SENTENCIA CONSTITUCIONAL 0731/2010-R
Sucre, 26 de julio de 2010
Expediente: 2007-15593-32-RAC
Distrito: La Paz
Magistrado Relator: Dr. Juan Lanchipa Ponce
En revisión la Resolución 8/07 de 8 de marzo de 2007, cursante de fs. 221 a 222 vta., pronunciada
por la Sala Social y Administrativa Primera de la Corte Superior del Distrito Judicial de La Paz, dentro
del recurso de amparo constitucional, ahora acción de amparo constitucional interpuesto por Nery
Anuncio Vargas Toledo contra Rigoberto Paredes Encinas, Juez Duodécimo de Partido en lo Civil y
Comercial del mismo Distrito Judicial, alegando la vulneración de sus derechos a la “seguridad
jurídica”, y al debido proceso, citando al efecto los arts. 7 inc. a) y [Link] de la Constitución Política
del Estado abrogada (CPEabrg).
I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA
I.1. Contenido del recurso
I.1.1. Hechos que motivan el recurso
En el memorial presentado el 28 de febrero de 2007, cursante de fs. 189 a 194, el recurrente
manifiesta que instauró proceso ejecutivo contra Elías Balboa Corazón y otra, mismo que se tramitó
en el Juzgado Tercero de Instrucción en lo Civil del Distrito Judicial de La Paz, donde se dictó
Sentencia declarando probada la demanda, y en ejecución de fallos se procedió a la subasta y
remate del inmueble dado en garantía hipotecaria, mismo que se adjudicó inscribiéndolo en
Derechos Reales ([Link].), trámite que duró casi cuatro años desde dictada la Sentencia, ya que
recién en febrero de 2006, obtuvo el mandamiento de desapoderamiento que le permitió ingresar
en posesión real y corporal del bien inmueble; empero, pese a haber concluido el proceso los
ejecutados aduciendo lesión a sus derechos interpusieron incidente de nulidad de obrados con el
fundamento de que la adjudicación se realizó sin haberse expedido ni ejecutado el mandamiento de
embargo, tal como dispone el art. 29 de la Ley de Abreviación Procesal Civil y de Asistencia Familiar
(LAPCAF), el cual fue rechazado por el Juez de la causa por Resolución 368/2006 de 6 de septiembre;
posteriormente, en apelación el superior en grado desconociendo los principios que rigen las
nulidades procesales dictó el Auto de Vista 994/06, con el mismo fundamento esgrimido por los
apelantes, anulando obrados hasta el estado en que se expida mandamiento de embargo,
vulnerando así su derecho propietario adquirido y consolidado legalmente.
I.1.2. Derechos supuestamente vulnerados
El recurrente estima vulnerados sus derechos a la seguridad jurídica y al debido proceso, citando al
efecto los arts. 7 inc. a) y [Link] de la CPEabrg.
I.1.3. Autoridad recurrida y petitorio
Con esos antecedentes interpone recurso de amparo constitucional contra Rigoberto Paredes
Encinas, Juez Duodécimo de Partido en lo Civil y Comercial del Distrito Judicial de La Paz, solicitando
se conceda el amparo, disponiendo la nulidad del Auto de Vista 994/2006 de 27 de octubre,
manteniendo subsistente la Resolución 368/2006 de 6 de septiembre, pronunciada por el a quo.
I.2. Audiencia y Resolución del Tribunal de garantías
Instalada la audiencia pública el 8 de marzo de 2007, conforme consta en el acta cursante de fs. 219
a 220 vta., se produjeron los siguientes actuados:
I.2.1. Ratificación y ampliación del recurso
El abogado del recurrente ratificó los términos del recurso y ampliándolos señaló: a) El Juez
recurrido al anular obrados también anuló actos procesales importantes como la adjudicación del
inmueble a favor de su patrocinado, cuando según los arts. 43 y 44 de la LAPCAF, la nulidad de la
subasta sólo procede por falta de publicaciones, que en el caso se cumplieron; b) La nulidad se
presentó extemporáneamente, cuando ya se operó la transferencia del inmueble; y, c) No se
observó el principio de legalidad ni de especificidad, pues en el presente caso ni en el Código Civil ni
su Procedimiento señalan como causal de nulidad la no emisión de mandamiento de embargo.
