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Manual ADI R Modulo 4

El Módulo IV del ADI-R establece las normas de puntuación e interpretación clínica, utilizando un sistema de codificación que transforma respuestas en puntuaciones algorítmicas para evaluar conductas relacionadas con el trastorno del espectro autista (TEA). Se divide en dos algoritmos: uno diagnóstico que se centra en conductas retrospectivas y otro que evalúa la conducta actual, permitiendo una comprensión integral del desarrollo del individuo. Los resultados se comparan con puntos de corte diagnósticos en varios dominios, orientando el juicio clínico y la planificación de intervenciones.

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Manual ADI R Modulo 4

El Módulo IV del ADI-R establece las normas de puntuación e interpretación clínica, utilizando un sistema de codificación que transforma respuestas en puntuaciones algorítmicas para evaluar conductas relacionadas con el trastorno del espectro autista (TEA). Se divide en dos algoritmos: uno diagnóstico que se centra en conductas retrospectivas y otro que evalúa la conducta actual, permitiendo una comprensión integral del desarrollo del individuo. Los resultados se comparan con puntos de corte diagnósticos en varios dominios, orientando el juicio clínico y la planificación de intervenciones.

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MÓDULO IV

Puntuación e interpretación clínica

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El módulo 4 indica las normas de puntuación e interpretación clínica del ADI-R. A
partir de la codificación de las respuestas, se obtienen puntuaciones algorítmicas
que se contrastan con puntos de corte diagnósticos en los distintos dominios. No
obstante, los resultados obtenidos siempre deben leerse siempre en relación con la
historia clínica y el contexto de desarrollo, evitando interpretaciones mecánicas. El
objetivo, entonces, es, precisamente, comprender cómo las cifras orientan el juicio
clínico y de qué manera podemos integrarlas de manera rigurosa con otras fuentes
de información.

4.1. Sistema de codificación de respuestas

Para que la entrevista sea capaz de aportar información objetiva y comparable, es


necesario transformar los relatos del informante en puntuaciones estandarizadas. Ese
proceso se realiza a través de un sistema de codificación de respuestas, que asigna va-
lores numéricos según la presencia, frecuencia e intensidad de las conductas descritas
(Rutter, Le Couteur, y Lord, 2006).

4.1.1. División en dos grandes algoritmos


En las hojas de codificación del ADI-R, cada ítem aparece con varias columnas desti-
nadas a registrar puntuaciones. Dichas columnas se organizan en torno a dos grandes
algoritmos:

• Algoritmo diagnóstico: Se centra en conductas retrospectivas, principalmente


en torno a los 4–5 años o en cualquier momento del desarrollo temprano en
que fueron más evidentes. En el caso de que el evaluado sea menor, se utiliza la
columna que va desde los 2 años hasta los 3 años y 11 meses. Sus puntuaciones
se utilizan para aplicar los puntos de corte de cada dominio (interacción social,
comunicación, conductas repetitivas y desarrollo temprano).

• Algoritmo de conducta actual: Recoge cómo se expresan esas mismas conduc-


tas en el presente (usualmente en los últimos tres meses). No interviene en los
umbrales diagnósticos, pero aporta información valiosa sobre la situación actual
y la evolución de los síntomas.

Esta doble codificación permite diferenciar entre lo que formó parte del cuadro clínico
en la infancia —relevante para el diagnóstico formal de TEA— y lo que constituye el fun-
cionamiento actual, información clave para la planificación de apoyos e intervenciones.

Nota aclaratoria:
• Algoritmo diagnóstico: Se utiliza siempre, ya que permite aplicar los puntos de
corte y establecer si el perfil cumple criterios compatibles con TEA.

• Algoritmo de conducta actual: No interviene en la decisión diagnóstica, pero


aporta información clínica sobre cómo se manifiestan las conductas en el pre-
sente, lo que resulta útil para planificar apoyos, hacer seguimiento o documentar
la evolución.

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Nota aclaratoria:
En varios ítems del ADI-R se utiliza la expresión “alguna vez” para indagar si una con-
ducta estuvo presente en cualquier momento del desarrollo, aunque ya no se obser-
ve actualmente.

Este criterio permite registrar la historia evolutiva completa del comportamiento y


diferenciar entre:

• Ausencia de la conducta (nunca ocurrió).

• Presencia pasada (ocurrió en algún momento, pero se extinguió o modificó).

• Presencia actual (aún se manifiesta).

