Pericles
Pericles
Primeros años
Pericles nació alrededor del 495 a. C., en el demo (demarcación) de Colargós, al norte de Atenas. Era hijo
del político Jantipo, quien, si bien había sido condenado al ostracismo durante los años 485 o 484 a. C.,
volvió a Atenas para dirigir el contingente ateniense en la victoria griega de la batalla de Mícala solo
cinco años después. La madre de Pericles, Agarista, era parte de la poderosa familia de los Alcmeónidas,
y sus conexiones familiares jugaron un papel crucial en el comienzo de la carrera política de Jantipo.
Agarista era bisnieta del tirano de Sición, Clístenes, y sobrina del reformista ateniense Clístenes, otro
alcmeónida.4
Según Heródoto y Plutarco, Agarista soñó, algunas noches antes del nacimiento de Pericles, que daba a
luz un león.5 6 Una interpretación de esta anécdota es que el león es el símbolo tradicional de la
grandeza, aunque la historia también puede estar haciendo alusión al tamaño inusual del cráneo de
Pericles, que se convirtió en el objetivo habitual de los comediantes contemporáneos,6 7 llegando a
recibir el apelativo de «cabeza de albarrana» (una especie de cebolla). Si bien Plutarco asegura que esta
deformación era el motivo por el que Pericles siempre era representado con casco, este no era
exactamente el motivo, sino que el casco era el símbolo de su rango oficial como estratego (general).8
Pericles pertenecía a la tribu local de Acamantis y sus primeros años fueron silenciosos. Un joven
introvertido que huía de apariciones en público y prefería dedicar su tiempo a los estudios.9
La nobleza de su familia y su nivel económico le permitieron proseguir su inclinación hacia los estudios.
Aprendió música de los maestros de su tiempo (Damón o Pitocleides podrían haber sido sus
profesores)10 11 y se considera que fue el primer político en atribuir una gran importancia a la filosofía.9
Disfrutó de la compañía de los sofistas y físicos pre-socráticos Protágoras, Zenón de Elea y Anaxágoras.
Anaxágoras particularmente llegó a convertirse en un buen amigo y le influyó enormemente.10 12 La
forma de pensar de Pericles, así como el carisma que tenía en su retórica podrían haber sido en parte una
consecuencia del énfasis filosófico en la calma emocional al enfrentarse a los problemas, y del
escepticismo sobre el fenómeno divino.4 Su calma y autocontrol proverbial también se contemplan como
parte de la influencia de Anaxágoras.13
En el año 461 a. C., Pericles consiguió eliminar a su gran oponente mediante la utilización del
ostracismo. La acusación para ello fue que Cimón había traicionado a la ciudad por haber actuado como
un amigo de Esparta, una acusación que era muy frecuente enarbolar frente a los políticos de la facción
conservadora.24
Incluso después del ostracismo de Cimón, Pericles continuó llevando a cabo y promocionando una
política republicana con gran carga social.21 Primero propuso un decreto que permitía a los pobres acudir
a ver las obras de teatro sin tener que pagar, siendo el estado el que cubriría el coste de su admisión.
Mediante otros decretos redujo los requisitos de propiedad necesarios para formar parte del arcontado e
introdujo el pago de unas generosas cantidades de dinero para aquellos ciudadanos que sirviesen como
jurados en la Heliea (la corte suprema de Atenas).25 Sin embargo, la medida que más controversia creó
fue la ley del año 451 a. C., que limitaba la ciudadanía ateniense a aquellos que fuesen nacidos de
ciudadanos atenienses por ambos lados.26
Tales medidas impulsaron a los críticos de Pericles, que le veían como el responsable de la degeneración
gradual de la república ateniense. Constantino Paparrigópulos (1815-1891), uno de los más importantes
historiadores griegos modernos, argumenta que Pericles buscaba la expansión y estabilización de todas
las instituciones republicanas.27 Por ello, impulsó una legislación que garantizaba a las clases más bajas
el acceso al régimen político y a los oficios públicos, de los cuales habían sido apartados anteriormente
debido a sus medios limitados o a su humilde condición.28 De acuerdo con Samos, Pericles creía que era
necesario elevar al Demos, en el que veía la fuente del poder ateniense y un elemento crucial en el
dominio militar de Atenas.29 La flota, sin duda la espina dorsal del poder de Atenas desde los días de
Temístocles, estaba compuesta casi en su totalidad por miembros de las clases inferiores.30
Cimón, por el otro lado, parece que ya había dejado de creer que existiera espacio para la evolución
republicana. Estaba seguro de que la república había llegado a su punto álgido y que las reformas de
Pericles llevaban a la instauración de la democracia, degenerando el régimen establecido. Según
Paparrigopoulos, la historia acabó dando la razón a Cimón, puesto que Atenas, a partir de la muerte de
Pericles, se hundió en un abismo de turbulencia política y democracia. Paparrigopoulos mantiene que
cayó sobre la ciudad una regresión sin precedentes, y que su gloria fue muriendo como resultado de la
muerte de Pericles el republicano.27 Según otro historiador, Justin Daniel King, la república benefició al
