FC618
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CONSIDERANDO:
I. Mediante sentencia de las ocho horas quince minutos del tres de noviembre de dos mil
veintidós, el Juzgado Cuarto de Familia de San Salvador, resolvió: “[...] 1) HA LUGAR A
DECRETAR EL DIVORCIO DE LA SEÑORA ********** Y EL SEÑOR **********, por el
motivo de ser intolerable la vida en común entre los cónyuges, por haberse incumplido en forma
reiterada los deberes de vivir juntos, respeto y consideración y asistencia recíproca; 2)Queda en
consecuencia disuelto el vínculo matrimonial por ellos contraído el treinta y uno de mayo de dos
mil ocho; 3) No ha lugar a decretar el divorcio por el motivo de separación entre los cónyuges
durante uno o más años consecutivos. 4) La AUTORIDAD PARENTAL sobre los hijos
********** y **********, será ejercida por ambos padres; 5) EL CUIDADO PERSONAL y la
REPRESENTACIÓN LEGAL EN FORMA EXCLUSIVA sobre los mismos será ejercido por
la señora **********; 6) El RÉGIMEN DE COMUNICACIÓN Y VISITAS para que el padre
se relacione con sus hijos, será cada quince días, debiendo retirar a sus hijos el día viernes a
mediodía y regresarlos el día domingo hasta las ocho de la noche, además puede ir a traerlos el
día miércoles desde el mediodía y devolverlos hasta las ocho de la noche; en cuanto a las
vacaciones de semana santa, fiestas de agosto, navidad y fin de año, así como las pausas
escolares que puedan tener los hijos, será compartidas en un cincuenta por ciento para cada
padre, alternando por año el padre o madre que comenzará a gozar el periodo vacacional, que
los días veinticuatro y veinticinco de diciembre los hijos pasarán con el padre, y los días treinta
uno de diciembre y uno de enero pasaran con la madre; asimismo el día de la madre, los hijos
pasarán con la madre, y el día del padre, los hijos pasarán con el padre, debiendo respetar las
invitaciones a los cumpleaños de los abuelos maternos y paternos; de igual manera ambos
padres deberán otorgar las respectivas autorizaciones de salidas del país de sus hijos, cuando
así se les requiera para el esparcimiento de los mismos; 7) La CUOTA ALIMENTICIA, con la
que contribuirá el señor **********, será de DOS MIL dólares de los Estados Unidos de
América, en forma mensual, correspondiendo el cincuenta por ciento para cada uno de sus hijos,
cantidad que será depositada a finales de cada mes en la cuenta de ahorros ya aperturada al
efecto del Banco Cuscatlán número **********, a nombre de la señora **********; así mismo
el señor **********, debe asumir el pago de colegio, matricula, seguro médico hospitalario y
seguro de vida, de sus dos hijos; 8) Quedan sin efecto, los alimentos provisionales establecidos
mediante resolución pronunciada a las once horas con cuarenta y ocho minutos del día
dieciocho de marzo de dos mil dieciocho; 9) En cuanto a la pensión compensatoria, la misma se
establece en la suma de CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América, a
cargo del señor ********** y a favor de la señora **********, que deberá ser depositada el
último día de cada mes en la cuenta antes referida, en cantidades mensuales de mil dólares de
los Estados Unidos de América. 10) La indemnización por daños morales para la señora
**********, y a cargo del señor **********, se establece por la cantidad de CINCUENTA MIL
DÓLARES de los Estados Unidos de América, y la indemnización por daños psicológicos, en
beneficio de dicha señora, y a cargo del referido señor, se establece por la cantidad de
CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América y la indemnización por daños
psicológicos, en beneficio de dicha señora, y a cargo del referido señor, se establece por la
cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES de los Estados Unidos de América, sumas de dinero
que deberán ser depositadas en la cuenta bancaria ya relacionada, en un plazo máximo de tres
años, contados a partir de la fecha en que quede ejecutoriada la sentencia de divorcio; 11) No
ha lugar a establecer indemnización por daños psicológicos a favor del adolescente **********,
ni de la niña **********; [...]” (sic).
