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Rol

La psicoterapia humanista, surgida en el siglo XX como una respuesta a las limitaciones del psicoanálisis y el conductismo, se centra en la experiencia subjetiva y la relación terapéutica como factores clave para el cambio personal. Figuras como Carl Rogers, Abraham Maslow y Viktor Frankl han influido en su desarrollo, enfatizando la autorrealización, la autenticidad y la capacidad del individuo para crecer y encontrar sentido en su vida. La relación terapéutica se considera el núcleo del proceso psicoterapéutico, donde el terapeuta facilita un entorno propicio para el autodescubrimiento y el florecimiento humano.
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Rol

La psicoterapia humanista, surgida en el siglo XX como una respuesta a las limitaciones del psicoanálisis y el conductismo, se centra en la experiencia subjetiva y la relación terapéutica como factores clave para el cambio personal. Figuras como Carl Rogers, Abraham Maslow y Viktor Frankl han influido en su desarrollo, enfatizando la autorrealización, la autenticidad y la capacidad del individuo para crecer y encontrar sentido en su vida. La relación terapéutica se considera el núcleo del proceso psicoterapéutico, donde el terapeuta facilita un entorno propicio para el autodescubrimiento y el florecimiento humano.
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UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA


FACULTAD DE EDUCACIÓN, CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN Y Capítulo I
HUMANIDADES
Fundamentos de la Psicoterapia Humanista
ESCUELA PROFESIONAL DE HUMANIDADES
1.1. Origen y Desarrollo del Enfoque Humanista
La psicoterapia humanista surge a mediados del siglo XX como una tercera fuerza en
psicología, en respuesta a las limitaciones del psicoanálisis y del conductismo. Abraham
Maslow (1968) ya señalaba que estos enfoques no lograban explicar dimensiones esenciales
del ser humano como la creatividad y el potencial de desarrollo.
Desde una perspectiva contemporánea, Cooper (2019) sostiene que el enfoque
humanista ha evolucionado hacia modelos integrativos que mantienen el énfasis en la
experiencia subjetiva y la relación terapéutica como factores centrales del cambio.
Asimismo, Spinelli (2015) destaca la influencia de la fenomenología y el
existencialismo en el desarrollo del enfoque, subrayando que la psicoterapia humanista se

EL ROL DEL TERAPEUTA EN LA PSICOTERAPIA HUMANISTA centra en comprender la experiencia vivida del individuo más que en explicarla desde teorías
externas. En conjunto, estos aportes muestran que el humanismo sigue siendo un enfoque
vigente y en constante desarrollo.
Curso:
1.2. Principales Representantes
Estrategias de Intervención Humanista Existencial
El enfoque humanista está conformado por diversos autores que, aunque presentan
diferencias teóricas y metodológicas, comparten una visión centrada en el potencial humano,
Docente:
la experiencia subjetiva y el crecimiento personal. Entre los principales representantes se
Mtro. Fernando Laura Ruiz
encuentran figuras fundacionales y desarrollos contemporáneos que han permitido la
evolución del enfoque.
Trabajo Académico Presentado por:
Uno de los principales exponentes es Carl Rogers ( 1957), quien desarrolla la terapia
Mamani Jimenez Melany Karin
centrada en la persona. Su aporte radica en establecer que el cambio terapéutico no depende
Medina Flores Camila Adelina
de técnicas específicas, sino de la calidad de la relación entre terapeuta y cliente. Rogers
Prado Jara Ana Lucia
introduce las condiciones necesarias y suficientes para el cambio, destacando la empatía, la
Vargas Onque Gherson Josue
aceptación positiva incondicional y la congruencia como elementos fundamentales del
Villanueva Barreto Fernando
proceso terapéutico. Su enfoque marcó un giro hacia una psicoterapia más humana, centrada
en la experiencia del individuo.
Por otro lado, Maslow (1968) contribuye desde una perspectiva motivacional,
desarrollando la teoría de la jerarquía de necesidades. En este modelo, la autorrealización
TACNA- PERÚ ocupa el nivel más alto, representando el desarrollo pleno de las capacidades humanas.
2026 Maslow amplía la comprensión del comportamiento humano al incluir dimensiones como la
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creatividad, la espiritualidad y el sentido de vida, sentando las bases para el estudio del Desde una perspectiva contemporánea, Cooper (2019) reafirma que este supuesto
bienestar psicológico. sigue siendo esencial en la práctica terapéutica, destacando que el rol del terapeuta no es
Fritz Perls (1969), creador de la terapia Gestalt, introduce un enfoque centrado en el dirigir el cambio, sino facilitar un entorno que permita al cliente desplegar sus capacidades.
