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El recurso de casación fue interpuesto por Pablo Montano hijo contra una sentencia de divorcio dictada por la Cámara de Familia, que confirmó la disolución del matrimonio y estableció diversas obligaciones, incluyendo pensiones alimenticias y compensaciones por daños morales y psicológicos. La Sala de lo Civil analizó los argumentos del recurrente sobre la falta de congruencia y competencia en la decisión, concluyendo que no se configuraron las infracciones alegadas y desestimando el recurso. La sentencia de la Cámara de Familia fue confirmada en sus términos, manteniendo las disposiciones sobre las indemnizaciones y pensiones establecidas previamente.

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El recurso de casación fue interpuesto por Pablo Montano hijo contra una sentencia de divorcio dictada por la Cámara de Familia, que confirmó la disolución del matrimonio y estableció diversas obligaciones, incluyendo pensiones alimenticias y compensaciones por daños morales y psicológicos. La Sala de lo Civil analizó los argumentos del recurrente sobre la falta de congruencia y competencia en la decisión, concluyendo que no se configuraron las infracciones alegadas y desestimando el recurso. La sentencia de la Cámara de Familia fue confirmada en sus términos, manteniendo las disposiciones sobre las indemnizaciones y pensiones establecidas previamente.

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141-CAF-2023

SALA DE LO CIVIL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA: San Salvador, a las once


horas once minutos del siete de septiembre de dos mil veintitrés.
El presente recurso de casación ha sido interpuesto por el licenciado Pablo Montano hijo,
apoderado judicial del señor **********, contra la sentencia pronunciada por la Cámara de
Familia de la Sección del Centro, con sede en San Salvador, a las quince horas cuarenta minutos
del treinta y uno de marzo de dos mil veintitrés, en el proceso de divorcio por el motivo de ser
intolerable la vida en común entre los cónyuges, promovido contra el impetrante, por la señora
**********, representada judicialmente por los licenciados Gerardo Napoleón Cisneros Joyel y
Ana Elizabeth Fuentes Saavedra.

VISTOS LOS AUTOS; Y,

CONSIDERANDO:

I. Mediante sentencia de las ocho horas quince minutos del tres de noviembre de dos mil
veintidós, el Juzgado Cuarto de Familia de San Salvador, resolvió: “[...] 1) HA LUGAR A
DECRETAR EL DIVORCIO DE LA SEÑORA ********** Y EL SEÑOR **********, por el
motivo de ser intolerable la vida en común entre los cónyuges, por haberse incumplido en forma
reiterada los deberes de vivir juntos, respeto y consideración y asistencia recíproca; 2)Queda en
consecuencia disuelto el vínculo matrimonial por ellos contraído el treinta y uno de mayo de dos
mil ocho; 3) No ha lugar a decretar el divorcio por el motivo de separación entre los cónyuges
durante uno o más años consecutivos. 4) La AUTORIDAD PARENTAL sobre los hijos
********** y **********, será ejercida por ambos padres; 5) EL CUIDADO PERSONAL y la
REPRESENTACIÓN LEGAL EN FORMA EXCLUSIVA sobre los mismos será ejercido por
la señora **********; 6) El RÉGIMEN DE COMUNICACIÓN Y VISITAS para que el padre
se relacione con sus hijos, será cada quince días, debiendo retirar a sus hijos el día viernes a
mediodía y regresarlos el día domingo hasta las ocho de la noche, además puede ir a traerlos el
día miércoles desde el mediodía y devolverlos hasta las ocho de la noche; en cuanto a las
vacaciones de semana santa, fiestas de agosto, navidad y fin de año, así como las pausas
escolares que puedan tener los hijos, será compartidas en un cincuenta por ciento para cada
padre, alternando por año el padre o madre que comenzará a gozar el periodo vacacional, que
los días veinticuatro y veinticinco de diciembre los hijos pasarán con el padre, y los días treinta
uno de diciembre y uno de enero pasaran con la madre; asimismo el día de la madre, los hijos
pasarán con la madre, y el día del padre, los hijos pasarán con el padre, debiendo respetar las
invitaciones a los cumpleaños de los abuelos maternos y paternos; de igual manera ambos
padres deberán otorgar las respectivas autorizaciones de salidas del país de sus hijos, cuando
así se les requiera para el esparcimiento de los mismos; 7) La CUOTA ALIMENTICIA, con la
que contribuirá el señor **********, será de DOS MIL dólares de los Estados Unidos de
América, en forma mensual, correspondiendo el cincuenta por ciento para cada uno de sus hijos,
cantidad que será depositada a finales de cada mes en la cuenta de ahorros ya aperturada al
efecto del Banco Cuscatlán número **********, a nombre de la señora **********; así mismo
el señor **********, debe asumir el pago de colegio, matricula, seguro médico hospitalario y
seguro de vida, de sus dos hijos; 8) Quedan sin efecto, los alimentos provisionales establecidos
mediante resolución pronunciada a las once horas con cuarenta y ocho minutos del día
dieciocho de marzo de dos mil dieciocho; 9) En cuanto a la pensión compensatoria, la misma se
establece en la suma de CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América, a
cargo del señor ********** y a favor de la señora **********, que deberá ser depositada el
último día de cada mes en la cuenta antes referida, en cantidades mensuales de mil dólares de
los Estados Unidos de América. 10) La indemnización por daños morales para la señora
**********, y a cargo del señor **********, se establece por la cantidad de CINCUENTA MIL
DÓLARES de los Estados Unidos de América, y la indemnización por daños psicológicos, en
beneficio de dicha señora, y a cargo del referido señor, se establece por la cantidad de
CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América y la indemnización por daños
psicológicos, en beneficio de dicha señora, y a cargo del referido señor, se establece por la
cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América, sumas de dinero
que deberán ser depositadas en la cuenta bancaria ya relacionada, en un plazo máximo de tres
años, contados a partir de la fecha en que quede ejecutoriada la sentencia de divorcio; 11) No
ha lugar a establecer indemnización por daños psicológicos a favor del adolescente **********,
ni de la niña **********; [...]” (sic).
II. La Cámara de segunda instancia, ante el recurso de apelación interpuesto contra la
sentencia antes referida, con fecha treinta y uno de marzo de dos mil veintitrés, falló : “[...] a)
CONFÍRMASE la sentencia venida en apelación, en el punto que estableció la cantidad de DOS
MIL DÓLARES ($2,000.00) mensuales en concepto de cuota alimenticia a favor de la niña
********** y el adolescente **********, ambos de apellidos **********, en razón de
cincuenta por ciento para cada uno, siendo el obligado el señor **********, adicionalmente
deberá cubrir el pago de colegiaturas, matriculas, seguros médico hospitalario, seguros de vida
de ambos hija e hijo los cuales serán efectivo en la forma establecida en la sentencia recurrida;
asimismo se recalca que en el mes de diciembre de cada año, el obligado deberá cumplir con el
decreto legislativo correspondiente al pago del aguinaldo, para lo cual deberá proporcionar una
cuota alimenticia adicional a la fijada en este proceso, o en caso de ser asalariado deberá
proporcionar el treinta por ciento de su aguinaldo a favor de su hija. b) CONFÍRMASE el
punto de la sentencia apelada que estableció en concepto de indemnización por daño moral la
cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000), a favor de la señora **********, siendo el
obligado el señor **********; así como la indemnización por daño psicológico por la cantidad
de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000) a favor de la señora **********, siendo el obligado
el señor **********; por lo que el pago de la misma deberá hacerse efectivo en la forma
establecida en la sentencia recurrida. c) CONFÍRMASE el punto de la sentencia apelada que
estableció en concepto de Pensión Compensatoria la cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES
($50,000) a favor de señora la señora **********, siendo el obligado el señor **********, la
cual será efectiva de la manera que se estableció en la sentencia recurrida [...]” (sic). sic).

