1.
El Sombrerón
Se le conoce como Tzipitío, Tzipe, Sombrerón o Duende. La palabra tzi viene
del quiché y se traduce como perro. Aunque podría provenir del náhuatl
tzitzimitle, que significa demonio. El Tzitzimite es “un hombrecito muy
pequeño, vestido de negro, con un gran cinturón muy brillante. Tiene un
sombrero negro, pequeño también, y unas botas con tacones que hacen
ruidito”. A este personaje le gusta “subirse a los caballos y hacerles nudos en
la cola y en las crines. Estos nudos, que son así de menuditos, ‘cuesta un
bigote’ deshacerlos’”.
Al Tzizimite también le agrada perseguir y molestar a las mujeres de pelo largo
y ojos grandes. Cuando le gusta alguna muchacha, no la deja ni a sol ni a
sombra: se le aparece en las noches cuando está dormida, y después de
haberle enredado el pelo, le baila y le canta con su guitarra. De acuerdo con la
idea popular, el Tzizimite tiene la altura de un dedo de la mano y cabe
escondido en la almohada. Es un espíritu juguetón y doméstico. Su sombrero
es tan grande que tiene que arrastrarlo, recorriendo a la hora del crepúsculo
ciudades y campos. Cuando encuentra a la mujer de sus amores, amarra sus
mulas al primer poste que encuentra, descuelga su guitarra que lleva al
hombro y empieza a cantar y bailar.
2. La Llorona
La Llorona, a quien describen como una mujer vestida de blanco, se aparece,
por lo regular, en lugares con alguna afluencia de agua como ríos, lagos o
lagunas. Las personas narran que era una mujer que sufrió un delirio mental y
ahogó a sus hijos. Como castigo de Dios, vaga por la eternidad buscándolos, y
hay más de alguien que escucha su terrorífico grito “¡Ay mis hijos!”. En la
actualidad, dicha narración se ha ido transformando y adaptando como un tipo
de denuncia hacia el maltrato que reciben las mujeres. Según narraciones de
habitantes de Amatitlán, La Llorona era una mujer que era víctima constante
de violencia por parte de su esposo, hasta que llegó el día en que los golpes
fueron tan severos que acabaron con la vida de la pobre mujer. El marido, para
ocultar su crimen, la lanzó al Lago de Amatitlán, y luego huye con sus hijos
hacia la capital. El alma de la pobre madre no descansa en paz, por lo que
siempre se le escucha gritando desconsolada en búsqueda de sus hijos.
3. La Siguanaba
El nombre de Siguanaba se deriva de tziguán, que significa barranco en
quiché. La Siguanaba se hace seguir por los hombres y luego de una larga
persecución, los pierde en algún barranco. No muestra la cara, pero lo hace
cuando ya se ha “ganado” —arrebatado el alma— al hombre quien se perturba
al ver que es de caballo. Cuentan en la colonia El Incienso, zona 3 capitalina,
que Juan, un albañil que emigró del Quiché, cada vez que recibía el pago de la
semana, se lo gastaba en licor. Un día, rumbo a su casa, ubicada cerca del
tanque que abastecía de agua a la referida colonia, iba caminando
rápidamente bajo los efectos del alcohol. Un vecino interrumpe su andar y le
pregunta: “Vos, Juan, ¿a dónde vas con tanta prisa?”, a lo que él responde
apenas articulando palabras: “Mirá, esa hermosa mujer me está llamando, voy
a ver para qué me quiere. ¡Está rechula!”. El vecino se quedó pensando que
Juan estaba viendo visiones. Al otro día, encontraron al pobre Juan ahogado en
un lugar que los lugareños llaman “la presa”. Esta es la leyenda de la mujer
que llama a los hombres borrachos y mujeriegos para “ganárselos” y perderlos
por los barrancos.
4. El Wiin
Sobre leyendas relacionadas con el diablo, en el municipio de El Asintal,
Retalhuleu, cuentan que hay hombres que invocan al diablo en rituales
llevados a cabo en el cementerio de la localidad, que consisten en oraciones y
danzas, en las que giran el cuerpo hacia delante y hacia atrás. Cuando el
diablo aparece, le puede conceder a la persona el don de la transformación,
para que le permita robar animales de patio, objetos de valor o molestar a las
mujeres, especialmente, a las solteras o a las casadas que se quedan solas
porque el esposo emigró hacia Estados Unidos. A ese hombre se le conoce
como El Wiin. Algunos lugareños lo han visto transformado en forma de perro,
sentado en medio de la carretera. Se le reconoce por sus ojos que no son de
humano ni de animal, sino dos bolas de fuego que atemorizan a quien lo ve.
