INTRO:
Hoy vengo a hablarles de Job. Todos conocemos Job quien fue Job. Conocemos su
historia. Como este hombre fiel a Dios, temeroso del Altísimo poseía innumerables
riquezas materiales, además de riquezas poseía una gran familia, un hombre respetado
y bendecido. Sabemos que un buen día el Señor comenzó a probarlo, comenzó a
probar su fe, su integridad, su fidelidad, y Job perdió todo. Aún así no pecó Job.
¿Amén?
Job 32:1-3
1. Entonces estos tres hombres dejaron de responder a Job porque él era justo a sus
propios ojos.
2. Pero se encendió la ira de Eliú, hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram. Se
encendió su ira contra Job porque se justificaba delante de Dios.
3. Su ira se encendió también contra sus tres amigos porque no habían hallado
respuesta, y sin embargo habían condenado a Job.
Si vamos más atrás nos encontramos a Job recordando sus días felices los días en los
que lo tenía todo, en esos días cuando Dios velaba por él, en esos días en los que
caminaba en luz, en esos días cuando era joven cuando el favor de Dios estaba con él.
También seguidamente podemos percibir a Job lamentándose de su situación
nuevamente, contándole a sus amigos como se burlan ahora los jóvenes de él,
hombres que antes no eran nada a sus ojos, ahora se burlaban de su condición.
En toda esta parte por el lenguaje de Job se puede percibir el cambio emocional que ha
experimentado, podemos comprender el punto en el que se encuentra.
Porque el ser humano no ha cambiado tanto, cuando estamos pasando por un mal
momento todo en nuestro ser cambia, nuestro lenguaje corporal, nuestro lenguaje
interno y por supuesto el externo.
Miren esta pequeña porción: Ando enlutado, sin consuelo, me levanto en asamblea y
clamo.
He venido a ser hermano de chacales y compañero de avestruces.
Mi piel se ennegrece sobre mí, y mis huesos se queman por la fiebre.
Es evidente ese momento terrible por el que estaba pasando.
El libro de Job nos recuerda que Dios es fiel en todo. Que Él no abandona a sus hijos.
Qué a pesar de todas las tribulaciones que podamos pasar Dios siempre vendrá al
rescate. Y que Él mismo como en esta ocasión nos pondrá a prueba para mostrar
nuestra fe, nuestra santidad, nuestra integridad. Porque Dios se goza en el siervo recto,
en el íntegro de corazón. ¿Amén?
1-Solo Dios justifica por medio de Cristo.
2. Pero se encendió la ira de Eliú, hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram. Se
encendió su ira contra Job porque se justificaba delante de Dios
En el capítulo 31 el cual le colocan este subtitulo:
Job afirma su integridad.
Job deja de quejarse y comienza a hacer algo peligroso. Comienza a auto justificarse
delante de Dios.
Este capítulo 31 completo es Job justificándose y con esto de una forma u otra
indirectamente afirmando ser justo, no directamente pero sí con una serie de
argumentos a favor de sí mismo. Sí Job era recto, sí no pecó. Pero se ganó la
reprimenda de este joven y no por gusto.
Job a través de sus argumentos se justifica a sí mismo, exalta sus “íntegros” y” justos
“comportamientos, mentía Job?
No mentía cuando afirmaba estas cosas, ¿era necesario que se justificara delante de
Dios? No. ¿Por qué el Espíritu Santo permite esta aparente confusión? Más adelante
vamos a comprenderlo.
Eliú es introducido aquí, es una persona nueva que aparece.
Vamos ahora al principio con algo que parece una aparente contradicción en el mismo
libro.
Job 1:1
...era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Cómo es que Job era un hombre perfecto y recto y más adelante lo vemos haciéndose
justo delante de Dios. ¿Se está contradiciendo la palabra?
Por supuesto que no. Podemos darnos cuenta de algo aquí: Que aun siendo Job
Perfecto, recto y temeroso de Dios. Cayó en la auto justificación. No completamente
pero sí en cierta medida lo llevo a hacerse justo a sus propios ojos.
Esto nos enseña algo hoy. Nada nos puede justificar delante de Dios. Y hablo de las
dos justificaciones. La que afirma que eres justo y la que hace que justifiques tus
comportamientos sean buenos o malos delante de él.
No hay nada que puedas hacer tú para ser Justo delante de Dios. ¿Es malo esto?
