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Nuevas Ruralidaes

El documento analiza los cambios en el Uruguay rural, centrándose en la inclusión y fragmentación territorial, así como la llegada de nuevos actores empresariales que han transformado la producción agrícola y ganadera. Se destaca la modernización del sector agropecuario a través de monocultivos y políticas neoliberales, lo que ha llevado a una reconfiguración de las dinámicas rurales y urbanas. Además, se aborda la pluriactividad como una estrategia de supervivencia y adaptación de los actores locales ante un contexto globalizado.

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Nuevas Ruralidaes

El documento analiza los cambios en el Uruguay rural, centrándose en la inclusión y fragmentación territorial, así como la llegada de nuevos actores empresariales que han transformado la producción agrícola y ganadera. Se destaca la modernización del sector agropecuario a través de monocultivos y políticas neoliberales, lo que ha llevado a una reconfiguración de las dinámicas rurales y urbanas. Además, se aborda la pluriactividad como una estrategia de supervivencia y adaptación de los actores locales ante un contexto globalizado.

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“NUEVAS RURALIDADES EN URUGUAY:

procesos, actores, territorio”

Prof. Mónica Pizarro Ducuing


Prof. Néstor Curbelo Estévez
Prof. Rodrigo Quintas Gazzo

RESUMEN

Este trabajo intenta avanzar en el análisis de los cambios experimentados en el Uruguay rural,
reflexionar sobre los procesos de inclusión y/o fragmentación territorial que se registran en el medio.
Así como también la incorporación de nuevos actores empresariales a escala nacional para poder
contribuir a comprender las características y transformaciones más importantes de los últimos años
en espacios que tradicionalmente estaban dedicados exclusivamente a la producción
agrícola/ganadera.

FUNDAMENTACIÓN

En tiempos globalizados, con la transnacionalización del capital financiero, que incide en los sistemas
económicos, centrados en el conocimiento y la información, las políticas neoliberales presentan un
acelerado y complejo fenómeno multidimensional generando transformaciones sociales, culturales,
políticas y ambientales. Éstas han generado readecuación de los procesos productivos y sus
expresiones territoriales, que inciden directamente en las interacciones sociales derivando en una
modificación profunda de las estructuras territoriales, sobre todo en lo rural y en la forma cómo
perciben los habitantes urbanos y rurales la producción sociocultural y económica del territorio;
aspectos que conllevan a pensar en ruralidades emergentes, que transcienden lo local.

El Uruguay rural presenta en las últimas dos décadas cambios importantes en su matriz productiva,
vinculados principalmente a la implantación de tres monocultivos, que se presentan como los rubros
más dinámicos del sector primario de la economía: forestación, soja y arroz. (Achkar et al, 2006). Los
cambios fueron sustancialmente en las formas de concebir y actuar en el conjunto de las actividades
agropecuarias; los mismos se impulsaron a través de una perspectiva economicista, que propone
modernizar las actividades agropecuarias, minimizando costos y maximizando ganancias. La
modernización propuesta giró en torno a tres pilares: la tecnificación, la mecanización y la innovación
tecnológica (Achkar et al, 2008) relacionados con la siembra directa, la intensificación del sistema
agrícola y la competencia por el acceso a la tierra fundamentalmente por el accionar de grandes
empresas sojeras (pool de siembra) y forestales. (Achkar et al, 2011).

En el marco de un modelo de crecimiento que ha promovido las cadenas agroexportadoras, se inició


un aumento sostenido de la venta de tierra, la extranjerización y la transnacionalización de las
empresas agropecuarias agudizando el proceso de concentración y desplazamiento de los
productores familiares. (Rossi, 2010). Además, la forma de tenencia de la tierra ha generado una
diferenciación en los roles que desempeñan los actores sociales, que involucra tanto actores urbanos
como rurales, en el desarrollo de los territorios rurales. Esto conlleva, por un lado, a un proceso de
desconfiguración de grupos campesinos agricultores, que no se insertan en la nueva economía y por
otro, está el desarrollo de mecanismos de sobrevivencia y estrategias de adaptación que llevan a cabo
otro grupo de actores locales y a través de los cuales pueden integrarse en los distintos escenarios de
competitividad, ocasionando cambios en los patrones socioculturales y en los modos de vida rural y
urbano

