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Inhuman

El protagonista despierta en un tren, sintiendo un profundo dolor y confusión tras un largo periodo de inactividad. Conoce a un extraño llamado Samuel, quien le habla sobre el sector 47, un lugar donde la vida parece haber cambiado drásticamente. A medida que exploran el entorno, el protagonista se enfrenta a la desolación del mundo exterior y la opresión de un sistema autoritario que controla a la población.

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Inhuman

El protagonista despierta en un tren, sintiendo un profundo dolor y confusión tras un largo periodo de inactividad. Conoce a un extraño llamado Samuel, quien le habla sobre el sector 47, un lugar donde la vida parece haber cambiado drásticamente. A medida que exploran el entorno, el protagonista se enfrenta a la desolación del mundo exterior y la opresión de un sistema autoritario que controla a la población.

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Punto de inserción

Un zumbido grave ¿La voz se apagó? Silbidos de descompresión, y luego un repentino


escalofrío. Tranquilo, solo es una sensación, no has sentido algo desde... ¿Cuánto tiempo ya?
Incluso mientras dormimos uno imagina sensaciones: imágenes, sonidos, sabores, pero para ti,
durante un largo tiempo no has sentido algo, ni siquiera una siesta, algo más profundo, más
oscuro, algo tan entumecedor que este roce de vapor similar al hielo se sienta como el calor
del amanecer. Mejor iluminado ahora, algo se mueve ahí fuera, alguien. Más sensaciones se
suman a la mezcla, el dolor volvió a inundar sus extremidades, frotas tus manos para recuperar
la sensación, pero no puedes estar seguro de su ubicación. Quizás no es tranquilizador tener
un cuerpo en el que este dolor pueda infiltrarse, menos tranquilizadora es la voz que se
arrastra dentro de tu oído, sigiloso como el zumbido de un vapor helado.

—Es hora de levantarse, creo que te hice esperar bastante.

Esa voz... Y en algún lugar, una forma borrosa emerge de la oscuridad, un rostro marchito, ojos
entrecerrados, con un rostro paralizado y poseído por tics erráticos que insinúan una senilidad
extrema o daño neuronal, o cuando la cara de un muerto se tuerce en una mueca indiferente.
Flota en el vapor, borroso en los bordes, parece insustancial, has escuchado la voz en algún
lugar antes, en algún lugar...

—Diez años, a usted no le parecerá así, pero diez años es mucho tiempo. El tiempo suficiente
para hacer que te tragues tu poco orgullo y aceptes los castigos que te imponen. El tiempo
suficiente para que tus hermanos te pongan un collar y se proclamen tus amos. El tiempo
suficiente para que se curen las heridas que te dejaron. El tiempo suficiente para ya ni siquiera
saber quién eres.

Un zumbido grave, la voz se apagó, el rostro desapareció. Los sentimientos se hacen más
claros.

—Pero usted no lo ha olvidado, todavía recuerda cuando respiraba sin dificultad. Recuerda
cómo se sentía no tener el mundo pasándote por encima. Recuerdas... La sensación de tu
cuello intacto.

Una superficie sólida debajo, el ruido metálico golpeó dolorosamente tus oídos y reconociste
el sonido de las ruedas del vehículo.

- ¿Señor?
Abres los ojos. Un rostro, no el familiar de la niebla, si no otro, se cierne sobre él, te enderezas
bruscamente y miras fijamente al otro hombre, tu compañero de viaje. Giras sobre tu asiento y
miras a tu alrededor frenéticamente, era el vagón de un tren, y por un momento recuerdas
otro tren, de otra época, ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Y cómo llegaste ahí?

-Señor, usted no puede andar así ¿Dónde está su máscara? De un paso afuera sin ella y toserás
espuma ensangrentada, puede morir así de rápido. Mire, tengo una de repuesto, no puedo ser
demasiado cuidadoso, una vez tuve una falla y desde entonces llevo una extra, sufrí un daño
real esa vez. Espero no meterme en problemas por esto, pero usted la necesita más que yo.
Vamos, el tren llegará al sector 47 en cualquier momento, póngase esto.

Apenas puedes levantar los brazos, la vida en ellos volvió lentamente, mientras intentas
recuperar los sentidos, el extraño te colocó la máscara y te la sujetó firmemente en la parte
posterior de la cabeza, el olor a carbón llegó a tu nariz y casi te ahogas, pero luego te calmas y
diciéndote a ti mismo que debes pensar, estudiar y planificar todos tus movimientos. A través
de lentes ligeramente redondeados, miras fijamente al descuidado vagón. Cojines de asiento
rotos, lámparas sucias y la mitad de ellas quemadas, el suelo cubierto de cenizas, aserrín y
colillas aplastadas, paneles de aluminio cepillados que muestran marcas de anuncios
despegados. Te detienes mirando los diversos carteles de un rostro solemne, con ojos de
búho, casi sientes como si te estuviese vigilando, siempre con la misma expresión, siempre con
una variante del mismo y breve mensaje. "El padre dice: no tengas miedo", "el padre dice:
mantén tu imagen".