pueblo individualmente, pero hirió al estado.31 Otros autores, como Donald Kagan defienden que las
medidas republicanas de Pericles llevadas a efecto supusieron la base de una fuerza política
inexpugnable.32 Después de todo, Cimón acabó aceptando la república, y no se opuso a la ley de
ciudadanía tras su retorno del exilio en el año 451 a. C.33
Pericles, que poseía gran autoridad por su prestigio e inteligencia y era inaccesible
manifiestamente al soborno, contenía a la multitud sin quitarle libertad, y la gobernaba en
mayor medida que era gobernado por ella; y esto, debido a que no hablaba de acuerdo con
su capricho para buscarse influencia por medios indignos, sino que, gracias a su sentido del
honor, llegaba a oponerse a la multitud. Así pues, cuando se daba cuenta de que los
atenienses ensoberbecidos tenían una confianza injustificada, con sus palabras los contenía,
atemorizándolos, y cuando sin razón temían, les devolvía la confianza. Y era aquello
oficialmente una democracia; pero, en realidad, un gobierno del primer ciudadano.34
Plutarco subraya que Cimón consiguió un acuerdo para compartir el poder con sus oponentes, según el
cual Pericles se encargaría de los asuntos internos y Cimón sería el líder del ejército de Atenas que se
encontraba en campaña.39 Si realmente fue así, este acuerdo habría supuesto una concesión por parte de
Pericles en el hecho de que no era un gran estratega. Kagan opina que Cimón se adaptó a las nuevas
condiciones y llevó a cabo un matrimonio político entre los liberales de Pericles y los conservadores.33
A mediados de la década de 450 a. C. los atenienses lanzaron un ataque fallido para ayudar a la revuelta
egipcia contra Persia, que llevó a un prolongado asedio de una fortaleza persa situada en el delta del Nilo.
La campaña culminó con un desastre a gran escala: las fuerzas de asedio fueron derrotadas y
destruidas.40 En 451-450 a. C. los atenienses mandaron tropas a Chipre. Cimón derrotó a los persas en la
Batalla de Salamina, pero murió de enfermedad en el año 449 a. C. Se dice que Pericles comenzó ambas
expediciones en Egipto y Chipre,41 aunque algunos investigadores, como por ejemplo Karl Julius
Beloch, argumentan que el envío de una flota de tal magnitud está más de acuerdo con el espíritu de la
política de Cimón.42
Para complicar aún más el relato de este período tan complejo, se añade la controversia sobre la Paz de
Calias, que supuestamente terminó con las hostilidades entre griegos y persas. La misma existencia de
este tratado está muy discutida, y los detalles de la negociación son también ambiguos.43 Ernst Badian
cree que la paz entre Atenas y Persia se ratificó por primera vez en el año 463 a. C. (haciendo que las
intervenciones atenienses en Egipto y Chipre fuesen violaciones del tratado), y renegociado a la
conclusión de la campaña en Chipre, tomando fuerza de nuevo entre los años 450 y 449 a. C., como
resultado del cálculo estratégico de Pericles de que el conflicto con Persia estaba debilitando la
posibilidad ateniense de esparcir su influencia en Grecia y el Egeo.43 Kagan cree que Pericles usó a
Calias, un cuñado de Cimón, como símbolo de unidad, y que le empleó en varias ocasiones para negociar
acuerdos importantes.44
En la primavera de 449 a. C., Pericles propuso el Decreto de Congreso, que llevó a una reunión
(congreso) de todos los estados griegos para considerar la cuestión de reconstrucción de los templos
destruidos por los persas. El congreso no tuvo éxito por culpa de Esparta, pero las verdaderas intenciones
de Pericles todavía no están claras.45 Algunos historiadores piensan que quería promover una especie de
confederación con la participación de todas las ciudades griegas, y otros que quería fomentar la
preeminencia ateniense.46 De acuerdo al historiador Terry Buckley, el objetivo del Decreto de Congreso
era un nuevo mandato para la Liga de Delos y para la recaudación de phoros (impuestos).47
Durante la segunda guerra sagrada Pericles dirigió a la Sin embargo, la admiración de las eras
armada ateniense contra Delfos y reinstauró a Fócida en actuales y de las que nos sucedan recaerá
sobre nosotros, dado que no hemos
sus derechos soberanos sobre el oráculo.48 En 447 a. C. dejado nuestro poder sin testigos, y lo
Pericles se involucró en la campaña por la cual se le hemos mostrado mediante numerosas
pruebas; y más allá de necesitar a Homero
admira más, la expulsión de los bárbaros de la península para nuestro panegírico, o de alguno
tracia de Gallípolli, con el fin de establecer colonos cuyos versos pudieran lucir durante un
momento para dar la impresión de que se
atenienses en la región.4 49 Para entonces, sin embargo, derretirían al contacto con los hechos,
Atenas se encontraba seriamente amenazada por una hemos obligado a todos los mares y tierras
serie de revueltas entre sus aliados (o, para ser más a ser la carretera de nuestro atrevimiento,
y en todas partes, ya sea para bien o para
exactos, sus subordinados). En 447 a. C. los oligarcas de mal, hemos dejado monumentos
Tebas conspiraron contra la facción democrática. Los imperecederos a nuestras espaldas.