III. Inconforme con el decisorio de la Cámara de Familia, el licenciado Pablo Montano


hijo, en la calidad arriba expresada, interpuso recurso de casación, el cual fue admitido por esta
Sala mediante auto de las diez horas veintinueve minutos del catorce de junio de dos mil
veintitrés, por el motivo de forma: a) por infracción de requisitos internos y externos de la
sentencia, falta de congruencia de la sentencia, infringiéndose el art. 515 CPCM; y b) falta de
competencia con infracción del art. 9 de la Ley de Reparación por Daño Moral.

De la admisión del recurso, se corrió traslado al representante de la parte recurrida,


licenciado Gerardo Napoleón Cisneros Jovel, quien mediante escrito de fecha catorce de julio de
dos mil veintitrés, se pronunció al respecto sosteniendo, en síntesis: que solicita a esta Sala se
declare no ha lugar a casar la sentencia, por el motivo de forma, falta de competencia con
infracción del art. 9 LRDM, por no configurarse dicho motivo, afirmando que la integración de
normas e interpretación analógica que establece el Código de Familia, habilita la competencia de
los jueces de familia, para conocer de la pretensión de daño moral.

En el mismo sentido, se pronuncia respecto del submotivo de falta de congruencia de la


sentencia, solicitando se declare no ha lugar, por no configurarse dicho motivo de forma,
expresando que el impetrante no ha brindado fundamento jurídico alguno.

IV . Análisis del recurso.

1. En lo que atañe al motivo de quebrantamiento de las formas esenciales del proceso, por
infracción de requisitos internos y externos de la sentencia, por falta de congruencia de la
sentencia, con infracción del art. 515 CPCM., esta Sala advierte, que el impetrante alega
específicamente, que el tribunal de alzada omitió pronunciarse respecto de todos y cada uno de
los puntos propuestos en su recurso de apelación, sosteniendo que la sentencia impugnada: “[...]
carece de toda congruencia, por cuanto no has resuelto de forma clara y precisa sobre todas las
pretensiones y puntos litigiosos planteados y debatidos en el recurso de apelación, y porque, aun
teniendo presente los planteamientos tácticos y jurídicos, acordes con cada uno de los puntos
apelado, las pretensiones mismas, así como los elementos probatorios idóneos para dar una
decisión al respecto, no procediste a analizar todos y cada uno de los punto propuestos y a dictar
la sentencia, que conforme a derecho correspondía [...]” (sic); agregando que el tribunal de
segunda instancia, no hizo ni un solo análisis jurídico sobre el punto relativo a la indemnización
por daño psicológico; considerando por ello que la sentencia es incongruente.

Al respecto, esta Sala reitera lo sostenido en precedentes, en cuanto a que el principio de


congruencia rige también para las actuaciones de la segunda instancia, como lo regula el art. 515
CPCM, que prescribe, que las sentencias dictadas en apelación deberán pronunciarse
exclusivamente sobre los puntos y cuestiones debatidas en el recurso de apelación; esto es, no
debe dejar de pronunciarse respecto de los extremos que hayan sido impugnados.

1.1 Ahora bien, al examinar la sentencia impugnada, esta Sala advierte que el tribunal de
alzada, en cuanto a la indemnización por daño psicológico, si bien no hizo análisis específico,
pues únicamente hace alusión para confirmar la sentencia de primera instancia en ese punto, ha
señalado que: “[...]Asimismo, confirmar la indemnización por daño psicológico a favor de la
señora **********, por la cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000) siendo el
obligado el señor **********, la cual será pagadera en la forma establecida en la sentencia
recurrida, esto en razón que el apelante ha pedido la revocatoria en este punto y no la
modificación, por lo que no se entra a conocer de la cuantía fijada [...]” (sic).

Al respecto, debemos denotar que, en el recurso de apelación, el recurrente -según se


evidencia- incluyó alegatos respecto de dicho punto, en el mismo rubro donde argumentó
respecto de la indemnización por daños morales, y en ningún momento lo hizo de forma amplia y
separada, es decir una alegación específica sobre el mismo; por lo que, de igual manera, la
Cámara de Familia refiere tal aspecto, dentro del análisis de la indemnización por daños morales.
Al margen de esto último, el tribunal de alzada, hace alusión a la indemnización por daños
psicológicos -como ya se apuntó-, sin hacer una detallada fundamentación al respecto, más que
validar lo resuelto por el tribunal de primera instancia. Sin embargo, con ello se constata que, al
hacerse referencia o pronunciamiento a tal circunstancia en la sentencia, si cumple con lo
ordenado en la disposición señalada como infringida; y que el exiguo análisis jurídico -falta de
motivación- que arguye el impetrante, en estricto sentido no corresponde su valoración en este
submotivo, pues constituye otro tipo de infracción.

En atención a lo anterior, esta Sala concluye que no se ha configurado la incongruencia por


omisión que se alega en el recurso de en análisis, pues el tribunal de Segunda Instancia, ha hecho
pronunciamientos a los aspectos de la alzada, por lo que procede desestimar el recurso de
casación por este submotivo.

2. Motivo de forma, falta de competencia, con infracción del art. 9 de la Ley de


Reparación por Daño Moral, el cual dispone: “La acción para reclamar reparación por daños y
perjuicios se tramitará siguiendo los procedimientos previstos para el proceso declarativo
común, establecido en el Código Procesal Civil y Mercantil.”
2.1. Argumenta el impetrante, que la Cámara de Familia “[...]ha cometido error in
procedendo, con infracción del art. 9 de la Ley de Reparación por Daño Moral, por falta de
competencia para conocer de las pretensiones de reclamo por daño moral y daño psicológico en
el caso que nos ocupa, al entrar a conocer de una pretensión en una materia en la que no es
competente [...]” (sic).

