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Dos Napoleones

El documento presenta 'Napoleones', una comedia en tres actos y en verso escrita por Don Narciso Serra, representada en el Teatro Español el 15 de octubre de 1870. La obra incluye personajes como Don Juan y Doña Julia, y se desarrolla en un ambiente de enredos amorosos y situaciones cómicas. Además, se menciona que algunas escenas son adaptaciones de un vaudeville francés.
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Dos Napoleones

El documento presenta 'Napoleones', una comedia en tres actos y en verso escrita por Don Narciso Serra, representada en el Teatro Español el 15 de octubre de 1870. La obra incluye personajes como Don Juan y Doña Julia, y se desarrolla en un ambiente de enredos amorosos y situaciones cómicas. Además, se menciona que algunas escenas son adaptaciones de un vaudeville francés.
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<r— ——^\ DOS

NAPOLEONES,
juguete cómico en tres actos y en verso

OElGrINAL

DE DON NARCISO SERRA.


Representado en el Teatro Español
el 15 de Octubre de 1870.

MADRID,
IMPRENTA DE FERMIN MARTÍNEZ GARCÍA ,

CALLE DE SEGOVIA, NÚMERO 26.

1870
DOS
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NAPOLEONES
juguete cómico en tres actos y en verso,

QR It'UNAX

DE DON NxiRCISO SERRA.

Representado en el Teatro Español


el 15 de Octuore de 1870.

MADRID,
IMPRENTA DE FERMIN MARTÍNEZ GARCÍA ,

R.4LLF. DE SEGOVIA, NÚflETlO 56.

1870
Es propiedad de D. José Serra y Ortega, quien perseguirá ante la ley

á quien la reimprima ó represente sin su permiso.

Advertencia. De las cuarenta y tres escenas que tiene esta comedia,

hay tres que son imitación de un vaudeville francés en un acto.


! ,

21 la señorita

Dona pilar Serra g ©riega.

Querida Pilar: Ya eres casi una mujercita, y ya


comprendes el valor que tiene una dedicatoria. Cuan-
do esta obra ruede por esos mundos, saldrán juntos
tu nombre y el mió, unidos como lo están nuestros co-
razones para querer á nuestra amante familia. Ojalá ¡

que el tuyo, tan jóven, tan hermoso y tan bueno, no


tome nunca otro rumbo
Tu primo que te quiere

675525
PERSONAJES. ACTORES.
¿^j* AMALIA Sras. Boldun*.

^ ^ DOÑA JULIA
UNA PARIENTA
Navarro\ V V
.',
. Chafino. _ : ''^
SIMONA V DdnsanW--
DONJUAN Sres. Catalina.

U t> ^ DON LEON Pastrana.


^ CUERVO, . . Fernandez.
*¿ DON MIGUEL : . . Casañer.
JOSE Martínez.
HARTENTE !.° ....... Menor.
ID. 2.° •
. Castro.
ID. 3.°
RUPERTO Tammjo.

Parientas, Parientes y amigos de Cuervo.

El primer acto es en casa de D. Juan. Gabinete lujosamente amueblado.

Puertas laterales y al foro.

El segundo y el tercero, en la trastienda de Cuervo. Dos puertas á la

izquierda ; una á la derecha y al foro. Muebles correspondientes.


ACTO PRIMERO.

ESCENA PRIMERA.
Juan, José.

Oye, José, vete ahí,


en un vuelo, á la Carrera,

pastelería extranjera.
Ya sé, en casa de Lhardy.
Justamente: encargarás
un almuerzo recherché,
confortable.
¿Recher... que?
No he pescado lo demás.
Un almuerzo superfino.
¡Ah! Y cubiertos para dos.
¿Para dos? Sea por Dios.
Que no se te olvide el vino,
que haya trufas.
Sí, ya estoy,
y después... pero don Juan,
que siempre sea usted tan...
Basta de sermón por hoy;
anda, y da pronto la vuelta,
porque espero una persona.
¿Del otro sexo?
Y muy mona.
(¿Y por lo visto muy suelta?)
— ;

—6-
¿Pero cuándo ha de sentar
t
la cabeza?
Juan. No lo sé;

cuando viejo.
José. Pues á fe
que no tardará en llegar;
no eslá la fecha muy larga;
usted cumple treinta y siete
por... deje usted...
Juan. Calla y vete;
tu aritmética me carga.
Tengo bastante trabajo
en tenerlos, conque así...
¿Vino alguno á verme?
José. Sí,

el comerciante de abajo.
Juan. Hay dos, ¿cuál es?
José. Yo conservo
una especie de que es
un ave, un pájaro... pues,
el señor de... Buitre...
Juan. iAh! Cue
¿Y qué quiere?
José. No lo sé;

llama, no está usted en casa,


se enfada , mas se le pasa

y dice: Yo volveré.
Juan. Vete á buscar de almorzar.
José. No se me olvidará el vino
¿qué hago si vuelve el vecino?
Juan. Nada, déjale pasar.

ESCENA II.

Juan.

Juan. No puedo, por más que quiero,


olvidar á esa mujer.
¡Qué ojos! ¡Qué boca! ¡Qué dientes,
! ;

— 7 —
y qué cintura y qué pié
Sí señor,qué pié le he visto
:

Uovia á todo llover,


y ya se ve, la muchacha,
por no mancharse, ó no sé
por qué seria, cogió
con mano de rosicler
el vestido, las enaguas,
etcétera, y... ¡San Josél!
vi hasta el tobillo... y calzones;
maldita de Dios, amen,
esa moda, que convierte
á mujeres de honra y prez
en turcas ó descendientes
del patriarca Israel;
y en vano quiero,
en vano... Vamos á ver,
cachaza, Juan, y discurre
qué hacer en este Betlhen.
Ya conoces de sus ojos
la perfidia y el poder,

y á pesar de aquella vieja


de la raza de Luzbel
que la acompaña, á pesar
de sus parches en la sien,

sus barbas de micifuf,


su paraguas, su aire de...
á pesar de todo, siento
aquí en alma esta vez
el

otra cosaque en las locas


aventuras que busqué...
al verla siento respeto,
amor... hasta timidez...
Si la gustara, es probable...
pero no la gustaré...
Pues no estoy muy averiado,
aun tengo tersa la tez.
Estoy ágil, no me apunta
la pata de gállo... bien.
Porque respecto á la edad...
;

— 8 —
no soy viejo; treinta y seis
años... digo, treinta y siete;
digo... no, me falta un mes.
¿Es difícil que esa niña
me llegue al fin á querer?
¿Pero y si llega... qué hago?
Casarme... idea cruel.
¿Y si luégo ese pimpollo
con su aire de candidez
me coloca en el retablo

de San Lúeas?... ¡
Ay! ¿Qué haré?
Pensar en que he de tratarla
como á mozas del jaez
de la vecina, la idólatra
de Jorge Sand y Soulié,
es disparate ; su aire
de distinción hace ver...
i
Ay pobre Juan! En mal hora,
en mala, le viste el pié.

ESCENA III.

Juan, León.

León. Adiós, Juan.


Juan. Adiós, León.
León. ¿Va bien?
Juan. No mal.
León. Tú trasnochas,
y estás bien eres de hierro
:

salud á prueba de bomba


es la tuya, con la vida
que llevas.
Juan. Y no quiero otra.
León. Es cierto: si es divertida,
¿qué importa que sea corta?
Juan. ¿A qué vienes?
León. A almorzar.
Juan. ¿A almorzar conmigo?
e
!

^ 9 _
León. ¡Toma!
¿Pues con quién?
JüAN. Lo siento mucho,
mas no me es posible.
León. ¡Oiga!
¿Ya has almorzado?
Juan. No es esa
la razón.
León. Pues di la oirá.
Juan. Que no almuerzo solo : tengo
convidada una señora.
León. A que es una de las mias...
Juan, Vamos, tienes unas bromas...
León. Sí, no son bromas; y á f
que es ya pesado: no hay prógima
en quien yo con más ó ménos
cariño los ojos ponga,
que tú no me la seduzcas.
Juan. Exageración.
León. i
Hipócrita
Dígalo sino Teresa,
Inés, Petronila, Alfonsa,

y hasta la pobre Gertrudis;


ya sabes, aquella moza
que se iba á casar conmigo;
pero tú, con esa mónita
que te distingue, la hiciste
el amor, y adiós la novia.

Por fortuna no llegué


á darla elnombre de esposa,
que entonces... Ya sé que estás
en tu derecho, no importa.
Si yo consigo que un día
puedan volverse las tornas,
no he de dejarte tranquilo
hasta que las pagues todas.
Juan. Pero hombre, si yo no tengo
nada que pagar hay cosas
;

de que uno no es responsable.


León. Cierto, lo son ellas, tontas;
— 10 —
pero advierte que do siempre
ha de ser lo mismo ahora ;

me ha flechado, es decir, sigo


la pista á una joven...
Juan. i
Hola!
León. Divina.
Juan. ¿Cómo se llama?
León. Se llama... ¡buenas y gordas!
Como esperes á que yo
te lo diga... pero es cosa
de primer orden... Ayer
la seguí... vive en la fonda...
Juan. ¿En cuál?
León. En la de... reservo
el título.
Juan. Bien, son pocas
las fondas que hay en Madrid;
en recorriéndolas todas
y haciendo el amor á cuantas
mujeres halle, se logra
mi objeto; y ya que te empeñas
en ocultar la persona
que has visto, yo daré al fin
con ella.

León. ¿Pero no hay forma


de que me dejes tranquilo?
Juan. Tienes razón, ¿qué me importa
esa mujer, á quien tratas
de conquistar, cuando hay otra
que vive en mi corazón
exclusivamente!
León. i
Hola!
Juan. Esta vez amo de véras.
León. ¿De véras, tú?
Juan. Y á una sola.
i
qué mujer,
Si vieras tú
si vieras qué ojos, qué boca,

qué garganta y qué cintura,


y qué mano tan preciosa!...
León. ¡Diantre! Estás enamorado...
— 11 —
Juan. Como un loco.
León. Pues ahora
me toca á mí, soy rival
tuyo.
Juan. Como ella no hay otra.
León. Averiguaré quién es,
la sitiaré á toda hora,
me pondré de centinela;
á bien que en el dia todas
las calles parecen cuerpos
de guardia, con que la broma
va á ser pesada.
Jüan. ¿Eh?
León. Al fin

me las vas á pagar todas.


Adiós, me marcho, por que
creo que aquí sobro.
Juan. Sobras.
León. Adiós, almuerza con esa
para enjuagarte la boca,
que la otra yo me la como.
Juan. (¿Posible es que se la coma?
;Bah! Ni aun la conoce.)
León. Adiós,
yo cantaré la victoria.