INTRODUCCIÓN

Es evidente que las sociedades rurales actuales están sufriendo transformaciones a causa del modelo
de globalización, generando cambios entre los actores sociales dentro del escenario rural. A nivel de la
configuración territorial, la percepción de los habitantes urbanos y rurales de la producción
sociocultural y económica del territorio; lo que lleva a pensar en nuevas ruralidades, donde la
pluriactividad y multifuncionalidad traspasan al contexto local y regional, para identificar nuevas
dinámicas territoriales.
Las políticas neoliberales han alterado en América Latina, las estructuras territoriales, sobre todo en lo
rural, al transformarse las formas de tenencia de la tierra, lo que ha generado una diferenciación en los
roles que desempeñan los actores sociales. En lo cultural al decir de Ávila (1999), se está presentando
un cambio civilizatorio, que se evidencia en los procesos de socialización, a través de los “mass
media” que influyen en las formas de comportamiento de las poblaciones. Según Duran (1996:4).

En la mayoría de los espacios rurales, el enfoque económico neoliberal visualiza dos modelos de uso y
aprovechamiento: uno de corte empresarial moderno, cuya producción está destinada a la
exportación; y otro que corresponde a la explotación tradicional, con estrategias productivas poco
competitivas. “Con la Globalización, las transformaciones del campo latinoamericano son tan
profundas que no solamente hay que hablar de cambio, sino de transición de una sociedad agraria
organizada en torno a la actividad primaria hacia una sociedad rural más diversificada. La relación
campo-ciudad ahora es mucho más compleja que la vieja relación dicotómica, caracterizada por el
intercambio desigual y la migración de los pobres del campo hacia las ciudades” (Pérez,2004:4). Los
habitantes rurales se convierten en campesinos funcionalistas; lo rural no se orienta solo a la
producción agrícola, pecuaria, forestal, minera, etc. Ahora buscan incluir aspectos como la prestación
de servicios ambientales, el ecoturismo, la conservación de la diversidad cultural, y el cuidado de la
biodiversidad, dándose una pluriactividad en los espacios rurales.

Desde el punto de vista funcional, “para un sujeto rural su espacio cotidiano puede comprender tanto
el campo como la ciudad; hecho que encuentra su máxima expresión en zonas rurales aledañas a
entornos urbanos” (Méndez 2005:53). Hay un proceso selectivo, de eliminación que permite a unos
pocos permanecer y a los demás modificar sus actividades de supervivencia y medios de vida. Si bien
hay una profunda modificación de la economía campesina, esta no se dirige a la desaparición. Nuevas
estrategias son puestas en práctica, a manera de sobrevivencia, donde los actores locales,
(comunidades campesinas) que cuentan con poco potencial económico y tecnológico, desarrollan
mecanismos de adaptación a las nuevas condiciones del mercado. Estas nuevas condiciones generan
otras dinámicas entre los actores y el territorio, lo que algunos autores ( Guiarraca,2003, Pérez 2004,
Llambi, 2004) han denominado nueva ruralidad, término que surge en los años noventa del siglo XX,
en Europa se comenzaba a hablar de multifuncionalidad de la agricultura y pluriactividad de los
actores sociales.

Se establece una redefinición de lo rural, en la que se entiende como el territorio construido a partir del
uso y apropiación de los recursos naturales, donde se generan procesos productivos, culturales,
sociales, políticos, históricos e institucionales. La nueva visión de lo rural genera para la academia una
tarea de investigación y para el Estado y la sociedad en su conjunto la necesidad de responder con
políticas y estrategias acordes con la realidad emergente. Surgen nuevas interpretaciones para
abordar esas otras ruralidades emergentes, otros planteamientos de la nueva ruralidad que buscan
identificar por un lado, “nuevos” fenómenos y procesos, y por el otro, mostrar una forma distinta de
percibir y describir los espacios rurales y sus problemas contemporáneos y no la emergencia de
nuevos fenómenos (Riella y Romero, 2003), o se trata, como sostienen otros, del estudio de nuevas
políticas públicas para responder a nuevas situaciones en el campo, parte del análisis del territorio y
se centra en el desarrollo sustentable,(De Grammont,2004).

