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Alcohol

El alcohol, específicamente el etanol, es una sustancia psicoactiva que puede causar efectos recreativos y riesgos significativos para la salud, incluyendo dependencia. Su consumo excesivo afecta el sistema nervioso central y puede provocar daños en órganos como el hígado, corazón y cerebro, así como problemas de salud mental y social. Es crucial tomar decisiones responsables sobre el consumo de alcohol para evitar consecuencias negativas en la salud y la vida diaria.

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Alcohol

El alcohol, específicamente el etanol, es una sustancia psicoactiva que puede causar efectos recreativos y riesgos significativos para la salud, incluyendo dependencia. Su consumo excesivo afecta el sistema nervioso central y puede provocar daños en órganos como el hígado, corazón y cerebro, así como problemas de salud mental y social. Es crucial tomar decisiones responsables sobre el consumo de alcohol para evitar consecuencias negativas en la salud y la vida diaria.

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Que le hace el alcohol a tu cuerpo

Que es el alcohol
El alcohol en las bebidas es etanol, una sustancia psicoactiva y toxica
producida por fermentación que puede generar efectos recreativos y riesgos
para la salud incluso pueden producir dependencia.

El etanol se obtiene de la fermentación o destilación de jugos de frutas, granos


y vegetales. Cuando se concentra en la sangre por consumo excesivo, el
alcohol altera el estado de conciencia (produce embriaguez o emborrachara).
El consumo de alcohol está muy arraigado en prácticamente todas las culturas
desde tiempos muy remo tos, pese a estar asociado a importantes riesgos y
daños para la salud por lo que se le acepta socialmente y es muy accesible
para todos. Por ello se ha percibido la necesidad de regularlo para evitar daños
mayores. El alcohol es la droga legal de mayor consumo y con el mayor
número de adictos.

El alcohol es una sustancia que deprime el sistema nervioso central, lo que


significa que hace más lentas las funciones del cerebro y del cuerpo. Al
consumirlo, afecta la manera en que una persona piensa, siente, habla y se
mueve. Sus efectos pueden variar dependiendo de varios factores, como la
edad, el peso corporal, la cantidad de alcohol ingerida, la velocidad con la que
se toma, el tipo de bebida, si la persona ha comido antes y hasta el estado
emocional en el momento de beber.

Durante un episodio de intoxicación alcohólica, la persona pasa por


distintas etapas:

• Primera etapa: Al inicio, la persona puede sentirse más relajada, alegre o


eufórica. Se vuelve más comunicativa, sociable y con más confianza. Muchas
veces habla más de lo normal y cree que tiene mayor control de la situación.

• Segunda etapa: Conforme aumenta la cantidad de alcohol en la sangre,


comienza a alterarse el juicio, es decir, la capacidad de pensar con claridad y
tomar buenas decisiones. También se afecta la coordinación motora y el
equilibrio, por lo que la persona puede tropezarse o reaccionar más lento.

• Tercera etapa: Después aparece la confusión mental. A la persona le cuesta


entender lo que otros le dicen y también pronunciar palabras correctamente.
Puede presentar visión borrosa, caminar de forma tambaleante y tener cambios
bruscos de emociones, como ponerse agresiva, llorar o reír sin razón aparente.

• Cuarta etapa: Si continúa bebiendo, la intoxicación se vuelve más grave. La


persona puede perder completamente el equilibrio, sentir mucho sueño
(somnolencia) y presentar náuseas y vómito. En este estado ya existe mayor
riesgo de accidentes o lesiones.

• Quinta etapa: En una intoxicación severa, el alcohol deprime profundamente


las funciones vitales. La persona puede perder la conciencia, dejar de
responder, perder los reflejos y quedar prácticamente “anestesiada”. Esto es
muy peligroso porque puede morir por broncoaspiración (cuando el vómito
entra a los pulmones) o por un paro respiratorio, ya que la respiración se vuelve
lenta o se detiene.

Además de estos efectos inmediatos, el consumo frecuente de alcohol puede


dañar órganos como el hígado, el corazón, el estómago y el cerebro,
además de causar dependencia o adicción.