ESCENA IV.

Juan.

Juan. Anda con Dios. Y el muchacho


tiene razón que le sobra:
tenemos el mismo gusto;
digo, á mí me gustan todas,
y por lo tanto las suyas;
y ünas veces por broma
y otras por véras, León
se quedaba sin la novia.
Pensemos en el almuerzo;
_ II _
la doña Julia... es hermosa
y habrá sido más, por que
la encuentro un poco jamona;
es contemporánea mia;
mas se conserva frescota.
También León, creo que
la hacia sus cucamonas.
¡Pobre chico, si supiera
que almuerza conmigo sola!
Quiere hacerme su editor
y que publique su obra...
buena será siendo suya;
en fin, á mí qué me importa;
con ese pretexto...

ESCENA V.

Juan, Jóse.

José. Aquí
está esto de la fonda.
Juan. Bien, ponió en el velador.
José. Sólo le falta la sopa
para ser una comida
en regla. ¡Qué ricas ostras!
La mostacera. ¡Jesús!
vuelca con el olor.

JUAN. (Dándole dinero.) TOBia


y paga.
José. Sobran tres duros:
me da usté aquí media onza.
Juan. Quédate con ellos.

José. Gracias,
tiene usted un alma hermosa;
pero esa cabeza...
Juan. Dale.
José. Ya es justo que se recoja
á buen vivir.
Juan. ¿Pues qué, soy
algún viejo? No hay cosa
- 13 —
peor que el recogimiento
para la gente que es moza;
y yo aun soy mozo, ¿lo entiendes?
José. Si el mes que viene...
Juan. Memoria
como la tuya, no he visto
tan...
José. ¿Tan qué?
Juan. Tan enfadosa.
Yo quiero ser joven, joven;
aunque el demonio se oponga,
quiero tener amoríos,
y enredos, y trapisondas,
y en fin, quiero disfrutar
de lo mismo que otros gozan;
quiero alegrarme, aturdirme,
ya que el dinero me sobra,
para no pensar en ella,
¿comprendes? porque ella sola
es mi bien, digo, mi mal;
y con ésta y con la otra

la olvidaré, sí señor,

y estaré como en la gloria.


Así no debe extrañarse
que haga yo muchas cabriolas:
ya las dejaré de hacer
cuando me duelan las corvas.

ESCENA VI.

Dichos, Julia, que en Ira por el foro.

Juan. Mi señora doña Julia,


¿cómo va?
Julia. Su servidora
de usted; no me encuentro bien:
estoy mal; estoy nerviosa;
tengo ganas de morder
á cualquier viviente.
- 14 -
¡Sopla!
Tengo crispaturas, tengo...
quizás consiste en la atmósfera,
tan eléctrica, y á mí
se me comuüica.
•Toma!
Así es que electrza usted
á todos.
; Jesús, qué bromas!
¡Oh! No hay tal.

¿Sirvo el almuerzo?
No, deja todas las cosas
listas, y vete.
Muy bien.
(El que se marcha no estorba.)

ESCENA VII.

Juan, Julia.

Sentémonos á almorzar;
y pues que soy editor,
almorzando es la mejor
manera que hay de tratar.

Perdone usted si he venido


con el trage de mañana.
No hay de qué.
No tengo gana
ni demudar de vestido.
Aunque creo á la verdad
no sea usted exigente;
vivo en el cuarto de enfrente,
y vengo de vecindad.
Yo le agradezco infinito
esta singular merced. ( Juan la sirve.)

Mil gracias... Pues mire usted,


aquí traigo el manuscrito, (se ie da.)

Hojeándole.)

¡El Serranito! Muy bien.


- 15 -
«Donde las toman las dan;
»La burra de Balaan,
»Los pastores de Betlhen,
»Los animales con voto...»
Julia. Ese cuento, bien mirado,
me parece destinado
á causar grande alboroto.
Juan. Bien puede ser.
Julia. Hay allí

muchas juntas, por las cuales


salen varios animales
diputados.
Juan. ¡Oiga!
Julia. Sí,
mis Cuentos morales son
muy morales, muy severos;
en los seis meses primeros
se venderá la edición.
¿Dos mil ejemplares? El
molde es el mismo, y así
sólo hay que pagar...
Juan. Oh, ¡
sí!...

Julia. El exceso del papel.


Como es pequeña mi renta
y corta mi viudedad,
me hace extorsión, la verdad,
el publicar por mi cuenta;
pero en estas circunstancias
encuentro á usted tan galante,
que quiere usted...
Juan. Adelante.
Julia. Vamos á partir ganancias.
Juan. El ganancioso soy yo
con admirarla, con verla.
Julia. Pero...
Juan. Es usted una perla,
nO me diga USted que 110 . (La
%
toma una mano.)
Julia. ¡Jesús! Y yo tan bonaza
que me dejo... ¿Está USted lOCO? (La besa la mano.)
Juan. Todavía esto es muy poco...
Julia. Pero...
Juan. Tome usted mostaza.
La impresión que el corazón
sintiendo está con exceso,
¿no la comprende usted?
JULIA. Eso,
hablemos de la impresión.
Cuando tanto se escribió
que sólo el leerlo aflige,
echando cuentas me dije:
— ¿Pór qué no be de escribir yo?.
No haciendo nada inconexo...
¡Porque .soy mujer! En suma.
no tiene sexo la pluma
ni e) estilo tiene sexo;
y hoy puedo citar sus nombres
y reunir mil pareceres;
se ve escribir á mujeres
con más nervio que á los hombres
JüAN. Cierto, algunas...
Julia. Y escritoras
irán saliendo á granel;
yo soy de la junta del
Ateneo de Señoras;
pues cuando nos reunimos,
sobre cualquiera cuestión,
viera usted qué discusión,
qué cosas allí decimos.
Juan. Buenas serán.
Julia. Sí, lo son;
algo libres, claro está,
que no en balde se hizo la
gloriosa revolución.
Uso de mi autonomía,
escribo...
JüAN. ¿De su auto... qué?
Julia. Nomía, ¿comprende usté?
Juan. No señora, merecía...
Julia. Autonomía es, que en siendo
ciudadano ó ciudadana,
17 -
hace que
lo le da gana
cada uno.
Juan. Ya lo comprendo.
Julia. Los tiempos están fatales;
se oye blasfemar á un chico
que es un horror... me dedico
á escribir cuentos morales.
Los versos están distantes
de mí, y por más que quiero...
yo soy muy poeta, pero
me faltan los consonántes.
Juan. ¡Lástima!
Julia. ¡Vaya si es!
Si yo sacara el dilema,
haria cada poema
de seis mil piés...
Juan. ¡Seis mil piés!...
(No hay torre que tenga tantos.)
Julia. Pero me son violentos,

y por eso escribo cuentos,


en lugar de escribir cantos.
En cuanto que estoy de vena,
al momento un cuento hilvano;
tengo yo muy buena mano.
Juan. Vaya si lo es, y tan buena (Tomándosela.)

para... para...
Julia. Por favor,
suélteme usted; en verdad
que esa es mucha libertad.
Juan. Hija, soy el editor.
Julia. Figúrese qué diria
alguno, si es que lo vio.

¡Jesús María!
Juan. Que yo
uso de mi autonomía
y hago en usted la experiencia
de aquello que quiero yo:
ó hay libertad ó no.
Julia. La libertad no es licencia.
Juan. Viene á ser uno, que al íin

2
;

— 18 —
los libres salen del paso...
al cabo, pues yo me abraso,
armo la de San Quintin.
Yo la amo á usted, yo la adoro,
la adoro, señora mia,
desde que la miré un dia
dando chocolate al loro.
¿Qué me importa la edición
de su libro...

Julia. Poco á poco,


mi libro...

Juan. Lo que yo invoco


es tener su corazón.
¿No me lo quiere usted dar?
Julia. ¿Pero tan de pronto?
Juan. Sí,

de pronto, yo soy así.

Julia. Déjemelo usted pensar.


Juan. j
Qué pensar! El pensamiento,
el cálculo, eso es terrible
nada, nada, es preferible
la inspiración del momento.
Maldición al hado injusto
si me llega á ser adusta
la mujer que más me gusta...
y yo tengo muy buen gusto.
Tan guapa es usted, que tapa
cualquier defecto que tenga.
Julia. Pero...
Juan. A mí no me venga
con peros; es usted guapa:
ese pelo original,
y esos dientes de marfil,
y ese cútis tan sutil,
y esa boca de coral,
y esa frente y esos ojos
mueven tal volcan aquí,
que me hacen, ¡pobre de mí!
pasar desmayos no flojos,

unos desmayos supremos;


— 19 —
por eso juzgo oportuno
que, ó no desmaye ninguno,
ó los dos nos desmayemos.
¡Qué mano! Estése usted quieta,
déjeme, mal que la pese,
que la bese y la rebese.
José. Señorito, esta targeta.

ESCENA VIII.

Dichos, José.

Juan. (¡Imbécil! A lo mejor.)


Julia. i (Llegó oportunamente.)
Juan. Te pago por mentir, miente:
di que no estoy.
José. Sí señor,
lo dije, y me dijo : — Bien,
puede usted irse de ahi;
yo me quedo aquí. —
Juan. ¡Aquí!
José. Y la otra vieja también.
Juan. Amalia... di... di que pase.
(Mirando la targ-ela.) (Vase José.)
Julia. ¿Y qué pensarán de mí,
sola con usted aquí?
¡Una mujer de mi clase!
Yo me escondo en lo más hondo
de la casa, sin demora.
Juan. Pero señora... señora...
Julia. Lo dicho dicho, me escondo.
Juan. Sí, y en yéndose...
Julia. Estos son
lances de amor y fortuna:
escondida como en una
comedia de Calderón.
— 20 —

ESCENA IX.

Juan, Amalia, Simona.

JUAN. (Mirando la targ-eta y dejándola sobre el velador.

García, parienta mía


debe ser según mi cuenta;
eso es, alguna parienta
lejana; ¡hay tanto García!
Amal. Don Juan García...
Juan. Yo soy.
(¡Qué veo, Dios mío, es ella!)

Amal. Venga un abrazo. (Abrazándole.)

Juan. (¡Qué bella!


Yo estoy... no sé dónde estoy;
¡y yo dirigía injurias
á la suerte! ¡Oh suerte sábia!)
Amal. Usté es de Navia.
Juan. De Navia,
de la provincia de Asturias.
Usted venirme á abrazar;
venir á mi casa usté.
Amal. Venir, y abrazarle; ¿y qué
tiene de particular?
Es natural abrazarle
después de lo que he pasado;
¿cree usted que me ha costado
poco trabajo el hallarle?
Pues no es cierto, no señor;
en uiénos de quince días
he visto treinta Garcías
que eran don Juanes.
Juan. ¡Qué horror!
Amal. Don Juan García Gramalla,
don Juan García Valor,
y eseme hacia el amor
á pretexto de...
Juan. ¡Canalla!
) ! —

- 21 -
Amal. Mas conforme los veia,
es justo que lo confiese,
decia entre mí: — iNo es ese,

no es ese mi Juan García.