Además, sostiene, que el Juez de Familia, “[...] no tiene ni tenía competencia alguna para
conocer de la pretensión de indemnización por daño moral y daño psicológico, pues no nos
encontramos ante una competencia prorrogable ni prorrogada... que el Juez Natural o
competente para conocer en materia de daños morales es aquel a quien la ley le ha dado la
competencia en esa materia, y para el caso es un juez con competencia en materia civil
[...]”(sic).

Asimismo, señala, que el Código de Familia contempla la posibilidad de reclamos de


indemnización por daños morales en tres situaciones previstas en los arts. 97, 122 y 150, y
agrega: “[...] Fuera de esas tres situaciones y especialmente en los casos donde se discute como
pretensión principal el divorcio, la normativa de familia no prevé ningún reclamo de
indemnización por daños morales [...]”(sic). En ese sentido, argumenta que tanto el Juez como la
Cámara de Familia, han conocido de la pretensión de daños morales sin tener competencia en
razón de la materia, ya que tal pretensión debió promoverse ante el Juez Civil y Mercantil en un
proceso común, de acuerdo con la dispuesto en el artículo 9 de la Ley de Reparación de Daño
Moral; razón por la que pide, sea casada la sentencia que impugna.

2.2 Primeramente, cabe señalar, lo sostenido por esta Sala, en cuanto a que la infracción de
quebrantamiento de las formas esenciales del proceso, consistente en falta de competencia, se
configura cuando un tribunal conoce de un proceso, cuya competencia esta conferida a otro
juzgado.

De esta forma, como ya se apuntó en el presente caso, se alegó por parte del impetrante,
que la pretensión de indemnización por daños morales reclamada por la demandante, señora
**********, no debió tramitarse en el proceso de divorcio, en razón de que no es competencia
del juzgado de familia.

Es menester entonces, determinar si en un proceso cuya pretensión principal la constituye


el divorcio es o no viable, la tramitación de una indemnización por daños morales, a fin de
establecer si el tribunal de alzada incurrió en la infracción que se argumenta.

2.3 Preliminarmente, es imperioso aclarar que, esta Sala no hará un pronunciamiento


respecto del fondo del asunto, es decir, sobre la procedencia o no de la indemnización por daño
moral reclamada; sino que, para fines del estudio de la infracción en análisis relativo a la
competencia para su tramitación, se considera oportuno hacer alusión al marco conceptual,
jurisprudencial y doctrinario, de lo que constituye el daño moral.

Al respecto, debe tenerse presente que uno de los principios universales del derecho es la
obligación o deber de no dañar a otro -alterum non laedere- y que su incumplimiento origina la
responsabilidad de reparar el daño infringido, que puede ser material o moral.

En lo referente al daño material, se da cuando sólo se afecta la esfera jurídica de los bienes
tangibles, patrimoniales o económicos de una persona -daño emergente y lucro cesante-; en
cambio, si la afectación es extrapatrimonial, da origen a los daños morales o no patrimoniales.
En ese orden de ideas, se afirma que: “Todo daño supone la lesión de un bien jurídicamente
relevante. Si el daño afecta a la persona en cualquiera de sus esferas no patrimoniales, el daño
es de carácter moral.” Sentencia de Inconstitucionalidad, 53-2012, 23 de enero de 2015.

Ahora bien, en términos genéricos daño moral es la lesión que sufre una persona en su
honor, reputación, afectos o sentimientos, por acción culpable o dolosa; o como lo señala el art. 2
de la Ley de Reparación por Daño Moral, que lo define: “Se entenderá por daño moral cualquier
agravio derivado de una acción u omisión ilícita que afecte o vulnere un derecho
extrapatrimonial de la persona.” Lo anterior, genera responsabilidad de reparar el daño, con base
en el art. 2 inc. 3°, de la Constitución de la República; y el art. 7 LRDM.

Asimismo, doctrinariamente, infinidad de autores lo han conceptualizado. De ahí que, esta


Sala estima oportuno retomar la noción que proporciona el autor Jorge Mario Galdós, al decir de
forma muy completa, lo siguiente: “El daño moral comprende todos los detrimentos espirituales,
emocionales, mentales, de la conciencia y de los sentimientos no incapacitantes; dolor,
aflicciones, padecimientos, desconsuelo, desdicha, congoja, que generan malestar grave y que
alteran la trilogía de pensamientos, emociones y sentimientos, generando reacciones internas y
externas reveladoras de un estado de ausencia de bienestar y de esa situación vivencial
negativa.” (Jorge Mario Galdós, La responsabilidad civil, Rubinzal-Culzoni Editores, Buenos
Aires, 2021, Tomo II, pag. 358).

En razón de lo anterior, cabe también hacer la distinción entre el daño psicológico y el


moral, que en principio debe decirse, ambos (moral y psicológico) afectan la integridad de la
persona o el equilibrio espiritual; pero se diferencia si el desequilibrio espiritual genera
patologías, que afectan al individuo en sus actividades cotidianas (de orden laboral u otros
ámbitos no lucrativos), constituye daño psicológico.

Debe tenerse en cuenta, además, la consecuencia que genera este, tal como lo sostiene el
citado autor, en la obra arriba señalada, al exponer las diferencias entre ambos, concluye que, si
la afección se consolida como enfermedad o patología reversible (daño psicológico) “deja de
constituir una consecuencia resarcible en la esfera moral y asume la naturaleza de daño
material por incapacidad definitiva.” (Pag. 589 Op. cit.) Conceptualizaciones que deben tenerse
presente, al momento del planteamiento y juzgamiento de la pretensión de que se trate, daño
material, moral o psicológico.

2.4 Expuesto lo anterior, al analizar el caso en estudio, se advierte de la sentencia


impugnada, que el tribunal de alzada, en ningún momento hizo alusión alguna con lo relacionado
a la competencia para la tramitación -de forma conjunta-, de la pretensión relacionada. En el
proceso mediante el que se pretende el divorcio, esto es debido a que no fue objeto de
argumentación en el recurso de apelación interpuesto por el recurrente; advirtiéndose que tal
circunstancia tampoco fue objeto de discusión durante la tramitación del proceso en la primera
instancia.
Ahora bien, es preciso señalar, que en la legislación de familia se contemplan casos en los
que se habilita el reclamo de indemnización por daños morales como pretensión accesoria, en un
proceso de familia, verbigracia lo dispuesto en los arts. 97 y 150 CF; así como en el art. 268 CF,
y art. 143-A, de reciente adición a la Ley Procesal de Familia, que facultan para su reclamo en un
momento posterior, al juzgamiento y configuración de lo señalado en dichas disposiciones.

En lo que atañe al divorcio, el Código de Familia no regula de forma expresa, el derecho


de los cónyuges de reclamar indemnización por daños morales, a consecuencia de los actos
generadores por la intolerabilidad de la vida en común entre ellos; esto es, que no se ha previsto
que virtud del incumplimiento de los deberes conyugales, conlleve eventualmente a la disolución
del vínculo matrimonial, y tengan los cónyuges el derecho a peticionar una indemnización; y por
consiguiente, se habilite dilucidarse en el proceso de divorcio.

