Fallo
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reclamo ante el SeCLO, pues a esa fecha también se hallaba vencido el
plazo de suspensión. Sostiene que la demanda fue iniciada recién el 10 de
agosto de 2020, cuando ya había fenecido el plazo que estipula el art. 256 de
la LCT.
También objeta el decisorio en el aspecto que tuvo por acreditado
que el accionante ingresó a trabajar el 13 de febrero de 2017. Asevera que a
esa fecha su mandante aún no había alquilado el inmueble en el que se
desempeñó el actor, e insiste con que no pueden aplicarse a su parte los
efectos de la rebeldía de los restantes accionados. Aduce que la
circunstancia referida a que el actor se hubiera desempeñado en el mismo
lugar para otro empleador, no puede acarrear ningún tipo de responsabilidad
a su parte. Asegura que la sentencia “…encierra un marcado
desconocimiento de las situaciones fácticas del mercado en el que pretende
fallar…”, circunstancia que –según su postura-, convierte al fallo en injusto.
Precisa que el despido del actor se produjo mientras se hallaba en vigencia
el periodo de prueba y argumenta que en el caso no resultan de aplicación
las indemnizaciones previstas en la ley 24.013, no solo porque la relación
laboral se encontró debidamente registrada, sino también porque el vínculo
se extinguió con anterioridad a que SEGURA remitiera sus intimaciones.
De igual modo, critica la valoración probatoria que llevó a cabo la
Magistrada a quo y, al respecto, sostiene que tanto los recibos de sueldo
acompañados –y no cuestionados por el pretensor-, como la certificación de
servicios y remuneraciones aportada por su parte, resultan hábiles para
probar que SEGURA ingresó a laborar a sus órdenes el 2 de noviembre de
2017. Agrega que la prueba informativa revela que su mandante no se
encontraba explotando el establecimiento en el que trabajó el actor con
anterioridad a esa fecha, a la par que afirma que el egreso del trabajador se
produjo el 21 de diciembre de 2017 y no así el 2 de enero de 2018 como lo
sostuvo el actor y fue considerado en la instancia de origen. Destaca, al
respecto, que fue el reclamante quien se negó a recibir la comunicación
extintiva, de modo que su parte no puede cargar con las consecuencias
negativas de tal conducta, en tanto que, con referencia al importe del salario,
manifiesta que los recibos adjuntados por su parte –y que según sostiene, no
fueron impugnados SEGURA- demuestran que el trabajador percibía el
salario correspondiente a su categoría, de $6.618.-. Asimismo y respecto de
la jornada cumplida, alega que el horario denunciado por el actor en el
intercambio telegráfico no guarda relación con el consignado en la demanda,
a lo cual agrega que tampoco existe prueba en autos que lo avale. Insiste en
que el despido del trabajador se produjo durante la vigencia del periodo de
prueba y conforme a lo previsto en el art. 92 bis de la LCT.
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En su sexto agravio, se queja porque en la sentencia apelada se
condenó a su parte tanto al pago de la indemnización que establece el art. 80
de la LCT, como a la entrega de los certificados a los que alude dicho
precepto. Reitera que su mandante no explotaba el local gastronómico en la
fecha de ingreso denunciada por el actor, a lo cual añade que la sentencia
resulta incongruente, en tanto que condenó a las personas humanas
codemandadas, quienes –insiste- resultaron ser compañeros de trabajo del
actor.
Finalmente, apela lo decidido en la sentencia recurrida en materia
de intereses, así como la capitalización dispuesta con sustento en lo
normado en el art. 770 del Código Civil y Comercial.
II. Reseñados sucintamente los planteos recursivos, razones de
índole metodológica imponen examinar en primer término la queja que
formula la accionada ARITOR S.R.L., contra la decisión de grado que no
admitió la excepción de prescripción oportunamente opuesta.
