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Lección 2. : El Estado

El Derecho Constitucional ha evolucionado hacia una disciplina jurídica que se centra en el estudio de la Constitución de un país, dejando atrás su enfoque enciclopédico anterior. Esta transformación se ha consolidado desde la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Europa y España desde 1978. En un curso de Derecho Constitucional, el Estado se analiza desde una perspectiva funcional, enfocándose en su proyección jurídica y su relación con los derechos de los ciudadanos.
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Lección 2. : El Estado

El Derecho Constitucional ha evolucionado hacia una disciplina jurídica que se centra en el estudio de la Constitución de un país, dejando atrás su enfoque enciclopédico anterior. Esta transformación se ha consolidado desde la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Europa y España desde 1978. En un curso de Derecho Constitucional, el Estado se analiza desde una perspectiva funcional, enfocándose en su proyección jurídica y su relación con los derechos de los ciudadanos.
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50 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

El componente jurídico en la Ciencia del Derecho Constitucional adquiere


una importancia desconocida hasta la fecha. El Derecho Constitucional sigue
manteniendo su componente político, porque no puede dejar de tenerlo, pero se
convierte en un auténtico Derecho Constitucional.
Como consecuencia de ello, el Derecho Constitucional deja de ser cultivado
como lo había sido en la fase anterior. Deja de ser una disciplina enciclopédica
y
se convierte en u n a disciplina jurídica, q u e d e l i m i t a s u o b j e t o de e s t u d i o d e f o r m a
similar a c o m o lo h a c e n las d e m á s disciplinas jurídicas. De la
misma manera que
el Derecho Civil o el Derecho Penal han sido siempre un Derecho Civil o Penal
particular, esto es, una disciplina en la que se estudia el Código Civil o el Código
Penal español (o francés, alemán, etc.) y en el que la referencia a la historia o al
derecho comparado es una referencia «puntual» y «funcional», orientada exclusi- LECCIÓN 2.ª
vamente a la mejor comprensión de la norma nacional que se está estudiando, el
Derecho Constitucional empieza en esta fase a ser un Derecho Constitucional par- EL ESTADO
ticular, c u y o o b j e t o d e e s t u d i o
es l a C o n s t i t u c i ó n d e u n p a í s , d e l q u e s e a e n c a d a
caso. En el nuestro, la española
Esto que hoy nos parece evidente es algo muy reciente, posterior a la Segunda L LUGAR DEL ESTADO EN UN CURSO D
SUMARIO: 2.1. E E DERECHO CONSTITUCIONAL.- 2.2. LOS ELEMENTOS
Guerra Mundial, y sólo se presenta de una manera consolidada a partir de los CONSTITUTIVOS DE LA DEFINICION DEL ESTADO.-A) El poder del Estado: el monopolio de la coacción fisica
años sesenta en el continente europeo. En España, dada la inexistencia de un legítima.-B) El pueblo del Estado: la nacionalidad.-C) El territorio del Estado: las fronteras. -2.3. LA PROYEC
CIÓN CONSTITUCIONAL DE LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO.- 2.4. EL ESTADO CONSTITU-
régimen constitucional, únicamente se ha podido empezar a estudiar Derecho
Constitucional de esta manera desde 1978. Es, justamente, ol que pretende este
Curso de Derecho Constitucional.
2.1. EL LUGAR DEL ESTADO EN UN CURSO DE DERECHO
CONSTITUCIONAL
BIBLIOGRAFÍA
AsENSI SABATER, J.: La época constitucional (materiales para una introducción al constitu-
Como acabamos de ver en la Lección anterior, la Constitución es un instru-
cionalismo y al Derecho constitucional), Valencia, 1998. BOBBIO, N.: Contribución a la
mento de articulación jurídica del Estado. La Constitución presupone una de-
teoría del Derecho, Valencia, 1980. DENNINGER, E., y GRIMM, D.: Derecho constitucional terminada forma de organización del p o d e r político, sin la cual ella misma no
para la sociedad multicultural, Madrid, 2007. DippeL, H.: Constitucionalismo moderno. existiría. En la fórmula Estado Constitucional el Estado es el sustantivo y Cons-
Madrid, 2009. FERNÁNDEZ CARVAL, R.: «Notas sobre el Derecho Constitucional como titucional es el adjetivo. Y aunque a lo largo de todo el Curso analizaremos el
nuevo "Derecho Común"», ADCP, núm. 1 (1989). GARcÍA PELAYo, M.: Derecho Estado a partir de la Constitución, concretamente el Estado español a partir de
Consti
ucional Comparado, Madrid, 1999 (reed. de la 7ª. ed. de 1961); Las transformaciones la Constitución española de 1978, antes de entrar en el análisis de la Constitución
del Estado contemporáneo, Madrid, 2.ª ed., 1985. HelleR, H.: La soberanía: contribu-
ción a la teoría del derecho estatal y del derecho internacional, México, 1995. como norma jurídica, hay que proceder a una identificación del Estado como
JÁUREGUI
BERECIARTO, G:. «Estado, soberanía y Constitución; algunos retos del Derecho constitu- poder político, porque, de lo contrario, no se entiende nada. Sin tener identifica-
cional ante el siglo xxi», RDPol, núm. 44 (1998). JimÉnEz AsENSIo, R:. El constituciona- do qué es lo específico del Estado no se puede saber qué es la Constitución y, en
lismo: proceso de formación yfundamentos del Derecho Constitucional, 3." ed., Madrid. consecuencia, tampoco qué ocurre en el interior del Derecho Constitucional. L a
2005. McILwaIn, C.-H.: Constitucionalismo antiguo y moderno, Madrid, 1990. definición del Estado como poder es la que determina el contenido y estructura
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«Derecho
Constitucional y evolucionismo histórico», REP, núm. 87 (1995). PORTERO MOLINA, J. del Derecho Constitucional, que no consiste sino en la exposición de cómo avanza
:. «Algunas cuestiones en el Derecho Político español», REP, núm. 18 (1980).
A el Estado en su proceso de juridificación.
BLANco, R:. «Los primeros veinte a ñ o s PUNSET
de la ciencia española del derecho constitucio-
nal», REP, núm. 108 (2000). ROMANO, S.: El Ordenamiento Jurídico, Madrid, 1963. del cual el Estado se somete al Derecho; es decir, el estudio del proceso a tra-
RUBIO
LLORENTE, F.: «Nota preliminar a la edición española», en E. STeIN: Derecho
Madrid, 1973. STERN, K.: Derecho del Estado de la República Federal alemana, Político,
Madrid,
1987. VARELA SUANZES, J:. «¿Qué ocurrió con la ciencia del Derecho Constitucional del proceso en que el Derecho Constitucional consiste y de a h í que no se pueda
en empezar la exposición del mismo sin una aproximación previa al Estado.
la España del siglo xix?», Boletín de la Facultad de Derecho (UNED), núm. 14 (1999).
Ahora bien, el hecho de que el Estado sea imprescindible para la exposición
del Derecho Constitucional, no quiere decir en modo alguno que sea preciso an-
teponer un estudio global o general del Estado a dicha exposición. El estudio del
Estado desde esa perspectiva corresponde a otras disciplinas autónomas, afines
al Derecho Constitucional, pero distintas de él tanto por su contenido como por
su método, como pueden ser la Teoría General del Estado, la Ciencia Política o la
Sociología Política.
52 JAVIER PEREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN
En un Curso de Derecho Constitucional el Estado sólo interesa directamente
desde una perspectiva funcional; es decir, únicamente interesa en la medida en
que us concurso es imprescindible para comprender qué tipo de proceso es el que
se desarrolla en dicho Derecho. O por decirlo con otras palabras, interesa exclusi-
vamente la proyección que tiene el Estado en la Constitución.
No interesa, por tanto, ni el e s t u d i o del p r o c e s o histórico que c o n d u j o a la
tormación del Estado en la parte occidental del continente europeo, ni lo que ha
sido la trayectoria histórica del Estado desde entonces, ni lo que el Estado hace
en cuanto Administración Pública que absorbe directa o indirectamente en torno
al 40 por 100 del PIB de los países industrializados, ni su existencia en cuanto
primer empresario del país con centenares de miles, cuando no millones, de fun-
cionarios integrados en un sistema burocrático y jerarquizado, que dispone de
r e g l a s p r e c i s a s s o b r e el i n g r e s o y e x p u l s i ó n del m i s m o , s o b r e la d i v i s i ó n i n t e r n a
del trabajo, la adquisición y procesamiento de información, la toma de decisión
y la corrección de errores, ni su función de suministrador de servicios esenciales
para la sociedad, como la educación, la sanidad, la red de comunicaciones y te-
lecomunicaciones, suministro de agua, etc., sin los cuales una sociedad moderna
no podría subsistir.
El Estado está presente en la vida de la sociedad globalmente considerada y
en la de cada uno de los ciudadanos en particular como no lo ha estado ningún
poder político antes en toda la historia de la convivencia humana. Ysu peso en la
sociedad contemporánea no ha hecho más que crecer, siguiendo la famosa «ley
de la extensión creciente de la actividad pública o del Estado en todos los pueblos
que progresan», que formulara Adolf Wagner a principios de este siglo. Éste es un
dato de la realidad que el Derecho Constitucional no puede desconocer, pero que,
en cuanto tal, no forma parte de su objeto de estudio.
Dicho en pocas palabras: no es el estudio del Estado desde una perspectiva
histórica, teórica, politológica o sociológica lo que interesa en u n Curso de Dere-
c h o C o n s t i t u c i o n a l , s i n o que lo q u e i n t e r e s a es el E s t a d o d e s d e u n a p e r s p e c t i v a
jurídica y además desde una perspectiva jurídica limitada, en cuanto proceso ed
manifestación de al voluntad del Estado y sus repercusiones en los derechos de los
ciudadanos. Es la manifestación suprema del poder político del Estado y no el
ejercicio cotidiano de su actividad de prestación de servicios a la sociedad lo que
nos interesa. El servicio público y la Administración que lo presta son objeto de
estudio del Derecho Administrativo, no del Derecho Constitucional. Aéste sólo le
compete estudiar cuál es la proyección jurídica de los elementos constitutivos de
la definición del Estado en cuanto forma política. Ellos, pero únicamente ellos, son
los que determinan el contenido del Derecho Constitucional. De ahí que sin su
conocimiento no se pueda saber qué es lo que ocurre en este último.