II. La Cámara de segunda instancia, ante el recurso de apelación interpuesto contra la
sentencia antes referida, con fecha treinta y uno de marzo de dos mil veintitrés, falló : “[...] a)
CONFÍRMASE la sentencia venida en apelación, en el punto que estableció la cantidad de DOS
MIL DÓLARES ($2,000.00) mensuales en concepto de cuota alimenticia a favor de la niña
********** y el adolescente **********, ambos de apellidos **********, en razón de
cincuenta por ciento para cada uno, siendo el obligado el señor **********, adicionalmente
deberá cubrir el pago de colegiaturas, matriculas, seguros médico hospitalario, seguros de vida
de ambos hija e hijo los cuales serán efectivo en la forma establecida en la sentencia recurrida;
asimismo se recalca que en el mes de diciembre de cada año, el obligado deberá cumplir con el
decreto legislativo correspondiente al pago del aguinaldo, para lo cual deberá proporcionar una
cuota alimenticia adicional a la fijada en este proceso, o en caso de ser asalariado deberá
proporcionar el treinta por ciento de su aguinaldo a favor de su hija. b) CONFÍRMASE el
punto de la sentencia apelada que estableció en concepto de indemnización por daño moral la
cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000), a favor de la señora **********, siendo el
obligado el señor **********; así como la indemnización por daño psicológico por la cantidad
de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000) a favor de la señora **********, siendo el obligado
el señor **********; por lo que el pago de la misma deberá hacerse efectivo en la forma
establecida en la sentencia recurrida. c) CONFÍRMASE el punto de la sentencia apelada que
estableció en concepto de Pensión Compensatoria la cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES
($50,000) a favor de señora la señora **********, siendo el obligado el señor **********, la
cual será efectiva de la manera que se estableció en la sentencia recurrida [...]” (sic). sic).
1. En lo que atañe al motivo de quebrantamiento de las formas esenciales del proceso, por
infracción de requisitos internos y externos de la sentencia, por falta de congruencia de la
sentencia, con infracción del art. 515 CPCM., esta Sala advierte, que el impetrante alega
específicamente, que el tribunal de alzada omitió pronunciarse respecto de todos y cada uno de
los puntos propuestos en su recurso de apelación, sosteniendo que la sentencia impugnada: “[...]
carece de toda congruencia, por cuanto no has resuelto de forma clara y precisa sobre todas las
pretensiones y puntos litigiosos planteados y debatidos en el recurso de apelación, y porque, aun
teniendo presente los planteamientos tácticos y jurídicos, acordes con cada uno de los puntos
apelado, las pretensiones mismas, así como los elementos probatorios idóneos para dar una
decisión al respecto, no procediste a analizar todos y cada uno de los punto propuestos y a dictar
la sentencia, que conforme a derecho correspondía [...]” (sic); agregando que el tribunal de
segunda instancia, no hizo ni un solo análisis jurídico sobre el punto relativo a la indemnización
por daño psicológico; considerando por ello que la sentencia es incongruente.
1.1 Ahora bien, al examinar la sentencia impugnada, esta Sala advierte que el tribunal de
alzada, en cuanto a la indemnización por daño psicológico, si bien no hizo análisis específico,
pues únicamente hace alusión para confirmar la sentencia de primera instancia en ese punto, ha
señalado que: “[...]Asimismo, confirmar la indemnización por daño psicológico a favor de la
señora **********, por la cantidad de CINCUENTA MIL DÓLARES ($50,000) siendo el
obligado el señor **********, la cual será pagadera en la forma establecida en la sentencia
recurrida, esto en razón que el apelante ha pedido la revocatoria en este punto y no la
modificación, por lo que no se entra a conocer de la cuantía fijada [...]” (sic).