Al respecto, destaco que, según se advierte, la defensa referida
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Sobre el particular, pongo de relieve que, en mi opinión, en el caso
no existe óbice alguno para acumular –en la medida que no medie
superposición- los antedichos plazos de suspensión de la prescripción. Digo
esto porque el art. 2541 del Código Civil y Comercial de la Nación establece,
en cuanto aquí interesa, que la prescripción se suspende “…por una sola
vez…” por la interpelación fehaciente hecha por el titular del derecho contra
el deudor o poseedor, de modo que, según estimo, el inicio del trámite ante
el SeCLO no puede considerarse para tal cómputo, pues no importa una
constitución en mora ni una interpelación fehaciente, en tanto que la
suspensión del curso prescriptivo que tal trámite ocasiona no se funda en la
referida norma del derecho común, sino en una de igual jerarquía y de
específica aplicación a los procesos laborales. Tal como lo ha resuelto la
Sala III de esta Cámara en autos “Ferro, Manuel c/ Adecco Argentina S.A. s/
diferencias de salarios” en la S.D. Nro. 88.610 del 23 de marzo de 2007, con
criterio que comparto –y que considero aplicable a la situación planteada en
autos-, no existe fundamento jurídico válido para sostener que uno de los
supuestos excluye al otro, de modo que cabe considerar que ambos son
acumulables, máxime si se tiene en cuenta que en materia laboral los actos
suspensivos o interruptivos de la prescripción deben ser interpretados con
criterio amplio, debiéndose decidir en caso de duda por la solución más
favorable a la subsistencia del derecho (cfr. arts. 14 bis de la Constitución
Nacional y 9º de la LCT).
En definitiva y por los fundamentos expuestos, a mi juicio no cabe
más que desestimar los agravios vertidos sobre la cuestión.
III. Resuelto lo anterior, estimo oportuno abordar el análisis del
agravio que vierte ARITOR S.R.L., a través del cual cuestiona la decisión de
grado en la medida que –según lo alega la recurrente- habría proyectado
erróneamente en contra de su parte las consecuencias de la situación de
contumacia procesal en la que se hallan incursos los restantes
codemandados en autos.
Al respecto, adelanto que no advierto que asista razón al
recurrente en su planteo.
Señalo esto porque no surge de los términos del pronunciamiento
apelado que la Magistrada a quo hubiera proyectado los efectos de la
rebeldía de los restantes accionados a ARITOR S.R.L., sino que,
contrariamente, analizó en forma pormenorizada la prueba producida en el
sublite –en especial, la informativa y la testimonial-, a efectos de resolver del
modo en que lo hizo sobre los puntos cuestionados.
Por lo demás, debe tenerse en cuenta que, en este tramo del
recurso, la recurrente también pone de manifiesto cuestiones acerca del rol
que habrían ocupado los codemandados KIRCHUK y KLAMFER –quienes,
Fecha de firma: 31/07/2024
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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según sostiene, habrían sido compañeros de trabajo del actor y empleados
administrativos de la sociedad-; sin embargo, debe destacarse que no solo
no obra en la contienda elemento probatorio alguno que demuestre la
veracidad de estos asertos, sino que, además, se trata de cuestiones que no
fueron oportunamente articuladas, es decir, que no integraron la litis
contestatio y, consecuentemente, se presentan como un planteo innovativo,
cuyo tratamiento en esta instancia se encuentra vedado, pues lo contrario
importaría una vulneración a los principios de congruencia (cfr. art. 277 del
CPCCN) y de defensa en juicio (cfr. art. 18, C.N.), de clara raigambre
constitucional.
