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1-1-2018
Salmos
Rodolfo Blank
Marcos Kempff
Concordia Seminary, St. Louis, kempffm@[Link]
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Blank, Rodolfo and Kempff, Marcos, "Salmos" (2018). Recursos adicionales. 5.
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SALMOS
El libro de los Salmos es un libro de oración
Está escrito para nosotros, quienes no sabemos “qué pedir” (Romanos 8:26). Aquí encontramos a
los santos del pacto antiguo hablándole a Dios porque ellos lo escucharon a él hablándoles. Le
dan las gracias y lo alaban, claman por ayuda, ruegan por perdón, gimen y suspiran en las
dificultades, buscan alivio en las dudas, se regocijan en la verdad revelada, celebran las
manifestaciones de la bondad y el poder divinos, se deleitan en el reino de los cielos y su Mesías.
Cuando los creyentes de hoy acuden a los Salmos, se encuentran con que toda necesidad
espiritual está prevista, ya sea para el momento en que su corazón salta de gozo, ya sea para
cuando están abatidos por sus cargas, o cuando su fe busca certezas a tientas, ya sea que sus
espíritus están predispuestos a la adoración, pero su carne sigue siendo débil.
Jesús oró los Salmos (Mateo 27:46; Lucas 23:46; Mateo 26:30). También los interpretó, y enseñó
que “todo lo que está escrito acerca” de él en “los Salmos tenía que cumplirse” (Lucas 24:44).
Los escritores del NT indagaron con persistencia en los Salmos para establecer la continuidad del
antiguo y del nuevo pacto. Citan directamente de 40 Salmos, refiriéndose indirectamente o
aludiendo a casi todos ellos.
El libro de los Salmos es un libro de cantos
Sus oraciones se elevan al trono de Dios sobre aladas palabras de poesía. A la belleza del
lenguaje se le agregó la voz del canto y el sonido de la música. Sin embargo, los Salmos no son
desbordes subjetivos de sentimientos superficiales. Sus compositores están inspirados e
informados por la revelación de Dios, en palabras y acciones. Se sienten movidos a responder a
lo que él ha dicho o realizado.
A esta colección de poemas la llamamos Salmos. El nombre deriva del término griego utilizado
para traducir el sustantivo hebreo que en los epígrafes señala cierta forma de composición
poética. Etimológicamente tanto la palabra hebrea como la griega denotan un canto interpretado
con el acompañamiento de un instrumento de cuerdas.
Clasificaciones
En nuestras biblias, los Salmos están clasificados en cinco “libros” de extensión desigual: 1–41;
42–72; 73–89; 90–106; 107–150. Cada uno de ellos queda marcado por un versículo final de
doxología, el Salmo 150 como una unidad cierra el libro con una exultación de alabanza. Este
arreglo representa una antigua tradición judía.
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Se enseñaba, aparentemente, que el Pentateuco, la Palabra de Dios al hombre en cinco libros,
debía ser equilibrado por la respuesta del hombre con un número correspondiente de secciones
en el Salterio.
Dentro de cada una de estas cinco clasificaciones se encuentran otros grupos que consisten de
Salmos ensartados sobre la base de rasgos característicos. En el curso de sucesivas colecciones,
los Salmos fueron ordenados en series, lo que quedó determinado al menos en parte, por factores
distintivos tales como el nombre divino particular que se empleó, y el autor.
En el Libro I (1–41) el título “SEÑOR”, que corresponde al pacto, se utiliza casi con
exclusividad (ver Éxodo 6:3).
En el Libro II (42–72) predomina el título “Dios”, más general.
En el Libro III (73–89) es casi pareja la utilización de los dos títulos.
En los Libros IV y V se encuentra “SEÑOR” 339 veces, en tanto que “Dios” aparece sólo siete
veces.
La clasificación de acuerdo a los autores representó un papel en algunas agrupaciones. El Libro
I, con la excepción del Salmo 1, es un sólido bloque de Salmos davídicos; también los Salmos
51–72. Los Salmos 42–49 quedan asignados a los hijos de Coré; los Salmos 73–83, a Asaf. Sin
embargo, se encuentran Salmos de David en los cinco libros. En el Libro V aparece como el
único autor nombrado, aparte de Salomón.