Además, sostiene, que el Juez de Familia, “[...] no tiene ni tenía competencia alguna para
conocer de la pretensión de indemnización por daño moral y daño psicológico, pues no nos
encontramos ante una competencia prorrogable ni prorrogada... que el Juez Natural o
competente para conocer en materia de daños morales es aquel a quien la ley le ha dado la
competencia en esa materia, y para el caso es un juez con competencia en materia civil
[...]”(sic).
2.2 Primeramente, cabe señalar, lo sostenido por esta Sala, en cuanto a que la infracción de
quebrantamiento de las formas esenciales del proceso, consistente en falta de competencia, se
configura cuando un tribunal conoce de un proceso, cuya competencia esta conferida a otro
juzgado.
De esta forma, como ya se apuntó en el presente caso, se alegó por parte del impetrante,
que la pretensión de indemnización por daños morales reclamada por la demandante, señora
**********, no debió tramitarse en el proceso de divorcio, en razón de que no es competencia
del juzgado de familia.
Al respecto, debe tenerse presente que uno de los principios universales del derecho es la
obligación o deber de no dañar a otro -alterum non laedere- y que su incumplimiento origina la
responsabilidad de reparar el daño infringido, que puede ser material o moral.
En lo referente al daño material, se da cuando sólo se afecta la esfera jurídica de los bienes
tangibles, patrimoniales o económicos de una persona -daño emergente y lucro cesante-; en
cambio, si la afectación es extrapatrimonial, da origen a los daños morales o no patrimoniales.
En ese orden de ideas, se afirma que: “Todo daño supone la lesión de un bien jurídicamente
relevante. Si el daño afecta a la persona en cualquiera de sus esferas no patrimoniales, el daño
es de carácter moral.” Sentencia de Inconstitucionalidad, 53-2012, 23 de enero de 2015.
Ahora bien, en términos genéricos daño moral es la lesión que sufre una persona en su
honor, reputación, afectos o sentimientos, por acción culpable o dolosa; o como lo señala el art. 2
de la Ley de Reparación por Daño Moral, que lo define: “Se entenderá por daño moral cualquier
agravio derivado de una acción u omisión ilícita que afecte o vulnere un derecho
extrapatrimonial de la persona.” Lo anterior, genera responsabilidad de reparar el daño, con base
en el art. 2 inc. 3°, de la Constitución de la República; y el art. 7 LRDM.
Debe tenerse en cuenta, además, la consecuencia que genera este, tal como lo sostiene el
citado autor, en la obra arriba señalada, al exponer las diferencias entre ambos, concluye que, si
la afección se consolida como enfermedad o patología reversible (daño psicológico) “deja de
constituir una consecuencia resarcible en la esfera moral y asume la naturaleza de daño
material por incapacidad definitiva.” (Pag. 589 Op. cit.) Conceptualizaciones que deben tenerse
presente, al momento del planteamiento y juzgamiento de la pretensión de que se trate, daño
material, moral o psicológico.
2.5 En ese orden, si bien, el reclamo indemnizatorio por daños morales, en el multicitado
supuesto, ha sido admitido por los tribunales de familia, bajo el fundamento señalado, en aras de
operativizar el derecho fundamental establecido en la norma constitucional -art. 2, inc. 3° Cn-,
como bien se señaló en la referida sentencia de inconstitucionalidad, resulta pertinente traer a
cuenta lo que dispone en su art. 9 de la LRDM, en el que claramente establece la regla general del
proceso por el que debe ventilarse esta clase de pretensión, esto es, el proceso declarativo común
que regula el Código Procesal Civil y Mercantil, mismo que tiene naturaleza y procedimiento
diferente al proceso contencioso de familia.
En ese sentido, debe tenerse claridad, que fuera de los supuestos que se establecen en leyes
especiales, señaladas previamente, deberá tramitarse el referido reclamo en la jurisdicción Civil y
Mercantil, bajo el proceso declarativo común, que es lo que prevé esta última norma y que
constituye, como ya se apuntó, la regla general para incoar pretensiones sobre daño moral;
incluyéndose desde luego la pretensión indemnizatoria como la reclamada en procesos de
divorcio.
