¡CONGA NO VA!
Históricamente, la extracción de minerales se realizaba mediante socavones. Sin embargo, la
reducción en la concentración y calidad de los minerales ha forzado una transición hacia la
minería a cielo abierto. Este método tecnológico u liza dinamita para destruir la superficie de
ecosistemas crí cos situados por encima de los 3000 metros sobre el nivel del mar, tales como
bosques, montañas, glaciares, lagos y jalcas (manan ales de fuentes de agua).
Este proceso no solo altera el paisaje de forma permanente con cráteres gigantescos, sino que
elimina por completo la diversidad biológica del área. El impacto más crí co reside en la
lixiviación con cianuro, una mezcla química u lizada para separar el oro de la roca molida, la
cual destruye los ciclos ecológicos, envenena los recursos hídricos y contamina la atmósfera con
sustancias venenosas. Estos proyectos dejan un legado de contaminación permanente que rara
vez es asumido por las empresas o los gobiernos.
Desde finales de la década de 1980, surgió el paradigma del "desarrollo sustentable" como una
vía para eliminar la pobreza, idea que fue adoptada por corporaciones mineras y el Banco
Mundial. Bajo este modelo, la minería se presenta como un motor de inversión y empleo. Sin
embargo, la fuente sos ene que este enfoque construye a las economías de subsistencia
(agricultura y ganadería local) como "indeseables", buscando su destrucción para favorecer el
crecimiento económico global.
En este contexto neoliberal, se han firmado tratados de libre comercio que otorgan protección
legal excesiva a las corporaciones, permi éndoles incluso llevar a los gobiernos ante tribunales
internacionales si se rescinden sus permisos. Frente a esto, movimientos globales y comunidades
locales defienden que "el agua es vida" y no una simple mercancía, basándose en principios de
jus cia hídrica y derechos humanos.
Para entender el conflicto de Conga, es impera vo analizar la mina Yanacocha, operando desde
1992 en Cajamarca y propiedad de Newmont (EE. UU.), Buenaventura (Perú) y el Banco Mundial.
Los impactos de Yanacocha han sido mul dimensionales:
Sociales: Convir ó a la ciudad de Cajamarca en un "campamento minero", generando
conflictos sociales y zonas de recreación para mineros.
Económicos: Se estableció una economía de enclave donde las decisiones se toman en
el extranjero. La empresa goza de beneficios exorbitantes por el uso de infraestructura
estatal (caminos) y exenciones fiscales.
Ambientales: La minería a cielo abierto demolió cerros y lagunas, contaminando fuentes
de agua potable para los 250,000 residentes de Cajamarca.
Un punto de quiebre fue el derrame de 151 kg de mercurio en junio de 2000, que afectó a más
de 900 personas en los pueblos de San Juan, Magdalena y Choropampa. Catorce años después,
la salud de la población aún no se ha restaurado adecuadamente.
La primera gran etapa de resistencia se centró en el Cerro Quilish, un protector espiritual y
fuente hídrica vital que alimenta los tres ríos principales de la región. Los agricultores locales
denunciaron que Yanacocha compró sus erras a precios ínfimos (por ejemplo, S/. 169 por
hectárea) bajo amenazas de confiscación estatal.
La comunidad logró victorias significa vas mediante paros, demandas legales y la emisión de
ordenanzas municipales que declararon al Cerro Quilish como área protegida. Además, estudios
independientes detectaron niveles de hierro y aluminio por encima de lo permi do para
consumo humano y agrícola debido a la ac vidad minera. Las mujeres locales reportaron una
conexión directa entre el agua contaminada y casos de infer lidad y malformaciones en
animales de crianza.
El Proyecto Conga, aprobado inicialmente en 2010 durante el gobierno de Alan García, es
significa vamente más ambicioso y destruc vo que Yanacocha. Aunque se presenta como un
solo proyecto, en realidad propone la instalación de nueve proyectos mineros en la región,
ocupando más de 3,000 hectáreas para la extracción de oro y cobre, y afectando directamente
hasta 16,000 hectáreas de humedales en la cima de las montañas.
La ubicación de Conga es crí ca: se sitúa entre los 3,700 y 4,262 metros sobre el nivel del mar,
en las cabeceras de cinco cuencas hidrográficas fundamentales (ríos Jadibamba, Chugurmayo,
Chirimayo, Chaillhuagón y Toromacho). Estos ríos alimentan valles agrícolas vitales como
Celendín, Bambamarca y Cajamarca. Los planes de la corporación Newmont implican drenar dos
de las lagunas más importantes para extraer el oro debajo de ellas y u lizar otras tres lagunas
como vertederos de residuos y sustancias tóxicas.
Uno de los argumentos cien ficos más fuertes contra el proyecto es la destrucción irreversible
del sistema hídrico de las jalcas. El proyecto removería al menos seis millones de toneladas de
humedales (bofedales), que funcionan como una esponja natural que almacena el agua de lluvia
y la neblina para filtrarla lentamente hacia los lagos y acuíferos subterráneos.