Otros elementos unificadores son:
(1) la ocasión en que el Salmo debía ser utilizado: Los Salmos “de las subidas” (120–134);
(2) un Aleluya de apertura (¡Alabado sea el Señor!), en los Salmos 146–150;
(3) el tema tratado; en los Salmos 93–100 es el reino ilimitado de Dios.
En muchos casos es imposible reconocer el principio determinante de la secuencia de los
Salmos.
Modelos
Los títulos diferencian nueve clases de Salmos. El fundamento empleado para diferenciar estas
categorías ya no es identificable. No llegamos a entender por qué unos 60 de estos poemas son
llamados “un Salmo” a diferencia de otros; por qué cerca de 30 están señalados como “un
canto”; por qué sólo cinco se encuentran rubricados como “una oración”; por qué sólo uno
(Salmo 145) está calificado como un “canto de alabanza” (siendo que los judíos llamaban a todo
el Salterio “el libro de alabanzas”); por qué unos 25 están sin clasificar.
Un sólido bloque de 15 Salmos (120-134) lleva cada uno el nombre de “Cántico de las subidas”,
lo que generalmente se aceptaba para indicar que eran apropiados para recitación o canto
mientras los peregrinos subían hacia Jerusalén.
3
En tres casos hasta el significado de las palabras hebreas que definen la categoría no puede ser
asentado con certeza. En una transliteración estos términos son; “Maskil” (13 veces), “Miktam”
(6 veces), “Shiggaion” (sólo Salmo 7).
La erudición moderna intenta ordenar los Salmos mediante la determinación de la condición de
vida de la cual surgieron, y por el propósito litúrgico al que debían servir. Esta investigación
resultó de valor en algunos casos. Sin embargo, se ve forzada a operar con suposiciones que no
pueden comprobarse como verdaderas. Los resultados permanecen dudosos.
Desde el punto de vista del propósito y el contenido, sólo es necesario diferenciar dos clases
generales de Salmos. Ésto pueden ya expresar un ruego por haber surgido una necesidad, ya
ofrecer acción de gratitud y de alabanza a Dios por algún beneficio. Algunos Salmos hasta
combinan ambas formas.
La alabanza a Dios incluye una repetición de lo que é ha hecho. A veces el elemento descriptivo
consiste en una repetición poética de un mensaje u oráculo recibido por profetas inspirados. Hay
promesas de un reino de Dios universal y eterno (por ejemplo, Salmo 47; 93) bajo el mando de
su Hijo, el futuro Rey mesiánico (Salmo 2; 45; 72; 89; 110; 132).
En otros Salmos la respuesta a Dios consiste en una agradecida revista y una meditativa
apreciación de su revelación en acciones y palabras (Salmo 19; 78; 119; etc.), o en una edificante
contemplación de una vida que agrada a Dios (Salmo 15; 52; etc.). La razón fundamental de
estas oraciones se encuentra en la convicción de que la hostilidad hacia una persona consagrada a
la causa de Dios es, en último análisis, un intento de frustrar su buena y misericordiosa voluntad.
Siendo que los perseguidores de ellos son los enemigos de Dios, los salmistas oran que “Dios
quiera impedir y malograr todo consejo y voluntad perversos que no permitan que el reino de
Dios venga” (Lutero).
Epígrafe
Todos, con excepción de 34 Salmos, llevan títulos o epígrafe. En el Libro III todos los Salmos
llevan este encabezamiento, en tanto que 28 de los 34 sin título, o Salmos “huérfanos”, se
encuentran en los Libros IV y V. Éstos proveen datos tales como (1) autor; (2) la situación; (3) la
clase de poesía representada (ver “modelos”, arriba);(4) las directivas litúrgicas y musicales.