Sumado a lo expuesto, la codemandada trae a consideración una
serie de afirmaciones acerca de la “industrialización de los juicios laborales”,
que nada aportan a los fines recursivos, en tanto que no es posible soslayar
que la expresión de agravios debe referirse concretamente a los
fundamentos que condujeron al Sentenciante a decidir en la forma que lo ha
hecho, precisando punto por punto los errores u omisiones con relación a las
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Nótese que la recurrente no se hace cargo ni mucho menos rebate
el análisis probatorio que llevó a cabo la Sentenciante, en tanto que se limita
a afirmar nuevamente que la Magistrada extendió los efectos de la
presunción derivada de la aplicación del art. 71 de la LO a su parte, así como
a exponer que el pronunciamiento evidencia un desconocimiento de las
situaciones fácticas que encierra el mercado gastronómico, sin controvertir
las consideraciones que llevaron a la Juzgadora a resolver del modo en que
lo hizo, en cuanto consideró demostrado, a partir del análisis de la prueba de
testigos, que SEGURA, desde su ingreso ocurrido el 13 de febrero de 2017 y
hasta su despido en diciembre del mismo año, se desempeñó a las órdenes
de las personas humanas demandadas, sin perjuicio de la personas jurídicas
que aparecieron –sucesivamente- como empleadoras, y esta conclusión no
se advierte debidamente controvertida por la recurrente, quien omite toda
consideración acerca de la prueba testimonial, prueba ésta que, desde mi
opinión, luce objetiva, circunstanciada y concordante, tanto respecto de los
dichos de los propios testigos como con los hechos expuestos en el escrito
de inicio.
Así, de la lectura de las declaraciones, surge claro que los
deponentes formaron parte de una misma comunidad de trabajo que se vio
afectada por idénticos hechos y, en ese marco, no puede soslayarse, a los
efectos de evaluar la fuerza probatoria de las testificales, que los sucesos
laborales se dan en una comunidad de trabajo y, por eso, quienes participan
de ella son los que pueden aportar datos al respecto y, en muchas
ocasiones, la prueba testimonial constituye el único elemento de convicción
del cual depende el magistrado para esclarecer la cuestión en debate.
Nótese que tanto el testigo Juan Carlos JIMÉNEZ como la
deponente Rocío Antonella LESCANO CEJAS, situaron al actor laborando en
el local gastronómico que gira con nombre de fantasía “Sullivans”, ubicado
en la calle Jorge Luis Borges Nro. 1072 de esta ciudad, desde una fecha
anterior a la de su registro, a la vez que manifestaron que durante todo el
curso del vínculo, tanto ellos como el actor recibieron las ordenes de trabajo
de parte de los codemandados KLAMFER y KIRCHUK –quienes se
presentaban como dueños- todo ello pese a que fueron registrados
inicialmente por NASTIMAX S.R.L. y, luego, por ARITOR S.R.L. Los
declarantes también coincidieron en manifestar que, a lo largo del vínculo, ni
las tareas asignadas, ni la infraestructura del local, sufrieron modificaciones,
circunstancia que permite inferir la continuidad del contrato de trabajo, más
allá del cambio de la titularidad en los registros (“…conoce al actor del
trabajo de gastronómico…lo conoció al actor en el 2017, se corrige y dice en
el 2016, en el laboral, en la cocina, laburan en el mismo lado, de Luis Borges,
en la calle donde estaba 17 no se acuerda la altura, Sullivans se llama…el
Fecha de firma: 31/07/2024
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
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dicente era bachero...el actor también era bachero...el dicente ingresó el 7 de
julio de 2016…el actor ingresó en los primeros días del 2017, lo sabe porque
laburaban en el mismo lado…el actor recibía órdenes de los dueños, los
dueños eran Claudio, Mario y Horacio, los apellidos los sabe, pero se le hace
raro pronunciarlos, no le va a salir los nombres ahora...sabe que eran los
dueños porque cuando estaban ellos daban las órdenes al encargado...el
encargado era clara, no sabe el apellido…Nastimax SRL es la empresa de
donde estaban trabajando…Aritor SRL también...Klamfer Jaime Claudio era
el jefe…Kirchuk Mario Eduardo es el jefe también...sabe que son los jefes
porque ellos eran quienes le daban las ordenes al encargado, y cuando
tenían que pagar ahí traían el sobre y se veía delante de todos...el restaurant
está ubicado cuando usaban a Nastimax SRL y a Aritor SRL era en Luis
Borges 1702...el nombre con el que conocía la gente al restaurant era
Sullivans...el equipamiento, mobiliario que tenía Nastimax SRL, tenía sillas y
asientos…Aritor lo mismo, porque era la misma empresa…sabe que era la
misma empresa porque trabajaba ahí…los empleados que trabajaban para
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porque se presentó ante la dicente como el dueño, que Mario, Horacio y
Claudio se reunían a almorzar juntos todos los mediodías, de lunes a
viernes…hablaba sobre las modificaciones que había que hacer, por ejemplo
de cambiar alunas cosas estructurales o en cuanto al servicio, por ejemplo
que estén más atentos a las mesas, que se fijen los clientes, que no sean
desprolijos, que mantengan limpio el lugar, que nadie se acerque a la caja a
no ser que sea el encargado…”, testigo LESCANO CEJAS audiencia del 11
de noviembre de 2022).