La excavación de cráteres gigantescos a gran profundidad provocaría:
Desaparición de manan ales: La alteración del flujo hidrogeológico secaría los "ojos de
agua" de los que dependen miles de familias campesinas.
Contaminación química: El agua subterránea se contaminaría con metales pesados y
sedimentos.
Subproductos cancerígenos: El uso de cloro para tratar el cianuro en las aguas residuales
genera trihalometanos (THM), sustancias vinculadas al cáncer que los sistemas de
tratamiento convencionales de la ciudad no pueden eliminar.
Frente a la inviabilidad del proyecto, surgió el movimiento de los Guardianes de las Lagunas.
Esta segunda etapa de resistencia se caracteriza por la vigilancia sica y permanente de los
recursos hídricos. Desde octubre de 2012, ronderos y campesinos de Bambamarca y Celendín
custodian lagunas estratégicas como Mamacocha, Perol y la Laguna Azul, impidiendo sicamente
que la maquinaria minera avance sobre sus territorios.
El movimiento se organiza mediante un sistema de rotación comunitaria: grupos de
aproximadamente 40 miembros de diferentes comunidades suben a los lagos (a 4,000 msnm) y
permanecen allí de miércoles a domingo, viviendo en casas de lona bajo condiciones climá cas
extremas para proteger "el agua que es vida".
Las Rondas Campesinas, organizaciones históricamente dedicadas a comba r el abigeato (robo
de ganado), han evolucionado para enfrentar lo que denominan el "gran robo" de las mineras.
La jus cia rondera, reconocida cons tucionalmente, se ha conver do en el pilar de la defensa
del agua, aplicando una jus cia comunitaria rápida y gratuita que la fiscalía estatal no provee.
El papel de la mujer campesina ha sido transformador en este conflicto:
Protección y mediación: Las mujeres han servido como escudos humanos, colocándose
entre la policía y los manifestantes para detener la violencia.
Sustento logís co: Son las responsables de la "olla comunitaria" que alimenta a los
guardianes en los campamentos de las lagunas.
Empoderamiento social: Para muchas mujeres, las Rondas han sido su "universidad",
permi éndoles aprender a leer, obtener su DNI y ganar autoridad en una sociedad
previamente sexista.
Resistencia emblemá ca: El caso de Máxima Acuña de Chaupe es fundamental; ella y
su familia se han negado a vender su propiedad en Laguna Azul, soportando agresiones
sicas, la quema de su casa y la persecución legal por parte de la empresa y el Estado.
Ante la nega va del gobierno de Ollanta Humala de cumplir sus promesas electorales de
proteger el agua, los frentes de defensa organizaron la Marcha Nacional por el Agua en febrero
de 2012. Esta movilización par ó desde las lagunas de Cajamarca y recorrió diversas regiones
hasta llegar a Lima, convir éndose en un símbolo de resistencia nacional.
Las demandas principales de la marcha incluían:
El reconocimiento del agua como un derecho humano y no como una mercancía.
La prohibición de la minería a cielo abierto con cianuro y mercurio en cabeceras de
cuenca.
El respeto a la consulta previa e informada, según el Convenio 169 de la OIT.
La protección de ecosistemas frágiles como las jalcas y bofedales.
La marcha evidenció una solidaridad masiva; miles de ciudadanos en el trayecto ofrecieron
comida, medicinas y calzado a los manifestantes, culminando con una concentración de 40,000
personas en Lima que visibilizó el conflicto ante la comunidad internacional.
La respuesta del gobierno central a la resistencia social fue la militarización y la imposición de
estados de si o. El conflicto alcanzó su punto más trágico en julio de 2012, cuando tras 34 días
de huelga regional, las fuerzas del orden dispararon contra manifestantes en Celendín y
Bambamarca.
El saldo de la represión incluyó:
Cinco civiles muertos, incluyendo a un menor de edad (Antonio Joselito Sánchez
Huamán, Faus no Silva Sánchez, César Medina Aguilar, Paulino Leonterio García Rojas y
Joselito Vásquez Campos).
Cientos de heridos, con casos de ciudadanos que quedaron parapléjicos o ciegos por
impactos de proyec les y gases.
Denuncias de abusos sexuales y violaciones come das por soldados contra jóvenes
locales durante el estado de emergencia.
La destrucción sica de campamentos y viviendas de los ronderos en las zonas de las
lagunas.
El Estado peruano implementó un marco legal diseñado para desar cular el movimiento
mediante la persecución judicial. Se modificaron leyes para definir la protesta como "crimen
organizado", elevando las penas hasta los 25 años de cárcel. Un hito polémico fue la Ley nro. 30
151, que otorgó a la policía y fuerzas armadas licencia para matar, eximiéndolas de
responsabilidad penal en contextos de conflicto.
Más de 300 líderes sociales han enfrentado múl ples denuncias penales por cargos como
terrorismo o extorsión. Entre los casos más notorios destaca el de Gregorio Santos, presidente
regional de Cajamarca, quien fue encarcelado preven vamente durante 25 meses sin proceso
previo, en lo que se calificó como una "emboscada polí ca" para frenar su liderazgo contra el
proyecto.