Se desconoce cuánto tiempo después de la composición de estos Salmos les fueron agregados
prefacios con estas notas. Ya estaban mohosos por el paso de los años cuando fueron traducidos
al griego en la Septuaginta, que tuvo su comienzo en el tercer siglo a.C. La traducción de algunos
términos prueba que su significado ya no era conocido en ese tiempo. Las traducciones modernas
recurren a la transliteración de palabras hebreas (por ej., “de acuerdo al Sheminith,” Salmo 6, “de
acuerdo al Gittith,” Salmo 8). Frases tales como “de acuerdo a la Cierva del Alba” (Salmo 22) y
“de acuerdo a los Lirios” (Salmo 45) parecen indicar la melodía con la cual debía cantarse el
Salmo. Sin embargo, nadie sabe qué eran estas melodías o por qué se las llamaba así. El
significado de la palabra hebrea traducida “director del musical” en 55 epígrafe, parece ser
seguro. La palabra transliterada “Selah”, que aparece 71 veces dentro de, o al final de 39 Salmos,
parece ser otra notación musical. Lo que significaba sólo puede conjeturarse.
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Autoría
Casi un tercio de los Salmos aparecen anónimos. Los epígrafes le adjudican cerca de la mitad de
los Salmos a David. El Libro I es casi sólidamente davídico. Sin embargo, Salmos de David se
encuentran en todas las clasificaciones del Salterio. En 13 títulos se menciona la ocasión cuando
el “dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1) compuso un Salmo en particular.
La frase “de David” puede ser traducida también “a David” o “para David”. Por eso se sugiere
que no necesariamente tiene que referirse al autor en todos los 73 casos en que aparece. Sin
embargo, esta interpretación no pretende contradecir las afirmaciones de Jesús y de los escritores
del Nuevo Testamento, quienes declaran que David escribió los Salmos 16 (Hechos 2:25–28); 32
(Romanos 4:6–8); 69 y 109 (Hechos 1:16–20; Romanos 11:9 y s.); 110 (Mateo 22:41–45;
Marcos 12:35–37; Lucas 20:42–44; Hechos 2:34); 95 (Hebreos 4:7). Al Salmo 2, que no lleva
título, se lo cita como “dijiste en labios de… David… por medio del Espíritu Santo” (Hechos
4:25 y s.).
Otros autores son mencionados. Hay 12 Salmos “de Asaf” (50, 73–83); dos de Salomón (72,
127); uno “de Hemán” (88), otro “de Etán” (89), otro “de Moisés” (90).
Los descubrimientos arqueológicos prueban que poemas de estructura y formas similares a las de
los Salmos, existieron en forma escrita siglos antes del tiempo de David.
Poesía
La poesía hebrea es similar a nuestro verso clásico en su utilización de lenguaje selectivo, figuras
de lenguaje, y recursos retóricos. Sin embargo, los Salmos y otros poemas del AT, no dependen
de la rima de palabras y un modelo métrico estricto, para lograr la cadencia. Un equilibrio en la
fonación, y una cadencia regular de sílabas acentuadas y no acentuadas, da lugar a un arreglo
rítmico de modelos de pensamiento. Lo que se dice en una línea se lo “rima” en la siguiente con
un pensamiento similar o en relación. Tal equilibrio de ideas se logra repitiendo la primera
declaración en otras palabras, expresándola en forma de antítesis, o completándola de diferentes
maneras. Debido a que dos o más líneas se complementan la una con la otra de esta manera, esta
característica distintiva de poesía bíblica es llamada paralelismo.
Sin embargo, las palabras que expresan estos pensamientos paralelos no están ordenadas sin
tomar en cuenta el efecto producido por su secuencia. Si bien no hay un modelo rígido de pies
métricos, hay, sí, un esfuerzo consciente por alinear las palabras, de modo que las sílabas
acentuadas de una línea se sucedan a intervalos medidos y produzcan una cadencia rítmica. El
número de sílabas sin énfasis, que preceden o siguen al énfasis, pueden variar, semejante a
nuestro verso no rimado. Por lo demás, las líneas del mismo Salmo no necesitan tener el mismo
número de sílabas acentuadas.
La agrupación de unidades más pequeñas en estrofas o estancias puede ser reconocida en algunos
Salmos. En unos pocos casos las agrupaciones de versos quedan señaladas por un estribillo
(Salmo 42:5–11; 43:5; 46:7–11).
