1 Conceptos básicos
1.1. INTRODUCCIÓN
La economía, como ciencia, se ha desarrollado, en términos matemáticos, a
lo largo del último siglo. Sin embargo, como campo de estudio, ya era centro de
atención incluso en la antigua Grecia. La economía estudia la asignación de los
recursos escasos. Si los recursos no fueran finitos, limitados, no sería necesaria
su existencia. Podríamos conseguir cualquier cantidad de bienes sin preocupar-
nos de que los procesos productivos necesarios para ello fueran eficientes. El
agua, el petróleo, la madera, los minerales, incluso la luz del sol, son todos re-
cursos escasos, y por eso que tenemos que hacer un uso eficiente de ellos mini-
mizando los gastos y maximizando los resultados obtenidos.
Dentro de la ciencia económica existen dos grandes áreas: la microeconomía
y la macroeconomía. La microeconomía, que es la que nos ocupa este libro, trata
de estudiar las decisiones de los agentes individuales, esto es, los consumidores, los
productores y el Estado. Por otro lado, la macroeconomía estudia el comporta-
miento global de la economía mediante variables agregadas, que representan regio-
nes o países enteros.
Uno de los primeros conceptos que debemos conocer en microeconomía es
el de coste de oportunidad, por lo que vamos a definirlo en esta pequeña intro-
ducción, dado que será un instrumento recurrente a lo largo del resto de capí-
tulos. El coste de oportunidad nos dice el valor de la mejor opción a la que renun-
ciamos cuando tomamos una decisión. Puede parecer poco relevante a priori,
pero todas las decisiones que tomamos en nuestro día a día se basan en esta
idea, aun sin darnos cuenta. Por ejemplo, tú mismo, que estás leyendo estas lí-
neas con tanto interés, seguro que tenías varias opciones alternativas. Tenías la
opción de ir a hacer deporte, de ir trabajar, de ver una película, de jugar al or-
denador o, incluso, de estudiar otras materias. Sin embargo, has decidido leer
este libro, seguramente porque de entre todas las opciones es la que más te
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convenía. Puede que pienses que leerlo sea gratis, porque no tienes que pagar
por ello una vez comprado, pero esto no es del todo cierto, porque para hacer-
lo has tenido que dejar de hacer todas las cosas que hemos enumerado previa-
mente. Pongamos como ejemplo que la mejor alternativa hubiera sido la de ir a
trabajar, a cambio de un salario de 50 unidades monetarias. Entonces leer este
libro no habrá sido gratis, sino que te ha obligado a renunciar a 50 unidades
monetarias, y en términos económicos eso es lo que se conoce como un coste de
oportunidad. Es cierto que no has tenido que pagar 50 unidades monetarias
para leer el libro, pero sí has dejado de ganarlas, que viene a ser lo mismo.
Vamos a ver un ejemplo para comprender mejor el concepto.
EJERCICIO 1. El coste de oportunidad
Un individuo tiene tres posibles alternativas a realizar durante este año.
La primera es matricularse en la universidad para cursar Economía. La se-
gunda opción es aceptar un trabajo por el que recibiría un salario de 9.000
unidades monetarias. La tercera es realizar un viaje alrededor del mundo por
el cual no tendría que pagar nada porque le ha tocado en un sorteo, aunque
estaría dispuesto a abonar hasta 11.000 unidades monetarias por él.
a) ¿Cuál es el coste de oportunidad de estudiar en la universidad?
b) Si valorase la universidad en 8.500 unidades monetarias, ¿cuál sería
el coste de oportunidad de aceptar el trabajo?
Solución
a) El coste de oportunidad es el valor de la mejor opción a la que renun-
ciamos. Si tomamos la decisión de dedicar el año a estudiar en la universidad,
estamos renunciando a dos posibles alternativas, pero como solo podemos hacer
una de las dos, para el cálculo del coste de oportunidad únicamente tendremos
en cuenta la de mayor valor, es decir, el viaje alrededor del mundo, que valora-
mos en 11.000 unidades monetarias. Aunque es cierto que no tenemos que des-
embolsar ese dinero para poder estudiar en la universidad, sí que debemos re-
nunciar a un viaje que subjetivamente valoramos en 11.000 unidades monetarias
y que, por tanto, estamos dejando de obtener.
