CAPÍTULO 5
UL IMÓN MAS DESEO
S iseguro
tomas un limón y le agregas deseo, entonces obtienes limonada. Estoy
de que has escuchado ese dicho antes, pero es cierto. Y algunas
de estas historias verídicas e ilustraciones son de años atrás, pero los
principios son tan válidos hoy y mañana como lo fueron ayer. Probados y
comprobados.
Hace muchísimos años, la parte delantera de los automóviles tenían
manivelas para arrancar el motor. Las personas tenían que pararse allí y
girar esa cosa lo más fuerte posible para que el motor arrancara. Un día, el
ingeniero e inventor estadounidense Charles Kettering tenía un limón. Un
día él estaba afuera girando la manivela de su carro cuando el carro de
repente avanzó inesperadamente y fracturó el brazo de Kettering. Aunque él
tenía dolor, mientras se tomaba de su brazo fracturado, pensó, Mientras
tengamos este problema, el automóvil nunca va a ser muy popular. Fue su
brazo fracturado lo que llevó a inventar el motor de arranque para los
automóviles. Su limón fue el brazo fracturado. Su limonada fue el motor de
arranque.
Jacob Schick tenía un problema con un limón. Mientras estaba buscando
oro en Alaska, se quería afeitar. Pero a 40 grados bajo cero, casi tan pronto
colocaba el agua en la bandeja, el agua se congelaba. Así que inventó la
maquinilla de afeitar eléctrica.
Neal Jeffrey era un mariscal de campo suplente de tercer grado en la
Universidad Baylor y fue con el entrenador Grant Teaff un día y le dijo,
“Quiero ser el mariscal de campo titular”. El problema era que Neal
tartamudeaba, y se requiere que el mariscal de campo hable con mucha
fluidez. El reloj está avanzando y solo hay ciertos segundos para dar las
siguientes jugadas. Pero Neal Jeffrey era un joven inusual. No solo llegó a
ser el mariscal de campo titular, llevó a Baylor a ganó su primer
campeonato de conferencia en 50 años, y fue nombrado el jugador más
valioso en la Southwest Conference (Conferencia Sudoeste) ese año,
llevando a su equipo hasta el Tazón de Algodón.
Muchas veces cuando cosas
nos ocurren,podemos
capitalizarlas— si tenemos la
actitud correcta y el deseo.
APROVECHA LA ADVERSIDAD
Muchas veces cuando las cosas nos ocurren podemos capitalizarlas—si
tenemos la actitud correcta y deseo.
En Enterprise, Alabama, hay una estatua poco usual en la plaza de la
ciudad. Es una estatua de un gorgojo de algodón. ¿Por qué erigieron una
estatua de un gorgojo? Durante una época en esa parte del país, el algodón
era el único cultivo que sembraban. La economía dependía totalmente del
algodón, y muchas veces las personas sufrían como resultado directo. No
había diversificación. Un año el gorgojo de algodón invadió toda esa área—
y ese bicho destructivo afectó cada planta de algodón dentro de cuarenta
millas de Enterprise, Alabama. Los granjeros sufrieron pérdida total y
completa. Como resultado, por fin reconocieron lo que se les había dicho
por muchos años— necesitaban diversificar. Así que empezaron a sembrar
y cosechar cacahuates, soya, maíz y muchos otros cultivos. La economía
mejoró tanto que pensaron que sería apropiado levantar una estatua allí en
el centro del pueblo porque el gorgojo de algodón les había forzado a tomar
acción.
Si miramos bien a nuestras circunstancias, muchas veces podemos
determinar que aun los peores acontecimientos pueden ser lo mejor que nos
ha sucedido jamás después de todo.
El limón de Charles Goodyear, por ejemplo, fue ser enviado a la prisión.
Lo enviaron a la prisión porque no podía pagar cierta deuda. Mientras
estaba allí, tuvo el tiempo y la privacidad para trabajar y perfeccionar el
proceso para vulcanizar el hule.
Martín Lutero, mientras que estuvo confinado al Castillo de Waterbury,
nos dio la traducción de la Biblia al alemán. John Bunyan escribió su libro
de gran éxito, El progreso del peregrino, mientras estaba en la prisión. Gene
Tunney llegó a ser el campeón mundial de boxeo de peso pesado porque
fracturó ambas manos. Ahora, esa puede parecer una declaración muy rara,
pero cuando Tunney era boxeador joven, le tocó pelear en las Fuerzas
Americanas Expedicionarias durante la Segunda Guerra Mundial en
Francia. Fracturó su mano derecha y luego fracturó su mano izquierda. Su
entrenador y los médicos le dijeron que simplemente nunca iba a llegar a
ser el campeón mundial de peso pesado porque sus manos eran demasiados
quebradizos—no podrían soportar todos los puñetazos pesados requeridos.
Si tienes suficiente deseo, sin
duda hará una diferencia. No
importa cuál sea la situación,
si le agregamos suficiente
deseo, podremos tener éxito.
Pero Gene Tunney tenía un tremendo deseo de llegar a ser el campeón
de peso pesado. Dijo que llegaría a ser el boxeador más científico que jamás
entraría al ring. Pues, sí ganó el campeonato de peso pesado cuando peleó
contra Jack Dempsey y sí se jubiló como el campeón mundial invicto de
peso pesado. Pero los expertos del ring fueron virtualmente unánimes en su
consenso cuando dijeron que si no hubiera fracturado sus manos, nunca
hubiera llegado a ser el campeón de peso pesado. Tunney sin duda hubiera
intentado boxear contra Dempsey pero no hubiera aprendido las habilidades
necesarias para ganar. Los apostadores de aquel entonces decían que nadie
le podría ganar a Dempsey en una larga batalla. Tunney ganó el campeonato
porque tenía el deseo, había fracturado ambas manos, y porque tomó ese
limón e hizo limonada.