2.2. LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS D


E LA DEFINICIÓN
D E L E S TA D O
Ha sido tradicional en la literatura constitucional definir el Estado por la con-
fluencia de tres elementos: poder, territorio y pueblo. En los Manuales de la asig-
n a t u r a se suele h a c e r referencia a los mismos c o m o «los elementos constitutivos
de la definición del Estado», de tal suerte que tal definición rezaría de la forma
siguiente: «ente social que se forma cuando, en un territorio determinado, se or-
ganiza jurídicamente un pueblo que se somete a la voluntad de un gobierno» (P.
BISCARETTI DI RUFFIA).
52 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DU
RÁN EL ESTADO 53
En un Curso de Derecho Constitucio nal el Estado sólo interesa directamen te
desde una perspectiva funcional; es decir, únicamente interesa en la medida en Estar en desacuerdo con dicha definición resulta prácticamente imposible.
que su concurso es imprescindible para comprend
er qué tipo de proceso es el que Por supuesto que el Estado es eso. Pero también lo son todas las formas políticas
se desarrolla en dicho Derecho. O por decirlo sin excepción que han existido en la historia de la humanidad. Pues siempre que
vamente la proyección que tiene el Estado en la con otras palabras, interesa exclusi-
Constitución. ha existido una forma política es que ha existido poder, esto es, dominación de
No interesa, por tanto, ni el estudio del proceso unas personas sobre otras y, en consecuencia, tiene que haberse producido ese fe-
formación del Estado en la parte occidental histórico que condujo a la nómeno dentro de una determinada población y tiene que haberse ejercido sobre
sido la trayectoria histórica del Estado desdedel continente europeo, ni lo que ha un determinado soporte físico, sobre un territorio.
entonces,
en cuanto Administración Pública que absorbe directa o ni lo que el Estado hace
indirectamente en torno Poder; territorio y población no son, por tanto, elementos constitutivos de la
al 40 por 100 del PIB de los países industrializa
dos, ni su existencia en cuanto definición del Estado, sino elementos constitutivos de la definición de todas las
primer empresario del país con centenares de miles, formas políticas históricamente conocidas sin excepción.
cuando no millones, de fun-
cionarios integrados en un sistema burocrátic
o y jerarquizado, que dispone de Nos encontramos, pues, ante una definición universal, urbi et orbe, y una tal
reglas precisas sobre el ingreso y expulsión del mismo,
sobre la división interna definición, como nos enseñó OrteGa en el Prólogo para franceses de La rebelión de
del trabajo, la adquisición y procesamiento de informació las masas con su anécdota sobre el homenaje a Victor Hugo, es señal inequívoca
n, la toma de decisión et orbe
y la corrección de errores, ni su función de suministrad
or de servicios esenciales en la ciencias sociales de que no se sabe de qué se está hablando. Urbi no es el
para la sociedad, c o m o la educación, la s a n i d a d , la red d e c o
m u n i c a c i o n e s y te-
solamente puede hablar el Papa y en materia de fe y costumbres. Como
ecomunicac iones, s u m i n i s t r o de agua, etc.,
sin los c u a l e s u n a s o c i e d a d m o d e r n a caso del Derecho Constitucional, ni al Papa se le podría admitir una definición
no podría subsistir:
El Estado está presente en la vida Y es que en el Derecho Constitucional, como en el mundo de la ciencia en gene-
en la de cada uno de los ciudadano s endeparticular
la sociedad globalmente considerada y
ral, toda definición ha de hacerse por la diferencia específica. Ycon esos famosos
poder político antes en toda la historia como no lo ha estado ningún tres elementos constitutivos solamente definimos lo que es común a todas las for-
sociedad contemporánea no ha hecho de la convivencia humana. Y su peso en
más que crecer, siguiendo la famosa la mas políticas, lo que las equipara, y no lo que define especificamente a cada una de
de la extensión creciente de la actividad pública o del «ley ellas, lo que diferencia a unas de otras. Por eso, esa definición del Estado no sirve.
que progresan», q u e f o r m u l a r a Adolf Wagner a p r i n c Estado en todos los pueblos Sería lo mismo que si en un Manual de Economía Política se dehniera el pro-
i p i o s de este siglo. É s t e es u n
d a t o d e la realidad q u e el D e r e c h o C ceso de p r o d u c c i ó n capitalista c o m o u n p r o c e s o de a p r o p i a c i ó n de la naturaleza
o n s t i t u c i o n a l n o p u e d e desconocer
encuanto tal, no forma parte de su objeto , p e r o que, de apropiación
de estudio. por el hombre. Todo proceso productivo es siempre un proceso las condiciones
Dicho en pocas palabras: no es el estudio del Estado
desde una perspectiva de la naturaleza por el hombre. No hay otra forma de producir del
histórica, teórica, politológica o sociológica lo que interesa en un Curso de Dere- materiales de existencia. Por eso, la definición de una forma de organización
cho Constitucio nal, s i n o q u e lo q u e interesa
e s el E
s t a d o d e s d e u n a perspectiva
proceso productivo no puede consistir en esa obviedad, sino que tiene que inten-
jurídica y además desde una perspectiva jurídica limitada, tar delimitar cuál es la diferencia específica que caracteriza a unas relaciones so-
manifestación de la voluntad del Estado en cuanto proceso de ciales en el proceso de apropiación de la naturaleza ylas distingue de las demás.
ciudadano s. Es la manifesta ción suprema y sus repercusiones en los derechos de los
del poder político del Estado y no Exactamente igual en el Derecho Constitucional. De al misma manera que
ejercicio c o t i d i a n o d e s u a c t i v i d a d d e el
p r e s t a c i ó n d e s e r v i c i o s a la s o c i e d a d no es igual la forma de apropiación de la naturaleza en la sociedad esclavista