Yo le presentía á usté
cariñoso hasta el exceso,
lleno de ternura. .

Juan. Eso...
Amal. Joven y guapo.
Juan, ¿Sí v eh?
Amal. El retrato lo promete;
tengo su retrato.
Juan. ¿Sí?
Amal. Aunque esté usted allí
vestido de tonelete,
tío mío.
Juan. ( j
Vaya un lio

i
Por vida de Caífás !

¿Cómo su tío?
Sim. No hay más,
como que es usted su tío.
¿Usted no tuvo un hermano
mayor?
Juan. Cierto, Zacarías,
que trafica en mercancías
en el suelo americano.
Amal. Está mucho más allá:

ha muerto.
Juan. ¿Cómo?
Amal. De cierto.
Juan. Ah, entonces... si se ha muerto
Dios sabe dónde estará.
¡Pobre hermano!
Sim. Quiso en vano
evitar su perdición.
Un millón y otro millón
perdió luégo.
Juan. ¡Pobre hermano!
Sim. La pérdida d.e la flota
le cogió un pellizco bravo,

- tí
-
hasta que por fin, al cabo
se declaró en bancarota.
Amal. Y á sus acreedores fieros (Llorando.)
todo cuanto hay abandona,
ménos mi dote.
Juan. ( ;
Qué mona
está haciendo pucheros!
Sim. Como desde que enviudó
de su mujer doña Antera,
en aquella casa era
el brazo derecho yo,
viendo ya muerto á su padre
de pesar, la dije un dia:
— Amalia, pobre hija mia,

en mí tienes otra madre.


El dote es corto, y no implica
nada allí veinte mil duros;
aquí hay mayores apuros
y puede pasar por rica;
y me dije:— A España vamos.—
Y nos vinimos resueltas;
y hemos dado tantas vueltas
por usté, hasta que le hallamos.
Porque es usted, claro está,
si la memoria no miente,

elmás cercano pariente


que tiene la niña.
Juan. Ya.
Sim. Usted se hará cargo...
Juan. Pues.
Sim. De ella.

Jüan. Ya se ve que sí.

Sim. Vivirá con usted, y...


la casará usté.

Juan. Eso es.

Sim. » ¡Jesús, picaro viaje!


Estoy desencuadernada.
Jcan. ¿Qué dice usted?
Sim. Nada, nada,
voy á traer el equipaje.
_ 23 —
Amal. Es verdad.
Juan. Vaya usted, sí.

Amal. Y no tardes.
Sim. ¿Qué es tardar?
(Sin mí no se sabe hallar.)
Al momento estoy aquí.

ESCENA X.

Juan, Amalia.

Juan. (¿Qué me va á mí á suceder?


¿Qué va á ser de mí, Dios mió?
¿Dónde voy yo siendo tio,
y tio de esta mujer?
La chica vale un Perú.)
¿Quiere hacerme la merced
de decirme usted...
Amal. ¿Usted?
No, tráteme usted de tú.

A una sobrina...
Juan. (Es divina.)
Amal. Se la trata como á un niño;
así, de tú y con cariño.
Juan. (Me enamora mi sobrina.)
Amal. Yo á usted muy distinto es:
le debo cariño.
Juan. Ya.
Amal. Y gratitud.
Juan. Claro está.
Amal. Y mucho respeto.
Juan. Pues.
Amal. Yo le contaré á usted todas
mis aventurillas.
Juan. Sí.

(Me alegro.)
Amal. En cambio usté á mi
me traerá todas las modas,

y ensayaremos el modo
.

— 6
24 —
más probable de agradar
á todo particular,
si es posible, á el mundo todo.
Usted me dará consejo,
que seguiré sin reparo;
siendo mi tio...

Juan. (Está claro,


un tio siempre es un viejo.)
Amal. Y si inspiro una pasión
al cabo de la jornada,
me deja usted colocada
y se acaba la función.

Juan. ¡Vaya! Y es muy buen final.

Amal. ¿De véras? ¿Conque en efecto


no le disgusta el proyecto?
Jüan. No, me parece tal cual.

Mas yo no he de darte así


al primer recien venido.
Amal. No, eso no.
Juan. Convenido,
fíate en todo de mí;
descanse en mí tu candor,
Amalia, que yo te fio

que en mí tienes todo... un tio.

Amal. jAy! Sí Señor, SÍ Señor. (Abrazándole,


Juan. (Yo no sé lo que me pesco.)
Amal. Otro abrazo. <

Juan. Sí, ángel mió.


(Ya sé lo que pesco.)
Amal. ¡Ay tio!

Juan. (¡Condenado parentesco!


Vamos á probar.) Y di,

en el tiempo que ha pasado,


francamente, ¿no te ha hablado
ninguno de amores?
Amal. Sí
señor,me han hablado tres:
uno un marino muy fino;
pero al pobre del marino
se le marcharon los piés,
- 25 -
y desde su embarcación,
sin poderlo remediar,
se cayó al mar, y en el mar
se le comió un tiburón.
Juan. Bendito bicho.
Amal. ¿Por qué?
Juan. Yo no sé lo que me he dicho.
Amal. Ha dicho:— Bendito bicho.
Joan. Pues no me hagas caso; fué...
¿Y pl segundo?
Amal. Un mejicano
en la Habana establecido;
era allí muy conocido
por lo largo de su mano:
á los esclavos más bravos
losdomaba, y yo me fundo
por eso, en que en todo el mundo
creia ver sus esclavos;

y aunque él me decia amén


á todo por agradarme,
yo no quise esclavizarme
y le dejé.
JüAN. Hiciste bien.
¿Y el tercero?
Amal. Ese es de aquí:
no sé cuáles son sus artes,
que le encuentro en todas partes
igual que á mi sombra.
Juan. ¿Sí?
Amal. Le he inspirado una pasión
según dice; por mí vive;
cuando no me ve, me escribe;
mire USted. (Enseñándole una carta.)

Juan. ¡Haya bribón!


Esta letra... yo conozco
esta letra; debe ser...
(¿Quién la firma? A ver, á ver...
el mismo, León Orozco.
Es desdicha que ese mono
me persiga encarnizado.)
— 26 -
Y el billete perfumado...
eso es de muy mal tono.
Amal. Es un hombre que presume
de atildado y...
Juan. Bien está.
¡Perfume! ¡Qué olor tendrá
que necesita perfume?
De cuantos te hacen el oso

y te lo pueden hacer,
á mi manera de ver
ese es el más peligroso.
Amal. Parece decente.
Juan. Pues
no lo es; es un indecente
que á todo bicho viviente
le dice lo mismo; es...
Amal. Vea usted, y yo no hacia
caso en esto de Simona,
que sólo en ver su persona
se pone que desvaría.
Juan. ¿Tú has dado pié?...
Amal. No señor
ni esto; pero me agradaba
bastante ver que me daba
grandes pruebas de su amor.
Y luégo si su fortuna
era conforme á la mia,
quién sabe si se podria
arreglar... ¿á qué está una?
Pero en fin, ya me saldrá
algún otro por ahí,
porque ¿á qué está una...
Juan. Sí...

Amal. ¿Sino es á casarse?


Juan. Ya.
Amal. Pudiendo hacer esa unión
mi ventura, ¡claro estál
en fin, eso... usted verá.
Juan. (Me gusta la comisión.)

Amal. Entretanto viviré


: .

—m—
con Simona, aquí, á su lado;
si esto anda desarreglado
yo lo economizaré.
Iré con usté al teatro,
á las reuniones; allí,

á que me vean; así


daré golpe á más de cuatro.
Y verá usted cómo pasa
el tiempo para los dos;
verá usted...
Cuervo. (Entrando.) Gracias á Dios
que le encuentro á usted en casa.

ESCENA XI.

Amalia, Juan, Cuervo.

Cuervo. He estado aquí veinte veces.


A la hora del almuerzo:
— No almuerza en casa. — ¡Por vida!...
A la hora de comer vuelvo:
— No come en casa. — ¡ Canario ! . .

Anochece, y cuando ceno


vuelvo á salir y me dice:
— No duerme en casa.
Amal. ¿Eh?
Juan. Un enfermo.
Cuervo. ¡Ah! No habia reparado:
una señorita ; beso
sus plantas.
Juan. Mi sobrina.
Cuervo. ¿Su sobrina? Lo celebro.
Pues señor, yo estoy de prisa,
y á lo que vengo vengo
vengo á reclamar á usted
su promesa.
Juan. No comprendo...
Cuervo. ¿Qué prometió usté á mi esposa
hará seis meses y medio?
¿No cae usted?
Juan. No, no caigo:
me tengo de pié derecho.
Cuervo. Ayudaré su memoria,
ya que es necesario hacerlo.
Bajaba usté, y ella estaba
empaquetando unos géneros.
— Hola, dijo usted, vecina,
parece que en ese cuerpo
hay otro cuerpo. — No — sé.

— A ser padrino me ofrezco


para caso. — Llegó
el caso. el

Hace dos medio


dias, al
dia, dio á luz mi mujer
un chico como un ternero.
Juan. ;Ya caigo! No me acordaba
que estaba...
Cuervo. Conque, corriendo,
¿quiere cumplir su palabra?
Y si gusta al mismo tiempo
esta señorita ser
la madrina, yo no tengo...
Amal. Ay, si... digo, si mi tio...

Juan. Eso la alegra.) Convengo:


yo padrino y tu madrina.
(La haré un regalo soberbio
á pretexto del bautizo.)
Amal. ¿Y cómo le llamaremos?
Juan. A mi me parece que
debe ser Juan, porque siendo
su padrino Juan...
Ciervo. Don Juan,
quisiera, pero no puedo:
mi mujer se llama Lanas
de apellido, y...