atenienses demandaron su rendición inmediata pero, tras Discurso fúnebre de Pericles tal y como
lo recogió Tucídides (II, 41 ([Link]
la Batalla de Coronea de ese año, Pericles se vio [Link]/cgi-bin/ptext?doc=Pe
obligado a admitir la pérdida de Beocia con el fin de rseus%3Atext%3A1999.01.0200&layout=&
recuperar a los prisioneros atenienses tomados en esa loc=2.41)).
batalla.9 Con Beocia en manos hostiles, Fócida y Lócrida eran incontrolables y poco a poco fueron
cayendo en manos de los oligarcas enemigos.50 En 446 a. C. se produjo un levantamiento aún más
peligroso: Eubea y Megara se levantaron en armas. Pericles cruzó hasta Eubea con sus tropas, pero fue
obligado a volver cuando un ejército espartano invadió Ática. Mediante sobornos y negociaciones,
Pericles logró ahuyentar el peligro inminente, y los espartanos volvieron a su ciudad.51 Cuando Pericles
fue investigado más tarde por la utilización de dinero público no pudo justificarse suficientemente un
gasto de 10 talentos, dado que los documentos oficiales solo se referían a que ese dinero fue utilizado
para «un muy serio propósito». En cualquier caso, el «serio propósito» (el soborno) era tan obvio que los
auditores aprobaron el gasto sin nombrarlo oficialmente y sin ni siquiera investigarlo en profundidad.52
Una vez que la amenaza espartana fue eliminada, Pericles cruzó de nuevo a Eubea para aplastar la
revuelta. Infligió un severo castigo a los propietarios de tierras en Calcis, que perdieron sus propiedades.
Los habitantes de Histiea, por su parte, que habían masacrado a la tripulación de un trirreme ateniense,
fueron desarraigados y sustituidos por 2000 colonos de Atenas.52 La crisis terminó oficialmente con la
Paz de los Treinta Años (invierno de 446 a. C. - 445 a. C.), en la cual Atenas renunciaba a una buena parte
de sus posesiones e intereses en el interior de Grecia que había ido adquiriendo desde 460 a. C., y tanto
Atenas como Esparta acordaban no intentar conquistar ninguno de los estados aliados del otro.50
Fue del tesoro de la alianza de donde Pericles sustrajo Acordaos, también, de que si vuestro país
los fondos necesarios para llevar a cabo su ambicioso tiene el nombre más grande de todo el
mundo, es porque nunca se ha doblegado
plan de construcción, centrado en la Acrópolis de frente a un desastre; porque ha gastado
Pericles, que incluía los Propileos, el Partenón y la más vida y esfuerzo en la guerra que
cualquier otra ciudad, y ha ganado para sí
estatua de oro de Atenea Promacos, esculpida por Fidias, misma un poder mayor que cualquier otro
amigo de Pericles.60 En el año 449 a. C. Pericles conocido, memoria de lo cual descenderá
hasta la posteridad.
propuso un decreto que permitía el uso de 9000 talentos
para financiar la reconstrucción masiva de los templos Tercer discurso de Pericles tal y como la
recogió Tucídides (II, 64 ([Link]
atenienses.47 Angelos Vlachos, un académico griego, [Link]/cgi-bin/ptext?doc=Perse
apunta que la utilización del tesoro de la alianza, iniciada us%3Atext%3A1999.01.0200&layout=&loc
=2.64)).
y ejecutada por Pericles, es una de las más grandes
apropiaciones indebidas de la historia. Esta apropiación financió, sin embargo, algunas de las más
maravillosas creaciones artísticas del mundo antiguo.61
Entre los años 438 y 436 a. C. Pericles dirigió a la flota ateniense en el Ponto Euxino (Mar Negro) y
estableció relaciones amistosas con las ciudades griegas de la región.66 Pericles también se centró en
proyectos internos, tales como la fortificación de Atenas (construyendo la muralla interna alrededor del
año 440 a. C.), y en la creación de nuevas colonias, como Andros, Naxos y Turios (444 a. C.), así como
Anfípolis (437–436 a. C.).67
Ataques personales
Pericles y sus allegados no fueron inmunes a los ataques de las
facciones rivales, puesto que la preemeniencia en la democracia
ateniense no era equivalente a un mando absoluto.68 Justo antes de
que estallara la guerra del Peloponeso, Pericles y dos de sus socios más
cercanos, Fidias y su compañera, Aspasia de Mileto, se enfrentaron a
una serie de ataques personales y judiciales.