Sin embargo, jurisprudencialmente la referida pretensión resarcitoria, se ha admitido a


trámite y decisión por parte de los tribunales de familia, en la sustanciación de procesos de
divorcio. Lo anterior, ha tenido como fundamento, en principio, en la aplicación directa de la
norma Constitucional -art. 2 Cn-, que establece el derecho fundamental de toda persona a ser
indemnizada por daños de carácter moral.

Tal circunstancia se sostuvo en la sentencia de Inconstitucionalidad por omisión (Ref. 53-


2012, 23 de enero de 2015), al admitir la existencia de pronunciamientos de los jueces y
tribunales que garantizaban la operatividad del derecho, realizando la aplicación directa de dicha
norma constitucional. Adicionalmente, se ha sustentado dicha procedencia, en los tratados
internacionales de derechos humanos, como la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, entre otros.

Es importante enfatizar, que la referida sentencia de inconstitucionalidad, impuso al ente


legislativo la obligación de emitir una ley que fijara las condiciones para el ejercicio del referido
derecho; cuya ley efectivamente, fue promulgada mediante decreto de fecha diez de diciembre de
dos mil quince, vigente a partir del mes de enero de dos mil dieciséis, fecha desde la cual existe
un marco normativo para hacer valer las pretensiones sobre indemnizaciones por daños morales;
y razón por la que resulta valedero analizar, si a partir de la entrada en vigencia de la Ley de
Reparación por Daño Moral, continua siendo procedente que los tribunales de familia, tramiten
pretensiones de tal orden, en los casos en los que no está contemplada de forma expresa en la
legislación de familia, como sucede en los casos de divorcio.

2.5 En ese orden, si bien, el reclamo indemnizatorio por daños morales, en el multicitado
supuesto, ha sido admitido por los tribunales de familia, bajo el fundamento señalado, en aras de
operativizar el derecho fundamental establecido en la norma constitucional -art. 2, inc. 3° Cn-,
como bien se señaló en la referida sentencia de inconstitucionalidad, resulta pertinente traer a
cuenta lo que dispone en su art. 9 de la LRDM, en el que claramente establece la regla general del
proceso por el que debe ventilarse esta clase de pretensión, esto es, el proceso declarativo común
que regula el Código Procesal Civil y Mercantil, mismo que tiene naturaleza y procedimiento
diferente al proceso contencioso de familia.

Asimismo, es importante subrayar lo que establece el art. 21 de la Ley de Reparación por


Daño Moral, que literalmente expresa: “Las causales y procedimientos sobre daño moral
previstos en Leyes especiales, se tramitarán conforme a lo previsto en dichas normas.”;
significando que, los únicos supuestos de reclamos de indemnización por daños morales que
deben tramitarse en la jurisdicción de familia, son aquellos en los que la normativa de familia
(ley especial) ha establecido ciertas causales -de forma expresa- y el procedimiento a seguir; es
decir, bajo el procedimiento que contemplan dichos cuerpos normativos.

En ese sentido, debe tenerse claridad, que fuera de los supuestos que se establecen en leyes
especiales, señaladas previamente, deberá tramitarse el referido reclamo en la jurisdicción Civil y
Mercantil, bajo el proceso declarativo común, que es lo que prevé esta última norma y que
constituye, como ya se apuntó, la regla general para incoar pretensiones sobre daño moral;
incluyéndose desde luego la pretensión indemnizatoria como la reclamada en procesos de
divorcio.

2.6 Ahora bien, respecto de los daños morales originados a consecuencia del divorcio, que
es donde se ha planteado la pretensión resarcitoria, por considerar que estos se han ocasionado
durante la vida matrimonial, resulta necesario aclarar, al margen de la discusión doctrinal y
jurisprudencial que ello ha motivado, en cuanto a su procedencia o denegatorio, es pertinente
distinguir si la conducta impropia que se alega como generadora de los daños, corresponde a: i) el
deber jurídico general de “no dañar” (obrar antijuridico), como sería el caso de ejercer violencia
intrafamiliar, por parte de uno de los cónyuges hacia el otro durante la vida en común; o ii) si se
trata de incumplimiento de deberes intramatrimoniales, como sería el caso del “deber de
fidelidad”; que en su momento, han sido denunciados para el reclamo de indemnización en los
procesos de divorcio.

i) En el primero de los supuestos antes referidos, esta Sala considera necesario destacar,
que resulta procedente el planteamiento de la pretensión indemnizatoria por daños morales, en los
procedimientos de violencia intrafamiliar en la jurisdicción especializada de violencia contra la
mujer; ello en virtud de estar contemplado su reclamo en la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, “Convención de Belem do Para”,
al estatuir en su art. 7 lit. g), la obligación de los Estados de “establecer los mecanismos
judiciales y administrativos necesarios para asegurar que la mujer objeto de violencia tenga
acceso efectivo a resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos y
eficaces,”. Lo anterior, constituye una obligación de los juzgadores el garantizarlo, en aplicación
del control de convencionalidad; y por ende se considera, que es procedente su tramitación en
dichos procesos de violencia.

ii) En el segundo caso, esto es, cuando dicho reclamo indemnizatorio, tenga su origen en el
incumplimiento de los deberes matrimoniales (respeto, fidelidad, etc., art. 36 CF), o cualquier
otra causa que eventualmente ha generado daños de orden extrapatrimonial en la persona,
corresponderá tramitarse de forma autónoma, mediante las causales y procedimiento que
establece la Ley de Reparación por Daño Moral (arts. 3 y 9); puesto que, es así, como debe
entenderse lo dispuesto en el art. 21 de la LRDM; ello en razón de no disponerse las causas de su
procedencia en forma expresa, en la normativa de familia; situación que ya ha sido señalada en
precedente de esta Sala, en la casación con referencia 32-CAF-2023, de fecha veintisiete de junio
de 2023.
Es preciso traer a cuenta lo anterior, en virtud de que la ley especial de daños morales, ha
establecido las condiciones generales que deben tenerse presente para el reclamo de dicha
pretensión. Sobre esto último, debe resaltarse y tenerse presente lo señalado por la sentencia de
inconstitucionalidad por omisión, que obligó al legislador a su pronunciamiento, cuando
determinó que “(...) es pertinente que la Asamblea Legislativa emita la normativa en la que fije
de manera clara, precisa, organizada y sistemática las condiciones relativas a dicha modalidad
de indemnización, la cual sirva de marco general para el resto de disposiciones, que presuponen
esta regulación.”

Dicha situación, por un lado, justificó la emisión de la Ley de Reparación de Daño Moral,
a efecto de establecer lo pertinente para el ejercicio de dicha acción resarcitoria, que implica
además el establecimiento de órganos competentes y el procedimiento, para efectivizar tal
derecho fundamental; lo cual está en función con el principio de legalidad y jurisdiccionalidad,
aspecto señalado por la Sala de lo Constitucional, en sentencia de Inconstitucionalidad 37-2004,
de fecha 26 de enero de 2011.