La columna “alguna vez” es fundamental para asegurar que las alteraciones hayan es-
tado presentes antes de los 36 meses, tal como lo requieren los criterios diagnósticos
del espectro autista.

De este modo, el ADI-R no se limita a una observación puntual, sino que reconstruye la
trayectoria del desarrollo, aportando una visión más precisa y válida del perfil clínico.

4.1.2. La escala numérica


Repasemos, ahora, entonces, algunos aspectos fundamentales vistos en módulos an-
teriores. La escala numérica refleja la presencia y la gravedad de la conducta indaga-
da. Sus categorías son:

• 0 → Conducta ausente o dentro de lo esperado para la edad.

• 1 → Conducta presente de forma leve, ocasional o con escasa relevancia clínica.

• 2 → Conducta claramente presente, frecuente y clínicamente significativa.

• 3 → Conducta severa, marcada o muy atípica.

• 7 → Ítem no aplicable (por edad, nivel de desarrollo o situación del evaluado).

• 8 → No hay información suficiente para puntuar.

• 9 → No hubo oportunidad de observar la conducta.

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Nota aclaratoria:
No todos los ítems del ADI-R se codifican con las categorías habituales (0, 1, 2, 3, 7, 8, 9).
En las preguntas, por ejemplo, la edad de la primera palabra o de la marcha indepen-
diente, el entrevistador debe registrar la edad en meses en que la conducta apareció.

A su vez, cuando la habilidad nunca se adquirió o se perdió después de haber sido


alcanzada, se utilizan códigos especiales que indican situaciones como:

• 995 → Nunca adquirida

• 996 → Adquirida pero posteriormente perdida

• 997 → Edad desconocida

• 998/999 → Información insuficiente o no disponible

Cabe señalar, además, que estos valores no se incluyen en el cálculo de los algoritmos
diagnósticos, pero aportan información esencial para reconstruir la historia del de-
sarrollo y determinar si las alteraciones estaban presentes antes de los 36 meses, un
criterio fundamental para el diagnóstico de TEA.

4.1.3. Organización de los dominios en subgrupos


El algoritmo diagnóstico no toma todos los ítems “mezclados”, sino que los organiza
en subdominios.

A. Alteraciones cualitativas de la interacción social recíproca:

• A1. Incapacidad para utilizar conductas no verbales en la interacción social


(contacto ocular, expresiones faciales, gestos, regulación de la interacción).

• A2. Incapacidad para desarrollar relaciones con sus iguales (dificultades para
establecer y mantener amistades, juego compartido).

• A3. Falta de goce o interés compartido (mostrar, señalar para compartir, res-
ponder al interés del otro).

• A4. Falta de reciprocidad socioemocional (responder a emociones, dar y recibir


en la interacción).

B. Alteraciones cuallitativas de la comunicación y lenguaje:

• B1. Falta o retraso del lenguaje hablado e incapacidad para compensar esa
falta mediante gestos (señalar, asentir, negar).

• B2. Incapacidad relativa para iniciar o sostener un intercambio conversacional.

• B3. Habla estereotipada, repetitiva e idiosincrásica (expresiones estereotipa-


das, neologismos, preguntas o expresiones inapropiadas).

• B4. Falta de juego imaginativo o juego social imitativo espontáneo o variado.

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C. Patrones de conductas repetitivas y restringidas y estereotipados:

• C1. Preocupación absorbente, o patrón de intereses circunscrito (preocupacio-


nes inusuales).

• C2. Adhesión aparente compulsiva a rutinas o rituales no funcionales.

• C3. Manierismos motores estereotipados o repetitivos.

• C4. Preocupaciones con partes de objetos o elementos no funcionales de los


materiales (uso repetitivo de objetos, o interés en partes de objetos).

B. Alteraciones cuallitativas de la comunicación y lenguaje:

• B1. Falta o retraso del lenguaje hablado e incapacidad para compensar esa
falta mediante gestos (señalar, asentir, negar).

• B2. Incapacidad relativa para iniciar o sostener un intercambio conversacional.

• B3. Habla estereotipada, repetitiva e idiosincrásica (expresiones estereotipa-


das, neologismos, preguntas o expresiones inapropiadas).

• B4. Falta de juego imaginativo o juego social imitativo espontáneo o variado.

D. Alteraciones en el desarrollo evidentes a los 36 meses o antes Ítems que


indagan la aparición de síntomas por primera vez, requisito fundamental para el
diagnóstico.

