11.
El Spin
11. EL SPIN
El momento angular intrínseco
Hasta aquí nos ocupamos de la descripción cuántica de una partícula, considerada como una
masa puntiforme sin estructura interna. En consecuencia supusimos que el estado de la misma se
puede especificar por completo mediante la función de onda Ψ, que es una función escalar de
las variables espaciales x, y, z y del tiempo.
Es ciertamente notable que esta imagen tan simple permite explicar muchos aspectos de la física
del átomo y del núcleo. Sin embargo, estos logros no nos deben hacer perder de vista que este
modelo sólo explica los aspectos más gruesos del átomo y del núcleo. Muchos detalles se pudie-
ron entender recién a partir del descubrimiento que muchas partículas, incluyendo electrones,
protones y neutrones no están completamente descriptas por el modelo de masa puntiforme sin
estructura1. En otras palabras, el estado de esas partículas no está especificado por completo por
una función escalar de las coordenadas y del tiempo. En efecto, la evidencia empírica muestra
que es necesario atribuir a esas partículas un momento angular intrínseco o spin, y asociado con
él, un momento magnético intrínseco.
La evidencia espectroscópica
Mencionaremos primero la evidencia espectroscópica acerca del spin y del momento magnético
intrínseco, dado que fue a partir de ella que se introdujeron esos atributos del electrón.
La expresión que obtuvimos para los niveles de energía del átomo de hidrógeno (ec. (10.127))
no explica por completo el espectro observado, por cuanto muchas de las líneas muestran des-
doblamientos en varias componentes, dando lugar a una estructura fina de los niveles de energía
que no se puede explicar mediante la teoría que desarrollamos en el Capítulo 10.
En 1916, en el marco de la Teoría Cuántica Antigua, Sommerfeld dio una explicación aparente-
mente satisfactoria de la estructura fina (ver el Capítulo 5), basada sobre las correcciones relati-
vísticas, en virtud de las cuales la energía de los niveles (que en el caso no relativístico depende
sólo del número cuántico principal) pasa a depender también del número cuántico azimutal. La
separación de los niveles así obtenida coincide con la que se observa en el hidrógeno y el helio
ionizado y también con la que se observa en las líneas de rayos X de los átomos pesados. Por ese
motivo la explicación de Sommerfeld fue aceptada durante varios años.
Sin embargo, poco antes del desarrollo de la Mecánica Cuántica, aparecieron problemas con la
teoría de Sommerfeld, en relación con el espectro de los átomos alcalinos. El estado fundamental
de un átomo alcalino tiene una estructura electrónica muy simple, y su espectro óptico se puede
interpretar suponiendo que el átomo consiste esencialmente de un ion inerte alrededor del cual se
mueve el único electrón de valencia. Por lo tanto se comporta básicamente como un átomo de
hidrógeno, con la salvedad que el potencial en el que se mueve el electrón de valencia no es
Coulombiano, pues la carga del núcleo está apantallada por los electrones del ion. Entonces, aún
sin tener en cuenta el efecto relativístico (que en este caso se puede despreciar), la energía de los
niveles depende del número cuántico azimutal.
Sin embargo, en los átomos alcalinos se observa que los niveles correspondientes a valores da-
dos de ambos números cuánticos (principal y azimutal) aparecen a veces desdoblados ulterior-
1
Por mucho tiempo los protones y neutrones se consideraron elementales. Hoy sabemos que son compuestos.
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mente. También se encontró que las separaciones de esos dobletes se pueden representar (for-
malmente) mediante la fórmula relativística de Sommerfeld. Pero Millikan y Bowen, y también
Alfred Landé, que hicieron este descubrimiento en 1924, señalaron que dicha fórmula no se
podía aceptar en este caso, por cuanto el número cuántico azimutal es el mismo para ambas
componentes del doblete y por lo tanto la causa del fenómeno no se podía explicar.
La hipótesis de Uhlenbeck y Goudsmit
En 1926 Samuel A. Uhlenbeck y George E. Goudsmit, dos estudiantes graduados, explicaron del
misterio y mostraron que las dificultades se resolvían si se atribuía al electrón una nueva propie-
dad: la de poseer un momento angular S y un momento magnético Ms intrínsecos, tal como ocu-
rriría si un cuerpo cargado eléctricamente girara alrededor de un eje que pasa por él2.
La evidencia espectroscópica muestra que la magnitud del momento angular intrínseco del elec-
trón está dada por
S2 = s( s + 1)h 2 (11.1)
donde s, el número cuántico de spin, vale
s = 1/ 2 (11.2)
y que la componente Sz del momento angular intrínseco alrededor de un eje z de orientación ar-
bitraria sólo puede tomar los valores
Sz = hms , ms = ± s = ±1 / 2 (11.3)
Para explicar los desdoblamientos de la estructura fina y del efecto Zeeman, se encontró que el
momento magnético intrínseco asociado con el spin del electrón debe valer
e
Ms = − S (11.4)
µc
de manera que ( β B = eh / 2 µc indica el magnetón de Bohr, ec. (10.61)):
e g β
= S B , gS = 2 (11.5)
µc h
y por lo tanto el factor giromagnético de spin es el doble del factor giromagnético orbital.