Es una buena noticia eso no es algo malo. Porque a causa de que no podemos hacer
nada con respecto a esto es que necesitamos a Cristo. El reino de Dios en Cristo crece
en nosotros por su gracia y por nuestra fe en su Gracia.
El Espíritu Santo se recibe por la Fe.
Efesios 1:13-14
13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la
promesa,
14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida,
para alabanza de su gloria.
La salvación es por gracia.
Efesios 2 :8-9
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
El único que con su muerte y su resurrección nos pudo redimir de nuestros pecados. A
través de nuestra fe en Él. No hay otra forma. El fruto no se puede cultivar.
Repito el fruto no se puede cultivar. Usted puede practicar las disciplinas espirituales
que son orar a diario, leer la palabra de Dios a diario, evangelizar que por cierto nos
ayuda mucho.
El fruto del Espíritu Santo amado hermano es algo que va creciendo en usted
progresivamente como consecuencia de la comunión con Cristo a través del Espíritu
Santo. Como consecuencia de esa comunión con Él.
Ahí es donde debe de estar nuestra fe puesta. Esperando que como consecuencia de
no desligarnos de Cristo seremos transformados, para la gloria de Él.
El fruto del Espíritu se explica por este versículo también. La palabra de Dios se explica
así misma.
Juan15:5
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva
mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Lo que hacemos para el Señor lo hacemos porque Él nos amó primero. Y el Espíritu
Santo que es el autor de los cambios en nuestro comportamiento, en nuestro carácter,
en nuestras creencias es quien nos ha acercado y nos acerca diariamente aún más al
Señor.
Estoy cansado sinceramente de escuchar sermones que te dicen: has esto y tendrás
aquello, sermones legalistas y moralistas, donde te dicen se como David, se como
Moisés, se como Abraham. Haz esto, debemos cultivar los frutos.
Y no mencionan a Cristo por ninguna parte.
No se están dando cuenta de que la palabra de Dios no se contradice y que si Job aún
siendo perfecto, recto y temeroso de Dios, se trató de justificar así mismo. Es porque
lo perfecto estaba por venir. Cristo estaba por venir. O por qué usted cree que todos
terminaron fallando desde Moisés, David, Salomón, Job. En algo fallaron ellos.
¿Sabes quién si no falló jamás? Cristo Jesús. Ese murió en la cruz por ti. Por Cristo
Jesús tenemos entrada al Lugar Santísimo, no por Moisés, ni por David, ni por
Salomón. Fueron grandes siervos de Dios, sí son ejemplos, pero vivimos en el tiempo
de la Gracia. Vivimos en el tiempo en el que una vez murió Cristo el velo se rasgó, el
Espíritu Santo vino a nosotros y fuimos sellados y somos guiados hoy por Él. Y lo que
hacemos al servicio de Cristo es por haber creído en Él y por haber sido sellados.
No vivimos en los tiempos de Moisés, ni del sacerdocio levítico donde había que hacer
cosas para ser espiritual. O para ganarse el favor de Dios. Ya Cristo lo hizo todo, y
nuestra parte es permanecer y nutrirnos de Él, sin desviarnos, sin soltarnos. Debemos
depender de Cristo y guiar a los demás a depender de Cristo, no a depender de
nuestra fuerza de voluntad, o de lo que podamos hacer por nosotros mismos. Eso es la
gracia, eso es lo que predicaban Pablo y los apóstoles. ¿O es que acaso no hemos
comprendido hermano?
Entonces estos sermones conducen implícitamente a creer que es por nuestra fuerza,
por nuestro esfuerzo que podemos obtener cosas de Dios. Y dónde queda lo que hizo
Cristo, donde queda la justificación por fe. Donde queda la soberanía y la voluntad
absoluta de Dios. ¿Dónde queda la gracia hermano?
Juan 5:39
39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida
eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
Juan 5:46
Porque si creyeseis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él.
Lucas 24:27
27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en
todas las Escrituras lo que de él decían.
Lucas 24:44
44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era
necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos.
Hechos 10:43
43 De éste da testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán
perdón de pecados por su nombre.
Cristo es el hilo conductor de todas las escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis.
Y yo he venido aquí y no solo aquí he visto también por internet sermones en los que
se menciona a Cristo de pasada, pero no se reflexiona ni se estudian sus palabras.
O sino hablamos de parte de la vida de Cristo y ya está.