El extraño se sentó en el asiento opuesto, sonriendo aliviado. A través de la ventana a espaldas


de el puedes ver un paisaje repugnante. Escombros, ruinas, desolación, restos de un paisaje
que apenas reconocía y solo se parecía parcialmente al que había visto antes. Parecía que el
mundo que conocía, el mundo pasado, hubiese sido levantado y dejado caer desde una gran
altura, edificios destruidos, postes con cables rotos, los árboles gordos e hinchados parecían
oler el tren, aspirando el aire polvoriento.

-Por cierto, mi nombre es Samuel. Samuel G-11789RF si quieres ser formal, estaba por aquí y
te vi tumbado en el banco y pensé que hasta lo habías comprado, de todos modos, no sé cómo
es que te dejaron subir al exprés sin máscara, de seguro has estado trabajando en domo
¿Verdad? Afuera en el yermo, me preguntaba porque pararían el exprés de esa manera en
medio de la nada. Nunca había visto algo similar ¿Eres originario del sector 47? Yo recibí mí
aviso hace un par de días, "cambio a 47", el mismo juego de siempre, mezclan a la población
para mantenernos confundidos, pasé mí último trimestre en 32. Nunca estuve en la misma
zona más de seis meses, se supone que 47 es bastante bueno, oí que el padre está alojado allí
por el momento, incluso podría verlo en persona. Algunas personas todavía lo odian, pero yo
digo, ¿cómo puedes juzgarlo? Era llegar a un acuerdo o perderlo todo ¿Verdad? A mí modo de
ver, le debemos mucho, seguro me gustaría verlo en persona. Ey, ahí está, 47.
Te mueves para ver por la ventana detrás de él, algo inmenso se extendía en el horizonte, una
sombra vislumbrada a través de gases cambiantes como humo que se elevaba perpetuamente
de las ruinas, como si albergaran un fuego que no quería extinguirse. Una ciudad, a lo lejos,
detrás de los amenazantes escombros, podías ver escombros de diferentes tamaños, edificios
de edad y arquitectura desconocidas se alzaban en las hileras, una ciudad aislada emergiendo
de la niebla ácida. Detrás de los edificios había una especie estructura, similar a un cuchillo
afilado, que se elevaba sobre las demás, su cima estaba oculta entre el humo que permanecía
en el cielo, Samuel dijo:

-Tengo que admitirlo, se parece mucho a 32, y a 16 antes de todo esto. Solo cuando te
adentras en los sectores te darás cuenta como solía ser el lugar antes, ya sabes. Antes...

No te diste cuenta del túnel que se acercaba, por un segundo te pareció que el humo se había
espesado tanto que bloqueaba toda la luz, pero entonces escuchas el rugido de un tren. Luego,
unas bombillas de luz pasaron como un relámpago, iluminando piedras plateadas y escoria
conectadas por una especie de hierro, te percatas de lo que parece ser un fémur humano
sobresaliendo de la pared y una depresión redonda que parecía un trozo de cráneo. Cruzaron
las puertas correderas y las paredes se volvieron lisas, oscuras y uniformes, poco después, el
tren dio una sacudida y los frenos chirriaron. Una luz entró en tu visión y aparecen en una
espaciosa habitación.

"Estación sector 47", dijo una voz por los megáfonos del tren.

