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Salud

La inteligencia emocional es crucial en la relación médico-paciente, ya que permite a ambos reconocer y manejar sus emociones, mejorando así el estado anímico del paciente durante la consulta. Acciones como preguntar, escuchar, empatizar y retroalimentar son esenciales para una comunicación efectiva y un ambiente de confianza, lo que favorece la adherencia al tratamiento y el bienestar emocional. Además, la regulación emocional del paciente contribuye a su resiliencia y control sobre su situación, reduciendo la carga emocional asociada a la enfermedad.

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La inteligencia emocional es crucial en la relación médico-paciente, ya que permite a ambos reconocer y manejar sus emociones, mejorando así el estado anímico del paciente durante la consulta. Acciones como preguntar, escuchar, empatizar y retroalimentar son esenciales para una comunicación efectiva y un ambiente de confianza, lo que favorece la adherencia al tratamiento y el bienestar emocional. Además, la regulación emocional del paciente contribuye a su resiliencia y control sobre su situación, reduciendo la carga emocional asociada a la enfermedad.

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UNIVERSIDAD AMERICANA

Facultad de Ciencias Médicas

Salud comunitaria III


Período: I Semestre de 2026

Inteligencia emocional en los pacientes

Estudiantes:
●​ Adriana De Los Angeles Rivas Solis.
Docente:
Dr. Zamora.

22 de Abril del 2026


Managua, Nicaragua
La inteligencia emocional (IE) se puede entender como la capacidad de identificar, expresar y
regular las emociones, integrándose con el pensamiento y la conducta. En términos más
simples, implica reconocer tanto las propias emociones como las de los demás y saber
manejarlas de forma adecuada en las relaciones interpersonales. Esta habilidad está
estrechamente vinculada con el desarrollo de competencias y destrezas en ámbitos sociales,
académicos y laborales. (Martínez A., et al 2023)
Esta juega un papel fundamental para mejorar el estado anímico de los pacientes en la
consulta ya que permite y ayuda tanto al médico como al propio paciente reconocer y
expresar de manera adecuada sus emociones en un contexto de enfermedad, incertidumbre y
estrés. Cuando hay una relación médico-paciente y este actúa con inteligencia emocional,
escucha con empatía, válida lo que el paciente siente, responde con calma y explica de forma
clara y cercana, se genera un clima de confianza en el que la persona deja de sentirse solo,
juzgado o ignorado, esta forma de atención humana reduce de inmediato la ansiedad, el
miedo y la sensación de desamparo, lo que hace que el paciente se sienta más tranquilo,
comprendido y respetado durante la visita, favoreciendo así un estado de ánimo más positivo
incluso frente a un diagnóstico difícil.

En la consulta externa, donde muchos pacientes asisten de forma recurrente por


enfermedades crónicas, controles o procedimientos, el manejo emocional del profesional se
vuelve aún más importante ya que un trato sensible, paciente y humanizado ayuda a que la
persona no asocie la consulta con miedo, sino con un espacio de apoyo y acompañamiento.
Según Caballero C. (2025) existen seis acciones que entran en juego en el ámbito de las
relaciones interpersonales en la práctica clínica son:
●​ Preguntar para descubrir posibles miedos, dudas, expectativas, objetivos o deseos.
●​ Escuchar con interés y atención.
●​ Empatizar con las razones y emociones de los pacientes.
●​ Sintetizar las palabras, ideas y conceptos más relevantes
●​ Reforzar los logros y los esfuerzos de los pacientes.
●​ Retroalimentar para evaluar la comunicación y poder optimizarla.

Estas acciones permiten que la comunicación en el entorno clínico sea más efectiva y
significativa ya que facilitan la comprensión integral del paciente más allá de sus síntomas
físicos. Al fomentar un diálogo abierto y respetuoso, se promueve la participación activa del
paciente en su propio proceso de atención, lo que contribuye a mejores resultados en salud.

Además, cuando el profesional regula sus propias emociones, manejar bien el estrés y evita
reacciones impulsivas o distantes, el paciente percibe un entorno más seguro y estable, lo que
disminuye su ansiedad y mejora su percepción subjetiva de salud. Esto se traduce en una
mayor adherencia a los tratamientos, una mejor disposición para seguir las recomendaciones
y una actitud más colaborativa, todo lo cual influye positivamente en su bienestar emocional
y físico.

Al mismo tiempo tenemos que tambien la inteligencia emocional del propio paciente también
incide en su estado anímico durante la consulta. Cuando la persona puede identificar qué
siente miedo, tristeza, frustración, expresarlo de forma asertiva, hacer preguntas y participar
activamente en la toma de decisiones, tiende a experimentar menor sensación de impotencia y
mayor control sobre su situación. Esto favorece la resiliencia, es decir, la capacidad de
enfrentar mejor la enfermedad, aceptar los cambios necesarios y mantener una actitud más
positiva frente a los retos.
Además, la regulación emocional ayuda al paciente a manejar el estrés asociado a la espera,
al diagnóstico o a los efectos secundarios del tratamiento, reduciendo así la carga emocional
y evitando el deterioro marcado del ánimo entre una consulta y otra.

Bibliografía

Martinez A., Hernandez E., Ulloa M. y Gusman R. (2023) Inteligencia emocional y su


importancia en el proceso formativo de especialidades médico-quirúrgicas. Scielo.
Recuperado de:
[Link]

Caballero C., Fleta P., Castellano R. y Lasheras A. (2025) Inteligencia emocional y hábitos
del paciente. Zona Hospitalaria. Recuperado de:
[Link]

Marcos J., et al (2023) Relación médico-paciente e inteligencia emocional, un reto en la


educación médica. Scielo. Recuperado de:
[Link]

Perez G., Morejon M. y Diaz B. (2024) Importance of Emotional Intelligence in students and
health professionals. Scielo, Recuperado de:
[Link]

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