Hígado:
El consumo excesivo de alcohol afecta al hígado y puede provocar diversos
problemas e inflamaciones hepáticas, que incluyen:

•Esteatosis, o hígado graso

•Hepatitis alcohólica

•Fibrosis

•Cirrosis

Corazón:
Beber mucho durante mucho tiempo o demasiado en una sola ocasión puede
dañar el corazón, causando problemas que incluyen:

•Miocardiopatía: estiramiento y caída del músculo cardíaco

•Arritmias: latidos cardíacos irregulares

•Accidente cerebrovascular

•Presión arterial alta

Estómago:
Beber mucho durante mucho tiempo o demasiado en una sola ocasión puede
dañar el estómago, causando problemas que incluyen:

•Gastritis: inflamación e irritación del revestimiento del estómago

•Acidez o reflujo: aumento del ácido estomacal que provoca ardor y molestias

•Náuseas y vómitos: irritación del estómago que puede hacer que el cuerpo
intente expulsar el alcohol
•Úlceras: heridas o llagas en la pared del estómago por el desgaste de la
mucosa

•Digestión lenta o pesada: sensación de inflamación, dolor o malestar después


de comer

Cerebro:

El alcohol interfiere con las vías de comunicación del cerebro y puede afectar la
forma en que el cerebro se ve y funciona. Estas interrupciones pueden cambiar
el estado de ánimo y el comportamiento, y hacer que sea más fácil pensar con
claridad y moverte con coordinación

El consumo excesivo del alcohol también puede causar

El consumo excesivo de alcohol también puede afectar gravemente la salud


física, mental y social de las personas. En el sistema digestivo, puede causar
gastritis, que es la inflamación del revestimiento del estómago, provocando
dolor, ardor, náuseas y vómito. También puede generar úlceras, que son
heridas en el estómago o intestinos, y hemorragias internas que ponen en
riesgo la vida. Además, aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer de
boca, esófago o estómago, ya que el alcohol irrita constantemente estos
órganos.

En la sangre y metabolismo, puede provocar anemia, ya que disminuye la


producción de glóbulos rojos. También agudiza la diabetes, porque altera los
niveles de glucosa en la sangre, causando subidas o bajadas peligrosas.

En el sistema cardiovascular, el alcohol puede ocasionar hipertensión


arterial, lo que aumenta el riesgo de sufrir un infarto o un accidente
cerebrovascular. También puede causar arritmias cardiacas, que son latidos
irregulares del corazón.

En el páncreas, puede provocar pancreatitis, una inflamación dolorosa que


afecta la digestión y el control del azúcar en la sangre.

En el cerebro y sistema nervioso, el alcohol puede causar alucinaciones,


psicosis, demencia, pérdida de memoria, hemorragia cerebral y dificultad
para caminar, ya que afecta la coordinación, el equilibrio y el pensamiento.

En la salud mental, puede generar o empeorar la depresión, la ansiedad y


aumentar el riesgo de suicidio, porque altera las emociones y el juicio.

En el aspecto familiar y social, puede causar violencia intrafamiliar,


discusiones, abandono y conflictos con amigos o pareja. También provoca
ausentismo y bajo rendimiento laboral o escolar, ya que disminuye la
concentración y la responsabilidad.

Pero también el alcohol incrementa el riesgo de accidentes, riñas y actos


violentos, porque reduce los reflejos y aumenta la impulsividad. Además,
facilita el consumo de otras drogas, ya que algunas personas buscan
experimentar sensaciones más fuertes o pierden el control.

Al igual que beber demasiado puede debilitar su sistema inmune, haciendo que
su cuerpo sea un objetivo mucho más fácil para la enfermedad

El alcohol causa dependencia física y psicológica:

El alcohol puede causar dependencia física y psicológica, afectando


seriamente la salud, las emociones y la vida diaria de quien lo consume

Dependencia física:

Ocurre cuando el cuerpo se acostumbra al alcohol y empieza a “necesitarlo”


para funcionar o sentirse normal

• Tolerancia: aparece cuando la persona necesita beber cada vez más


cantidad de alcohol para sentir los mismos efectos que antes. Lo que al inicio
producía relajación o euforia con pocas bebidas, con el tiempo requiere
mayores cantidades, aumentando el riesgo de intoxicación y daños graves al
organismo

• Síndrome de abstinencia: cuando una persona con dependencia física deja


de beber de forma repentina, el cuerpo reacciona porque ya se acostumbró a la
presencia del alcohol. Esto puede provocar síntomas leves o graves

• Deseo intenso de continuar bebiendo: la persona siente una necesidad


muy fuerte o incontrolable de consumir alcohol, incluso aunque se haya
prometido dejarlo o disminuirlo