Estoy tratando de dar el mismo mensaje de cien diferentes maneras para
que puedas comprender que cuando la adversidad llega, posiblemente la
adversidad es lo que necesitas para llegar a ser exitoso. Si tienes suficiente
deseo, sin duda hará una diferencia. No importa la situación; si le
agregamos suficiente deseo, podemos tener éxito.
UNA HISTORIA QUE RECORDAR
Uso muchos ejemplos e ilustraciones para cubrir ciertos puntos. Las
personas tienden a recordar historias y ejemplos. Y si recuerdas la historia o
el ejemplo, entonces es más fácil extraer la lección—lecciones que te
inspiran y motivan a seguir alcanzando tus metas.
Esta historia en particular es una que he estado contando por veintitrés
años, y cuento esta historia que involucra casi cada principio en el cual
creo. Cubre cada uno. Yo estaba en Kansas City dando mi primer seminario
realmente grande. Después del seminario ese día, me dirigí a mi habitación,
esperando cenar a solas. Pero tan pronto que me bajé del elevador, oí la voz
fuerte de un hombre que he llegado a conocer y amar como un hermano, —
¡ZIG! ¿A dónde vas?
Le dije, —Voy a cenar.
Él dijo, —Espera un minuto, iré contigo.
Cuando nos sentamos y comenzamos a charlar, Bennie Lofchick y yo
nos convertimos en amigos instantáneos. No solo amigos casuales, sino
amigos muy cercanos. Nuestras familias eran casi del mismo tamaño. Tanto
su papá como el mío se murió cuando éramos muy jóvenes. Ambos
habíamos empezado a trabajar muy temprano en la vida. Él estaba en el
negocio de baterías de cocina; yo también había hecho lo mismo por un
tiempo en el pasado. Todo lo que teníamos en común era asombroso.
Dije, “Bernie, has venido muy lejos para asistir a una reunión de
ventas”. Él dijo, —Sí, y en verdad fue magnífico. Recibí algunas ideas
maravillosas. Fue una gran experiencia.
Le presioné un poco más, quizá queriendo escuchar algo negativo en
cuanto a algo que yo podría mejorar para la próxima vez. Así que dije, —Sí,
pero te costó mucho dinero venir desde Winnipeg, Canadá a Kansas City
por solo un par de días.
Pues, —él dijo—, gracias a mi hijo, David, no me tengo que preocupar
del dinero.
Dije, —Bernie, me parece que tienes una historia. ¿Me la compartes?
Él dijo, —Claro que lo haré. Cuando nuestro hijo, David, nació, nuestro
gozo literalmente no tenía límite. Estábamos eufóricos. Ya teníamos a dos
hijas. Ahora teníamos al varón. Esa era la familia que habíamos querido
cuando nos casamos. Pero dentro de unos pocos días, nos dimos cuenta de
que algo estaba mal. La cabeza de David se colgaba sin fuerza alguna en el
lado derecho de su cuerpo. Y babeaba demasiado para un bebé normal y
sano. Pero el médico nos dijo que no nos preocupáramos... que ya pasaría
esta etapa al crecer. Pero sabes, Zig, que cuando es tu propio bebé, te
preocupas.
“Después de unos seis meses, lo llevamos con un especialista quien
increíblemente lo diagnosticó con una condición que él identificó como el
reverso de pies zambos, y lo trató para eso por varias semanas. Zig,
nosotros sabíamos que era mucho más serio que eso. Así que lo llevamos a
otro especialista, y después de un examen muy exhaustivo, nos dijo que
nuestro hijito tenía parálisis cerebral—que nunca iba a poder caminar o
contar hasta diez. El especialista sugirió que lo colocáramos en una
institución para su propio bien y para, según dijo, “los miembros normales”
de la familia.
“Pero Zig, yo no soy comprador; soy vendedor. Yo no podía concebir a
mi hijo viviendo la vida de un vegetal y creciendo para no llegar a ser
absolutamente nada. Lo vi en una luz totalmente diferente. Así que le
pregunté a este doctor si conocía a otros doctores. Pues, este especialista se
indignó mucho conmigo. Se levantó y dijo, ‘Te he dado el mejor consejo
que jamás recibirás. Te sugiero que lo aceptes’”.
Bernie no aceptó el consejo. Fue con otro especialista quien le dijo lo
mismo, y luego con otro y otro y otro. Treinta especialistas diferentes le
dijeron que no había esperanza para su pequeñito. Luego escucharon del Dr.
Pearlstein de Chicago, Illinois. El Dr. Pearlstein tenía la reputación de ser la
autoridad número uno del mundo en cuanto a la parálisis cerebral, pero
estaba tan ocupado, que no tenía citas disponibles hasta dentro de dos años.
Bernie por fin consiguió el número de teléfono del doctor y lo llamó.
Hizo un arreglo con el doctor de que si había una cancelación, David sería
el primer alterno. Solo diez días después, un niño de Australia canceló, así
que envolvieron bien a su bebito y volaron a Chicago para que lo
examinaran. Probablemente fue el examen más completo que el niño había
recibido hasta entonces. Pasaron hora tras hora tras hora examinando al
bebé. No tomaron en cuanta todos los demás estudios anteriores, ni todas
las radiografías, y comenzaron desde punto cero para este examen.
Llamaron al mejor experto del mundo para leer las radiografías y decir
qué había allí—no para hacer un diagnóstico o recomendación,
simplemente informarles lo que las radiografías revelaban. Cuando todo
había terminado, el Dr. Pearlstein y sus enfermeras se sentaron con los
padres de David. El Dr. Pearlstein les dijo, “Este niño tiene parálisis
cerebral. Nunca va a poder caminar o hablar o contar hasta diez—si
escuchas a los profetas de la fatalidad. Pero”, él dijo, “el hecho es que yo
soy alguien consciente de soluciones, no consciente de problemas. Creo que
hay algo que puedes hacer por este pequeñito, si están dispuestos a poner de
su parte”. Los papás de David dijeron que harían cualquier cosa
humanamente posible si le ayudaría a su hijo.