“El concepto de nueva ruralidad representa esta mutación (De Grammont, 2004) y en términos de
Méndez (2005:53) se trata de “mixturas entre el campo y la ciudad”. En las distintas formaciones
socioespaciales ha estado históricamente definido el papel de los habitantes rurales en cuanto a la
construcción y apropiación de su territorio. En este sentido autores como Oslender, retomando a
Agnew (1987:17) enfatiza tres elementos importantes a tener en cuenta:

1 La localidad afectada por procesos económicos y políticos,

2 La ubicación como territorio concreto y

3 el sentido de lugar el cual tiene una connotación subjetiva por parte de los actores. Son estos tres
elementos los que determinan las relaciones e interacciones sociales, dadas en un lugar influenciadas
por las estructuras políticas y económicas a nivel municipal, regional, nacional e incluso internacional.
Las nuevas funciones que han empezado a desempeñar los paisajes rurales según Mora (2007:2),
como recreación y principalmente como estilo de vida alternativo al citadino, los convierten en un
ámbito interesante para el análisis de opciones eco- amigables y socio- económicamente viables y de
producción social.

Es a partir del modelo económico, que se ve la prevalencia de las relaciones mercantiles que obligan a
los pequeños y medianos campesinos a integrarse en estructuras productivas asociativas más
amplias (agroindustriales o comerciales, redes regionales de productores). Se identifican dos
aspectos para hacer frente a la crisis, manifestada en las interacciones entre actores sociales urbanos
y rurales. En tanto que los primeros, buscan una salida a problemas de tipo ambiental y de expansión
territorial en los espacios rurales, los segundos buscan “estrategias” que contribuyan a minimizar los
impactos del modelo globalizado.

Siguiendo con Ellis F (1999) ha adoptado el nombre de estructura de las estrategias de vida sostenibles
y considera que se aplica de la misma forma a las estrategias de supervivencia urbanas y rurales. Al
decir de Thierry Linck (2001:4) cobra sentido un nuevo desafío: construir alternativas de competitividad
sacando provecho del desenvolvimiento de nuevas interacciones entre la ciudad y sus áreas rurales
cercanas, así como de los vínculos de solidaridad y de simbiosis entre los residentes agricultores y
otros activos del espacio conurbano.

La dialéctica de la globalización del agro, que asocia integración dependiente y exclusión, remite a un
patrón de relaciones ciudad/campo fundamentado en el auge de las comunicaciones y en el
predominio de una organización reticular por encima de los territorios. Así, las conductas territoriales,
más que responder a los vínculos de sus habitantes, son definidas por empresas globales sin
normativas ni controles ante un Estado prescindente, generando una relación de alta inestabilidad en
los territorios que usufructúan.

La pérdida de autonomía territorial es innegable, limitándose las posibilidades de un desarrollo


territorial propio y sustentable, definido localmente. Pero el territorio es también un espacio de
oportunidades y capacidades, soporte y escenario de la construcción de resistencia e innovaciones
colectivas. Recurso compartido que los actores pueden movilizar para responder a situaciones
adversas y llevar adelante emprendimientos empresariales y solidarios. Visto así, la apropiación social
y la gestión colectiva de los actores territoriales deberán expresar la piedra angular de una nueva
ruralidad sustentada en territorios vivibles, no expulsores. Territorios construidos socialmente, “desde
abajo”, con el poder de los actores colectivos, de organizaciones sociales representativas y los
movimientos sociales emergentes.

MARCO TEÓRICO

Las Nuevas Ruralidades (NR) generan un vínculo diferente entre los actores y sus territorios,
articulando los espacios locales en redes globales y globalizadoras. Por esto, la movilidad y la
diversificación de los actores del proceso productivo, la flexibilidad del capital y las redes de
comunicación definen espacios de producción atravesadas por fuerzas globales que los
reestructuran, generando una nueva lógica productiva convirtiéndoles en elementos clave de una
reorganización económica y socioespacial a escala local.
Entendida entonces la territorialidad, como las relaciones de inclusión/exclusión de actores y sus
intencionalidades hacia ese territorio (Raffestin, 1986), es que, la relación local-global (actores
nacionales e internacionales) y su inserción en los mercados mundiales, comienza con un proceso de
desterritorialización y un fenómeno de homogeneización a nivel de los actores y de los espacios al
mismo tiempo.
Consecuentemente y de manera rápida, se observa un proceso de diferenciación de los actores con
lógicas productivas distintas, acompañado por una concentración en el uso de la tierra, aunque no
necesariamente de la propiedad de la misma y la pérdida de calidad en términos de gestión pública de
los territorios locales implicando una tensión entre lo público y privado, por la ausencia de políticas
públicas de desarrollo local.
Se evidencia también una marcada multifuncionalidad del territorio modificando el vínculo
rural/urbano tradicional afectando de igual manera las relaciones de género como base para la
división del trabajo dependiendo de los intereses y necesidades de las mujeres y hombres afectando la
diversificación de las actividades productivas en los diferentes hogares rurales.
• PLURIACTIVIDAD