Juan, Ya comprendo,
seria un Juan Lanas el niño
entonces.
Cubevo. Ya basta el Cuervo;
; ;



ZJ —
muy honrado era mi padre,
pero á veces de él reniego
por llamarse así. ¿A quién gusta
ese pajarraco negro?
Más negro que un cuervo dicen
al que es de color espeso
cria cuervos, te sacarán
los ojos, dice el proverbio;
en fin, el animalito
no tiene ni un lado bueno;
pero al cabo es mi apellido,
y no tiene otro remedio;
mas en cuanto al nombre...
Juan. Entó
Pedro...
Cuervo. Nombre de cochero,
Juan. Cristóbal...
Cuervo. Nombre de alto;

y si saliese pequeño...
Amal. Casto...
Cuervo. Es calificativo
y si el muchacho es travieso...
Amal. Lucindo.
Cuervo. Nombre de gato.
Amal. Arturo...
Cuervo. Nombre de perro.
Juan. Anselmo...
Cuervo. Nombre de anciano.
Juan. Aníbal...
Cuervo. Nombre de tuerto.
Yo quiero un nombre sonoro,
muy sonoro... ¡ah! ya le tengo:
Napoleón... eso es, así,

aunque no tenga dinero,


nunca ha de faltarle un
Napoleón en viviendo...
Juan. Corriente, Napoleón,
como se llama el guerrero
del siglo; Napoleón
como el que rigió el imperio...
; :

- 30 -
Cuervo. ¿Coavenido? Pues entonces
yo me marcho; voy corriendo
á convocar los amigos,
los vecinos; lo primero
es la política, sí;

y ya que son tan atentos


los vecinos que se surten
de mi tienda, yo les debo...
Adiós, doña...
Amal. Amalia.
Cuervo. ¿Amalia?
Adiós, doña Amalia; creo
que le dejará contenta
su nuevo ahijado; es tremendo.
Adiós, padrinito; digo,
hasta luégo.
Juan. Sí, hasta luégo.

ESCENA XII.

Juan, Amalia.

Amal. Vaya usted con Dios. ¡Pobre hombre!


Está loco de contento.
Juan. Y es muy natural, por que
encontrarse un heredero
alcabo de un matrimonio
consumado há tanto tiempo...
lleva once años de casado,
y éste es el hijo primero.
Amal. Y su mujer, ¿qué tal es?
Juan. ¿Su mujer? Un adefesio,
digna compañera suya
si el muchacho sale á ellos,

vamos á tener de ahijado


un serpenton.
Amal. Ni por pienso
todos los niños son lindos.
Juan. ¿De véras?
- 31 -
Amal. I
Oh! Por extremo.
Yo no sé si será por
que yo deliro por ellos,
no encuentro feo ninguno
siendo pequeños, pequeños;
con unos bracitos tan
rollicitos y tan llenos,

y con unas piernecitas


tan carnosas y tan... tengo
pasión por los niños, vamos;
y soy mañosa en extremo
para ellos... ¿Lloran? Al punto
que los cojo están durmiendo...
Juan. Imbéciles.
Amal. En mis brazos.
Juan. Imbéciles, lo sostengo:
dormirse en tus brazos es...

Amal. ¿Por qué no, si tienen sueño?


Juan. Pero no has visto la casa,
y yo estoy hecho un zopenco...
Ven, verás tu cuarto...
Amal. Vamos.
Juan. Es un gabinete, pero...
le haremos tu cuarto.
Amal. Sí.
Juan. Y por las piezas del centro
puede estar Simona.
Amal. Bravo.
Juan. Allí tienes un ropero
para...
Amal. Vamos.
Juan. Así puede
salir la que está allí dentro.

ESCENA XIII.

León.

León. Pues señor, no he visto á nadie


entrar; sólo he visto al viejo
- 32 -
criado, cuando subia
lo que seria el almuerzo...

y que lian almorzado, sí,


no hay duda, hé aquí los restos.
¿Quién será?

ESCENA XIV.
León, Doña Julia.

Julia. Ya se han marchado.


¡Qué inesperado suceso!
Encontrar á una sobrina
sin más ni más; después Cuervo
con su dichoso bautizo...
¿Me convidará? Yo creo
que como vecina, sí.
I
Un bautizo! Y yo que tengo
que recibir á otro niño
recien nacido; es el hecho
que yo no conozco al padre;
conozco á la madre, y buenos

ratos que debe pasar


la pobreCÜla. ¡Ay! (Viendo á León.)
León. ¿Qué veo?
¿Es usted? ¿Conque era usted?
Ahora todo lo comprendo.
¿Cómo habia usted de entrar
en casa, si estaba dentro?
¿Conque es usted? (Y está guapa.)
¿Conque es usted?
Julia. ¿ Qué aspavientos
está usted haciendo? Cree
porque me ve aquí...

León. Yo creo
la verdad.
Julia. ¿Qué?
León. Que don Juan...
Julia. Es mi editor.
- 33 -
León. ¿Cómo es eso,
su marido ?
Julia. Mi editor.
León. Viene á ser uno.
Julia. No entiendo.
León. Y almuerza con él 7y á mí,
á mí, que me estoy muriendo
por usted, me pone á dieta.
Julia. ¡Y qué! Si con él almuerzo
es por celebrar el trato
de mis Cuentos.
León. ¿De sus cuentos?
Julia. Sí, señor, Cuentos morales;
vea usté el libro un momento:
aquí está. (Dándosele.)

León. (Leyendo.) Cuentos morales,


por doña Julia Guerrero.
Julia. Y es poca galantería,
y es indigno de un sugeto
bien educado...
León. Señora...
Julia. El estarme persiguiendo;
¿no le he dicho á usted mil veces

que no quiero, que no quiero


relaciones con usted?
León. Eso es que hay otro por medio;
eso es que don Juan...
Julia. ¿Don Juan?
1
Qué don Juanqué don Pedro
ni 1

León. Pues sepa usted que la engaña,


que tiene un amor secreto.
Julia. ¿El? Imposible.
León. Posible

y muy posible en efecto.


Julia. ¿Cómo se llama?
León. ¿Quién?
Julia. Ella.
León. No lo sé.

Julia. Ese es un enredo


muy mal tramado.
3
!

- 34 -
León. Yo juro...
Julia. No valen los juramentos.
León. Aseguro á usted, señora...
Julia. ¿Qué me asegura usted?

ESCENA XV.
Dichos, D. Juan, Amalia.

León. ¡Cielos,
ella!
Amal. ¡ Mi perseguidor
Juan. ¡León!
Julia. ¡Oh! Don Juan, yo celebro
esta ocasión... Señorita...
estaba aquí discutiendo
con el señor, que es un hombre...
siguiéndome siempre.
León. (¡Bueno!
Delante de ella.)

Amal. (¡Traidor!
Y yo le creí sincero.)

Juan. (Bendita vecina.)


Julia. En fin,

aquí tiene usted los Cuentos;


las pruebas irán á casa,
yo las mandaré por pliegos.
Adiós, adiós, señorita...
(No salí de mal aprieto.)

ESCENA XVI.

Dichos, menos Doña Julia.

León. ¿Pero usted en esta casa?


Amal. Sí señor, ¿y qué tenemos?
León. ¿Usted con don Juan?
Juan. Conmigo.
- 35 -
León. Don Juan es...
Amal. Un caballero.
León. No, señora, es un intruso
que se mete en mi terreno.
Juan. ¿Cuándo este terreno es tuyo?
¿Cuándo lo ha sido?
León. No, pero...

ESCENA XVII.

Dichos, Simona.

Sim. Ya está el equipaje en casa.


¿Cómcyaquí usted? (a León.)
León. (No hay remedio,
la vieja, esto se acabó.)
Sim. Si vivimos en un tiempo
fatal, si no hay policía.
Juan. ¿Usted le conoce?
Sim. Tengo
ese honor: me una onza
ofreció
si queria hacer buen tercio

con la señorita, A mí j I

No sé cómo no le pelo.
Amal. Y anda siguiendo los pasos
á una señora...
Sim. Me alegro.
¡Seguirla, hasta aquí! Una casa
digna de todo respeto.
Echele usted, que se vaya, (a d. Juan.)
León. Pero es que yo...
Sim. No hay más pero.
Juan. Vete, León.
León. ¿También tú?
Agur. (i Esto es un infierno!)
- 36 -

ESCENA XVIII.

Dichos, menos León.

Juan*. Vaya bendito de Dios.


Amal. Con tal que no vuelva á verle.
Sim. iHeml Yo debería haberle
sacado un ojo, ó los dos.
Juan. Pues ya se marchó, haya paz,
que ya hemos reñido harto.
Amal. Mira, adentro hay un cuarto
bueno para tí, capaz.
Sim. Vamos á verle.
Amal. Sí, vamos.
Juan. Luzca el iris de bonanza,
y tú pon tu confianza
en mí solamente, ¿estamos?
Que te sirva de lección
ese León.
Amal. Es de suerte
que vó...

Juan . Ih?K á meterte


en la boca del león;
dé gracias á que esta vez
he dejado que se fuese,
que por lo demás, áese
y á otros de su jaez...
que tiemblen mi indignación,
porque del coraje mió...
Amal. ¡Ay tio!
Juan. (¡Siempre su tio!)
Amal. ¡Tio de mi corazón!
——

ACTO SEGUNDO.

ESCENA I.

Cuervo, Parientes y Amigos.

CüERYO. (Escribiendo.)

«Don Benito Cuervo y Cuervo,


»el dueño del almacén
»de géneros extranjeros
»y del reino, — muy bien,
»de la calle de Carretas,
«número cuarenta y seis,
»pone en su conocimiento,
»que su señora mujer
»ha dado á luz un infante
— ;y qué bonito que es!

»el dia de ayer; la madre


»y el párvulo, siguen bien.
»Señor don Jaime...»— ¡Uf! Con ésta
creo que van ciento tres. (Llamando.)
Ruperto... al señor don Jaime,
corriendo, volando.
Ruperto. Bien:
aqUÍ eStá la CUna. (Enseñándosela.)

Cuervo. Déjala
arrimada á la pared.

Me dispensarán ustedes:
parezco un poco soez,
y no lo soy; ¡es que tengo
hoy tantas cosas que hacer!...
- 38
Las esquelas de dar parte,
me hacen andar en un pié;
el convidar los amigos,
y los vecinos, y el...

luégo, como la parida


no consiente que la dé
nadie sino yo las cosas,
hay una multitud de...
La gallina... el chocolate...

ponerla la faja bien...

la papalina... el sahumerio,
porque el cuarto huele que...
son tantas ocupaciones,
que no hay un hombre de bien
que pueda con todas, vamos.
Pariente 1.° ¿Y dónde deja el placer
de ser padre?
Cuervo. Ya, sí, pero...
a
Parienta 1. Tener hijo que le dé
las buenas páscuas por Pascuas,
que le haga una plana...
Cuervo. Pues.
a
Parienta 1. En el dia de su Santo,
con dedicatoria al pié:

«A. su querido papá, de buena gana,


su hijo Fulano, le dedica esta plana».
Catorce he tenido yo,
y sólo me viven seis;

y hoy lloro por los difuntos


como entonces los lloré.
De niños son todos buenos: %

lo dificultoso es
contenerlos de mocitos;
como que empieza á cocer
la sangre, claro, les pica
y se rascan.
Cuervo. Eso es,

y con esas rascaduras


se desbaratan la piel;
pero querrán ver ustedes
- 39 —
la parida... voy á ver
si está visible
y despierta;
si duerme, yo no seré
quien la despierte; descanse,

que lo ha merecido bien:


dos noches y un dia ha estado
bregando, y yo pensé que,
según lo que me apretaba,
iba yo á parir también.
Ea, pronto doy la vuelta.
Parienta. Hasta luégo.
Cuervo. Hasta después.