Por otro lado, debe tenerse claro que la ley prevé un marco general, en lo aplicable, para el
resto de disposiciones que presuponen la regulación de indemnización por daño moral, como
serían los supuestos previstos de forma expresa en la normativa de familia. Quedando además,
debidamente entendido lo dispuesto en el citado art. 21 LRDM, ya que a partir de la entrada en
vigencia de la LRDM, cualquier otra pretensión indemnizatoria, debe tramitarse en la forma y
ante el ente jurisdiccional que corresponda -como ya se señaló-; no resultando viable la admisión
y tramitación de tal pretensión, en los casos en los que no se ha dispuesto expresamente haber
lugar al daño moral, so pretexto de la aplicación directa del precepto constitucional, cuando ya se
ha configurado debidamente en una ley especial.

Sin perjuicio de lo anterior, esta Sala considera necesario recalcar que, como ya se ha
apuntado, dentro de la normativa de familia no se ha contemplado reclamo alguno de
indemnización para los cónyuges, al momento de disolver su vínculo matrimonial, esto es, la
disolución -divorcio-no genera per se efectos que originen un resarcimiento; debiendo agregar
también que, existen otros derechos subjetivos plasmados en la ley, que válidamente pueden
hacerse valer por los cónyuges en el proceso de divorcio, como sería el caso de la pensión
compensatoria, pensión alimenticia especial, reclamo de los gastos de familia, y la misma
liquidación del régimen patrimonial del matrimonio. Si bien tales derechos no tienen en estricto
sentido naturaleza resarcitoria, pues se basan en los principios de solidaridad e igualdad,
coadyuvan al logro del valor justicia para el cónyuge que resulte afectado con la ruptura de la
relación matrimonial.

2.7 Con base a lo antes esgrimido, debemos enfatizar que el caso que nos ocupa, la
pretensión de indemnización por daños morales, no debió tramitarse como pretensión accesoria
en el divorcio, independientemente si tiene sustento en el primero o segundo de los supuestos
antes mencionados; pues dependiendo de ello, procederá que sea un tribunal de familia el que
conozca, pero en un procedimiento de violencia intrafamiliar, o ante los Tribunales
Especializados para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres.

Debiendo acotar, sin embargo, que únicamente sería la jurisdicción especializada la que
deberá tramitar en su caso dicha pretensión indemnizatoria, ya que, de acuerdo a recientes
precedentes de esta Corte, se ha resuelto conflictos de competencia, en los que se ha determinado
que “cuando la víctima sea mujer”, debe aplicarse la normativa especializada y no la Ley
Contra la Violencia Intrafamiliar, aun cuando se trate de relaciones dentro del ámbito familiar,
(Ref. 182-COM-2023, de las once horas cincuenta y cuatro minutos del dieciocho de julio de dos
mil veintitrés).

De ahí que, si se trata del segundo de los supuestos referido (indemnización por daños ante
el incumplimiento de los deberes matrimoniales), deberá plantearse el proceso correspondiente
ante la jurisdicción civil y mercantil, de acuerdo a lo dispuesto en la Ley de Reparación por Daño
Moral. Advirtiendo esta Sala que, en la sentencia de primera instancia, en su fundamentación se
expresó que la demandante, señora **********, “[...]tiene derecho a que se le resarzan los
daños, ocasionados por el señor **********, producto del quebrantamiento de los deberes del
matrimonio, que hicieron que la vida en común dentro del matrimonio, fuera intolerable para
ella, por lo que se estableció a su favor una determinada cantidad de dinero, tomándose en
consideración que esos deberes fueron incumplidos en forma reiterada por parte de dicho señor,
y que según se comprobó estuvieron referidos a la infracción grave del deber de respeto y
consideración, vivir juntos y de asistencia recíproca [...]” (sic).

Sin embargo, el tribunal de segunda instancia, resalta que procede la indemnización por
daño moral reclamado, en atención a considerar “que ha existido una clara violación al derecho
de una vida libre de violencia y a la integridad moral de la señora **********, por parte del
señor **********,”. Su argumento se orientó en que, la existencia de violencia intrafamiliar, es
lo que ha producido los daños de carácter moral en la expresada demandante, señalando incluso -
dicho tribunal-, que el demandado en él recurso de apelación, ha justificado su actuar y
minimizado las consecuencias que pudo producir dicho actuar, al reconocer -según se refiere- la
falta a los deberes conyugales de forma grave.

No obstante, que los hechos de violencia ocurrieron tal pretensión debió incoarse en el
proceso de violencia, que se tramitó ante el Juzgado Especializado Primero de Instrucción para
una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres, lo que no fue reclamado, según
consta en la certificación expedida por el referido tribunal.

2.8 En definitiva, con base a lo antes expuesto, no es competente el juzgado de familia


para tramitar la pretensión de indemnización de daño moral en el divorcio, pues esta debe ser
sujeta de control judicial en la jurisdicción civil y mercantil, conforme a las normas de la ley
especial (LRDM), y no en la jurisdicción de familia, como se ha indicado; debiendo señalarse que
lo procedente, era que el juzgador de familia declarara improponible la misma. En su caso la
Cámara, debió advertir esta circunstancia y resolver en ese sentido, por lo que esta Sala considera
que el tribunal de alzada incurrió en la infracción argumentada por el impetrante y, en
consecuencia, hay lugar a casar la sentencia por el submotivo de falta de competencia en
infracción del art. 9 LRDM.

POR TANTO: de conformidad a las razones expuestas, disposiciones legales citadas y


arts. 519, 535 y 537 CPCM, a nombre de la República de El Salvador, esta Sala FALLA:

a) No ha lugar a casar la sentencia, por el motivo de forma, infracción de requisitos


internos y externos de la sentencia, por falta de congruencia, con infracción del art. 515 CPCM.

b) Ha lugar a casar la sentencia de mérito por el motivo de forma, por falta de


competencia, en infracción del art. 9 de la Ley de Reparación de Daño Moral;

c) DECLARESE incompetente el Juzgado Cuarto de Familia de San Salvador, de


conocer el reclamo de daños morales, interpuesto en el proceso de divorcio de la señora
********** y el señor **********, en virtud que tal pretensión debe tramitarse, conforme a lo
dispuesto en el art. 9 LRDM; y consecuentemente, ANÚLASE parcialmente el literal b) de la
sentencia pronunciada por la Cámara de Familia de la Sección del Centro, en lo relativo a la
condena de indemnización por daño moral; quedando anulada también la sentencia de primera
instancia específicamente el numeral 10, respecto de la pretensión indemnización por daño moral.

d) Notifíquese esta resolución al recurrente, licenciado Pablo Montano hijo, por medio
del Sistema de Notificación Electrónica: **********; a los licenciados Gerardo Napoleón
Cisneros Joyel y Ana Elizabeth Fuentes Saavedra, apoderados de la señora **********, por
medio del Sistema de Notificación Electrónica: ********** y **********, respectivamente.