nos interesa. El servicio público y la Administración lo q u e de la Antigüedad clásica o en la sociedad feudal que en la sociedad industrial o
estudio del Derecho Administrativo, no del Derecho que lo presta son objeto de pos-industrial de nuestros días, tampoco lo es el ejercicio del poder. El Estado es
compete estudiar cuál es la proyección jurídica Constitucional. A éste sólo le una forma histórica que supone una determinada manera de ejercicio del poder
la definición del Estado en cuanto de los elementos constitutivos de distinta de las anteriormente conocidas. Esto es lo que hay que transmitir con su
los que determinan el contenido forma política. Ellos, pero únicamente ellos, son
del Derecho Constitucional. De ahí que definición.
conocimie nto no se pueda saber qué es lo
que
sin su Ahora bien, cón esto sabemos que esta definición no sirve, pero no sabemos
ocurre en este último.
cuál sería la que tendría que sustituirla. Sabemos lo que no queremos, pero no
2.2. LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA DEFINICIÓ lo que tendríamos que querer, es decir, cómo habría que definir positivamente el
DEL ESTADO N Estado.
Y la respuesta es clara: la misma que se dio en el la Lección anterior en re-
Ha sido tradicional en la literatura constitucional lación con la Constitución: el principio de igualdad. Esto es lo que diferencia al
fluencia de tres elementos: poder, territorio y pueblo. definir el Estado por la con- Estado de todas las demás formas políticas históricamente conocidas. El Estado
natura se suele hacer referencia a los mismos En los Manuales de la asig-
como es al única forma política que arranca de la afirmación del principio de igualdad
de la definición del Estado», de tal suerte que tal «los elementos constitutivos y que sólo alcanza su pleno desarrollo cuando dicho principio ha adquirido políti-
siguiente: «ente social que se forma cuando, en un definición rezaría de la forma camente la fuerza de un auténtico «prejuicio popular». Este es el secreto del Esta-
ganiza jurídicamente un pueblo que se somete territorio determinad o, se or-
a la voluntad de un gobierno» (P. do, aquello que explica la configuración específica que asumen esos tres elementos
BISCARETTI DI RUFFIA). comunes a todas las formas políticas, cuando del Estado se trata. Es lo que vamos
a comprobar a continuación.
54 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

A) EL PODER DEL ESTADO: L


E MONOPOLIO E
D L
A COACCIÓN FÍSICA LEGÍTIMA
Se trata, sin duda, del elemento más conocido y más pacíficamente admitido
de todos los que definen el Estado. El Estado no es solamente un poder político,
sino un poder en régimen de monopolio, un poder que no tolera la existencia de
competidores.
El vínculo entre el monopolio y al igualdad se explica por sí mismo. La afir-
mación de al igualdad supone por principio la exclusión de toda relación de de-
pendencia personal, de toda relación de supra o subordinación política entre los
individuos. Nadie está por encima o por debajo de nadie. Todos están en pie de
igualdad. En consecuencia, el poder o bien no debe existir; o bien, en el caso de
que se lo considere necesario, tiene que ser residenciado en una instancia objeti-
va, despersonalizada, que se relaciona por igual con todos los individuos. La igual-
dad sólo admite dos expresiones políticas: o la anarquía o el Estado, o la ausencia
total de poder o el monopolio del mismo. Los individuos son «políticamente igua-
les» o porque no están sometidos a ningún poder o porque todos están sometidos
por igual al mismo.
En la teoría política y jurídica hay un concepto con el que se expresa dicho
monopolio del poder: el concepto de soberanía. Con dicho concepto se expresa
simultáneamente el monopolio del poder hacia dentro del país y la independencia
del mismo hacia fuera. El Estado es soberano porque es un poder único dentro de
sus fronteras y porque es un poder independiente en sus relaciones con los demás
Estados.
Dicho concepto de soberanía no tiene su origen en la Teoría del Estado, sino
que fue acuñado por la Teoría política de la Monarquía Absoluta. Pero la forma y
el contenido de la soberanía en la teoría política absolutista son completamente
distintos a los de la teoría política estatal.
Formalmente, la soberanía en la Monarquía Absoluta se caracteriza por la
existencia de múltiples poderes políticos. La soberanía es el instrumento utiliza-
do para establecer una diferenciación jerárquica entre dichos poderes. El poder
soberano es el primero entre estos múltiples poderes, es soberano en relación con
otros poderes que no lo son.
Esta delimitación relacional o relativa de la soberanía obliga a delimitar su
contenido de forma asimismo relacional o relativa: se trata de las famosas «se-
ñales características» de al soberanía, es decir, aquellas facultades de las que dis-
pone el poder soberano y que no tienen los demás. Según BoDINo en Los Seis
Libros de la República, son hacer la guerra y firmar al paz, el nombramiento de
determinados altos funcionarios, poder de decisión último sobre determinadas
cuestiones previamente resueltas por otras instancias y concesión de gracia.
En la Teoría del Estado, por el contrario, el concepto de soberanía no hace
referencia a determinadas características de un poder político que lo diferencian
de otros poderes políticos, sino que la soberanía se predica exclusivamente del
poder del Estado y excluye, por principio, al existencia de otros centros de poder
político al margen del Estado.
En la teoría política estatal coinciden, por tanto, la forma y el contenido de la
soberanía. Siendo el poder del Estado un poder único y, consiguientemente, un
poder soberano, no hay necesidad de delimitar las competencias de este poder,
porque no hay otros poderes de referencia. O mejor dicho, es superfluo e inútil de-
limitar dichas competencias, ya que, en último extremo, será el propio soberano
EL ESTADO 55