En breve tiempo Uhlenbeck y Goudsmit (y otros como Wolfgang Pauli, Heisenberg, Jordan,
Sommerfeld, etc.) mostraron que la introducción del spin resuelve todas las dificultades entonces
conocidas y por lo tanto este nuevo atributo del electrón se aceptó, junto a los ya conocidos de
carga y masa. En efecto, se encontró que la aparición de dobletes en el espectro de los metales
alcalinos se debe exclusivamente a la interacción entre el momento magnético orbital y el
momento magnético intrínseco del electrón de valencia. En cuanto a la estructura fina de los
niveles de los átomos hidrogenoides, se vio que resulta de una particular combinación de los
2
Se puede mencionar que en 1921 Compton había ya especulado sobre la posibilidad que el electrón tuviera un
momento angular y un momento magnético intrínsecos, pero no elaboró ulteriormente la idea.
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la relatividad, que por una curiosa coincidencia dan un resultado idéntico al que obtuvo original-
mente Sommerfeld a partir de la Teoría Cuántica Antigua.
El spin quedó así incorporado a la Mecánica Cuántica como un postulado adicional, que es per-
fectamente compatible con los demás postulados de la teoría pero no es una consecuencia lógica
de los mismos, sino que se introduce en base a la evidencia experimental. Hay que aclarar aquí
que el spin del electrón no se puede imaginar como el resultado de la rotación de una distribu-
ción de cargas. Es imposible formular un modelo de ese tipo sin incurrir en graves dificultades.
Además, la evidencia experimental más reciente tiende a indicar que el electrón es una partícula
puntual3. Por consiguiente no es lícito interpretar el spin en términos de modelos clásicos, como
esferas de carga en rotación o cosas parecidas.
Posteriormente (1928) Dirac desarrolló una teoría relativística del electrón, en la que no es pre-
ciso postular el spin sino que éste aparece en forma natural como una consecuencia de la inva-
riancia Lorentz de las ecuaciones que lo describen. La ecuación de Dirac también predice co-
rrectamente el valor del factor giromagnético4. Estos resultados muestran que el spin está ínti-
mamente relacionado con la relatividad. Con la teoría de Dirac el spin adquirió una firme base
teórica.
El experimento de Stern y Gerlach
Si bien en su momento no se tuvo conciencia de ello, en realidad el momento magnético intrín-
seco del electrón ya había sido medido en 1922 por Otto Stern y Walter Gerlach, en un experi-
mento muy interesante que ilustra varios conceptos importantes para la interpretación de la Me-
cánica Cuántica. En el experimento se intentaba medir el momento magnético de átomos y mo-
léculas haciendo pasar un haz atómico (o molecular) colimado a través de un campo magnético
fuertemente inhomogéneo (Fig. 11.1).
De acuerdo con la física clásica, sobre un momento
magnético M sometido a un campo magnético no uni-
forme B se ejerce una fuerza dada por
S spin arriba
F = ∇( M ⋅ B) (11.6)
spin abajo La fuerza (11.6) es la única que actúa sobre un átomo ya
N
que éste es neutro. En el experimento, las partículas se
hacían pasar por una región en la cual la variación de la
dirección de B era muy pequeña, pero su magnitud va-
Fig. 11.1. Esquema del experimento riaba muy fuertemente con la posición. En ese caso la
de Stern y Gerlach. (11.6) nos da (aproximadamente)
F = M B∇B (11.7)
donde M B indica la proyección de M en la dirección de B.
3
La cota superior del tamaño del electrón que resulta de los experimentos de dispersión a muy altas energías es
menor que 10–16 cm.
4
Al orden más bajo en la constante de la estructura fina. El valor exacto de g s se calcula por medio de la
Electrodinámica Cuántica.
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La deflexión se mide estudiando las trazas que el haz de partículas deja en una pantalla, y a par-
tir de ella se puede determinar F y de ahí finalmente M B .
Los resultados de los experimentos fueron notables. Clásicamente se esperaría obtener en la
pantalla una traza continua, correspondiente a los valores de M B entre –M y +M. En cambio, se
observaron varias trazas equidistantes. Este resultado es una clara demostración de la naturaleza
cuántica del momento magnético del átomo. Puesto que el vector M puede asumir solamente
ciertas direcciones discretas en el espacio, dicho fenómeno se denomina cuantificación espacial.
Stern y Gerlach también obtuvieron resultados cuantitativos (aunque de poca precisión). Encon-
traron que los valores permitidos de M B variaban en pasos iguales desde un mínimo –M a un
máximo +M. Por convención, se suele designar al valor máximo de la proyección de M como el
momento magnético de la partícula.