Viejos Amigos

Las gotas de lluvia silbaban al golpear la acera y algo en ellas estaba devorando los últimos
restos del viejo asfalto. De todos modos, no quedaba mucho de eso, las aceras, cubiertas por
una ligera capa de gomas de colores, te recuerdan a los suelos de goma resistentes al ácido de
un laboratorio de investigación. Espera, ¿cómo sabes eso? Poco importa ahora. Las losas de
caucho formaban caminos codificados por colores entre los edificios, como bloques de prisión
desgastados y grabados por el ácido, pequeñas aberturas en los edificios recogían diminutos
rastros de luz que lograban atravesar el siniestro velo del cielo, te hace preguntar qué es lo que
tuvo que pasar para que los residentes de ese lugar tengan que mudarse a los raros
apartamentos con ventana, mientras que mayoría de los demás estaban tapiados. Estos
edificios te parecen como búnkeres en el suelo, fortificados como si sus habitantes temieran
constantemente una invasión. Caminas por el sendero naranja hasta girar por la calle, hasta
donde puedes distinguir, solo puedes ver un poste a la distancia, al recordar lo sucedido en la
estación de tren, te hace pensar en la posibilidad de que no sea buena idea continuar por ese
camino. Suponiendo que nadie te está mirando, cruzas hacia el sendero amarillo y continúas
caminando ¿Cuánto tiempo aguantaras así? ¿Podrás entrar a cualquier edificio sin cédula de
identidad sin llamar la atención de las autoridades? ¿Dónde encontrarás comida? ¿Dónde
deberías dormir? Recuerdas a los vagabundos de antes, antes de lo que sea que te haya
pasado, merodeando por ahí, hurgando en la basura de la ciudad, algunos siendo perseguidos
por la policía por los motivos que fueran, no te sorprende el porque la mayoría de ellos
estaban locos, y ahora era inimaginablemente peor para cualquiera que estuviera fuera de
este sistema impecable, alguien como tú. A un lado, ves un amplio pasillo, ninguno de esos
senderos coloridos conducía hasta ahí, desde este pasaje escuchas fuertes ruidos electrónicos
y el bullicio inapropiado de la risa humana, la risa era lo último que esperabas escuchar en las
calles del sector 47.

Mientras observaba, un ciudadano bajo salió de la vía verde y entró por una gran puerta, en la
entrada hay dos patrulleros con sus uniformes blindados y sus rostros ocultos por los cristales
espejados de las máscaras antigás. No prestaron atención a la persona que entraba, no
exigieron ver una tarjeta de identidad ni nada por el estilo, sabes que, si dudas enfrente de
ellos por más mínimo que fuera, llamarás la atención, agarras suficiente valor y decides entrar
en el edificio, siguiendo al hombre que pasó. Dentro estaba oscuro y frío, los escombros crujen
bajo tus pies, pues eran difíciles de ver en la oscuridad, pero el ruido y los colores
parpadeantes contrastaban marcadamente con todo lo demás que habías visto en el sector 47.
Reconoces la naturaleza del lugar al instante. Una sala de juegos, las paredes y los pasillos
estaban repletos de videojuegos y casi todas las consolas estaban ocupadas. Los ciudadanos
trajeados estaban de pie delante de los gabinetes en una postura característica de todos los
salones recreativos que habías visitado —aunque son tan solo recuerdos vagos—, tenso sobre
un joystick, los cuerpos moviéndose de un lado a otro, una mano presionando un botón rojo
brillante, de los altavoces salían zumbidos electrónicos, estridentes sonidos de sierras
cortando carne junto con chillidos y gritos en mala calidad. Te diriges hacia la consola más
cercana, viendo un cartel con la palabra "Manhack" estampada en la máquina, mirando por
encima del hombro del jugador, contemplas gráficos sorprendentemente primitivos.

Un estrecho laberinto de tuberías, en los cuales el jugador conducía un pequeño disco que
parecía una hoja de sierra circular, un pequeño y espeluznante duende caricaturesco apareció
en una sección del laberinto de tuberías, una tosca figura humana con dos o tres animaciones
que parecía hacer como que estaba corriendo. El jugador se inclinó en la pantalla y envío
hábilmente su pequeña hoja de sierra deslizándose a través de los circuitos de tuberías hasta
que estuvo justo encima del enemigo parpadeante. La hoja golpeó al hombre-duende y lo
partió en dos, enviando gotas de sangre roja brillante en forma de lágrimas junto con una
ronda de gritos sintéticos. El jugador soltó una risa aguda que lo marcó probablemente como
un adolescente, no pudiendo corroborar dicha afirmación con el traje a prueba de ácidos
cubriéndolo por completo. La pantalla parpadeó y mostró un pequeño mensaje:

"BUEN TRABAJO, HAS LOGRADO LIMPIAR LAS ALCANTARILLAS ¿ESTAS LISTO PARA SUBIR DE
NIVEL?" El sujeto presionó el botón rojo y en la pantalla apareció un catálogo de armas. Había
variaciones de la primera sierra, hojas dentadas, más afiladas, más grandes, habiendo también
un arma que parecía ser un lanzallamas por el logo de un cañón con un soplete en la parte
inferior del mismo con la forma de una flama.
"ELIJE TU PROXIMO MANHACK".

En ese momento, alguien posa su mano por tu hombro. Volteas y ves el visor de un patrullero,
no entres en pánico, sabes perfectamente que no podrías escapar de allí, ni con toda la
oscuridad del lugar, bajas la mirada y contemplas la porra paralizante del policía a unos
centímetros de su abdomen. Él se acerca y te susurra.