La felicidad no es placer— la
felicidad es victoria.
CUESTE LO QUE CUESTE
Ahora, en ese tiempo no les era fácil asumir un compromiso financiero
muy pesado, pero le dijeron al médico que les dijera todo y que ellos harían
lo que fuera necesario. Con muchísimo detalle, él les dijo, “Ustedes van a
tener que trabajar con este niñito más allá de su resistencia humana. Y
luego van a tener que trabajar con él todavía más. Tendrán que empujarlo
hasta que él literalmente caiga y luego lo van a tener que levantar y empujar
todavía más. Ustedes van a tener que ser la personificación de la paciencia
porque pasarán muchos, muchos meses cuando no podrán percibir progreso
alguno. Pero si se detienen en cualquier momento, él retrocederá hasta el
comienzo y tendrán que comenzar todo de nuevo. Tienen que comprender
que es un compromiso de toda la vida lo que están haciendo—no es algo
que hacen este año, el próximo año, cinco años, o lo que sea... esto es de
ahora en adelante”.
Bernie y Elaine y David regresaron a casa. Contrataron a un experto en
la condición física y un fisiculturista. Construyeron un pequeño gimnasio en
el sótano de su casa y comenzaron a trabajar. Pasaron varios meses antes de
que David pudiera siquiera moverse lo que era la longitud de su propio
cuerpo. Un día, dos o tres años después, Bernie recibió una llamada por
parte del terapeuta a su trabajo. “Creo que David está listo. Ven a casa”.
Bernie se apresuró para llegar a casa. David estaba en el gimnasio en un
tapete, listo para hacer una lagartija.
Conforme su pequeño cuerpo se comenzaba a levantar en el aire, el
esfuerzo físico y emocional eran grande. La piel de David estaba totalmente
bañada en sudor y parecía como si hubieran echado agua al tapete. Cuando
hubiera completado esa lagartija perfecta, Mamá y Papá, sus dos hermanas,
David, el terapeuta y varios de los vecinos estallaron en lágrimas, lo cual
claramente mostró que la felicidad no es placer—la felicidad es victoria.
Esta historia es aun más excepcional cuando supimos que una de las
universidades principales de los Estados Unidos también había examinado
muy cuidadosamente a David y habían descubierto que no había conexiones
motrices al lado derecho de su cuerpo. Dijeron que él no tenía ningún
sentido del equilibrio; que jamás podría nadar o patinar o subirse a una
bicicleta.
Una cosa es decirle al médico
que aceptas dedicarte a algo
por los próximos quince años
— es otra cosa cumplir por
esos próximos quince años.
El 23 de octubre de 1971, mi esposa y yo estuvimos en Winnipeg,
Canadá, para ver a David en su bar mitzvah. Yo hubiera querido que
estuvieran presentes las cámaras de televisión del mundo para ver lo que
nosotros vimos. Este jovencito de trece años—quien los médicos dijeron
que nunca caminaría o hablaría o contaría hasta diez, en este punto en su
vida ya había hecho hasta 1.100 lagartijas en un solo día y había corrido
seis millas sin parar. Estaba haciendo extremadamente bien
académicamente—hasta estaba tomando matemáticas para el noveno grado,
aunque él cursaba el séptimo grado en la escuela St. John’s-Ravenscourt.
>
David estaba corriendo mucho en su tercera bicicleta, patinando en el
equipo de hockey de su vecindario, y era uno de los mejores jugadores de
tenis en la ciudad de Winnipeg. Este año, según lo que yo sé, llegó a ser el
primero, y según nuestro conocimiento, la única víctima de parálisis
cerebral que ha calificado para una póliza de seguro de vida ordinario de
$100.000.
PRINCIPIOS DE VIDA
La razón por qué te comparto tantos detalles de la historia de David es
porque envuelve los principios de los cuales hemos estado hablando a
través de este libro. Primero, hubo un fundamento sólido . El médico fue
absolutamente honesto con los padres de David, y ellos por su parte fueron
honestos con David. Como dijo Cavett Roberts, “El carácter es la habilidad
de cumplir una buena resolución mucho tiempo después de que haya pasado
el momento de la emoción”. Es una cosa decirle al médico que aceptas
dedicarte a algo por quince años—es otra cosa cumplir por esos próximos
quince años”.
La integridad —no hay duda de la integridad de todos los involucrados
desde el primer día. Lealtad como nunca has visto en una familia que se
convirtió en una sola fuerza. La confianza era increíble para esa familia. Se
les dijo que pasarían muchos años antes de ver un cambio en la condición
de David—requería una increíble cantidad de confianza para ver el
resultado. Y amor —una de las historias más hermosas de amor que jamás
he escuchado es ésta. Cuando David contaba con dos años de edad, tuvieron
que empezar a ponerle refuerzos pesados en las piernas cada noche, y
progresivamente las tenían que apretar más.
Cada noche cuando Bernie o su esposa le ponían esos refuerzos en las
piernitas de David, había lágrimas en sus ojos. Él era un niño hermoso con
ojos verdes, pelo negro como el carbón, y piel color oliva. Con lágrimas en
los ojos, él decía, “Mami, ¿me los tienen que poner esta noche? Papi,
¿tienes que apretarlos tanto?” ¿No sabes que cualquier padre en existencia
hubiera querido ceder? Pero los padres de David lo amaban tanto que le
contestaban no a pesar de las lágrimas del momento—para que pudieran
decir sí a la risa por toda una vida.
Cuando en verdad amas a alguien, haces lo que es mejor para esa
persona. La actitud correcta y positiva se exhibía cada día y noche. Cada
noche Bernie tomaba a David en sus brazos y le decía, “Hijo, eres un
campeón. Puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer pronto. Papi
verdaderamente te ama y así también te ama tu mamá”.