“aquí y ahora”, enfatizando la toma de conciencia (awareness) y la integración de las En este sentido, la psicoterapia humanista se diferencia de otros enfoques al confiar en la
experiencias. Perls considera que muchos conflictos psicológicos surgen de experiencias capacidad inherente del individuo para comprenderse y transformarse.
inconclusas, por lo que el proceso terapéutico busca que el individuo tome contacto con sus Otro concepto fundamental es la autorrealización, planteado por Maslow (1943), quien
emociones y necesidades presentes. la describe como la necesidad de desarrollar plenamente el potencial humano. Este
En la misma línea, Viktor Frankl (1963) desarrolla la logoterapia, una corriente planteamiento es ampliado posteriormente por Maslow (1968), quien identifica características
existencial-humanista centrada en la búsqueda de sentido. Frankl plantea que la motivación propias de las personas autorrealizadas, como la autenticidad, la creatividad y la aceptación de
principal del ser humano es encontrar un propósito en la vida, incluso en situaciones de sí mismas y de los demás.
sufrimiento. Su enfoque aporta una dimensión profunda al humanismo, vinculando la En la actualidad, Stephen Joseph (2015) vincula este concepto con el florecimiento
psicoterapia con cuestiones existenciales. humano, señalando que el crecimiento psicológico no se limita a la ausencia de malestar, sino
Dentro de los desarrollos contemporáneos, Cooper (2019) destaca por su trabajo en la que implica la construcción de sentido, propósito y bienestar integral. De este modo, el
integración de la psicoterapia humanista con otros enfoques, señalando que los principios humanismo propone una visión del desarrollo humano que trasciende la simple adaptación,
humanistas siguen siendo fundamentales en la práctica clínica actual. Cooper enfatiza la orientándose hacia la plenitud personal.
importancia de la relación terapéutica y la adaptación del proceso a las necesidades del Asimismo, la experiencia subjetiva constituye un eje central del enfoque, ya que la
cliente. conducta humana se entiende a partir de la forma en que cada individuo percibe e interpreta
Sumando a esto Spinelli (2015) ha desarrollado el enfoque existencial contemporáneo, su realidad. Carl Rogers (1951) introduce el concepto de campo fenomenológico para explicar
centrado en la comprensión de la experiencia vivida y en los dilemas fundamentales de la que las personas responden no a la realidad objetiva, sino a su vivencia de esta. Esta idea es
existencia humana. Su trabajo profundiza en la idea de que la terapia es un espacio de profundizada por Spinelli (2015), quien sostiene que la comprensión psicológica debe partir
exploración del significado personal. de la experiencia vivida del individuo, evitando interpretaciones externas que distorsionen su
Por otro lado, Dave Mearns y Brian Thorne (2013) han ampliado la terapia centrada significado personal.
en la persona hacia una perspectiva relacional, destacando la importancia del vínculo En este marco, conceptos como la congruencia o autenticidad y la libertad y
terapéutico como un espacio dinámico de encuentro interpersonal. De igual manera, Stephen responsabilidad adquieren especial relevancia, ya que permiten entender al ser humano como
Joseph (2015) ha vinculado el enfoque humanista con la psicología positiva, resaltando el un agente activo en la construcción de su vida, capaz de tomar decisiones y orientarse hacia
concepto de crecimiento postraumático y el florecimiento humano. su propio desarrollo.
1.3. Conceptos Básicos del Humanismo 1.4. Visión del Ser Humano
El enfoque humanista se sustenta en una serie de conceptos fundamentales que El enfoque humanista propone una visión del ser humano caracterizada por su carácter
permiten comprender al ser humano como un organismo dinámico, autónomo y orientado al positivo, integral y dinámico, en la que se reconoce a la persona como un organismo en
crecimiento. Uno de los pilares centrales es la tendencia actualizante, definida por Carl constante proceso de desarrollo. Carl Rogers (1961) sostiene que el individuo posee una
Rogers (1959) como una fuerza inherente que impulsa al individuo hacia el desarrollo, la tendencia innata hacia el crecimiento y la autorrealización, siempre que se encuentre en un
diferenciación y la realización de sus potencialidades. Este principio implica que las personas entorno que facilite su desarrollo. Esta perspectiva implica que el ser humano no es
poseen recursos internos para su crecimiento y que, bajo condiciones psicológicas favorables, inherentemente problemático, sino que cuenta con recursos internos que le permiten
tienden naturalmente hacia el bienestar. orientarse hacia el bienestar y la plenitud.
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Desde esta mirada, el individuo es concebido como un sujeto activo, consciente y humano, entendiendo el crecimiento como un proceso continuo de desarrollo personal. En
capaz de autodeterminación. May (1983) enfatiza que la existencia humana está este sentido, la terapia se concibe como un espacio de autodescubrimiento y transformación.
profundamente vinculada con la libertad, lo que implica la capacidad de tomar decisiones y
construir el propio destino. Sin embargo, esta libertad también conlleva responsabilidad,
generando tensiones que forman parte de la experiencia humana y que deben ser afrontadas
como parte del proceso de desarrollo personal.
En el contexto contemporáneo,Cooper (2019) plantea que el ser humano no puede
entenderse como un ente pasivo determinado únicamente por factores biológicos o sociales,
sino como un agente que interpreta su realidad y construye significado a partir de sus
experiencias. Esta visión resalta la importancia del contexto relacional, ya que el desarrollo
personal ocurre en interacción con otros.
Por su parte, Spinelli (2015) sostiene que el ser humano es un ser en el mundo, cuya
identidad se configura a través de sus relaciones y experiencias vividas. Desde esta
perspectiva, la psicoterapia no busca modificar al individuo desde un modelo externo, sino
acompañarlo en la exploración de su propia existencia, respetando su singularidad y su forma
de dar sentido a la vida.