-No tenemos mucho tiempo, amigo mío, ve al norte y encuentra la vieja torre de radio.

El policía desapareció dentro de la multitud, cuando por fin vuelves a respirar, te das cuenta de
que ya estabas afuera del establecimiento. Los patrulleros de la entrada miran fijamente al
frente. Caminas por la franja amarilla, esperando a que te conduzca por el norte, aunque al pie
de estas interminables torres, era difícil vislumbrar donde caía una sombra o encontrar el sol.
No pierdes el tiempo preguntándote si tenías que seguir las instrucciones del extraño, basta
saber que fuiste reconocido, pero no entregado a las autoridades. No quieres terminar igual
que el hijo de la familia en la estación de tren. Aún te retuerce el estómago recordar los
pedazos de cráneo esparcidos por el suelo, mientras que los padres eran retenidos por algunos
de esos patrulleros, ni siquiera quieres saber porque mataron a ese pobre niño.

En el siguiente cruce finges que te desató el cordón del zapato. Te haces a un lado para no
molestar a los peatones que pasaban por ahí y te sientas mirando a tu alrededor, finges atarte
el cordón del zapato. A la izquierda, un cañón que parece formado por edificios de
apartamentos, hay una estructura en particular. Metálica y, corroída por el ácido hasta el
punto de que solo parezca una fina capa de hierro, quizás alguna vez fue una torre de radio, la
mayor parte del camino discurría de la franja azul, y una vez que estas en la torre, te sales
nuevamente del camino sin molestar a nadie. Casi no había nadie en esta avenida, la torre
estaba rodeada de barricadas de madera, alambres de púas y hormigón, buscando un lugar
para esconderte, escuchas un susurro.

-Por aquí.

Un trozo de lámina contrachapada de abrió para revelar el visor del policía, te dispones a
seguirlo. Más allá, había un camino repleto de maleza y restos de un edificio colapsado en el
centro, la torre de levantó de los escombros, no entiendes porque no lo derribaron antes, pero
no hubo tiempo para especular sobre eso. El policía señaló las desvencijadas paredes que
hacían espuma que silbaban bajo la lluvia, dejando un tramo de escalones rotos hasta donde
había estado el sótano. Te encaminas en la oscuridad, oyes el crujir de una puerta al abrirse, el
patrullero entró primero y tú lo sigues por detrás. Después de una corta caminata en la
oscuridad, cruzaron la segunda puerta, ingresas a un pasaje subterráneo de servicio bajo la
calle, donde encontraban encendidas varias luces amarillas, el policía se detuvo y, te das
cuenta de que tu vida —por lo menos en estas circunstancias— depende por completo del
policía. El enfundó la porra paralizante en su cinturón, luego puso sus manos sobre el casco
detrás de la máscara y, empezó a trabajar con los sellos. Hubo un estallido y su máscara de
levantó, ves un rostro que, si bien no reconoces, sientes una familiaridad al contemplar sus
rasgos, aunque el tiempo y los problemas lo redujeron solo a lo esencial.

-Si.

Dijo Bernard con una sonrisa marcada.

-Soy yo, quizás en otro momento hablaremos de los viejos tiempos. Ahora mismo hay que
moverse, hay alguien más que querrás ver.

Bernard se volteó y caminó por el pasillo, estaba obstruido por escombros el sendero habitual,
pero solo era una fachada, de mueven entre la superficie cambiante hasta que apareció una
criatura similar a un perro frente a ustedes con dos hileras de dientes torcidos, la criatura que
parecía un perro los ataca sin previo aviso, no gruñó, simplemente se abalanzó sobre ustedes.
Se escuchó un crujido agudo, un ligero olor a ozono y lana quemada y la criatura cayó inerte
sobre el suelo.

-Date prisa, solo está aturdido, nos estará buscando en uno o dos minutos.