ESCENA IT.

Dichos, menos Cuervo.

Parienta. ¡Pobre Cuervo! Pierde el seso


con lonuevo del suceso,
y el muchacho es tan raquítico
que... ¿le han visto ustedes?
Pariente. No.
Parienta. Chiquitito, chiquitito,
parece un pájaro frito...
que siendo Cuervo es un pájaro
igual que los otros.
Pariente. ¡Oh!
Parienta. Y su mujer doña Aldonza,
nueva en esta jerigonza,
no sabia lo que hacer:
no acertaba á estar en caja,
pues no sentía la faja;
pero yo, que soy muy práctica,
he fajado á la mujer.

ESCENA III.

Dichos, Cuervo.

Cuervo. Pasen ustedes; está


esperando mi mujer
- 40 -
su visita; ya verán,
se encuentra bastante bien;
un poco pálida; tiene
unas ganas de comer,
que me ha llamado animal
porque he dicho que la den
un sopicaldo, y ella
quiere unas magras también.
Entren ustedes.
Pariente. Entremos.
Parienta. Hasta luégo.
Cuervo. Hasta después.
¿Para qué tengo en la mano
esta llave? ¿Para qué?
¡Ah! El jarabe de grosellas,
eso es lo que ha de comer
mi heredero, hasta el instante
que la teta no le den.
Lo he encerrado en el armario,
justo, esta es la llave del
armario; voy á sacarle
para dárselo después.
;Oh! El padrino y la madrina
tan tempranito, ¿va bien?

ESCENA IV.

Juan, Amalia, Cuervo.

Amal. Muy bien.


Cuervo. Me alegro infinito.

¿Y usté, está bien? (a d. Juan.


Juan. No estoy mal;
¿y la señora?
Cuervo. Tal cual:
tienemuy buen apetito;
come de muy buena gana
todo cuanto se la da;
y el chico, el muchacho está
— 41 —
fresco como una manzana.
El da muy buenas señales
de estar muy sano, por hoy;
todo el santo dia estoy
mudándole de pañales.
Porque el dia de mañana
el diablo no se le birle,
1

cuidará usted de instruirle


en la doctrina cristiana.

Al padrino y la madrina
les toca esa obligación.
Juan. Yo le daré una lección.
Amal. Yo haré más aún.
Juan. ¡Sobrina!
Amal. En cuanto que rompa á hablar,
de mi paciencia lo espero
que aprenderá, y lo primero
que ha de saber es rezar.
Que cuando en vano un consuelo
aquí en la tierra esperamos,
de aquí los ojos alzamos
fijándolos en el cielo.
Lo primero eso ha de ser,
que sepa rezar, ¿estamos?
Cuervo. Bien, sí, convenido.
Juan. (Vamos,
es divina esta mujer.)
Aquí te quedas, ¿estás?
Obra como corresponde
siendo la madrina.
Amal. ¿Dónde
se va usted?
Juan. Ya lo verás,

ya lo verás: tengo que


hacer ciertas compras, ciertas...
¿tiene esta casa dos puertas?
Cuervo. Sí, por ahí. (izquierda.)

Juan. Bien, saldré.


¿Yino ya el refresco?

Cuervo Sí,
— 42 —
iqué lujo y qué profusión!
Está allí, en el salón,
para que vayan allí.

¡Y seis coches de alquiler •

que ha mandado usted!


Juan. ¿Qué importa?
Cuervo. Como á la iglesia hay tan corta
distancia que recorrer...
En fin, esto da decoro;
un bautizo superfino,
que demuestra que el padrino
está manando en el oro.

Juan. Se engaña si eso se atreve


la ociosa gente á creer;
pero á mí me gusta hacer
las cosas como se debe.
Ea, te quedas aquí
con Cuervo, que yo voy por...
hasta luégo
Amal. Sí señor,
que vuelva usted pronto.
Juan. Sí.

ESCENA V.

Dichos, menos Juan.

Amal. ¿Sin vestir está usté?


Cuervo. ¿Y qué?
Amal. En mi país es un suceso
cada bautizo; por eso...
Cuervo. ¿De que país es usté?
Amal. De la Habana.
Cuervo. ¿De la Habana?
Es decir, en conclusión,
que tiene Napoleón
la madrina americana.
Y por cierto habrá muy pocos
á quien no gusten las niñas
— 43 —
de la tierra de las pinas.
Amal. Y la tierra de los cocos.
Cuervo. Si, los cocos... ¡Temerario!
¿Dónde he puesto las botellas
del jarabe de grosellas?
iAh! Las tengo en el armario.
Usted dispense; usted sabe
que no puede estar á dieta
el niño, y tengo la teta
en el armario, jarabe;
ahora se le voy á dar,
porque la hora se pasa;
usted se queda en su casa.
(Sacando una botella del fondo de un armario que habrá al foro.)

Amal. Adiós.
Cuervo. Agur y mandar.

ESCENA VI.

Amalia. \

Amal. El hombre es algo ridículo;


hay para hacer un artículo
con sus rarezas estólidas;
sin faltar á la verdad,
estoy cierta que no sabe
ni cómo darle el jarabe;
en fin, esos son apéndices
que trae la paternidad.

ESCENA VII.

Amalia, León.

León. Colándome intrépido


la tienda traspaso,
llego paso á paso...
¡Cielos, está allí!
!

- 44 -
[Qué hermosa, qué hermosa
la pinta el deseo
Amal. ¡Ay cielos, qué veol (viéndole.

¿Es usted?
León. Yo, sí.

Traspasé la tienda
burlando al mancebo,

y vengo de nuevo...
*
sediento de amor.
Amal. ¡Amor! No está en casa
quien usté imagina;
no está la vecina
aquí.
León. Es un error.
Es un error clásico
que da ira tremenda,
pensar que pretenda
otro amor buscar
que elque como un cielo
me brinda esa cara...
por ella me echara
al fondo del mar.
Yo la amo muchísimo...
Amal. La vecina es bella.
León. No se trata de ella,
se trata de usté;
si escucha mis súplicas,
si atiende á mi ruego,
usted verá luégo...
Amal. ¡Hombre! Si lo sé...
que iba usted siguiéndola,
que usted la acechaba,
que no la dejaba
usted respirar,
i
Cómo creer Cándida
amor de esa clase,
que por mí se echase
al fondo del mar!

Hay pruebas clarísimas;


y hasta hizo un soneto
:

— 45 —
pintando al completo
su amoroso afán...
León. Don Juan se lo ha dicho;
él solo sabia...

Amal. Sí, por vida mía,


lo ha dicho don Juan;
me alegro muchísimo
que por ser sincero
el triste jilguero
libre del halcón.
León. ¡Halcón y cernícalo,
buena alhaja
es él I

Amal. Oiga, ¿usted le ultraja?


León. Y tengo razón.
Yo tengo ultrajándole
razón que me sobra;
vivir sin zozobra
no puedo con él
que siempre en mis límites
se mete nefando,
mi vida llenando
y mi alma de hiél.
Yo pensaba Cándido
que él ignoraría
dónde usted vivia,
cuando cate usté
que es el ocultárselo
mi mayor deseo,
y venir la veo
con él.

Amal. Sí, ¿y qué?

¿Es algún fenómeno


mi tio?

León. ¡Dios miol


¿Su tio?

Amal. Mi tio

y mi protector.
León. Ahora cobro ánimo:
siendo su pariente,
no será prudente
- 46 —
hacerla el amor.
Su tio, i
magnífico!
No será su amante.
A MAL. Hacer semejante...
León. Yo...
Amal. Suposición,
sospecha raquítico
que veneno lleva.
León. Mas...
Amal. Me da una prueba
de mal corazón.
I
Ay Yírgen Santísima,
verme así insultada,

y sin hacer nada


para verme así!
Tengan de mí lástima.
¡Yo amante, Dios mió!
Mi tio es mi tio,
no pasa de ahí.
León. Basta, mi bien, créolo
porque tú lo dices.

¡Oh! Mas qué felices


seremos los dos
sicoyunda plácida
un dia nos junta...
Amal. Pero una pregunta...
León. Yiene gente. Adiós, (váse.)

Amal. Sospechar de mí, Dios mió;


¿qué causa ó motivo di?
Creerme su amante... eso sí,

i
me quiere tanto mi tio!

ESCENA VIII.

Amalia, D. Juan.

Juan. jEh! Ya me tienes de vuelta.


¿Llorando? ¿Qué pena tiene
tu corazón? ¿A qué viene
- 47 -
dar al llanto rienda suelta?
Amal. Niñerías mias.
Juan. Es
que si algún motivo hoy...
Amal. Ño, no hay ninguno; es que soy
yo tan susceptible...
Juan. Pues...
Amal. ¿De dónde viene usted?
Juan. Vengo...
Te que iba á salir
dije
porque quería cumplir
una obligación que tengo.
Manda una añeja rutina
que de costumbre no sale,
que un dia como hoy, regale
el padrino á la madrina.
Yo, para cumplir, me instalo
en la joyería, y
mucho me alegraré, si

mi regalo.
te gustase (Dándola un estuche.)
Amal. ¿A ver? ¡Qué lindo!
Juan. Prescindo
de las piedras; ¿el dibujo
te gusta?
Amal. Es de mucho lujo.
Juan. ¿De véras?
Amal. Sí que es muy lindo;
¿ha costado mucho?
Juan. Siete
mil reales, cerca de ocho.
A ver, dame, te le abrocho. (Se le pone.)

Amal. Es precioso el brazalete.


Juan. Más preciosa eres tú.
Amal. ¿Yo?
No diga usted esas cosas.
Juan, Tus mejillas son dos rosas,
dos rosas de Jericó.
Amal. ¡Ay Dios, que me hace sentir
un... ay, tio, tio mió!
Juan. ¿Qué?
; )

- 48 —
Amal. ¿Por qué es usted mi tio?
Juan. ¿Lo sientes?
Amal. No, es decir...
dice la gente... mas miente,
y pudiera suceder
que al cabo...
Juan. Vamos á ver,
qué es lo que dice la gente.
Amal. Dice...

ESCENA IX.

Dichos, Cuervo.