Tampoco la recurrente se hace cargo de la circunstancia valorada
por la Judicante con sustento en el informe de Gobierno de la Ciudad
incorporado el 6 de octubre de 2020, que da cuenta que la habilitación del
local gastronómico sito en la calle Jorge Luis Borges Nro. 1072 le fue
otorgada el 27 de julio de 2018, es decir, con posterioridad incluso al despido
del actor, con lo cual este dato no puede beneficiar su postura recursiva,
como lo pretende en su memorial.
En tales condiciones y en tanto que la apelante no aporta
argumentos que resulten útiles para alterar las conclusiones a las que se
arribó en la instancia de grado, juzgo que corresponde tener por comprobada
la fecha de ingreso denunciada en la demanda, de modo que cabe concluir
que el despido dispuesto con invocación del art. 92 bis de la LCT devino
injustificado y, por consiguiente, que el pretensor tiene derecho a percibir las
indemnizaciones previstas en los arts. 232, 233 y 245 de la L.C.T.
En tales términos, cabe desestimar los agravios en los puntos
examinados y confirmar lo actuado en origen a su respecto.
Distinta suerte ha de correr -según mi propuesta-, la queja
vinculada al progreso de las indemnizaciones previstas en la ley 24.013, en
tanto que, al menos desde mi punto de vista, las intimaciones cursadas por el
pretensor en los términos del art. 11 del plexo legal referido resultaron
extemporáneas, a tenor de lo normado en art. 3º del decreto reglamentario
Nro. 2725/1991.
Es que, que tal como se pone en evidencia en el memorial
recursivo –en particular, en el agravio quinto-, las constancias probatorias
incorporadas a la causa, en especial, el informe del Correo Argentino
agregado el 3 de noviembre de 2022, revelan la autenticidad de la carta
documento remitida por ARITOR S.R.L. con fecha 13 de diciembre de 2017
-CD Nro. 842000649-, a través de la cual comunicó al actor su decisión de
extinguir el contrato de trabajo, en tanto que el mismo informe da cuenta que
la misiva referida salió a distribución el día 20 de ese mismo mes y fue
devuelta con la observación “rechazado”.
En este contexto y si bien no cabe desconocer que, como principio
general, quien elige un medio para comunicar es responsable por la falta de
Fecha de firma: 31/07/2024
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
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entrega de la comunicación, lo cierto es que –al menos desde mi criterio- ello
no impide que, bajo determinadas circunstancias, deba admitirse la validez
de la notificación, cuando ésta no es recibida por culpa, dolo o falta de
diligencia del destinatario. Es que el carácter recepticio no exige que
necesariamente el destinatario tenga conocimiento efectivo de la
comunicación, siendo suficiente para ello que el mensaje hubiera podido
llegar a destino si aquel hubiera obrado con la diligencia necesaria para esos
fines y, en el caso, a mi juicio, no es posible pasar por alto que la pieza
postal en cuestión fue cursada al mismo domicilio consignado por el
trabajador en sus posteriores misivas (MANZANA 56 4b, plata baja C,
Claypole, Provincia de Buenos Aires) y, por consiguiente, que la ausencia de
recepción sólo pudo obedecer a una conducta –cuanto menos- negligente
del accionante, quien se negó a recibir la comunicación. En tales
condiciones, en mi parecer, no resulta razonable, en el sublite, hacer
responsable al principal por el fracaso de la comunicación, puesto que, por lo
dicho, el despacho fue correctamente dirigido y su falta de recepción solo
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la accionada ni siquiera explica qué extremos pretende demostrar a través de
tales lacónicas manifestaciones, ni cuál sería su incidencia en el resultado
final del pleito, ni de qué modo podrían modificar la resolución apelada (cfr.
art. 116 de la LO).