Casi de inmediato, Bernard te conduce por otro camino empinado que posee una escalera que
conduce hacia arriba, el antiguo mercenario lo golpeó con su porra y un segundo después la
escotilla se abrió con un chirrido. Luego de que Bernard subiera, te ayuda a alcanzarlo, se
encontraban en una habitación con las paredes rotas y desconchadas y, a juzgar por los
dispositivos de diagnóstico improvisados, otros aparatos de laboratorio y conjuntos de cables
de diferentes colores, te percatas de la naturaleza de la habitación, un laboratorio primitivo.
Una bombilla de luz —que era la única en el lugar— yacía colgada boca abajo sobre una mesa
de trabajo hecha a partir de una puerta contra incendios. Tan pronto como se cerró la escotilla
y un ruido metálico resonara en tus oídos, prestas atención a otro ruido, una voz familiar,
quizás fuera de lugar y áspero en su tono, como si sus cuerdas vocales se hubiesen oxidado.
Apoyado en el banco de trabajo como si fuese una muleta, el inspector que se ocupó de ti en
un pasado, estaba de pie en la penumbra. El doctor Volter parecía aún más desgastado que
Bernard, llevaba un parche sobre el ojo izquierdo y ese lado de la cara estaba repleto de tejido
cicatricial retorcido.

-Supongo que te diste cuenta quien soy. Nos enteramos de que venías, pero es extraño verte
en este lugar después de tanto tiempo, te ves... Apenas peor por el desgaste. Los últimos diez
años debieron ser más fáciles en ti que en el resto de nosotros.
-Estuve en el sector 47 en los últimos seis meses. A los policías nos rotan de sector en sector
cada nueve meses, o incluso menos. El doctor Volter lleva casi dos años escondido.

-Bueno, no del todo aquí. A veces paso todo el tiempo en el laboratorio, pero de vez en cuando
salgo afuera. Después de todo, soy un ciudadano obediente a las leyes del sector 47. Si no lo
fuera, no cabe duda en que me mandarían a una zona no residencial con el resto de los
disidentes, o, en el peor de los casos, me convertirán en un "ciervo". De momento, me valoran
lo suficiente para tratarme bien por mí inteligencia y experiencia, pero si se llegaran a enterar
de mis proyectos debajo de la mesa... Bueno, nadie dura mucho después de algo así.

-Muéstrele en lo que estuvo trabajando, doctor.

Volter se acercó a un armario destartalado y empezó a manipular el dial de un candado.

-Esto llego a mis manos hace mucho tiempo a través de circunstancias inusuales. Baste decir
que uno de los amigos militares de Berny sobrevivió a la noche más oscura, mantuvo sus
contactos y favores en los pasillos del poder. Sugirió que restablezca esto y que recupere sus
funciones vitales, adaptarlo a nuestras nuevas circunstancias, podría encontrar uso algún día.
Ahora creo que ha llegado dicho día.

El armario de abrió, dentro estaba un viejo traje de protección, modificado y con su color
verde y negro destiñéndose. Le pides ayuda a Bernard para que te explique a como ponerte el
traje.

-El modelo 6.2 de la servo armadura de combate, tal y como lo recuerdas, aunque diría que su
modelo es ahora el 6.5. Hubo ciertas modificaciones, como te imaginarás, hice lo mejor que
pude con las herramientas que tengo a mí disposición. Ahora puede obtener energía de los
puestos de carga de los transformados, las mismas que utilizan los synth y otros híbridos
máquina, o para los soldados transhumanos y sus armaduras motorizadas. Ese es el cambio
principal ¿Porque no te lo pruebas?

-Si, deberíamos apurarnos.

Mientras te pones el traje, Volter siguió parloteando.


-Esa fue la primera vez que supimos que los invasores y, desde entonces, han estado con
nosotros. Empezamos a oponer resistencia, evidentemente, pero antes de siquiera
plantearnos la pregunta de si vale la pena el sacrificio, alguien ya les había entregado nuestra
libertad a los combinados. El padre, a cambio de su propio pellejo y su promesa de poder
global, nos entregó a la esclavitud, y aquí hemos languidecido desde entonces. No es de
conocimiento común, pero nuestra tasa de natalidad está disminuyendo constantemente
desde los últimos cinco años. Estaremos en cero en poco tiempo, y los sectores, las zonas
habitadas cada vez se vuelven más pequeñas. Siguen encerrándonos, y en cuanto al planeta
mismo...

- ¡Vamos, doc! Ya está vestido, tenemos que irnos.

El traje te aprieta, estaba parchado en algunas zonas por cinta adhesiva y sellador de goma,
había nuevos enchufes en los paneles de energía, de los que te comentó el doctor Volter. Hay
una ranura en tu hombro derecho, como si algo tuviese que ir ahí. Diriges tu mirada hacia una
caja de madera con diversas herramientas y chatarra, notando además de cómo se siente más
ligera de lo que debería ser, le atribuyes esto a los servos del traje que potencian tu fuerza.
Sacas todo de la caja, solo para ver un dispositivo. Parece una lanzadera, aunque desconoces
que podría usar de munición. Bernard voltea a verte y se da cuenta de lo que tienes en las
manos.