Cuervo. ¿Ya está usted de vuelta?


Me alegro por vida mia;
entren ustedes á dar
el abrazo á la parida.
Juan. ¿El abrazo?
Cubrvo. Es de rigor,
es de rigor en tal dia;
al abrazarla se estrecha
el parentesco que liga...

Juan. Vaya el abrazo (


¡ es tan fea !

Ven tú que eres la madrina,


y la abrazarás también.
Cuervo. Yo voy sirviendo de guia.

ESCENA X.
Julia.

Julia. ¡Jesús! Creí que no acababa,


escribiendo horas y horas
en aquel picaro cuento...
mas llegué á tiempo; estoy sola;
aun no ha salido él bautizo
los coches formando cola
están en toda la calle...
!

— 49 —
¡
Oh! Don Juan hace las cosas
con rumbo... Si me amará...
ó me amará como á todas.
Es preciso, y no sé cómo,
introducirle la sonda.
Aquí risas de alegría. (Se oye reiv dentro.)

por un niño que se asoma


á las puertas de la vida,
y en el entretanto en otras
partes, porque un niño nace,
sobresaltos y congojas.
¿Habrá salido Manuela
de su cuidado? Me importa
mucho porque
saberlo,
cargaba sobre mí toda
la responsabilidad.
Miguel. A los piés de usted, señora.

ESCENA XI.

Julia, D. Miguel, con un niño debajo de la capa.

Miguel. ¿Usted me conoce?


Julia. No
señor, no tengo la honra...
Miguel. Yo sí la conozco á usted,
de que alguna vez, muy pocas,
la he visto en la casa de
Manolita.
Julia. Qué memoria
i

Ahora le recuerdo, sí.


Miguel. Vengo de su parte ahora,
y mil gracias por la mia
pues tanto interés se toma...
Julia. ¿Ha salido ya Manuela
de su cuidado? Me toca
mirar por ella, porque
estando enferma del cólera,
ella sola me atendía,
- 50 —
enteramente ella sola.
La pobrecilla, casada,
teniendo oculta su boda,
quiere que estén las resultas
ocultas ;
pues yo en persona
las guardaré, sí señor,

y hasta que ella disponga...


Miguel. Mil gracias; aquí está el niño, (Dándosele.)

y el biberón por si nota


necesidad; le hace usted
cristiano hoy; poco importa
sea cual sea el padrino
y el nombre yo á todas horas
;

he de llamarle hijo mío.


Julia. ¡Ahí ¿Es usté el?...
Miguel. Sí señora,
yo soy el hombre infeliz
que concibiendo una loca
pasión por Manuela, la hice
súbitamente mi esposa,
sin calcular que vendrían
circunstancias perentorias
como ésta, y que su familia
y la mia... en fin, disponga
usted de este niño.
Julia. Sí,

pero con calma estas cosas...


lo primero, bautizarle:
ahí en la calle de Atocha
vive un amigo en quien tengo
puesta mi confianza toda;
le servirá de padrino.
Buscar un ama, no es cosa
del otro juéves; que sea
limpia y tenga casa propia;
esto es, que viva en la suya
con el niño. Falta ahora
hacerle la canastilla;
pañales, mantillas, gorras...
Miguel. Yo compraré una completa;
!

— 51 —
la mandaré...
Julia. Me acomoda
más; hecho
así todo está

y mucho tiempo se ahorra.


¿Mas, cómo ha venido usted
aquí?
Miguel. La calle está, próxima;
desde ella la he visto á usted,
y entré. Conque agur, ahora
voy á hablar á mi familia;
quiera Dios no sea sorda
á la compasión su alma,
y yo recobre la joya
que entrego á usted.
Julia. No hay cuidado,
queda en buenas manos. jHola,
y cómo duerme, angelito!
Las facciones son hermosas;
si es así de grande...
Miguel. Adiós.
Julia. A Manuela, mis memorias.

ESCENA XII.

JlJLIA, con el niño.

Julia. ««. ¡Quién dirá que una pasión


romántica y amatoria,
acaba por fin por dar

mala bomba I...


este fruto:
— i
te adoro, bien mió
Cuánto
¿Y tú?— Mi alma te adora.
— Bendita tu boca sea.
— Bendita sea tu boca. —
Y luégo chiquillo al canto.
|Uf! Es la prosa más prosa...
el bautizo... su padrino
vive en la calle de Atocha;
el número no le sé,
-m—
pero abajo hay una lonja...

¿á dónde dejaré el niño


entretanto?... En esta alcoba.
(Se va puerta izquierda, y vuelve sin el niño..)

Angelito, en ese cuarto


retirado, á nadie estorba;
me voy, vuelvo, le recojo,

le bautizo, y aun me sobra


el tiempo para asistir

al otro bautizo. ¡Toma!


Este le llevan despacio...
como no hay nadie que oponga...
Ea, pues, me voy corriendo
y doy fin á la tramoya.

ESCENA XIII.

Amalia.

Amal. Doña Aldonza es peregrina;


es mujer de tomo y lomo;
parece muy buena... ¡y cómo
está con la papalina!
Los otros en el banquete,
dándose un pienso oportuno.
Yo no pude... y gracias á uno
que me ha alargado un sorbete...
y me ha traspasado el frió...
y...pero ¿por qué tontera
creyó la parida, que era
yo la mujer de mi tio?
Ella también... y León
decirme entre un denuesto...
¡Dios mió, Dios mió... esto
será predestinación?
OigO llorar... lloran, SÍ... (Llora un niño.)
¿Quién llora? Nadie responde...
Yo veré... ¿pero por dónde?
¡Ah! Ya lO Sé, por aqili. (VaSe puerta izquierda.)
!

— 53 —

ESCENA XIV.
Juan.

Juan. Ya he dado el abrazo, fiel

á lacostumbre y al uso
condenado, que dispuso
que abrazara á ese tonel.
Y él ¡qué satisfecho está!
La dicha de ese cuitado
me da envidia: es el estado,

el estado lo traerá.
Yo también puedo tener
igual dicha, si eligiera
una dulce compañera,
es decir, una mujer...
¿Dónde estaráAmalia? Allí
no quedó.

ESCENA XV.
Juan, Amalia, con un niño.

Amal. ¡
Qué hallazgo he hecho
Mire usté.
Juan. i
Un niño de pecho
Amal. Un niño de pecho, sí.

Estaba yo aquí pensando


en un sueño, una quimera,
cuando oí que á su manera
él me llamaba llorando.

Yo no puedo oir llorar

con serenidad á un niño;


vamos, los tengo un cariño...
y le he venido á acallar;
y aquí el biberón, á fe,

excelente prevención:
¿qué ha de hacer el biberón
)) I

- 54 -
si no hay quien se le dé?
¿Será el de Cuervo?
Juan. ¡Pues no
¿Hay otro aquí por» ventura?
Amal. Pues tiene más hermosura
que su señor padre.
JüAN. (Llora el niño.) i
Oh l

Amal. ¿Lloras? No llores, bien mió;


pobrecito de mi alma,
¿con qué tu pena se calma?
Te arroparé, ¿tienes frió?
El pobrecillo, tendrá
hambre; su suerte le vale:

( Poniendo el biberón en lá boca del niño.

¡Qué caramba! Así no sale. ( Meneando el biberón.

Juan. Empuja, que ella saldrá.


Amal. Condenado biberón,
si ahora no quiere servir...
¿Cómo había de salir
teniendo puesto el tapón?
Se le quito, y que le haga
buen provecho; esto es, ya está.

jAy cómo traga... ja, ja,


mírele usted cómo traga!
Y es bonito, muy bonito,
¿no es verdad?
Juan. Un poco obeso.
Amal. Ven, dame un beso... otro beso.
Juan. ( ¡
Quién fuera niño chiquito !

Basta, no le beses más.


Amal. Corriente, si usted se opone...
Juan. No... pero Dios te perdone...
Amal. ¿Qué?
Juan. La envidia que me das.
Eres hermosísima;
bien haya esa boca
que del niño toca
la Cándida piel,
Y si tiene ceño,
su ceño se quita
!

por esa bendita


boca de clavel.
Niño felicísimo,
que con dulces lazos
mecido en tus brazos...
Amal. ¡He Ya se durmió.
I

Juan. Se duerme el imbécil


cuando yo suspiro,
¡ay
Amal. ¡Cielos, qué miro!
Juan. Que suspiro yo.
Suspiro tiernísimo. ( Abrazándola. )

Amal. jAy, cómo me aprieta


usté!
Juan. Estate quieta,
que va á despertar.
Amal. Déjeme usted, déjeme,
que yo no me avengo...
no sé... vamos, tengo
ganas de llorar.
León por un lado,
Aldonza por otro,
¡oh! puesta en un pQtro.
me tienen á mí.
Y dicen malévolos
que usted, tio mió,
que usted no es mi tio
y mi amante sí.
Juan. Un remedio heroico
de acallar sus bocas.
Amal. Esperanzas locas,
no se callarán.
Juan. Sí tal, si benigno
me quiere tu pecho.
(¡Me caso! Esto es hecho.)
Escucha mi plan.
— 56 —

ESCENA XVI.
Juan, Amalia, Parienta, Parientes y Amigos.

Parienta. ¿Qué hacemos, señor padrino?


Después que ha tomado un tente
en pié, toda esta gente
quiere ponerse en camino.
Juan. Por mi parte, pronto estoy.
Parienta. Vamos.
Juan. Vamos al instante.

Ve con el niño delante,


y súbete á un coche.
Amal. Voy.
JüAN. Hoy vas mejor por aquí: (La izquierda.)

la iglesia está casi enfrente,

y es mucha ménos la gente


que curiosea.
Parienta. Sí, sí.

El brazo.
JüAN. Vaya.
Parienta. Porque,
sola yo, ¿qué se diria?
Al cabo soy una tia.

Juan. Yo no se lo niego á usté.


Vamos.

ESCENA XVII.

Dichos, Cuervo.

Cuervo. ¿Dónde van ustedes?


¿Y el párvulo?
Juan. Mi sobrina
le lleva.
Cuervo. (Ir á la cocina
á por él.) Tantas mercedes...
Vistiéndole estaban, y
- 57 -
lloraba á todo llorar...
Juan. Pues le ha sabido acallar
mi sobrina, y ya está allí.
Cuervo. Para con ustedes dos
mi gratitud...
Juan. Sí, ya sé...

muchas gracias.
Cuervo. No hay de qué;
vayan ustedes con Dios.
ACTO TERCERO.

ESCENA I.

León.

León. Bueno, se han marchado todos;


corriente, ya volverán;
en bautizar al cachorro
poco se puede tardar,
y en cuanto pille á Juan solo,
eso, se la pido á Juan
y me caso; sí, me caso;
tiempo es ya de descansar,
de no afanarme corriendo
tras la ajena propiedad...