Peor aún ni mencionan a Cristo. Y yo me pregunto cómo podemos predicar sin
mencionar a Cristo.
Recuerden los que predican el peso que tenemos en nuestros hombros cuando nos
paramos a predicar enfrente. El peso de la edificación a nuestros hermanos, el peso de
la palabra de Dios de predicarla correctamente.
El único justo y digno de seguir ciegamente es Cristo.
1ra Pedro 3:18
18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado
en espíritu;
Hay que ver como estamos edificando a la Iglesia. Y ya te digo yo que si seguimos
edificando con esos sermones moralistas y legalistas la congregación se va a llenar de
hermanos que van a confiar más en ellos que en lo que hizo Cristo en la Cruz.
Hermanos reflexionemos sobre esto.
Solo Dios puede justificarnos a través de la sangre y el sacrificio en la cruz.
Necesitamos como seres imperfectos a Cristo en nuestras vidas.
¿Cómo se manifiesta la justicia de Dios en estos tiempos?
Romanos 3:21-28
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la
ley y por los profetas;
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.
Porque no hay diferencia,
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en
Cristo Jesús,
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para
manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados
pasados,
26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el
que justifica al que es de la fe de Jesús.
27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las
obras? No, sino por la ley de la fe.
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
Aquí está la respuesta:
Se manifiesta por medio de la fe en Jesucristo, dice ahí para todos los que creen en Él.
Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención. Solo Dios nos
justifica, pero debemos de tener siempre presente que esta justificación viene por la fe
en la redención de nuestros pecados por medio de Cristo.
Entonces hermanos, miremos en dirección a Cristo acercándonos confiadamente al
trono de la gracia. Comprendamos hermano que es lo que dice el Espíritu Santo en
estos tiempos de gracia.
Dejemos de imponer cargas a los hermanos como hacían los fariseos en otros tiempos
que a parte de la ley de Moisés tenían un rollo de leyes más que ni ellos podían
cumplir.
Hermano pidamos al Espíritu Santo la sabiduría para comprender las maravillas de las
riquezas de la gracia que hay en Cristo Jesús porque parece que lo comprendemos,
pero luego venimos y comenzamos a edificar a la Iglesia del Señor y parece que
queremos volver al Antiguo Pacto hermano llenando a los hermanos de los “haz”. Haz
esto y esto otro.
2- Solo el Justo puede juzgar al mundo.
3. Su ira se encendió también contra sus tres amigos porque no habían hallado
respuesta, y sin embargo habían condenado a Job.
Esta nueva persona que es introducida aquí, que por cierto es más joven, lo podemos
notar por la forma en la que habla además porque en el versículo 4 de este mismo
capítulo lo menciona.
Y se enciende en ira también contra los tres amigos de Job. Porque estos se quedaron
con él. Pero por mucho que argumentaran lo único que salió de sus bocas fue el juzgar
y condenar a Job ninguno tuvo respuesta a los argumentos de Job tampoco.
Job 32:11-13
11 He aquí yo he esperado a vuestras razones, He escuchado vuestros argumentos,
En tanto que buscabais palabras.
12 Os he prestado atención, Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job,
Y responda a sus razones.
13 Para que no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría;
Lo vence Dios, no el hombre.
Y si somos justificados solo por la fe en Cristo, mediante el Espíritu Santo de Dios, si
somos justos por Cristo, si hemos sido hechos hijos de Dios, ¿por qué somos llevados
por nuestros pensamientos más carnales?
Gran cantidad de veces hemos estado en esta posición en la que estuvieron los amigos
de Job. Lejos de dar una palabra de aliento, una palabra de consuelo o de apoyar a
nuestros hermanos, lo que hacemos es comenzar una serie de argumentos y
refutaciones a lo que nos plantean, y comenzamos discusiones sin sentido.
Incluso a veces juzgamos y sin mirar primero la viga en nuestros ojos cargamos contra
el hermano o contra ese amigo o familiar que viene a nosotros.
¿Por qué no nos detenemos a analizar lo difícil que es para esa otra persona que viene
a nosotros?
Nos paramos en nuestro pedestal moralista y juzgamos. Vino el hermano, el amigo o el
familiar buscando consuelo, una opinión.
A lo mejor, puede que lo que esté haciendo este mal y necesite ser corregido. Necesita
que Dios le hable a través de usted. Eso es lo que ese hermano busca.
Pero se encuentra con una serie de argumentos en su contra y una serie de palabrería
vana.
