8.1.
1 Inclusión
Establecer este eje articulador de carácter decolonial sugiere desarrollar
procesos formativos y relaciones pedagógicas que permitan comprender,
durante la educación preescolar, primaria y secundaria, la lógica colonial
que opera en nuestra experiencia humana cotidiana.
Cuando las niñas y los niños empiezan a estudiar la modernidad y sus
procesos históricos, científicos, productivos, tecnológicos, culturales y
artísticos, en realidad están estudiando los procesos de colonización y sus
dominios, por lo que es central que comprendan cómo se relacionan con su
vida diaria.
Esta lógica colonial funciona en por lo menos cuatro dominios que hemos
aprendido en todas las experiencias educativas formales, no formales e
informales,253 y comprenden: el dominio económico como la apropiación de
la tierra y la explotación humana; el dominio político, que comprende el
control de las autoridades; el dominio social, representado por el control del
género, la clase social, la sexualidad, la condición étnica; el dominio
epistémico, dedicado al control del conocimiento y las subjetividades.
Todos estos dominios de la colonización tienen en común la generación de
estados de desigualdad, la cual puede entenderse como una violación a la
dignidad humana que niega la posibilidad de que todas y todos desarrollen
sus capacidades en cualquier aspecto de la vida. La desigualdad se expresa
en la imposibilidad de ingresar a la escuela o concluir las trayectorias
formativas, en el deterioro de la salud y muerte prematura, la exclusión del
conocimiento o la vida social, discriminación, humillación, falta de
oportunidades, estrés e inseguridad.
Los territorios más desatendidos por el Estado y la sociedad están
habitados por personas en donde se expresan las principales desigualdades
y exclusiones cruzadas en la forma de pobreza, explotación del medio
ambiente, epistemicidio de las comunidades indígenas y afromexicanas,
violencia hacia las mujeres y expulsión escolar.
Es fundamental ir más allá de la idea de que la inclusión se reduce a
incorporar a los grupos de la sociedad a la escuela, lo cual es muy
importante, pero no es suficiente. Pensar la inclusión desde una perspectiva
decolonial implica que los niños, niñas y adolescentes se formen en
espacios educativos en los que sean conscientes de que, si falta una o uno
por motivos de clase, sexo, género, etnia, lengua, cultura, capacidad,
condición migratoria o religión, entonces no están incluidos todos ni todas.
Se trata de que la escuela construya una perspectiva comunitaria en donde
las acciones individuales y colectivas en zonas urbanas y rurales con el
acompañamiento de las familias; las reuniones de Consejo Técnico Escolar;
el trabajo colegiado de las maestras y los maestros; el uso de los espacios
escolares empezando por el aula, talleres y laboratorios, así como las
relaciones pedagógicas estén enfocadas en la inclusión.
Es fundamental enseñar a las niñas y los niños que viven en un mundo
global que conecta, comunica y moviliza a los seres humanos a través de
flujos de información, personas, culturas, economías y tecnologías, las
cuales, en conjunto, conforman una gran red conocida como globalización
que, si bien trae beneficios, tiene como principios la colonización y la
mercantilización de la vida.
Esta perspectiva requiere que las y los estudiantes aprendan a cuestionar
las visiones particulares y su relativismo sobre el mundo, así como el
pensamiento único universal que parte de una visión eurocéntrica,
patriarcal y heterosexual de la realidad, las cuales desconocen la diversidad
que compone el mundo.
La educación preescolar, primaria y secundaria ocupa un periodo
fundamental del desarrollo de niñas, niños y adolescentes, especialmente
en la construcción de su identidad. Una perspectiva decolonial de la
inclusión favorece la formación en donde la identidad es una decisión del
sujeto en pertenencia mutua con su mundo, y no como una relación entre
sujetos idénticos que reducen al otro a la no pertenencia.
Ello también implica que se cuestionen críticamente las jerarquías sociales
que existen en la escuela, la comunidad y el mundo en general. Un
elemento central de inclusión desde una perspectiva decolonial es que la
educación preescolar, primaria y secundaria forme ciudadanos que
aprendan que la naturaleza es exterior a la sociedad, lo que requiere que
construyan relaciones sociales en el marco de la naturaleza, así como
relaciones ambientales en la que están incorporados los seres humanos.
Los seres humanos crean medio ambientes y éstos crean personas, grupos
humanos, familias y comunidades, en un ciclo permanente de
interdependencia vital.
Pensar una educación inclusiva desde la decolonialidad requiere que las
niñas y los niños aprendan a reconocer el valor de la cultura universal junto
con el conocimiento y saberes ancestrales como parte de un mismo
patrimonio intangible de la humanidad que contribuye en la construcción de
su identidad como ciudadanas y ciudadanos con conocimientos sólidos,
capaces de establecer diálogos de saberes con otros sujetos, pueblos y
naciones, y a entender y defender las ideas, tecnologías y culturas que se
han generado y preservado por las comunidades indígenas y evitar que
sean transformadas en propiedad privada.
Para apoyar esta perspectiva, las epistemologías del Sur constituyen una
búsqueda de conocimientos y criterios que otorgan visibilidad y credibilidad
a las prácticas cognitivas (en cuanto a enseñanza y aprendizaje) de los
pueblos, clases y grupos sociales que han sido históricamente explotados,
oprimidos, excluidos e invisibilizados por el pensamiento colonial.
Asimismo, es fundamental que la educación preescolar, primaria y
secundaria genere relaciones pedagógicas que vinculen la realidad de las y
los estudiantes que tienen alguna discapacidad o aptitudes sobresalientes,
con el conjunto de la comunidad escolar y la comunidad local para que en
el ejercicio de sus derechos se reconozcan en un marco amplio de
diversidad, que fortalezca su dignidad humana, en el concierto de lenguas,
culturas, identidades, clases sociales, tareas y saberes.