A todo evento, estimo que en la especie no huelga señalar que los
recibos de sueldo a los que se alude en la presentación recursiva –a
diferencia de lo alegado por la apelante- no sólo carecen de la firma del
trabajador, sino que, además, fueron desconocidos en el punto II del escrito
presentado en respuesta al pertinente traslado, a lo cual cabe añadir que,
conforme a lo señalado en el Considerando que antecede, la fecha inserta en
tales documentos pierde relevancia frente a la restante prueba producida en
autos, que desbarata los datos consignados, al igual que los insertos en las
certificaciones laborales que la recurrente pretende hacer valer, todo ello en
virtud del denominado “principio de primacía de la realidad”, que impone
estar a la verdadera situación creada en los hechos, más que a los aspectos
formales a los que las partes pudieron haber acudido.
Similares consideraciones merece el resultado de la prueba
informativa en la que la recurrente pretende ampararse pues, tal como fue
ponderado ut supra, dicho medio probatorio ni siquiera respalda sus dichos,
pues la habilitación fue otorgada por la autoridad competente luego de
extinguido el vínculo laboral habido con el actor.
En cuanto a la fecha de egreso, cabe estar a lo dispuesto en el
Considerando que antecede, de modo que –en caso de ser compartido mi
voto- corresponde proceder al recalculo de los rubros derivados a condena
en los que tenga incidencia dicha fecha, que fue determinada en el 20 de
diciembre de 2017, según mi propuesta.
Y con referencia al salario que en grado se tuvo por acreditado,
cabe poner de resalto que la apelante cita, en apoyo de su postura, la
remuneración que consta en los recibos de sueldo acompañados al litigio, sin
hacerse cargo de la conclusión a la que arribó la Magistrada interviniente con
base en las pruebas producidas, en función de las cuales consideró
comprobado que el actor devengó una suma ostensiblemente mayor, en
virtud de la jornada que tuvo por demostrada, la cual, por otra parte y
contrariamente a lo manifestado por la apelante, resulta coincidente con la
denunciada en el intercambio telegráfico y en el escrito inaugural, a la par
que luce corroborada con el testimonio prestado por JIMÉNEZ (“…días y
horarios del actor: franco rotativo, el horario era de lunes a jueves de 8.30hs
a 17.30hs, viernes y sábados se entraba a las 10.30hs y se salía a las
19.30hs, y los domingos de 9.30hs a 18.30hs...” declaración del 4 de mayo
de 2023).
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Cabe agregar que la defensa articulada con respaldo en la
ausencia de reclamos por parte del actor durante la vigencia del vínculo, a mi
juicio, tampoco presenta habilidad para modificar lo resuelto pues, como es
sabido, la posición de inferioridad de la persona trabajadora le impide
negociar en un pie de igualdad con la empleadora las condiciones de trabajo
-circunstancia en la que, vale destacarlo, se sustenta la finalidad esencial del
Derecho del Trabajo, esto es, la protección del trabajador- y, en tal marco,
surge claro que esas condiciones resultan de una decisión unilateral de la
empleadora quien, por razones personales o económicas, las impone. Por
otra parte, no es ocioso recordar que la clara directriz fijada en el art. 58 de
LCT impide que se valore como presunción en contra de la persona
trabajadora la ausencia de reclamos oportunos durante la vigencia del
contrato y, en ese marco, la aplicación de la teoría de los actos propios en el
ámbito laboral debe atender al principio de irrenunciabilidad establecido en el
art. 12 del mismo cuerpo normativo, así como a lo previsto en su art. 260,
que regula los pagos a cuenta.