Bernie fue una de las primeras personas en conseguir una grabadora de
casetes. Cada día, cuando David ya tenía la edad suficiente, durante sus
sesiones de terapia, él escuchaba historias de motivación que levantaban su
autoimagen . Relaciones — probablemente nadie ha trabajado más
cercanamente y con mejor cooperación con otros que David. David trabajó
toda su vida en sus metas . Hablamos acerca de metas diarias, a largo
alcance, y grande.
Cuando hablamos del deseo , este joven superó más que casi cualquier
persona que he conocido. El esfuerzo físico era absolutamente astronómico.
David, por un año sólido, puso su “reloj de oportunidad” una hora más
temprano que cualquier otro miembro de la familia. Cuando sonaba ese
reloj, se levantaba y se ponía sus patines para salir a esa alberca congelada y
practicar. Le tomó un invierno completo simplemente para aprender a
pararse en el hielo. Posteriormente, patinó en el equipo de Hockey de su
vecindario.
Lo has leído muchas veces en este libro; que puedes tener todo en la
vida que quieres si solo ayudas a suficientes otras personas a obtener lo que
ellos quieren. Pues, el fenómeno interesante de esta historia es que Bernie,
en el proceso de proveerle a David su oportunidad en la vida, no solo tuvo
que trabajar más inteligentemente, tuvo también que trabajar más duro. Por
siete años, Bernie trabajó siete días y siete noches por semana. Solo
descansó un viernes por la noche en siete años a fin de proveer para las
necesidades financieras para darle a su hijo todo lo que necesitaba. Bernie
Lofchick llegó a ser un hombre extraordinariamente rico. Pero va más allá
de eso.
En verdad, nunca transitamos
por la vida solos.
TOCAR A OTROS
Lo que nos pasa a nosotros afecta a otras personas. Permíteme contar
esta otra historia complementaria acerca del hecho que en realidad, nunca
transitamos por la vida solos.
Yo estaba compartiendo en Lubbock, Texas, y conté la historia de
David. Había una pareja joven sentada en frente, y mientras contaba la
historia, ellos estaban visiblemente conmovidos y pidieron hablar conmigo
en privacidad después de la presentación. Me pidieron el nombre del
médico que había tomado el lugar del Dr. Pearlstein cuando él se jubiló.
Esta pareja tenía una hija de dieciocho meses a quien le habían
diagnosticado parálisis cerebral.
Les di el nombre del médico y volaron con ella a Chicago para que él la
examinara. El médico examinó cuidadosamente a la niña y al terminar, les
dijo, “Esta niña no tiene parálisis cerebral; nació prematuramente y se está
desarrollando algo lento. Ella recibió el diagnóstico incorrecto, pero porque
ustedes la han estado tratando como si tuviera parálisis cerebral, ella ha
adquirido algunos síntomas de la enfermedad. Llévenla a casa y trátenla
como una niña normal y sana, y ella será una niña normal y sana”.
La historia de David tiene que ver con muchos de los principios más
básicos de la vida. No fue fácil, pero creo que estarás de acuerdo conmigo
que es una historia de la cual podemos aprender de muchas maneras.
Muchas veces a través de los años me he dicho a mí mismo, Me
pregunto cuánto más grande y rápido y fuerte e inteligente... cuánto más
hubiera sido David si se le hubiera dado la misma oportunidad en la vida
que se nos ha dado a ti y a mí. Un día me golpeó como una tonelada de
ladrillos. Si se le hubiera dado más, sin duda habría terminado con menos,
posiblemente con mucho menos. Posiblemente esa es la razón por la cual
Dios nos dice en Su libro que le demos gracias en todo.
¿Cuál es el final de la historia? Pues, la historia se sigue escribiendo,
pero puedo contar lo más actual en el momento de escribir. David Lofchick
es un hombre bien parecido de 29 años de edad y pesa 195 libras. Está sano
y felizmente casado—y es un papá orgulloso. Por los últimos dos años ha
sido el vendedor número uno de condominios en la firma de bienes raíces
número uno en Winnipeg, Canadá. Él está teniendo un tiempo maravilloso y
tiene una maravillosa carrera. Los principios que aprendió como niño le
están funcionando bien ahora y seguirán por el resto de su vida.
Ves, la historia no es de lo que estoy hablando, sino de los principios de
la vida. Cuando aplicas estos principios, tomas estos pasos, y los cumples,
lograrás tus metas.
ENTRE LOS POSTES
DE META
Cuando cosas “malas” ocurren, ¿las capitalizas con el deseo y la actitud correcta? ¿O
más a menudo permites que te inmovilicen con duda y auto desprecio? Escribe tus
respuestas.
La historia de David personifica muchos principios de la vida muy importantes
incluyendo los siguientes, ¿Has desarrollado estos principios durante el curso de tu vida o
sigues trabajando en convertirlos en fundamentos básicos de tu personalidad, actitud y
mismo ser? Considera seriamente cada uno e identifica cada atributo con la letra
correspondiente: BD=Bien desarrollado; D=Desarrollado; M=Mediocre; ND=Necesita
desarrollarse; DNA=Desesperadamente necesita ayuda
Honestidad ______
Carácter ______
Integridad ______
Lealtad ______
Actitud optimista ______
Confío en mí mismo y otros ______
Me amo a mí mismo y a otros ______
Autoimagen positiva ______
Relaciones Sanas ______
Deseo de alcanzar mis metas
Fundamento sólido basado en todo lo anterior
Determina cambiar cualquier ND y DNA lo más pronto posible. Escribe los pasos que
tomarás para que ocurran esos cambios.
CAPÍTULO 6
N O H AY A L M U E R Z O S
G R AT I S
H ACE muchos años un rey ya muy mayor reunió a todos sus hombres
sabios y dijo, “Quiero que salgan y compilen para mí toda la sabiduría de
las edades. Quiero que la pongan en forma de lista para que la podamos
dejar para la posteridad”. Así que salieron y trabajaron por mucho tiempo.