I.2.2. Informe de la autoridad recurrida
Rigoberto Paredes Encinas, Juez Duodécimo de Partido en lo Civil y Comercial del Distrito Judicial de
La Paz, presento informe escrito, cursante de fs. 215 al 218, manifestando que: 1) El Juez de primera
instancia previamente a disponerse el remate, omitió expedir el correspondiente mandamiento de
embargo, es decir, que la subasta y posterior adjudicación se realizó sin ese requisito previo
indispensable para determinar e identificar el bien objeto de remate, no siendo suficiente el sólo
establecimiento de la hipoteca ni su inscripción en DDRR, máxime si conforme al art. [Link] del
Código de Procedimiento Civil (CPC), el Juez a tiempo de emitir el Auto intimatorio debe expedir
mandamiento de embargo de los bienes del deudor, ya sea que hubiesen otorgado garantía
hipotecaria o no, es más el art. [Link] del mismo Código, señala que el bien debe ser puesto en poder
de depositario; 2) Para emitir el Auto de Vista tomó en cuenta la SC 1028/2001-R de 24 de
septiembre, que señala que la sola inscripción de la hipoteca no prescinde del embargo y menos de
la anotación preventiva; es decir, que aunque el bien hubiese estado hipotecado, al efectuarse la
intimación de pago necesariamente debe expedirse mandamiento de embargo, aplicar un
procedimiento diferente importa inobservancia de normas adjetivas civiles como también indebida
supresión del derecho de propiedad, por lo que no corresponde alegar cosa juzgada bajo dichos
términos, pues tal estado procesal no puede causar efectos y ser inmutable; y, 3) No existe cosa
juzgada material ni formal si en la tramitación de la causa se incurrió en vicios transgresivos de
derechos y principios fundamentales que atañen al orden público, por lo que el fallo se emitió en
estricta observancia a la ley y aspectos fácticos inmersos en el proceso.
I.2.3. Resolución
La Sala Social y Administrativa Primera de la Corte Superior del Distrito Judicial de La Paz, por
Resolución 08/07 de 8 de marzo de 2007, cursante de fs. 221 a 222 vta., concedió la tutela solicitada,
disponiendo que la autoridad recurrida dicte nueva resolución conforme a lo fundamentado y deja
sin efecto la anteriormente pronunciada. Como fundamentos se señalan: i) El Juez ad quem no
estaba facultado para anular obrados en un trámite concluido, más aún si el caso específico no está
contemplado como anulable, pues la falta de mandamiento de embargo podía ser observada en la
primera actuación donde intervino la parte ejecutada, ya que en sucesivas actuaciones tuvo
oportunidad de asumir defensa; y, ii) Se arguye que la omisión del embargo afecta a la validez del
proceso y que la decisión estaría orientada a proteger los derechos de garantía del ejecutante, sin
considerar que éste ya adquirió y aseguró su derecho de propiedad.
I.3. Trámite procesal en el Tribunal Constitucional
Por Acuerdo Jurisdiccional 001/2010 de 8 de marzo, se señala el reinicio de las labores
jurisdiccionales, a cuya consecuencia se procedió al sorteo de la presente causa el 31 de mayo de
2010, por lo que la presente Sentencia Constitucional es pronunciada dentro de plazo.
II. CONCLUSIONES
Del análisis del expediente y de la prueba aportada se concluye lo siguiente:
II.1. En el Juzgado Tercero de Instrucción en lo Civil del Distrito Judicial de La Paz, se
tramitó el proceso ejecutivo seguido por Nery Anuncio Vargas Toledo (recurrente) contra Elías
Balboa Corazón y otra sobre cobro de dólares estadounidenses; en el que se dictó la Sentencia
509/02 de 18 de septiembre de 2002, declarando probada en parte la demanda, disponiendo el
trance y remate de los bienes propios de los ejecutados embargados o por embargarse (fs. 15 y 16).