En el corazón del territorio en disputa, la familia de Máxima Acuña de Chaupe se convir ó en el
úl mo bas ón de resistencia sica. Al negarse a vender su predio "Tragadero Grande", ubicado
junto a la Laguna Azul, la familia ha soportado años de violencia, quema de su hogar y amenazas
de muerte. En 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas
cautelares para proteger su vida, reconociendo la gravedad de su situación frente a la presión
corpora va y estatal.
A pesar de la asimetría de poder, el movimiento "¡Conga No Va!" se considera un triunfo de la
organización popular. Durante más de seis años, los Guardianes de las Lagunas lograron paralizar
un megaproyecto de 6,000 millones de dólares, demostrando que la defensa de la vida y los
bienes comunes puede prevalecer sobre intereses económicos globales.
El conflicto de Conga deja una lección fundamental: el "desarrollo sostenible" no puede
imponerse a costa de la destrucción de ecosistemas vitales ni de la dignidad de las comunidades
que dependen de ellos. La lucha de Cajamarca con núa siendo un referente mundial de la
jus cia ambiental y la defensa de la erra frente al extrac vismo neo-liberal
Isla A. ¡CONGA NO VA! LOS GUARDIANES DE LAS LAGUNAS: DEFENDIENDO LA TIERRA, EL
AGUA Y LA LIBERTAD EN CAJAMARCA, PERÚ. Revista de Ciencias Sociales (Cr). 2017;I(155):45-
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1. Inviabilidad Hidrogeológica y Destrucción de Cabeceras de Cuenca
el proyecto es inviable debido a su ubicación estratégica en la cima de las montañas, entre los
3,700 y 4,262 metros sobre el nivel del mar. En esta zona se encuentran las cabeceras de cinco
cuencas hidrográficas (ríos Jadibamba, Chugurmayo, Chirimayo, Chaillhuagón y Toromacho) que
abastecen de agua para consumo y riego a valles vitales como Celendín, Bambamarca y
Cajamarca. La minería a cielo abierto en este ecosistema implicaría la remoción de seis millones
de toneladas de humedales (bofedales), conocidos como la "esponja de agua" natural que
almacena la lluvia y la neblina para filtrar el recurso hacia los acuíferos subterráneos y
manan ales. La destrucción de este sistema provocaría la desaparición irreversible de los "ojos
de agua" y alteraría el flujo normal de las aguas subterráneas.
2. Riesgos Crí cos para la Salud Pública y Contaminación Química
La explotación minera plantea una amenaza química permanente por el uso de lixiviación con
cianuro para separar el oro de la roca. Este proceso no solo puede envenenar los recursos
hídricos, sino que el tratamiento posterior con cloro para eliminar el cianuro genera
trihalometanos (THM), que son subproductos cancerígenos que las plantas de tratamiento
convencionales de la ciudad no pueden filtrar. Además, estudios en la zona de influencia ya han
detectado niveles de hierro y aluminio por encima de los valores permi dos para el consumo
humano, lo cual ha sido vinculado por la población local con casos de infer lidad y
malformaciones en animales.
3. Conflicto con la Economía de Subsistencia y Seguridad Alimentaria
Existe una incompa bilidad directa entre la minería a gran escala y la base económica de
Cajamarca, que es la producción agrícola y ganadera. Los argumentos sociales subrayan que el
proyecto compite agresivamente por el agua y la energía, destruyendo las economías de
subsistencia que el modelo neoliberal e queta como "indeseables". Para las comunidades, el
agua no es una mercancía, sino un bien común y la fuente de su vida; por ello, consideran que
destruir las lagunas y manan ales equivale a condenar a muerte el futuro de las siguientes
generaciones.
4. Violación de Derechos Humanos y Falta de Legi midad Social
El proyecto se ha intentado imponer ignorando los derechos de los pueblos indígenas y
ronderos, protegidos por el Convenio 169 de la OIT, que exige la consulta previa e informada.
La resistencia social ha sido enfrentada con una criminalización sistemá ca, donde se han
modificado leyes para otorgar "licencia para matar" a las fuerzas del orden y clasificar la protesta
como "crimen organizado". Este clima de represión resultó en la muerte de cinco personas,
incluyendo un menor de edad, y la persecución judicial de más de 300 líderes sociales, lo que
resta cualquier legi midad é ca al proyecto.
5. El Legado Nega vo de Yanacocha y la Desconfianza Ins tucional
La oposición se sustenta en la experiencia previa con la mina Yanacocha, que ha dejado un
legado de pasivos ambientales y desastres sociales, como el derrame de 151 kg de mercurio en
Choropampa en el año 2000. Las comunidades denuncian que las empresas mineras operan bajo
una "economía de enclave" donde las ganancias salen del país mientras que los costos
ambientales (como ríos muertos y fuentes contaminadas) permanecen en el territorio para
siempre. Esta desconfianza se agrava por el sen miento de traición polí ca, luego de que el
gobierno central incumpliera sus promesas de priorizar el agua sobre el oro