5. El Cadejo
Es el espíritu que cuida el paso tambaleante de los borrachos. Guardián de los
hijos de Baco, “es un animal en forma de perro negro, lanudo, con casquitos
de cabra y ojos de fuego. Su tarea es perseguir y cuidar que no les pase nada
a los ‘bolos’ que se quedan tirados en las calles. Sigue a los que están en
peligro y los deja cuando este ya ha pasado”. Pero si bien El Cadejo es un
espíritu protector, debe tenerse cuidado con él, pues al beber demasiado y con
frecuencia, “lo puede ‘trabar’, pues si se lo encuentra a uno tirado y le lame la
boca, ya lo ‘jodió’ para siempre, pues entonces uno jamás se compone. El
Cadejo acostumbra a seguir por nueve días al hombre que le ha lamido la boca
y no lo deja en paz. No es un espíritu perjudicial. No ataca, sino solo en casos
extremos, por lo que no es motivo de pánico encontrarse con él. Hay plegarias
específicas para atraer la gracia protectora de El Cadejo. En Petén aparece
como cadejo blanco, que cuida a las mujeres. Por esa zona El Cadejo “es un
chucho blanco, lanudo y grande, que acompaña a las mujeres cuando van a
acarrear agua”.
6. La Tatuana
Es una de las más bellas leyendas del folclore narrativo de América. Según
versiones del folclor histórico, La Tatuana era una mujer real que vivió en
época colonial y en la década de 1830, durante el gobierno de Rafael Carrera,
según la obra Leyendas populares de aparecidos y ánimas en pena de
Guatemala, de Celso Lara (2002). Era una bruja condenada por la Inquisición a
ser quemada viva en la Plaza Mayor de Santiago de Guatemala, que fue
arrestada por orden del Capitán General y encerrada en una bartolina. “La
Tatuana pidió una gracia: que le fuera entregado un pedacito de carbón. Así lo
hicieron los soldados. Al tener en sus manos el trozo de carbón, dibujó en la
pared un barquito, se subió en él y voló por entre los barrotes. Al entrar los
guardias para llevarla a la hoguera, lo único que encontraron fue un terrible
hedor a azufre. Se la ‘había ganado’ el diablo”, se expone la obra. Era una
bruja que dominaba todas las artes de la magia negra y era amiga del
demonio. En el siglo XIX la leyenda tenía plena vigencia. El historiador Antonio
Batres Jáuregui hizo mofa de ella diciendo que era uno de esos espantos que
no solo quitaba el sueño a los niños sino también a los adultos.
7. La gitana Vanushka
Tumba de la gitana Vanushka, en el Cementerio General de Quetzaltenango. Foto: Hemeroteca PL
Las leyendas también se han inspirado no solo en eventos del más allá, sino en
la pena o dolor de un personaje que vivió en la realidad, como el caso de la
gitana Vanushka, en Quetzaltenango. Cuentan que ella era una hermosa
mujer, alta, de tez blanca y ojos claros, y que se estableció en el país junto con
su familia de gitanos que entretenían a la población con espectáculos
circenses. A una de las presentaciones asistió el hijo del gobernador de la
región, quien se enamoró de ella. Le prometió casarse y formar una familia,
pero, al final, la abandona. Muere acongojada por el despecho amoroso y como
recompensa, la Virgen del Rosario le concede el don de abogar por los
enamorados para les ayude a encontrar el amor verdadero, que ella no gozó.
La tumba de la gitana Vanushka, en el Cementerio General de la ciudad
altense, es muy visitada por los enamorados, quienes le llevan flores.
. 8. Leyenda de Cadejo
En Guatemala existe la leyenda del Cadejo, pero lo particular es que se dice que hay dos.
Uno de los cadejos es blanco, y representa la bondad, y el otro es negro, que hace
referencia a la maldad. En los dos casos los cadejos tienen forma de perro y solo saldrán
por las noches.
La leyenda cuenta que hace mucho tiempo había un hombre bastante joven. Este quiso
asustar a su padre para que ya no bebiera más alcohol, porque siempre llegaba a la casa
sin saber ni su propio nombre. Además, golpeaba a su esposa y al hijo esto no le parecía
bien, así que decidió que aquello tendría que parar.