II.2. En ejecución de fallos y cumplidas las medidas previas (fs. 98 a 137) se procedió a
señalar día y hora de subasta y remate del bien inmueble dado en garantía hipotecaria ubicado en la
zona Munaypata, av. Naciones Unidas 901, lote 520, manzano “O” con una superficie de 84 m2 (fs.
138 a 144 vta.), adjudicándose el mismo ejecutante a falta de postores por decreto de 22 de octubre
de 2003 (fs. 153 y vta.), formalizándose la transferencia mediante escritura pública 1291/2005,
inscrita en [Link]. bajo la matrícula computarizada 2010990049672 de 6 de julio de 2005 (fs. 58 a 60
y vta.).
II.3. Por Auto de 28 de julio de 2005, el Juez de la causa dispuso se libre mandamiento de
desapoderamiento a objeto de que el inmueble adjudicado judicialmente sea entregado al
recurrente (fs. 61 vta.); el que fue librado el 28 de septiembre de 2005, sin que pueda ser ejecutado
(fs. 67 y vta.); por lo que el 24 de noviembre de 2005, se libró mandamiento de desapoderamiento
con facultad de allanamiento (fs. 73), que fue ejecutado el 14 de febrero de 2006, entregándose el
bien Nery Anuncio Vargas Toledo (fs. 74 a 75).
II.4. Por memorial de 29 de marzo de 2006, la coejecutada, interpuso nulidad de obrados
aduciendo la inexistencia de mandamiento de embargo como requisito primordial para proceder al
remate (fs. 83 y vta.), solicitud que fue rechazada por el Juez de la causa por Resolución 368/2006 de
6 de septiembre, con el fundamento de que la falta de embargo no se encuentra como causal
específica de nulidad y que no se reclamó ésta en forma oportuna (fs. 96 y vta.).
II.5. En apelación, el Juez Duodécimo de Partido en lo Civil y Comercial recurrido por Resolución
994/06 de 27 de octubre de 2006, revocó la anterior determinación, declarando probado el
incidente, anulando obrados hasta el estado en que el Juez a quo expida mandamiento de embargo
de los bienes propios de los ejecutados (fs. 185 a 186 vta.).
III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO
El recurrente, hoy accionante, denuncia la vulneración de sus derechos a la seguridad jurídica y al
debido proceso, aduciendo que dentro del proceso ejecutivo que siguió se adjudicó el bien inmueble
hipotecado, del que recién pudo ingresar en posesión real y corporal luego de cuatro años, empero,
pese a que el proceso culminó en todas sus etapas, los ejecutados interpusieron incidente de
nulidad aduciendo que la adjudicación se la hizo omitiendo expedir y ejecutar el mandamiento de
embargo, incidente que si bien fue rechazado, en apelación el Juez de Partido recurrido anuló
obrados hasta el estado en que se expida el aludido mandamiento, desconociendo los principios de
especificidad y convalidación que rigen las nulidades procesales y vulnerando su derecho propietario
adquirido y consolidado legalmente. Corresponde analizar en revisión si se debe otorgar o no la
tutela solicitada.
III.1. Consideraciones previas. Aplicación de la Constitución Política del Estado y uso de
terminología adecuada en la acción de amparo constitucional
“De conformidad a lo establecido en el art. 410 de la Constitución Política del Estado (CPE), al ser la
Constitución la norma suprema del ordenamiento jurídico boliviano y gozar de primacía frente a
cualquier otra disposición normativa, a objeto de cumplir el mandato y las funciones establecidas
por los arts. 1 y 7 de la Ley del Tribunal Constitucional (LTC), 4 de la Ley 003, Ley de Necesidad de
Transición a los Nuevos Entes del Órgano Judicial y Ministerio Público, mediante la SC 0011/2010-R
de 6 de abril éste Tribunal determinó que toda su actuación será acorde al nuevo orden
constitucional en observancia y coherencia con los Tratados y Convenios Internacionales en materia
de Derechos Humanos ratificados por el país y que forman parte del bloque de constitucionalidad.