Asimismo, Maslow (1968) describe al ser humano como un organismo orientado hacia
la autorrealización, capaz de desarrollar cualidades como la creatividad, la autenticidad y la
trascendencia. En esta línea, Joseph (2015) señala que incluso en situaciones adversas, las
personas pueden experimentar crecimiento psicológico, lo que refuerza la visión optimista del
enfoque humanista.
En conjunto, la psicoterapia humanista concibe al individuo como un ser integral en el
que se interrelacionan dimensiones emocionales, cognitivas y existenciales, rechazando la
idea de reducirlo a síntomas o conductas aisladas. Esta visión reconoce a la persona como un
sujeto único, con capacidad de cambio, desarrollo y construcción de sentido, lo que convierte
a la terapia en un espacio de acompañamiento para el crecimiento personal y la
autorrealización.
1.5. Objetivos de la Psicoterapia Humanista
El objetivo principal de la psicoterapia humanista es facilitar el desarrollo del
potencial humano. Carl Rogers (1957) plantea que la terapia debe proporcionar un clima que
permita el crecimiento personal.
En la actualidad, Cooper (2019) señala que el objetivo no es solo la reducción de
síntomas, sino el aumento del bienestar, la autenticidad y la capacidad de tomar decisiones
significativas. Asimismo, se destaca que la psicoterapia humanista promueve el florecimiento
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Capítulo II experiencia del otro. De este modo, el terapeuta facilita que el cliente reconozca y simbolice
experiencias previamente negadas o distorsionadas.
La Relación Terapéutica en el Enfoque Humanista
Por su parte, May (1983) sostiene que la experiencia subjetiva es el punto de partida
2.1. Principios de la Relación Terapéutica de toda comprensión psicológica, ya que el ser humano se define por la manera en que vive y
2.1.1. La Relación Terapéutica Como Eje Central da sentido a su existencia. En este sentido, la psicoterapia humanista no busca explicar al
Dentro del enfoque humanista, la relación terapéutica no es un elemento auxiliar, sino individuo desde categorías externas, sino comprenderlo desde su vivencia interna,
el núcleo mismo del proceso psicoterapéutico. Carl Rogers (1957) establece que el cambio promoviendo así un proceso auténtico de autoconocimiento.
psicológico ocurre cuando el terapeuta ofrece ciertas condiciones relacionales específicas, 2.1.3. La Tendencia Actualizante
denominadas condiciones necesarias y suficientes, entre las que destacan la empatía, la La tendencia actualizante constituye uno de los pilares teóricos del enfoque humanista.
aceptación positiva incondicional y la congruencia. Estas condiciones no actúan como Rogers (1959) la define como una fuerza inherente al organismo que lo impulsa hacia el
técnicas, sino como cualidades del vínculo que permiten al cliente acceder a su experiencia crecimiento, la diferenciación y la realización de sus potencialidades. Esta tendencia no es un
interna sin defensas. ideal abstracto, sino un proceso dinámico que opera en todos los seres humanos, siempre que
Esta concepción es reforzada por Irvin D. Yalom (2002), quien sostiene que la relación las condiciones del entorno lo permitan.
terapéutica constituye uno de los principales factores de cambio, incluso por encima de los Este planteamiento se complementa con la teoría de la autorrealización de Abraham
modelos teóricos. Para Yalom, el proceso terapéutico es esencialmente un encuentro Maslow (1943), quien describe una jerarquía de necesidades en la que el nivel más alto
interpersonal en el que el cliente experimenta nuevas formas de relación que pueden ser corresponde al desarrollo pleno del potencial humano. Maslow (1968) señala que, cuando las
internalizadas y replicadas fuera del contexto clínico. necesidades básicas están satisfechas, el individuo tiende naturalmente hacia el crecimiento,
Desde la perspectiva existencial, Rollo May (1983) introduce la noción de la creatividad y la autenticidad.
“encuentro”, entendida como una relación genuina entre dos personas que se afectan En el contexto terapéutico, esta concepción implica un cambio radical en el rol del
mutuamente. Este planteamiento profundiza la idea humanista al considerar que el terapeuta terapeuta. En lugar de dirigir el proceso, el terapeuta confía en la capacidad del cliente para
no es un observador externo, sino un participante activo en una relación significativa. En orientarse hacia su propio desarrollo. Como señala Rogers (1959), el objetivo no es modificar
conjunto, estos aportes consolidan la idea de que la relación terapéutica es el espacio donde se al individuo desde fuera, sino crear las condiciones que permitan la expresión de sus recursos
produce el cambio psicológico. internos. De este modo se convierte en un proceso de facilitación del crecimiento más que en
2.1.2. La Importancia de la Experiencia Subjetiva una intervención correctiva.
El enfoque humanista se fundamenta en la primacía de la experiencia subjetiva, 2.1.4. La Autenticidad en el Proceso Terapéutico
entendida como el modo particular en que cada individuo percibe y construye su realidad. La autenticidad, también denominada congruencia, es una condición esencial del
Rogers (1951) introduce el concepto de campo fenomenológico para explicar que la conducta terapeuta dentro del enfoque humanista. Rogers (1961) sostiene que el terapeuta debe
no responde a una realidad objetiva, sino a la interpretación personal de esta. Por ello, la tarea mostrarse tal como es, sin adoptar máscaras profesionales que generen distancia en la
del terapeuta consiste en comprender el mundo interno del cliente desde su propio marco de relación. Esta coherencia entre la experiencia interna y la expresión externa permite establecer
referencia. un vínculo genuino, basado en la confianza.