Cada subgrupo reúne ítems que exploran aspectos específicos de ese dominio. En
conjunto, el sistema de codificación, además de estructurar la información obtenida,
sienta las bases para la aplicación de los umbrales diagnósticos, que se desarrollarán
en el apartado siguiente.

4.2. Umbrales diagnósticos

El ADI-R establece criterios cuantitativos que permiten determinar cuándo las puntua-
ciones obtenidas alcanzan significación clínica. Esta es, precisamente, la función de los
umbrales diagnósticos (Rutter, Le Couteur, y Lord, 2006).

4.2.1. Puntos de corte por dominio


Una vez convertidas las respuestas en valores algorítmicos, se procede a sumar las
puntuaciones correspondientes a cada dominio. El total obtenido en estas sumas es
el que se utiliza posteriormente para compararlo con los puntos de corte estableci-
dos en el manual, lo que permite determinar si las conductas descritas alcanzan rele-
vancia clínica dentro de cada área evaluada.

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Dominio A: Alteraciones cualitativas de la interacción social recíproca

• Punto de corte: 10.

Dominio B: Alteraciones cualitativas de la comunicación

• Total verbal: 8.

• Total no verbal: 7.

Dominio C: Patrones de conducta restringidos, repetitivos y estereotipados

• Punto de corte: 3.

Dominio D: Alteraciones en el desarrollo evidentes a los 36 meses o antes

• Punto de corte: 1.

Nota aclaratoria:
A diferencia de los otros dominios, el área de comunicación (Dominio B) presenta
dos puntos de corte distintos, ya que el algoritmo varía según si la persona evalua-
da utiliza lenguaje verbal o no.

• Total verbal (B-V): 8 → Se aplica cuando el evaluado cuenta con lenguaje verbal
funcional.

• Total no verbal (B-NV): 7 → Se aplica cuando el evaluado no utiliza lenguaje


verbal.

Esta distinción asegura que la interpretación diagnóstica se ajuste al nivel de lenguaje


del individuo y evita sesgos en la valoración de las conductas comunicativas.

Nota aclaratoria:
En el Dominio C, el algoritmo del ADI-R
toma la puntuación más alta entre los
ítems de cada subdominio (C1, C2, C3 y
C4), ya que estos representan distintas
expresiones de un mismo tipo de com-
portamiento repetitivo o restringido.

El objetivo es reflejar la gravedad cualita-


tiva de la conducta sin duplicar su peso
numérico dentro del dominio.

Este criterio, que se menciona explícita-


mente en los subdominios C3 y C4 pero
aplica a todos, mantiene la coherencia
del algoritmo al priorizar la presencia de
la alteración más significativa por encima
de la suma de manifestaciones similares.

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4.3. Significado de superar o no el umbral

Al aplicar los algoritmos del ADI-R, las puntuaciones obtenidas en cada dominio no
solo se interpretan de manera aislada, sino también en función del patrón global que
conforman. El manual describe tres configuraciones principales: casos en los que los
dominios se sitúan por debajo de los puntos de corte, aquellos en los que se superan
de manera consistente y, finalmente, situaciones mixtas o inconsistentes en las que
los resultados son heterogéneos o difieren de la observación directa. Estos patrones
orientan la interpretación clínica y permiten valorar el grado de apoyo que brinda la
entrevista al diagnóstico de un trastorno del espectro autista (Rutter, Le Couteur, y
Lord, 2006).

4.3.1. Resultados por debajo del punto de corte


Cuando las puntuaciones en los tres dominios nucleares de la conducta —interacción
social, comunicación y conductas repetitivas— se sitúan por debajo de los puntos de
corte establecidos, el patrón resultante hace poco probable la presencia de un tras-
torno del espectro autista. En dichos casos, la entrevista no ofrece indicios suficientes
para respaldar un diagnóstico dentro del espectro.

El cuarto dominio del algoritmo, referido a la presencia de alteraciones antes de los 36


meses, se considera de manera complementaria. Si bien aporta información esencial
sobre la edad de inicio, no modifica el hecho de que, si los dominios conductuales no
alcanzan el umbral clínico, el perfil general no es compatible con TEA.

La única excepción a este escenario se da cuando existen observaciones directas,


como las obtenidas mediante el ADOS-2, que contradicen lo informado en la entrevis-
ta. Lo anterior, puede ocurrir si el relato del informante no refleja de manera precisa las
conductas del evaluado o si ciertas dificultades fueron minimizadas. En tales situacio-
nes, la interpretación debe apoyarse en la observación clínica y en la coherencia de la
información disponible.