Además de estas persecuciones iniciales, la Ekklesia atacó a Pericles mismo, demandando una
justificación por su ostensible derroche y mala administración de dinero público.71 Según relata Plutarco,
Pericles estaba tan asustado por el juicio que no permitió a los atenienses hacer concesiones a los
lacedemonios.71 Beloch también opina que Pericles trajo deliberadamente la guerra para proteger su
posición política.76 Con ello, al comienzo de la guerra del Peloponeso, Atenas se encontró en la difícil
situación de tener que confiar su futuro a un líder cuya preeminencia se acaba de haber visto amenazada
por primera vez en más de una década.9
Así pues, Pericles, colmado de honores pero finalmente irresoluto, siguiendo el consejo de su joven y
temerario sobrino, implicó a los atenienses en una guerra contra sus vecinos, de modo que no tuvieran
ocasión de pedirle cuentas (431 a. C.).
Preludio
Pericles estaba convencido de que la guerra con Esparta, que
no podía afrontar la preeminencia ateniense, sería inevitable,
e incluso hasta cierto punto bienvenida.77 Por ello no vaciló
en enviar tropas a Corcira a reforzar a la flota que ahí se
encontraba en guerra contra Corinto.78 En el año 433 a. C.
las flotas enemigas se enfrentaron en la Batalla de Síbota y un
año más tarde los atenienses lucharon contra los colonos
corintos en la Batalla de Potidea, lo cual contribuyó en gran
medida al odio de Corinto contra Atenas. Durante ese mismo
periodo, Pericles propuso el decreto de Megara, que se
Anaxágoras y Pericles, por Augustin-
parecía en gran medida a un embargo económico moderno. Louis Belle (1757 – 1841)
Los mercaderes de Megara quedaban excluidos del mercado
de Atenas y de utilizar los puertos de su imperio. Esta
prohibición estranguló la economía de Megara y amenazó la frágil paz entre Atenas y Esparta, aliada de
Megara. De acuerdo con George Cawkwell, con este decreto Pericles rompió la Paz de los Treinta Años
«aunque, quizás, con la apariencia de una excusa».79 La justificación ateniense fue que Megara había
cultivado la tierra consagrada a la diosa Deméter, y que había dado refugio a esclavos escapados, un
comportamiento que los atenienses consideraban impío.80
Después de consultar con sus aliados, Esparta envió una comitiva a Atenas para exigir una serie de
concesiones, tales como la expulsión inmediata de la familia Alcmeónida, incluyendo a Pericles, y la
derogación del decreto de Megara, amenazando con la guerra si no se atendiese a sus demandas. El obvio
propósito de estas condiciones era instigar una confrontación entre Pericles y el pueblo de Atenas. Esto
acabó ocurriendo unos pocos años más tarde,81 pero en este caso los atenienses siguieron sin dudarlo las
instrucciones de Pericles. En el primer discurso legendario que Tucídides relata, Pericles aconseja a los
atenienses no plegarse ante las demandas espartanas, puesto que ellos eran militarmente más fuertes.82
Pericles no estaba preparado para hacer concesiones unilaterales, creyendo que «si Atenas hacía
concesiones en ese tema, entonces Esparta seguramente saldría con nuevas exigencias».83
Consecuentemente, Pericles pidió a los espartanos un quid pro quo: En intercambio por la derogación del
decreto de Megara, los atenienses exigían a Esparta abandonar su práctica de la expulsión periódica de
los extranjeros de su territorio (xenelasia) y reconocer la autonomía de sus ciudades aliadas, exigencia
que implicaba que la hegemonía espartana tampoco era tal.84 Los términos fueron rechazados por los
espartanos y, al no estar ninguna de las dos partes dispuestas a echarse atrás, los dos bandos se prepararon
para la guerra. De acuerdo con los autores Athanasios G. Platias y Constantinos Koliopoulos, profesores
de estudios estratégicos y política internacional, «en lugar de plegarse a exigencias coercitivas, Pericles
eligió la guerra».83 Otra consideración que podría haber influenciado a Pericles era la posibilidad de que
las revueltas en el imperio comenzasen a estallar en el momento en que Atenas se mostrase débil.85
En cualquier caso, viendo como sus granjas fueron sometidas al saqueo, los atenienses se indignaron, y