Asimismo, en el orden procesal en lo atinente a la terminología de esta acción tutelar, luego de un
análisis normativo a través de la SC 0071/2010-R de 3 de mayo, se unificó criterios y se estableció
que para referirse a la persona física o jurídica que interponga esta acción tutelar será 'accionante', y
con relación a la autoridad, funcionario, o persona contra quien se dirige esta acción corresponderá
el término 'demandado (a)'. De igual manera, en cuanto a la terminología con referencia a la parte
dispositiva, en caso de otorgar la tutela se utilizará el término 'conceder' y en caso contrario
'denegar' la tutela.
En los casos en que no sea posible ingresar al análisis de fondo de la problemática planteada, se
mantendrá la denegatoria, haciéndose constar tal situación, dado que el accionante puede
nuevamente interponer la acción tutelar, siempre y cuando, cumpla con los requisitos de
admisibilidad.
Resoluciones que en virtud a los arts. 4 y 44 de la LTC, son de carácter vinculante para todas las
autoridades judiciales que actúen como tribunal de garantías constitucionales, como para este
Tribunal” (SC 0119/2010-R de 10 de mayo).
III.2. Sobre los derechos invocados por el demandante y su configuración en la Constitución
vigente
El accionante a tiempo de interponer su recurso de amparo constitucional como se
denominaba entonces, invocó como presuntamente vulnerados los siguientes derechos
fundamentales:
A la seguridad jurídica
Al respecto cabe reiterar la doctrina sentada por este Tribunal en la SC 0096/2010-R de 4 de mayo,
donde se estableció lo siguiente: “…cabe señalar que, si bien la Constitución Política del Estado
abrogada, en el catálogo de derechos fundamentales contenidos en su art. 7 inc. a), establecía que
toda persona tiene el derecho: 'A la vida, la salud y la seguridad', a partir de lo cual, la jurisprudencia
del Tribunal Constitucional estableció la consagración del 'derecho a la seguridad jurídica' como
derecho fundamental, y en su mérito, ante la constatación de su vulneración, en repetidas ocasiones
otorgó la tutela del amparo. No obstante, al presente, y en vigencia de la Constitución Política del
Estado promulgada el 7 de febrero de 2009, la seguridad jurídica, no se encuentra consagrada como
derecho fundamental, sino como un principio que sustenta la potestad de impartir justicia emanada
del pueblo (art. 178 de la CPE); y por otro lado, como un principio articulador de la economía plural
en el modelo económico boliviano (art. [Link] de la CPE). Esta característica actual, es coincidente
con lo establecido por otra Constitución y Tribunal Constitucional, tal el caso de España que en su
Constitución en el art. 9.3, establece a la seguridad jurídica como principio, y en su jurisprudencia, a
través de la STC 3/2002 de 14 de enero, ha señalado que: 'la seguridad jurídica es un principio
general del ordenamiento jurídico y un mandato dirigido a los poderes públicos que no configura, sin
embargo, derecho fundamental alguno a favor de los ciudadanos que pueda interesarse en el
proceso constitucional de amparo'.
En consecuencia, y volviendo a la realidad jurídica nacional actual, se debe tener claramente
establecido que 'la seguridad jurídica' al ser un principio, no puede ser tutelado por el recurso o
acción de amparo constitucional que tiene por finalidad proteger derechos fundamentales -no
principios-, reconocidos por la Constitución, las normas internacionales de derechos humanos
reconocidos y/o ratificados por el país (que conforman el bloque de constitucionalidad) y las leyes;
sin embargo, por su reconocimiento constitucional, no puede ser inobservado por las autoridades
jurisdiccionales y/o administrativas, a momento de conocer y resolver un caso concreto sometido a
su competencia, por tanto es de inexcusable cumplimiento.