el que decidirá cuáles son dichas competencias. Las señales características de la


soberanía se reducen a una: a que es el único centro de poder que hay en el país,
a que tiene el monopolio del poder político.
a it i d o
alítico, Pero oigamos a HoBBEs: «La única forma de erigir un poder común que sea
cia d e capaz de defender a los ciudadanos de los ataques del exterior y de los ataques de

a afir-
aHoBBes
sambeladefine
ed hoelmEstado
bres concomo
fer etnd«una
o lepersona
oder ica al fuero eso edus formación,
de cuyos actos una gran multitud,
de d e - mediante pactos mutuos, se ha convertido en su autor, con la finalidad de que
re los aquella persona pueda utilizar la fuerza y los medios de todos ellos, como ella
le d e considere adecuado, para imponer la paz y la defensa común entre los ciudada-
aso d e nos... El soporte de esta persona es llamado soberano y se dice que tiene poder
bojeti- soberano; toda otra persona al margen de ésta es su súbdito».
Pual-
Soberanía, por tanto, no es, para HoBbes, supremacía, como era para Bodino,
cla
sino monopolio. El poder del Estado o es único o simplemente no es.
gua-
nidos En términos similares se pronunciaría ROUSsEAU: las cláusulas del contrato
social «bien entendidas, se reducen a una sola, a saber: la alienación total de cada
asociado con todos sus derechos a toda la comunidad». De esta manera se cons-
dicho
tituye el soberano, que «estando formado por los particulares que lo componen,
resa
no tiene ni puede tener interés contrario al de aquéllos». En consecuencia, «el
ncia
ode
soberano, por el solo hecho de que existe, es siempre lo que debe ser».
más El poder del Estado es un poder objetivo, despersonalizado, concentrado en
una única instancia, que no admite intermediarios entre él mismo y todos los in-
dividuos sin excepción, que aparecen equiparados en la categoría de ciudadanos.
De ahí el carácter «liberador» del Estado, en la medida en que suprime todas
nte las desigualdades personales de las formas políticas anteriores, transformando un
orden social presidido por el concepto de «privilegio» en otro presidido por el con-
cepto de «derecho». El monopolio del poder es el que convierte al individuo en
ciudadano, en titular de derechos. Pero de ahí también su carácter «potencialmen-
allza-
te o p r e s o r » , e n la m e d i d a e n q u e c o n c e n t r a el p o d e r c o m o n u n c a h a b í a o c u r r i d o
antes en la historia de la humanidad. En la desconfianza hacia el posible uso que
ion
se pudiera hacer del «monopolio del poder», es donde encontraría su fundamento
la reivindicación de la garantía de los derechos y la división de poderes, de la que
nacería la Constitución escrita. Pero esto lo veremos en su momento. Antes hemos
se- de pasar al segundo elemento constitutivo de la definición del Estado: el pueblo.
Seis
B) EL PUEBLO DEL ESTADO: LA NACIONALIDAD
tas
No cabe duda de que los Estados «realmente existentes» se han constituido,
por lo general, a partir de un substratum poblacional con raíces históricas muy
QN

profundas. De no ser así, difícilmente hubieran podido llegar a constituirse.


Entre la población anterior al Estado yal población «del» Estado existe, pues,
una vinculación clara e inequívoca. Más aún, son las mismas personas las que
son súbditos de la Monarquía Francesa antes de julio de 1789 y ciudadanos del
Estado francés después de esa fecha. Pero esa identidad personal no debe ocultar
la diferencia radical que separa a la población del Estado de la población ante-
rior a la constitución del mismo bajo el Antiguo Régimen, que consiste en que el
individuo deja de ser un súbdito sobre el que se ejerce el poder para pasar a ser
un sujeto conformador de dicho poder en condiciones de igualdad con todos los
demás, es decir, un ciudadano.
56 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

Esto es lo específico de la población del Estado: la ciudadanía. De una forma


general y no excepcional, como particularidad o privilegio, esto es algo que no
se conoce hasta al imposición del Estado Constitucional a finales del siglo XvI
y, sobre todo, a partir del x. Todavía en 1785, en el Diccionario de Nouveaux
synonimes français de RoUBAUD, se distinguía entre nación y pueblo en los siguien-
tes términos: «La nación es el cuerpo de ciudadanos, el pueblo es el conjunto de
los habitantes del reino... En la nación tomamos en consideración el poder, los
derechos de los ciudadanos, las relaciones civiles y políticas. En el pueblo toma-
mos en consideración la sujeción, la necesidad, sobre todo, de protección y de
relaciones de dependencia de todo tipo. El Rey es el jefe de una nación y el padre
de un pueblo». Tres años más tarde SieyEs, en ¿Qué es el Tercer Estado?, afirmaría
que el «tercer Estado comprende... a todos los que pertenecen a la nación, y todo
lo que no es tercer Estado no puede ser considerado como parte integrante de la
nación». De una población de súbditos a un pueblo de ciudadanos. Este es el cam-
bio que se produce con el tránsito del Antiguo Régimen al Estado Constitucional.
Obviamente, la ciudadanía es una expresión limitada del principio de igual-
dad, ya que la ciudadanía no supone la afirmación pura y simple del principio de
igualdad en abstracto, esto es, el no-sometimiento de nadie a otra voluntad perso-
nal, sino que la ciudadanía supone la afirmación de la igualdad y, por tanto, de al
libertad en la pertenencia a una determinada organización política, a un Estado.
Esto tiene su importancia, ya que si bien todos los seres humanos son igua-
les por naturaleza, no todos son ciudadanos. Ciudadanos sólo lo son aquellos
que tienen una determinada relación con el Estado, aquellos que participan en el
«contrato social», en el «poder constituyente». Por eso la ciudadanía siempre tie-
ne apellidos, por eso la «ciudadanía» acabaría en «nacionalidad». Naturalmente
todos los hombres son iguales. Políticamente sólo lo son los ciudadanos o nacio-
nales de un Estado. Este es el alcance político de la igualdad.
La ciudadanía-nacionalidad es, por tanto, una expresión limitada del princi-
pio de igualdad. Con una potencialidad expansiva prácticamente ilimitada hacia
el interior del Estado. Con limitaciones importantes cuando se intenta penetrar
desde fuera. De ahí todas las dificultades que se han planteado y se siguen plan-
t e a n d o e n r e l a c i ó n c o n los « e x t r a n j e r o s » c o m o t i t u l a r e s d e d e r e c h o s y d e a h í tam-
bién los obstáculos que los Estados establecen para dificultar la obtención de la
nacionalidad
Justamente por eso, la «historia interna» del Estado Constitucional ha sido la
historia del avance del principio de igualdad en todas las esferas de la vida social
y politica, con la consiguiente extensión a las mismas de la categoría en que la
igualdad se expresa: el derecho.
Los derechos fundamentales, aunque teóricamente han sido formulados
como derechos inherentes a la persona humana y, por tanto, previos a toda orga-
nización política, históricamente han sido una creación del Estado, esto es, de la
supresión de la desigualdad característica de las formas políticas anteriores. El

meddia esa uet caos dercho ambito


cuencia del avance del principio de igualdad.
Es por esta identificación histórica de los derechos fundamentales como dere-
chos ciudadanos por lo que los Estados han tenido que definir con precisión crite-
rios con los que identificar a los ciudadanos, esto es, a los «nacionales», así como
también los criterios que permitirían a quienes no lo son «de manera natural»
EL ESTADO 57