• Ansiedad e irritabilidad: al no beber, puede sentirse nerviosa, inquieta,


desesperada o de mal humor

• Insomnio: dificultad para dormir o mantener el sueño, causando cansancio y


agotamiento

• Temblor en las manos o en otras partes del cuerpo: es uno de los


síntomas más comunes de abstinencia

• Sudoración excesiva y palpitaciones: el cuerpo puede reaccionar con


aceleración del ritmo cardíaco y sudor intenso
• Náuseas y vómitos: malestar físico al dejar de consumir

• Alucinaciones visuales, auditivas o táctiles: la persona puede ver,


escuchar o sentir cosas que no existen, lo cual puede ser muy peligroso

• Convulsiones: en casos graves, la abstinencia puede causar ataques o


convulsiones

• Delirium tremens: es una complicación severa de la abstinencia; provoca


confusión, fiebre, alucinaciones intensas y puede poner en riesgo la vida si no
se atiende

Dependencia psicológica:

Se relaciona con la necesidad emocional o mental de beber para sentirse bien,


escapar de problemas o enfrentar situaciones

• Consumo más frecuente y en mayores cantidades: la persona bebe más


seguido o durante más tiempo del que planeaba

• Pérdida de control: aunque intente dejar de beber o reducir la cantidad, no


puede hacerlo

• Preocupación constante por beber: piensa mucho en cuándo, dónde o


cómo conseguirá alcohol

• Emplea más tiempo en actividades relacionadas con la bebida: comprar


alcohol, beber, recuperarse de la resaca o buscar oportunidades para consumir

• Reducción de actividades importantes: deja de lado responsabilidades o


actividades sociales, laborales, escolares, familiares o recreativas

• Aislamiento social: puede alejarse de amigos o familiares para beber o por


conflictos causados por el alcohol

• Consumo para “sentirse mejor”: muchas personas beben para escapar de


la tristeza, ansiedad, estrés, enojo o problemas personales

• Continúa bebiendo a pesar de las consecuencias: aunque ya tenga


problemas físicos, emocionales, económicos o familiares, sigue consumiendo

• Negación del problema: la persona puede minimizar o negar que tiene


dependencia

La dependencia al alcohol puede afectar la salud física, mental, familiar,


social y económica, y mientras más tiempo se mantenga el consumo, más
difícil puede ser dejarlo. Por eso es importante prevenir su consumo excesivo y
buscar ayuda profesional cuando se convierte en una adicción

Signos de adicción al alcohol


Quien bebe en exceso puede convertirse en alcohólico. Mientras alcanza ese
estado de adicción, la persona sufre ciertos cambios que se pueden presentar
en tres etapas:

• Difícil distinción entre “bebedor social”, “bebedor excesivo” o


“alcohólico inicial”

En esta etapa puede ser complicado notar el problema, ya que la persona aún
aparenta tener control sobre su consumo y puede justificarlo como algo
ocasional o social

• Promesas repetidas de dejar de beber. La persona promete


constantemente que dejará el alcohol o que tomará menos, pero no logra
cumplirlo

• Incumplimiento que genera culpa y angustia. Al no poder cumplir sus


promesas, comienza a sentirse mal consigo misma, experimentando culpa,
vergüenza y preocupación

• Bebe cada vez más. Con el tiempo, necesita consumir mayores cantidades
de alcohol

• Primeros cambios perceptibles de la personalidad. Empiezan a notarse


cambios en su forma de actuar, pensar o relacionarse con los demás

• Mayor irritabilidad. La persona se enoja con facilidad, se muestra más


sensible o reacciona de manera agresiva

• Aparición de “lagunas mentales”. Olvida parte de lo que ocurrió durante la


borrachera o no recuerda lo que dijo o hizo

• Actitud de negación y ocultamiento. Niegaque tenga un problema con el


alcohol y trata de esconder cuánto bebe

• Ingestión de alcohol por la mañana y a solas. Comienza a beber desde


temprano o sin compañía, sin necesidad de una reunión o celebración

• Signos visibles del efecto permanente del alcohol. puedenotarse


físicamente que consume alcohol de manera constante
• Olor a alcohol. El olor permanece en su aliento, ropa o cuerpo

• La bebida se vuelve una necesidad cotidiana. Ya no bebe solo por gusto,


sino porque siente que lo necesita todos los días

• Ausentismo laboral y problemas familiares. Falta al trabajo o incumple


responsabilidades, además de generar conflictos en casa

• Mayores cambios en la personalidad. Los cambios emocionales y de


conducta se vuelven más evidentes y graves

• Trastornos importantes. Aparecen problemas físicos y mentales más graves

• Temblores. Presenta movimientos involuntarios, especialmente en las manos

• Mala nutrición. Deja de alimentarse correctamente y su salud empeora

• Alucinaciones. Puede ver, escuchar o sentir cosas que no existen

Cómo beber con moderación


Beber con moderación significa controlar la cantidad y la velocidad con la que
consumes alcohol para evitar intoxicaciones, accidentes o problemas de salud
Para lograrlo, es importante tomar decisiones antes y durante el momento de
beber

