DRAMATIS PERSONAE
En orden alfabético
LA ANAMNESIS
Un espíritu-máquina avanzado que controla la nave de
combate Tlaloc, nacido en la Forja Ceres del Sagrado
Marte.
ASHUR-KAI GEZREMAH, «EL VIDENTE BLANCO»
Guerrero de la XV Legión, nacido en Terra. Hechicero de la
partida de guerra Kha’Sherhan y vidente del vacío de la
nave de combate Tlaloc.
CERAXIA
Adepta del Mechanicum, nacida en el Sagrado Marte.
Gobernadora del mundo forja de Gallium y señora de Halo
Niobia.
DJEDHOR
Guerrero de la XV Legión, nacido en Terra. Perdido en la
Rúbrica de Ahriman.
EZEKYLE ABADDON
Guerrero de la XVI Legión, nacido en Cthonia. Antiguo
primer capitán de los Sons of Horus, antiguo gran caudillo
de la Justaerin. Comandante de la nave de combate
Espíritu Vengativo.
FABIUS, «EL PRIMOGENITOR»
Guerrero de la III Legión, nacido en Chemos. Antiguo
apotecario superior de los Emperor’s Children y
comandante de la nave de combate Pulcro.
FALKUS KIBRE, «EL HACEDOR DE VIUDAS»
Guerrero de la XVI Legión, nacido en Cthonia. Caudillo de la
partida de guerra Duraga kal Esmejhak y comandante de la
nave de combate Ojo Aterrador. Antiguo comandante de la
Justaerin.
GYRE
Demonio, nacido en el Mar de las Almas. Sometido a Iskandar Khayon.
IMPERIOSO
El sacerdote solar; avatar del Astronomicón, nacido de la
voluntad del Dios-Emperador.
ISKANDAR KHAYON
Guerrero de la XV Legión, nacido en Prospero. Hechicero
de la partida de guerra Kha’Sherhan y comandante de la
nave de combate Tlaloc.
KADALUS ORLANTIR
Guerrero de la III Legión, nacido en Chemos. Sardar de la
partida de guerra formada por las compañías 16.ª, 40.ª y 51.ª
de los Emperor’s Children y comandante de la nave de
combate Lamento de la Perfección.
KUREVAL SHAIRAK
Guerrero de la XVI Legión, nacido en Terra. Guerrero de la
partida de guerra Duraga kal Esmejhak y miembro de la
Justaerin.
LHEORVINE UKRIS, «PUÑO DE FUEGO»
Guerrero de la XII Legión, nacido en Desembarco de Nuvir.
Líder la partida de guerra Quince Colmillos y comandante
de la nave combate Fauces del Mastín Blanco.
MEKHARI
Guerrero de la XV Legión, nacido en Prospero. Perdido en
la Rúbrica de Ahriman.
NEFERTARI
Cazadora eldar, nacida en Commorragh. Custodia de
sangre asignada de Iskandar Khayon.
EL CABALLERO HARAPIENTO
Demonio, nacido en el Mar de las Almas. Sometido a
Iskandar Khayon.
SARGON EREGESH
Guerrero sacerdote de la XVII Legión, nacido en Colchis.
Capellán del capítulo Cabeza de Bronce.
TELEMACHON LYRAS
Guerrero de la III Legión, nacido en Terra. Subcomandante
de la partida de guerra formada por las compañías 16.ª, 40.ª
y 51.ª de los Emperor’s Children y capitán de la nave de
combate Amenaza de Embeleso.
TOKUGRA
Demonio, nacido en el Mar de las Almas. Sometido a Ashur-
Kai Qezremah.
TZAH'Q
Mutante (homo sapiens variatus), nacido en Sortiarius.
Supervisor del strategium a bordo de la Tlaloc.
UGRIVIAN CALASTE
Guerrero de la XII Legión, nacido en Desembarco de Nuvir.
Soldado de la partida de guerra Quince Colmillos.
VALICAR, «EL TALLADO»
Guerrero de la IV Legión, nacido en Terra. Guardián del
mundo forja de Gallium y comandante de la nave de
combate Tane.