Rogers (1957) profundiza esta idea al definir la empatía como la capacidad de percibir Yalom (2002) refuerza esta idea al señalar que el terapeuta eficaz es aquel que se
el mundo del cliente “como si” fuera propio, sin perder la cualidad de observador. Esta forma involucra de manera real en la relación, utilizando su propia persona como instrumento
de comprensión no implica interpretación ni juicio, sino una inmersión respetuosa en la terapéutico. La autenticidad no implica una autoexpresión indiscriminada, sino una presencia
honesta que favorece la conexión interpersonal y la apertura emocional del cliente.
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Desde la perspectiva existencial, May (1983) considera que la autenticidad es aceptación positiva incondicional. Estas condiciones son consideradas pilares básicos de la
fundamental para el encuentro terapéutico, ya que solo a través de una relación real es posible relación terapéutica y del cambio psicológico (Cordova, 2023).
abordar las preocupaciones profundas del ser humano, como la libertad, la responsabilidad y [Link]. Empatía. Se refiere a la capacidad del terapeuta para comprender
el sentido de la vida. En este contexto, la congruencia del terapeuta no solo facilita el proceso profundamente el mundo interno del cliente, percibiendo sus emociones y significados desde
terapéutico, sino que también actúa como modelo de integración personal para el cliente. su propio marco de referencia, pero sin perder la objetividad profesional. Esta comprensión
2.2. El rol del terapeuta en la psicoterapia humanista implica colocarse en el lugar del otro como si se tratara de la propia experiencia.
En la psicoterapia humanista, el rol del terapeuta se fundamenta en una postura Diversas investigaciones recientes destacan que la empatía del terapeuta es un factor
facilitadora del proceso de crecimiento personal del cliente. Este enfoque, desarrollado por clave en la eficacia de la psicoterapia, ya que influye directamente en la calidad de la relación
Carl Rogers, sostiene que cada individuo posee una tendencia innata hacia la autorrealización, terapéutica y en los resultados del tratamiento (Norcross, 2024).
por lo que el terapeuta no impone soluciones, sino que crea las condiciones necesarias para [Link].Congruencia. También denominada autenticidad, hace referencia a la
que la persona descubra sus propios recursos internos. capacidad del terapeuta para mostrarse genuino, transparente y coherente en la relación
Cain (2022) señala que el proceso terapéutico humanista se centra en la persona y en terapéutica. Esto implica que exista una correspondencia entre lo que el terapeuta siente,
su capacidad de crecimiento, destacando la importancia de una relación terapéutica basada en piensa y expresa durante la sesión.
la confianza y la autenticidad. Asimismo, el rol terapéutico implica facilitar la Cooper (2023) afirma que un terapeuta congruente no adopta una actitud distante o
autoexploración y la aceptación personal, permitiendo que el individuo comprenda sus artificial, sino que se presenta como una persona real, lo que favorece la construcción de una
emociones, pensamientos y conductas desde su propia vivencia. relación basada en la confianza. Esta autenticidad permite al cliente sentirse más cómodo para
2.2.1. Características del Terapeuta Humanista expresar sus emociones y experiencias sin temor al juicio, la congruencia facilita un vínculo
El terapeuta humanista se distingue por una serie de características personales y terapéutico más humano y cercano, lo que contribuye significativamente al proceso de cambio
profesionales que favorecen el desarrollo del proceso terapéutico. psicológico.
En este sentido, Jovel (2021) menciona que el terapeuta en primer lugar, se caracteriza [Link]. Aceptación Positiva Incondicional. Consiste en la capacidad del terapeuta
por mantener una actitud de respeto profundo hacia la persona, considerándola como un ser para aceptar al cliente tal como es, sin emitir juicios, críticas o evaluaciones condicionadas.
único, valioso y con potencial de crecimiento. Esta actitud implica valorar a la persona independientemente de sus conductas, pensamientos
Por otro lado Murphy (2022) afirma que el terapeuta tiene la capacidad para centrarse o emociones.
en la experiencia subjetiva del cliente, comprendiendo su mundo interno sin imponer Según Wampold (2021) en el contexto terapéutico, esta aceptación genera un ambiente
interpretaciones externas. Esto implica adoptar una postura no directiva, en la cual el de seguridad emocional que permite al cliente explorar aspectos de sí mismo que podrían
terapeuta evita ejercer control o autoridad sobre el proceso terapéutico, promoviendo en resultar difíciles o dolorosos. Al sentirse aceptado, el individuo puede desarrollar una mayor
cambio la autonomía del individuo. autoaceptación, la actitud del terapeuta refuerza la confianza en la relación terapéutica y
Asimismo, el terapeuta humanista debe poseer habilidades como la escucha activa, la favorece el desarrollo de cambios genuinos y sostenibles en el tiempo.