Para intentar asustar a su padre, el joven se disfrazó de perro y esperó silente a que su
padre pasara borracho. En el momento en el que lo vio, el joven saltó y asustó casi de
muerte al señor. Pero aquella lección no había sido suficiente, porque el padre una vez se
repuso, comenzó a tomar otra vez como si nada hubiera pasado.
El hijo, creyó conveniente seguir asustando a su padre para intentar darle una lección,
pero cada noche que lo asustaba, el padre seguía yendo a tomar. Hasta que un día, el
padre tomó la decisión de enfrentar al animal, ya que estaba muy cansado de que lo
asustaran.
Esa noche, como todas, el perro saltó de su escondite para asustar al hombre, y este
sacó un cuchillo. Cuando el joven vio aquello, se despojó de su disfraz y el padre se
molestó. Era tanta su ira que decidió maldecir a su hijo diciéndole que tenía que
acompañar a todos los que caminaran de noche.
Y así, se creó el cadejo blanco, que se encarga de acompañar a las personas durante la
noche para brindarles protección. Pero este es bueno si son buenos con él, porque si
alguien le hace daño, el cadejo les atacará.
9. Leyenda de Xocomil
La leyenda cuenta que antes de que el Lago Atitlán existiera, había 3 ríos. Estos eran
bastante caudalosos y se unían en centro de los tres gigantes. Aquel sitio era hermoso y
se decía que estaba cargado de suerte.
Por las mañanas, la hija del cacique de la aldea iba hasta ese lugar a tomar un baño. El
nombre de la chica era Citlatzin que en español significa “Estrellita”. Esta muchacha era
conocida por tener una belleza inigualable, y una voz muy dulce para el canto.
Se dice que su voz era tan bella que hasta los ríos estaban perdidamente locos de amor
por ella, tanto que la esperaban cada mañana para escucharla. Al ser tan bella, la chica
tenía muchos pretendientes, pero mantenía compromiso con el hijo de un cacique de la
aldea.
El gran problema es que Citlatzin estaba enamorada de Tzilmiztli que era un plebeyo. Al
ser la chica hija de un cacique, y su enamorado un plebeyo, esto era un amor imposible y
prohibido, pero estos tenían claro que su amor era más importante que cualquier otra
cosa.
Todos los días, los enamorados iban a tomar un baño en el río. Y era tanto el amor que
Citlatzin sentía por el plebeyo que dejó de cantar en el río. Esto hizo que los ríos se
preocuparan muchísimo y decidieron preguntarle al viento que pasaba y el viento les
contó todo y aquello hizo enojar a los ríos.
Al instante los ríos comenzaron a tener celos y se pusieron de acuerdo con el viento para
que en el momento en el que el plebeyo se metiera al agua, soltaría un fuerte viento para
hacer ahogar al joven. Y así hicieron, el viento se puso en acción y el plebeyo comenzó a
ahogarse. La chica al ver esto, decidió meterse al agua para ahogarse junto a su amor. Y
cuando los ríos se percataron de lo que pasaba, se molestaron mucho más haciendo
unas fuertes corrientes que crearon el lago de Atitlán.
10. Leyenda del Niño Julián
En la Avenida Reforma se sitúa una de las leyendas más interesantes de toda
Guatemala, pues se dice que todas las noches se pueden escuchar diferentes gritos,
junto a los de las espuelas de caballos muy grandes. Y según lo que comentan los
abuelos, se trata de la leyenda del niño Julián.
Esta leyenda tiene orígenes específicamente en 1912. En ese momento, Alfonso era un
chofer que se encargaba de brindar transporte a los estudiantes que estaban en el centro
histórico. Un día, cuando hacía el recorrido como era normal, recibió un susto de muerte.
Se dice que aquel día, Alfonso había tenido una excelente racha, y había ganado
bastante dinero, así que decidió celebrar. Para ello se fue directo a una cantina y se bebió
todo el dinero que había ganado ese día.
Cuando ya no tenía dinero, decidió que era momento de irse a casa. Y cuando iba en
camino, escuchó la voz de un niño, este le pedía que le diera un paseo por la Avenida
Reforma. Al hombre esto no le pareció algo malo, así que lo llevó con él, pero en realidad
aquel niño era el niño Julián, un espectro que se llevó a Alfonso al más allá y lo convirtió
en un alma en pena que aún está en la zona.