Regresaron con doce volúmenes gigantescos.
El viejo rey sabio los miró y dijo, “Pues, estoy seguro de que ésta es la
sabiduría de las edades, pero es demasiada larga; las personas no la leerán
toda. Condénsela”. Se fueron y cuando regresaron, esta vez tenían un volumen
muy grande.
Nuevamente el viejo rey sabio dijo que era demasiado largo y que lo
condensaran. Luego regresaron con solo un capítulo, después, una sola página,
luego un párrafo y finalmente regresaron con una sola declaración.
El rey la leyó y dijo, “¡Esto es! Es realmente la sabiduría de los tiempos.
Tan pronto que todas las personas en todas partes aprendan esto, habremos
resuelto todos nuestros problemas”.
El trabajo es el fundamento de
todo negocio, la fuente de toda
prosperidad, y el padre del
ingenio.
La frase simplemente era, “No hay almuerzos gratis”. Ahora, el rey sabio
literalmente le pegó al clavo en la cabeza. Cuando las personas aprenden que
si quieren ocupar su lugar en el sol, tienen que esperar tener algunas ampollas
entonces mucho se habrá logrado. El trabajo es el precio que pagamos para
viajar por la vía del éxito. Lo mejor que podemos hacer para cuidarnos de no
perdernos la camisa es tener las mangas enrolladas. Muchos creen que el éxito
depende de las glándulas, y claro, tienen razón si están hablando de las
glándulas sudoríparas.
Los Estados Unidos de América fue construido por personas que
trabajaban y tiraron los remos, no por personas que descansaron sobre los
remos. Lee esa frase otra vez y piensa acerca de ello—es importante. Alguien
escribió que el trabajo es el fundamento de todo negocio, la fuente de toda
prosperidad, y el padre del ingenio. El trabajo puede hacer más para avanzar a
la juventud que sus propios padres. El trabajo es representado en los ahorros
más humildes y ha sentado las bases para toda fortuna. El trabajo es la sal que
da a la vida su sabor, pero se tiene que amar antes de que pueda otorgar sus
más grandes bendiciones y lograr sus mayores fines. Cuando es amado, el
trabajo hace que la vida sea dulce, llena de propósito y fructífera.
Cuando es amado, el trabajo
hace que la vida sea dulce,
llena de propósito y fructífera.
EL TRABAJO Y LA INTEGRIDAD
Desde el comienzo de los tiempos, todo mundo está de acuerdo en que no
pueden obtener algo por la nada. Las personas en el gobierno, la educación, la
religión, la industria, toda área de la vida, están de acuerdo en que no hay
almuerzos gratis. Pero luego, por ninguna buena razón, los estados decidieron
legalizar las carreras de caballos, las carreras de galgos, casinos, loterías
estatales, y similares. Con razón nuestros hijos están confundidos. Un minuto
estamos diciendo que tienen que trabajar, y en el próximo minuto decimos que
llegaremos a la prosperidad por medio de los juegos de azar.
Un hombre sabio observó que la “familia de éxito” tiene al trabajo como el
padre y la integridad como la madre. Posiblemente estés pensando, “Espera
un minuto, Ziglar, en todas estas páginas me has dicho que tengo que tener un
fundamento bueno y sólido y estoy de acuerdo con eso. ¿Ahora me estás
diciendo que después de haber hecho todo eso, también tengo que trabajar?”
Sí, eso exactamente lo que estoy diciendo. La filosofía más bella en el
mundo no funcionará si tú no trabajas. La educación y la motivación cubren
mucho terreno, pero no lo cultivan. Esos simplemente son los hechos de la
vida.
Aun Adán y Eva tuvieron que tender el Huerto de Edén. Fueron colocados
allí para trabajar desde el principio. Tenemos que empezar a enseñar estos
hechos de la vida desde temprano. Con demasiada frecuencia esperamos que
nuestros hijos logren cosas, pero luego damos la vuelta y les damos todo—así
que no tienen necesidad de lograr algo en sus propias vidas. Hay un proverbio
judío antiguo que dice que si no enseñas a tus hijos a trabajar, estás criando a
ladrones. Creo que hay algo de validez a esa observación.
A propósito de la educación, William Bennett, el Secretario (Ministro) de
la Educación de los Estados Unidos de 1985-1988, en un artículo del periódico
“New York Times” hizo esta observación: “Una de las verdades indecibles del
tema de la educación es que en realidad no hay ninguna correlación entre los
fondos gastados en la educación y la excelencia educacional”. En otras
palabras, tenemos que hacer más que meramente comprar una educación.
La educación depende de la
motivación y la formación de
buenos hábitos de trabajo.
Los hechos son hechos. De 1960 a 1985, los gastos nacionales en la
educación triplicaron—mientras que la puntuación de los exámenes nacionales
de admisión a la universidad se desplomó. Algunos de los sistemas de escuelas
públicas más caros figuraron entre los menos efectivos. Los sistemas
parroquiales de la nación son baratos comparados con los sistemas públicos.
¿Pero quién puede dudar de que son más eficaces—algo que se ha demostrado
vez tras vez.
La educación depende de la motivación y la formación de buenos hábitos
de trabajo. El predictor más preciso del logro educativo no tiene nada que ver
con dinero ni el tamaño de la clase— depende de la calidad de tareas
asignadas y completadas. Todo esto quedó bien establecido recientemente en
la publicación del Departamento de Educación de los Estados Unidos, Qué
Funciona: Investigación acerca de la Enseñanza y el Aprendizaje. Eso es lo
que descubrieron.
No creo que tengamos un problema educativo; creo que tenemos un
problema social. Necesitamos entender que aun después de invertir miles de
millones de dólares en las escuelas, todavía vamos a tener que trabajar a fin de
separar la información del libro donde está y colocarla en las mentes de los
estudiantes.