Este patrón, en el que los tres dominios de la conducta quedan por debajo del umbral,
se conoce como no confirmación consistente y, en la mayoría de los casos, permite
descartar un diagnóstico de TEA.

4.3.2. Resultados por encima del punto de corte


Cuando las puntuaciones en los cuatro dominios del algoritmo —interacción social,
comunicación, conductas repetitivas y desarrollo anormal antes de los 36 meses— se
sitúan por encima de los puntos de corte establecidos, el patrón de resultados sugie-
re con fuerza la presencia de un trastorno del espectro autista.

Este escenario indica que las alteraciones son consistentes en todas las áreas nuclea-
res, y que además cumplen con el criterio de inicio temprano, lo que refuerza la vali-
dez del perfil obtenido. No obstante, el manual enfatiza que incluso en estos casos el
diagnóstico no debe basarse únicamente en el ADI-R. Es indispensable confirmar los
resultados mediante la observación clínica directa, y con la integración de la historia
del desarrollo y otras fuentes de información.

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En la práctica, este patrón de confirmación de resultados señala un perfil claramente
compatible con TEA, aunque siempre dentro de un proceso diagnóstico que requiere
triangulación de datos y no puede descansar en un solo instrumento.

4.3.3. Resultados mixtos o inconsistentes

Ahora bien, en algunos casos, las pun-


tuaciones obtenidas en el ADI-R no se
distribuyen de manera uniforme, lo que
da lugar a un patrón mixto o inconsis-
tente. Este escenario es más complejo
de interpretar y requiere un análisis clíni-
co cuidadoso, ya que no permite llegar
a conclusiones rápidas sobre la presen-
cia o ausencia de un trastorno del es-
pectro autista.

Una primera posibilidad es que el evaluado supere los puntos de corte en uno o
dos dominios, pero quede por debajo en los restantes. Esto puede reflejar perfiles
heterogéneos, donde ciertas áreas presentan alteraciones claras, mientras que otras
muestran un funcionamiento más conservado. Tales situaciones no deben interpre-
tarse como fallos del instrumento, sino como configuraciones que exigen considerar
la edad, el nivel de desarrollo y el contexto evolutivo de la persona.

Otra situación frecuente es la discrepancia entre el ADI-R y la observación


directa. Puede ocurrir que el informante describa dificultades significativas en
la entrevista, pero que estas no se manifiesten con la misma intensidad en la
situación de observación, o viceversa. En casos así, el clínico debe valorar la
consistencia de la información y apoyarse en múltiples fuentes de datos para
integrar los hallazgos.

También se consideran inconsistentes aquellos resultados en los que la infor-


mación proporcionada por el informante resulta incompleta o poco fiable, ya
sea por dificultades de memoria, desconocimiento de ciertos aspectos del de-
sarrollo temprano o por la tendencia a minimizar o exagerar las conductas del
evaluado. En estas circunstancias, los algoritmos pueden no reflejar de manera
fiel el perfil real del individuo.

En suma, los resultados mixtos o inconsistentes no descartan la posibilidad de


un diagnóstico de TEA, pero tampoco lo confirman por sí solos. Más bien, seña-
lan la necesidad de una evaluación integral, que combine los datos del ADI-R
con la historia clínica, la observación directa y, cuando sea pertinente, la aplica-
ción de otros instrumentos. Este patrón recuerda al profesional que el ADI-R es
una herramienta estructurada y valiosa, pero que solo adquiere pleno sentido
dentro de un proceso diagnóstico amplio y contextualizado.

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4.4. Integración de resultados con historia clínica
y observaciones

Las puntuaciones del ADI-R constituyen un insumo valioso para la evaluación diag-
nóstica, pero no deben interpretarse de manera aislada. Su verdadero sentido clínico
surge cuando se integran con la historia del desarrollo, los antecedentes médicos, las
observaciones conductuales directas y la información proveniente de otros contextos
relevantes (escuela, entorno familiar, informes de especialistas). Esta integración per-
mite diferenciar entre síntomas propios del espectro autista y manifestaciones atribui-
bles a otros factores, además de otorgar una visión más completa del funcionamiento
del individuo (Rutter, Le Couteur, y Lord, 2006).