sensibilidad emocional y la capacidad de generar un clima de confianza. Estas cualidades 2.3. Relación Terapeuta–Cliente en el Enfoque Humanista
permiten que el cliente se sienta comprendido y aceptado, lo cual es esencial para el cambio 2.3.1. Importancia del Vínculo Terapéutico
terapéutico (Elizalde, 2021). En la psicoterapia humanista, la relación terapeuta-cliente es considerada el elemento
2.2.2. Actitudes Fundamentales del Terapeuta central del proceso terapéutico, ya que el cambio psicológico ocurre principalmente a través
Dentro del enfoque humanista, existen tres actitudes esenciales que el terapeuta debe de la calidad del vínculo establecido entre ambos. Este enfoque destaca que un entorno
desarrollar para facilitar el crecimiento del cliente estas son la empatía, congruencia y
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relacional seguro y comprensivo permite al cliente explorar su mundo interno con mayor Asimismo, este tipo de entorno favorece que el cliente explore sus recursos personales
libertad y autenticidad (Miller, 2021). y asuma un papel activo en su proceso, promoviendo la toma de decisiones y la autonomía
Según Brown (2021) la importancia del vínculo terapéutico radica en que proporciona (Morales, 2025).
un clima psicológico facilitador, donde el cliente puede desarrollar una mayor autoaceptación 2.4. Técnicas y Estrategias del Terapeuta Humanista
y confianza en sí mismo. Este proceso constituye la base para alcanzar cambios profundos y 2.4.1. Escucha activa
sostenibles en el bienestar emocional. La escucha activa constituye una habilidad fundamental dentro del proceso terapéutico
Ortiz (2024) afirma que desde una perspectiva actual, se ha evidenciado que la alianza e implica no solo oír lo que el cliente expresa, sino comprender de manera profunda el
terapéutica es un factor determinante en la eficacia del tratamiento, influyendo contenido de su discurso, supone una actitud de atención plena, en la que el terapeuta se
significativamente en los resultados obtenidos. La calidad de esta relación no solo favorece la involucra en la experiencia del cliente (Martín-Municio, 2024).
adherencia al proceso terapéutico, sino que también potencia los cambios emocionales y A través de la escucha activa, se favorece la construcción de un espacio de confianza,
cognitivos del cliente. donde el cliente puede expresarse con mayor libertad, esto permite identificar aspectos
Asimismo, en el enfoque humanista, el vínculo terapéutico se caracteriza por su relevantes de su experiencia. Asimismo, esta habilidad contribuye a que el cliente se sienta
naturaleza, en la cual el terapeuta y el cliente interactúan desde una posición de igualdad y validado y comprendido dentro del proceso terapéutico (Luna, 2023).
respeto mutuo. Esta forma de relación promueve la autonomía del individuo y fortalece su 2.4.2. Reflejo de Sentimientos
capacidad para tomar decisiones sobre su propio proceso de cambio (Stevens, 2023). El reflejo de sentimientos, consiste en identificar y devolver al cliente las emociones
2.3.2. Comunicación Terapéutica que expresa durante la sesión, permitiéndole tomar mayor conciencia de su mundo emocional.
La comunicación terapéutica es un elemento fundamental en el proceso A diferencia de otras intervenciones centradas en el contenido, esta pone énfasis en el
psicoterapéutico, especialmente en este enfoque, donde la relación entre terapeuta y cliente componente afectivo del discurso. Este proceso contribuye a que el cliente profundice en su
tiene un papel central. No se trata solo de hablar, sino de generar un espacio de confianza que experiencia emocional, favoreciendo la expresión de aspectos que en ocasiones pueden
permita al cliente expresarse con libertad. En este enfoque, el terapeuta actúa como resultar difíciles de comunicar directamente. Su uso adecuado fortalece el vínculo terapéutico,
facilitador, mostrando una actitud auténtica y evitando juicios (Cañero-Pérez, 2018). ya que transmite comprensión y empatía (Rosso & Lebl, 2006).
Permite comprender lo que el cliente dice y siente. A partir de ello, se utilizan técnicas 2.4.3. Clarificación
como el reflejo, que ayudan a la persona a tomar mayor conciencia de sus pensamientos y La clarificación es una técnica de la comunicación terapéutica, esta consiste en ayudar
emociones. Además, la congruencia del terapeuta es clave porque implica actuar con al cliente a expresar con mayor precisión sus ideas, emociones o experiencias cuando estas se
coherencia entre lo que piensa, siente y expresa. Esto favorece la confianza y fortalece la presentan de forma confusa o incompleta. En este sentido, se basa en el uso de una
relación terapéutica (Cerquera et al., 2021). comunicación asertiva, sin modificar su significado original. Su aplicación permite avanzar en
2.3.3. Clima Psicológico Facilitador el proceso terapéutico de manera más ordenada y comprensible (Valencia, 2008).
El clima psicológico facilitador, dentro del enfoque humanista, se refiere a la calidad 2.4.4. Uso del Silencio
del ambiente que se genera durante el proceso. Dicho clima se construye a partir de una El uso del silencio es un recurso terapéutico que cumple una función importante
actitud del terapeuta orientada a brindar seguridad emocional, respeto y valoración hacia el dentro del proceso psicoterapéutico, este permite al cliente disponer de un espacio para la
cliente, lo que permite que se sienta aceptado tal como es. Bajo estas condiciones, se facilita reflexión interna, facilitando la conexión con sus propios pensamientos y emociones (Espeleta
el fortalecimiento de la autoestima, el desarrollo del autoconcepto y la confianza en las & Ardila, 2019).