(ius sanguinis, ius soli), adquirir dicha condición. Esto es algo que sólo se co-
mienza a hacer con las Constituciones escritas.
En este terreno se ha seguido, por lo general, la siguiente línea de evolución:
mientras que a lo largo del siglo xix e incluso en los primeros decenios del xx los
Estados no ponían excesivos obstáculos a la adquisición de al nacionalidad por el
extranjero, exigiendo para ello exclusivamente la vecindad o residencia durante
un período de tiempo, pero el extranjero que no tenía la nacionalidad no era con-
siderado en general como titular de derechos o sólo de u n a m a n e r a muy limitada,
en la segunda m i t a d del siglo xx los Estados han e n d u r e c i d o notablemente las
condiciones para adquirir la nacionalidad, pero han sido mucho más generosos
en lo que toca al ejercicio de los derechos por los extranjeros con la exclusión de
los derechos estrictamente políticos. Pero esto tendremos ocasión de verlo dete-
nidamente en la Lección 10.ª

C) EL TERRITORIO DEL ESTADO: LAS FRONTERAS


La ocupación del territorio siempre ha sido importante. El proceso producti-
vo ha sido siempre un proceso de apropiación de al naturaleza por el hombre y,
en consecuencia, la ocupación real y efectiva de una determinada parcela de la
naturaleza ha sido siempre un elemento de importancia capital para todo grupo
humano. Todas las manifestaciones del poder, desde las más primitivas hasta las
más modernas, han tenido mucho que ver con al afirmación territorial.
Ahora bien, m i e n t r a s el poder a r r a n c a d e la d e s i g u a l d a d de ture y tiene, por
tanto, un carácter personal, el interés por la delimitación del territorio es un inte-
rés que podríamos calificar de derecho privado, esto es, de fijación de la titulari-
dad que permite al dominación y la consiguiente explotación económica del terri-
torio. No interesa tanto la definición exacta del territorio desde un punto de vista
político, como ámbito sobre el que se ejerce el poder; cuanto la defensa del mismo
desde un punto de vista funcional, lo que se consigue mediante la edificación de
fortificaciones en puntos neurálgicos, que no impiden que se pueda penetrar en el
territorio, pero que sí proporcionan garantías de defensa frente a un ataque ,y por
tanto, la conservación del control del mismo.
Mientras el poder tiene una base de tipo personal no llega a existir el concepto
de «frontera» en el sentido técnico y preciso en que hoy lo entendemos, sino que
lo determinante es lo que podríamos denominar el «deslinde» de propiedades,
con la finalidad de determinar qué prerrogativas se ejercen sobre ellas.
Es con el proceso de objetivación del poder, que se inicia de forma muy rudi-
mentaria con la Monarquía Absoluta y que se afirma de manera resuelta e inequí-
voca con el Estado, con el que se va a producir el cambio en la concepción del
soporte físico sobre el que el poder es ejerce. Del poder de base personal se pasará
al poder de base territorial, delimitado de manera precisa por las fronteras que
separan un Estado de otro: Quidquid est ni territorio, est etiam de territorio.
La lógica del proceso salta a la vista. Si el poder del Estado se ejerce en condi-
ciones de monopolio sobre individuos que tienen al condición de ciudadanos en
la medida en que han participado en el pacto social, en la creación del Estado, es
evidente que dicho poder monopolizado no puede tolerar la existencia de ningún
otro poder y que los ciudadanos no pueden tolerar tampoco que en la definición
del Estado puedan participar quienes no sean expresamente reconocidos como
tales. Tanto el ejercicio del poder estatal como el ejercicio de los derechos ciu-
dadanos exige separar con precisión el ámbito territorial en que dichos procesos
58 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

se desarrollan, porque son incompatibles con cualesquiera otros sobre la misma


b a s e t e r r i t o r i a l . De a h í la n e c e s i d a d d e d e l i m i t a c i ó n e s t r i c t a del t e r r i
torio tanto
hacia dentro como hacia fuera.
Hacia dentro, suprimiendo todas las divisiones internas del territorio que impe-
dían el libre tránsito de personas y mercancías y que hacían que los individuos, ahora
ciudadanos, no fueran titulares de derechos en condiciones de igualdad y de manera
uniforme en todo el territorio del Estado. Hacia fuera, erigiendo barreras mediante
las cuales se separa físicamente de manera visible el ámbito de ejercicio
el Estado y de los derechos individuales y políticos por los ciudadanos. del poder por
Suprimir las aduanas internas e imponer las externas ha sido el proceso segui-
do por el Estado Constitucional desde sus orígenes. Es una consecuencia insosla-
yable de la concreción histórica del principio de igualdad que supuso la creación
del Estado Nacional. El constituyente español de Cádiz lo diría con toda claridad:
«Los falsos principios adoptados por los economistas de los tiempos de la igno-
rancia para facilitar a los Gobiernos medios de satisfacer su insaciable voracidad
han introducido el fatal sistema de aduanas interiores: su existencia es incom-
patible con la libertad nacional... V
. M. debe apresurar el momento de poner en
práctica un artículo que las prohíba para siempre fuera de las fronteras y puertos
de mar, ya que el vicioso sistema de rentas que existe en el día, obliga a suspender
hasta su reforma los efectos de tan importante medida».
Superación
riales de los particularismos locales, supresión de las divisiones territo-
internas. Afirmación del interés «general», del interés «nacional»
dichos particularismos y detensa de dicho interés nacional frente a los frente a
nacionales extranjeros. Éste ha sido el proceso seguido por el Estado. Laintereses
delimi-
tación estricta del territorio del Estado hacia dentro y hacia fuera mediante
la
supresión de las aduanas internas y el establecimiento de las fronteras exteriores
ha sido el instrumento del que se ha hecho uso en dicho proceso.
En tal operación el Estado ha recurrido a todos los recursos disponibles de
tipo científico y técnico, de tal manera que la separación de «su» territorio del de
los demás fuera lo más absoluta posible. De ahí también la proyección marítima
aérea de las fronteras, que aíslan el territorio del Estado de cualquier intervencióny
externa que no cuente con su consentimiento.
Como puede verse, por cualquier lado que se examine al cuestión, nos acaba-
mos tropezando con el principio de igualdad. Es únicamente a partir del mismo
como se puede explicar la configuración que asumen los elementos que han de
combinarse en toda forma política, cuando del Estado se trata.
Yes que la distinción entre las formas políticas basadas sobre la desigualdad
y el Estado basado en la igualdad es, con mucha diferencia, l a distinción más
importante para la historia del poder político. Hay más similitud entre todas las
formas políticas preestatales entre sí que entre cualquiera de ellas y el Estado.
La génesis del Estado ha sido, pues, al gran Revolución Política en la historia
de la humanidad. Revolución que, aunque tuvo inicialmente una configuración
territorialmente limitada, ha tenido capacidad para proyectarse
a nivel planeta-
rio, homogeneizando tendencialmente el mundo del poder de manera desconoci-
da en el pasado.
Ahora bien, precisamente por eso, la torma Estado está empezando a dar
muestras de insutciencia. La globalización de los procesos históricos, la afirma-
ción del principio de igualdad en cuanto tal, sin constricciones de tipo territorial,
está empezando no a hacer saltar por los aires, pero sí a poner de manifiesto
inadecuación de la «traducción estatal» de dicho principio. la
EL ESTADO 59