¿y si corren tras la mia


cual yo tras la ajena? ¡Bah!
En haciéndola á mis manas
ella se defenderá.
Pero ¿y si no se defiende?
¿Y si cumple el refrán
se
de «aquel que la hace la paga»?...
¡Santo Cristo de Candas!...
¡He, fuera miedo 1 El mal trago
á pasarlo pronto; es tan
gustoso el tener familia...
y sólo la mujer da
esa familia y los goces
que son del alma el imán.
Se la pediré á Juan, si,
!

- 59 -
no me la puede negar:
él conoce mi familia
y mi posición social;
y luégo, quién sabe si...
si la muchacha será
rica; todo puede ser.
A ver... sobrina de Juan.
Hermanas no tiene; hermanos,
uno que es mayor y está
establecido en la Habana

y maneja un capital...
eso debe ser: magnífico,
¡si soy yo lo más sagaz!...
Bueno, todo me conviene;
nada, me voy á casar.

ESCENA II.

D. Miguel, León.

Miguel. Sudando estoy como un pollo;


corro como un azacán;
pero es tanta mi alegría,
tanta mi felicidad...
Hijo del alma, hijo mió,
al cabo conocerás
á tus padres, porque el mió
en nada se opone ya
á publicar el enlace.
¡Oh, ternura paternal!
IY yo pensaba, insensato,
no conseguir ablandar
su corazón... cuán injusto
he sido, y cuánta bondad
que tiene para conmigo
Deseando ver está
á su nieto... y, pobrecito,
por fin familia tendrá.
Mas no veo á doña Julia
'

- 60 -
por aquí, ¿dónde estará?
Pero allí veo un sugeto:
de él me podré informar.
Dígame usted, y perdone
usted mi importunidad,
¿conoce usté á doña Julia
Guerrero?
León.
empedernida conquista;
corazón de pedernal.
Miguel No tal, que es sensible.
León. Niego
yo su sensibilidad.
Escribe cuentos morales
lo mismo que Jorge Sand,
y almuerza con su editor
con desprecio á la moral.
I
Si la conozco ! Muchisimo.
I
Si la conozco ! Ojalá
no la conociera tanto:
por ella me he dado más
plantones y más paseos...
¿y qué he venido á sacar?
Lo que el negro del g An
jMp
Me figuro que no es tár
mala mi figura, digo,
creo que soy regular...
Miguel ¡Oh! Sí.

León. Para despreciarme,


y, del modo más audaz,
decirme: —
No quiero trato
con usted... —
Oh Ya verá ; !

que si ella no 'me quiere,


otrahay que me querrá.
Cada uno habla de la feria
según en ella le va:
yo de esa señora, he visto
su mucha amabilidad,
y su amistad como hay pocas,
y su tiernísimo afán,
- 61 —
hasta el punto de encargarse..,
pero no está aquí.
León. No está.
Miguel. La he hablado aquí hace poco.
León. Yo creo que iba á cruzar
hácia la calle de Atocha
estando yo en el portal;

pero estará en el bautizo.


Miguel. ¿En el bautizo?
León. Sí. ¡ Ah!
no estará usted enterado:
pues hay esa novedad;
me lo ha contado el mancebo,
que es de lo más charlatán...
y como ella al fin y al cabo
vive en esta vecindad...
Miguel. Bautizo... bautizo...
León. ¿ Y qué
tiene de particular?
Miguel. ¿Cómo tan pronto?
León. No es pronto;
¿qué hora es? Las cuatro serán...
las CUatrO y CinCO minutOS. (Mirando el reloj.

¡He! ¿Qué'lBÍÉfctal?
Tengo yo un ojo...

Miguel. ¿Está usted


,
seguro?
León. ¿No lo he (le estar?
Lo dicho, todo el cortejo
ha ido á San Sebastian.
Miguel. ¡Oh! Pues voy corriendo; agur.
León. Vaya usted con... ¿qué le da?

ESCENA III.

León.

León. ¿Dónde va ese hombre? Parece


que le lleva el huracán.
!

- 62 —
¡Bah! Será algún convidado,
el cual no querrá faltar
á la sacra ceremonia
de la pila bautismal.
Aquí Juan ha de venir,
justo, y aquí pillo á Juan,
y le pido la muchacha,
y, adiós, ya te dejo en paz.
¡Ingrata Julia! Y es guapa...
si se humanizara más,
es muy posible que al fin...

¿Qué estoy diciendo? ¡Arre allá!


Aun ántes de ser marido
pienso en la infidelidad.
Juan no vendrá solo; espero
que se desocupe, y ¡zas!
á su sobrina le pido
con toda solemnidad.

ESCENA IV.

Cuervo.

Cuervo. No te desarropes, hija, (Hablando á la puerta.)

porque hace un frió, que ¡ya!


Pues señor, perfectamente, (se sienta.)
no me falta nada más
que se crie bien el chico;

y sí que se criará.
Aldonza quiere criarle:
como es tan robusta y tan...
Sin embargo, eso no deja
de dar incomodidad:
no pueden comer picante,
no pueden beber agraz,
no pueden... ¡He! ¿Qué he escuchado?
(Llora un niño.) v

¡
Ay Virgen del Tremedal
La voz de Napoleón.
— 63 -
¿Pero cómo, si está allá?
Será ilusión mia... no,
porque llora más V más; (Llora un niño muy faerle.

llora porque no es cristiano.


¿Pero á qué muchacho han
bautizado allí? ¡Dios mió!
Ya VOy, la parida, aun más; ( Suena una campanilla.
ya voy, hijo Napoleón,
espérate, que allá va.

'

ESCENA V.

Juan, Amalia, Parienta, Parientes.

Amal. ¡Jesús, cuánta gente, cuánta!


Juan. Gracias á Dios que llegamos
á casa, y libres estamos
de tanto apretón y tanta...
¿Y la gente? No adivino,

pardiez, lo que la acontece;


¿de qué se asombra? Parece
que nunca han visto un padrino.
— ¿Cuál es el padrino? Es —
el que lleva el niño acuestas.
— Parece al que vende cestas
al lado de San Gines. —
Y todos vienen y van,
y yo no sé lo que hago,
y la propina al monago,
la propina al sacristán.

Y cuando libre me creo


del atroz berengenal,
una voz descomunal
dice gritando: — ¡Bateo! —
Y echando mano al bolsillo,

tirar pesetas sin duelo,


que antes que caigan al suelo
las coge en el aire un pillo.
Toma uno el coche á su vez,
;

- 64 -
y cuando cree descansar,
no puede ni respirar,
porque en el coche van diez.
¡Ay Cuervo, amable vecino!
Si acepté, por vida mia,
juro á usted que no sabia
la ganga que es ser padrino.
Pamema. Y bien,ya estamos aquí.
Juan. Gracias á Dios.
Parienta. Mano á mano,
con el muchacho cristiano,
un Santo, es un Santo.
Juan. Sí,

no ha pecado todavía;
pero en creciendo, no sé
yo si será un Santo.
Parienta. ¿Qué...
qué dice usted?
Juan. Yo decia...
Amal. Yo voy á ver la mamá,
á asegurarla de fijo
que ya es cristiano su hijo
•qué contenta se pondrá!
Juan. Anda ve, y estáte ahí,
yo me encuentro muy cansado.
(\'ase Amalia puerta izquierda, dejando el niño á un Pariente.)

ESCENA VI.

Dichos, menos Amalia.

Juan. Conque, la verdad, ¿ha estado


la cosa con lujo?
Parienta. Sí.

Los monagos con su cola,


usted con el de pañales,
el sacristanas ciriales^,
y el párroeocon su estola.
Todo ha estado bien, muy bien,
y yo al fin, como una tia,
he tenido muy buen dia:
bendito el Señor, amen.

ESCENA VIL
Dichos, Cuervo.

Juan. ¡Cuervo! A propósito viene.


Lleno de contento vengo...
¿Qué cara tiene usted?
Cuervo. Tengo
la caraque me conviene:
que seria una irrisión
tener la cara de gloria,
al que es víctima expiatoria
de una suplantación.
¿Se entera usted? ¿Se penetra
usted?
Juan. No señor, confieso...
alguna letra...

Cuervo. No es eso,
no se trata de una letra,
sinó de todo un renglón
que está vivo y efectivo.
-
¿Se entera usted?
Juan. No concibo
lo de la suplantación.
Parienta. Tu hijo está aquí, dale un beso.
(Le pone el niño en los brazos.)

Cuervo. Jamas.
Parienta. ¿Qué haces, temerario,
siendo tu hijo?
Cuervo. ¡Canario!
Yo no reconozco eso;
este niño es un ladrón.
Parienta. ¿El niño?
Cuervo. De tomo y lomo*
y sinó veamos: ¿cómo
- 66 —
se encuentra en mi habitación?
O es un chiquillo inclusero
que ha salido del abismo^
para quitarle el bautismo
alNapoleón verdadero.
Yo con un dolor acerbo,
ya que es preciso hablar claro,
solemnemente declaro
que éste no es Cuervo.
(Deja el niño á la Parienta, y vase.)

Parienta. ¡¡No es Cuervo!!


(Deja el niño á un Pariente, y se va.)

Pariente. ¡¡No es cuervo!!


(Deja el niño á ctro Pariente, y se va.)

Pariente 2.° ¡¡No es Cuervo!!


(Deja el niño á Juan, y se va.)

Juan. ¿Cómo?
¡Cargar yo con el mochuelo!

ESCENA Vm.
Juan, con ei nino.

Juan. Hé, caballeros... señoras;


hé, señoras... caballeros;
¿que no es cuervo? ¿Pues qué casta
de pájaro es este... objeto?

1
Ay que llora!... Que te calles. (Llora el niño

Calla. ¿Callas? O te pego.


¡Ira de Dios, cómo aprieta! (Más fuerte.)

¿Qué buscas, si yo no tengo...


El biberón, f Viéndole. ) Toma aquí;

hay medio cuartillo, bébetelo.


Se calla, es claro, no puede
>
chillar y chupar á un tiempo.
Esta humedad... ¡ay Dios mió!
Se ha... Jesús cómo me ha puesto!
¡

No quiero más... ¿Otra vez ( Llora el niño.)

lloras firme? ¡Yo niñero!


; )

- 67 —
A la rO 1*0, á la rO rO, (Meciéndole.)
vamos á ver si le duermo
estando en silencio aquí...
(Se oye una música estrepitosa.)
¡Para cuándo son los truenos!
La murga... Chiquirritín,
duérmete tú... ¡vivorezno!
A la ro ro, que te calles, (Meciéndole.)