2.6 Ahora bien, respecto de los daños morales originados a consecuencia del divorcio, que
es donde se ha planteado la pretensión resarcitoria, por considerar que estos se han ocasionado
durante la vida matrimonial, resulta necesario aclarar, al margen de la discusión doctrinal y
jurisprudencial que ello ha motivado, en cuanto a su procedencia o denegatorio, es pertinente
distinguir si la conducta impropia que se alega como generadora de los daños, corresponde a: i) el
deber jurídico general de “no dañar” (obrar antijuridico), como sería el caso de ejercer violencia
intrafamiliar, por parte de uno de los cónyuges hacia el otro durante la vida en común; o ii) si se
trata de incumplimiento de deberes intramatrimoniales, como sería el caso del “deber de
fidelidad”; que en su momento, han sido denunciados para el reclamo de indemnización en los
procesos de divorcio.
i) En el primero de los supuestos antes referidos, esta Sala considera necesario destacar,
que resulta procedente el planteamiento de la pretensión indemnizatoria por daños morales, en los
procedimientos de violencia intrafamiliar en la jurisdicción especializada de violencia contra la
mujer; ello en virtud de estar contemplado su reclamo en la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, “Convención de Belem do Para”,
al estatuir en su art. 7 lit. g), la obligación de los Estados de “establecer los mecanismos
judiciales y administrativos necesarios para asegurar que la mujer objeto de violencia tenga
acceso efectivo a resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos y
eficaces,”. Lo anterior, constituye una obligación de los juzgadores el garantizarlo, en aplicación
del control de convencionalidad; y por ende se considera, que es procedente su tramitación en
dichos procesos de violencia.
ii) En el segundo caso, esto es, cuando dicho reclamo indemnizatorio, tenga su origen en el
incumplimiento de los deberes matrimoniales (respeto, fidelidad, etc., art. 36 CF), o cualquier
otra causa que eventualmente ha generado daños de orden extrapatrimonial en la persona,
corresponderá tramitarse de forma autónoma, mediante las causales y procedimiento que
establece la Ley de Reparación por Daño Moral (arts. 3 y 9); puesto que, es así, como debe
entenderse lo dispuesto en el art. 21 de la LRDM; ello en razón de no disponerse las causas de su
procedencia en forma expresa, en la normativa de familia; situación que ya ha sido señalada en
precedente de esta Sala, en la casación con referencia 32-CAF-2023, de fecha veintisiete de junio
de 2023.
Es preciso traer a cuenta lo anterior, en virtud de que la ley especial de daños morales, ha
establecido las condiciones generales que deben tenerse presente para el reclamo de dicha
pretensión. Sobre esto último, debe resaltarse y tenerse presente lo señalado por la sentencia de
inconstitucionalidad por omisión, que obligó al legislador a su pronunciamiento, cuando
determinó que “(...) es pertinente que la Asamblea Legislativa emita la normativa en la que fije
de manera clara, precisa, organizada y sistemática las condiciones relativas a dicha modalidad
de indemnización, la cual sirva de marco general para el resto de disposiciones, que presuponen
esta regulación.”
Dicha situación, por un lado, justificó la emisión de la Ley de Reparación de Daño Moral,
a efecto de establecer lo pertinente para el ejercicio de dicha acción resarcitoria, que implica
además el establecimiento de órganos competentes y el procedimiento, para efectivizar tal
derecho fundamental; lo cual está en función con el principio de legalidad y jurisdiccionalidad,
aspecto señalado por la Sala de lo Constitucional, en sentencia de Inconstitucionalidad 37-2004,
de fecha 26 de enero de 2011.