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El recurso más estructurado de la forma poética se encuentra en una cantidad de Salmos
acrósticos. Reteniendo el paralelismo de pensamiento y el énfasis rítmico, tienen el rasgo
adicional de que la primer palabra de cada verso o grupo de versos comienza con una letra en el
orden en que se da en el alfabeto (por ejemplo, Salmo 34). En el Salmo 119 hay unidades de
ocho versos, comenzando cada uno de éstos con la misma letra en secuencia alfabética. Es
tácitamente imposible traducir estos Salmos de modo tal de reproducir su ordenamiento
acróstico.
Tomado de:
COMENTARIO BÍBLICO CONCORDIA
Una aproximación Cristocéntrica y Confesional a las Sagradas Escrituras.
Comentario sobre los Salmos, pp. 493-496
Propiedad literaria © 2004 Editorial Concordia.
3558 South Jefferson Avenue, Saint Louis, Missouri, 63118-3968
Editor de la versión castellana: Rev. Héctor Hoppe
Ilustración de la tapa: Don Kueker
Diseño de tapa e interior: Florencia Fau-Pieske
Los textos bíblicos que aparecen en esta publicación
son de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional,
© 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional
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PREFACIO AL SALTERIO
Martín Lutero
(1524)
Muchos santos padres han alabado y amado particularmente el Salterio, más que otros libros de
la Escritura. Y por cierto que la obra elogia suficientemente a su autor; no obstante lo cual,
también nosotros debemos tributar nuestra alabanza y nuestro reconocimiento.
Se han difundido en años pasados muchísimas leyendas de santos y de sus padecimientos, libros
de ejemplos e historias con que se ha llenado el mundo de tal manera que el Salterio se hallaba
en total abandono, resultando tan oscuro que no se entendía bien ni un solo Salmo. Sin embargo,
tenía tal fama de obra noble y exquisita que todos los corazones piadosos se sentían estimulados
a la devoción y aun confortados por las palabras incomprendidas, y por eso apreciaban tanto este
librito.
Sin embargo, considero que no ha habido ni habrá sobre la tierra mejor libro de ejemplos, de
leyendas de santos, que el Salterio. Y si se quisiera escoger, recopilar y editar de la mejor manera
lo más excelente de todos los ejemplos, leyendas e historias, el resultado tendría que ser el actual
Salterio. Porque aquí encontramos, no solamente lb que han hecho uno o dos santos, sino lo que
ha hecho la cabeza misma de todos los santos y lo que hacen aún todos ellos: Qué actitud
observan frente a Dios, frente a los amigos y enemigos, y cómo se conducen y comportan en
todos los peligros y sufrimientos. Además de ello, contiene toda clase de doctrinas y
mandamientos divinos para la salvación.
El Salterio debería ser apreciado y amado por el solo hecho de que promete tan claramente la
muerte y la resurrección de Cristo y describe su reinó, y la condición y naturaleza de: toda la
cristiandad. Bien se lo podría llamar una Biblia en síntesis, en la que se encuentra resumido todo
el contenido de la Biblia de la manera más bella y más breve, hecho y preparado como un
magnífico enquiridion o manual. Hasta me parece que el Espíritu Santo se ha querido tomar la
molestia de componer una Biblia breve y un libro de ejemplos de toda la cristiandad o de todos
los santos, de manera que si alguien no pudiera leer toda la Biblia tendría aquí casi toda la suma
de la Escritura resumida en un pequeño libro.
Más aún, la virtud y peculiaridad del Salterio consiste en que mientras otros libros hacen mucho
alarde de las obras de los santos y dicen poco sobre sus palabras, el Salterio es en este sentido
una obra excepcional que deleita grandemente al lector, por cuanto no relata solamente las obras
de los santos, sino también sus palabras, cómo han hablado con Dios y cómo han orado y todavía
hablan y oran. Cuando se compara el Salterio con las otras leyendas y ejemplos, vemos que éstos
nos proponen puros santos mudos, mientras que el Salterio nos presenta santos verdaderos de
vida auténtica.