isma De ahí los procesos de integración supraestatal en curso en estos momentos


anto en diversas partes del mundo, entre ellas en el continente europeo; procesos de
integración que están cambiando de manera muy significativa el concepto de Es-
mpe- tado con que hemos operado a lo largo de estos dos últimos siglos. Es un tema
hora sobre el que volveremos en las Lecciones 8.ª, 24.ª y 32.ª
nera Todavía hoy el Estado Nacional es al fórmula general de organización política
iante de la convivencia. Pero en la forma en que lo ha sido en el pasado está dejando
r por. de serlo y lo va a dejar de ser todavía más en el futuro. Pero esto es sale de lo que
se tiene que abordar en un Curso de Derecho Constitucional en estos momentos.
egui-
osla- 2.3. LA PROYECCIÓN CONSTITUCIONAL DE LOS ELEMENTOS
ción C O N S T I T U T I V O S DEL ESTADO
dad:
8n0- Acabamos de analizar en el apartado anterior los elementos constitutivos del
idad Estado desde una perspectiva «política», es decir, como elementos que definen
o m - el Estado en cuanto forma histórica de organización del poder político. Ahora
r en hemos de proceder a su «traducción jurídica», que es la relevante para un Cur-
ertos
nder
so de Derecho Constitucional. ¿Cómo se expresan esos elementos políticos de
la definición del Estado en la articulación jurídica del mismo, en el proceso de
transformación del Estado en Estado Constitucional, en un Estado jurídicamente
rito- ordenado? Esta es la perspectiva del Derecho Constitucional.
ite a
Esta operación de traducción tiene su importancia. No se trata de una pura
eses
imi-
operación mecánica, sino que comporta una alteración importante en la forma en
q u e estos tres e l e m e n t o s constitutivos del E s t a d o se o r d e n a n r e c í p r o c a m e n t e , es
te la decir, d e la t o r m a e n q u e se r e l a c i o n a n e n t r e sí. E n t r e e l o r d e n p o l í t i c o y el o r d e n
ores
jurídico hay conexión, pero no identidad. El Derecho traduce al Política, pero, al
traducirla, introduce algo nuevo, supone un momento de creación y no sólo de
s de traslación de la materia de un campo a otro.
1 de En la exposición de los tres elementos constitutivos del Estado desde una
na y perspectiva política, como se acaba de ver, hemos analizado en primer lugar el po-
sión
der. Y hemos empezado por el poder, porque no se puede empezar por otro sitio.
El Poder es la Política. Sin Poder no hay Política y, por tanto, no se puede hablar
aba-
políticamente. En consecuencia, lo primero que hay que hacer cuando se habla
smo políticamente de una d e t e r m i n a d a forma política es identificar el poder, identi-
1 de ficar qué tipo de poder es el que se tiene que analizar: Hasta que no se ha hecho
esto, no se puede decir nada con sentido. Los otros dos elementos de toda forma
dad política, población y territorio, pueden existir sin necesidad de estar en conexión
ท "ร con el poder, sin que llegue a producirse al dominación de unas personas sobre
las otras, es decir, pueden ser pensados «apolíticamente». La Antropología Política
se ocupa de estudiar las sociedades más primitivas con la hipótesis de que puede
oria haberse producido una convivencia de seres humanos sin poder y de cómo se ha
ión podido producir al transición de esa situación pre-política al estadio político, de
eta- jerarquización del grupo y de establecimiento de relaciones de supra y subordi-
oci- nación. Obviamente no es materia de un Curso de Derecho Constitucional. Si lo
he traído a colación, ha sido simplemente para resaltar por qué políticamente,
dar incluso en el Estado, hay que empezar por el estudio del poder.
na- En el análisis jurídico del Estado, por el contrario, no se puede partir de ese
ial, elemento. El poder es un punto intermedio, de llegada, por un lado, y de partida,
›la por otro. Son los ciudadanos y sus derechos el punto de partida para la explica-
ción del Estado y no a la inversa. Históricamente sí ha sido así. La afirmación
60 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

del Estado ha sido el presupuesto de los derechos de los ciudadanos. Pero en al


exposición científica del Estado desde una perspectiva jurídica hay que producir
una inversión en el orden político e histórico y empezar por los ciudadanos y sus
derechos para llegar al Estado. El orden jurídico supone una inversión del orden
político e histórico. Por eso tiene sustantividad propia y puede y debe ser estu-
diado autónomamente. Sabiendo de dónde se viene y con qué premisas hay que
operar, pero también cuál es la lógica interna de «su» ordenación de la materia
objeto de estudio.
Y la exposición constitucional de los elementos constitutivos del Estado tiene
que empezar por el elemento personal, por la población o el pueblo del Estado,
por algo que ya hemos resaltado a l o largo de estas d o s lecciones: por el principio
de igualdad. La igualdad exige la legitimación jurídica del Estado. Son los ciuda-
danos los que constituyen jurídicamente el Estado, los que legitiman su existencia
a través de su manifestación de voluntad. Los que lo legitiman en su origen, en el
proceso constituyente. Y los que lo tienen que «relegitimar» periódicamente a tra-
vés de las correspondientes elecciones generales, que no son sino una renovación
jurídicamente ordenada dentro de ciertos límites del contrato social originario.
Desde el punto de vista del Derecho Constitucional, el ciudadano y sus derechos
es el prius lógico para entender el poder del Estado. Tiene que ser, en consecuen-
cia, el punto de partida de la exposición.
Por eso, una vez que se tiene delimitada la población del Estado a través de
los derechos fundamentales en el punto de partida, hay que pasar al estudio del
proceso concreto de legitimación democrática del Estado; es decir, hay que estudiar
cómo los ciudadanos, haciendo uso de sus derechos constitucionales, deciden la
composición de los órganos a través de los cuales el Estado va a manifestar su
voluntad. Pues la voluntad del Estado democrático tiene que ser la expresión po-
lítica y jurídica de la sociedad. La manifestación de voluntad del Estado tiene que
ser reconducible a la mayoría y minoría existentes en la sociedad.
Hasta aquí el Estado es punto de llegada. Apartir de este momento el Estado
es punto de partida. En lo que tiene de proceso de legitimación democrática el Es-
tado es punto de llegada. En lo que tiene de ejercicio del poder, el Estado es punto
de partida. Los c i u d a d a n o s y sus derechos han legitimado la formación de los
órganos que expresan la voluntad del Estado. Estos órganos, democráticamente
legitimados, actúan ahora sobre los ciudadanos y sus derechos.
Precisamente por eso, porque el Estado puede actuar sobre los ciudadanos
y s u s d e r e c h o s , e s p o r lo q u e la C o n s t i t u c i ó n tiene q u e ser m u y c u i d a d o s a en
la ordenación jurídica del ejercicio de dicho poder. Y es que si la legitimidad de
origen, por decirlo con una terminología clásica, es importante, la legitimidad de
ejercicio no lo es menos. Si la primera la proporciona el proceso de legitimación
democrática del poder, la segunda la proporciona el respeto a las reglas sobre
división de poderes contenidas en la Constitución. De ahí que, concluido el es-
tudio del proceso de legitimación, haya que proceder al estudio de las funciones
y órganos constitucionales del Estado, así como al de las relaciones de unos con
otros.