Por otro lado, debe tenerse claro que la ley prevé un marco general, en lo aplicable, para el
resto de disposiciones que presuponen la regulación de indemnización por daño moral, como
serían los supuestos previstos de forma expresa en la normativa de familia. Quedando además,
debidamente entendido lo dispuesto en el citado art. 21 LRDM, ya que a partir de la entrada en
vigencia de la LRDM, cualquier otra pretensión indemnizatoria, debe tramitarse en la forma y
ante el ente jurisdiccional que corresponda -como ya se señaló-; no resultando viable la admisión
y tramitación de tal pretensión, en los casos en los que no se ha dispuesto expresamente haber
lugar al daño moral, so pretexto de la aplicación directa del precepto constitucional, cuando ya se
ha configurado debidamente en una ley especial.
Sin perjuicio de lo anterior, esta Sala considera necesario recalcar que, como ya se ha
apuntado, dentro de la normativa de familia no se ha contemplado reclamo alguno de
indemnización para los cónyuges, al momento de disolver su vínculo matrimonial, esto es, la
disolución -divorcio-no genera per se efectos que originen un resarcimiento; debiendo agregar
también que, existen otros derechos subjetivos plasmados en la ley, que válidamente pueden
hacerse valer por los cónyuges en el proceso de divorcio, como sería el caso de la pensión
compensatoria, pensión alimenticia especial, reclamo de los gastos de familia, y la misma
liquidación del régimen patrimonial del matrimonio. Si bien tales derechos no tienen en estricto
sentido naturaleza resarcitoria, pues se basan en los principios de solidaridad e igualdad,
coadyuvan al logro del valor justicia para el cónyuge que resulte afectado con la ruptura de la
relación matrimonial.
2.7 Con base a lo antes esgrimido, debemos enfatizar que el caso que nos ocupa, la
pretensión de indemnización por daños morales, no debió tramitarse como pretensión accesoria
en el divorcio, independientemente si tiene sustento en el primero o segundo de los supuestos
antes mencionados; pues dependiendo de ello, procederá que sea un tribunal de familia el que
conozca, pero en un procedimiento de violencia intrafamiliar, o ante los Tribunales
Especializados para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres.
Debiendo acotar, sin embargo, que únicamente sería la jurisdicción especializada la que
deberá tramitar en su caso dicha pretensión indemnizatoria, ya que, de acuerdo a recientes
precedentes de esta Corte, se ha resuelto conflictos de competencia, en los que se ha determinado
que “cuando la víctima sea mujer”, debe aplicarse la normativa especializada y no la Ley
Contra la Violencia Intrafamiliar, aun cuando se trate de relaciones dentro del ámbito familiar,
(Ref. 182-COM-2023, de las once horas cincuenta y cuatro minutos del dieciocho de julio de dos
mil veintitrés).
De ahí que, si se trata del segundo de los supuestos referido (indemnización por daños ante
el incumplimiento de los deberes matrimoniales), deberá plantearse el proceso correspondiente
ante la jurisdicción civil y mercantil, de acuerdo a lo dispuesto en la Ley de Reparación por Daño
Moral. Advirtiendo esta Sala que, en la sentencia de primera instancia, en su fundamentación se
expresó que la demandante, señora **********, “[...]tiene derecho a que se le resarzan los
daños, ocasionados por el señor **********, producto del quebrantamiento de los deberes del
matrimonio, que hicieron que la vida en común dentro del matrimonio, fuera intolerable para
ella, por lo que se estableció a su favor una determinada cantidad de dinero, tomándose en
consideración que esos deberes fueron incumplidos en forma reiterada por parte de dicho señor,
y que según se comprobó estuvieron referidos a la infracción grave del deber de respeto y
consideración, vivir juntos y de asistencia recíproca [...]” (sic).
Sin embargo, el tribunal de segunda instancia, resalta que procede la indemnización por
daño moral reclamado, en atención a considerar “que ha existido una clara violación al derecho
de una vida libre de violencia y a la integridad moral de la señora **********, por parte del
señor **********,”. Su argumento se orientó en que, la existencia de violencia intrafamiliar, es
lo que ha producido los daños de carácter moral en la expresada demandante, señalando incluso -
dicho tribunal-, que el demandado en él recurso de apelación, ha justificado su actuar y
minimizado las consecuencias que pudo producir dicho actuar, al reconocer -según se refiere- la
falta a los deberes conyugales de forma grave.