Necesitamos enseñar a los estudiantes temprano—y aprender esta lección
nosotros mismos—nunca trabajas para otra persona. Nunca. Posiblemente
alguien más preparará tu cheque de la nómina y la firmará. Pero la verdad es
que, tú trabajas para ti mismo , como tú eres quien eventualmente
determinarás qué cantidad pondrán en ese cheque. Necesitamos aprender eso y
necesitamos enseñarlo.
Cada trabajo es un autorretrato de la persona que la hizo. Como el que
pinta obras y luego firma su nombre, nosotros debemos autografiar nuestro
trabajo, cualquier y todo trabajo, con excelencia. Cuando haces más de lo
requerido para tu pago, eventualmente te pagarán más por lo que haces.
Uno de los más grandes privilegios que tuve fue aprender importantes
lecciones de niño. Mi madre en las etapas posteriores de su vida
frecuentemente decía que lamentaba que sus hijos tuvieran que trabajar tan
duro cuando eran niños. Cada uno de nosotros le aseguramos que uno de los
mayores beneficios que tuvimos fue el privilegio de trabajar a una edad
temprana, y creo que finalmente le persuadimos de eso.
Cada trabajo es un autorretrato
de quien lo hizo.
M Á S T R A B A J O , M Á S PA G O
Durante los años de la Gran Depresión, yo era un niño que trabajaba en
una tienda de abarrotes en Yazoo City, Mississippi. Literalmente entre el 90 y
95 por ciento de la compraventa se hacía entre mediodía el viernes y las once
de la noche el sábado. Eso era cuando los granjeros venían para comprar todo
lo que necesitaban, y todas las personas que vivían en el pueblo recibían su
pago el viernes, así que era cuando tenían dinero.
Porque el dinero era escaso en todas partes durante ese tiempo, el jefe solo
compraba la cantidad suficiente de mercancía que él pensaba que vendería esa
semana. Las tiendas en aquel entonces no mantenían mucho inventario, así que
cuando se les acaban ciertos artículos, los propietarios de las tiendas pedían
que los propietarios de otras tiendas les prestaran de su inventario. Un joven
llamado Charlie Scott trabajaba en la tienda al otro lado de la calle; él era el
corredor de esa tienda. Yo era el corredor de nuestra tienda.
Charlie entró volando por la puerta principal de nuestra tienda me imagino
diez mil veces. Entraba y le decía al dueño, “Sr. Anderson, necesito que me
preste media docena de latas de tomates”. Mi jefe le decía, —Charlie, ya sabes
dónde están. Ve por ellas.
Charlie corría al pasillo correspondiente, agarraba las seis latas de tomates,
corría al mostrador, las colocaba allí, firmaba su nombre en el recibo que el Sr.
Anderson ya había firmado, agarraba las latas, y salía corriendo de la tienda.
Un día le pregunté al Sr. Anderson, “¿Por qué siempre tiene Charlie tanta
prisa?”
El Sr. Anderson contestó, —Charlie está trabajando para que le aumenten
el sueldo; y parece que si lo va a obtener.
—¿Cómo sabe que le van a dar un aumento?
El Sr. Anderson sonrió y dijo, —Él va a recibir un aumento porque si el
hombre para quien trabaja no se lo da, yo se lo doy.
Es absolutamente cierto que cuando haces más de lo que te pagan por
hacer, eventualmente te pagarán más por lo que haces. Ahora, posiblemente la
persona para quien trabajas no te aumente el sueldo, pero alguien va a ver lo
que estás haciendo, y te van a dar el extra que vas a merecer. No es el tirón lo
que hace la diferencia en la vida; es el empuje lo que hace la diferencia.
Estoy convencido de que una de las razones por las que los Estados Unidos
está sufriendo un déficit ahora es porque, por ejemplo, nuestras contrapartes
japonesas están trabajando más que nosotros—no dije logrando más sino
trabajando más. En Japón, el graduado promedio de la preparatoria ha pasado
más horas en la escuela que el graduado universitario promedio en los Estados
Unidos. El estudiante japonés promedio pasa poco más de tres horas a diario
estudiando después de las clases; el estudiante estadounidense promedio pasa
poco menos de treinta minutos al día estudiando fuera del salón de clase. No
me puedes persuadir de que todos esos cientos de horas extra no hacen una
diferencia. Sí la hacen. Es un hecho.
Cuando haces más de lo que
te pagan por hacer,
eventualmente te pagarán más
por lo que haces.
Los japoneses no son más inteligentes que nosotros, pero trabajan más
duro para lograr sus objetivos. En Japón, si le preguntas al adolescente
promedio a cuál universidad asistirá, en qué empresa y departamento va a
trabajar, qué harán dentro de cinco y diez años a partir de hoy—te puede
contestar.
Por el otro lado, los chicos adolescentes estadounidenses promedio te
pueden decir cuánto dinero recibió Michael Jackson para el comercial de
Pepsi, cuánto dinero recibió Herschel Walker cuando firmó su contrato con
Cowboy, cuántos discos ha vendido Bruce Springsteen y cuántos jonrones
bateó Reggie Jackson. Pero háblales del mundo del trabajo, y estás hablando
de una situación totalmente diferente. En promedio, ellos se identifican con el
mundo del juego.
No me malentiendan—no es culpa de los chicos. Los adultos necesitamos
ser quienes estamos haciendo el trabajo y enseñando, liderando por nuestro
ejemplo. Debemos enseñar a nuestros hijos que deben hacer cada trabajo con
tanto entusiasmo y tan bien que, como Charlie Scott, avanzarán de dónde están
a dónde quieren estar.
Estuve en la Universidad de Mississippi State conduciendo un seminario y
conté la historia de Charlie Scott. Cuando terminó el seminario, alguien se
acercó conmigo y me preguntó, “¿Cuándo fue la última vez que viste a
Charlie?” Le dije que habían pasado muchos años.
Me dijo, “Probablemente no lo reconocerías, ¿verdad?”