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que se trató de un único contrato de trabajo que se anudó el 13 de febrero y
se disolvió el 20 de diciembre de 2017, en tanto que también está acreditado
que el actor impetró la entrega de los certificados a los que alude la norma
citada, una vez transcurrido el plazo que estipula el art. 3º del decreto Nro.
146/01 –v. telegrama del 30 de julio de 2018-, frente a lo cual las obligadas, a
mi juicio, no han logrado acreditar el cumplimiento oportuno por su parte de
la exigencia legal conforme a lo debido, por cuanto las certificaciones
acompañadas a la contienda no sólo resultan insuficientes si se tienen en
cuenta las previsiones legales, sino que –como ya dije- no reflejan la realidad
del vínculo laboral habido, de acuerdo a lo acreditado en el sublite.
En consecuencia, propongo que se confirme el pronunciamiento
en los puntos analizados.
VII. En atención a las modificaciones sugeridas en los
Considerandos anteriores y a las demás cuestiones que llegan firmes, estimo
que, en caso de ser compartida mi propuesta, el monto del capital nominal de
condena deberá reducirse a la suma de $297.538,95, de acuerdo al siguiente
detalle:
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Entonces, va de suyo que la prohibición del anatocismo tiene un
carácter relativo, ya que, como dije, la normativa vigente admite en ciertos
casos la capitalización de intereses. Ello deja en evidencia que el espíritu de
la ley no asume al anatocismo en su génesis como totalmente disvalioso y,
por ende, entonces, no puede considerarse que esta figura vulnere el orden
público, máxime en economías inflacionarias como la que actualmente
transita nuestro país, ya que, en la realidad –y al menos desde mi enfoque-
su aplicación equilibra a mantener el capital y, por ende, un adecuado
resarcimiento de los daños ocasionados.
Así, desde la vigencia del Código Civil y Comercial -1º de agosto
de 2015-, el artículo 770 de dicho plexo legal posibilita un supuesto de
capitalización automática de intereses; concretamente, el citado inciso b) de
ese precepto dispone que los intereses se deben en el caso que la obligación
se demande judicialmente, especificando que para ese supuesto la
acumulación opera desde la fecha de la notificación de la demanda. Y, desde
mi óptica, la forma en la que quedó redactado el precepto supone la
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derecho amparado por la Constitución Nacional, habida cuenta que la
quejosa se limita a señalar en forma por demás dogmática que la aplicación
del dispositivo legal que ataca con base constitucional genera un
enriquecimiento ilícito, sin exponer pauta alguna que demuestre que, en el
concreto caso de autos, la aplicación del precepto deriva en un resultado
alejado de la realidad económica, en comparación con el deterioro del signo
monetario producido por el fenómeno inflacionario y la compensación que
corresponde al acreedor por la privación del capital. Así las cosas, juzgo que
el planteo resulta contrario a la doctrina sentada por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, la que ha decidido, reiteradamente, que la declaración
de inconstitucionalidad de una norma legal constituye la más delicada de las
funciones susceptibles de ser encomendada a un tribunal de justicia, habida
cuenta que se trata de un acto de suma gravedad institucional, que debe ser
considerado ultima ratio del orden jurídico, por lo que no puede sustentarse
en consideraciones genéricas o teóricas (Fallos 256:602; 264:53),
requiriéndose no solo la aserción de que la norma impugnada puede causar
agravio constitucional, sino que se haya afirmado y probado que ello ocurre
concretamente en el caso (Fallos 252:328; 256:602), recaudos que, por lo
dicho, no lucen satisfechos en la especie.