propias capacidades (Dos Santos, 2021). Desde esta perspectiva, el terapeuta utiliza el silencio de manera intencional,
mostrando respeto por el ritmo del cliente y evitando interrumpir sus procesos internos.
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Asimismo, transmite una actitud de paciencia y acompañamiento, contribuyendo a generar un A diferencia de los enfoques más centrados en la experiencia subjetiva del cliente,
clima en el que el cliente puede expresarse sin presión, consolidando así un espacio como el humanista o centrado en la persona, el terapeuta cognitivo conductual interviene con
terapéutico seguro (Boric & Pacheco, 2024). mayor direccionalidad. Mientras Carl Rogers defendía que el terapeuta debía ofrecer
2.5. Comparación del Rol del Terapeuta con Otros Enfoques principalmente empatía, congruencia y aceptación positiva incondicional para facilitar el
El rol del terapeuta varía de manera significativa según el enfoque psicoterapéutico crecimiento personal, en la TCC el profesional tiene una participación más técnica y
adoptado. Mientras algunas corrientes conciben al profesional como un guía activo que estratégica. Esto significa que no solo crea una relación terapéutica segura, sino que además
estructura el tratamiento, otras le atribuyen una función más interpretativa o facilitadora. En organiza procedimientos concretos para modificar patrones de pensamiento y conducta. En
términos generales, esta diferencia no solo responde a técnicas distintas, sino también a consecuencia, la relación terapéutica sigue siendo importante, pero no constituye por sí sola el
concepciones diferentes sobre la naturaleza del sufrimiento psíquico, el cambio terapéutico y principal agente de cambio, sino que actúa junto con técnicas específicas y metas clínicas
la relación entre cliente y terapeuta. Así, comparar el papel del terapeuta en el enfoque claramente delimitadas (Huaman, 2021).
cognitivo-conductual y en el psicoanalítico permite comprender cómo cada modelo organiza 2.5.2. Enfoque Psicoanalítico
la intervención clínica y define la participación profesional dentro del proceso terapéutico En el enfoque psicoanalítico, el rol del terapeuta es marcadamente distinto. Aquí el
(Vidal, 2021). profesional no suele desempeñarse como un guía directivo ni como un instructor de
2.5.1. Enfoque Cognitivo Conductual habilidades, sino como un intérprete de los procesos inconscientes que se expresan en el
En el enfoque cognitivo conductual, el terapeuta asume un rol activo, directivo, discurso, las resistencias, las repeticiones y la transferencia del cliente.
estructurado y colaborativo. No se limita a escuchar pasivamente al cliente, sino que orienta el Desde la tradición psicoanalítica, el tratamiento busca hacer consciente aquello que
proceso mediante objetivos concretos, formulación de casos, establecimiento de agendas, permanece reprimido o fuera de la conciencia, de modo que el terapeuta ocupa una posición
revisión de avances y aplicación de técnicas específicas. Beck (2021) sostiene que la terapia más reservada, atenta y analítica. La escucha clínica adquiere un valor central, ya que a partir
cognitivo-conductual se caracteriza por una relación de colaboración empírica, en la que de ella el analista puede identificar conflictos inconscientes, defensas y significados latentes
terapeuta y cliente trabajan conjuntamente para identificar pensamientos disfuncionales, presentes en la experiencia del cliente (Orozco, 2017).
evaluar su validez y modificar conductas problemáticas. De esta manera, el terapeuta funciona McWilliams (2004) destaca que el terapeuta de orientación psicoanalítica debe
también como una especie de educador, ya que enseña al cliente a reconocer la relación entre sostener una actitud empática y cuidadosa, pero también una disposición técnica particular
pensamiento, emoción y conducta, promoviendo habilidades de autoobservación y frente a fenómenos como la transferencia y la contratransferencia. Esto implica que el
autorregulación. profesional no actúa principalmente dando consejos o estructurando ejercicios, sino ayudando
Dentro de este enfoque, la intervención suele estar orientada al presente y a la al cliente a comprender la lógica profunda de su mundo interno y de sus vínculos repetitivos.