pronto comenzaron a dirigir su descontento contra su líder, a quien muchos consideraban como el
causante de haber traído la guerra. Sin embargo, incluso sometido a tanta presión, Pericles no cedió a su
exigencia de emprender acciones inmediatas contra el enemigo o de revisar la estrategia inicial. También
evitó convocar a la Ekklesía, temiendo que el pueblo pudiera decidir de forma apresurada enfrentarse a
los espartanos en campo abierto.91 Como las reuniones de la asamblea se hacían a discreción de los
presidentes de turno, los prytaneis, Pericles no tenía un control formal sobre su agenda. Sin embargo, el
respeto que tenían a Pericles era suficiente para persuadirles de hacer lo que él quería.92 Mientras que el
ejército espartano permanecía en Ática, Pericles envió una flota de 100 naves a saquear las costas del
Peloponeso y encargó a la caballería la protección de las granjas saqueadas próximas a las murallas de la
ciudad.93 Cuando el enemigo se retiró y finalizó el pillaje, Pericles propuso un decreto mediante el cual
las autoridades de la ciudad deberían apartar 1000 talentos y 100 naves para el caso de que Atenas fuera
atacada por fuerzas navales. Según la provisión más drástica de dicho decreto, la simple proposición de
un uso distinto del dinero o de las naves conllevaría la pena de muerte. Durante el otoño de ese año,
Pericles dirigió las fuerzas atenienses que invadieron Megara y, unos meses más tarde (invierno de 431-
430 a. C.), pronunció su monumental y emocional Discurso fúnebre, honrando a los atenienses que
murieron por su ciudad.94
En cualquier caso, en solo un año, en 429 a. C., los Puesto que los héroes tienen toda la tierra
atenienses no solo perdonaron a Pericles sino que le para su tumba; y en tierras lejanas a la
suya, en donde la columna con su epitafio
reeligieron de nuevo como Strategos. Fue reinstaurado lo declara, hay brillante en el pecho de los
en el mando del ejército ateniense y dirigió todas sus hombres un grabado no escrito sin una
placa que lo preserve, excepto la del
operaciones militares de ese año, teniendo de nuevo bajo corazón.
su control a las principales instituciones atenienses.9 En Discurso fúnebre de Pericles tal y como
ese año, sin embargo, Pericles fue testigo de la muerte en la recogió Tucídides (II, 43 ([Link]
la epidemia de sus dos hijos legítimos nacidos de su [Link]/web/20091209111244/[Link]
[Link]/cgi-bin/ptext?doc=
primera esposa, Jantipo y Paralos, en el plazo de cuatro Perseus:text:1999.01.0200))
días. Con su moral bajo mínimos, rompió a llorar y ni
siquiera su compañera, Aspasia, pudo consolarle. Sin embargo, no permitió que su pesar se transluciera
en su semblante, y siguió hablando ante el pueblo con su fogosa elocuencia. Su gran fortaleza de ánimo le
valió el título de Olímpico.
Él mismo murió por causa de la epidemia en otoño de 429 a. C. y, justo antes de su muerte, sus amigos se
concentraron alrededor de su cama, enumerando sus virtudes durante la paz y subrayando sus nueve
trofeos militares. Pericles, aunque moribundo, les escuchó y les interrumpió, señalando que habían
olvidado su mayor y más importante título para ser admirado, «que ningún ateniense vivo jamás ha tenido
que llevar luto por mi culpa».101 Pericles vivió durante los primeros dos años y medio de la guerra del
Peloponeso y, de acuerdo a Tucídides, su muerte fue un desastre para Atenas, puesto que sus sucesores
fueron inferiores a él. Prefirieron instigar los malos hábitos de la gente y siguieron una política inestable
buscando la popularidad en lugar de servir a la utilidad pública.102 Con estos comentarios tan amargos,
Tucídides no solo lamenta la pérdida de un hombre al que admiraba, sino que anuncia el comienzo del fin
de la gloria y grandeza de Atenas.
Según un estudio publicado a principios del 2006, llevado a cabo por la Universidad de Atenas, la peste
antes mencionada fue una fiebre tifoidea, pues el ADN extraído de unos dientes hallados en un entierro
griego, en el cementerio de Cerámico, donde se hallaron 150 cuerpos, vasijas y ofrendas, es semejante al
de la Salmonella entérica serotipo Typhi (organismo causante de esta fiebre).
