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Eres Símbolo: Autor: Sven Sánchez

El documento presenta una colección de poemas que celebran la belleza de la Monja Blanca, flor nacional de Guatemala, y exploran temas de amor y la relación con los padres. Los poemas destacan la pureza, la admiración y el simbolismo de la Monja Blanca, así como la complejidad de las emociones en las relaciones familiares. Autores como Sven Sánchez, Gabriela Mistral y Pablo Neruda aportan su voz a estos temas universales.
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Eres Símbolo: Autor: Sven Sánchez

El documento presenta una colección de poemas que celebran la belleza de la Monja Blanca, flor nacional de Guatemala, y exploran temas de amor y la relación con los padres. Los poemas destacan la pureza, la admiración y el simbolismo de la Monja Blanca, así como la complejidad de las emociones en las relaciones familiares. Autores como Sven Sánchez, Gabriela Mistral y Pablo Neruda aportan su voz a estos temas universales.
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1.

Eres símbolo

Hermosa Monja Blanca,


de las flores la monarca;

eres símbolo de paz


que crece en las montañas de la Verapaz;

eres símbolo de pureza y belleza


un regalo de la naturaleza;

eres símbolo de arte


por todos digna de admirarte;

eres símbolo de mi nación


¡Guatemala entera te lleva en el corazón!

Autor: Sven Sánchez

2. Bella Monja Blanca

Bella Monja Blanca de Guatemala


Tu hermosura cautiva a propios y extraños
Tu rareza te viste con traje de gala
Para ser admirada por adultos y niños.

Oh Monja Blanca, encanto de diamante


Flor nacional de mi patria amada
Musa del poeta, poesía del estudiante
Tu escasez y lindura te hace delicada.

Excelsa Monja Blanca de mi país


Reina de las verdes montañas
Te aprecio desde que existís
Como símbolo de grandes hazañas

Monja Blanca, símbolo patrimonial


En una moneda fuiste acuñada
Para conservar tu belleza natural
De las orquídeas la más soñada.

Autor: Edwin Yanes

3. La Monja Blanca es un poema


La Monja Blanca es un poema,
un tornasol, un hermosísimo emblema,
y por eso a mi sagrada Guatemala,
nadie se le iguala...

La Monja Blanca es una flor


salpicada de rocío y de amor,
y orgullosa nace, crece y persevera
en Guatemala, la tierra de la primavera.

Autor: Elder Exvedi Morales Merida

Al amor
Corazón coraza (Mario Benedetti)

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
Te quiero a las diez de la mañana (Jaime Sabines)

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once,


y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y
con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.
Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me
pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la
comida o en el trabajo diario, o en las diversiones
que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con
la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y
siento que estás hecha para mí, que de algún modo
me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos
me convencen de ello, y que no hay otro lugar en
donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu
cuerpo. Tu vienes toda entera a mi encuentro, y
los dos desaparecemos un instante, nos metemos
en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo
hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente.


Y hay días también, hay horas, en que no
te conozco, en que me eres ajena como la mujer
de otro, Me preocupan los hombres, me preocupo
yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense
en ti durante mucho tiempo. Ya ves ¿Quién
podría quererte menos que yo amor mío?

Si me quieres, quiéreme entera (Dulce María Loynaz)

Si me quieres, quiéreme entera,


no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
A mamá

1. Dulzura, de Gabriela Mistral

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.

Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo,
deja revolverlo
sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja


y yo a ser rocío,
y en tus brazos locos
tenme suspendido.

Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.

2. Cuando sea grande, de Álvaro Yunque

Mamá: cuando sea grande


voy a hacer una escalera
tan alta que llegue al cielo
para ir a coger estrellas.

Me llenaré los bolsillos


de estrellas y de cometas,
y bajaré a repartirlos
a los chicos de la escuela.

Para ti voy a traerte,


mamita, la luna llena,
para que alumbre la casa
sin gastar en luz eléctrica.

3. A mi madre, de Edgar Allan Poe

Porque creo que en los cielos, arriba,


los ángeles que uno a otro se susurran
no hallan entre sus palabras de amor
ninguna tan devota como “Madre”,

desde siempre te he dado yo ese nombre,


tú que eres más que madre para mí
y llenas mi corazón, donde la muerte
te puso, libre el alma de Virginia.

Mi propia madre, que murió muy pronto


no era más que mi madre, pero tú
eres la madre de a quien yo quería,

y así eres más querida tú que aquella,


igual que, infinitamente, a mi esposa
amaba más mi alma que a sí misma.

A papá

1. Día del Padre (de Paco Mozos Valero)

“En este día del padre


yo te quiero regalar,
este bonito poema
que te voy a recitar.
Cuando juego con mi padre
siempre le quiero ganar,
aunque con el rabillo del ojo
yo le trato de imitar.
Cuando yo sea grande
quiero ser como papá,
fuerte y valiente si hace falta,
dulce y cariñoso de verdad.
Aunque sabes que te quiero
hoy te lo voy a decir
con estos bonitos versos
que me aprendí para ti”.

2. Enseñarás a volar (Madre Teresa de Calcuta)


“Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado”.

3.A Mi Padre (Pablo Neruda)


“A Dios doy gracias por ser mi padre.
Por tus reproches y consejos.
Por el bien que me enseñaste
y de mi ser siempre cuidaste.
Por ser padre bondadoso,
lleno de paz y sabiduría.
Porque amas la verdad.
Justicia y rectitud en demasía.
Por ser mi padre amado
y enseñarme la caridad.
Sentimientos nobles te cubren.
No conoces la maldad.
Caballero noble y parco,
me enseñaste a luchar.
Aspirando siempre a lo más alto
y a mis sueños no renunciar.
Por aborrecer todo lo malo.
Por tus celestiales valores.
Por guiarme de la mano
en senderos llenos de flores”.

Otros

1 Elegía, de Miguel Hernández


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano


de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas


y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.


Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,


lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,


y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,


temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,


no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta


de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,


quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte


y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:


por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.


Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,


llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas


del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

2 Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni


Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas


las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,


vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros


y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

3 Gacela de la terrible presencia, de Federico García Lorca


Yo quiero que el agua se quede sin cauce.
Yo quiero que el viento se quede sin valles.

Quiero que la noche se quede sin ojos


y mi corazón sin la flor del oro.

Que los bueyes hablen con las grandes hojas


y que la lombriz se muera de sombra.

Que brillen los dientes de la calavera


y los amarillos inunden la seda.

Puedo ver el duelo de la noche herida


luchando enroscada con el mediodía.

Resisto un ocaso de verde veneno


y los arcos rotos donde sufre el tiempo.

Pero no me enseñes tu limpio desnudo


como un negro cactus abierto en los juncos.

Déjame en un ansia de oscuros planetas,


¡pero no me enseñes tu cintura fresca!

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