Antes del comienzo, hubo un final.
Mientras pronuncio estas palabras, una pluma rasga
suavemente sobre un pergamino, registrando fielmente todo lo que
digo. El sonido suave de la escritura es algo casi amistoso. Qué
extraño que mi escriba utilice tinta, pluma y pergamino.
No conozco su verdadero nombre, o si siquiera posee uno
todavía. Se lo he preguntado varias veces, pero el sonido de la
pluma ha sido mi única respuesta. Tal vez él no tenga nada más que
un código de serie. No sería raro.
—Te llamaré Toth —le digo.
No me responde a esta cortesía. Le informo de que era el
nombre de un antiguo y conocido escribano de Prospero. No me
contesta. Imaginad mi decepción.
No sé qué aspecto tiene. Mis anfitriones, como las almas llenas
de gracia y de cuidado que son, me han cegado, me han
encadenado a un muro de piedra y me han invitado a confesar mis
pecados. Me resisto a llamarlos mis «captores», ya que me entregué
desarmado a ellos y me rendí sin violencia. «Anfitriones» me parece
un término más justo.
La primera noche, mis anfitriones me quitaron el primero y el
sexto de los sentidos, dejándome ciego e impotente en la oscuridad.
Así que no sé qué aspecto tiene mi escriba, pero lo puedo
adivinar. Es un servidor, sin duda, igual que millones de otros como
él. Oigo su corazón, tan falto de pasión como el tictac señorial del
metrónomo de un músico. Sus articulaciones mecánicas zumban y
chasquean con cada movimiento, y su respiración es un verso de
suspiros medidos a través de una boca entreabierta. Nunca lo oí
parpadear. Lo más probable es que le hayan sustituido los ojos por
unos implantes.
Comenzar una crónica como esta requiere sinceridad, y estas
son las únicas palabras que son verdaderas. Antes del comienzo,
hubo un final. Así es cómo murieron los Sons of Horus. Así es cómo
se inició la Black Legion.
La historia de la Black Legion comienza con el asalto a Ciudad
Cántico. Allí fue donde todo cambió, cuando los hijos de varias
legiones fuimos a luchar juntos contra una blasfemia que no
podíamos permitir que existiera. Fue la última vez que marchamos a
la guerra con los colores de nuestras viejas legiones.
Pero una historia de este tipo requiere un contexto.
Hay una época registrada en los anales de la historia imperial
que ha sufrido como todos los recuerdos deben de sufrir con el paso
del tiempo, y sus detalles se han retorcido hasta convertirse en una
burla de ese recuerdo. Fue una época de relativa paz y prosperidad,
cuando los fuegos de la Herejía de Horus habían quedado reducidos
a cenizas, y el Imperio de la Humanidad gobernaba la galaxia con un
dominio sin rival.
Los pocos archivos supervivientes que registran esta «edad de
oro» en detalle ahora hablan de ella en susurros reverentes mientras
los cronómetros marcan el poco tiempo que queda hasta la
medianoche en este último milenio oscuro.
Imaginaos ese dominio, si podéis. Un imperio que se extendía a
través de las estrellas, unido e invencibles, con sus enemigos
destruidos, purgado de los traidores. Cualquier alma que clamara
contra la adoración al «divino» Emperador sufre el castigo definitivo y
pierde la vida por el pecado de pronunciar una blasfemia. Cualquier
raza alienígena dentro del espacio imperial es perseguida y
exterminada con impunidad inmisericorde. La humanidad poseía una
fuerza de la que carece ahora. La verdadera decadencia de dominio
interestelar del Emperador todavía no había comenzado.
Aun así, existía un tumor. El Imperio no había destruido a sus
enemigos. No por completo. Simplemente los había olvidado. Nos
había olvidado.
La paz, por primera vez en la larga historia de la humanidad, se
había construido sobre una ignorancia orgullosa que siguió a la
victoria más amarga. De hecho, pocas generaciones después de que
la galaxia ardiera, la Herejía y la Purga que le siguieron se
convirtieron en leyenda.