De tal manera que cuando se viola un derecho fundamental en esa instancia procesal sea judicial o
administrativa, deviene en la inobservancia a este principio de orden general y procesal, es decir, es
un efecto o consecuencia; más sin embargo ello no implica que sea tutelable, precisamente y como
se tiene explicado, por no ser un derecho autónomo, como sostuvo la pasada jurisprudencia de este
Tribunal. Por ello, cuando se exigía la tutela en su generalidad se lo hacía unido a otros derechos
como lógica consecuencia, no así de manera independiente.
Al respecto, en un entendimiento coherente con el presente razonamiento, este Tribunal en
la SC 0070/2010-R de 3 de mayo, señaló que: 'la seguridad jurídica como principio emergente y
dentro de un Estado de Derecho, implica la protección constitucional de la actuación arbitraria
estatal; por lo tanto, la relación Estado-ciudadano (a) debe sujetarse a reglas claras, precisas y
determinadas, en especial a las leyes, que deben desarrollar los mandatos de la Constitución Política
del Estado, buscando en su contenido la materialización de los derechos y garantías fundamentales
previstos en la Ley Fundamental, es decir, que sea previsible para la sociedad la actuación estatal;
este entendimiento está acorde con el nuevo texto constitucional, que en su art. 178 dispone que la
potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y se sustenta, entre otros, en los principios
de independencia, imparcialidad, seguridad jurídica, probidad y celeridad'” (las negrillas y el
subrayado son nuestros).
Al debido proceso
El derecho al debido proceso está reconocido por el art. [Link] de la CPE, al señalar: “El Estado
garantiza el derecho al debido proceso…” (las negrillas son agregadas). Al respecto, la jurisprudencia
del Tribunal Constitucional definiendo los alcances de este derecho y garantía jurisdiccional, en la SC
1534/2003-R, de 30 de octubre, estableció que: “…constituye el derecho de toda persona a un
proceso justo y equitativo, en el que sus derechos se acomoden a lo establecido por disposiciones
jurídicas generales aplicables a todos aquellos que se hallen en una situación similar; asegura a las
partes el conocimiento de las resoluciones pronunciadas por el órgano judicial o administrativo
actuante durante el proceso a objeto de que puedan comparecer en el juicio y asumir defensa. En
virtud de ello, los órganos jurisdiccionales que conozcan de un proceso deben observar los
principios, derechos y normas que la citada garantía resguarda, infiriéndose de ello que ante la
vulneración de los mismos se tiene por conculcada la referida disposición”. En la SC 0119/2003-R de
28 de enero, se estableció que: "…se entiende que el derecho al debido proceso es de aplicación
inmediata, vincula a todas las autoridades judiciales o administrativas y constituye una garantía de
legalidad procesal que ha previsto el Constituyente para proteger la libertad, la seguridad jurídica y
la fundamentación o motivación de las resoluciones judiciales".
Consecuentemente, descartado que se pueda conceder tutela al “derecho a la seguridad
jurídica” por los fundamentos jurídicos precedentemente expuestos; corresponde determinar si en
autos es posible hacerlo respecto del derecho al debido proceso que fuera invocado también como
presuntamente vulnerado.