Coste de oportunidad de estudiar en la universidad = 11.000 euros
b) Si decidiéramos dedicar el año a trabajar, la respuesta sería la misma
que la del apartado anterior. Tenemos dos alternativas: estudiar en la universi-
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dad, que nos reportaría 8.500 unidades monetarias, y viajar alrededor del mun-
do, que valoramos en 11.000 unidades monetarias. Como la mejor alternativa es
la segunda, tendremos que:
Coste de oportunidad de trabajar = 11.000 euros
1.2. EL ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO
Ahora que ya conocemos el concepto de coste de oportunidad, podemos
utilizarlo para analizar nuestra toma de decisiones. Cuando tomamos una de-
cisión, por pequeña que esta sea, tenemos en cuenta una amplia variedad de
factores que influyen en ella, como los costes en los que incurrimos (dinero,
tiempo, etc.), el valor de las demás alternativas, la satisfacción que nos repor-
ta, etc.
Vamos a definir como costes explícitos todos aquellos costes en los que incu-
rrimos cuando tomamos una decisión. Por ejemplo, si decidimos matricularnos en
la universidad, incurrimos en costes como el pago de la matrícula, la compra de
libros y otros materiales, el transporte, etc.
Por otro lado, es posible que algunos de ellos sean costes irrecuperables, es
decir, costes en los que hemos incurrido previamente a la decisión y ya no podemos
recuperar. Este sería el caso de la matrícula de la universidad, que realizamos al
principio del curso y que no podemos recuperar si decidimos abandonarlo. Eso
no pasa con los gastos de material o transporte, que, al no haber sido pagados
por adelantado, cuando llegue el momento no tendremos que abonarlos si no
queremos.
Así pues, los costes totales serán la suma de todos los costes en los que incu-
rrimos a la hora de tomar una decisión, exceptuando los costes irrecuperables, que
no deben influir en nuestras decisiones porque las llevemos a cabo o no, son
costes perdidos, que no recuperaremos.
Costes totales = Costes explícitos + Coste de oportunidad – Costes irrecuperables
CT = CE + CO – CI
Nota: los costes irrecuperables aparecen dos veces en la fórmula, primero su-
mando como costes explícitos y luego restando como costes irrecuperables, porque
no deben influir en nuestras decisiones.
En resumen, los individuos, a la hora de tomar decisiones, ponemos en un
lado de la balanza los costes, y en el otro, los beneficios. Si los beneficios de
cierta decisión son mayores que los costes, la llevaremos a cabo.
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EJERCICIO 2. El análisis coste-beneficio
Un individuo tiene la opción de irse de vacaciones la semana que viene.
Si lo hace, renunciará a su salario, que sería de 500 unidades monetarias. Ha
comprado ya el billete de avión, que le ha costado 350 unidades monetarias,
que no puede recuperar aunque cancele el viaje. Los gastos de estancia y alo-
jamiento ascienden a 800 unidades monetarias. Le apetece mucho realizar di-
cho viaje, tanto, que lo valora en 1.200 unidades monetarias.
a) ¿Cuál es el coste total del viaje?
b) ¿Realizará el viaje?
c) ¿Cuál es el valor mínimo que debería tener el viaje para que decidie-
se hacerlo?
Solución
a) En primer lugar, vamos a identificar los distintos tipos de costes a los
que se enfrenta el individuo. Costes explícitos son aquellos en los que incurre
para realizar el viaje, esto es, el billete de avión, los gastos de estancia y el alo-
jamiento. De ellos, el billete de avión es, a su vez, coste irrecuperable. Por últi-
mo, tenemos como coste de oportunidad el sueldo que cobraría en caso de
quedarse trabajando. Aplicando la fórmula, obtenemos lo siguiente:
Costes totales = Costes explícitos + Coste de oportunidad – Costes irrecuperables
CT = CE + CO – CI = 350 !#" +# $ + 500
800 ! = 1.300
! – 350
CE CO CI
b) Aquí es cuando realizamos el análisis coste-beneficio propiamente di-
cho. El coste total del viaje es de 1.300 unidades monetarias. Por otro lado, la
valoración subjetiva de dicho viaje que hace el individuo es de tan solo 1.200
unidades monetarias. Por tanto, no debería realizar el viaje, ya que el coste es
mayor que la satisfacción obtenida.
c) Como mínimo, para que el individuo decidiese hacer el viaje, debería
reportarle 1.300 unidades monetarias, que es el coste total de esta opción.