Uno de los elementos centrales para el desarrollo de esta nueva ruralidad es la noción de
pluriactividad, concepto que para Schenider (2009) fue abordado inicialmente teniendo en cuenta las
diferentes combinaciones de trabajo e ingresos observadas en los agricultores familiares, ya que éstos
tenían una doble actividad, con ciertas características a tener en cuenta, como por ejemplo; el hecho
de que la actividad rural se realizaba solamente a tiempo parcial, mientras que la nueva actividad se
realizaba fuera del predio y no estaba vinculada a la actividad rural. La combinación de actividades
productivas a sido siempre recurrente en el medio rural, sin embargo en la actualidad, la característica
diferencial radica en que esta forma ha dejado de ser un recurso ocasional y temporal para convertirse
en una estrategia utilizada por las familias rurales para ingresar al mercado de trabajo, que
generalmente es acompañado por un proceso social de mercantilización que implica la inserción
creciente de individuos y familias a través de diferentes formas de intercambios mercantiles.
Se pueden distinguir dos tipos de pluriactividad: agraria y no agraria teniendo en cuenta el espacio
donde se desarrollan.

La primera, se encuentra en contextos económicos caracterizados por escasas oportunidades


laborales, distintas a las que ofrece el sector no agrario; por lo tanto, en este caso, las actividades
agrícolas y ganaderas, representan en forma exclusiva la fuente de ingreso y el sostén de la dinámica
del desarrollo territorial de las familias rurales. En ese contexto, los pequeños agricultores y los
miembros de sus familias alternan las actividades en su explotación con las realizadas en otras
explotaciones, bien como asalariados, bien como trabajadores autónomos. Una variante de este tipo
de pluriactividad agraria seria la protagonizada por aquellos pequeños agricultores y su familia que, sin
salir del marco de sus explotaciones, diversifican las actividades aprovechando los recursos naturales
de su entorno y añadiendo nuevo valor a los productos agrícolas y ganaderos que obtienen en sus
granjas familiares. Hay que tener en cuenta que no se consideran como actividades pluriactivas las
explotaciones en las mismas son complementarias y solo tienen por objeto atender al autoconsumo
familiar.

El segundo tipo de pluriactividad, la no agraria, está asociada al proceso de unificación de los


mercados de trabajo tanto agrícola y no agrícola como urbano y no urbano. Un claro ejemplo de este
tipo está formado por: los miembros de las familias rurales que desarrollan actividades laborales de
forma. Está asociada, además, al proceso de unificación de los mercados de trabajo tanto agrícola y
no agrícola como urbano y no urbano. Un claro ejemplo de este tipo está formado por: los miembros
de las familias rurales que desarrollan actividades laborales de forma regular y estable en empresas
relacionadas con el comercio, la industria o con el sector de servicios, ubicadas en el espacio rural o
en las áreas urbanas circundantes más cercanas. ¨En este segundo caso, la pluriactividad la realizan
los miembros de la familia, pues los ingresos procedentes de esas actividades no agrícolas se destinan
a financiar el propio proyecto familiar y no los proyectos individuales de cada uno de sus miembros¨
Sacco Dos Anjos, F. y Velleda Caldas., N. (2007)
INCIDENCIA DE LA PLURIACTIVIDAD EN EL TERRITORIO URUGUAYO.

Una tercera parte de los hogares uruguayos tienen a todos sus miembros vinculados a actividades no
agrícolas. Se manifiesta la importancia que adquieren estas actividades en la dinámica territorial en el
medio rural ya que menos de la mitad de los hogares tiene a todos sus miembros dedicados a
actividades agropecuarias. Estos resultados coinciden en destacar la importancia del empleo no
agrícola en el medio rural reseñada anteriormente.
El porcentaje de hogares pluriactivos aumenta considerablemente en Uruguay, pasa de 18,6 a 30,7% si
tenemos en cuenta sólo aquellos hogares que cumplen con la condición de tener más de una persona
activa, puesto que es en ellos donde efectivamente puede darse la conjunción de diferentes
actividades entre sus integrantes. Esto podría estar indicando en principio que a más miembros
ocupados en los hogares rurales habría mayor tendencia a combinar actividades agrícolas con no
agrícolas entre sus integrantes.