4.4.1. Integración con la historia del desarrollo


Ya hemos mencionado que el ADI-R incorpora ítems diseñados para recoger infor-
mación retrospectiva sobre los hitos fundamentales del desarrollo temprano, como
la edad de la primera palabra, la aparición del juego simbólico, la adquisición de la
marcha o el control de esfínteres. Estos datos brindan la posibilidad de establecer si las
alteraciones estuvieron presentes antes de los 36 meses, criterio esencial dentro del
algoritmo diagnóstico. De ese modo, la historia del desarrollo ofrece un marco de re-
ferencia indispensable para contextualizar las conductas descritas durante la entrevista.

4.4.2. Integración con observaciones directas y contextuales


El ADI-R se apoya en la información que proporcionan los cuidadores, pero el manual
enfatiza que los resultados de la entrevista deben ser interpretados junto con la obser-
vación directa de la conducta. En particular, se recomienda el uso del ADOS-2 como
instrumento complementario para verificar la coherencia entre lo reportado por el
informante y lo observado en la evaluación clínica estructurada.

De ese modo, se evita depender exclusivamente del recuerdo parental y se asegura


una visión más completa del perfil del evaluado. Pasemos ahora a comentar una serie
de recomendaciones didácticas:

• Analizar no solo la edad de adquisición de los hitos, sino también la forma en


que se alcanzaron, diferenciando retrasos puntuales de ausencias persistentes.

• Considerar si las dificultades observadas pueden deberse a otros factores no


vinculados al TEA, como retrasos globales, condiciones médicas (p. ej., hipoa-
cusia) o periodos de privación ambiental.

• Tener en cuenta que el relato de los cuidadores puede estar condicionado por
memoria incompleta o sesgos, por lo que conviene contrastar los resultados
con informes escolares y aportes de otros profesionales.

• Observar si las conductas se presentan en múltiples contextos (hogar, escuela,


actividades sociales) o si son situacionales, ya que la persistencia en distintos
ámbitos es más indicativa de TEA.

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• Utilizar la observación directa para verificar la coherencia entre lo reportado y lo
que efectivamente ocurre en la interacción clínica.

• Complementar el ADI-R con otras herramientas estandarizadas:


• Escalas de desarrollo, para precisar el nivel madurativo.
• Cuestionarios de conducta adaptativa, para valorar el impacto funcional
en la vida diaria.
• Evaluaciones neuropsicológicas, cuando se requiera diferenciar entre TEA
y otras condiciones (p. ej., trastornos específicos del lenguaje, discapaci-
dad intelectual).
• Integrar los resultados en una batería diagnóstica multimodal, en la que
cada instrumento aporte una pieza distinta para construir una visión global
y coherente del caso.

4.5. Resumen del Módulo IV

Sistema de codificación

• Las respuestas se transforman en puntuaciones estandarizadas.

• Existen dos algoritmos:


• Diagnóstico: conductas retrospectivas (4–5 años).
• Conducta actual: manifestaciones presentes (últimos 3 meses).

• Escala numérica: 0–3 para graduar severidad; códigos especiales (7, 8, 9 y otros)
para situaciones particulares.

Organización en dominios

• El algoritmo diagnóstico agrupa ítems en cuatro áreas:


• Interacción social recíproca.
• Comunicación y lenguaje.
• Conductas repetitivas y restringidas.
• Alteraciones presentes antes de los 36 meses.

Umbrales diagnósticos

• Cada dominio tiene puntos de corte específicos (ej.: interacción social = 10; comu-
nicación verbal = 8, no verbal = 7; conductas repetitivas = 3; inicio temprano = 1).

• Superar los puntos de corte indica relevancia clínica, ajustada según el nivel de
lenguaje del evaluado.

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Significado de los resultados

• Por debajo del umbral: poco probable TEA, salvo que la observación directa
contradiga.

• Por encima del umbral: perfil consistente con TEA, aunque requiere confirma-
ción clínica.

• Mixtos o inconsistentes: reflejan heterogeneidad, memoria incompleta o discre-


pancias con la observación; necesitan integración cuidadosa.

Integración clínica

• El valor diagnóstico surge al combinar el ADI-R con:


• Historia del desarrollo (hitos, edades, forma de adquisición).
• Observación directa (ej.: ADOS-2).
• Otras fuentes: escuela, informes médicos, evaluaciones complementarias.

• La integración multimodal asegura una comprensión más precisa y reduce sesgos.

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