1.3. LA EFICIENCIA TÉCNICA
Normalmente, en microeconomía, para simplificar el estudio, decimos que
los productores, a la hora de producir bienes, tienen a su disposición tres facto-
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res productivos: tierra (T ), trabajo (L) y capital (K ). Por factor tierra nos refe-
rimos no solo a la superficie en la que producimos, sino también a todos los
recursos naturales y minerales de que nos provee. Es lógico pensar que anti-
guamente el acceso al factor tierra fuera limitado en ciertos sentidos, pero en
los últimos siglos las mejoras en la eficiencia tecnológica y el transporte han
hecho que sea un recurso prácticamente ilimitado, y por eso solo consideramos
los factores trabajo y capital variables de decisión del proceso productivo de las
empresas.
Decimos que un proceso productivo es ineficiente respecto a otro siempre que
utilice la misma cantidad de ambos factores (o más) para producir una cantidad
de bienes igual o inferior. El resto de procesos productivos serán sencillamente
eficientes.
El concepto de eficiencia técnica, como muchos otros conceptos, se com-
prende mucho mejor con un ejemplo práctico, que exponemos a continuación.
EJERCICIO 3. La eficiencia técnica
En la siguiente tabla disponemos de una serie de técnicas de producción (A,
B, C y D), las cuales utilizan trabajo (L) y capital (K ) para producir una cierta
cantidad de un determinado bien (x). Determine cuáles de ellas son eficientes.
Técnica Trabajo Capital Producción
A 3 5 8
B 3 6 9
C 2 4 3
D 4 5 8
Solución
La mejor estrategia que podemos utilizar para resolver este problema es la
de comparar las técnicas productivas de dos en dos. Como vamos a ver a con-
tinuación, no es posible deducir cuáles de ellas son eficientes, por lo que identi-
ficaremos cuáles son ineficientes y daremos por hecho que las restantes son
eficientes, ya que no son ineficientes.
— Si comparamos las técnicas A y B, podemos observar que ambas utilizan
la misma cantidad de trabajo, pero la técnica B emplea más capital.
Como resultado tenemos que la producción es mayor. En este caso no
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podemos concluir que ninguna de las dos sea claramente ineficiente, ya
que es razonable que con más recursos la producción sea mayor.
— La técnica C utiliza tanto menos trabajo como menos capital que la A
para producir menos cantidad del bien, lo cual también entra dentro de
lo lógico, por lo que, al comparar estas tecnologías, no podemos llegar a
la conclusión de que alguna de ellas sea ineficiente.
— Cuando comparamos las técnicas A y D, nos encontramos con que uti-
lizan la misma cantidad de capital y producen lo mismo, pero la técnica
D es claramente ineficiente, porque emplea a más trabajadores que la A.
Si a una empresa se le presentan dos posibles técnicas productivas, la A
y la D, jamás escogería la D porque supondría un derroche de recursos
respecto a la otra.
Aún no hemos terminado el proceso. Aunque no hemos encontrado eviden-
cia de que las técnicas B y C puedan ser ineficientes, eso no significa que sean
eficientes. Tenemos que repetir el proceso de comparación que hemos seguido
con la técnica A, descartando la técnica D porque ya hemos demostrado que es
ineficiente.
— Si comparamos las técnicas B y C, observamos que la segunda utiliza
más trabajo y más capital para producir una cantidad mayor, por lo que
nada de esto indica que puedan ser ineficientes.
Así pues, podemos concluir que la única técnica ineficiente de las propuestas
es la técnica D, y como no hemos encontrado evidencias en contra de las demás,
diremos que las técnicas A, B y C son eficientes.