No obstante, que los hechos de violencia ocurrieron tal pretensión debió incoarse en el
proceso de violencia, que se tramitó ante el Juzgado Especializado Primero de Instrucción para
una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres, lo que no fue reclamado, según
consta en la certificación expedida por el referido tribunal.
d) Notifíquese esta resolución al recurrente, licenciado Pablo Montano hijo, por medio
del Sistema de Notificación Electrónica: **********; a los licenciados Gerardo Napoleón
Cisneros Joyel y Ana Elizabeth Fuentes Saavedra, apoderados de la señora **********, por
medio del Sistema de Notificación Electrónica: ********** y **********, respectivamente.
Al calificar la admisibilidad del recurso de casación que ahora se resuelve, emití voto
disidente con relación a la decisión de admitir el submotivo de forma, concerniente a la
infracción de los requisitos internos de la sentencia, por incongruencia; puesto que, a mi juicio, el
mismo debía declararse inadmisible por falta de fundamentación.
La regla general es que los submotivos de forma requieren que las partes los hayan
denunciado en grado de apelación. Sin embargo, en lo que concierne al submotivo que ahora se
examina, tal requisito opera de forma diferente, puesto que, dada que la competencia en razón de
la materia es improrrogable y que su configuración provoca un vicio cuya trascendencia lo vuelve
insubsanable, el tribunal que conoce del recurso, está habilitado para examinarlo y resolverlo, tal
y como se ha hecho en la decisión que precede (con la aclaración de que tal decisión, a mi juicio,
no es la procedente).
Expreso lo anterior para efectos aclaratorios, a fin de tener presente los alcances de la
institución de la casación.
Para iniciar, es oportuno destacar que, en la sentencia respecto de la cual emito este voto,
se ha intentado distinguir los conceptos de daño moral y daño psicológico. Al respecto, se ha
expresado lo siguiente: “En razón de lo anterior, cabe también hacer la distinción entre daño
psicológico y el moral, que en principio debe decirse, ambos (moral y psicológico) afectan la
integridad de la persona o el equilibrio espiritual; pero se diferencia si el desequilibrio espiritual
genera patologías, que afectan al individuo en sus actividades cotidianas (de orden laboral u otros
ámbitos no lucrativos), constituye daño psicológico”.
Sin embargo, considero que tal conceptualización es imprecisa, porque, pese al esfuerzo
plausible por pretender distinguir ambas categorías (daño moral y daño psicológico), no se hace
alusión a la identidad que las define. Si bien, tanto el daño moral como el daño psicológico se
manifiestan en el ámbito de la personalidad, la diferencia sustancial no radica en que uno genera
patologías, y el otro no.
Así las cosas, debo señalar que, el aspecto distintivo, sustantivo, entre daño moral y daño
psicológico, radica en la naturaleza específica del bien afectado. Ambos afectan la personalidad,
es decir, la interioridad de cada sujeto; pero, pese a ello, el ámbito material de su manifestación
es diferente.
En dicha sentencia se logró distinguir con claridad la protección que confiere la integridad
personal en el ámbito de lo psicológico y en lo concerniente a lo moral. En tal sentencia se
sostuvo que, “en lo concerniente al ámbito psicológico del ser humano, la integridad se entiende
como la preservación total y sin menoscabo de la psiquis de una persona, es decir, de las plenas
facultades mentales propias de su actividad cerebral, tales como la razón, la memoria, el
entendimiento, la voluntad, etc.” (resaltado propio).
Por su parte, la Ley de Reparación por Daño Moral (LRDM), en su artículo 2, define al
daño moral, como “cualquier agravio derivado de una acción u omisión ilícita que afecte o
vulnere un derecho extrapatrimonial de la persona”. Como se observa, únicamente hace énfasis
en el aspecto extrapatrimonial, sin distinguir entre los tipos de daño moral.
