djezireh, territorio marginal en los confines de la Siria
mandataria y de la lurquía kemalista, se convierte en una zona de experimentación. Francia,
en su voluntad de controlar el conjunto del territorio sirio, establece una política de acogida y
de sedentarización de las poblaciones cristianas y kurdas que modifica profundamente la
estructura del tejido social. Ahí es donde se decide implantar las poblaciones desplazadas:
refugiados armenios y sirios en los años veinte [Velud, 1993] así como miles de kurdos

ULTIMAS DOS PAGS. medio embole, habla de los kurdos

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