III.3. Sobre la nulidad de los actos procesales
Antes de ingresar a analizar la problemática de fondo, corresponde señalar que este Tribunal
Constitucional en cuanto a la nulidad de los actos procesales, en la SC 1644/2004-R de 11 de
octubre, señaló que según la doctrina “…la nulidad consiste en la ineficacia de los actos procesales
que se han realizado con violación de los requisitos, formas o procedimientos que la Ley procesal ha
previsto para la validez de los mismos; a través de la nulidad se controla la regularidad de la
actuación procesal y se asegura a las partes el derecho constitucional al debido proceso. Por regla
general la nulidad procesal retrotrae el proceso al momento anterior al que se genera el vicio de
procedimiento, es decir, la inobservancia de los requisitos, formas o procedimientos previstos por la
Ley procesal, a esa regla se impone la excepción para los casos en los que al sustanciarse un
incidente o trámite ajeno al asunto principal se produzca el vicio, o cuando una actuación procesal
posterior no dependa del acto viciado, casos en los que el Juez puede disponer la anulación de algún
acto procesal específico; empero, para ello el auto que declare la nulidad de obrados debe señalar
con precisión la o las actuaciones que deben renovarse, de no especificarse se aplica la regla general
de retrotraer el proceso al momento anterior al que se originó el vicio”. Es decir, la autoridad
jurisdiccional debe observar y está obligada a cumplir las reglas que el legislador ha establecido para
la tramitación de los procesos, asegurando el derecho al debido proceso y el principio de la
seguridad jurídica (SC 0687/2005-R de 20 de junio).
Ahora bien, los presupuestos o antecedentes necesarios para que opere la nulidad procesal son: a)
Principio de especificidad o legalidad, referida a que el acto procesal se haya realizado en violación
de prescripciones legales, sancionadas con nulidad, es decir, que no basta que la ley prescriba una
determinada formalidad para que su omisión o defecto origine la nulidad del acto o procedimiento,
por cuanto ella debe ser expresa, específica, porque ningún trámite o acto judicial será declarado
nulo si la nulidad no esta expresamente determinada por la ley, en otros términos “No hay nulidad,
sin ley específica que la establezca” (Eduardo Cuoture, “Fundamentos de Derecho Procesal Civil”, p.
386); b) Principio de finalidad del acto, “la finalidad del acto no debe interpretarse desde un punto
de vista subjetivo, referido al cumplimiento del acto, sino en su aspecto objetivo, o sea, apuntando a
la función del acto” (Palacio, Lino Enrique, “Derecho Procesal Civil”, T. IV p. 145), dando a entender
que no basta la sanción legal específica para declarar la nulidad de un acto, ya que ésta no se podrá
declarar, si el acto, no obstante su irregularidad, ha logrado la finalidad a la que estaba destinada; c)
Principio de trascendencia, este presupuesto nos indica que no puede admitirse el pronunciamiento
de la nulidad por la nulidad misma, o para satisfacer pruritos formales, como señala Couture (op. cit.
p. 390), esto significa que quien solicita nulidad debe probar que la misma le ocasionó perjuicio
cierto e irreparable, que solo puede subsanarse mediante la declaración de nulidad, es decir
demostrar cuál es el agravio que le causa el acto irregularmente cumplido y si éste es cierto e
irreparable; y, d) Principio de convalidación, “en principio, en derecho procesal civil, toda nulidad se
convalida por el consentimiento” (Couture op. cit., p. 391), dando a conocer que aún en el supuesto
de concurrir en un determinado caso los otros presupuestos de la nulidad, ésta no podrá ser
declarada si es que el interesado consintió expresa o tácitamente el acto defectuoso, la primera
cuando la parte que se cree perjudicada se presenta al proceso ratificando el acto viciado, y la
segunda cuando en conocimiento del acto defectuoso, no lo impugna por los medios idóneos
(incidentes, recursos, etc.), dentro del plazo legal (Antezana Palacios Alfredo, “Nulidades
Procesales”).
En concordancia con éste último principio se tiene a la impugnación tardía de las nulidades, que
siguiendo al mismo autor Couture, op. cit. p. 396, se da en cuatro supuestos: 1) Cuando la parte que
tiene en su mano el medio de impugnación de una sentencia y no lo hace valer en el tiempo y en la
forma adecuada, presta su conformidad a los vicios del procedimiento, y en ese caso su conformidad
trae aparejada la aceptación; 2) Si tiene conocimiento de la nulidad durante el juicio y no la impugna
mediante recurso, la nulidad queda convalidada; 3) Si vencido el plazo del recurso y pudiéndola
atacar mediante un incidente, deja concluirse el juicio sin promoverlo, también consiente, y; 4)
Pudiendo promover un juicio ordinario, hace expresa declaración de que renuncia a él, también
debe reputarse que con su conformidad convalida los vicios y errores que pudieran existir en el
proceso.