Todo lo antes expresado está relacionado con la aptitud técnica del tribunal para conocer
de la pretensión de indemnización por daño moral; es decir, con el criterio de competencia en
razón de la materia, según el criterio de especialidad. En efecto, la especialidad de la materia
confiere una perspectiva técnica adecuada, que permite responder a las peculiaridades de los
hechos que se someten a debate, como aquellos que han provocado los daños morales alegados
por la víctima, según lo explicaré más adelante.
Existen diversos criterios de competencia. Por ejemplo, el territorio, por el cual se limita el
ejercicio del poder jurisdiccional dentro de un ámbito territorial determinado; y la cuantía, en
tanto que los jueces están habilitados para resolver las controversias que están dentro de los
límites económicos definidos a ese efecto. Otro criterio de competencia, es la materia, cuya
lógica responde al principio de la división del trabajo, de racionalidad o de especialidad, debido a
que la resolución de los conflictos que se generan dentro determinado ámbito material de la
realidad, se encarga a jueces “especializados” en ese ámbito material.
A partir de los anteriores criterios, se habla de jueces de San Salvador, de jueces de menor
cuantía o de jueces de familia, quienes están habilitados para juzgar y ejecutar lo juzgado, dentro
de los límites territoriales, económicos y materiales de la controversia, según los criterios de
competencia establecidos por el ordenamiento jurídico. En el fondo, como ya se dijo, se trata de
criterios que ordenan y limitan el ejercicio del poder jurisdiccional, al mismo tiempo que
coadyuvan a la gestión del sistema de administración de justicia.
Es importante destacar que los criterios de competencia persiguen no solo limitar el poder
jurisdiccional, sino también operativizar los sistemas procesales, según la lógica que les inspira.
Por ejemplo, el criterio de competencia en razón del territorio busca una adecuada distribución de
la carga laboral, al mismo tiempo que potencia las posibilidades de acceso a la jurisdicción. A su
vez, el criterio de competencia en razón de la materia, persigue el tratamiento especializado y
uniformado de las controversias, según la naturaleza de los hechos que las generan.
Por tanto, no es la voluntad del juzgador la que configura el criterio de competencia, sino
que el criterio de competencia establecido por el legislador, es el que define el campo de
actuación del juzgador. En consecuencia, para establecer si un juez ha ejercido su potestad
jurisdiccional, estando habilitado para ello, es necesario examinar el contenido y alcance del
criterio en juego, y de la respectiva regulación.
En el presente caso, se presentó demanda de divorcio por ser intolerable la vida en común
entre los cónyuges, a la cual se acumuló la pretensión de indemnización por daños morales y la
pretensión de indemnización por daños psicológicos. Sin embargo, el recurrente alega que, fuera
de los supuestos previstos en los artículos 97, 122 y 150 del Código de Familia (que se refieren a
la nulidad del matrimonio, a la muerte del conviviente y la declaratoria judicial de paternidad),
“la normativa de familia no prevé ningún reclamo de indemnización por daños morales”. En otras
palabras, el recurrente alega que los jueces de familia que conocieron de este caso, no están
habilitados para conocer de la pretensión de indemnización por daño moral y daño psicológico,
por carecer de competencia.
Sobre lo anterior, en primer lugar, debe partirse del contenido del artículo 2 inciso 3° Cn,
el cual consagra el derecho a la reparación por daños moral. En efecto, el derecho fundamental a
la reparación por daño moral confiere cobertura frente a cualquier hecho que genere ese tipo de
consecuencias. Así, pues, no es necesario que la normativa de familia regule, de forma expresa, el
derecho a reclamar indemnización por los daños morales, sufridos a consecuencia del
incumplimiento de los deberes conyugales, para reclamar su indemnización.