resolución de problemas específicos. El terapeuta cognitivo-conductual guía las sesiones de En este enfoque, la neutralidad técnica y la abstinencia relativa han sido rasgos
forma planificada y suele proponer tareas entre sesiones, conocidas como “homework”, con el históricamente valorados, porque favorecen que el cliente proyecte en la relación terapéutica
fin de extender el trabajo terapéutico a la vida cotidiana. En ese sentido, el profesional aspectos significativos de su vida emocional. Por ello, el terapeuta psicoanalítico suele hablar
mantiene una posición más visible y técnicamente marcada que en otros modelos, porque su menos que en la TCC y selecciona con mayor cautela el momento de intervenir, privilegiando
función no es solo acompañar emocionalmente, sino intervenir de manera deliberada para interpretaciones que ayuden a elaborar conflictos internos más que a corregir conductas de
producir cambios cognitivos y conductuales observables. Por ello, el terapeuta en TCC ocupa forma inmediata (González, 2019).
un lugar de acompañamiento activo, pero sin caer en una autoridad rígida, ya que el Una diferencia importante es que el enfoque psicoanalítico concede una relevancia
tratamiento se construye idealmente desde la colaboración con el cliente (Fernández, 2019). especial al pasado, especialmente a la historia infantil, las relaciones tempranas y la
organización de la personalidad. En este marco, el terapeuta no se centra únicamente en el
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alivio sintomático actual, sino en comprender cómo determinados modos de sentir, pensar y Wilkins (2003), al revisar las objeciones dirigidas a la terapia centrada en la persona,
vincularse se han constituido a lo largo del desarrollo. Así, el vínculo terapéutico no es muestra que la no directividad, la confianza en la autorrealización y la centralidad de las
solamente un medio para aplicar técnicas, sino un escenario privilegiado donde se actualizan condiciones terapéuticas han sido puntos de debate sostenido dentro y fuera del enfoque.
conflictos profundos que pueden ser analizados e interpretados. Esto coloca al terapeuta en De modo parecido, investigaciones recientes con jóvenes en terapia humanista indican
una función compleja: debe ser simultáneamente contenedor emocional, observador clínico e que, aunque muchos valoran sentirse escuchados, una proporción importante también expresa
intérprete del material inconsciente que emerge en la relación (Pérez, 2021). que hubiera necesitado más orientación, más intervención activa o menos silencios
La visión humanista del terapeuta como facilitador del crecimiento personal, el prolongados (Midgley et al., 2024).
psicoanálisis otorga al profesional un papel más hermenéutico e interpretativo. Y, a diferencia El modelo humanista clásico fue cuestionado por su supuesto optimismo
del terapeuta cognitivo-conductual, el analista no suele estructurar la sesión mediante antropológico, es decir, por asumir que las personas tienden naturalmente al crecimiento y a la
agendas, tareas o metas conductuales inmediatas. autorrealización si cuentan con un contexto facilitador. Aunque esta idea fue una de las
Su intervención apunta más bien a la elaboración psíquica profunda y al mayores fortalezas filosóficas del enfoque de Rogers, también ha sido vista como limitada
esclarecimiento del significado inconsciente de la experiencia. Por ello, puede afirmarse que cuando se aplica a cuadros más graves, contextos sociales adversos o estructuras de
el terapeuta psicoanalítico ocupa un lugar menos directivo que el cognitivo-conductual, pero personalidad complejas, donde el sufrimiento no siempre cede solo mediante comprensión
más interpretativo que el humanista, lo que revela cómo cada enfoque entiende de manera empática y aceptación. Incluso dentro de desarrollos humanistas posteriores se ha reconocido
distinta tanto la función clínica del terapeuta como el proceso mismo de cambio psicológico que las formas contemporáneas de este enfoque suelen ser más interactivas y, en algunos
(Zeballos, 2022). casos, más directivas que la propuesta rogeriana original, precisamente para responder mejor
2.6. Críticas y Limitaciones del rol del Terapeuta Humanista a la complejidad clínica actual (Vargas, 2023).
El enfoque humanista, especialmente en su vertiente centrada en la persona, ha tenido El rol del terapeuta humanista presenta, históricamente, menor estandarización técnica
una influencia decisiva en la psicoterapia contemporánea al colocar en el centro la que otros enfoques, como la terapia cognitivo-conductual. Esto no significa ausencia de rigor,
autenticidad, la empatía y la aceptación incondicional del cliente. Desde esta perspectiva, el pero sí una tradición menos centrada en manuales, protocolos cerrados y procedimientos
terapeuta no actúa como una autoridad que impone interpretaciones, sino como un facilitador uniformes. Durante mucho tiempo, esta característica alimentó la crítica de que el enfoque
del crecimiento personal y de la autoexploración. En las terapias humanistas, el profesional dependía demasiado de las cualidades personales del terapeuta y menos de métodos
ayuda al cliente a cambiar a partir de una relación terapéutica caracterizada por cuidado, replicables (Elliott et al., 2021).