-Ah, sí. La lanzadera multipropósito, es un elemento que estaba en todas las servo armaduras
de combate, solo que bueno, no habrán muchas como la que tienes para comparar. Póntelo,
te será muy útil para lo que se viene.

Colocas la lanzadera en tu hombro viendo cómo se va soltando. Agarras un destornillador y,


con algo de fuerza, empiezas a girar el tornillo debajo del cañón de la lanzadera para ajustarla
al pseudo-riel picatinny parecido a la de las armas de fuego, aunque el riel está un poco
derretido, quizá por el calor de un soplete. Al terminar, vuelves tu mirada hacia Bernard, quién
te hace señas para que lo sigas. Te colocas el casco y lo ajustas para poder ver detrás del visor,
se te empaña un poco el cristal por tu respiración pausada.

Al terminar, vuelves tu mirada hacia Bernard, quién te hace señas para que lo sigas.

-Bienvenido al sistema de protección -oteccion -teccion, para uso en combate en entornos


peligrosos.

Volter te dirige la mirada y frunce el ceño.


-Lo siento. Nunca volverá a ser nuevo, pero debería mantenerte seguro, más de lo que estarías
de otra manera.

Bernard abrió la puerta del laboratorio y salieron al interior de otro edificio abandonado. Una
segunda puerta daba a un callejón estrecho, pasando de ahí, estaba la calle con sus franjas de
colores. Bernard los condujo hacia la acera, donde varios peatones marchaban de manera
constante. Bernard señaló a un kiosco al costado de la calle, marcado de forma brillante por el
cartel de uno de los autobuses del sector 47.

-Mantente preparado para cualquier cosa, Víctor.

No sabes si se refiere a ti o a Volter, pero te preparas igualmente. A Bernard se le olvido bajar


su visor, y, sin que pudieran decir algo, un autobús se detuvo y sus frenos chirriaron, las
puertas de abren con un silbido. El conductor estaba armado con su bastón y lo que es una
pistola en el mismo lado de la palanca de cambios. El miró hacia ustedes y enojado, dice:

-Muévanse.

-Esto escoltando a un prisionero. Baja de ahí y échame una mano.

El conductor murmuró entre dientes, pero se dispuso a bajar por las escaleras del vehículo.
Cuando salió, de forma rápida, Bernard lo golpeó en el estómago con su porra paralizante. El
guardia se desplomó, cayendo al suelo mientras suelta un quejido. Volter no se queda atrás y
procede quitarle la porra al guardia sometido, para golpearlo repetida y velozmente contra su
máscara. Consiguió romperla, haciendo que el policía empezará a echar espuma con sangre
desde su boca y nariz, mientras sus ojos se volvían rojos y se disolvían por el impacto de las
gotas de lluvia. Nunca te percataste de que Volter se colocó un traje antiácido.

Después de la conmoción, volteas tu mirada hacia el autobús, viendo cómo Bernard ya estaba
en el asiento del conductor, mientas que Volter estaba sentado y medio escondido entre los
asientos de los pasajeros.

-Rápido, Víctor. Agarra su arma.

Te percatas que la pistola del policía muerto todavía sigue en su funda. Lo sacas de su cadáver,
junto con dos cargadores que tenía en la parte baja de su chaleco táctico. Te es extrañamente
familiar el empuñar un arma de fuego, aunque nunca hayas visto y mucho menos manejado
alguna en el pasado. Después de divagar, subes al autobús, el cual arrancó y empezó a
moverse al momento de sentarte cerca de Volter. Colocas los cargadores en las ranuras de
munición en las piernas de tu traje. Más confuso es saber cómo sabes tales cosas de tu servo
armadura, pero te distraes cuando Bernard volvió a hablar.

-Escuchen. Iremos hacia el campamento de Cordelia, traspasando el muro del sector, yendo a
través del páramo. Destruiremos el muro cuando el vigilante se despierte, así que tenemos
que alborotar las cosas aquí. Será algo duro, pero seguro llegaremos al asentamiento del
reverendo Albert. Aunque no se haya comunicado con nosotros hace ya un buen tiempo.

-Esperemos que no hayan tirado capsulas de garrapatas. Esas criaturas son capaces de destruir
toda una ciudad.

Volter dijo con algo de repelús ante la imagen que se le vino a la cabeza. Volteas tu mirada
para ver lo que hay detrás de los cristales ensuciados por el polvo y las cenizas.

Miras a los ciudadanos que caminan a paso lento por las veredas. Algunos, pasan por detrás
del autobús, corriendo o trotando. De repente, se escucha un sonido estridente. Un sonido
constante y fuerte resonó por toda la ciudad, como si fuese un despertador gigante para
avisarte de tu inminente destrucción. Tal pronostico no fue del todo errado, pues un sonido de
respiración del cual no reconoces su procedencia resuena en tus oídos.