-------------ALEX MARROQUIN-------------DAFNE S.-----------------L. R. MURCIA---------------


--------------PRONUNCIADO POR LOS MAGISTRADOS QUE LO SUSCRIBEN----------------
-----------------KRISSIA REYES----------------SRIA------------------RUBRICADAS------------------

VOTO DISIDENTE DE LA MAGISTRADA


DAFNE YANIRA SÁNCHEZ DE MUÑOZ

Dafne Yanira Sánchez de Muñoz, magistrada de la Sala de lo Civil de la Corte Suprema de


Justicia, en el incidente de casación 141-CAF-2023, emito voto disidente con base en los
artículos 220 CPCM y 218 LPRF, por no estar de acuerdo con la decisión que antecede, no
obstante haber firmado la respectiva resolución, tal como lo dispone el primero de los artículos
citados. Fundamento mi voto en las siguientes consideraciones.

En la sentencia respecto de la cual disiento, se ha resuelto, entre otros, lo siguiente: “a)


No ha lugar a casar la sentencia, por el motivo de forma, infracción de requisitos internos y
externos de la sentencia, por falta de congruencia, con infracción del art. 515 CPCM. b) Ha lugar
a casar la sentencia de mérito por el motivo de forma, por falta de competencia, en infracción del
art. 9 de la Ley de Reparación de Daño Moral; c) DECLARESE incompetente el Juzgado Cuarto
de Familia de San Salvador, de conocer el reclamo de daños morales, interpuesto en el proceso de
divorcio de la señora (...), en virtud de que tal pretensión debe tramitarse, conforme a lo
dispuestos en el art. 9 LRDM; y en consecuencia, ANÚLESE parcialmente el literal b) de la
sentencia pronunciada por la Cámara de Familia de la Sección del Centro, en lo relativo a la
condena de indemnización por daño moral; quedando anulada también la sentencia de primera
instancia específicamente el numeral 10, respecto de la pretensión indemnización por daño moral
(...)” (sic).

Sobre el submotivo de falta de congruencia

Al calificar la admisibilidad del recurso de casación que ahora se resuelve, emití voto
disidente con relación a la decisión de admitir el submotivo de forma, concerniente a la
infracción de los requisitos internos de la sentencia, por incongruencia; puesto que, a mi juicio, el
mismo debía declararse inadmisible por falta de fundamentación.

En consecuencia, a mi juicio, lo procedente, en este caso, es que se revoque la admisión


del recurso interpuesto, en cuanto al submotivo de forma, relativo a la infracción de los requisitos
internos de la sentencia, por incongruencia. No resulta procedente emitir una decisión de fondo,
respecto de un recurso que, tal y como en su momento lo consideré, no cumple con los requisitos
de admisibilidad.

Sobre el submotivo de falta de competencia


Oportunidad para invocar el submotivo de falta de competencia en razón de la materia

En el presente caso, la cuestión relativa a la competencia en razón de la materia, para


conocer de la pretensión de indemnización por daño moral y daño psicológico, no fue objeto de
discusión en las instancias previas. Más bien, el vicio de falta de competencia fue planteado hasta
llegar a este grado de conocimiento.

La regla general es que los submotivos de forma requieren que las partes los hayan
denunciado en grado de apelación. Sin embargo, en lo que concierne al submotivo que ahora se
examina, tal requisito opera de forma diferente, puesto que, dada que la competencia en razón de
la materia es improrrogable y que su configuración provoca un vicio cuya trascendencia lo vuelve
insubsanable, el tribunal que conoce del recurso, está habilitado para examinarlo y resolverlo, tal
y como se ha hecho en la decisión que precede (con la aclaración de que tal decisión, a mi juicio,
no es la procedente).

Expreso lo anterior para efectos aclaratorios, a fin de tener presente los alcances de la
institución de la casación.

Consideraciones sobre la decisión adoptada

No comparto los argumentos ni la decisión adoptada, en lo relativo al submotivo de falta


de competencia, por infracción del art. 9 de la Ley de Reparación de Daño Moral.

Conceptualización de daño moral y daño psicológico

Para iniciar, es oportuno destacar que, en la sentencia respecto de la cual emito este voto,
se ha intentado distinguir los conceptos de daño moral y daño psicológico. Al respecto, se ha
expresado lo siguiente: “En razón de lo anterior, cabe también hacer la distinción entre daño
psicológico y el moral, que en principio debe decirse, ambos (moral y psicológico) afectan la
integridad de la persona o el equilibrio espiritual; pero se diferencia si el desequilibrio espiritual
genera patologías, que afectan al individuo en sus actividades cotidianas (de orden laboral u otros
ámbitos no lucrativos), constituye daño psicológico”.

Y después de citar algunas consideraciones teóricas-bibliográficas, se ha expresado que se


trata de “Conceptualizaciones que deben tenerse presente, al momento del planteamiento y
juzgamiento de la pretensión de que se trate, daño material, moral o psicológico” (sic).

Sin embargo, considero que tal conceptualización es imprecisa, porque, pese al esfuerzo
plausible por pretender distinguir ambas categorías (daño moral y daño psicológico), no se hace
alusión a la identidad que las define. Si bien, tanto el daño moral como el daño psicológico se
manifiestan en el ámbito de la personalidad, la diferencia sustancial no radica en que uno genera
patologías, y el otro no.

Y si bien es cierto, el objeto principal de este incidente no es delimitar el contenido o


significado de daño moral y daño psicológico, considero que es importante abordar este aspecto,
tanto para resolver el submotivo invocado, como para el desarrollo de la doctrina de la
responsabilidad civil, cuyos principios y reglas resultan aplicables al ámbito del derecho de
familia.

Así las cosas, debo señalar que, el aspecto distintivo, sustantivo, entre daño moral y daño
psicológico, radica en la naturaleza específica del bien afectado. Ambos afectan la personalidad,
es decir, la interioridad de cada sujeto; pero, pese a ello, el ámbito material de su manifestación
es diferente.

La integridad moral y la integridad psicológica, junto a la integridad física (o corporal),


constituyen vertientes del derecho fundamental a la integridad personal (artículo 2 Cn). Así se
sostuvo en la sentencia pronunciada por la Sala de lo Constitucional, el once de marzo de dos mil
quince, en el proceso de amparo clasificado bajo la referencia 749-2014.