Probablemente la cosa más
humillante para una persona
con respecto a su trabajo es
perder un empleo para el cual
está sobre calificado.
—No; me imagino que no. Ha pasado demasiado tiempo.
El hombre dijo, —Pues, fue lo que me imaginé. Yo soy Charlie Scott”.
Ya para entonces Charlie era un hombre muy rico. Se jubiló a la edad de
50 para hacer exactamente lo que quería hacer en la vida. Pudo hacer eso
porque lo que había aprendido como un chico en la tienda de abarrotes lo
aplicó durante toda su carrera. Siempre hacía un esfuerzo extra y recibía los
resultados esperados.
DALE TU MEJOR
Probablemente la cosa más humillante para una persona en con respecto a
su trabajo es perder un empleo para el cual está sobre calificado. Eso ocurre
frecuentemente. Consiguen un trabajo que en todo sentido es mucho menos de
lo que están calificados a hacer, y piensan, Yo podría quedarme dormido
haciendo esto , y por lo general, así sucede. Cuando te despiden por un trabajo
para el cual estás sobre calificado, ¿qué le vas a decir a tu siguiente
empleador? ¿Le vas a decir que te despidieron de un trabajo donde estabas
colocando arena en una bolsa y no podías cumplir con ello? Sea cual sea el
trabajo, la mejor manera de calificar para el siguiente trabajo es ser súper
bueno en tu trabajo actual.
Hace algunos años mi esposa, nuestro hijo y yo fuimos a un restaurante.
Después de sentarnos, un joven que era ayudante de mesero vino y empezó a
servirnos agua. Tomó el primer vaso y lo llenó de agua, tomó el siguiente y lo
llenó de agua, luego tomó el tercero y también lo llenó. Yo lo observaba
intensamente y la expresión en su rostro era impresionante. Cuando había
terminado, le pregunté, “¿No te gusta tu trabajo?”
Gruñó, —No, no me gusta.
Le dije, —No te preocupes, No lo tendrás por mucho tiempo.
Me miró totalmente asombrado y me dijo, —¿De qué está hablando?
Le dije, —Joven, te voy a decir algo; con esa actitud, te garantizo que no
vas a tener este trabajo por mucho tiempo.
Él abruptamente se dio la vuelta, caminó hacia la puerta de la cocina y
entró. Entró por la puerta giratoria como si estuviera enojado con el mundo e
inmediatamente abrió la otra puerta y salió con una gran sonrisa—¡y qué
diferencia más grande hizo!
Sea cual sea tu trabajo—dale tu mejor.
S AT I S FA C C I Ó N E N O R M E
Posiblemente reconozcas el nombre Michael Landon. Protagonizó varios
programas de televisión increíbles... Bonanza, Pequeña Casa en la Pradera , y
Camino al Cielo . Su primer empleo fue mezclar goma de pegar y cortar
listones en una fábrica de listones. No se requiere de mucha habilidad para
hacer eso. Pero Michael Landon dijo que aprendió a darle a cada trabajo su
mejor absoluto, y cuando daba su mejor, dijo que recibía una gran cantidad de
satisfacción por hacerlo.
La forma en que logras salirte de un trabajo que no te gusta es hacerlo tan
extraordinariamente bien que no les conviene mantenerte en esa posición.
Cualquier cosa que valga la
pena hacer vale la pena hacer
mal, hasta que aprendas a
hacerlo bien.
Si en realidad quieres avanzar, ve al trabajo temprano, lo cual indica tu
gran deseo de comenzar el trabajo. Pero si te quedas tarde, eso podría indicar
que simplemente no pudiste terminar tu trabajo a tiempo. Sé entusiasta acerca
de tu trabajo y busca maneras de aprender más. Luego, cuando ya has estado
con la compañía por diez años, tendrás diez años de experiencia—no un año
de experiencia por diez—esa no es la manera de recibir una promoción.
Mi amigo Steve Brown dijo, “Recuerda que cualquier cosa que valga la
pena hacer vale la pena hacer mal, hasta que aprendas a hacerlo bien.”.
Muchas veces, titubeamos antes de empezar a hacer algo porque dudamos de
nuestras habilidades. Pero cuando nuestro empleador, nuestro jefe, quiere que
hagamos algo, debemos decir, “Seguro, haré lo mejor que pueda. Nunca lo he
hecho antes, pero eso no significa que no lo pueda hacer. Haré mi mejor para
ver cómo hacerlo”.
Considera la actitud del anciano que estaba celebrando su centésimo
cumpleaños. Un tipo pesado le dijo, “Ey, Abuelo, ¿vas a tratar de llegar hasta
los doscientos?” Él contestó, —Pues, déjame decirlo de esta manera; tengo
mucha más fuerza en este cumpleaños que cuando tuve mi primer cumpleaños.
Otro tipo pesado preguntó, —Abuelo, ¿puedes tocar el piano? Él contestó,
—No sé, nunca lo he intentado.
Me gusta su actitud.
Tradicionalmente, las personas dicen que no pueden hacer esto y no
pueden hacer aquello. Pero ¿cómo lo saben si nunca lo han intentado? Si hay
una oportunidad—dale tu mejor intento. Cuando haces las cosas que debes
hacer cuando debes hacerlas, eventualmente podrás hacer las cosas que quieres
hacer cuando quieras hacerlas.
Los siguientes principios son muy significantes:
• Hazlo ya. Si tienes una tarea que no quieres hacer, hazla ahora. La habrás completa
más pronto sin menos lío. Probablemente te elogiarán cuando la hagas. Pero si tardas
iniciarla, te criticarán casi sin importar lo que suceda como resultado de que la hay
hecho.
• Persiste hasta terminar. La persistencia es importante.
• Permite que el fracaso sea tu maestro, no tu enterrador —un desvío no es una calle s
salida.