Por último, una vez que sabemos qué es el Estado democrático en su origen y
en su ejercicio, hay que introducir el estudio del tercer elemento constitutivo del
Estado: el territorio. Es decir, habrá que analizar si el territorio del Estado es un
administrativas para la prestación de los servicios, o si, por el contrario, es un
territorio políticamente articulado internamente. Este tercer e l e m e n t o no afecta
a la fundamentación democrática del poder, a la legitimidad de origen, pero sí a
EL ESTADO 61

la forma de ejercerlo, a la legitimidad de ejercicio. La legitimidad de origen del


poder del Estado está siempre en al soberanía popular (constituyente u ordinaria,
a través de unas elecciones constituyentes o de unas elecciones legislativas). Pero
la legitimidad de ejercicio sí es distinta en un Estado unitario que en un Estado
u

políticamente descentralizado (federal, regional, de las autonomías, etc.).


1e
Como puede verse, los tres elementos constitutivos de la definición del Estado
como forma política determinan también el proceso de ordenación jurídica del
mismo, su transformación en un Estado de Derecho o Constitucional, aunque
1e con la inversión que se acaba de indicar en el tránsito de la Política al Derecho.
Éste es el orden que ha seguido el constituyente español de 1978. Si prescindi-
9

mos del Título Preliminar, en el que el constituyente sintetiza su «visión» o «idea»

lne dealme
de España como un todo, el resto de la Constitución, que es donde se ordena uj-

eTítulo
quequiénes xpones payñoDeberes
rídicamente el Estado español en sus elementos constitutivos, sigue la secuencia
sacabaI: LosedeDerechos fundamentales, empezando por al definición
de son ciudadanos españoles y quiénes no lo son yqué repercusión tiene
9

esta distinción para el proceso de legitimación democrática del poder: Acontinua-


ción se detallan los derechos, deberes y libertades.
Títulos II-VII: Ordenación de los poderes del Estado y sus relaciones recíprocas.
le
Título VIII: Distribución territorial del poder: en su vertiente administrativa
(Municipios y Provincias) y en su vertiente política (Comunidades Autónomas).
Los Títulos IX y X contienen las garantías de todos los anteriores: Tribunal
ar
Constitucional y Reforma de la Constitución.
B

su Éste es el orden constitucional de exposición de los elementos constitutivos


del Estado como forma política. Es el que preside también el orden de exposición
1e de este C u r s o e n t o d o lo q u e tiene d e D e r e c h o C o n s t i t u c i o n a l E s p a ñ o l , u n a vez.
i n a l i z a d o el e s t u d i o d e l a s l e c c i o n e s s o b r e la n o r m a c o n s t i t u c i o n a l e n g e n e r a l .
Como puede verse, el orden no es un orden caprichoso, «impuesto» por mí. Al

S- contrario. Es un orden que viene exigido por al propia naturaleza de las cosas: del
Estado como poder político y de la Constitución como su forma de ordenación
o

jurídica.

2.4. EL ESTADO CONSTITUCIONAL EN UNA PERSPECTIVA


HISTÓRICA: ESTADO LIBERAL Y ESTADO DEMOCRÁTICO
n
Se recordará que en el primer apartado de esta Lección se decía que el estudio
の2

del Estado desde una perspectiva histórica no podía ser objeto de estudio del De-
recho Constitucional. Y no puede serlo. Lo que vamos a hacer a continuación no
es un análisis histórico del Estado ni en su proceso de imposición como tal a par-
S- tir de al Monarquía Absoluta ni a partir de su afirmación real y efectiva como tal
Estado Constitucional tras la Revolución Francesa. En lo que vamos a centrarnos
es en el estudio de la proyección de los elementos constitutivos del Estado en la
Constitución desde una perspectiva histórica. Es decir, cuáles han sido las formas
básicas de combinación de tales elementos constitutivos del Estado a lo largo de
los dos siglos de vida de la Constitución escrita.
Esta sí es materia que debe ser tomada en consideración en un Curso de De-
recho Constitucional en una Lección introductoria como ésta. La Constitución
a

escrita nace a finales del siglo XVIIi, pero únicamente en los Estados Unidos de
América continúa siendo la misma la Constitución aprobada en aquella fecha.
Con «enmiendas», pero la misma. En el resto de los países a lo largo de estos
62 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

últimos siglos se han sucedido diversas Constituciones, en algunos más y en otros