• HETEROGENEIDAD

En las políticas y proyectos de desarrollo rural, casi siempre, se ha desconocido la heterogeneidad de


los territorios, de los pobladores y de los sistemas productivos. Ello ha contribuido a que se diseñe un
mismo programa para toda una región o un país, sin tener en cuenta las diferencias que pueden
conducir al éxito o al fracaso de los proyectos.
La emergencia o incremento de una gran variedad de actividades distintas a la actividad agrícola y la
disminución del peso relativo de esta última en términos de su participación en el producto y en la
población económicamente activa, se presenta como uno de los rasgos novedosos más
sobresalientes.
Creciente heterogeneidad ocupacional, pluriactividad, desagrarización de lo rural, multiocupación,
terciarización, multiactividad o simplemente pérdida de la centralidad y declive de la agricultura han
sido los nombres con que ha sido designado este fenómeno.
En nuestro país las NR, en términos del espectro productivo y ocupacional, estaría compuesta por una
diversidad de actividades entre las que se destacan, además de la agricultura, las siguientes:
• La agroindustria;
• Actividades no agrícolas ligadas a la residencia (fabricación de conservas, muebles, flores).
• Servicios relacionados con el entretenimiento (turismo rural, agroturismo, aportes al
mantenimiento y desarrollo de la cultura, etc.) y espacios para el descanso.
• Actividades de pequeñas y medianas empresas manufactureras.
• Extracción, oferta y cuidado de los bienes de la naturaleza (minería, entre otras).
• Ganadería.
• Caza y pesca (en algunos lugares relacionadas también con el turismo rural).
• Comercio.

• DIVERSIFICACIÓN

El deterioro de la competitividad de numerosos sistemas agrarios tradicionales (agricultura familiar y


pequeñas empresas agropecuarias) explica en parte la incidencia de la pobreza rural de los últimos
años a la cual Uruguay no es ajeno.
Los productores tradicionales han tenido dificultades para transformar sus sistemas productivos,
hacerlos más competitivos y vincularlos a mercados dinámicos. A esto han contribuido las fallas de
los mercados rurales de factores, bienes y servicios (tierra, agua, empleo, capital, tecnología) que
muestran sesgos negativos hacia los pequeños productores y la población pobre.

En el contexto citado es que aparecen nuevas actividades en el sector agropecuario. Según Barrera, E
(2006) la diversificación de la agricultura ha sido un patrón de la década en todo el mundo, pero
especialmente entre los productores de menor escala, quienes crecientemente pierden
competitividad para la producción de commodities a pesar del incremento de los precios de estos.

En América Latina y por ende en Uruguay, se observa un aumento notable de las exportaciones
agropecuarias no tradicionales tales como productos orgánicos, frutas, flores y hortalizas, que se
caracterizan por una alta intensidad en el uso de mano de obra; un mayor valor agregado; y una
ampliación y diversificación de las actividades económicas rurales no agropecuarias.
La modificación de la función productiva tradicional de muchas empresas agropecuarias ha surgido
básicamente por dos causas:
• Diversificación del riesgo
• Necesidad de generación de ingresos adicionales a los agrícolas
Las más comunes modificaciones de la función de producción son las siguientes:
• Incorporación de nuevas actividades agrícolas
• Compra de tierras
• Incorporación de actividades no agrícolas y servicios