Nos complacemos en juzgar de una manera incluso a veces hasta cruel. Debemos
mirarnos eso hermano.
Detente y escucha al que viene a pedirte consejo, olvídate de tus opiniones y juntos
encuentren el camino, el consejo y la solución a través de la palabra de Dios.
Olvídese por un momento de la opinión de usted y mire que es lo que Dios tiene que
hablarle al respecto. Luego si su opinión concuerda con la de Dios entonces
ofrézcasela. Amén.
Estos amigos de Job argumentaron con él y sostuvieron un largo diálogo desde el
principio. Pero como dijo Eliú aquí, no hallaron respuesta, sin embargo, que hicieron, lo
condenaron.
Hermano nuestro lugar cuando nos vemos en este tipo de situaciones es primeramente
escuchar sin juzgar.
Ah, pero bueno yo no juzgo a nadie. Hermano a veces pensamos que juzgar es solo
decir algo en contra de alguien, en contra de algún comportamiento, de alguna forma
de actuar.
No todos le colocamos el mismo significado a las cosas. Juzgar para mi es atribuir
cualidades, comportamientos determinados o pensamientos a alguien antes de conocer
todo el panorama.
A lo mejor yo veo a una persona que vive en la calle que se acerca a mí y lo primero
que pienso es que viene a pedirme dinero. Eso es juzgar, lo juzgue por su apariencia,
luego lo que venía era a preguntarme otra cosa o a lo mejor me pasa por al lado ni
siquiera venía a hablar conmigo y ya yo estaba maquinando en mi mente.
Hay veces en los que estamos en modo juzgar y todo lo entendemos mal. Debemos
pedirle al Espíritu Santo que nos abra los ojos.
Nosotros no tenemos la potestad de juzgar o prejuzgar a nadie.
Juan 12:47
47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a
juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
Cristo cuando caminó en la tierra se guardó de juzgar a los demás porque sabía que
solo en el día del juicio corresponde juzgar. Pero ese día tampoco nos corresponde a
nosotros.
Así como tampoco nos corresponde amado hermano condenar y aborrecer a los
demás:
Juan 3:17
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el
mundo sea salvo por él.
Si Cristo no vino a juzgar, ni a condenar, ni a burlarse como vamos nosotros a adoptar
estas posiciones delante de otros.
Salmo 1:1
1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
A Job no solo lo juzgaron, y argumentaron contra él. Sino que también luego de
juzgarlo lo condenaron.
Algunos se escudan y dicen: Bueno, pero nosotros debemos condenar lo mal hecho,
reprender, corregir. Eso es verdad también estamos para eso. Pero en el momento en
el que tomas la decisión de hacer estas cosas y lo haces no siendo guiado por un
sentimiento de glorificar a Dios, de ayudar de corazón. Sino que lo haces para tu propia
vanagloria, para probar que tú si eres el estandarte de la moral y lo recto, ahí tienes un
problema con el Señor.
Pero hay algo más acerca de esto en medio del largo diálogo que sostienen Job y sus
amigos, es cierto que hay acusaciones de sus amigos, lo acusan de ser un hombre
malo, lo acusan y lo condenan de varias cosas.
Pero hay alguna que otra ocasión donde también alguno de ellos sale en defensa de
Dios, proclaman entre otras cosas su justicia, incluso llegan a reconocer que el hombre
no puede ser justificado delante de Dios.
A pesar de todas estas cosas en el último capítulo podemos leer algo curioso.
Job 42:7-8
7 Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz
temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado
de mí lo recto, como mi siervo Job.
8 Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced
holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él
atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con
rectitud, como mi siervo Job.
Podríamos preguntarnos entonces, cómo es que si los amigos de Job se pasaron no se
sabe cuánto tiempo argumentando y dialogando en contra de él y a favor de la justicia
de Dios ahora el Señor se encendió en ira como dice aquí en contra de ellos y los envía
a pedirle a Job que ore por ellos y le ofrezcan holocaustos y dice aquí…
…por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.
¿Usted sabe por qué les dijo esto el Señor? Porque es como lo que dijo Isaías: Este
pueblo de labios me honra mas su corazón está lejos de mí.
A veces estamos en algún debate o conversación con otro hermano o con alguna otra
persona y se nos olvida lo de honrar a Dios en todo tiempo. No nos interesa que sea la
palabra de Dios la que nos guíe, la que guíe alguna contienda. No nos interesa que sea
el Espíritu Santo. Queremos imponer nuestra opinión y nada más.