En dicha sentencia se logró distinguir con claridad la protección que confiere la integridad
personal en el ámbito de lo psicológico y en lo concerniente a lo moral. En tal sentencia se
sostuvo que, “en lo concerniente al ámbito psicológico del ser humano, la integridad se entiende
como la preservación total y sin menoscabo de la psiquis de una persona, es decir, de las plenas
facultades mentales propias de su actividad cerebral, tales como la razón, la memoria, el
entendimiento, la voluntad, etc.” (resaltado propio).

En cuanto a lo moral, se expresó que “la integridad representa la capacidad y la


autonomía del individuo para mantener, cambiar y desarrollar sus valores y personalidad.
Cualquier tipo de atentado que degrade y lesione moralmente a una persona, como los insultos, la
difamación, la trata de personas o las violaciones o abusos sexuales, puede comprometer no solo
la dimensión física y psicológica de un individuo, sino también su dimensión moral” (resaltado
propio).

Como se observa, la distinción entre lo moral y lo psicológico no gira en torno a las


manifestaciones del daño, sino a la naturaleza específica del bien sobre el cual recae. La
importancia de distinguir esto no es por efectos meramente conceptuales, sino que tiene
incidencia práctica, en cuanto a la forma de probar el daño, evaluar su existencia y adoptar las
medidas de su reparación.

Por su parte, la Ley de Reparación por Daño Moral (LRDM), en su artículo 2, define al
daño moral, como “cualquier agravio derivado de una acción u omisión ilícita que afecte o
vulnere un derecho extrapatrimonial de la persona”. Como se observa, únicamente hace énfasis
en el aspecto extrapatrimonial, sin distinguir entre los tipos de daño moral.

Todo lo antes expresado está relacionado con la aptitud técnica del tribunal para conocer
de la pretensión de indemnización por daño moral; es decir, con el criterio de competencia en
razón de la materia, según el criterio de especialidad. En efecto, la especialidad de la materia
confiere una perspectiva técnica adecuada, que permite responder a las peculiaridades de los
hechos que se someten a debate, como aquellos que han provocado los daños morales alegados
por la víctima, según lo explicaré más adelante.

El concepto de “daño moral” confiere cobertura al “daño moral propiamente dicho” y al


“daño psicológico”. Por ello, cuando el artículo 2 inciso 3° Cn, expresa que “se establece la
indemnización, conforme a la ley, por daños de carácter moral”, se refiere a ambos tipos de daño.
Por tanto, pese a que el concepto de “daño moral” incluye a las categorías de “daño moral” y
“daño psicológico”, es necesario hacer la distinción antes expresada, porque, como ya se dijo, la
claridad de este aspecto incide en la prueba, evaluación y reparación de esta clase de daños.

Sobre los criterios de competencia

La potestad de juzgar y ejecutar lo juzgado se denomina jurisdicción (artículo 172 Cn). La


potestad de juzgar y ejecutar determinados asuntos recibe el nombre de competencia. Para
determinar si un juez está habilitado para juzgar determinado asunto es necesario examinar los
límites de su potestad jurisdiccional. Esos límites están definidos por los criterios de
competencia, es decir, por las razones técnicas adoptadas por el ordenamiento jurídico para
ejercer el poder jurisdiccional. Estos criterios son, en verdad, criterios para el establecimiento de
mecanismos de control intraorganicos, por cuanto impiden que el poder se ejerza fuera de los
ámbitos que le corresponden.

Existen diversos criterios de competencia. Por ejemplo, el territorio, por el cual se limita el
ejercicio del poder jurisdiccional dentro de un ámbito territorial determinado; y la cuantía, en
tanto que los jueces están habilitados para resolver las controversias que están dentro de los
límites económicos definidos a ese efecto. Otro criterio de competencia, es la materia, cuya
lógica responde al principio de la división del trabajo, de racionalidad o de especialidad, debido a
que la resolución de los conflictos que se generan dentro determinado ámbito material de la
realidad, se encarga a jueces “especializados” en ese ámbito material.

A partir de los anteriores criterios, se habla de jueces de San Salvador, de jueces de menor
cuantía o de jueces de familia, quienes están habilitados para juzgar y ejecutar lo juzgado, dentro
de los límites territoriales, económicos y materiales de la controversia, según los criterios de
competencia establecidos por el ordenamiento jurídico. En el fondo, como ya se dijo, se trata de
criterios que ordenan y limitan el ejercicio del poder jurisdiccional, al mismo tiempo que
coadyuvan a la gestión del sistema de administración de justicia.
Es importante destacar que los criterios de competencia persiguen no solo limitar el poder
jurisdiccional, sino también operativizar los sistemas procesales, según la lógica que les inspira.
Por ejemplo, el criterio de competencia en razón del territorio busca una adecuada distribución de
la carga laboral, al mismo tiempo que potencia las posibilidades de acceso a la jurisdicción. A su
vez, el criterio de competencia en razón de la materia, persigue el tratamiento especializado y
uniformado de las controversias, según la naturaleza de los hechos que las generan.

Por tanto, no es la voluntad del juzgador la que configura el criterio de competencia, sino
que el criterio de competencia establecido por el legislador, es el que define el campo de
actuación del juzgador. En consecuencia, para establecer si un juez ha ejercido su potestad
jurisdiccional, estando habilitado para ello, es necesario examinar el contenido y alcance del
criterio en juego, y de la respectiva regulación.

Criterio de competencia en razón de la materia

En el presente caso, se presentó demanda de divorcio por ser intolerable la vida en común
entre los cónyuges, a la cual se acumuló la pretensión de indemnización por daños morales y la
pretensión de indemnización por daños psicológicos. Sin embargo, el recurrente alega que, fuera
de los supuestos previstos en los artículos 97, 122 y 150 del Código de Familia (que se refieren a
la nulidad del matrimonio, a la muerte del conviviente y la declaratoria judicial de paternidad),
“la normativa de familia no prevé ningún reclamo de indemnización por daños morales”. En otras
palabras, el recurrente alega que los jueces de familia que conocieron de este caso, no están
habilitados para conocer de la pretensión de indemnización por daño moral y daño psicológico,
por carecer de competencia.

En la sentencia respecto de la cual disiento, se ha destacado que, “el Código de Familia no


regula de forma expresa, el derecho de los cónyuges de reclamar indemnización por daños
morales, a consecuencia de los actos generadores por la intolerabilidad de la vida en común entre
ellos; esto es, que no se ha previsto que virtud del incumplimiento de los deberes conyugales,
conlleve eventualmente a la disolución del vínculo matrimonial, y tengan los cónyuges el derecho
a peticionar una indemnización; y por consiguiente, se habilite dilucidarse en el proceso de
divorcio”.

Sobre lo anterior, en primer lugar, debe partirse del contenido del artículo 2 inciso 3° Cn,
el cual consagra el derecho a la reparación por daños moral. En efecto, el derecho fundamental a
la reparación por daño moral confiere cobertura frente a cualquier hecho que genere ese tipo de
consecuencias. Así, pues, no es necesario que la normativa de familia regule, de forma expresa, el
derecho a reclamar indemnización por los daños morales, sufridos a consecuencia del
incumplimiento de los deberes conyugales, para reclamar su indemnización.