• RELACIÓN DE GÉNERO –

Las transformaciones rurales impactan sobre las relaciones entre hombres y mujeres de diferentes
edades al interior del hogar. (Xanga et al, 2011) en donde se han afectado algunos aspectos:
• La distribución de las actividades tanto productivas como reproductivas
• El proceso de toma de decisiones sobre los recursos y las actividades
• Las contribuciones de hombre y mujeres al ingreso del hogar
• El reconocimiento explícito del trabajo de las mujeres rurales
• Las percepciones sobre ciertas características y habilidades de hombres y mujeres (cuidado
de los niños, manejo del dinero, esfuerzo físico y cantidad de tiempo invertido en dichas
actividades)
Estos aspectos que surgen al tratar de entender las transformaciones de las relaciones de género en
los territorios rurales, dependen de lo que sucede:
• en el interior de los hogares
• en los espacios institucionales: comunidad, mercado y Estado
• en la interacción entre ellos.
Este análisis identifica las restricciones y aspectos de género que faciliten o impiden al acceso y
control sobre recursos y actividades de los hombres y las mujeres y se pueden determinar cómo los
intereses/necesidades de los miembros de las familias son satisfechos.
• MUNTIFUNCIONALIDAD –

A partir de las NR se abandona la visión tradicional entre lo rural y lo urbano y se analizan las
relaciones económicas, sociales, políticas, culturales y ambientales que se dan entre ellos causantes
de:
• migraciones en ambos sentidos,
• urbanización de las áreas rurales
• rururbanización de las ciudades
• uso de zonas rurales como primera o segunda residencia
• conurbanización

El territorio, adquiere nuevas dimensiones, las relaciones que los seres humanos establecemos con él
cambian, hoy incluyen nuevas formas de pensar, de sentir y de actuar frente al medio que nos. Frente a
esta perspectiva, adquiere nuevos significados “lo rural”.
De esta forma, el territorio emerge como una categoría de análisis que intenta dar cuenta de la serie de
transformaciones que traspasan los límites convencionales, asumiendo un enfoque integral,
transdisciplinario y desde lo local-global.

• TENENCIA DE LA TIERRA

1. CONCENTRACIÓN –
La cantidad de establecimientos agropecuarios tuvo una fuerte baja en los últimos diez años y la tierra
muestra una fuerte concentración en pocas manos, según datos del censo agropecuario 2011
presentados por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
De 2000 a 2011 la cantidad de establecimientos agropecuarios disminuyó en 12.241 hasta totalizar
actualmente 44.890. La inmensa mayoría de estos sigue estando en manos de uruguayos (37.637).
Otros 260 son de argentinos, 193 de brasileños y 305 de personas de otras nacionalidades.
De la disminución de 12.241 predios entre uno y otro censo, es llamativo que 7.493 eran ganaderos y la
mayoría eran explotaciones pequeñas de entre 1 y 19 hectáreas. En contrapartida, la agricultura de los
cereales duplicó su actividad: de 1.482 predios en el 2000 a 2.481 en 2011.

Si bien en el censo anterior no se relevó la concentración de la tierra, según los datos de 2011, el
55,5% de las explotaciones agropecuarias tiene el 4,5% de la superficie mientras que en el otro
extremo se ubica un 9,2% de las explotaciones que tienen el 61,3% de la superficie.
Por otra parte, otro dato presentado en el censo es que las personas jurídicas, dependencias del
Estado u otros elevaron su tenencia de tierras entre 2000 y 2011. En 2000 estos tenían el 0,9% del total
de las explotaciones (eran el 1% de la superficie) mientras que a 2011 pasaron a tener el 14,5% de los
establecimientos, lo que implica un 43,1% de la superficie.
Es destacable también que, en 60 años, la superficie destinada a la actividad agropecuaria sigue
siendo la misma pero la disminución de productores es algo que viene sucediendo desde hace años
(Fagúndez, D1, 2012). El director de Estadística Agropecuaria, Alfredo Hernández, reafirmó que "hay un
cambio en el perfil de los productores. Para ser productor de un rubro agrícola no es necesario tener

1
Director del Censo General Agropecuario
tierra, basta con tener la posibilidad de arrendar un campo, de contratar un servicio y tener una
empresa que le proporcione los insumos y puede administrar y ser muy buen referente desde el punto
de vista de su ganancia y desde el punto de vista productivo". (Presidencia 5/12/12)
La nota más relevante muestra una duplicación en el campo trabajado (16:227.088 hectáreas
actuales), para la mitad de la cantidad de dueños de la tierra (44.890, unos 12.241 menos que en el
anterior censo de 2000). Los propietarios uruguayos disminuyeron casi un 14% en la última década,
pasando de ser el 96,1% del total a un actual 83,8%
El 90% de la superficie explotada se distribuye en cinco rubros encabezados por:
• la ganadería vacuna de carne, y ganadería lechera,
• ganadería ovinos
• cereales y oleaginosos,
• forestación
• horti-fruti-vinicultura.
La diversidad de producción también está en aumento: 20 rubros actualmente producen el agro
nacional.
Al fenómeno de la concentración de la tierra, se suma el despoblamiento rural, en tanto se contrata a
los trabajadores en forma zafral, con preferencia a la permanencia en el campo de trabajo.
Ello está obedeciendo a un mayor control de las cargas sociales que deben pagar los dueños de la
tierra y que procuran evitar de forma permanente, así como a mejores vías de comunicación interna a
los campos, e incluso a las facilidades de compra de vehículos propios (motos principalmente) de los
trabajadores rurales que ahora viven en pueblos o núcleos urbanos cercanos.