Los Altos Señores de Terra, esas gentes importantes que
gobernaban en nombre del «ascendido» Emperador, creían que
habíamos desaparecido. Creían que estábamos destrozados o
muertos en nuestro exilio vergonzoso. Entre ellos contaron historias
de nuestro destierro a un submundo, donde habitábamos en un
tormento eterno en el interior del Gran Ojo. Después de todo, ¿qué
mortal podría sobrevivir dentro de la mayor tormenta de disformidad
desatada a través de la realidad? Un vórtice de aniquilación en el
corazón de la galaxia era un método conveniente de ejecución: un
pozo al que este nuevo imperio podría lanzar a sus traidores.
En aquellos primeros días, la fortaleza en la que se convertiría el
mundo guerrero de Cadia era un puesto avanzado sin atención
alguna de roca fría y de autocomplacencia. No necesitaba ninguna
gran flota de guerra para patrullar sus dominios en el vacío, y su
población estaba a salvo de la suerte que sufre ahora, cuando su
gobernador militar alimenta con su población la picadora de carne
que es la Imperial Guard, que se traga a los niños y escupe soldados
destinados a morir.
La Cadia de esa edad perdida no necesitaba nada en absoluto,
ya que apenas se veía amenazada. El Imperio era fuerte porque sus
enemigos ya no alzaban espadas para derribar a su falso
emperador.
Teníamos otras guerras que librar. Estábamos luchando entre
nosotros. Estas fueron las Guerras de las Legiones, que azotaron
todo el Ojo con una furia que dejó pálida la Herejía de Horus.
Nos habíamos olvidado del Imperio tanto como el Imperio se
había olvidado de nosotros, aunque con el tiempo nuestras batallas
comenzaron a extenderse al espacio real. El propio infierno no podía
contener el rencor que sentíamos las unas por las otras.
He prometido revelarlo todo, y soy un hombre de palabra, sin
importar los pecados que mis carceleros crean que manchan mi
alma. A cambio, me han prometido toda la tinta y el pergamino
necesario para documentar mis palabras. Me han crucificado, a
sabiendas de que eso no me iba a matar. Me han robado la
hechicería de la sangre y me han arrancado los ojos de las órbitas.
Pero no necesito ojos para dictar esta crónica. Todo lo que necesito
es paciencia y un poco de holgura en las cadenas.
El relato de la Black Legion es la historia de las almas perdidas
que se reunieron en nombre de Abaddon, formando nuevos lazos de
hermandad. Y el surgimiento de la Black Legion de las cenizas es, en
primer lugar, la historia de la búsqueda de aquel al que podríamos
llamar señor de la guerra.
Aquí consigno en el pergamino el primer capítulo de una historia
que dura diez mil años, con momentos de pérdida, de triunfo, de
ruina y de reivindicación. Las listas de los muertos incluyen los
nombres de algunos de mis hermanos y hermanas más cercanos,
que sacrificaron sus vidas en esta guerra sagrada. Sueño con ellos
ahora, cuando antaño soñaba con lobos.
Me corresponde a mí contar esta historia. Que así sea.
Soy Iskandar Khayon, nacido en Prospero. En el gótico bajo de
la región de los Urales de Terra, «Iskandar» se diría «Sekhandur», y
«Khayon» se diría «Caine».
Los Tousand Sons me conocen como Khayon el Negro, por mis
pecados contra nuestra línea de sangre. Las fuerzas de mi señor de
la guerra me llaman «el Rompe Reyes», el hechicero que puso a
Magnus el Rojo de rodillas.
Soy el líder guerrero de Kha’Sherhan, un señor de los
Ezekarion, y un hermano para Ezekyle Abaddon. Derramé sangre
con él en los albores de la Larga Guerra, cuando el primero de
nosotros se mantuvo de pie con su armadura negra bajo el sol rojo
del amanecer.
Cada palabra en estas páginas es verdad.
Reforjados por la vergüenza y las sombras.
En negro y oro, renacidos.