En efecto, si se compara a un hombre mudo con uno que habla, hay que considerar a aquél casi
como un hombre medio muerto. Y no hay en el hombre acción más eficaz que el habla, ya que el
habla es lo que .más distingue al hombre de los demás seres vivientes, más que la apariencia
física u otras propiedades; porque bien puede. tener la madera la forma de un hombre merced al
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arte del tallador, y un animal bien puede ver, oír, olfatear, cantar, caminar, estar en pie, comer,
beber, ayunar, tener sed, soportar el hambre, el frío y un duro lecho, tanto como un hombre.
El Salterio hace aún más: no nos presenta la prosa corriente de los santos, sino la mejor, con la
que se han dirigido a Dios con gran fervor para hablarle sobre los asuntos más importantes. De
este modo nos presenta, no solamente sus palabras más que sus obras, sino también su corazón y
la riqueza íntima de sus almas, para que podamos echar una mirada al origen y fuente de sus
palabras y de sus obras, esto es, a su corazón, para ver qué clase de pensamientos han tenido,
cómo se ha conducido y comportado su corazón en toda situación, peligro y necesidad. Esto no
lo hacen ni lo pueden hacer las leyendas o los ejemplos que ensalzan solamente las obras y los
milagros de los santos. En efecto, no puedo conocer 1a condición del corazón de un hombre, aun
cuando vea y escuche muchas obras excelentes de él.
Y así como preferiría oír hablar a un santo antes que ver sus obras, igualmente preferiría ver su
corazón y la riqueza de su alma antes que oír su palabra. Esto es precisamente lo que nos ofrece
el Salterio en gran abundancia con respecto a los santos, de manera que podemos estar seguros
de cuál era la condición de su corazón y cuáles fueron sus palabras ante Dios y toda otra persona.
Pues el corazón humano es semejante a un navío en un mar furioso, que es empujado por los
vientos tormentosos desde los cuatro puntos cardinales del mundo. Una vez nos asalta el temor y
la preocupación ante un descalabro futuro. Otra vez arremete la aflicción y la tristeza del dolor
presente. Una vez sopla la brisa de la esperanza y el presentimiento de una dicha futura. Otra vez
sopla el viento de la seguridad y del deleite por los bienes presentes.
Tales vientos tormentosos, empero, enseñan a hablar con fervor y a abrir el corazón y manifestar
sus más recónditos pensamientos. Pues quien está inmerso en el temor y en la necesidad, habla
en forma muy distinta de la desgracia que quien flota en la alegría. Y el que vive en la alegría,
habla y canta de la alegría en forma muy distinta que el que está inmerso en el temor. No sale del
corazón -se dice- cuando un hombre triste debe reír o un hombre alegre llorar, esto es, cuando lo
íntimo del corazón no se manifiesta y no se expresa.
¿Pero no está dedicada la mayor parte del Salterio a hablar tan gravemente en toda clase de
vientos tormentosos? ¿Dónde se encuentran palabras más delicadas sobre la alegría que las que
contienen los Salmos de alabanza y los de acción de gracias? Ahí ves abierto delante de ti el
corazón de todos los santos, como bellos y primorosos jardines, en efecto, como si vieras el cielo
mismo, y cómo brotan en ellos, cual flores delicadas y hermosas, los más variados, elevados y
alegres pensamientos, concernientes a Dios a causa de sus bondades.
Por otra parte, ;dónde encuentras palabras más profundas, más plañideras, de tristeza más
desgarradora que en los Salmos de lamentación? Aquí nuevamente ves abierto delante <le ti el
corazón de todos los santos, como si vieras la muerte y aun el infierno mismo. ¡Qué tinieblas y
oscuridad hay aquí por la múltiple visión de la cólera de Dios! Así también, cuando hablan de
temor o esperanza utilizan palabras tales que ningún artista te podría dibujar de igual manera el
temor y la esperanza, y ningún Cicerón u orador te los podría describir.