Usted sabe por qué Cristo les llamó hipócritas a los fariseos y les repitió esta frase del
profeta Isaías. Porque los fariseos imponían primero sus propias tradiciones antes que
la palabra de Dios. Porque invalidaban la ley de Dios con sus propias tradiciones. Los
fariseos impusieron y colocaron primero sus propias leyes, incluso violaban con
muchas de sus leyes las leyes de Moisés.
Así hoy muchos se saltan la palabra de Dios para imponer sus propias opiniones.
Incluso usan la palabra de Dios distorsionada y fuera de contexto con tal de quedar por
encima del otro.
Y juzgan y condenan al hermano o al amigo o al familiar usando la palabra de Dios,
como si fueran ellos los baluartes de la moral.
Mira hermano que me escuchas cuídate de juzgar y condenar y de llenarte la boca de
la palabra de Dios para hacerlo. Miremos primero la viga en nuestro ojo antes de mirar
la paja en el ojo ajeno.
No nos escudemos en nuestro carácter entre otras cosas para justificarnos. No sea que
el Señor te diga como les dijo a los amigos de Job. Y tú digas ¿cómo es que no hablé
lo recto de ti Señor? ¿Cómo es posible si no hice otra cosa?
Y el Señor te diga: De labios para afuera, pero solo lo hiciste por quedar por encima del
otro, solo lo hiciste para que fuera tu opinión la que se impusiera, para condenar lo
hiciste, para juzgar, no porque realmente me quisieras honrar con tus palabras.
Conclusión:
A veces hermanos queremos discernimiento de Espíritus, queremos ver ángeles,
queremos expulsar demonios y ni siquiera somos capaces de discernir cuando
estamos juzgando a otra persona, cuando estamos haciendo daño con nuestra opinión.
Cuando nos metemos donde no nos han llamado. Maduremos en el carácter de Cristo.
Ni siquiera entendemos la gracia de Cristo.
Y como Job así como quien no quiere comenzamos, pero Señor por qué me pasa esto,
si yo soy bueno, si yo voy al culto, si yo nací en el evangelio, si yo no hago daño, si yo,
si yo. Casi le decimos al Señor si yo soy tan bueno como tú Señor. Pero Señor yo soy
justo Señor. Recuerda hermano que el Justo murió por los injustos.
A nosotros lo que nos toca es obedecer al Señor, permanecer unidos a Cristo por
medio del Espíritu Santo.
Intentemos hermano ser como Cristo, no estamos unidos a David, ni a Salomón, ni a
Moisés, esos fueron grandes siervos de los cuáles debemos de aprender lo que
hicieron bien y también tener presente lo que hicieron mal delante de Dios.
Nuestra cabeza es Cristo Jesús, fue Él el que nos redimió de nuestros pecados, una
vez y para siempre, fue Él el que me permitió estar ahora mismo a mi aquí y a usted
ahí donde está.
Hebreos 9:22
22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre
no se hace remisión.
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así;
pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en
el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;
25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar
Santísimo cada año con sangre ajena.
26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio
del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para
siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.
27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y
después de esto el juicio,
28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y
aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le
esperan.
No tratemos de presentar nuestro caso delante de Dios, no justifiquemos nuestro
comportamiento sea moralmente bueno o malo ni delante de los hombres y mucho
menos delante de Dios, hablemos con Él humillados y en acción de gracias, adorando
y glorificando su nombre porque no somos dignos de justificarnos delante de Dios.
Tú creíste, tú fuiste redimido, tú fuiste sellado con el Espíritu Santo. Tú cabeza es
Cristo el Justo, en Él eres justo, fuera de Él injusto.
Así como debemos cuidarnos también de condenar y juzgar usando la palabra de Dios
y el nombre de Dios en vano. Examinémonos primero antes no sea que el Señor
cuando usted suba le reclame no haber hablado rectamente y le reclame haber
hablado de boca para afuera utilizando su palabra para corregir mientras, que usted era
el primero que debía ser corregido y reprendido.
Honra a Dios en todo tiempo de todas las formas que puedas, donde quiera que te
encuentres, en acción de gracias.
Vamos a ver que dice el Señor Jesús aquí para terminar.
Lucas 18: 9-14
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo
también esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias
porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este
publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque
cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.