Supuestos relacionados con el principio de preclusión, entendido como la clausura definitiva de cada
una de la etapas procesales, impidiéndose el regreso a fases y momentos procesales ya extinguidos
o consumados; por lo mismo se encuentra también en relación con el art. 15 de la Ley de
Organización Judicial abrogada (LOJabrg), que establece: “Los tribunales y jueces de alzada en
relación con los de primera instancia y los de casación respecto de aquellos, están obligados a
revisar los procesos de oficio, a tiempo de conocer una causa, si los jueces y funcionarios observaron
los plazos y las leyes que norma la tramitación y conclusión de los procesos para aplicar en su caso
las sanciones pertinentes”, facultando así a los tribunales de manera general a declarar nulos los
actos procesales en los que se adviertan vicios procesales. En ese contexto, el art. 251 del CPC
dispone que: “Ningún trámite o acto judicial será declarado nulo si la nulidad no estuviera
expresamente determinada por ley” cuya previsión -como manifestación legal del principio de
especificad- señala el marco al que debe someterse el tribunal de casación o nulidad, sin perjuicio de
la aplicación del art. 252 del mismo Código, que dispone que el juez o tribunal de casación “anulará
de oficio todo proceso en el que se encontraren infracciones que interesan al orden público”, norma
concordante con el art. 90 del CPC; en ese mismo sentido, el art. 247 de la LOJabrg, determina que
“la nulidad o reposición de obrados sólo será procedente por falta de citación con la demanda,
notificación con la apertura del término de prueba y notificación con la sentencia” previsiones
normativas aplicables cuando el perjudicado plantea impugnación, ya que si bien estos actos pueden
ser invalidados también pueden ser convalidados.
De lo que se colige, toda nulidad debe ser reclamada oportunamente a través de los recursos e
incidentes que la ley procesal establece como medios idóneos y validos para dejar sin efecto el acto
procesal afectado de nulidad, más cuando se tuvo conocimiento del proceso y asumió defensa
utilizando esos medios de defensa al interior del proceso, dicho en otros términos, un acto procesal
es susceptible de nulidad solo cuando es reclamado oportunamente o cuando el litigante no tuvo
conocimiento de la existencia del proceso, hecho que le causo indefensión, afectando su derecho a
la defensa, razonando en contrario, no se puede solicitar la nulidad cuando teniendo conocimiento
del proceso y asumiendo defensa dentro del mismo, no interpuso incidente alguno contra el acto
procesal objetado de nulidad, dejando ver a la autoridad judicial, que ese acto se encuentra
plenamente consentido o convalidado, mereciendo en consecuencia su improcedencia.
III.4. Análisis del caso de autos
En el caso que se analiza, de la revisión de los antecedentes que cursan en obrados se tiene
que el accionante interpuso juicio ejecutivo contra Elías Balboa Corazón y otra, donde el Juez de la
causa declaró probada la demanda. En ejecución de sentencia se ordenaron medidas previas
conforme al art. 536 del CPC, como el avalúo pericial, que notificado a las partes, los ejecutados la
observaron por memorial de 26 de marzo de 2003, mismo que fue rechazado por Auto de 5 de abril
de 2003, por lo que quedó ejecutoriado al no existir recurso alguno. Posteriormente se procedió al
remate del bien inmueble dado en garantía hipotecaria, adjudicación que recayó sobre el mismo
ejecutante a falta de postores, quien luego de realizar los trámites respectivos procedió a inscribir en
[Link]., para finalmente con mandamiento de desapoderamiento ingresar en posesión el 14 de
febrero de 2006. Empero, el 29 de marzo de 2006, la coejecutada Ana Virginia Condori, interpuso
incidente de nulidad de obrados rechazado por el a quo, pero en apelación revocado por el Juez
demandado hasta que se expida mandamiento de embargo, en consideración a los jueces y
tribunales deben cuidar que los procesos se desarrollen sin vicios de nulidad.