Y, como se ha dicho, lo más destacable es que los Salmos hablen tales palabras ante Dios y con
Dios, lo que confiere a sus palabras un doble fervor y vitalidad. Pues cuando se habla
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comúnmente a los hombres de tales asuntos, no nace tan de lo profundo ni tiene este carácter
fervoroso, vital e incisivo. A esto se debe también que el Salterio sea el libro de todos los santos,
y que en cualquier situación que uno se encuentre hallará Salmos y palabras que se adapten a su
situación, de tal modo que le parecerá como si hubiesen sido compuestos para él solamente, de
modo que él mismo no podría componerlos ni encontrarlos ni aun desearlos mejor.
Esto también contribuye a que uno, al hallar placer en estas palabras y encontrarlas adecuadas a
su caso, asuma la certeza de que está en la comunidad de los santos y que a todos los santos les
ha ocurrido lo mismo, porque todos unen su voz con la suya en un coro común, tanto más cuando
también él puede hablar de esta manera con Dios, como ellos lo hicieron, para lo cual es
imprescindible tener fe, porque a un hombre incrédulo estos Salmos no le agracian.
Por último, se encuentra en el Salterio la seguridad y una guía digna de toda confianza, de modo
que se puede, sin peligro alguno, seguir a todos los santos en lo que allí se dice. Pues los otros
ejemplos y leyendas de santos mudos nos presentan diversas obras que no podemos imitar. En
cambio, presentan muchas obras cuya imitación es peligrosa y que comúnmente originan sectas y
facciones que desvían y apartan de la comunidad de los santos. Pero el Salterio te conserva en la
comunidad de los santos y lejos de las facciones; porque él te enseña en la alegría, en el temor,
en la esperanza, en la tristeza, a tener el mismo ánimo que tuvieron todos los santos y a hablar
como ellos han hablado.
En resumen: ¿quieres ver pintada la iglesia cristiana en un pequeño cuadro con colores y figuras
vivas? Entonces, coloca el Salterio delante de ti, y tendrás un espejo claro y excelente que te
mostrará lo que es la cristiandad. Más aún: te verás retratado también a ti mismo y hallarás el
verdadero "conócete a ti mismo" y, además, al propio Dios y todas las creaturas.
Por consiguiente propongamos también agradecer a Dios por tan inefables bienes y aceptarlos
con empeño y fervor, usarlos y practicarlos para alabanza y honra de Dios, a fin de que no
merezcamos algo peor por nuestra falta de gratitud. Pues antes, en los tiempos de las tinieblas,
¡qué gran tesoro habría significado poder entender bien un Salmo y leerlo u oírlo en lenguaje
comprensible! Pero no se tuvo tal tesoro. En cambio ahora ¡dichosos los ojos que ven lo que
nosotros vemos y los oídos que oyen lo que nosotros oímos! 47 Pero me temo, y
desgraciadamente lo estamos viendo, que nos sucede como a los judíos en el desierto, que decían
del pan del cielo: "Nuestra alma siente hastío de este manjar miserable" 48. Pero debemos
también recordar que en el mismo pasaje se relata cómo fueron asediados por plagas y muertes,
para que no nos ocurra a nosotros lo mismo.
Que nos ayude para ello el Padre de toda gracia y misericordia, por medio de Jesucristo, nuestro
Señor, el cual sea alabado y bendecido, honrado y loado por este Salterio alemán y por todos sus
incontables e inefables favores, por toda la eternidad. Amén, amén.
Tomado de:
Lutero, Martín. Prefacios a los libros de la Biblia. Tomo VI: Obras de Martín Lutero. Ediciones La Aurora:
Buenos Aires, 1979, pp. 63-66.