menos, pero en todos varias y más bien bastantes.
Es claro que la Constitución no ha sido la misma durante todo ese tiempo y en
medio de todos los cambios. Las Constituciones de los primeros decenios del xIx,
que operan la transición del Antiguo Régimen al Estado Constitucional, son dis-se
tintas de las Constituciones a través de las cuales el Estado Constitucional
estabiliza a partir de la década de los treinta y sobre todo en la segunda mitad del
siglo, y estas últimas también son distintas de las Constituciones que se aprueban
en el siglo xx tras la dos Guerras Mundiales. En las próximas Lecciones tendre-
mos ocasión de ver la evolución que se ha producido en la norma constitucional
en todos sus aspectos significativos. Aquí se trata solamente de tener una visión
panorámica de cómo se han combinado los tres elementos constitutivos del Esta-
do desde una perspectiva histórica, a fin de completar el estudio de la «presencia»
del Estado en la Constitución.
El elemento decisivo para entender todas las combinaciones y lo que ha suce-
dido, por tanto, en esa evolución de dos siglos, es el elemento personal del Estado,
el pueblo o población del Estado. De él depende la forma en que se manifiestan
los otros dos.
Desde el punto de vista de la definición de la nacionalidad en el Estado Consti-
tucional no parece h a b e r inicialmente ningún problema. La población del Estado
es d e t n i d a p o r la n a c i o n a l i d a d , y tal n a c i o n a l i d a d es a t r i b u i d a a t o d o s los resi-
dentes en el territorio del Estado, incluso a los extranjeros con un determinado
número de años de residencia en el país. Sin embargo, la definición política de la
población del Estado, es decir, la definición de la población que puede participar
real y efectivamente en el proceso de formación de la voluntad del Estado, reduce
considerablemente el número de ciudadanos.
El criterio que se sigue en toda Europa durante todo el siglo xIx para la de-
finición política de la población es el criterio de la propiedad, ya que, como se
decía en el Discurso Preliminar de la C o n s t i t u c i ó n de Cádiz, « n a d a a r r a i g a m á s al
ciudadano yestrecha tanto los vínculos que le unen a su patria como la propiedad
territorial o al industrial afecta a al primera». El propietario es el ciudadano por
excelencia. Es quien tiene realmente interés en que el Estado funcione y esté bien
dirigido, porque es el que tiene más en juego. De ahí que, inicialmente, sólo los
ciudadanos propietarios incluidos en el «censo de fortuna» pudieran participar
en el proceso político.
El número de tales ciudadanos es en los momentos iniciales del Estado Cons-
titucional extraordinariamente reducido. En España, según los cálculos de Mi-
guel Artola, es aproximadamente el 1 por 100. Fuera de España, exactamente
es en sus orígenes un Estado extraordinariamente
igual. El Estado Constitucional
oligárquico.
Alo largo del siglo xIx en todos los países europeos se van produciendo suce-
sivas reformas electorales mediante las cuales se extiende el derecho de sufragio a

y con la tradición de gobierno constitucional más dilatada, Inglaterra, su historia


ral: 1832, 1867, 1884, 1911 y 1927. En todos los países es un dato de capital m i-
portancia para entender la configuración concreta del Estado y el enfrentamiento
político para acceder a la dirección del mismo.
De forma general, hasta después de la Primera Guerra Mundial on se impone el
sufragio universal masculino y, por supuesto, el femenino. El Estado democrático
EL ESTADO 63

otros es, en consecuencia, un producto relativamente tardío o, mejor dicho, relativa-


mente reciente en al historia europea. Es un producto de la Revolución de 1917,
y en que sólo se consolidará tras la Segunda Guerra Mundial y en la parte occidental
1 xIX, del continente.
1 dis- Esta proyección histórica del elemento personal del Estado en el constitucio-
al se nalismo europeo ha tenido una influencia notable en la traducción histórica de
d del los otros dos elementos constitutivos del Estado.
eban
En lo que al p o d e r se rehere, tal evolución de la participación electoral condu-
dre- ciría a u n a u m e n t o n o t a b l e del p e s o d e l E s t a d o e n la s o c i e d a d y a s u t r a n s t o r m a -
onal
ción de un Estado básicamente represivo en un Estado básicamente suministra-
sión
ista-
dor de prestaciones sociales. Mientras que el Estado Liberal del xIx es un Estado
cia»
pequeño ycuya función es al tutela de los intereses de la propiedad privada frente
a los no-propietarios, acentuando, en consecuencia, sus perfiles represivos, el Es-
tado Democrático del siglo x se convierte en un Estado enorme, la mayor parte
uce- del cual se dedica a la prestación de servicios a los ciudadanos: educación, sani-
ado, dad, previsión social, etcétera.
stan
La Ley de Wagner a la que antes se ha hecho referencia es un resultado del
proceso de democratización del Estado, es decir, de la universalización del su-
nsti- fragio y de al consiguiente incorporación a la determinación del contenido de
lado la acción del Estado de ciudadanos excluidos hasta ese momento del proceso
resi- p o l í t i c o . E l r e s u l t a d o s e r á q u e el p o d e r p o l í t i c o t e n d r á q u e o c u p a r s e n o s ó l o d e
lado os propietarios, sino también de los que no lo son, que también votan. El com-
le la p o r t a m i e n t o d e l E s t a d o D e m o c r á t i c o t i e n e n e c e s a r i a m e n t e q u e ser m u y d i s t i n t o
ipar del comportamiento del Estado Liberal oligárquico del xIx.
luce
Este proceso de democratización del Estado va a tener también una repercu-
sión importante en lo que ala presencia del tercer elemento en la ordenación del
de- Estado se refiere. Durante toda la fase del Estado Liberal oligárquico el proceso
• s e que es vive en el continente europeo desde el punto de vista territorial es un pro-
is al ceso unificador y centralizador. La preocupación dominante es la de alcanzar un
dad «umbral mínimo» de población y territorio que permita garantizar la «viabilidad»
por del Estado en el concierto internacional. La articulación interna del territorio del
sien Estado no interesa, salvo cuando la historia política de un Estado concreto así
los lo exige de forma inexcusable. Es el caso de los Estados Federales suizo y, sobre
par todo, alemán. Pero en todos ellos es vive un proceso de centralización muy inten-
sa, que tendría su traducción incluso en Alemania en la formación del Imperio
ins- en 1871 y en Suiza en la Constitución de 1876. El Estado Liberal es «vocacional-
Mi- mente» un Estado unitario y centralista, que apenas si presta atención a la distri-
nte bución territorial del poder. Cuando lo hace, es simplemente para constituir por
nte agregación un Estado que pueda competir con Francia e Inglaterra.
Con el Estado Democrático, por el contrario, la distribución territorial del
Ice- poder se convierte en una preocupación fundamental. Desde los últimos años del
o a siglo xIx y a ol largo de todo el siglo xx el problema ha dejado de ser el del «umbral
nte de viabilidad» hacia el exterior para pasar a ser el del «reconocimiento político
ria de las unidades» que conviven en lo que se había afirmado a lo largo del siglo xix
to- como un único Estado Nacional.
im-
Bien sea por razones puramente prácticas, de mejor prestación del servicio al
nto. estar al autoridad que lo presta más próxima a los ciudadanos, bien por razones
de tipo político, reivindicaciones de tipo nacionalista, el fenómeno de la distribu-
e el ción territorial del poder hacia el interior del Estado ha sido una constante del
1co Estado Democrático.
64 JAVIER PÉREZ ROYO-MANUEL CARRASCO DURÁN

Dicho con pocas palabras: mientras el Estado del xxi es un Estado notable-
mente oligárquico, liberal, reducido en tamaño, centrado en el mantenimiento
del orden y vocacionalmente centralista incluso allí donde por necesidad históri-
ca se constituye como Estado federal, el Estado del siglo xx va a ser un Estado de-
mocrático, de un t a m a ñ o enorme, centrado en la prestación de servicios sociales
y c o n t e n d e n c i a a ser p o l í t i c a m e n t e d e s c e n t r a l i z a d o .
A lo largo del Curso tendremos ocasión de ver todos estos extremos con más
detalle. Aquí basta con esta visión panorámica como introducción.

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