Vida privada
Pericles, siguiendo la costumbre ateniense, se casó en primer lugar con una mujer de entre sus familiares
más cercanos, con la que tuvo dos hijos: Jantipo y Paralo. Este matrimonio, sin embargo, no era un
matrimonio feliz y, en algún momento del año 445 a. C., Pericles se divorció de su mujer y se la ofreció a
otro marido, con el acuerdo favorable de sus parientes masculinos más cercanos.103 El nombre de su
primera esposa se desconoce; la única información de que se dispone es que era la esposa de Hipónico
antes de estar casada con Pericles, y la madre de Calias, hijo de este primer matrimonio.104
La mujer a la que realmente amó fue Aspasia de Mileto. Puesto que los hombres pueden aguantar
Se convirtió en la amante de Pericles y comenzaron a oír como se elogia a otros solo mientras
que se pueden persuadir a sí mismos de
vivir juntos igual que si estuviesen casados. Esta relación su propia habilidad de igualar las acciones
provocó muchas reacciones e incluso el propio hijo de ensalzadas: cuando se supera este punto,
la envidia aparece, y con ella la
Pericles, Jantipo, que tenía sus propias ambiciones incredulidad.
políticas, no dudó en utilizarla para atacar a su padre.105 Discurso fúnebre de Pericles tal y como
En cualquier caso, estas críticas no doblegaron la actitud la recogió Tucídides (II, 35 ([Link]
de Pericles, si bien tuvo que romper a llorar para [Link]/web/20091209111244/[Link]
[Link]/cgi-bin/ptext?doc=
proteger a su amada Aspasia cuando fue acusada de Perseus:text:1999.01.0200))
corromper a la sociedad de Atenas. Su gran tragedia
personal fue la muerte por culpa de la epidemia de su hermana y de sus dos hijos legítimos, tragedia de la
que nunca llegó a sobreponerse.
Justo antes de su muerte los atenienses permitieron un cambio en la ley de 451 a. C. que convertía a
Pericles el Joven, su hijo con Aspasia (de sangre ateniense solo por parte de su padre), en un ciudadano y
un heredero legítimo,106 una decisión sorprendente teniendo en cuenta que fue el propio Pericles quien
propuso en un principio la ley que limitaba la ciudadanía a aquellos que naciesen tanto de padre como de
madre ateniense.107
Opiniones
Pericles dejó su huella en una era e inspiró juicios de valor conflictivos sobre sus decisiones más
significativas, lo cual es algo normal para una personalidad política de esta magnitud. El hecho de que
fuera a la vez un importante político, general y orador hace que el objetivo de analizar sus acciones sea
todavía más complejo.
Liderazgo político
Algunos de los historiadores contemporáneos, como por
ejemplo Sarah Ruden, consideran que Pericles era un
populista, un demagogo y un halcón,108 mientras que otros
admiran su liderazgo carismático. Según Plutarco, tras asumir
el liderato de Atenas, «ya no era el mismo de antes, ni
sometido al pueblo ni dispuesto a cumplir los deseos de la
multitud».109 Se dice que, cuando el rey de Esparta,
Arquidamo, preguntó a su oponente político, Tucídides, quién
era mejor luchador, si él o Pericles, Tucídides respondió sin
vacilar que Pericles, porque incluso derrotado era capaz de
convencer a la audiencia de que había ganado.9 En cuestión Un ostracon con el nombre de
de carácter, Pericles estaba por encima de cualquier reproche Pericles escrito en él.
a ojos de los historiadores antiguos, puesto que «se mantuvo
incorruptible, aunque no era indiferente a la idea de ganar
dinero».16
Tucídides, admirador de Pericles, mantiene que Atenas era «una democracia de nombre pero, de facto,
estaba gobernada por su primer ciudadano».102 A pesar de este comentario, el historiador destaca el
carisma de Pericles para dirigir, convencer y, en ocasiones, manipular. Aunque Tucídides menciona la
multa a Pericles, no detalla las acusaciones contra el político, sino que se centra en la integridad del
personaje.102 Por un lado, Platón rechaza la glorificación de Pericles en uno de sus diálogos y cita a
Sócrates diciendo: «Hasta donde yo sé, Pericles convirtió a los atenienses en gente perezosa, avariciosa y
chismosa, con su iniciativa de subvenciones».110 Por otro lado, el alumno de Platón, Aristóteles, admiró
a gobernantes como Pericles «porque son capaces de ver lo que les conviene a ellos y a sus
gobernados».111 Plutarco menciona otras críticas sobre el liderazgo de Pericles: «otros muchos dicen que
la gente le siguió al principio por el reparto de tierras públicas, los festivales y los pagos por servicios
públicos, lo que les llevó a caer en malos hábitos y amantes del lujo, en vez de frugales y
autosuficientes».21
Tucídides argumenta que Pericles «no era arrastrado por el pueblo, sino que era él quien lo guiaba».102
Su juicio no se discute (algunos críticos del siglo XX como Malcolm F. McGregor y John S. Morrison,
proponen que podría haber sido una cara carismática actuando como abogado de las propuestas de sus
consejeros, del propio pueblo.112 113 ). Según King, al incrementar el poder del pueblo, los atenienses se
encontraron sin un buen líder autoritario. Durante la guerra del Peloponeso, la dependencia de Pericles
del apoyo popular para gobernar resultó obvia.31
Logros militares
Durante más de 20 años Pericles dirigió numerosas Estas glorias pueden incurrir en la censura
expediciones, principalmente de carácter naval. de los lentos y poco ambiciosos; pero en
el corazón de energía despertarán la
Demostró ser muy cauteloso, y nunca se enzarzó por emulación, y esos que deben permanecer
iniciativa propia en ninguna batalla incierta o peligrosa sin ellas las recordarán envidiosos. El odio
y la impopularidad han caído en este
ni accedió a los «vanos impulsos de los ciudadanos».114 momento sobre todos los que han
Basó su política militar en el principio de Temístocles de aspirado a dirigir a otros.