9
Al músico principal
LIBRO I Anónimo 1, 2, 10, 33
1-41 David 3-9, 11-32, 34-41 4-6, 8-9, 18-22, 31, 36, 39-41
LIBRO II Coré 42-49 42-47, 49
42-72 Asaf 50
David 51-65, 68-70 51-62, 64-65, 68-70
Anónimo 66-67, 71-72 66-67
LIBRO III Asaf 73-83 75-77, 80-81
73-89 Coré 84-85, 87-88 84-85
David 86
Etán 89
LIBRO IV Moisés 90
90-106 Anónimo 91-100, 102, 104-106
David 101, 103
LIBRO V Anónimo 107, 111-119, 135-137, 146-150
107-150 David 108-110, 138-145 109, 139, 140
Ascenso 120-134
Anónimo 120-121, 123, 125-130, 134
David 122, 124, 131, 133
Salmos de 105-106, 111-113, 115, 117, 135, 146-150
Aleluya
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ALGUNOS SALMOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1. La canción de Moisés y Miriam Éxodo 15:2-18
2. Citas de himnos antiguos Números 21:14-15, 17-18, 27-30
3. La canción de Débora Jueces 5:2-31
4. La canción de Ana 1 Samuel 2:1-10
5. El lamento de David 2 Samuel 1:19-27
6. La canción de David 1 Crónicas 16:8-36
ALGUNOS SALMOS EN EL NUEVO TESTAMENTO
1. La canción de María (el Magníficat) Lucas 1:46b-55
2. La canción de Zacarías (el Benedictus) Lucas 1:68-79
3. La canción de Simeón (el Nunc Dimitis) Lucas 2:29-32
4. El himno Trinitario Efesios 1:3-14
5. El himno de Cristo Colosenses 1:15-22
6. El himno de Moisés y el Cordero Apocalipsis 15:3b-4
LIBROS EN FORMA POÉTICA
1. Casi todo el libro de Job
2. Cantar de los Cantares
3. Lamentaciones de Jeremías por la caída de Jerusalén
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CLASIFICACIÓN DE SALMOS SEGÚN SU CONTENIDO
ALABANZA Libro I 8, 19, 24, 29, 33, 34
Libro II 45-48, 63, 66
Libro III 76, 84
Libro IV 92, 93, 95-100, 103-106
Libro V 107, 108, 111, 113, 114, 117, 118, 134-136, 139, 145-150
REAL Libro I 2
Libro II
Libro III 72
Libro IV
Libro V 110
GRATITUD Libro I 9, 16, 18, 21, 23, 30, 40
Libro II 56, 65, 67, 68
Libro III 73, 77, 86
Libro IV 90, 91
Libro V 116, 124, 125, 129, 138
SÚPLICAS Libro I 3-7, 10, 12, 17, 20, 25-28, 36, 41
Libro II 54, 57-62, 64, 70, 71
Libro III 83, 94
Libro IV
Libro V 109, 120, 122, 123, 126, 140-144
LAMENTO Libro I 13, 14, 22, 31, 35, 39
Libro II 42-44, 53, 55, 69
Libro III 74, 80, 81, 85, 88, 89
Libro IV 102
Libro V 137
CONFESIÓN Libro I 32, 38
Libro II 51
Libro II
Libro IV
Libro V 130-132
ENSEÑANZA Libro I 1, 11, 15, 37
Libro II 49, 50, 52
Libro III 75, 78, 82
Libro IV 101
Libro V 112, 115, 119, 121, 128, 133
12
REGLAS GENERALES PARA LA INTERPRETACIÓN
DE LOS SALMOS
1. La situación histórica
a) Descripción (a veces puede ser difícil hacerla).
b) Sentimientos personales expresados.
c) Anhelo para el futuro.
2. La situación espiritual
a) ¿Cómo se relaciona la situación histórica con su fe personal en Dios?
b) ¿Qué espera de Dios?
c) ¿Cómo se relaciona la situación histórica con la comunidad de fe?
d) ¿Qué espera Dios de él (ellos)?
e) La respuesta esperada o definitiva de Dios.
3. La relación del salmista con el culto
a) Enumerar las referencias al culto (por ejemplo, el templo, el altar, el sacrificio, etc.).
b) En qué clase de culto está apropiado este Salmo (por ejemplo, acción de gracias,
perdón de pecados, etc.).
4. La identificación con el Salmo
a) ¿Ud. puede identificarse con el salmista?
b) ¿Cómo?
c) ¿En qué circunstancias?
Nota: Este es solo un bosquejo general; no es posible siempre contestar cada una de las preguntas,
pero se debe hacer el esfuerzo por hacerlo.
Recopilado por Rodolfo Blank
Julio del 2018
Centro de Estudios Hispanos-Seminario Concordia, St. Louis
Revisado por Marcos Kempff
Editado para Scholar, julio del 2025