• Decide si vas a beber alcohol o no antes de llegar al lugar de la reunión,


comida, fiesta o evento. Planearlo con anticipación te ayuda a evitar tomar
decisiones impulsivas o dejarte llevar por la presión de otras personas

• Si decides beber, no te sobrepases. Recuerda que el consumo moderado


para el hombre es de 4 copas o menos por ocasión, y para la mujer es de 3
copas o menos por ocasión. Superar esa cantidad aumenta el riesgo de
embriagarte y de sufrir consecuencias físicas o emocionales

• No consumas más de una copa por hora. El cuerpo necesita tiempo para
procesar el alcohol; beber demasiado rápido provoca que se acumule en la
sangre y cause efectos más intensos

• Alterna bebidas con alcohol y sin alcohol. Puedes tomar agua, refresco o
jugo entre cada copa. Esto ayuda a disminuir la cantidad de alcohol consumida
y a mantenerte hidratado

• Bebe poco a poco. Tomar tragos pequeños permite que tu cuerpo procese
mejor el alcohol y reduce la posibilidad de intoxicarte rápidamente
• Si tienes mucha sed, no empieces con una bebida alcohólica. Primero
toma agua u otra bebida sin alcohol para calmar la sed, ya que el alcohol
puede deshidratarte más

• Cuando no estés bebiendo, deja el vaso en la mesa. Tenerlo siempre en la


mano puede hacer que bebas sin darte cuenta o por costumbre

• Ingiere alimentos junto con las bebidas. Comer antes y durante el


consumo de alcohol ayuda a que la absorción sea más lenta y disminuye sus
efectos inmediatos

• Los alimentos grasos pueden hacer que el alcohol se absorba más


lentamente. Por eso se recomienda consumir botanas o alimentos como
cacahuates, nueces, papas fritas, quesos, entre otros, antes de empezar a
beber

• Recuerda siempre respetar tu límite. Aunque te sientas bien, beber más de


una copa por hora o exceder la cantidad recomendada puede afectar tu
coordinación, juicio y salud

Beber con moderación ayuda a disfrutar de una convivencia social sin poner en
riesgo tu bienestar ni el de otras personas

Conclusión:

En conclusión, el alcohol es una sustancia que afecta mucho al cuerpo y a la


mente, especialmente cuando se consume en exceso o desde una edad
temprana. Aunque para muchas personas tomar alcohol es algo “normal” en
fiestas o reuniones, la verdad es que puede traer muchas consecuencias
negativas, como enfermedades, accidentes, adicción y problemas con la
familia, amigos o en la escuela. También puede afectar órganos importantes
como el hígado, el corazón, el cerebro y el estómago. Por eso es muy
importante estar informados sobre sus efectos y aprender a tomar decisiones
responsables para cuidar nuestra salud y nuestro futuro

Reflexión:

Este tema me hizo reflexionar sobre cómo muchas veces las personas
empiezan a tomar por curiosidad, por querer encajar en un grupo o por presión
social, sin pensar realmente en lo que puede pasar después. A veces se cree
que “por una vez no pasa nada”, pero poco a poco se puede volver un hábito
peligroso. También pienso que muchas personas usan el alcohol para olvidar
problemas o sentirse mejor por un momento, pero en realidad solo empeora las
cosas. Creo que es importante hablar más sobre este tema, porque así los
jóvenes pueden conocer los riesgos y pensar mejor antes de tomar una
decisión que les pueda afectar en su vida
Opinión:

En mi opinión, el alcohol no es malo si una persona adulta lo consume con


moderación y responsabilidad, pero el problema es cuando se vuelve un
exceso o una necesidad. Muchas veces las personas no saben controlar
cuánto toman y eso puede causar problemas graves, no solo para ellos, sino
también para quienes los rodean. Yo creo que como jóvenes debemos ser
conscientes de que no necesitamos tomar alcohol para divertirnos o para ser
aceptados por los demás. Es mejor buscar formas sanas de convivir y disfrutar.
También considero que en las escuelas y en las familias deberían dar más
información sobre este tema para prevenir adicciones y accidentes

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