Determinar cuál es la autoridad competente, es lo que interesa en este caso. Al respecto,


en la sentencia que precede, se manifiesta que “el reclamo indemnizatorio por daños morales (...)
ha sido admitido por los tribunales de familia (...) en aras de operativizar el derecho fundamental
establecido en la norma constitucional -art. 2, inc. 3° Cn- (...) resulta pertinente traer a cuenta lo
que dispone el art. 9 de la LRDM, en el que claramente establece la regla del proceso por el que
debe ventilarse esta clase de pretensión, esto es, el proceso declarativo común que regula el
Código Procesal Civil y Mercantil, mismo que tiene naturaleza y procedimiento diferente al
proceso contencioso de familia” (resaltado propio).

Asimismo, agrega que, “es importante subrayar lo que establece el art. 21 de la Ley de
Reparación por Daño Moral, que literalmente expresa: “Las causales y procedimientos sobre
daño moral previstos en Leyes especiales, se tramitarán conforme a lo previsto en dichas
normas.”; significando que, los únicos supuestos de reclamos de indemnización por daños
morales que deben tramitarse en la jurisdicción de familia, son aquellos en los que la normativa
de familia (ley especial) ha establecido ciertas causales -de forma expresa- y el procedimiento a
seguir; es decir, bajo el procedimiento que contemplan dichos cuerpos normativos”.

No obstante, considero que se ha realizado una interpretación inadecuada de los artículos


9 y 21 LRDM. Primero, porque ninguno de esos artículos establece criterios de competencia en
razón de la materia (que es el aspecto central a considerar); y, segundo, porque se anula la lógica
que inspira al referido criterio de competencia, es decir, la especialidad de la materia. Procedo a
explicar tales consideraciones en ese mismo orden.
El artículo 9 LRDM, citado como infringido por el recurrente, dispone “La acción para
reclamar reparación por daños y perjuicios se tramitará siguiendo los procedimientos previstos
para el proceso declarativo común, establecido en el Código Procesal Civil y Mercantil”. Como
se observa, dicha disposición establece una regla relativa al tipo de proceso, y no un criterio de
competencia en razón de la materia. La regla consiste en que la pretensión de reparación por
daño moral debe tramitarse por medio del proceso declarativo común (regulado en el CPCM).

Con lo anterior, el legislador ha pretendido que la pretensión de reparación por daño


moral, al tramitarse de manera autónoma, debe sustanciarse en un proceso que ofrezca amplias
garantías de contradicción y defensa.

Por su parte, el artículo 21 LRDM, también establece una regla de procedimiento, relativa
a que las causas y procedimientos sobre daño moral contempladas en leyes especiales, se
tramitarán conforme a lo previsto en dichas normas.

En consecuencia, ni el artículo 9, ni el artículo 21, ambos del LRDM, inhiben al juez de


familia para conocer y resolver las pretensiones sobre daño moral y daño psicológico, cuyos
hechos generadores están dentro del ámbito material de su competencia, como es el
incumplimiento de los deberes conyugales.

El legislador al emitir la LRDM, no hizo alusión a un orden competencial específico, pues


tales pretensiones pueden originarse en todos los ámbitos del Derecho, entre los que se encuentra,
por supuesto, el Derecho de familia.

Considerar que el juez competente para conocer de este tipo de pretensiones es el juez de
lo civil, implica ignorar que, desde 1994, año en el que se sustrajeron los asuntos familiares de la
jurisdicción civil, se instituyeron jueces especializados para resolver los conflictos derivados de
las relaciones familiares. Desde entonces, el juez natural de los conflictos propios del ámbito
familiar, es el juez de familia. Concluir en otro sentido, no solo es retroceder en la lógica de
especialidad que inspiró la escisión del Derecho de familia respecto del Derecho civil, sino que
conlleva la inmediata consecuencia de desnaturalizar el tratamiento de este tipo de conflictos.
Tan cierto es esto, que, aun cuando existen disposiciones legales que, expresamente
confieren competencia al juez de lo civil sobre asuntos estrictamente familiares, se ha entendido
que tal regulación resulta inadecuada, de cara al criterio de especialidad que prevalece en materia
de competencia. En efecto, aunque el artículo 23 de la Ley del Nombre de la Persona Natural
(LNPN), dispone que el juez competente para conocer de la pretensión de cambio de nombre y de
apellido, es el de primera instancia que conozca de la materia civil, se ha entendido que, al ser
el nombre una cuestión asociada al estado familiar, se trata de una cuestión adscrita al ámbito del
derecho de familia. Por tanto, los jueces competentes, por razón de la materia, para conocer de
dichas pretensiones, son los jueces de familia, a partir de la adopción del Código de Familia.

Por efectos ilustrativos, destaco que, la Corte Plena, mediante resolución de las quince
horas diez minutos del uno de marzo de dos mil once, en el conflicto de competencia 202-D-
2010, sostuvo que, “(...) esta Corte ha resuelto recientemente en dos ocasiones (43-D-2010 y 214-
D-2009), que lo relativo al nombre de la persona natural corresponde a la competencia del
Derecho de Familia y específicamente a un Juez de Familia. Las razones para sostener lo anterior
se recogen en dichas sentencias a las cuales nos remitidos a efecto de ahondar sobre su
fundamentación. En las mismas se manifestó que la competencia sobre el nombre se le atribuyó
al Juez Civil en tanto no existieran Jueces de Familia, tal como se expuso en la Ley del Nombre
de la Persona Natural”, en el año 1987

No debe perderse de vista que la LNPN es anterior al Código de Familia (CF), por lo que
al entrar en vigencia la jurisdicción de familia, el conocimiento de tales asuntos, debía pasar a los
jueces con competencia en esta materia. El carácter especializado provoca un efecto atractivo, en
el sentido de que las controversias adscritas a su ámbito material, deben sujetarse a ese mismo
ámbito de control.

Por ello, si bien no existe norma que disponga que, los jueces de familia pueden conocer
de la pretensión de daño moral junto a la pretensión de divorcio, el criterio de competencia en
razón de la materia, orienta a entender que, si los hechos que sirven de fundamento a las
pretensiones indemnizatorias son los mismos que sirven de fundamento al divorcio por vida
intolerable, o son hechos propios de las relaciones familiares, el juez competente para conocer de
las mismas es el juez de familia.

A mi juicio, cualquier otra conclusión al respecto, podría constituir una vulneración a la


garantía del juez natural y, en consecuencia, el proceso adolecería de irregularidades
trascendentales.

Por tanto, a mi juicio, no se configura el submotivo de casación invocado. Lo procedente


es desestimar el recurso de casación, por el submotivo de falta de competencia.

Así mi voto.

---------------------DAFNE S.---------------MAGISTRADA------------RUBRICADA------------------

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