1.4. DISTRIBUCIONES ÓPTIMAS
Imaginemos que disponemos de una cierta cantidad de bienes y que pode-
mos distribuirla como deseemos entre un cierto número de individuos. Parece
una idea muy abstracta, pero es lo que hacen los estados continuamente, redis-
tribuir la riqueza. Un estado, si lo desea, puede tomar una parte de lo que po-
seemos mediante impuestos o tasas y, una vez hecho esto, repartir de nuevo la
riqueza entre todos los individuos de la manera más eficiente posible, es decir,
de manera óptima.
Vamos a definir la distribución óptima de bienes como aquella en la que es
imposible mejorar a un individuo sin empeorar a otro. También se conoce como
óptimo de Pareto, en honor al economista que definió este concepto.
Por ejemplo, si disponemos de tres manzanas y existen tres individuos (a los
que les gustan las manzanas) entre los que podemos distribuirlas, una posibili-
dad sería la distribución equitativa, es decir, asignar una manzana a cada indi-
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viduo. Dicho reparto sería eficiente (u óptimo), porque es imposible mejorar a
un individuo si no es a costa de empeorar a otro: si queremos favorecer a uno
de ellos dándole una manzana más, tendríamos que quitársela a uno de los
otros, el cual empeoraría.
También serían eficientes otros repartos completamente distintos, como por
ejemplo darle las tres manzanas a un mismo individuo y ninguna a los demás.
Si queremos que mejore alguno de los individuos que no ha recibido nada, te-
nemos que quitarle manzanas al que las tiene todas, haciendo que empeore.
En resumen, en este contexto, cualquier reparto en el que se asignen todas
las manzanas será eficiente. Esto ocurre porque es un ejemplo muy sencillo en
el que solo existe un bien y a todos los individuos les da satisfacción. Si compli-
camos el ejemplo con más tipos de bienes y preferencias, no será tan sencillo
encontrar las asignaciones óptimas. Para comprenderlo mejor, tenemos el si-
guiente ejemplo.
EJERCICIO 4. Distribuciones óptimas
En una economía existen 6 manzanas y 6 naranjas. Debemos repartirlas
entre tres individuos: A, B y C. Al individuo A solo le gustan las manzanas
mientras que al individuo B solo le gustan las naranjas. Por su lado, al indi-
viduo C le gustan ambos bienes.
a) ¿Sería eficiente una distribución en la que todos los bienes recayeran
en el individuo C?
b) ¿Y si todos los bienes fueran a parar al individuo A?
c) ¿Sería eficiente darle todas las manzanas al individuo A, todas las na-
ranjas al individuo B y nada al individuo C?
d) ¿Sería eficiente el reparto equitativo?
Solución
a) Si todas las manzanas y todas las naranjas van a parar al individuo C,
teniendo en cuenta que le gustan ambos bienes, sería imposible mejorar a los
demás individuos sin empeorar a este; por tanto, es una asignación eficiente u
óptima. Puede parecer injusto, pero el concepto de eficiencia no se rige por cri-
terios de justicia. Si le quitáramos manzanas para dárselas al individuo A y
naranjas para dárselas al individuo B, es obvio que ambos mejorarían, ya que
les gustan esos bienes, pero eso provocaría una pérdida de bienestar en C, que
es exactamente la definición de distribución eficiente.
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b) En este caso podríamos quitarle las naranjas al individuo A sin hacerle
perder bienestar, dado que no le gustan, y dárselas a los otros dos individuos,
los cuales mejorarían. Por ello, esta sería una distribución ineficiente, puesto que
es posible mejorar a los individuos B y C sin empeorar al individuo A.
c) Esta sería otra asignación eficiente. La razón es que para mejorar al
individuo C tenemos que quitarle manzanas al individuo A o naranjas al indi-
viduo B, lo cual les haría empeorar.
d) El reparto equitativo, aunque justo, no siempre será eficiente. Por ejem-
plo, en este caso, supondría darle 2 manzanas y 2 naranjas a cada uno de los
individuos, lo cual es claramente ineficiente, porque podemos quitarle las naran-
jas al individuo A y las manzanas a B, sin que estos empeoren, para dárselas a
individuos a los que sí les gusten, haciendo que mejoren.
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