que el predominio de Atenas dependía de su poderío
naval, y creía que los peloponesios eran prácticamente Tercer discurso fúnebre de Pericles tal y
como la recogió Tucídides (II, 64 ([Link]
invencibles en tierra firme.115 Pericles trató también de [Link]/cgi-bin/ptext?do
minimizar las ventajas de Esparta reconstruyendo las c=Perseus%3Atext%3A1999.01.0200&lay
murallas de Atenas. De acuerdo a Josiah Ober, profesor out=&loc=2.64))
de clásicas en la Universidad de Princeton, la estrategia de reconstruir las murallas alteró radicalmente el
uso de la fuerza en las relaciones internacionales griegas.116
Durante la guerra del Peloponeso, Pericles inició una «gran estrategia» defensiva, cuyo objetivo era el
desgaste del enemigo y la preservación del statu quo.117 De acuerdo a Platias y Koliopoulos, Atenas, en
el papel de facción más fuerte, no necesitaba vencer a Esparta militarmente y «decidió neutralizar el plan
espartano para vencer» evitando la confrontación directa (motivo por el cual urgió a los atenienses a no
revocar el Decreto de Megara) y tener que cubrir áreas demasiado extensas. Según Kagan, la insistencia
en que no hubiera expediciones de diversión podría también haber surgido de la amarga experiencia en la
campaña de Egipto, que había apoyado.118 Su estrategia se dice que fue «inherentemente impopular»,
pero Pericles consiguió persuadir al pueblo de seguirla.119 Por esta razón Hans Delbrück dijo de él que
había sido uno de los mayores políticos y líderes militares de la historia.120 Aunque sus compatriotas se
involucraron en varias acciones agresivas poco después de su muerte,121 Platias y Koliopoulos
argumentan que los atenienses se mantuvieron fieles a la estrategia fundamental de Pericles de tratar de
preservar, no expandir, el imperio, hasta la expedición a Sicilia.119 Por su parte, Ben X. de Wet concluye
que su estrategia habría tenido éxito si hubiese vivido más tiempo.122
Las críticas contrarias a su estrategia, sin embargo, han sido tan numerosas como las que la han apoyado.
Una crítica muy común es que Pericles siempre fue mejor político y orador que estratega.123 Donald
Kagan llamaba a su estrategia «una forma de pensamiento lleno de deseos fallida», mientras que Barry S.
Strauss y Josiah Ober han llegado a decir que «como estratega era un desastre y tiene parte de culpa en la
gran derrota de Atenas».124 125 Kagan critica la estrategia en cuatro partes: primero, que rechazar
pequeñas concesiones trajo la guerra; segundo, que era imprevisible para el enemigo y que, por tanto, no
tenía credibilidad; tercero, que era demasiado débil para explotar cualquier oportunidad; y cuarto, que
dependía de Pericles para su ejecución y que por ello estaba condenada a ser abandonada tras su
muerte.126 Kagan estima el gasto de Pericles en su estrategia militar en alrededor de 2000 talentos
anuales, y basándose en esta cifra concluye que solo habría tenido dinero para mantener la guerra durante
tres años. Afirma que, como Pericles debía saber esta limitación, debió planear probablemente una guerra
mucho más corta.127 Otros, como Donald W. Knight, concluyen que su estrategia era demasiado
defensiva, y que no podía tener éxito.128
En el otro lado, Platias y Koliopoulos rechazan estas críticas y subrayan que «los atenienses perdieron la
guerra solo cuando revirtieron dramáticamente la gran estrategia de Pericles, que explícitamente
desaconsejaba más conquistas».129 Es una conclusión muy común la de que aquellos que le sucedieron
no tuvieron su habilidad y su carácter.130
Habilidades oratorias
Los modernos comentaristas de Tucídides todavía intentan resolver el problema de los discursos de
Pericles, tratando de averiguar si las palabras pertenecen al personaje ateniense o al historiador. Dado que
Pericles nunca escribió ni publicó sus discursos, ningún historiador puede contestar a esta cuestión con
seguridad. Tucídides recreó tres de sus discursos y, por ello, no se puede saber si añadió parte de sus
propias nociones e ideas. Aunque Pericles era su
fuente principal de inspiración, algunos historiadores
han hecho hincapié en que el estilo idealista y
apasionado de los discursos que Tucídides atribuye a
Pericles está completamente en contra del propio
estilo de escritura del historiador, frío y analítico. Esto
podría, sin embargo, ser el resultado de la
incorporación del género de retórica dentro del género
de la historiografía, o, en otras palabras, Tucídides Pintura de Hector Leroux (1682-1740), que
podría haber utilizado dos estilos distintos para dos retrata a Pericles y Aspasia admirando la
propósitos distintos. gigantesca estatua de Atenea en el estudio de
Fidias.