Dentro de este contexto corresponde recordar que de acuerdo a lo previsto por el art. 237 inc. 3) del
CPC, el juez o tribunal que conoce un recurso de apelación por errores “in judicando” o “in
procedendo”, puede dictar auto de vista revocatorio total o parcial, o anulatorio o repositorio, lo
que trae a colación que las nulidades -en su sentido lato- pueden ser resultado de los llamados
“incidentes de nulidad”, planteados contra aquellas cuestiones accesorias que surgen en el proceso
con relación al objeto principal del mismo, según se colige de lo establecido por el art. 149 del CPC,
tomando en consideración la doctrina establecida en el Fundamento Jurídico III.3, toda vez que la
inobservancia de éstos presupuestos puede conculcar derechos establecidos al interior del proceso.
En el caso que se analiza, la parte ejecutada asumió conocimiento y defensa en todo el proceso
ejecutivo, es más, en ejecución de sentencia observó el avalúo pericial realizado sobre el inmueble,
sin que en ningún momento hayan interpuesto incidente de nulidad por falta de mandamiento de
embargo, más al contrario dejaron que el proceso avance y concluya en todas sus fases, hasta el
punto de que el ahora accionante consolide su derecho propietario sobre el inmueble objeto de
garantía hipotecaria, habiendo en consecuencia consentido y convalidado tácitamente todos los
actos del juez a quo, por cuanto dejaron que el proceso concluya sin promover incidente alguno,
operando el principio de preclusión procesal en todas las etapas del mismo, por lo que el incidente
de nulidad era inadmisible, pues no se puede admitir que luego de haber asumido defensa en el
proceso a través de la utilización de los diferentes medios y recursos que la ley establece, y sólo una
vez concluido el juicio en todas sus etapas, recién interponer incidente de nulidad de obrados, toda
vez que su derecho no solo precluyó, sino que ese acto alegado de nulidad fue consentido y por
ende convalidado, donde además el ejecutante tiene inscrito un derecho de propiedad a raíz de la
subasta y remate del inmueble hipotecado, por lo que el Juez demandado al anular obrados hasta
que se expida el mandamiento de embargo, no garantizó la igualdad procesal de las partes y lesionó
el derecho al debido proceso del accionante, lo que abre la tutela de esta acción tutelar.
Por lo precedentemente señalado, el Tribunal de garantías al conceder la tutela solicitada, ha
efectuado una adecuada compulsa de los antecedentes procesales y aplicado debidamente los
alcances de esta acción tutelar.
POR TANTO
El Tribunal Constitucional, en virtud de la jurisdicción y competencia que le confieren los arts. 4 y 6
de la Ley 003 de 13 de febrero de 2010, denominada Ley de Necesidad de Transición a los Nuevos
Entes del Órgano Judicial y Ministerio Público; 7 inc. 8) y 93 de la LTC, en revisión, resuelve APROBAR
la Resolución 8/07 de 8 de marzo de 2007, cursante de fs. 221 a 222 vta., pronunciada por la Sala
Social y Administrativa Primera de la Corte Superior del Distrito Judicial de La Paz; y en consecuencia,
CONCEDE la tutela solicitada.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional.
No interviene el Magistrado, Dr. Marco Antonio Baldivieso Jinés por ser de voto disidente.
Dr. Juan Lanchipa Ponce
PRESIDENTE
Dr. Abigael Burgoa Ordóñez
DECANO
Dr. Ernesto Félix Mur
MAGISTRADO
Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
MAGISTRADA