2. EXTRANJERIZACIÓN DE LA TIERRA –
Entendida como el capital especulativo que se mantiene en su país de origen y que realiza una
inversión productiva o comercial. No considerando como extranjerización de la tierra cuando trata de
una inversión que viene de otro país, compra tierra y se instala para producir. En el censo agropecuario
del año 2000, 17% del territorio nacional había sido extranjerizado, dejando al lado las sociedades
anónimas.
En el año 1998 se aprobó una ley que permite a las sociedades anónimas comprar tierra pero no se
puede acceder a información sobre quiénes son los dueños y sus nacionalidades. "Entonces este 17%
es el mínimo, las sociedades anónimas no están incluidas en este porcentaje." (Aschkar, M. 2007)
Este proceso de adquisición se ha acelerado significativamente desde entonces, fundamentalmente
sobre la base de tres procesos:
1. La expansión del cultivo de soja en Uruguay, un cultivo que en el año 2000 era casi inexistente,
su producción masiva empezó en el año 2001 cuando se plantaron alrededor de 10 mil
hectáreas. El avance del frente agrícola sojero argentino sobre el territorio nacional responde
ante todo a las condiciones favorables que presenta la legislación uruguaya para que
empresarios argentinos puedan invertir y obtener beneficios económicos, hasta en el caso de
ser los rendimientos menores que en Argentina, los costos más bajos de producción
compensan las diferencias existentes
2. La forestación, en los últimos años ha sido tal vez el más explosivo, hay grandes empresas
multinacionales que han aumentado significativamente sus territorios, estas empresas
incorporan capitales españoles, estadounidenses y chilenos con diversas estrategias de
producción, en el caso del departamento de Río Negro se incorporaron capitales finlandeses
Los emprendimientos forestales y sojeros se relacionan con procesos de extranjerización de la
tierra, con objetivos que no condicen con la producción de alimentos que serían necesarios
para satisfacer la dieta alimentaria de la población nacional. Se vinculan con proyectos que
tienen como objetivos abastecer a los mercados internacionales con materias primas con bajo
valor agregado, por lo cual la mano de obra empleada en los procesos de transformación es
prácticamente inexistente.
3. El avance de la frontera agrícola arrocera brasilera sobre el territorio uruguayo, por las
condiciones favorables agroecológicos y el bajo precio relativo de las tierras agrícolas, como
también de inversión, además de la ayuda que permite sostener la producción mediante la
obtención de créditos de la banca nacional. La producción arrocera que es destinada
principalmente a la exportación hacia Brasil encuentra en la frontera Uruguay-Brasil un espacio
próximo al mercado de consumo y del corredor de transporte terrestre, que asegura una
rentabilidad adecuada para las inversiones realizadas. Es por ello que el 40% de la producción
nacional de arroz se vincula directamente a emprendimientos brasileros.

• ROL DEL ESTADO

A partir de 2005 el cambio de orientación política del gobierno nacional condujo a una redefinición de
los roles del Estado. A la luz de nuevos lineamientos políticos, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y
Pesca (MGAP) reasumió un rol protagónico en el diseño y la ejecución de las políticas públicas para el
sector, procurando un rol activo del Estado para avanzar hacia un Uruguay productivo con justicia
social. (Olascuaga, José Ignacio)
El desarrollo sustentable en el medio rural requiere de una visión estratégica que parte de la premisa
de definir políticas de Estado y un esfuerzo compartido entre la sociedad civil, los poderes públicos y el
mercado en la construcción de un Proyecto-Nación.