-Oh no, está pasando otra vez…

Volter dijo con algo de miedo rezumando de su voz. Bernard se limito a fruncir el ceño y a
mostrar los dientes en una expresión de frustración inmensa.

-No se acerquen a las ventanas. Pónganse debajo de los asientos, y no hagan ningún ruido. Esa
cosa podría despertar en cualquier momento, menos en el que nosotros queremos.

La instrucción de Bernard te hizo estremecer por completo ¿Qué es lo que Volter y Bernard
tienen tanto miedo? Te quedas con la duda y procedes a hacer lo que te dice Bernard. Volter,
por su parte, se limitaba a hacer los mismo que tú, solo que sostenía con aun mas fuerza la
porra paralizante sustraída de aquel policía. De un momento a otro se detiene el autobús.

-Detente ahí.
Una voz sintética se hizo notar. Unas pisadas fuertes llegaban a tus oídos, inconfundiblemente
siendo las de un soldado. Solo que no era uno como te esperabas. Una máscara metálica
cubría su rostro, con visores redondeados de color rojo sangre, su traje de color azul oscuro,
junto con una placa de acero reforzado en el pecho. En la parte de bíceps de su brazo yacía
una banda con un símbolo de un cráneo siendo fracturado por un cuchillo, rodeado por dos
puntas triangulares que terminaban en una gota de sangre.

-Un hombre máquina, no hagas ninguna locura, Víctor.

Volter te susurra con cautela y de la forma mas silenciosa que sus cuerdas bocales derruidas
podían. No sabes cuando se arrastró hacia tu costado izquierdo.

-Necesito que bajes del vehículo inmediatamente. Procederemos con el protocolo de revisión
intensiva, así salga de su asiento y diríjase detrás de mis compañeros. Si no cumple con los
mandatos será…

-Si lo sé, no es mi primera vez en esto, soldadito. Bajare en este instante.

Bernard de forma valiente o estúpida, insulto al hombre máquina. El hibrido no le tomo


importancia y simplemente se hizo a un lado para dejarle vía libre a Bernard para que se bajara
del autobús, pero la tenía otros planes. Con velocidad, tomo de la cabeza al hombre maquina y
lo sometió con su porra paralizante, pero no tuvo el efecto que esperaba. Con fuerza, el
transformado lo hizo a un lado y empezó golpear a Bernard. Sin quedarte atrás, te levantas con
la pistola en las manos, disparando sobre la mascara de metal. La misma se abollo
pronunciadamente por el impacto de la bala, aturdiéndolo. Bernard aprovecho para levantarse
y empujar al soldado sintético por la misma entrada en por la que vino. Aprovechando aun
mas el ariete transhumano para empujar a otra pareja de soldados que estaban a punto de
abordar el vehículo, siendo arrojados atrás por el peso de su compañero aturdido. Volter
aprovecho el instante de confrontación para ir al asiento del conductor y pisar a fondo el
acelerador, haciendo que el autobús salga disparado. Observas como otro soldado arribaba la
zona, yendo hacia uno de los puestos de control para ver que apretaba algo. Quizás un botón
de pánico, pues de un segundo para el otro, desde el gran edificio central de la ciudad o sector,
salían pequeñas esferas voladoras de color amarillo pálido, con lentes cuadrados con luces
saliendo de ellos. Quizás persiguiéndote con la mirada por todo tu trayecto.

- ¡No dejes que esos escáneres se acerquen Víctor! ¡Si se ponen al lado del auto bus,
estaremos muertos!

La orden dicha por Bernard te pone en alerta máxima, y vas hacia las ventanas para ver si es
que alguna de esas cosas se acercaba a tu posición. Apuntas hacia una maquina desafortunada
y le disparas repetidamente, tres disparos llegaron al armazón del escáner, logrando derribarlo
y dejarlo caer al suelo, explotando al impacto con el concreto. Bernard, con una puntería mas
refinada, destruye a dos con cuatro disparos. Te sorprende un poco todo lo que puede
esconder un rostro relajado, la letalidad con la cual puede ejecutar esos estallidos. Quizás
darle palizas cotidianas a los civiles inocentes era en cierto modo efectivo.