interés y respeto por su experiencia interna (Rosales, 2020). Sin embargo, aunque este rol ha 2.6.2. Limitaciones en la Práctica Clínica
sido ampliamente valorado por su dimensión ética y relacional, también ha recibido críticas En la práctica clínica, una de las limitaciones más discutidas es que el rol del terapeuta
importantes en el plano teórico, metodológico y clínico. humanista puede resultar insuficiente en casos donde el cliente necesita contención muy
2.6.1. Principales Críticas estructurada, intervención en crisis o estrategias específicas de manejo sintomático. En
Una de las críticas más frecuentes al rol del terapeuta humanista es que, en su versión determinados cuadros de alta desorganización, riesgo agudo o graves dificultades para
más clásica, puede resultar demasiado no directivo. La confianza en que el cliente encontrará simbolizar la experiencia emocional, la sola oferta de empatía, congruencia y aceptación
por sí mismo el camino hacia el cambio, siempre que disponga de un clima relacional puede no bastar como respuesta clínica inicial. Por eso, varios desarrollos contemporáneos del
adecuado, ha sido considerada por algunos autores como una postura insuficiente frente a campo humanista han incorporado formas de trabajo más focalizadas o guiadas, como ocurre
problemas clínicos que requieren mayor estructuración o intervenciones más activas. en la terapia focalizada en la emoción, que conserva la base humanista, pero añade tareas
terapéuticas más precisas y un papel más activo del terapeuta (Parra, 2021).
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Una limitación aparece en clientes que esperan del profesional una figura más sino una persona con experiencia, dignidad y potencial de transformación. Por ello, más que
orientadora. En esos casos, un terapeuta excesivamente reservado o cuidadoso de no dirigir desaparecer, el rol del terapeuta humanista se ha reconfigurado, sigue siendo vigente no solo
puede ser percibido como distante, ambiguo o poco útil. Esto se ha observado en estudios en terapias explícitamente humanistas, sino también como fundamento ético y relacional de la
contemporáneos sobre terapia humanista con jóvenes, donde algunos participantes reportan intervención psicológica contemporánea (Mendoza, 2025).
que el exceso de silencio o la falta de guía concreta puede dificultar el proceso terapéutico,
aun cuando valoren el vínculo positivo con el terapeuta (Midgley et al., 2024). De este modo,
el problema no reside necesariamente en la base humanista del enfoque, sino en que la manera
de ejercer el rol terapéutico debe ajustarse a las necesidades, expectativas y recursos de cada
cliente.
El ideal humanista de una relación profundamente genuina y empática enfrenta
desafíos cuando se traslada a contextos institucionales marcados por alta demanda, escasez de
tiempo, protocolos rígidos o sistemas de salud centrados en productividad. La literatura sobre
atención centrada en la persona en salud mental subraya precisamente que su implementación
suele chocar con tensiones éticas, organizacionales y prácticas dentro de los servicios
formales. En otras palabras, el rol del terapeuta humanista puede ser conceptualmente sólido,
pero no siempre encuentra condiciones institucionales favorables para desplegarse
plenamente en la práctica cotidiana (Melendez, 2022).
2.6.3. El rol del Terapeuta Humanista en la Actualidad
A pesar de estas críticas, el rol del terapeuta humanista conserva una vigencia clara en
la psicología clínica actual. De hecho, muchos de sus aportes han trascendido los límites del
enfoque y se han integrado en la psicoterapia en general. La importancia de la empatía, de la
autenticidad del terapeuta y de la alianza terapéutica ya no se considera exclusiva del
humanismo, sino parte de los factores comunes que atraviesan distintos modelos de
tratamiento (Vergara, 2018). En este sentido, incluso cuando no se practique una terapia
humanista pura, muchos terapeutas contemporáneos siguen trabajando desde presupuestos
relacionales profundamente influidos por Rogers.
Las psicoterapias humanista-experienciales continúan siendo relevantes y cuentan con
respaldo empírico. La vigencia del rol del terapeuta humanista no depende de permanecer
idéntico a su formulación original, sino de su capacidad para dialogar con nuevas exigencias
clínicas, empíricas y contextuales (Montoya, 2017).
En la actualidad, esta vigencia también se explica porque ofrece una respuesta
especialmente valiosa frente a tendencias excesivamente tecnificadas de la práctica clínica. En
un contexto donde a veces se privilegian el diagnóstico, la protocolización y la rapidez de
resultados, el enfoque humanista recuerda que el cliente no es solo un conjunto de síntomas,
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Conclusiones

La psicoterapia humanista se consolida como un enfoque que comprende al ser


humano desde una perspectiva integral, resaltando su capacidad de crecimiento,
autodeterminación y búsqueda de sentido. A lo largo del desarrollo teórico, se evidencia que
este modelo no se centra únicamente en la reducción de síntomas, sino en el desarrollo del
potencial humano y el fortalecimiento del bienestar psicológico.
Se concluye que la relación terapéutica constituye el eje central del proceso en el
enfoque humanista, siendo la empatía, la congruencia y la aceptación positiva elementos
fundamentales para facilitar el cambio. En este marco, el terapeuta cumple un rol de
facilitador, promoviendo un ambiente de confianza que permite al cliente explorar su
experiencia subjetiva y desarrollar mayor autoconocimiento.
Finalmente, aunque la psicoterapia humanista presenta algunas limitaciones, como su
menor directividad en ciertos casos clínicos, mantiene una vigencia importante en la
actualidad debido a su influencia en otros enfoques y su énfasis en los factores relacionales.
Su aporte continúa siendo relevante al recordar la importancia de considerar a la persona más
allá de sus síntomas, destacando su dignidad, singularidad y capacidad de transformación.

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