Estrategias básicas para un desarrollo rural sostenible desde políticas de estado son:
Reducción de la pobreza rural, Planificación integral territorial, Desarrollo del capital social,
Profundización de la descentralización y desarrollo institucional, Formulación diferenciada de
políticas, Ampliación de las oportunidades de acceso a activos productivos para el logro de la equidad,
Desarrollo político-social e institucional territorial, Incorporación de la dimensión ambiental en el
desarrollo y el manejo sostenible de los recursos naturales y ecosistemas frágiles, Tratamiento de los
desastres naturales y Estrategia laboral rural.
Las políticas agropecuarias en Uruguay, a partir de la anterior y la actual administración de gobierno,
han definido la importancia de trabajar en los temas de desarrollo rural con una visión estratégica de
mediano y largo plazo.

• CONCLUSIONES

Después de varias décadas de neoliberalismo, en las que se puso énfasis en el crecimiento


productivo, los asalariados rurales y la agricultura familiar fueron ignorados por parte del Estado
fomentando el éxodo rural, acompañado por la difusión y adopción de diversos procesos técnicos
ahorradores de fuerza de trabajo, lo que generó desempleo y redujo la capacidad de competencia de
la producción familiar en relación a la capitalista, iniciando el proceso de desaparición del medio rural
uruguayo. Piñeiro y Moraes, (2008) sintetizan los movimientos recientes del siguiente modo:
• una menor demanda de fuerza de trabajo por el agro;
• un proceso de precarización de la fuerza de trabajo asalariado;
• una creciente urbanización de los trabajadores agrícolas;
• una menor contribución de la fuerza de trabajo familiar al conjunto de la oferta

Ante las nuevas condiciones impuestas por la “globalización”, surge una nueva realidad, denominada
“Nueva Ruralidad” que se encarga de establecer y describir una serie de actividades que van más allá
de lo agrario.
El desarrollo de rubros productivos que no están destinados a satisfacer la demanda alimentaria de la
población nacional, sino que se destinan mayormente a la exportación, están disminuyendo los grados
de libertad de la sociedad uruguaya para construir un país productivo y equitativo.

En el marco de un modelo de crecimiento que ha promovido las cadenas agroexportadoras, el


aumento sostenido de la venta de tierras, la extranjerización y la transnacionalización de las empresas
agropecuarias se agudizan los procesos de concentración y desplazamiento de los productores
familiares que van restringiendo el uso del suelo a actividades directamente vinculadas a la
producción de alimentos y a la soberanía alimentaria (Achkar et al., 2004b).

La soberanía alimentaria integra, dentro de sus principios más importantes integra el


autoabastecimiento de alimentos sanos y nutritivos mediante la utilización de tecnologías apropiadas
(Achkar, 2005). Por otra parte, una planificación territorial que presente como objetivo principal el
avance hacia el logro de la soberanía alimentaria necesariamente integra las dimensiones tecnológica
y espacial. Como afirma Santos (2000): “Es sabido que la principal forma de relación entre el hombre y
la naturaleza o mejor, entre el hombre y el medio, viene dada por la técnica. Las técnicas constituyen
un conjunto de medios instrumentales y sociales, con los cuales el hombre realiza su vida, produce y,
al mismo tiempo crea espacio”.

La construcción de escenarios sustentables debiera contemplar prioritariamente la seguridad y


soberanía alimentaria de la sociedad uruguaya con criterios de igualdad y justicia social, a partir de
sistemas integrados de producción agrícola que garanticen el acceso democrático a la tierra y brinde
oportunidades al conjunto de la sociedad rural para la permanencia en el campo. Al mismo tiempo
que, la implementación de tecnologías adecuadas con los sistemas ambientales diversos en el
territorio nacional podría facilitar una gestión integral de los mismos.

La modernización agropecuaria/agroindustrial actual no resuelve los problemas de pobreza ni de


integración social. A pesar de la disminución sostenida de la pobreza a partir de 2005, el modelo
dominante no ha logrado, hasta el momento, generar condiciones de inclusión de un segmento
importante de la población rural en el patrón dinámico que se va consolidando. (Fagro 2010)

El espacio agrario uruguayo requiere de forma urgente una rigurosa planificación productiva, que le
permita progresivamente encaminarse hacia otro ordenamiento territorial que posibilite empezar a
maximizar sus potencialidades, y realizar un aprovechamiento sustentable de los bienes de la
naturaleza (Sejenovich y Panario, 1998).
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