Kagan afirma que Pericles adoptó una forma elevada
de oratoria, lejos de los trucos vulgares de los
oradores para la muchedumbre y, según Diodoro de Sicilia, «sobresalió sobre todos sus compatriotas en
capacidad oratoria».131 132 Según Plutarco, evitó utilizar mímica en sus discursos, al contrario que el
apasionado Demóstenes, y siempre hablaba con calma y de forma tranquila.133 El biógrafo apunta que,
en cambio, el poeta Ion de Quíos informó de que el estilo de hablar de Pericles era «una forma
presuntuosa y algo arrogante de dirigirse, y que en su arrogancia había una gran cantidad de desdén y
falta de respeto por los demás».133 Gorgias, en el diálogo de Platón del mismo nombre, utiliza a Pericles
como ejemplo de oratoria poderosa.134 En Menexeno, en cambio, Sócrates se burla de la fama oratoria
de Pericles, diciendo irónicamente que puesto que el político fue educado por Aspasia, profesora de
muchos oradores, debería ser superior en retórica que alguien educado por Antífono.135 También
atribuye la autoría de la oración fúnebre a Aspasia y ataca la veneración que sus contemporáneos tenían a
Pericles.136
Los escritores de la antigua Grecia llaman a Pericles «Olímpico» en honor a sus talentos, y llevando las
armas de Zeus en sus discursos.137 Según Quintiliano, Pericles siempre se habría preparado para sus
discursos y, antes de presentarse ante el público, habría rezado a los dioses para no emitir una palabra
equivocada.138 139 Sir Richard C. Jebb concluye que «único como político ateniense, Pericles debió
haber sido también único como orador; primero, porque ocupó una posición de importancia política que
no había logrado ningún hombre antes que él; segundo, porque sus ideas y su moral le ganaron tanto
renombre por su elocuencia que nadie jamás lo obtuvo de los atenienses».140
Legado
El legado más visible de Pericles se puede encontrar en los trabajos literarios y artísticos de su Edad de
Oro, de los cuales muchos han sobrevivido hasta nuestros días. La Acrópolis, aunque en ruinas, todavía
permanece como el símbolo de la Atenas moderna. Paparrigopoulos escribió que estas obras maestras
eran «suficientes para hacer del nombre de Grecia algo inmortal en nuestro mundo».123 el experto C.M.
Bowra, en su libro "La Atenas de Pericles", dice que el mayor aporte del mandatario fue el "respeto por el
individuo" independientemente de su clase. De hecho, asegura, una vez que éste ideal "ha sido traído a la
vida, no puede ser eliminado". Se trata, claro, del ideal de una democracia auténticamente participativa.
En términos políticos, Victor L. Ehrenberg argumenta que el elemento básico del legado de Pericles es el
imperialismo ateniense, que, exceptuando a la potencia gobernante, niega la verdadera democracia y las
libertades al resto de estados.141 La promoción de un imperialismo tan arrogante se dice que arruinó a
Atenas.142 Sin embargo, otros analistas subrayan un
humanismo ateniense ilustrado por la Edad de Oro.143 La
libertad de expresión se ve como un legado duradero de este
período.144 Pericles es alabado como «el prototipo ideal de
político perfecto en la antigua Grecia» y su Discurso fúnebre
es hoy en día sinónimo de la lucha por la democracia
participativa y el orgullo cívico.123 145
Véase también
Siglo de Pericles.
Discurso fúnebre de Pericles.
Guerra del Peloponeso.
Historia de la Guerra del Peloponeso, de Tucídides.
Aspasia de Mileto.
Plaga de Atenas.
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