De acuerdo con la ley de Ampère el movimiento de los electrones atómicos, además de producir
el momento angular orbital L, también produce un momento magnético M que cumple la rela-
ción clásica
e
M=− L (11.8)
2 µc
Aplicando el principio de correspondencia, esperamos entonces que en Mecánica Cuántica valga
la relación
e g β
M=− L=− L BL (11.9)
2 µc h
Puesto que cualquier componente de L tiene 2l + 1 autovalores
m = 0, ± 1, ± 2, …, ± l (11.10)
esperamos que los autovalores de M B sean
gL β B g β g β g β
MB = − m = 0, ± L B , ± 2 L B , …, ± l L B (11.11)
h h h h
y como en el experimento de Stern y Gerlach l es entero, esperamos un número impar de trazas.
Sin embargo, en un experimento clásico realizado con átomos de Ag (que tiene un único elec-
trón de valencia) se observaron dos trazas, esto es, un número par, y el valor del momento mag-
nético resultó ser
eh
M=− = −β B (11.12)
2 µc
Las extraordinarias implicaciones de este experimento no fueron comprendidas de inmediato. En
cambio se intentó interpretar los resultados en términos de las relaciones (11.9) y (11.10), supo-
niendo que el electrón de valencia estaba en un estado P (con l = 1) y que por alguna razón el
estado con m = 0 no se presentaba. Se trataba así de explicar porqué se observan solamente dos
trazas. Esta hipótesis tan artificiosa tiene la virtud que también explica el valor del momento
magnético medido, pero igualmente es implausible, pues normalmente el estado de más baja
energía de un átomo no es P sino S.
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Antes de proseguir conviene examinar la validez de algunos de los argumentos que usamos para
interpretar los resultados del experimento de Stern y Gerlach. La ec. (11.7) es puramente clásica
y podría caber la duda que no sea lícito aplicarla al momento magnético cuantificado. La res-
puesta a esta duda es que en todo experimento hay aspectos que se describen correctamente me-
diante las leyes clásicas, pues éstas son las leyes que gobiernan lo que experimentan nuestros
sentidos, por medio de los cuales (en última instancia y en forma indirecta) nos relacionamos
con lo que sucede en los átomos y los núcleos. Puesto que las partículas del haz empleado en el
experimento de Stern y Gerlach tienen masa grande, es correcto representarlas mediante paque-
tes que se dispersan muy lentamente y por lo tanto ese movimiento se puede describir mediante
las leyes clásicas. Ese es el motivo por el cual el electrón, que es en realidad el objeto de estudio
en el experimento, debe viajar junto al átomo. Si se intentara realizar el mismo experimento con
electrones libres, los efectos de interferencia cuántica destruirían el patrón de trazas y no se po-
dría obtener un resultado útil.
Volviendo a los resultados del experimento de Stern y Gerlach con átomos de Ag, las varias in-
terpretaciones que se intentaron al principio fueron harto insatisfactorias y solamente la hipótesis
de Uhlenbeck y Goudsmit permitió dar una explicación adecuada.
En efecto, si suponemos que el átomo de Ag está en un estado S (como es lógico), entonces,
puesto que l = 0, la (12.12) mide en realidad el valor máximo de la componente (en la dirección
de B) del momento magnético intrínseco. Pero a diferencia del momento magnético orbital, en
virtud de (11.3) y (11.4) el momento magnético intrínseco puede tener solamente dos proyeccio-
nes:
eh
MB = ± (11.13)
2 µc
Por lo tanto se explica tanto la aparición de dos trazas como su separación.
Esta interpretación quedó confirmada en 1927 con el experimento de Phipps y Taylor, quienes
emplearon la técnica de Stern y Gerlach para medir el momento magnético de átomos de hidró-
geno. Este experimento es muy significativo, pues la teoría del átomo de hidrógeno es bien co-
nocida y predice sin lugar a dudas que el estado fundamental es un estado S y entonces el único
valor posible de m es m = 0. Por lo tanto, en ausencia de otro momento magnético diferente del
que proviene del movimiento orbital del electrón, se tendría M B = 0 y el campo magnético no
afectaría al haz. Sin embargo Phipps y Taylor encontraron que el haz se separa en dos compo-
nentes desviadas simétricamente.
Se puede descartar que el momento magnético debido al cual se produce la división del haz pro-
venga del núcleo, puesto que un momento magnético nuclear tendría una magnitud del orden de
eh / 2 µ N c , donde µ N es la masa del núcleo5 (del protón en el caso del hidrógeno). Pero el mo-
mento magnético nuclear es tres órdenes de magnitud menor que el que midieron Phipps y
Taylor. Por lo tanto es inevitable concluir que el momento magnético responsable de la sepa-
ración del haz reside en el electrón.
El spin como una variable dinámica
De acuerdo con lo anterior vamos a introducir el spin en la teoría, para lo cual agregamos a las
variables dinámicas x, y, z que describen la posición del electrón una cuarta variable de spin, que
5
La cantidad βN = eh/2µNc se denomina magnetón nuclear.
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