Asimismo, agrega que, “es importante subrayar lo que establece el art. 21 de la Ley de
Reparación por Daño Moral, que literalmente expresa: “Las causales y procedimientos sobre
daño moral previstos en Leyes especiales, se tramitarán conforme a lo previsto en dichas
normas.”; significando que, los únicos supuestos de reclamos de indemnización por daños
morales que deben tramitarse en la jurisdicción de familia, son aquellos en los que la normativa
de familia (ley especial) ha establecido ciertas causales -de forma expresa- y el procedimiento a
seguir; es decir, bajo el procedimiento que contemplan dichos cuerpos normativos”.
Por su parte, el artículo 21 LRDM, también establece una regla de procedimiento, relativa
a que las causas y procedimientos sobre daño moral contempladas en leyes especiales, se
tramitarán conforme a lo previsto en dichas normas.
Considerar que el juez competente para conocer de este tipo de pretensiones es el juez de
lo civil, implica ignorar que, desde 1994, año en el que se sustrajeron los asuntos familiares de la
jurisdicción civil, se instituyeron jueces especializados para resolver los conflictos derivados de
las relaciones familiares. Desde entonces, el juez natural de los conflictos propios del ámbito
familiar, es el juez de familia. Concluir en otro sentido, no solo es retroceder en la lógica de
especialidad que inspiró la escisión del Derecho de familia respecto del Derecho civil, sino que
conlleva la inmediata consecuencia de desnaturalizar el tratamiento de este tipo de conflictos.
Tan cierto es esto, que, aun cuando existen disposiciones legales que, expresamente
confieren competencia al juez de lo civil sobre asuntos estrictamente familiares, se ha entendido
que tal regulación resulta inadecuada, de cara al criterio de especialidad que prevalece en materia
de competencia. En efecto, aunque el artículo 23 de la Ley del Nombre de la Persona Natural
(LNPN), dispone que el juez competente para conocer de la pretensión de cambio de nombre y de
apellido, es el de primera instancia que conozca de la materia civil, se ha entendido que, al ser
el nombre una cuestión asociada al estado familiar, se trata de una cuestión adscrita al ámbito del
derecho de familia. Por tanto, los jueces competentes, por razón de la materia, para conocer de
dichas pretensiones, son los jueces de familia, a partir de la adopción del Código de Familia.
Por efectos ilustrativos, destaco que, la Corte Plena, mediante resolución de las quince
horas diez minutos del uno de marzo de dos mil once, en el conflicto de competencia 202-D-
2010, sostuvo que, “(...) esta Corte ha resuelto recientemente en dos ocasiones (43-D-2010 y 214-
D-2009), que lo relativo al nombre de la persona natural corresponde a la competencia del
Derecho de Familia y específicamente a un Juez de Familia. Las razones para sostener lo anterior
se recogen en dichas sentencias a las cuales nos remitidos a efecto de ahondar sobre su
fundamentación. En las mismas se manifestó que la competencia sobre el nombre se le atribuyó
al Juez Civil en tanto no existieran Jueces de Familia, tal como se expuso en la Ley del Nombre
de la Persona Natural”, en el año 1987
No debe perderse de vista que la LNPN es anterior al Código de Familia (CF), por lo que
al entrar en vigencia la jurisdicción de familia, el conocimiento de tales asuntos, debía pasar a los
jueces con competencia en esta materia. El carácter especializado provoca un efecto atractivo, en
el sentido de que las controversias adscritas a su ámbito material, deben sujetarse a ese mismo
ámbito de control.
Por ello, si bien no existe norma que disponga que, los jueces de familia pueden conocer
de la pretensión de daño moral junto a la pretensión de divorcio, el criterio de competencia en
razón de la materia, orienta a entender que, si los hechos que sirven de fundamento a las
pretensiones indemnizatorias son los mismos que sirven de fundamento al divorcio por vida
intolerable, o son hechos propios de las relaciones familiares, el juez competente para conocer de
las mismas es el juez de familia.
Así mi voto.
---------------------DAFNE S.---------------MAGISTRADA------------RUBRICADA------------------