Diferentes destellos envolvían al autobús, otros escáneres lograron pasar por la delgada línea
de defensa impuesta por ustedes. Un grupo de ellos, sostenían lo que parecía ser una pantalla.
En ella te ves a ti mismo junto con todo el vehículo y tus compañeros. Un grito estridentes se
hizo oír, el mismo grito que sonó hace un rato, solo que parece —lo que sea que lo provoque—
más agresivo. Miras hacia la gran torre, diversos cables que parecen tentáculos de entrelazan
sobre la mitad del edificio alienígena, formando una especie de ojo flameante, fijando su vista
hacia el autobús. El vehículo pasa por debajo de uno de los edificios residenciales, y poco
después la construcción explota, dejando caer escombros, carne quemada y pedazos de goma
de lo que parece ser los trajes de los residentes de ese lugar.

-¡Volter, pisa con todo al acelerador!

Bernard, desesperado, le grita al cientifico, quién sin que se lo pudiera pensar, aceleró el
autobús con dirección hacia un muro de concreto.

-¡Bernard!

Un segundo ataque se estaba preparando, Bernard quitó a Volter del volante y empezó a
dirigirlo y a maniobrar el vehículo. Mientas tanto, los ciudadanos que estaban por ahí se hacían
a un lado para no ser atropellados. Los policías, en un intento valiente o estupido, trataron de
frenar forzosamente el autobús, fracasando y alguno de ellos siendo arrollados.

Miras hacia la Torre alienígena, el mismo ojo en llamas te ve, alzas tu pistola apuntando hacia
el tentáculo de cables, disparas y la bala empieza su recorrido. Todo lo ves en cámara lenta, un
rayo sale del ojo, la bala impacta en los cables, no habiéndole hecho daño, pero por lo menos
desvío la trayectoria original del rayo hacia otro lugar.

Una explosión ocurre en el muro de concreto, destruyendo una buena parte del mismo,
Bernard se empieza a reír y a desvariar. Volter suspira aliviado, pero cuando llegan al final del
la puerta que habían creado, otro impacto sacude el autobús. El vehículo sale disparado y
pierdes el control, todo se vuelve oscuro. Has perdido el conocimiento.
Voluntad sin voz

La sensación de tu cuerpo entumido es lo primero que tu cabeza registra después de haber


recobrado la conciencia. Te mueves un poco, tus músculos de estiran y liberan la tensión
acumulada de la mala postura provocada por… Te sobresaltas notablemente y, al mismo
tiempo, te levantas muy rápido, demasiado rápido pues tu visión de nubla por la torrente de
información y de sangre que le llegan. Tu vista se esclarece y una sensación de pavor inunda tu
mente. Aunque algo oscuro, notas que Bernard sigue en el asiento del conductor, Volter… no
hay rastro de el. Te percatas que tampoco posees el arma que tenías, quizás se habrá perdido
en medio de la caída. Corres hacia el mercenario, quién alza su mirada cuando estás al lado de
el. Los cristales de su visor están agrietados, como si de un toque se pudiesen quebrar. Entre
respiraciones pesadas, Bernard habla.

-¿Víctor? Ya veo que sigues vivo. No sé dónde terminó el Doctor Volter. Me olvidé que detrás
de esos muros bastardos estaba esta… Fosa residual.

Una tos fuerte sale de la boca de Bernard, le cuesta poder hablar. Se desabrocha el cinturón de
seguridad que lo fijaba a su sitio. Lo ayudas a levantarse, y salen del autobús en el que estaban.
Parte de la noche de había ido por el color azul verdoso del cielo, quizás sean las seis de la
mañana.

-Buen luto, por cierto, pero no veas debajo del camión. No querrás ver a Volter si es que está
ahí.

Seguís la sugerencia de Bernard no volteada a ver por dónde saliste, en cambio, ves al frente.
Un páramo desolado y nocivo se cierne sobre la lúgubre mañana. Armazones de tanques,
vehículos de combate blindados, señalizaciones, y demás restos de equipo militar yacían ahí,
oxidados por la derrota y corroídos en su totalidad, restos de soldados con sus uniformes a un
a brisa de desaparecer en polvo, esqueletos de animales, algunos reconocibles, otros no tanto.
Tu mente se llena de dudas cuando te adentras por el pasaje derruido, ¿Qué ha pasado en el
tiempo en el que no estabas? ¿Por qué no estabas en los momentos donde la gente más te
necesitaba? Esas y demás preguntas vienen a tu mente como una tormenta, pero sigues
avanzando entre los escombros del antiguo ejercito humano.

-Hey, Víctor. Ya puedes soltarme, puedo moverme yo solo , un poco, pero solo.
Lo sueltas, camina un poco y permaneces atento por si necesita de nuevo que lo asistas. No
pasa y el antiguo mercenario te voltea a ver con una leve sonrisa.

-Parece que no soy inútil después de todo.

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