Debe recordarse, además, que es deber de los jueces conjurar la
merma que el valor de los créditos sufre por la demora del deudor y aún más
por la mora en su reconocimiento y pago y, desde ese enfoque, la tasa de
interés tiene como objetivo mantener incólume el contenido de la sentencia y
la integridad del crédito de naturaleza alimentaria, a efectos de evitar que el
transcurso del tiempo lo convierta en irrisorio. Por ello, ante la conducta del
deudor moroso que no permitió que la parte acreedora utilizara su dinero
libremente, es criterio jurisprudencial reiterado que la tasa de interés
compense el deterioro del crédito laboral y el lógico avatar que implica un
juicio tendiente a recuperar el capital indebidamente retenido. Entonces,
aplicar un interés ajeno a la realidad social y política, notoriamente inferior al
imperante en el mercado financiero, sin establecer pautas correctoras de la
conducta antijurídica y sin contemplar la verdadera dimensión del perjuicio
sufrido, significaría premiar al deudor que no cumplió oportunamente sus
obligaciones. Y, en ese marco, no puede soslayarse que las tasas de interés
previstas en las Actas de esta Cámara Nros. 2601, 2630 y 2658, en el actual
contexto inflacionario –y a diferencia de lo alegado en el recurso-, se
presentan por demás insuficientes para compensar adecuadamente la
pérdida del valor adquisitivo de la moneda desde el origen de la deuda, así
como la privación del capital que sufrió la parte acreedora.
Desde tal perspectiva de análisis, es que esta Cámara –tras el
dictado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación del ya mencionado
Fecha de firma: 31/07/2024
Firmado por: PATRICIA SILVIA RUSSO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA DORA GONZALEZ, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MONICA B QUISPE, SECRETARIA DE CAMARA
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fallo “Oliva, Fabio Omar c/ Coma S.A. s/ despido”, del 29 de febrero del
corriente año, en el que el Supremo Tribunal dejó sin efecto la capitalización
periódica ordenada en los términos del Acta de esta Cámara Nro. 2764-, en
el acuerdo general del 13 de marzo del corriente y por los fundamentos
plasmados en la Resolución Nro. 3 del día 14 de ese mismo mes, dispuso “1)
Reemplazar lo dispuesto por el Acta Nro.2764 del 07.09.2022 y disponer,
como recomendación, que se adecuen los créditos laborales sin tasa legal,
de acuerdo a la tasa CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia)
reglamentada por el BCRA más una tasa pura del 6% anual, en ambos
casos, desde la fecha de exigibilidad del crédito hasta la fecha del efectivo
pago; 2) Disponer que la única capitalización del artículo 770 inciso b del
Código Civil y Comercial de la Nación se produce a la fecha de notificación
de la demanda exclusivamente sobre la tasa pura del 6% anual…”.
En tal escenario, no encuentro mérito alguno para modificar lo
resuelto en grado sobre el tópico en análisis, puesto que –como ya se dijo- el
Juzgador de primera instancia dispuso la capitalización de los intereses
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vencida en lo principal, pues no encuentro mérito alguno para apartarme del
principio general y rector en la materia, plasmado en el art. 68 del
C.P.C.C.N., que encuentra su razón de ser en el hecho objetivo de la derrota.
De acuerdo al mérito, calidad, naturaleza, importancia y extensión
de las tareas profesionales desempeñadas, así como al resultado alcanzado
y a las etapas procesales cumplidas, en virtud de lo normado en el citado art.
279 del CPCCN, así como en los arts. 16, 21, 22, 48 y 58 de la ley 27.423,
sugiero que se regulen los honorarios de la representación y patrocinio
letrado de la parte actora, los de la demandada ARITOR S.R.L., y los que
corresponden a la perito contadora Myriam Haydee SANTINI, por las labores
profesionales cumplidas en la anterior instancia, en las respectivas sumas de
$1.140.320.-, equivalente a 20 UMA; $1.026.288.-, equivalente a 18 UMA y
$228.064.-, equivalente a 4 UMA.
X. Por último, propongo que se regulen los honorarios de la
representación y patrocinio letrado de las partes intervinientes, por los
trabajos profesionales desempeñados ante esta Alzada, en el 30% (treinta
por ciento), respectivamente, del importe que en definitiva les corresponda
percibir por su actuación en origen (cfr. arts. 16 y 30, ley 27.423).
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Poder Judicial de la Nación
6) Oportunamente, cúmplase con lo dispuesto en el art. 1º de la ley 26.856 y
con la Acordada de la CSJN Nro. 15/2013.
Regístrese, notifíquese y devuélvase.
USO OFICIAL
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