• Aprende a amar tu trabajo. Puedes aprender a amar tu trabajo al ajustar tu actitud. Mira a
trabajo como algo que te gusta hacer y mira cómo puedes mejorar, sea cual sea el trabajo
Por varios años, Charles Kettering fue el supervisor de una sección en
General Motors. Un día un hombre sin trabajo llegó con Kettering mientras él
trabajaba y le pidió dinero para el almuerzo. El Sr. Kettering le dijo, “No, no te
daré dinero para comer, pero te llevaré a comer”. Lo llevó a comer y le
compró una buena comida. Después de comer, el hombre le dijo, “No estoy
acostumbrado a pedir dinero, así que me gustaría trabajar por usted a fin de
pagarle por esta comida”. El Sr. Kettering le dijo, “Está bien. Tengo algo que
puedes hacer”. El trabajo era simplemente cavar un hoyo que necesitaban.
Charles Kettering le mostró cómo cavar un hoyo. Le mostró exactamente
cómo medirlo, cómo asegurarse de que quedara perfectamente recto, y
perfectamente nivelado. Mientras el Sr. Kettering cavaba el hoyo, demostró
una cantidad considerable de orgullo en cuanto a la manera en que el hoyo
debiera cavarse.
El hombre entonces se dio a la tarea. Hizo un trabajo magnífico. Hizo tan
bien, de hecho, que el Sr. Kettering le dio un trabajo. Más adelante, el hombre
llegó a ser supervisor y dijo, “Sr. Kettering, si alguien me hubiera enseñado
temprano en la vida la importancia de hacer un trabajo bien y de sentir orgullo
en cualquier cosa que haga, nunca me hubiera quedado sin trabajo”.
El trabajo nos da más que
provisión para vivir; nos da
nuestra vida—nuestra dignidad
y nuestro destino.
EL TRABAJO Y LA VIDA
El trabajo nos da más que una provisión para vivir; nos da nuestra vida—
nuestra dignidad y nuestro destino.
Hace muchos años en las Montañas Smoky, varios cerdos domésticos
quedaron sueltos y empezaron a vivir en la naturaleza silvestre. Después de
varias generaciones, los cerdos se volvieron progresivamente más y más
salvajes al grado que se habían adaptado tanto a su entorno silvestre como
fuera posible. Porque eran muy peligrosos, la gente local decidió que
necesitaba deshacerse de ellos, así que contrataron a algunos cazadores. Pero
los cerdos eran extraordinariamente inteligentes y lograron escaparse de los
cazadores.
Un día un hombre anciano llegó al pueblo en la cima de la ladera de la
montaña. Tenía un burro conectado a una carreta que cargaba algo de leña y
grano. Anunció a las personas curiosas que él iba a ir a atrapar a los cerdos. Se
medio rieron del anciano, pero él les dijo, “No se preocupen. Regresaré y les
diré dónde tengo a los cerdos atrapados. Unas tres semanas después, bajó al
pueblo y les dijo dónde podían encontrar a los cerdos encerrados en una jaula.
—¿Cómo lograste hacerlo? —le preguntaron.
—Pues, lo primer que hice fue colocar la leña en el suelo. Luego esparcí
algo del grano en suelo. El viejo cerdo que era el líder estaba observando todo
esto desde lejos y luego llevó a las cerdas y a los cerditos a que fueran con él a
investigar. Tomó un par de horas antes de que estuvieran dispuestos a probar el
grano, pero estaba allí y no les costaba nada—así que lo comieron.
Él continuó, —Al siguiente día fui y cavé dos hoyos para colocar postes y
puse un poste en cada hoyo y luego puse más grano justo en medio. Al
principio dudaron, pero allí había grano como antes. Por un período de dos
semanas, gradualmente edifiqué la cerca y coloqué la puerta de trampa. Luego
puse mucho grano dentro de la jaula y tal como esperaba... la atracción de
obtener algo por nada—alimento gratis—los atrapó. Entraron a la jaula e
inmediatamente cerré la puerta y puse el cerrojo. Quedaron atrapados.
A mi parecer, esta historia nos dice mucho acerca del trabajo y la vida.
Cuando haces que un animal dependa de las personas por su alimento,
destruyes su iniciativa.
El dicho bien conocido es cierto: Dale a alguien un pez y la persona se
alimenta por un día. Pero si les enseñas a las personas a pescar—a trabajar por
su alimento—se pueden alimentar de por vida. Cuando le das a las personas
todo regalado, les niegas su dignidad y les robas de su destino. Tenemos que
trabajar para ganar nuestro camino en la vida—y al hacerlo, cosechamos los
beneficios de nuestro esfuerzo.
ENTRE LOS POSTES
DE METAS
En tus propias palabras escritas, ¿cómo describirías “la sabiduría de todos los tiempos” en
unas cuantas frases?
Llena los espacios, y siente la libertad de añadir palabras que vengan a la mente.
El trabajo es el____ de todo negocio, la de toda prosperidad, y el del ingenio. El
trabajo puede hacer más para a la juventud que sus propios padres. El trabajo es
representado en los____ más humildes y ha sentado las bases de cada____ . El
trabajo es la que da a la vida su sabor, pero se tiene que antes de que pueda otorgar
sus mayores____ y lograr sus mayores fines. Cuando es____ , el trabajo hace que la
sea dulce, llena de propósito, y fructífera.
¿Tomas riesgos? ¿Qué de aprovechar oportunidades? ¿Existe una diferencia entre los
dos? ¿Qué tan probable es que tomarás un riesgo potencialmente beneficioso o que
aprovecharás una oportunidad si está delante de ti? Escribe tu razonamiento.
“El trabajo nos da más que una provisión para vivir, nos da nuestra vida—nuestra dignidad
y nuestro propósito”. ¿Cuán cierta es esta afirmación concerniente a tu vida tal como es hoy?
¿Alcanzar las metas que estableciste y trabajar para alcanzar esas metas hará que esta
declaración sea verdadera?