á la ro ro ro, silencio. ( Meciéndole.

ESCENA IX.

León, Juan.

León. Felices dias.


Juan. Leon,
llegas llovido del cielo:
mira, tómame este niño.
Leon. ¿Que te le tome? No quiero.
¿No le has tenido en la pila
hace poco?
Juan. Sí.

Leon. Pues tenlo.


Juan. ¡Aquí una cuna! ¡Magnífico! (viéndola.)

Aquí le encajo y le mez<o. (Meciéndole.)


Leon. Vengo á hablarte de un asunto.
Juan. ¿De un asunto?
Leon. Sí, muy sério
tanto, que tentado estoy
por apearte el tratamiento
y hablarte de usted.
Juan. ¿Usted?
Como soy que no comprendo...
Leon. Tú sabes que yo estoy muy
bien por el lado materno;
con la herencia de mi madre
adquirí olivos, majuelos,
y un molino, y una fábrica
de hacer botones de hueso.
- 68 -
Juan. Sí que lo sé; ¡y bien! ¿Y qué?
León. Ademas, soy heredero
de mi padre y de mi tio,
dos ricachones de Oviedo;
ademas soy abogado,
y aunque hoy en dia no ejerzo,
mañana puedo ejercer
si me acomoda, ¿no es esto?

Juan. Y bien, ¿y qué?


León. Que cansado
de la vida de soltero,
de andar á salto de mata,
siempre agitado y corriendo,
habiendo cumplido ya,
y te lo digo en secreto,
treintay cinco años, lo mismo
que treinta y cinco perversos
demonios, he decidido
terminar en el sosiego

mis dias.
Juan. ¿Quieres casarte,
en resúmen?
León. Es un hecho.
Juan. ¿Y á mí qué me importa?
León. Mucho:
los lazoé de parentesco
que te unen á ella...

Juan. ¿A ella?
¿Quién es ella?
León. No me atrevo...
Juan. Háblame claro, más claro,
sin ambajes ni rodeos;
tu modo de relatar
esas cosas, causa sueño:
¿ves? Ya se ha dormido el niño.
Conque al grano, ¿quién es? Presto.
León. Tu sobrina.
Juan. ¡Mi sobrina!
León. Amalia.
Juan. ¿Amalia?... La niego.
— 69 —
(Pues no me faltaba más
que ahora viniese un mastuerzo...)
León. Dime la razón que tienes.
Juan. Yo sé la razón que tengo.
León. Me darás satisfacción
en el campo.
Juan. ¿Yo?
León. Corriendo.
Tiro más que tú: en la sala

de armas, tirando, recuerdo


que te he zurrado.
Juan. (Es verdad.)
León. Y te zurraré de nuevo.
Y si con cuantos la pidan,
que habrá un buen número de ellos,
les contestas lo que á mí,
tendrás con cada uno un duelo.
Juan. (Y es cierto: la chica es linda
y la pedirán trescientos.)
Si te la he negado, no
fué por hacerte de ménos:
yo, por el contrario, hago
justicia á tus muchos méritos;
ten paciencia...
León. Muchas gracias,
la paciencia es lo de ménos.
¿Pues por qué la niegas?
Juan. Por
que hay un compromiso sério
anterior.
León. jCómo! ¡La casas!
Juan. La caso con un sugeto
muy amigo tuyo.
León. ¿Sí?
Juan. Se casa conmigo.
León. ¡Cielos!
¿Y la vecina?
Juan. ¡Áh! ¿Doña
Julia? Mira, te la cedo.
León, Muchas gracias.
— 70 -
Juan. Te conviene
más que Amalia, yo lo creo:
una viuda que ya sabe,
que ya conoce el gobierno
de una casa, y que está guapa...
y escribe cuentos, ¡qué cuentos!
Morados... digo, morales,
en lenguaje verdinegro...
jOh! Vas á ser muy feliz,

vas á ser muy feliz.

León. Pero
si ella no me puede ver.
Juan. Ella te adora en secreto;
pero por disimular,
tal vez teniéndose miedo...

miedo á sí misma, ¿comprendes?


era darte aquellos feos.
León. Es muy guapa, sí, es verdad;
pero Amalia...
Juan. ¿Volvemos
á las andadas? Amalia
no es para tí; no bay más pero...
¿Lo ves? Ya has despertado
el chico; le meceremos. (Meciéndole.)

A la ro á la ro... ¡por vida!

¿Be qué te ries, zopenco?

ESCENA X.

Dichos, Julia.

Julia. ¡Calla, don Juan... con mi niño!

León. ¿De usted? Ahora entra lo bueno.


Juan. ¿Es de usted? ¿Es de usted?
Julia. Sí.

Juan. Pues tómele usted.


Julia. No quiero;
digo que es mió, y no es mió,
porque...
- 71 -
León. ¡Y yo era tan inepto
que mi mano,
la iba á ofrecer

y habia eso de por medio!


Julia. ¿Que su mano?
Juan. Sí, señora;
León es mi amigo, y no quiero...
yo la amo á usted; sin embargo,
nuestra amistad tiene un peso...
que no puedo competir
con León; así, que cedo
en su favor la hipoteca.
León. Buena hipoteca tendremos
con el chico.

Julia. Ay, el niño


es mió, yo lo confieso;
pero yo no soy su madre...
Ni cómo pudiera serlo
si soy viuda, y más que viuda,
y literata, y...
León. Convengo;
pero la literatura
no se opone...
Julia. Es largo cuento:
una amiga mia, que
está casada en secreto,
ha dado á luz este niño,
me le ha confiado luégo,
yo he salido por buscar
un padrino, estaba ahi dentro...
Juan. Justo, y de ahí le tomó Amalia
creyendo que era el de Cuervo.
Está usted justificada:
pídela perdón, mastuerzo.
León. Yo...
Juan. ¿No ves que es inocente?
León. Que perdone si creyendo...
Juan. Usted le perdona, ¿sí?
Julia. Le perdono, pero...
Juan. Bueno
(no le deje usté escapar,
— 72 —
tiene un capital inmenso). (Aparte á eiia.)

León. Gracias, mil gracias. (Dándose las manos.)


Juan. Así,

y á mí también, porque tengo


en parte la culpa y... vamos,
como yo estaba creyendo...
Cuervo tenia razón
y yo desmentía á Cuervo;
la misma declaración
hiciera al pié del cadalso.

ESCENA XI.

Amalia, Parienta, Cuervo, con un niño en brazos.

Cuervo. Ese Napoleón es falso;


aquí está Napoleón,
el verdadero, que di
el

yo á mi mujer;
luz, digo,

pero es igual, porque el sér


todo me le debe á mí.
Y aquí debe haber un duende...
¡Calla! (Lloran los niños.)

León. Los dos, ¡yaya un dúo!


Juan. ¡Voto al spíritu tuo!

¡Y ahora quién se comprende!


(Al suyo.)

Cállate, acállele usted. U c ñervo.


Cuervo. ¡Y qué tengo de hacer yo!
Juan. Así, á la ro, á la TO, (Meciendo el niño.)

Cuervo. A la ro ro, á la re re...

¿Callas? No se calla, no.


¡Hombre! Quiere que le dé... (Meciéndole siempre. t

A la ro ro, á la re re...
Juan. Oigan ustedes, ro ro,

ya está descifrado el lio,

muchacho
á la ro ro, este
que Amalia y yo sin empacho
sacamos de pila...
— 73' -
Miguel. Es mió.
(Tomando el niño á Juan y dándosele á un ama de cria que va

con él.)

ESCENA XII.

Dichos, D. Migüel, con un ama de cria.

Miguel. Venga acá; llévele usté


á su casa. ( Al ama de cria, que se va.)

Juan. ¡Ay qué peso


me lie quitado Según eso...
1

muchas gracias.
Miguel. No hay de qué.
Juan. ¿Es usted su padre?
Miguel. Sí:
de un casamiento secreto
es hijo; yo estaba inquieto
por venir, y así
se lo hube de confiar
á esta señora...
Julia, Salí
dejándome el niño aquí
para un padrino buscar...
Juan. En esto que Amalia vino,
le oyó llorar, le cogió,

fuimos á y yo
la iglesia,

le he servido de padrino.
Miguel. A usted mi gratitud toda
por semejante favor...
Juan. ¡ Su gratitud No señor,
!

séalo usted de mi boda:


me caso.
Julia. ¿Se casa usté?
JUAN. (Aparte á Julia.)

Sí, para ponerme un freno:


con mi sobrina.
Julia. i
Qué bueno!
Juan. Si ella quiere.
5*
- 74 —
Amal. Yo... sí... Es que
va á ser esta boda un lio,

pues de ese modo vendría


á ser, no hay más, tía mía.
Juan. Justo,y yo sobrino mió.
Con felicidad inmensa
nos casamos, y no es broma,
en cuanto venga de Roma
la consabida dispensa.
Harto trabajo me cuesta, (Aparte á Julia.)

pero cedo.
León. ¡Galopín!
se lleva la otra... en fin,

me consolaré con ésta.


Julia. No, ahora se ahorran mil
pasos.
Juan. El cómo no acierto.
Julia. Es muy sencillo por cierto:
el matrimonio civil...

Juan. Esa es, viven los cielos,


fruta nueva, que no tomo:
yo quiero casarme, como
se casaron mis abuelos.
Yo, apostólico romano,
eso civil no me explico.
Cuervo. ¿Pero entretanto, á este chico
nadie me le hace cristiano?
¿Se quedará á buenas noches
en medio á tanta alegría?
Juan. Nada de eso, todavía
no he despedido los coches;
"S&tlm buen hora cristiano
f
\ como el otro, y que los dos
1 vivan mucho. (¡Justo Dios,
lcóm o me huele la mano!)
Celebraré su bautismo,
y muy feliz le veamos.
Coge tú el muchacho, y vamos
á la parroquia ahora mismo:
no haya más interrupciones,
;

- 75 —
vámonos sin dilación
¿se llamará?...
Cuervo. Napoleón.
Juan. Y son dos Napoleones.
¿Qué haces tú parada ahí?
Amal. Yo, es que...
Juan. ¿Por qué no vienes?
Amal. Es que...
Juan. ¿Por ventura tienes
que decir algo?
Amal. Yo... sí.

(Al público.)
Señores, este inocente,
que es chiquitito y no miente,
por su intérprete me elige,

y á su manera me exige
que yo diga lo siguiente:
Esta comedia se ha escrita
enfermo y triste su autor:
si escribir mal es delito,

perdonadle ; el pobrecito
no puede hacerlo mejor.
Esta criatura al sacar
á escena, de estimular
vuestra compasión trató:
aplaudid, porque sino,
como es niño, va á llorar.

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